¿Qué es la teología cristiana liberal?

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¿Qué es la teología cristiana liberal?

En la enseñanza “liberal cristiana”, que no es para nada cristiana, la razón del hombre es enfatizada y tratada como la autoridad final. Los teólogos liberales tratan de reconciliar al cristianismo con la ciencia secular y el “pensamiento moderno”. De esta manera, tratan la ciencia como omnisciente y la Biblia como falsa y cargada de fábulas. Los primeros capítulos de Génesis son reducidos a poesía o fantasía, teniendo un mensaje, pero no deben ser tomados literalmente (a pesar de que Jesús había hablado de esos primeros capítulos en términos literales). La humanidad no es vista como totalmente depravada y por lo tanto los teólogos liberales tienen una visión optimista del futuro de la humanidad. También se acentúa el evangelio social, mientras niegan la incapacidad del hombre caído para cumplirlo. Si una persona se salva de su pecado y su castigo en el infierno ya no es el punto, lo principal es cómo el hombre trata a su prójimo. El “amor” de nuestros semejantes se convierte en el tema determinante. Como resultado de este razonamiento por teólogos liberales, las siguientes doctrinas son enseñadas por teólogos liberales cuasi -cristianos:

1) La Biblia no es “inspirada por Dios” y tiene errores. Debido a esta creencia, el hombre (los teólogos liberales) debe determinar cuáles enseñanzas son correctas y cuáles no. La creencia de que la Biblia es “inspirada” por Dios (en el significado original de esa palabra) es sostenida sólo por incautos. Esto contradice directamente 2 Timoteo 3:16-17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

2) El nacimiento virginal de Cristo es una enseñanza falsa mitológica. Esto contradice directamente Isaías 7:14 y Lucas 2.

3) Jesús no resucitó de la tumba en forma corporal. Esto contradice las narrativas de la resurrección en los cuatro evangelios y en todo el Nuevo Testamento.

4) Jesús fue un buen maestro moral, pero Sus seguidores y los seguidores de ellos han tomado libertades con la historia de Su vida como se registra en las Escrituras (no hubo ningún milagro “sobrenatural”), ya que los Evangelios fueron escritos muchos años más tarde y sólo atribuidos a los primeros discípulos para dar mayor peso a sus enseñanzas. Esto contradice el pasaje de 2 a Timoteo y la doctrina de la preservación sobrenatural de las Escrituras por Dios.

5)El infierno no es real. El hombre no está perdido en pecado y no está condenado a un futuro juicio sin una relación con Cristo mediante la fe. El hombre puede ayudarse a sí mismo; ninguna muerte expiatoria de Cristo es necesaria puesto que un Dios amoroso no enviaría a la gente a un lugar como el infierno y ya que el hombre no nace en pecado. Esto contradice a Jesús mismo, Quien declaró ser Él Mismo el camino a Dios, a través de Su muerte expiatoria (Juan 14:6).

6) La mayoría de los autores humanos de la Biblia no son las personas que tradicionalmente se creen ser. Por ejemplo, Moisés no escribió los primeros cinco libros de la Biblia. El libro de Daniel tuvo dos autores porque es imposible que las “profecías” detalladas de los últimos capítulos podrían conocerse antes del tiempo; deben haber sido escritas después del hecho. El mismo pensamiento es aplicado a los libros del Nuevo Testamento también. Estas ideas contradicen no sólo las Escrituras sino documentos históricos, verificando la existencia de todas las personas que los liberales niegan.

7) Lo más importante para el hombre es “amar” a su prójimo. Lo que hay que hacer con amor en cualquier situación no es lo que la Biblia dice que es bueno, sino lo que los teólogos liberales dicen que es bueno. Esto niega la doctrina de la depravación total, que establece que el hombre no es capaz de hacer nada bueno y amoroso (Jeremías 17:9) hasta que él haya sido redimido por Cristo y se le haya dado una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17).

Hay muchos pronunciamientos de las Escrituras contra aquellos que negarían la deidad de Cristo (2 Pedro 2:1) (como hace el cristianismo liberal), que predicarían otro evangelio que el que fue predicado por los apóstoles (Gálatas 1:8) (que es lo que los teólogos liberales hacen al negar la necesidad de la muerte expiatoria de Cristo y predicar un evangelio social en su lugar). La Biblia condena a aquellos que llaman bien al mal y mal al bien (Isaías 5:20) (que hacen algunas iglesias liberales adoptando la homosexualidad como un estilo de vida alternativo, mientras la Biblia repetidamente condena su práctica).

