¿Qué es el don espiritual de liderazgo?

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¿Qué es el don espiritual de liderazgo?

La Biblia analiza las formas en que la Iglesia realiza labores, desarrolla la congregación local, atiende las necesidades de la comunidad, y ayuda a establecer una comunidad testigo. La Biblia describe estas formas como dones espirituales, de los cuales uno es el don de liderazgo. El don espiritual de liderazgo en la iglesia local aparece en dos pasajes, Romanos 12:8 y 1 Corintios 12:28. La palabra griega traducida para “regir” o “gobernar” en estos versículos, designa a uno que se establece sobre los demás o quien preside, gobierna o quien atiende un asunto con diligencia y cuidado. En 1 Tesalonicenses 5:12 la palabra es usada en relación a los ministros en general: ” Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor”. Aquí la palabra se traduce “presidir”.

Todas las cosas surgen y caen con el liderazgo. Entre más hábil y eficaz sea el liderazgo, la organización va a funcionar mucho mejor y aumenta mucho más el potencial de crecimiento. En Romanos 12:8, la palabra traducida para “preside”, indica cuidado y diligencia con referencia a la iglesia local. El que preside está para atender con constante dedicación su trabajo, que consiste en velar por el rebaño y estar dispuesto a sacrificar su comodidad personal para cuidar ovejas necesitadas.

Hay varias características que identifican a aquellos con el don espiritual de liderazgo. En primer lugar, ellos reconocen que su posición es por el nombramiento del Señor y están bajo la dirección de Él. Entienden que nos son gobernantes absolutos, sino que ellos mismos están sometidos a Aquel que está sobre todos, el Señor Jesús, quien es la cabeza de la iglesia. Reconociendo su lugar en la jerarquía de la administración del cuerpo de Cristo, impide que el talentoso líder caiga en el orgullo o a una especie de derecho. El verdadero líder cristiano talentoso, reconoce que él no es sino un esclavo de Cristo y un siervo de aquellos que dirige. El apóstol Pablo reconoció esta posición, refiriéndose a sí mismo como un “siervo de Cristo Jesús” (Romanos 1:1). Al igual que Pablo, el talentoso líder reconoce que Dios lo ha llamado a su cargo; él no se ha llamado a sí mismo (1 Corintios 1:1). Siguiendo el ejemplo de Jesús, el talentoso líder también vive para servir a aquellos a quienes él dirige, y no para ser servido o señorear sobre ellos (Mateo 20:25-28).

Santiago, el medio hermano del Señor Jesús, tenía el don de liderazgo ya que dirigió la iglesia en Jerusalén. Él también se refirió a sí mismo como “un siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1:1). Santiago mostró otra cualidad del liderazgo espiritual, la habilidad para influir a otros a pensar acertada, bíblica, y piadosamente en todos los asuntos. En el concilio de Jerusalén, Santiago trató con el controvertido asunto de cómo relacionarse con los gentiles que se acercaban por la fe a Jesús el Mesías. “Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre” (Hechos 15:13-14). Con esa declaración de apertura, Santiago llevó a los delegados a pensar clara y bíblicamente, permitiéndoles llegar a una correcta decisión sobre este asunto (Hechos 15:22-29).

Como pastores del pueblo de Dios, los líderes talentosos gobiernan con diligencia y poseen la habilidad de discernir verdaderas necesidades espirituales de las necesidades “sentidas”. Ellos llevan a otros a la madurez en la fe. El líder cristiano lleva a otros a crecer en su capacidad de discernir por sí mismos aquello que viene de Dios, frente a lo que es cultural o temporal. Siguiendo el ejemplo de Pablo, las palabras del líder de la iglesia no son “sabias y convincentes” desde el punto de vista de la sabiduría humana, sino que están llenas con el poder del Espíritu Santo, dirigiendo y animando a otros a descansar su fe en ese mismo poder (1 Corintios 2:4-6). El objetivo de un líder con el don, es proteger y guiar a aquellos que dirige “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

El don espiritual de liderazgo es dado por Dios a los hombres y mujeres, quienes a su vez ayudarán a que la iglesia crezca y florezca más allá de la generación actual. Dios no ha dado el don de liderazgo para que el hombre sea exaltado, sino para que Él sea glorificado cuando los creyentes usan los dones que Dios da para hacer Su voluntad.

¿Qué dice la Biblia sobre el papel del pastor principal?

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¿Qué dice la Biblia sobre el papel del pastor principal?

En cuanto al papel del pastor, la Biblia dice bastante. Las palabras principales que describen el papel del pastor son “anciano”, “obispo” y “maestro” (1 Timoteo 3:1-13). “Anciano” o episkopos (de donde obtenemos nuestra palabra episcopal) se refiere a la supervisión de los creyentes, e implica enseñar, predicar, cuidar y ejercer autoridad cuando sea necesario. El anciano también sirve en la iglesia como líder y maestro. En Tito 1:5-9, Pablo insta a Tito a “establecer ancianos en cada ciudad”. Ellos enseñarán y guiarán a la congregación en su desarrollo espiritual. Además, en 1 Pedro 5:1-4, Pedro se dirige a sus “compañeros ancianos” y les dice: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2).

Así que en lo que respecta al papel de pastor principal, la Biblia no aborda ese título específicamente. Ha surgido a medida que la iglesia ha crecido y ha requerido más personal. El título de pastor principal se refiere a la persona que dirige principalmente la iglesia, generalmente haciendo la mayor parte de la predicación y la enseñanza en el púlpito durante los servicios y supervisando la administración de la iglesia. Algunas iglesias más grandes pueden incluso tener un pastor general que supervisa el funcionamiento cotidiano de la iglesia, mientras que el pastor principal se ocupa de trabajar con el consejo de la iglesia, junto con los ministerios de predicación, enseñanza y consejería que acompañan a la función de pastor.

