¿Por Qué Peleo?

¿Por Qué Peleo?
Por John MacArthur

Una vez me presentaron en una convención como el hombre que es mucho más simpático en persona que en sus libros. No pude evitar reírme, ya que esta presentación era sin duda una broma amistosa. Pero había verdad en esas palabras, y yo lo sabía.

Entiendo que muchos -tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella- me consideren un cascarrabias, hiperdoctrinal, duro, inflexible e intransigente. Incluso me han llamado mezquino. Y, en cierto modo, entiendo por qué la gente me ve así; después de todo, parece que casi siempre estoy en el centro de algún debate evangélico. Algunas de las personas más cercanas a mí me han dicho que ya es hora de explicar por qué. Este pequeño libro es mi intento de hacerlo.

Cuando era joven y me preparaba para el ministerio, nunca pensé que me pasaría la vida luchando. No sabía que este era el ministerio que Dios tenía para mí. Pero aquí estoy.

Y cuanto más reflexiono sobre el ministerio, más me doy cuenta de que hay una cierta esquizofrenia en él, una especie de mundo dual en el que vivo. Mi trabajo es tratar a aquellos que Dios ha puesto bajo mi cuidado -la gente de Grace Community Church- con amor, ternura, amabilidad, misericordia y compasión. Tiene que haber confianza entre un pastor y su pueblo, la suavidad del cuidado pastoral. Y sin embargo, al mismo tiempo, tengo que librar batallas para proteger a las ovejas de Grace Church.

Dios me ha dado la responsabilidad de luchar por mi rebaño, y estoy llamado a llegar muy lejos para hacerlo.

Charles Spurgeon utilizó la imagen de la espada y la paleta para describir esta doble realidad pastoral: con la paleta, el pastor está construyendo cuidadosamente su iglesia. Y con la espada en la otra mano, está luchando para proteger lo que ha construido. La imagen de un pastor como alguien que, por un lado, es un pastor tierno y, por otro, un guerrero que lucha contra el enemigo, es fundamental para la noción bíblica de pastor.

Pablo advierte a los ancianos de Éfeso de esta realidad en Hechos 20: que entrarían lobos de entre ellos, que no perdonarían al rebaño (Hechos 20:29). Hombres malvados se levantarían y llevarían a muchos por mal camino, y hoy estamos presenciando exactamente eso. Este es el estado actual de nuestra iglesia.

Pero entre muchos líderes evangélicos de estos días, parece haber una renuencia a luchar. La iglesia cree ahora que el papel del pastor es complacer y mimar a los inconversos; los líderes de hoy se apresuran a evitar la más mínima ofensa, cuando, en realidad, todo su ministerio estaba destinado a ser una ofensa. Como resultado, hay mucho menos convicción en la iglesia de lo que solía haber. Muchos pastores ya no defienden los temas por los que nuestros padres en la fe una vez perdieron sus vidas.

Mi oración y anhelo, no sólo por los pastores sino por todos los creyentes, es que lleguen al final de sus vidas y puedan exhalar con el apóstol Pablo, He peleado la buena batalla. Y mientras estemos vivos, esta lucha nunca terminará. Los personajes cambian, los escenarios cambian, pero la batalla sigue siendo la misma: la lucha es siempre y para siempre por la Palabra de Dios.

Y, por desgracia, he perdido a muchos amigos en esta lucha. He visto -lenta y constantemente- cómo se adelgazaban las filas ministeriales. ¿Por qué hemos perdido a tantos? Porque ya no estaban dispuestos a librar la batalla cuando y donde ésta era más feroz.

Hay un viejo refrán que dice que si luchas la batalla en todas partes menos donde es más intensa, eres un soldado infiel. He visto la triste realidad de ese dicho ante mis ojos. Los líderes de la iglesia deben ir al punto del conflicto más feroz, y luego deben permanecer allí.

No basta con adoptar una postura donde no hay lucha. El terreno donde se libra la batalla es donde se demuestra la fidelidad.

Pero comprendo los estragos que puede causar la lucha. Recuerdo haber leído la triste biografía de A.W. Pink, una mente tan formidable y un erudito tan fiel. Pasó la mayor parte de su vida estudiando, predicando y pastoreando y, sin embargo, en sus últimos días, se encontró recluido en un pequeño apartamento de la costa norte de Escocia. Lo único que le quedaba era hostilidad hacia el mundo.

¿Cómo acabó así?

A.W. Pink se cansó del rechazo, de la batalla. Dejar el pastorado fue potencialmente el momento decisivo en la caída de A.W. Pink. Se alejó de una congregación amorosa de personas que equilibraban los desafíos y las decepciones del ministerio con amor y aliento. Abandonar el ministerio pastoral y convertirse en un pastor errante sin ningún lugar al que acudir para ser abrazado y amado es algo peligroso. Deja al pastor vulnerable al cansancio de la lucha. El ministerio consiste en luchar contra el enemigo por el bien de la verdad y la protección de tu pueblo, y luego derramar tu corazón a una congregación de personas que te amarán y te sostendrán en sus corazones. Esto es lo que llena de alegría mi corazón de pastor.

Soy un defensor de la verdad, y la Iglesia es el pilar y el apoyo de la verdad. En definitiva, vivo para la verdad. Nunca quiero tergiversar la verdad. Pero una vez que comprendo la Palabra de Dios, no se me pasa por la cabeza lo que puedan pensar los demás. Mi suposición es que los santos abrazarán la verdad, y los perdidos la rechazarán. Nuestro Señor enseñó la verdad pura y fue crucificado a mano de las multitudes. El mundo es hostil a la verdad, que es la razón por la que hay una batalla.

