Mansos y Humildes como Jesús

Mansos y Humildes como Jesús
Jesús es Mayor: La supremacía de Cristo en un mundo caótico
MIGUEL NÚÑEZ

En este taller de la Conferencia Nacional TGC21, el pastor Miguel Núñez nos comparte acerca de la humildad y mansedumbre en la vida del cristiano.

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​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

8 maneras en que las pruebas nos ayudan

8 maneras en que las pruebas nos ayudan
Katie faris

¿Tomarnos por sorpresa? Sí. ¿Revelar nuestro temor, ansiedad, enojo y autocompasión? Sin duda. ¿Traer tristeza y dolor? Absolutamente. Las pruebas hacen muchas cosas, pero ¿qué bien traen a nuestras vidas?

En su carta a los judíos cristianos en la dispersión, Santiago entrega este imperativo: “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (Stg 1:2-3).

Estos son excelentes versículos para memorizar en una clase de escuela dominical, pero ¿qué pasa cuando perdemos nuestro trabajo y no podemos pagar la hipoteca? ¿De qué sirve la quimioterapia, estar en cuidados intensivos, sufrir un accidente de tránsito o persecución por nuestra fe?

Cuando la fe verdadera sobrevive el calor del refinamiento, el fruto es más dulce que el costo sufrido

Hay una razón por la cual Santiago nos dice que tengamos por sumo gozo cuando nos hallemos en pruebas como estas. Él sabe que cuando la fe verdadera sobrevive el calor del refinamiento, el fruto es más dulce que el costo sufrido. Aquí hay ocho maneras en que las pruebas ayudan a producir constancia.

1-Las pruebas profundizan nuestras vidas de oración
Cuando estamos abrumados, podemos orar como Josafat: “No sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti” (2 Cr 20:12). Como respuesta a noticias devastadoras, lloramos, ayunamos y oramos como lo hizo Nehemías (Neh 1:3-4). En medio de la preocupación, nuestras peticiones son dadas a conocer delante de Dios y echamos toda ansiedad sobre Él, porque tiene cuidado de nosotros (Fil 4:6; 1 P 5:7). Cuando nos hacen falta palabras para orar, “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” intercediendo “por nosotros con gemidos indecibles” (Ro 8:26). La oración humilde cultiva una dependencia de Dios, ataca nuestro orgullo y nos prepara para deleitarnos en el Señor, quien nos escucha y responde conforme a su sabiduría.

2-Las pruebas aumentan nuestro conocimiento de la Palabra y el carácter de Dios
Una temporada en el desierto nos invita a internalizar las promesas de Dios, a aprender como los israelitas errantes que nosotros no vivimos de pan solamente sino “de todo lo que procede de la boca del Señor” (Dt 8:3). El salmista dice: “Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda Tus estatutos” (Sal 119:71) y Job confiesa “He sabido de [Dios] solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Dios, con frecuencia, usa el sufrimiento para hacer crecer nuestro conocimiento de su Palabra y su verdadero carácter.

3-Las pruebas incrementan nuestra gratitud hacia nuestro Salvador
Cuando experimentamos dolor, recordamos la manera en que Jesús tomó de la copa de la ira de Dios en nuestro lugar. Él oró: “Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lc 22:42), y luego fue “herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Is 53:5).

La oración humilde cultiva una dependencia de Dios, ataca nuestro orgullo y nos prepara para deleitarnos en el Señor, quien nos escucha y responde conforme a su sabiduría

Nuestro dolor nos hace más conscientes del dolor de Jesús, incrementando nuestra gratitud por la agonía que sufrió en la cruz. También nos regocijamos porque a través de su sacrificio, nuestro pecado es perdonado y nuestra salvación asegurada. Recordamos y clamamos: “¡Gracias Jesús, por sufrir en nuestro lugar!”

4-Las pruebas nos hacen más como Jesús
Aunque los hermanos de José pensaron hacerle mal, “Dios lo cambió en bien” para mantener a muchos vivos durante la hambruna (Gn 50:20). Nuestro Dios redentor, quien obró nuestra salvación a través del doloroso sacrificio de Jesús en la cruz, continúa trabajando todas las cosas, incluyendo nuestras pruebas, para el bien de quienes lo aman (Ro 8:28-29). Una cosa buena que Dios hace a través de nuestras dificultades es hacernos más como Jesús, quién “aprendió obediencia por lo que padeció” (He 5:8).

5-Las pruebas nos equipan para consolar a los demás
En nuestras pruebas, Dios tiene la intención de consolarnos de una forma tan abundante para que rebosemos de un cuidado compasivo por los demás. Pablo escribe que Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción” (2 Co 1:4). Dios quiere que llevemos su consuelo a otras familias, amigos y vecinos. Nuestra experiencia en las pruebas nos ayudan a comprender lo que otros pudieran sentir y necesitar, y nuestra experiencia del consuelo de Dios nos prepara para estar al lado de ellos para orar y servirles con delicadeza.

6-Las pruebas preparan un eterno peso de gloria
Tal vez no podamos ver lo que nuestras pruebas están haciendo, pero están funcionando. Toda “aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación” cuando miramos los que no se ve (2 Co 4:17-18). Cada ida al centro de tratamiento. Cada montaña de papeles y cheques firmados. Cada noche sin dormir cuidando a niños enfermos. Rendido ante Él, todo es significativo en el reino de los cielos.

7-Las pruebas nos recuerdan que la tierra no es nuestro verdadero hogar
Añoramos la presencia de Dios en medio de la soledad. Las lágrimas mueven nuestros corazones hacia un lugar donde “no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor” (Ap 21:4). Los cuerpos enfermos esperan ansiosamente la llegada de los cuerpos nuevos. La muerte nos hace desear la resurrección. Estas pruebas nos recuerdan que esta tierra no es nuestro verdadero hogar. Aumentan nuestra hambre del cielo.

8-Las pruebas examinan y fortalecen nuestra fe
Las pruebas comprueban la autenticidad de nuestra fe, la cual llena nuestros corazones de la gozosa garantía de nuestra salvación y “resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo” (1 P 1:7). Este fortalecimiento de nuestra fe nos motiva a despojarnos “también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve”, y a correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús… quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz” (He 12:1-2).

Dios está haciendo algo a través de tus pruebas
Aún sabiendo todo lo bueno que producen nuestras pruebas, dudo que escogeríamos de manera intencional un sufrimiento para nosotros mismos o para aquellos a quienes amamos. Pero Dios es más sabio que nosotros. Sus caminos son más altos que nuestros caminos (Is 55:9), y Él utiliza nuestras pruebas para sus propósitos visibles y no visibles en nuestras vidas.

Tal vez no sepas lo que Dios está haciendo en una prueba en particular, pero dadas las muchas opciones presentadas en las Escrituras, puedes saber que Él está haciendo algo. Dado lo mucho que Él te ama, puedes saber que es para tu eterno bien. Esta es una buena razón por la cual podemos regocijarnos.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Lauren Charruf Morris.
Katie Faris es la esposa de Scott, y sus mejores trabajos en progreso son sus cinco hijos que abarcan las edades de 2 a 13 años de edad. Ella es la autora de Loving My Children: Embracing Biblical Motherhood (Amando a mis hijos: Abrazando la maternidad Bíblica). Ella se congrega en Sovereign Grace Church en Marlton, Nueva Jersey. Puedes leer más escritos de Katie en su sitio web, blog, Instagram o Facebook.

