COSAS QUE EL PADRE NO DEBE HACER

a1Autor: Taylor, G. D

COSAS QUE EL PADRE NO DEBE HACER

No conmine a su hijo si no tiene intenciones de cumplir su amenaza. Tal falta de palabra socavará su autoridad. Si ha prometido castigarle si repite alguna maldad, hágalo sin vacilación alguna. Probablemente él quería probar si usted hablaba en serio.

No le ofrezca premios a cambio de su obediencia. Esos caramelos o juguetes cada vez serán más costosos. La obediencia no se obtiene con propinas; viene como resultado de una actitud tan razonable como firme.

No se enfade por sus travesuras. Si pierde el control de sus emociones, lo pierde también sobre su hijo. Puede ser que, atemorizado por su enojo, le obedezca; pero tal obediencia es forzada, no producto del respeto y el amor. Su enfado lo disminuye a los ojos de su hijo.

No descuide las explicaciones. Los niños pequeños tienen siempre mil preguntas. Apenas están descubriendo el mundo y su curiosidad es natural. Si no tiene respuestas para su hijo, él las buscará en otra parte. En este caso, existe el peligro de que obtenga información errónea o inadecuada que deforme sus procesos mentales. Protéjalo de ese peligro siendo usted el que le explique los misterios de la naturaleza y de la vida.

Evite destruir sus sueños dorados. Es cierto que debe ayudarlo a ir enfrentándose a la realidad. Pero ello no implica que ridiculice sus ilusiones infantiles. Soñar no le hará daño. Deje que el tránsito de la ilusión a la realidad lleve su tiempo. Recuerde a José, el hijo de Jacob; soñaba tanto con grandezas que sus hermanos lo apodaron «el soñador». Y mire hasta dónde llegó José.

No descuide su educación espiritual. Con frecuencia los padres piensan equivocadamente que esto es responsabilidad exclusiva de la madre o de la iglesia. Por el contrario, es principalmente del padre. La fe en Cristo es un concepto masculino y varonil. Dios es el Padre eterno; Jesús la más elevada expresión de hombre que el mundo haya conocido. Enseñe a su hijo a andar en los caminos de Cristo y a respetar la iglesia.

¿Qué más le podré decir? Dios fue quien le hizo esposo y padre. Gloríese en este privilegio y esta vocación. Consciente de la responsabilidad que descansa en usted, cumpla su deber como conviene. Con la ayuda de Dios, tendrá una familia feliz en un hogar de armonía y de paz.

Taylor, G. D. (2003). Y ¿QUÉ DE LA RECREACIÓN?: GOCÉMONOS EN LA RECREACIÓN FAMILIAR. En La familia desde una perspectiva bíblica (pp. 115–116). Miami, FL: Editorial Unilit.

 

“Tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.” 2 Samuel 7:29.

22 de Octubre
“Tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.” 2 Samuel 7:29.

a1Esta es una promesa usada como argumento, y por tanto produce una doble instrucción para nosotros. Todo aquello que el Señor ha hablado ha de ser recibido por nosotros como verdaderamente cierto, y podemos argumentarlo ante el trono.

¡Oh, cuán dulce es citar lo que nuestro propio Dios ha dicho! ¡Cuán precioso es usar un “por tanto” sugerido por la promesa, como lo hace David en este versículo!

No oramos porque dudemos, sino porque creemos. Orar con incredulidad es indigno de los hijos de Dios. No, Señor, nosotros no podemos dudar de Ti. Estamos persuadidos de que cada palabra Tuya es un cimiento sólido para la expectativa más osada. Venimos a Ti y decimos: “Haz conforme a lo que has dicho.” Bendice la casa de Tus siervos. Sana a nuestros enfermos; salva a los que dudan entre los nuestros; restaura a los descarriados; confirma a los que viven en Tu temor. Señor, danos alimento y vestido conforme a Tu palabra. Prospera nuestras empresas; especialmente da éxito a nuestros esfuerzos de dar a conocer Tu Evangelio en nuestra esfera. Convierte a nuestros servidores en Tus siervos, a nuestros hijos en Tus hijos. Haz que la bendición fluya a las generaciones venideras, y en tanto que alguno de nosotros permanezca en la tierra, que sea fiel a Ti. Oh, Señor Dios, que “con tu bendición sea bendita la casa de tu siervo para siempre.”

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” Isaías 60:22.

21 de Octubre
“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” Isaías 60:22.
a1Las obras para el Señor con frecuencia comienzan a pequeña escala, y no son menos importantes por eso. La debilidad educa a la fe, acerca a Dios, y gana gloria para Su nombre. El premio es una promesa de crecimiento. El grano de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, y sin embargo, se convierte en una hortaliz se hace árbol, con ramas que alojan a los pájaros del cielo. Podemos comenzar con uno, aunque sea “el pequeño”, y, sin embargo, “vendrá a ser mil.” El Señor es grandioso con la tabla de multiplicar. Cuán a menudo le dijo a Su siervo solitario: “Te multiplicaré”. Confíen en el Señor, cuando sean solamente uno o dos; pues Él estará en medio de ustedes si están congregados en Su nombre.

“El pequeño.” ¿Qué puede ser más despreciable a los ojos de aquellos que cuentan cabezas y pesan fuerzas? Sin embargo, este es el núcleo de una gran nación. Solamente una estrella brilla inicialmente en la tarde, pero pronto el cielo está cubierto de innumerables luces.

Tampoco debemos pensar que la perspectiva de crecimiento sea remota, pues la promesa es, “Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” No habrá una prisa prematura, como esa que puede verse en reuniones agitadas; todo será a su debido tiempo; sin embargo, no habrá ninguna demora. Cuando el Señor se apresura, Su velocidad es gloriosa.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21.

20 de Octubre
“Él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21.

a1Señor, sálvame de mis pecados. Por tu nombre de Jesús me siento animado a orar de esta manera. Sálvame de mis pecados pasados, para que el hábito de ellos no me mantenga cautivo. Sálvame de mis pecados constitucionales, para que no sea el esclavo de mis propias debilidades. Sálvame de los pecados que continuamente están ante mis ojos para que no pierda mi horror por ellos. Sálvame de mis pecados secretos; pecados que no percibo debido a mi falta de luz. Sálvame de los pecados súbitos y sorprendentes: no permitas que sea sacado de mi camino por la fuerza de la tentación. Sálvame, Señor, de todo pecado. No permitas que la iniquidad tenga dominio sobre mí.

Solamente Tú puedes hacer esto. Yo no puedo romper mis propias cadenas ni eliminar a mis propios enemigos. Tú conoces la tentación, pues Tú fuiste tentado. Tú conoces el pecado, pues Tú cargaste con el peso de ese pecado. Tú sabes cómo socorrerme en mi hora de conflicto. Tú puedes salvarme de pecar, y salvarme cuando he pecado. Se ha prometido en Tu propio nombre que harás esto, y yo te ruego que en este día me permitas comprobar la profecía. No permitas que ceda al mal carácter, o al orgullo, o al desaliento o a cualquier forma de mal; pero sálvame para santidad de vida, para que Tu nombre de Jesús pueda ser glorificado en mí abundantemente.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Sino que te castigaré con justicia.” Jeremías 30:11.

19 de Octubre

“Sino que te castigaré con justicia.” Jeremías 30:11.

a1Ser dejado sin corrección sería un signo fatal: demostraría que el Señor habría dicho: “Es dado a ídolos; déjalo.” ¡Que Dios nos conceda que esa no sea nunca nuestra porción! La prosperidad ininterrumpida es algo que debe causarnos miedo y temblor. Dios reprende y disciplina a todos aquellos a quienes ama tiernamente, pero permite que aquellos por los que no tiene estima se engorden sin temor, como novillos destinados al matadero. Es en amor que nuestro Padre celestial usa la vara para con Sus hijos.

Sin embargo, es preciso ver que la corrección es “con justicia”: Él nos da amor sin medida, pero el castigo es “con justicia.” Igual que bajo la antigua ley ningún israelita podía recibir más de “cuarenta azotes menos uno”, que garantizaba un conteo cuidadoso y un sufrimiento limitado, así sucede con cada miembro afligido de la casa de la fe: cada golpe es contado. Nuestro castigo es regulado según la medida de la sabiduría, de la simpatía y del amor. Lejos esté de nosotros rebelarnos contra esas estipulaciones tan divinas. Señor, si Tú estás a mi lado para medir las amargas gotas para mi copa, me corresponde tomarla alegremente de Tu mano, y beberla de acuerdo a tus instrucciones, diciendo: “Hágase tu voluntad.”