Mi trabajo es defender fielmente la verdad, no complacer a los hombres.

En los primeros años de mi vida y de mi ministerio pastoral, el enemigo solía estar fuera de la Iglesia: en las sectas, en las falsas religiones y en la flagrante impiedad. Pero ahora el enemigo -parece que cada día- encuentra nuevas grietas por las que colarse en la Iglesia. En mi ministerio de hoy, apenas recibo hostilidad de los que están fuera de la iglesia, pero recibo mucha de los que están dentro de ella. Y esto es exactamente lo que Judas dijo que sucedería. Judas escribe:

Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos. Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. (Judas 3-4, la cursiva es mía)

¿Por qué lucho? Sencillamente, porque se me ha ordenado hacerlo.

En este pasaje se me ordena contender fervientemente por la fe revelada en las Sagradas Escrituras que ha sido “transmitida una vez para siempre a los santos.” Esta es la esencia misma de la vida cristiana.

La vida cristiana no trata de personalidades u opiniones; trata de la verdad.

Judas es el único libro de las Escrituras enteramente dedicado a la lucha por la verdad. En el Nuevo Testamento, Judas se sitúa a la sombra del libro del Apocalipsis, y sigue inmediatamente a 1-3 Juan, libros enteramente dedicados al concepto de la verdad. Por ejemplo, los primeros versículos de 2 Juan dicen:

El anciano a la señora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no solo yo, sino también todos los que conocen la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros y que estará con nosotros para siempre: Gracia, misericordia y paz serán con nosotros, de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me alegré al encontrar algunos de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre. (2 Juan 1-4a, la cursiva es mía)

La verdad se repite cinco veces en el discurso inicial de esta carta. El mismo énfasis puede encontrarse en las palabras iniciales de 3 Juan:

El anciano al amado Gayo, a quien yo amo en verdad. Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud. Pues me alegré mucho cuando algunos hermanos vinieron y dieron testimonio de tu verdad, esto es, de cómo andas en la verdad. No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad. (3 Juan 1-4, la cursiva es mía)

Las últimas cartas del último apóstol vivo estaban dedicadas a la preeminencia de la verdad. E inmediatamente después de las últimas cartas de Juan está el libro de Judas. El mensaje de Judas es que los creyentes van a tener que luchar hasta el final por la verdad. A medida que se acerca el fin, los falsos maestros se multiplicarán, propagando mentiras que muchos creerán. Como resultado, esta Era de la Iglesia es esencialmente una lucha incesante por la verdad, hasta que el Señor regrese.

Fue el Señor quien preguntó: “Cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Qué pregunta tan sorprendente, sobre todo a la luz de lo vibrante que fue el comienzo de la iglesia. El día de Pentecostés, tres mil almas se convirtieron a la Iglesia. Luego, en los días y semanas siguientes, miles y miles se arrepintieron y creyeron. Esto fue solo en los primeros meses de la iglesia.

Pero la pregunta de Jesús aún permanece: “Cuando Él venga, ¿encontrará fe en la tierra?”

La implicación es clara: no podemos dar por sentado que la fe se va a extender como un reguero de pólvora por todo el mundo. Las mentiras del enemigo van a intentar -por todos los métodos imaginables- ahogar la expansión de la iglesia. Las batallas implican oposición. Y si usted piensa que es menos que una batalla, el ministerio será un shock total.

Pablo escribe sobre estos últimos días:

Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. (1 Tim. 4:1)

Este versículo advierte de los falsos maestros que han perdido todo temor de Dios, que han cauterizado de tal manera sus conciencias que sus conciencias están marcadas en silencio.

Pablo advierte a los creyentes tesalonicenses: “Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición,” (2 Tesalonicenses 2:3). Viene una apostasía, una enorme deserción de la iglesia.

El libro de 2 Pedro advierte que vendrán falsos maestros. Pedro escribe:

Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.. (2 Pedro 2:1-3)

La batalla se libra entre la verdad y los que propagan el error. Pedro escribe que ya vienen; y luego Judas dice que ya están aquí. Llegaron los falsos maestros. Y ahora es una parte esencial de la vida cristiana de cada creyente ejercitar el discernimiento y entrar en batalla contra estas amenazas inminentes sobre y dentro de la iglesia.

La historia de la Iglesia es una larga guerra. Es implacable y exige valentía. El discernimiento es necesario en todo momento. Requiere audacia y sacrificio, sacrificio de popularidad, relaciones y amistades queridas. Pero la verdad merece la pena.

John MacArthur

Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

EL FIN DE LA FAMILIA

John MacArthur es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

En el año 1969, después de graduarse en el Talbot Theological Seminary, John llegó a Grace Community Church. El énfasis de su ministerio en el púlpito es el estudio diligente y la exposición versículo a versículo de la Biblia, con especial atención dedicada al antecedente histórico y gramatical detrás de cada pasaje. Bajo el liderazgo de John, los dos servicios matutinos de adoración de Grace Community Church colman el auditorio cuya capacidad es de 3500 personas. Varios miles de miembros participan cada semana en docenas de grupos de hermandad y programas de entrenamiento, la mayoría de ellos conducidos por líderes laicos; y cada uno de ellos, dedicado a equipar a los miembros para el ministerio a nivel local, nacional e internacional.

En el año 1985, John fue nombrado presidente de The Master’s College (anteriormente, Los Angeles Baptist College, y ahora, The Master’s University), una Universidad cristiana de cuatro años, acreditada en humanidades, en Santa Clarita, California. En el año 1986, John fundó The Master’s Seminary, una escuela de posgrado dedicada a la formación de hombres para que desempeñen roles pastorales y trabajo misionero a tiempo completo.

