Ordenanzas

Serie: La Teología de La Iglesia

Ordenanzas

Introducción

¿Por qué son importantes las ordenanzas, es decir, el bautismo y la cena del Señor?

Esto es debido a que muestran de forma visible la comunidad de la iglesia local.

Una forma de describir los problemas de la iglesia evangélica moderna es que hemos olvidado la importancia de ver.

Por un lado, algunas iglesias se han vuelto demasiado centradas en la atracción. Ellos hacen de todo para atraer a una multitud de modo que la gente pueda escuchar el Evangelio. Pero el deseo de la gente para oír se ha traducido en una comunidad que no es digna de ver.
Por otro lado, algunas iglesias creen que debido a que predican la palabra correctamente, han hecho lo más importante. Tal vez a través de impulsos legalistas o conformistas, su comunidad ha perdido la vitalidad que vemos en la Escritura. Por lo que la gloria de lo que oímos desde el púlpito no se refleja en la congregación que está reunida alrededor de esa predicación.
Esta asociación entre oír y ver es fundamental mientras llegamos a la idea de las ordenanzas, porque son lo que destaca a la comunidad de la iglesia; la cual es (como el libro de Mark Dever propone) el Evangelio hecho visible. Muchos historiadores señalan que, incluso más que ser un debate acerca de la justificación con algunas implicaciones para la Cena del Señor y el bautismo, la Reforma fue un debate sobre las ordenanzas; con algunas implicaciones para la justificación. Hoy en día, estas ordenanzas parecen tan periféricas a la iglesia, que pueden parecer extrañas. Espero que para el final de la clase, tengamos una mayor comprensión de por qué la gente estaba dispuesta a morir por estas verdades.

¿Qué son las ordenanzas?

Las “ordenanzas” se refieren al Bautismo y a la Cena del Señor. Exactamente, ¿que son?

El Bautismo se define en nuestra declaración de fe: “Creemos que el bautismo cristiano es la inmersión en agua del creyente, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; para manifestar en un emblema solemne y hermoso, nuestra fe en el Salvador crucificado, sepultado y resucitado, cuyo efecto, es nuestra muerte al pecado y resurrección a una nueva vida.” Se oyen ecos de Romanos 6:3-4, “¿no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.” El bautismo no salva; se trata de un ” emblema solemne y hermoso” de nuestra fe que salva por la gracia de Dios. Es un cuadro de nuestra muerte, sepultura y resurrección en Cristo.

Nuestra declaración de fe también describe la Cena del Señor: “los miembros de la iglesia por el uso sagrado del pan y el vino, conmemoran juntos el amor de Cristo hasta Su muerte; precedidos siempre por un solemne auto-examen.” Lo llamamos la Cena del Señor; los cristianos también la han llamado la Comunión (del latín communion, compartir en común, a causa de nuestro compartir con Cristo y unos con otros) y la Eucaristía (de la palabra griega “eucharistia” que es “acción de gracias” porque Jesús tomó el pan y “dio gracias “antes de partirlo). Algunos cristianos lo llaman simplemente ” la fracción del pan.” Tiene sus precursores en la cena de la Pascua del Antiguo Testamento, e incluso antes de eso, cuando el sacerdote Melquisedec ofreció pan y vino para Abram como “sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18). Nuestra declaración de fe añade la frase, “siempre precedido por un solemne auto-examen” a causa de la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 11:28, “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.”

Desde la Asamblea de Westminster en la década de 1640, los cristianos reformados han hablado de las ordenanzas o algunos utilizan el término sacramento; tanto como “señal” y “sello” del pacto. Como “señales” son una indicación externa de una realidad interior. La realidad interior de nuestra fe. Y la señal es muy potente. Para citar Westminster, “Hay en cada sacramento una relación espiritual o unión sacramental entre la señal y la cosa significada; de donde llega a suceder que los hombres y efectos del uno se atribuyen al otro.” Nosotros sabemos esto a partir de la lectura del libro de los Hechos. Así en Hechos 2, Pedro no le dice a la multitud en Pentecostés, “arrepiéntanse y crean” sino “arrepiéntanse y bautícense.” No es que el bautismo salve; eso lo hace la fe. Pero el bautismo está tan estrechamente ligado a la fe que a veces se usa como sinónimo de fe.

Y entonces como “sellos” las ordenanzas verifican las promesas que Dios nos da en el Evangelio. Así es como Juan Calvino lo escribió:

Los sacramentos traen consigo promesas clarísimas; y tienen dé especial, más allá de la Palabra, que nos representan al vivo las promesas como en un cuadro.1

Volviendo a Westminster, la Confesión de Westminster establece cuatro objetivos para las ordenanzas en la Escritura:

Ellos representan a Cristo y sus beneficios para nosotros. Y, como Calvino acaba de recordarnos, lo hacen de una manera única visual y física.
Confirman nuestro interés en él. Nos recuerdan que Cristo ha muerto y resucitado para la remisión de nuestros pecados.
Marcan de forma visible la Iglesia respecto del mundo. Es decir, cuando usted se sienta y mira la Cena del Señor por ejemplo, lo que se está viendo es una instantánea de, lo mejor que podemos saber, la verdadera iglesia.
Nos dedican al servicio de Dios en Cristo, de acuerdo a su Palabra. Que es una de las razones por la que renovamos nuestra Alianza juntos antes de tomar la Cena del Señor como una iglesia.
Para el resto de nuestro tiempo, vamos a trabajar a través del bautismo y la Cena del Señor, respondiendo principalmente a la cuestión de por qué son importantes.

¿Por qué importa el bautismo?

Digamos que me hago cristiano. Pero nunca me bautizo. Todavía puedo ir al cielo, ¿verdad? Entonces, ¿qué daño hace usted como resultado de esta omisión?

[Respuestas: estoy desobedeciendo a Cristo lo que le deshonra; pierdo la oportunidad de anunciarlo públicamente; pierdo la confirmación de una iglesia local de acuerdo a que mi profesión parece genuina; pierdo un recordatorio visual de mi muerte a mí mismo y de la vida nueva en Cristo; otras personas pierden la oportunidad de ver en dicho recordatorio su propia salvación; los no cristianos se pierden una representación visual del Evangelio, etc.]
Ahora, presumiblemente, una comprensión de los beneficios debe informar como hacemos el bautismo como iglesia. ¿Ha visto el bautismo practicado y aplicado de un modo que subvierten estos propósitos? Por el momento, vamos a dejar de lado la cuestión del bautismo de niños y sólo pensar en el bautismo de creyentes.

[Respuestas: iglesias que no requieren el bautismo para ser miembro: ¿Qué están diciendo con esto? Que la obediencia es una parte opcional de seguir a Jesús; iglesias que hacen el bautismo en masa: hacen que sea menos visible el testimonio de lo que Dios ha hecho; no se hace en el marco con conexión a una iglesia: ¿Qué quieren decir con el acto del bautismo?; no es explicado: el signo visual no se traduce para nosotros]
¿Quién debe ser bautizado?

Ahora, se dará cuenta de que toda esa discusión que acabamos de tener asume que el Bautismo es sólo para los creyentes. Pero, por supuesto, esto es algo que ha sido objeto de debate desde hace cientos de años, y trabajamos estrechamente con iglesias que están en desacuerdo en esto con nosotros. Así que ¿por qué creemos que el bautismo es sólo para los creyentes? Bueno, podríamos hablar de esto durante semanas. Pero te voy a dar un breve resumen del argumento.

Argumento a favor del bautismo de niños

Para comenzar, tenemos que entender el argumento del otro lado de este debate. Algunos Bautistas son sorprendidos (algunos que están sin preparación), por lo bueno del argumento. Y nunca nos hace ningún bien discutir desinformados o con un mal entendido de la otra postura que en realidad nadie cree. Ahora, la mayoría de la gente de hoy en día que bautizan a sus bebés lo hacen porque creen que el bautismo quita el pecado original, debido a que son católicos romanos. Y ellos no creen en la salvación por la fe sola. No voy a tratar con ellos en este momento. En su lugar, quiero tratar con aquellos que están de acuerdo con nosotros en el evangelio, como los presbiterianos y anglicanos, y sin embargo todavía bautizan a los niños. Para usar un término técnico, es un “paidobautista.”

En resumen, el argumento es que el bautismo es la continuación del nuevo pacto de la señal y el sello de la circuncisión. Un paidobautista señalará que en el Antiguo Testamento, Dios quiso que los niños fuesen parte del pacto que hizo con Israel, y el signo y el sello de ese pacto era la circuncisión. La circuncisión no era sólo para los niños, pero se aplica principalmente a los niños. Y este rito era tan importante que el Señor dice a Moisés en Éxodo 12 que ningún varón no circuncidado debe participar en la Pascua.

Así que cuando llegamos al Nuevo Testamento, la fuerte presunción es que los niños seguirán siendo incluidos en el pacto, a menos que tengamos clara enseñanza de lo contrario. Pero ahora, el signo y sello del pacto es el bautismo, no la circuncisión. Así que ahora se aplica a todos los niños, no sólo a los bebés varones. No es sorprendente, pues, en Hechos 2 cuando Pedro proclama “Arrepentíos, y bautícese” como he leído antes, él sigue con “Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos.” Caso cerrado.

Argumento para el bautismo solo de Creyentes

Entonces, ¿Qué puede decir un bautista a eso? Bueno, permítanme resumir en unos pocos puntos. Y debo mencionar que la controversia no es si los creyentes deben ser bautizados. Prácticamente ninguna persona en la tierra que se hace llamar cristiano no estaría de acuerdo con eso. Se trata de si solos creyentes deben ser bautizados.

Te voy a dar algunas declaraciones sobre esta cuestión.

Cuando el Nuevo Testamento describe lo que representa el bautismo, describe la vida nueva en Cristo. Leamos esos versos de Romanos 6 que acabo de mencionar. Somos resucitados a una nueva vida, se dice. El supuesto es que la persona que está siendo bautizada ha sido cambiada. Ha sido regenerada.
Cuando el Nuevo Testamento pone en paralelo el bautismo y la circuncisión, hace un paralelo del bautismo no con el viejo pacto de la circuncisión de la carne, sino con la circuncisión del corazón. A modo de contexto, es útil recordar que a través del Antiguo Testamento, Dios le recuerda periódicamente a su pueblo que en lo que él está más interesado no es en la circuncisión de la carne, sino la circuncisión del corazón. Miremos cuidadosamente Colosenses 2 para ver donde está el paralelo.
11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Cuando alguien dice “en ausencia de cualquier enseñanza en sentido contrario, debemos seguir considerando los bebés que no hayan sido salvos aún como miembros de la alianza.” Pero Colosenses 2 es bastante claro que enseña lo contrario, ¿no es así? La continuidad no es entre la circuncisión y el bautismo, sino entre la circuncisión del corazón y el bautismo. Es entre la fe salvadora y el bautismo.