Toda iglesia, ya sea grande o pequeña, necesita un pastor que pastoree, dirija, alimente y guíe a la gente en su crecimiento espiritual y en su servicio al Señor Jesús. En las iglesias más grandes, un pastor principal a menudo pastorea el equipo pastoral además de pastorear la congregación. Por lo tanto, un pastor principal debe ajustarse a una norma de acuerdo con 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:6-9 aún más alta que otros roles pastorales.

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¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?

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¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?

Debemos leer y estudiar la Biblia simplemente porque es la Palabra de Dios para nosotros. 2 Timoteo 3:16 dice que la Biblia es “inspirada por Dios”. En otras palabras, son las mismísimas palabras de Dios para nosotros. Hay muchas preguntas que los filósofos se han hecho y que Dios nos las responde en las Escrituras: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿De dónde vengo? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Cómo puedo ir al cielo? ¿Por qué está el mundo tan lleno de maldad? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo hacer lo bueno? Adicionalmente a estas “grandes” preguntas, la Biblia nos proporciona un sin número de consejos prácticos en áreas tales como: ¿Qué debo buscar en mi pareja? ¿Cómo puedo tener un matrimonio exitoso? ¿Cómo puedo ser un buen amigo? ¿Cómo puedo ser un buen padre / madre? ¿Qué es el éxito y cómo puedo alcanzarlo? ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué es lo más importante en la vida? ¿Cómo puedo vivir para que no tenga que arrepentirme en un futuro?¿Cómo puedo manejar las circunstancias adversas y eventos injustos de la vida para salir victorioso?

Debemos leer y estudiar la Biblia porque es totalmente confiable y sin error. La Biblia es única entre muchos auto-nombrados libros “sagrados”, porque no sólo ofrece enseñanzas morales y dice “confía en mí”, más bien, nos ofrece la oportunidad de probarla, corroborando cientos de detalladas profecías que contiene, verificando los eventos históricos que relata, y comprobando los hechos científicos que describe. Aquellos que dicen que la Biblia tiene errores, deben tener sus oídos cerrados a la verdad. Jesús preguntó una vez, “¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?” (Lucas 5:23). Luego, Él probó que tenía el poder para perdonar los pecados (algo que no podemos ver físicamente) sanando al paralítico (algo que los que lo rodeaban pudieron atestiguar con sus ojos). De manera similar, tenemos la seguridad de que la Palabra de Dios es verdad cuando se discuten aspectos espirituales que no podemos atestiguar con nuestros sentidos físicos, pero mostrando su veracidad en todas aquellas áreas que podemos verificar, tales como la exactitud histórica, científica y profética.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque Dios no cambia y porque la naturaleza humana tampoco cambia; es tan actual para nosotros como lo fue cuando fue escrita. Mientras que diariamente se generan grandes cambios tecnológicos a nuestro alrededor, los deseos y naturaleza de la raza humana no cambian. Tú encontrarás, mientras lees las páginas de la historia bíblica, que ya sea que se trate de relaciones interpersonales o entre sociedades, “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9). Y mientras la raza humana en su totalidad continúa buscando amor y satisfacción en todos los lugares equivocados, Dios, nuestro buen y misericordioso Creador, nos dice qué es lo que nos traerá un gozo ETERNO. Su Palabra revelada, las Escrituras, son tan importantes que Jesús dijo respecto a ellas, “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En otras palabras, si quieres vivir una vida plena como fue la voluntad de Dios, escucha y presta atención a la Palabra de Dios escrita.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque existe mucha enseñanza falsa. La Biblia nos da la medida mediante la cual podemos distinguir la verdad del error. Nos dice cómo es Dios. Tener una impresión equivocada de Dios es adorar un “ídolo” o “dios falso”. Estamos adorando algo que ¡no es Él! La Biblia también nos dice cómo podemos verdaderamente ir al cielo…y no es por ser buenos, o ser bautizados o ninguna otra cosa que podamos HACER (Juan 14:6; Efesios 2:1-10; Isaías 53:6; Romanos 3:10b, 5:8; 6:23; 10:9-13). A través de estos textos, la Palabra de Dios nos enseña cuánto Él nos ama (Romanos 5:6-8; Juan 3:16). Y así es como sabiendo esto, somos atraídos a amarle a Él en respuesta (1 Juan 4:19).

La Biblia nos equipa para servirle a Dios (2 Timoteo 3:17; Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Nos ayuda a saber cómo podemos ser salvos de nuestros pecados y sus últimas consecuencias (2 Timoteo 3:15). Al meditar en ella y obedecer sus enseñanzas, nos llevará a una vida victoriosa (Josué 1:8; Santiago 1:25). La Palabra de Dios nos ayuda a ver el pecado en nuestra vida y nos ayuda a deshacernos de él (Salmos 119:9,11). Será una guía en la vida, haciéndonos más sabios que nuestros maestros (Salmo 32:8; 119:9,11; Proverbios 1:6). La Biblia nos libra de perder años de nuestra vida en aquello que no dura ni tampoco importa (Mateo 7:24-27).

Leer y estudiar la Biblia nos ayuda a ver más allá del atractivo “anzuelo” y doloroso “gancho” de las tentaciones pecaminosas, para que podamos aprender de los errores de otros, en vez de experimentarlos nosotros mismos. La experiencia es un gran maestro, pero cuando se trata de aprender del pecado, es un duro y terrible maestro. Es mucho mejor aprender de los errores ajenos. Hay tantos personajes bíblicos de quiénes aprender, tanto modelos positivos como negativos, que con frecuencia proceden de la misma persona en diferentes etapas de su vida. Por ejemplo, David, en su victoria al gigante Goliat, nos enseña que Dios es más grande que cualquier cosa a la que quiera que nos enfrentemos (1 Samuel 17). David, al ceder a la tentación y cometer adulterio con Betsabé, nos revela el largo alcance y las terribles consecuencias que puede acarrearnos un “momento de placer” (2 Samuel 11).

