“¿Por qué la sana doctrina es tan importante?”

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“¿Por qué la sana doctrina es tan importante?”

Pablo le encarga a Tito: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). Dicha orden deja en claro que la sana doctrina es importante. Pero, ¿por qué es importante? ¿Realmente lo que creemos marca la diferencia?

La sana doctrina es importante porque nuestra fe se basa en un mensaje específico. Toda la doctrina de la iglesia contiene muchos elementos, pero el mensaje principal se define claramente: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; [y]. . . que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras” (1 Corintios 15:3-4). Estas son las incuestionables buenas nuevas, y son de “de vital importancia”. Cambiar ese mensaje y la base de la fe, hace que cambiemos a Cristo por algo diferente. Nuestro destino eterno depende del escuchar “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13; ver también 2 Tesalonicenses 2:13-14).

La sana doctrina es importante, porque el evangelio es un deber sagrado, y no nos atrevemos a manipular la comunicación de Dios al mundo. Nuestro deber es entregar el mensaje, no de cambiarlo. Judas expresa un sentido de urgencia para guardar la fe: “. . . me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3; ver también Filipenses 1:27). “Contender” lleva la idea de luchar incansablemente por algo y de dar todo lo que tiene. La biblia incluye una advertencia de no agregar ni de quitar a la palabra de Dios (Apocalipsis 22:18-19). En lugar de modificar la doctrina de los apóstoles, recibimos lo que nos han transmitido y guardamos “la forma de la sana enseñanza, con fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 1:13).

La sana doctrina es importante porque lo que creemos afecta lo que hacemos. El comportamiento es una extensión de la teología, y existe una correlación directa entre lo que pensamos y cómo actuamos. Por ejemplo, dos personas se paran en la parte alta de un puente; uno cree que puede volar, y el otro considera que no puede volar. Su siguiente acto será bastante diferente. De la misma manera, un hombre que cree que no hay tal cosa como el bien y el mal, naturalmente se comportará de manera diferente a un hombre que cree en las normas morales bien definidas. En una de las listas de pecados que se encuentran en la biblia, se mencionan cosas como la rebelión, el asesinato, la mentira y el comercio de esclavos. La lista concluye con “y para cuanto se oponga a la sana doctrina” (1 Timoteo 1:9-10). En otras palabras, la verdadera enseñanza promueve la justicia; el pecado florece cuando se opone a la “sana doctrina”.

La sana doctrina es importante porque debemos verificar la verdad en un mundo de mentira. “Muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Hay cizaña entre el trigo y lobos en medio de las ovejas (Mateo 13:25; Hechos 20:29). La mejor manera de distinguir la verdad de la mentira, es saber cuál es la verdad.

La sana doctrina es importante porque el final de la sana doctrina es la vida. “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16). Por el contrario, el final de la falsa doctrina es la destrucción. “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4). Cambiar el mensaje de la gracia de Dios, es hacer algo “pecaminoso”, y la condena de tal acción es grave. Predicar otro evangelio (“que en realidad no es evangelio para nada”), conlleva un anatema: “¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:6-9).

La sana doctrina es importante porque anima a los creyentes. Un amor por la palabra de Dios trae “mucha paz” (Salmo 119:165), y “los que anuncian la paz. . . los que publican salvación” son realmente “hermosos” (Isaías 52:7). Un pastor “debe retener la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9).

La palabra de la sabiduría es: “No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28). Si podemos aplicar esto a la sana doctrina, la lección es que debemos preservarla intacta. Que nunca nos alejemos de “la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:3).

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¿Por qué Dios permite que la gente se burle de Él?

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¿Por qué Dios permite que la gente se burle de Él?

Cada día, en cada lugar del mundo, hay gente que se burla de Dios. Muchos se empeñan en blasfemar, ridiculizar y apretar el puño contra su Creador. La cantidad de burlas es lamentable, y su atrevimiento es a menudo impresionante. Dios ve todo esto, y seguramente podría hacer algo al respecto. ¿Por qué permite que continúe?

Dios creó a la humanidad con libre albedrío. Apocalipsis 4:11 dice, “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. El Todopoderoso nos creó para Su gloria y deleite, y ¿qué mayor deleite podría haber que ser amado por alguien de forma voluntaria y placentera y sin ser obligado a amar? Dios no creó drones sin sentido que simplemente cumplieran Sus órdenes. Él quería hijos, de la misma manera que los padres humanos quieren hijos, no como sirvientes sino como individuos que piensan, con sus propias características y personalidades. Dios quería tener comunión y una relación con nosotros. El verdadero y genuino amor es voluntario.