John también es el Presidente y profesor destacado de Grace to You. Fundada en el año 1969, Grace to You es la organización sin fines de lucro responsable de desarrollar, producir y distribuir los libros de John, los recursos de audio y los programas de Grace to You de radio y televisión. El programa de radio de “Grace to You” se emite más de 1000 veces diariamente a lo largo del mundo de habla inglesa, alcanzando a los centros de mayor población con la verdad bíblica. También se transmite casi 1000 veces al día en español, llegando a 23 países a lo largo de Europa y Latinoamérica. El programa de televisión de “Grace to You” se transmite semanalmente en DirecTV en los Estados Unidos y está disponible de manera gratuita por medio de Internet en todo el mundo. Todos los 3000 sermones de John, que abarcan más de cuatro décadas de ministerio, están disponibles de manera gratuita en ese sitio web.

Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.

En el año 2015, completó la serie Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. En sus 23 volúmenes, John lo lleva detalle por detalle, versículo a versículo, a lo largo de todo el Nuevo Testamento.

John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.

Fidelidad o popularidad

Fidelidad o popularidad
John MacArthur

Predica la Palabra
Porque las almas necesitan escuchar el evangelio (2 Timoteo 4:3-4)

Habiéndole recordado a Timoteo acerca de la responsabilidad que conlleva el predicar la Palabra fielmente, Pablo continua exhortándole a predicar la Palabra mientras que le recuerda que el predicar la Palabra no siempre será un llamado popular. Tal como le escribió: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4).

La gente busca iglesias que les hagan sentir bien y no lugares que les recuerden de su pecado

A través de la historia, cientos de miles de pecadores han reusado escuchar al verdad salvífica del evangelio y en lugar de eso han endurecido sus corazones y han buscado mensajes mediocres que acepten el pecado en el que viven. Por lo que a través de la historia vemos que aquellos que han predicado fielmente la Palabra no han sido bien recibidos, pues la gente busca iglesias que les hagan sentir bien y no lugares que les recuerden de su pecado. Los falsos maestros felizmente logran enseñar este tipo de mensajes pues su objetivo es hacer reír a las personas y elevar al hombre mientras que le provee de falsas esperanzas.

En el proceso de degradar la importancia del llamado a predicar el evangelio, la gravedad del pecado pierde importancia y hablar de ello se vuelve obsoleto, el culto se reduce a un movimiento centrado en la elevación de las emociones y el evangelio se pierde entre emocionalismo y conformidad con los placeres de este mundo.

Estos falsos maestros son las mismas personas que, de acuerdo al versículo 16, van tras palabrería mundana y vacía, la cual conduce a una mayor falta del evangelio puro. Su mensaje mundano será ciertamente popular…pero como gangrena, su propagación es sumamente mortal.

Las palabras de Pablo describen la escena contemporánea en el cristianismo de hoy en día. La doctrina se ha convertido en una palabra desconocida, la verdad es vista como un termino relativo y las masas se han convertido en el estándar de eficacia en el ministerio. La tentación de hacerle cosquillas a los oídos de las personas es grande, ya que los predicadores que atraen a las multitudes más grandes son considerados como los más exitosos. Es por eso que debemos recordar que uno de los males más grandes de este mundo es el diluir la verdad del evangelio con tal de atraer a las personas.

La única manera de transformar vidas de la condenación a la salvación, es por medio de la fiel predicación del mensaje del evangelio

Un ministro fiel de evangelio habla toda la verdad de Dios, revelada en la Escritura, con gran denuedo y pasión, incluso cuando no sea considerado como algo popular. La única manera de transformar vidas de la condenación a la salvación, es por medio de la fiel predicación del mensaje del evangelio. Las personas que vana la iglesia con el simple deseo de que les hagan cosquilleo a sus oídos, deben ser confrontados con la verdad. Pero para que ellos puedan ser confrontados con la verdad, es necesario que escuchen a un predicador que les exponga la Palabra de Dios sin reserva o hipocresía.

Fiel hasta el fin

Pablo concluye sus palabras y su exhortación final a Timoteo, y por ende a todos aquellos que vienen en pos de él, de la manera más fácil que puede hacerlo: Predica la Palabra. El llamado de hacerlo no había sido fácil para Pablo tampoco, sin embargo, a pesar de las muchas pruebas que enfrentó, el apóstol se había mantenido fiel hasta el final. Como resultado, Pablo pudo decir: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (4:6-7). En esta, su última carta a Timoteo, exhorta al joven pastor para conducirse del mismo y correr con paciencia la carrera por delante (cp. Hebreos 12:1-2).

Pablo murió sin haber visto el ministerio de Timoteo, por lo que tuvo que confiar que el Señor lo guiaría a poder continuar con la labor de predicar la Palabra. ¿Se mantuvo Timoteo fiel hasta el final?

El libro de Hebreos ofrece una primera respuesta a esa pregunta. En Hebreos 13:23, el autor dijo a sus lectores: » Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros.» Estas palabras, escritas después de la muerte de Pablo, nos indican que Timoteo había estado en la cárcel, pero que estaba a punto de volver a la obra del ministerio. La implicación es clara: Timoteo había sido perseguido por causa del evangelio. Y al igual que Pablo, había permanecido fiel y firme a pesar del sufrimiento y persecución.

Timoteo enfrentó con valentía la presión y persecución a su alrededor hasta el día de su muerte. Tal compromiso inquebrantable le costó la vida, y como Pablo, fue martirizado por su fidelidad. Pero al igual que Pablo, él pudo mirar hacia atrás y ver un ministerio centrado en el honrar a Cristo por medio de la predicación de su Palabra.

