Recuerda el evangelio: Una reflexión sobre el pecado de Ravi Zacharias

Coalición por el Evangelio

Recuerda el evangelio: Una reflexión sobre el pecado de Ravi Zacharias
Escrito por: FABIO ROSSI • JAIRO NAMNÚN • JOSÉ “PEPE” MENDOZA • JOSUÉ BARRIOS

Ravi Zacharias International Ministries (RZIM) publicó el día de ayer un extenso reporte de 12 páginas confirmando el resultado de investigaciones privadas sobre la vida del reconocido ministro y apologista. El reporte, que contiene información detallada de sus actos y que recomendamos leer con la discreción del caso, revela que por muchos años Ravi Zacharias vivió una doble vida que escondía su verdadero carácter a los ojos de su familia, sus colegas de ministerio y el público en general. 

RZIM expresó estas palabras en una carta pública difundida ayer:

“Ravi utilizó una amplia serie de medidas para ocultar su conducta de su familia, compañeros y amigos. Sin embargo, también reconocemos que en situaciones de abuso prolongado, a menudo existen problemas significativos de estructura, política y cultura interna… Nuestro personal, nuestros donantes y el público confiaron en nosotros para que mentoreáramos y supervisáramos a Ravi Zacharias y nos aseguráramos de que rindiera cuentas, y en esto hemos fallado”.

Estos hechos han traído consternación y dolor al pueblo evangélico en el mundo entero, considerando que el ministerio que lideró Zacharias es la organización de apologética más extensa en el mundo. Este reporte llega después de varios meses de revuelo dentro de la organización, luego de que el apologista –quien falleció en mayo del 2020– fuese acusado recientemente de sostener relaciones impropias con otras mujeres, sumándose a otras denuncias hechas años atrás por conductas desviadas y abusivas.

Queremos expresar nuestro profundo dolor por lo ocurrido. Lamentamos la realidad del pecado en la vida de Ravi, condenamos los actos descritos en el reporte y oramos por consuelo y fortaleza para la familia, la restauración de las víctimas y también por todas las decisiones que deberán tomar las autoridades del ministerio.

Consideraciones para nuestras vidas y ministerios

¿Cómo podemos reflexionar con respecto a todo esto? Aquí te compartimos algunas consideraciones para nuestras vidas y ministerios.

Debemos ser cuidadosos en nuestro caminar cristiano, teniendo presente tres consejos importantes y milenarios de los apóstoles Pablo, Pedro y Juan. Son consejos inspirados por el Espíritu Santo para bendición y cuidado de nuestras vidas. 

En primer lugar, no busquemos ocultar nuestra realidad personal ante los demás. Por el contrario, busquemos la ayuda necesaria para dejar la vida vieja y caminar en la nueva con libertad. El apóstol Pablo dijo: 

“Dejen de mentirse los unos a los otros, puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia el nuevo conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó… Cristo es todo, y en todos” (Colosenses 3:9-11).

Hace tan solo unos años, el mismo Ravi llegó a decir que “Aquellos de ustedes que me conocen en público no tienen idea de cómo soy en privado”. Esta es una verdad teológica que todos podemos reconocer, ya que todos somos culpables de pecado privado. A la vez, a la luz de los acontecimientos recientes sabemos que estas palabras ocultaban mucho más de lo que parecía. Esto no debe ser así entre los hijos de Dios. Aunque todavía luchamos con el pecado, la integridad, la verdad, la sinceridad son piedras y señales del camino angosto de la libertad en Cristo.

En segundo lugar, Pedro nos recomienda que seamos valientes al buscar caminar siempre en la voluntad de Dios. Él dijo:

“Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, ya no para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios” (1 Pedro 4:1-3).

Todos somos tentados con tentaciones similares a aquellas que hoy sabemos que Ravi decidió ceder. El leer estos sucesos debe llevarnos a reflexionar en la necesidad de vivir para Dios en cada decisión que tomamos. La santidad personal, la vida de piedad y felicidad que todos anhelamos, el escuchar “buen siervo fiel al final” tiene que ver con una serie de pequeñas decisiones que se van tomando; algunas sencillas, muchas muy duras, todas eternas. Cuando sintamos la tentación a esa segunda mirada, a esa pequeña mentira, a ese repetido descuido, recordemos el precio de ceder a las pasiones carnales y lo glorioso de rendirnos a la voluntad de Dios.

Finalmente, el apóstol Juan nos exhorta a que decidamos vivir en la luz de la comunión con Dios y con nuestros hermanos, huyendo de la oscuridad en donde podemos esconder nuestra maldad. Él dice:

“Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7).

La vida cristiana no se puede vivir con integridad de manera solitaria. Todos nosotros necesitamos la corrección que otras personas puedan traer a nuestras vidas en el contexto de la vida de la iglesia. En el caso de Ravi, ahora es evidente una falta de transparencia y rendición de cuentas. Este hecho lamentable nos recuerda que una vida de comunión transparente con Dios y la iglesia es una vida donde al pecado se le dificulta florecer. 

Dios permanecerá

A raíz del pecado descubierto de Ravi Zacharias muchos condenarán nuestra fe y blasfemarán de nuestro Dios. Otros estarán decepcionados y posiblemente se alejarán del Señor. Otros quizás se sentirán profundamente traicionados y tendrán dificultad para confiar en sus líderes y pastores.

Volvemos a darnos cuenta de que Jesucristo fue a la cruz para poder pagar con su propia sangre por nuestros pecados horrendos.  La sombra de la cruz recae sobre todos nosotros sin distinción alguna. La cruz declara nuestra culpabilidad delante de Dios. 

El evangelio nos recuerda que hemos sido comprados por precio para vivir en novedad de vida para la gloria de Dios. La Palabra de Dios nos anima al saber que estamos en paz con Dios, el Espíritu Santo habita en nosotros, nuestro Señor Jesucristo ha prometido estar con nosotros todos los días, tenemos libre acceso al Padre y el Señor nos ha colocado en una comunidad cristiana en donde podemos sobrellevar los unos las cargas de los otros. La cruz no es un símbolo de derrota, sino de victoria porque Cristo pagó por nuestros pecados y nos otorgó la redención, venció a la muerte y resucitó de entre los muertos para que nosotros vivamos por Él una vida nueva. ¡Bendito evangelio! ¡No lo olvidemos ni por un segundo!

No sabemos cómo te encuentras tú al momento de leer esta nota, pero hay algo que sí sabemos: Aunque los hombres fallen y caigan, Dios siempre permanecerá y su iglesia prevalecerá. Pon tus ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Recuerda que vivimos en un mundo quebrantado por el pecado y bajo el ataque constante de un enemigo feroz, así que camina con el gozo de la salvación puesto delante de ti, y corre la carrera sabiendo que nuestro Dios sigue sentado en su trono. Estas verdades eternas son las que nos ayudarán a soportar las pruebas y salir victoriosos (He 12:1-2).

Fabio Rossi sirve como Director Ejecutivo en Coalición por el Evangelio, estando a cargo de la administración general del equipo de trabajo, liderando todas nuestras iniciativas y supervisando el funcionamiento de nuestras diferentes plataformas. También sirve como Anciano Pastor en la Iglesia Centro Bíblico El Camino, en la Ciudad de Guatemala, donde vive junto a su esposa Carol, y sus dos hijos.

Jairo Namnún sirve como Director de Coaliciones Internacionales, y colabora de cerca con el equipo de Coalición por el Evangelio. Es parte del liderazgo de la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, y tiene estudios en el Southern Baptist Theological Seminary (MATS, M.Div). Está casado con Patricia y tienen tres hijos. Puedes encontrarlo en Twitter.

​José “Pepe” Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

¿Eres un liberal o un legalista? ¿Existe alguna otra opción?

Coalición por el Evangelio

¿Eres un liberal o un legalista? ¿Existe alguna otra opción?

Sugel michelen

Mucha gente tiende a pensar que la antítesis del legalismo es el liberalismo. Por tal razón, cuando hablas en contra de uno de estos extremos, muchos presuponen que debes estar en el otro.

Sin embargo, una de las lecciones que el Señor Jesucristo nos enseña en la parábola del hijo pródigo es que un hombre puede perderse viviendo como un liberal o como un legalista; los dos hermanos de la historia representaban esos dos extremos, y los dos estaban igualmente perdidos. De manera que esas no son las únicas dos opciones que hay.

Si queremos darle un golpe mortal al legalismo, el arma que debemos usar no es el liberalismo, sino el evangelio. Esa es una de las grandes lecciones del libro de Gálatas y de Colosenses (por solo citar dos cartas que enfatizan este tema en el NT).

Muchos sienten temor cuando se habla demasiado acerca de la gracia en las iglesias, porque algunos pueden abusar de ella. Presuponen que la mejor manera de mantener a los cristianos transitando por la senda estrecha es no hablar tanto de la gracia y de la libertad que tenemos en Cristo. El próximo paso será poner un conjunto de reglas que no están en la Biblia.

Pero si queremos que los pecadores sean salvados, y que los creyentes avancen en su camino hacia la madurez espiritual y hacia la santidad, debemos seguir proclamando el evangelio de la gracia de Dios en Cristo.

Martín Lutero acuñó un término teológico, que ha venido a ser de uso común a partir de entonces: “antinomianismo” (contra la ley). Pero ahora escuchen lo que dijo Lutero en cierta ocasión: “Si un predicador no es acusado en algún punto de su ministerio de ser antinomiano no está predicando el evangelio”.