Y como Dios creó a la humanidad de esta manera — por supuesto, no tuvo que hacerlo, sino que eligió hacerlo — tenemos el libre albedrío de desobedecerlo, blasfemarlo y, sí, incluso burlarnos de Él. Sin embargo, en Gálatas 6:7 se nos advierte que Dios no siempre será objeto de burla. La blasfemia y la burla son temporales. Habrá un día de juicio final, y, en última instancia, un hombre cosecha lo que siembra.

Tenemos la capacidad de elegir el bien o el mal, lo correcto o lo incorrecto. Dios también nos dio una solución, una salida del pecado y una entrada a la vida eterna. Jesucristo ha proporcionado los medios para restaurar una relación amorosa con Dios, a través de Su sacrificio en la cruz.

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¿Cuáles fueron las siete últimas frases de Jesucristo en la cruz, y que significan?

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¿Cuáles fueron las siete últimas frases de Jesucristo en la cruz, y que significan?

Estas son las siete declaraciones de Jesucristo hechas en la cruz (sin un orden en particular).

(1) Mateo 27:46 nos dice que “alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?” Aquí Jesús estaba expresando Sus sentimientos de abandono al haber colocado Dios los pecados del mundo en Él – y por esta razón, Dios tenía que “volver Su rostro” de Jesús. Mientras Jesús estaba sintiendo ese enorme peso del pecado, Él estaba experimentando Su separación de Dios Padre por única vez en toda la eternidad. Esto también fue en cumplimiento a la declaración profética en el Salmo 22:1.

(2) “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34). Aquellos que crucificaron a Jesús no estaban conscientes del alcance total de lo que estaban haciendo, porque ellos no lo reconocían como el Mesías. Su ignorancia de la divina verdad no significaba que merecieran el perdón, y la oración de Cristo en medio de sus burlas hacia Él, es una expresión de la ilimitada compasión de Su gracia divina.

(3) “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43). En esta declaración, Jesús está asegurando a uno de los criminales en la cruz, que cuando él muriera, estaría con Jesús en el Cielo. Esto estaba garantizado porque aún en la hora de su muerte, el criminal había expresado su fe en Jesús, reconociéndolo como lo que Él era (Lucas 23:42).

(4) “Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.” (Lucas 23:46) Aquí, Jesús está abandonando voluntariamente Su alma en las manos del Padre, indicando que Él estaba por morir y que Dios había aceptado Su sacrificio. Él “se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios,” (Hebreos 9:14).

(5) “¡Mujer, he ahí tu hijo! y “’He ahí tu madre! Cuando Jesús vio a Su madre de pie cerca de la cruz con el apóstol Juan, a quien Él amaba, Él encomendó en las manos de Juan el cuidado de Su madre. Y desde aquella hora Juan la recibió en su propia casa (Juan 19:26-27). En este verso Jesús, siempre el Hijo compasivo, se está asegurando de que Su madre terrenal sea cuidada después de Su muerte.

(6) “Tengo sed” (Juan 19:28). Jesús está cumpliendo aquí la profecía Mesiánica del Salmo 69:21: Y por comida me dieron hiel, y para mi sed me dieron a beber vinagre.” Al decir que estaba sediento, los guardias romanos respondieron dándole vinagre, que era lo acostumbrado en una crucifixión, con lo cual daba cumplimiento a la profecía.

(7) “¡Consumado es!” (Juan 19:30) Las últimas palabras de Jesús significaron que Su sufrimiento había terminado, así como toda la obra que Su Padre le había encomendado realizar, que era, predicar el Evangelio, obrar milagros y obtener la eterna salvación para Su pueblo, todo estaba hecho, terminado y cumplido. La deuda por el pecado estaba pagada.

