¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Cómo puede un cristiano vencer la depresión?

La depresión es un padecimiento que se ha propagado grandemente afectando a millones de personas, tanto a cristianos como a no cristianos. Quienes sufren de depresión pueden experimentar intensos sentimientos de tristeza, ira, desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a sentirse inútiles y aún pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia la depresión es provocada por las circunstancias de la vida, tales como la pérdida del trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso o la baja autoestima.

La biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos 15:11), así que aparentemente Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva, pero ésta puede mejorar a través de los dones de Dios en la oración, estudios bíblicos y su aplicación, grupos de apoyo, compañerismo con otros creyentes, confesión, perdón y consejería. Debemos hacer un esfuerzo consciente para no estar absortos en nosotros mismos, sino más bien dirigir nuestros esfuerzos al exterior. Los sentimientos de depresión con frecuencia pueden resolverse cuando el que sufre quita la atención de sí mismo y la pone en Cristo y los demás.

La depresión clínica es una condición física que debe ser diagnosticada por un médico especialista. Puede que no sea causada por circunstancias desafortunadas de la vida, ni los síntomas pueden ser aliviados por voluntad propia. Contrariamente a lo que algunos creen en la comunidad cristiana, la depresión clínica no siempre es causada por el pecado. En ocasiones la depresión puede ser un desorden que necesita ser tratado con medicamentos y/o consejería. Desde luego, Dios es capaz de curar cualquier enfermedad o desorden; sin embargo, en algunos casos, el consultar a un doctor por una depresión, no es distinto a ir a un médico por una herida.

Hay algunas cosas que pueden hacer quienes sufren de depresión, para aliviar su ansiedad. Deben asegurarse de estar firmes en la Palabra, aún cuando no sientan deseos de hacerlo. Las emociones pueden desviarnos, pero la Palabra de Dios permanece firme e inmutable. Debemos mantener firme también nuestra fe en Dios, y acercarnos aún más a Él cuando pasemos por tribulaciones y tentaciones. La biblia nos dice que Dios nunca permitirá en nuestras vidas, aquellas tentaciones que estén más allá de nuestra capacidad para manejarlas (1 Corintios 10:13). Aunque el estar deprimido no es pecado, el cristiano sí es responsable de la manera cómo responda a la aflicción, incluyendo el obtener la ayuda profesional que necesite. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre” (Hebreos 13:15).

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

Hay un modelo distinto para el liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento, aunque este modelo pareciera que se asume en lugar de ser recomendado específicamente. El Nuevo Testamento menciona dos posiciones oficiales en la iglesia: diáconos y ancianos (también llamados pastores o supervisores).

Las palabras anciano (a veces traducido «presbítero»), pastor (que puede ser traducido como «pastor») y supervisor (a veces traducido como «obispo») se usan indistintamente en el Nuevo Testamento. Aunque estos términos con frecuencia significan cosas diferentes entre las diversas iglesias de hoy en día, el Nuevo Testamento al parecer indica un oficio, que fue ocupado por varios hombres piadosos dentro de cada iglesia. Los siguientes versículos ilustran cómo los términos se cruzan y se usan indistintamente:

En Hechos 20:17-35, Pablo está hablando a los líderes de la iglesia de Éfeso. Se les llama «ancianos» en el versículo 17. Luego en el versículo 28 dice, «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor». Aquí los ancianos son llamados «obispos» y sus deberes pastorales están implícitos ya que a la iglesia se le llama «rebaño».

En Tito 1:5-9, Pablo da las calificaciones de los ancianos (versículo 5) y dice que estas calificaciones son necesarias porque «es necesario que el obispo sea irreprensible» (versículo 7). En 1 Timoteo 3:1-7, Pablo da las calificaciones para los obispos, que son esencialmente las mismas que las calificaciones para los ancianos en Tito. En 1 Pedro 5:1-4, Pedro les dice a los ancianos que «pastoreen el rebaño de Dios». De estos pasajes, vemos que el oficio de anciano/pastor/supervisor-obispo es uno. Aquellos que ocupan este cargo deben dirigir, enseñar y cuidar la iglesia de la misma manera que un pastor.

Además, vemos que cada iglesia tiene ancianos (plural). Se supone que los ancianos deben gobernar y enseñar (1 Timoteo 5:17). El modelo bíblico es que un grupo de hombres (y los ancianos siempre son hombres) es responsable del liderazgo espiritual y el ministerio de la iglesia. No se menciona una iglesia que tenga un solo anciano/pastor que esté a cargo de todo, ni tampoco se menciona el gobierno congregacional (aunque la congregación juega un papel).