No sé si debemos ser tan categóricos como Lutero en este asunto, pero es interesante notar que Pablo previó esa posibilidad en el cap. 6 de su carta a los Romanos. Lo cierto es que nunca enfatizaremos demasiado la gracia de Dios en nuestro ministerio. Y si la predicamos apropiadamente, no tenemos que tener temor.

Como dice el pastor Tullian Tchividjian: “Si realmente eres capturado por la gracia, no vas a usar tu libertad para ser indulgente contigo mismo, sino para glorificar a Dios” (Gal. 5:13).

De manera que si quieres avanzar en tu vida cristiana, pídele a Dios que te ayude a tener un mejor entendimiento del evangelio de la gracia, porque sólo de ese modo entenderás los recursos que tienes en Cristo para ser santo, y tendrás la motivación que necesitas para seguir avanzando en el camino de la madurez y la santidad (2Cor. 5:14).

Leí en estos días una ilustración muy apropiada en ese sentido. Pensemos en la vida cristiana como un velero. La ley moral son los instrumentos de navegación que mantienen el barco en rumbo; pero la gracia es el viento que mueve las velas. Sin los mandamientos de Dios, el barco pierde el rumbo; pero sin la gracia no se mueve.

No se trata de una cosa o la otra, sino de ambas operando al mismo tiempo, siempre poniendo la gracia delante y la obediencia detrás. No lo olvides: el legalista te dice que debes obedecer para ser aceptado por Dios; el evangelio, por otra parte, al mover al pecador a aceptar por fe la gracia de ser aceptado en Cristo, te mueve a la obediencia.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

Coalición por el Evangelio

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

BETSY GÓMEZ • ODETTE ARMAZA DE CARRANZA

Betsy Gómez: Nosotros vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, de manera que cuando se trata del sufrimiento es solo cuestión de tiempo, ya que eventualmente vamos a sufrir.

Tal vez en estos momentos tienes una aflicción que pesa tanto en el alma, que es como una nube que no te permite ver más allá, e incluso te hace pensar que ya no existe ninguna esperanza. Por eso hoy queremos animarte a no mirar desde el lente de tu aflicción, sino desde el lente de la Palabra de Dios, la cual nos promete esperanza en medio de nuestras aflicciones.

Odette Carranza: Primordialmente debes entender que las preguntas, las dudas, e inquietudes que puedas tener, solo pueden ser respondidas por el Señor. Si tu vida está basada en las verdades de la Biblia, créelas. Porque el único que conoce lo que tú estás sintiendo y viviendo, es Dios. Y todo lo que su Palabra dice puedes, tenerlo como una realidad día a día, pues en su Palabra, Dios ha prometido estar a nuestro lado y nos ha asegurado que nada de lo que nos vaya a acontecer excederá su voluntad.

Conocer estas cosas traerá paz en medio del dolor y de esa incertidumbre de no saber cómo será nuestro día de mañana, ya que tenemos la certeza de que Dios ha preparado un nuevo amanecer, y que sus misericordias y bondades son nuevas cada mañana.

Tal vez en estos momentos veas una tormenta, pero las tormentas pasan, las noches terminan, y tienes un nuevo amanecer que el Señor ha provisto para ti. No te desanimes porque en el tiempo perfecto verás que las cosas vuelven a florecer, y que la prueba, dificultad, y dolor por el que pasaste tenían un propósito. Que lo que tú no fuiste capaz de hacer, Dios lo pudo hacer.

También recuerda que no estás sola, porque eres parte de un cuerpo, de una familia, y lo que estás viviendo ahora no solo es un instrumento de santificación para tu vida, sino también un instrumento de testimonio para los que te rodean. Así que en tu debilidad, confía; en tu tristeza, alientate; y en tu no saber a dónde ir, busca al Señor.

BG: Por último, recuerda el pasaje en el Evangelio de Juan 16:33, “En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo”. En la primera parte tenemos una advertencia de que la aflicción vendrá, pero en la segunda parte, tenemos un ancla que nos sostiene en medio de la tormenta.

Esa es la esperanza que nos sostiene en medio de la prueba. Es allí donde debemos poner nuestros ojos, no en nuestro dolor o nuestra herida, sino en Cristo, el varón de dolores experimentado en quebranto hasta la muerte, el cual resucitó, y por medio de su victoria sabemos que nuestro sufrimiento no va a ser nuestro destino eterno.

Nuestro cuerpo puede desfallecer, pero hemos nacido de nuevo a una esperanza viva, a una herencia que no se marchitará, que es incorruptible, y está reservada para nosotros.

OC: Conocer esto y entender que nuestros días tienen un propósito te va a traer paz, y como dice Betsy, nuestra esperanza no está en lo que tenemos en esta tierra. Aunque existan momentos de oscuridad, nuestra esperanza está en lo que Dios ha prometido para nosotros, una vida eterna.

Así que, aunque cueste creer, deléitate en tu situación. No porque esta sea gratificante, sino porque tu deleite debe ser quien está a tu lado. El deleite en Dios durante el sufrimiento, te hará verlo de una forma diferente, como dijo Job: “de oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven”. Durante el sufrimiento hay verdades espirituales que van a abrir tu mente y tu corazón, y vas a poder descubrir que el Dios a quien tú decías amar, en el que decías confiar, es verdadero y es real. Esta experiencia traerá una perspectiva diferente de tu vida, así que no dejes que los momentos difíciles se te escapen sin haber encontrado su propósito.

Betsy Gómez es ​hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés desde el 2005, madre de Josué y Samuel. Posee una gran pasión por ayudar a otras a saborear el Evangelio. Dirige el blog Joven Verdadera y el equipo de Media del ministerio Aviva Nuestros Corazones. Actualmente está cursando una maestría en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Puedes encontrarla en Twitter.

Odette Armaza viuda de Carranza tiene 35 años en la fe por la gracia de Dios. Estuvo casada por 23 años hasta la partida de su esposo con el Señor. Es madre de Nahir, Michelle, y David, sirve como diaconisa y en el ministerio Ezer de la Iglesia Bautista Internacional.

Cuando siento temor

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Cuando siento temor

LEEAN STILES

He luchado con el temor la mayor parte de mi vida. ‪La ansiedad de separación cuando era una niña pequeña, el temor agobiante de comenzar la escuela, el miedo de dormir en casa de una amiga… mis primeros años fueron atormentantes. ‪A pesar de que superé muchos de mis miedos, otros me atormentan hoy día. ‪Algunos tienen que ver con hablar en público, mientras que otros son del tipo “¿qué pasaría si…?”. ¿Qué pasaría si pierdo mi trabajo? ‪¿Qué pasaría si este avión se estrella? ‪¿Y si hay alguien en mi armario? ‪Mi mente es capaz de evocar innumerables escenarios aterradores.

‪Cuando estaba creciendo, los adultos a menudo trataban de tranquilizarme diciéndome que mis temores nunca se materializarían. ‪Pero yo sabía que nadie podía garantizarme eso. ‪Realmente las cosas improbables ocurren. Una vez mi marido saltó fuera del armario y me asustó profundamente (¡y casi pasa la noche en el sofá!). ‪Las personas sí pierden sus puestos de trabajo, y los aviones a veces chocan. ‪El sufrimiento ocurre. ‪Jesús nos dice que tendremos tribulación en este mundo (Jn. 16:33).

Entonces, ¿no es lógico que me preocupe? ‪Tal vez, pero la ansiedad sin control me paraliza. ‪Controla cómo pienso y actúo. ‪Silencia mi deseo de obedecer a Dios. ‪Así que aunque sienta miedo, no quiero que el miedo o la ansiedad gobiernen mi vida. ‪Si estás leyendo este artículo, sospecho que tú tampoco. ‪Pero, ¿cómo superamos el temor? ‪Aquí tres cosas que me han sido de gran ayuda:

1) ‪Reconoce que tu temor puede ser pecaminoso.

‪Hay varias razones por las que pudiera ofenderme en este punto: mis preocupaciones parecen perfectamente lógicas. ‪No puedo dejar de ser tímida, porque es la forma en la que estoy hecha. Si yo niego que haya algo malo con una respuesta de temor, no voy a tener de qué arrepentirme. ‪Pero mis razonamientos no pueden sostenerse en comparación con el carácter de Dios y su Palabra.

‪¿Son mis temores realmente comprensibles considerando el amor y la soberanía perfecta de Dios? ‪¿Puedo utilizar como una excusa que soy propensa al temor? ‪¡No lo creo! ‪¿No dijo Pablo a Timoteo: “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio”, 2 Timoteo 2:17? ‪Mientras esté negando que algo anda mal ¿no es posible que me esté engañando a mi misma? (1 Juan 1: 8). ‪Llamar al pecado pecado debilita su control sobre nosotros, porque Cristo ha roto el poder del pecado a través del evangelio.

‪El miedo también puede ser un producto del pecado. ‪Falta de arrepentimiento puede provocar ansiedad porque Dios habla a través de nuestra conciencia. ‪En este caso tenemos que confesar y arrepentirnos. ‪En un nivel más profundo, tal vez en realidad nunca hemos comprendido o creído el evangelio.

‪Su mensaje es sencillo pero profundo. ‪Jesús vivió una vida perfecta que no podemos vivir. ‪Murió la muerte que merecemos para que podamos ser reconciliados con Dios. ‪Si nos arrepentimos y creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador resucitado, seremos liberados de las garras del pecado y del infierno. ‪El evangelio nos libera de lo que debemos temer más: estar de pie ante un Dios santo y justo sin ser perdonados de nuestro pecado.

Cuando los temores mundanos superan nuestro temor de Dios, somos ilusos e incluso rebeldes. ‪Dios es nuestro Creador, Señor, Salvador, Juez, y el que diseñó un plan para nuestras vidas que le traerá gloria. ‪Así que nos rendimos a Él y no a lo que tenemos miedo de que pueda pasar. ‪El temor piadoso nos estimula y nos permite hacer la voluntad del Señor y no rendirnos ante la ansiedad.