No existen claros ejemplos de bautismo infantil en el Nuevo Testamento. De hecho, las referencias al bautismo hablan de conversión. Así, Pedro en Hechos 2 que ya he mencionado, habla de “arrepentimiento” y ser bautizado. Afirmamos, como él dice, que esta promesa es para sus hijos: ellos pueden arrepentirse y ser bautizados, sin ningún problema. Pero no ser bautizados, sin arrepentirse. Y, como se lee más adelante, la promesa no es sólo para nuestros hijos. Es “para sus hijos y todos los que están lejos, para todos cuanto el Señor nuestro Dios llama a sí mismo.” Tenemos que pensar en nuestros hijos en la misma categoría de todos los que están lejos, con el deseo de que el Señor nuestro Dios debe llamar a sí mismo.
El único ejemplo de bautismo en el Nuevo Testamento que no describe los destinatarios del bautismo al oír la Palabra o creer es Lidia en Hechos 16. Y como mujer, que viaja siendo comerciante fuera de casa, es la menos probable de haber tenido niños pequeños con ella.

No existen referencias conocidas a bautismo infantil en la iglesia temprana, aunque hay muchas referencias al bautismo de los adultos. La primera referencia que vemos que el bautismo infantil es con Tertuliano alrededor AD200 que es en realidad un argumento en contra de esta practica. La primera defensa del bautismo de niños que tenemos no es hasta Cipriano alrededor de AD250 y que estaba discutiendo por ello si era salvífico o no. No es el argumento para el bautismo de niños que oímos hoy. Uno esperaría que si el bautismo infantil estaba muy extendido y si no era universalmente aceptado (que claramente no lo era), entonces encontráramos muchas referencias a ello en los escritos de los líderes de la iglesia primitiva, pero no es así.
¿Qué es la Cena del Señor?

Para el resto de nuestro tiempo, me gustaría cambiar nuestra atención a la Cena del Señor. Y un buen lugar para comenzar es con la pregunta “¿qué es?”

Pues bien, la Cena del Señor, como hemos visto anteriormente, es una comida de pan y vino para conmemorar la muerte de Cristo, la que nos asegura nuestro perdón por parte de Dios. Esto es lo que Pablo escribe en 1 Corintios 11:

24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

Lo que vemos en 1 Corintios 11 es que la cena del Señor tiene un significado que está enraizado con el pasado, el presente y en el futuro.

El pasado

La Cena del Señor es un recuerdo de lo que Cristo hizo en la cruz. Eso es lo que nos dijo que sería: “Haced esto en memoria de mí” Y ese recordatorio es bueno para nuestras almas. Usted puede recordar que los católicos ven la cena del Señor como una “re-presentación” del sacrificio de la cruz de Cristo. El pan y el vino se convierten en el cuerpo físico y la sangre de Jesús en la boca. Eso no es lo que significa “recuerdo”. Lutero enseñó que había una “presencia real” de Cristo en la cena. En contraste con esto, la tradición reformada enseña que de lo que participamos no es más que el pan y el vino. Que Cristo está realmente presente, pero su presencia es espiritual y no física. Por lo tanto hablamos de “alimentarse de él en su corazón por la fe” cuando tomamos la Cena del Señor.

(Nota: Catecismo Católico, 1366. En 1367: el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio.

“Transubstanciación” se confirmó en el IV Concilio de Letrán en 1215. La idea básica es un concepto Aristotélico que la “sustancia” puede ser una cosa y los “accidentes” (o forma externa) puede ser otra.

“Consubstanciación” enseña que el cuerpo y la sangre de Cristo se unen con los elementos de la Eucaristía.)

¿La creencia de que la Cena del Señor es un “mero memorial” de la muerte de Cristo, como los bautistas han creído generalmente, la convierte en sin importancia? ¡Ciertamente no! En toda la Biblia, Dios llama a su pueblo a recordar. Eso es lo que era la Pascua, después de todo: un tiempo para recordar la salvación del pueblo de Dios. Y la salvación que recordamos en Cristo es mucho mayor que eso. No es la salvación de la esclavitud temporal en Egipto, sino la esclavitud eterna al pecado. Si pensamos que el recordar gran evento en la historia es importante, ¡Cuánto más memoria requiere este! No es apenas un “mero” memorial.

(Nota: Muchos historiadores establecen una distinción entre la idea de “presencia espiritual” de Calvino y Westminster y la idea de “Memorial” de Zwinglio y la mayoría de los bautistas. Los dos están muy cerca, y cualquier diferencia esta, sin duda, envuelta exactamente en cómo los dos defensores de los dos puntos de vista describen su comprensión. Por el bien del tiempo, los he unido en la categoría básica de: la tradición “reformada”.)

El presente

Pero la Cena del Señor no es simplemente mirar al pasado. Pablo lo describe como diciendo algo acerca de una realidad presente. Cuando tomamos la cena, es sólo después de examinarnos a nosotros mismos. Examinarnos a nosotros mismos para estar seguros de que estamos en una relación correcta con Dios, y una relación correcta unos con otros. Más allá de eso, en el versículo 29, dice que comer y beber sin “discernir” el cuerpo, comemos y bebemos juicio sobre nosotros mismos; juicio que al parecer había conducido a la muerte a algunos en la iglesia de Corinto. ¡Esto no es cosa de risa! “Discernir el cuerpo” es algo más que el simple reconocimiento de lo que representan los elementos. Es un reconocimiento de lo que el cuerpo de la congregación representa; que juntos representamos a Cristo mismo, y la forma en que tratamos a los demás representa al mismo Cristo.

Así que la Cena del Señor muestra que en el presente yo, como individuo estoy caminando con el Señor. Y muestra que como un cuerpo, estamos caminando en una unidad que proclama la verdad sobre quién es Cristo. Es una imagen instantánea de la congregación celestial, aunque no sea perfecta, tanto en quién está participando y en cómo nos relacionamos unos con otros.

El futuro

Usted probablemente ha notado el tiempo futuro en la enseñanza de Pablo: en la toma de la cena nosotros “proclamamos la muerte del Señor hasta que El venga.” Es una cena a la espera de su venida final, un ensayo general, por así decirlo, del banquete mesiánico que está por llegar. Es por eso que la Cena del Señor sea alegre y también sombría. Estamos capturando todas estas emociones en esta muestra de lo que Cristo ha hecho, está haciendo, y hará.

Lo que hace la Cena del Señor

Si eso es lo que es, ¿Qué logra la Cena del Señor? En otras palabras, si alguien era cristiano, pero nunca participó de la Cena del Señor, ¿qué se perdía?

He aquí una lista casi exhaustiva de todas las formas en que Dios nos da gracia a través de la Cena del Señor:

Es una oportunidad regular para el auto-examen. Pablo nos dice que nos examinemos a nosotros mismos para ver si estamos en la fe; este es un buen momento para hacerlo.
Es una oportunidad regular para comprobar nuestras relaciones en la iglesia. Es maravilloso ver a los cónyuges, o amigos, acercarse afuera justo antes de la cena del Señor para conciliar algunas diferencias. Eso es exactamente lo que Pablo tiene en mente cuando nos dice que “discernir el cuerpo” mientras comemos y bebemos.
Es un poderoso recordatorio de nuestro perdón. Estamos viendo algo que representa lo que Jesús hizo por nosotros hace muchos cientos de años.
Es un recordatorio de la naturaleza pasajera de lo físico y la naturaleza eterna de lo espiritual. Cuando comemos el pan, recordamos que el hombre no vive sólo de pan. La cena está tendiendo un puente entre lo que es temporal hacia lo eterno.
Es una imagen del cielo. Lo que un estímulo para mirar a su alrededor durante la cena y obtener una visión y una pista de lo que será el cielo. Es muy alentador
Es una advertencia de juicio para aquellos que no participan. Tal vez alguien ha estado disciplinado o “excomulgado”. O tal vez por razones pastorales le han aconsejado no participar. O tal vez usted no puede participar debido a relaciones no resueltas en la iglesia. Lo que podría ser un indicio de los cielos también se convierte en una pista del infierno. Y eso es muy poderoso.
Es un recordatorio de lo que está en juego en nuestra unidad como Congregación. La unidad no es importante sólo porque hace que la vida en una iglesia sea más agradable. Es importante porque es una imagen de Cristo. Y en ninguna parte vemos con más claridad al cuerpo de Cristo que cuando está alrededor del cuerpo de Cristo.
Y estoy seguro de que hay un significado que simplemente no entendemos. Jesús tomó esto muy en serio; fue uno de los últimos actos de su ministerio terrenal. Y Pablo lo tomó en serio también. Cuando estemos en el cielo algún día descubriremos que es un medio de gracia en formas que nunca comprendimos aquí en la tierra.
Así que tomemos nota de algunas de ellas para pensar la próxima vez que se tomemos la Cena del Señor. ¿Cuál de estos has pasado por alto? ¿Qué has infravalorado? Vamos a trabajar juntos para hacer esta cena lo que Cristo quiere para nosotros.

Discusión

Con todo esto dicho, y con las otras clases como telón de fondo, vamos a hablar de algo que puede ser un problema especialmente espinoso en las iglesias bautistas: el número de miembros de creyentes que creen en el bautismo de niños. Nuestra declaración de fe está escrita para excluir a las personas con esta creencia de la membresía. Lo que significa que estamos excluyendo un poco a gente de la familia de Dios que, sin duda, se unirán a nosotros en el cielo. ¿Es esto una cosa permisible y correcta?

1 Calvino, Institución 4.15.5

Disciplina de la Iglesia

Serie: La Teología de La Iglesia

Disciplina de la Iglesia

Introducción

¿Es el amor de Dios incompatible con la disciplina de Dios?

Si Dios permite el dolor en nuestras vidas, ¿quiere decir que Él nos odia?

Ciertamente no. El escritor del libro de Hebreos explica en el capítulo 12, ” y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”(Hebreos 12: 5-7)

Aquí, la disciplina de Dios es vista como una expresión de su amor; de hecho, es una de las marcas de que usted es en realidad un hijo de Dios.

S. Lewis dijo una vez: “El problema de conciliar el sufrimiento humano con la existencia de un Dios que ama, sólo es insoluble en tanto que atribuimos significado trivial para la palabra ‘amor’.”1

Dios nos ama mucho para simplemente dejarnos donde estamos – eso se refleja en el Evangelio. Su amor es un amor santo. Lo que es mejor para nosotros no es conseguir siempre nuestros deseos, sino tener nuestro camino alineado con el Suyo.

Entendemos esto en cosas como la crianza de los hijos, en la educación y en la formación. Y sin embargo, cuando llegamos al tema de la disciplina de la Iglesia, muchos se apresuran a descartar la idea como falta de amor, de división, e innecesaria. Nos encanta hablar de la idea de la gracia y la misericordia de Dios. Nos gusta Jesús como Salvador; pero luchamos con Jesús como Señor; es decir, que seguirle significa negarnos a nosotros mismos.

Sin duda, hay historias reales de disciplina de la iglesia que han sido innecesariamente divisorias y con falta de amor. Pero en lugar de rechazar la Disciplina de la Iglesia a causa de los malos ejemplos, tenemos que volvernos de nuevo a la Biblia para tener en cuenta lo que dice.

¿Qué es la disciplina de la iglesia?

¿Cuántos aquí han sido disciplinados por una iglesia antes?

De acuerdo… déjeme preguntarle que de otra manera: ¿Cuántos de aquí alguna vez le han enseñado algo en la iglesia?