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¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

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¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

Jesús nos advirtió que vendrían “falsos Cristos y falsos profetas” e intentarían engañar aún a los elegidos (Mateo 24:23-27; ver también 2 Pedro 3:3 y Judas 17-18). La mejor defensa que puedes tener contra la falsedad y los falsos maestros es conocer la verdad. Para descubrir lo falso, estudia lo verdadero. Cualquier creyente “… que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15), y que hace un cuidadoso estudio de la biblia, puede identificar la falsa doctrina. Por ejemplo, un creyente que ha leído las actividades del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en Mateo 3:16-17 cuestionará inmediatamente cualquier doctrina que niegue la Trinidad. Por lo tanto, el “primer paso” es estudiar la biblia y juzgar toda enseñanza bajo la luz de lo que dice la Escritura.

Jesús dijo que “… por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Cuando buscamos el “fruto,” aquí hay tres pruebas específicas para aplicar a cualquier maestro y determinar la veracidad de sus enseñanzas:

1) ¿Qué dice este maestro acerca de Jesús? En Mateo 16:15-17, Jesús pregunta, ¿…quién decís que soy yo? Pedro respondió, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y por ello, Pedro es llamado “bienaventurado”. En 2 Juan 9 leemos, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. En otras palabras, Jesucristo y Su obra de redención son de máxima importancia; cuídate de cualquiera que niegue que Jesús es igual a Dios, y que subestime la muerte sustitutiva de Jesús, o rechace la humanidad de Jesús. 1 Juan 2:22 dice, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

2) ¿Este maestro predica el Evangelio? El Evangelio es definido como las buenas nuevas concernientes a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, de acuerdo a las Escrituras (1 Corintios 15:1-4). Aunque suenen muy agradable las declaraciones de “Dios te ama”, “Dios quiere que alimentemos a los hambrientos”, y “Dios quiere que seas próspero,” ese NO es el mensaje completo del Evangelio de Cristo. Como Pablo advierte en Gálatas 1:7, “… hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo”. Nadie, ni siquiera un gran predicador, tiene el derecho de cambiar el mensaje que Dios nos dio. “… Si alguno predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9).

3) ¿Este maestro demuestra cualidades de carácter que glorifican al Señor? Hablando de falsos maestros, Judas 11 dice, “¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. En otras palabras, un falso maestro puede ser conocido por su orgullo (el rechazo de Caín al plan de Dios), codicia (la profecía de Balaam por dinero), y rebelión (la autopromoción de Coré sobre la autoridad de Moisés). Jesús dijo que nos cuidáramos de tales personas y que las conoceríamos por sus frutos (Mateo 7:15-20).

Para un estudio más profundo, revisa aquellos libros de la biblia que fueron escritos específicamente para combatir las falsas enseñanzas dentro de la iglesia: Gálatas, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan y Judas. Con frecuencia es difícil detectar un falso maestro o un falso profeta. Eso es a lo que se refiere la frase de un “lobo con piel de oveja”. Satanás y sus demonios se disfrazan como “ángeles de luz” (2 Corintios 11:14), y “…sus ministros se disfrazan como ministros de justicia…” (2 Corintios 11:15). Solamente estando totalmente familiarizados con la verdad, estaremos en condiciones de reconocer una falsificación.

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“¿Qué es blasfemia? ¿Qué significa blasfemar?”

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“¿Qué es blasfemia? ¿Qué significa blasfemar?”

Blasfemar es hablar de Dios con desprecio o ser insolentemente irrespetuoso. La blasfemia es un reproche verbal o escrito del nombre de Dios, de su carácter, su obra o sus atributos.

La blasfemia fue un delito grave en la ley que Dios le dio a Moisés. Los israelitas debían adorar y obedecer a Dios. En Levítico 24:10-16, un hombre blasfemó el nombre de Dios. Para los hebreos, un nombre no era simplemente una etiqueta práctica. Era una representación simbólica del carácter de una persona. El hombre en Levítico que blasfemó el nombre de Dios fue apedreado hasta la muerte.

Isaías 36 cuenta la historia de Senaquerib, rey de Asiria, y su intento de desmoralizar a Jerusalén antes de atacar. Tras señalar las muchas victorias de Asiria, dice, “¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?” (Isaías 36:20). Senaquerib cometió blasfemia asumiendo que el Dios de Israel era igual a los dioses falsos de las naciones vecinas. El rey de Judá, Ezequías, recuerda esta blasfemia en su oración a Dios, en la que pide que Dios los libere con el propósito de defender su propio honor (Isaías 37:4, 17). Y eso es exactamente lo que Dios hizo. Isaías 37:36-37 explica, “Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive”. Más tarde, Senaquerib fue asesinado en el templo de su dios Nisroc (Isaías 37:38).