La Biblia es un libro que no es sólo para leerse. Es un libro para estudiarse, a fin de poder ser aplicado. De otra manera, es como tragarse el bocado de comida sin masticarlo y después escupirlo de nuevo… sin ningún valor nutricional aprovechado. La Biblia es la Palabra de Dios. Como tal, es tan necesaria como las leyes de la naturaleza. No podemos ignorarla, pero lo hacemos para nuestro propio mal, así como lo sería si ignoramos la ley de la gravedad. No puede ser lo suficientemente enfatizada, la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas. El estudiar la Biblia puede compararse al extraer oro de una mina. Si hacemos un pequeño esfuerzo y sólo “cernimos los guijarros en el arroyo”, sólo encontraremos un poco de polvo de oro. Pero si nos esforzamos en realmente “excavar en ella”, la recompensa será de acuerdo a nuestro gran esfuerzo.

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¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

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¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

El pecado generalmente daña a otra persona, pero, en última instancia, todo pecado es contra Dios. La Biblia contiene muchas referencias de personas que admiten: “He pecado contra Dios” (Éxodo 10:16; Josué 7:20; Jueces 10:10). Génesis 39:9 nos da una visión más cercana de esto. José estaba siendo tentado a cometer adulterio con la esposa de Potifar. Al resistirse a ella, dijo: “No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. Resulta interesante que José no dijera que su pecado sería contra Potifar. Esto no quiere decir que Potifar no se viera afectado. Sin embargo, la mayor lealtad de José era hacia Dios y a Sus leyes. Era a Dios a quien no quería ofender.

David dijo algo similar después de haber pecado con Betsabé (2 Samuel 11). Cuando fue confrontado con su pecado, David se arrepintió profundamente, diciendo a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). Está claro que también había pecado contra Betsabé y su marido, aunque fue la violación de la ley de Dios lo que más afligió a David. Dios odia el pecado porque es la antítesis de Su naturaleza y porque nos perjudica a nosotros o a otra persona. Al pecar contra Dios, David también había dañado a otras personas.

Cuando alguien comete un crimen, la persona que fue perjudicada por el crimen no es la que castiga al criminal. Es la ley la que juzga a una persona culpable o inocente, no la víctima. Lo que se ha violado es la ley. Independientemente de los méritos o la inocencia de la víctima, todos los delitos se cometen en última instancia contra la ley establecida. Si robas en la casa de tu vecino, obviamente has perjudicado a tu vecino, pero no es él quien te hace rendir cuentas. Es una ley superior la que has violado. El gobierno tiene la responsabilidad de condenarte y castigarte; tu vecino, aunque se vea afectado por tu delito, se somete al gobierno.

De la misma manera, toda ley moral comienza con Dios. Como fuimos creados a imagen de Dios, tenemos Su ley moral escrita en nuestros corazones (Génesis 1:27). Cuando Adán y Eva comieron del árbol prohibido en el Jardín del Edén, Dios dijo: “He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:22). En ese momento, que sepamos, no se había establecido ninguna ley escrita. Sin embargo, Dios había comunicado claramente Su voluntad a Adán y Eva, y ellos supieron que habían pecado y corrieron a esconderse de Dios (Génesis 3:10). Su vergüenza después de pecar era evidente.

Nosotros también sabemos intrínsecamente cuándo hemos pecado. El pecado es una perversión del diseño perfecto de Dios. Todos llevamos la imagen misma de Dios, y cuando pecamos, estropeamos esa semejanza. Fuimos creados para ser espejos de la gloria de Dios (Efesios 2:10; 4:24; Hebreos 2:7). El pecado es una gran mancha en el espejo, y reduce la belleza y la santidad que debemos reflejar. Cuando pecamos, nos salimos del propósito para el que fuimos creados, violando así la ley moral de Dios, y somos responsables ante Él por la transgresión. Romanos 3:23 dice: “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. El pecado es cualquier cosa que se aleja del plan de Dios. Por lo tanto, ya sea que nos perjudique a nosotros o a otra persona, todo pecado es, en última instancia, contra un Dios santo.

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¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

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¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

La cultura moderna ha intentado redefinir la sexualidad como un derecho personal que se puede ejercer de la manera que el individuo desee. El comportamiento sexual se considera una elección personal, al igual que la decisión de comprar una casa o alquilar un apartamento. Al mismo tiempo, la opinión popular prácticamente ha eliminado la palabra pecado del vocabulario de nuestra cultura. La única expresión sexual que se considera “mala” es la que la persona que la define considera desagradable. Sin embargo, la aceptación social varía tanto que incluso el más vil de los actos sería considerado legítimo por muchos. Por lo tanto, antes de poder determinar por qué el pecado sexual es tan importante, tenemos que definir el pecado sexual.

Afortunadamente, el hombre nunca ha tenido el privilegio de definir el pecado. Aquel que creó la sexualidad también tiene el derecho de establecer los límites de la misma, y la Biblia es clara en cuanto a las directrices. Cuando Dios creó al primer hombre, Adán, y le trajo a la primera mujer, Eva, los unió en matrimonio y lo declaró “muy bueno” (Génesis 1:31; 2:18, 24). En ese momento, Dios introdujo la sexualidad y estableció los límites para su expresión. Dios creó una unión entre marido y mujer que llamó “una sola carne” (Génesis 2:24; Mateo 19:6; Marcos 10:8; Efesios 5:31). Luego definió cualquier actividad sexual fuera de la relación marido-esposa como una violación de Su don. La fornicación, la homosexualidad, la pornografía y la lujuria son todas violaciones de la intención de Dios cuando creó el acto sexual (1 Corintios 6:9,18; Gálatas 5:19-20; Judas 1:7; Mateo 5:28; Hebreos 13:4).

