En la terraza del rey: El cristiano y el pecado sexual secreto

Coalición por el Evangelio

En la terraza del rey: El cristiano y el pecado sexual secreto

DAVID BARCELÓ

David salió a pasear por la terraza de palacio. Después de una larga siesta, le apetecía sentir la brisa de la tarde. Desde allí vio a Betsabé que se estaba bañando, la deseó en su corazón y la hizo traer a sus aposentos (2 Samuel 11).

Todos conocemos la historia del pecado del rey David. Un pecado que el rey se esforzó por mantener oculto. Un pecado sexual secreto cuyos efectos catastróficos empezó a sentir de inmediato en su propia alma.

Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano (Salmo 32:3-4).

Pero la historia del rey David tristemente se repite en la vida de muchos cristianos. La terraza del rey David sigue abierta al público. No es una terraza cubierta de losas de mármol, pero sigue siendo rectangular… como la pantalla de un teléfono móvil… como una página de una revista… como el televisor de un hogar… Al asomarse a esas terrazas modernas, muchos cristianos sienten ese mismo pesar que el rey David expresa, mientras pretenden seguir viviendo una vida secreta de lujuria que les esclaviza cada vez con más fuerza.

En este breve artículo quisiera compartir 10 grandes temas que desde la consejería bíblica podemos tratar en estos casos para ofrecer ayuda al que lucha con el pecado sexual secreto de la pornografía, la masturbación y, en general, con la lujuria, esperando que estas líneas sean también de ánimo al pastor y consejero en su práctica cotidiana de aconsejar.

1. Confiesa tu pecado

La expresión de David en el Salmo anterior es demoledora. “Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió…”. Es imprescindible en primer lugar confesar este pecado a tu esposa, a tu pastor, a tu consejero. Haz que el pecado secreto deje de ser secreto, y así poder recibir dirección. La lujuria es pecado, así como complacerse en ver la fornicación de otros mediante la pornografía (Ro. 1:28-32). Aunque la Biblia no habla directamente de la masturbación, tal como dice Joshua Harris,

“La masturbación se basa en una visión egoísta de la sexualidad… Cuando damos rienda suelta a nuestros deseos lujuriosos, empujamos a la relación sexual contra un rincón y la transformamos en una experiencia egoísta y aislada que refuerza una visión egoísta de la vida”.¹

2. Confiesa tu idolatría

La relación matrimonial tiene el propósito de ilustrar la relación de amor entre Cristo y su Iglesia (Ef. 5:22-33). Nuestra sexualidad es por tanto un reflejo de nuestra teología. En Romanos 1 vemos claramente como por causa del pecado los hombres cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible… Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones (v.23-24). El hombre, en vez de adorar al Creador, prefiere adorar las criaturas. En la pornografía y la masturbación se está dando un verdadero culto idolátrico.

Dice el Señor, “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua” (Jer. 2:13). El apóstol Juan nos repite después de dos mil años “Hijos, guardaos de los ídolos” (1 Jn. 5:21). ¿Por qué después de haber comido del árbol de la vida íbamos a querer comer del árbol prohibido? La pornografía ofrece paz, esperanza, seguridad, intimidad, gozo… pero a la hora de la verdad solo se cosecha tristeza y soledad. Los ídolos de este mundo prometen grandes cosas, para defraudarnos profundamente después de haberlos servido.

“Los hombres persiguen implacablemente su satisfacción en las cosas terrenales. Se agotarán en los deleites engañosos del pecado y todos encontrarán que sólo es vanidad y vacío, se quedarán perplejos y muy defraudados. Pero aun así, continuarán su búsqueda infructuosa. Aunque cansados, todavía se tambalean bajo la influencia de la locura espiritual, y no alcanzan ningún resultado, sin embargo, persisten en esa eterna desilusión, y siguen adelante. No proveen nada para su estado eterno; los absorbe la hora presente. Y se vuelven a otra y otra cisterna rota, esperando encontrar agua donde ni una gota ha sido descubierta todavía” (Charles Spurgeon).

3. Adora a Cristo

¿Por qué habría el cristiano de beber agua salada que no satisface? ¿Por qué, si Cristo es el agua viva que sacia nuestra sed? ¡Adora a Jesús y abandona las falsas promesas de la serpiente! Bebe del agua fresca y viva que es él, y cuando la hayas probado, abandona tu cántaro a sus pies. Cristo es el agua que anhelas. Tu alma tiene sed del Dios vivo.

En nuestro camino de santidad sabemos que pertenecemos a él en alma y cuerpo, y que el Espíritu Santo debe tener control absoluto de nuestras vidas (Ef. 5:18). Ese crecimiento en santidad supone dejar atrás las tinieblas para andar en luz, y consagrarnos en alma y cuerpo para la gloria de Dios. Glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Co. 6:15-20).

Usando una expresión de Ed Welch, un trastorno de la adoración solo puede encontrar su medicina en la adoración verdadera. En palabras de John Piper “El fuego de los placeres de la lujuria se debe combatir con el fuego de los placeres de Dios”. A medida que todo nuestro ser se goza en adorar al Dios vivo, la idolatría de la lujuria se difumina como la niebla al salir el sol de la mañana.

4. No obedezcas a tu cuerpo

En el episodio de 2 Samuel 11 vemos en el rey David claras señales de alerta. El pasaje nos dice que era la época del año cuando los reyes salen a la guerra, y sin embargo David prefirió quedarse en Jerusalén. En concreto ese día, durmió una larga siesta hasta caída la tarde, y se paseaba por la terraza de palacio curioseando qué pasaba en casa de sus vecinos. David estaba ocioso. David escuchó a su cuerpo y el bienestar que le demandaba, y se entregó a la comodidad absoluta.

La santificación cristiana no es algo mágico, sino que requiere de lucha y sacrificio. En nuestro caminar en santidad la Palabra de Dios nos recuerda innumerables veces que hemos de dominar los deseos de la carne, y no darles rienda suelta porque sabemos que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Stg. 1:13-14). Los que son de Cristo “han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24).

Evita la actitud ociosa del rey David. No te entregues al sueño y al dormitar. No hagas zappingfrente al televisor. No navegues por internet sin un propósito claro. Planifica aún incluso tu tiempo de entretenimiento, para poder dedicarte a aquello que edifica y no a lo que tu cuerpo te exija.

5. Controla tus ojos

Sabiendo la importancia de los ojos, Job exclama estas palabras en Job 31:1 “Hice un pacto con mis ojos, ¿cómo podía entonces mirar a una virgen?”. Sobre el mismo tema, dice el Señor Jesús en Mateo 5:28 “el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

¿Eres capaz de controlar tus ojos? Tus ojos son la puerta de entrada a tu alma, y es en esa puerta donde hemos de poner los mejores centinelas. Tu corazón se alimenta de lo que entra por tus ojos, y aquello será lo que acabe deseando. Si no somos capaces de dominar nuestros ojos, la solución que nos da el Señor es radical. Leemos en Mateo 5:29: “Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”.

Es una solución radical pero no literal. La mano derecha, o el ojo derecho, hacen referencia a las mejores capacidades de la persona. Jesús está diciendo que sea lo que sea a lo que tengas que renunciar, arráncalo de tu vida antes que caer en la esclavitud de la lujuria.

Créeme. Tus ojos fueron creados para contemplar la belleza del Creador, que es infinitamente superior a las cosas creadas. El corazón de Job se llenaba de gozo ante esa realidad cuando exclamaba “mis ojos [lo] verán” (Job 19:27), y Jesús nos enseñó que son “Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

6. Controla los ojos del alma

Pero no solo miramos con los ojos del cuerpo. El alma tiene ojos, que también debemos controlar. Nuestra mente tiene una gran capacidad de crear imágenes que solo uno mismo puede ver. Fantasear es dirigir en nuestra mente una película donde todo nos va mejor que en la vida real. Fantasear es jugar a ser Dios creando un mundo mejor. Fantasear es decirle a Dios que el mundo que él ha creado y las circunstancias en las que nos ha puesto son un gran error. En nuestro interior inventamos un mundo paralelo, un paraíso privado hecho a imagen y semejanza de nuestras pasiones más ocultas. La pornografía alimenta ese oscuro mundo interior, de manera que aun cuando los ojos del cuerpo no ven, los ojos del alma siguen viendo.

7. Teme las consecuencias

Sabemos que “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23), pero no solo en un sentido espiritual, sino también en un sentido práctico y cotidiano. Todo pecado tiene unas consecuencias, una onda expansiva de destrucción. Nuestras pasiones pecaminosas nos atraen y seducen, “Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte” (Stg. 1:15).