Las Escrituras hablan contra aquellos que clamarían “paz, paz” cuando no hay paz (Jeremías 6:14) (lo cual hacen los teólogos liberales diciendo que el hombre puede alcanzar la paz con Dios aparte del sacrificio de Cristo en la Cruz y que el hombre no necesita preocuparse acerca de un futuro juicio ante Dios). La Palabra de Dios habla de un tiempo cuando los hombres tendrán apariencia de piedad, pero negarán el poder de ella (2 Timoteo 3:5) (que es lo que la teología liberal hace diciendo que hay algo de virtud interior en el hombre que no requiere un renacimiento del Espíritu Santo mediante la fe en Cristo). Y la Biblia habla contra quienes servirían a ídolos en vez del único y verdadero Dios (1 Crónicas 16:26) (que hace el cristianismo liberal al crear un dios falso según su propio gusto en lugar de adorar a Dios como se describe en toda la Biblia).

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¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

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¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

La polémica de si los Cristianos deben celebrar la Navidad o no se ha estado en discusión por siglos. Hay Cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con multiples razones del porque o el porque no se debe celebrar la Navidad en los hogares Cristianos. ¿Pero que es lo que dice la Biblia? ¿Da la Biblia instrucción clara sobre si la Navidad es una festividad que debe ser celebrada por los Cristianos?

Primeramente veamos las razones por las que algunos Cristianos no celebran la Navidad. Una razon contra la celebración de la Navidad es que las tradicions que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. La busqueda de la información sobre este tema es difícil porque los origenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo. Mientras que hay definitivamente raices paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belen y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesus, el mas grande regalo de Dios a la humanidad.

Otro argumento contra la Navidad, especialmente el del arbol de navidad es que la Biblia prohibe traer árboles a nuestros hogares para decorarlos. El pasaje más citado es el de Jeremías 10:1-16, pero este pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el proposito de inclinarse ante él y adorarlo (vease tambien Isaías 44:9-18). El pasaje en Jeremías no puede tomarse fuera de contexto y aplicarse como legitimo argumento contra los árboles de Navidad.

Los cristianos que prefieren ignorar la Navidad indican el hecho de que la Biblia no proporciona la fecha del nacimiento de Cristo, lo cual es cierto. El 25 de diciembre puede no estar ni siquiera aproximado a la fecha en que nació Jesús. Existen un sinnúmero de argumentos en ambos lados, algunos refiriendose al clima en Israel, las costumbres de los pastores en invierno y las fechas de los censos efectuadas por los romanos. Todos estos argumentos contienen de cierto grado de conjetura, lo que nos trae nuevamente al hecho de que la Biblia no nos dice cuando nació Cristo.

Algunos ven en ello la prueba de que Dios no desea que celebremos Su nacimiento, mientras que otros ven en esta omision de la Biblia una tácita aprobación.

Algunos cristianos piensan que puesto que el mundo celebra la Navidad – aunque cada vez se convierte más y más en algo políticamente aceptado, el referirse a esta fecha como “días festivos” – los cristianos no deberian hacerlo. Pero este mismo es el argumento usado por falsas religiones que niegan totalmente a Cristo, al igual que ciertos cultos como los Testigos de Jehova, quienes niegan Su deidad. Aquellos Cristianos que sí celebran la Navidad, tienden a ver en ello, la oportunidad para proclamar a Cristo como “la razón de la celebración” entre las naciones y para aquellos cautivos en falsas religiones.

Como hemos visto, no hay realmente una razón bíblica para no celebrar la Navidad. Al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que los Cristianos elijan en relación a la Navidad, sus puntos de vista no deben ser usados como un arma para atacar o denigrar a aquellos con criterios opuestos, tampoco deben ser usados como un galardón para el orgullo sobre si se debe celebrar esta festividad o no. Como en todo, debemos pedir sabiduria a Aquel que la otorga liberalmente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad.

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¿Qué dice la Biblia acerca de la preocupación?

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¿Qué dice la Biblia acerca de la preocupación?

La Biblia enseña claramente a los cristianos que eviten la preocupación. En Filipenses 4:6, se nos ordena, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. En esta Escritura, aprendemos que debemos traer todas nuestras necesidades y preocupaciones ante Dios en oración, en vez de preocuparnos por ellas. También Jesús insta a los creyentes a no preocuparse. Él nos anima a evitar preocuparnos acerca de las necesidades físicas, como la ropa y la comida. Jesús nos asegura que nuestro Padre Celestial cuida de todas nuestras necesidades (Mateo 6:25-34). Por tanto, no necesitamos preocuparnos por nada.

Puesto que la preocupación no debe formar parte de la vida del creyente, ¿cómo puede uno vencerla? En 1 Pedro 5:7, se nos instruye a “echar toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros”. Dios no quiere que nos agobiemos llevando el peso de los problemas y las cargas. En esta Escritura, Dios nos está diciendo que le demos a Él todas nuestras preocupaciones y angustias. ¿Por qué quiere Dios encargarse de nuestros problemas? La Biblia dice que es porque Él se preocupa por nosotros. A Dios le importa todo lo que te sucede. Ninguna preocupación es demasiado grande o demasiado pequeña para que tenga Su atención. Cuando le damos a Dios nuestros problemas, Él promete darnos Su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7).