Eso es para todos nosotros. La disciplina de la iglesia puede ser formativa, lo que significa que se le está enseñando algo; o la disciplina de la iglesia puede ser correctiva. En el sentido formativo, todos estamos en disciplina en este momento; y cada iglesia hace eso. Pero no en todas las iglesias se hace disciplina correctiva.

Ahora, la mayoría de las veces, la disciplina correctiva ocurre en una pequeña escala en las relaciones personales: un amigo exhortando y animando a los otros en amor; la persona que recibe la corrección y se vuelve más consistente como cristiano.

Esto debería ser normal y una parte normal de la vida de todos los cristianos; es el confesar nuestro pecado el uno al otro, vivir de forma transparente y con amor ayudar a los demás seguir a Jesús.

Es importante comenzar aquí, porque si esto no es normal en la cultura de una iglesia, dar el siguiente paso de un acto de disciplina de la iglesia oficial, o excomunión, parecería confuso o sin amor. Cuando es normal, el santo amor de Dios es evidente, y la disciplina de la Iglesia se ve como una herramienta esencial para la iglesia.

De acuerdo, entonces ¿Qué es la disciplina de la iglesia (y de aquí en adelante, me refiero a ella en el sentido formal de excomunión)?

Vamos a revisar dos importantes textos de la Escritura para responder a esa pregunta.

En primer lugar, Mateo 18: 15-19 “ Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”

Alguien está en pecado; es confrontado en privado, pero se niega a arrepentirse. A continuación, por 2 o 3 testigos, pero se niega a arrepentirse. A continuación, se llevó ante la iglesia y todavía se niega a arrepentirse, por lo que está excluido o excomulgado; es decir, es tratado como un pagano o publicano.

En segundo lugar, considere 1 Corintios 5:1-5 “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”

Aquí, Pablo no les escribe para advertir a la iglesia, él simplemente anuncia juicio sobre el hombre y les dice que deben tratarlo ya no como miembro de la iglesia, sino para entregarlo a Satanás. Luego, en v12, Pablo incluso lo llama un acto de juicio: “Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?” ¿Qué es todo eso?

Aquí está nuestra definición: La disciplina de la iglesia es el acto de excluir a alguien que profesa ser un cristiano, de la membresía de la iglesia y de la participación en la Cena del Señor por graves pecados; pecados impenitentes que se niega a abandonar.

Por lo general, esto es lo que la gente quiere decir cuando se habla de disciplina de la iglesia. Significa excomunión.

¿Por qué debería una iglesia disciplinar?

Podemos mirar a 1 Corintios 5 y discernir una serie de propósitos de disciplina de la iglesia:

1) Para exponer el pecado: el pecado crece en la oscuridad y la disciplina lo expone del porque es lo que podría ser removido (5:2)2

2) Para advertir: la iglesia no hace pública la ira de Dios hacia el pecado, sino que actúa como una imagen tenue del juicio de Dios y la advertencia del gran juicio que está por venir (5:5).

3) Para Salvar: el objetivo de la disciplina es despertar a la persona respecto a la gravedad del pecado. Tenga en cuenta en 5:5, Pablo dice: “entregar a este hombre a Satanás para la destrucción de la carne, y que su espíritu sea salvo.” En la iglesia la disciplina es amorosa.

4) Para proteger: en 5:6 Pablo pregunta: “¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?” ¿Qué está diciendo? Como la levadura se propaga a través de toda la masa, así también el pecado (que no se controla) se extiende a través de una iglesia. Si alguna vez ha visto una iglesia caminar a través de un caso de disciplina de la iglesia, un fruto consistente que se cosecha es que la gente comienza a examinar su propia vida, a tener una sensibilidad renovada y el odio hacia el pecado.

5) Para preservar el testimonio de la Iglesia: Notemos en 5:1 que una parte del impacto es que la iglesia estaba tolerando un pecado que ni siquiera los paganos toleraban. Su testimonio estaba en riesgo de ser arruinado. La tarea de la iglesia es trazar una línea clara entre el mundo y el pueblo de Dios que se pierde si no se promulga la disciplina de la iglesia.

¿Qué pecados requieren la disciplina de la iglesia?

En lugar de hacer una lista de pecados que son disciplinables y los que no lo son, es mejor acercarse a este tema trazando principios desde la Escritura para que nos guíen. En 1 Corintios 5, Pablo llama a la iglesia a hacer un juicio (5:12) basado en la evidencia.

Mientras que Dios ve y conoce todas las cosas, incluidos los motivos de nuestros corazones, nosotros estamos limitados en nuestra perspectiva. Como resultado, la Escritura nos habla de mirar el fruto exterior de la vida de alguien (Mateo 7:16), pero la evaluación no es de tipo omnisciente. Como resultado, una iglesia debe disciplinar a los pecados que son externos o visibles, serios, y sin arrepentimiento.

1) Externos o visibles: Una iglesia no debe disciplinar a alguien cada vez que se sospecha que es orgulloso o codicioso. Al juzgar, debemos ser capaces de ver o escuchar, aunque sea parcialmente, por eso Jesús llama que sea “por dos o tres testigos ” en Mateo 18:16.

2) Grave: es necesario que haya un lugar en la vida de la iglesia en la que “el amor cubra una multitud de transgresiones “(1 P. 4:18). Eso no es para rebajar el pecado, sino reconocer que hay lugar para la compasión y soporte3 de unos con otros a medida que tratamos de seguir a Cristo.

3) Sin arrepentimiento: Jesús expone en Mateo 18, que cuando una persona que profesa a Cristo, pero se niega a dejar de lado el pecado, somos responsables de la disciplina de la iglesia. Sea o no que la persona esté arrepentida es lo que la iglesia necesita hacer para tratar de determinar; que yace en el corazón de la cuestión.

¿Quién debería guiar el proceso? ¿Cuál es nuestro trabajo?

Habiendo dicho esto, vamos a ver si podemos resumir algunas ideas básicas:

1) El proceso debe incluir el menor número posible de personas. Esa parece ser parte de la preocupación de Jesús en Mateo 18: iniciar uno en uno, a continuación, 2 o 3, y sólo después de todo eso, viene la iglesia. Así que hay momentos en que la naturaleza del pecado exige una respuesta más pública, pero donde eso es innecesario, se involucran únicamente a los necesarios en el proceso de protección de la reputación de Cristo y el bienestar del individuo.

2) Los líderes de la Iglesia deben dirigir el proceso – En Gálatas 6:1, Pablo escribe: “si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales deben restaurarlo.” Él reconoce los peligros de que las ovejas más jóvenes puedan ser más propensas a ayudar a otros que se enfrentan a la tentación. Eso no quiere decir que los ancianos de la iglesia son los únicos que son espirituales o solo ellos deberían estar involucrados, sino que a la luz de su responsabilidad de dirigir y llevar la supervisión de la congregación (1 Pe. 5: 2), los ancianos deben desempeñar un papel principal en la dirección del proceso que puede ser muy difícil para la iglesia y para las personas involucradas.

Entonces, ¿qué papel deben desempeñar los miembros de la iglesia?

1) Esforzarse por vivir una vida transparente y decir la verdad a los otros en amor; incluyendo los tiempos que requieren de reproche y corrección (Ef 4:15, 2 Timoteo 3:16). Eso es parte de amarse unos a otros y compartir la palabra de Dios con los demás. La mayoría de la disciplina correctiva ocurre en este nivel.

2) Hay que dar información a los ancianos. Estos son los hombres que la Iglesia ha reconocido para dirigir, enseñar y orar por la iglesia. A menudo tienen una mejor imagen de la totalidad de la iglesia y la información de lo que está pasando en el plano individual.

3) Encarar a la persona en pecado si usted tiene una relación cercana con ella. Si usted no lo conoce ahora, probablemente no es el mejor momento para empezar la amistad.

4) Ore. Incluso si usted no lo conoce bien, ore para que Dios obre en su vida y que le sea concedido arrepentimiento.

¿Cuán rápido debemos actuar?

Que tan rápido una iglesia debe actuar depende del tiempo que se necesite para determinar la característica de falta de arrepentimiento (“característica” en la que está empezando a definirse en lugar de ser un punto de valor atípico en su vida). Así, por ejemplo, en Mateo 18, el proceso podría tomar algún tiempo para que las tres advertencias tengan lugar. 1 Corintios 5 parece ser más rápido, donde Pablo pronuncia juicio y llama a la iglesia a eliminar al hombre. Estos dos textos no ilustran que la iglesia tiene dos enfoques diferentes para diferentes pecados tanto a medida que caen en el proceso en diferentes puntos. En 1 Corintios 5, toda la iglesia sabía sobre el pecado – que eran arrogantes acerca de esto (5: 2). Por lo que el proceso de comenzar en pequeño y luego añadiendo advertencias no era necesario – que ya era público y la característica de falta de arrepentimiento ya estaba clara; por lo que Pablo llama a la excomunión.

Otro ejemplo: En Tito 3:10 Pablo instruye que: “En cuanto a la persona que siembra división, después de advertirle una vez y luego dos veces, no tienen nada más que hacer con él.” Así que el ejemplo en Mateo tiene tres advertencias, 1 Corintios 5 ninguna, y aquí en Tito hay dos. La urgencia de Pablo parece reflejar su interés en proteger al resto de la iglesia, pero de nuevo, el factor determinante es ¿Cuanto tiempo se tarda en determinar uno la característica de falta de arrepentimiento en la persona?

¿Puede una pre-renuncia a la membresía evitar la Disciplina?

Imagine una situación en la que alguien se le enfrenta a su pecado, entiende que puede enfrentarse a la disciplina de la iglesia y luego trata de renunciar para evitar la vergüenza de ella.

Aquí está la otra pregunta que tenemos que pensar para encontrar una respuesta: ¿A quién da Jesús la autoridad de las llaves del reino en Mateo 16 y 18? ¡A la Iglesia!

Es la iglesia quien tiene la autoridad para representar el cielo y hacer que un miembro entre (para atar) y dejar que un miembro se vaya en buenos términos o para la disciplina (desatar).

¿Cómo interactuar con alguien que ha sido disciplinado?

Pablo escribe en 1 Corintios 5:11 “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”.

¿Cómo damos sentido a esto?

1) No creo que esto significa que excluyamos físicamente a la persona de asistir a la iglesia. La excomunión es excluir a una persona de la Cena del Señor que está destinada a indicar a los que están arrepentidos del pecado y confían en Cristo. Pero la reunión de la iglesia es una oportunidad para que se sienten bajo la predicación de la palabra de Dios; debemos acogerles y alentarles en todo tiempo.

2) Cuando Pablo dice que ni siquiera hay que comer con tal persona, no está diciendo que debemos evitar a nuestros amigos no cristianos. ¡Esta lejos de eso! Por el contrario, es para evitar al que “lleva el nombre de hermano” y está en pecado sin arrepentirse. El amor nos obliga a no actuar como si todo estuviera bien, como al compartir una comida. El alma de una persona está en juego así que lo que debe caracterizar nuestra interacción con ellos es conversaciones deliberadas acerca del arrepentimiento.

3) ¿Qué pasa si la persona excomulgada es un miembro de la familia? No creo que las palabras de Pablo se apliquen en esa situación. Al igual que Pedro y Pablo tienen una categoría para vivir con un cónyuge no creyente4, una comida compartida con su cónyuge no tiene la misma implicación de una comida compartida entre amigos.