El hábito de la pornografía y la masturbación causa estragos a todos los niveles. Los jóvenes a los que he podido aconsejar describen el poder adictivo de la pornografía. El cuerpo experimenta una respuesta hormonal y fisiológica placentera, semejante a las drogas, y del mismo modo las dosis que el cuerpo pide son cada vez mayores reduciendo la capacidad de decisión y esclavizando la voluntad. Como nos advierte Salomón, “Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan, pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa. ¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa?” (Pr. 6:26-27).

El pecado sexual secreto va dejando de ser tan secreto. Se descuidan las disciplinas cristianas, y la energía se ve mermada para hacer el bien. Un joven me explicaba que “ya no podía ver a las mujeres de forma normal”. La pornografía altera la percepción por completo y uno se siente cada vez más incapaz de relacionarse con las chicas de manera natural. En los casados la relación matrimonial se va erosionando por causa de un sinfín de adulterios virtuales que alejan a la pareja física y emocionalmente. Las fantasías sustituyen a la realidad y consumen toda la ilusión, sumiendo a la persona en una continua insatisfacción con su vida diaria. Como un cáncer, el pecado va ganando terreno en el corazón, y éste va perdiendo su sensibilidad. En un alto número de casos, la adicción a la pornografía conduce a la fornicación y el adulterio.

Como una bomba, el pecado explota, y su onda expansiva causa estragos en la familia, el cónyuge, los hijos, la iglesia… Quiera el Señor que sea justo al revés en nuestras vidas, que nuestra adoración sea solo para él. Que nuestro corazón irradie bendiciones. Que así como María de Betania (Jn. 12:1-3), ese perfume de adoración que derramemos a los pies de Cristo llene toda la casa para bendición de los que tenemos más cerca.

8. No proveas para la carne

El hijo pródigo se fue a un país lejano a gastar su dinero en deleites, comilonas y rameras, y solo dejó de pecar cuando se le acabó el dinero. Es necesario poner límites a la capacidad de pecar, y construir verdaderas murallas que detengan nuestros pasos. No tiene ningún sentido orar al Padre diciendo “no nos metas en tentación”, para meterse uno mismo donde no debe. Es de sabios no ver ciertas películas, no ir a ciertos lugares, no andar en ciertas compañías, poner filtros en internet, etc. No es de cobardes, es de sabios. Es cobarde el que huye de un conejo, pero no es cobarde el que huye de un león. El conejo no te puede matar, pero el león sí. Así mismo es de sabios huir del pecado y no acercarse a él porque sabes que es más fuerte que tú y te quiere quitar la vida.

¡Muchas veces la Palabra de Dios nos anima a huir! “Huid de la idolatría” (1 Co. 10:14); “Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18); “Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…” (1 Ti. 6:11). ¡Si se trata del pecado, huir es de santos! Cuando hayas puesto todo de tu parte, si aún la mujer de Potifar te persigue, ¡Huye! ¡Renunciando a lo que haga falta y dejándolo atrás! ¡Huye! Como dice Matthew Henry, porque “mejor es perder una buena túnica, que perder una buena conciencia”.

Así mismo en el terreno de los pensamientos. El pensamiento tiene el propósito de ayudarnos a planificar nuestras acciones. Pensar no es un juego. Es un programador de nuestra conducta. Las fantasías sexuales son por tanto altamente peligrosas, porque nos estamos diciendo a nosotros mismos que pensemos en cosas que no estamos dispuestos a llevar a cabo. El hijo pródigo, cuando volvió en sí estando en aquella sucia pocilga, pensó lo bueno para llevarlo a cabo después “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (Lc. 15:18).

9. ¡Sé valiente!

¿De qué huyes entonces? El que busca refugio en la pornografía, está huyendo de algo. Tal vez sea la insatisfacción ante la vida, la codicia frustrada, los deseos de poder y grandeza que no se cumplen… pero yendo tras el ídolo de la lujuria, pronto se da cuenta de que sus promesas son huecas. Recuerda a Amnón y su obsesión con Tamar, y cómo después de acostarse con ella la aborreció con un odio muy grande; porque el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado” (2 S. 13:15).

El verdadero amor es servicial. No busca recibir sino dar. El pecado sexual secreto se convierte para muchos en un búnker donde esconderse del llamado a servir y pertenecer a otra persona. El casado huye del deber de acercarse a su esposa y su familia. El soltero huye del reto de conocer una mujer y comprometerse con ella.

Qué contradicción tan grande. Es como huir del incendio corriendo hacia las llamas. Dios diseñó el matrimonio para satisfacer nuestra necesidad de amor, compañía e intimidad, y el hombre huye del matrimonio pretendiendo hallar eso mismo. En el acto de la pornografía y la masturbación hay una evidente confesión de cobardía. ¡Sé valiente! ¡Pórtate varonilmente! Abandona la lujuria, camina en pureza y santidad, y ora al Señor por una esposa cristiana.

10. Teme a Dios

Una última pregunta puede venir a la mente del lector. Si se trata de un pecado sexual secreto, ¿por qué abandonarlo entonces? El último ingrediente, pero el más importante, es la necesidad de crecer en el temor de Jehová. “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” (Pr. 1:7).

Hemos hablado del rey David, pero otro personaje bíblico que se enfrentó a la tentación del pecado sexual secreto fue el joven José. Hubiese podido sucumbir ante la mujer de Potifar, y haber excusado su conducta refugiándose en su triste pasado, su falta de afecto, la pérdida de su madre en su juventud, el desprecio de sus hermanos… Podría haber rechazado a esa mujer alegando primeramente su fidelidad a su amo Potifar, o a la educación de sus padres, o a las leyes de Egipto… sin embargo los ojos de José estaban puestos en Dios. José vivía Coram Deo, ante la mirada de Dios, y respondió a la mujer que le tentaba “¿Cómo entonces iba yo a hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?” (Gn. 39:9).

Necesitamos que nuestro temor del Señor crezca día a día. Que todo lo que pensemos y hagamos busque honrar su Nombre. Que no nos mueva lo que los hombres vean, sino lo que ve en nosotros el Dios que nos hizo. Crezcamos en el temor de Jehová, y seremos sabios. Vivamos Coram Deo. Qué diferente hubiese sido todo si David, al ver a Betsabé bañándose hubiese apartado su vista, y pronunciado las palabras de José “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. Que diferente la vida de cada cristiano si exclamara esas mismas palabras al encontrarse en la terraza del rey.

[1] Harris, Joshua. Ni aún se nombre, 110.

Publicado originalmente en 9Marks.

La gran división: el paganismo y el cristianismo

Coalición por el Evangelio

La gran división: el paganismo y el cristianismo

AUGUSTUS NICODEMUS GOMES LOPES

Estamos presenciando hoy el gigantesco resurgimiento de una cosmovisión antagónica al cristianismo, aparentemente nueva, pero no es otra cosa que el antiguo paganismo.

Históricamente, el paganismo, como religión y cosmovisión del antiguo Imperio Romano, tuvo su declive con el advenimiento y el asombroso crecimiento del cristianismo, comenzando en el siglo I y culminando siglos más tarde con la dominación del racionalismo y la consecuente secularización del estado. Lo curioso es que, paralelamente a esta secularización, el mismo viejo paganismo regresa de las cenizas hoy, disfrazado de una nueva espiritualidad, creciendo y extendiéndose en todos los círculos de la sociedad occidental moderna que fue edificada sobre valores cristianos.

La diferencia fundamental entre la cosmovisión pagana y el cristianismo radica en el tema de las distinciones. Para el paganismo, la realidad consiste en un solo elemento: el universo es uno y armónico, y todas las cosas son meras formas o manifestaciones de una sola sustancia. En otras palabras, hay que ver la realidad como un todo uniforme, sin distinciones de seres o existencias. Toda la realidad está en el mismo círculo. En cambio, el cristianismo entiende que hay distinciones fundamentales en la base de nuestra existencia y de la realidad como un todo. Los siguientes cinco puntos ilustran ese contraste.

1) La distinción entre Dios y el mundo 

La relación entre el hombre y Dios es la subordinación de la criatura al Creador, lo que implica respeto, obediencia, y adoración del ser creado ante quien lo creó

En la cosmovisión pagana que cada vez domina más nuestra civilización, Dios y el mundo son uno. La mejor figura para ilustrar esta perspectiva es la de un círculo. Dios y el mundo están dentro del mismo círculo, tienen niveles iguales de existencia, y uno es la extensión del otro. Todo está unido en una realidad divina. El mundo se creó a sí mismo a través de la evolución. Tiene su propia fuerza interior que le sostiene y le mantiene siempre en el proceso evolutivo. Según esta concepción, el mundo no necesita un creador distinto de sí mismo. Un ejemplo del impacto de esta nueva espiritualidad es el surgimiento de la ecología radical la cual se ha convertido en una religión para sus adherentes, divinizando, a su manera, la Tierra y sus ecosistemas.