Los seguidores de Dios también son responsables de asegurarse de que su comportamiento no incite a otros a que blasfemen de Dios. En Romanos 2:17-24, Pablo reprende a quienes afirman ser salvados a través de la ley y todavía viven en pecado. Usando Isaías 52:5, Pablo les dice, “el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (versículo 24). En 1 Timoteo 1:20 Pablo explica que él había entregado a dos falsos maestros a Satanás para que “aprendan a no blasfemar”; por lo tanto, el promulgar falsa doctrina y hacer que el pueblo de Dios se extravíe, también es una forma de blasfemia.

Jesús habló de un tipo especial de blasfemia, aquella en contra del Espíritu Santo y que fue cometida por los líderes religiosos de su tiempo. La situación era que los fariseos eran testigos oculares de los milagros de Jesús, pero atribuyeron la obra del Espíritu Santo a la presencia de un demonio (Marcos 3:22-30). Su interpretación del santo como algo demoníaco, fue un rechazo a Dios deliberado e inofensivo, y además imperdonable.

La acusación más significativa de blasfemia fue una que resultó ser completamente falsa. Fue por el delito de blasfemia que los sacerdotes y los fariseos condenaron a Jesús (Mateo 26:65). Ellos entendieron que Jesús estaba afirmando ser Dios. Eso en realidad era un reproche sobre el carácter de Dios, si no fuera cierto. Si Jesús fue sólo un hombre que decía ser Dios, él habría sido un blasfemo. Sin embargo, como la segunda persona de la trinidad, Jesús verdaderamente pudo reclamar la verdad (Filipenses 2:6).

El hecho es que, cada vez que hacemos o decimos algo que da a los demás una falsa representación de la gloria, la santidad, la autoridad y el carácter de Dios, estamos blasfemando. Cada vez que distorsionamos nuestra posición como hijos de Dios, estamos dañando su reputación. Afortunadamente, Jesús perdona incluso el pecado de la blasfemia. Pedro atacó el propósito de Jesús (Mateo 16:22), Pablo intentó hacer que otros blasfemaran (Hechos 26:9-18), y los propios hermanos de Jesús pensaron que él estaba loco (Marcos 3:21). Todos se arrepintieron y fueron perdonados.

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¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

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¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

El catolicismo romano, la ortodoxia oriental, y algunas denominaciones protestantes utilizan el término “sacramento” para referirse a “una señal/rito que resulta en el otorgamiento de la gracia de Dios al individuo.” Típicamente, existen siete sacramentos en estas denominaciones. Ellos son: el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión, la confesión, el matrimonio, las santas órdenes, y la administración de los santos óleos. Según la iglesia católica, “Existen siete sacramentos. Fueron instituidos por Cristo y dados a la Iglesia para administrarlos. Son necesarios para la salvación. Los sacramentos son los vehículos de la gracia que transmiten.” La Biblia, por el contrario, nos dice que esa gracia no es dada mediante símbolos externos, y que ningún ritual es “necesario para la salvación.” La gracia es gratis. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7).

Una ordenanza es simplemente una “práctica o ceremonia prescrita.” Protestantes y evangélicos ven las ordenanzas como reconstrucciones simbólicas del mensaje del evangelio, que Cristo vivió, murió, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y algún día regresará. En vez de requisitos para la salvación, las ordenanzas son ayudas visuales para hacernos comprender mejor, y apreciar lo que Jesucristo logró por nosotros en Su obra redentora. Las ordenanzas están determinadas por tres factores: Fueron instituidas por Cristo, fueron enseñadas por los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Ya que el bautismo y la comunión son los únicos ritos que cumplen con esos criterios, sólo puede haber dos ordenanzas. Ninguna de las ordenanzas es requerida para la salvación, y ninguna es un “vehículo de la gracia.”

Generalmente se entiende que las ordenanzas son esas cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos por otros cristianos. Con respecto al bautismo, Mateo 28:18-20 dice: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'” En cuanto a la comunión, llamada también la Cena del Señor, Lucas 22:19 dice: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.'” La mayoría de las iglesias observan estas dos prácticas, pero puede que no necesariamente se refieran a ellas como a ordenanzas.