Los anhelos insatisfechos

Los anhelos insatisfechos.
EQUIPO COALICIÓN

¿Qué hacemos cuando nuestros corazones desean algo que el Señor ha decidido no conceder? Tal vez sea un hijo, un esposo, o una carrera. Cualquiera sea nuestro anhelo, Dios puede hacer mucho en nuestras vidas cuando esperamos en Él.

En este programa de Coalición Radio, Patricia Namnún, Ana Ávila y Gabriela de Morales conversan sobre la suficiencia de Cristo en medio de tribulaciones.

¿Psicología o Biblia?

¿Psicología o Biblia?
OSKAR AROCHA

Según investigaciones, la psicología es comúnmente la disciplina de estudio con más profesores ateos.[1] Este no es un dato difícil de creer, pero sí es un dato que se presta a ser mal representado. A menudo en círculos cristianos encontramos comentarios que promueven al rechazo abierto y completo de la psicología. Es cierto que debemos ser sospechosos de cualquier enseñanza cuya cosmovisión sea incorrecta, pero de manera similar la Escritura nos enseña que hay cierta nobleza en comparar todos los conocimientos a la luz de los principios de la palabra de Dios (Hch. 17:11). ¿No puede un cristiano aprender de un biólogo, médico, o psicólogo ateo? El espíritu cristiano no debe rechazar sin antes analizar, porque el amor todo lo cree (1 Co. 13:6). El llamado del cristiano es, entonces, a juzgar con juicio justo, conforme a las evidencias.

¿Para qué sirve la psicología?
En pocas palabras, la psicología es el estudio científico de la conducta y los procesos mentales que le acompañan. Debido a la complejidad humana, la psicología se divide en docenas de ramas interrelacionadas. En sentido general la Psicología tiene 4 metas que energizan sus avances: Describir la conducta observada; Explicar lo observado y su relación con diversos factores; Proponer teorías que puedan predecir futuros resultados, y; Proponer métodos que ayuden a modificar los trastornos o disfunciones hacia formas más deseables.

El resultado más común es que las evidencias que serán analizadas no serán distintas solo porque el analista sea cristiano. Evidencia de esto lo tenemos en el libro de Proverbios. Los proverbios sirven de ejemplo bíblico para mostrar los beneficios que podemos obtener luego de observar y estudiar la conducta humana. Muchos de los proverbios que encontramos en la Biblia no son mandatos, sino sabias conclusiones a la conducta observada que pueden ser identificadas por personas a quienes Dios en su gracia común les haya dado la sensibilidad o el talento para hacerlo. Por esa razón, no debe sorprendernos cuando encontramos en Proverbios mucho sentido común para todos los hombres y que en la historia otros hombres con sabiduría humana hayan alcanzado similares conclusiones sin influencia del conocimiento bíblico. Por ejemplo: “¿Has visto un hombre diestro en su trabajo? Estará delante de los reyes” (Prov. 22:29a) es sabiduría divina; “Quien bien come bien trabaja” es un refrán popular.

El conocido psicólogo Dr. Hobart Mowrer, ateo y suicida, que en su momento fue presidente de la asociación de Psicología Americana, fue de gran ayuda, rechazando la teoría de que los trastornos libraban a los pacientes de responsabilidad.[2] El Dr. J. Davies es uno de los profesionales seculares modernos que a manera de crítica han admitido que “muchos en vez de tener baja autoestima están plagados de amor propio y no son capaces de amar a otros”.[3] Todos podemos beneficiarnos de los estudios de la psicología. No obstante, cuando tratamos el tema de las causas, conclusiones fundamentales, o métodos de cambio, no debe sorprendernos que a menudo las interpretaciones estén significativamente inclinadas por los prejuicios seculares.

Consejería bíblica vs. Psicología secular
La diferencia distintiva de la consejería bíblica y la psicología secular se resumen en una palabra: “corazón”. La psicología rechaza el concepto de que el ser humano fue creado a la imagen de Dios, es decir, que fuimos diseñados por Dios, para funcionar a la manera de Dios, para los propósitos de Dios, y que en el centro de todo encontramos el corazón. Para la ciencia secular, el corazón no es más que el asiento de las emociones, pero las Escrituras muestran el corazón como el centro de control moral y de motivación de la persona. La Escritura usa la palabra corazón para incluir los pensamientos, las emociones, las decisiones, la conducta, las conversaciones, los deseos y todas las demás cosas en la vida de una persona. Por esa razón, cuando Dios habla de cambiar nuestras disfunciones, o pecados, lo define en términos espirituales, y nos provee de las buenas noticias de que nos dará un nuevo corazón (Ez. 36:26).

El conocimiento secular asume que para tener buenas interpretaciones y conclusiones no se puede incluir a Dios y sus enseñanzas como parte de los factores fundamentales. Esa premisa es exactamente lo que cataliza sus errores más comunes. Por ejemplo:

Asumen que la naturaleza humana es básicamente buena o no aceptan de que tenga una inclinación natural hacia el mal.
Promueven que las personas tienen la respuesta a sus problemas dentro de sí mismas.
Algunos proponen que la clave para entender y corregir las actitudes y acciones de una persona yace en alguna parte de su pasado.
Indican que los problemas de los individuos son el resultado de lo que alguien les ha hecho.
Enseñan que los problemas humanos pueden ser puramente psicológicos en su naturaleza, sin relación con ninguna condición espiritual.
Asumen que la palabra de Dios no tiene nada que ofrecer para los problemas profundamente arraigados y que solo los puede resolver un profesional mediante el uso de terapia.
Promueven que la guía Cristo-céntrica de las Escrituras, la oración y el Espíritu Santo son recursos inadecuados y simplistas para solucionar ciertos problemas.
Ignoran las causas fundamentales y le llaman causas a muchos factores circunstanciales.
Sus metas están definidas por los deseos de la sociedad, no lo que honra al Creador. En sentido general la psicología secular no define metas más allá de cambios observables en la conducta.
En cambio, la consejería bíblica aspira ser fiel al diseño de Dios, sabiendo que sin un corazón que anhele a Dios sobre todas las cosas, es imposible agradar a Dios (Heb. 11:1-6). Un cambio real, significativo y duradero necesita la gracia de Dios que fue comprada con la sangre de Jesús, y que llega a los pecadores por medio de un cambio en el corazón.

¿Qué hago si soy psicólogo o estudiante de psicología?
¡Maneja con precaución! El Dr. Sam Williams, profesor de Consejería en el Southeastern Baptist Theological Seminary recomienda que si no eres hábil en el pensamiento crítico y en el conocimiento bíblico, teológico y apologético, serás absorbido, y terminarás funcionando principalmente como un psicólogo que también es cristiano, y no como uno que principalmente es cristiano y que también es psicólogo. Sin embargo, si estás preparado para asumir el reto, habla con tu pastor. Si quieres ser misionero en un ambiente académico hostil, mi recomendación sería que por cada hora de clase o libro de psicología, estudies un libro de teología, uno de consejería Bíblica y uno de apologética o cosmovisión cristiana.

[1] Neil Gross, Sociology of Religion, p 70, 2009

[2] Larry Crabb, Effective Biblical Counseling & Basic Principles of Biblical Counseling.

[3] J. Davies, “The Importance of Suffering: The Value and Meaning of Emotional Discontent”, citado en Reflexiones sobre la Fe y el Sufrimiento: Caminando Con Dios en medio del Sufrimiento de Dr. Tim Keller.

Crédito de imagen: Lightstock.

