¿Qué es la gloria de Dios?

Coalición por el Evangelio

¿Qué es la gloria de Dios?

JOHN PIPER

Nota del editor:
¿Qué es la gloria de Dios? Esta es la pregunta que el pastor John Piper trató de responder en su sermón: “A Él sea la gloria para siempre”, predicado el 17 de diciembre de 2006. Aquí un extracto de su mensaje.

Definiendo lo imposible

Definir la gloria de Dios es imposible, porque se parece más a la palabra belleza que a la palabra baloncesto. Si alguien dice que nunca ha oído hablar del baloncesto, entonces no sabe qué es una pelota de baloncesto, y por lo tanto preguntará: “qué es una pelota de baloncesto”, y no sería difícil para ti describirla. Usarías tus manos y dirías:

“Bueno, es como una cosa redonda hecha de cuero o goma, y de unas diez o nueve pulgadas de diámetro, que rebotas en el piso. Contiene aire adentro, por lo que es un poco dura. Así que la rebotas y la lanzas a la gente, y puedes correr mientras lo haces. También hay un aro (que llaman cesta o canasta), y la idea es lanzar la pelota a través de ese aro. Por eso se llama baloncesto”.

Con esta respuesta una persona tendría una muy buena idea de lo que es el baloncesto. Y podrían identificar una pelota de baloncesto, y diferenciarla de una pelota de fútbol o una pelota de fútbol americano.

No puedes hacer lo mismo con la palabra belleza. Hay algunas palabras en nuestro vocabulario con las que nos podemos comunicar, pero no porque podamos decirlas, sino porque podemos verlas o podemos señalarlas. Es decir, que si señalamos suficientes cosas y vemos suficientes cosas juntas, y decimos: “¡Eso es bello! ¡Eso eso bello!”, entonces podríamos tener un sentido común de la belleza. Pero cuando tratas de poner la belleza en palabras, es muy, muy difícil.

Dios está en una categoría por sí solo. Él tiene perfecciones infinitas, grandeza infinita y valor infinito.

Santo se deletrea d-i-g-n-o

Lo mismo sucede con la palabra gloria. ¿Cómo podemos describirla? Tienes que intentarlo, porque no podemos dejar que las personas lo hagan por su propia cuenta. Así que intentaré definirla al compararla bíblicamente con la palabra santo, y te preguntaré: “¿Cuál es la diferencia entre la santidad de Dios y la gloria de Dios?”. Al hacer esta comparación podremos tener un mejor acercamiento a la naturaleza de este término: la gloria de Dios.

Yo defino la santidad de Dios como su pertenencia a una clase única, en su perfección, grandeza, y valor. Su perfección, su grandeza, y su valor son de una categoría tan distinta y separada –incluso se nos ha enseñado que la palabra santo significa separado– que Él está en esta categoría por sí solo. Él tiene perfecciones infinitas, grandeza infinita, y valor infinito.

Su santidad es lo que Él es, como Dios, y que nadie más es. Es su calidad de perfección lo que no se puede mejorar, lo que no se puede imitar, lo que es incomparable, lo que determina todo lo que es, y que no está determinado por nada externo a Él. Significa su valor infinito: su valor intrínseco e infinito.

Santidad manifiesta

Ahora, cuando Isaías 6:3 dice que un ángel da voces a otro, diciendo: “Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos”, lo siguiente que dice es esto: “Llena está toda la tierra de Su gloria”. Podríamos haber esperado que dijera “santidad”, pero no dice eso. Él ángel dice: “gloria”.

Él es intrínsecamente santo, y toda la tierra está llena de su gloria –de la cual acuñé una definición, al decir que la gloria de Dios es la belleza manifiesta de su santidad. Es la manifestación pública de su santidad. Es la forma en que muestra su santidad para que la gente la comprenda. Entonces, la gloria de Dios es la santidad de Dios manifestada.

La gloria de Dios es la belleza manifiesta de su santidad. Es la manifestación pública de su santidad.

Escuche este pasaje de Levítico 10:3. Dios dice que manifestará su santidad a los que están cerca de él, y que ante todo el pueblo será glorificado. “Como santo seré tratado”, dice. “Y en presencia de todo el pueblo”, por decirlo de otra manera, “seré glorificado”. Entonces ver, comprender, y reconocer su santidad –y, en cierto sentido, percibirla– es ver la gloria y, por lo tanto, glorificarlo.

Entonces, aquí hay un intento de definición: la gloria de Dios es la belleza infinita y la grandeza de las múltiples perfecciones de Dios. Me estoy centrando en la manifestación de su carácter, su valor, y sus atributos. Todas sus perfecciones y grandezas son hermosas tal como se ven, y hay muchas de ellas. Por eso uso la palabra múltiple. Esta sería otra forma de describirlo: la gloria de Dios es la belleza infinita y la grandeza de sus múltiples perfecciones.

Cómo Dios lo proclama

“Los cielos cuentan la gloria de Dios” (Sal. 19:1). ¿Qué significa eso? Significa que lo está proclamando. Él lo anuncia fuertemente a través de las nubes. Él grita por medio de la extensión azul. Grita con oro en los horizontes. Él grita con galaxias y estrellas. Él está proclamando: “¡Soy glorioso! Abre tus ojos. Mi gloria es como esto que ves —solo que mejor, si me conocieras”.

Y la Biblia dice: “Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria” (Is. 6:3). Si tuvieras ojos para ver, verías la gloria de Dios en todas partes. Necesitamos ojos. Necesitamos ojos más que cualquier cosa porque “el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Co. 4:4).

La gloria de Dios es la belleza infinita y la grandeza de las múltiples perfecciones de Dios.

Entonces, ¿lo ves? ¿lo amas? En el fondo de tu corazón, fuiste hecho para esto. Si eres una persona totalmente desinteresada, y estás leyendo esto, estoy ansioso por ver el día –y espero que sea hoy– cuando digas: “Fui creado para esto. Para eso existo: para ver la gloria de Dios. ¡Todo apunta a eso! Toda la gloria que pensé que era tan atractiva, no se compara a esto. Todo es sombras y cenizas. Él estaba en lo correcto. La Biblia estaba en lo correcto. Jesús tenía razón”.

Espero que no sea demasiado tarde cuando eso te suceda.