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¿El alma humana es mortal o inmortal?

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¿El alma humana es mortal o inmortal?

Sin duda que el alma humana es inmortal. Esto se ve claramente en muchas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: Salmos 22:26; 23:6; 49:7-9; Eclesiastés 12:7; Daniel 12:2-3; Mateo 25:46; 1 Corintios 15:12-19. Daniel 12:2 dice, “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Del mismo modo, Jesús Mismo dijo refiriéndose a los impíos “…irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46). Con la misma palabra griega que se usa para referirse tanto al “castigo” como a la “vida,” es claro que tanto los impíos como los justos tienen un alma inmortal / eterna.

La clara enseñanza de la Biblia es que toda la gente, ya sea que se salven o se pierdan, pasarán la eternidad en el cielo o en el infierno. La verdadera vida o vida espiritual, no cesa cuando nuestros cuerpos físicos terminan con la muerte. Nuestras almas vivirán para siempre, ya sea en la presencia de Dios en el cielo si es que somos salvos, o en castigo en el infierno si rechazamos el regalo de Dios de la salvación. De hecho, la promesa de la Biblia no es que sólo nuestras almas vivirán para siempre, sino que también nuestros cuerpos serán resucitados. Esta esperanza de una resurrección corporal, está en el corazón mismo de la fe cristiana (1 Corintios 15:12-19).

Aunque nuestras almas son inmortales, es importante recordar que no somos eternos de la misma manera que Dios lo es. Dios es el único ser verdaderamente eterno, porque solamente Él no tuvo ni principio ni tendrá fin. Dios siempre ha existido y siempre continuará existiendo. Todas las demás criaturas conscientes, ya sean humanas o angélicas, son finitas porque tuvieron un principio. Aunque nuestras almas vivirán para siempre, una vez que comenzaron a existir, la Biblia no apoya el concepto de que nuestras almas siempre han existido. Nuestras almas son inmortales, porque es así como Dios las creó, pero ellas sí tuvieron un principio; hubo un tiempo en el que no existían.

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¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

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¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

El gozo es algo que todos anhelamos, pero que a menudo parece difícil de alcanzar. Experimentar el gozo debe ser parte de la vida de todo cristiano. El gozo es un fruto del Espíritu Santo, producido por la obra de Dios en nosotros, y es parte de la voluntad de Dios para con nosotros. Sabemos que incluso los más maduros del pueblo de Dios experimentaron períodos de falta de gozo. Por ejemplo, Job deseaba que nunca hubiera nacido (Job 3:11). David oraba para que fuera llevado a un lugar donde no tuviera que lidiar con la realidad (Salmo 55:6-8). Elías, aún después de vencer a los 450 profetas de Baal pidiendo que bajara fuego del cielo (1 Reyes 18:16-46), huyó al desierto y le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 19:3-5). Si estos hombres lucharon, ¿cómo podemos experimentar un gozo constante en la vida cristiana?

Lo primero es darse cuenta de que el gozo es un regalo de Dios. La palabra raíz para gozo en griego es chara, que está estrechamente relacionada con la palabra griega charis para “gracia”. l gozo es tanto un don de Dios como una respuesta a los dones de Dios. El gozo viene cuando somos conscientes de la gracia de Dios y disfrutamos de Su favor.

Con esto en mente, es evidente que una manera de experimentar el gozo es enfocarse en Dios. En lugar de meditar en nuestras dificultades o en las cosas que roban nuestro contentamiento, podemos meditar en Dios. Esto no quiere decir que debamos negar nuestro descontento o nuestras emociones negativas. Siguiendo el ejemplo de muchos de los salmistas, podemos derramar nuestros corazones a Dios. Podemos decirle sin rodeos todas las cosas que nos afligen. Y luego sometemos esas cosas a Él, recordando quién es Él, y siendo felices en Él. Los Salmos 3, 13, 18, 43 y 103 son buenos ejemplos.

El libro de Filipenses tiene mucho que decir sobre la alegría, aunque Pablo escribió la epístola desde la cárcel. Filipenses 4:4-8 da algunas pautas para experimentar la alegría en la vida cristiana: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!..El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. En esto pensad Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Aquí vemos la importancia de alabar a Dios, recordando que Él está cerca, orando por nuestras preocupaciones, y manteniendo nuestras mentes enfocadas en las cosas buenas de Dios. Podemos experimentar gozo cuando intencionalmente alabamos. David escribió que el estudio de la Palabra de Dios puede traernos gozo (Salmo 19:8). Experimentamos el gozo al comunicarnos con Dios a través de la oración. Y experimentamos el gozo al mantener nuestro enfoque en cosas piadosas en vez de en circunstancias difíciles o que no nos producen alegría.