Aunque los ancianos son responsables de enseñar y dirigir el rebaño, aún queda mucho por hacer a nivel físico. El oficio del diácono se enfoca en las necesidades materiales de la iglesia. En Hechos 6, la iglesia de Jerusalén satisfacía las necesidades materiales de muchas personas de la iglesia por medio de la distribución de alimentos. Algunas de las viudas acudieron a los apóstoles porque no recibían lo que necesitaban. Los apóstoles respondieron: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas» (Hechos 6:2). Para aliviar a los apóstoles, se le dijo al pueblo «Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pero nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra» (versículos Hechos 6:3-4). Aunque los hombres escogidos aquí no se llaman diáconos, la mayoría de los eruditos bíblicos los ven como los primeros diáconos, o al menos como un prototipo del cargo. La palabra diácono simplemente significa «siervo». Los diáconos son nombrados oficiales de la iglesia que atienden las necesidades más físicas de la iglesia, aliviando a los ancianos para atender un ministerio más espiritual. Los diáconos deben estar espiritualmente preparados, y las cualidades de los diáconos se dan en 1 Timoteo 3:8-13.

En resumen, los ancianos dirigen y los diáconos sirven. Estas categorías no son mutuamente excluyentes. Los ancianos sirven a su pueblo dirigiendo, enseñando, orando, aconsejando, etc.; y los diáconos pueden dirigir a otros en el servicio. De hecho, los diáconos pueden ser los líderes de los equipos de servicio dentro de la iglesia. Sin embargo, existe una distinción básica entre los responsables del liderazgo espiritual de la iglesia y los responsables del servicio.

Entonces, ¿dónde encaja la congregación en el modelo de liderazgo de la iglesia? En Hechos 6, fue la congregación la que eligió a los diáconos; por lo tanto, muchas iglesias de hoy harán que la congregación designe y ratifique a los diáconos de la iglesia. Y, por supuesto, los miembros de la congregación serán los principales ministros y evangelistas que alcancen a un mundo perdido. La idea de que la congregación contrate ministros profesionales para hacer el trabajo de la iglesia no es bíblica.

Puede haber algunas variaciones locales en el liderazgo de la iglesia porque esto es sólo un modelo básico; cada detalle no está descrito en las Escrituras. El modelo básico que se encuentra en el Nuevo Testamento es que toda iglesia debe tener una pluralidad de ancianos piadosos (hombres) que sean responsables de dirigir y enseñar a la iglesia y diáconos piadosos que sean responsables de facilitar los aspectos materiales del ministerio de la iglesia. Una pluralidad de ancianos protege a la iglesia de las debilidades y posibles excesos que un solo anciano podría ocasionar. Mientras se siga este modelo básico, la iglesia funciona según el modelo bíblico. Tener un único pastor que controle la iglesia no es el modelo bíblico, y tampoco lo es un acuerdo en el que el pastor trabaje para los diáconos que realmente dirigen la iglesia. La congregación debe seguir la dirección de los pastores que siguen a Cristo. En su sabiduría, los ancianos pueden pedir la aprobación de la congregación para decisiones importantes, pero la congregación no debe ser la autoridad final. La responsabilidad recae en los ancianos/pastores/supervisores, los cuales responden a Cristo.

¿Cómo funciona la psicología con la consejería bíblica?

¿Cómo funciona la psicología con la consejería bíblica?

La psicología secular se basa en las enseñanzas de psicoanalistas como Sigmund Freud, Carl Jung y Carl Rogers. La consejería bíblica, o noutética, por otro lado, está basada directamente en la Palabra revelada de Dios. La consejería bíblica ve la Escritura como suficiente para equipar al hijo de Dios para toda buena obra (2 Timoteo 3:17). Los consejeros bíblicos enseñan que el problema básico del hombre es de naturaleza espiritual; por lo tanto, los psicólogos ateos, que están espiritualmente muertos, no tienen una visión real de la condición humana.

En este sentido, lo que se suele llamar «consejería cristiana» es diferente de la «consejería bíblica» en que la consejería cristiana a menudo utiliza la psicología secular como complemento de la Biblia. Esto no quiere decir que un consejero cristiano no sea también un consejero bíblico, pero a menudo los consejeros cristianos son cristianos que integran la psicología secular en su consejería. Los consejeros bíblicos o noutéticos rechazan la psicología secular por completo.

La mayor parte de la psicología es de naturaleza humanista. El humanismo secular promueve a la humanidad como el estándar más alto de verdad y moralidad y rechaza la fe, lo sobrenatural, y la Biblia. Por lo tanto, la psicología secular es la manera en que el hombre trata de entender y reparar el lado espiritual del hombre sin referencia a, o reconocimiento de lo espiritual.

La Biblia declara que la raza humana es una creación única de Dios, hecha a imagen de Dios (Génesis 1:26; 2:7). La Biblia trata expresamente de la espiritualidad del hombre, comenzando con su caída en el pecado en el Jardín del Edén y las consecuencias que le siguieron, particularmente en lo referente a su relación con Dios.

La psicología secular, por otra parte, está basada en la idea de que el hombre es básicamente bueno y que la respuesta a sus problemas yace dentro de él mismo. La Biblia, sin embargo, nos pinta un cuadro muy diferente de la condición del hombre. El hombre no es «básicamente bueno»; está “muerto en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1) y su corazón es “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9). Por lo tanto, el consejero bíblico toma un enfoque radicalmente diferente: en lugar de buscar soluciones a los problemas espirituales dentro de la propia mente, él busca confrontar el pecado, obtiene sabiduría de lo alto (Santiago 3:17), y aplica la Palabra de Dios a la situación.