Entonces, ¿por qué es tan importante la violación de esos límites? La primera pista está en Génesis 2:24 con las palabras “una sola carne”. Hay un gran poder unificador en la unión sexual. Dios la diseñó para involucrar no sólo a los cuerpos, sino también a los corazones y a las vidas. El sexo fue diseñado para consumar la unión de por vida entre un hombre y una mujer. Jesús dijo: “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6; Marcos 10:9). Él diseñó los cuerpos del hombre y de la mujer de manera diferente para que pudieran unirse en un acto de intimidad física que los une de por vida. “Así que no son ya más dos, sino uno” (Marcos 10:8). El acto de convertirse en uno crea una nueva entidad: una familia. Esta poderosa fuerza también da lugar a una nueva vida (Génesis 4:25). La raza humana sólo se puede propagar mediante la unión de un hombre y una mujer. Y, dentro del matrimonio, Dios lo bendice (Génesis 1:28; 9:27; Salmo 17:3). El sexo es un regalo para el marido y la mujer que hace que su relación sea única entre todas las demás relaciones.

Sin embargo, lo que Dios crea como bueno, Satanás lo pervierte. Satanás comenzó su insidiosa profanación en el Jardín del Edén con las palabras “¿Conque Dios os ha dicho?” (Génesis 3:1). Y ese desafío a la autoridad de Dios continúa todavía. Cuando usamos la sexualidad como entretenimiento o para satisfacer la lujuria, rebajamos la belleza de este poderoso don y desafiamos a Aquel que lo diseñó. También cosechamos las consecuencias de nuestro pecado. Nuestra desobediencia sexual ha producido un mundo que se tambalea bajo el peso de la enfermedad, el aborto, la perversión, el abuso de menores, la adicción y la explotación sexual. Dios creó los límites para nuestro bien, para que pudiéramos disfrutar de Su regalo como fue diseñado para ser disfrutado.

La electricidad es algo poderoso y útil si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa mal o se abusa de ella, la electricidad puede ser mortal. Lo mismo ocurre con la sexualidad. Si se usa mal, el sexo también es mortal. Abusar del don de Dios produce problemas como el aborto, la pobreza, la violación, el adulterio, el divorcio y la pornografía. El pecado sexual comienza con la tentación, como todo pecado. Cuando nos negamos a reconocer los límites de Dios, permitimos que la lujuria determine nuestras decisiones. Y la lujuria nunca conduce en la dirección correcta. Santiago 1:13-15 dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.

Otra razón por la que el pecado sexual es tan importante es que destruye la imagen del pacto inquebrantable que Dios tiene con Su pueblo. La Biblia utiliza el matrimonio como una metáfora para describir la relación de pacto que Jesús tiene con Su “novia”, aquellos que ha comprado con Su propia sangre (Apocalipsis 19:7; 2 Corintios 11:2). En el Antiguo Testamento, Dios frecuentemente comparaba al rebelde Israel con una esposa rebelde, utilizando el adulterio como imagen del más atroz de los pecados (Jeremías 3:6). Dios creó el acto sexual para que fuera la consumación de una relación de alianza, una alianza en la que Dios ha participado (Malaquías 2:14; Mateo 19:6; Marcos 10:9). El pacto matrimonial ilustra el pacto inquebrantable de Dios con nosotros. Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio viola la intención de Dios y acarrea graves consecuencias.

El pecado sexual contamina mucho más que nuestros cuerpos físicos (1 Corintios 6:18). Tiene un significado espiritual. Casi todos los libros de la Biblia rechazan la inmoralidad sexual, indicando que Dios la considera un pecado grave. Cometer un pecado sexual se opone directamente a la voluntad de Dios de santificarnos (1 Tesalonicenses 4:3).

Romanos 13:13-14 esboza la vida que Dios desea que vivamos: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. El pecado sexual es una forma más de gratificar la carne en lugar de caminar en el Espíritu (Gálatas 5:16). Jesús dijo que los “puros de corazón” “verán a Dios” (Mateo 5:8). El pecado sexual sin arrepentimiento contamina el corazón, haciendo imposible experimentar el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si deseamos ser puros de corazón, no podemos involucrarnos en el pecado sexual.

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¿Qué es el movimiento Carismático?

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¿Qué es el movimiento Carismático?

El movimiento carismático es un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y es una de las fuerzas más populares y de más rápido crecimiento dentro del mundo cristiano actual. El movimiento tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California, un avivamiento de patrocinio Metodista. Fue ahí donde la gente declaró haber sido “bautizada por el Espíritu Santo” de la manera registrada en el capítulo 2 del libro de los Hechos durante la celebración de Pentecostés. Las personas que hablaban en lenguas y milagros de sanidad desencadenaron en la gente un frenesí espiritual. La gente que asistió a esas reuniones propagó su entusiasmo a través de todos los Estados Unidos, y así se inició el movimiento Carismático/Pentecostal.

Para principios de los años 70’s, el movimiento se había extendido a Europa, y durante los 80’s el movimiento se expandió, con un número de nuevas denominaciones que se desprendieron de él. No es inusual ver su influencia en muchas otras denominaciones tales como los Bautistas, Episcopales y Luteranos, así como en iglesias no denominacionales.

El movimiento tomó su nombre de las palabras griegas charis, que es una transliteración de la palabra griega para “gracia,” y mata, que es la palabra griega para “dones.” Carismática entonces, significa “dones de la gracia.” Enfatiza las manifestaciones de los dones del Espíritu Santo como señal de la presencia del Espíritu Santo. Estos dones también son conocidos como “carismas” bíblicos, o dones espirituales que supuestamente otorgan una influencia individual o autoridad sobre un gran número de gente. Los dones prominentes entre estos “carismas” son el hablar en lenguas y profetizar. Los carismáticos sostienen que las manifestaciones del Espíritu Santo dadas a aquellos en la iglesia del primer siglo, pueden ser aún experimentadas y practicadas en la actualidad.

El movimiento carismático es más conocido por su aceptación de hablar en lenguas (también conocido como glosolalia), sanidad divina, y profecías como evidencias del Espíritu Santo. La mayoría de las reuniones son para oración y cantos espirituales, danza, gritos “en el espíritu,” y levantamiento de manos y brazos en oración. También la unción de los enfermos con aceite es a menudo parte del servicio de adoración. Estas son las razones principales para el crecimiento y popularidad del movimiento. Mientras que el crecimiento y la popularidad ciertamente son deseables, éstos no pueden ser usados como prueba de la verdad.