Jesús también dio algunas instrucciones con respecto al gozo. En Juan 15 Él habló de permanecer en Él y obedecerle. Él dijo: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:9-11). Una de las claves del gozo es vivir en obediencia a Dios.

Otra manera de experimentar gozo en la vida cristiana es a través del compañerismo. Dios le dio descanso a Elías y luego envió a un hombre, Eliseo, para que lo ayudara (1 Reyes 19:19-21). Nosotros también necesitamos amigos con quienes podamos compartir nuestras heridas y dolores (Eclesiastés 4:9-12). Hebreos 10:19-25 dice: “Así que, hermanos…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Debido a la gracia de Dios, sabemos que podemos acercarnos a Dios confiadamente en oración (Hebreos 10:19). Sabemos que estamos limpios de nuestro pecado (Hebreos 10:22). Y estamos unidos en una nueva comunidad, una familia de creyentes. Con nuestros hermanos creyentes, nos mantenemos firmes en nuestra fe, confiando en el carácter de Dios. También nos animamos unos a otros. Los cristianos no pertenecen a este mundo (Juan 17:14-16; Filipenses 3:20). Anhelamos estar con Dios, finalmente restaurados a nuestro diseño original. La vida puede ser solitaria y desalentadora. Otros nos ayudan a recordarnos la verdad, a llevar nuestras cargas con nosotros y a fortalecernos para continuar (Gálatas 6:10; Colosenses 3:12-14).

El gozo está destinado a ser un sello distintivo de la vida cristiana. Es un fruto del Espíritu Santo y un don de Dios. Mejor recibimos este regalo cuando nos enfocamos en la verdad de quién es Dios, cuando tenemos comunión con Él a través de la oración, y confiamos en la comunidad de creyentes que Él ha provisto.

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¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

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¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

En Juan 10:10, Jesús dijo, “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. A diferencia de un ladrón, el Señor Jesús no viene por razones egoístas. Viene a dar, no a recibir. Viene para que las personas puedan tener vida en Él que sea significativa, con propósito, alegre y eterna. Recibimos esta vida abundante el momento que lo aceptamos como nuestro Salvador.

Esta palabra “abundante” en griego es perisson, que significa “excesivamente, altamente, más allá de la medida, más, superfluo, una cantidad tan abundante como para ser considerablemente más de lo que uno esperaría o anticiparía”. En definitiva, Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que nos podríamos imaginar, un concepto que nos recuerda de 1 Corintios 2:9: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman”. El apóstol Pablo nos dice que Dios es capaz de “hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, y lo hace por Su poder, un poder que está obrando dentro de nosotros si le pertenecemos a Él (Efesios 3:20).

Antes de comenzar a tener visiones de casas lujosas, coches caros, cruceros en todo el mundo, y más dinero de lo que podemos gastar, tenemos que hacer una pausa y pensar en lo que Jesús enseña sobre la vida abundante. La Biblia nos dice que la riqueza, el prestigio, la posición y el poder en este mundo no son las prioridades de Dios para nosotros (1 Corintios 1:26-29). En cuanto al estado económico, académico y social, la mayoría de los cristianos no procede de las clases privilegiadas. Claramente, entonces, una vida abundante no consiste de una abundancia de cosas materiales. Si ese fuera el caso, Jesús habría sido el más rico de los hombres. Pero es todo lo contrario (Mateo 8:20).

La vida abundante es la vida eterna, una vida que comienza en el momento que venimos a Cristo y lo recibimos como Salvador, y continúa a lo largo de toda la eternidad. La definición bíblica de la vida — específicamente la vida eterna — es proporcionada por Jesús mismo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado ” (Juan 17:3). Esta definición no hace mención de la longitud de los días, la salud, la prosperidad, la familia o la carrera. De hecho, lo único que menciona es el conocimiento de Dios, que es la clave para una vida verdaderamente abundante.

