5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

Coalición por el Evangelio

5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

RANDY ALCORN

Hace un tiempo compartí con personas a quienes les he dado consejería algunas cosas que he escrito sobre cómo Dios usa el estrés en nuestras vidas. Fue oportuno para mí en ese momento y ahora, porque estoy en un momento de estrés, ¡y de hecho Dios lo está usando para mi bien!

1) Dios usa el estrés para llamar nuestra atención. Dios creó nuestros cuerpos. Los diseñó para enviarnos mensajes. Si meto la mano en el fuego, mi cuerpo me enviará un mensaje, rápido y claro. Si lo ignoro, llevaré las consecuencias.

C. S. Lewis dijo que “el dolor es el megáfono de Dios”. Algunos de nosotros tenemos problemas de oído. Ignoramos las señales de advertencia físicas, mentales, y espirituales. Somos como la mula terca que el granjero tiene que golpear en la cabeza para llamarle la atención. Dios quiere que nuestros oídos estén en sintonía con los mensajes que nos envía a través de nuestras mentes y cuerpos.

2) Dios usa el estrés para ayudarnos a redefinir o redescubrir nuestras prioridades. Cuando abandonamos nuestras prioridades dadas por Dios, nos estamos preparando para aprender una dura lección. En esencia, hacemos lo que hicieron los israelitas: vivían en casas de lujo mientras que la casa de Dios estaba en ruinas (Hag. 1:4). En respuesta, Dios envió como mensajeros la falta de cumplimiento, la desilusión, y el fracaso. Les retuvo su bendición hasta que el pueblo redescubrió sus prioridades:

“Ahora pues, así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Siembran mucho, pero recogen poco; comen, pero no hay suficiente para que se sacien; beben, pero no hay suficiente para que se embriaguen; se visten, pero nadie se calienta; y el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota’. Así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Suban al monte, traigan madera y reedifiquen el templo, para que me agrade de él y Yo sea glorificado’, dice el SEÑOR. ‘Esperan mucho, pero hay poco; y lo que traen a casa, Yo lo aviento. ¿Por qué?”, declara el SEÑOR de los ejércitos. “Por causa de Mi casa que está desolada, mientras cada uno de ustedes corre a su casa. Por tanto, por causa de ustedes, los cielos han retenido su rocío y la tierra ha retenido su fruto. Llamé a la sequía sobre la tierra, sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino nuevo, sobre el aceite, sobre lo que produce la tierra, sobre los hombres, sobre el ganado y sobre todo el trabajo de sus manos’”, Hageo 1:5-11.

El pueblo de Dios es dos veces amonestado: “¡Consideren bien sus caminos!”. El estrés debería llevarnos de vuelta a lo básico. Es una oportunidad para reevaluar nuestras prioridades y alinearlas con las de Dios.

3) Dios usa el estrés para atraernos a Sí mismo. Una y otra vez se decía del pueblo de Israel: “Pero en su angustia se volvieron al SEÑOR, Dios de Israel, y Lo buscaron, y Él se dejó encontrar por ellos” (2 Cr. 15:4). Fue en la hora más oscura de Jonás, en sus circunstancias más estresantes, que dijo: “En mi angustia clamé al Señor, y Él me respondió” (Jon. 2:2). Los Salmos están llenos de referencias de volverse a Dios, buscarlo, y encontrarlo en momentos de intenso estrés.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor. 

“En mi angustia invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; desde Su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos”, Salmo 18:6.

“En la angustia llamaste, y Yo te rescaté; te respondí en el escondite del trueno; en las aguas de Meriba te probé”, Salmo 81:7.

“En mi angustia clamé al SEÑOR, y Él me respondió”, Salmo 120:1.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor y seguimos nuestros propios caminos de independencia espiritual y aislamiento. Engreídos y satisfechos de nosotros mismos, nos olvidamos de qué se trata realmente la vida. Pero así como los sedientos buscan agua, aquellos bajo estrés a menudo buscan a Dios. Muchos no creyentes han venido a Cristo y muchos creyentes han regresado a Él en momentos de estrés.

4) Dios usa el estrés para disciplinarnos. Citando las palabras de Salomón a su hijo, el escritor de Hebreos ofrece una palabra de aliento:

“’Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’. Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?”, Hebreos 12:5-7.

La palabra hijo, por supuesto, es un término general para un niño, y se aplica igualmente a las hijas. Para algunos de nosotros, esto no suena alentador. Pero no nos damos cuenta de lo esencial que es la disciplina. Las Escrituras dicen que retener la disciplina de un niño es, en esencia, abuso infantil: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24).

La disciplina es correctiva. Es correctiva, no vengativa. Dios envía tensiones no para vengarse de nosotros por hacer algo malo, sino para profundizar nuestra dependencia de Él y para que hagamos lo correcto. Aunque la experiencia del estrés puede parecerte insoportable, en última instancia es para bien:

“Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia”, Hebreos 12:11.

5) Dios usa el estrés para fortalecer nuestra fe1 Pedro 1:7 dice: “para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo”.

El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer. 

Los músculos crecen de una forma: a través del estrés. Un músculo que rara vez se ejercita, se atrofia y se hace inútil. Un músculo que rara vez se estira se quedará igual. No puede crecer. Para crecer, un músculo debe pasar por dolor. Se le debe imponer una prueba inusual. El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer.

¿Alguna vez has visto hierba que crece en el asfalto? Es asombroso, si lo piensas. ¿Cómo crece la hierba, prensada y sin luz? Sin embargo, sucede. De alguna manera, Dios hizo que esas pequeñas briznas de hierba crezcan ante un desafío grande. Nanci y yo hemos visto a muchas personas persistir contra viento y marea.

En medio del estrés, a medida que recurrimos a Cristo, Él nos da fe y fuerza para romper y salir sobre la capa de asfalto. Esa superficie dura deja enterrados por siempre a algunos, pero para otros es el punto definitivo, el cual les permite abrirse paso y prosperar, por la gracia de Dios.

Publicado originalmente en EMP. Traducido por Equipo Coalición.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos

Cambia tus pensamientos… ¿y cambiará tu mundo?

Coalición por el Evangelio

Cambia tus pensamientos… ¿y cambiará tu mundo?

CATHERINE SCHERALDI DE NUÑEZ

“Cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo”. – Norman Vincent Peale

Toda verdad es verdad de Dios, sin importar quién lo ha dicho. Entonces al leer el famoso dicho de Norman Vincent Peale: “Cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo”, me pregunto si será que esta frase contiene alguna verdad bíblica. Es importante aclarar que estoy en desacuerdo con la teología de Peale. Con toda probabilidad, él se estaba refiriendo más al poder de la positividad de las palabras y no de la Palabra de Dios. Otra conocida frase es: “Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras, tus palabras en tus acciones, tus acciones en tus hábitos, tus hábitos en tu carácter, y tu carácter en tu destino”. Es fácil estudiar la Biblia y distorsionar su mensaje, ¿no? Por eso es tan importante seguir lo que la Palabra enseña en Juan 5:39: “Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!”.

Cuando el mundo habla sobre el poder del pensamiento positivo, ¿qué está diciendo realmente? Todos hemos oído el refrán, “¿Estas viendo el vaso medio lleno o medio vacío?”. Es cierto. Hay diferentes formas de ver la misma cosa o situación. Tu cosmovisión puede llevarte a tener una perspectiva positiva. No se trata de ver todo a través de un lente rosado e ignorar la realidad para ver bien las cosas. Más bien el dicho enseña que debemos buscar el beneficio no importa la situación. En otras palabras: tener una perspectiva positiva.

El psicólogo Martin Seligman explica que esa es la forma en la que debemos ver la vida. Él explica que las personas positivas aceptan el crédito cuando las cosas van bien pero culpan a otros cuando van mal. Su última esperanza está en que todo va a salir bien en el final. Por otro lado, los pesimistas creen que las cosas siempre saldrán mal y que será su propia culpa. Hasta Abraham Lincoln dijo: “La mayoría de las personas solo son tan contentas como deciden serlo”.

Como nuestros pensamientos están cimentados en nuestras creencias, y hay algo de verdad en lo que estos dos hombres están diciendo, es necesario preguntarnos, ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Debo ver el vaso medio lleno o medio vacío? La realidad es que los cristianos pueden quedarse contentos sea que el vaso esté medio lleno o medio vacío. Dios es quien nos lo ha dado todo, y Él ha prometido suplir todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Esto no necesariamente significa que nada malo nos pasará, y tampoco que tendremos todo lo que deseamos, sino que cuando tengamos una necesidad, podemos saber que hay un propósito tras él y Dios lo usará para nuestro bien (Ro. 8:28-29). Si el vaso está medio vacío es porque Dios ha decidido que eso es precisamente lo que necesito en ese momento. En otras palabras, en nuestro momento de necesidad, necesitamos esa carencia para que la imagen de Cristo sea formada en nosotros. Esto cambia nuestra perspectiva de un vaso medio vacío a uno completamente lleno, porque sabemos que en Cristo tenemos todo lo que necesitamos en ese momento.

Dios tiene que moldear nuestro corazón. Después de todo: “…del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mt. 15:19-20). Nuestro corazón es engañoso (Jer. 17:9), y al igual que con los judíos, a veces el Señor necesita traernos al desierto para que veamos la gravedad de nuestro pecado en nuestro corazón y en nuestros pensamientos.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón”, Hebreos 4:12.

La Palabra de Dios es suficiente para destruir las pensamientos que se levantan contra el conocimiento de Dios, y traerlos a la obediencia a Cristo (2 Co. 10:5Fil. 4:8).

Entonces, es verdad que el cristiano debe ser una persona “positiva”. No porque el positivismo mejorará mi vida, sino porque Cristo dio Su vida para darnos vida eterna (Ro. 8:32). Esta verdad nos muestra la verdadera libertad que tenemos en Cristo (Gál. 5:1); una libertad que sobrepasa cualquier sufrimiento de este tiempo (Ro. 8:18). Dios es quien controla las circunstancias, y transforma mi forma de pensar. Cuando nuestra mente es renovada a través de un estudio de la Palabra, y esa Palabra es aplicada a nuestra vida, Dios cambiará no solo nuestra perspectiva sino también nuestro corazón.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

¿Puede un cristiano ser homosexual?

Coalición por el Evangelio

¿Puede un cristiano ser homosexual?

GERSON MOREY

La reciente aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos reaviva una vez más la siempre acalorada discusión acerca de la homosexualidad. La decisión de la Corte Suprema ha causado un gran revuelo, pero es llamativo que ha encontrado más aceptación que resistencia entre el pueblo americano. Esta decisión seguramente será el comienzo de otras que afectarán el ya debilitado carácter moral de esta nación. Desde hace muchos años, la sociedad norteamericana viene cayendo en un espiral descendente de corrupción. Otros países en América Latina están siguiendo sus pasos.

Entre las cosas que se escuchan de parte de quienes abogan por el matrimonio gay, hay una que merece especial atención y debe ser explicada con claridad. Me refiero al argumento de algunos que se profesan cristianos homosexuales. Personas que dicen ser creyentes, que asisten a la iglesia y leen la Biblia, pero que practican un estilo de vida homosexual.

Algunos cristianos genuinos piensan que de verdad es posible ser creyente y todavía practicar el homosexualismo. Pero esta confusión manifiesta una falta de comprensión bíblica del arrepentimiento, y un defectuoso entendimiento de lo que implica la regeneración, la fe y la conversión del pecador.

Definiendo términos

El estilo de vida homosexual fue practicado desde muy temprano en la historia de la humanidad. El relato de Sodoma y Gomorra nos ofrece bastante luz respecto a esta práctica y la gran influencia que tuvo sobre esa sociedad (Génesis 19). Por eso, desde un comienzo fue prohibido, y se advirtió al pueblo de Israel del castigo correspondiente (Levítico 18:22-23). Mejor dicho, la práctica de la homosexualidad fue considerada como un pecado, condenada por Dios y digna de la reprobación divina (Levítico 20:131 Reyes 14:23-24). Además, toda forma de homosexualismo fue condenada, al punto que se advirtió al pueblo de no vestir ropa del sexo opuesto (Deuteronomio 22:5).

El Nuevo Testamento no presenta una visión distinta de este pecado. Al contrario, es también enfático y contundente en apuntar al carácter pecaminoso del homosexualismo y de condenarlo:

“La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…para los homicidas…los fornicarios…los sodomitas…”, 1 Timoteo 1:9-10.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos….heredarán el reino de Dios”, 1 Corintios 6:9-10.

“Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”, Judas 1:7.

Ahora bien, como sucede con cualquier otro pecado, la sangre de Cristo es suficiente para hacer remisión y limpiar toda maldad (1 Juan 1:7). Cuando los hombres se arrepienten y abandonan sus malos caminos, son perdonados y reconciliados con Dios. De la misma manera, el homosexual también puede hallar misericordia para el perdón de sus pecados, para su transformación a la imagen de Cristo, y el regalo de la vida eterna.

Arrepentimiento

¿Qué significa arrepentirnos? ¿Puede una persona decir que se arrepintió y se convirtió a la fe y seguir practicando abiertamente el pecado del homosexualismo? ¿Puede una persona homosexual llamarse creyente?

Para empezar a responder a estas interrogantes debemos establecer una definición de lo que es el arrepentimiento bíblico. Las palabras que se usan en el Nuevo Testamento para describirlo tienen el sentido de un cambio de parecer, o de volver o regresar. El arrepentimiento implica un cambio de mente y un volverse a Dios. Es similar a la idea de conversión que se presenta en el Antiguo Testamento: Volver y convertirse a Dios (Isaías 55:6-7Jeremías 25:5Ezequiel 33:11). En esta misma línea, debemos apuntar que el apóstol Pedro en su primer discurso llamó a los hombres diciendo, “Arrepentíos y convertios” (Hechos 3:19).

De otro lado, el apóstol Pablo nos habla de un aspecto del arrepentimiento que no debe separarse del mismo: el lamento y la tristeza. Cuando escribió a los corintios les dijo: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (2 Cor. 7:10). Se entiende que esta emoción es producida por nuestra conciencia de pecado y por haberle fallado a Dios. Tal como lo expresó David cuando confesó su falta: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmos 51:4).

A partir de aquí es importante reconocer los elementos que constituyen un arrepentimiento genuino: el elemento intelectual, el emocional, y el volitivo. El intelectual porque reconoce el pecado. El emocional por la tristeza de haberle fallado a Dios. Y el volitivo porque se abandonan los malos caminos. Por eso podemos definir al arrepentimiento como un lamento genuino por el pecado, renuncia al pecado, y propósito sincero de abandonarlo para andar en obediencia a Dios. Cualquier experiencia que no contemple estos aspectos no es arrepentimiento.

Es por eso, que el apóstol Juan fue enfático hablando de aquellos que habían recibido la gracia del nuevo nacimiento al decir: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 5:18). La regeneración es una obra de Dios, y es segura y evidente pues le da nueva vida al pecador (2 Corintios 5:16); Un nuevo corazón para andar en sus caminos (Ezequiel 36:26), le concede el arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) y el don de la fe para confiar en Cristo para el perdón de sus pecados (Ef. 2:8-9). Quien ha nacido de Dios, no practica el pecado –como un estilo de vida–, porque tiene una naturaleza divina que lo impulsa a aborrecer el pecado y a amar la justicia.

Entonces ¿Puede un creyente ser homosexual?

De ninguna manera.

La biblia es enfática y clara en describir el carácter pecaminoso del homosexualismo, de prohibirlo y condenarlo. Por lo tanto, podemos y debemos afirmar junto con las Escrituras que aquella persona que practica el pecado, incluyendo el pecado del homosexualismo, no puede llamarse un creyente, porque nunca nació de nuevo, no se arrepintió, ni abandonó sus malos caminos y nunca creyó en Cristo para el perdón de sus pecados.

Ciertamente algunos creyentes puede que sean tentados hacia el pecado homosexual. Pero no tienen por qué caer en tentación, puesto que Dios es fiel en dar la salida para cada situación (1 Corintios 10:13). Pero como acabamos de ver, este creyente no so mofa en su pecado ni lo practica, sino que se lo confiesa y se arrepiente, buscando pureza sexual. No hay categorías en la Escritura para una persona que se goce de ser homosexual y sea cristiano. Sí las hay para pecadores arrepentidos, y eso somos todos.

¿Hay esperanza?

¡Claro que sí!

Los que practican el homosexualismo tienen el mismo llamado al arrepentimiento que se hace a toda clase de pecadores, sean adúlteros, ladrones, mentirosos, homicidas, fornicarios, etc. Ellos también pueden ser recibidos a misericordia, obtener el perdón de sus pecados, ser justificados, aceptados, adoptados y transformados como hijos de Dios para gozar de comunión con él. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los corintios en el mismo pasaje citado anteriormente donde condena al homosexualismo junto a otros pecados:

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”, 1 Corintios 6:11.

Esta es la promesa del evangelio. Un mensaje de esperanza a todos los pecadores. Una gracia que se ofrece a los hombres en Cristo Jesús. Una obra que Dios hace para salvar a los hombres de sus pecados. El único mensaje que salva y transforma al pecador. El mensaje que todavía esta vigente y que sigue llamando a los hombres a reconciliarse con su Creador.

​Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

¿Cuál debe ser el salario de los pastores?

Coalición por el Evangelio

¿Cuál debe ser el salario de los pastores?

Una entrevista con John Piper

COLLIN HANSEN

No puedo decir que me relaciono mucho con los informes sobre los altos salarios de algunos pastores y la construcción de sus mansiones sofisticadas. Pero las conversaciones sobre el dinero y el ministerio pueden ser igual de torpes y frustrantes en el otro extremo de la escala salarial. Para los pastores que sobreviven mientras trabajan en dos empleos, y para las iglesias que luchan por cumplir con sus obligaciones, el dinero restringe las relaciones y estrecha la fe. ¿Cómo saben los pastores cuando necesitan pedir más dinero? ¿Cómo saben las iglesias cuando deberían darle?

John Piper podría haber vivido holgadamente de las regalías de sus libros y de los honorarios de sus disertaciones. ¿Por qué eligió vivir más como un pastor común a lo largo de más de 30 años en la Iglesia Bethlehem Baptist en Minneapolis? Hablé con el fundador y maestro de Desiring God sobre el trabajo duro, la “teología de la pobreza”, consejos para pastores jóvenes, y más.

¿Cuándo te diste cuenta de que se necesita un plan para manejar el dinero obtenido de las prédicas y como escritor? ¿Alguna vez te sentiste tentado a quedarte con el dinero para ti mismo?

Cuando comencé mi ministerio como pastor en Bethlehem, nunca había pasado por mi mente que iba a producir una gran cantidad de ingresos por escribir. Recibí modestos honorarios de cien o doscientos dólares por bodas y funerales. Los acepté con agradecimiento. Yo pensaba que, si era fiel, los ingresos aumentarían, y tarde o temprano iba a hacer más de lo que necesitaba. Por lo tanto, yo creía desde el principio que debía saber planificar para regular la acumulación de tesoros en la tierra. De lo contrario, poco a poco podría llegar a creer que mis deseos eran mis necesidades, y los gastos se expandirían, como siempre lo hacen, para alcanzar los ingresos. Así que Noël y yo desde el principio pusimos en marcha un “diezmo gradual”. Es decir, tratamos de dar un mayor porcentaje con cada aumento salarial, y no solo una mayor cantidad.

Con las ventas exitosas de Desiring God (Sed de Dios) en 1987, vi que podía haber un ingreso sustancial de los escritos y las conferencias. Decidí entonces que no debía reservar ese dinero para mí, sino canalizarlo hacia el ministerio. Nunca dudé que el Señor nos proporcionaría un sueldo que sería suficiente para nuestras familias. Así que no vi ninguna razón para quedarme con el dinero que entraba por libros y conferencias. Estas regalías y honorarios eran ganancias ingresadas durante mi labor como pastor de Bethlehem, por lo que me parecía que la iglesia debía beneficiarse de ellos, no yo en particular.

Al principio pensé que podía hacer esto simplemente mediante la canalización de las regalías a la iglesia, pero pronto me di cuenta que esto tenía implicaciones fiscales. Dado que estas regalías estaban técnicamente bajo mi control como propietario del copyright, darlo todo a la iglesia me hacía responsable del impuesto sobre la renta. Así que hemos creado una fundación. La Fundación Desiring God (Deseando a Dios, en español) es ahora dueña de todos los derechos de autor de mis libros y de la propiedad intelectual, y recibe y distribuye todo el ingreso. No tengo acceso al dinero en absoluto. Yo participo en el consejo de la fundación con mi esposa y otras cinco personas. Este consejo salvaguarda los objetivos de la fundación, y tomas las decisiones sobre a qué ministerios deben ser entregados los ingresos. Es un ministerio emocionante.

Además, hemos tomado la decisión de que todos los honorarios irían a los ministerios que representamos, no a nosotros mismos.  Así fue en la iglesia mientras yo fui pastor y ahora es así en Desiring God. Mientras fui pastor en Bethlehem, nunca recibí ingresos desde Desiring God. Así que durante los últimos 25 años más o menos, hemos vivido con un flujo continuo de ingresos. Sigue siendo así, ya que ahora recibo pago de Desiring God. Nunca he pasado una grave necesidad. Nada de esto se ha sentido como un sacrificio.  Me veo a mí mismo como muy rico de acuerdo a los estándares del mundo. Más allá de toda duda, es mejor dar que recibir y atesorar.

¿Por qué un pastor de una iglesia creciente y próspera no debería ganar más dinero como recompensa por su duro trabajo y como incentivo para permanecer en el lugar? Después de todo, la iglesia probablemente sufriría financieramente y numéricamente si él se marcha.

Nunca sentí que yo era un privilegio para la iglesia, sino que ella lo era para mí. Estar en Bethlehem era un don, todo un regalo. Pensar que soy tan valioso que me merezco los beneficios que provienen de mi ministerio es ajeno al Espíritu de Cristo. Él vino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Jesús era absolutamente indispensable en el ministerio que llegó a realizar y el objetivo principal de su ministerio era dar, dar, dar, no recibir, recibir, recibir.

Mi pregunta es: ¿por qué un pastor quiere hacerse rico? Jesús dijo que es difícil para un rico entrar en el reino, y Pablo dijo que los que quieren enriquecerse “caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).  Estos textos, y muchos otros, me hacen pensar: mi alma, y por tanto, el bien de la iglesia, estarán mejor si yo pongo un límite a lo que atesoro.

Ese “trabajo duro” que mencionaste es un trabajo para el avance de la misión de Cristo y el bien de la iglesia. Y cada pastor sabe que aun si “he trabajado más que todos ellos, no fui yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10). Y grandes olas de esta gracia rompen sobre nosotros provenientes de las oraciones y la colaboración de la gente en nuestra iglesia. No solo eso, sino que mientras yo estoy predicando fuera y escribiendo, mi equipo me está cubriendo en muchas maneras. Esa inversión de tiempo podría haberse enfocado más directamente en la iglesia. No fue así. Nunca pensé: ellos me deben. No me debían. Yo les debía a ellos. Al día de hoy, sé que la Iglesia Bethlehem Baptist fue más un regalo para mí que yo para ella.

¿Alguna vez ha sentido que su iglesia no pudo o no quiso cubrir adecuadamente las necesidades de su familia? ¿Cómo aconsejaría usted a un pastor que se esté sintiendo así en este momento?

Nunca me sentí así: 25.000 dólares al año era más de lo que yo necesitaba en 1980, y cuando mi sueldo alcanzó los 100.000 dólares por primera vez en mi último año en Belén, era más de lo que yo necesitaba. Yo no asumo que este sea el caso para todos los pastores. Por eso es que yo no digo que las estrategias que he utilizado se deban aplicar para todos. Hay todo tipo de situaciones que podrían garantizar ganancias e ingresos sostenibles a un pastor, además del de su ministerio en la iglesia. Pablo hacía tiendas. Pero seamos cuidadosos en este punto. El objetivo de Pablo era, como él decía, excepcional. El trabajador es digno de su salario. No le pongas bozal al buey que trilla.

El objetivo de Pablo no era hacerse rico con la fabricación de tiendas y renunciar a los ingresos de la iglesia, como si esa pequeña abnegación fuera una justificación para hacer millones en regalías por las tiendas. Su objetivo era evitar toda apariencia de querer hacerse rico en el ministerio. Pablo temía dar la más mínima impresión de que su vida de trabajo era un “pretexto para la avaricia” (1 Tesalonicenses 2:5). La forma de pensar de Pablo no era que tenía “derecho” a hacerse de su “ingreso ganado con tanto esfuerzo”. Su mentalidad era renunciar a cualquier derecho que pudiera hacer que la gente pensara que él amaba el dinero: “No hemos hecho uso de este derecho, sino que sufrimos todo para no poner un obstáculo en el camino del evangelio de Cristo” (1 Corintios 9:12).

¿Existe tal cosa como una antibíblica “teología de la pobreza”?

Sí. Hay mucha teología que no es bíblica. Por ejemplo, sería antibíblico ensalzar o idealizar la pobreza. La Biblia establece un camino intermedio entre la miseria y la opulencia: “No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30:8-9).

Cuando Jesús dijo: “Bienaventurados vosotros los pobres” (Lucas 6:20), quiso decir: Dios va a mostrarse especialmente valioso y de gran alcance para los pobres que confían en él, no a los pobres que no conocen al Señor (“Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. “Jeremías 5:4).

Sería un error asumir que todos los pobres son humildes o generosos. Los diez leprosos eran todos pobres. Jesús los sanó a todos. Nueve resultaron ingratos (Lucas 17:17). No solo los ricos son egoístas.

Pero también sería un error pensar que la Biblia trata a la riqueza y la pobreza como igualmente peligrosas espiritualmente. Las riquezas son más peligrosas. No leemos: “Solo con dificultad podrá una persona pobre entrar en el reino de los cielos” (Mateo 19:23).

¿Cuánto es demasiado? Casi cualquiera de nosotros en los países desarrollados está mucho más cómodo que nuestros hermanos y hermanas que trabajaban para el evangelio en la mayor parte del mundo.

La imposibilidad de trazar una línea entre la noche y el día no significa que usted no puede saber que es medianoche. Si alguien se está muriendo de hambre, es pobre y necesita ayuda urgente. Si algún pastor tiene diez veces más que el promedio de las personas en su iglesia, él les está comunicando que las cosas materiales son muy importantes para él y viene a ser una piedra de tropiezo.

La Biblia elogia el ayuno y la fiesta, y no porque la comida sea mala o porque nadie esté hambriento. Es porque es malo ser esclavos de las cosas buenas y es bueno disfrutar a Dios en sus dones.

Yo le digo a mis hijos, cuando la conducta es cuestionable, no solo hay que preguntarse: “¿Qué tiene de malo?”. Pregúntate, “¿esto me ayudará a engrandecer a Cristo?” Esa fue la pasión de Pablo (Filipenses 1:20).

Acumular dinero y comprar mucho más de lo que se necesita no hace que Cristo luzca su grandeza. Hace que las cosas parezcan gran cosa. Hay una razón por la cual Pablo dijo: “Porque nada hemos traído a este mundo, y no podemos sacar nada del mundo. Así que, teniendo sustento y abrigo, con ello estaremos contentos” (1 Timoteo 6:7-8).

¿Cómo aconsejaría a pastores jóvenes con respecto a sus finanzas a medida que comienzan a ser invitados a hablar en conferencias y a escribir libros? ¿Su consejo sería diferente para un abogado o un médico que crecen en sus carreras?

Hable con los ancianos acerca de todas estas cosas. Sírvales el tiempo suficiente y sea lo suficientemente humilde de tal manera que ellos sepan que usted se preocupa por la iglesia y que no está solamente usando la iglesia para su promoción profesional. No se mueva a un tipo de ministerio que ellos desaprueben.

Establezca un grupo administrativo entre ellos (no desde el exterior) a quien rendir información sobre todos sus honorarios y otros ingresos fuera de la iglesia. Llegue a un acuerdo con ellos sobre lo que es apropiado que usted retenga y sobre qué recibirá la iglesia. Haga de la iglesia el lugar adonde se destine la mayoría de sus donaciones.

Planee vivir del salario de la iglesia tan pronto como sea posible. Una vez que cubra sus necesidades y ahorre adecuadamente, aumente el porcentaje de sus ofrendas más allá del diezmo cuando el aumento de sueldo sea mayor que el aumento del costo de la vida.

Satúrese a usted mismo con las palabras del Nuevo Testamento sobre el dinero. Usted se encontrará más a menudo convicto que confirmado en su abundancia occidental. Disfrute de los dones de Dios, disfrutando de Dios en ellos y a través de ellos. Sepa que nunca resolverá esto completamente. Por lo tanto, esté agradecido por el evangelio de la gracia que cubre todos nuestros pecados.

Este artículo fue publicado originalmente el 6 de noviembre 2013 para The Gospel Coalition. Traducido por Eddy Garcia

Collin Hansen sirve como director editorial de The Gospel Coalition. Es el co-autor de A God-Sized Vision: Revival Stories That Stretch and Stir. Puedes encontrarlo en Twitter.

El pecado de inseguridad

Coalición por el Evangelio

El pecado de inseguridad

 JEREMY PIERRE

Barney lucha por levantar su gran cabeza púrpura, debilitado por la pérdida gradual de audiencia en los últimos años. Una vez una voz formidable en la programación televisiva para niños, ahora agarra débilmente a sus amigos, que se paran en silencio a su lado. Se las arregla para apoderarse de un puñado del pescuezo de Elmo y lo acerca. “Una cosa que nunca debes dejar que un solo niño olvide: ‘Tú eres especial”. El monstruo con voz de falsetto pone una mano peluda en Barney y se vuelve a mirar a los demás. Todos ellos sabían que un mensaje muy importante se les había confiado. De todas las lecciones morales en la programación televisiva de niños, esto iba a ser fundacional.

Y si te fijas, cada vez que los programas para niños se alejan de la diversión tonta o de la resolución de problemas situacional y dan un paso hacia la admonición moral, por lo general se trata de este mismo tema: la importancia de una positiva imagen propia y la confianza que debe resultar de la misma. Y así, la televisión educacional nos entrena para pensar positivamente sobre todo, desde el color de nuestro cabello hasta nuestro conjunto particular de intereses como los medios de infundir confianza para vivir.

No estoy abogando por una baja imagen propia, por supuesto. Simplemente estoy señalando que la inseguridad parece ser lo único adecuado para la corrección pública. De hecho, podríamos decir que en el universo moral de la programación infantil, la inseguridad es el pecado principal. ¿Por qué?

Antes de intentar responder a esa pregunta, permíteme presentarte otra: Yo creo que Dios llama a la inseguridad pecado, también; pero, ¿por qué?

La respuesta al primer por qué y al segundo no podrían ser más diferentes. Nuestros instructores culturales desaprueban nuestra inseguridad, porque es una ofensa a la dignidad individual. Dios desaprueba nuestra inseguridad, porque es una ofensa a la dignidad de su Hijo. El problema que Dios tiene con la inseguridad es digno de reflexión.

La inseguridad y la confianza en la carne

Puede que sea contrario a la intuición, pero de acuerdo a la Biblia, la inseguridad es lo que Pablo llama “confianza en la carne.” Pero, ¿cómo se entiende que la inseguridad y la confianza puedan estar relacionadas? Cada moneda tiene dos caras. En el lado superior, la confianza en la carne es la seguridad en sí mismo que viene de poseer esos atributos que supuestamente determinan mérito. Pero el otro lado de la moneda es igual de peligroso: la inseguridad que viene de no poseerlos. En ambos casos, ponemos nuestra confianza en los atributos personales que pensamos que traen vida.

En el entorno religioso y cultural del apóstol Pablo, él poseía todas las características más preciadas que lo encomendaban a Dios y a los demás. Tú y yo probablemente nunca hemos conocido a alguien que quiera ser conocido públicamente como un fariseo o que desearía haber sido circuncidado al octavo día. En nuestra cultura, no son cosas particularmente elogiables. Pero todos conocemos las cosas que sí lo son. Y más penoso, todos hemos sentido la desesperación de no tenerlas.

Para algunos de nosotros, esta es la estática de fondo de nuestro pensamiento regular, y tenemos que darnos cuenta de que no está mal principalmente porque nos hace infelices, como varios de nuestros amigos títeres destacarán. La inseguridad es pecaminosa por razones más graves que esa. Aquí hay al menos cuatro de ellas:

1. Distracción con uno mismo

La inseguridad estropea nuestra capacidad de hacer lo que Dios nos creó para hacer: amarlo a él y a los demás. ¿Cuántas veces has estado en una situación en la que deberías haber ofrecido la atención a alguien o acercarte a Dios privadamente en oración, pero tu mente está afanada pensando en lo torpe que te ves en tus pantalones esa mañana o cuánto más inteligente a la persona con la que estás hablando es? Ser inseguro es estar consciente de uno mismo. No estamos amando a los demás cuando estamos obsesionando con nosotros mismos; no estamos en humildad considerándolos como más importantes y más dignos (Fil. 2:3).

2. Insatisfacción con Dios

La inseguridad es a menudo nada más que rezongar por mejor maná. Estamos hartos de una alimentación adecuada; queremos un sabor extraordinario. No nos gusta lo que Dios nos ha dado – dinero, posición, apariencia, personalidad – y rezongamos por algo mejor. Tal descontento es una trampa de las “muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Tim. 6:9). Nuestra insatisfacción con uno mismo es a menudo nada más que nuestra insatisfacción con Dios. La inseguridad no es pecado principalmente porque es un insulto a nuestro valor (aunque lo es), sino porque es un insulto a la sabiduría de Dios.

3. Justificación de otros

La inseguridad revela que anhelamos justificación ante la gente más que ante Dios. A él no le importa si su entrepierna es de 28 pulgadas o 34, o si tú alquilas o eres dueño. Sabemos esto, por supuesto. Pero todavía nos preocupamos. . . porque a ellos todavía les importa. Nos preocupamos más sobre los atributos que creemos que nos hacen dignos ante la gente que lo que nos preocupamos por aquellos que nos hacen dignos ante el Todopoderoso. La justicia es lo que agrada al Señor. Pero nosotros preferiríamos tener una reputación envidiable. Cuando nuestras mentes están suspirando por más atención en Facebook o una mejor carrera como un impulso a nuestra dignidad, abandonamos la justicia de Cristo que realmente nos hace dignos (Rom. 1:16-17).

4. Justificación por obras

La inseguridad muestra que de alguna manera todavía estamos creyendo que nuestra justificación está basada en nuestros propios atributos y logros. La mayoría de nosotros no estamos tentados a pensar que somos dignos porque somos de la tribu de Benjamín, pero puede que desearíamos que tuviéramos una iglesia más grande, niños más impresionantes, otro grado detrás de nuestro nombre. Pero la búsqueda de confianza en esas cosas es un rival directo a la búsqueda de la confianza en Cristo.

Y esta es la cordura que el apóstol Pablo nos trae en nuestra inseguridad: “Pero cuantas cosas eran para mí era ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor “(Fil. 3: 7-8a). Pablo no nos diría a nosotros en nuestras inseguridades implacables: “Sé que no te sientes digno, pero lo eres. Dios te hizo especial”. Si ser especial fuera la solución, nuestras vidas serían un ciclo sin fin de dietas y búsquedas de empleo. Pero estos son sólo nuestros patéticos intentos para voltear a la parte superior de esa misma moneda corroída. Todavía sería confiar en la carne.

Pablo nos dice que abandonemos la búsqueda de nuestro valor en otra cosa que no sea Cristo y su obra redentora a nuestro favor. Circular privadamente a través de una nueva ronda de auto-queja no se puede comparar con el abandono de nosotros mismos al servicio de los demás. El cansancio de quejas continua no puede ser comparado con la ganancia del contentamiento piadoso. La admiración voluble de la gente no se puede comparar con la abundante aprobación del Todopoderoso. La confianza tambaleante que mantenemos en nosotros mismos, no se puede comparar con el inmenso valor de la confianza en Cristo.

Si Pablo tenía un mensaje de despedida, ciertamente no sería que eres especial. Sería que eres justificado en Cristo, y la prueba suprema de esto te espera en la línea de meta, así que persevera en la fe (2 Tim. 4:7-8). No deberíamos estar tan preocupados con ser especiales que no podamos ser encontrados en Cristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Alejandra E. Fernández

Jeremy Pierre es el decano de Estudiantes y profesor asociado de la consejería bíblica en The Southern Baptist Theological Seminary y sirve como anciano en la Iglesia Bautista Clifton. Es co-autor de “The Pastor and Counseling” (“El Pastor y la Consejería”, Crossway, 2015) y autor del próximo “The Dynamic Heart in Daily Life: Counseling from a Theology of Human Experience” (“El Corazón Dinámico en la Vida Diaria: Aconsejando desde una Teología de la Experiencia Humana”, New Growth, 2016). Él y su esposa, Sarah, tienen cinco hijos y vive en Louisville, Kentucky.

Un recordatorio para los padres en el día de los padres

Coalición por el Evangelio

Un recordatorio para los padres en el día de los padres

SUGEL MICHELÉN 

No sé cuántos países celebran el día de los padres en la misma fecha que nosotros lo hacemos en RD (es decir, el último domingo de Julio). Pero sea cual sea la fecha de este evento en el calendario de cada país, no quise dejar pasar la oportunidad sin traer una nota de recordatorio para todos los que somos padres.

Tanto en Ef. 6:1-4 como en Col. 3:20-21, el apóstol Pablo escribe unas palabras sobre el deber de los hijos de obedecer a sus padres, y el deber de los padres de criar a sus hijos en el marco del evangelio. El pasaje de Efesios es el más extenso de los dos, así que voy a tomarlo como punto de partida:

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

Aunque en los versículos 1 y 4 aparece la palabra “padres” en nuestra versión RV60, en el original griego son dos palabras distintas. La del versículo 1 puede ser traducida como “progenitores”, e incluye tanto al padre como a la madre. Es por eso que Pablo se vale del quinto mandamiento del Decálogo para recordar a los hijos que debían honrar a su padre y a su madre. De manera que ambos padres tienen una responsabilidad en la crianza de sus hijos, y ambos poseen la misma autoridad sobre ellos.

Sin embargo, el término que Pablo usa en el vers. 21 es la palabra griega páteres que parece señalar de manera especial a los hombres, a los padres. Ellos son los que tienen la responsabilidad primaria de guiar a la familia, incluyendo a sus esposas en el papel de madres.

Contrario al pensamiento del mundo en ese sentido, Dios coloca sobre los hombres la responsabilidad del liderazgo de su familia. Por supuesto, nosotros sabemos que las madres juegan un papel vital en la crianza de los hijos. Generalmente ellas pasan más tiempo con ellos y ejercen una influencia determinante en sus vidas. Pero el hombre es responsable ante Dios de proveer a su esposa y a sus hijos la guía, el sostén y la protección que necesitan en un clima de amor y servicio.

Ser cabeza de la familia no es contemplado en la Biblia como una ventaja, sino como una gran responsabilidad. Nosotros tenemos un trabajo que debemos hacer de manera intencional, procurando el bien espiritual y físico de nuestra esposa y nuestros hijos. Dios nos ha llamado a hacer un trabajo, un trabajo que está muy por encima de nuestras capacidades naturales y que solo puede ser hecho en dependencia de Él. Él nos contrató, Él nos da los recursos que necesitamos cada momento para poder ser los padres que Él quiere que seamos, y Él nos pedirá cuentas algún día por esa mayordomía que nos fue confiada.

Lamentablemente, la influencia del mundo ha tenido un impacto profundo en la iglesia de Cristo en este asunto. En muchos hogares cristianos es la mujer y no el hombre la que va delante en la vida espiritual de la familia y la crianza de los hijos. Leí recientemente que un autor cristiano fue a proponerle a una casa publicadora un libro sobre la paternidad. ¿Saben lo que el encargado la respondió? Que los libros dirigidos a los padres no venden. “Nuestros estudios nos han mostrado que el 80% de los libros sobre crianza son comprados por las madres. Ellas los leen y se los pasan a sus maridos, que apenas los leen. Es difícil mercadear la paternidad a una audiencia femenina”.

Y el impacto que ese matriarcado está produciendo en las iglesias y en la sociedad es sencillamente devastador, sobre todo para el desarrollo de un verdadero liderazgo. La masculinidad es algo que se produce mayormente en un ambiente en el que las mujeres se comportan como mujeres y los hombres se comportan como hombres (lean bien: no como “machos”, sino como hombres).

De manera que tanto el padre como la madre tienen la responsabilidad de criar a los hijos en el temor de Dios, pero el padre es el principal responsable de ese deber.

Apreciamos todo comentario que pueda complementar este artículo para edificación de los lectores de este blog.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Recuerda el evangelio: Una reflexión sobre el pecado de Ravi Zacharias

Coalición por el Evangelio

Recuerda el evangelio: Una reflexión sobre el pecado de Ravi Zacharias
Escrito por: FABIO ROSSI • JAIRO NAMNÚN • JOSÉ “PEPE” MENDOZA • JOSUÉ BARRIOS

Ravi Zacharias International Ministries (RZIM) publicó el día de ayer un extenso reporte de 12 páginas confirmando el resultado de investigaciones privadas sobre la vida del reconocido ministro y apologista. El reporte, que contiene información detallada de sus actos y que recomendamos leer con la discreción del caso, revela que por muchos años Ravi Zacharias vivió una doble vida que escondía su verdadero carácter a los ojos de su familia, sus colegas de ministerio y el público en general. 

RZIM expresó estas palabras en una carta pública difundida ayer:

“Ravi utilizó una amplia serie de medidas para ocultar su conducta de su familia, compañeros y amigos. Sin embargo, también reconocemos que en situaciones de abuso prolongado, a menudo existen problemas significativos de estructura, política y cultura interna… Nuestro personal, nuestros donantes y el público confiaron en nosotros para que mentoreáramos y supervisáramos a Ravi Zacharias y nos aseguráramos de que rindiera cuentas, y en esto hemos fallado”.

Estos hechos han traído consternación y dolor al pueblo evangélico en el mundo entero, considerando que el ministerio que lideró Zacharias es la organización de apologética más extensa en el mundo. Este reporte llega después de varios meses de revuelo dentro de la organización, luego de que el apologista –quien falleció en mayo del 2020– fuese acusado recientemente de sostener relaciones impropias con otras mujeres, sumándose a otras denuncias hechas años atrás por conductas desviadas y abusivas.

Queremos expresar nuestro profundo dolor por lo ocurrido. Lamentamos la realidad del pecado en la vida de Ravi, condenamos los actos descritos en el reporte y oramos por consuelo y fortaleza para la familia, la restauración de las víctimas y también por todas las decisiones que deberán tomar las autoridades del ministerio.

Consideraciones para nuestras vidas y ministerios

¿Cómo podemos reflexionar con respecto a todo esto? Aquí te compartimos algunas consideraciones para nuestras vidas y ministerios.

Debemos ser cuidadosos en nuestro caminar cristiano, teniendo presente tres consejos importantes y milenarios de los apóstoles Pablo, Pedro y Juan. Son consejos inspirados por el Espíritu Santo para bendición y cuidado de nuestras vidas. 

En primer lugar, no busquemos ocultar nuestra realidad personal ante los demás. Por el contrario, busquemos la ayuda necesaria para dejar la vida vieja y caminar en la nueva con libertad. El apóstol Pablo dijo: 

“Dejen de mentirse los unos a los otros, puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia el nuevo conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó… Cristo es todo, y en todos” (Colosenses 3:9-11).

Hace tan solo unos años, el mismo Ravi llegó a decir que “Aquellos de ustedes que me conocen en público no tienen idea de cómo soy en privado”. Esta es una verdad teológica que todos podemos reconocer, ya que todos somos culpables de pecado privado. A la vez, a la luz de los acontecimientos recientes sabemos que estas palabras ocultaban mucho más de lo que parecía. Esto no debe ser así entre los hijos de Dios. Aunque todavía luchamos con el pecado, la integridad, la verdad, la sinceridad son piedras y señales del camino angosto de la libertad en Cristo.

En segundo lugar, Pedro nos recomienda que seamos valientes al buscar caminar siempre en la voluntad de Dios. Él dijo:

“Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, ya no para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios” (1 Pedro 4:1-3).

Todos somos tentados con tentaciones similares a aquellas que hoy sabemos que Ravi decidió ceder. El leer estos sucesos debe llevarnos a reflexionar en la necesidad de vivir para Dios en cada decisión que tomamos. La santidad personal, la vida de piedad y felicidad que todos anhelamos, el escuchar “buen siervo fiel al final” tiene que ver con una serie de pequeñas decisiones que se van tomando; algunas sencillas, muchas muy duras, todas eternas. Cuando sintamos la tentación a esa segunda mirada, a esa pequeña mentira, a ese repetido descuido, recordemos el precio de ceder a las pasiones carnales y lo glorioso de rendirnos a la voluntad de Dios.

Finalmente, el apóstol Juan nos exhorta a que decidamos vivir en la luz de la comunión con Dios y con nuestros hermanos, huyendo de la oscuridad en donde podemos esconder nuestra maldad. Él dice:

“Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7).

La vida cristiana no se puede vivir con integridad de manera solitaria. Todos nosotros necesitamos la corrección que otras personas puedan traer a nuestras vidas en el contexto de la vida de la iglesia. En el caso de Ravi, ahora es evidente una falta de transparencia y rendición de cuentas. Este hecho lamentable nos recuerda que una vida de comunión transparente con Dios y la iglesia es una vida donde al pecado se le dificulta florecer. 

Dios permanecerá

A raíz del pecado descubierto de Ravi Zacharias muchos condenarán nuestra fe y blasfemarán de nuestro Dios. Otros estarán decepcionados y posiblemente se alejarán del Señor. Otros quizás se sentirán profundamente traicionados y tendrán dificultad para confiar en sus líderes y pastores.

Volvemos a darnos cuenta de que Jesucristo fue a la cruz para poder pagar con su propia sangre por nuestros pecados horrendos.  La sombra de la cruz recae sobre todos nosotros sin distinción alguna. La cruz declara nuestra culpabilidad delante de Dios. 

El evangelio nos recuerda que hemos sido comprados por precio para vivir en novedad de vida para la gloria de Dios. La Palabra de Dios nos anima al saber que estamos en paz con Dios, el Espíritu Santo habita en nosotros, nuestro Señor Jesucristo ha prometido estar con nosotros todos los días, tenemos libre acceso al Padre y el Señor nos ha colocado en una comunidad cristiana en donde podemos sobrellevar los unos las cargas de los otros. La cruz no es un símbolo de derrota, sino de victoria porque Cristo pagó por nuestros pecados y nos otorgó la redención, venció a la muerte y resucitó de entre los muertos para que nosotros vivamos por Él una vida nueva. ¡Bendito evangelio! ¡No lo olvidemos ni por un segundo!

No sabemos cómo te encuentras tú al momento de leer esta nota, pero hay algo que sí sabemos: Aunque los hombres fallen y caigan, Dios siempre permanecerá y su iglesia prevalecerá. Pon tus ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Recuerda que vivimos en un mundo quebrantado por el pecado y bajo el ataque constante de un enemigo feroz, así que camina con el gozo de la salvación puesto delante de ti, y corre la carrera sabiendo que nuestro Dios sigue sentado en su trono. Estas verdades eternas son las que nos ayudarán a soportar las pruebas y salir victoriosos (He 12:1-2).

Fabio Rossi sirve como Director Ejecutivo en Coalición por el Evangelio, estando a cargo de la administración general del equipo de trabajo, liderando todas nuestras iniciativas y supervisando el funcionamiento de nuestras diferentes plataformas. También sirve como Anciano Pastor en la Iglesia Centro Bíblico El Camino, en la Ciudad de Guatemala, donde vive junto a su esposa Carol, y sus dos hijos.

Jairo Namnún sirve como Director de Coaliciones Internacionales, y colabora de cerca con el equipo de Coalición por el Evangelio. Es parte del liderazgo de la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, y tiene estudios en el Southern Baptist Theological Seminary (MATS, M.Div). Está casado con Patricia y tienen tres hijos. Puedes encontrarlo en Twitter.

​José “Pepe” Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

¿Eres un liberal o un legalista? ¿Existe alguna otra opción?

Coalición por el Evangelio

¿Eres un liberal o un legalista? ¿Existe alguna otra opción?

Sugel michelen

Mucha gente tiende a pensar que la antítesis del legalismo es el liberalismo. Por tal razón, cuando hablas en contra de uno de estos extremos, muchos presuponen que debes estar en el otro.

Sin embargo, una de las lecciones que el Señor Jesucristo nos enseña en la parábola del hijo pródigo es que un hombre puede perderse viviendo como un liberal o como un legalista; los dos hermanos de la historia representaban esos dos extremos, y los dos estaban igualmente perdidos. De manera que esas no son las únicas dos opciones que hay.

Si queremos darle un golpe mortal al legalismo, el arma que debemos usar no es el liberalismo, sino el evangelio. Esa es una de las grandes lecciones del libro de Gálatas y de Colosenses (por solo citar dos cartas que enfatizan este tema en el NT).

Muchos sienten temor cuando se habla demasiado acerca de la gracia en las iglesias, porque algunos pueden abusar de ella. Presuponen que la mejor manera de mantener a los cristianos transitando por la senda estrecha es no hablar tanto de la gracia y de la libertad que tenemos en Cristo. El próximo paso será poner un conjunto de reglas que no están en la Biblia.

Pero si queremos que los pecadores sean salvados, y que los creyentes avancen en su camino hacia la madurez espiritual y hacia la santidad, debemos seguir proclamando el evangelio de la gracia de Dios en Cristo.

Martín Lutero acuñó un término teológico, que ha venido a ser de uso común a partir de entonces: “antinomianismo” (contra la ley). Pero ahora escuchen lo que dijo Lutero en cierta ocasión: “Si un predicador no es acusado en algún punto de su ministerio de ser antinomiano no está predicando el evangelio”.

No sé si debemos ser tan categóricos como Lutero en este asunto, pero es interesante notar que Pablo previó esa posibilidad en el cap. 6 de su carta a los Romanos. Lo cierto es que nunca enfatizaremos demasiado la gracia de Dios en nuestro ministerio. Y si la predicamos apropiadamente, no tenemos que tener temor.

Como dice el pastor Tullian Tchividjian: “Si realmente eres capturado por la gracia, no vas a usar tu libertad para ser indulgente contigo mismo, sino para glorificar a Dios” (Gal. 5:13).

De manera que si quieres avanzar en tu vida cristiana, pídele a Dios que te ayude a tener un mejor entendimiento del evangelio de la gracia, porque sólo de ese modo entenderás los recursos que tienes en Cristo para ser santo, y tendrás la motivación que necesitas para seguir avanzando en el camino de la madurez y la santidad (2Cor. 5:14).

Leí en estos días una ilustración muy apropiada en ese sentido. Pensemos en la vida cristiana como un velero. La ley moral son los instrumentos de navegación que mantienen el barco en rumbo; pero la gracia es el viento que mueve las velas. Sin los mandamientos de Dios, el barco pierde el rumbo; pero sin la gracia no se mueve.

No se trata de una cosa o la otra, sino de ambas operando al mismo tiempo, siempre poniendo la gracia delante y la obediencia detrás. No lo olvides: el legalista te dice que debes obedecer para ser aceptado por Dios; el evangelio, por otra parte, al mover al pecador a aceptar por fe la gracia de ser aceptado en Cristo, te mueve a la obediencia.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

Coalición por el Evangelio

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

BETSY GÓMEZ • ODETTE ARMAZA DE CARRANZA

Betsy Gómez: Nosotros vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, de manera que cuando se trata del sufrimiento es solo cuestión de tiempo, ya que eventualmente vamos a sufrir.

Tal vez en estos momentos tienes una aflicción que pesa tanto en el alma, que es como una nube que no te permite ver más allá, e incluso te hace pensar que ya no existe ninguna esperanza. Por eso hoy queremos animarte a no mirar desde el lente de tu aflicción, sino desde el lente de la Palabra de Dios, la cual nos promete esperanza en medio de nuestras aflicciones.

Odette Carranza: Primordialmente debes entender que las preguntas, las dudas, e inquietudes que puedas tener, solo pueden ser respondidas por el Señor. Si tu vida está basada en las verdades de la Biblia, créelas. Porque el único que conoce lo que tú estás sintiendo y viviendo, es Dios. Y todo lo que su Palabra dice puedes, tenerlo como una realidad día a día, pues en su Palabra, Dios ha prometido estar a nuestro lado y nos ha asegurado que nada de lo que nos vaya a acontecer excederá su voluntad.

Conocer estas cosas traerá paz en medio del dolor y de esa incertidumbre de no saber cómo será nuestro día de mañana, ya que tenemos la certeza de que Dios ha preparado un nuevo amanecer, y que sus misericordias y bondades son nuevas cada mañana.

Tal vez en estos momentos veas una tormenta, pero las tormentas pasan, las noches terminan, y tienes un nuevo amanecer que el Señor ha provisto para ti. No te desanimes porque en el tiempo perfecto verás que las cosas vuelven a florecer, y que la prueba, dificultad, y dolor por el que pasaste tenían un propósito. Que lo que tú no fuiste capaz de hacer, Dios lo pudo hacer.

También recuerda que no estás sola, porque eres parte de un cuerpo, de una familia, y lo que estás viviendo ahora no solo es un instrumento de santificación para tu vida, sino también un instrumento de testimonio para los que te rodean. Así que en tu debilidad, confía; en tu tristeza, alientate; y en tu no saber a dónde ir, busca al Señor.

BG: Por último, recuerda el pasaje en el Evangelio de Juan 16:33, “En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo”. En la primera parte tenemos una advertencia de que la aflicción vendrá, pero en la segunda parte, tenemos un ancla que nos sostiene en medio de la tormenta.

Esa es la esperanza que nos sostiene en medio de la prueba. Es allí donde debemos poner nuestros ojos, no en nuestro dolor o nuestra herida, sino en Cristo, el varón de dolores experimentado en quebranto hasta la muerte, el cual resucitó, y por medio de su victoria sabemos que nuestro sufrimiento no va a ser nuestro destino eterno.

Nuestro cuerpo puede desfallecer, pero hemos nacido de nuevo a una esperanza viva, a una herencia que no se marchitará, que es incorruptible, y está reservada para nosotros.

OC: Conocer esto y entender que nuestros días tienen un propósito te va a traer paz, y como dice Betsy, nuestra esperanza no está en lo que tenemos en esta tierra. Aunque existan momentos de oscuridad, nuestra esperanza está en lo que Dios ha prometido para nosotros, una vida eterna.

Así que, aunque cueste creer, deléitate en tu situación. No porque esta sea gratificante, sino porque tu deleite debe ser quien está a tu lado. El deleite en Dios durante el sufrimiento, te hará verlo de una forma diferente, como dijo Job: “de oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven”. Durante el sufrimiento hay verdades espirituales que van a abrir tu mente y tu corazón, y vas a poder descubrir que el Dios a quien tú decías amar, en el que decías confiar, es verdadero y es real. Esta experiencia traerá una perspectiva diferente de tu vida, así que no dejes que los momentos difíciles se te escapen sin haber encontrado su propósito.

Betsy Gómez es ​hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés desde el 2005, madre de Josué y Samuel. Posee una gran pasión por ayudar a otras a saborear el Evangelio. Dirige el blog Joven Verdadera y el equipo de Media del ministerio Aviva Nuestros Corazones. Actualmente está cursando una maestría en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Puedes encontrarla en Twitter.

Odette Armaza viuda de Carranza tiene 35 años en la fe por la gracia de Dios. Estuvo casada por 23 años hasta la partida de su esposo con el Señor. Es madre de Nahir, Michelle, y David, sirve como diaconisa y en el ministerio Ezer de la Iglesia Bautista Internacional.

Cuando siento temor

Coalición por el Evangelio

Cuando siento temor

LEEAN STILES

He luchado con el temor la mayor parte de mi vida. ‪La ansiedad de separación cuando era una niña pequeña, el temor agobiante de comenzar la escuela, el miedo de dormir en casa de una amiga… mis primeros años fueron atormentantes. ‪A pesar de que superé muchos de mis miedos, otros me atormentan hoy día. ‪Algunos tienen que ver con hablar en público, mientras que otros son del tipo “¿qué pasaría si…?”. ¿Qué pasaría si pierdo mi trabajo? ‪¿Qué pasaría si este avión se estrella? ‪¿Y si hay alguien en mi armario? ‪Mi mente es capaz de evocar innumerables escenarios aterradores.

‪Cuando estaba creciendo, los adultos a menudo trataban de tranquilizarme diciéndome que mis temores nunca se materializarían. ‪Pero yo sabía que nadie podía garantizarme eso. ‪Realmente las cosas improbables ocurren. Una vez mi marido saltó fuera del armario y me asustó profundamente (¡y casi pasa la noche en el sofá!). ‪Las personas sí pierden sus puestos de trabajo, y los aviones a veces chocan. ‪El sufrimiento ocurre. ‪Jesús nos dice que tendremos tribulación en este mundo (Jn. 16:33).

Entonces, ¿no es lógico que me preocupe? ‪Tal vez, pero la ansiedad sin control me paraliza. ‪Controla cómo pienso y actúo. ‪Silencia mi deseo de obedecer a Dios. ‪Así que aunque sienta miedo, no quiero que el miedo o la ansiedad gobiernen mi vida. ‪Si estás leyendo este artículo, sospecho que tú tampoco. ‪Pero, ¿cómo superamos el temor? ‪Aquí tres cosas que me han sido de gran ayuda:

1) ‪Reconoce que tu temor puede ser pecaminoso.

‪Hay varias razones por las que pudiera ofenderme en este punto: mis preocupaciones parecen perfectamente lógicas. ‪No puedo dejar de ser tímida, porque es la forma en la que estoy hecha. Si yo niego que haya algo malo con una respuesta de temor, no voy a tener de qué arrepentirme. ‪Pero mis razonamientos no pueden sostenerse en comparación con el carácter de Dios y su Palabra.

‪¿Son mis temores realmente comprensibles considerando el amor y la soberanía perfecta de Dios? ‪¿Puedo utilizar como una excusa que soy propensa al temor? ‪¡No lo creo! ‪¿No dijo Pablo a Timoteo: “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio”, 2 Timoteo 2:17? ‪Mientras esté negando que algo anda mal ¿no es posible que me esté engañando a mi misma? (1 Juan 1: 8). ‪Llamar al pecado pecado debilita su control sobre nosotros, porque Cristo ha roto el poder del pecado a través del evangelio.

‪El miedo también puede ser un producto del pecado. ‪Falta de arrepentimiento puede provocar ansiedad porque Dios habla a través de nuestra conciencia. ‪En este caso tenemos que confesar y arrepentirnos. ‪En un nivel más profundo, tal vez en realidad nunca hemos comprendido o creído el evangelio.

‪Su mensaje es sencillo pero profundo. ‪Jesús vivió una vida perfecta que no podemos vivir. ‪Murió la muerte que merecemos para que podamos ser reconciliados con Dios. ‪Si nos arrepentimos y creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador resucitado, seremos liberados de las garras del pecado y del infierno. ‪El evangelio nos libera de lo que debemos temer más: estar de pie ante un Dios santo y justo sin ser perdonados de nuestro pecado.

Cuando los temores mundanos superan nuestro temor de Dios, somos ilusos e incluso rebeldes. ‪Dios es nuestro Creador, Señor, Salvador, Juez, y el que diseñó un plan para nuestras vidas que le traerá gloria. ‪Así que nos rendimos a Él y no a lo que tenemos miedo de que pueda pasar. ‪El temor piadoso nos estimula y nos permite hacer la voluntad del Señor y no rendirnos ante la ansiedad.

‪2) ‪Recuerda las promesas de Dios.

‪Cuando busqué en la Biblia pasajes sobre el temor y el tener miedo, noté un patrón: la Biblia me dice que no lo haga. ‪Esto por sí mismo es suficiente. ‪Pero me llamó la atención que los mandamientos sobre no tener temor están casi siempre seguidos de recordatorios de la gran fidelidad de Dios y a tranquilizadoras promesas de Su presencia.

‪Hace años confesé mi lucha con el temor a un hombre mayor y piadoso, esperando una respuesta favorable. ‪En lugar de eso me reprendió, diciendo que si yo pensaba que el Señor no podía cuidar de mí. ‪Eso me hizo preguntarme si realmente creía en Dios y sus promesas. ‪¿Estoy convencida de que puedo echar mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí? (1 Pedro 5:7). ‪¿De que Él vela por mi vida? (Salmo 121). ‪¿De que es capaz de guardarme de tropiezos y presentarme sin mancha delante de su gloriosa presencia? (Judas 24).

‪Jesús hace una pregunta conmovedora en Mateo 6: “¿Quién de vosotros podrá con afanarse añadir una sola hora al curso de su vida?”. No puedo. ‪No con preocuparme de que vaya a tener alguna enfermedad que amenace mi vida o con obsesionarme con un plan de escape a un incendio. ‪Dios enumeró mis días y Él es bueno. ‪Él no me promete seguridad en esta vida; más bien Él me promete algo mucho mejor: a Él mismo. ‪Él promete que nunca me dejará ni me abandonará (Deuteronomio 31:6). ‪Él estará conmigo hasta los confines de la tierra (Salmo 139:7-12). ‪Y Él me sostendrá hasta el final (1 Corintios 1:8). ‪‪Sus promesas son verdaderas y confiables sin importar lo que pase.

‪3) ‪Elige actuar conforme a la verdad en vez de conforme a las emociones.

‪Cuando tengo miedo, sentimientos negativos llenan mi corazón. ‪Son fuertes, mandones y persuasivos. ‪Pero no son confiables. ‪Los sentimientos son tan volubles, cambian de un momento a otro. Estoy orgullosa como un pavo real cuando mi hijo me dice que le han ofrecido un buen trabajo, entonces me lleno de temor cuando él me dice que es en Bosnia.

‪Martin Lloyd-Jones dijo: “La mayor parte de tu infelicidad en la vida se debe al hecho de que te estás escuchando a ti mismo en lugar de hablarte a ti mismo”. ‪Entonces, ¿cómo se alinea nuestra respuesta emocional con lo que es verdad? ‪¿Cómo recordar las promesas de Dios mencionadas en el segundo punto?

En lugar de creerle pasivamente a los sentimientos, podemos elegir creer en la verdad de Dios, nuestro fundamento seguro. ‪Jesús dijo: “Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente rompió contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida”, Lucas 6:47-48.

‪Eso es lo que deseo, ¿tú no? ‪Una vida construida sobre la base firme de Jesús y su evangelio y no construida sobre los temores temblorosos. ‪Dudo seriamente que vayamos a terminar este artículo y tengamos libertad del temor y la ansiedad para siempre. ‪Por lo general, es un proceso; así ha sido conmigo. ‪En ocasiones sigo teniendo temor, ‪pero no con la misma frecuencia o intensidad. En la bondad de Dios, he sido liberada para hacer ministerio en formas (incluso hablar en público) y lugares (como el Medio Oriente) inimaginables. ‪Pido a Dios que esto se haga realidad en tu vida también.

Publicado originalmente el 7 de octubre del 2014 para The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.

Leeann Stiles vive en los Emiratos Arabes con su esposo Mack. Ellos son miembros de la Iglesia  Redimida de Dubai, y ella dedica la mayor parte de su tiempo al discipulado y entrenamiento de mujeres. Ellos tienen 3 hijos adultos y una amorosa nuera.