Los consejeros bíblicos, como opuestos a los psicoterapeutas y a muchos “consejeros cristianos”, ven solo a la Biblia como la fuente de un enfoque comprensible y detallado para entender y aconsejar a la gente (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:4). El consejero bíblico está comprometido a dejar que Dios hable por Él mismo a través de Su Palabra. El consejero bíblico sigue la Biblia y busca ministrar el amor del verdadero Dios viviente, cuyo amor trata con el pecado y produce obediencia.

La psicoterapia se basa en las necesidades. Las necesidades de autoestima, de amor y aceptación, y de valoración tienden a dominar. Si estas necesidades son satisfechas, se cree que la gente será feliz, amable y moral; si no son satisfechas, la gente será miserable, odiosa e inmoral. La consejería bíblica enseña que la verdadera satisfacción y felicidad sólo puede ser encontrada en una relación con Dios y en la búsqueda de la piedad. No hay psicoterapia que pueda hacer que una persona egoísta sea desinteresada, por ejemplo, pero el siervo obediente de Dios estará satisfecho con su entrega alegre y desinteresada (2 Corintios 9:7).

Entonces, ¿cómo funciona la psicología con la consejería bíblica? No se puede. La psicología secular comienza y termina con el hombre y sus ideas. La verdadera consejería bíblica guía a los pacientes hacia Cristo y la Palabra de Dios. La consejería bíblica es una actividad pastoral, producto del don espiritual de la exhortación, y su objetivo no es la autoestima sino la santificación.

¿Entregar los problemas a Dios?

¿Entregar los problemas a Dios?

Muchas veces es una verdad desconcertante para muchos cristianos que, aunque pertenecemos a Dios por la fe en Cristo, parece que seguimos experimentando los mismos problemas que sufríamos antes de ser salvos. A menudo nos desanimamos y nos enfrascamos en las preocupaciones de la vida. El hecho de que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento traten este problema de la misma manera, demuestra que Dios sabe que los problemas y las preocupaciones son inevitables en esta vida. Afortunadamente, Él nos ha dado la misma solución que nos dio tanto en los Salmos como en la carta de Pedro. «Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Salmo 55:22), y «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).

Estos dos versículos contienen unas verdades asombrosas: Dios nos sostendrá, nunca nos dejará postrados y cuida de nosotros. En primer lugar, vemos que Dios declara tanto Su capacidad como Su voluntad para ser nuestra fortaleza y apoyo, mental, emocional y espiritualmente. Él puede ( y lo mejor de todo, está dispuesto) tomar todo aquello que amenaza con agobiarnos y usarlo para nuestro beneficio. Él ha prometido que «todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». Incluso en los momentos en que dudamos de Él, sigue obrando para nuestro bien y Su gloria. También ha prometido que no permitirá que ninguna prueba sea tan grande que no podamos soportar en el poder de Cristo y que proveerá una salida (1 Corintios 10:13). Con esto quiere decir que no nos dejará postrados, como prometió en el Salmo 55:22.

La tercera afirmación – «él cuida de ti»- nos da la motivación que hay detrás de Sus otras promesas. Nuestro Dios no es indiferente, insensible o caprichoso. Por el contrario, es nuestro amoroso Padre celestial, cuyo corazón es compasivo para con Sus hijos. Jesús nos recuerda que, al igual que un padre terrenal no negaría el pan a sus hijos, de la misma manera Dios ha prometido darnos «buenas cosas» cuando se las pedimos (Mateo 7:11).

Con la intención de pedir buenas cosas, primero debemos orar y decirle al Señor que entendemos lo que dice en Juan 16:33, donde Jesús dice: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Luego, debemos pedirle al Señor que nos muestre cómo Él ha «vencido» nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestra ira, nuestros miedos y nuestra culpa.

El Señor nos revela a través de Su Palabra, la Biblia, que podemos tener buen «ánimo», y que podemos:

1) alegrarnos de nuestros problemas porque Dios los usará para nuestro beneficio. «sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4);

2) ver nuestras «preocupaciones» como una oportunidad para practicar Proverbios 3:5-6, «Fíate del Señor de todo tu corazón,

Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas»;

3) contrarrestar nuestra ira obedeciendo Efesios 4:32, «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo»; y

4) tratar con cualquier sentimiento pecaminoso creyendo y actuando sobre la verdad de 1 Juan 1:9, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Todos nuestros problemas pueden ser superados mediante la simple fe en la Palabra de Dios.

Dios es más grande que todas nuestras preocupaciones y problemas juntos, y debemos darnos cuenta de ello si queremos tener alguna victoria en nuestras vidas. Todo el mundo sufre con estas dificultades, porque la Biblia enseña que la tentación es «común» a la humanidad (1 Corintios 10:13). No debemos dejar que Satanás nos engañe pensando que todos nuestros problemas son culpa nuestra, que todas nuestras preocupaciones se harán realidad, que toda nuestra ira nos condena o que toda nuestra culpa proviene de Dios. Si pecamos y nos confesamos, Dios perdona y limpia. No tenemos que sentirnos avergonzados, sino aceptar la palabra de Dios de que Él perdona y limpia. Ninguno de nuestros pecados es tan pesado como para que Dios no pueda quitárnoslos y arrojarlos a lo más profundo del mar (ver Salmo 103:11-12).