¿Cuándo y cómo restauramos a una persona en disciplina?

Del mismo modo que la disciplina debe tener lugar cuando la característica de la falta de arrepentimiento se puede determinar, la restauración debe ocurrir tan pronto como la característica del arrepentimiento se pueda determinar. El tiempo que tarde va a variar de una situación a otra, pero cuando se determina, la iglesia debería restaurar a la persona, y perdonar sin hablar de “libertad vigilada” o de “ciudadanía de segunda clase”.

Un ejemplo de esto es en 2 Corintios 2: 5-11 “ Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.

Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”

Encuentro el v11 muy instructivo. Hay momentos en que ya sea individualmente o colectivamente, el perdón puede ser costoso y difícil. Pero Pablo alienta al perdón no sólo porque hemos sido perdonados nosotros (Ef. 4:32), sino además debido a que no quiere que nosotros seamos objeto de la burla de Satanás. Con la falta de perdón, la amargura y la ira y la división vendrán en camino.

Si ha estado con nosotros en nuestros últimos encuentros de miembros habrá visto esto. No todos los casos de disciplina terminan de esta manera, pero en esta situación, el individuo que fue excomulgado fue despertado respecto a su situación. Su dolor produjo un arrepentimiento y fue perdonado, no sólo por Dios, sino por la congregación. Se nos dice en Lucas 15 que el cielo celebra con gran alegría por tal arrepentimiento – y el alivio, la alegría y los aplausos que escuchamos esa noche fueron muy apropiados.

La esperanza es que siendo cuidadosos con la membresía de la iglesia y en la práctica de la disciplina de la iglesia, no sólo nos decimos la verdad unos a otros sobre nuestra posición delante de Dios; sino que también decimos la verdad acerca de Dios a un mundo que observa.

Preguntas de discusión

1) Si una iglesia no tiene una historia de la práctica de la disciplina de la iglesia, ¿que sería bueno hacer para asegurarse de que se ha establecido antes de llevarla a cabo?

La enseñanza del Evangelio y el tema de la disciplina, la pertenencia a la congregación, la responsabilidad privada, documentos de la iglesia (pacto, declaración de fe) que reflejen la práctica de la disciplina.

1 The Problem of Pain, (El problema del dolor) pg. 40.

2 Ver tambien Hebreos 3:12-13; 1 Juan 1:5-10

3 Col. 3.13

4 1 Pe. 3, 1 Cor. 7

Membresía de la Iglesia

Serie: La Teología de La Iglesia

Introducción

Si estuvo con nosotros la semana pasada, recordará hablamos de la definición de Iglesia. Eso tiene que ser el punto de partida, ya que necesitamos saber lo que vamos a construir antes de empezar la construcción. Una de las cosas que notamos de la narrativa bíblica es que la intención de Dios ha sido el crear un pueblo para sí que mostraría su gloria, y como señalamos la semana pasada de Efesios 3:10, la iglesia no es una opción, sino la parte central del plan de Dios para mostrar su gloria. ¿Pero qué sucede cuando los que dicen representar a su nombre fallan en hacerlo?

Vaya conmigo a 1 Corintios 5:

1 Corintios 5.1-7: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

¿Que está pasando aquí?

Un hombre se acuesta con la mujer de su padre y la congregación lo tolera.

Pablo llama a la iglesia a removerlo, para entregarlo a Satanás – no con el fin de su destrucción final, sino para la restauración (v5).

La pregunta que viene a nuestro estudio de hoy es, ¿de que hay que removerlo?

Bueno, eso es lo que necesitamos aclarar. La respuesta que creo que vamos a encontrar es de ser miembro de la iglesia, pero una vez más, tenemos que escuchar lo que la Escritura enseña en lugar de las ideas del hombre.

La Iglesia representa el cielo

Vamos a Mateo 16. En la primera parte del capítulo, nos encontramos con la advertencia de Jesús a los apóstoles de no confiar en las enseñanzas de los líderes de Israel (Mat. 16: 1-12). Eran justos ante sus propios ojos, y así se perdieron de conocer a Jesús – su orgullosa autosuficiencia los cegó de ver a Jesús realmente como es. Entonces, Jesús le habla a Pedro y dice en Mateo 16:15: “¿Quién decís que soy yo?” Simón Pedro responde “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y Jesús afirma respuesta de Pedro:

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

(Mateo 16.18-19).

Esta es la primera de las dos veces que Jesús habla de la iglesia en los Evangelios. Y observe cómo Él conecta la iglesia (v18) con las llaves del reino de los cielos (v19). La semana pasada observamos que el reino de Dios o el reino de los cielos es el pueblo de Dios en el lugar de Dios bajo el gobierno de Dios. Entonces, ¿cuál es la conexión entre este reino de los cielos que Jesús habla en v19 y la iglesia en v18? Bueno, la iglesia tiene el objetivo de mostrar en la tierra quien está y quien no está en el reino de los cielos.

En concreto, cuando Jesús habla con Pedro, está interesado en un qué y un quién. ¿Qué es una confesión correcta, y quien es un confesor correcto?

Jesús ejerce esa autoridad hacia Pedro, pero luego va un paso más allá. Jesús da a Pedro y a los apóstoles esta misma autoridad: la autoridad delante de un confesor, para escuchar su confesión, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo.

Es o no es una confesión correcta.
Y eso es o no es un verdadero confesor.
Quiero asegurar que entendamos esto: El que está usando estas llaves del reino tiene la autoridad del cielo, no para hacer un cristiano, sino para declarar que es un cristiano, lo que hacemos a través del bautismo y la Cena del Señor.

En Mateo 16, se dice que los apóstoles tienen las llaves. Luego, en Mateo 18, Jesús pone las llaves en las manos de la iglesia local. Observemos:

Mateo 18.15-18

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

Un hombre ha sido confrontado un par de veces debido a su pecado. Él no escucha. Así que en el verso 17 Jesús dice: “dilo a (Quien? …) La iglesia.” No a un pastor, no a un comité, no a una sesión o presbiterio, sino a la iglesia. La última instancia de apelación es la iglesia.

La iglesia local tiene la autoridad del cielo para proteger el “qué” y el “quién” del Evangelio… quién y qué en la tierra representa al cielo. Se tienen las llaves – y ¿qué hacemos con las llaves? Ellas abren o cierran puertas o – en otras palabras atar y desatar (como en v18).

Jesús ha autorizado a la iglesia local para pararse frente a un confesor, para considerar la confesión del confesor, a considerar su vida, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo. ¿Es esta confesión correcta? ¿Es este un verdadero confesor? Al igual que hizo Jesús con Pedro.

Las Llaves se ejercen a través del Bautismo y la Cena del Señor

Al atar y desatar… ejercemos las llaves… a través del bautismo y la Cena del Señor. Observe Mateo 18:20. Jesús explica esta actividad de usar las llaves en los versículos 17 y 18 con una explicación del “para” en el versículo 20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

¿Qué significa eso de que se reúnen en su nombre? Jesús está hablando de ese lugar donde se ejerce el bautismo. A su vez a Mateo 28:18: “Toda autoridad en el cielo y la tierra me ha sido dada. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” La iglesia, ya que tiene la autoridad de las llaves, tiene la autoridad para bautizar.

El bautismo es un símbolo de una realidad espiritual – una imagen de nuestra unión con Cristo, tanto en su muerte y resurrección. Pero el bautismo no sólo simboliza nuestra unión con Cristo, sino que además es la forma en que el creyente se asocia con el pueblo de Dios.

El bautismo es la puerta por así decirlo y se hace una vez. La Cena del Señor se hace regularmente1. En estas imágenes del Evangelio, estamos dibujando líneas de demarcación del que está dentro y fuera. ¿Recuerda Mateo 18 o 1 Corintios 5? Cuando alguien dice creer en el nombre de Cristo, pero se niega a abandonar su pecado, su afirmación pierde credibilidad y la iglesia está llamada a remover su afirmación de ser cristiano y de excomulgarle; impedirle el acceso a la Cena del Señor. Ahora bien, esto puede ser difícil, pero es importante que la iglesia siga la Escritura en esto porque la iglesia está llamada a representar, a reflejar la imagen de Dios – la gloria de Dios es supremamente importante; y es importante para el individuo, ya que estamos declarándonos unos a otros la verdad sobre nuestro estado ante Dios en lugar de engañar o halagarnos.

El bautismo y la Cena del Señor son signos de juramento por los cuales damos juramentos o votos unos a otros. Profesamos a Cristo, y afirmamos unos a otros como cristianos y miembros unos de otros en la iglesia2.

Es a través del bautismo y la Cena del Señor que nosotros como cristianos individuales trabajando juntos constituimos una iglesia local y sus miembros. Y Jesús autoriza a los cristianos a hacer esto por que nos da las llaves.

¿Recuerdan la definición de la Iglesia local que mencionamos la clase anterior?

“La iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne regularmente en el nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía mutua en Jesucristo y en su Reino a través de la predicación del Evangelio y la práctica de las ordenanzas del Evangelio.”

Ahora, un par de cosas están llegando a un mayor enfoque. Es oficial, ya que sólo a la iglesia se le ha concedido la autoridad de las llaves – no a un individuo o a un subcomité. Es una reunión, pero esta reunión se define adicionalmente con el propósito de afirmar y supervisar la membresía de cada uno en Cristo y Su reino. Es a través del Evangelio porque así es como Dios trae a la vida a los cristianos y las ordenanzas porque ese es el instrumento de la iglesia para ejercer las llaves.

¿Para quién es la Membresía de la Iglesia?

Ahora toda esta charla sobre las llaves y atar y desatar plantea una pregunta importante: ¿Cuál es el criterio bíblico para entrar? Y eso es una pregunta importante porque de lo que estamos hablando es de algo más que acomodar – es una cuestión de eternidad. ¿Es igual como un club de campo donde se necesita saber si las personas son adecuadas o conducen un determinado tipo de auto? ¿Es como los militares donde tiene que ser capaz de hacer un cierto número de flexiones y levantamientos de peso? Para responder a esto, vamos a centrar nuestra atención de nuevo al Evangelio de Mateo.

¿A quién, en Mateo, hace Jesús un ciudadano del cielo, es decir, un miembro de la iglesia?

5.3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

7.21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

10.32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

18.4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Estas son las personas a las que la Iglesia debe recibir: los pobres en espíritu, los que siguen la voluntad de Dios, aquellos que reconocen a Cristo, el que se humilla como un niño pequeño.

¿Ves el patrón? El cristianismo, y por lo tanto, ser miembro de la iglesia, no es para los fuertes. No es para aquellos que tienen sus asuntos ordenados. Y que están decididos a seguir su propia voluntad… hacerlo a su manera. Es para aquellos que han intentado… y han fracasado.

Es para los adolescentes que tenían ciertos ideales morales, pero luego fueron a la universidad y cayeron en pecado.
Es para las madres que han tratado con todas sus fuerzas ser las madres perfectas, y se han decepcionado a si mismas.
Es para los jubilados que están llegando al final de su carrera y al mirar atrás, se dieron cuenta, “Todo giraba en torno a mi mismo, y mis ambiciones egoístas. Y ahora, ¿que tengo?”
El cristianismo, y por lo tanto ser miembro de la iglesia, es para las personas que han llegado al final de sí mismos. Es por eso que en Mateo 9:12 Jesús dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. … Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

El Padre celestial ha elegido, increíblemente, representarse a sí mismo en la tierra no con los moralmente perfectos, sino con los moralmente en bancarrota. Es decir, usa a la persona que sabe que él o ella es un pecador, que odia este hecho, y luego se aparta de ese pecado y pone su confianza en la justicia de Cristo.