Los expositores de la Biblia de hoy, aunque viven retirados de los tiempos de Pablo y Timoteo, son los recipientes de legado de fidelidad y compromiso por el evangelio. De la misma manera que Timoteo había recibido un legado de fidelidad por parte de Pablo, así nosotros hemos recibido el legado de la generación de líderes anterior. Por lo tanto, las motivaciones que Pablo le dio a Timoteo para que predicase la Palabra con gran fidelidad, deberían exhortarnos a nosotros hoy en día a hacer lo mismo: Predicar la Palabra fielmente.


John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Publicado originalmente en inglés aquí.
John MacArthur is the Chancellor and professor of pastoral ministry at The Master’s University and Seminary. He is also the pastor-teacher of Grace Community Church, author, conference speaker, and featured teacher with Grace to You.

La Moralidad Condena

La Moralidad Condena
por John MacArthur


La moralidad por sí sola no es una solución; condena tanto como la inmoralidad. La moralidad no puede convertir el corazón de piedra en carne, no puede romper las cadenas del pecado, ni puede reconciliarnos con Dios. En ese sentido, la moralidad por sí sola es tan vacía para salvar como cualquier religión satánica.

Jesús se enfrentó a las personas más religiosas y externamente morales en su mundo, en particular a los sacerdotes, escribas y expertos en la ley del Antiguo Testamento. Él declaró: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mr. 2:17). Y en Mateo 23 pronunció sus acusaciones más fuertes contra el orden religioso de la época: el partido de los fariseos. Estos eran los hombres más piadosos de la nación, que guardaban meticulosamente la ley de Dios y seguían fielmente la tradición rabínica.

Jesús les advierte: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (v. 13). La palabra “ay es el equivalente a decir “malditos son”. Jesús está pronunciando condenación y juicio sobre ellos, y repite la misma frase una y otra vez en los versículos que siguen; los llama “guías ciegos” en el versículo 16, ya que llevaban a Israel por mal camino a través de su moral vacía y piadosa.

Ni cambio social ni moralismo fueron alguna vez el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Nunca fueron el mensaje del Mesías ni de los escritores del Nuevo Testamento. Ese nunca ha sido en absoluto el mensaje de Dios para el mundo. Es más, Isaías nos asegura que “todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia” (Is. 64-6). La moralidad del ser humano en su máxima expresión no es más que trapos inmundos y contaminados.

Además, en Romanos 3:10-12 se nos advierte: “No hay justo, ni aun uno… No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por tanto, cualquier justicia imaginaria que el hombre tenga, cualquier moralidad superficial que exhiba, solo es una farsa. No hay nadie justo, no importa con qué tipo de apariencia piadosa nos presentemos.

Las personas pueden cambiar sus vidas. Pueden tener un momento de crisis y decidir alejarse de la inmoralidad o la adicción y empezar una nueva vida. Hasta cierto punto, pueden limpiar sus acciones simplemente mediante la aplicación del esfuerzo humano y una gran determinación. Si suficientes individuos hacen eso, puede haber una ligera mejoría moral en la sociedad humana. Pero reformar la conducta no tiene nada que ver con la relación entre las personas y Dios; carece de medios para sacarlas de la esclavitud del pecado y llevarlas al reino de Cristo. Lo mejor que la moralidad puede hacer es convertir a la gente en otro grupo de fariseos condenados. La moralidad no puede salvar a nadie de la culpa ni alimentar la autentica piedad. Los fariseos y las prostitutas comparten el mismo infierno.

La presión a favor de la moralidad cultural o incluso la justicia social es una distracción peligrosa de la obra de la iglesia. Desperdicia inmensas cantidades de recursos valiosos, incluso tiempo, dinero y energía. Efesios 5:16-17 insta a los creyentes a “[aprovechar] bien el tiempo, porque los dias son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Y la voluntad del Señor no es una cultura gobernada por equidad social ni por fariseísmo institucionalizado.

La palabra evangélico se deriva de la expresión griega para “evangelio”. Originalmente se aplicaba a cristianos que entendían que el evangelio es el núcleo y la misma esencia de la doctrina cristiana, y por tanto debe protegerse a toda costa. Sin embargo, la palabra evangélico está hoy pintada con tantos colores sociales y políticos que se ha convertido en un término político rechazado por la mayor parte de la sociedad e incluso por los cristianos más practicantes.

(Adaptado de El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia )

La Gloria Eterna Del Verbo Divino

por John MacArthur 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:1-5).

La sección de apertura del Evangelio de Juan expresa la verdad más profunda del universo en los términos más claros. Aunque un niño podría entenderla fácilmente, las palabras de Juan inspiradas por el Espíritu comunican una verdad imposible de comprender incluso para las mentes más brillantes: el Dios infinito y eterno se hizo hombre en la persona del Señor Jesucristo. La verdad incontrovertible y gloriosa de que en Jesús el Verbo divino «fue hecho carne» (1:14) es el tema del Evangelio de Juan.

La deidad del Señor Jesucristo es un principio esencial y no negociable de la fe cristiana. Varias líneas de la evidencia bíblica se unen para probar de manera concluyente que Él es Dios.