En realidad, los sentimientos provienen de los pensamientos, así que, aunque no podamos cambiar la forma en que nos sentimos, sí podemos cambiar la forma en que pensamos. Y esto es lo que Dios quiere que hagamos. Por ejemplo, en Filipenses 2:5, se les dice a los cristianos: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús». En Filipenses 4:8, se les dice a los cristianos que piensen en cosas «verdaderas», «honesto», «justas», «puras», «amable» y «dignas de alabanza». En Colosenses 3:2, se nos dice: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». Por lo tanto, cuando lo hacemos, disminuyen nuestros sentimientos de culpa.

Así que, cada día, dando un paso a la vez, debemos orar para que la Palabra de Dios nos guíe, leer o escuchar la Palabra de Dios, y meditar en la Palabra de Dios cuando los problemas, las preocupaciones y las ansiedades de la vida se presenten. El secreto para entregar las cosas a Cristo no es en realidad ningún secreto: es simplemente pedirle a Jesús que tome nuestra carga del «pecado original» y sea nuestro Salvador (Juan 3:16), además de someternos a Jesús como nuestro Señor en nuestra vida diaria.

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

Una de las partes más difíciles de la vida cristiana es el hecho de que ser un discípulo de Cristo no nos hace inmune a las pruebas y las tribulaciones de la vida. ¿Por qué un Dios bueno y amoroso nos permitiría pasar por cosas tales como la muerte de un niño, enfermedades y daños a nosotros mismos y nuestros seres queridos, dificultades financieras, preocupación y temor? Ciertamente, si nos amara, quitaría todas estas cosas de nosotros. Después de todo, ¿no significa el amarnos que Dios quiere que nuestras vidas sean fáciles y cómodas? No, no es así. La Biblia enseña claramente que Dios ama a aquellos que son Sus hijos, y “todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Eso debería significar entonces que las pruebas y tribulaciones que Él permite en nuestras vidas son parte de todas las cosas que nos ayudan a bien. Por lo tanto, para el creyente, todas las pruebas y tribulaciones deben tener un propósito divino.

Como en todas las cosas, el propósito final de Dios es que seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del cristiano, y todo en la vida, incluyendo las pruebas y tribulaciones, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. Se explica la manera en que las pruebas logran esto en 1 Pedro 1:6-7: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimentamos para que podamos descansar en el conocimiento de que es real y va a durar para siempre.

Las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5). Jesucristo fue el ejemplo perfecto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto para las pruebas y tribulaciones de Jesucristo como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Sin embargo, debemos tener cuidado de nunca hacer excusas por nuestras “pruebas y tribulaciones” si son el resultado de nuestra propia maldad. «Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno» (1 Pedro 4:15). Dios perdonará nuestros pecados porque el castigo eterno para ellos ha sido pagado por el sacrificio de Cristo en la Cruz. Sin embargo, todavía tenemos que sufrir en esta vida las consecuencias naturales por nuestros pecados y malas decisiones. Pero Dios usa incluso esos sufrimientos para moldear y formarnos para Sus propósitos y nuestro bien supremo.

Las pruebas y tribulaciones vienen con un propósito y una recompensa. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman»(Santiago 1:2-4,12).

A través de todas las pruebas y tribulaciones de la vida, tenemos la victoria. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Aunque estamos en una batalla espiritual, Satanás no tiene autoridad sobre el creyente en Cristo. Dios nos ha dado Su Palabra para guiarnos, Su Espíritu Santo que fortalecernos, y el privilegio de venir a Él en cualquier lugar y en cualquier momento, a orar por todo. Él también nos ha asegurado que no habrá tentación que nos pondrá a prueba más allá de nuestra capacidad para resistir, y “dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

¿Qué es el Problema Sinóptico?

¿Qué es el Problema Sinóptico?

Cuando se comparan los tres primeros Evangelios – Mateo, Marcos y Lucas – es indiscutible que los relatos son muy similares entre sí en contenido y expresión. Como resultado, Mateo, Marcos, y Lucas son conocidos como los “Evangelios Sinópticos”. La palabra “sinóptico” básicamente significa “verlos juntos con una opinión común”. Las muchas similitudes entre los Evangelios Sinópticos han conducido a algunos a preguntarse si los autores de los Evangelios tuvieron una fuente común, otro registro escrito del nacimiento, vida, ministerio, muerte y resurrección de Cristo, del cual ellos pudieron haber obtenido el material para sus Evangelios. La cuestión de cómo explicar las similitudes y diferencias entre los Evangelios Sinópticos se llama el Problema Sinóptico.