 

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN DESIRING GOD. TRADUCIDO POR FABIO ROSSI.
Imagen: Lightstock.

​John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Coronavirus y Cristo – Audio Video – Libro Gratis – John Piper

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En Coronavirus y Cristo, John Piper invita a lectores alrededor del mundo a anclar sus vidas en la Roca sólida de Jesucristo. Nuestras almas solo pueden ser sostenidas por un Dios soberano que ordena, gobierna y reina sobre todas las cosas y que cumple todos Sus buenos propósitos para los que confían en Él.

Escrito por: John Piper

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Coronavirus y Cristo – Introducción – La ocasión: el coronavirus

“Lo que pensemos del Coronavirus no importa mucho.
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John Piper

 

Coronavirus y Cristo – Capítulo 1 – Ven a la Roca

Coronavirus y Cristo – Capítulo 2 – Un fundamento sólido

Coronavirus y Cristo – Capítulo 3 – La rectitud de la Roca

Coronavirus y Cristo – Capítulo 4 – Soberano sobre todo

Coronavirus y Cristo – Capítulo 5 – La dulzura de Su Reino

Coronavirus y Cristo – Parte 2 – ¿Qué está haciendo Dios por medio del coronavirus?

Coronavirus y Cristo – Capítulo 6 – Dios está mostrando la atrocidad moral del pecado

Coronavirus y Cristo – Capítulo 7 – Dios está enviando juicios divinos específicos

Coronavirus y Cristo – Capítulo 8 – Dios nos está despertando para Su segunda venida

Coronavirus y Cristo – Capítulo 9 – Dios nos está realineando con el infinito valor de Cristo

Coronavirus y Cristo – Capítulo 10 – Dios está creando buenas obras en medio del peligro

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John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

Y sin fe es imposible agradar a Dios

Desiring God

Y sin fe es imposible agradar a Dios

John Piper

Hebreos 11:4-6: Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla. Por la fe Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muerte; y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios. Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan.

VOLVIÉNDONOS RADICALMENTE LIBRES
La semana pasada, comenzamos nuestra exposición de Hebreos 11 preguntando por qué fue escrito y qué tiene que ver con nuestras vidas hoy. Respondí que fue escrito para ayudarnos a convertirnos en el tipo de personas descritas seis versículos antes, en Hebreos 10:34. Éstos eran cristianos quienes aceptaron con gozo el despojo de sus bienes, por el servicio de Cristo y la causa del amor. En otras palabras, eran radicalmente libres del amor por este mundo y de los valores que determinan la mayoría de las cosas que pasan como éxito en Norteamérica. Eran libres de esta atadura porque, dice el versículo 34 que vivían que tenían para sí “una mejor y más duradera posesión”.

Aquí es donde comienza el capítulo 11. “Ahora bien, la fe es la certeza [o la substancia] de lo que se espera, la convicción [o evidencia] de lo que no se ve”. En otras palabras, el “conocimiento”, o certeza de 10:34 (“sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión”), es ahora llamado “fe”. Y estamos a punto de leer un capítulo completo de ejemplos vivos de esta fe radicalizadora. Así que el mensaje del capítulo 11 es encarnar y demostrar más historias de fe, para que podamos imitar la fe y heredar las promesas de Dios.

IMITACIÓN Y HERENCIA
Usted puede saber que estamos en el camino correcto, al recordar Hebreos 6:11-12, que describía exactamente el mismo patrón de imitación y herencia. “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas”. Ése es el propósito de Hebreos 11: dar más ejemplos de “los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas”, para que podamos imitar su fe y unirnos a ellos en la herencia.

Y si usted se pregunta si solo debiera mirar así a los santos del Antiguo Testamento para encontrar ánimo e imitarles, Hebreos 13:7 dice que no, usted también debe mirar a quienes le enseñan la Palabra y ser inspirado también por fe de ellos. “Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe”. Así que este es un asunto importante en el libro de Hebreos. Tenga héroes. Conozca algo de la historia de la iglesia. Conozca algo sobre la biografía misionera. Conozca a algunos grandes hombres de negocio cristianos. Conozca algunas grandes mujeres quienes derramaron sus vidas en la familia y en la iglesia y en la comunidad por amor de Cristo. Conozca su fe y sea animado por ellos e imíteles. Ése es el propósito de Hebreos 11.

TENER PACIENCIA, HACER, Y OBTENER
O, pudiéramos tomar los versículos 35-36 en el capítulo 10 y decir que ellos expresan lo que está en juego al leer el capítulo 11. El escritor nos ruega: “Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. Note el patrón de tres pasos: 1) tenga paciencia mientras confía en Dios; 2) haga la voluntad de Dios en el poder de ésa confianza; y 3) obtenga lo que le es prometido.

En esta mañana, mientras damos otro paso en Hebreos 11, me siento impulsado a enfatizar, la necesidad de nuestra paciencia, como dice el versículo 36: “tenéis necesidad de paciencia”. Antes de ayer, estuve en Charlotte para la reunión anual de la Alianza Cristiana y Misionera. David Wells fue uno de lo oradores, y tuvimos oportunidad de una breve conversación. Hablamos de los peligros de la debilidad doctrinal expandiéndose en un evangelicalismo que se define a sí mismo cada vez más en términos y métodos y relaciones interpersonales antes que en la verdad. En un momento de la conversación, él dijo algo muy crucial, y luego lo repitió en su mensaje. Dijo que muchas personas no se percatan de cuán vulnerables son y cuán peligrosa es la vida de fe.

Quiso decir que no debiéramos dar por sentada la fidelidad de nuestras iglesias o de nuestras denominaciones o iglesias o familias o, incluso, de nuestros propios corazones, como si la paciencia vigilante y consciente no fuera algo continuamente necesario. Sin nuestra ferviente atención a la verdad y a la fe, todo decae, incluyendo nuestro propio peregrinaje con Dios.