Primero, las declaraciones directas de las Escrituras afirman que Jesús es Dios. Juan registra varias de esas declaraciones para mantener el énfasis en la deidad de Cristo. El versículo inicial de su Evangelio declara “el Verbo [Jesús] era Dios”. En el Evangelio de Juan, Jesús asumió en repetidas ocasiones el nombre divino “Yo soy” (cp. 4:26; 8:24, 28, 58; 13:19; 18:5, 6, 8). En Juan 10:30, Él afirmó ser uno en naturaleza y esencia con el Padre (dada la reacción de los judíos incrédulos en el v.33 [compárese con 5:18], ellos reconocieron que esta era una afirmación de deidad). Tampoco corrigió Jesús a Tomás cuando él le dijo: “¡Señor mío, y Dios mío!” (20:28); de hecho, lo alabó por su fe (v.29). La reacción de Jesús es inexplicable de no haber sido Dios.

Pablo escribió a los filipenses que Jesús existía “en forma de Dios” y era “igual a Dios” (Fil. 2:6). En Colosenses 2:9, declaró: “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Romanos 9:5 se refiere a Cristo como «Dios… bendito por los siglos». Tito 2:13 y 2 Pedro 1:1 lo llaman «nuestro Dios y Salvador». Dios Padre se dirige al Hijo como Dios en Hebreos 1:8: » Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu Reino». Juan se refiere a Jesucristo en su primera epístola como «el verdadero Dios» (1 Jn. 5:20).

Segundo, Jesucristo recibe títulos que se dan a Dios en otras partes de las Escrituras. Como ya se dijo anteriormente, Jesús tomó para sí el nombre divino «Yo soy». Juan 12:40 cita Isaías 6:10, un pasaje que hace referencia a Dios en la visión del profeta (cp. Is. 6:5). Aun así, Juan declaró en el versículo 41: «Isaías dijo esto cuando vio su gloria [la de Cristo; compárese con los vv. 36, 37, 42], y habló acerca de Él». Jeremías profetizó que el Mesías sería llamado «[El Señor], justicia nuestra» (Jer. 23:6).

Tanto a Dios como a Jesús se les llama Pastor (Sal. 23:1 [Dios]—Jn. 10:14 [Jesús]), Juez (Gn. 18:252 Ti. 4:18), Santo (Is. 10:20Sal. 16:10Hch. 2:273:14), el Primero y el Postrero (o último) (Is. 44:648:12Ap. 1:1722:13), Luz (Sal. 27:1Jn.8:12), Señor del día de reposo (Éx. 16:2329Lv. 19:3Mt. 12:8), Salvador (Is. 43:11Hch. 4:12Tit. 2:13), el Traspasado (Zac.12:10Jn. 19:37), Dios fuerte (Is. 10:21Is. 9:6), Señor de señores (Dt. 10:17Ap. 17:14), Señor de la gloria (Sal. 24:101 Co. 2:8) y Redentor (Is. 41:1448:1763:16Ef. 1:7He. 9:12). En el último libro de la Biblia, ambos son llamados el Alfa y la Omega (Ap. 1:8Ap. 22:13), esto es, el principio y el fin.

Tercero, Jesucristo pose los atributos incomunicables de Dios, aquellos únicos a Él. Las Escrituras revelan que Cristo es eterno (Mi. 5:2Is. 9:6), omnipresente (Mt. 18:2028:20), omnisciente (Mt. 11:27Jn. 16:3021:17), omnipotente (Fil. 3:21), inmutable (He. 13:8), soberano (Mt. 28:18) y glorioso (Jn. 17:51 Co. 2:8; cp. Is. 42:848:11, donde Dios declara que no le dará a otro su gloria).

Cuarto, Jesucristo hace obras que solo Dios puede hacer. Él creó todas las cosas (Jn. 1:3Col. 1:16), sostiene la creación (Col. 1:17He. 1:3), resucita a los muertos (Jn. 5:2111:25-44), perdona el pecado (Mr. 2:10; cp. v. 7) y sus palabras permanecen para siempre (Mt. 24:35; cp. Is. 40:8).

Quinto, Jesucristo recibió adoración (Mt. 14:3328:9Jn. 9:38Fil. 2:10He. 1:6), aun cuando enseñaba que solo Dios debe ser adorado (Mt. 4:10). Las Escrituras también nos dicen que los hombres santos (Hch. 10:25-26) y los santos ángeles (Ap. 22:8-9) rehúsan la adoración.

Finalmente, Jesucristo recibió oración, la cual solo se debe dirigir a Dios (Jn. 14:13-14Hch. 7:59-601 Jn. 5:13-15).

Los versículos 1-18, el prólogo a la presentación de Juan sobre la deidad de Cristo, son una sinopsis o descripción de todo el libro. En 20:31, Juan definió claramente su propósito al escribir su Evangelio: que sus lectores «crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, al creer en su nombre, tengan vida» (NVI). Juan reveló a Jesucristo como «el Hijo de Dios», la eterna segunda persona de la Trinidad. Se hizo hombre, el «Cristo» (Mesías), y se ofreció como sacrificio por los pecados. Quienes ponen su fe en Él tendrán vida en su nombre, pero quienes lo rechazan, serán juzgados y sentenciados al castigo eterno.

La realidad de que Jesús es Dios, presentada en el prólogo, se expone a lo largo de todo el libro con la cuidadosa selección de Juan de afirmaciones y milagros que sellan el caso. Los versículos 1-3 del prólogo enseñan que Jesús es co-igual y coeterno con el Padre; los versículos 4-5 se relacionan con la salvación que Él trajo, la cual anunció Juan el Bautista, su heraldo (vv. 6-8); los versículos 9-13 describen la reacción de la raza humana ante Él, ya sea de rechazo (vv. 10-11) o aceptación (vv. 12-13); los versículos 14-18 resumen todo el prólogo.

En estos primeros cinco versículos del prólogo del Evangelio de Juan hay tres evidencias de la deidad de Jesucristo, el Verbo encarnado: su preexistencia, su poder creativo y su existencia propia. Estas evidencias serán los temas de los próximos blogs.