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” Salmo 126:5

18 de Octubre

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” Salmo 126:5

a1Los tiempos de llanto son ideales para la siembra: no queremos que la tierra esté demasiado seca. Las semillas remojadas en las lágrimas de una ansiedad sincera brotarán más rápidamente. La sal de lágrimas llenas de oración darán a la buena semilla un sabor que las protegerá del gusano: la verdad expresada con tremenda sinceridad contiene una doble vida. En vez de detener nuestra siembra debido a nuestro llanto, redoblemos nuestros esfuerzos porque la estación es muy propicia.

Nuestra semilla celestial no podría ser sembrada apropiadamente con risas. La profunda aflicción y la preocupación por las almas de otros son un acompañamiento más adecuado para la enseñanza piadosa que cualquier cosa parecida a la levedad. Nos hemos enterado de hombres que fueron a la guerra con un corazón ligero, pero fueron derrotados; y sucede mayormente lo mismo con aquellos que siembran en ese mismo estilo.

Vamos, entonces, corazón mío, continúa sembrando en tu llanto, pues cuentas con la promesa de una venturosa cosecha. Tú cosecharás. Tú, tú mismo, verás algún resultado de tu trabajo. Este resultado vendrá a ti en tan gran medida como para proporcionarte un gozo que una pobre, marchita y escasa cosecha no te podría proporcionar. Cuando tus ojos estén empañados con lágrimas de plata, piensa en el grano de oro. Soporta con alegría el presente trabajo y el desconsuelo; pues el día de la cosecha te recompensará con plenitud.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Mas el que teme el mandamiento será recompensado.” Proverbios 13:13.

17 de Octubre
“Mas el que teme el mandamiento será recompensado.” Proverbios 13:13.

a1El santo temor de la Palabra de Dios experimenta un notable descuento ahora. Los hombres se consideran más sabios que la Palabra del Señor, y se sientan para juzgarla. “Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios.” Nosotros aceptamos al Libro inspirado como infalible, y demostramos nuestra estimación por medio de nuestra obediencia. No sentimos terror de la Palabra, sino que tenemos un temor filial de ella. No tenemos miedo de sus castigos, porque tenemos temor de sus mandamientos.

Este santo temor del mandamiento produce la tranquilidad de la humildad, que es mucho más dulce que la temeridad del orgullo. Se convierte en un guía de nuestros movimientos; una traba cuando vamos cuesta abajo, y un estímulo cuando vamos ascendiendo. Preservados del mal y conducidos a la justicia por nuestra reverencia al mandamiento, adquirimos una quieta conciencia, que es una fuente de vino; un sentido de libertad de la responsabilidad, que es como vida de entre los muertos; y una confianza de agradar a Dios, que es el cielo aquí abajo. Los impíos podrán ridiculizar nuestra profunda reverencia por la Palabra de Dios; ¿pero qué importa eso? El premio por nuestro supremo llamamiento es suficiente consuelo para nosotros. Las recompensas de la obediencia escarnecen las burlas del escarnecedor.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

Lo que es Hecho en Jesucristo

10350414_516436341790096_3737687015717083030_nAutor: Samuel Pérez Millos

 “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). 

       Hay muchos creyentes que no saben realmente lo que Jesucristo les ha sido hecho por Dios. Estos no experimentan la completa paz y el perfecto descanso por este desconocimiento. El apóstol Pablo llama nuestra atención a una consideración sobre cinco aspectos de lo que Jesucristo es para nosotros, y que resumen todo el orden de la gracia. 

       Cuando rechazamos nuestros valores, ponemos a un lado nuestros caminos y cancelamos nuestra opinión personal, que son malos consejeros y peores guías, porque solo Cristo es el camino, sólo Él es la verdad, y sólo Él es la luz que alumbra nuestros pasos, descubrimos que Jesucristo nos fue hecho por Dios, el lugar de seguridad. Pablo dice Dios nos ha puesto“en Cristo Jesús”. Es la posición espiritual de todo aquel que ha nacido de nuevo. Nadie se salva por estar cerca de Jesús, solo se salva quien está en Él. En esa posición tenemos vida eterna, que se alcanza por conocer, en sentido de relación íntima y vivencial, al Padre y al Hijo, de modo que en unión vital con Cristo, la vida divina comunicativa en su naturaleza (2 P. 1:4), fluye a nosotros por el único mediador entre Dios y los hombres que es Jesucristo hombre (1 Ti. 2:5). Algunos se sienten firmes en su fe, en sus prácticas religiosas, en su historia o en las victorias del pasado, pero no deben engañarse porque sólo hay vida y victoria “en Él”. Algunos religiosos oirán del Señor aquellas solemnes palabras: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23). 

       Cristo es el único a quien debemos escuchar, el único con autoridad sobre nuestras vidas y sobre la Iglesia. Cuando dejamos llegar a nosotros Su palabra, sin prejuicios ni condicionante alguno, descubrimos que Jesucristo nos es hecho por Dios sabiduría. Sabio no es el que almacena conocimiento, sino aquel que lo aplica a la vida. Leyendo la Escritura aprendemos a conocer la miseria de nuestro corazón. En el encuentro diario con ella hacemos limpio nuestro camino. En un reflexionar continuo sobre lo que leemos, alcanzamos victoria sobre el pecado, como dice el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Es en una continua experiencia de vivir a Cristo, que dejamos de ser necios para ser sabios. No es sabio el que puede enunciar la doctrina sobre Cristo, sino aquel en quien Cristo se hace vida y descubre que le es hecho por Dios sabiduría. 

       Pablo añade un tercer elemento: Cristo nos ha sido hecho por Dios justicia. Ningún creyente duda que la salvación se alcanza por gracia mediante la fe y que, esta fe, depositada en el Salvador es la que nos justifica delante de Dios (Ro. 5:1). Pero, lo que en ocasiones no entendemos es que Jesucristo es también la razón, causa y motivo de la justicia de vida cristiana. Aquella forma de comportamiento concordante con la voluntad de Dios, que hace que nuestras vidas sean un canto de alabanza a Él por quienes nos observan y conocen (Mt. 5:16). Algunos habiendo comenzado por la fe, pretenden vivir por obras, buscando alcanzar con sus esfuerzos personales la justicia de vida que Dios demanda. Estos se ven obligados a exclamar: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. La justicia conforme a Dios solo es posible para quien vive a Cristo. 

       También se descubre que “Jesucristo nos ha sido hecho por Dios santificación”. Sin duda tiene mucho que ver con vivir justamente. El apóstol Pablo dice que debemos ocuparnos en nuestra salvación “con temor y temblor” (Fil. 2:12). La santidad no es una opción de vida cristiana, sino la única forma de vida. No es posible renunciar a la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor. La santidad no es negociable, porque es la demanda bíblica: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”(1 P. 1:15-16). Pero, también se da cuenta que la santificación no es posible por el esfuerzo humano. Que no se trata de hacer o no hacer, gustar o no gustar, tocar o no tocar,  descubriendo que la santidad no tiene nada que ver con limitaciones, duro trato al cuerpo, porque siendo esto carne no tiene ningún valor contra los apetitos de ella (Col. 2:23) Alcanza una nueva dimensión de vida cuando se da cuenta que Dios es el que produce en él “tanto el querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil. 2:13). Las cargas legalistas que los hombres imponen para imitar la vida santa, caen en una verdadera liberación y nos damos cuenta que somos santos en la medida en que Cristo sea hecho vida por su Espíritu en nosotros. Sólo somos santos cuando podemos decir: “Para mí, el vivir es Cristo”. 

       Finalmente Jesucristo nos ha sido hecho por Dios… redención. Somos verdaderamente libres. La obra del Salvador nos ha liberado de la esclavitud del pecado. Éste ya no tiene autoridad sobre nosotros. La redención trae como consecuencia una vida de plena libertad en Jesús. Él mismo dijo: “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”(Jn. 8:36). En cada momento de la vida tenemos que vivir a Cristo para ser verdaderamente libres. Desde el momento que hemos sido puestos en Él, ya no vivimos nosotros, sino que Él vive y trabaja en nosotros. Experimentamos la verdadera libertad cuando descubrimos que Dios es el que está “haciendo en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo”(He. 13:21). La obra de Jesucristo prosigue hasta la liberación de nuestro cuerpo en la glorificación. Entonces esta grande obra de nuestro rescate será consumada y coronada. Nuestras vidas, tomadas desde la más profunda miseria, terminarán para siempre en la gloria que Él tiene preparada para nosotros.

http://perezmillos.com.april.arvixe.com/es-es/pensando-en-alto/PostId/25/lo-que-es-hecho-en-jesucristo

http://www.unidavigo.es/index.htm

El Compromiso Del Liderazgo

Samuel Pérez Millos

Modelo eclesial y relaciones intereclesiales

1. DEFINICIÓN DE IGLESIA

Al hacer cualquier reflexión bíblico-práctica sobre determinados aspectos de la iglesia, será necesario y conveniente establecer primeramente una definición del concepto iglesia, a la luz de la Escritura.