‪2) ‪Recuerda las promesas de Dios.

‪Cuando busqué en la Biblia pasajes sobre el temor y el tener miedo, noté un patrón: la Biblia me dice que no lo haga. ‪Esto por sí mismo es suficiente. ‪Pero me llamó la atención que los mandamientos sobre no tener temor están casi siempre seguidos de recordatorios de la gran fidelidad de Dios y a tranquilizadoras promesas de Su presencia.

‪Hace años confesé mi lucha con el temor a un hombre mayor y piadoso, esperando una respuesta favorable. ‪En lugar de eso me reprendió, diciendo que si yo pensaba que el Señor no podía cuidar de mí. ‪Eso me hizo preguntarme si realmente creía en Dios y sus promesas. ‪¿Estoy convencida de que puedo echar mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí? (1 Pedro 5:7). ‪¿De que Él vela por mi vida? (Salmo 121). ‪¿De que es capaz de guardarme de tropiezos y presentarme sin mancha delante de su gloriosa presencia? (Judas 24).

‪Jesús hace una pregunta conmovedora en Mateo 6: “¿Quién de vosotros podrá con afanarse añadir una sola hora al curso de su vida?”. No puedo. ‪No con preocuparme de que vaya a tener alguna enfermedad que amenace mi vida o con obsesionarme con un plan de escape a un incendio. ‪Dios enumeró mis días y Él es bueno. ‪Él no me promete seguridad en esta vida; más bien Él me promete algo mucho mejor: a Él mismo. ‪Él promete que nunca me dejará ni me abandonará (Deuteronomio 31:6). ‪Él estará conmigo hasta los confines de la tierra (Salmo 139:7-12). ‪Y Él me sostendrá hasta el final (1 Corintios 1:8). ‪‪Sus promesas son verdaderas y confiables sin importar lo que pase.

‪3) ‪Elige actuar conforme a la verdad en vez de conforme a las emociones.

‪Cuando tengo miedo, sentimientos negativos llenan mi corazón. ‪Son fuertes, mandones y persuasivos. ‪Pero no son confiables. ‪Los sentimientos son tan volubles, cambian de un momento a otro. Estoy orgullosa como un pavo real cuando mi hijo me dice que le han ofrecido un buen trabajo, entonces me lleno de temor cuando él me dice que es en Bosnia.

‪Martin Lloyd-Jones dijo: “La mayor parte de tu infelicidad en la vida se debe al hecho de que te estás escuchando a ti mismo en lugar de hablarte a ti mismo”. ‪Entonces, ¿cómo se alinea nuestra respuesta emocional con lo que es verdad? ‪¿Cómo recordar las promesas de Dios mencionadas en el segundo punto?

En lugar de creerle pasivamente a los sentimientos, podemos elegir creer en la verdad de Dios, nuestro fundamento seguro. ‪Jesús dijo: “Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente rompió contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida”, Lucas 6:47-48.

‪Eso es lo que deseo, ¿tú no? ‪Una vida construida sobre la base firme de Jesús y su evangelio y no construida sobre los temores temblorosos. ‪Dudo seriamente que vayamos a terminar este artículo y tengamos libertad del temor y la ansiedad para siempre. ‪Por lo general, es un proceso; así ha sido conmigo. ‪En ocasiones sigo teniendo temor, ‪pero no con la misma frecuencia o intensidad. En la bondad de Dios, he sido liberada para hacer ministerio en formas (incluso hablar en público) y lugares (como el Medio Oriente) inimaginables. ‪Pido a Dios que esto se haga realidad en tu vida también.

Publicado originalmente el 7 de octubre del 2014 para The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.

Leeann Stiles vive en los Emiratos Arabes con su esposo Mack. Ellos son miembros de la Iglesia  Redimida de Dubai, y ella dedica la mayor parte de su tiempo al discipulado y entrenamiento de mujeres. Ellos tienen 3 hijos adultos y una amorosa nuera.

¿Puedo trabajar los domingos?

Coalición por el Evangelio

¿Puedo trabajar los domingos?

MICHEL GALEANO

Esta pregunta me anima mucho porque es una oportunidad para evaluar juntos dos verdades importantes, en donde una sobrepasa a la otra. La primera, es que el trabajo es bueno. Y he decidido resaltarlo al inicio, porque usualmente la respuesta a la pregunta de si debemos o no trabajar los domingos es contestada con una negación rápida y absoluta. Sin embargo, hay personas que encuentran difícil este razonamiento, ya que perciben el trabajo como algo bueno y necesario.

Así que la respuesta no es tan fácil como parece. Para algunos es un “sí” inmediato, porque entienden que Dios nos llama a trabajar. Pero para otros es un “no” inmediato, porque entienden que Dios nos ha llamado a guardar el día de descanso. Y es aquí donde estas dos verdades son confrontadas y revisadas, para que la segunda tenga más autoridad y peso sobre la primera.

Escoger lo mejor

Ciertamente el trabajo es algo bueno, pero alabar a Dios junto con la iglesia es mucho mejor. Es decir, como cristianos debemos entender que aunque el trabajo es algo bueno que Dios espera de todos nosotros, Él también espera que nos reunamos como iglesia para conocerlo, adorarlo, y glorificarlo. ¡Y el domingo es el día que hemos apartado para ello!

El trabajo es algo bueno, pero alabar a Dios con la iglesia es mucho mejor.

Pero ¿por qué el domingo es un un día más especial que cualquier otro de la semana? Históricamente la iglesia se ha reunido los domingos porque creemos que es el día en que nuestro Señor Jesucristo resucitó. Y por esto la iglesia primitiva separó este día como santo, tal como el pueblo de Israel había hecho con el sábado (Ex. 20:11). 

El sábado fue una ordenanza de Dios para descansar, así como Él también lo hizo cuando terminó su obra creadora (Gn. 2:2–3). Pero para la primera iglesia, el sábado se convirtió en el día donde celebraron la consumación de la obra de Cristo, y el domingo vino a ser el primer día de descanso y celebración por la victoria de Cristo sobre la muerte (Jn. 20:1Hch. 20:71 Co. 16:2).

Por eso debemos entender que, aun cuando el trabajo es algo bueno, tenemos la gran bendición de escoger lo mejor: adorar a Dios junto a nuestros hermanos, los domingos. Y al mismo tiempo, al vivir en una cultura que proclama el consumismo y el materialismo, debemos entender la importancia del descanso.

Descansar en Dios

En su soberanía, Dios nos ha dado un día para glorificarlo junto a su iglesia, y para reconocer que somos frágiles y necesitamos un descanso. De esta manera, el creyente no debe ver el domingo simplemente como el mejor día para reunirse con otros creyentes para glorificar a Dios alrededor de su Palabra y con cánticos espirituales, sino también como un día para dar gracias por la gran bendición de tomar un día para descansar y prepararse para llevar a cabo todo lo bueno y provechoso que hemos sido llamados a hacer: nuestro trabajo durante la semana.

Así que no veas la reunión de la iglesia los domingos como un impedimento para la productividad en tu trabajo. Más bien, mira el domingo como una oportunidad para glorificar y descansar en el Dios que te ha llamado a trabajar, y quien puede fructificar tu trabajo para la bendición de la comunidad a la cual sirves.

Mira el domingo como una oportunidad para glorificar y descansar en el Dios que te ha llamado a trabajar.

Decidir sabiamente

Pero ¿qué de aquellos que deben trabajar los domingos? Hasta ahora hemos hablado a aquellos que tienen la posibilidad de elegir entre trabajar o no los fines de semana, exhortándoles a escoger lo mejor. Pero sabemos que hay muchas personas que no disfrutan de esta misma libertad.

Es imposible determinar una respuesta generalizada para una pregunta tan importante. Cada caso deberá tratarse sabiamente, de acuerdo a las circunstancias particulares. Sin embargo, existen algunos principios y consejos que quisiera compartirte si estás enfrentando este dilema.

1. Establece tus prioridades a la luz de la Biblia. Recuerda que aunque podemos reunirnos como iglesia durante otros días entre semana, el domingo sigue representando un día especial para la iglesia. Así que te animo, junto al autor de Hebreos, a que no dejes de congregarte y dediques este día a Dios, junto a tu familia biológica y espiritual (Heb. 10:25).

2. Considera tus circunstancias, y da pasos de obediencia y fe. Hace poco escuché el testimonio de un hermano que debido a su profesión como doctor debía trabajar algunos domingos del mes. Pero después de meditar sobre este tema, decidió dejar su lugar de trabajo donde le pagaban muy bien, para manejar un hospital a mayor distancia de casa, pero con la libertad de descansar los domingos y reunirse con su familia y la iglesia para adorar a Dios.

¡Pero, cuidado! Recuerda que esta es una decisión importante que involucra sabiduría espiritual y consejo de otras personas maduras en la fe, que amen a Cristo, que conocen su Palabra, y que te conocen muy bien a ti.

3. Ora y descansa en el Señor. Así como el ejemplo anterior, también conozco personas que por razones económicas deben aceptar un trabajo que implica ausentarse uno o varios domingos al mes. Eso no quiere decir que ignoren la seriedad o la belleza de reunirnos los domingos, sino que más bien han entendido sus circunstancias actuales y han actuado conforme a la libertad que tenemos en Cristo (Col. 2:16-17).