(Adaptado de La Deidad de Cristo)

El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia

por John MacArthur 

El Señor Jesucristo escribió, en el libro de Apocalipsis, siete cartas a ciudades en Asia Menor. No las escribió al ayuntamiento sino a la iglesia. 

Piense en eso por un momento. En los capítulos finales de las Escrituras, el Señor no llama a su iglesia para una misión de «redimir la cultura”. No aconsejó a su pueblo que aprovechara el poder político para instituir moralidad, o para protestar contra el gobierno de individuos inmorales. Es más, Él no lanzó una revolución social ni ideó una estrategia política de ninguna clase. 

La iglesia de nuestro tiempo –y en particular la iglesia en los Estados Unidos- debe entender que Dios no ha llamado a su pueblo a salir del mundo simplemente para librar una guerra cultural con el mundo. No estamos destinados a ganar terreno temporal como alguna fuerza invasora que lucha superficialmente para “hacer que este país regrese a Dios”. Debemos liberarnos de la ilusión de que la moralidad de nuestros antepasados convirtió una vez a los Estados Unidos en una “nación cristiana”. Nunca ha habido naciones cristianas, solo ha habido cristianos. 

Los creyentes debemos entender que lo que ocurra política y socialmente en los Estados Unidos no tiene nada que ver con el avance o el poder del reino de Dios. El cambio cultural no acelera el crecimiento del reino, ni puede obstaculizarlo (Mt. 16:18). El reino de Cristo “no es de este mundo” (Jn. 18:36). 

Eso no quiere decir que yo desprecie nuestro proceso democrático o que sea desagradecido por tener una voz en él. Es una gran bendición tener voto y poder apoyar las normas bíblicas de la moral. Muchos cristianos a lo largo de la historia de la iglesia han vivido circunstancias mucho peores que las nuestras, sin medios legales para hacer algo al respecto. 

Pero la presunción de que un movimiento social o una influencia política podrían llevar a cabo un gran cambio espiritual en el mundo es evidencia de una grave falta de comprensión del pecado. Los creyentes debemos concentrar nuestras energías en el ministerio que puede transformar vidas, no en leyes. La obra del reino no tiene que ver con reformar gobiernos, reescribir regulaciones, o reconstruir la sociedad en alguna versión de una utopía cristiana. En el mejor de los casos, los esfuerzos de justicia política y social son soluciones externas de corto plazo para los males morales de la sociedad, y no hacen nada por abordar la problemática personal, interna y dominante de los corazones pecadores que odian a Dios (Ro. 8:7), los cuales solo pueden ser rescatados de la muerte eterna por fe en el Señor Jesucristo.  

(Adaptado de El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia)

La Biblia es Verdad Objetiva

por John MacArthur

Quizás la mayor mentira del posmodernismo es la creencia de que podemos definir la verdad y determinar la realidad desde dentro de nosotros mismos. Pero el reino subjetivo de los sentimientos y las impresiones es el peor lugar para ir en cualquier búsqueda de la verdad.

Dios escribió un Libro -sólo un Libro- y en él pudo decir todo lo que quería decir. Lo dijo sin error, sin defecto, y sin nada omitido o innecesariamente incluido. Es la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. Y Dios dio su libro al hombre por medio de la inspiración, por medio de la cual el Espíritu de Dios se movía en los escritores humanos que registraban las mismas palabras que Dios quería que escribieran. La gente puede creer o no creer en la Biblia, pero nadie tiene el poder o la prerrogativa de establecer la verdad o cambiarla. Es fija, de una vez para siempre: la Palabra de Dios está asentada para siempre en el cielo. Esto es profundamente esencial.

Esa es una distinción importante que no debemos pasar por alto: la verdad no vino del hombre. El hombre puede descubrirla, aprenderla, comprenderla y aplicarla, pero el hombre no tiene nada que ver con su origen. El apóstol Pedro -uno de los autores bíblicos inspirados- escribió que la Escritura no fue desarrollada por la voluntad del hombre, sino por aquellos «movidos por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21) para registrar las palabras de Dios. Ningún ser humano ha tenido nunca en sí mismo ninguna idea, pensamiento o experiencia que determinara alguna verdad divina; todo viene de Dios solamente. Ningún ser humano o ángel ha sido, ni será nunca, una fuente para establecer la verdad divina. Sólo la Palabra de Dios logra esto.

La misma Escritura da fe de su autor divino. El Antiguo Testamento contiene más de 3,800 casos en los cuales los escritores afirman estar hablando la Palabra de Dios. En el Nuevo Testamento, hay más de trescientas afirmaciones de este tipo. Pablo afirma que no recibió el evangelio del hombre sino de Dios (Gálatas 1:11-12). En 1 Timoteo 5:18, Pablo cita el evangelio de Lucas y se refiere a él como Escritura. En 2 Pedro 3:15-16, Pedro llama a los escritos de Pablo Escrituras. Y Judas cita la epístola de Pedro (Judas 18), lo que significa credibilidad bíblica similar. En conjunto, el Antiguo y Nuevo Testamento testifican abundantemente que son la verdadera Palabra de Dios.

Y como la Palabra de Dios, la Biblia no tiene fecha de vencimiento. Pedro ensalza el carácter eterno de la Escritura en su primera epístola, declarando: «La palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pedro 1:25). El tiempo no tiene influencia en la Palabra de Dios. Las filosofías cambiantes, las cosmovisiones y las normas culturales tampoco tienen ningún efecto en ello. Es completamente inmutable y nunca puede pasar. «El cielo y la tierra pasarán», dijo Jesús, «pero mis palabras no pasarán» (Lucas 21:33).