​Oskar Arocha es Ingeniero Agrónomo, y posee una maestría en Estudios Teológicos (M.T.S.), del Seminario Bautista Reformado, en Carolina del Sur. Conoció al Señor en el año 1981, y fue ordenado como diácono en el año 2006, en la Iglesia Bautista de la Gracia. A lo largo de su caminar con Cristo, Oskar ha servido como líder de jóvenes, coordinador de eventos de parejas, director de alabanza, y otros ministerios más.

10 Promesas Para Padres

10 promesas para padres
KEVIN DEYOUNG

Es probable que tengas en algún lugar algunas promesas por las cuales orar por tus hijos.

Es probable que tengas buenos versículos para niños en tu refrigerador que hablan acerca de la obediencia, la bondad, y el compartir con otros.

Es probable que tengas algunos versos en espera para compartir con los pequeños cuando se vuelvan desafiantes y respondones.

Todo esto es bueno. Pero, ¿tienes algunos versículos para ti?

Mis hijos necesitan promesas de la Biblia, pero la mayoría de los días yo las necesito aún más. Soy propenso a vagar, propenso a dejar al Dios que quiero que ellos amen. Así que aquí hay diez promesas de la Biblia que todo padre cristiano debe recordar, especialmente el padre cristiano que escribe este artículo.

  1. “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3). Puesto que el versículo se refiere a pruebas de distinto tipo, supongo que Santiago está hablando de otras cosas diferentes, no solo del martirio y la muerte. Niños que no duermen, tortuosas horas de ir a la cama, pies llenos de barro, jugo de naranja derramado, adolescentes de mal humor, todo esto también cuenta. Y debemos recibir todo esto con sumo gozo, incluso aún cuando se sienta como el mayor dolor. Dios promete que trabaja en nosotros para producir paciencia.
  2. “Humíllense en la presencia del Señor y El los exaltará” (Santiago 4:10). Estás cansado, asustado, derrotado, agotado sin medida. Bien. Humíllate y Dios promete exaltarte.
  3. “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1). No depende de mí, no se trata de mí, mis hijos no son para mí, no enloquezcas más, deja de confiar en los caballos y los carruajes.
  4. “Un don del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre” (Salmo 127:3). Ellos lo son, realmente, verdaderamente, y justamente eso son: así sea que ya sea que tengas un hijo o dos, o diez o veinte, Dios te ha dado a esos niños porque te ama. El mundo piensa que son una carga: Dios nos dice que son bendición.
  5. “La suave respuesta aparta el furor, pero la palabra hiriente hace subir la ira” (Proverbios 15:1). Sí, estos versículos también son para los padres. La ira en nuestros hijos sale de sus corazones, pero la forma grosera en que ellos han aprendido a expresarla puede haberse generado por nuestro ejemplo. ¿Por qué pienso que mi gasolina ayudará a apagar sus fuegos?
  6. “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). La única manera de ser un padre fuerte es ser un padre con dominio propio.
  7. “Mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:30). Ser padre es un trabajo duro, punto. Pero ser padre para llenar las expectativas de tu (llena el espacio: madre, suegra, amigas, vecino de al lado, o tu propio dictador interior) es imposible. Sé padre por amor de Cristo, Él promete que no te abrumará con cargas imposibles.
  8. “Y no se olviden ustedes de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:16). Dios sabe que sacrificas tu tiempo, tus deseos, tu sueño, tu dinero, y a menudo tus propios sueños por tus hijos. Él ve eso y sonríe.
  9. “Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio, pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey” (Proverbios 14:4). Todo es un desastre, todo el tiempo, ¿qué otra cosa esperábamos? Tenemos bueyes sucios sueltos por ahí. Pero la alegría, los recuerdos, las risas, la santificación y el crecimiento en el evangelio también crecen a partir de esos animales salvajes.
  10. “Pero Él da mayor gracia” (Santiago 4:6). ¡Ah, la dulce gracia! Gracia para perdonar tu impaciencia (otra vez) y tu pereza (de nuevo). Gracia para levantarte cuando estés caído, gracia para continuar en tu camino. Y gracia para llevarte a casa.

Publicado origigalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Carlos A. Franco
Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

La adoración al yo es la religión que más crece en el mundo

La adoración al yo es la religión que más crece en el mundo

THADDEUS WILLIAMS

En su reciente libro Good Faith: Being a Christian When Society Thinks You’re Irrelevant and Extreme [De buena fe: Ser cristiano cuando la sociedad piensa que eres irrelevante y extremista], David Kinnaman y Gabe Lyons documentan que el 84% de los estadounidenses creen que «disfrutar de ti mismo es el objetivo más alto de la vida».

Además, el 86% cree que para disfrutar hay que «buscar las cosas que más deseamos».

Y el 91% afirma esta declaración: «Para encontrarte a ti mismo, mira dentro de ti».

En nuestros días, la respuesta del Catecismo de Westminster se ha invertido: «el fin principal del hombre es glorificarse y disfrutar de sí mismo por siempre». Incluso se podría argumentar que el culto al yo es la religión que más crece en el mundo. Es, sin duda, la más antigua del mundo (basta con leer Génesis 3). Además, esta religión se encuentra detrás de muchos de los temas sociales y políticos más candentes de nuestros días.

Seis mandamientos

Estos son los mandamientos sagrados de esta antigua religión mundial que sigue en tendencia:

  1. Tu mente es la fuente y el estándar de la verdad, así que, pase lo que pase, confía en ti mismo. #LaRespuestaEstáDentro.
  2. Tus emociones tienen autoridad, así que nunca cuestiones (ni dejes que nadie cuestione) tus sentimientos. #SigueTuCorazón.
  3. Tú eres soberano, así que despliega tu omnipotencia y dobla el universo en torno a tus sueños y deseos. #ViveTuVerdad.
  4. Tú eres supremo, así que actúa siempre de acuerdo con tu fin principal, para glorificarte y disfrutar de ti mismo por siempre. #YOLO (acrónimo de «you only live once» [solo se vive una vez]).
  5. Tú eres el summum bonumel estándar de la bondad, así que no dejes que nadie te oprima con la anticuada noción de ser un pecador que necesita gracia. #NuncaCambies.
  6. Tú eres el Creador, así que utiliza ese poder creativo ilimitado para forjar tu identidad y tu propósito. #Autenticidad.

¿Cuál es el problema?

La adoración al yo se encuentra detrás de muchos de los temas sociales y políticos más candentes de nuestros días

Este es el problema con este culto de adoración propia, además del problema obvio de ser una rebelión contra Dios: cuando tratamos de ser nuestras propias fuentes de verdad, poco a poco nos volvemos locos. Cuando intentamos ser nuestra propia fuente de satisfacción, nos volvemos un desastre. Cuando nos convertimos en nuestro propio estándar de bondad y justicia, nos volvemos unos fariseos odiosos. Cuando buscamos la glorificación propia, nos volvemos más indignos.

¿Por qué? Es muy sencillo. Nosotros no somos Dios. No se supone que debamos confiar ni estar definidos, ni satisfechos, ni cautivados por nosotros mismos. Fuimos hechos para reverenciar a alguien infinitamente más interesante y asombroso que nosotros mismos. Venimos a ser más verdaderos y libres cuando permanecemos en un estado de reverencia olvidadiza de nosotros mismos. 

Como dijo Albert Einstein: «Una persona empieza a vivir cuando puede vivir fuera de sí misma».