En conclusión, la pregunta sobre si debes o no trabajar los domingos necesita ser contestada desde un amplio entendimiento bíblico de lo que es la iglesia de Dios, y de la importancia de congregarnos como creyentes que desean probar el descanso ya comprado por Cristo, pero con miras al disfrute total de ese reposo por la eternidad.

Michel Galeano es colombiano, casado con Gaby, y padre de Priscilla. Obtuvo su licenciatura de ministerio cristiano y pastoral del Seminario Teológico Bautista de New Orleans, y una maestría en divinidad en el Seminario Bethlehem en Minneapolis. Al momento, Michel está plantando una iglesia en el sur del estado de Florida. Puedes seguirlo en Twitter.

¿Es la Navidad una estafa pagana?

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¿Es la Navidad una estafa pagana?

KEVIN DEYOUNG

Lo hemos escuchado tantas veces que es prácticamente parte de la misma historia de Navidad.

Los romanos celebraron su festival de invierno de siete días, Saturnalia, a partir del 17 de diciembre. Fue algo completamente pagano lleno de libertinaje y adoración al dios Saturno. Para marcar el final del solsticio de invierno, el emperador romano estableció el 25 de diciembre como una fiesta para Sol Invictus (el Sol Invicto). Tratando de hacer que el cristianismo fuera más agradable para los romanos y más popular entre la gente, la iglesia aceptó estas fiestas paganas y puso la celebración del nacimiento de su Salvador el 25 de diciembre. Sin importar lo que las fiestas navideñas se hayan convertido en la actualidad, comenzaron como una imitación de fiestas paganas reconocidas. Si te gusta la Navidad, le debes tu gratitud a Saturnalia y Sol Invictus.

Esa es la historia, y todos, desde los cristianos liberales hasta los cristianos conservadores y aún los no cristianos, parecen estar de acuerdo en que es verdad.

Excepto que no lo es.

Para empezar, debemos distinguir entre orígenes que sugieren una estafa y aquellos que sugieren una reprimenda. La existencia de una conexión entre una celebración cristiana y una celebración pagana podría implicar una imitación sincrónica (“Oye, cristianicemos esta popular fiesta pagana para hacer nuestra celebración más agradable”), o podría significar un rechazo deliberado (“Oye, esta fiesta pagana es horrible, así que pongamos algo distintivamente cristiano en su lugar”). Después de la conversión de Constantino en el siglo IV, en algunas ocasiones los cristianos adaptaron y cristianizaron fiestas paganas. Si lo hicieron con sabiduría y eficacia está abierto a un debate histórico, pero la motivación fue transformar el paganismo del mundo romano en lugar de arrasar con él. Aún si la Navidad se dispuso el 25 de diciembre debido a Saturnalia y Sol Invictus, eso por sí solo no implica que la celebración cristiana del nacimiento de Cristo realmente comenzara como una fiesta pagana.

Pero en el caso de la Navidad, hay buena evidencia de que el 25 de diciembre no se eligió debido a las fiestas de invierno paganas. Este es el argumento que Andrew McGowan, de la Escuela de Teología de Yale, hace en su artículo “Cómo el 25 de diciembre se convirtió en Navidad” (publicado en inglés por primera vez en el 2002 en Bible Review). Permítanme tratar de sintetizar el excelente trabajo histórico de McGowan abordando tres preguntas.

¿Cuándo empezaron los cristianos a celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?

A diferencia de la Pascua, que se desarrolló como una fiesta cristiana mucho antes, no hay mención de celebraciones de nacimiento por parte los primeros padres de la iglesia. Escritores cristianos como Ireneo (130-200) y Tertuliano (160-225) no dicen nada sobre una fiesta en honor al nacimiento de Cristo, y Orígenes (165-264) incluso se burla de las celebraciones romanas de aniversarios de nacimiento como prácticas paganas. Esta es una muy buena indicación de que la Navidad aún no estaba en el calendario eclesiástico (o al menos no era muy conocida), y si lo estaba, no habría estado ligada a una festividad romana similar.

Sin embargo, esto no significa que nadie estaba interesado en la fecha del nacimiento de Cristo. A finales del siglo II, había un interés considerable en determinar la fecha del nacimiento de Jesús, y Clemente de Alejandría (150-215) señaló varias propuestas diferentes, ninguna de las cuales era el 25 de diciembre. La primera mención del 25 de diciembre como el cumpleaños de Jesús proviene de un almanaque de mediados del siglo IV llamado Calendario Filocaliano. Unas décadas más tarde, alrededor del 400 d.C., Agustín indicaría que los donatistas celebraban las fiestas de Navidad el 25 de diciembre, pero se negaban a celebrar la Epifanía el 6 de enero porque pensaban que esta era una invención reciente. Ya que los donatistas (un grupo que surgió durante la persecución bajo Diocleciano en 312) se oponían obstinadamente a cualquier transigencia ante sus opresores romanos, podemos estar seguros de que no consideraban la celebración de la Navidad, o la fecha del 25 de diciembre, como pagana en su origen. McGowan concluye que los donatistas debían estar sumergidos en alguna tradición norteafricana antigua y, por lo tanto, las primeras celebraciones navideñas (que conocemos) pueden fecharse en la segunda mitad del siglo III. Esto es mucho antes de Constantino y durante un período de tiempo en el que los cristianos intentaban evitar firmemente cualquier conexión con la religión pagana.

¿Cuándo se sugirió por primera vez que la Navidad surgió de orígenes paganos?

Ninguno de los padres de la iglesia hace referencia alguna a una supuesta conexión entre Navidad y Saturnalia o Sol Invictus en los primeros siglos de la iglesia. Podrías pensar: bueno, por supuesto que no. Eso hubiera sido vergonzoso. Sin embargo, si el objetivo de basar tu fiesta de nacimiento cristiana en una fiesta de nacimiento pagana es hacer que tu religión sea más popular o más accesible, seguramente alguien diría algo. Además, como señala McGowan, no es como si los futuros líderes cristianos rehusaron hacer estas conexiones. Gregorio Magno, escribiendo en 601, instó a los misioneros cristianos a convertir los templos paganos en iglesias y a readaptar los festivales paganos como días festivos para los mártires cristianos.

No hay sugerencia alguna de que el nacimiento de Jesús fue establecido en una fecha de fiestas paganas hasta el siglo XII, cuando Dionysius bar-Salibi afirmó que la Navidad se trasladó del 6 de enero al 25 de diciembre para corresponder con Sol Invictus. Siglos más tarde, los estudiosos de religiones comparadas (posteriores a la Ilustración) comenzaron a difundir la idea de que los primeros cristianos modernizaron los festivales del solsticio de invierno para sus propios fines. Durante el primer milenio de la historia de la iglesia, nadie hizo esa conexión.

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?

La primera respuesta a esta pregunta es que algunos cristianos no lo hacen. En la rama oriental de la iglesia, la Navidad se celebra el 6 de enero, probablemente por las mismas razones (según un cálculo diferente) que la Navidad llegó a celebrarse el 25 de diciembre en Occidente. Aunque no podemos afirmarlo, hay buenas razones para pensar que el 25 de diciembre se convirtió en la fecha de Navidad debido a su conexión con la fecha (presunta) de la muerte de Jesús y la fecha de la concepción de Jesús.

Hay tres fechas que entran en juego en este cálculo. Comencemos con la fecha de la muerte de Jesús.

Alrededor del 200 d. C., Tertuliano de Cartago notó que Jesús murió el día 14 de Nisán, que era equivalente al 25 de marzo en el calendario solar romano. En el Este, hicieron sus cálculos usando el día 14 del primer mes de primavera en su calendario griego local. En el calendario romano, esto era el 6 de abril. Así que, dependiendo de a quién le preguntes, Jesús murió el 25 de marzo o el 6 de abril.

Tanto en Occidente como en Oriente, se desarrolló la misma tradición de que Jesús murió en la misma fecha en que fue concebido. Un tratado cristiano anónimo del norte de África del siglo IV afirmaba que el 25 de marzo era “el día de la pasión del Señor y de su concepción. Porque en ese día fue concebido, en el mismo que sufrió”. Agustín, en La Trinidad, mencionó ese mismo cálculo. De manera similar, en Oriente, el obispo Epifanio de Salamina del siglo IV sostuvo que el 6 de abril Cristo quitó los pecados del mundo y en la misma fecha fue “encerrado en el útero sin mancha de la santa virgen”. El hecho de que esta curiosa tradición existiera en dos partes diferentes del mundo sugiere que puede haber tenido sus raíces en algo más que una mera especulación. Al menos, como observa McGowan, estos primeros cristianos estaban tomando prestado de una antigua tradición judía que decía que los eventos más importantes de creación y redención ocurrieron en la misma época del año.

Desde la fecha de la muerte de Cristo, hasta la (misma) fecha de su concepción, podemos ver fácilmente de dónde podría haber venido la fecha de la Navidad. Si Jesús fue concebido el 25 de marzo, entonces la mejor fecha para celebrar su nacimiento debe ser nueve meses después, el 25 de diciembre (o, en Oriente, el 6 de enero). Si bien no podemos saber con certeza que de aquí es de donde viene el 25 de diciembre, y ciertamente no podemos ser dogmáticos sobre la historicidad de la fecha, existe una mejor evidencia antigua que sugiere que nuestra fecha de Navidad está ligada a la muerte y concepción de Cristo, en vez de las celebraciones paganas de Saturnalia y Sol Invictus.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

La trampa de un racionalismo irracional

Coalición por el Evangelio

La trampa de un racionalismo irracional

SUGEL MICHELÉN

En el actual debate sobre la despenalización del aborto, a menudo escuchamos decir que los “religiosos” deben mantenerse al margen, ya que nuestras opiniones se basan en “creencias” carentes de la objetividad que solo la ciencia puede proveer. Supongo que muchos de los que abogan por nuestro silencio están asumiendo dos cosas; por un lado, que no existe la verdad fuera de lo que la ciencia puede probar; y, por el otro, que la verdadera ciencia es aquella que parte de una premisa materialista. El materialismo es la creencia de que todo cuanto existe evolucionó a partir de la materia, sin ninguna intervención sobrenatural. Según el materialismo, el universo es un sistema cerrado, donde cada efecto puede ser explicado en términos de causas naturales.