En cambio, el cristianismo declara que Dios y el mundo son distintos y, por lo tanto, están ubicados en diferentes círculos. Dios existe eternamente por sí mismo. Él creó el mundo no como una extensión de sí mismo, sino como una existencia separada.

2) La distinción entre Dios y la humanidad 

Desde el punto de vista pagano, la humanidad es una con Dios, una expresión de la divinidad. No necesitamos reverenciar nada más que a nosotros mismos. No hay un Dios personal que se comunique a través de la verdad objetiva. No estamos bajo reglas o autoridad, y podemos crear nuestras propias leyes así como establecer nuestros propios valores.

Para el cristianismo, sin embargo, el ser humano, aunque lleva en sí mismo la imagen y semejanza de Dios, fue creado por Él no como una extensión de Dios, sino como una criatura con existencia distinta y separada del Creador. La relación entre el hombre y Dios es la subordinación de la criatura al Creador, lo que implica respeto, obediencia, y adoración del ser creado ante quien lo creó. Quien establece la verdad y las reglas es el Creador, no la criatura.

3) La distinción entre religiones 

El paganismo considera que todas las religiones son una sola. Si toda la humanidad es realmente una, entonces hay solo una religión después de todo. Todas las religiones comparten la misma experiencia mística, a través de la cual sus seguidores se vuelven divinos.

El cristianismo hace una distinción entre las dos únicas religiones que existen en realidad: el paganismo, por un lado, que se manifiesta en la forma de muchas religiones, diferentes pero todas de acuerdo en que el ser humano alcanza la bienaventuranza en base a sus propios méritos. Por otro lado, el cristianismo histórico, que presenta a Jesucristo como el único y suficiente salvador de la condición humana y donde la salvación es ofrecida por gracia.

4) La distinción sobre el problema del ser humano 

Para la cosmovisión pagana solo hay un problema real: las distinciones, o separaciones, creadas por el cristianismo. De esta manera, los partidarios del paganismo moderno argumentan que estas separaciones deben ser rechazadas. Solo así podrá la humanidad tomar conciencia de la unidad mística de todas las cosas. En general, la espiritualidad pagana desea abolir las diversas separaciones o dicotomías que esta considera la causa única de los problemas humanos, por ejemplo:

Dios/mundo

Dios/hombre

Humanos/animales

Correcto/incorrecto

Hombre/mujer

La solución del problema del ser humano no está dentro de nosotros, como dice el paganismo, sino afuera de nosotros, en la maravillosa persona de Jesucristo 

Para el cristianismo, sin embargo, estas distinciones fueron introducidas por Dios mismo. El problema del hombre no son estas distintas separaciones, sino aquella separación que es la causa de todos los males, problemas, dolores, y angustias de la humanidad: la separación moral y espiritual entre el hombre y Dios. Esa es, de hecho, la gran división. Por supuesto, esta separación es negada por la cosmovisión pagana que pone a Dios y al hombre dentro del mismo círculo.

Para el cristianismo, por el contrario, esta separación radical es causada por nuestra inclinación al mal, al egoísmo, a la crueldad, en contraste con la naturaleza de Dios que es perfecta, justa, verdadera, y coherente. Como resultado, separado del Creador, el ser humano vive una existencia ciega y solitaria llena de incertidumbres, angustia, inquietud, y culpa, teniendo como referencia solamente a sí mismo o a la naturaleza.

5) La distinción sobre la solución al problema del ser humano

El paganismo predica que la solución está dentro de cada uno. Dice que el círculo está completo cuando el ser humano se encuentra a sí mismo. El “yo” necesita ponerse en el centro de las cosas. Esto se hace eliminando tanto las separaciones antes mencionadas como los controles racionales. La espiritualidad deseada no se encuentra en el mundo de las ideas, sino en el mundo de las experiencias. Los hippies, por ejemplo, pensaron que las drogas ayudarían en ese viaje de autodescubrimiento. Muchas personas, a su vez, utilizan la meditación para descubrir la conexión entre ellos y el todo.

El cristianismo, por el contrario, afirma que la solución está fuera de nosotros. El hombre es incapaz de encontrar en sí mismo las referencias y respuestas que busca, porque se encuentra en un estado de caída y separación. Dios, a su vez, se reveló en Cristo Jesús y propone una reconciliación con su criatura caída a través del perdón gratuito de sus pecados.

La solución, por lo tanto, no está dentro de nosotros, como dice el paganismo, sino afuera de nosotros, en la maravillosa persona de Jesucristo y en su obra de salvación realizada a través de su muerte y resurrección.

Publicado originalmente en Coalición por el evangelio: Brasil. Traducido por Lea Meirelles.

La predicación bíblica humilla y persuade

Coalición por el Evangelio

La predicación bíblica humilla y persuade

SUGEL MICHELÉN

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva por Sugel Michelén (B&H Español).

En la década de los 60, el filósofo canadiense de la teoría de comunicación Marshall McLuhan acuñó la frase: “El medio es el mensaje”. Con estas sencillas pero poderosas palabras, McLuhan nos recuerda que el medio escogido para comunicar un mensaje afecta su contenido. “El modo es el asunto”, había dicho el pastor estadounidense del siglo XIX Henry C. Fish, adelantándose a McLuhan por unos 100 años. Los que leyeron en los diarios acerca del desembarco de las fuerzas aliadas en las playas de Normandía, a finales de la II Guerra Mundial, no tuvieron la misma experiencia que aquellos que vieron la primera escena de la película de Steven Spielberg, Rescatando al soldado Ryan. Lo primero es noticia; lo segundo es tanto noticia como espectáculo.

Esta realidad debe llevarnos a pensar seriamente en el medio que usamos para comunicar la verdad de Dios revelada en su Palabra. Escuchar a un predicador exponiendo la Palabra es una experiencia distinta a ver un videoclip, una obra de teatro, o incluso leer un libro o un folleto evangelístico. Con esto no pretendo minimizar la importancia de la página impresa. Creo de todo corazón que los libros son un instrumento poderoso para propagar la verdad y combatir el error. La Reforma protestante le debe muchísimo a la invención de la imprenta. Pero aun así, la proclamación oral sigue siendo el medio por excelencia que Dios usa para salvar las almas y fortalecer la fe de los creyentes.

De miles y miles de personas que pueden dar testimonio de que se convirtieron a través de la predicación de la Palabra de Dios, encontraremos unos pocos que afirman haberse convertido leyendo algún libro o tratado que explicaba el mensaje del evangelio. Y es probable que muchos de esos pocos se hayan expuesto antes a la predicación de la Palabra.

La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones.

Decía un puritano inglés del siglo XVII, Thomas Watson, que “fue por los oídos que perdimos el paraíso, cuando nuestros primeros padres escucharon a la serpiente; y es también por los oídos, por escuchar la Palabra predicada, que alcanzamos el cielo”. Si la Biblia enfatiza la necesidad de oír, es porque presupone que sus siervos cumplirán el mandato que se les ha dado de predicar la Palabra.

Hablamos de parte de Dios y delante de Dios (2 Co. 2:17). Y no solo el mensaje que transmitimos, sino también la forma como lo hacemos deben enviar esa señal a la mente y el corazón de todos los que escuchan. Somos “embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros”, llamando a los hombres a reconciliarse con Él (2 Co. 5:20).

De esta manera, la predicación de la Palabra no surge en los tiempos bíblicos por el atraso tecnológico de aquellos días, sino por ser el medio más apropiado para comunicar la naturaleza del mensaje. El Rey Soberano del universo, que tiene derecho pleno sobre todas sus criaturas, nos encargó transmitir sus decretos.

Esa es la señal que los predicadores envían a los hombres cuando se colocan detrás del púlpito para proclamar a viva voz la Palabra de Dios. Somos mensajeros del Dios Altísimo, no sus negociadores. Él es Rey de reyes y Señor de señores; y ahora venimos en su nombre a proclamar que hay salvación en Cristo para todo aquel que cree. La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones, sino que necesita más bien humillarse ante la voz de Dios.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe.

Por otra parte, la predicación es un vehículo ideal para persuadir correctamente a los hombres, informando de manera adecuada el entendimiento del pecador y moviéndolos a levantar la bandera blanca de rendición. De Pablo se dice en el libro de los Hechos que persuadía (o trataba de convencer) a judíos y a griegos (Hch. 18:4). ¿Es nuestra argumentación lo que va a vencer la obstinación de los perdidos y va a traerlos al arrepentimiento y a la fe? Por supuesto que no. Solo Dios puede hacerlo. Pero Él obra tomando en cuenta la manera como Él mismo nos creó.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe (Rom. 6:17). Como dice una vez más el puritano Thomas Watson: “Los ministros tocan a la puerta de los corazones de los hombres, y el Espíritu viene con una llave y abre la puerta”.