Cuanto más ensimismados estemos, menos asombro experimentaremos; cuanto menos asombro experimentemos, menos plenos y libres seremos nosotros mismos.

Más de 35 000 personas al año hacen el incómodo viaje al Monte Everest en Nepal, 4,5 millones al Gran Cañón, 3,5 millones a Yosemite y 30 millones a las cataratas del Niágara. En el fondo, anhelamos asombro. Estamos hechos para ello y la ciencia está poniéndose lentamente al día con esta antigua verdad bíblica.

El científico Paul Piff, de la Universidad de California en Irvine, acuñó el término «pequeño yo» para describir este fenómeno. Después de exponer a sus participantes a varios «provocadores de asombro», informó Piff, «encontramos el mismo tipo de efecto: las personas se sentían más pequeñas, menos importantes y se comportaban de forma más prosocial». Las personas asombradas eran más generosas, más atentas a las necesidades de los demás y más solidarias con el mundo natural.

Fuimos hechos para reverenciar a alguien infinitamente más interesante y asombroso que nosotros mismos

Michelle Lani Shiota, científica del comportamiento de la Universidad de Arizona, ha descubierto que el asombro no solo aumenta la toma de decisiones generosas, sino que también mejora drásticamente nuestra capacidad cognitiva. El asombro nos hace menos susceptibles a los malos argumentos y más receptivos a los buenos. Hay una gran cantidad de investigaciones de psicólogos que relacionan las experiencias de asombro con una disminución sustancial de la depresión.

¿Queremos una vida más plena y feliz? La ciencia es clara. Dejémonos asombrar por algo o, más bien, por alguien infinitamente más grande que nosotros mismos. Si queremos tener un efecto duradero y contracultural en una sociedad que ha caído en el culto a sí misma, volvamos a centrar nuestras vidas en el «Dios muy temido en el consejo de los santos, e imponente sobre todos los que están en Su derredor» (Sal 89:7).

Publicado originalmente en The Gospel CoalitionTraducido por Equipo Coalición.

Thaddeus Williams (PhD, Vrije Universiteit, Amsterdam) sirve como profesor asociado de Teología Sistemática en Biola University. Sus libros incluyen Love, Freedom, and Evil (Amor, libertad y maldad) y REFLECT (REFLEJA). Thaddeus vive en California con su esposa y cuatro hijos. Puedes leer más de sus escritos en su sitio web, o a través de Facebook y Twitter.

Y… ¿qué dice la Biblia sobre la salvación?

Coalición Por El Evangelio

Y… ¿qué dice la Biblia sobre la salvación?
MIGUEL NÚÑEZ

La salvación es un tema que ha sido de mucha controversia a lo largo de los siglos, principalmente cuando comenzamos a hablar de cómo es ganada o de si es posible o no perder nuestra salvación. Desde el inicio, tenemos que recordar es que precisamente, la doctrina que dividió la iglesia Católica de la iglesia Protestante en su momento, fue la doctrina de la salvación. Esto sucedió cuando Martín Lutero llegó a entender que la salvación es algo que Dios da por gracia y no por obras (Efesios 2:8-9); y que somos justificados por la fe y no por las obras de la ley. Gálatas 2:16 dice que “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”. Este entendimiento causó una gran división en el momento de la Reforma.

Por otro lado, dentro de la misma fe evangélica, ha ocurrido una división en ocasiones entre las iglesias que creen que es Dios quien hace la elección del individuo y lo salva soberanamente; y otros que piensan que el individuo tiene la habilidad todavía de escoger a Dios. Los primeros son llamados calvinistas y los segundos son llamados armenianos, basados en la exposición que Arminio hizo de esta doctrina en el siglo XVII.

Para comenzar queremos decir que la palabra “salvación” viene de la raíz hebrea Yasha. Esta raíz hebrea significa “el ser espacioso”. De esa misma raíz hebrea salen las palabras liberación, emancipación, preservación, protección y seguridad. Según la obra “Understanding Christian Theology”, del autor Earl. D. Radmacher, la palabra salvación hace referencia a la liberación de una persona o grupo de personas de una situación de peligro y restrictiva, donde ellos no eran capaces de ayudarse a sí mismos. Note esta última frase de esta cita, que dice que ellos no eran capaces de ayudarse a sí mismos. Esto es importante, porque eso es exactamente lo que ocurre con nuestra salvación: Dios nos ha dado salvación en un momento en que nosotros no éramos capaces de liberarnos nosotros mismos.

Como ocurre la salvación

La palabra salvación tiene un significado pasado, presente y futuro. En el pasado, yo fui liberado de la pena del pecado, cuando Cristo fue a la cruz y murió por mis pecados; y ese es el acto de justificación. El significado presente de la salvación es porque en este momento a través del proceso de santificación yo estoy siendo liberado del poder del pecado; y el significado en el porvenir de mi salvación es que llegará un momento en que yo seré liberado, no solamente de la pena y del poder del pecado, sino que yo seré liberado también de lo que es la presencia de pecado; y eso será entonces durante la etapa de glorificación, que tiene que ver con nuestra entrada al reino de los cielos.

En la salvación, toda la Trinidad está involucrada. La salvación es un proceso complejo que involucra la conversión de mi estado de no creyente a mi estado de creyente. Esto es posible cuando yo llego a depositar mi confianza en Cristo como Señor y Salvador. En la cruz, Cristo murió en sustitución nuestra, y esto hizo posible la reconciliación entre Dios y el hombre que estaban enemistados. Y esta reconciliación fue hecha posible porque Cristo aplacó la ira de Dios contra el pecado del hombre al morir en la cruz (propiciación). De esta manera Cristo hizo posible y real nuestra redención, que implica el ser comprado por precio en un mercado de esclavos, como nosotros fuimos comprados por la sangre de Cristo en el mercado del pecado. Todo esto conlleva un proceso de regeneración de mi espíritu, y esto pudo ser hecho posible porque mis pecados fueron imputados (cargados a la cuenta de) Cristo en la cruz y desde la cruz entonces, cuando yo creo en Jesús como Señor y Salvador, Él me imputa (carga a mi cuenta) Su santidad. Cuando Cristo hace esto, entonces Dios nos adopta como hijos suyos; nos hace parte de su familia, hasta el punto que en Efesios 1:5 nos llama hijos adoptados. Y una vez hemos sido adoptados, Dios comienza un proceso de santificación a través del cual vamos siendo limpiados de todos nuestros hábitos pecaminosos, y Él nos preserva a través de ese proceso hasta que nosotros entremos en gloria, que es lo que es conocido como glorificación.

Esa conversión se produce en nosotros a través de lo que es la predicación de la Palabra, por eso dice el Salmo 19:7 “La ley del SEÑOR es perfecta, que convierte el alma”. Y así mismo dice Romanos 10: 9-13 “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: TODO EL QUE CREE EN EL NO SERA AVERGONZADO. Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO”. Con esto entendemos que la predicación de la Palabra es esencial para la conversión del individuo.

Perseverancia de los santos

Con relación al tema de si la salvación se puede perder o no, la Palabra es bien específica. Aquella persona que ha recibido a Cristo genuinamente de corazón y ha sido convertida, transformada o regenerada, no puede perder su salvación. Observemos las palabras del Señor Jesús en Juan 10:27-29Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre”. Notemos en primer lugar que el versículo 28 habla de que “yo les doy vida eterna”. Si es vida eterna, es una vida que no puede perderse mañana, porque entonces no era eterna. Vida eterna implica una vida que comienza en un momento dado, el día en que la recibí, y no va a terminar nunca. Si yo puedo recibir salvación hoy y la puedo perder mañana, pues entonces no tengo vida eterna, y Cristo dice que Él nos da vida eterna. Por otro lado, este pasaje garantiza nuestra salvación, porque dice que nosotros estamos en las manos del Padre y que nadie nos puede arrebatar de esas manos. Por tanto, es el Padre quien garantiza nuestra salvación. 