Dado que en este sistema de pensamiento no hay lugar para la existencia de Dios, la opinión de los que creemos en Él es considerada por el materialista como irrelevante en el debate de los temas más pertinentes para el buen funcionamiento de la sociedad. Después de todo, ¿cómo tomar en serio a un grupo de personas que creen en la existencia de un ser mitológico? Tal parece que el naturalismo materialista es la única postura racional desde la que se puede debatir seriamente acerca de la moralidad de nuestras leyes. Pero ¿es realmente así?

El materialismo destruye la confiabilidad de todo tipo de razonamiento, ya que no puede explicar cómo es que la evolución produjo seres pensantes

La realidad es que el materialismo conduce a un callejón sin salida que destruye la confiabilidad de todo tipo de razonamiento, ya que no puede explicar cómo es que la evolución accidental de la materia produjo seres pensantes, y mucho menos cómo es que nuestras neuronas cerebrales producen pensamientos y razonamientos que encajan con la realidad fuera de nosotros. Algunos materialistas dicen que tal conexión entre la materia y los pensamientos es incomprensible. Otros se han aventurado a dar una que otra explicación.

Francis Crick, por ejemplo, en su libro The Astonishing Hypothesis: The Scientific Search for the Soul (La hipótesis asombrosa: La búsqueda científica del alma), abre el capítulo 1 con esta impactante declaración: “La hipótesis asombrosa es que ‘Tú’, tus alegrías y tus tristezas, tus recuerdos y tus ambiciones, tu sentido de identidad personal y libre albedrío, no son más que el comportamiento de un vasto conjunto de células nerviosas y sus moléculas asociadas. Como la Alicia de Lewis Carroll podría haberlo dicho: ‘No eres más que un paquete de neuronas’”.

Richard Dawkins, por su parte, ha extendido la evolución al reino de las ideas al inventar el concepto de los memes. Esta palabra viene del griego μνήμη (mnêmê) que significa “memoria”. “Un meme es una idea o conducta que es imitada y traspasada. Los memes incluyen todas las palabras de nuestro vocabulario, los juegos que jugamos, las teorías que creemos, las canciones que cantamos, los hábitos que tenemos, y así sucesivamente. Los memes, lo mismo que los genes, son reproducidos al ser copiados”.

Los memes, dice Dawkins, poseen la propiedad de evolucionar por vía de la selección natural, en una manera muy similar a la evolución biológica propuesta por Darwin. Mientras una idea puede extinguirse, otras sobrevivirán, se propagarán e incluso mutarán —para bien o para mal— a través de modificaciones. Así explica él, entre muchas otras cosas, la idea de la existencia de Dios.

Los postulados naturalistas no pueden ser probados por el método científico, y, francamente, requieren de un alto grado de fe para ser aceptados

Por supuesto, si Francis Crick tiene razón, deberíamos concluir que su propia teoría no es más que una ilusión de sus neuronas; y en cuanto a los memes de Dawkins… no serían más que otro meme. Tanto en un caso como en el otro, no tenemos razón alguna para confiar en la validez de su razonamiento.

“Los naturalistas parecen estar atrapados en una trampa”, concluye el profesor de filosofía Ronald Nash. “Si son consistentes con sus presuposiciones naturalistas, deberían asumir que nuestras facultades cognoscitivas son el producto de la casualidad, de fuerzas sin propósitos. Pero si esto es así, los naturalistas se muestran inconsistentes cuando colocan tanta confianza en esas facultades”.

En palabras más sencillas, los naturalistas han cortado la rama sobre la que están sentados. Sus opiniones no son menos “creencias” que las de los “religiosos” que están tratando de acallar, ya que sus postulados no pueden ser probados por el método científico, y, francamente, requieren de un alto grado de fe para ser aceptados. A pesar de eso, pretenden poner una mordaza sobre todos aquellos que identifican como “religiosos”, dejando así el campo libre para implantar una dictadura ideológica que no tolera a los disidentes. Y si no despertamos a tiempo, todos sufriremos las consecuencias de este racionalismo irracional.


Una versión de este artículo fue publicada primero en Acento.

​Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

Coalición por el Evangelio

Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

TILLY DILLEHAY

Todo padre que conozco ha pasado más tiempo con sus hijos este año de lo que esperaban. Sumado a todas las muchas otras presiones del 2020, los padres de hijos pequeños han sentido mayor presión en la crianza de sus hijos. Más tiempo significa más oportunidad para pecar y de que pequen contra nosotros. Más tiempo significa que nos preguntamos si la manera en que hemos estado haciendo las cosas le hará bien a nuestra familia en unos años. Más tiempo significa que se despliegan las grietas.

Pero esas grietas no son cosas nuevas del 2020.

Una de mis amigas cristianas más jóvenes acaba de dar a luz a una hermosa niña y anda ansiosamente navegando las filosofías de nuestros tiempos con respecto a la crianza. Me contó que una de sus amigas, que tiene una hija de tres años, le confesó que teme levantarse por las mañanas porque su hija es muy difícil. Esta madre comentó que ella no creía en la “crianza basada en la ley”, pero no estaba segura de cómo lidiar con los constantes berrinches y desafíos de su hija.

La amiga que me relataba esta historia no estaba segura qué era la “crianza basada en la ley”, pero sospechaba que tenía algo que ver con el uso de amenazas y consecuencias. Me dijo que a pesar de haber recibido palmadas cuando era niña por desobedecer y sentir que aquellas palmadas fueron dadas con gracia y de manera efectiva por parte de sus padres, ninguna de sus amigas parecía estar dispuesta a utilizar con sus hijos lo que Proverbios llama “la vara”.

He notado el mismo fenómeno. Muchos padres en mi generación han sido influenciados por términos que no comprenden completamente: términos como crianza basada en el temor o basada en la ley, y no tienen idea de por qué o cómo hay que disciplinar a los hijos. Tenemos acceso a muchos libros cristianos excelentes para padres que nos ayudan a tener conversaciones con nuestros hijos basadas en el evangelio en vez de enfocarnos en su comportamiento externo. Pero estos autores podrían estar dando por sentado algunas herramientas básicas, herramientas que muchos de nosotros no tenemos. 

Si no hemos aprendido estrategias de disciplina de personas que conocemos en la vida real, podría ser que simplemente no sepamos cómo funciona todo esto. Puede ser que no sepamos cómo la vara juega una función en enseñarle a los hijos a escuchar y a obedecer, estableciendo un tipo de confianza relacional que nos da un punto de partida para comunicar el evangelio.

La disciplina les muestra cómo Dios es

Si alguien me preguntara a mí, una madre milenial, con qué batallan más mis compañeras, yo respondería que luchan con la palabra “autoridad”.

Creo que ha habido un malentendido. Entre los padres jóvenes que conozco existe una dicotomía falsa: la crianza basada en la gracia versus la crianza basada en la ley. Otra amiga me preguntó recientemente si, cuando su hijo ignoraba su petición de limpiar su habitación, ella debía “mostrarle gracia” al limpiarlo por él o si ella debía “aplicar la ley” y obligarlo a limpiarlo él mismo. Veo comentarios en línea de madres aterrorizadas de hacer que sus hijos coman su cena, porque temen que esto podría convertirlos en pequeños fariseos.

Mis amigas y yo hablamos con nuestros hijos constantemente. Pero muchas de nosotras vemos que nuestras palabras fallan. Nuestro no no significa no, y nuestro  no significa sí (Mt. 5:37). Nos cuesta poner orden en nuestros hogares a través de una serie de argumentos, persuasiones y explicaciones. Le comunicamos muchas cosas a nuestros hijos acerca de Dios, pero cuando no cumplimos lo que decimos corremos el riesgo de representar mal a Dios. Les estamos enseñando a nuestros hijos que así como nosotros no tomamos en serio lo que decimos, Dios tampoco toma en serio lo que Él dice. 

El axioma bajo el cual muchos actúan va de la siguiente manera: “Dios te muestra gracia al no castigarte. Así que tú también puedes mostrarle gracia a tus hijos al no castigarlos a ellos”.

Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios

Pero lo anterior es un paralelo falso. Nuestros hijos no están relacionados con nosotros de la misma manera en que una persona inconversa está relacionada con Dios. Una persona inconversa es un enemigo de Dios. Nuestros hijos ya son parte de nuestra familia. No les estamos enseñando cómo obtener su salvación y entrar a la familia; les estamos enseñando lo que es ser parte de la familia. Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios.

Nuestros hijos, en este rol de crianza, ya son nuestros. Ya estamos en una relación con ellos en el plano terrenal, y tenemos la oportunidad de mostrarles cómo se siente vivir en comunidad. Se siente como reír a carcajadas. Se siente como una buena comida. Se siente como organización. Se siente como una bendición. Y a veces se siente como dolorosas consecuencias de disciplina. Así como nos dice la Escritura:

“Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:

‘Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’.

Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?”, Hebreos 12:5-9, citando Proverbios 3:11-12.