Algunos argumentan que Mateo, Marcos, y Lucas son tan similares, que ellos debieron haber utilizado los Evangelios unos de otros, u otra fuente común. A esta supuesta “fuente” se le ha dado el título de “Q” de la palabra alemana que significa “fuente”. ¿Existe alguna evidencia para un documento “Q”? No, no la hay. Ninguna porción o fragmento de un documento “Q” ha sido jamás encontrado. Ninguno de los padres de la iglesia primitiva mencionó jamás un Evangelio “fuente” en sus escritos. La “Q” es la invención de “eruditos” liberales, quienes niegan la inspiración de la Biblia. Ellos creen que la Biblia es nada más que una obra de literatura, sujeta a la misma crítica concedida a otras obras literarias. Nuevamente, decimos que no hay evidencia de ninguna clase para un documento “Q” – ya sea bíblica, teológica, o histórica.

Si Mateo, Marcos y Lucas no utilizaron un documento “Q,” ¿por qué son tan similares sus Evangelios? Hay varias posibles explicaciones. Es posible que cualquiera de los Evangelios que haya sido escrito primero (posiblemente Marcos, aunque los padres de la iglesia reportaron que Mateo fue escrito primero), los otros escritores del Evangelio tuvieron acceso a él. No hay absolutamente ningún problema con la idea de que Mateo y/o Lucas copiaran algún texto del Evangelio de Marcos y lo usaran en sus Evangelios. Tal vez Lucas tuvo acceso a Marcos y Mateo y utilizó textos de ambos en su propio Evangelio. Lucas 1:1-4 nos dice, “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”.

En última instancia, el «problema» sinóptico no es un problema tan grande como algunos intentan que lo sea. La explicación del por qué los Evangelios Sinópticos son tan similares, es que todos están inspirados por el mismo Espíritu Santo, y todos fueron escritos por gente que atestiguó, o escuchó los mismos eventos. El Evangelio de Mateo fue escrito por Mateo el Apóstol, uno de los doce que siguieron a Jesús y fueron comisionados por Él. El Evangelio de Marcos fue escrito por Juan Marcos, un cercano colaborador del Apóstol Pedro, otro de los doce. El Evangelio de Lucas fue escrito por Lucas, un estrecho colaborador del apóstol Pablo. ¿Por qué no esperaríamos que sus relatos fueran similares uno del otro? A última instancia, cada uno de los Evangelios fue inspirado por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21). Por lo tanto, debemos esperar similitud y unidad.

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

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¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

El papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento es muy parecido a Su papel en el Nuevo Testamento. Cuando hablamos del papel del Espíritu Santo, podemos discernir cuatro áreas generales en las que el Espíritu Santo trabaja: 1) regenerando, 2) residiendo (o llenando), 3) restringiendo, y 4) capacitando para el servicio. La evidencia de estas áreas de la obra del Espíritu Santo está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

La primera área de trabajo del Espíritu está en el proceso de regeneración. Otra palabra para regenerar es “renacer,” de donde procede el concepto de “nacer de nuevo.” El texto clásico de la prueba de esto se encuentra en el Evangelio de Juan: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Esto lleva a la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento? Más adelante en Su diálogo con Nicodemo, Jesús le dijo: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? (Juan 3:10). El punto que Jesús quería establecer, es que Nicodemo debía haber sabido la verdad de que el Espíritu Santo es la fuente de la vida nueva, porque así es revelado en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Moisés les dijo a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida que “el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:6). Esta circuncisión del corazón es la obra del Espíritu de Dios y únicamente puede ser realizada por Él. También vemos el tema de la regeneración en Ezequiel 11:19-20 y Ezequiel 36:26-29.

El fruto de la obra de regeneración del Espíritu es la fe (Efesios 2:8). Ahora sabemos que había hombres de fe en el Antiguo Testamento, porque Hebreos 11 nombra a muchos de ellos. Si la fe es producida por el poder regenerador del Espíritu Santo, entonces este debe ser el caso de los santos del Antiguo Testamento, quienes miraron la cruz en el futuro, creyendo que lo que Dios había prometido respecto a su redención sucedería. Ellos recibieron las promesas y “… habiéndolas visto y aceptando con gusto desde lejos” (Hebreos 11:13), aceptando por fe que lo que Dios había prometido, también lo cumpliría.

El segundo aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento es Su permanencia, o llenura. Aquí es donde aparece la mayor diferencia entre los roles del Espíritu en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento enseña que la morada del Espíritu Santo es permanente en los creyentes (1 Corintios 3:16-17; 6:19-20). Cuando ponemos nuestra fe en Cristo para salvación, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. El Apóstol Pablo llama a esta morada permanente la “garantía de nuestra herencia” (Efesios 1:13-14). En contraste con esta obra en el Nuevo Testamento, la permanencia del Espíritu en el Antiguo Testamento era selectiva y temporal. El Espíritu “vino sobre” personas del Antiguo Testamento tales como Josué (Números 27:18), David (1 Samuel 16:12-13) y aún Saúl (1 Samuel 10:10). En el libro de los Jueces, vemos que el Espíritu “vino sobre” varios jueces a quienes Dios levantó para librar a Israel de sus opresores. El Espíritu Santo descendía sobre estas personas para tareas específicas. La presencia del Espíritu Santo era una señal del favor de Dios sobre esa persona (en el caso de David), y si el favor de Dios dejaba a la persona, el Espíritu se apartaba (p.ej. el caso de Saúl en 1 Samuel 16:14). Finalmente cuando el Espíritu “venía sobre” una persona, no siempre era indicativo de la condición espiritual de la persona (p. ej. Saúl, Sansón, y muchos de los jueces). Así que mientras que en el Nuevo Testamento el Espíritu solo mora en los creyentes y Su morada es permanente, en el Antiguo Testamento, el Espíritu venía sobre ciertos individuos para una tarea específica, independientemente de su condición espiritual. Una vez que la tarea era concluida, el Espíritu presumiblemente partía de esa persona.