Es sorprendente pensar que el Espíritu obre en los corazones humanos a través de voces humanas, pero eso es precisamente lo que Él hace: “El Espíritu y la esposa dicen: ‘Ven”. Y el que oye, diga: ‘Ven’. Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida” (Ap. 22:17). Debemos proclamar a viva voz la Palabra de Dios, pero debemos hacerlo correctamente para que sea de verdad predicación. Recuerda que el medio sí afecta el mensaje. No basta con que el contenido sea bíblico, la predicación bíblica debe reflejar nuestra vocación como heraldos y embajadores del Dios Altísimo.

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

 

Todo ayuda para bien

Coalición por el Evangelio

Todo ayuda para bien

GERSON MOREY

https://www.coalicionporelevangelio.org/podcasts/un-sermon-para-tu-semana-podcast/todo-ayuda-para-bien/

Lamentablemente es común encontrarnos con una interpretación bíblicamente defectuosa y espiritualmente dañina de Romanos 8:28. Si el apóstol Pablo, inspirado por Dios, estuviera mostrándonos un enfoque exclusivamente terrenal y material de esta verdad, entonces no seríamos muy diferentes al mundo.

En este sermón, el pastor Gerson Morey nos ayuda a entender mejor las profundas riquezas y verdades de esta reconocida porción de las Escrituras, mientras aprendemos a qué se refiere Pablo cuando dice “todas las cosas”, cuál es el “bien” al que ayudan todas estas cosas, y finalmente a quiénes están dirigidas estas palabras –“los que aman a Dios”.

Salvación 101

Coalición por el Evangelio

Salvación 101

CARLOS LLAMBÉS

La salvación es uno de esos temas que la mayoría de los cristianos cree maneja muy bien, y sin embargo, a la hora de explicarlo, nos encontramos dudando.

Una de las cosas que más hace un misionero es hablar con las personas de su necesidad de arrepentimiento. Es por eso que al hablar con personas, ya estamos esperando preguntas como: ¿Por qué tengo que arrepentirme? ¿Qué es eso de salvación? ¿Salvación de qué? ¿Por qué necesito salvación? Aunque las respuestas parezcan ser obvias para cualquier cristiano, muchas veces no dominamos el tema como debiéramos, y es por eso que queremos repasar esto que es de suma importancia y fundamental. Lo que quisiera es que este breve escrito pueda servirte para repasar estas verdades y tenerlas más claras, o quizás para entenderlas por primera vez.

Hablando bíblicamente, la salvación se refiere a la obra de Dios en favor del hombre que provee un camino de liberación de la condena y castigo del pecado y la justa ira de Dios.

Para entender la salvación, entonces, debemos entender el estado perdido del hombre.
La Biblia nos deja ver que el hombre esta en un estado caído en pasajes como Romanos 3:9-1923Efesios 2:1-3; y Hechos 9:27.
De manera que, para que el hombre pueda ser salvo, el necesita saber primeramente que está perdido.

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, presenta argumentos poderosos que demuestran el estado perdido del hombre.

Es importante reconocer que la mayoría de los individuos parecen creer:

  1. Que no son realmente pecadores.
  2. Que no son tan malos como algunos otros.
  3. Que el infierno no es real.
  4. Que sus buenas obras sobrepasan sus malas acciones, lo que les será tomado en cuenta a su favor.
  5. Que Dios es tan bueno y tan amoroso que no permitirá que la gente vaya al infierno
  6. Que al final, de alguna manera, toda la gente se salvará.

El problema con todas esas creencias, excusas y argumentos es que todas son falsas. Ninguna tiene soporte en la Escritura.

La realidad del asunto es que sin Cristo todos los hombres:

  1. Están perdidos y sin remedio, la ira de Dios está sobre ellos (Juan 3:36).
  2. Están condenados a morir en sus pecados (Ezequiel 18:20).
  3. Están separados y alienados de Dios por causa del pecado (Romanos 3:23).
  4. La única solución es la provisión de Dios para salvación en Cristo. El hombre carece de la habilidad y la capacidad para salvarse a sí mismo. El pecado del hombre es la razón por la cual el hombre pierde la justicia, la rectitud y la pureza moral que le impide tener una posición correcta delante de Dios.

Por su parte, el hombre insiste en salvarse a sí mismo de múltiples maneras. Las formas más comunes:

Siendo buenos.

En otras palabras por medio del mérito y justicia personal. Sin embargo la Biblia nos deja ver que la justicia del hombre son como trapos de inmundicia, Isaias 64:6. La justicia que es aceptable para Dios no es inherente en el hombre, pues si los escribas y fariseos (que habían dedicado sus vidas a conocer la Palabra y agradar a Dios) no lo lograron, nosotros tampoco lo haremos.

“Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”, Mateo 5:20.

Haciendo el bien.

Las obras de caridad, los ritos religiosos, el guardar la ley. La Biblia nos deja ver claramente que las obras no pueden salvar al hombre.

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado”, Gálatas 2:15-16.

Confiando en su herencia religiosa.

El asunto no es por herencia o por tradición.

“Sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios”, Romanos 2:29.

Conocimientos, sabiduría e inteligencia.

El hombre no puede discernir por sí mismo la realidad de quien es Jesús. Solamente Dios puede revelarle al hombre el significado de Jesús para salvación.

“Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente”, 1 Corintios 2:14.

Mi oración es que este breve escrito te sirva para explicar a otros las buenas nuevas. Ahora, si Dios ha abierto tu entendimiento para reconocer que eres un pecador que necesitas un Salvador, arrepiéntete de tus pecados y deposita toda tu esperanza y confianza en la obra salvadora de Cristo en la cruz para el perdón de nuestro pecados. Hoy es un buen día para comenzar una relación con él.

3 lecciones que todo cristiano puede aprender de Judas

Coalición por el Evangelio

3 lecciones que todo cristiano puede aprender de Judas

JOSUÉ BARRIOS

Tal vez el título de este artículo te suene extraño, ya que usualmente tenemos la impresión de que no hay nada bueno que aprender de Judas. Él quedó como el Monte Everest de los fracasos de la humanidad. Fue tan hipócrita que incluso supo hacer que a los otros discípulos les pareciera apropiado su disgusto al ver cómo María de Betania derramaba perfume a los pies de Jesús (Juan 12:1-6Mateo 26:8).

Sin embargo, déjame compartir contigo tres cosas que creo que todo cristiano debería aprender de él.

1. Es posible estar cerca de Jesús y a la vez estar lejos.

Judas no amó a Jesús y prefirió las cosas terrenales, como muestra su traición y sus robos (Juan 12:6). No estaba realmente interesado en lo que el Maestro enseñaba. Siendo honesto, lo que Judas creía en esencia no era muy diferente a lo que hoy se conoce como “el evangelio de la prosperidad”: Quería a Cristo como un medio para su fin personal y orgulloso, y por eso era su seguidor.

Puedo imaginar a Judas desilusionándose a medida que conocía más a Jesús, e incluso enojado creyendo que Jesús lo había engañado y que había desperdiciado tiempo siguiéndolo. Por eso, cuando llegó al punto en que se obstinó y por fin reconoció que Jesús no le serviría para sus propios propósitos, lo traicionó, mostrando que nunca fue un verdadero discípulo (cp. Juan 26:14-16).

Sin duda Judas fue de los hombres más privilegiados en la historia: caminó tres años en la cercanía de Jesús, testigo de milagros asombrosos, e incluso predicó junto con los otros discípulos. Pero nunca valoró y amó a Cristo.

Jesús muchas veces habló cosas que se aplicaban a Judas (como Mateo 6:19-24 o Mateo 7:21-23), e incluso advirtió sobre lo que vendría para quien lo traicionase (Mateo 26:24), pero Judas no hizo caso a sus palabras. De hecho, sabemos que Judas nunca fue salvo porque Jesús sabía que lo iba a traicionar (Juan 6:70), y porque siempre fue “el hijo de perdición” (Juan 17:12).

Ojala se hablase más en nuestros púlpitos sobre la verdad de que es posible estar dentro de las cuatro paredes de una congregación y hasta tener un “ministerio exitoso”, y aún así nunca formar parte de la iglesia de Dios.

La historia de Judas debe hacer reflexionar a toda persona que dice ser cristiana, ya que tenemos a muchos Judas en nuestras filas: “Cristianos” que quieren a Cristo como un simple fin para algo más. Personas que aunque están cerca de la predicación de la verdad, tienen sus corazones lejos de ella.