La Biblia no es un libro de definiciones. Toda definición limita y, en cierta medida, segrega. Sin embargo, seis grandes proposiciones bíblicas permiten establecer las características que definen la iglesia. En primer lugar, se trata de un pueblo de formación divina, es decir, surge del propósito divino para este tiempo, en el que Dios busca entre las gentes un pueblo para sí (Hch. 15:14).
Además, la iglesia es un pueblo sin limitación de raza o condición; las paredes que establecían una división en la antigua dispensación han sido derribadas en Cristo y por Cristo (Ef. 2:14-16). La iglesia es, por posición, relación y esperanza, un pueblo de condición celestial (Fil. 3:20). Siendo formada por aquellos a quienes Dios redime, es decir, compra y libra de la esclavitud en que se encontraban para trasladarlos a una esfera de libertad (Col. 1:13), es un pueblo de propiedad divina llamado por Cristo «mi iglesia» (Mt. 16:18). Ese pueblo es el don que el Padre da al Hijo (Jn. 6:37 y 39), entregándole aquellos que son suyos, tomados del mundo (Jn. 17:6, 9, 11 y 12). Finalmente, la iglesia es un cuerpo en Cristo del cual Él es cabeza (Ef. 1:22 y 23).
1.1. Énfasis en la unidad de la iglesia
El concepto bíblico inducido por las seis proposiciones anteriores, conduce indefectiblemente a una unidad en la diversidad. Es decir, la iglesia es una, formada por una diversidad de miembros integrados en un solo y único cuerpo. El sentido de unidad estaba en la mente del Señor, cabeza de la iglesia, que lo presenta al Padre como su deseo personal en la oración inmediatamente anterior a su agonía y muerte. Reiteradamente pide que ese pueblo sea uno para que el mundo crea en el Enviado (Jn. 17:21). La idea de unidad expresada por Jesucristo es de un alcance sobrenatural e, incluso, sobrehumano, que supera en todo cualquier otro tipo de unidad que el pueblo de Dios haya podido alcanzar a lo largo del tiempo histórico de los hombres.
La unidad de la iglesia se establece en identidad con la unidad de hipóstasis [rmm1]en el Seno Trinitario, según el Señor manifiesta: «que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros» (Jn. 17:21). Por identificación con Cristo, cada creyente viene a ser participante de la «naturaleza divina» en la experiencia de la vida eterna (2 P. 1:4), que es común a cada una de las Personas Divinas. La presencia plena de la unidad está vinculada, por tanto, a la presencia trinitaria en cada creyente, de modo que la inmanencia –que es consecuencia de la unidad de naturaleza en perfecta compatibilidad con la distinción real de las Personas Divinas– alcanza la expresión en la vida de cada creyente por la presencia de Dios, como Jesús pide en su oración.

El Señor enseñó que cualquiera que le amase sería también honrado por el Padre y ambos, Padre e Hijo, vendrían a hacer morada en el creyente: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Jn. 14:23). Esta verdad debe ser unida también a la presencia real del Espíritu Santo en el cristiano, ya que quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Ro. 8:9). Tal verdad nunca podrá ser comprendida en la dimensión que alcanza, por cuanto se está refiriendo a la inhabitación de la Trina Deidad en el cristiano y, por extensión, en toda la iglesia como cuerpo de creyentes unidos y vinculados a Cristo. De esa manera, el creyente viene a estar en comunión con las Personas Divinas, para pensar, desear, sentir, querer y actuar a la semejanza de Dios, de modo que como Él es, así nosotros en el mundo.

La unidad absoluta, perfecta e indisoluble del Ser Divino, hace posible, no sólo en realidad existencial, sino en afecto de deseo como expresión natural de vida comunitaria, en cada creyente y, por tanto, en la iglesia.[rmm2] Esa comunión vertical, se hace necesariamente horizontal en cada creyente (1 Jn. 1:3). De ahí que la rotura de comunión entre creyentes y colectivamente entre iglesias produzca la rotura de la comunión con Dios excepto que se origine por pecado sin confesar. De otro modo, cuando un creyente rompe su comunión con un hermano con quien Cristo no la ha roto, está poniendo a Cristo fuera de la comunión de su vida. Tal situación genera una abierta oposición al plan divino para esta dispensación y se opone directamente a la voluntad de Cristo. Es por ello, que no sea de extrañar que Pablo exhorte, como objetivo prioritario para la iglesia, el «guardar solícitamente la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Ef. 4:3).
El efecto de la unidad espiritual genera la relación en comunión de creyentes entre sí. Los primeros cristianos, inmediatamente después de Pentecostés, eran perseverantes en la comunión los unos con los otros. La bendición de Dios sólo es posible en una correcta relación con Su propósito y voluntad, por tanto, la fragmentación espiritual de los creyentes y la división de las iglesias no pueden acarrear sino la oposición de Dios, ya que es una acción de soberbia contra Él y no pueden manifestarse las bendiciones celestiales pues «Dios resiste a los soberbios» y solamente «da gracia a los humildes» (Stg. 4:6).
Para el mantenimiento operativo de la unidad, Dios ha dado a su iglesia siete bases unitarias (Ef. 4:4-6). Las primeras son constituyentes: «un cuerpo, un Espíritu,… una esperanza»; la iglesia es un cuerpo, morada de Dios en Espíritu y afirmada en una misma esperanza que es Cristo (Col. 1:27). Las tres siguientes son fundantes: «un Señor, una fe, un bautismo»; la única autoridad soberana sobre la iglesia como Cabeza es Cristo, la fe común para la iglesia es la única y autoritativa Palabra de Dios; la formación de un cuerpo se alcanza por la acción bautizadora del Espíritu en Cristo (1 Co. 12:13). La última base es trascendente, por cuanto es Dios mismo, que es soberano, «sobre todos», es inmanente, «por todos»y es trascendente «en todos». Capacitada la iglesia para la unidad no tiene disculpa alguna para originar divisiones, escisiones y fracciones.

2. ANÁLISIS Y AUTOCRÍTICA

El análisis de la verdad bíblica exige necesariamente una formulación autocrítica sobre el lugar en donde nos encontramos las Asambleas en relación con la demanda bíblica. Conveniente es el recuerdo de la historia, no para añoranza sino para enseñanza.
2.1. Pincelada histórica
Las Asambleas nacen en una acción del Espíritu conduciendo a creyentes a la integración y a la práctica de la unidad. Creyentes procedentes de distintos grupos denominacionales comenzaron a reunirse, en una notable sencillez evangélica, con el propósito de mantener la comunión unos con otros, perseverar en la oración y estudio de la Palabra y obedecer al Señor en la ordenanza del partimiento del pan. La solicitud en la unidad y la obediencia a la Palabra, trajo como consecuencia la bendición de Dios, en el poder del Espíritu, que permitió extender por todos los continentes este principio espiritual y este estilo de vida.

Se trata, en síntesis, de un movimiento que el Espíritu Santo, hace unos doscientos años, inició en Inglaterra y otros lugares, recuperando el aire fresco de la Escritura para orientar, por medio de ella, en el poder del Espíritu, un nuevo camino del compromiso con Cristo y de la obediencia a la Palabra, sin condiciones y sin concesiones. El resultado no pudo ser otro. Miles de congregaciones reunidas en la sencillez evangélica tomada de la Palabra se fueron estableciendo, por creyentes de muchas denominaciones que deseaban, simplemente, vivir a Cristo y estudiar la Palabra, no tanto para saber más de ella, sino para vivir conforme a lo que ella establecía.
El resultado de este volver a la Palabra trajo como consecuencia un movimiento misionero espectacular, como jamás antes se había conocido. La evangelización alcanzó todas las áreas geográficas del mundo, entre ellas España e Hispanoamérica. Es notable observar que en el año 1945 había más de 1000 misioneros de los Hermanos que representaban nada menos que el 5% del total de misioneros de las iglesias llamadas protestantes o reformadas, en todo el mundo. Instituciones sociales complementaban el servicio a la sociedad, sin límites de condición, como una clara comprensión de que el evangelio de la gracia tenía necesariamente que ir acompañado de la atención a los pobres y necesitados del mundo. De esta manera, asilos para niños, leproserías, sanatorios, escuelas, centros de atención social, etc., se levantaron en todo el mundo. Los Hermanos, habían alcanzado en cien años una posición tan relevante en el mundo evangélico, que eran considerados, respetados, consultados y admirados por muchos fuera de su propio ámbito.