El tercer aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es Su refrenamiento del pecado. Génesis 6:3 parece indicar que el Espíritu Santo refrenó la pecaminosidad del hombre, y que este freno puede ser retirado cuando la paciencia de Dios respecto al pecado alcanza su “punto de ebullición.” Esta creencia es secundada en 2 Tesalonicenses 2:3-8, cuando al final de los tiempos una creciente apostasía señalará la venida del juicio de Dios. Hasta el tiempo pre-ordenado, cuando el “hombre de pecado” (v.3) sea revelado, el Espíritu Santo está refrenando el poder de Satanás y éste se apartará sólo cuando haya cumplido Sus propósitos para hacerlo.

El cuarto y último aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es el capacitar para el servicio. De manera muy parecida a cómo operan los dones en el Nuevo Testamento, el Espíritu capacitaba a ciertas personas para servir. Consideremos el ejemplo de Bezaleel en Éxodo 31:2-5 quien fue dotado para hacer gran parte de la obra de arte relacionada con el Tabernáculo. Además, recordando la morada selectiva y temporal del Espíritu Santo mencionada anteriormente, vemos que estos individuos eran capacitados para realizar ciertas tareas, tales como gobernar sobre el pueblo de Israel (p.ej. Saúl y David).

También podríamos mencionar el papel del Espíritu en la creación. Génesis 1:2 habla de que “el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas,” supervisando la obra de la creación. De forma similar, el Espíritu es el responsable de la obra de la nueva creación (2 Corintios 5:17) ya que Él es quien trae a las personas al reino de Dios a través de la regeneración.

Con todo, el Espíritu realiza gran parte de las mismas funciones en los tiempos del Antiguo Testamento, así como lo hace en la era actual. La mayor diferencia es la residencia permanente del Espíritu en los creyentes de ahora. Como Jesús dijo respecto a este cambio en el ministerio del Espíritu, “pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:17).

¿Por qué hay tantas denominaciones cristianas?

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¿Por qué hay tantas denominaciones cristianas?

Para responder a esta pregunta, primeramente, debemos diferenciar entre (1) denominaciones dentro del cuerpo de Cristo, y (2) sectas y falsas religiones no-cristianas. Los Presbiterianos y Luteranos son denominaciones cristianas; los Mormones y Testigos de Jehová son sectas (grupos que aseguran ser cristianos, pero niegan uno o más de los puntos esenciales de la fe cristiana); el Islam y el Budismo son religiones enteramente separadas.

El surgimiento de las denominaciones dentro de la fe cristiana, tiene su origen en la Reforma Protestante. El movimiento de “Reforma” de la Iglesia Católica Romana durante el siglo XVI, dio surgimiento a las cuatro divisiones o tradiciones mayores del protestantismo: Luterana, Reformada, Anabaptista, y Anglicana. A través de los siglos, de estas cuatro ramas, surgieron otras denominaciones.

La denominación Luterana fue nombrada así por Martín Lutero y estaba basada en sus enseñanzas. Los Metodistas tomaron el nombre de su fundador, John Wesley, quien era famoso por elaborar “métodos” para el crecimiento espiritual. Los Presbiterianos fueron llamados así por su visión sobre el liderazgo de la iglesia – la palabra griega para anciano es presbyteros. Los Bautistas tomaron su nombre, porque ellos siempre enfatizaron la importancia del bautismo. Cada denominación tiene algunos énfasis o diferencias doctrinales una de la otra, tales como: el método del bautismo; la disponibilidad de la cena del Señor para todos o sólo para aquellos cuyos testimonios puedan ser verificados por los líderes de la iglesia; la soberanía de Dios vs. el libre albedrío en lo referente a la salvación; el futuro de Israel y la iglesia; el arrebatamiento pre-tribulacionista vs. el post-tribulacionista; la existencia de dones de “milagros” en la era moderna, y la lista puede seguir y seguir. El punto de estas divisiones nunca es Jesucristo como Señor y Salvador, sino más bien, honestas diferencias de opinión de gente piadosa, aunque imperfecta, que busca honrar a Dios y retener la pureza doctrinal de acuerdo a sus conciencias y su comprensión de la Palabra.