Desde luego, para aquellos que no conocen al Salvador, la preocupación y la ansiedad serán parte de sus vidas. Pero para aquellos que le han entregado sus vidas a Él, Jesús les promete, “Venid a mí todos los que estéis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

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¿Es a veces la voluntad de Dios que los creyentes se enfermen?

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¿Es a veces la voluntad de Dios que los creyentes se enfermen?

La doctrina bíblica de la soberanía de Dios establece que Dios es todopoderoso sobre todo. Él está en completo control de todas las cosas –pasadas, presentes y futuras– y nada sucede que esté fuera de Su jurisdicción. Él lo causa directamente – o lo permite pasivamente – todo cuanto sucede. Pero permitir que algo suceda y causar que algo suceda son dos cosas diferentes. Por ejemplo, Dios causó la creación de los perfectos y sin pecados Adán y Eva; después Él permitió que ellos se rebelaran contra Él. Él no causó que ellos pecaran, y ciertamente pudo habérselos impedido, pero Él decidió no hacerlo para Sus propios propósitos y para lograr Su plan perfecto. Esa rebelión produjo toda clase de mal, mal que no fue causado por Dios, pero que Él permitió que existiera.

La enfermedad es una manifestación de los dos tipos de mal – el moral y el natural. El mal moral es la inhumanidad del hombre para con el hombre. El mal natural está compuesto de cosas como desastres naturales y enfermedades físicas. El mal mismo es una perversión o corrupción de algo que originalmente era bueno, pero que ahora le falta algo. En el caso de la enfermedad, la enfermedad es un estado donde la buena salud está ausente. La palabra griega para mal, “PONEROUS,” implica realmente una malignidad, algo que está corrompiendo un buen y saludable estado del ser.

Cuando Adán pecó, él condenó a toda la humanidad a sufrir las consecuencias de ese pecado, uno de los cuales es la enfermedad. Romanos 8:20-22 dice, “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.” Dios – “quien sujetó” a la creación a frustración después de la caída – tiene el plan de liberar eventualmente a la creación de su esclavitud al pecado, así como Él nos liberó de esa esclavitud a través de Cristo.

Hasta que llegue ese día, Dios usa las enfermedades y otros males para lograr Su soberano propósito, para dar gloria a Sí mismo, y exaltar Su santo nombre. A veces, Él sana milagrosamente. Jesús iba a través de Israel sanando toda clase de males y enfermedades (Mateo 4:23) y aún resucitó a Lázaro de los muertos después que la enfermedad lo mató. Otras veces, Dios usa las enfermedades como un método de disciplina o como un juicio contra el pecado. El rey Usías en el Antiguo Testamento fue atacado con lepra (2 Crónicas 26:19-20). Nabucodonosor fue llevado a la locura por Dios hasta que entendió que “el Altísimo gobierna sobre los asuntos de los hombres” (Daniel 4). Herodes fue derribado y comido por gusanos porque tomó la gloria de Dios para él mismo (Hechos 12:21-23). Aún hay al menos un caso, donde Dios permite la enfermedad –ceguera– no como castigo por el pecado, sino para revelarse Él mismo y Sus poderosas obras a través de la ceguera (Juan 9:1-3).

Cuando llega la enfermedad, puede no ser el resultado de la intervención directa de Dios en nuestras vidas, sino más bien el resultado de un mundo caído, de cuerpos caídos y de una salud deficiente y elecciones de estilo de vida. Y aunque hay indicadores en la Escritura de que Dios quiere que tengamos buena salud (3 Juan 2), todo padecimiento y enfermedad son permitidos por Él para Sus propósitos, ya sea que lo entendamos o no.

La enfermedad es ciertamente el resultado de la caída del hombre en pecado, pero Dios está totalmente en control, y Él ciertamente determina cuán lejos puede llegar el mal (así como Él lo hizo con Satanás y las tribulaciones de Job – no le fue permitido a Satanás excederse de esos límites). Él nos dice que es todopoderoso más de cincuenta veces en la Biblia, y es sorprendente ver cómo Su soberanía se une con las decisiones que tomamos (tanto buenas como malas) para llevar a cabo Su plan perfecto (Romanos 8:28).

Para aquellos que son creyentes y sufren de males, padecimientos y/o enfermedades en esta vida, el saber que pueden glorificar a Dios a través de su sufrimiento, templa la incertidumbre del por qué Él lo ha permitido, algo que tal vez ellos no puedan totalmente entender hasta que estén en Su presencia en la eternidad. Cuando eso suceda, todas las preguntas serán respondidas, o tal vez más exactamente, ya no estaremos más interesados en preguntar.