Así que, con una preocupación renovada por mi propia fe, por la fe de nuestra iglesia, y por la fe de nuestras almas y de nuestra familia, digo en esta mañana las palabras de Hebreos 10:36: “tenemos necesidad de paciencia”. ¡Tenemos necesidad de paciencia! ¡Oh, cuán claramente lo vi en las vidas de los pastores a quienes hablé en Charlotte, algunos con lágrimas, quienes habían perdido su gozo y su pasión y no sabían si podían seguir adelante en el ministerio! El problema de la paciencia, y la perseverancia por un largo período, y de permanecer vivo, y de prosperar y ser renovado cada día, y de encontrar paz para terminar la carrera, es un problema inmenso para cada uno de nosotros. Y no hay descanso en las experiencias pasadas. No hay deslices casuales. El celo de hoy puede convertirse en la duda y el aburrimiento de mañana. Y la sensación de aletargamiento espiritual de hoy puede convertirse en el éxtasis y poder de mañana.

LOS HOMBRES DE ANTAÑO OBTUVIERON APROBACIÓN
Es por esta razón que Dios nos dio Hebreos 11. Es un ejemplo tras otro de fe verdadera, para que podamos ser “imitadores de los que mediante la fe y la paciencia [el sufrimiento prolongado, la perseverancia] heredan las promesas”.

Ahora, para establecer la conexión entre el texto de la semana pasada y el de hoy, usted puede recordar que, la semana pasada, no dije palabra alguna sobre Hebreos 11:2. Estaba guardándolo para hoy. Hace un puente perfecto con el texto de hoy. Leamos los versículos 1-2: “Ahora bien, la fe es la certeza [o substancia] de lo que se espera, la convicción [o evidencia] de lo que no se ve. Porque por ella recibieron aprobación los antiguos”.

Permítanme parafrasearla para mostrar su significado: Vemos que la fe tiene dos aspectos, como dice el versículo uno. 1) La fe es estar seguro de las promesas de Dios, que son dignas de que tengamos esperanza en ellas (“la substancia de lo que se espera”). 2) La fe es estar seguro de que el Dios invisible y Su mano en la creación realmente existen (“la evidencia de lo que no se ve”), lo que vimos ilustrado en el versículo 3. Y luego dice, en el versículo 2: vemos esto porque es mostrado en las vidas de los santos del Antiguo Testamento: “Porque por ella [por este tipo de fe] recibieron aprobación los antiguos [fueron autenticados por Dios, o agradaron a Dios].”

Así que las vidas de los santos del Antiguo Testamento son ilustraciones de este tipo de fe. Ellas no demuestran que la fe es lo que dice el versículo 1. La ilustran. De hecho, el escritor no trata de probar que esto es fe, a final de cuentas. Él ve todo esto como una de las teorías más básicas de la naturaleza de la realidad. Toda su interpretación del Antiguo Testamento pende de ella. Permítanme mostrarles simplemente lo que quiero decir.

Las dos primera ilustraciones del Antiguo Testamento que él da sobre la verdad del versículo 2 (que los antiguos recibieron aprobación por ella), son Abel, el segundo hijo de Adán y Eva, y Enoc, la séptima generación después de Adán, mencionado en Génesis 5. Así que dice en el versículo 4: “Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo [esta es la aprobación de Dios], dando Dios testimonio [la misma palabra de nuevo] de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla”. Así que el escritor se enfoca, con Abel, en que Dios aprobó su ofrenda al contarlo como justo. Y dice que la clave de la aprobación a Abel fue que hizo su ofrenda por la fe. No solo es importante lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. ¿Expresan nuestras acciones “la certeza de lo que se espera”?

Entonces, en el versículo 5, menciona a Enoc como ejemplo del principio del versículo 2 (que los antiguos recibieron aprobación por fe): Por la fe Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muerte; y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio [aquí está la misma palabra del versículo 2: recibieron aprobación, o testimonio] de haber agradado a Dios”. Dos veces, en Génesis 5 (versículos 22 y 24), Moisés dice que Enoc “anduvo con Dios”. Es por esto que el escritor a los Hebreos dice que Enoc agradó a Dios. Así concluye que “por la fe” Enoc fue bendecido por Dios al ser trasladado al cielo.

¿POR LA FE?
Ahora el escritor está totalmente consciente del problema que ha creado. Ha elegido santos del Antiguo Testamento para ilustrar este principio en el versículo 2 (que por la fe los antiguos recibieron aprobación), cuando de hecho, en ninguna de esas historias del Antiguo Testamento se menciona la fe. Esto no es un desliz. Él sabe exactamente lo que hace. Y si estamos dispuestos a seguirlo, veremos cuán profunda es esta revelación.

Su argumento de la naturaleza de la fe no parte de estos textos del Antiguo Testamento. No está diciendo: ya que descubrí que la fe fue mencionada en estas historias, entonces la fe debe ser el modo en que ellos agradaron a Dios. De hecho, su argumento es justamente el opuesto. Él ve la fe en las historias, no porque sea mencionada, sino porque estos hombres, de hecho, agradaron a Dios, y no hay otro modo de agradar a Dios que por la fe.

Vea el versículo 6. Éso es lo que dice. Vea nuevamente la idea del versículo 5. Termina diciendo que Enoc “recibió testimonio de haber agradado a Dios”, es decir, anduvo con Dios. Entonces, el versículo seis retoma este detalle de que Enoc agradó a Dios y lo argumenta de este modo: “Y sin fe es imposible agradar a Dios”. Ahora, es por esta razón que él ve fe en las vidas de Abel y de Enoc. La Biblia dice que los dos agradaron a Dios, Abel en su “mejor sacrificio”, y Enoc al andar “con Dios”. Y, entonces, el escritor concluye que esta ofrenda y esta comunión con Dios debieron haber sido por fe, porque “sin fe es imposible agradar a Dios”.

Ahora, este es un razonamiento muy básico. Y, ¡oh! cuánto oro para que todos ustedes respeten y cultiven, en las mentes que Dios les dio, el razonamiento de las Escrituras. Si alguien me hubiera mostrado, cuando joven, que la Biblia, antes de afirmar, razona, entonces no me hubiera tomado hasta los 22 años para comenzar a descubrir tantas de las riquezas de la Palabra de Dios. Esto es un razonamiento básico. Yo diría que un niño promedio de 8 o 9 años podría comprenderlo.

DOS DECLARACIONES QUE LLEVAN A UNA CONCLUSIÓN:
Declaración #1: “sin fe es imposible agradar a Dios”, o dicho positivamente, “Solo con fe es que nuestra obediencia agradará a Dios”.