Poco después de que comenzaron las fracciones entre las Asambleas –especialmente notable en la primera división de «cerrados y abiertos»– supuso simplemente la llave que ha generado en el tiempo una enorme cantidad de grupos que, llamándose todos «Asambleas de Hermanos», no han sido capaces de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Si queremos ser honestos delante del Señor, tendremos que confesar que la unidad espiritual y la comunión deja mucho que desear por la gran diversidad e incluso oposición violenta, de sentimientos, de pareceres y de enfoque, que generan una manifiesta división entre nosotros.

3. NECESIDADES

Frente a esta situación es necesario un cambio de rumbo, una nueva reorientación que necesariamente ha de ser siempre bíblica. Es preciso crear un espacio de libertad entre las Asambleas que haga posible la reflexión teológica desde un absoluto respeto a la Palabra y que sea el motor que conduzca a un cambio en la situación actual. Una de las reflexiones en este aspecto, tiene que ver con el liderazgo. En los últimos tiempos, el liderazgo de muchas de nuestras iglesias está en manos de hermanos de avanzada edad. No deja de ser importante, como simple referencia, que la edad media de los obreros a pleno tiempo en las Asambleas en España supere los 60 años.
Una de las razones en la no renovación del liderazgo obedece a ignorar la distinción entre don y oficio. Los dones son dados a cada creyente para edificación del cuerpo de Cristo, sin condiciones personales, sociales, familiares, etc. Los oficios –instaurados por necesidad operativa de las congregaciones– están estrechamente relacionados con condiciones personales. Cuando estas condiciones varían, necesariamente se hace preciso la suspensión en el ejercicio del oficio.
En las listas de los dones (cf. Ro. 12; 1 Co. 12; Ef. 4) no aparece, en ninguna de ellas, el don de anciano, obispo o presbítero. Sí en cambio el de pastor y maestro. El hecho de que en el Nuevo Testamento se hable de pastorear, en relación con los ancianos, tiene que ver especialmente en el ejercicio de liderazgo que conduce, al rebaño del Señor. No debe olvidarse que en el Antiguo Testamento se llamaba pastores a los reyes en Israel. ¿De qué modo se reconocen los ancianos en las iglesias? ¿Hasta dónde participa la congregación en esto? ¿No existe, en algunos casos, una transmisión de ancianos a ancianos sin la participación de la congregación en aceptación o rechazo?
¿Por qué causa no se reconocen los líderes de servicio, esto es, los diáconos y se establece una radical oposición al reconocimiento de diaconisas (Ro. 16:1), a pesar de estar incluidas en la normativa para el diaconado (1 Ti. 3:11)?3. 1. El liderazgo
Otro grave problema consiste en el ejercicio de la autoridad. Claramente se enseña en la Palabra que, en la iglesia, no hay sino tres Autoridades, todas ellas divinas: Cristo, la única Cabeza; el Espíritu Santo, Vicario de Cristo que conduce la marcha de la iglesia; y la Palabra, única norma de fe y conducta. Cuando en un uso de autoridad se establecen normas que determinen comportamientos a los que los creyentes queden sujetos, sin una firme base bíblica, se está ejerciendo un abuso de autoridad. No hay determinación que sea de obediencia, más que aquella que descansa en la autoridad aplicada de la Palabra desde una correcta exégesis del texto bíblico.3.2. El sacerdocio universal del creyente y sus consecuencias
Un nuevo elemento de reflexión viene también determinado por el ejercicio del ministerio del sacerdocio universal del creyente. Cada convertido a Cristo es sacerdote espiritual para ofrecer sacrificios espirituales para alabanza y gloria de Dios (1 P. 2:4, 5, 9 y 10). El sacerdocio no hace distinciones en el plano social, ni cultural, ni étnico, ni de género, tan sacerdote es un hombre como una mujer y, tiene el mismo derecho espiritualmente hablando para ejercer su ministerio sacerdotal en la iglesia. Quiere decir que los cinco sacrificios espirituales [rmm3]deben poder ser ofrecidos por todos los que son creyentes. Limitar el ejercicio sacerdotal en alguna medida a unos o a otros, es contravenir el propósito y determinación de Cristo para la iglesia.3.3. Dones espirituales y ejercicio de los mismos
Una situación semejante está en orden al ejercicio de los dones espirituales o dones del Espíritu. La necesaria reflexión bíblico-teológica tiene que abrirse a una sincera investigación sobre los dones que están operativos y los que no están. Ya no debe hablarse de dones vigentes y no vigentes, porque la vigencia o no-vigencia sólo es posible definirla y limitarla por quien soberanamente da los dones, que es el Espíritu Santo.
El ejercicio de los dones y su operatividad ha de ser un elemento de reflexión teológica que permita establecer las pautas para el ejercicio de estos en la iglesia del tiempo actual. Pero lo que sin duda es necesario entender es que los creyentes en la iglesia tienen el derecho y la obligación moral de ejercer sus dones para edificación del cuerpo (1 P. 4:10). Unido a esto está también el derecho a servir al Señor en la congregación. Es evidente que no se puede hablar de salvación sin hablar de servicio, como es el testimonio que Pablo da de la iglesia en Tesalónica (1 Ts. 1:9). En muchas ocasiones, hay un gran número de espectadores en la iglesia local y muy pocos actores.
Generalmente esto produce un cansancio y desgaste en el servicio por estar sobrecargado sobre unos y no sobre todos. La iglesia actual debe buscar vías o canales por los que todos puedan servir, si así lo desean, en la congregación. Limitar el servicio o el ejercicio de los dones por condiciones personales –sin que esa limitación esté acompañada del ejercicio de disciplina bíblica por desorden en la vida individual del creyente– es ir contra el propósito de Dios para la vida de la congregación local.3.4. Ministerio femenino en la iglesia
De la misma forma, la reflexión bíblico-teológica ha de ir orientada a definir la participación y alcance del ministerio femenino en la iglesia. Por sistema tradicional se ha determinado que las hermanas deben hacer todo cuanto tenga que ver con servicio material pero se les prohíbe la participación en el culto eclesial. Esta prohibición que se establece en la interpretación, no concordante con otros muchos textos en los que se tratan problemas concretos de iglesias concretas (como es el caso de la congregación en Corinto, 1 Co. 14:34), desconociendo las causas que el mismo contexto establece (que eran la de formular preguntas de manera indebida en el culto público de la iglesia), es fragmentar la contextualización natural del pasaje, tomando un texto fuera de contexto para convertirlo en un pretexto. Ese tomar un determinado texto para sustentar un principio bíblico de actuación ignorando otros muchos que evidencian el ministerio femenino en el culto público –como era la oración y la profecía (1 Co. 11:5; Hch. 1:14)–, es una falta de consideración a la sana exégesis de la Palabra.

4. FORMACIÓN BÍBLICO-TEOLÓGICA

Si la misión de la iglesia tiene que ver con una actuación al interior y otra al exterior, en el primer sentido, crecimiento espiritual y, en el segundo, crecimiento numérico, debe considerarse como prioritario dotar a las iglesias de creyentes preparados y capaces de enseñar a otros (2 Ti. 2:2).
La absurda idea –por no decir antibíblica idea– de que la formación de los maestros debe producirse en el seno de cada congregación local haya en ella maestros capaces o no, ha traído como consecuencia gravísimas deficiencias que se suplen acudiendo a la respuesta fácil de «esto se hace así porque así se hizo siempre y así fuimos enseñados». Tal posición revela una absoluta incapacidad bíblica de responder a las necesidades del pueblo de Dios mediante la interpretación y aplicación correcta de la Escritura.
La formación de maestros para las Asambleas en España, requiere una reorientación, de manera que, bajo la supervisión de las iglesias, se establezcan lugares y se busquen maestros capaces para enviar a quienes deben ocuparse del ministerio de la enseñanza de modo que se levante un sólido cuerpo de maestros en la Palabra, espirituales y capacitados para el ministerio. No puede olvidarse que la formación bíblico-teológica pasa por un conocimiento de los idiomas bíblicos, especialmente por el griego, que permita una exégesis correcta dentro de una hermenéutica también correcta. Esta formación bíblica sólo será posible en la unidad coordinada de todas las iglesias que juntas provean los recursos necesarios para llevarla a cabo. Éstas debieran encomendar a un grupo de hermanos que estén involucrados en el ministerio de la enseñanza –en el ámbito académico y con experiencia en el manejo de este servicio– para que establezcan un programa que se desarrolle conforme a las necesidades, con la mayor brevedad posible, que permita la capacitación bíblico-teológica de creyentes para el ministerio de enseñanza, de manera que se puedan desarrollar en el menor tiempo posible creyentes capacitados en cada congregación local para ese servicio.
De igual manera, la evangelización, aunque es responsabilidad individual –ya que todos estamos llamados a predicar el evangelio a todas las naciones (Mt. 28:18-20)– es también misión colectiva de las iglesias locales.
La evangelización ha de contextualizarse en relación con el tiempo actual y con el contexto social en que se desarrolla. Las tradicionales reuniones evangelísticas en los locales al estilo de los años 30 al 40 han dejado de ser eficaces, no por el mensaje, sino por el modo de comunicarlo a la sociedad altamente diferente en el momento actual. Las Asambleas en España deberán buscar vínculos unitarios para apoyarse mutuamente y hacer eficaces los métodos de evangelización en nuestra sociedad.
Esa unidad en el propósito de la evangelización lleva aparejado el compromiso eclesial de asistencia y colaboración mediante la aportación de recursos económicos y de recursos didácticos para el discipulado de los nuevos convertidos a Cristo (Mt. 28:20). El desarrollo de la formación integral en la iglesia requiere materiales adecuados y planes establecidos convenientemente para llevarla a cabo. Todo esto sólo será posible en la unidad del pueblo de Dios y en la capacidad espiritual de los líderes de entregar sus propias parcelas de individualidad sometiéndolas, en una verdadera visión de entrega en amor, al servicio de todo el pueblo de Dios.

5. REFLEXIONES NECESARIAS SOBRE EL DECLIVE DE LAS ASAMBLEAS

5.1. Razones generalesEs necesario reflexionar sobre el declive experimentado por las asambleas desde hace bastantes años para poner remedio a la situación.A través de los años, los hermanos se consideraron fuertes y, por tanto, vivían confiados. Estaban convencidos de ser el grupo más bíblico y más espiritual, puestos para preservar la verdad bíblica frente a un mundo evangélico que se desviaba en muchas cosas de la Escritura, y era de esperar que a medida que avanzase el tiempo, muchos creyentes de otros grupos denominacionales abandonarían sus iglesias para unirse a las Asambleas.Sin embargo, el movimiento no sólo no avanzó en esa medida, sino que, en la actualidad, está atravesando por una profunda crisis en la mayoría de los países del mundo. En ciertos lugares, los jóvenes han abandonado las congregaciones y se han pasado a otros grupos, dejando las iglesias pobladas por gentes de edad.
Con tremenda sorpresa para algunos dentro de las Asambleas, han visto que Dios obraba poderosamente con otros miembros de otros grupos en la evangelización del mundo, especialmente desde el tiempo siguiente al final de la Segunda Guerra Mundial. Muchos líderes de las Asambleas, están desorientados sin saber qué rumbo tomar. ¿Podría establecerse un camino que condujese a la vitalización de las Asambleas? Creemos sinceramente que es posible si somos capaces de entender los fallos que deben subsanarse.5.2. El problema de la formación bíblica en las iglesias
En primer lugar, es necesario abordar con absoluta rapidez y decisión, la formación bíblica tanto de las iglesias como, especialmente, de los que son llamados a enseñar a otros. Los primeros maestros en la historia de las Asambleas, formaron a otra generación al mismo nivel que ellos. Estos, a su vez, fueron los maestros que capacitaron a quienes salían a la obra misionera.
Los misioneros tienen la tarea de fundar iglesias y enseñar la doctrina fundamental de la fe a los recién convertidos y consolidar en ella a quienes han de liderarlas luego de su partida, pero no han sido llamados a formar teólogos –en el sentido bíblico de la palabra– esto es, maestros capacitados y conocedores profundos de las verdades bíblicas. Los hermanos que se vieron con la responsabilidad de las iglesias, especialmente en el mundo hispano, no eran mayoritariamente personas de alta cultura académica, sino, valiéndose de la frase bíblica, «hombres del vulgo, y sin letras». Estos hermanos han sido además influidos en muchos lugares por corrientes neo-pietistas, que se extendieron bajo la influencia de exclusivistas y cerrados, de comunión abierta, que enseñaron formas dándoles el valor y rango de doctrinas. Estos hermanos han sentido un abierto rechazo a la formación teológica de los maestros bíblicos en grados elevados, entre lo que figura el conocimiento de las lenguas bíblicas para una correcta exégesis del texto de la Escritura. Una seria aversión contra instituciones académicas, doctrinalmente sanas, que formen a los maestros, se puso de manifiesto y cualquiera que deseaba ir a algún lugar para capacitarse más, era considerado como un rebelde y sospechoso del que ya no se podía confiar. Eso trajo como consecuencia la marcha de muchos hermanos con dones y capacidades a otros grupos. Líderes influidos por pietismo no bíblico consideraron que era suficiente con la autoformación del maestro bíblico, sin darse cuenta que por falta de herramientas bien utilizadas se ha ido cayendo en un bajo nivel formativo en detrimento de las congregaciones. ¿Se está revisando si todo cuanto se enseña y de la forma en que se enseña corresponde a una buena exégesis literal-histórico-gramatical del texto?
Para suplir este problema han surgido como hongos después de la lluvia, algunos que se consideran a ellos mismos como maestros bíblicos y que dedican en sus sermones un espacio considerable a explicar palabras griegas, cuando no conocen el griego o tienen, en el mejor de los casos, ligeras ideas tomadas y copiadas de otros. La exposición bíblica sistemática de la Palabra no es la norma habitual en las congregaciones, por lo que muchos hermanos mueren si haber oído en su iglesia exponer Malaquías, o Hageo, o Levítico, o Cantar de los Cantares. Esto impide llevar a cabo la ordenanza apostólica de que maestros espirituales e idóneos enseñen a otros que serán a su vez maestros de la siguiente generación (2 Ti. 2:2).

Una falta de enseñanza sistemática y sólida trae consigo el infantilismo espiritual de los creyentes, produciendo las consecuencias que Pablo advierte: niños espirituales que son llevados de un lado para otro, arrastrados por todo viento de doctrina (Ef. 4:14).

Es verdaderamente urgente, no sólo la fidelidad a la Palabra, sino la formación de quienes puedan enseñarla con garantía y formar maestros para las congregaciones.5.3. Determinación en el mantenimiento de la unidad
Una segunda necesidad urgente es entender la unidad de la iglesia y vivirla en la comunión del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3). Las divisiones de nuestras iglesias por supuestos problemas doctrinales, el distanciamiento entre congregaciones dentro de un mismo espacio geográfico que ni siquiera se conocen entre ellas, el rechazo a cualquier vínculo que coordine y cohesione actividades entre las iglesias –no como una estructura sobre ellas sino como elementos de servicio supervisados por los líderes de las congregaciones– es una triste realidad.
Son lamentables y gravemente deshonestos los chismes y críticas infundadas hacia los maestros bíblicos que están en el mundo de las Asambleas y que, de alguna manera, impide a congregaciones el ministerio de gente formada que ha sido cuestionada por quienes, muchas veces dan crédito a la rumorología sin verificar la verdad de los rumores que son mantenidos vivos por quienes sienten envidia humana contra los maestros de la Palabra, temiendo perder la importancia que ellos mismos se suponen en la obra del Señor y procurando derribar a quienes consideran que les pueden hacer sombra.5.4. La renovación espiritual
Una tercera necesidad es la renovación espiritual. Nadie confunda esta expresión con renovación carismática o neo-pentecostal, que se trata de una revolución, pero no de una renovación. Sin embargo, es evidente que tenemos necesidad de una renovación de nuestro entendimiento a la luz de la Palabra (Ro. 12:2).
Es preciso un acercamiento a la doctrina del Espíritu Santo para entender que el Espíritu no es el Dios para la teología sino para la vida. Es necesaria una renovación espiritual que nos permita un cambio de las formas, de modo que la iglesia pueda estar presente en la sociedad actual, no como una pieza de museo, sino como un conjunto de creyentes que brillan en las tinieblas y que entran en la sociedad con el mensaje del evangelio en la forma en que puede ser comprendido por quienes viven en el siglo XXI y no en el XIX. Una renovación espiritual que nos permita amar a nuestros hermanos y poder mantener una sana discusión sobre cosas generales sin claudicar un ápice en la doctrina fundamental. Una renovación espiritual que nos permita buscar como esencial la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), comprendiendo otras formas de hacer las cosas que otros hermanos puedan entender como correctas. Una renovación espiritual que permitiera unir esfuerzos para abordar las tareas con excelencia, apoyando lo que hay y emprendiendo lo que sea necesario. Una renovación espiritual que nos haga ver la necesidad de la oración en un tiempo de tremendo humanismo y crisis en la sociedad.Sólo el poder de Dios podrá hacernos recorrer nuevamente los caminos de victoria en Cristo Jesús.