Este pasaje no se trata de los enemigos de Dios destinados al castigo. Se trata de sus hijos. Si Él disciplina a aquellos que ama, y si dice que es correcto que los padres, hechos a su imagen, disciplinen a los que aman, necesitamos mirar más de cerca lo que esto significa. La disciplina de Dios es la corrección amorosa y paciente de aquellos que pertenecen a Él, no es un arranque caprichoso de ira. Haríamos bien en ejemplificar este tipo de disciplina a nuestros hijos.

La vara en Proverbios

Si queremos encontrar palabras bíblicas claras acerca de cómo la autoridad amorosa funciona dentro del hogar, Proverbios nos da mucho con que trabajar.

“La necedad está ligada al corazón del niño,” dice Proverbios 22:15, “pero la vara de la disciplina lo alejará de ella”.

“No escatimes la disciplina del niño”, insiste Proverbios 23:13, continuando con palabras que podrían sorprendernos, “aunque lo castigues con vara, no morirá”.

“Disciplina a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma”, dice Proverbios 29:17.

Somos embajadores de gracia, amor, gozo, y de orden para nuestros hijos. Somos embajadores del mismo corazón de Dios. Y para poder mostrarlo a nuestros hijos, debemos estar dispuesto a amarlos como Él nos ama a nosotros

Obviamente estos versículos suscitan muchas otras preguntas sobre los cómo, los por qué, y las excepciones. Pero lo que quiero discutir aquí es algo bastante simple y no controversial: los Proverbios nos exhortan a utilizar la vara. Asumen que el uso de la vara es parte esencial de amar a nuestros hijos.

Algunos pudieran estar en desacuerdo con la idea de que los Proverbios pueden ser leídos de manera prescriptiva (“¡no es un mandamiento; es literatura de sabiduría!”). Puedo aceptar esa perspectiva. Pero todavía me queda la pregunta: ¿queremos sabiduría, sí o no? ¿Pensaron los escritores de la Biblia que esta era una buena idea, o no? ¿Podemos leer estos pasajes y deducir alguna otra razón convincente de por qué existe un respaldo tan fuerte de la disciplina corporal en la Biblia?

Objeciones a la vara

Algunas objeciones razonables surgen cuando hablamos del uso de la disciplina corporal dentro del hogar.

¿Qué hacemos con los niños que tienen discapacidades? ¿Y qué de los niños adoptados, niños con un historial de abuso? También, ¿qué pasa con la legalidad del castigo físico? ¿Deberíamos estar preocupados por esto? ¿Y los padres que se sienten tentados al abuso corporal?

Estas preguntas requieren sabiduría. La vara es el principio, no un evento meramente físico. El principio de la vara es que un poco de dolor en el presente, dado con amor con la intención de detener el pecado, a la larga producirá fruto. Así que cuando un niño o un padre tiene un pasado o una condición médica que hace que la disciplina corporal no sea sabia, todavía hay maneras en que el principio de la vara puede traer paz a la relación. Un niño quiere saber que existe estructura en el mundo: lo correcto es lo correcto, lo incorrecto es lo incorrecto, y las personas a cargo de su cuidado están en una posición de autoridad amorosa. Ellos quieren que el pecado dentro de sus corazones sea llamado pecado y sea abordado, sea cual sea la forma infantil que este pecado pueda tomar. Quieren esto a pesar de que nunca sean capaz de expresarlo. Quieren esto aún cuando vienen de una situación caótica tan avanzada que les es imposible imaginarse cómo luce una autoridad amorosa.

Las excepciones no deben usarse como una excusa para ignorar el llamado de la Escritura

Descubrir cómo comunicar esa autoridad sin el uso de la vara física requerirá sabiduría. Es otra razón por la cual debemos estar dispuestos a humildemente pedir la opinión de padres experimentados quienes han transitado por un camino similar. Y para los padres cuyos hijos no encajan en estas estrechas excepciones, las excepciones no deben ser utilizadas para ignorar el llamado de las Escrituras.

Vale la pena hacer las preguntas legales, e indagar la situación de cada país. Sin embargo, es bueno saber que, hasta este punto, en los 50 estados de los Estados Unidos y en el Distrito de Colombia, la disciplina corporal es legal dentro del hogar. También es legal dentro de las escuelas en la mitad de los estados (principalmente en el Sur y el Medio-Oeste). Pero esto podría cambiar. Ya existen prohibiciones absolutas en algunas áreas de Europa occidental, y Escocia se está convirtiendo en el más reciente del pequeño grupo de países que hacen ilegal la disciplina corporal de cualquier tipo. En otras palabras, la desobediencia civil pudiera convertirse en algo necesario. Esto también requeriría sabiduría y un sentido madurado de lealtad a la sabiduría de Dios y no a la sabiduría humana.

La autoridad y los profetas seculares

Algunas de las voces más claras y útiles sobre la autoridad en la crianza provienen de fuentes seculares de los últimos años.

El fenómeno de la popularidad de Jordan Peterson, el polémico psicólogo canadiense, debería indicarnos el hambre que tienen las personas por saber la manera en que el mundo de Dios funciona. En su libro 12 reglas para vivir, Peterson (un psicólogo clínico y un profesor de psicología en la Universidad de Toronto) utiliza un lenguaje mundano para tratar de describir lo que nosotros conocemos como pecado original. Su experiencia con padres e hijos le ha mostrado algo que muchos en la comunidad cristiana subestiman: un hijo dejado por sí solo puede convertirse en un “pequeño monstruo”. Un hijo al cual se le permite que se gobierne a sí mismo es un hijo no amado. Mientras que Peterson habla del alivio que los hijos sienten cuando los adultos asumen su responsabilidad, también menciona el uso del castigo físico como una forma que podría ser necesaria.

En su libro El colapso de la autoridad, Leonard Sax narra historias de padres que dejan que sus hijos decidan todo: qué comer, beber, y qué ponerse; cómo utilizar su tiempo libre; y hasta a dónde ir a la escuela. “En las últimas tres décadas”, el escribe, “ha habido una transferencia masiva de autoridad de los padres a los hijos”. El conecta esta transferencia de autoridad a un número de problemas, incluyendo la sobremedicación de los niños, el pobre rendimiento en las escuelas, y la fragilidad de los universitarios.

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es más que la vara. Pero no es menos que eso

Ambos Peterson y Sax están dispuestos a decirnos cosas que nos hacen sentir incómodos. Uno de los capítulos de Peterson es llamado “No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes”. Un padre cristiano tal vez evite este lenguaje, temiendo pensar que existe algo que sus hijos puedan hacer que lo lleve a detestarlos. Sax da historias que nos sorprenden, como la de un niño de 12 años diciéndole a su mamá: “Date la vuelta. Cállate. Conduce”. No nos gusta pensar que nuestros hijos puedan llegar a este punto.

Pero este tono de advertencia es algo familiar en la literatura de sabiduría: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24). Y también tenemos uno aún más cautivador: “Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no desee tu alma causarle la muerte” (Pr. 19:18). Otras versiones han reproducido esto: “Disciplina a tu hijo… no dejes que tu alma se detenga por causa de su llanto”. Charles Bridges escribió en 1847:

“Hay mucha más misericordia en lo que parecería ser severidad, que en una ternura falsa. Permite que el hijo vea que estamos determinados; que no seremos distraídos de nuestro deber por el llanto de debilidad o pasión. Es mucho mejor que un hijo llore bajo una sana corrección, que los padres lloren después para sí mismos y con sus hijos bajo el fruto amargo de la disciplina descuidada”.

Este lenguaje parecería mucho para nosotros cuando tenemos hijos pequeños, porque no siempre podemos ver en qué se convertirán los pecados infantiles cuando crezcan en pecados adultos de mediana edad. Preferimos utilizar un lenguaje de iglesia y sentimental cuando se trata del tema de la crianza. Pero este lenguaje sobrio no es demasiado para los autores de sabiduría de la Biblia. Y aparentemente tampoco lo es para profetas seculares como Sax y Peterson. No debería ser demasiado para nosotros en la iglesia.

El discipulado y la vara

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es mucho más que la vara. Pero no es menos que eso. Y con palabras tan pesadas utilizadas en las Escrituras sobre el uso de la vara, nosotros como padres jóvenes deberíamos estar dispuestos a aprender los cómo y los por qué de su uso.

Existen referencias útiles sobre la vara en algunos libros cristianos sobre crianza. Rachel Jankovic nos ofrece una gozosa manera para disciplinar en Loving the Little Years (Amando los pequeños años). El libro de Ginger Hubbard No me hagas contar hasta tres es muy práctico. Y Tedd Tripp nos da un capítulo entero sobre el uso de la vara en Cómo pastorear el corazón de su hijo.

Me gustaría ver a padres mileniales acercarse a generaciones previas de padres que hicieron esto bien y haciéndoles las preguntas más básicas. ¿Cómo disciplinas de manera amorosa? ¿Para qué propósito disciplinas? ¿Qué utilizas? ¿Cómo oras con el niño después de haberlo disciplinado? Es difícil aprender este tipo de cosas en un libro. Lo aprendes mejor a través del ejemplo, a través de personas que respetas y en las cuales confías. Obviamente lo ideal sería que hayas sido criado en un hogar donde esto fue hecho bien (yo lo fui). Pero si no lo obtuviste allí, como es el caso de muchos de mis amigos mileniales, es difícil captar la visión si no tienes influencia personal y apoyo.

Como me gustaría escuchar historias de padres jóvenes dentro de la iglesia siendo lo suficientemente humildes para pedir ayuda. También me gustaría ver a más padres con experiencia estar dispuestos a arriesgarse a verse como unos entrometidos con el propósito de hacer lo amoroso y compartir sus experiencias. 