La pregunta permanece: ¿es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho: ….” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho. Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8).

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¿Por qué muchos cristianos no tienen una cosmovisión bíblica coherente?

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¿Por qué muchos cristianos no tienen una cosmovisión bíblica coherente?

Una cosmovisión bíblica es el concepto total que alguien tiene del mundo desde el punto de vista bíblico. Es un sistema de creencias básicas del cristiano sobre el sentido de la vida, la naturaleza de Dios, la fuente de la verdad, y otros conceptos fundamentales. Sin embargo, la cosmovisión de muchos cristianos no es coherentemente bíblica. Pueden abordar solo algunos temas desde un punto de vista bíblico, pero no todos.

Hay muchas posibles razones por las que algunos cristianos no tienen una cosmovisión bíblica coherente:

1) Ellos son ignorantes de lo que dice la biblia. Ellos no conocen la palabra. Por ejemplo, si alguien no sabe lo que dice la biblia acerca de la santidad de la vida humana, será difícil tener un punto de vista bíblico sobre el tema. Para aquellos que son ignorantes, la educación es la clave.

2) Rechazan lo que la biblia dice sobre ciertos temas. Si alguien que profesa ser cristiano no cree lo que dice la biblia, le será imposible tener una auténtica cosmovisión bíblica. Para aquellos que son lo opuesto, el arrepentimiento es la clave.

3) Están más preocupados con lo que el mundo piensa de ellos que lo que Dios piensa. “El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado” (Proverbios 29:25). Un creyente que ve el mundo desde un punto de vista bíblico, reconoce que él no es del mundo. Jesús dijo, “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19; véase también Juan 17:14). Cuando un creyente comienza a hacer compromisos con la forma de pensar del mundo, pierde el enfoque de la perspectiva de Dios. Para aquellos que tienen temor, la valentía es la clave.

4) Son tibios en su compromiso con Cristo. Como la iglesia de Laodicea, ellos no son “ni frío ni caliente” (Apocalipsis 3:15), no están dispuestos a tomar una decisión por Cristo. Para el tibio, el compromiso es la clave.

5) Están influenciados por las mentiras del mundo. Desde los tiempos de Adán y Eva, Satanás ha utilizado su habilidad para engañar y confundir (Génesis 3:1-7; Apocalipsis 12:9). Una herramienta poderosa en el arsenal de Satanás es la idea de que la biblia es un libro de mitos, que está llena de errores y en la cual no se puede confiar. Satanás quiere convencer a la gente de que la biblia ya no es importante, que sus leyes y principios son obsoletos. Muchos en la iglesia han sido influenciados por esa forma de pensar. Para los engañados, el discernimiento es la clave.

6) Se han dejado llevar por sus circunstancias y dudan de las promesas de Dios. En Mateo 14, cuando Pedro salió de la barca para caminar sobre el agua, él estaba demostrando una cosmovisión bíblica: Jesús es la fuente de todo poder. Sin embargo, cuando Pedro se enfocó en el mar tempestuoso, su cosmovisión cambió: quizás las olas son más poderosas que Jesús. Para el incrédulo, la fe es la clave.

Para tener una cosmovisión bíblica coherente, debemos regresar a la biblia y apropiarnos de las promesas que DIos nos ha hecho, para que el mundo no nos ofrezca nada (Lucas 9:25; Juan 12:25; Mateo 6:19).

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¿Qué dice la Biblia acerca del endeudamiento de un cristiano? ¿Puede un cristiano pedir o prestar dinero?

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¿Qué dice la Biblia acerca del endeudamiento de un cristiano? ¿Puede un cristiano pedir o prestar dinero?

Pablo nos encomienda no deber a nadie nada sino el amor en Romanos 13:8. Este es un poderoso recordatorio del desagrado de Dios por toda forma de endeudamiento que no ha sido pagada de manera puntual (ver también Salmo 37:21). Al mismo tiempo, la biblia no ordena explícitamente contra todas las formas de deuda. La biblia advierte contra la deuda, y ensalza la virtud de no endeudarse, pero no prohíbe la deuda. La biblia tiene duras palabras de condena para los prestamistas que abusan de los que están atados a ellos en deuda, pero no condena al deudor.

Algunas personas cuestionan el cobro de cualquier interés sobre préstamos, pero muchas veces en la biblia vemos que es de esperarse el recibir una tarifa justa de interés sobre el dinero prestado (Proverbios 28:8, Mateo 25:27). En el antiguo Israel, la ley prohibía cargar intereses en una categoría de préstamos – aquellos hechos a los pobres (Levítico 25:35-38). Esta ley tenía muchas implicaciones sociales, financieras y espirituales, pero hay dos en especial que vale la pena mencionar. Primero, esta ley ayudaba genuinamente a los pobres al no empeorar su situación. Era ya bastante malo el haber caído en la pobreza, y pudiera ser humillante el tener que buscar asistencia; pero si adicionalmente al pago del préstamo, una persona pobre tenía que ser aplastada por el pago de intereses, la obligación resultaría más perjudicial que benéfica.

En segundo término, la ley enseñaba una importante lección espiritual. Para un prestamista, el hecho de no cargar los intereses del préstamo a una persona pobre era un acto de misericordia, porque estaría perdiendo el uso de ese dinero mientras estaba prestado. Sin embargo, esa sería una manera tangible de expresar gratitud a Dios por Su misericordia, al no cobrar a Su pueblo “intereses” por la gracia que Él les había concedido a ellos. Así como misericordiosamente Dios había sacado a los israelitas de Egipto cuando ellos no eran nada sino esclavos sin dinero y les había dado una tierra para que la poseyeran (Levítico 25:38), de igual manera, Él esperaba que ellos practicaran una bondad similar hacia sus propios compatriotas pobres.

