Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

La paz rechazada

Momento de Gracia

John MacArthur

La paz rechazada

En la voz de Henry Tolopilo

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

https://www.oneplace.com/ministries/momento-de-gracia/

Un Sacrificio Vivo

Momento de Gracia

John MacArthur

Un Sacrificio Vivo

En la voz de Henry Tolopilo

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

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Escogidos en Cristo

Momento de Gracia

John MacArthur

Escogidos en Cristo

En la voz de Henry Tolopilo

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

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Amando a Cristo

Momento de Gracia

Jhon MacArthur

Amando a Cristo

En la voz de Henry Tolopilo 

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

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Fidelidad o popularidad

The Master’s Seminary

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Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur 

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Deja que las Escrituras den Forma a Tus Oraciones

Evangelio Blog

Deja que las Escrituras den Forma a Tus Oraciones

Por John MacArthur

En el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años. Volví1 mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. (Daniel 9:2-3)

Antes de que lleguemos a la oración de Daniel en sí, es esclarecedor examinar a qué respondía la oración. Y vemos en estos primeros versículos del capítulo que su oración nació de las Escrituras.

Ya he dicho muchas veces que debemos empezar por estudiar la Palabra de Dios y dejar que la oración fluya a partir de ese estudio. A menos que entendamos la Escritura, no entenderemos los propósitos y planes de Dios, y por lo tanto nuestras oraciones no serán gobernadas y guiadas por Su voluntad. Fue cuando Daniel vio y entendió los planes de Dios para Judá que comenzó a orar.

Pero podemos decir aún más que eso. Estoy seguro de que Daniel creía que su oración era un elemento en el cumplimiento de la voluntad revelada de Dios en las Escrituras. Por supuesto, Daniel creía absolutamente en la soberanía de Dios. Sabía que si las Escrituras decían que algo sucedería, ciertamente se cumpliría. Sin embargo, Daniel seguía orando.

La razón humana responde de manera totalmente diferente a la soberanía de Dios. Si estamos leyendo Jeremías y vemos que Dios rescatará a Judá después de 70 años, y si creemos que Dios siempre cumple su palabra, entonces podríamos estar tentados a pensar: “¿Por qué hay que orar? Está todo muy claro. Orar no cambiará nada.”

Pero esa no es la respuesta de Daniel. Aunque a los humanos nos cuesta entender la relación entre nuestras oraciones y el plan soberano de Dios, Daniel seguía sintiendo la responsabilidad de orar.

Creo que nunca entenderé la relación entre Dios y el hombre. No entiendo cómo Dios puede escribir la Biblia utilizando a los hombres como instrumentos. No entiendo cómo Dios puede hacerse hombre y seguir siendo Dios al mismo tiempo. No entiendo cómo puedo ser salvado por mi propia elección y también por la voluntad soberana de Dios antes de la fundación del mundo. Y no entiendo cómo mis oraciones pueden tener alguna parte en la obra soberana de Dios. Pero esto no lo tengo que entender yo.

Cuando Daniel leyó el plan de Dios, en lugar de volverse fatalista y decir: “Bueno, eso es todo”, inmediatamente se arrodilló en señal de quebranto y penitencia y clamó a Dios con manto y ceniza en nombre de su pueblo. Y la esencia de su oración es una petición para que Dios haga lo que había prometido hacer.

Una vez más, nos inclinamos a preguntar: “¿Por qué ora Daniel? Dios ya ha dicho que lo va a hacer.” Pero Daniel no está interesado en el razonamiento humano lógico. Él simplemente está derramando su corazón. ¿Y por qué hacer eso? ¿Por qué debemos orar cuando leemos los propósitos de Dios en su Palabra? No es porque Dios necesite que oremos; en cambio, es porque necesitamos alinearnos con las causas de Dios. La oración es para nosotros.

En la oración, vemos nuestra propia pecaminosidad y vemos nuestra necesidad de su gracia y su poder. En la oración, llegamos al lugar de someternos a su plan. De este modo, la oración y la Palabra están inseparablemente unidas. No creo que se pueda orar correctamente si no se está en la Palabra. Como dice el Salmo 119

Más que todos mis enseñadores he entendido,
Porque tus testimonios son mi meditación.. (Salmo 119:99)

En otras palabras, el salmista entiende más que sus mayores porque ha descubierto la voluntad de Dios en las Escrituras. Está diciendo: “Si quiero entrar en tus planes y entender lo que has ordenado, tengo que comprometerme con tu Palabra.” La oración, entonces, no es para cambiar lo que Dios va a hacer. Es para identificarnos con Sus planes. Y no podemos hacerlo inteligentemente sin entender Su Palabra.

Si puedes leer la Escritura y no ser impulsado a la oración, no estás escuchando lo que estás leyendo. Cualquier pasaje que leas debe ser motivo de confesión del pecado en tu vida, de alabanza a Dios por su bendición y de agradecimiento por el desarrollo de Su plan.

Por eso Hechos 6:4 dice que los apóstoles se dedicaban “a la oración y al ministerio de la palabra.” La oración y la Escritura van juntas. La Palabra genera naturalmente la oración. Cuando habla de Dios, anhelamos estar en comunión con Él. Cuando habla de la gloria, anhelamos recibirla. Cuando habla de la promesa, anhelamos realizarla. Cuando habla del pecado, anhelamos confesarlo. Cuando habla del juicio, anhelamos evitarlo. Cuando habla del infierno, oramos por los perdidos.

La Palabra de Dios es la causa de la oración. Y el hecho de que sepamos que algo es inevitable no significa que nos levantemos fatalmente de nuestras rodillas y nos alejemos en una especie de indiferencia teológica enfermiza. La oración de Daniel, como toda oración verdadera, nace del estudio y la comprensión de la Escritura.

Ahora que hemos visto la fuente de la oración de Daniel 9, la próxima vez veremos el tono de la oración de Daniel y las lecciones que podemos tomar de ella para nuestras propias oraciones.

Artículo tomado de: Evangelio Blog

El estado de la iglesia – Preguntas y respuestas

Grace en Español

El estado de la iglesia – Preguntas y respuestas

John MacArthur

John MacArthur

Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.

John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.

http://www.gracechurch.org/espanol

Dios salva sólo a pecadores

Grace en Español

Dios salva sólo a pecadores

John MacArthur

John MacArthur

Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.

John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.

http://www.gracechurch.org/espanol