Amigos, este es el corazón del cristianismo. Hemos sido creados para el bien. Hicimos el mal. Cristo vivió la vida humilde, mansa, y perfecta que deberíamos haber vivido y, a continuación, murió en la cruz como un sacrificio para pagar el castigo que merecíamos por hacer el mal. Y ahora, llama a cada uno que sea pobre en espíritu, que tenga hambre y sed de su justicia, a abandonar ese pecado, y seguirle como Salvador y Rey.

Triángulo de la Membresía

Muy bien, así que, ¿Qué pasa si después de todo esto de las llaves del reino y atar y desatar todavía tiene preguntas sobre la membresía de la iglesia? Es decir, ¿donde está la membresía de la iglesia de verdad en la Biblia? Una forma útil para responder a esta pregunta es leer a través del NT con esta pregunta en mente: ¿Qué enseña la Biblia acerca de cómo debe relacionarse el cristiano con la iglesia local?

Amarse unos a otros

Romanos 15.1 “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”

Romanos 12.13, 15-16 “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

Alentarse unos a otros

Hebreos 10.24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Cuidarse unos a otros

1 Corintios 5 y Mateo 18.

Obedecer a los líderes

Hebreos 13.17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Entonces, ¿ve usted cómo el NT nos llama a relacionarnos entre nosotros dentro de la iglesia?

Pero esto plantea una pregunta secundaria: ¿a qué iglesia? En otras palabras, Hebreos 13 nos llama a obedecer a nuestros pastores – pero, ¿a que pastores? ¿Cada pastor de cada iglesia? Los ancianos son responsables ante Dios por las almas que velan, pero ¿cuales cristianos? La congregación tiene la responsabilidad de afirmar una profesión de fe y de remover o disciplinar a alguien cuando hay pecado sin arrepentimiento – pero, ¿a que personas se aplica? Lo que todo esto supone es una iglesia local – una membresía donde hay un “dentro” y un “afuera”. La membresía es simplemente un compromiso consciente respecto a los demás cristianos (al amor, cuidado, aliento), una sumisión a su autoridad como congregación y para los ancianos que dan supervisión.

¿Alguna pregunta?

Preguntas de discusión

1) ¿No es todo esto de “dentro” y “afuera” algo sin amor? ¿Cómo debemos pensar en el amor en el contexto de la membresía de la iglesia?

2) ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede hacer para mantener la línea que diferencia la iglesia y el mundo clara?

3) ¿Cómo podemos fomentar una cultura de discipulado?


[1] 1 Cor. 11:26
2 Ver 1 Cor. 10:16-17

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

¿Qué es una Iglesia?

Serie: La Teología de La Iglesia

Clase 1

Introducción

En enero de 2012, Jefferson Bethke, un joven de 22 años de edad, de Seattle, publicó un video en YouTube titulado “Por qué odio a la religión, pero amo a Jesús.”1 Rápidamente hizo estallar Internet, llamando la atención de The Washington Post, CNN, CBS, y muchos otros medios de comunicación – a partir de esa semana, ha sido visto más de 28 millones de veces.

¿Por qué toda esta atención? Esto refleja que hoy en día, la espiritualidad es muy popular, pero la religión, no tanto. Cuando pensamos en la religión, pensamos en reglas, dogmas, sacerdotes, instituciones. Queremos a Jesús, pero no todas las restricciones que vienen con él. Para algunos, cuando el tema de la “iglesia” aparece, sus ojos dan vuelta y les deja un mal sabor en la boca.

¿Por qué? Para algunos, la Iglesia ha perdido su camino y ha hecho la vista gorda en la comunidad y el mundo en que vivimos y se ha vuelto irrelevante; el barco se hunde, es hora de bajarse. Para otros, el problema reside no tanto en la institución, sino en su gente. La Iglesia es un lugar lleno de hipócritas, de gente que se cree perfecta, de gente de mente cerrada y enjuiciadora. La Iglesia es aburrida: la gente se aferra a tradiciones que les hacen sentir bien y empujar a otros a través de la culpabilidad legalista.

¿Qué tan importante es la iglesia? ¿No es de Jesús que se trata todo esto de todos modos? ¿Por qué no acabamos de deshacernos de todo el equipaje y volver a pensar cómo hacemos las cosas?, ¿verdad? Además, ¿no era Jesús el que dijo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”2?

Suena correcto decir, “No me gusta la religión, pero amo a Jesús.” No es de extrañar que el video se hiciera viral como lo hizo. Pero ¿es verdad? ¿Es la experiencia de alguien la que nos hace sentir que la iglesia es irrelevante y una pérdida de tiempo? ¿Pueden los cristianos estar bien con Dios, y desestimar la Iglesia?

Para responder a estas preguntas, tenemos que pensar cuidadosamente acerca de lo que la Biblia dice acerca de la iglesia; pensar en la teología de la iglesia. Lo que vamos a encontrar es que lejos de ser opcional, la iglesia es fundamental en el plan de Dios. Lejos de ser algo que está reservado para los estudiosos en torres de marfil, la teología de los asuntos de la iglesia es para ti y para mí, porque Dios ha hablado.

Entonces, ¿hacia dónde nos vamos a dirigir en las próximas 6 semanas? Comenzaremos hoy mirando a la pregunta fundamental: ¿Qué es una iglesia? Si no sabemos lo que estamos construyendo, vamos a hacer un lío; las definiciones son importantes. A partir de ahí vamos a construir definiciones al examinar la membresía de la iglesia (Semana 2), la disciplina (Semana 3), y las ordenanzas (Semana 4).

Si estos asuntos son importantes para una iglesia saludable, entonces tiene sentido que existan personas que les importen esos temas, por lo que en la semana 5 miraremos el gobierno de la iglesia y los roles que tanto la congregación y los líderes de la iglesia tienen.

Por último, vamos a hablar de lo que la iglesia debe hacer cuando se reúne (Semana 6). En todas estas cosas no estamos tan preocupados por lo que el último libro con la última idea que trae; queremos saber la opinión de Dios; para ver lo que dice acerca de la iglesia y cómo debemos organizar nuestras vidas junto. Empecemos…

¿Qué es una iglesia?

Imagine que tomará un vuelo esta próxima semana. Podría ser por el trabajo, para visitar a la familia, o para unas vacaciones. Cualquiera que sea la razón, el avión despega, llega a su altitud de crucero y la luz del cinturón de seguridad se apaga – usted es libre de moverse por la cabina. ¿Qué pasa si usted descubre en ese momento que el piloto está sentado junto a usted y frenéticamente pasa las páginas del manual del avión tratando de averiguar cómo aterrizar una vez que llegue al destino? Puede que aprenda todo lo que necesita en el viaje, pero nunca ha intentado un aterrizaje anteriormente.

A veces estamos tan ansiosos por empezar a trabajar en una actividad que nos emociona, que nos saltamos los detalles que aparecen en el camino; detalles como las definiciones. Sin embargo, las definiciones son importantes. Al igual que estoy seguro de que el deseo del piloto era conocer el plan de cómo se hace un aterrizaje antes de que él se fuera con usted en el asiento del lado, es importante para nosotros considerar la definición de la iglesia antes de despegar.

Así que ¿por dónde empezamos?

La palabra “iglesia” aparece más de 100 veces en el NT3, por lo que puede ser un buen lugar para comenzar y para descartar lo que no es una iglesia.

Una iglesia no es un edificio. Podemos caminar por un edificio y decir: “Esa es una bonita iglesia”, pero esa no es la idea del NT. El edificio podría quemarse de la noche a la mañana y todavía sería una Iglesia. Es por eso que en Romanos 16, Pablo puede saludar a la iglesia que se reunía en la casa de Priscila y de Aquila (Romanos 16: 3-5.) El edificio (la casa) no era la iglesia, sino las personas que se habían reunido. La palabra griega “iglesia” en el NT es “ekklesia” que significa reunión o una asamblea. La iglesia es fundamentalmente un conjunto de personas.
Ahora, si se forma un grupo aleatorio de amigos cristianos que se juntan para ver un partido de fútbol, ¿hace que sean una iglesia? No. La iglesia es una asamblea. La iglesia no es simplemente un grupo aleatorio de cristianos4; es mucho más.
Existe una Iglesia Universal – que es una manera de hablar respecto de todos los verdaderos cristianos de todos los tiempos y de todos los lugares. No podemos ver quienes son en realidad de la iglesia ahora, pero Dios si puede y un día la iglesia universal se juntará5 en un solo lugar – de toda lengua, tribu y nación que juntos adorarán a Dios.

Hay veces que en el NT se usa la palabra “iglesia” en un sentido universal. Por ejemplo, cuando Pablo escribe en Efesios 1 donde dice que Jesús es la cabeza de la Iglesia (Ef. 1: 22-23), no se refiere simplemente a la iglesia en Éfeso, quiere decir, la Iglesia universal. Pero la mayoría de las referencias de la iglesia en el NT tienen a la iglesia local en mente: la iglesia en Éfeso, Corinto, Colosas, en el Ponto, Galacia, Capadocia.

Así que la iglesia no es un edificio, es una asamblea… pero es mucho más que solo una asamblea. Entonces, ¿cómo aclaramos lo que es una iglesia local entonces? Una definición útil que servirá como punto de partida para nosotros es la siguiente:

“Una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúnen regularmente en el nombre de Cristo para afirmar y supervisarse unos a otros respecto a su pertenencia en Jesucristo y su reino por medio de la predicación del Evangelio y de las ordenanzas del mismo6“

Ahora, vamos a desempaquetar esta definición con mayor detalle en las próximas semanas, pero quiero destacar un aspecto de ella: “Jesucristo y su reino” ¿Qué tiene que ver el reino de Dios con la iglesia local? ¡Bastante! El Reino de Dios es un tema importante en el NT, en particular en los Evangelios. Ahora, cuando se lee sobre el reino de Dios, una manera de pensar en ello es la siguiente: el pueblo de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios.

El pueblo de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios está en el corazón de la definición de la iglesia. ¿Por qué? Debido a que es otra manera de hablar acerca de la adoración, y amigos, la iglesia existe para el culto. Entonces, ¿cómo adoramos a Dios juntos en una iglesia local?

La iglesia muestra la imagen de Dios

Para responder a esto, voy a caminar a través de la historia de la Escritura para mostrar la forma en que reflejamos la imagen de Dios. Esa es nuestra palabra clave: imagen.

Creación
En primer lugar, la creación. Génesis 1. Dios crea las plantas y los animales “cada uno según su especie.” Cada manzana sigue el modelo de otra manzana; cada cebra según la cebra anterior. Pero luego, en el versículo 26, leemos esto: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” “Nosotros tenemos el modelo de Dios. Nosotros representamos de manera única a Dios.