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¿Qué dice la Biblia acerca del dolor?

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¿Qué dice la Biblia acerca del dolor?

La palabra traducida “dolor” o alguna forma de ella, aparece más de 70 veces en las Escrituras. El primer uso de la palabra explica el origen del dolor en el parto: “A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará»… ¡maldita será la tierra por tu culpa! con penosos trabajos comerás de ella…” (Génesis 3:16, 17). El contexto aquí es que Adán y Eva habían pecado y el dolor de parto era una de las consecuencias del pecado. Por causa del pecado, toda la tierra fue maldecida y la muerte entró como resultado (Romanos 5:12). Así, se puede concluir que el dolor es uno de los muchos resultados del pecado original.

Aunque no específicamente indicado en la Biblia, sabemos médicamente que el dolor es un regalo. Sin ello no sabríamos cuándo necesitamos atención médica. De hecho, la ausencia de dolor es uno de los problemas asociados con la lepra. Los niños nunca aprenderían que tocar una estufa caliente es una mala idea, ni podríamos ser alertados a una condición médica peligrosa sin el dolor asociado con ella. Espiritualmente hablando, uno de los beneficios del dolor es expresado por Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3). Según Santiago, cuando soportamos pruebas dolorosas, podemos tener gozo al saber que Dios obra para producir en nosotros paciencia y el carácter de Jesucristo. Esto se aplica al dolor mental, emocional y espiritual, así como al dolor físico.

El dolor también proporciona una oportunidad de experimentar la gracia de Dios. Considera lo que dijo Pablo: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2ª Corintios 12:9). Pablo hablaba de un “aguijón en su carne” que le preocupaba. No sabemos lo que era, pero parecía haber sido doloroso para Pablo. Él reconoció que la gracia de Dios se le había dado para que él pudiera soportarlo. Dios dará a Sus hijos la gracia necesaria para soportar el dolor.

Pero la muy buena noticia es que Jesucristo murió en nuestro lugar por nuestros pecados: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1ª Pedro 3:18). A través de la fe en Jesucristo, Dios da al creyente la vida eterna y todas las bendiciones que vienen incluidas. Una de las cuales es “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4). El dolor que experimentamos, como una parte natural de vivir en un mundo caído, maldito por el pecado, será una cosa del pasado para aquellos que, mediante la fe en Jesucristo, pasarán la eternidad en el cielo con Él.

En resumen, aunque el dolor no es agradable, nosotros debemos agradecer a Dios por ello porque nos alerta que algo anda mal en nuestro cuerpo. Además, esto nos provoca a reflexionar sobre la terrible consecuencia del pecado y ser extremadamente agradecidos a Dios por hacer para nosotros una manera para ser salvos. Cuando uno sufre, es una ocasión excelente para darse cuenta que Jesucristo soportó un insoportable dolor emocional y físico en nuestro nombre. No hay dolor que podría aproximarse a los terribles acontecimientos de la crucifixión de Jesucristo, y Él sufrió ese dolor voluntariamente para redimirnos y glorificar a su Padre.

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¿Puede un cristiano escuchar música secular?

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¿Puede un cristiano escuchar música secular?

Respuesta: La pregunta de si un cristiano puede escuchar música secular, es una con la que muchos cristianos batallan. Hay muchos músicos seculares que son tremendamente talentosos. La música secular puede ser muy entretenida. Hay muchas canciones seculares que tienen melodías pegajosas, buenas reflexiones, y mensajes positivos. Para determinar si un cristiano puede o no escuchar música secular, hay tres factores importantes que deben considerarse: (1) el propósito de la música, (2) el estilo de la música, y (3) el contenido de la letra.

(1) El propósito de la música. ¿La música está diseñada únicamente para la adoración, o Dios quiso que la música fuera tranquilizadora o entretenida? El músico más famoso de la Biblia, el rey David, utilizó la música primeramente con el propósito de adorar a Dios (ver Salmos 4:1; 6:1; 54:1; 55:1; 61:1; 67:1; 76:1). Sin embargo, cuando el rey Saúl era atormentado por espíritus malignos, él llamaba a David para que tocara el arpa a fin de tranquilizarlo (1 Samuel 16:14-23). Los israelitas también usaban los instrumentos musicales para advertir el peligro (Nehemías 4:20) y para sorprender a sus enemigos (Jueces 7:16-22). En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo instruye a los cristianos para animarse unos a otros con música: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales…” (Efesios 5:19). Así que, aunque el propósito principal de la música parece ser el de la adoración, la Biblia definitivamente permite que la música pueda ser usada para otros propósitos.