El apóstol Pablo hablaba a los Romanos 8:38-39 diciendo lo siguiente: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Notemos cómo Pablo dice que él está convencido: no es que él tiene una opinión, un sentir, ni que él piensa. Pablo está está convencido de que nadie nos podrá separa del amor de Dios que está en Cristo Jesús. Y él hace referencia a cosas que pudieran separarnos como ángeles, principados, porvenir, etc., y él termina diciendo que ninguna otra cosa creada nos podrá separa del amor de Dios, y como nosotros somos una de esas cosas creadas, ni nosotros mismos podemos separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús.

Asimismo, Filipenses 1:6 dice lo siguiente con relación a la perseverancia nuestra: “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”. Pablo una vez más habla de que él está convencido de que aquel que comenzó nuestra salvación, y esa es la persona de Jesús, a través del Espíritu Santo, va a perseverar con nosotros hasta el último día o hasta el día de Cristo Jesús.

Estos tres pasajes, y otros, nos hablan claramente de que nuestra salvación ha sido garantizada por Dios mismo. No es nuestra fidelidad a Dios que nos hace perseverar sino la fidelidad de Dios para con nosotros que nos preserva. Y este es un buen punto de enseñanza a tener pendiente.


Publicado origianlmente en Integridad & Sabiduría.

Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

La Biblia es la base de nuestro crecimiento espiritual

La Biblia es la base de nuestro crecimiento espiritual
SAM MASTERS

Nuestro mundo secularizado ha perdido toda noción de lo sagrado. Irónicamente, a pesar de su convicción de que el universo es un sistema natural cerrado, nuestra cultura postula figuras que reemplazan a los demonios y ángeles. Una encuesta reciente reveló que el 14% de los estadounidenses creen que puede suceder un accidente biológico que produzca un apocalipsis de zombis.[1] Casi un 50% cree que existen los alienígenas.[2]

Admito tener serias dudas sobre la existencia de extraterrestres. Por lo menos dudo que sean como en las películas. La Biblia habla de seres superdotados que van y vienen de nuestro planeta (Lc. 2:9), pero no son precisamente hombrecitos verdes. De todas formas, vale preguntar, si de verdad existen los alienígenas, verdes o del color que sean, ¿cómo podemos descubrirlos? Si ellos no hacen algo por darse a conocer, la posibilidad de descubrirlos es casi inexistente.

¿Cómo serían ellos? ¿Buenos y amigables como el E.T. de Steven Spielberg? ¿O sabios y extraños como en la película Arrival que protagonizó Amy Adams? ¿O monstruos aterradores como en las películas Alien? Si no se les ocurre bajarse de su nave en una plaza de alguna de nuestras ciudades —o por lo menos mandarnos algún mensaje que puedan captar las antenas de la NASA— no hay posibilidad de saber de ellos. Podemos especular mucho, pero nuestro conocimiento concreto no avanza.

¿Y si Dios existe? La distancia es más grande aún. El Dios del cristianismo existe mas allá de los limites del tiempo y el espacio, mas allá del alcance de nuestros instrumentos científicos. Podemos especular en cuanto a su existencia y sus cualidades, pero para conocerlo hace falta que Él se revele. Por esto podemos decir que no hay declaración de más trascendencia histórica que esta: “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo” (He. 1:1-2).

Dios nos habla. Hay muy pocas oraciones que podemos escribir que tengan el mismo peso trascendental. Esta oración solo se compara con oraciones como: “En el principio Dios creó el universo”, o “Oye Israel, nuestro Dios uno es”, o “El verbo se hizo carne”.

Para entender mejor las disciplinas espirituales, hay cinco cosas que debemos saber sobre la Palabra de Dios. Estas cinco cosas nos ayudarán a entender que toda disciplina espiritual debe tener una base sólida, la cual no se encuentra en nosotros mismos, sino en las Escrituras.

1. La Palabra invaluable es nuestro punto de partida

Debido a lo que ya hemos mencionado, las disciplinas espirituales comienzan con la Palabra de Dios. Ellas existen porque Dios nos ha hablado en cuanto a su propia naturaleza y la nuestra, y nos ha hecho entender su gracia y sus propósitos para nosotros.

Para crecer en santidad por medio del uso disciplinado de los medios de gracia, es imprescindible entender la centralidad de la Palabra en este proceso y el rol del Espíritu Santo.

Para crecer en santidad por medio del uso disciplinado de los medios de gracia, es imprescindible entender la centralidad de la Palabra en este proceso y el rol del Espíritu Santo. Además, debemos entender, aunque sea en parte, la maravilla de poseer las Escrituras. Tomar una Biblia en nuestras manos no es técnicamente un milagro.[3] Sin embargo, como evidencia de la providencia de Dios, es tan maravillosa que debe producir en nosotros el mismo asombro que tendríamos al ver agua convertida en vino.

Hace algunos años pude asistir a una exposición de los rollos del Mar Muerto. Eran más pequeños de lo que había imaginado. Lo que más me conmovió de ellos fue el marcado contraste entre su evidente fragilidad y su gran antigüedad. Bajo una gruesa lámina de vidrio antibala, daban la sensación de que se harían polvo con apenas un suspiro de aliento. Más de dos milenios luego de ser copiados, su mera existencia da evidencia de la providencia divina en la conservación de la Palabra.

¿Que generó en el pueblo judío esa dedicación a copiar y preservar los textos del Antiguo Testamento a través de milenios? Quizá los mismos textos nos pueden sugerir claves. ¿No habrá sido la memoria nacional del temor experimentado por sus antepasados cuando, al pie del monte Sinaí, escucharon los truenos, vieron los relámpagos y la densa nube sobre el monte, y oyeron un fuerte sonido de trompeta? (Éx. 19:16) ¿No habrá sido el recuerdo de la cara brillante de Moisés cuando bajó del monte? ¿No habrá sido la declaración, “habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”? (Éx. 20:1-2).

Los judíos aceptaron que debían recibir las palabras divinas y ponerlas por práctica. También aceptaron la responsabilidad familiar de enseñarlas a sus hijos. La Palabra se debía transmitir al estar en casa y al andar por el camino, al levantarse y al acostarse (Dt. 6:6). Como pueblo, los judíos aprendieron dos cosas que nosotros también debemos aprender. Primero, la maravilla de poseer la Biblia. Segundo, que no solo de pan vive el hombre. También necesita la Palabra de Dios (Dt. 8:3). No nos debe sorprender, por lo tanto, el cuidado minucioso de los escribas que generación tras generación copiaron la Palabra de Dios. Ella es el punto de partida para conocer a Dios y crecer en santidad.

2. La Palabra fue escrita para ser leída y oída

La Palabra divina, antes que nada, es una palabra verbalizada, pronunciada. Pero también es una palabra escrita. Encontramos que Moisés mandó que la Palabra fuera leída en público:

“Cuando todo Israel venga a presentarse delante del Señor tu Dios en el lugar que Él escoja, leerás esta ley delante de todo Israel, a oídos de ellos. Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que está en tu ciudad, para que escuchen, aprendan a temer al Señor tu Dios, y cuiden de observar todas las palabras de esta ley. Y sus hijos, que no la conocen, la oirán y aprenderán a temer al Señor vuestro Dios, mientras viváis en la tierra adonde vosotros vais, cruzando al otro lado del Jordán para poseerla”, Deuteronomio, 31:11-13.