Caída
Paso 2: la caída y Génesis 3. Las personas deciden no representar el gobierno de Dios. Buscaron representar a su propia agenda. Ahora somos culpables (porque hemos quebrantado la ley de Dios), y también somos corruptos. El espejo está doblado, se podría decir, por lo que una falsa imagen de Dios es retratada.

Israel
Paso 3, Israel. Dios, en su misericordia, tenía un plan para salvar y utilizar a un grupo de personas para lograr su propósito original para la creación: mostrar su gloria. En Éxodo 4, incluso se llama a esta nación su “hijo7. ”

¿Por qué un hijo? Debido a que los hijos se parecen a sus padres. Ellos reflejan a sus padres.

Los Diez Mandamientos que le da a este hijo están relacionados con la imagen del hijo de su Padre. No tendrás otros dioses delante de mí. No harás una imagen de Dios. Ustedes deberán actuar de una manera que refleje Mi carácter.

Y si este hijo, Israel, adora a otras imágenes y falla en mostrar la imagen de Dios, el será expulsado de la tierra. Lo cual, como es sabido, es exactamente lo que sucedió.

Cristo
Paso 4. Cristo. En Mateo 3, Jesús es bautizado. Y, ¿qué dice El Padre desde el cielo? “Tú eres mi Hijo, a quien amo; en ti me complazco”.

Ahora, por fin, tenemos el Hijo perfecto que satisface perfectamente a su Padre. Quién perfectamente refleja a su padre. “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14: 9).

De tal palo tal astilla.

Así que no es extraño que los autores del Nuevo Testamento lo llamen la “imagen del Dios invisible” (Col. 1:15) y “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1: 3). Aquí está un hombre que ahora refleja perfectamente a Dios para todos nosotros.

Iglesia
Piense en Romanos 8:29. “Para aquellos que de antemano conoció, también los predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo.” O 1 Corintios 15:49: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del hombre celestial.”

Nuestro trabajo como cristianos es mostrar el carácter, semejanza e imagen y la gloria del Hijo y del Padre en el cielo.

El padre es un pacificador, por lo que, iglesia, seamos pacificadores.
El Padre ama a sus enemigos, por lo que, iglesia, amemos a nuestros enemigos.
El Padre y yo somos uno, por lo que, iglesia, seamos uno.
De tal Padre, tal Hijo, y tales sus hijos.

Gloria
1 Juan 3: 2, “Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” Un día Dios va a rehacer la creación, en los cielos nuevos y la tierra nueva. La ciudad donde habita Dios con el hombre, descenderá del cielo, y entonces seremos espejos perfectos que reflejen su imagen.

Aquí está el resumen de la historia:

Dios creó a la humanidad para mostrar la excelencia de quién es.
Adán y Eva no lo hicieron.
Tampoco lo hizo el pueblo de Israel.
Pero Jesús lo hizo. Jesús vino a revelar a Dios, y Jesús vino a salvar.
Ahora la iglesia está llamada a reflejar el carácter y la gloria de Dios a todo el universo. Está llamada a declarar en palabra y acción su gran sabiduría y obra de salvación.
¿Cómo adoramos? ¿Cómo podemos responder a Su excelencia? Tenemos la imagen de él. Reflejemos su gloria.

Volvamos brevemente a nuestra definición:

“Una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúnen regularmente en el nombre de Cristo para afirmar y supervisarse unos a otros respecto a su pertenencia en Jesucristo y su reino por medio de la predicación del Evangelio y de las ordenanzas del mismo8“

Si usted lee a través del NT, verá una serie de imágenes que se utilizan para describir a la iglesia local. Podríamos argumentar que también son parte de la definición de la iglesia – por ejemplo, la iglesia se describe como:

Un cuerpo (1 Corintios 12: 12-27)
Una familia (1 Timoteo 5: 1-2)
Un rebaño de ovejas (1 Pedro 5: 2)
Una casa (1 Pedro 2: 5)
Un sacerdocio (1 Pedro 2: 9)
Este es el punto: una iglesia local vive junto con la estructura y el propósito establecido en la definición (reunirse para supervisar la membresía o pertenencia unos a otros en Jesucristo), están preparados para vivir juntos en una forma tal que esas imágenes (cuerpo, familia, rebaño) se conviertan en una realidad. En otras palabras, la iglesia refleja cada vez más diferentes aspectos de la imagen de Dios.

Dos implicancias.

Permítanme mostrar dos lecciones a partir de lo anterior para saber cómo y qué debemos pensar acerca de la iglesia.

Implicancia 1: La iglesia local es el punto focal del gran plan de Dios para mostrar su gloria a las naciones.

Pensemos, por un momento, cómo Pablo construye el libro de Efesios. Comienza, en capítulo 1, con una hermosa descripción de nuestra salvación por gracia solamente, para la sola gloria de Cristo. El capítulo 2 comienza con el evangelio que nos salvó. Y a continuación, a medio camino en el capítulo 2, Pablo lanza el punto de aplicación principal del Evangelio: que judíos y gentiles son uno en Cristo. Dos grupos que por razones étnicas, teológicas, sociales y políticas estaban enemistados están ahora unidos. De hecho, Pablo usa los dos enlaces más comprometidos que conocemos – el vínculo de la familia y de la etnicidad – para describir la iglesia unida. Somos la nueva familia de Dios. Somos la nueva humanidad de Dios.

Personas que no tienen nada en común, pero en Cristo viven juntas como si tuviesen todo en común. ¿Cuál es el propósito de Dios en todo esto? Efesios 3:10,

“… para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales.”

No deje pasar esto. ¿Cómo se va a dar a conocer Dios a un mundo que observa su multiforme sabiduría? A través de la iglesia. Es la obra sobrenatural de Dios en nosotros, no sólo individualmente, sino colectivamente como un cuerpo, como la iglesia, que se convierte en esta plataforma. Lejos de opcional, la iglesia es fundamental en el plan de Dios.

Implicancia 2: La iglesia local debe ser distinta del mundo.

Los propósitos de Dios para la iglesia se llevan a cabo cuando los creyentes son diferentes del mundo. Esto no sólo significa diferentes tipos de personas de diferentes orígenes que aprenden a vivir y se aman. También significa diferente en el sentido de la santidad. En 1 Pedro 1 leemos: “…como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.9” Las iglesias son sólo para los pecadores. Si no eres un pecador, no eres bienvenido en la iglesia. Y sin embargo, las iglesias son sólo para los pecadores arrepentidos. Si la iglesia no es diferente del mundo, ¿Qué tiene de buena? No me importa cuál sea el mensaje que predica; una iglesia que se parece que el mundo sólo difama a ese mensaje.

Preguntas de discusión

1) Si la iglesia está llamada a reflejar a Dios, ¿Qué debería reflejar la iglesia acerca de Dios? ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede mejorar para tratar de reflejar a Dios de esa manera?

2) Sobre la base de lo que hemos hablado esta mañana, ¿Por qué una iglesia decidiría no usar múlti-sitios o multi-servicio?


1 https://www.youtube.com/watch?v=1IAhDGYlpqY

2 Mat. 18:20

3 113 veces en la versión ESV; ekklesia aparece 114 veces.

4 Un ejemplo diferente a esto aparece en Hechos 19:32 donde ekklesia es usada para describir la asamblea (o multitud) que perseguían a los cristianos.

5 e.g. Rev. 7:9

6 Church Membership, por Jonathan Leeman, pg. 52. (Membresía de la Iglesia)

7 Éxodo 4:22

8 Church Membership, por Jonathan Leeman, pg. 52. (Membresía de la Iglesia)

9 1 Pedro 1:15-16

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

¿La regeneración precede necesariamente a la conversión?

¿La regeneración precede necesariamente a la conversión?
Por Thomas Schreiner

La respuesta a la pregunta es: «sí», pero antes de explicar por qué esto es así, se debe explicar brevemente qué significan los términos «regeneración» y «conversión».

La regeneración significa nacer de nuevo o nacer de lo alto (Jn. 3:3, 5, 7, 8). El nuevo nacimiento es la obra de Dios, de manera que todos los que han nacido de nuevo, «nacen del Espíritu» (Jn. 3:8). O, como dice 1 Pedro 1:3, es Dios quien «nos hizo renacer para una esperanza viva» (1 P. 1:3). El medio que Dios utiliza para otorgar esa nueva vida es el evangelio, porque los creyentes «han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1 P. 1:23; Stg. 1:18). La regeneración, o nacer de nuevo, es un nacimiento sobrenatural. Así como no podemos hacer nada para nacer físicamente —¡simplemente sucede!— tampoco podemos hacer algo para producir nuestro nuevo nacimiento espiritual.

La conversión ocurre cuando los pecadores se vuelven a Dios en arrepentimiento y fe para salvación. Pablo describe la conversión de los tesalonicenses con estas palabras: «porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Ts. 1:9). Los pecadores se convierten cuando se arrepienten de sus pecados y se vuelven en fe a Jesucristo, confiando en Él para el perdón de sus pecados.

Pablo afirma que los inconversos están muertos en sus «delitos y pecados» (Ef. 2:1; 2:5). Se encuentran bajo la potestad del mundo, la carne y el diablo (Ef. 2:2-3). Todos nacemos en el mundo como hijos o hijas de Adán (Ro. 5:12-19). Por tanto, todos entramos al mundo siendo esclavos del pecado (Ro. 6:6, 17, 20). Nuestras voluntades están esclavizadas al mal y, por esa razón, no tienen ninguna inclinación o deseo de hacer lo correcto o volverse a Jesucristo. Dios, no obstante, por su increíble gracia «nos dio vida juntamente con Cristo» (Ef. 2:5). Esta es la manera de Pablo de decir que Dios ha regenerado a su pueblo (Tit. 3:5). Él ha soplado aliento de vida en nosotros donde antes no lo había, y el resultado de esta nueva vida es la fe, porque la fe también es «don de Dios» (Ef. 2:8).

Varios textos de 1 Juan demuestran que la regeneración precede a la fe. Los textos son los siguientes:

«Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él» (1 Jn. 2:29).
«Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios» (1 Jn. 3:9).
«Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios» (1 Jn. 4:7).
«Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él» (1 Jn. 5:1).
Podemos hacer dos observaciones a partir de estos textos. En primer lugar, en cada ejemplo, el verbo «nacer» (gennaô) se encuentra en el presente perfecto, denotando una acción que precede a la acción humana de practicar la justicia, evitar el pecado, amar o creer.

En segundo lugar, ningún evangélico diría que antes de nacer de nuevo debemos practicar la justicia, porque tal declaración enseñaría una justicia en base a las obras. Tampoco diríamos que primero debemos evitar el pecado, para luego nacer de Dios, porque tal creencia sugeriría que las obras humanas producen el nacimiento espiritual. Tampoco diríamos que primero debemos demostrar un gran amor por Dios, y luego Él nos hace renacer. No, queda claro que practicar la justicia, evitar el pecado y amar son todas consecuencias o resultados del nuevo nacimiento. Pero si este es el caso, entonces debemos interpretar 1 Juan 5:1 de la misma manera, porque la estructura del versículo es la misma que encontramos en los textos relacionados con practicar la justicia (1 Jn. 2:29), evitar el pecado (1 Jn. 3:9) y amar a Dios (1 Jn. 4:7). Se deduce, entonces, que 1 Juan 5:1 enseña que primero Dios nos da nueva vida, y luego creemos que Jesús es el Cristo.