Declaración #2: Enoc agradó a Dios. Entonces, ¿cuál es la conclusión? • Conclusión: Enoc tenía fe. O: fue por fe que Enoc anduvo con Dios y fue trasladado al cielo. Así es como el escritor llega a la declaración del versículo 2: “Porque por ella [por la fe] recibieron aprobación los antiguos”.

¿POR QUÉ ES QUE LA FE AGRADA A DIOS?
Pero aún no hemos llegado al fondo del asunto. El argumento aún no descansa en la verdad más profunda sobre Dios. Sí, Enoc agradó a Dios. Sí, sin fe es imposible agradar a Dios. Sí, por tanto, Enoc (y Abel) tenía fe, y actuó por fe, ilustrando el principio del versículo 2. Pero, ¿de dónde es que proviene esta premisa (esta declaración) de que “sin fe es imposible agradar a Dios”? ¿Cuál es el fundamento de esa declaración? ¿Cuál es la base? ¿Cuál es el fondo?

Él da la respuesta en la última parte del versículo 6. Primero hace la declaración: “Y sin fe es imposible agradar a Dios”. Luego da el fundamento. Aquí está el fondo de todo: Sin fe usted no puede agradar a Dios “porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan”. Por esta razón es que solo podemos agradar a Dios por la fe.

Hay dos partes de la fe en este versículo que muestran por qué agrada a Dios. El escritor no va más allá de esto. Él apoya su argumento en esta razón. Éste es el fundamento de todo. Primero, dice que la fe cree que Dios existe. Segundo, dice que la fe cree que Dios es remunerador de los que le buscan. Ya que la fe tiene estas dos características, por ello: agrada a Dios.

Ahora, medite conmigo por un momento y llegará a conocer más profundamente a Dios, quizás, más que nunca antes. Es por esto que este versículo está aquí, para que usted conozca a Dios. Él no dice por qué es que Dios se agrada por estos dos aspectos de la fe. Solo dice que lo hace. Hay algo sobre la naturaleza de Dios que lo hace obvio. No necesita un argumento. El hecho de que Dios se agrade de estos dos aspectos o características, pertenece a la misma esencia de lo que significa ser Dios.

ÉL ES REAL, Y ES REMUNERADOR
Digámoslo con nuestras propias palabras. Dios se agrada de nosotros cuando en nuestra relación con Él se reflejan dos aspectos. Uno: que Él es real, y el otro: que Él es galardonador.

Detrás de estas dos afirmaciones sobre Dios hay dos verdades:

Dios existe absolutamente. Él no llegó a ser y nunca dejará de ser. Él no se está convirtiendo en algo, o está creciendo, o está cambiando. Él dijo: “YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14). Ése es Su nombre. Él es absolutamente. Por tanto, Él se agrada cuando su existencia absoluta es conocida y aceptada. Él se agrada cuando en nuestras vidas se refleja lo que Él es.

Detrás de la afirmación de que Dios es remunerador, está la verdad de que Dios es tan pleno y tan completamente auto-suficiente que sobreabunda. En lugar de necesitar nuestro servicio, Él es como un manantial inagotable de vida y energía y gozo y belleza y bondad y poder. Por tanto, a Dios le agrada cuando nos volvemos a Él en un modo que afirma esta verdad y se deleita cuando venimos a Él como nuestro galardonador.

Ahora, el escritor a los Hebreos solo afirma que esto es lo que hace la fe: la fe viene a Dios con confianza de que Él existe, y la fe viene a Dios con confianza de que Dios será un dador generoso. No está argumentando que la fe es así porque la haya encontrado definida en las historias del Antiguo Testamento. Está diciendo: debido a la realidad absoluta de la existencia de Dios, y de la plenitud de Dios, ésto es lo que debe ser la fe. Éste es el fin del argumento. Éste es el fundamento del razonamiento.

Pudiéramos decirlo de esta forma: lo que agrada a Dios es que nuestros corazones y mentes muestren la existencia de Dios y la belleza de Dios; que mostremos la existencia de Dios y Su excelencia; que mostremos cuán real es Él y cuán remunerador es. Ésto es lo que agrada a Dios, y es fe.

LA FE DEPENDE DE CÓMO ES DIOS, NO DE CÓMO SOMOS NOSOTROS
Ésto nos lleva de vuelta al versículo 1. Note cómo las dos partes del versículo 6 corresponden a las dos partes del versículo1. “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Ése es el versículo 1. La “convicción de lo que no se ve” corresponde a que la creencia de la fe en que Dios existe (6a). Y la “certeza de lo que se espera” corresponde a la creencia de la fe en que Dios es remunerador de los que le buscan (versículo 6b). La fe tiene, al menos, estos dos componentes: uno es la convicción de que hay un gran Dios invisible quien existe absolutamente y no depende en lo más mínimo de nosotros. Y el otro es la certeza de que este gran Dios invisible es un Dios de amor y abundancia y libertad y gracia soberana para todos los que le buscan en verdad.

Comienzo diciendo que en nuestros días, la vida de fe es vulnerable y peligrosa. Las escuelas, las denominaciones, las iglesias, las familias, y las almas son vulnerables a la sutil intrusión del mundo y el pecado y el error y de Satanás. La vigilancia y paciencia son cruciales para nuestras almas y familias e iglesias y escuelas cristianas.

Lo que hemos visto en Hebreos, ahora, es que la naturaleza de la fe y la vitalidad de la fe están fundamentadas en cómo es Dios, no en cómo somos nosotros. Usted no descubre qué es la fe cristiana al consultar las necesidades que siente. La descubre consultando la naturaleza de Dios. Por tanto, si quiere que su fe sea fuerte, y su alma sea fuerte, y su familia sea fuerte, y su iglesia sea fuerte, y su denominación y escuelas sean fuertes, conozca a Dios. ¡Conozca a su Dios!

Mientras más conozca cómo es Dios, más conforme a Su grandeza será su fe. Estará más y más seguro de las cosas que espera y más y más convencido de las cosas que no se ven. Y la existencia y plenitud de Dios serán maravillosamente mostradas en su vida.

​John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Episodio 3 – ¿Cómo oro sin cesar?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Cómo oro sin cesar?

Episodio 3

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

Episodio 2 – ¿Qué es la Adoración?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Qué es la Adoración?