En la actualidad, las denominaciones son muchas y variadas. Las principales denominaciones originales arriba mencionadas, han producido numerosas ramas como las Asambleas de Dios, Alianza Cristiana y Misionera, los Nazarenos, Evangélicos Liberales, iglesias Bíblicas independientes y otras. Algunas denominaciones enfatizan ligeras diferencias doctrinales, pero con más frecuencia simplemente ofrecen estilos diferentes de adoración, adecuados a los diferentes gustos y preferencias de los cristianos. Pero no nos equivoquemos; nosotros, como creyentes, debemos ser de una mente en cuanto a las bases de la fe, pero más allá de eso, hay mucha libertad en la forma en que los cristianos deben adorar en una congregación. Esta libertad es lo que causa los muchos diferentes “sabores” de la cristiandad. La iglesia Presbiteriana en Uganda, tiene un estilo de adoración muy diferente de la Iglesia Presbiteriana de Denver, pero su base doctrinal es la misma. La diversidad es algo bueno, pero no la desunión. Si dos iglesias difieren doctrinalmente, puede convocarse a un debate y diálogo sobre la Palabra. Esta acción de “hierro con hierro se aguza…” (Proverbios 27:17) es beneficiosa para todos. Sin embargo, si hay un desacuerdo sobre estilo y forma, está bien que permanezcan separadas. Aunque esta separación, no exime la responsabilidad que tienen los cristianos de amarse unos a otros (1 Juan 4:11-12) y finalmente permanecer unidos como uno en Cristo (Juan 17:21-22).

¿Es bíblico el dispensacionalismo?

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¿Es bíblico el dispensacionalismo?

Una dispensación es una forma de ordenar las cosas: una administración, un sistema o una gerencia. En teología, una dispensación es la administración divina de un período de tiempo; cada dispensación es un periodo divinamente designado. El dispensacionalismo es un sistema de teología que reconoce éstos periodos establecidos por Dios para poner en orden los asuntos del mundo. El dispensacionalismo tiene dos características principales. (1) Una consistente interpretación literal de la Escritura, especialmente de la profecía bíblica. (2) Una distinción entre Israel y la iglesia dentro del programa de Dios. El dispensacionalismo clásico identifica siete dispensaciones en el plan de Dios para la humanidad.

Los dispensacionalistas sostienen que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. “Interpretación Literal” significa dar a cada palabra el significado que comúnmente tendría en el uso cotidiano. Se tienen en cuenta los símbolos, las figuras de voz y por supuesto los estilos. Se entiende que incluso los símbolos y los refranes figurativos tienen un significado literal detrás de ellos. . Aún los simbolismos y figuras del lenguaje tienen interpretaciones literales contenidas en ellas. Así, por ejemplo, cuando la Biblia habla de «mil años» en Apocalipsis 20, los dispensacionalistas lo interpretan como un período literal de 1.000 años (la dispensación del Reino), ya que no hay ninguna razón de peso para interpretarlo de otra manera.

Hay por lo menos dos razones por las que la interpretación literal es la mejor manera de ver la Escritura. Primero, filosóficamente, el propósito del lenguaje en sí parece requerir que lo interpretemos literalmente. El lenguaje fue dado por Dios con el propósito de poder comunicarse con el hombre. Las palabras son recipientes de significado. La segunda razón es bíblica. Cada profecía acerca de Jesucristo en el Antiguo Testamento, fue cumplida literalmente. El nacimiento de Jesús, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, todas ocurrieron exacta y literalmente como fueron predichas en el Antiguo Testamento. Las profecías fueron literales. No hay ningún cumplimiento no literal de profecías mesiánicas en el Nuevo Testamento. Este es un fuerte argumento a favor del método literal. Si no se utiliza la interpretación literal en el estudio de las Escrituras, entonces no hay un parámetro objetivo por el cual se pueda entender la Biblia. Cada persona podría interpretar la Biblia como le parezca. La interpretación bíblica se convertiría en “lo que este pasaje me dice a mí….” en vez de “la Biblia dice…”. Tristemente, este es ya el caso en lo que actualmente se conoce como interpretación bíblica hoy en día.

La dispensación teológica enseña que hay dos clases del pueblo de Dios: Israel y la Iglesia. Los dispensacionalistas creen que la salvación siempre ha sido por gracia por medio de la fe (En Dios en el Antiguo Testamento, y específicamente en Dios Hijo en el Nuevo Testamento). Los dispensacionalistas sostienen que la Iglesia no ha reemplazado a Israel en el programa de Dios y que las promesas a Israel en el Antiguo Testamento no han sido transferidas a la Iglesia. Ellos creen que las promesas que Dios hizo a Israel (de la tierra, muchos descendientes y bendiciones) en el Antiguo Testamento, serán finalmente cumplidas en el período del milenio del que se habla en Apocalipsis 20. Creen que, así como Dios en la época actual enfoca Su atención en la Iglesia, Él nuevamente en el futuro, enfocará Su atención en Israel (Romanos 9-11 y Daniel 9:24).