2. Solo Jesús puede llenar nuestras vidas.

Siglos antes de la venida de Cristo, Dios le habló al profeta Jeremías:

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13, énfasis añadido)

La esencia misma del mal es rechazar al Dios digno de toda nuestra adoración y tratar orgullosamente de llenar nuestras vidas con cosas que jamás podrán llenarlas, como, por ejemplo, bienes terrenales.

Judas representa perfectamente estos males de los que habló Jeremías. Él creyó que era mejor tener un puñado de monedas que tener a Cristo. Luego vio el error que cometió, pero en vez de arrepentirse, decidió quitarse su propia vida, e incluso su suicidio no fue como él esperaba (Hechos 1:18). Judas es un claro ejemplo de que en realidad de nada sirve tener cosas materiales sin tener a Cristo.

Una frase que se atribuye a Charles Spurgeon dice: “Quien le sirve a Dios por dinero, le servirá al diablo por un mejor salario”. Esto se aplica a Judas y es una advertencia para todo el que aparentemente es cristiano pero no lo es.

Por eso la Palabra enseña:

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10).

3. Nada puede detener los planes de Dios.

Estaba decretado que Jesús vendría a ser traicionado y dar su vida por nosotros (cf. Efesios 1:11Apocalipsis 13:8). La traición de Judas fue anunciada mucho antes de que ocurriese (Juan 13:18Mateo 27:9-10, cf. Hechos 2:23). Sin embargo, Dios no obligó a Judas a que traicionase a Jesús.

Judas se entregó a Satanás y llevó a cabo su traición y maldad por voluntad propia, pero Dios es tan grandioso que Él transformó su traición para bien (cf. Génesis 50:20). Así que, Judas es un gran ejemplo de que los planes de Dios no pueden ser frustrados.

Es misterioso cómo Dios es soberano sobre todas las cosas al mismo tiempo que el hombre es 100% responsable de sus decisiones. Es algo que nuestra mente finita tal vez no pueda comprender, pero es algo que necesitamos aceptar, ya que esta verdad es un gran consuelo de Dios para nosotros.

Si Dios pudo tener todo bajo control en el momento más crucial de la historia, la muerte de Jesús, sin duda alguna puede cumplir sus promesas de hacer que todas las cosas nos ayuden a bien (Romanos 8:28).

Josué Barrios sirve como Coordinador Editorial en Coalición por el Evangelio. Posee una licenciatura en periodismo. Vive con su esposa Arianny en Córdoba, Argentina, y se congrega en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes leerlo en josuebarrios.com y seguirlo en InstagramTwitter y Facebook.

¿Cómo y por qué podría caer?

Coalición por el Evangelio

¿Cómo y por qué podría caer?

THOM RAINER

Hace más de ocho años leí Crash Course: The American Automobile Industry’s Road from Glory to Disaster (Rumbo a la quiebra: El camino de la industria automotriz estadounidense, de la gloria al desastre), por Paul Ingrassia. El libro es un relato fascinante del éxito y la caída de los “tres grandes” fabricantes de autos: General Motors, Ford, y Chrysler. Solo Ford evitó caer definitivamente en bancarrota.

Escribí una publicación en mi blog acerca del libro. Gran parte del contenido de la publicación lo he repetido aquí. Es un sorprendente recordatorio de las presiones y tentaciones que existen en el liderazgo.

Mi deseo inicial fue aprender de las lecciones de la industria automotriz, de ambas: las buenas y las malas. Aunque la mayoría del libro se enfoca en los enormes errores de muchos en la industria automotriz, es justo dar crédito donde amerite. Por ejemplo, en el 2006, Bill Ford, quien sostenía los cargos múltiples de director, presidente, y gerente de Ford, comprendió que su liderazgo no estaba dando buenos resultados. Así que, esencialmente se despidió a sí mismo del cargo de presidente y gerente, y estableció un nuevo liderazgo en Ford. Probablemente, esta jugada fue el momento decisivo que llevó a su empresa a evitar la bancarrota. “Tengo mucho de mí invertido en esta empresa”, explicó Ford, “pero no mi ego”.

La soberbia es la caída de los líderes y, por consiguiente, de sus organizaciones.

Desafortunadamente, las medidas de Bill Ford fueron la excepción y no la norma. Aquellos en el manejo de los “tres grandes” y aquellos en el liderazgo del sindicato, por momentos mostraron tal falta de liderazgo que, viéndolo en retrospectiva, nos cuestionamos cómo es que los líderes pueden dirigirse erróneamente por caminos tan destructivos.

La esencia de todo

Las palabras de James B. Stewart en la sobrecubierta del libro describen bien la esencia de la historia: “Una mirada fascinante de cómo el ego y la soberbia destruyeron una industria…”. Ciertamente, de todas las lecciones aprendidas acerca del liderazgo, la más penetrante y convincente en el libro es que la soberbia es la caída de los líderes y, por consiguiente, de sus organizaciones.

Por tanto, estuve intrigado en seguir las vidas y las trayectorias del liderazgo de estos líderes en el libro. Rápidamente vi claros patrones de liderazgo infectados con soberbia.

Las señales de la soberbia

Mi lista no es exhaustiva, pero sí creo que es reveladora. Los siguientes patrones comenzaron a emerger en cada una de las vidas de los líderes corporativos y sindicales. En ellos puedes ver las señales de soberbia de cualquier líder.

1. Los líderes soberbios ven a los demás como inferiores. Para ellos, el resto del mundo no entiende. Simplemente no son igual de inteligentes. Como resultado, estos líderes no escuchan bien, porque los demás no tienen algo que decir que sea realmente de valor. Así, los líderes soberbios carecen de paciencia hacia los demás. Ellos definitivamente no pueden ver sus propios errores.

Los líderes soberbios no se dan cuenta cuando las condiciones están empeorando, porque no creen que tales condiciones puedan ocurrir bajo su liderazgo.

2. Los líderes soberbios son lentos para ver el creciente deterioro en las organizaciones que lideran. El gerente de General Motors declaró en una carta enviada en el 2007 a los accionistas: “Todo nuestro equipo se levantó para enfrentar la variedad de desafíos que se presentaron”. La carta fue escrita mientras las pérdidas de dos años llegaban a un total de más de $12 billones. Los líderes soberbios no se dan cuenta cuando las condiciones están empeorando, porque no creen que tales condiciones puedan ocurrir bajo su liderazgo.

3. Los líderes soberbios son temperamentales. Algunas de las historias de los temperamentos de los líderes sindicales y de los “tres grandes” son casi inimaginables. Su trato condescendiente y degradante hacia los demás refleja una visión agrandada de sí mismos. Si alguien no estaba de acuerdo con ellos u obstruía su camino, la justa ira del líder explotaba.

4. Los líderes soberbios esperan ser servidos. Los gerentes de los “tres grandes” no entendían la realidad. Llegaban a audiencias congregacionales para obtener el dinero de rescate financiero en jets corporativos privados. Las amenazas de huelga de los líderes sindicales hacia las empresas de autos generaban tantos beneficios inusuales a los trabajadores, que la misma existencia de las empresas en las cuales trabajaban fueron puestas en riesgo. En los dos casos, todos velaban por sí mismos, buscaban ser servidos en vez de buscar servir.

5. Los líderes soberbios no saben cuándo retirarse. Ninguna persona es indispensable a una organización. Ningún líder es indispensable a una organización. Es más común que reconozcamos más rápido nuestro llamado a un lugar en vez de nuestro llamado a retirarnos de ese lugar. Los líderes soberbios tratan de aferrarse por demasiado tiempo.

Mirando en el espejo

Mientras leía el libro y mientras escribía esta publicación, mi mente capturó imágenes de líderes del pasado y del presente que mostraban perfectamente las descripciones de líderes soberbios. Luego me vino el pensamiento. Líderes soberbios nunca piensan que son o que serán líderes soberbios. Definitivamente es fácil decir de otros que son egoístas interesados. Pero es increíblemente difícil aceptar que yo pueda seguir ese mismo camino.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con este versículo: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu” (Pr 16:18). Pero el versículo que sigue no es citado con mucha frecuencia: “Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres que dividir el botín con los soberbios” (Pr 16:19).

Debo mirar el espejo más seguido y ver mi propia pecaminosidad e inclinación a la soberbia. Es fácil leer un libro acerca de otros líderes que se llenaron de sí mismos y que fueron conducidos por la soberbia. Pero debo reconocer con aun más claridad que al no ser por la gracia de Dios yo también iría por ese camino.

 

Adornando la doctrina

Coalición por el Evangelio

Adornando la doctrina

EDUARDO FERGUSSON

“Para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”, Tito 2:10b.

Este versículo se encuentra en una serie de enseñanzas que el apóstol Pablo dirige a Tito. Luego de dar instrucciones con respecto a la sujeción y fidelidad, dice que el propósito de esto es que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.