Episodio 2

 

SOBRE NOSOTROS

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Episodio 1 – ¿Qué es el Reino de Dios?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Qué es el Reino de Dios?

Episodio 1

“El reino” es un gran tema para Jesús. En la traducción ESV(English Standard Version)la palabra “reino” se menciona 126 veces en los evangelios. Pero luego,reinosolo se menciona 34 veces en el resto del Nuevo Testamento, lo que motivaa Christopher del Reino Unido a escribirnos“¡Hola, Pastor John! Muchas gracias por su excelente podcast APJ. ¡Estoy maravillado de todo el esfuerzo que usted pone en contestar preguntas complejas y difíciles a total desconocidos, como yo! Mi pregunta para usted es la siguienteEl evangelio de Mateo está lleno de 55 referenciassobre el “reino” venidero. Pero desde el libro deHechos y en las epístolas, parece que hay muy poca mención de “el reino”. Entonces, ¿qué es este “reino de Dios”? ¿Es la iglesia o algo más grande?”.

Escucho dos preguntas cruciales: (1) ¿Qué es el reino de Dios? (2) ¿Por qué el reino Dios tiene mucha prominencia o mucho más enfoque explícito en las enseñanzas de Jesús, peromucho menos prominencia o mucho menos enfoque explícito en las cartasdel Nuevo Testamento? Permítanme hablar un pocosobre cada una de esas preguntas. 

Gobierno y Reinado

Creo que lo más importante que puedo decir sobre el reino de Dios que ayudaría a las personas a entender todos los usos de esta frase es que el significado básico de la palabra reinoen la Biblia esreinado de DiosREINADO, no reino [o imperio] ogente. El reinadocrea un reino [o imperio], el reinadocreaun pueblo, pero el reinadode Dios no es sinónimo de su reino [o imperio] o su gente.

Por ejemplo, consideremos elSalmo 103:19“Jehová estableció en los cielos su trono,Y su reino domina sobre todos.(RVR60). Puede escuchar el significado básico de la palabra reino como gobernar. No significa que su reino gobiernasobre su territorio o imperio; significa que el reinado o la autoridadde Dios gobierna todas las cosas.

Él se sienta como rey en su trono del universo, y su autoridadreal –su reino y su reinado – gobierna todas las cosas. El significado básico de la palabra reino en la Biblia es “la autoridadrealde Dios” —su reinado, su acción, su señorío, su gobierno soberano.

Salvar a los pecadores

 Dado que el propósito de Dios para el mundo es salvar a un pueblo para sí mismo y renovarel mundopara dichopueblo, su gobiernorealimplica unactividadde salvación y redención en su nombre. Es por esto que la venidadel reino en el Nuevo Testamento se le llamabuenas nuevas”.

 En y a través de Jesús, Dios, el rey, viene de una manera– una nueva manera –al mundo para establecer su gobiernode salvación. Primero, en los corazones de su pueblo y en sus relaciones, triunfando sobre el pecado, Satanás y la muerte. Luego, mediante el ejercicio de su reinado, reuniendo un pueblo para sí mismo en congregaciones que viven como ciudadanos de una nueva alianzadel reino– no de este mundo. Luego, Cristo viene por segunda vez y completa el reinado estableciendo cielosnuevos y tierra nueva.

 Ya, pero aun no

 La imagen que se obtiene acerca del reino en los Evangelios según lo revelan las enseñanzas de Jesús,es que éste es ambos: presente y todavía futuro. De hecho, esto es lo que Él quiso decircuando dijo[Mr 4:11que el misterio del reinode Dios”está aquí: presencia sin consumación.

 Por ejemplo, puedes escuchar la dimensión futura del reino en el Padre Nuestro: “Venga tu reino” (Mateo 6:10). Debemos orareso todos los días. Trae el reino, Señor. No esaquí como queremos que esté. Trae tu reino. Trae tu reinadopor completo en la vida de las personas, en mi vida, en el mundo.

 En Lucas 19:11, Jesús procedió a contar una parábola porque estaba cerca de Jerusalén, pero la gente supuso que el reino de Dios debía aparecer de inmediato. Pero Jesús sabía que no iba a venir de inmediato. El reino de Dios no aparecerá de inmediato, y sin embargo, repetidamente, Jesús dice: “El reino está cerca. Arrepentíos, porque el reino de Dios está cerca.

 De hecho, él es más explícito en Lucas 11:20: “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.”. Aún más explícitoLucas 17:21 dice “He aquí, el reino de Dios entrevosotros está.”.

 ¿Cómo puede el reino de Dios todavía no estar presente y ya estar presente? Él dice: “Ora por ello. Está viniendo. Todavía no está aquí. No va a serdeinmediato y, sin embargo, ya está presente entre ustedes, sobre ustedesestá cerca.”¿Cómo puede él decir todo eso?

 La respuesta es,que el reino de Dios,es el reinado de Diossu acción soberana en el mundo para redimir y liberar a un pueblo y luego, en un futuro, terminarlo[completar la obra]y renovar completamente a su pueblo y al universo.

 Cambiando el trono por una cruz

 Si preguntamos por qué el término “reino de Dios” o “reino de los cielos” es prominente y explícito en las enseñanzas de Jesús, pero mucho menos en las epístolas (lo cual es cierto), ¿qué debemos decir?

 Mi sugerencia es esta: Por un lado, durante la vida de Jesús, él caminaba sobre una línea muy fina entre darse a conocer como el Hijo de Dios y la presencia real del rey mismo;por el otro lado, entre guardarsede ser tomadoser hecho rey terrenal(como querían hacer en Juan 6).

 Estaban listos para venir y hacerle rey. Recuerda que Jesús repetidamente le dijo a la gente que no les contara a otros lo que habían visto (Mateo 17:9Marcos 7:36). Así les decía para no suscitarun malentendido generalizado acerca de la naturaleza de su reinadoque provocaraentre la gente una revuelta política paraarrastrarlo al trono como en Juan 6.

 No, él vino a ser crucificado. Por eso vino. Él vino a morir, no para ser puesto en un trono todavía. Él solo sería rey por medio de la crucifixión y la resurrección. Los discípulos apenas podían comprender eso.