(2) El estilo de la música. Tristemente, la cuestión de los estilos musicales puede ser muy divisivo entre los cristianos. Hay cristianos que demandan inflexiblemente, que no deben usarse instrumentos musicales. Hay cristianos que solo desean cantar los himnos “antiguos de la fe”. Hay cristianos que quieren más ritmo y música contemporánea. Hay cristianos que aseguran poder adorar mejor en un ambiente estilo “concierto de rock”. En lugar de reconocer estas diferencias como preferencias personales y diferencias culturales, algunos cristianos declaran que su preferencia en el estilo de la música es el único “bíblico” y declaran a todas las demás formas de música en el mejor de los casos, como profana, sino hasta satánica.

La Biblia en ninguna parte condena un estilo de música en particular. La Biblia en ninguna parte declara que un instrumento musical en particular sea impío. La Biblia menciona numerosas clases de instrumentos de cuerda e instrumentos de viento. Aunque la Biblia no menciona específicamente la batería, si menciona otros instrumentos de percusión (Salmo 68:25; Esdras 3:10). Casi todas las formas de música moderna son variaciones y/o combinaciones de los mismos tipos de instrumentos musicales, tocados a diferentes velocidades o con un mayor énfasis. No existen bases bíblicas para declarar algún estilo de música en particular, como profano o fuera de la voluntad de Dios.

(3) El contenido de la letra. Mientras que ni el propósito de la música ni su estilo son determinantes para saber si un cristiano puede escuchar música secular, el contenido de la letra sí debe ser considerado. Aunque que no esté hablando específicamente de la música, Filipenses 4:8 es una excelente guía de lo que debíamos escuchar en las letras de la música, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Si esas son las cosas en las que debemos pensar, seguramente también esas son las cosas que debemos invitar a nuestras mentes a través de la música y las letras. ¿Puede ser la letra de una canción secular totalmente verdadera, noble, justa, pura, amorosa, admirable, excelente, y digna de alabanza? Si la respuesta es sí, no habrá absolutamente nada de malo con que un cristiano escuche una canción secular de esa naturaleza.

Sin embargo, mucha de la música secular no cubre los estándares de Filipenses 4:8. Frecuentemente la música secular contiene inmoralidad y violencia, a la vez que degrada y desvaloriza la pureza y la integridad. Un cristiano no debe escuchar deliberadamente una canción que glorifique lo que se opone a Dios. Sin embargo, hay muchas canciones seculares que no mencionan a Dios, pero que aún así contienen buenos valores, tales como la honestidad, pureza e integridad. Si una canción de amor promueve la santidad del matrimonio y/o la pureza del amor verdadero – pero no menciona a Dios o a la Biblia – tal canción puede ser escuchada y aún disfrutada.

Es un hecho que cualquier cosa que una persona permita que ocupe su mente, tarde o temprano influirá en su plática y sus acciones. Esta es la premisa detrás de Filipenses 4:8 y Colosenses 3:2,5 para establecer patrones saludables para la mente. Segunda de Corintios 10:5 dice que debemos hacerlo “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Estas Escrituras nos dan una clara imagen de la clase de música que no debemos escuchar.

Obviamente, la mejor clase de música que podemos escuchar es aquella que alaba y glorifica a Dios. Hay muchos músicos cristianos talentosos en casi cualquier género de música, con un rango que va desde lo clásico, hasta el rock, rap y reggae. No hay nada inherentemente malo con ningún estilo de música en especial. Es la letra la que determina si una canción es “aceptable” para que un cristiano la escuche. Pero si un estilo de música secular, ya sea en la música misma o en la letra, te lleva a pensar en, o te involucra en algo que no glorifique a Dios, debe ser evitada.

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¿Qué es la naturaleza pecaminosa?

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¿Qué es la naturaleza pecaminosa?

La naturaleza pecaminosa es ese aspecto en el hombre que lo hace ser rebelde contra Dios. Cuando hablamos de la naturaleza de pecado, nos referimos al hecho de que tenemos una inclinación natural a pecar. Teniendo la opción de hacer la voluntad de Dios, o la nuestra, vamos a elegir naturalmente hacer lo nuestro.

La prueba de la naturaleza de pecado abunda. Nadie tiene que enseñar a un niño a mentir o a ser egoísta; más bien, hacemos todo lo posible para enseñarle a decir la verdad y a poner a los demás en primer lugar. La conducta pecaminosa viene de manera natural. Las noticias están llenas de ejemplos trágicos de cómo la humanidad actúa de manera equivocada. Donde quiera que se encuentren las personas, siempre van a haber problemas. Charles Spurgeon dijo, “A medida que la sal da sabor hasta la última gota en el Atlántico, también el pecado lo hace afectando a todos los átomos de nuestra naturaleza. Está tan tristemente allí, tan abundantemente allí, que si no se puede detectar, usted está engañado”.