La palabra que se utiliza para “adornen” es kosmeo, y de seguro la reconoces por palabras como “cosmético”. Significa embellecer, hacer atractivo, decorar, adornar, o poner en orden.

Por el contexto, vemos que Pablo está hablando a siervos que vivían en una cuasi-esclavitud, y le pide a Tito que los aliente a adornar la doctrina del evangelio que habían profesado. Él enseña que la forma en que los siervos se relacionan con sus amos manifestaría la obra de Cristo, y haría que su fe se viera hermosa, atractiva.

Otro texto que muestra un principio similar está en otra de las epístolas pastorales:

“No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza”, 1 Timoteo 4:12.

Por medio de su vida y su ejemplo en “palabra, conducta, amor, fe y pureza”, Timoteo lograría que no tuvieran en poco su juventud. La manera en la que su posición como heraldo del evangelio sería evidente no tenía que ver con argumentar que vino por el apóstol Pablo, ni toda la educación teológica que tenía Timoteo; mucho menos presentando una serie de argumentos sobre la autoridad de los ancianos. La conducta de Timoteo haría evidente quien él era en y por Cristo Jesús.

Nuestro ejemplo como argumento

¿Puedes ver por qué estos textos son tan importantes para nosotros hoy? La doctrina que amamos y defendemos es afectada por cómo vivimos y cómo la presentamos. Podemos estar convencidos de algo que es bíblico, sólido, e incluso de mucha ayuda para otros, pero nuestra manera de actuar hace todo lo contrario a “embellecer” lo que profesamos. Nos olvidamos de que nuestra vida es una demostración clara de nuestra doctrina.

En este tiempo de redes sociales, muchos comparten lo que creen o no creen de forma tan agresiva que se aleja del adorno y el ejemplo que necesitamos ser. Si aquello que creemos y defendemos es tan útil, ¿por qué no logra producir piedad en nosotros? Y si nuestra actitud es producto de lo que creemos, ¿cómo se interesarán otros en creerlo al vernos defenderlo de manera arrogante? Con nuestras actitudes logramos que algo se vea poco atractivo o convincente.

Verdad y conducta

No digo que nuestro comportamiento valide la verdad. La verdad es verdad no importa de quién o cómo venga. Sin embargo, la verdad debe producir piedad, y se reflejará en nuestro trato a los demás y en la manera en que presentamos o defendemos lo que creemos.

Nuestro ejemplo es un argumento fuerte para nuestra doctrina. Tener convicciones sólidas, amar la verdad, y señalar con firmeza el error no tiene nada que ver con el orgullo, el maltrato, o la arrogancia. Pablo mismo es un gran ejemplo de esto: un fiel contendiente por la verdad, que decía tratar a los de tesalónica como una madre cría con ternura a sus propios hijos (1 Tes. 2:7).

Nuestro trato para con los hermanos en Cristo no debe ser semejante al que tenemos con aquellos que son verdaderos enemigos del evangelio, especialmente a la luz de estar “esforzándose por preservar la unidad del Espíritu” (Ef. 4:3).

Asume el reto

Personalmente, cuando leo algo con un tono evidentemente dañino, quiero distanciarme de lo que sea que esta persona crea. Pero cuando veo a alguien que ama al Señor, que contiende con reverencia y mansedumbre, que a pesar de tener un desacuerdo —no en cosas esenciales pero sí importantes— logra expresarlo con estima, inmediatamente pienso: “Quiero conocer lo que este hermano cree”.

¿Asumes el reto de ser ejemplo y adornar la doctrina? Por la gracia del Señor y su Espíritu Santo transformando nuestros corazones, podremos convencer a otros y hacer atractivo aquello que creemos.

Eduardo Fergusson es pastor en la Iglesia Cristiana Vida en Su Palabra en Riohacha, Colombia. Hizo sus estudios teológicos en el Seminario Reformado Latinoamericano de Medellin. Está felizmente casado con Etna. Puedes encontrarlo en Facebook.

Adornando la doctrina

J. I. Packer (1926 – 2020): Llamado para enseñar teología al pueblo de Dios

Coalición por el Evangelio

J. I. Packer (1926 – 2020): Llamado para enseñar teología al pueblo de Dios

JOSUÉ BARRIOS

Nota del editor:  Este escrito fue actualizado el 17 de julio de 2020, luego de la noticia de la partida de J. I. Packer a la presencia de nuestro Señor.

El 19 de septiembre de 1933, la vida de James Innell Packer cambió radicalmente.[1]

Tenía solo siete años cuando, huyendo de un compañero de escuela que le hacía bullying, corrío a través de una calle y lo impactó un camión. Cuando lo atendieron, era evidente que algo andaba mal. Era su cabeza. Había recibido un golpe tremendo.

En la providencia divina, un médico especialista atendió a Packer en el hospital. Luego del accidente, su cabeza presentaría por el resto de su vida una abolladura notable, un poco más arriba de su frente. De hecho, lo obligaron a usar una placa de aluminio en su cabeza como protección, la cual abandonó a los 15 años en un acto de emancipación adolescente.

Debido al accidente, sus padres no le permitieron dedicarse a los deportes ni estar mucho tiempo fuera del hogar. Esto dio fin a su sueño de ser jugador de cricket. Entonces, mientras otros niños jugaban en las calles, Packer descubrió un amor por la lectura y la escritura, algo que sus padres incentivaron para que él no saliera tanto de casa:

“En mi cumpleaños once había arrojado amplias pistas de que esperaba [como regalo] una bicicleta… En la mañana de mi cumpleaños, sin embargo, lo que hallé esperándome fue una vieja máquina de escribir. El regalo fue casi profético”.[2]

Por el resto de su vida Packer escribiría exclusivamente en máquinas así… y sus escritos serían usados por Dios para impactar a millones de personas.

Aunque nunca ocupó un púlpito con alta visibilidad ni trabajó en algún seminario grande, por medio de sus muchos escritos y conferencias J. I. Packer se convirtió en una de las personas más influyentes en el movimiento evangélico en todo el mundo. De hecho, “Packer ha publicado tanto que es imposible compilar una bibliografía de sus escritos”.[3]

Él, quién sigue con nosotros a sus 91 años, ha dejado por la gracia de Dios una huella en la historia moderna de la iglesia. Aunque su nombre no es tan conocido en América Latina, vale la pena considerar su vida y lo que podemos aprender de él, en especial aquellos de nosotros que también amamos enseñar y escribir.

“Tal como soy”

Packer nació el 22 de julio de 1926, en el pueblo de Twyning, al suroeste de Inglaterra. Fue el primer hijo de la familia, teniendo una hermana tres años después. Su padre trabajó como supervisor en una red de trenes.

“No puedo decir que la casa tenía mucho de cristiana”,[4] recuerda Packer, quien se describe a sí mismo en su niñez y años posteriores como “una persona extraña, algo solitaria y, como pensaba y sentía, muy pobre en las relaciones humanas”.[5]

¿Recuerdas la abolladura en su cráneo? Ella lo libró de tener que desempeñarse en el servicio militar a los 17 años, permitiéndole ingresar a la Universidad de Oxford a los 18 años gracias a sus calificaciones. Allí fue influenciado por las lecturas de C. S. Lewis, y obtuvo los títulos de Bachiller (1948), Máster (1954), y Doctor (1954). Sin embargo, lo más importante durante su estadía ocurrió tan solo dos semanas luego de su llegada.

Packer fue a un servicio evangelístico el 22 de octubre de 1944 en la iglesia anglicana St. Aldate’s. Los primeros 40 minutos del sermón lo aburrieron pero, al final del sermón, cuando el predicador habló sobre su conversión, el joven Packer fue impactado. Él necesitaba en verdad la salvación que solo hay en Jesús, y creyó el evangelio.

Más de 50 años después, Packer dijo: “Recuerdo la experiencia como si fuera ayer”.[6] Aunque “no hay forma más común de convertirse que recibir al Señor mientras se canta Tal como soy”, su vida no sería la misma.[7] Desde entonces viviría para el Dios que lo salvó.

Una voz evangélica

Pronto se hizo evidente que Packer poseía un don único para instruir a otros.

En 1948 pasó un tiempo enseñando griego en el Oak Hill College. Luego fue ordenado como diácono en la Iglesia de Inglaterra en 1952, y al año siguiente como ministro. Posteriormente sirvió dos años en una iglesia en Birmingham, en lo que podríamos llamar un rol de pastor asociado. Durante este tiempo conoció en una conferencia en Londres a quien sería su esposa, Kit Mullet, con quien se casó en 1954.