Tal vez la mejor manera de entender la verdad objetiva de las Escrituras es escuchar el testimonio de Aquel que es más digno de confianza: el Señor Jesús mismo. Él testificó a la verdad de la Palabra de Dios, hasta el más mínimo detalle. Dijo: » Pero más fácil es que el cielo y la tierra pasen, que un ápice de la ley deje de cumplirse» (Luc 16:17). Él consistentemente enseñó que había venido a cumplir la Palabra de Dios. En Mateo 5,17 dice: «No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir». Afirmó: » y se cumplirán todas las cosas que están escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombre.» (Luc 18:31). Mirando hacia la cruz, Jesús dijo: «El Hijo del Hombre se va, según está escrito de Él» (Mateo 26:24). Más tarde en el mismo capítulo, reprendió a Pedro por desenvainar su espada, recordándole al impetuoso discípulo que podía llamar a legiones de ángeles para pedir ayuda si así lo deseaba. Explicando que su arresto era parte del plan de Dios, dijo: «¿Cómo, pues, se cumplirán las Escrituras?” (Mateo 26:54). Incluso llamó la atención a detalles proféticos increíblemente específicos en las Escrituras. El Salmo 22:1 predijo que el Mesías clamaría y diría: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Colgado en la cruz, Jesús exclamó esas palabras textualmente (Mateo 27:46). Su vida cumplió todo lo que se escribió sobre Él, afirmando así la veracidad de las Escrituras.

La Escritura da testimonio de su propia inspiración; es la Palabra de Dios, que se origina fuera del hombre. Esto es particularmente importante de entender en una cultura dominada por la subjetividad del posmodernismo. La verdad no puede ser subjetiva; no existe tal cosa como tu verdad o mi verdad. La verdad está establecida para siempre. El cristianismo auténtico siempre ha sostenido que la Escritura es una verdad absoluta y objetiva. La Biblia es la verdad de Dios sin importar si una persona cree, entiende o le gusta. Es una verdad permanente y universal, y por lo tanto es la misma para todos. Deuteronomio 4:2 y Apocalipsis 22:18-19 advierten en contra de añadir o quitar de las Escrituras, para que no se sufran las plagas registradas en ellas. Proverbios 30:5-6 dice: » Probada es toda palabra de Dios; Él es escudo para los que en Él se refugian. No añadas a sus palabras, no sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.” La Biblia es la Palabra de Dios para el hombre: verdad inspirada, objetiva y absoluta.

John MacArthur
Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

¿Cómo Limpiar La Conciencia?

por John MacArthur

Una de las cosas que el milagro de la salvación manifiesta es el efecto limpiador y rejuvenecedor que el nuevo nacimiento tiene en la conciencia. En la salvación, el corazón del creyente es “purificado de una conciencia culpable” (Hebreos 10:22). El medio por el cual se limpia la conciencia es la sangre de Cristo (Hebreos 9:14). Eso no significa, por supuesto, que la sangre real de Jesús tenga alguna potencia mística o mágica como agente limpiador de la conciencia. ¿Qué significa eso?

Los conceptos teológicos involucrados aquí son sencillos, aunque bastante profundos. La ley del Antiguo Testamento requería sacrificios de sangre para expiar el pecado. Pero los sacrificios del Antiguo Testamento no podían hacer nada por la conciencia. Esos sacrificios no tenían eficacia real para expiar el pecado, “ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados” (Hebreos 10:4). Simplemente mostraban la fe y la obediencia del adorador mientras presagiaban la muerte de Cristo, que derramaría su sangre como sacrificio perfecto por el pecado.

El sacrificio de Cristo en la cruz, por lo tanto, logró lo que la sangre de las cabras, la de los toros y las cenizas de las vaquillas solo podían simbolizar: “Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados” (1 Pedro 2:24). Nuestros pecados le fueron imputados y Él pagó el castigo por ellos. Además, su justicia perfecta es imputada a los que creemos (Romanos 4:22-24; Filipenses 3:9).

Dado que la culpa de todos nuestros pecados fue borrada por completo con su muerte, y puesto que su justicia intachable se acredita a nuestra cuenta, Dios nos declara inocentes y nos recibe como completamente justos. Esa es la doctrina conocida como justificación. Lo más importante siempre, además de que nuestra propia conciencia nos condene sin piedad, es que la sangre de Cristo clama por perdón. La expiación de Cristo satisfizo completamente las demandas de la justicia de Dios, por lo que el perdón y la misericordia están garantizados para aquellos que reciben a Cristo con una fe humilde y arrepentida.

¿Significa eso que los creyentes pueden persistir en pecar y aun así disfrutar de una conciencia limpia? Absolutamente no. “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Romanos 6:2). El nuevo nacimiento implica una revisión completa del alma humana (2 Corintios 5:17). La conciencia lavada y rejuvenecida es solo una evidencia de que esta transformación es un hecho (cf.1 Pedro 3:21). El amor a la justicia y el odio al pecado es otra evidencia (1 Juan 3:3, 8).

Los creyentes cuya conducta contradice su fe hacen que sus conciencias se contaminen (1 Corintios 8:7). Y aquellos que profesan a Cristo, pero en definitiva rechazan la fe y una buena conciencia, sufren naufragio espiritual (1 Timoteo 1:19), es decir, prueban que nunca creyeron realmente (cf.1 Juan 2:19).

Por lo tanto, la conciencia sana va de la mano con la seguridad de la salvación (Hebreos 10:22). El creyente firme debe mantener el enfoque apropiado en la fe para disfrutar de una conciencia que se limpia perennemente de la culpa: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará [seguirá limpiándonos] de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¡Qué gran regalo es que nos limpie de una conciencia contaminada! De la misma manera que una conciencia afligida es un reflejo del infierno, la conciencia pura es una virtud de la gloria. Irónicamente, una conciencia débil tiene más probabilidades de acusar que una conciencia fuerte. Las Escrituras la llaman conciencia débil porque es muy fácil de herir. Por eso, en nuestro próximo artículo veremos: Cómo vencer una conciencia débil.

¿Qué es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

por John MacArthur 

La conciencia casi siempre es vista por el mundo moderno como un defecto que les roba a las personas su autoestima. Sin embargo, lejos de ser un defecto o un desorden, la capacidad que tenemos de sentir nuestra propia culpa es un magnífico obsequio divino. Dios diseñó la conciencia en el marco mismo del alma humana. 

La conciencia, escribió el puritano Richard Sibbes en el siglo XVII, es el alma reflexionando sobre sí misma.[1] La conciencia es la esencia de lo que distingue a la criatura humana. Las personas, a diferencia de los animales, pueden contemplar sus propias acciones y hacer autoevaluaciones morales. Ésa es la función propia de la conciencia. 

La conciencia es una habilidad innata cuya función es discernir lo correcto y lo incorrecto. Todos, incluso los paganos menos espirituales, tienen conciencia: “Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan” (Ro. 2:14-15, énfasis agregado). 

La conciencia nos suplica que hagamos lo que creemos que es correcto y nos impide hacer lo que creemos que es incorrecto. La conciencia no se debe equiparar con la voz de Dios o la ley de Dios. Es una facultad humana que juzga nuestras acciones y pensamientos a la luz del más alto nivel que percibimos. Cuando violamos nuestra conciencia, ésta nos condena, provocando sentimientos de vergüenza, angustia, arrepentimiento, consternación, ansiedad, desgracia e incluso miedo. Cuando seguimos nuestra conciencia, ésta nos elogia, trayendo alegría, serenidad, autoestima, bienestar y regocijo. 

La conciencia está por encima de la razón y más allá del intelecto. Podemos racionalizar, tratando de justificarnos en nuestras propias mentes, pero una conciencia violada no se convencerá fácilmente. Es posible anular virtualmente la conciencia mediante el abuso repetido. Pablo habló de personas cuyas conciencias estaban tan pervertidas que su “gloria es su vergüenza” (Fil. 3:19; cf. Ro. 1:32). Tanto la mente como la conciencia pueden contaminarse a tal punto que dejen de distinguir entre lo que es puro y lo que es impuro (cf. Tit. 1:15). Después de tanta violación, la conciencia finalmente se calla. Moralmente, aquellos con conciencias contaminadas se quedan volando a ciegas. Las señales de advertencia molestas pueden desaparecer, pero el peligro ciertamente no; de hecho, el peligro es mayor que nunca.   

Además, incluso la conciencia más contaminada no permanece en silencio para siempre. Cuando nos juzgamos, la conciencia de cada persona se pondrá del lado de Dios, el juez justo. El peor malhechor endurecido por el pecado descubrirá ante el trono de Dios que tiene una conciencia que testifica en su contra. 

La conciencia, sin embargo, no es infalible. La conciencia está informada tanto por la tradición como por la verdad, por lo que los estándares que nos obligan no son necesariamente bíblicos (1 Co. 8:6-9). La conciencia puede estar condenando innecesariamente en áreas en las que no hay problema bíblico. La conciencia, para operar plenamente y de acuerdo con la verdadera santidad, debe ser instruida por la Palabra de Dios. La conciencia reacciona a las convicciones de la mente y, por lo tanto, puede ser alentada y agudizada en concordancia con la Palabra de Dios. 

El cristiano sabio quiere dominar la verdad bíblica para que la conciencia esté completamente instruida y juzgue bien porque está respondiendo a la Palabra de Dios. Una dieta periódica de lectura de las Escrituras fortalecerá una conciencia débil o restringirá una hiperactiva. Por el contrario, el error, la sabiduría humana y las influencias morales erradas que llenan la mente corromperán o paralizarán la conciencia. 

En otras palabras, la conciencia funciona como un tragaluz, no como una bombilla. Deje entrar la luz en el alma; no produzca la suya. Su efectividad está determinada por la cantidad de luz pura a la que la exponemos y por lo limpia que la mantenemos. Cúbrala o póngala en la oscuridad total y dejará de funcionar. Es por eso que el apóstol Pablo habló de la importancia de una conciencia limpia (1 Ti. 3:9) y advirtió contra cualquier cosa que contamine o enturbie la conciencia (1 Co. 8:7Tit. 1:15). 

La conciencia está al tanto de todos nuestros pensamientos y motivos secretos. Por lo tanto, es un testigo más preciso y formidable en la sala del tribunal del alma que cualquier observador externo. La conciencia es una parte indivisible del alma humana. Aunque puede estar endurecida, cauterizada o adormecida en latencia aparente, la conciencia continúa almacenando evidencia que algún día usará como testimonio para condenar el alma culpable. 

La semana que viene veremos que debido a que la conciencia es el sistema automático de advertencia del alma, es ella misma la que inicia el juicio en el tribunal imaginario, en el consejo del corazón humano. 

7 – LA PERSONA Y EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

7 – LA PERSONA Y EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA
2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIÓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO
8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS

Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

GUIA DE ESTUDIO
FUNDAMENTOS DE LA FE
http://www.elolivo.net/LIBROS/MacArth…