Vemos la misma verdad en Hechos 16:14. Primero, Dios abre el corazón de Lidia y la consecuencia es que ella presta atención y cree en el mensaje proclamado por Pablo. Asimismo, nadie puede ir a Jesús en fe a no ser que Dios haya obrado en su corazón para atraerlo a la fe en Cristo (Jn. 6:44). Pero todos aquellos que el Padre ha atraído o entregado al Hijo ciertamente pondrán su fe en Jesús (Jn. 6:37).

Dios nos regenera y luego creemos, por consiguiente, la regeneración precede a nuestra conversión. Por tal motivo, damos toda gloria Dios por nuestra conversión, ya que el volvernos a Él es completamente una obra de Su gracia.

Este artículo fue publicado por 9Marcas.
Meditando en las bendiciones del año que termina
Thomas Schreiner es profesor de interpretación del Nuevo Testamento en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, y pastor de predicación en Clifton Baptist Church.

Dejar de reunirse con la iglesia te hace daño espiritualmente

Dejar de reunirse con la iglesia te hace daño espiritualmente

Por Jonathan Leeman

Algunos pensarán que esto es insensible, otros pensarán que ya es tarde, pero quiero asegurarme de que se diga: dejar de reunirte físicamente con la iglesia te hace daño espiritualmente. Así que, cristiano cansado de la pandemia, trabaja para reunirte de nuevo con tu iglesia, incluso si tu iglesia sigue ofreciendo una opción virtual. Del mismo modo, pastor cansado de la pandemia, anime amablemente a su congregación cansada de la pandemia a reunirse tan pronto como pueda.

UNAS PALABRAS PARA LOS MIEMBROS
A los cristianos, déjenme admitir que no conozco su situación. No conozco las leyes a las que están sometidos ni los riesgos de salud que siguen existiendo para ustedes personalmente. Por eso, en un artículo para el público en general como éste, quiero dejar espacio para las diferentes circunstancias y conciencias. Los impedimentos providenciales son reales. Si la gripe te impide ir al trabajo, quédate en casa y no deberías sentirte culpable. Al mismo tiempo, sabes que quedarte en casa, con el tiempo, perjudica tu trabajo. Así que vuelve al trabajo tan pronto como puedas.

Del mismo modo, mientras piensas en tu propia situación de asistencia a la iglesia, con la esperanza de conversar con tus pastores, tal vez permanezcas provisionalmente impedido de asistir. El Señor muestra misericordia y gracia. Él hace provisión para el aislado, el soldado, el que no puede ir a la iglesia, y el anciano de alto riesgo.

Pero mientras sopesas todas las variables, quiero dejar una piedra en tu zapato. Si no puedes asistir, quiero que te sientas un poco frustrado por no poder asistir, para que no te sientas cómodo. Si no te sientes frustrado, algo va mal. El Señor nos ha ordenado no abandonar la congregación (Heb. 10:25). Y la ausencia de la reunión sí afecta a nuestro estado espiritual, aunque tengamos una razón legítima para no asistir, como estar enfermos o en cuarentena. Jesús diseñó el cristianismo y el progreso de nuestro discipulado para centrarse en las reuniones. Por tanto, la matemática es simple: Reunirse con la iglesia es espiritualmente bueno para ti. Dejar de reunirte físicamente con la iglesia te perjudica espiritualmente.

UNA PALABRA PARA LOS PASTORES
A los pastores, permítanme decirles que estoy planteando el tema ahora — en el invierno de 2021— porque estoy escuchando de ustedes que algunos de sus miembros se han vuelto complacientes. Me dicen que los miembros no están asistiendo cuando probablemente podrían hacerlo. Se sienten demasiado cómodos con la opción virtual.

De hecho, esta es la razón por la que algunas iglesias nunca ofrecieron el servicio de transmisión en vivo en primer lugar. No querían arriesgarse a fomentar el apetito por un sustituto muy poco sano. Muchas otras iglesias, sin embargo, tomaron una decisión diferente. Ofrecieron el sustituto menos sano. Sin embargo, en mi caso, lo hicimos sabiendo que había riesgos.

Uno de los riesgos es tentar a los miembros a pensar: «Oye, parece que me va bien espiritualmente con sólo ir a la iglesia cada semana. Tal vez no ir a la iglesia el domingo no sea un gran problema». Sin embargo, ahora es el momento, pastor, de que tengamos en cuenta esos riesgos, para que no vuelvan a casa.

Por tanto, te animo a que encuentres alguna manera de discutir esto con tu iglesia. No necesito decirte qué palabras usar. Puedes averiguar cómo animar a tus miembros a reunirse sin ser insensible a los que se encuentran en situaciones difíciles. Hace apenas unas semanas, nuestros propios ancianos discutieron este tema. Acordamos decir algo tanto en la reunión semanal como en las conversaciones individuales. Esto último nos permitiría ejercer la atención pastoral con individuos en diferentes situaciones. Sin embargo, acordamos que necesitamos recordar a la iglesia que no reunirse no es espiritualmente sano.

Además, te animo a que tú y tus compañeros ancianos discutan entre ustedes, como hicimos nosotros, si se debe desactivar la opción virtual y cuándo, o al menos restringirla más severamente. La iglesia virtual individualiza el discipulado cristiano. Sustituye sutilmente una fe familiar por una fe de consumo. Algunos de sus miembros seguirán eligiendo esa opción si está disponible, aunque no deberían hacerlo.

Reconozco que la iglesia virtual también parece atractiva por razones de evangelización. Los no cristianos parecen más propensos a sintonizar que a acudir. Lo entiendo. Pero la Biblia dice que los no cristianos no sólo necesitan una imagen tuya predicando; necesitan estar rodeados de cristianos adorando (1 Co. 14:24-25). En otras palabras, la iglesia virtual individualiza no sólo el discipulado, sino la evangelización. Muestra al mundo una imagen del cristianismo a través de palabras, no de palabras y vidas. Tal vez por eso el cristianismo creció durante 2000 años sin nuestros servicios virtuales.

Mientras tanto, el mandato bíblico de reunirse no es una carga (véase Heb. 10:25; 1 Juan 5:3). Es para nuestro bien, nuestra fe, nuestro amor y nuestra alegría. Es posible que tus miembros necesiten que se les recuerde esto.

Por Jonathan Leeman
Jonathan (@JonathanLeeman) edita la serie de libros 9Marks, así como el 9Marks Journal. También es autor de varios libros sobre la iglesia. Desde su llamado al ministerio, Jonathan ha obtenido un máster en divinidad por el Southern Seminary y un doctorado en eclesiología por la Universidad de Gales. Vive con su esposa y sus cuatro hijas en Cheverly, Maryland, donde es anciano de la Iglesia Bautista de Cheverly.

Evangelizando a La Iglesia

“El evangelio, la cruz y la gracia son tan solo el a-b-c del cristianismo; la entrada. Hay que hablar de estos temas a los nuevos creyentes y después pasar a otros (temas) más ‘profundos’, como el carácter, la santidad y disciplina”. Los músculos faciales bajo la piel de mi rostro inconscientemente formularon una expresión que combinaba angustia y desapruebo (y también un poco de enojo), mientras escuchaba desde la primera fila de aquella iglesia al reconocido predicador seguir con su sermón.

La práctica de atesorar, meditar y predicar el evangelio entre creyentes es tan necesaria como es misteriosamente gloriosa. Aunque quizá en menor escala que en aquella lamentable prédica, en muchas ocasiones el evangelio es tratado como una vieja señal en la carretera; un aviso que la iglesia rebasó a gran velocidad y que lentamente empezó a desaparecer en la niebla en el espejo retrovisor. Meditar en el evangelio es una disciplina olvidada para tantos, considerada como opcional o innecesaria, mientras debería ser el ancla, estandarte y médula ósea del resto de la travesía que nos llevará en ese gran día hasta los brazos de Cristo.

LO CENTRAL EN EL CENTRO
Es sorprendente ver que tantos que dicen creer en el evangelio y su importancia lo llegan a perder de vista entre el bullicio del mundo. Aún más trágico, entre los creyentes hay una común tentación de olvidarnos del evangelio entre la vistosa “cultura cristiana” en la que algunos vivimos, una que parece hacer a lo periférico cada vez más central y a lo central cada vez más periférico. Llegamos a ignorar que en el corazón de la Escritura misma están las buenas noticias, el relato hermosamente tormentoso de la elegancia y definición del amor incansable del Creador por su creación perdida. El intercambio del justo por los injustos. El rescate, solo hecho posible por la masacre del incandescente Rey que escogió espinos por corona y sangrienta desnudez por vestiduras reales.

Sin este mensaje, sin el Cristo del evangelio, simplemente no habría vida; mucho menos cristianismo.

CRISTO FUERA DE LA IGLESIA
Quizás al leer este o alguno de los demás artículos del mismo tema alguien podrá preguntarse: “¿Como es que la iglesia puede llegar a menospreciar el evangelio que la salvó?”. Esa pregunta sencilla tiene una respuesta terrible.

Temo decir que hay momentos en que nuestra liturgia, tradiciones, estrategias, métodos, deseo por relevancia, y aun nuestro celo por la predicación se llegan a volver más importantes para nosotros que el mensaje de amor que por gracia nos es encomendado, ese mensaje que el mismo Jesús nos encomendó.

Pocos lo admitiríamos, pero puede ser que al evaluar el uso de nuestro tiempo, recursos y preocupaciones nos empecemos a dar cuenta de que en papel, nuestras prioridades están en orden, pero en la práctica algo se desequilibra. Una señal de que esto está pasando es que nos volvemos los jugadores en el campo, y nuestras propias porristas. Entretenemos nuestra cosmovisión, elogiamos nuestras denominaciones, alentamos a los que piensan, actúan y hacen iglesia como nosotros, criticando a aquellos que no compartan cada punto con nosotros; volviendo nuestra ideología lo central y una vez más dejando al Jesús del evangelio por los márgenes. Ningún fruto del árbol del evangelio, por más delicioso que sea, es tan importante como el mismo árbol del que es formado.

En Apocalipsis 3:20 escuchamos el resonante llamado de la gracia de Cristo para reconciliar a la iglesia que se creyó autosuficiente con la dulce dependencia y suficiencia de la intimidad con Cristo. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Estas palabras no fueron destinadas al mundo, ¡Cristo le estaba hablando a la iglesia! Así como hizo con Laodicea, Cristo nos llama en misericordia a volver a hacerlo el centro de nuestra teología, de nuestra liturgia y de nuestras vidas.

A-B-C… Y D Y F Y E, HASTA LA Z
Cuando alguien entiende que el evangelio no es solo la entrada a la nueva vida en Cristo, sino igualmente el camino y destino de esta misma, comienza a ver la magnitud de la importancia de predicar y desbordar en cada conversación, pensamiento y movimiento este evangelio, a tiempo y fuera de tiempo, dentro y fuera de la iglesia. Si escogemos nuestras peleas podemos darnos cuenta de que quizá hemos defendido asuntos importantes descuidando el más importante a defender. Nunca es mal momento para regresar a hacer de lo más importante, lo más importante otra vez (Cp. Luc. 10:38-42).