Somos embajadores para nuestros hijos. Embajadores de gracia, de amor, de gozo, y de orden. Somos embajadores del corazón mismo de Dios. Y para que nosotros les podamos mostrar al Señor a nuestros hijos, debemos estar dispuestos a amarlos de la misma manera en la que Él nos ama. Aunque no tengamos garantizado el resultado del corazón de nuestros hijos cuando los disciplinamos, sí tenemos promesas claras acerca de la disciplina de Dios hacia nosotros: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb. 12:11).

Este es el corazón de Dios en la disciplina. Y esta es la disciplina que debemos imitar al caminar en fe a través de la gozosa, compleja, e increíblemente valiosa responsabilidad que es ser padres.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Lauren Charruf Morris y adaptado por Equipo Coalición.

Tilly Dillehay es la esposa de Justin y la madre de Noah, Agnes, y Henry. Ella es la autora de Seeing Green (Viendo las cosas de color verde) and Broken Bread (Partimiento del pan) (Junio 2020). Escribe con su esposo en While We Wait (Mientras esperamos), y es co-anfitriona del podcast Home Fires.

5 reflexiones acerca del “matrimonio abierto” de Jada & Will Smith

Coalición por el Evangelio

5 reflexiones acerca del “matrimonio abierto” de Jada & Will Smith

GERSON MOREY

En días recientes, Will Smith y su esposa Jada Pinkett Smith, de nuevo fueron noticia. Los Smith causaron controversia hace unos años cuando describieron su relación como un “matrimonio abierto” y que son “compañeros de vida”. Con esto quieren decir que cada uno puede aventurarse con otra persona sin que esto signifique infidelidad y que implique la culminación del matrimonio.

Con esta filosofía de vida no es un secreto que Will Smith haya cometido infidelidades, pero en esta ocasión fue su esposa quien confesó su infidelidad a Will con el cantante August Alsina. Al principio, en una entrevista Alsina insinuó que tuvo un romance con Jada Pinkett y que el mismo Will Smith le dio su aprobación. Luego Jada Pinkett Smith, en un episodio de su programa The Red Table Talk, junto con su esposo Will, hablaron de la situación y confirmaron los rumores. La manera tan ligera y vana con que hablaron del tema refleja la poca estima por el matrimonio y la indiferencia ante la gravedad que supone una infidelidad.

Esta noticia nos llega justo cuando, como iglesia, comenzamos un estudio sobre el matrimonio basado en el libro “el Pacto Matrimonial” de John Piper. Oramos al Señor porque en este tiempo fortalezcamos nuestra visión y renovemos nuestro aprecio y compromiso con el matrimonio bíblico. Por eso quiero hacer algunas reflexiones al respecto:

Los Smith no tienen autoridad para redefinir lo que es el matrimonio

Desde Génesis 2:24, Dios estableció la unión matrimonial y, por eso, solo Él puede establecer su naturaleza, su propósito, y también sus parámetros. El matrimonio es: “la unión de un hombre y una mujer que hacen un compromiso de permanencia y exclusividad mutua”.[1]

En otras palabras, el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer que unen sus vidas en un compromiso de fidelidad, permanente y exclusiva para reflejar la unión y la fidelidad de Cristo por su Iglesia. El significado del matrimonio es la representación del amor fiel al pacto entre Cristo y su pueblo”.[2] Los Smith, que dejaron de llamarse esposos para considerarse “compañeros de vida”, fallan al pretender redefinir lo establecido por Dios.

La infidelidad es condenable aunque el otro la apruebe o la tolere

Que Will Smith apruebe la relación extramarital de su esposa no mitiga la gravedad del pecado. Dios determina lo que es bueno y lo malo. Por eso, Él condena cuando llamamos malo a lo bueno y bueno a lo malo (Is. 5:20). El adulterio es un pecado grave que atenta contra la santidad del matrimonio y el diseño de Dios, incluso si nuestra sociedad quiere maquillarlo. El hombre no puede ennoblecer lo que Dios señaló como malo.

No hay nada noble en que los Smith permanezcan casados

Que los Smith permanezcan juntos, a pesar de sus mutuas infidelidades, no son señales admirables de lealtad y perseverancia. Porque decidieron permanecer juntos con un acuerdo licenciosos para relacionarse sexualmente con otras personas.

En realidad, esa renuencia a separarse está fundada en la conveniencia de no rendir cuentas. Por eso, en el caso de los Smith no podemos hablar de un matrimonio que ha sobrevivido al adulterio.

Los famosos no deben ser el criterio para orientar nuestro matrimonio

La visión y prácticas inmorales del matrimonio incrédulo nunca deben definir el matrimonio cristiano. Nuestra regla es Cristo y, por lo tanto, debemos reflejar la fidelidad y el amor sacrificial que Él mostró por Su Iglesia (Heb. 13:4Ef. 5:25-29).

Los matrimonios cristianos, que estamos llamados a glorificar a Dios, debemos esforzarnos por reflejar la santidad, la pureza, la compasión, la mansedumbre, y la humildad de Cristo, quien dio su vida por el bienestar de su pueblo (Col. 3:17).

Los Smith también rendirán cuentas

Toda buena dádiva viene de Dios (Stg. 1:17), y eso también debe decirse del don de la influencia. Por eso somos responsables ante Dios por el uso que hagamos de ella. Jesús dijo: “porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá (Lc. 12:48).

Los Smith tendrán que rendir cuenta a Dios por cómo usaron su influencia. Ellos serán responsables ante Dios por sus pecados incluyendo el tropiezo que esta forma de vida puede causar en tantas personas.

Palabras finales

He seguido esta noticia con indignación y tristeza por la influencia que tienen en nuestra sociedad. Su visión y su ejemplo son contrarios al diseño bíblico del matrimonio y socavan el llamado a la fidelidad. Pero esto también me recuerda y me hace lamentar el estado de muchos matrimonios cristianos. Es decir, esas parejas en el pueblo de Dios que de una forma diferente, también están lejos de expresar el amor y la fidelidad de Cristo. ¡Cuánto ha influenciado el mundo a la iglesia! Cuando debería ser lo contrario.

La visión aberrante de los Smith es sólo el reflejo de la corrupción de nuestra sociedad. Su visión del matrimonio, y su dinámica como pareja, es una expresión de lo que Pablo enseña en Romanos 1:18-31. Cuando el hombre da la espalda a Dios, también le da la espalda a la verdad y a la sensatez. Cuando el hombre se aleja de su Creador entonces se aparta de la coherencia para darle paso a la insensatez y a la incoherencia.

¡Cuánto necesitamos que Dios nos dé una visión fresca y más clara del amor de Cristo por su iglesia! Nos urge una visión que toque mente y corazón, de tal manera, que los transforme y los impulse a responder en santidad y obediencia. Una clase de visión que no solo despierte gratitud, sino que también renueve un deseo por imitarlo. Una visión que nos permita estimar la fidelidad como una virtud admirable, deseada, y perseguida en nuestros matrimonios.

Quiera Dios que:

  • Los Smith se arrepientan de sus pecados y encuentren la salvación en Cristo.
  • Los creyentes elevemos nuestra visión y aprecio por el matrimonio bíblico.
  • Los cristianos apreciemos y sigamos el ejemplo de nuestro fiel Jesucristo.
[1] Sherif Girgis, Robert P. Georg, & Ryan T. Anderson, What is marriage? (Harvard Journal of Law and Public Policy, Vol. 34, No.1) pág. 245-87.
[2] John Piper, Pacto matrimonial (Editorial Tyndale) pág. 14.

​Gerson Morey

Es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

La guerra espiritual: 6 mitos y verdades

Coalición por el Evangelio

La guerra espiritual: 6 mitos y verdades

GERSON MOREY

La vida cristiana es una pelea constante y feroz. En su última carta, el apóstol Pablo escribió: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe (2 Ti. 4:7). Él consideraba el caminar cristiano como una guerra. Por eso exhortó a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12).

La guerra espiritual en la que estamos es la lucha de todo cristiano frente a los poderes del infierno y los enemigos de Dios que conspiran contra nuestra firmeza (Ef. 6:12). El adjetivo espiritual hace referencia al origen y la naturaleza de esta guerra. Es espiritual porque nuestros enemigos son espirituales, y por la forma en que luchamos y las armas que usamos. No apelamos a estrategias humanas, ni usamos pistolas o armas físicas. En cambio, empleamos armas espirituales poderosas en Dios y que nos fueron dadas por Él, como la oración y la Palabra (2 Co. 10:4).

El llamado a la santidad supone grandes conflictos. Debemos estar dispuestos y preparados para resistir. Mientras vivamos en este lado de la gloria, la vida será una batalla sin tregua contra los enemigos de nuestra alma: Satanás, el mundo, y la carne. El diablo nos tienta, el mundo nos resiste, y nuestras pasiones combaten en nosotros para arrastrarnos al pecado.

Desafortunadamente, en los últimos años ha surgido en nuestro países un entendimiento erróneo de esta guerra, y así varias fallas en cómo se lleva a cabo. Estos son algunos mitos comunes al respecto (algunos de los cuales creí por muchos años) y la verdad detrás de ellos:

Mito #1: “La guerra espiritual es arrebatarle al diablo lo que nos quita”.

Esta visión de la guerra espiritual, orientada a la pérdida de los bienes materiales o hacia asuntos terrenales, tiene mucha aceptación dentro de la iglesia. Sin embargo, la noción de que debemos arrebatarle al diablo lo que nos quita (popularizada por una conocida canción hace años) no tiene sustento bíblico y es espiritualmente nociva. En primer lugar, porque parte de la premisa de que aquello que Dios nos da se puede perder. En segundo lugar, porque presenta al diablo como el determinante de mucho (o todo) de lo que nos sucede.