6. CONCLUSIÓN

¿Es esto una novedad que tenemos que descubrir y establecer juntos? No, sólo es volver a los valores esenciales que dieron forma y fuerza a las Asambleas, no por lo que eran, sino porque Dios bendice la obediencia a su Palabra y eso y nada más que eso, fue lo que llevó a la victoria espiritual a aquel pequeño grupo de hermanos que se reunían para orar juntos, mantener la comunión, partir el pan y estudiar la Palabra para vivir conforme a ella, tanto en el plano individual, como en el familiar y el eclesial. Oremos juntos con una oración renovada que es bíblica y necesaria: «Señor, ¿qué quieres que hagamos? » y en la respuesta de Dios estemos dispuestos a asumir la responsabilidad, a entregar la obra a la voluntad del Señor de la iglesia y a pagar el precio que todo compromiso espiritual exige siempre.

http://www.perezmillos.com/

Inicio

¿EXISTE DIOS?

10350414_516436341790096_3737687015717083030_nPREGUNTAS ACERCA DE DIOS
La existencia de un Dios personal y moral es el fundamento de todo lo que creen los cristianos. Si no hay un Dios moral no hay un ser moral contra quien pecar; por lo tanto, no se necesita salvación. Más aún, si no hay Dios, sus actos (milagros) no pueden existir, y los relatos acerca de Jesús solo pueden entenderse como ficción o mitos. Por lo tanto, la primera pregunta a tratar en la preevangelización es: «¿Existe Dios?» La segunda está muy relacionada con la anterior: «Si existe, ¿qué clase de Dios es?»
En este capítulo contestamos ambas preguntas. En el tres, revisaremos las cuestiones referentes a otros dioses.

¿EXISTE DIOS?

ARGUMENTOS A FAVOR DE LA EXISTENCIA DE DIOS

Tradicionalmente se usan cuatro argumentos básicos para probar la existencia de Dios: cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico; vocablos técnicos que definimos así: argumento a partir de la creación (cosmos significa creación); argumento a partir del diseño o propósito (telos significa propósito); argumento a partir de la ley moral (axios significa juicio); y, el argumento a partir del ser (ontos significa ser).

Historia del argumento a partir de la creación

Pablo dijo que todos los hombres conocen acerca de Dios «porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1:19–20). Platón es el primer pensador conocido que desarrolló todo un argumento basado en la causalidad. Aristóteles siguió su línea. Los filósofos musulmanes Al Farabi y Avicenna también recurrieron a este tipo de razonamiento, al igual que el pensador judío Moisés Maimónides. En el pensamiento cristiano, Agustín, Santo Tomás, Anselmo, Descartes, Leibniz, y otros hasta nuestros días, lo hallaron valioso y lo han hecho el argumento más ampliamente conocido de la existencia de Dios.

El argumento a partir de la creación

La idea básica de este argumento es que, así como hay un universo, este debió ser causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad, la cual dice que todo objeto finito es causado por otro diferente a él. Este argumento asume dos formas distintas que trataremos por separado. La primera indica que el universo necesita una causa inicial; la segunda, que necesita otra causa actual para continuar existiendo.

El universo fue causado en el principio

Este argumento afirma que el universo es limitado porque tuvo un principio, y que tal principio fue originado por algo más allá del universo mismo. Esto puede formularse de la siguiente manera:

1. El universo tuvo un comienzo.
2. Lo que tiene un comienzo debe haber sido causado por otra cosa.
3. Por lo tanto, el universo fue causado por otra cosa, y esa causa fue Dios.

Para evitar esa conclusión algunos dicen que el universo es eterno; que nunca tuvo comienzo, que siempre existió y nada más. Carl Sagan señaló: «El cosmos es todo lo que es, fue alguna vez, o será». Pero tenemos dos respuestas a esa objeción. La primera de ellas es que la prueba científica respalda fuertemente la idea de que el universo tuvo un comienzo. El punto de vista que casi siempre sostienen quienes proclaman que el universo es eterno —llamada teoría del «estado constante» conduce a algunos a creer que el universo está produciendo constantemente átomos de hidrógeno a partir de la nada.2 Sería mucho más sencillo creer que Dios creó el universo a partir de la nada.
Además, el consenso de los científicos que estudian el origen del universo es que éste se formó de una manera súbita y cataclísmica, lo que llaman teoría del Big-bang o la Gran Explosión. La prueba principal de que el universo tuvo un comienzo es la segunda ley de la termodinámica, que afirma que el universo se está quedando sin energía utilizable. Es decir, que si está agotándose, no puede ser eterno. «Alguien tuvo que darle cuerda para que se esté acabando». Otra prueba del Big-bang es que todavía podemos encontrar radiación de esa explosión y ver el movimiento que ha causado (véase capítulo diez para más detalles). Robert Jastrow, fundador y director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, dijo: «Debe haber una explicación lógica del explosivo nacimiento de nuestro universo; y si existe, la ciencia no puede hallar cuál es esa explicación. La pesquisa científica del pasado termina en el momento de la creación».
Más allá de la evidencia científica que demuestra que el universo empezó, hay una razón filosófica para creer que el mundo tuvo un punto de partida. Este argumento muestra que el tiempo no puede regresar a la eternidad pasada. Se ve que es imposible pasar por una serie infinita de momentos.
Uno puede imaginarse que pasa por un número infinito de puntos sucesivos en el vacío, moviendo el dedo de un punto a otro, pero el tiempo no tiene dimensiones ni es imaginario. Es real, y cada momento que pasa consume tiempo que no podemos recuperar; es más que pasar el dedo a través de un número interminable de libros en una biblioteca. Uno nunca llega al último libro. Aunque piense que lo ha hecho, siempre puede agregarse uno más, otro y otro … Uno nunca puede terminar una serie infinita de objetos materiales.
Si el pasado es infinito (lo cual es otra manera de decir: «Si el universo siempre hubiera existido sin un comienzo»), nunca habríamos podido pasar por el tiempo para llegar a hoy. Si el pasado es una serie infinita de momentos y justo ahora es donde termina, habríamos pasado por una serie infinita, y eso es imposible. Si el mundo nunca hubiera tenido un principio, no habríamos podido llegar a hoy. Pero llegamos a hoy; de modo que el tiempo debe haber empezado en algún punto particular del pasado y hoy ha llegado a un tiempo definido desde entonces. Por lo tanto, el mundo es un hecho finito, después de todo, y necesita una causa para su comienzo.

Dos clases de series infinitas

Hay dos clases de series infinitas: una es abstracta y otra concreta. La serie infinita abstracta es un infinito matemático. Por ejemplo, como cualquier matemático sabe, hay un número infinito de puntos en una línea entre el extremo A y el B, no importa cuán corta o larga sea la línea. Digamos que los puntos son dos sujetalibros separados por un metro. Ahora, como todos sabemos, aunque haya un número infinito de puntos matemáticos abstractos entre los dos sujetalibros, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos, ¡no importa cuán delgadas sean las páginas! Tampoco importa cuántos metros de distancia pongamos entre los sujetalibros, pues, de todos modos, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos. De manera que si las series infinitas matemáticas abstractas son posibles, no lo son las series infinitas reales.