Desde 1954 hasta 1961, Packer trabajó como conferencista en Tyndale Hall, un importante colegio teológico evangélico en Bristol. Luego, por el resto de la década de los sesentas, fue director de Latimer House, un grupo de estudios y reflexión evangélica en Oxford. Este grupo sería el principal centro de recursos para evangélicos anglicanos en Inglaterra. Más adelante, desde 1971 hasta 1979, Packer fue director de Tyndale Hall, alcanzando con su enseñanza una gran influencia en la iglesia en Europa y Norteamérica.

En estos roles, la notoriedad de Packer como líder evangélico a favor de la sana doctrina no hizo más que crecer. Esto siguió cuando, en los ochentas, Packer se mudó a Vancouver (Canadá) para enseñar en Regent College hasta 1996. En ese año asumió el cargo de Profesor de Teología de la Junta de Gobernadores de la institución, el cual conserva hasta hoy.

La autoridad de Dios en la verdad revelada de la Biblia y a través de ella debe controlar y moldear nuestra creencia y nuestro comportamiento.

Packer llegó a ser reconocido debido a sus decenas de libros, entre los que destacan su primer libro, El “fundamentalismo” y la Palabra de Dios (una defensa de la autoridad de la Escritura y su rol en la vida cristiana); y El conocimiento del Dios santo, su texto más vendido.

Asimismo, por medio de escritos y conferencias, Packer contribuyó a la expansión actual de las doctrinas de la gracia y al renacimiento de interés por los puritanos, canalizando la voz de ellos para una nueva generación. “Los grandes puritanos, aunque muertos, todavía nos hablan a través de sus escritos, y nos dicen cosas que necesitamos escuchar en este momento”.[8]

Además, Packer sirvió durante décadas como asesor teológico para Christianity Today, una de las publicaciones evangélicas más destacada en el mundo. Allí ha gozado de libertad creativa para publicar decenas de artículos de todo tipo durante los años (escritos teológicos, de opinión, biográficos, sobre historia, etc.). Si hay una voz que podamos asociar fácilmente con el evangelicalismo, esa es la de J. I. Packer.

Packer y sus convicciones

¿Cómo describir el rol de Packer? En sus propias palabras recientes:

“Si me pidieran que me perfilara en esta etapa de mi vida, debería comenzar destacando mi sentido continuo de ser llamado por Dios, siendo yo un pecador salvo por Él, y debiéndole todo a su gracia, para servir a su pueblo como un ministro-maestro que comunique la verdad bíblica y vivificante de la providencia, la bondad, y el conocimiento del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, y por lo tanto un acompañante de la formación espiritual y un ayudante de las almas atribuladas”.[9]

Esto ha sido una característica sobresaliente durante su vida, y para comprender lo profundo de sus convicciones evangélicas, hay tres cosas que vale la pena mencionar.

Primero, están sus palabras sobre su servicio como editor de la English Standard Version (ESV, por su abreviatura en inglés), una de las versiones de la Biblia más leídas hoy:

“Cuando pienso en cómo Dios me ha guiado durante los sesenta y seis años de mi vida cristiana, y le agradezco por los libros que he podido escribir, y la verdad que he podido difundir durante esos años, me encuentro concluyendo que lo más significativo que he podido hacer… ha sido servir en la producción de la ESV, una realidad mucho más importante para la iglesia que cualquiera de los libros de Packer”.[10]

A Packer le importa más que la gente tenga una nueva y buena versión de la Biblia, y no que las personas lean sus libros. La Palabra siempre es primero.

Segundo, aunque Packer siempre ha estado comprometido con la Iglesia anglicana, él afirma en uno de sus libros algo que bien podría decirse de casi todos sus escritos: “Antes de ser anglicano, soy evangélico, y he intentado escribir de tal manera que todos los evangélicos, y los aspirantes a ser evangélicos, se beneficien”.[11] La agenda de Packer no es hacer avanzar su denominación; es hacer avanzar el evangelio. En ese sentido, desde el comienzo de su ministerio se ha propuesto enseñar lo que podríamos llamar el mero cristianismo (tomando prestado el nombre del clásico de Lewis) con raíces evangélicas.

Tercero, Packer no ha temido involucrarse en controversias por defender la sana doctrina. Podemos decir esto a pesar de que en el pasado se le relacionó con el ecumenismo.[12] En la opinión de Packer, aquello fue un intento de cooperar contra algunos enemigos comunes al catolicismo romano y el evangelicalismo, sin nunca ceder las creencias evangélicas.

Aunque es debatible si Packer actuó bien al respecto, eso no borra su lucha por la Palabra en distintos frentes. Por ejemplo, escribió en contra de los acuerdos ecuménicos que ignoran los desacuerdos teológicos; refutó el universalismo; y ha combatido varias veces contra enseñanzas erradas sobre el rol y la persona del Espíritu Santo. Suena paradójico que una persona conocida por su amabilidad como Packer se haya envuelto en estas y otras batallas teológicas, pero somos llamados a contender por la verdad (Jud. 3).

Nuestra teología siempre impacta nuestra vida diaria, estemos conscientes de esto o no.

Como prueba de sus convicciones, Packer fue suspendido por la Iglesia anglicana de Canadá debido a su desacuerdo con la postura de la denominación hacia el matrimonio homosexual. Él pertenece hoy a otra denominación anglicana en donde su influencia es fuerte.

¿Por qué Packer no teme involucrarse en controversias debido a sus convicciones? Para él, “la autoridad de Dios en la verdad revelada de la Biblia y a través de ella debe controlar y moldear nuestra creencia y nuestro comportamiento”.[13] Enseñar y defender la verdad no es opcional para el creyente.

Esto nos conduce a lo más importante que él nos enseña a lo largo de su ministerio: nuestra teología siempre impacta nuestra vida diaria, estemos conscientes de esto o no.

La teología tiene consecuencias

“Llegar a ser maduro en Cristo depende… de aprender a pensar en términos de las verdades y los valores bíblicos, y a desaprender todas las formas alternativas de pensamiento que el mundo ofrece”.[14] Por lo tanto, necesitamos estar anclados a la verdad.

Si la iglesia ha perdido fortaleza, el problema empieza con las ideas erradas que cree y la ignorancia de lo que necesita abrazar:

“A medida que pasan los años, cada vez me siento más agobiado por la sensación de que las personas más conservadoras de la iglesia en Occidente… están, si no muriendo de hambre, al menos gravemente desnutridas… La ignorancia sobre Dios —ignorancia tanto de sus caminos como de la práctica de la comunión con Él— está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad.”[15]

Packer nos enseña que “una vez que comprendemos que el propósito principal para el cual estamos aquí es el de conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida encuentran solución por sí solos”.[16] Es por eso que los teólogos, maestros, predicadores, y escritores cristianos deben ser como trabajadores de aguas residuales:

“[La función de ellos] es detectar y eliminar la contaminación intelectual y garantizar… que la verdad vivificante de Dios fluye pura y sin veneno hacia los corazones cristianos. Su llamado los obliga a actuar como ingenieros de agua de la iglesia, buscando mediante su predicación, enseñanza, y exposición bíblica que el flujo de la verdad sea fuerte y constante; pero quiero retratarlos, particularmente, como eliminadores de aguas residuales espirituales”.[17]

En medio del despertar a la sana doctrina que estamos presenciando, estas palabras son relevantes porque nos recuerdan la naturaleza de lo que Dios demanda de toda persona llamada a servir a la iglesia en roles de enseñanza. La iglesia no necesita innovación, sino volver a lo que está en la Biblia, en especial el evangelio.

La ignorancia sobre Dios —ignorancia tanto de sus caminos como de la práctica de la comunión con Él— está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad.

Necesitamos purificar el agua doctrinal que consumimos y estar más satisfechos con la verdad eterna, siempre con Cristo en el centro. Como ha dicho Packer: “Desde el principio no estaba dispuesto a permitir que ningún libro [que yo había escrito] no llevara el evangelio”.[18]

Nuestra teología tiene consecuencias. Tomemos la Palabra en serio si hemos de tener un impacto en las vidas de otros. “Toda mi escritura y ministerio ha tenido el enfoque de alimentar [a la iglesia], y todo ministerio que vaya a permanecer en el futuro tendrá el mismo enfoque”.[19]

Apliquemos la verdad a la vida

De esta manera, Packer nos modela también la importancia de aplicar la verdad bíblica.