Obviamente, esta lectura oral dependía de la palabra escrita.

Para nosotros, las disciplinas espirituales también presentan esta ida y venida oscilante entre la Palabra escrita y la leída en voz alta. En nuestros días de fácil acceso a libros impresos y textos electrónicos, más que nada absorbemos la Palabra por un circuito cognitivo que pasa por los ojos a la mente. Pero la Biblia fue compuesta en el contexto de una cultura oral, y el circuito que muchas veces se contempla en las Escrituras es el que incluye los oídos, el corazón, y la boca. Jesús dijo: “El que tiene oídos, que oiga” (Mt. 11:15). Pablo escribió: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón” (Ro. 10:8).

El pentateuco fue escrito para ser leído en voz alta ante la congregación. Dios, por medio de Moisés, encontró en la escritura un medio para asegurar la transmisión fiel de una generación a otra. La confesión de Westminster explica:

“Le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia; y además, para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra al corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito”.[4]

¿Será una coincidencia que el primer abecedario del mundo no fue la invención de los egipcios o de los sumerios, los imperios dominantes de la antigüedad? Estas culturas dependían de los sistemas aparatosos de los jeroglíficos y la escritura cuneiforme. En realidad, el primer alfabeto surge entre los semitas.[5] Solamente un abecedario permitiría el desarrollo de la literatura como tal. El alfabeto es el medio providencial de trasmisión que permitió la preservación de la Palabra a través de los milenios. Aun cuando una generación se olvidaba de ella, ahí yacía hasta que un escriba —o un arqueólogo— con manos temblorosas desempolvaba un rollo olvidado por los hombres, pero conservado por el Espíritu de Dios.

El invento de la escritura alfabética no solo permitió la preservación de la Palabra revelada, sino también la distribución necesaria para su incorporación a la vida comunitaria de Israel. La iglesia primitiva, siguiendo el ejemplo de la sinagoga, daba un lugar de honor a la simple lectura de la Palabra. En Judea y Galilea, las sinagogas poseían copias de los rollos de las Escrituras. Recordamos que Jesús, para inaugurar su ministerio, leyó una profecía del antiguo rollo de Isaías (Lc. 4:17-20).

Las iglesias cristianas agregaron a sus bibliotecas copias de los escritos de los apóstoles. Dando instrucciones al joven pastor Timoteo, Pablo dice: “Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza” (1 Ti. 4:13). Aquí, Pablo tiene en mente la lectura pública de las Escrituras. Notemos cómo él recomienda esta lectura en un contexto que incluye la lucha por la santificación:

“Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad”, 1 Timoteo 4:6-7.

El apóstol Pablo describe una vida caracterizada por la búsqueda de la santidad por medio de las disciplinas espirituales centradas en la Palabra.

3. La Palabra fue recuperada en la historia de la iglesia

Lamentablemente, la Palabra no siempre ha ocupado su lugar merecido en la larga historia de la iglesia. A través de los años, la espiritualidad cristiana fue distorsionada por prácticas como el culto a María y la mediación de los santos. Sin embargo, la Palabra nunca perdió su capacidad de transformar al individuo y a la iglesia misma.

En la conversión de Agustín de Hipona encontramos un ejemplo clásico de ese poder transformador. Por la influencia de la Palabra, el gran teólogo africano fue convertido de una vida de libertinaje y andanzas filosóficas. Primero, sus conceptos de la fe cristiana empezaron a ser modificados bajo la influencia de la predicación de Ambrosio. Luego, su conversión en sí se produjo un día cuando, sentado en al jardín de su casa, escuchó la voz de una niña que decía tolle lege, tolle lege: toma, lee. Impulsado por estas palabras, levantó una copia de las Escrituras y leyó Romanos 13:13-14: “Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne”. Agustín relató que esto fue como una luz que instantáneamente despejó toda sombra de duda.

A través de los siglos en la vida de la iglesia, la influencia de la Palabra de Dios muchas veces menguó. Sin embargo, Dios en su providencia nunca dejó que la llama se apagara del todo. El copiado de los textos bíblicos se llevó a cabo con la misma disciplina de los antiguos judíos, aun en lugares remotos azotados por los vikingos, como Lindisfarne, un monasterio fundado por monjes irlandeses. En la época medieval se practicaba la lectio divina, una disciplina espiritual de los monjes benedictinos. Consistía de 4 pasos: lectio, meditatio, oratio, y contemplatio. Se buscaba a Cristo en cada pasaje, pero los resultados muchas veces eran problemáticos, ya que la interpretación no obedecía a ningún principio hermenéutico, sino a las impresiones subjetivas del monje.

Un aspecto clave de la espiritualidad protestante es recuperar la vida de la congregación de la iglesia bajo la autoridad de la Palabra de Dios.

La Reforma protestante llegó a la iglesia como los avivamientos habían llegado en el Antiguo Testamento a Israel bajo el rey Josías o el escriba Esdras. El principio de sola Scriptura actuó como un ácido disolviendo las tradiciones y falsas enseñanzas acumuladas a través de los siglos. El altar de la misa perdió su posición central en el santuario al ser reemplazado por el púlpito. Todo se reordenó y se sujetó a la Palabra. La Biblia, leída y predicada, volvió a ocupar el lugar central en la vida de la iglesia. Como ejemplos puntuales podemos notar el proceso de reforma en Zúrich, el cual empezó cuando el sacerdote católico Ulrico Zuinglio se dedicó a la predicación expositiva del libro de Mateo, o la teología magistral de Calvino, que se forjó en medio de un ministerio activo de enseñanza casi diaria de la Palabra.

4. La Palabra es central en la espiritualidad protestante y bíblica

De esa manera, un aspecto clave de la espiritualidad protestante es recuperar la vida de la congregación de la iglesia bajo la autoridad de la Palabra de Dios.

Una muestra de eso es la forma en que el proceso de reforma se agudizó en el siglo XVI entre los puritanos. Ellos promulgaban una “religión experimental”. O sea, enseñaban que la fe no era simplemente un compendio de dogmas, sino que era algo que se debía vivir y sentir. La Escritura era suficiente para conocer a Dios y sus verdades eran transformadores porque, así como fue inspirada por el Espíritu Santo, también era aplicada por Él a la mente y el corazón de una forma que producía cambios reales. Por lo tanto, William Perkins (1558-1602) podía escribir que la “teología es la ciencia de vivir de forma bendita para siempre”.[6] De forma similar, William Ames (1576-1633) definió la teología como “la doctrina de vivir hacia Dios”.[7]

En términos similares, los autores del Catecismo menor de Westminster formularon la pregunta: “¿Qué es lo que enseñan principalmente las Escrituras?”. Respondieron: “Lo que principalmente enseñan las Escrituras es lo que el hombre ha de creer respecto a Dios y los deberes que Dios impone al hombre”.[8] La Palabra imparte conocimiento de Dios y, bien entendida, cambia vidas.

Michael Haykin mantiene que los puritanos desarrollaron una distintiva espiritualidad congregacional orientada en dos principales ejes:[9]

Primero, su enfoque en la centralidad y suficiencia de las Escrituras les llevó a elevar la predicación como principal medio de gracia. Esto produjo una espiritualidad única del uso del espacio que se hizo evidente en sus lugares de reunión.