Ahora que sabemos que el universo necesitó una causa para su comienzo, prosigamos con la segunda forma del argumento, la cual muestra que también necesita una causa para continuar existiendo.
El universo necesita una causa para su existencia continua

Algo nos mantiene existiendo precisamente ahora, en este momento, para que no desaparezcamos sin más ni más. Algo ha causado no solo que el mundo sea (Génesis 1:1) sino que también continúe y conserve su existir en el presente (Colosenses 1:17). El mundo necesita tanto una causa originadora como una causa conservadora. En cierto sentido, es la pregunta más elemental que podemos hacer: «¿Por qué hay algo en vez de nada?» Eso puede plantearse de la siguiente manera:

1. Las cosas finitas, cambiantes, existen. Por ejemplo, yo. Debo existir para negar que existo; de modo que, de una u otra manera, debo existir realmente.

2. Cada cosa finita, cambiante, debe ser causada por otra cosa. Si es limitada y cambia, no puede existir independientemente. Si existiera independiente o necesariamente, debería haber existido siempre sin ninguna clase de cambio.

3. No puede haber un regreso infinito de estas causas. Es decir, uno no puede seguir explicando cómo esta cosa finita causa esta otra, la que a su vez causa otra cosa finita, y continuar con lo mismo. En realidad, eso es posponer indefinidamente la explicación. Eso no explica nada. Además, si hablamos de por qué existen cosas finitas en el presente, no importa cuántas causas finitas pueda uno alinear como explicación puesto que, a su debido momento, habrá una causa que origine su propia existencia, lo que es simultáneamente efecto de esa causa. Eso carece de sentido. Por lo tanto, ningún regreso infinito puede explicar por qué existo hoy.

4. En consecuencia, debe haber una primera causa incausada de toda cosa finita cambiante que existe. Este argumento muestra por qué debe haber una causa conservadora, presente, del mundo pero no nos dice mucho sobre qué clase de Dios existe. ¿Cómo sabemos que esta causa es realmente el Dios de la Biblia?

DOS ASPECTOS DE LA CREACIÓN

Argumento a partir del propósito (diseño)

Este argumento, como otros que mencionaremos brevemente, razona a partir de un aspecto específico de la creación, para ir luego al Creador que lo puso ahí. Argumenta a partir del diseño al Diseñador inteligente.

1. Todo diseño implica un diseñador.
2. Hay un gran diseño en el universo.
3. Por lo tanto, debe haber un Gran Diseñador del universo.

Conocemos la primera premisa por experiencia. Cada vez que vemos un diseño complejo sabemos, por esa experiencia, que provino de la mente de un diseñador. Los relojes implican relojeros, los edificios suponen arquitectos, las pinturas implican pintores, los mensajes codificados presuponen un emisor inteligente. Siempre tenemos esa expectativa porque la vemos ocurrir una y otra vez. Esta es otra manera de establecer el principio de la causalidad.
Además, mientras mayor el diseño, mayor su diseñador. Los castores construyen represas con troncos pero nunca han hecho una como la de Hoover, en Colorado, E.U.A. De igual manera, si sentamos mil simios ante una máquina de escribir nunca escribirán un Hamlet. No obstante, Shakespeare lo hizo en el primer intento. Mientras más complejo el diseño, mayor la inteligencia requerida para producirlo.

Historia del argumento a partir del diseño

«Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien» (Salmo 139:13–14). William Paley (1743–1805), en respuesta al nacimiento de la «Ilustración» y del método científico, insistía que si alguien encontraba un reloj en un campo, concluiría correctamente que hubo un relojero, debido al claro diseño. Lo mismo debía decirse del diseño encontrado en la naturaleza. El escéptico David Hume llegó a aseverar ese argumento en su libro Dialogues Concerning Natural Religion [Diálogos acerca de la religión natural], como hicieron otros pensadores. Sin embargo, hubo tanto oponentes como defensores de esta teoría. El clásico defensor fue William Paley, y el oponente más famoso, David Hume.

Aquí debemos mencionar que hay una diferencia entre los patrones sencillos y el diseño complejo. Los copos de nieve o los cristales de cuarzo tienen patrones sencillos, repetidos una y otra vez, aunque se debe a causas naturales por completo. Por otro lado, no encontraríamos frases escritas en piedras si no existieron seres inteligentes que las escribieran. Eso no ocurre de manera natural. La diferencia radica en que los copos de nieve y los cristales de cuarzo tienen un simple patrón repetido. Pero el lenguaje comunica información compleja, no la misma cosa una y otra vez. Esta información compleja acontece cuando se dan condiciones definidas a los elementos naturales. Por lo tanto, un minero no se sorprende cuando ve pequeñas piedras redondas en un arroyo, porque la erosión natural las redondea de esa manera. Pero si encuentra una punta de flecha, deduce que un ser inteligente modificó deliberadamente la forma natural de la piedra. Advierte aquí cierta complejidad que las fuerzas naturales no explican. Ahora bien, el diseño del cual hablamos en este argumento es uno complejo y no simples patrones; mientras más complejo sea el diseño, mayor la inteligencia requerida para producirlo.
Aquí es donde entra la siguiente premisa. El diseño que captamos en el universo es complejo. El universo es un intrincado sistema de fuerzas que obran en conjunto para el beneficio integral del todo. La vida es un desarrollo muy complejo. Una sola molécula de ADN, el «ladrillo» elemental de toda vida, lleva la misma información que un tomo de una enciclopedia. Nadie que vea una enciclopedia tirada en un bosque, dudaría en pensar que tuvo una causa inteligente, de modo que cuando encontramos una criatura viva compuesta de millones de células construidas por ADN, debemos presuponer que, de igual manera, tiene una causa inteligente detrás. Aun más claro es el hecho que algunas de estas criaturas vivas son inteligentes también. Hasta Carl Sagan reconoce que:

«El contenido de información que hay en el cerebro humano, expresado en bits, puede ser comparable con el número total de conexiones entre las neuronas: aproximadamente cien trillones, o sea 100.000.000.000.000, de bits. Si esa información se escribiera, digamos en español, llenaría unos veinte millones de tomos, tantos como hay en las bibliotecas más grandes del mundo. Ese equivalente a veinte millones de libros yace en la cabeza de cada uno de nosotros. El cerebro es un lugar muy grande en un espacio muy pequeño … La neuroquímica del cerebro, asombrosamente activa, es el circuito de una máquina mucho más maravillosa que cualquiera que los seres humanos hayan diseñado».

Algunos objetan este argumento basándose en el azar. Dicen que cuando se lanzan los dados, puede darse cualquier combinación. Sin embargo, esto no es muy convincente por varias razones. Primero, el argumento del diseño no es en verdad un argumento a partir del azar sino, precisamente, del diseño mismo, que sabemos tiene una causa inteligente por nuestras repetidas observaciones. Segundo, la ciencia se basa en la observación repetida, no en el azar; por lo cual esta objeción planteada al argumento del diseño o propósito no es científica. Finalmente, aunque hubiera un argumento aleatorio (probabilístico), las posibilidades indican que es mucho más probable que haya un diseñador. Un científico calculó la probabilidad de que una sola célula animal surgiera por pura casualidad en 1 en 1040000. Las probabilidades de que un ser humano, infinitamente más complejo que una célula, surja al azar son demasiado bajas para calcularlas. La única conclusión razonable es que hay un Gran Diseñador tras el diseño del mundo.

El argumento a partir de la ley moral

Pueden plantearse argumentos similares basados en el orden moral del universo, más que en su orden físico. Estos postulan que la causa del universo debe ser moral, además de poderosa e inteligente.

1. Todos los hombres son conscientes de una ley moral objetiva.
2. Las leyes morales suponen un Legislador de ellas.
3. Por lo tanto, debe haber un supremo Legislador moral de la ley.

Este argumento sigue también el principio de la causalidad en un sentido, pero las leyes morales son diferentes a las naturales que ya examinamos. Las leyes morales no describen lo que es, prescriben lo que debe ser. No son sencillamente una descripción de la manera en que se comportan los hombres, ni se conocen observando lo que ellos hacen. Si lo fueran, nuestro concepto de moralidad sería, por cierto, diferente. Las leyes morales nos dicen, en cambio, lo que los hombres deben hacer, háganlo o no. Así que, todo «deber» moral procede de más allá del universo natural. No se puede explicar con nada de lo que sucede en el universo, ni se puede reducir a lo que hacen los hombres en el universo. Trasciende el orden natural y requiere una causa trascendente.