 El Resucitado es el Señor

 Después de la resurrección, se podía ver con mucha claridad lo que los discípulos no pudieron comprender durante su vidacon ÉlEsto es,queel reino de Dios se revelaría gloriosamente en un rey crucificado y resucitado. Por lo tanto, el cambio que ocurreenninguna manera disminuye la importancia de lo que se enseñó sobre el reino durante la vida de Jesús. Pero sí cambiaAhora pone unénfasis abrumador en el rey mismo como el Señor crucificado y resucitado del universo.

 Estenuevo énfasis, que es más explícito en las epístolas, declara: “Jesús es el Señor”. De hecho, si me hubieras presionado, diría que “ha llegado a vosotros el reino de Dios” es casi sinónimo de“Jesús es el Señor”. O dicho de otra manera, “Jesús es el Señor” es casi sinónimo en las epístolas con el reino – el reinado– “el reyha llegado a vosotros”.

 No es solo que él ha llegado,sino quevendrá. Creo que probablemente hacemosbien hoy en tener esto en mentecada vez que destaquemos el reino de Dios. Asegurémonos de que nuestra enseñanza en las iglesias y en el mundo tenga como distintivola aplicación apostólica del reinado de Jesús. Es el señorío de Cristo crucificado y resucitado quien debe recibir el énfasis hoy.

Las personas orgullosas no agradecen


DESIRING GOD

JOHN PIPER

Las personas orgullosas no agradecen

Romanos 1:16–23

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Romanos 1:18–23 describe lo que es universalmente cierto de todas las personas que no se han sometido al poder del evangelio. Ellas han apreciado la verdad acerca de Dios desde la creación, pero sus inclinaciones naturales van tan fuertemente en contra de esta verdad, que la ocultan (v. 18). Las personas que aman el pecado odian la luz y no vendrán a la luz a menos que sus obras deban ser expuestas (Juan 3:20). Pero la luz de la verdad de Dios sigue resplandeciendo en el evangelio de Jesucristo (2 Corintios 4:4–6); y resplandece, para aquellos fuera del evangelio, en la obra de la creación.

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría” (Salmos 19:1–2). “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20).

Para aquellos que, mediante la gracia de Dios, aman la verdad y no quieren ocultarla, la creación se vuelve un deslumbrante libro de lecciones en teología. La creación enseña que existe una deidad, un Ser infinitamente maravilloso, que hizo el mundo. Enseña que este Ser es eterno y que tiene un estupendo poder. El mundo en su estructura molecular, visible y galáctica; y en su orden, lleva la marca de un Arquitecto. Y sí él es el Arquitecto de todo lo que existe, no fue creado por nadie y es eterno. Un eternamente poderoso e infinitamente maravilloso Creador de todas las cosas, se hace evidente en el libro de lecciones que es la creación. Pero eso no es todo lo que podemos leer en este libro.

Si existe un Dios todopoderoso e infinitamente glorioso que creó todas las cosas. Entonces yo también, soy su criatura. Y todo lo que tengo es de él. ¿Quién a no ser el Creador, da a los hombres vida, aliento, y todas las cosas (Hechos 17:25)? Parándome ante la irresistible lógica del libro de lecciones que es la creación, tengo que admitir que todo es un regalo. Es inconcebible que el Creador algún día tenga que deberme algo. ¿Pues cuando podría darle un regalo por el que deba ser recompensado? “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas” (Romanos 11:35–36). Yo no soy mío, le pertenezco a mi Creador. Mi existencia se debe a él, y por tanto mi existencia tiene que ser para él.

¿Pero que le puedo dar yo a mi Creador? Si él tuviere hambre no me lo diría, porque el mundo y todo lo que hay en él, es suyo. Las aves del aire, los gusanos en el campo, el ganado en los miles de montes, pertenecen a él (Salmos 50:10–12). Todo lo que existe es de Dios. No puedo mejorar a Dios. No puedo enriquecer ni adicionarle algo a Dios. Siempre seré, completa e ineludiblemente, el recipiente. No “es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo” (Hechos 17:25). ¿Cómo, pues, viviré para él? ¿Cómo le agradaré?

La respuesta a esta pregunta, también está escrita en el libro de lecciones que es la creación reflejada en nuestra propia conciencia. ¡Debo estarle agradecido a él! Sino puedo añadirle algo a su gloria, entonces debo honrar su gloria. Si existe un Dios eternamente poderoso e infinitamente maravilloso que creó todo lo que existe, entonces existe solamente un destino justo para sus criaturas -vivir para la alabanza de su gloria… unirnos a nuestro Creador en su propósito de hacer que su poder y gloria sean conocidos y amados entre las naciones. ¿Cómo honrará una mera criatura la gloria de su Creador? Todos conocemos la respuesta a esa pregunta: Honramos su gloria queriéndola y estando agradecidos. “El que sacrifica alabanza me honrará” (Salmos 50:23).

La gratitud honra a Dios. La gratitud es el eco de la gracia cuando repercute a través de los recovecos del corazón humano. Gratitud es aceptar un regalo gratuito sin sentir vergüenza y declarar de todo corazón que lo que queremos no lo podemos comprar. Por tanto la gratitud glorifica a la gracia gratuita de Dios y representa la humildad de un necesitado y receptivo corazón.

Es realmente asombroso cuánto podemos conocer acerca de Dios y nuestro deber, al solo ponderar honestamente la lección del libro de la creación: que existe un Ser infinitamente maravilloso quien hizo todas las cosas, tiene un poder eterno, a quien debemos la vida, el aliento y todo lo demás; a quien, por tanto, debemos glorificar y agradecer desde el fondo de nuestros corazones día y noche. Ninguno que comprenda la realidad en que vive necesita la Biblia para saber que debe glorificar y dar gracias a Dios. Está escrito en el cielo y en el corazón humano –sin embargo, nadie obedece.

“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias” (Romanos1:21). “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). “Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de… (Romanos 1:22–23).