El catolicismo había puesto el enfoque en el altar y la celebración de la misa. El culto romano contenía un elemento dramático que apelaba a la vista. Arquitectónicamente, esto se expresaba en los exagerados interiores barrocos y rococós de sus iglesias y catedrales repletas de imágenes de los santos. En contraste, los protestantes, y en particular los puritanos, prefirieron una decoración minimalista o inexistente, ya que el enfoque del culto era la Palabra predicada y oída. El púlpito reemplazó al altar como centro de enfoque, y este se elevaba para simbolizar la supremacía de la Palabra sobre la vida de la congregación.

Segundo, así como los puritanos desarrollaron una nueva espiritualidad del espacio bajo la influencia de la predicación, también expresaron una nueva espiritualidad del tiempo. Esto se hizo evidente en su aplicación del cuarto mandamiento. Dieron importancia al sábado, ya que el tiempo santificado era necesario para oír la predicación, y para practicar la oración, la meditación, y las buenas obras. Apartar un día de la semana representaba su reconocimiento de que Dios es Señor no solo del espacio sino también del tiempo. Además, entendieron que la consagración del sábado dominical era imperativo para dedicar el tiempo necesario a la cultivación de las disciplinas.

5. La Palabra y el Espíritu obran en nuestra santificación

En su interpretación de las Escrituras, los puritanos aplicaban métodos gramaticales, históricos, y lógicos, pero entendían que la Palabra tenía vida propia; que penetraba y transformaba vidas. Esto se debía a su inspiración por el Espíritu Santo, y a la aplicación por parte del mismo Espíritu al entendimiento y al corazón del ser humano.

Juan Calvino le daba tanta importancia al Espíritu Santo que, según B.B. Warfield, él debe ser conocido como el “teólogo del Espíritu Santo”.[10] En su debate con el Cardenal Sadoleto, Calvino lo acusó de injuriar al Espíritu Santo porque lo separaba de la Palabra.[11] Para Calvino, Sadoleto caía en el error de dar preferencia a la autoridad de la iglesia antes que  a la del Espíritu Santo:

“Si hubieses sabido, o no lo hubieses querido disimular, que el Espíritu ilumina a la Iglesia para abrir la inteligencia de la Palabra y que la Palabra es como el crisol donde se prueba el oro para discernir por medio de ella todas las doctrinas, ¿te hubieras enfrentado con tan compleja y angustiosa dificultad? Aprende, pues, por tu propia falta, que es tan insoportable vanagloriarse del Espíritu sin la Palabra, como desagradable el preferir la Palabra sin el Espíritu”.

Los puritanos compartían este énfasis en la relación entre el Espíritu y la Palabra. J. I. Packer señala la importancia de la enseñanza de John Owen sobre este tema. Entre otros efectos, el Espíritu establece nuestra fe en y por medio de la Escrituras.

Las disciplinas espirituales, partiendo de la Palabra de Dios, nos ayudan a entender más de Él y producen cambios reales en nosotros.

El Espíritu hace esto de tres formas. Primero, según Owen, el Espíritu le da a las Escrituras la “cualidad permanente de luz”.[12] Segundo, el Espíritu le da a las Escrituras el poder de “producir efectos espirituales”.[13] O sea, la Palabra tiene poder transformador, y el Espíritu la aplica de forma eficaz a nuestras vidas. ¡Que importante entender esto para aquellos que luchamos por ver cambios reales en nosotros! Tercero, “el Espíritu hace que la Palabra invada la conciencia como una palabra dirigida a cada individuo por Dios mismo, evocando el asombro y la sensación de estar bajo la presencia de Dios y la observación de su ojo”.[14]

Conclusión

Como hemos visto, las disciplinas espirituales, partiendo de la Palabra de Dios, nos ayudan a entender más de Él y producen cambios reales en nosotros. Aunque requieren esfuerzo de nuestra parte, en última instancia los resultados no son productos de nuestra autodisciplina en sí. Las diversas disciplinas son fuentes de la gracia que Dios nos canaliza por medio de su Palabra.

Esta Palabra formó el universo (Sal. 33:6) y nos hace nacer de nuevo (1 P. 1:23). Ella hace su obra en nosotros (1 Ts. 2:13), nos limpia (Jn. 15:3), y nos santifica (Jn. 17:17). Por esta razón, Pablo escribió a los colosenses:

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones”, Colosenses 3:16.

Pablo describe un estilo de vida marcado por el uso disciplinado de los medios de gracia. Es una vida de increíble gozo. Esto es posible porque Dios existe y nos ha hablado por los profetas, por su Hijo, y nos sigue hablando por las Escrituras y su Espíritu. En última instancia, todas las disciplinas espirituales provienen de la Palabra. Sin ella, no hay verdadera espiritualidad.


Otros artículos de esta serie: ¿Qué es la verdadera espiritualidad bíblica?El crecimiento en santidad y las disciplinas espirituales.


[1] The Zombie Apocalypse.

[2] New survey shows nearly half of Americans believe in aliens.

[3] Un milagro se entiende en este contexto como una intervención directa de Dios sin el uso de medios secundarios, como cuando Jesús convierte el agua en vino. En el caso de la preservación de las Escrituras, Dios obra por varios medios secundarios como las diversas tecnologías, como la tinta o la imprenta, el copiado fiel de muchos escribas, y los medios de conservación como las tinajas en que se encontraron los rollos del Mar Muerto. La orquestación divina de todos estos medios secundarios en la preservación de su Palabra es una increíble demostración de la providencia divina.

[4] Confesión de Westminster, 1.1.

[5] https://www.haaretz.com/.premium–1.5163332. El primer alfabeto es en realidad un “abyad,” un sistema que consiste solo de consonantes.

[6] Perkins, Works, 1.11.

[7] Ames, The Marrow of Theology, 1.1.

[8] Catecismo Menor de Westminster, pregunta 3.

[9] Michael Haykin, SBJT 14.4 (2010): 38-46.

[10] Discurso de B. B. Warfield, The Theology of Calvin.

[11] Calvino, Respuesta al Cardenal Sadoleto, 16.

[12] J. I. Packer, A Quest for Godliness (Wheaton, Illinois: Crossway, 1990), 90.

[13] Ibíd., 91.

[14] Ibíd., 91.

Samuel E. Masters es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.

No separes tu salvación de tu santificación

Coalición por el Evangelio

No separes tu salvación de tu santificación

SUGEL MICHELÉN

​Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Kevin Halloran sirve en Unlocking the Bible, un ministerio dedicado a proclamar a Cristo a través de los medios de comunicación, movilizar a los creyentes en el evangelismo y equipar a los líderes de la iglesia. Kevin vive cerca de Chicago, Illinois, con su esposa e hija. Su pasión es fortalecer a la iglesia para el ministerio de la Palabra de Dios. Escribió el libro When Prayer Is a Struggle (Cuando la oración es una lucha). Puedes encontrarlo en su blog Anclado en CristoFacebook y Twitter.

¿Cómo y por qué surgieron las denominaciones en la iglesia? 

Coalición por el Evangelio

¿Cómo y por qué surgieron las denominaciones en la iglesia? 

SAM MASTERS

Desde la época de Martín Lutero, la diversidad de denominaciones protestantes ha servido como uno de los argumentos más usados por apologistas católicos en contra de la Reforma. Esto a pesar de que dentro de la Iglesia católica romana existe una diversidad parecida, pero el dogma de la supremacía del obispo de Roma sirve para enmascarar tales diferencias doctrinales y políticas entre los fieles católicos.