La biblia explica la razón del problema. La humanidad es pecaminosa, no solo en la teoría o en la práctica, sino por naturaleza. El pecado es parte de la fibra de nuestro ser. La biblia habla de “la carne de pecado” en Romanos 8:3. Es nuestra “naturaleza terrenal” que produce la lista de pecados en Colosenses 3:5. Y Romanos 6:6 habla de “el cuerpo gobernado por el pecado”. La existencia de carne y hueso que llevamos en esta tierra, es moldeada por nuestra naturaleza pecaminosa y corrupta.

La naturaleza de pecado es universal en la humanidad. Todos nosotros tenemos una naturaleza pecaminosa, y afecta a cada parte de nuestro ser. Esta es la doctrina de la depravación total, y es bíblica. Todos nosotros nos hemos descarriado (Isaías 53:6). Pablo reconoce eso, “mas yo soy carnal, vendido al pecad” (Romanos 7:14). Pablo en su “naturaleza pecaminosa era un esclavo a la ley del pecado” (Romanos 7:25). Salomón coincide con esto: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20). El apóstol Juan quizás lo pone sin rodeos: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8).

Incluso los niños tienen una naturaleza pecaminosa. David se lamenta por el hecho de que él había nacido con pecado y el cual ya estaba obrando dentro de él: “He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). En otro lugar, David afirma, “Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron” (Salmo 58:3).

¿De dónde vino la naturaleza de pecado? La biblia dice que Dios creó al hombre bueno y sin naturaleza pecaminosa: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Sin embargo, Génesis 3 registra la desobediencia de Adán y Eva. Por esa sola acción, el pecado entró en la naturaleza de ellos. Inmediatamente fueron afectados con una clase de vergüenza e incapacidad, y se escondieron de la presencia de Dios (Génesis 3:8). Cuando tuvieron hijos, la imagen y semejanza de Adam fue traspasada a su descendencia (Génesis 5:3). La naturaleza de pecado pronto se manifestó en la genealogía: Caín, el primer hijo de Adán y Eva, se convirtió en el primer asesino (Génesis 4:8).

De generación en generación, la naturaleza de pecado se pasó a toda la humanidad: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Este versículo también presenta la verdad inquietante que la naturaleza de pecado conduce inexorablemente a la muerte (Romanos 6:23 y Efesios 2:1).

Otras consecuencias de la naturaleza de pecado son la enemistad hacia Dios y la ignorancia de su verdad. Pablo dice, “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7-8). Además, “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

Sólo hay una persona en la historia del mundo que no tuvo una naturaleza de pecado: Jesucristo. Su nacimiento virginal le permitió entrar en nuestro mundo mientras pasaba por alto la maldición transmitida de Adán. Jesús vivió una vida sin pecado de absoluta perfección. Él era el “santo y justo” (Hechos 3:14), que “no conoció pecado” (2 Corintios 5:21). Esto permitió que Jesús fuera sacrificado en la cruz como nuestro perfecto sustituto, “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19). Juan Calvino lo pone en perspectiva: “Ciertamente, Cristo es mucho más poderoso para salvar que lo que fue Adán para destruir”.

Es a través de Cristo que nacemos de nuevo. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Cuando nacemos de Adán, heredamos su naturaleza de pecado; pero cuando nacemos de nuevo en Cristo, heredamos una nueva naturaleza: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

No perdemos nuestra naturaleza de pecado cuando recibimos a Cristo. La biblia dice que el pecado permanece en nosotros y que una lucha con esa vieja naturaleza continuará mientras estemos en este mundo. Pablo lamentó su propia lucha personal en Romanos 7:15-25. Pero tenemos la ayuda divina en la batalla. El Espíritu de Dios hace morada en cada creyente y nos da el poder que necesitamos para vencer la influencia de la naturaleza pecaminosa en nosotros. “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). El plan final de Dios para nosotros es la santificación total cuando veamos a Cristo (1 Tesalonicenses 3:13; 1 Juan 3:2).

A través de su obra acabada en la cruz, Jesús satisface la ira de Dios contra el pecado y proporciona a los creyentes la victoria sobre la naturaleza pecaminosa: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24). En su resurrección, Jesús ofrece la vida a todos aquellos atados por la carne corrupta. Aquellos que han nacido de nuevo ahora tiene este mandato: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11).

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¿Qué dice la biblia acerca del transexualismo / transgénero?

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¿Qué dice la biblia acerca del transexualismo / transgénero?

La transexualidad, también conocida como transgénero, trastorno de identidad de género (TIG) o disforia de género, es una sensación de que su género biológico, genético o fisiológico, no coincide con el género con el cual usted se identifica o con el cual usted se ve a sí mismo. Los transexuales o transgénero a menudo se describen a sí mismos como si estuvieran “atrapados” en un cuerpo que no coincide con su verdadero género. Suelen practicar el travestismo y también tratan de buscar la terapia hormonal o la cirugía de reasignación de género para poner sus cuerpos en conformidad con la percepción de su género.