Lo que Pablo quiere decir en (Romanos 3:23) con ‘todos los hombres están destituidos de la gloria de Dios’, está explicado en Romanos 1:23 -todos cambiaron la gloria de Dios por imágenes. Así que el significado del pecado está claro: el pecado es tomar el diamante que es la gloria de Dios, llevarlo a la casa de empeños del orgullo, y empeñarlo por el mármol quebrado de la autosuficiencia. Note el versículo 22: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de…” Toda la creación da testimonio de que somos las criaturas de un Creador eternamente poderoso e infinitamente glorioso, y que debemos querer su gloria por encima de todas las cosas, que debemos agradecerle de todo corazón día y noche. Pero por alguna misteriosa razón el corazón humano repudia esa verdad y la oculta (v. 18), o como dice el versículo 25, nosotros cambiamos la verdad acerca de Dios por una mentira. ¿Por qué? Porque queremos que piensen que somos sabios. “Profesando ser sabios […] cambiaron la gloria de Dios.”

La razón por la que el corazón humano repudia la verdad que enseña la creación, es que ésta es demasiado humilde. Desde el profundo mar hasta el brillante cielo, la creación grita que Diostiene poder eterno, que Dios es un Ser infinitamente maravilloso, que Dioses el Creador de todo lo que existe, y que somos totalmente dependientes de su absoluta libertad de decisiones para crear y sostener nuestra vida o no. Y, por lo tanto, debemos glorificarle a él y no a nosotros, y darle las gracias a él y no tomarnos el crédito para nosotros. ‘Pero las personas orgullosas no agradecen’ La gratitud es el eco de la gracia cuando repercute a través de los recovecos del corazón humano. Pero las personas orgullosas no necesitan la gracia. No creen que sus corazones estén vacíos sin Dios. ¡Están llenos de sabiduría! Y, “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de.…” Las personas orgullosas no agradecen. Con los labios apretados toman el diamante, que es la gloria de Dios, entran a la casa de empeños del orgullo, y lo empeñan a cambio del mármol quebrado de la autosuficiencia. Después se llevan este pequeño ídolo a casa, lo ponen en el manto de sus mentes, y se postran ante él en cientos de formas diferentes cada día. “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos […] Profesando ser sabios…”. Las personas orgullosas no dan las gracias.

Ahora bien, aquí debemos evitar señalar con el dedo en vano, como si Madalyn Murray O’Hair, o Hugo Heggner, o alguna tribupagana fueran los únicos acusados en este caso. Nosotros, que conocemos bien a Dios, también estamos señalados en este texto. Hay una prueba que usualmente uso para humillarme a mí mismo frente al Señor. Se la recomiendo. Considere la espontaneidad y la intensidad de la ira, cuando alguien levanta falso testimonio contra usted, o interrumpe su concentración, o se cuela delante de usted en la tienda de comestibles Country Club; compare esas emociones con la intensidad y la espontaneidad de la indignación cuando alguien levanta una calumnia acerca de Dios, y cuando sus mandamientos son quebrantados y las personas se ponen por delante de él. O considere la emoción sincera que experimenta cuando consigue un ascenso, o una inesperada ventaja fiscal, o un reconocimiento de su superior; y compare esta sincera emoción con la sinceridad y la intensidad de la emoción que siente cuando contempla el carácter de Cristo y la gloria de Dios. Un momento de reflexión nos humillará, virtualmente, a todos. Nuestros corazones están vivos, son rápidos, son sensibles, son receptivos y están llenos de emociones hacia las cosas que conciernen a nuestros placeres materiales y nuestro ego. Pero Oh, ¡cuan lentos y que aburridos y que indiferentes y que lacónicos somos intelectualmente hacia la realidad de Dios! Por tanto, no señalemos con nuestro dedo a otros que empeñan la gloria de Dios a cambio del mármol quebrado de la autosuficiencia. Existe suficiente evidencia en nuestra propia vida emocional, para probar que nosotros también, hemos apenas comenzando a inclinar, nuestros sentimientos hacia el diamante de la gloria de Dios.

Tenemos una profunda necesidad de contribución y arrepentimiento. La razón por la que recalco esto en el domingo que precede a una de las vacaciones más felices del año, es porque quiero que el jueves experimenten la mayor cantidad de gozo, proveniente de corazones con profunda gratitud. Las personas orgullosas no agradecen, y nosotros padecemos profundamente de orgullo. Si no comenzamos nuestra Festividad con un arrepentimiento, simplemente nos estaremos uniendo al mundo en el irónico ejercicio de la Festividad tratando de mostrar un genuino sentimiento de gratitud a cambio del quebrado mármol de la autosuficiencia.

Sé que pudiera unirme al popular coro de escritores y predicadores que constantemente nos dicen cuan hermosos somos. Pudiera pulirle su mármol. Pudiera ponerlo en un lugar seguro, detrás de las caricaturas de calvinísticos predicadores que apalean el pecado y niegan el gozo. Yo pudiera ponerlo bajo el foco de un eslogan como, ‘Si va a ser, depende de mi.’ Y quizás unos pocos de ustedes, cuyo conocimiento de la Biblia y de su propio corazón es poco profundo, dirían, ‘Ah, dulces palabras. Oigan como ama a su pueblo, los hace sentir enteros en lugar de rotos.’ Pero Dios me reprendería con las palabras de Jeremías 6:14, “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.”.

Es como si yo fuera un médico y usted viniera a mí con una profunda herida en la planta de su pie, ocasionada por un trozo de vidrio que se hallaba escondido en el fango. Sus amigos están de pie y observan como, cuidadosamente, limpio con un algodón la piel alrededor de la herida, y la saturo. Ellos se maravillan de lo compasivo que parezco y de lo tiernamente que manipulo el área sensible, y de lo expertamente que realizo la sutura, y de lo bien que se encuentra la piel. Pero mi médico jefe, muy ecuánime, se aproxima después y dice, ‘Tienes una buena actitud ante el paciente, Piper; hiciste una sutura; creo que se fueron felices, pero el fondo de esa herida estaba llena de fango cuando la cerraste. Y para el Día de Acción de Gracias ese pié va a estar infectado’. ‘Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: ‘Paz, paz,’ cuando lo que hay es orgullo, orgullo’ Raspen el fango para sacarlo de la herida. Es posible que hoy duela, pero para el jueves saltarán como los corderos del establo.