Los cristianos se encuentran en una situación paralela. La vida, muerte y resurrección de Jesucristo ha pagado nuestra deuda de pecados con Dios. Ahora, mientras tengamos la oportunidad, podemos ayudar a otros en necesidad, particularmente a quienes son nuestros hermanos en la fe, con préstamos que no aumenten sus problemas. Jesús aún enseñó este principio en la parábola acerca de dos deudores y su actitud hacia el perdón de la deuda (Mateo 18:23-35).

La biblia no expresa ni prohibiciones ni permisos sobre el préstamo de dinero. La sabiduría de la biblia nos enseña que usualmente no es buena idea endeudarse. Las deudas nos hacen esencialmente esclavos de aquel a quien debemos. Al mismo tiempo, en algunas situaciones, el endeudarse es un “mal necesario”. En tanto que el dinero sea manejado de una manera sabia, y los pagos de la deuda sean manejables, un cristiano puede tener la carga de una deuda financiera si es absolutamente necesario.

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¿Qué dice la Biblia acerca del temor?

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¿Qué dice la Biblia acerca del temor?

La Biblia menciona dos tipos específicos de temor. El primer tipo es beneficioso y debe ser fomentado. El segundo tipo es un detrimento y debe ser superado. El primer tipo de temor es el temor del Señor. Este tipo de temor no es necesariamente miedo que signifique estar temeroso de algo. Más bien, es un temor reverencial por Dios; una reverencia por Su poder y gloria. Sin embargo, también es un apropiado respeto por Su ira y enojo. En otras palabras, es un reconocimiento de todo lo que es Dios, lo cual viene a través de conocerlo a Él y todos Sus atributos.

El temor del Señor conlleva muchas bendiciones y beneficios. El Salmo 111:10 dice, “El principio de la sabiduría es el temor de JEHOVÁ; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos. Su loor permanece para siempre”. Y Proverbios 1:7 declara, “El principio de la sabiduría es el temor de JEHOVÁ; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Más aún, en Proverbios 19:23 dice, “El temor de JEHOVÁ es para vida, y con él vivirá lleno de reposo el hombre; no será visitado del mal”. Y de nuevo en Proverbios 14:27 dice, “El temor de JEHOVÁ es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte”. Y Proverbios 14:26 declara, “En el temor de JEHOVÁ está la fuerte confianza, y esperanza tendrán sus hijos”.

Por todo esto, se puede ver que el temor del Señor debe ser fomentado. Sin embargo, el segundo tipo de temor mencionado en la Biblia no es beneficioso en absoluto. Este es el “espíritu de cobardía” mencionado en 2 Timoteo 1:7 donde dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder de amor y de dominio propio”. Así que podemos ver desde el principio que este “espíritu de temor” no viene de Dios.

Sin embargo, algunas veces estamos temerosos; algunas veces este “espíritu de temor” nos vence, y para vencer este temor necesitamos confiar y amar a Dios completamente. Primera de Juan 4:18 nos dice, “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Sin embargo, nadie es perfecto, y Dios lo sabe. Es por eso que Él ha esparcido generosamente aliento contra el temor a través de la Biblia. Comenzando desde el libro del Génesis y continuando a través de toda la Biblia hasta el libro de Apocalipsis, Dios nos dice “No temas”.

Por ejemplo, Isaías 41:10 nos anima “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. A menudo tememos el futuro y lo que será de nosotros. Pero Jesús nos recuera que Dios se preocupa por las aves del cielo, así que, ¿cuánto más proveerá para Sus hijos? “Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31). Tan solo estos pocos versículos cubren diferentes tipos de temor. Dios nos dice que no temamos estar solos, o estar demasiado débiles, o no ser escuchados, y no temer por nuestras necesidades físicas. Y estas exhortaciones continúan a través de la Biblia, cubriendo los diferentes aspectos del “espíritu de temor”.

En el Salmo 56:11, el salmista escribe, “En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”. Este es un asombroso testimonio del poder de confiar en Dios. Lo que el salmista está diciendo es que, a pesar de lo que suceda, él confiará en Dios porque conoce y entiende Su poder. Entonces, la total y completa confianza en Dios, es la clave para vencer el temor. Confiar en Dios es rehusarse a ceder ante el temor. Es acudir a Dios aún en los tiempos más oscuros y confiar en que Él arregle las cosas. Esta confianza procede de conocer a Dios y saber que Él es un Dios bueno. Como dijo Job cuando estaba experimentando unas de las pruebas más difíciles registradas en la Biblia, “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

Una vez que hayamos aprendido a poner nuestra confianza en Dios, ya no tendremos temor de las cosas que vengan contra nosotros. Seremos como el salmista que con confianza dijo: “…alégrense todos los que en Ti confían. Den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman Tu nombre” (Salmo 5:11).

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¿Qué es el humanismo secular?

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¿Qué es el humanismo secular?

El ideal del humanismo secular es que la humanidad se reconozca como parte de la naturaleza no creada y eterna; su objetivo es auto remediar al hombre sin referencia a o ayuda de Dios. El humanismo secular surgió de la Ilustración del siglo XVIII y el libre pensamiento del siglo XIX. Algunos cristianos se sorprenderán al saber que en realidad comparten algunos compromisos con los humanistas seculares. Muchos cristianos y humanistas seculares comparten un compromiso con la razón, la investigación libre, la separación de la iglesia y el estado, el ideal de la libertad, y la educación moral; sin embargo, se diferencian en muchas áreas. Los humanistas seculares basan su moralidad e ideas sobre la justicia en la inteligencia crítica sin ayuda de las Escrituras, en la que los cristianos confían para el conocimiento de lo verdadero y lo erróneo, el bien y el mal. Y aunque los humanistas seculares y los cristianos desarrollan y utilizan la ciencia y la tecnología, para los cristianos estas herramientas son para utilizarse en el servicio del hombre para la gloria de Dios, mientras que los humanistas seculares ven estas cosas como instrumentos para alcanzar fines humanos sin referencia a Dios. En sus investigaciones sobre el origen de la vida, los humanistas seculares no admiten que Dios creó al hombre del polvo de la tierra, habiendo primero creado la tierra y todas las criaturas vivientes en ella de la nada. Para los humanistas seculares, la naturaleza es una fuerza eterna, que se autoperpetúa.