En ninguna parte la biblia menciona explícitamente la transexualidad, ni describe a alguien que tenga sentimientos transgénero. Sin embargo, la biblia tiene mucho que decir acerca de la sexualidad humana. Lo más básico para nuestra comprensión del género es que Dios creó dos (y sólo dos) géneros: “varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Todas las especulaciones hoy en día acerca de los numerosos géneros, o la fluidez de género, o incluso un género “continuo” con un número ilimitado de géneros, son ajenas a la biblia.

Lo más cerca que la biblia llega a mencionar el transgénero, está en su condena de la homosexualidad (Romanos 1:18-32; 1 Corintios 6:9-10) y travestismo (Deuteronomio 22:5). La palabra griega que generalmente se traduce “afeminados” o “los que se echan con varones” en 1 Corintios 6:9, significa literalmente “hombres afeminados”. Por lo tanto, mientras que la biblia no menciona directamente transgenerismo, cuando se habla de otros casos de “confusión” de género, de forma clara y explícita los identifica como pecado.

¿Y qué pasa con la posibilidad de que aquellos que sufren de transgenerismo tengan un cerebro que funcione como un género, mientras que el resto del cuerpo biológicamente es el otro género? La biblia ni siquiera insinúa esa posibilidad. Sin embargo, la biblia tampoco menciona el hermafroditismo (una condición en la cual una persona tiene ambos órganos sexuales masculinos y femeninos), que indudablemente se produce (aunque muy rara vez). Además, las personas pueden nacer con o desarrollar todo tipo de defectos o anomalías cerebrales diferentes. ¿Cómo se puede decir que es imposible que un cerebro femenino este en un cuerpo masculino (o viceversa)?

Con el hermafroditismo como evidencia, no se podría decir algo como: “si la biblia no lo menciona, no puede ocurrir”. Entonces, podría ser posible que una persona nazca con un cerebro cableado de tal manera que contribuya al trastorno de género. Esto también podría ser una explicación para algunos casos de homosexualidad. Sin embargo, sólo porque algo podría tener una causa biológica, no significa aceptar los efectos de que es lo correcto. Algunas personas están conectadas con una sexualidad latente. Eso no significa que para ellos sea correcto participar en inmoralidad sexual. Está científicamente demostrado que algunos psicópatas/sociópatas, tienen cerebros con mecanismos de control de impulsos severamente debilitados. Eso no significa que para ellos sea correcto participar en cada comportamiento pervertido que pasa por su mente.

No importa si la distorsión de género tiene causas genéticas, hormonales, fisiológicas, psicológicas o espirituales; se pueden superar y sanar por la fe en Cristo y la continua dependencia en el poder del Espíritu Santo. Se puede recibir la sanidad, el pecado se puede vencer y vidas pueden ser cambiadas a través de la salvación que Jesús ofrece, incluso si hay factores fisiológicos o biológicos. Los creyentes de Corinto son un ejemplo de este cambio: “Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Hay esperanza para todos, para los transexuales, transgénero, para aquellos con trastorno de identidad de género, e incluso los travestis, por causa del perdón de Dios disponible en Jesucristo.

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¿Qué significa tener una conciencia cauterizada?

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¿Qué significa tener una conciencia cauterizada?

La conciencia cauterizada es mencionada en 1 Timoteo 4:2. La conciencia es el conocimiento moral dado por Dios dentro de cada uno de nosotros (Romanos 2:15). Si la conciencia está “cauterizada” -literalmente “quemada”-, entonces se ha vuelto insensible. Tal conciencia no funciona correctamente; es como si el “tejido espiritual de cicatrización” hubiera entorpecido el sentido del bien y del mal. Así como el cuero de un animal marcado con una marca de hierro se adormece ante un dolor mayor, así también el corazón de un individuo con una conciencia cauterizada se insensibiliza ante los dolores morales.

Pablo identifica a los que tienen la conciencia cauterizada en 1 Timoteo 4:1-2: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia”. En este pasaje, aprendemos tres cosas sobre los falsos maestros que conducen a otros a la apostasía: 1) son voceros de espíritus malignos, ya que promulgan “cosas enseñadas por demonios”; 2) son hipócritas mentirosos, ya que llevan una máscara de santidad, pero están llenos de falsedad; y 3) son inescrupulosos, ya que sus conciencias han sido cauterizadas. Esto explica mucho. ¿Cómo pueden los falsos maestros mentir sin sentir vergüenza y propagar el engaño sin escrúpulos? Porque tienen conciencias cauterizadas. Ya no sienten que mentir está mal.