Mi deseo para ustedes es que su gratitud hacia Dios, este agradecimiento, sea muy profundo, muy auténtico y muy alegre. La razón por la que esto puede ser posible es que Dios da gracia a las personas que odian su orgullo y que están quebrantadas debido a su pecado. David saboreó esta gracia y dijo, “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado, no despreciaras tú, Oh Dios” (Salmos 51:17). Y Dios mismo da testimonio de su gracia con palabras similares en Isaías 57:15, “Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”

Para el verdadero hijo de Dios el repetido descubrimiento de su propio pecado trae consigo un dolor piadoso que produce arrepentimiento, lleva a la salvación y no deja remordimiento (2 Corintios 7:10). No soy capaz de comprender a las personas que dicen que no debemos abogar por la contrición y la pobreza de espíritu de aquellos cuyos pecados han sido perdonados y están siendo renovados en el Cristo que mora en su interior. Es precisamente porque Cristo me ama tanto que la frialdad de mi celo en la oración, en la meditación, en la adoración y en el testimonio, me aflige tan profundamente. ¿Acaso debemos tomar el desgano de nuestra devoción a la ligera porque él es tan amable? ¿Nunca le han hecho llorar de remordimiento, precisamente porque le han perdonado?

Le ruego a Dios que exista un gran agradecimiento de corazón, hacia Dios, en cada uno de sus hogares esta semana. Le pido que algunos de ustedes se encuentren a sí mismos cantándoles al Señor, que algunos de ustedes escriban una oración de alabanza en su diario, que algunos compongan poemas de agradecimiento, que algunos hagan una larga lista de bendiciones, que algunos pasen un tiempo especial a solas con Cristo y que algunos le digan a su esposa, esposo, o amigo, “Le doy gracias a Dios por tenerte a ti.”

Pero las personas orgullosas no agradecen. Y así, he presentado delante de ustedes, tres verdades muy humildes para mejorar su agradecimiento. La primera verdad: La naturaleza nos enseña que un Ser infinitamente maravilloso y eternamente poderoso nos creó a y a todo lo que tenemos. Por tanto, somos sus criaturas. Él es nuestro dueño. Nuestra vida, nuestro aliento, y todo lo que tenemos es un regalo. Nuestro deber es, simplemente, estarle agradecidos de corazón y apreciar profundamente su gloria. La segunda humilde verdad es que todos estamos lejos de cumplir este deber. No hemos apreciado consistentemente el diamante de la gloria de Dios con un afecto que llegue siquiera cerca de su valor real, sino que lo hemos cambiado una y otra vez por mármoles quebrados, que en nuestra gran ‘sabiduría’ hemos determinado como más valiosos. La tercera humilde verdad es que Dios, en su gran misericordia, envió a su hijo a sufrir el juicio de los que están quebrantados y contritos en espíritu y confían en él.

Las personas orgullosas no agradecen. Pero los que creen estas tres verdades, lo hacen desde lo profundo de sus corazones. La verdad de que somos criaturas totalmente dependientes, la verdad de que somos pecadores depravados y la verdad de que estamos redimidos y completamente perdonados a través de la fe contrita. Si estas tres verdades penetran a su corazón esta mañana, le vaciaran de orgullo y llenaran con agradecimiento hacia Dios.

Piper, J. (2012). Colección de sermones de John Piper. Minneapolis, MN: Desiring God.

El descubrimiento más liberador

SEPTIEMBRE, 30

El descubrimiento más liberador

Devocional por John Piper

Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. (Filipenses 3:1)

Nunca antes me habían enseñado que Dios es glorificado cuando nos gozamos en él. Tal gozo en Dios es precisamente lo que hace que la alabanza sea un honor a Dios y no una hipocresía.

No obstante, Jonathan Edwards lo dijo de un modo muy claro y poderoso:

Dios se glorifica a sí mismo en las criaturas también de dos maneras: 1. Al aparecerse en… su entendimiento. 2. En comunicarse a sí mismo al corazón de ellos; y en el gozo y el deleite y disfrute de ellos en las manifestaciones que Dios hace de sí mismo… Dios es glorificado no solo porque ellos ven su gloria, sino también porque se regocijan en ella.

Cuando aquellos que ven su gloria se deleitan en ella, Dios es más glorificado que si solo la vieran… El que da testimonio de su idea de la gloria de Dios [no] glorifica a Dios tanto como el que también da testimonio de su aprobación de esa gloria y de su deleite en ella.

Este fue un descubrimiento impactante para mí. Debo buscar el gozo en Dios si he de glorificarlo como a la Realidad de más alta estima del universo. El gozo no es una simple opción que acompaña a la adoración. Es un componente esencial de la adoración.

Hay un nombre que le damos a aquellos que elogian aunque no se deleiten en el objeto de su alabanza: hipócritas. Este hecho —que alabar significa tener un placer consumado, y que el propósito más sublime del hombre es beber más y más de este placer— quizás haya sido el descubrimiento más liberador de mi vida.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 22-23

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Batallemos contra la incredulidad

SEPTIEMBRE, 29

Batallemos contra la incredulidad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando me pongo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto de la muerte, batallo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, lucho contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que, a su vez, es la raíz de tantos otros pecados. Por eso, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador, y mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios.

Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla —para vivir por fe en la gracia venidera—.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 61

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Nuestro bien es su gloria

SEPTIEMBRE, 28

Nuestro bien es su gloria

Devocional por John Piper

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6:6)

Una objeción común que se le hace al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios —pone mi felicidad por encima del honor de Dios—. Pero el hedonismo cristiano se opone categóricamente a esta postura.

Es cierto que nosotros, los hedonistas cristianos, vamos en pos de nuestros intereses y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Nos adherimos a la resolución del joven Jonathan Edwards: «Resuelvo: esforzarme para obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, haciendo uso de todo el poder, la fuerza, el vigor, la vehemencia, incluso la violencia, que sea capaz de ejercer, en todas las formas imaginables».

No obstante, hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que Dios está interesado en magnificar la plenitud de su gloria derramándola en forma de misericordia por nosotros.

Por lo tanto, la búsqueda de nuestros intereses y nuestra felicidad nunca está por sobre los de Dios, sino en los de Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor deseo de Dios es glorificar las riquezas de su gracia haciendo que los pecadores sean felices en él. ¡Sí, en él!

Cuando nos humillamos como niños pequeños, sin aires de autosuficiencia, sino corriendo felices al gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestros intereses y su gloria son un mismo objetivo.

Por consiguiente, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por sobre la gloria de Dios al buscar la felicidad en él.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 159-160

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