Usando este sistema como base, los dispensacionalistas entienden que la Biblia está organizada en siete dispensaciones; Inocencia (Génesis 1:1 – 3:7), Conciencia (Génesis 3:8 – 8:22), Gobierno Humano (Génesis 9:11 – 11:32), Promesa (Génesis 12:1 – Éxodo 19:25), Ley (Éxodo 20:1 – Hechos 2:4), Gracia (Hechos 2:4 – Apocalipsis 20:3), y el Reino Milenial (Apocalipsis 20:4-6). Nuevamente, estas dispensaciones no son medios para la salvación, sino maneras en las que Dios se relaciona con el hombre. Cada dispensación incluye un modelo reconocible de cómo Dios obró con las personas que vivieron en esa dispensación. Ese modelo es 1) una responsabilidad, 2) un fracaso, 3) un juicio, y 4) gracia para seguir adelante.

El dispensacionalismo como un sistema, resulta en una interpretación premilenial de la Segunda Venida de Cristo, y usualmente una interpretación pretribulacional del arrebatamiento. En resumen, el dispensacionalismo es un sistema teológico que enfatiza la interpretación literal de la profecía bíblica, reconoce una distinción entre Israel y la Iglesia, y organiza la Biblia en diferentes dispensaciones o administraciones.

¿Es bíblico el cesacionismo?

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¿Es bíblico el cesacionismo?

El cesasionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesasionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

Los registros bíblicos muestran que los milagros se produjeron durante determinados períodos específicos con el propósito de autentificar un nuevo mensaje de Dios. A Moisés se le concedió realizar milagros para autentificar su ministerio ante el faraón (Éxodo 4:1-8). Elías realizó milagros para autentificar su ministerio ante Acáb (1 Reyes 17:1;18:24). Los apóstoles realizaron milagros para autentificar su ministerio ante Israel (Hechos 4:10, 16).

El ministerio de Jesús también fue marcado por milagros, a los que el apóstol Juan llama “señales” (Juan 2:11). Lo que Juan quería decir es que los milagros eran la prueba de la autenticidad del mensaje de Jesús.

Después de la resurrección de Jesús, mientras la Iglesia se establecía y el Nuevo Testamento estaba siendo escrito, los apóstoles lo demostraban con “señales” tales como las lenguas y el poder para sanar. “Así que las lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos.” (1 Corintios 14:22, un verso que dice claramente que el don nunca fue para edificar a la iglesia).

El apóstol Pablo predijo que el don de lenguas acabaría (1 Corintios 13:8). Aquí exponemos seis pruebas de que ya han cesado:

1) Los apóstoles, a través de quienes vinieron las lenguas, fueron únicos en la historia de la iglesia. Una vez que su ministerio fue concluido, la necesidad de señales que lo autentificaran dejó de existir.

2) Los dones de milagros (o señales) solo son mencionados en las primeras epístolas, tales como 1 Corintios. Los libros posteriores, tales como Efesios y Romanos, contienen pasajes detallados sobre los dones del Espíritu, pero los dones de milagros ya no son mencionados, aunque Romanos menciona el don de la profecía. La palabra griega traducida como “profecía” significa “declarar” y no necesariamente incluye la predicción del futuro.

3) El don de lenguas era una señal para el Israel incrédulo de que la salvación de Dios ahora estaba disponible para otras naciones. Ver 1 Corintios 14:21-22 e Isaías 28:11-12.

4) El don de lenguas era inferior al de la profecía (predicar). Predicar la Palabra de Dios edifica a los creyentes, mientras que las lenguas no lo hacen. Se les dice a los creyentes que procuren profetizar más que hablar en lenguas (1 Corintios 14:1-3).

5) La historia indica que las lenguas cesaron. Las lenguas ya no son mencionadas en absoluto por los Padres Post-apostólicos. Otros escritores tales como Justino Mártir, Orígenes, Crisóstomo y Agustín, consideraron que las lenguas fueron algo que sucedió solo en los primeros días de la Iglesia.

6) Observaciones actuales confirman que el milagro de las lenguas ha cesado. Si el don estuviera aún vigente, no habría necesidad de que los misioneros asistieran a escuelas de idiomas. Los misioneros podrían viajar a cualquier país y hablar cualquier lenguaje fluidamente, así como los apóstoles fueron capaces de hacerlo en Hechos 2. Respecto al don de sanidad, vemos en las Escrituras que la sanidad estaba asociada con el ministerio de Jesús y los apóstoles (Lucas 9:1-2). Y vemos que al finalizar de la era apostólica, la sanidad, al igual que las lenguas se volvieron menos frecuentes. El apóstol Pablo, quien resucitó a Eútico (Hechos 20:9-12), no sanó a Epafrodito (Filipenses 2:25-27), ni a Trófimo (2 Timoteo 4:20), ni a Timoteo (1 Timoteo 5:23), ni aún a sí mismo (2 Corintios 12:7-9). Las causas del “fracaso en sanar” de Pablo son: 1) el don nunca tuvo como propósito sanar a todo cristiano, sino el autentificar el apostolado; y 2) la autoridad de los apóstoles ya había sido probada suficientemente, no habiendo ya más necesidad de milagros posteriores.

Las razones arriba expuestas son la evidencia para el cesasionismo. De acuerdo a 1 Corintios 13:13-14, haríamos bien en “seguir el amor,” el mejor de todos los dones. Si debiéramos desear dones, hemos de desear declarar la Palabra de Dios, para que todos sean edificados.