Aún así, podemos reconocer que no es ideal el mercado variado de denominaciones evangélicas que existe hoy. En 1 Corintios 1, Pablo advierte del peligro de ser unos de Pablo y otros de Apolos (v. 12). No parece equivocado aplicar esto a la tendencia que tenemos de ser unos de Lutero y otros de Calvino.

Entonces, ¿qué debemos hacer? La solución no es sencilla, ya que Pablo también nos advierte que ser “de Cristo” puede ser tan partidista como ser de Pablo o de Apolos (1 Co. 1:12-13). En todo esto, es evidente que necesitamos entender cómo y por qué surgieron las denominaciones.

Aunque los protestantes han generado una gran proliferación de denominaciones, muchas veces esto ha sido sin querer. Martín Lutero no pensaba fundar la nueva Iglesia luterana, sino reformar la antigua Iglesia católica. Así también los puritanos buscaban reformar la Iglesia anglicana, pero con el paso del tiempo algunos hombres fieles llegaron a la conclusión de que el proyecto de una iglesia genuinamente reformada solo se podía lograr fuera del contexto de la “Iglesia oficial”. De la misma forma, John Wesley quiso liderar una renovación dentro de la Iglesia anglicana y no formar una denominación distinta.

La misma naturaleza de la Reforma protestante creó un ambiente donde la proliferación de denominaciones fue casi inevitable.

 

Estas separaciones siempre estuvieron acompañadas de mucho dolor. No es fácil separarse de la “iglesia madre”. Inevitablemente, hay hombres fieles que creen que conviene continuar con el proyecto de reforma antes de producir la división. Así encontramos que puritanos piadosos como William Perkins y Richard Sibbes nunca abandonaron la Iglesia anglicana. J. C. Ryle, del siglo XIX, y J. I. Packer, quien todavía está con nosotros, son ejemplos de teólogos ejemplares que no quisieron abandonar la Iglesia anglicana histórica.

A la vez, aquí cabe señalar que el crecimiento de las iglesias evangélicas ha ocurrido a menudo por movimientos separatistas. Estas iglesias nacieron de la convicción de que el proyecto de reforma requería nuevas formas eclesiásticas.

Factores en la formación de nuevas denominaciones

A veces, las separaciones han deshonrado la causa de Cristo. Por ejemplo, la Convención Bautista del Sur en Estados Unidos se formó de una división en el siglo XIX debido a un desacuerdo relacionado con la trata de esclavos. A pesar de esto, el Señor en su bondad ha usado grandemente a la Convención Bautista en la propagación del evangelio en el mundo. En los últimos años, han hecho una mea culpa histórica ejemplar. Por mi parte, encuentro mis raíces entre Bautistas Independientes que, motivados más bien por personalismos que por legitimas cuestiones doctrinales, se han divido reiteradas veces.

La misma naturaleza de la Reforma protestante creó un ambiente donde la proliferación de denominaciones fue casi inevitable. Aunque los protestantes siempre han valorado la unidad, su experiencia de la Iglesia romana los llevó a entender que esta solo se podía lograr en base a un común acuerdo en cuanto a la verdad. Nunca podía ser a expensas de la verdad. Por esto, el protestantismo histórico fue confesional. Las grandes confesiones de fe, como la de Westminster, la Confesión Belga, y la Bautista de Londres han cumplido un rol aglutinador.

A pesar de la influencia unificadora de las grandes confesiones, varios principios de la Reforma han obstaculizado la unidad total a nivel institucional. Primero, tenemos el principio de Sola Scriptura. Los reformadores rechazaron la autoridad máxima del magisterio católico reemplazándola por la autoridad de la Biblia. Sin duda, esto ha generado una gran libertad espiritual. Esta libertad se ha expresado por medio de otros principios claves: el sacerdocio de cada creyente y la libertad de conciencia. Segundo, hubo una creciente convicción en muchos sectores del protestantismo de que la Iglesia debía separase del Estado. Con el resultante desacople de las iglesias del Estado y su poder de coerción en cuestiones de fe y práctica, la diversificación de denominaciones era casi ineludible.

Hay otro factor más que contribuye a la formación de nuevas denominaciones: nuestras limitaciones humanas. Pablo escribió que por ahora vemos como en un espejo, oscuramente (1 Co. 13:12). Tenemos en nuestras manos la eterna Palabra de Dios, pero nuestra visión difícilmente se extiende más allá de nuestros limitados horizontes históricos. Tenemos el don del Espíritu Santo, pero vivimos con los límites que vienen por nuestra posición escatológica del Reino iniciado pero aún no culminado.

¿Cuál debe ser nuestra postura frente a las denominaciones?

Dado que nuestra visión histórica no es más aguda que la de Lutero, quizá nuestra primera reacción frente a la realidad de las denominaciones debería ser la humildad. Dudo que yo hubiera logrado un mejor resultado si me hubiera tocado vivir las circunstancias históricas de nuestros antepasados protestantes.

La segunda reacción que conviene tener es la de cultivar el catolicismo evangélico. Por supuesto, aquí uso la palabra “católico” en su significado técnico, que quiere decir “universal”. ¿Cómo cultivamos un catolicismo evangélico? Con la unidad bíblica. La unidad puede ser expresada de muchas maneras a pesar de las diferencias denominacionales. Por empezar, debemos valorar el trabajo y la historia de otros. Y hay ciertos proyectos donde podemos bendecirnos mutuamente. Por mi parte, como bautista, estoy muy agradecido ante mis hermanos presbiterianos por la excelencia de la capacitación teológica que me brindaron cuando estudié en el Reformed Theological Seminary. También debemos apoyar proyectos como la Coalición para el Evangelio, que crea un ambiente de cooperación basado en las verdades esenciales del evangelio.

La unidad puede ser expresada de muchas maneras a pesar de las diferencias denominacionales.

 

A la vez, no debemos caer en el relativismo. Entre bautistas y presbiterianos, por ejemplo, hay una diferencia histórica sobre el tema del bautismo. Esto quizá sea un tema secundario, pero no deja de tener importancia, en especial al momento de plantar una iglesia local. Difícilmente un bautista coherente puede plantar una iglesia con un presbiteriano coherente. Sin embargo, si un hermano presbiteriano quiere plantar una Iglesia en Argentina, con mucho gusto yo haría todo lo posible por ayudarlo desde afuera.

También conviene sostener y aprovechar las estructuras denominacionales existentes. Nuestra generación tiene ciertos prejuicios anti-institucionales que no ayudan a la expansión del Reino. Entendemos que la Iglesia universal debe ser nuestra prioridad máxima, y que la iglesia universal encuentra su expresión más importante en la iglesia local. Pero las estructuras denominacionales pueden ser de gran utilidad, ya que participar de una red de iglesias multiplica las capacidades de quienes anhelan tener un impacto a nivel mundial para la gloria del Señor.

Por último, podemos orar por las iglesias locales y denominaciones. El padre de las misiones modernas, William Carey, escribió en 1792 que, dado la condición dividida del cristianismo de su época, era muy difícil emprender un proyecto misionero conjunto. Sin embargo, dijo que no había impedimento para orar juntos por el avance del Reino de Dios. Hoy podemos decir lo mismo. Lo maravilloso es que la oración conjunta es la herramienta más efectiva que podemos usar.


Samuel E. Masters 

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.