Anteriormente en la epístola, Pablo habla de la “buena conciencia” en oposición a la conciencia cauterizada: “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Timoteo 1:4-5). Una buena conciencia tiene la capacidad de distinguir el bien del mal y está libre de culpa. Una persona con buena conciencia mantiene su integridad. Disfruta de la comunión con los que “caminan en la luz, así como [Jesús] está en la luz” (1 Juan 1:7). Las mentiras del diablo son un anatema para el que tiene la conciencia tranquila. En vez de seguir las mentiras de los apóstatas, hay que “militar la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia” (1 Timoteo 1:18-19).

Proverbios 6:27 hace una pregunta retórica para ilustrar las consecuencias del adulterio: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?” Para parafrasear la pregunta en relación con la falsa enseñanza, “¿Puede un apóstata hablar las ardientes mentiras del infierno sin que su conciencia sea cauterizada?”

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¿Tenemos ángeles guardianes?

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¿Tenemos ángeles guardianes?

Mateo 18:10 dice, “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. En el contexto, “estos pequeños” podría aplicarse a aquellos que creen en Él (v.6) o podría referirse a los niños pequeños (vv.3-5). Este es el pasaje clave con respecto a los ángeles de la guarda. No hay duda de que hay ángeles buenos que protegen (Daniel 6:20-23; 2 Reyes 6:13-17), revelan información (Hechos 7:52-53; Lucas 1:11-20), guían (Mateo 1:20-21; Hechos 8:26), proveen (Génesis 21:17-20; 1 Reyes 19:5-7), y ministran a los creyentes en general (Hebreos 1:14).

La pregunta que surge es si cada persona –o cada creyente—tiene un ángel asignado. En el Antiguo Testamento, la nación de Israel tenía asignado al arcángel Miguel (Daniel 10:21; 12:1), pero en ninguna otra parte de la Escritura se establece que un ángel haya sido “asignado” a un individuo (aunque algunas veces eran enviados a individuos, no se menciona que se les diera una asignación “permanente”). Los judíos desarrollaron plenamente la creencia de los ángeles guardianes durante el tiempo transcurrido entre en Antiguo y Nuevo Testamento. Algunos padres de la iglesia primitiva creían que cada persona no sólo tenía asignado un ángel bueno, sino también un demonio. La creencia de ángeles guardianes ha existido durante mucho tiempo, pero no hay bases en la Escritura para ello.

Regresando a Mateo 18:10, la palabra “sus” es un pronombre colectivo en el griego, y se refiere al hecho de que los ángeles sirven a los creyentes en general. Estos ángeles son representados como “siempre” viendo el rostro de Dios para escuchar Sus órdenes de ayudar a un creyente cuando se necesite. Los ángeles en este pasaje no parecen estar guardando a una persona tanto como estando atentos al Padre en el cielo. El servicio activo o supervisión parece entonces venir más de Dios que de los ángeles, lo que tiene perfecto sentido, porque sólo Dios es omnisciente. Él ve a cada creyente en todo momento, y sólo Él sabe cuándo uno de nosotros necesita la intervención de un ángel. Puesto que ellos están continuamente viendo Su rostro, los ángeles se encuentran a Su disposición para ayudar a uno de Sus “pequeños”.

En la sociedad occidental actual, está de moda creer en ángeles. Tenemos películas que se enfocan en los ángeles; tenemos series de televisión, que muestran a los ángeles como siendo asignados para ayudar a los humanos. La Escritura hace claro que, aunque los ángeles poseen un poder y conocimiento sobrehumano, ellos sólo son seres creados, al igual que nosotros y son “nada” comparados con Dios. Como tales, ellos no deben ser adorados (Éxodo 20:1-6; Colosenses 2:18). La adoración únicamente debe ser reservada para el Dios Trino. Desafortunadamente, mientras que los programas acerca de ángeles, sirven a Dios sólo de labios, el Hijo de Dios es raramente mencionado (si no es que nunca). Como dice Dios en Juan 5:23, que, si uno no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo envió.

No se puede responder enfáticamente por la Escritura, si cada creyente tiene un ángel guardián asignado a él/ella. Pero como se aclaró anteriormente, Dios los utiliza para ministrarnos. Es bíblico decir que Dios los utiliza a ellos, como nos utiliza a nosotros; es decir, de ninguna manera somos necesarios ni nosotros ni ellos, para llevar a cabo Sus propósitos, sin embargo, Él elige utilizarlos a ellos y a nosotros (Job 4:18; Job 15:15). Al final, ya sea que tengamos un ángel asignado para protegernos o no, tenemos la mayor seguridad que nos brinda Dios: Si somos Sus hijos a través de la fe en Cristo, Él hace que todas las cosas sucedan para bien (Romanos 8:28-30), y que Jesucristo nunca nos dejará ni nos desamparará (Hebreos 13:5-6). Si tenemos un Dios omnisciente, omnipotente y amoroso con nosotros, ¿realmente importa si tenemos a un ángel finito protegiéndonos?

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