Sus libros rebosan no solo de teoría, sino de aplicación práctica. Esto es lo que, por la gracia del Señor, hace la diferencia en la vida de muchos lectores. “La buena teología… constantemente exige decisiones deliberadas y responsables sobre cómo vamos a vivir”.[20]

“Hay escritores que piensan que simplemente con formulaciones crudas y ortodoxas de verdad y sabiduría bíblica, sin ninguna búsqueda de aplicación para el lector, están cumpliendo el papel completo de un escritor cristiano, y que no se requiere nada más de ellos. No creo que eso sea así. Ya hay suficiente gente que puede verbalizar la ortodoxia en papel. Lo que no tenemos es escritores que puedan unir la verdad y la sabiduría sobre el Dios de las Escrituras con la comunicación personal… comunicación que golpea el corazón, que te hace comprender que este escritor es una persona que habla con otras personas, que este escritor está tratando de buscarme para ayudarme, y debo dejar que lo haga. Hay un cierto arte y oficio en la escritura de tal manera que llegue al corazón del lector. Creo que a veces Dios me ha permitido hacer eso en cosas que he escrito. No es un accidente, es algo que he tratado de hacer y seguiré intentando hacer. Así que le diría a un incipiente escritor: es una habilidad que debes aprender”.[21]

¿Acaso estas palabras no son también para todo pastor, maestro, líder, y teólogo?

La buena teología constantemente exige decisiones deliberadas y responsables sobre cómo vamos a vivir.

Hoy Packer ya no puede escribir debido a que partió a la presencia del Señor el 17 de julio de 2020, a sus 93 años. Pero su ejemplo sigue presente. Recientemente alguien le preguntó: “¿Cuáles serían tus últimas palabras para la iglesia?”, y él respondió: “Glorifica a Cristo de todas las maneras”.[22] Definitivamente, eso lo hacemos cuando atesoramos la Palabra, eliminamos de nuestro pensamos las ideas erradas sobre Dios, llevamos nuestra sana doctrina a la práctica, y contendemos por la verdad.

Demos gracias a Dios por obrar para bien aquel accidente con un camión hace más de 75 años, y oremos que Él levante de entre nosotros a más hombres que entiendan que la verdad importa y debe ser aplicada a nuestros corazones, en vez de simplemente formulada.


[1] El título de esta breve biografía está inspirado en el título del libro, Doing Theology for the People of God: Studies in Honor of J.I. Packer (Intervarsity, 1996).
[2] J. I. Packer: In His Own Words (Crossway).
[3] Ryken, Leland. 10 Things You Should Know about J. I. Packer.
[4] J. I. Packer: In His Own Words.
[5] Ryken, Leland. J. I. Packer: An Evangelical Life (Crossway), p. 21.
[6] Ibíd, p. 38.
[7] Ibíd, p. 193.
[8] Ibíd, p. 197.
[9] Ibíd, p. 414-415.
[10] Ibíd, p. 261.
[11] Packer, J. I. Taking God Seriously: Vital Things We Need to Know (Crossway),  p.15.
[12] Esto lo separó de Martyn Lloyd-Jones y trajo fin a las célebres conferencias sobre los puritanos, en las que ambos trabajaron juntos por varios años. Sobre tal separación, Packer ha escrito en un ensayo biográfico sobre MLJ: “‘¿Alguno de nosotros tenía razón? La historia juzgará, y a la historia remito el asunto’. Después de eso, Packer es completamente elogioso en sus recuerdos de Lloyd-Jones. Él termina diciendo que Lloyd-Jones ‘encarnó y expresó’ la gloria de Dios ‘más ricamente que cualquier hombre que todos hayan conocido’” (Citado en: Ryken, p. 183).
[13] Ryken, p. 255.
[14] Packer, J. I. Caminar en sintonía con el Espíritu: Cómo encontrar la plenitud en nuestro andar con Dios (Publicaciones Andamio), loc. 144-145.
[15] Aquí en realidad hay dos citas de Packer: la primera aparece citada en Ryken, p. 229; y la segunda está en El conocimiento del Dios santo (Editorial Vida), p. 10.
[16] El conocimiento del Dios santo, p. 43.
[17] Ryken, p. 336.
[18] Ibíd, p. 245.
[19] J. I. Packer: In His Own Words.
[20] Ryken, p. 339.
[21] Citado en: Tony Reinke, J. I. Packer’s Advice To Aspiring Writers.
[22] Ivan Mesa, J. I. Packer, 89, On Losing Sight But Seeing Christ.

Josué Barrios sirve como Coordinador Editorial en Coalición por el Evangelio. Posee una licenciatura en periodismo. Vive con su esposa Arianny en Córdoba, Argentina, y se congrega en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes leerlo en josuebarrios.com y seguirlo en InstagramTwitter y Facebook.

El evangelio es un mensaje acerca del pecado

Coalición por el Evangelio

El evangelio es un mensaje acerca del pecado

SUGEL MICHELÉN

En la entrada anterior vimos que el evangelio es un mensaje acerca de Dios. Pero ahora debemos avanzar un paso más adelante y decir también que es un mensaje acerca del pecado. Fue para resolver el problema del pecado que Dios envió a Su Hijo Jesucristo al mundo.

Cuando el ángel anunció a José que María estaba embarazada, fruto de la obra del Espíritu Santo, le comunicó que el niño debía llamarse Jesús, “porque él salvará a Su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21).

Dios le envió un ángel a José para que le respondiera las tres preguntas más cruciales que podemos hacer acerca de ese niño que se estaba gestando en el vientre de María y del carácter de Su misión.

En primer lugar, ¿quién es éste niño? El ángel responde: Él es Jesús, y este nombre es la forma griega del nombre Josué, cuyo significado es “Jehová es salvación” o “Jehová ciertamente salvará”. Así que desde el principio del evangelio se establece claramente el hecho de que este niño no es otro que la segunda Persona de la Trinidad, Dios el Hijo.

Segunda pregunta, ¿cuál es la misión de este niño? El vino a salvar a Su pueblo.

Tercera pregunta, ¿y de qué cosa tenían ellos que ser salvados? ¿Qué mal tan terrible acecha a estos hombres y mujeres, que la segunda Persona de la Trinidad tuvo que encarnarse para rescatarlos? El ángel responde: El vino a salvar a su pueblo de sus pecados.

No sólo de las consecuencias del pecado, sino también del pecado mismo. Cristo vino a salvarnos de la culpa del pecado, de la esclavitud del pecado, de la depravación que ese pecado ha obrado en todas y cada una de las partes que componen nuestra humanidad. A eso vino Cristo, a buscar y a salvar lo que se había perdido.

No podemos, entonces, predicar el evangelio de Cristo, y obviar el elemento del pecado en esa predicación. El evangelio es una buena noticia, pero solo para aquellos que aceptan primero esta mala noticia: somos pecadores, hemos transgredido la ley de Dios, y estamos bajo condenación (comp. Rom. 3:9-12).

Dios nos dice en Su Palabra que estamos enemistados con El por causa de nuestra naturaleza pecaminosa, que hemos sido rebeldes a su santa ley, que no hemos vivido conscientemente dedicados a cumplir el propósito para el cual fuimos creados: glorificar a Dios en todo cuanto hacemos y gozarnos en Él por siempre.

Por eso nadie puede afirmar que es cristiano, mientras no afirma al mismo tiempo que es pecador, y que esa terrible condición que hemos descrito era realmente su condición antes de conocer a Cristo.

Probablemente no eres todo lo malo que pudiera llegar a ser; de hecho, es posible que seas mejor que muchos hombres y mujeres que conoces, y que seas un hombre o una mujer lleno de principios morales. Pero eso no elimina el testimonio de la Escritura respecto a ti.

Generalmente los hombres piensan de sí mismos que son personas esencialmente buenas, que en ciertas circunstancias hacen cosas malas. Pero Cristo piensa algo muy distinto acerca del hombre. Hablando de la oración, Jesús dijo en cierta ocasión: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan” (comp. Mt. 7:11).

Cristo dice aquí que el hombre es una criatura mala, de la cual salen en ocasiones cosas buenas. Y ahora yo te pregunto, ¿estás de acuerdo con esa evaluación que hace Cristo de ti? Porque nadie será nunca un cristiano verdadero hasta tanto no se vea sí mismo como un pecador que necesita del perdón de Dios. “Los sanos no tienen necesidad de médico…”, dice el Señor.

Cristo vino a salvar pecadores, El vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y los creyentes tenemos el privilegio de proclamar este mensaje del evangelio a los pecadores; un mensaje que nos habla de Dios, que nos habla acerca del pecado, acerca de Cristo y acerca del arrepentimiento y la fe.

Es nuestro privilegio vivir por ese evangelio, llevar ese olor del conocimiento de Cristo e impregnarlo en todo cuanto hagamos, como señala Pablo en 2Cor. 2:14-16. A Dios le ha placido usar ese evangelio para salvar a los pecadores. Que Dios nos conceda la gracia y la fortaleza, no sólo de proclamarlo, sino también de vivir a la altura de Su llamamiento.

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