Mientras vivamos en este lado de la gloria, la vida será una batalla sin tregua contra los enemigos de nuestra alma: Satanás, el mundo, y la carne

La Biblia enseña que todas nuestras bendiciones, lo que somos, y todo lo que tenemos en Cristo, fue asegurado por Él en la cruz (Ef. 1:3). A la vez, recordemos que los beneficios terrenales no están asegurados para los cristianos. Dios no nos promete perfecta salud, ni prosperidad financiera, ni una vida sin problemas aquí. Al contrario, los creyentes estamos expuestos a la hostilidad del mundo, a la pérdida de nuestros bienes (Heb. 10:34), y se nos advierte que en esta tierra sufriremos (Jn. 16:33).

Algunas veces padeceremos por nuestra lealtad e identificación con Cristo, y otras simplemente porque vivimos en un mundo afectado por el pecado. Sin embargo, todos los beneficios de la redención son eternos, posesión segura de los creyentes, y podemos confiar en que nada se perderá. Pablo decía que Dios “nos bendijo en los lugares celestiales en Cristo”, para enfatizar el carácter celestial y permanente de nuestros beneficios (Ef. 1:3). Pedro decía que nuestra herencia está reservada en los cielos (1 P. 1:4). Todo lo tenemos en Cristo —aquello que disfrutamos ahora y lo que disfrutaremos en gloria— está seguro en Él. Nada ni nadie, ni siquiera el diablo, tiene el poder para quitarnos esto. 

Por otro lado, los bienes terrenales son pasajeros y se pueden perder. En ocasiones por nuestro propio pecado; a veces, por nuestra fidelidad a Dios o solo como el resultado de vivir en un mundo caído. Pero Dios está por encima de todo escenario. Él es quién finalmente nos da y nos quita cosas, como nos recuerda Job (Job 1:21-22). Este hombre no culpó al diablo ni pretendió arrebatarle lo que había perdido. Más bien, confió en el Dios que dirige soberanamente nuestras vidas según Su sabiduría y para nuestro bien. 

Verdad #1: Dios es quien en última instancia nos da y quita beneficios terrenales, mientras todos nuestros beneficios celestiales están seguros en Cristo.

Mito #2: “Dios da las mayores guerras a sus mejores soldados”.

Este conocido cliché es un error porque sugiere una distinción entre los creyentes. Comunica la idea de categorías entre cristianos. Tal distinción no es saludable ni bíblica. Las palabras de Pablo en Efesios 6 son instructivas al respecto: “No tenemos (plural) lucha contra sangre y carne” (Ef. 6:12). ¡Todos los creyentes están incluidos en esta guerra!

No hay superiores ni inferiores en el reino de los cielos. Las grandes dificultades para unos no sugiere superioridad en ellos

En un sentido todos tenemos la misma lucha, y en otro sentido es diferente para cada uno. Es la misma lucha porque batallamos contra los poderes del infierno; es diferente porque cada uno de nosotros es más propenso a diferentes tentaciones. Lo cierto es que cada creyente tiene su propia batalla. Cada uno experimenta la guerra espiritual de maneras distintas conforme a la providencia de Dios. Pero no hay superiores ni inferiores en el reino de los cielos. Las grandes dificultades para unos no sugiere superioridad en ellos.

Verdad #2: Todos los creyentes están en la guerra espiritual.

Mito #3: “Los gritos al orar añaden poder a la guerra espiritual”.

Santiago nos enseña que debemos ser fervientes en oración (v. 5:17), pero ese fervor no supone levantar la voz y gritar constantemente, porque el ejemplo que él nos provee es el de Elías. Curiosamente, en esa ocasión fueron los falsos profetas de Baal quienes levantaron la voz. Por el contrario, el fervor del profeta se expresó en la firmeza y confianza que demostró al orar (1 R. 18:25-36). La intensidad de los gritos no es crucial en la guerra espiritual.

Levantar la voz puede ser una expresión de celo y fervor, pero los gritos no siempre son una evidencia indiscutible de ello. Tengamos en cuenta que nuestro fervor debe ser una realidad integral y no solo al momento de orar. Es decir, la oración ferviente nace y debe estar en armonía con una vida fervorosa por Dios (Ro. 12:11). 

La resistencia al enemigo comienza con una vida de obediencia que se somete a Dios y no por medio de gritos

Para la guerra espiritual, la oración fervorosa no es un sustituto de la piedad, sino la extensión de una vida piadosa. El mismo Santiago decía: “sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes” (v. 4:7). La resistencia al enemigo comienza con una vida de obediencia que se somete a Dios y no por medio de gritos.

Verdad #3: Los gritos no nos dan más poder en la guerra espiritual.

Mito #4: “Orar en lenguas hace más efectiva nuestra guerra espiritual”.

Es común escuchar que “las lenguas son un idioma de guerra”. Para argumentar eso, se citan las palabras de Efesios 6:18 en el contexto sobre la guerra espiritual: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu”. Sin embargo, más allá de la posición que tengamos sobre el don de lenguas, este mandato en realidad no es sobre eso. La exhortación es general para todos los creyentes, sin importar si hablan en lenguas o no. Es decir, orar “en el Espíritu” es algo que todos podemos y debemos hacer.

Una mirada al uso que Pablo hace de la expresión “en el Espíritu” nos ayuda a entender lo que quiso decir aquí. Por ejemplo, en Efesios 2:22 dice que los creyentes somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Esto significa que Dios mora en nosotros por medio de Su Espíritu mientras somos edificados. También dice en Gálatas 5:16: “anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne”. Aquí nos exhorta a caminar en dependencia del Espíritu, en el poder del Espíritu, y de manera que honre al Espíritu.

Debemos depender del Espíritu, su fuerza, su impulso, y su guía para levantar nuestras oraciones en medio de la batalla espiritual

Estos dos pasajes —Efesios 2:22 y Gálatas 5:16— nos ayudan a ver que la expresión “en el Espíritu” en Efesios 6, no es necesariamente una referencia al uso del don de lenguas. En cambio, significa que debemos depender del Espíritu, su fuerza, su impulso, y su guía para levantar nuestras oraciones en medio de la batalla espiritual.

Verdad #4: La oración en el Espíritu es la oración guiada, sostenida, y fortalecida por Él.

Mito #5: “Debemos hacer decretos y declaraciones para ganar la guerra espiritual”.

La creencia de que nuestras palabras tienen poder para crear cosas y cambiar la realidad es muy común dentro de la iglesia. La idea es que debemos “declarar” con nuestra boca lo que deseamos que suceda y, si tenemos la suficiente fe y convicción, será hecho. He hablado con más detalles sobre esa práctica y mi experiencia con ella en este otro artículo.

Esta enseñanza falla en entender que los decretos que siempre se cumplen son los propósitos eternos de Dios. Esta es una prerrogativa divina, no humana. Los creyentes estamos llamados a confiar en Él y esta confianza la expresamos por medio de la oración constante y humilde. La Biblia nos enseña a clamar al Señor (Sal. 34:6) y presentar nuestras peticiones a Él; no a decretar ni declarar que se cumplan cosas que deseamos.

La oración cristiana pide, no exige; ruega, no ‘declara’ cambiar cosas

La oración cristiana pide, no exige; ruega, no “declara” cambiar cosas. En ninguna parte en la Escritura vemos un mandato a “declarar”. Al contrario, vemos exhortaciones a pedir y ejemplos de peticiones (ej. Mt. 7:7). El mismo Pablo, en un tiempo difícil de su vida, dice que le pidió a Dios tres veces para que lo librara de una aflicción (2 Co. 12:8). El apóstol sabía que en Dios estaba su esperanza y por eso rogaba por ayuda en vez de “decretar”. 

Verdad #5: El creyente puede confiar en que Dios es el único soberano.

Mito #6: “En la guerra espiritual debo dirigirme al diablo y sus demonios”.

Un popular evangelista, conocido por su énfasis en la guerra espiritual, solía decir al orar: ¡Escúchame bien, Satanás…! Es cierto que Pablo le habló en Filipos a un espíritu de adivinación y le mandó a salir de una muchacha, y que Jesús se dirigió al demonio que tenía cautivo al hombre de Gadara (Hch. 16:18Mr. 5:8-13). Pero la práctica actual de dirigirnos a enemigos espirituales al orar es un error por al menos dos razones.

Solo Dios es la fuente de nuestra ayuda, provisión, y protección

Primero, porque fallamos al distinguir entre lo que es descriptivo y prescriptivo en la Escritura. En los Evangelios y en Hechos vemos prácticas y situaciones que no deben ser tenidas como normas para la iglesia. No todo lo que hizo Pablo o Jesús está para ser imitado. Nadie interpreta el relato de Jesús caminando sobre las aguas como algo que la iglesia debe hacer. Y en segundo lugar, estos relatos bíblicos fueron casos de liberación de demonios y no constituyen un modelo para la práctica de la oración en el conflicto espiritual.

Lo que la Biblia nos manda y modela es que la oración debe ser dirigida a Dios (Mt. 6:6Fil. 4:61 Pe. 4:75:6-7). Solo Él es la fuente de nuestra ayuda, provisión, y protección. El ejemplo en Hechos 4 de la iglesia primitiva cuando fue amenazada es instructivo. En esa ocasión la oración fue dirigida al Señor y no al diablo: “Ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza” (Hch. 4:29). Que ese sea siempre nuestro ejemplo al luchar en la guerra espiritual.

Verdad #6: En vez de dirigir nuestras palabras al diablo y sus demonios, pidamos a Dios y confiemos en que Él dirige y cuida nuestras vidas.

​Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey