No eres Dios: Ciencia cognitiva para abrazar tus límites

No eres Dios: Ciencia cognitiva para abrazar tus límites
Ana Ávila

¿Por qué me resulta tan difícil enfocarme? ¿Por qué me toma tanto tiempo aprender y memorizar los conceptos que estudio? ¿Por qué olvido la mayor parte de lo que leo? ¿Por qué estoy tan cansada y tengo mis pensamientos borrosos, incluso cuando dormí bien durante la noche? ¿Qué me pasa?

Mis compromisos teológicos me obligan a examinar mi corazón inmediatamente: busca el pecado, arrepiéntete del pecado, huye del pecado. ¿Soy el perezoso del que habla el libro de Proverbios? ¿Me estoy rebelando en contra de lo que he sido llamada a hacer? ¿Estoy amargada con mi trabajo?

Seguramente algunas veces soy alguna de esas cosas… quizá incluso la mayoría de las veces. Pero no siempre. ¿Qué es lo que siempre soy? Una criatura limitada.

Una ciencia de ciencias
La ciencia cognitiva en realidad no es una ciencia, sino un grupo de ciencias trabajando juntas. ¿La meta? Entender la mente humana; estudiar no solo lo que pensamos, sino cómo pensamos.

Como podrías imaginar (ya que eres un ser humano y posees una mente), entender el funcionamiento cognitivo —nuestro razonamiento, percepción, memoria, la manera en que nos comunicamos y todo lo que sucede dentro de nuestra mente, estemos conscientes de ello o no— no es una tarea sencilla. Diferentes disciplinas —desde la antropología hasta las ciencias informáticas, incluyendo la filosofía, la neurociencia, la psicología y lingüística— contribuyen estudiando desde neuronas individuales hasta datos conductuales.

La ciencia cognitiva tiene el objetivo de proveer una descripción de nuestros procesos mentales desde lo general a lo específico: qué es lo que logra un sistema cognitivo (como el sistema visual, que nos ayuda a reconocer y localizar objetos), cuál es el proceso a través del cual ese sistema cognitivo consigue su objetivo y cuáles son las estructuras cerebrales que permiten que el sistema logre dicha tarea.

No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil

La ciencia cognitiva es una empresa bastante reciente (se cristalizó en la década de los setenta) pero ya ha producido ideas en las que vale la pena reflexionar. Una de ellas es la dura realidad de los límites de nuestra mente.

¿Todo es posible?
Durante gran parte del siglo XX, el conductismo —la idea de que solo se debe estudiar la conducta observable y medible— fue la perspectiva dominante en el campo de la psicología. Los conductistas, quienes fueron capaces de enseñar trucos a las palomas y hacer que niños pequeños temieran a los conejos (usando recompensas de comida y acompañando la presentación del animal con un fuertísimo sonido), se animaron por sus descubrimientos acerca del aprendizaje asociativo. Estaban convencidos de que cualquiera podía ser transformado en cualquier cosa:

Entrégame una docena de infantes saludables, bien desarrollados, y mi propio mundo en el que pueda criarlos, y garantizaré tomar cualquiera de ellos al azar y lo entrenaré para convertirse en cualquier clase de especialista que pudiera seleccionar: doctor, abogado, artista, jefe mercante y sí, incluso un mendigo y un ladrón, independientemente de sus talentos, inclinaciones, tendencias, habilidades, vocaciones y la raza de sus ancestros.1

Los conductistas desarrollaron una perspectiva muy optimista de las habilidades humanas. No existía límite para lo que la mente de una persona pudiera lograr. Su credo era que «todas las cosas son posibles para el que tiene el entrenamiento conductual correcto»… un credo que neciamente intento seguir todavía, a pesar de que la evidencia muestra que es engañoso.

Aunque el análisis conductual fue y sigue siendo valioso (¡nunca refuerces con recompensas los berrinches de tus hijos!), la ciencia cognitiva retó los sueños de la mente humana ilimitada con mucha fuerza. Los experimentos de George A. Miller mostraron que las personas solo podían manejar más o menos siete elementos de información al mismo tiempo. Los estudios de Donald Broadbent revelaron cómo debemos enfocarnos en un canal de información a la vez si vamos a encontrarle sentido a los estímulos que estos canales nos hacen llegar. Lento pero seguro, comenzó a acumularse la evidencia de que nuestras capacidades mentales, así como las físicas, son limitadas.

Tu mente es limitada
Siempre he tenido el delirio de que, si paso el tiempo suficiente entre libros y hago suficientes tarjetas de estudio, seré capaz de saberlo todo. Quizá no completamente todo, pero casi.

Como cristiana, tomo el mandamiento de amar a Dios con toda mi mente muy seriamente, en respuesta al amor de Dios mostrado en la cruz. Esa es la razón por la que me siento decepcionada cuando los versículos que pasé horas memorizando hace quince años desaparecen de mi mente. Me reprocho a mí misma por no captar el nombre de la nueva mujer que se presentó en la iglesia mientras sonaba una canción de fondo muy pegadiza. Me avergüenza que me tome diez horas escribir un artículo en lugar de cinco.

La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos

Mi instinto para la santidad (¿o la autojusticia?) me obliga a señalarme a mí misma y a otros que puedan cometer estos mismos errores como pecadores perezosos y centrados en uno mismo. Pero la ciencia cognitiva me invita a detenerme y considerar: ¿No es esto simplemente parte de lo que significa ser un ser humano limitado?

Los recuerdos que no se repasan constantemente se pierden de la memoria a largo plazo. Esa es la razón por la que no puedo recordar los 176 versículos del Salmo 119. Si un canal auditivo está ocupado recibiendo una canción a todo volumen, no va a registrar un nombre. Esa es la razón por la que no sé el nombre de mi nueva conocida. Mi memoria de trabajo solo puede sostener una limitada cantidad de información al mismo tiempo, sin importar lo mucho que me esfuerce. Esa es la razón por la que repasar mis libros y crear algo nuevo me toma el tiempo que me toma.

No me gusta enfrentarme a la realidad de mi debilidad; admitir mis limitaciones cognitivas es humillante. Pero las palabras del apóstol Pablo me hacen recordar que, aunque no lo parece, esto glorifica a Dios: «[Él] me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí» (2 Co 12:9). No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil.

La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos. Curiosamente, también nos permite examinar nuestros corazones, los cuales —de acuerdo con la Biblia— no solo representan nuestros afectos posiblemente pecaminosos, sino también los pensamientos y procesos dentro de nuestras mentes.

1 John B. Watson, Behaviorism, 2nd ed. (London: Kegan Paul & Co., 1931), 82. Vía Barrett, Justin L.. Cognitive Science, Religion, and Theology (Templeton Science and Religion Series) p. 174.


Ana Ávila es escritora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia El Redil. Es autora de «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día». Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y sus dos hijos. Puedes encontrarla en YouTube, Instagram y Twitter.

¿Por qué hay pastores que no pastorean?

¿Por qué hay pastores que no pastorean?
Por Oscar Morales

Hace aproximadamente unos 15 años solía escuchar a través de la radio casi todos los días a un pastor de una congregación grande de mi país. Sus enseñanzas las consideraba de bastante bendición y mucho conocimiento, por lo que decidí un día ir a su iglesia para poder aprender un poco más. Al llegar a la congregación tomé mi lugar y el servicio empezó, sin embargo no lograba localizar visualmente al pastor. Al terminar el momento de alabanza una señora subió a dar algunos anuncios y luego hizo la presentación del pastor. El pastor salió de una de las puertas de al lado del escenario junto con tres personas más. Estas personas estaban vestidas de la misma forma y tenían walkie-talkies en las manos, uno de ellos llevaba una Biblia, la cual después de dejar al pastor en el púlpito entregó a él. Estos eran lo que hoy conocemos como “escuderos del pastor”, algo que yo en aquel tiempo no tenía ni la menor idea de qué significaba. Después de que el pastor subió, la señora le entregó un vaso de agua y junto con estas personas se sentaron en unas sillas en el escenario, justo detrás del pastor.

Años después, a través de varios amigos, me enteré que este pastor le decía clara y constantemente a la gente que por favor no le buscaran, que su labor era predicar y nada más, el no tenía tiempo ni le gustaba saludar gente. Que la razón de tener a este equipo de personas era para que le ayudaran a que nadie se le acercara después de haber predicado.

¿Un pastor que no pastorea?
¿Puede alguien ser un pastor que no pastorea? Tristemente, esto se mira demasiado. Pero, ¿debería ser así? El llamado pastoral descrito en la Palabra de Dios es un llamado serio del cual todos daremos cuentas de lo que hicimos (Heb. 13:17). Es un llamado en la mayoría de casos a sufrir juntamente con Cristo (1 Co. 16:8-9; 2 Co. 1:8-11; 4:8-11; 6:3-5; 11:16-33). También es un llamado el cual Dios nos advierte que no deberíamos buscarlo con ligereza (Stg. 3:1). Y sumado a todo esto, la Biblia también nos da las características de quienes buscan el llamado, la descripción y las responsabilidades de este llamado (1 Tim. 3, Tito 1, 1 Pd. 5). El que Dios en Su infinita sabiduría y soberanía haya usado la figura del “pastor de un rebaño” para describir la labor del liderazgo de ancianos en la iglesia no es para nada casualidad, y no solo eso, Jesús mismo se describe como “el buen Pastor” (Jn. 10). Esta es una de las más grandes responsabilidades y privilegios que Dios nos ha dado (1 P. 5:3; Jn. 21:15-19). Entonces, surge otra pregunta.

¿Por qué hay pastores que no pastorean?
Las razones pueden ser varias. Desde problemas emocionales, miedo al hombre y a los conflictos hasta la inmadurez, inexperiencia o la peor y más peligrosa razón: simple y sencilla indiferencia. Al final, ellos fueron llamados a enseñar, ocupar el púlpito, ser admirados excesivamente, recibir toda clase de elogios y aplausos, pero ¡Dios guarde que tengan que ensuciarse las manos con las personas que Dios ha permitido que estén bajo su cuidado!

Pueden ser varias las razones, pero al final la raíz creo que es la misma: no han entendido lo que significa ser pastor. El pastorear no es una labor fácil y mucho menos con caducidad de tiempo. El pastorear involucra tiempo, esfuerzo, paciencia, y por sobre todo amor para con el rebaño. Es curioso que Jesús en su conversación con Pedro haya usado dos palabras para enfatizar la labor que por amor a Él debía de hacer, apacentar y pastorear las ovejas.

Cuando Cristo no está sentado en el trono de nuestro corazón por completo, amamos más otras cosas, personas y experiencias que a Él. Probablemente estamos amando más la admiración, la posición, el liderazgo, el reconocimiento, etcétera; cosas que desde el inicio del mundo el mismo diablo ofreció a nuestros primeros padres: “… serán como Dios” (Gn. 3:5), y al mismo Jesús “…todo esto te daré” (Mt. 4:9), a cambio de adorarle a él y desobedecer a Dios.

Pongamos atención a la conversación de Jesús con Pedro, la condición para poder pastorear y apacentar al rebaño era su amor por su Señor. ¿Cómo puede alguien que se dice pastor decir que no tiene tiempo ni ganas ni llamado para atender, escuchar o estar con la gente? ¡Que Dios nos perdone y tenga misericordia!

Pastor, ¿estamos obedeciendo a Dios en nuestras responsabilidades como pastores de Su rebaño? ¿Estamos siendo buenos mayordomos de ese llamado? No tenemos empleados, son ovejas. No tenemos jefes, son ovejas. No tenemos sirvientes, son ovejas. No tenemos sub-ordinados, son ovejas. Ovejas por las cuales nuestro Señor Jesucristo dio su vida por amor y nos encomendó enseñarles, modelarles y amarlos a través de ese mismo mensaje. Recuerdo una vez haber leído una frase de Ed Stetzer que decía:

“El evangelio vino a los griegos y los griegos lo volvieron filosofía. El evangelio vino a los romanos y los romanos lo volvieron un sistema. El evangelio vino a los europeos y los europeos lo volvieron a la cultura. El evangelio vino a América y nosotros lo hemos vuelto un sistema de empresa/negocio.”

Amado pastor, oremos al Señor, arrepintámonos día a día, regresemos a la cruz y el evangelio a cada minuto y preguntémonos si estamos levantando día a día el reino de Jesús en la vida de quienes nos rodean. ¿O es solo nuestro propio reino? Estamos desarrollando más lideres para des-centralizar el liderazgo de la iglesia y poder pastorear adecuadamente al pueblo de Dios ¿o queremos ser “el único”? Te ves como el presidente ejecutivo de una compañía multinacional ¿o te ves como el siervo más humilde que lava los pies de quien incluso lo iba a traicionar? (Jn. 13:1-15) ¿Permites que un Zaqueo pueda compartir su vida contigo? (Lc. 19:1-10). ¿Dejas que los niños se acerquen contigo o sientes que interrumpen y aturden al “siervo de Dios”? (Mt. 19:14). O incluso ¿permites que una mujer con flujo de sangre (considerada sucia) te toque sin decirle a tus “escuderos” que estás muy ocupado? (Lc. 8:43-48).

Recuerda, amado pastor, que de todo lo que hagamos con el rebaño, daremos cuenta un día delante de Dios.

Oscar Morales

Es pastor en Iglesia Reforma, ha trabajado por más de 20 años en el ministerio. Está casado con Regina, es papá de Alex y Sofía. Disfruta de la música, de los deportes y la tecnología. Lo puedes encontrar en Twitter o en su blog personal.

Los necios no saben ser diligentes

Por Pepe Mendoza

Todo hombre prudente obra
con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad
(Pr 13:16).

Un aparato electrónico nuevo viene acompañado de dos pequeños pero voluminosos folletos a los que les prestamos poca atención. Ambos están escritos en muchos idiomas y, a decir verdad, con una letra minúscula difícil de leer. Uno de ellos es la garantía del producto, escrita con una fraseología legal casi cuneiforme, que parece importante para el fabricante pero poco o nada para el consumidor. El otro librito es el manual de operación. Uno debe buscar su idioma y luego se supondría que deberíamos darle una leída exhaustiva no solo para saber operar el dispositivo, sino también para sacarle el máximo provecho. Sin embargo, seamos sinceros: la emoción nos gana. Después de abanicar un par de páginas, preferimos operar el gadget usando el famoso «sentido común intuitivo» y el conocido «un amigo tiene uno parecido…».

Podría decir, con un mínimo margen de error, que una de las formas más seguras para poder diferenciar un sabio de un necio es si lee o no lee el manual del fabricante. Tengo que confesar que a veces he dañado equipos o tenido que desarmar un mueble por completo (porque lo armé al revés), y son infinitas las veces que he utilizado equipos sin conocer todas sus ventajas… todo por no leer el manual. Todo por no ser prudente y obrar sin conocimiento. Todo por ostentar con creces mi necedad.

Hace muchos años memoricé una frase que no es bíblica, pero es muy cierta: «Lo que el necio hace al final, el sabio lo hace al principio». Tómate un minuto para pensar en esas palabras. ¿Por qué el necio termina haciendo lo que ya el sabio hizo desde el principio? La razón es muy sencilla y tiene que ver con el conocimiento. Mientras que el necio se atreve a caminar por la vida «ensayando» posibilidades, el sabio va a lo seguro porque sabe lo que hay que hacer. Esto me lleva a asegurar que las cosas solo se pueden hacer de manera sabia porque nada saca uno atornillando al revés, como dicen en algunos países. Llegará el momento en que habrá que hacerlo como se debe hacer.

Podré cansarme de tratar de hacer las cosas a mi modo, una y mil veces, pero tarde o temprano tendré que rendirme y hacerlas según las directrices del manual de funcionamiento. Es probable que el sabio ya esté en otra cosa productiva desde hace mucho tiempo, mientras que el necio ha gastado tiempo, esfuerzo y hasta dinero para que al final haga lo que el sabio hizo al principio.

La necedad, es decir, esa terquedad que hace que no haga lo que tenga que hacer (aunque lo sepa), muchas veces va unida a la pereza. La sabiduría, por el contrario, se acompaña de la prudencia y la diligencia, que son el cuidado sensato y entendido al realizar una tarea con presteza. Por eso el maestro de sabiduría dice: «El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue, sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha» (Pr 13:4).

Me generó mucha curiosidad el uso de la palabra «alma» en el pasaje anterior. Esta palabra expresa el ser interior, la persona misma, el yo, pero también involucra aquello que está en la esencia de lo que eres como ser humano. En ese sentido, el pasaje nos dice que el alma de un necio tiene muchos deseos, antojos o anhelos que nunca llega a satisfacer por su pereza. Pero no solo son incumplidos por la pereza, sino también porque son imposibles de alcanzar al estar realmente fuera de la realidad. Un necio desea imposibles como, por ejemplo, aprobar un examen sin haber estudiado o ganar una maratón luego de entrenar solo por dos días. Ambas cosas son loables y deseables, pero son deseos necios mientras no van acompañados por la diligencia que obliga a estudiar o a entrenar para lograr el objetivo anhelado. 

Una vez escuché decir que los cementerios están llenos de genios de la música, de las artes, el deporte y las ciencias que no lograron serlo porque se quedaron solo como promesas. No se comprometieron en desarrollar con esfuerzo su talento natural y así adquirir destreza y conocimiento mientras vivían. Al final, un sabio «obra con conocimiento» y produce fruto, mientras que el necio solo hará gala de una grandeza que es solo deseo subjetivo que se evapora al toparse con la realidad.

El sabio es aquella persona que, como dijo Jesús, «oye la palabra y la entiende» (Mt 13:23a). Nuestra primera responsabilidad es huir de la necedad ignorante a la sabiduría que surge de la obediencia a la Palabra de Dios porque, «El que desprecia la palabra pagará por ello, pero el que teme el mandamiento será recompensado» (Pr 13:13). Una vida sabia no es una vida llena de deseos incumplidos, sino una vida esforzada y entendida, transformada por la obra de Cristo. Una vida llena de logros para la gloria de Dios porque, «sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta por uno» (Mt 13:23b).

​José «Pepe» Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en Twitter.

Cómo el calvinismo cambió mi sufrimiento

por Jane Story

Mi salud se fue cuesta abajo a mediados de mi segunda década de vida. Problemas de sueño, salud mental, una lesión importante en el hombro y una cirugía, así como una rara migraña, llegaron a mí una tras otra. Estas luchas dominaron cinco años de mi vida y a veces parecía que nunca me recuperaría.

Comencé esa temporada con una perspectiva esperanzadora. Estaba orando, confiando en Dios y buscando una comunidad. Pero empecé a quebrarme a los pocos meses. Ya fuera gritándole a Dios con rabia en el auto a las cuatro de la mañana o escondiéndome bajo una cobija mientras me preguntaba cómo iba a enfrentar el día, igual me sentía perdida en la miseria.

Esperanza equivocada

Miro hacia atrás y veo que mi mayor problema era el agotamiento espiritual y la confusión. Algo de esto fue resultado de mis circunstancias, pero mucho se debió a una teología aplicada de manera insuficiente. Había adoptado intelectualmente una comprensión calvinista de la salvación años antes de mi temporada de sufrimiento. Sin embargo, todavía no había aplicado esas verdades en situaciones de la vida real.

En lugar de dejarme llevar por los altibajos de la vida, descubrí que la soberanía de Dios era mi fundamento estable

 

Todavía me guiaba por falsedades sutiles que paralizaban mi capacidad de sufrir bien. La falsedad más importante era creer que era mi responsabilidad aferrarme a Cristo y no perder mi fe, que tenía que sufrir de una manera «suficientemente buena» para mantener mi posición con Dios.

Es cierto que la Biblia tiene numerosos llamados a resistir hasta el final, recordar la bondad de Dios y mirar hacia adelante con fe, pero mi esperanza estaba en mi capacidad de ser fiel, más que en la fidelidad de Cristo. Estoy lejos de ser una experta en Calvino, pero incluso una  comprensión simple de sus enseñanzas sacó a la luz mi pensamiento defectuoso y finalmente me trajo una gran esperanza. Estas son solo dos de las muchas doctrinas que encontré de gran ayuda en medio del sufrimiento.

La soberanía de Dios

Dios tiene el poder y la autoridad para hacer lo que decida. Esto fue crucial: ¿Quién era yo para decirle a Dios lo que puede y no puede hacer? ¿Quién era yo para juzgar a Dios como cruel? Tenía todo el testimonio de las Escrituras para explicarme Su carácter. También tenía las promesas de que obraría con misericordia para mi bien y de que es bondadoso con los pecadores.

La doctrina de la soberanía de Dios me dolía más de lo que me consolaba en mis momentos más oscuros. Pero era la herida fiel de un amigo (Pr 27:6). Sin Su soberanía, mi sufrimiento carecía de propósito, y ese es un destino mucho peor. Reconocer Su soberanía significaba aceptar que permitía mi dolor voluntariamente o incluso lo causaba. Eso era difícil.

Sin embargo, someterse al gobierno de Dios y llamarlo bueno en medio del dolor resultó ser el camino de la esperanza y el gozo. Insistir en que Dios ordenara mi vida según mi voluntad me enfadaba y me hacía dudar si no hacía lo que yo quería. Pero me liberó aceptar todas las circunstancias como voluntad de Dios. Mis pruebas ya no tenían el poder de «refutar» el amor y el poder de Dios. Por el contrario, descubrí que todas las adversidades eran, en última instancia, para mi bien y tenían como propósito hacerme más semejante a Cristo (1 P 1:3-9). En lugar de dejarme llevar por los altibajos de la vida, descubrí que la soberanía de Dios era mi fundamento estable.

La perseverancia de los santos

De niña me enseñaron implícitamente que somos salvos por gracia, pero que tenemos la responsabilidad de la santificación. Creía que dependía de mí el mantenerme fuerte en mi fe y que era posible perder mi salvación. Más tarde, en medio de mis problemas médicos, me enfadé y me desanimé, hasta el punto de querer huir de Dios. Debido a que mi fe se sentía débil, me preocupaba estar en peligro de perder mi posición en la familia de Dios.

Pero el calvinismo me llevó a la dulce doctrina de la perseverancia de los santos. Una vez que has sido salvado, siempre serás salvo. Esta doctrina está estrechamente vinculada a otras ideas, como la elección incondicional (yo no contribuyo a la salvación, salvo mi propia necesidad) y la gracia irresistible (si Dios me ha llamado, me salvará). En conjunto, estas doctrinas significan que la salvación no depende en absoluto de cómo me sienta o de cuánta convicción pueda reunir. Tengo seguridad a pesar de mi lucha y mis dudas, porque mi seguridad se encuentra fuera de mí.

Por supuesto, debo procurar alimentar mi fe y aferrarme a Cristo en los momentos difíciles. Pero mi seguridad no está en mi capacidad de sufrir perfectamente, sino en el único que sufrió perfectamente en mi lugar. Mi ira y mis dudas se volvieron menos temibles al saber que no podían arrancarme de la mano de Dios (Jn 10:28-30).

Transformación

En medio de esos años terribles, mis oraciones y mi adoración cambiaron. Comprendí por experiencia que Cristo me salvó de mi pecado, incluido el pecado de no confiar en Él en medio del sufrimiento. Reconocí más plenamente que la fe y la salvación, de principio a fin, son dones irrevocables. Comprendí que, incluso en mis luchas, el poder de Cristo se magnificaba en mi debilidad.

Espero afrontar las pruebas futuras con más paciencia y confianza que en el pasado. Pero mi mayor consuelo es saber que, incluso cuando mi fe es escasa, el Señor sigue sosteniéndome. Tanto yo como todos los elegidos hemos sido entregados a Cristo por Dios Padre. Mi perseverancia está garantizada, no por mi desempeño, sino por el de Cristo. Esto quita el filo del sufrimiento porque, como dice Pablo, nada «nos separará del amor de Cristo», ni siquiera nuestras propias dudas, pruebas o el pecado (Ro 8:35-37).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Dios te dará más de lo que puedes soportar

Dios te dará más de lo que puedes soportar
MITCH CHASE

Los cristianos pueden hacer las afirmaciones más extrañas cuando consuelan a los que sufren. ¿Qué le dices a alguien cuya vida se está desmoronando? Si solo tienes unos minutos preciosos con alguien que ha perdido su trabajo, casa, cónyuge, hijo o todo su sentido y propósito, ¿qué consuelo le ofreces?

Puede que recurramos a la sabiduría convencional en lugar de ir a las Escrituras y acabemos diciendo algo como esto: «No te preocupes, esto no pasaría en tu vida si Dios no creyera que puedes soportarlo». La persona que sufre podría oponerse mientras mueve la cabeza y pone las manos en alto. Pero insistes: «Mira, en serio, la Biblia promete que Dios nunca te dará más en la vida de lo que puedas soportar». Ahí está: sabiduría convencional disfrazada de verdad bíblica. Has prometido lo que la Biblia nunca promete.

Tentaciones y pruebas
El apóstol Pablo escribe: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla» (1 Co 10:13). Su punto es específico: está escribiendo sobre la «tentación», una trampa que se esfuerza al máximo al tratar de arrastrarnos al pecado. Utilizando una metáfora de depredador, Dios advirtió a Caín que «el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo» (Gn 4:7). El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa. El pecado pone el anzuelo, pero para el creyente —¡alabado sea Dios!— el pecado no es irresistible.

El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa

Ahora bien, si la gente aplica las palabras de Pablo sobre la tentación a los sufrimientos generales, puedes ver de dónde viene la frase «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». No dudo de la sinceridad y las buenas intenciones de los que usan esta frase, pero la sinceridad no es suficiente. Incluso los amigos de Job tenían buenas intenciones.

Errores gemelos
Hay al menos dos errores en la idea no bíblica de «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». Primero, juega con la virtud cultural de justicia. En segundo lugar, orienta al que sufre hacia adentro en lugar de hacia Dios.

  1. Pruebas que son… ¿Justas?
    Si les vas a dar a tus hijos cajas para que las suban al carro, primero haces evaluaciones visuales y de peso que tienen en cuenta su edad y su fuerza. No sobrecargas sus brazos y ves cómo se estrellan contra el suelo con las cosas desparramadas por todas partes. Eso sería injusto. El dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» tiene un tono de justicia que instintivamente nos gusta. Hay algo agradable en la idea de que la balanza está equilibrada, que Dios ha evaluado lo que podemos soportar y permite unas pruebas adecuadas.

Pero hay un problema evidente con ese concepto de «justicia» que sustenta esta sabiduría convencional: Dios ya ha sido «injusto», porque no nos ha tratado como merecen nuestros pecados. Ha sido paciente, comprensivo, bondadoso y abundante en amor. El sol brilla y la lluvia cae incluso sobre los injustos (Mt 5:45). Dios trasciende las categorías [humanas] de justo e injusto hasta tal punto que no estamos en condiciones de evaluar Sus acciones o sopesar Su voluntad. Sus caminos no están sujetos a la norma de justicia de nuestra cultura.

  1. El poder… ¿Adentro?
    El sufrimiento no pregunta si estás preparado. Puede llegar lentamente o con fuerza, pero no pide permiso, y no le importa la conveniencia. Nunca es un buen momento para que tu vida se arruine. Pero el dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» me dice que tengo todo lo que se necesita. Me dice que puedo soportar todo lo que venga. Me dice que Dios permite las pruebas de acuerdo con mi capacidad de soportarlas. Piensa en lo que hace esta sabiduría convencional: dirige a la gente hacia dentro.

Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros

Sin embargo, la Biblia nos dirige hacia Dios. Como dice el salmista: «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo» (Sal 46:1-3). Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros. Dios da poder a los débiles y aumenta las fuerzas de los débiles (Is 40:29). El poder viene de Él a los que esperan en Él.

Hacia dónde nos dirigen las pruebas
Las pruebas vienen en todas las formas y tamaños, pero no vienen para mostrar lo mucho que podemos soportar o cómo tenemos todo controlado. El sufrimiento abrumador vendrá a nuestro camino porque vivimos en un mundo quebrantado con personas quebrantadas. Cuando llegue, tengamos claro de antemano que no tenemos lo que hace falta. Dios nos dará más de lo que podemos soportar, pero no más de lo que Él puede.

El salmista pregunta: «¿De dónde vendrá mi ayuda?» (Sal 121:1), y nosotros debemos ser capaces de responder como él. Debemos saber y creer, en lo más profundo de nuestros huesos, que «Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra» (v. 2). Cuando lleguen las pruebas, confía en que la ayuda del Señor llegará. Esta noticia es útil para los que sufren, ya que estamos diciendo algo verdadero sobre Dios en lugar de algo falso sobre nosotros mismos.

Pablo recordó un momento en que Dios le dio más de lo que podía soportar. Él escribió en una de las cartas a los corintios: «Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida» (2 Co 1:8). Pablo y sus compañeros habían estado bajo circunstancias que superaban sus fuerzas para soportar: «De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte» (v. 9).

Luego proporciona una visión crucial de su desesperación. ¿Por qué él y sus compañeros recibieron más de lo que podían soportar? «A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Co 1:9). Dios te dará más de lo que puedes soportar para que Su gran poder se manifieste en tu vida. De hecho, un mayor peso de gloria está aún por llegar: «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co 4:17).

Puede que no consideres que los sufrimientos abrumadores sean «leves» y «pasajeros», pero piensa en tus pruebas en términos de un trillón de años a partir de ahora. En medio de la aflicción, a veces lo más difícil de sostener es una visión de lo eterno. Pablo no está tratando de minimizar tu aflicción; está tratando de maximizar tu perspectiva.

El sufrimiento no tiene la última frase del guión. Dios te dará más de lo que puedes soportar en esta vida, pero el peso de gloria que viene será mayor de lo que puedes imaginar.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Mitch Chase (PhD, Seminario Teológico Bautista del Sur) es pastor de la Iglesia Bautista de Kosmosdale y profesor adjunto en el Boyce College en Louisville, Kentucky.

Es el autor de Behold Our Sovereign God (Contempla a nuestro soberano Dios), The Gospel Is for Christians (El evangelio es para creyentes), y 40 Questions About Typology and Allegory (40 preguntas sobre tipología y alegoría). Está casado con Stacie, y tienen cuatro hijos. Puedes seguirlo en Twitter.

UN MUNDO SIN TEMOR A DIOS 

Coalición por el Evangelio
Vivimos en un mundo que cada día avanza en una dirección contraria a la verdad de Dios y sus mandatos. ¿Por qué? La Biblia dice que el mundo no tiene temor de Dios. Es importante que el pueblo de Dios sea capaz de discernir la corriente de este mundo y la raíz de su orientación. Para ello, necesitamos conocer la descripción que la Biblia hace del mundo sin temor de Dios.

En este sermón, el pastor Carlos Contreras nos enseña a la luz del Salmo 33:8-12, la realidad espiritual del hombre natural en contraste con la nueva naturaleza que el Señor le ha dado a su pueblo.

Carlos Contreras es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Carlos es pastor en la Iglesia Cristiana Gracia Soberana, de Ciudad Juárez, México. Está casado con María Eugenia (Kena) Flores, con quien ha tenido cuatro maravillosos hijos y tres nietos. Puedes seguir a Carlos en Twitter o en Facebook.

Tolerancia y Pluralismo

Por Sugel Michelén

Una de las virtudes cardinales de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI es la tolerancia, sobre todo en el terreno de la religión. El hombre moderno se jacta de ser abierto, pluralista; dice aceptar el derecho que tiene cada cual de construir su propio sistema de verdad y de valores. Lo único que la sociedad parece no tolerar es la falta de tolerancia. Cualquiera que defienda su posición con convicción y firmeza se arriesga a ser considerado como un estrecho de mente y un recalcitrante.

El Diccionario de la Real Academia define “tolerancia” como “respeto o consideración hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Y ciertamente es una virtud mostrar ese rasgo de carácter en la generalidad de los casos.

Pero ¿qué ocurre cuando una persona está obviamente equivocada? ¿Debemos tolerar su error? ¿Qué debe hacer un maestro en el aula cuando el niño responde que 2 más 2 son 5, debe “tolerar” su respuesta? ¿O qué debe hacer un médico con un paciente que insiste en seguir adelante con un tratamiento que él mismo se impuso y que puede poner en riesgo su salud? ¿Acaso no sería una muestra de amor de parte del médico mostrarle al paciente que está cometiendo un grave error?

El error y el engaño deben ser combatidos con firmeza, sobre todo cuando ponen en peligro la vida de una persona o, lo que es aun peor, el destino eterno de su alma. No es la sinceridad de una creencia lo que cuenta. Si un hombre toma un veneno por error, creyendo sinceramente que era otra cosa, su sinceridad no eliminará los efectos nocivos del veneno.

El pluralismo es un atentado contra la verdad absoluta y es filosóficamente insostenible porque Dios tiene una sola forma de pensar. Si una religión es verdadera aquellas que postulan dogmas contrarios no pueden serlo también. Si Cristo era quien decía ser, el Hijo de Dios encarnado que murió en una cruz para salvar pecadores, entonces no existe otro Salvador ni otro medio de salvación; todas las otras religiones fuera del cristianismo deben ser falsas necesariamente.

“Y en ningún otro hay salvación – dice en Hechos 4:12; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El cristianismo no es pluralista. Cristo mismo dijo de Sí: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mi” (Juan 14:6). Y Pablo escribió en 1Timoteo 2:5 que “hay un solo Dios y un solo Mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo Hombre”. Se puede ser pluralista o se puede ser cristiano, pero no se puede ser pluralista y cristiano al mismo tiempo; eso es tan incongruente como un triángulo cuadrado o un rectángulo equilátero. Pluralismo no es sinónimo de tener una mente abierta, sino más bien de padecer una profunda confusión mental.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

¿De qué trata el libro de Amós?

¿De qué trata el libro de Amós?

ANDREW M. KING

El libro de Amós trata del Dios soberano de la creación y del pacto que anuncia su juicio sobre el Israel desobediente. Sin embargo, también proclama la esperanza de un reino futuro para el pueblo de Dios. En cierto sentido, esto podría describir la mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Pero Amós no desperdicia la oportunidad y destaca estas características de varias maneras especiales.

El versículo inicial de Amós establece el contexto histórico dentro del cual se debe leer el libro. Amós 1:1 identifica al profeta Amós como un pastor de una ciudad en el Reino del Sur (cp. Am 7:13-14). A este profeta de Judea se le da un mensaje «acerca de Israel» (sobre el reino dividido, ver 1 R 12:1-20).

Los dos reyes mencionados en el título, Uzías rey de Judá y Jeroboam (II) rey de Israel, anclan el ministerio de Amós en el siglo VIII a. C. Aparte del versículo inicial, la única información biográfica adicional conocida sobre el profeta Amós se encuentra en Amós 7:10-15, donde niega ser un profeta profesional (es decir, no se ganaba la vida prediciendo el futuro). Antes de que Dios lo llamara como profeta, con toda probabilidad, Amós era un pastor y granjero pudiente (Am 7:14).

Los versículos iniciales de este libro hacen mucho más que brindar información general sobre la persona y la época de Amós. Estos versículos alertan a los lectores sobre la realidad fundamental de que todo lo que sigue es revelación divina («Palabras de Amós… de lo que vio» Am 1:1).

De manera principal, el libro de Amós se trata del Dios trino de nuestra Biblia de dos Testamentos

Si bien Amós fue el mensajero, el mensaje era algo que recibió de Dios, quien ruge desde Sión (Am 1:2). En otras palabras, esta profecía de la Escritura no fue producida por la voluntad de hombre, sino que Amós habló de parte de Dios siendo inspirado por el Espíritu Santo (2 P 1:21). De manera principal, el libro de Amós trata del Dios trino de nuestra Biblia de dos Testamentos.

Dios de la creación
Amós enfatiza dos aspectos de Dios que son esenciales para el libro. Primero, dice que Dios es creador. Tres declaraciones en forma de himnos a lo largo del libro iluminan esta caracterización (Am 4:13; 5:8-9; 9:5-6). Estos himnos en conjunto proclaman la majestad y la soberanía de Dios sobre toda la creación. Él es quien forma las montañas (Am 4:13) y ordena los ritmos del movimiento planetario y el ciclo hidrológico (Am 5:8). Los lugares más altos de la tierra están debajo de sus pies (Am 4:13). En resumen, todas las cosas fueron creadas por Él y para Él (cp. Ro 11:36; 1 Co 8:6; Col 1:16).

Esto da una perspectiva muy necesaria para los lectores. El libro de Amós está repleto de explotaciones groseras de poder (cp. Am 2:7; 4:1; 5:11; 8:4, 6). En un mundo donde los poderosos oprimen a los débiles y los débiles oprimen a los más débiles, es importante recordar dónde reside el verdadero poder. El Dios Soberano sobre toda la creación pone en perspectiva todo el albedrío humano. De manera significativa, en Amós, el Dios que ejerce todo el poder también demuestra bondad hacia los débiles.

Dios del pacto
Un segundo aspecto de Dios que es esencial para el mensaje de Amós es que Dios es el Dios del pacto. En Amós 3:1-2, Dios observa su singular relación de pacto con Israel. En lugar de que este estado de pacto asegurara una prosperidad inquebrantable, trajo consigo una mayor responsabilidad. De acuerdo con la ley, Israel debía vivir de una manera que anunciara la grandeza y la cercanía de Dios (cp. Dt 4:5-7), así como también ser un medio de bendición para el mundo (Éx 19:5-6).

Sin embargo, en lugar de representar a Dios, el pueblo de Dios se parecía más a sus vecinos malvados (Am 1:3–2:12). En el libro de Amós, se muestra que Dios es fiel al pacto al anunciar sus términos y juicios en lo que se refiere al trato de los pueblos entre sí de manera particular. Este último punto es significativo por la forma en que Amós presenta el tema teológico central en el libro.

En Amós, el Dios que ejerce todo el poder también demuestra bondad hacia los débiles

El pecado de idolatría está en el centro de la infidelidad de los israelitas en el Antiguo Testamento, en especial en los profetas (cp. Jr 1:16; Ez 8:10; Is 2:8; 42:8; Os 3:1; Mi 1:7; Zac 10:2). Sin embargo, en Amós rara vez se mencionan otros dioses (p. ej., Am 5:26; 8:14). Más bien, lo que está en juego es la dimensión horizontal de la vida de pacto del pueblo.

En lugar de cuidar a los pobres, los que tenían poder se enriquecieron a expensas de los indigentes (Am 2:6; 8:5-6). Esto estaba en marcado contraste con el carácter de Dios mostrado en el éxodo. Él cuidó del pueblo cuando estaba débil, venciendo a sus enemigos, estableciéndolos en la tierra y levantando líderes (Am 2:9-10). Considerando la bondad de Dios, el llamado al pueblo era hacer con los demás lo que Dios había hecho con ellos. De hecho, la historia tenía sus ojos puestos en Israel. Pero donde la justicia y la rectitud deberían haber corrido como agua (Am 5:24), la crueldad y la injusticia inundaron la tierra.

Sin embargo, la gente no era menos activa en la vida religiosa (Am 4:4-5). De hecho, afirmaron que Yahvé estaba con ellos (Am 5:14). Pero su trato mutuo dejó en claro que servían a otro dios por completo. Un dios que permite la piedad junto con la injusticia no es el Dios de la Biblia. Las Escrituras aclaran que nunca podemos separar lo que decimos creer de la forma en que vivimos (cp. Stg 2:18). La mala teología produce malos frutos y los malos frutos evidencian mala teología.

Para Israel, el juicio fue la única respuesta de un Dios fiel hacia su pueblo infiel al pacto. Esto vendría a través de un futuro exilio de la tierra (Am 3:11; 7:11, 17; cp. Lv 26:33). Dios anuncia que en este juicio «ha llegado el fin para Mi pueblo» (8:2).

Esperanza para las naciones
El tono predominante del libro de Amós es de juicio. De hecho, hay solo unos pocos atisbos de esperanza en el libro (Am 5:4-6, 14-15). Si bien los lectores pueden encontrar esto desconcertante, es un recordatorio importante de que el pecado, tanto vertical como horizontal, no es un asunto menor para el Dios de la creación y del pacto. Aunque el juicio es primordial, el final de Amós deja claro que hay esperanza más allá del juicio (Am 9:11-15).

Considerando la bondad de Dios, el llamado al pueblo era hacer con los demás lo que Dios había hecho con ellos

Después de un juicio de zarandeo (Am 9:9-10), Dios anuncia que «en aquel día levantaré el tabernáculo caído de David» (Am 9:11). Esta declaración puede indicar no solo que no está a la vista una entidad puramente política, sino que también puede desencadenar la anticipación de un nuevo éxodo (cp. Lv 23:42-43) en línea con el pacto davídico (2 S 7).

Uno de los propósitos de esta restauración «“es que tomen posesión del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca Mi nombre”, declara el Señor, que hace esto» (Am 9:12). El hecho de que Edom y las naciones sean llamadas por el nombre de YHWH creo que indica que aquí están unidos al pueblo de Dios.

Este pasaje se cita en Hechos 15 como apoyo para la inclusión de los gentiles en la iglesia cristiana. De acuerdo con la promesa abrahámica, todas las naciones de la tierra son bendecidas por medio de Cristo, el verdadero Israel (Gn 12:3; Gá 3:8). Aunque solo en forma de semilla, el libro de Amós señala el propósito redentor de Dios visto en toda la Escritura. De principio a fin, el Dios trino de la creación y del pacto se muestra fiel en el juicio y la salvación por la fama de su nombre.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Andrew M. King (PhD, Seminario Teológico Bautista del Sur) sirve como profesor asistente de estudios bíblicos en el seminario Midwestern Baptist Theological Seminary y como decano asistente en Spurgeon College. Es autor de Social Identity and the Book of Amos (Identidad social y el libro de Amós), entre otros libros. Vive en la ciudad de Kansas con su esposa y cuatro hijos y es miembro de la iglesia Emmaus Church.

Ideología de género: Tergiversación y verdad

Ideología de género: Tergiversación y verdad
CATHERINE SCHERALDI

Hasta hace unas décadas, las palabras sexo y género podían usarse de manera indistinta sin ningún problema. Hoy, sin embargo, las cosas son muy distintas. Mientras que el sexo se define como las características biológicas que hacen de un individuo varón o hembra, el género como tal (masculino o femenino) se denomina una construcción social y no biológica.

Según nuestra sociedad, la biología no tiene nada que ver con la identidad de género. Pero las cosas no son así tan sencillas.

La ciencia
Para entender cómo se determina el sexo de una persona, es importante regresar a la genética y la embriología. En el núcleo de cada célula hay genes con diferentes combinaciones de ADN (ácido desoxirribonucleico), las unidades hereditarias que determinan no solamente las características físicas de la persona, sino también el funcionamiento de cada órgano.

Las diferentes combinaciones en el ADN determinan las características de los seres humanos: el color de pelo, el tono de piel, o cualquier otra característica que marca la individualidad de cada persona. En los humanos, hay 23 pares de cromosomas (46 en total); 22 pares se conocen como autosomas y aparecen iguales en el sexo masculino y femenino. Además existe un último par, con los que llamamos “cromosomas sexuales”. Aquí existe una diferencia: las personas femeninas tienen dos cromosomas X (XX) y las personas masculinas tienen un cromosoma X y otro Y (XY).

El sexo es determinado por el tipo de gen que el feto reciba de sus padres. El hijo o hija recibe un cromosoma sexual de cada progenitor. La madre siempre donará un cromosoma X y el padre en ocasiones dona un cromosoma X y otras veces dona un cromosoma Y.

Aunque el sexo es determinado en el momento de la concepción, en el estado fetal el desarrollo de ambos sexos es idéntico hasta la sexta semana. Si el feto es masculino, entrará en juego una proteína conocida como proteína SRY, la cual se produce a partir de un gen en el cromosoma Y. Esta proteína ocasiona la formación de los órganos masculinos. Si la proteína SRY está ausente, se desarrollarán los órganos femeninos. Así, la composición genética (lo que llamamos el genotipo) es lo que determina cómo el individuo luce y funciona (lo que llamamos el fenotipo).

La caída
Cuando una persona dice sentirse más como el sexo opuesto al que su fenotipo demuestra, entonces se habla de disforia de género. Esa persona profesa sentimientos como si estuviera en el cuerpo del sexo equivocado, condición que ha sido denominada como transexualidad. El término disforia de género también se utiliza para hablar de personas que sienten que su género no es exclusivo (masculino o femenino) sino que dice ser “bigénero” e identificarse con ambos. También existen aquellos que se denominan “agénero”, porque sienten una ausencia de género o porque se consideran de un tercer género totalmente separado de los otros dos.

El pensamiento popular ahora es que lo que determina el género en el individuo no es su genética, sino lo que cada persona “siente”.

Dot Brauer, psicóloga clínica y directora del Centro de LGBTQA en la universidad de Vermont, define la identificación del género como “lo que se siente bien para la persona”. Ella dice que “en su generación toda la información fue dada desde una perspectiva limitada y con lenguaje limitado impartido en la clase de salud y aquello que fue aprobado por la junta de educación”, sugiriendo que ellos tenían una mente estrecha. Se dice que el género existe en una gama, afirmando que hay muchas diferentes expresiones entre los dos géneros. Lisa Fields, de WebMD, escribe que ser transgénero “se trata de lo que una persona siente en su interior”. El Dr. Michael L. Hendricks, un psicólogo clínico en Washington que trabaja con pacientes durante su transición (personas cambiando de lo que su biología ha determinado hacia lo que sienten), dice que no hay un patrón, sino que varía con cada paciente. Ahora es claro por qué Facebook tiene 71 diferentes géneros para que elijas en tu perfil.

La cosmovisión ha cambiado, y por lo tanto ha cambiado el lenguaje. Ya no es “género biológico”, como siempre se ha dicho, sino “género asignado”. Con esto se quiere señalar que el género fue asignado al nacer por el personal médico, sin saber si realmente ese será el género con el cual el niño o niña decidiría identificarse.

Como hemos visto, la biología, la embriología, y la genética demuestran que solamente hay dos sexos. Esta noción de que el género es independiente del sexo biológico es precisamente denominada una ideología porque no está basada en la ciencia. Aunque la disforia de género todavía es considerada como una anormalidad en la psiquiatría, eso parece estar por cambiar.

En el siglo XVIII, el mundo pasó por la revolución científica, donde la verdad se buscaba a través del método científico. Para que algo fuera aceptado como verdad tenía que ser probado a través de la experimentación y la corroboración de los resultados iniciales. Esto es efectivo cuando la información es medible, pero en otras áreas es impreciso.

Una de las áreas donde el método científico no tiene valor es precisamente en el área de las emociones. Muchas afirmaciones en el ámbito filosófico, moral, y psicológico fueron aceptadas como postulados científicos cuando en realidad el método científico no puede ser aplicado a ninguna de ellas.

A medida que la sociedad cambió, el hombre se volvió más egocéntrico e individualista, llegando a pensar que lo que establece la verdad para cada individuo es su propia opinión. En el mejor de los casos, el hombre de hoy piensa que si él no tiene la razón, la mayoría sí la tendrá. Esto es el fruto del corazón engañoso del hombre que lo lleva a creer que él siempre tiene la razón (Proverbios 21:2).

En nuestros días, la mayoría ha llegado a pensar que la autorealización es lo que trae la felicidad; esto es tierra fértil para la aceptación de algo como la ideología de género. Si la felicidad es un derecho y la verdad es relativa, entonces la tolerancia a cualquier ideología será el resultado natural, con el consecuente rechazo de cualquier verdad absoluta.

El evangelio
Es importante entender que con la caída del hombre en Génesis 3, todos los aspectos del ser humano fueron afectados. Esto incluye el desarrollo físico, la facultad mental, las emociones, y la dimensión espiritual. Dios nos creó para que hubiera armonía en todos los aspectos; sin embargo, con la entrada del pecado, esta armonía se perdió.

Los sentimientos y emociones de cada persona son reales y pueden ser bastante fuertes, aunque no necesariamente correspondan a la verdad de su biología. A pesar de esto, si permitimos que la verdad sea definida por los sentimientos y el individualismo, en vez de por aquello que corresponde a la realidad, entonces terminaremos en la posición que estamos hoy, donde nadie conoce lo que es verdad.

Si las personas con disforia de género son estimuladas a abrazar lo que es una patología, lo única que logramos con esto es empeorar su disfuncionalidad. Un 32-50% de las personas transgénero cometen un intento de suicidio aun en lugares como Suiza, donde esta ideología es aceptada. El cristiano siempre debe desear lo mejor para la otra persona. Para estas personas eso implicaría ayudarles a abrazar el diseño del creador. Esto seria amarles verdaderamente.

Con la caída del hombre todos los aspectos del ser humano fueron afectados. Esto incluye el desarrollo físico, la facultad mental, las emociones, y la dimensión espiritual.

Desde el surgimiento del deseo de Adán de ser como Dios y su subsiguiente caída, la cosmovisión secular tiene como su meta desplazar el control desde Dios hacia el hombre; quiere esconder la imagen de Dios, impuesta en Su diseño. El hombre desea ser su propio dios, para tener el derecho de decidir lo que quiere hacer y cómo hacerlo.

Sin embargo, 1 Crónicas 29:11-12 nos recuerda que solamente Dios está en control y Job 42:2 nos enseña que no hay nada que puede frustrar Sus planes. Los hombres están “entenebrecidos en su entendimiento” (Efesios 4:18) y su corazón es “engañoso” (Jeremías 17:9). Esto explica el porqué personas inteligentes y educadas no ven lo obvio y hasta ignoran las leyes de Dios que ellos mismos han descubierto a través de la ciencia para creer una mentira (Juan 3:19).

Dios ha hecho dos sexos que muestran la imagen de Dios, hombre y mujer, cada uno con características y virtudes diferentes. Y cuando ellos se unen en armonía, complementándose el uno al otro, la gloria y sabiduría de Dios es desplegada a través de las relaciones de forma única. La majestad y sabiduría del Señor es evidente en toda la creación del mundo, pero lo que mejor debe demostrar su gloria sobre todo lo demás es la corona de su creación: el hombre y la mujer. Ellos fueron los únicos que fueron creados a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27).

Cuando borramos las diferencias entre los sexos, distorsionamos la imagen de Dios y, por lo tanto, la escondemos. Satanás puede mantener el mundo ciego (2 Corintios 4:4) llevándolo todo el tiempo a cambiar la verdad por la mentira (Romanos 1:25). Esto produce lo que Pablo dijo a Timoteo, “Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:13). Con todo, el próximo versículo nos recuerda lo que debemos hacer: “Sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido”.

Dios ha hecho dos sexos que muestran la imagen de Dios, cada uno con características y virtudes diferentes. Y cuando ellos se unen en armonía, la gloria y sabiduría de Dios es desplegada.

Nosotros somos embajadores de Cristo para predicar el evangelio, y vivir Su diseño es otra forma de expresar que creemos Su verdad. Así glorificamos su nombre y afirmamos que existe un único y verdadero Dios, creador de todo lo visible e invisible. De esta manera el mundo queda sin excusas (Romanos 1:20).


​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

Honra a las mujeres como lo hace nuestro Señor

Honra a las mujeres como lo hace nuestro Señor
JOSH MANLEY

Mientras el debate sobre las mujeres en la iglesia persiste en Internet y en las mentes de los congregantes, me pregunto si algunas hermanas sienten hoy que sus iglesias debaten sobre sus llamados apropiados más de lo que se deleitan en ellos como uno de los mejores dones de Dios. Las conversaciones sobre lo que las mujeres pueden y no pueden hacer en el contexto de la iglesia son espinosas en este momento particular. ¿Pueden predicar, enseñar o dirigir un estudio bíblico mixto? Estas conversaciones son importantes porque las Escrituras hablan de ellas. Sin embargo, el discurso público de la iglesia sobre las mujeres, cuando es saludable, está marcado sobre todo por la celebración de las mujeres como santas fieles.

Mujeres de todos los continentes y denominaciones dan a conocer que su participación en la iglesia local a menudo las hace sentir ignoradas y poco valoradas. Es una realidad triste que nuestras madres e hijas sientan con frecuencia que la novia de Cristo las mantiene alejadas, incluso sin intención.

Hacemos bien en aspirar a la precisión teológica en todos los aspectos, incluidos el llamado de los hombres y las mujeres en la iglesia. Pero también haríamos bien en preguntarnos si la forma en que hablamos de las mujeres refleja la forma en que las Escrituras las celebran.

Presentando a Eva
Recordemos las primeras palabras del hombre en las Escrituras. Después de que Dios creara el mundo y todo lo que hay en él, la narrativa canta con el ritmo: «Dios vio que era bueno» (Gn 1:10, 12, 18, 21, 25, 31). Pero, de repente, Dios declara: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2:18). Así, Dios hace a la mujer, la ayuda idónea para el hombre. Como un padre llevaría a la novia a su futuro esposo, así Dios «la presentó al hombre» (Gn 2:22).

Las primeras palabras que una mujer escuchó de un hombre anunciaron el gozo que le produjo su existencia

Lo que sigue son las primeras frases registradas de labios humanos en la Escritura. Al ver a la mujer, Adán estalla de alegría: «¡Al fin!—exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre» (Gn 2:23). Sorprendentemente, las primeras palabras que una mujer escuchó de un hombre anunciaron el gozo que le produjo su existencia.

En ese momento, la mujer aún no había hecho nada, excepto existir por el poder de Dios. Sin embargo, su mera existencia lleva a Adán a regocijarse. Sin más instrucciones, comprende que la mujer es un regalo extraordinario para él. Había conocido la vida en el mundo de Dios sin ella y, una vez con ella, la ama de inmediato y sabe lo esencial que es para el mandato de Dios de que los humanos dominen y se multipliquen (Gn 1:28).

Adán no podría cumplir el llamado de Dios sin Eva. La historia se detiene sin la mujer. Dios pone en evidencia Su sabiduría en la creación de la mujer en el principio de la historia. A medida que avanza la historia del mundo, Dios pone en primer plano el papel esencial que desempeñará la mujer en Su plan redentor.

Un libro de heroínas
Las Escrituras están llenas de relatos que resaltan el lugar esencial y exaltado que ocupan las mujeres en la economía de Dios. Desde Rebeca, cuya fe al estilo de Abraham la obligó a abandonar su hogar para ir a un lugar y a un pueblo que no conocía (Gn 24), hasta Rut, la viuda moabita, cuya conversión al Señor la llevó a formar parte de la línea mesiánica, la historia de la Biblia no puede contarse sin la vida de mujeres fieles.

Las mujeres eran mucho más vulnerables que hoy en el mundo antiguo, en parte porque no gozaban de los mismos derechos legales que los hombres. Sin embargo, en ese mismo contexto, las Escrituras celebran a las mujeres, situándolas reiteradamente en la corriente del plan redentor de Dios, donde su fidelidad a Dios a menudo pone en evidencia la desobediencia de hombres caídos. Conocemos muchos de sus nombres: Sara, Débora, Ana, Abigail, Ester, Isabel y Priscila. Cuatro mujeres aparecen incluso en la genealogía de Cristo: Rahab, Rut, Betsabé y María (Mt 1:5-16).

La historia de la Biblia no puede contarse sin la vida de mujeres fieles

Sin embargo, hay muchas otras cuyos nombres solo Dios conoce: las mujeres que recuperaron a sus muertos mediante la resurrección (Heb 11:35); la viuda de Sarepta, cuyo hijo resucitó (1 R 17:17-24); la laboriosa mujer virtuosa ensalzada en Proverbios 31; la viuda que lo ofreció todo (Mr 12: 41-44); la mujer pecadora cuya atención prodigiosa a Jesús al lavarle los pies con lágrimas expuso la hipocresía de la élite religiosa (Lc 7:36-50); y la mujer cananea cuya fe fue respondida con la sanidad de su hija (Mt 15:21-28).

Las mujeres de la gran comisión
Una fe desbordante en Dios marca todos estos relatos y sigue alentando a los creyentes hoy en día. No se puede leer la Biblia sin discernir el papel de honor que Dios asigna a las mujeres en cada momento de su historia. Así como Dios le dio a Adán el mandato de multiplicarse en la tierra, también le dio a la iglesia la misión de multiplicar discípulos. Entonces, al igual que Adán se maravilló ante la creación de la mujer por parte de Dios, la Biblia nos enseña a glorificar a Dios por el increíble don de las mujeres que están en Cristo.

Nuestras hermanas han sido maravillosamente indispensables para la labor de la iglesia al dar testimonio de Cristo y hacer discípulos. Dios utilizó a Priscila para afinar e instruir al predicador Apolos en el camino de Dios (Hch 18:24-26). Sin las fervientes oraciones y la vida piadosa de Mónica, la iglesia no podría disfrutar de los tesoros de su hijo, Agustín.

¿Quién puede saber cuántos frutos eternos produjeron las labores de sacrificio de Lottie Moon y Gladys Aylward a través de sus extensos ministerios en China? ¿O a través del ministerio que Amy Carmichael ejerció durante toda su vida en la India?

Por supuesto, no solo alabamos a las hermanas cristianas cuyos nombres conocemos. Hay innumerables nombres que aún no hemos oído y que honraremos en la era venidera. Son madres y esposas fieles que oran al cielo mientras se entregan a su familia desde el amanecer hasta el atardecer, e incluso en las noches más oscuras. Son mujeres solteras que se contentan alegremente con Dios mientras el mundo las tienta constantemente a creer que su fe es una locura. Mi propia experiencia viviendo en el extranjero testifica la verdad de que hay muchas más mujeres jóvenes solteras que hombres cruzando océanos y fronteras por causa del evangelio.

Honrar a las mujeres entre nosotros
En la iglesia, así como lo fue en el jardín, no es bueno que el hombre esté solo (Gn 2:18). En una época en la que la cultura popular ha desdibujado las diferencias entre hombres y mujeres, los hombres cristianos tienen hoy la oportunidad de dar una nueva prueba de lo mucho que admiramos a las mujeres y valoramos la feminidad. Creadas por la sabiduría de Dios y por Su poder, las madres y las hijas de la iglesia no son ciudadanas de segunda categoría en la iglesia.

Creadas por la sabiduría de Dios y por Su poder, las madres y las hijas de la iglesia no son ciudadanas de segunda categoría en la iglesia

Dios presentó la primera mujer al primer hombre como un regalo y sigue dando mujeres como bendiciones a Su iglesia hoy en día. Así como la mujer conoció de inmediato el gozo del hombre por ella, también sería conveniente que las mujeres cristianas escucharan con regularidad lo mucho que aportan a la iglesia, tanto a nivel local como mundial. Adán no podía multiplicarse y dominar sin la mujer (Gn 1:28). Sin las mujeres cristianas, nosotros, la iglesia, no podremos cumplir nuestra misión de dar testimonio y hacer discípulos (Mt 28:18-20). Todas las Escrituras y la historia de la iglesia dan testimonio de este hecho.

Las mujeres impulsan la misión de la iglesia al demostrar cada día el valor incomparable de Cristo. No podemos permitirnos pasar por alto a estas hermanas en Cristo: ni el Dios de la historia ni el Dios encarnado las pasan por alto.

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Josh Manley es el pastor de la Iglesia Evangélica RAK en los Emiratos Árabes Unidos. Está casado con Jenny y tienen cinco hijos. Antes de entrar en el ministerio pastoral, Josh trabajó como asistente en el Senado de los Estados Unidos.