Los humanistas seculares pueden sorprenderse al saber que muchos cristianos comparten con ellos una actitud de escepticismo religioso y están comprometidos con el uso de la razón crítica en la educación. Siguiendo el patrón de los de Berea, los humanistas cristianos leen y escuchan la instrucción, pero nosotros examinamos todas las cosas a la luz de las Escrituras (Hechos 17:11). Nosotros no simplemente aceptamos cualquier declaración o percepción mental que entra en nuestras mentes, sino que probamos toda idea y “conocimiento” contra la norma absoluta de la Palabra de Dios para obedecer a Cristo nuestro Señor (ver 2 Corintios 10:5; 1 Timoteo 6:20). Los humanistas cristianos entienden que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en Cristo (Colosenses 2:3) y buscan crecer en el conocimiento completo de todo lo bueno para el servicio de Cristo (Filipenses 1:9; 4:6; cf. Colosenses 1:9). A diferencia de los humanistas seculares, que rechazan la noción de la verdad revelada, nos adherimos a la Palabra de Dios, que es el estándar contra el cual medimos o comprobamos la calidad de todas las cosas. Estas breves observaciones no dilucidan plenamente el humanismo cristiano, pero añaden vida y relevancia a la definición clínica dada en léxicos (por ejemplo, El Tercer Nuevo Diccionario Internacional de Webster que define el humanismo cristiano como “una filosofía que aboga por la realización del hombre en el marco de los principios cristianos”).

Antes de considerar una respuesta cristiana al humanismo secular, debemos estudiar el término humanismo en sí mismo. El humanismo generalmente recuerda el renacimiento o el avivamiento del antiguo conocimiento y cultura que se llevó a cabo durante el tiempo del Renacimiento. Durante este tiempo, los “humanistas” desarrollaron modos rigurosos de erudición basados en modelos griegos y romanos, y trataron de construir un nuevo estilo latín (en las artes literarias y plásticas) y las instituciones políticas basadas en ellas. Sin embargo, mucho antes del Renacimiento, el “Humanismo cristiano” prosperó en las obras y el pensamiento de San Agustín, Aquino, Erasmo y otros. Algunos incluso ven en Platón, un filósofo pagano, un tipo de pensamiento que es compatible con la enseñanza cristiana. Mientras que Platón ofrece mucho de lo que es provechoso, sus hipótesis y conclusiones ciertamente no eran bíblicas. Platón, al igual que Nietzsche, creía en la “eterna recurrencia” (la reencarnación); él, y los griegos en general mostraron respeto superficial a sus dioses, pero para ellos el hombre era la medida de todas las cosas. Expresiones contemporáneas del humanismo secular rechazan los elementos cristianos nominales de sus precursores, y las verdades bíblicas esenciales, como el hecho de que los seres humanos llevan la imagen de su Creador, el Dios revelado en la Biblia y en la vida terrenal y ministerio del Señor Jesús.

Durante la revolución científica, las investigaciones y descubrimientos de científicos ampliamente capacitados que pueden ser considerados humanistas (hombres como Copérnico y Galileo) desafiaron el dogma católico. Roma rechazó los resultados de las nuevas ciencias empíricas y emitió pronunciamientos contradictorios sobre asuntos fuera del dominio de la fe. El Vaticano dijo que, ya que Dios creó los cuerpos celestes, éstos deben reflejar la “perfección” de su Creador; por lo tanto, rechazó los descubrimientos de los astrónomos que las órbitas de los planetas son elípticas y no esféricas, como previamente se creía, y que el sol tiene “manchas” o zonas más frías, más oscuras. Estos hechos empíricamente verificables, y los hombres y mujeres que los descubrieron, no contradijeron las enseñanzas bíblicas; el verdadero cambio de la verdad bíblicamente revelada hacia el humanismo naturalista — caracterizado por el rechazo de la autoridad y la verdad bíblica, y que conduce hacia una forma de humanismo abiertamente secular — se produjo durante la Ilustración, que abarcó los siglos XVIII y XIX y echó raíces en toda Europa, floreciendo especialmente en Alemania.

Numerosos panteístas, ateos, agnósticos, racionalistas y escépticos, persiguieron varios proyectos intelectuales que no estaban sujetos a la verdad revelada. En sus formas separadas y distintas, hombres como Rousseau y Hobbes buscaron soluciones amorales y racionales al dilema humano; además, obras como La Fenomenología Del Espíritu de Hegel, La Crítica De La Razón Pura de Kant, y La Ciencia Del Conocimiento de Fichte, pusieron las bases teóricas para futuros humanistas seculares. Consciente o inconscientemente, los académicos contemporáneos y los humanistas seculares construyen sobre esa base cuando promueven exclusivamente enfoques “racionales” a las cuestiones sociales y éticas, y formas antinomianas de libre determinación, en ámbitos tales como la autonomía individual, la libertad de elección en las relaciones sexuales, la reproducción y la eutanasia voluntaria. En el ámbito cultural, los humanistas seculares dependen de métodos críticos al interpretar la Biblia y rechazan la posibilidad de una intervención divina en la historia humana; en el mejor de los casos, consideran la Biblia una “historia sagrada”.

Con el nombre de “alta crítica “, el humanismo secular se difundió en las escuelas de teología y promovió su enfoque antropocéntrico o racionalizado de estudios bíblicos. A partir de Alemania, la “alta crítica” a las finales del siglo XIX intentó “ir detrás de los documentos” para disminuir el énfasis del mensaje autoritario del texto bíblico. Como ha observado Darrell L. Bock, el carácter especulativo de la alta crítica trató la Biblia “como un espejo brumoso hacia el pasado” y no como el registro histórico inerrante de la vida y las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles (“Introducción”, Roy B. Zuck y D. L. Bock, Una Teología Bíblica Del Nuevo Testamento, 1994, p. 16). Por ejemplo, en su Teología Del Nuevo Testamento, Rudolf Bultmann, un exponente de la alta crítica, depende en gran medida de suposiciones críticas. Como señala Bock, el autor es “tan escéptico sobre el retrato de Jesús en el Nuevo Testamento que apenas habla de una teología de Jesús” (ibid).

Si bien la alta crítica debilitó la fe de algunos, otros, como B. B. Warfield del Seminario de Princeton, William Erdman y otros, persuasivamente defendieron la Biblia como la Palabra de Dios. Por ejemplo, en respuesta a los escépticos que cuestionaron la fecha temprana y autoría joánica del cuarto evangelio, Erdman y otros fieles siervos del Señor han defendido estos puntos esenciales con argumentos críticos y con igual erudición.

Asimismo, en la filosofía, la política y la teoría social, académicos cristianos, juristas, escritores, formuladores de la política y artistas, han usado armas similares al defender la fe y convencer corazones y mentes para el Evangelio. Sin embargo, en muchas áreas de la vida intelectual, la batalla está lejos de terminar. Por ejemplo, en los círculos literarios más allá del mundo académico, las ideas de Ralph Waldo Emerson siguen teniendo gran influencia. El panteísmo de Emerson equivale a una negación de Cristo; es sutil y puede engañar a los incautos a alejarse del Evangelio. Emerson sostuvo que el “Over Soul” dentro de las personas, (un término genérico, no sectario que significa “presencia perdurable sobre”), hace de cada persona la fuente de su propia salvación y verdad. En la lectura de escritores como Emerson y Hegel, los cristianos (especialmente aquellos que contenderían ardientemente por la fe una vez dada a los santos [Judas 3]) deben ejercer prudencia y mantener la Palabra de Dios en el centro de sus pensamientos y humildemente seguir siendo obedientes a ella en sus vidas.

A veces, los humanistas seculares y cristianos han participado en un diálogo honesto sobre la base o fuente de orden en el universo. Si lo llaman razón o la fuerza motriz de Aristóteles, algunos racionalistas seculares deducen correctamente que la Verdad moral es un prerrequisito para el orden moral. Aunque muchos humanistas seculares son ateos, generalmente tienen una alta opinión de la razón; por lo tanto, los apologistas cristianos pueden dialogar con ellos racionalmente acerca del Evangelio, como Pablo lo hizo en Hechos 17:15-34 cuando se dirigió a los atenienses.

¿Cómo debería responder un cristiano al humanismo secular? Para los seguidores del Camino (Hechos 9:2; 19:19,23), cualquier forma legítima del humanismo debe ver la plena realización del potencial humano en la sumisión de la mente y la voluntad humana a la mente y la voluntad de Dios. El deseo de Dios es que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan y hereden la vida eterna como Sus hijos (Juan 3:16; 1:12). El humanismo secular pretende hacer ambos mucho menos y mucho más. Su objetivo es sanar a este mundo y glorificar al hombre como autor de su propia salvación progresiva. En este sentido, el humanismo “secular” se siente muy a gusto con ciertos substitutos religiosos para el verdadero Evangelio de Dios — por ejemplo, las enseñanzas de Yogananda, el fundador de la Sociedad de la Auto-Realización. Por el contrario, los humanistas cristianos siguen al Señor Jesús en el entendimiento que nuestro reino no es de este mundo y no puede ser plenamente realizado aquí (Juan 18:36; 8:23). Fijamos nuestras mentes en el reino eterno de Dios, no en las cosas terrenales, porque hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo — quien es nuestra vida — vuelva, seremos manifestados con Él en gloria (Colosenses 3:1-4). Esto es verdaderamente una gran visión de nuestro destino como seres humanos, porque somos Su descendencia, como han dicho incluso los poetas seculares (ver el poema de Arato “Phainomena”; CF. Hechos 17:28).

Uno no tiene que ser un cristiano para apreciar que el humanismo impulsado por la razón sola no puede tener éxito. Incluso Emmanuel Kant, escribiendo su Crítica de la Razón Pura durante el apogeo de la Ilustración alemana, entendió esto. Los seguidores de Cristo no deberían caer víctimas de la falsedad de la filosofía y la tradición humana, o ser tomados cautivos por formas del humanismo basadas en la fe romántica en la posibilidad de la auto realización humana (Colosenses 2:8). Hegel basó el progreso humano en el ideal de la razón como espíritu mismo “instanciando” a través de etapas dialécticas progresivas en la historia; pero si Hegel hubiese vivido para ver las guerras mundiales del siglo XX, es dudoso que hubiese persistido en detectar el progreso humano en esta debacle de la historia. Los cristianos entienden que cualquier forma de humanismo puesta aparte de una redención de origen divino, es condenada al fracaso y es falsa a la fe. Basamos una visión elevada del hombre en una visión elevada de Dios, ya que la humanidad ha sido creada a la imagen de Dios, y estamos de acuerdo con la Escritura acerca de la situación desesperada del hombre y el plan de Dios de la salvación.

Como observó Alexander Solzhenitsin, el humanismo no ofrece ninguna solución a la condición desesperada de la humanidad. Él escribe: “Si el humanismo fuera correcto en la declaración que el hombre nace para ser feliz, no nacería para morir. Ya que su cuerpo está condenado a morir, su tarea en la tierra claramente debe ser de una naturaleza más espiritual”. Desde luego. La tarea de la humanidad es buscar y encontrar a Dios (Hechos 17:26-27; cf. 15:17), nuestro Redentor verdadero que nos ofrece una herencia mayor que la terrenal (Hebreos 6:9; 7:17). Cualquiera que abra la puerta a Cristo (Apocalipsis 3:20) heredará ese mejor lugar que Dios ha preparado para aquellos que le aman y son llamados según Sus propósitos (Efesios 1:11; Romanos 8:28; Hebreos 11:16; cf. Mateo 25:34; Juan 14:2). ¿Cuánto más excelente es esto que todos los objetivos orgullosos y elevados contenidos en los manifiestos humanistas seculares?

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