Historia del argumento moral

Este argumento no ganó prominencia sino hasta comienzos del siglo diecinueve, luego que se publicaran los escritos de Emanuel Kant. Este insistía en que no había forma de acceder al conocimiento absoluto de Dios, y rechazaba todos los argumentos tradicionales sobre su existencia. Sin embargo, aprobó el planteamiento moral, no como prueba de la existencia de Dios, sino como forma de mostrar que es un postulado necesario para la vida moral. En otras palabras, no podemos saber que Dios existe, pero debemos actuar como si existiera para que la moral tenga sentido. Pensadores posteriores a Kant, refinaron el argumento para demostrar que hay cierta base racional de la existencia de Dios en la moralidad. También se ha intentado refutar la existencia de Dios basándose en la moral e ideas procedentes de Pierre Bayle y Albert Camus.

Algunos alegarán que esta ley moral no es realmente objetiva; que es solo un juicio subjetivo que procede de los postulados sociales. No obstante, este punto de vista no considera el hecho de que todos los hombres reconozcan las mismas cosas malas (como el asesinato, la violación, el robo, la mentira). Además, la crítica que este criterio plantea se parece mucho a un juicio subjetivo porque dice que nuestros juicios de valor son erróneos. Ahora bien, si no hubiera una ley moral objetiva, entonces no podría haber juicios de valor correctos ni erróneos. Si nuestras perspectivas acerca de la moralidad son subjetivas, entonces las de ellos también lo son. Pero si afirman efectuar una declaración objetiva sobre la ley moral, entonces presuponen que hay una ley moral en el acto mismo de tratar de negarlo. Quedan así atrapados en ambos sentidos. Hasta su declaración «nada sino» exige conocer «más que», lo que muestra que se adhieren, secretamente, a alguna norma absoluta que trasciende los juicios subjetivos. Por último, hallamos que aun aquellos que dicen que no hay orden moral, esperan ser tratados con equidad, cortesía y dignidad. Si uno de ellos planteara esta objeción y le replicáramos con un: «¡Cállese! ¿A quién le interesa lo que usted piensa?», comprobaríamos que cree que hay algunos «deberes» morales. Cada uno espera que los otros sigan algún código moral, hasta aquellos que pretenden negarlos. La realidad es que la ley moral es un hecho innegable.

¿Igual, diferente o similar?

¿Cuánto nos parecemos a Dios? ¿Cuánto puede decirnos un efecto acerca de su causa? Algunos dicen que el efecto debe ser exactamente el mismo que su causa. Las cualidades del efecto, tales como la existencia o la bondad, son las mismas que las de su causa. Si eso fuera cierto, todos deberíamos ser panteístas, porque todos somos Dios, eternos y divinos. Otros, reaccionan diciendo que somos diferentes de Dios totalmente, que no hay similitud entre lo que Él es y lo que somos nosotros. Pero eso significaría que no tenemos conocimiento positivo de Dios; solo podríamos decir que Dios es «no esto» y «no aquello», y jamás qué es Él. Lo equilibrado es afirmar que somos similares a Dios: lo mismo, pero en una manera diferente. La existencia, la bondad, el amor, todo eso significa lo mismo para nosotros y para Dios. Nosotros lo tenemos en forma limitada, en cambio Él es ilimitado. De modo que podemos decir qué Dios es, aunque en algunas cosas debamos también decir que no es limitado como nosotros: es «eterno», «inmutable», «incorpóreo», etc.
Argumento a partir del ser

Un cuarto argumento intenta demostrar que Dios debe existir por definición, y señala que cuando accedemos a la noción de qué es Dios, la idea supone necesariamente la existencia. Hay varias formas de este argumento, pero veamos solo la idea de Dios como Ser perfecto.

1. Toda la perfección que se pueda atribuir al ser más perfecto posible (concebible) debe atribuírsele a Él (de otro modo, no sería el ser «más perfecto posible»).
2. La existencia necesaria es una perfección atribuible al Ser más perfecto.
3. Así que, debe atribuirse la existencia necesaria al Ser más perfecto.

Historia del argumento a partir del ser

Cuando Dios le reveló su nombre a Moisés, dijo: «YO SOY EL QUE SOY», dejando muy en claro que la existencia (el ser) es su principal atributo (Éxodo 3:14). Anselmo de Canterbury, monje del siglo XI, usó esta idea para formular una prueba de la existencia de Dios a partir de la noción de Dios, sin tener que buscar la evidencia en la creación. Anselmo se refirió a ella como «prueba a partir de la oración», porque pensaba en ella mientras meditaba en la idea de un ser perfecto; de aquí, el nombre del tratado donde se expone esta prueba: el Monologium, que significa orar en un solo sentido, En el Proslogium, otra de sus obras, Anselmo dialoga con Dios sobre la naturaleza, y también desarrolla un argumento a partir de la creación. Este argumento, en filosofía moderna, se encuentra en las obras de Descartes, Spinoza, Leibniz y Hartshorne.

Par responder la primera cuestión, la existencia necesaria significa que algo existe y no puede no existir. Cuando decimos esto de Dios, significa que para Él es imposible no existir. Esta es la clase más perfecta de existencia porque no puede dejar de ser.
Este argumento logra demostrar que nuestra idea de Dios debe incluir la existencia necesaria, pero no comprueba que Dios exista de modo real. Demuestra que debemos pensar en Dios como existente necesariamente; pero no prueba que exista necesariamente. Este es un error que ha confundido a mucha gente, por el que uno no debe sentirse mal. El problema es que solo habla de la manera en que pensamos acerca de Dios, y no existe o no, en realidad. Debería reformularse de esta manera:

1. Si Dios existe, lo concebimos como un Ser necesario.
2. Por definición, un ser necesario debe existir sin poder no existir.
3. Por lo tanto, si Dios existe, debe existir sin poder no existir.

Es como decir: Si hay triángulos, deben tener tres lados. Por supuesto, puede que no haya triángulos. El argumento jamás supera ese «si» inicial. Nunca llega a probar la gran cuestión que afirma responder. La única manera de hacer que ese argumento pruebe que Dios existe es introducir subrepticiamente el argumento a partir de la creación, lo cual puede ser útil porque demuestra que si hay Dios, existe en forma necesaria. Eso hace diferente esta noción de Dios en cuanto a otras maneras de concebirlo, como veremos más adelante.

Todos los caminos conducen a una causa

Hemos visto que todos los argumentos tradicionales se apoyan, en última instancia, en la idea de la causalidad. El argumento a partir del ser necesita la confirmación de que algo existe y que en ese algo se encuentra la perfección y el ser. El argumento a partir del diseño presupone que el diseño fue causado. Igualmente, la moralidad, la justicia y la verdad, son propios de argumentos que creemos tuvieron una causa como recurso básico que demuestra la existencia de Dios, pues, como dijera un estudiante, es el argumento «causamológico».

Ahora la pregunta del millón: Si todos estos argumentos tienen alguna validez pero se apoyan en el principio de causalidad, ¿cuál es la mejor manera de probar que Dios existe? Si responde: «El argumento a partir de la creación», está en la pista correcta. Pero, ¿y si combinamos estos argumentos en un todo uniforme que pruebe qué clase de ser es Dios, y asimismo su existencia? A esto nos dedicaremos en las siguientes páginas.
Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe (pp. 17–31). Miami, FL: Editorial Unilit.

 

Reseña

apologetica-herramientas-valiosas-para-la-defensa-de-la-feAntes de compartir el evangelio con otros, tenemos que allanar el camino, remover los obstáculos, y responder las preguntas que les impidan aceptar al Señor.

Las objeciones que presentan los incrédulos no suelen ser triviales.

Calan muy hondo en el corazón de la fe cristiana y desafían sus fundamentos mismos.

Si los milagros no son posibles, ¿cómo creeremos que Cristo es Dios?

Si Dios no puede controlar el mal, ¿será realmente digno de adoración?

Si no respondemos a esas y otras objeciones, nuestra fe es vana.

Son preguntas inteligentes que requieren respuestas razonables.

Afortunadamente, los pensadores cristianos han respondido a esas cuestiones desde los días de Pablo; por lo tanto son ellos -además de la Palabra de Dios misma- la fuente a la que recurrimos para tratar los asuntos que hoy nos acosan.

Detalles del producto

  • Título: Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe
  • Autor: Norman Geisler, Ron Brooks
  • Editorial: Unilit
  • Fecha de publicación: 1997