¿Qué es la vida abundante? En primer lugar, la abundancia es abundancia espiritual, no material. De hecho, Dios no se preocupa demasiado por las circunstancias físicas de nuestras vidas. Él nos asegura que no necesitamos preocuparnos por la comida ni la vestimenta (Mateo 6:25-32; Filipenses 4:19). Las bendiciones físicas pueden o no ser parte de una vida centrada en Dios; ni la riqueza ni la pobreza es un indicio seguro de nuestra posición con Dios. Salomón tuvo todas las bendiciones materiales disponibles para un hombre, pero encontró todo sin sentido – vanidad de vanidades (Eclesiastés 5:10-15). Pablo, por otro lado, estaba contento en cualquier circunstancia física en la que se encontraba (Filipenses 4:11-12).

En segundo lugar, la vida eterna, la vida por la cual un cristiano realmente se preocupa, no es determinada por la duración, sino por una relación con Dios. Esto es por qué, una vez que nos convertimos y recibimos el regalo del Espíritu Santo, se dice que tenemos la vida eterna ya (1 Juan 5:11-13), aunque no, por supuesto, en su plenitud. La duración de la vida en la tierra no es sinónimo de vida abundante.

Finalmente, la vida de un cristiano gira alrededor del principio de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Esto nos enseña que la vida abundante es un proceso continuo de aprendizaje, práctica, y maduración, así como fracaso, recuperación, adaptación, perseverancia, y superación, porque, en nuestro estado actual, “vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Un día veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos completamente tal como seremos conocidos completamente (1 Corintios 13:12). Ya no lucharemos con el pecado y la duda. Esto será la vida abundante finalmente realizada.

Aunque somos naturalmente deseosos de cosas materiales, como cristianos, nuestra perspectiva de la vida debe ser revolucionada (Romanos 12:2). Así como nos convertimos en nuevas creaciones cuando venimos a Cristo (2 Corintios 5:17), así debe ser transformada nuestra comprensión de la “abundancia”. La verdadera vida abundante consiste en una abundancia de amor, gozo, paz y el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no una abundancia de “cosas”. Consiste en una vida que es eterna, y, por lo tanto, nuestro interés está en el eterno, no el temporal. Pablo nos amonesta, “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:2-3).

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¿Es pecado el ciber-sexo o el sexo por teléfono?

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¿Es pecado el ciber-sexo o el sexo por teléfono?

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En ninguna parte la biblia menciona el ciber-sexo (cibersexo) o sexo por teléfono, obviamente, porque nada que tenga que ver con “ciber” o “teléfono” era posible en tiempos bíblicos. La respuesta a esta pregunta depende en cierta medida de si las personas implicadas están casadas entre sí. Dentro del matrimonio, el ciber-sexo o el sexo por teléfono estarían dentro del principio del “mutuo consentimiento” de 1 Corintios 7:5. Para obtener más información, consulte nuestro artículo sobre lo que sexualmente se permite en un matrimonio.

Fuera del matrimonio, la palabra de Dios nos da algunos principios que definitivamente se aplican al ciber-sexo o al sexo por teléfono. Filipenses 4:8 nos dice, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Además, hay muchas escrituras que indican que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son pecado (Hechos 15:20; 1 Corintios 5:1; 6:13,18; 7:2; 10:8; 2 Corintios 12:21; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; Colosenses 3:5; 1 Tesalonicenses 4:3; Judas 7). Jesús mismo nos enseñó que desear algo que es pecaminoso también es pecado: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28). Proverbios 23:7 dice, “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”.

El ciber-sexo y el sexo por teléfono son, en esencia, desear algo que es pecaminoso (fornicación o adulterio). El ciber-sexo y el sexo telefónico son fantasear con lo que es inmoral e impuro. En ningún sentido el ciber-sexo o el sexo telefónico se podrían considerar como algo noble, justo, puro, amable, admirable, excelente o digno de elogio. El ciber-sexo y el sexo telefónico son prácticamente adulterio. Es fantasear con una persona con lujuria y motivar a la otra persona al deseo inmoral. Estas pueden llevar a una persona a la trampa de la “creciente maldad” (Romanos 6:19). Una persona que es inmoral en su mente y en sus deseos, eventualmente se convierte en inmoral en sus acciones. Sí, fuera del matrimonio, el ciber-sexo y el sexo telefónico es pecado.

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