Que nuestra oración sea la de ver una iglesia que no solo absorbe sino refleja la luz del evangelio en todo el mundo. Una luna reflejando en la noche oscura la promesa de un nuevo amanecer. Espejos de Su gloria, que han sido limpiados y aclarados para así comunicar más claramente la brillantez de Su amor y santidad. Pero para mejor hacer su función, el espejo debe ser colocado en el lugar donde recibe más intensamente la luz que busca reflejar. Que así la iglesia, enfocada en las buenas noticias para la humanidad, para así contarlas y vivirlas con fe, esperanza y amor.

Si la norma es que las personas salgan de nuestras iglesias, servicios, sermones, tiempos de adoración corporativa, enseñanzas o ministerios diciendo “que buen expositor”, “que agradable ambiente”, “que doctrina tan bien desarrollada”, “que buena producción”, o aun “que ministerio tan relevante”, en vez de “¡que glorioso es Jesucristo y su evangelio!”, algo tenemos que reajustar. Estas cosas que mencioné no son buenas, ¡son maravillosas! Pero son frutos de vidas y comunidades centralizadas en el evangelio, que si llegan a volverse el centro de atención, ¡atentan contra la exclusividad del mismo evangelio que las sostiene!

Al hacer a Jesucristo y al evangelio el centro de nuestras vidas, aseguramos fruto permanente en todas las ramas y expresiones tan variadas de la fe cristiana. Que después de que cualquier persona sea expuesta a nuestras vidas y palabras, una cosa quede marcada en su mente y corazón: Jesucristo y su glorioso evangelio de radiante gracia (1 Cor. 2:1-5). Todo lo demás, incluyéndonos a nosotros, puede ser olvidado.

Lo que Nuestras Iglesias Necesitan con Urgencia

Por Josué Ortiz

Hay necesidades humanas que son inevitablemente universales. Amar y sentirnos amados; el perdón, el alimento, la gracia. A la vez, ciertas civilizaciones sufren de necesidades específicas con mayor intensidad debido a sus circunstancias particulares. Ese es el caso del mundo cristiano hispanoamericano. No es que nuestras necesidades sean únicas. Pero en nuestra herencia cultural, hay ciertos aspectos que han sido descuidados históricamente, y por lo tanto necesitamos suplirlos con fundamentos bíblicos para poder crecer y madurar. Esta lista puede ser larga, pero permíteme presentarte dos áreas que necesitamos suplir urgentemente.

NECESITAMOS URGENTEMENTE: PREDICACIÓN EXPOSITIVA

Esta situación es crítica al considerar que “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). El creyente madurará por medio de la Palabra de Dios que pueda comprender y asimilar. Desde luego que creemos que cada creyente tiene al Espíritu Santo que le enseña todas las cosas (Jn. 14:26). Sin embargo, de igual manera creemos en la necesidad elemental que tiene el pastor a predicar la Palabra (2 Ti. 4:2), y de hombres y mujeres maduros capaces de instruir a otros en la verdad, al interpretar la Biblia correctamente.

El Dr. John MacArthur ha dicho que “el significado de la Escritura es la Escritura”. En otras palabras, no escucharemos correctamente la Palabra de Dios a menos que un texto sea interpretado con exactitud. De lo contrario será más bien una opinión personal, que en el mejor de los casos dará una enseñanza moral o cívica, y en el peor de los casos, simple herejía.

Por un lado, cada padre y madre tiene la responsabilidad de explicar y enseñar la Biblia en su familia. Pero en el ámbito eclesiástico, esta responsabilidad recae propiamente en el pastor-maestro (Ef. 4:1), y la predicación expositiva es el medio por el cual la Biblia puede ser enseñada con más exactitud.

Los evangélicos necesitamos que nuestras iglesias sean centros de doctrina bíblica explicada y luego aplicada en humildad. La predicación expositiva desempaca las verdades bíblicas de un texto al tomar en cuenta el contexto histórico, al hacer énfasis en la intención original del autor, y al interpretar el texto gramáticamente. Es decir, la predicación expositiva valora el orden de las palabras, así como su uso y propósito, preferentemente en el idioma original. Así el oyente entiende el significado de la Palabra, y con la ayuda del Espíritu Santo lo aplica a su vida. Todos los creyentes necesitamos la inalterada Palabra de Dios para vivir (1 Pe. 2:2).

La verdadera predicación de la Palabra no solo es necesaria para el crecimiento, sino fundamental para vivir. En el mundo hispano es vital que busquemos que nuestros pastores prediquen la Palabra “a tiempo y fuera de tiempo” (2 Tim. 4:2). No estoy hablando de revolución religiosa. Estoy hablando de orar fervientemente, con un deseo sincero de escuchar solo la Palabra de Dios. Necesitamos discernimiento y sabiduría para conocer cuándo alguien está verdaderamente predicando la Palabra y cuándo no. No hacerlo como jueces o creyentes arrogantes, sino como mendigos buscando dónde encontrar alimento.

NECESITAMOS URGENTEMENTE: LA GLORIA DE DIOS
En su reciente libro, A peculiar Glory (Una gloria peculiar), el Dr. John Piper dice que la Palabra de Dios tiene una gloria que el creyente necesita percibir si es que quiere leer la Biblia de una manera efectiva. Es decir, la Biblia no se debe leer como si fuera un amuleto que solo hay que mirar casualmente para tener un buen día. Es más, no se trata de “pensar” en lo que leímos como si fuera algo mágico, individual, o místico.

Por supuesto, debemos meditar en las palabras de Dios (Sal. 119:11). Pero entendamos que la Biblia no es un libro de meditación. En 2 Corintios 4:4, Pablo explica que nuestro enemigo, Satanás, “ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios”. La luz del evangelio es la gloria de Cristo. Es la misma gloria, por cierto, que Moisés vio en Éxodo 33. Sin embargo, a diferencia de Moisés, nosotros no tenemos que ponernos un velo, sino que “todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu” (2 Co. 3:18). ¡Esto es fascinante!

Leer la Biblia no se trata principalmente de cómo ser mejores padres, hijos, o creyentes. Se trata, principalmente, de la gloria de Dios. Encontramos en ella la naturaleza y esencia de Dios. Es en nuestra lectura de la Biblia que podemos conocer cómo es Dios. No solo cierta parte de Él, sino toda la gloria que ha sido revelada en las Escrituras. Lo que nos lleva de “gloria en gloria” es mirar a cara descubierta la gloria del Señor. Observar sus atributos y escuchar su voz a través de las páginas de la Biblia es lo que nos transforma. La Biblia no es un libro que leemos para aprender qué hacer externamente. La Biblia es la gloria revelada al creyente, para que al ser expuesto a ella continuamente, sea transformado internamente.

La gloria de Dios nos transforma. No tenemos que subir a un monte, ni tenemos que experimentar un evento metafísico. Simplemente tenemos que abrir nuestras Biblias y entender las riquezas de su gloria con nuestros ojos espirituales abiertos. Es exactamente lo que Pablo dice en Efesios 1:17, “El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él”. Si esa era la oración de Pablo para los creyentes de Éfeso, esa debe ser nuestra oración también, ver “las riquezas de la gloria de su herencia” (Ef. 1:18).

Así que busquemos que la predicación de la Palabra sea fiel. Pidamos ayuda a Dios para servir a una iglesia donde se busque una predicación sana y bíblica. Y leamos nuestras Biblias con un profundo deseo de encontrar la gloria de Dios, para que todo lo terrenal pase a segundo plano. Los tesoros que esta tierra te puede ofrecer no se comparan con la permanente, transformadora, e impactante gloria de Dios. El Dios de toda gloria ha puesto su gloria en la Escritura para que te transforme en una manera personal, única, y exclusiva, de acuerdo a lo que Dios tiene planeado para ti.

Ovejas y Cabritos en La Iglesia: La Verdadera Diferencia

Por Hayden Hefner

Amo la música de Keith Green. Me encanta el piano intenso y fuerte, así como las muchas palabras que emplea en las letras de sus canciones. Me encanta que representa el estilo de los ochentas y del movimiento de Jesus People. Amo su pasión.

Mi papá fue el que me presentó a Green en un inicio. Lo escuchábamos con frecuencia durante nuestro trayecto a casa desde la escuela. En mi opinión, no hay mejor ejemplo de una canción de Green que «The Sheep and the Goats» (Las ovejas y las cabras).

Sheep Farm Indonesia – Peternakan Domba Banjarnegara
Green canta la parábola de Jesús en Mateo 25:31-46 en esta canción. En el pasaje, Jesús describe el juicio final del mundo como un pastor que separa a las ovejas justas de los cabritos injustos. La forma en que el pastor distingue entre los dos grupos es examinando el amor sacrificial que han mostrado hacia «uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños» (Mt 25:40, 45).

Green se apega al texto de manera notable. Sin embargo, él agrega este comentario final sobre el pasaje en la última línea de la canción: «Amigos míos, la única diferencia entre las ovejas y las cabras, según esta Escritura, es lo que hicieron y lo que no hicieron».

Estas palabras sacudieron el mundo de mi infancia porque resaltaron mi hipocresía. Yo era un cristiano profesante en ese momento de mi corta vida, pero en realidad estaba lejos de Jesús. Afirmaba amar a Jesús, pero no amaba como Él. Como resultado, esta canción me hizo sentir el desconcertante peso de la hipocresía de mi falta de amor.

No hay nada más horrible que la hipocresía, ¿verdad? En especial, la hipocresía cristiana. No hay nada tan descorazonador, deshonesto y desorientador como una persona que profesa ser cristiana, pero no ama a los demás.

La suprema idoneidad del amor
¿Por qué nos molesta tanto la hipocresía cristiana? ¿Por qué los pecados que reflejan una falta de amor entre los que profesan ser cristianos causan tal sensación de desorientación, disonancia y (si no tenemos cuidado) desilusión?

Más importante aún: ¿por qué el Pastor odia la hipocresía de la falta de amor?

Cuando leemos el texto de Mateo 25, parece evidente que el amor sacrificial es supremamente apropiado para el cristiano. Es la base sobre la que el Buen Pastor separa a sus ovejas de los cabritos.

Sin embargo, no inferimos que es apropiado solo de pasajes como Mateo. Lo vemos articulado a lo largo del Nuevo Testamento. Jesús declara: «En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros» (Jn 13:35).

Jesús no podría ser más claro. La forma en que amamos a los demás (especialmente a «uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños») es importante. Importa porque nos hace diferentes. Importa porque este tipo de amor es la forma en que el pastor distingue a sus ovejas de los cabritos. Importa porque está en juego la entrada al reino del Padre (Mt 25:34).

Todo esto plantea otra pregunta: ¿En qué sentido es que la entrada al reino está en juego? Si no podemos hacer algo para ganar nuestra salvación, ¿por qué Jesús dice todo esto en Mateo 25? En otras palabras, ¿Cuál es la verdadera diferencia entre las ovejas y los cabritos?

Oveja verdadera, lana verdadera
Aunque me encanta la música de Green en general y me encanta «The Sheep and the Goats» en particular, creo que la última línea de la canción es engañosa.

La única diferencia entre las ovejas justas y los cabritos injustos no es lo que hicieron o dejaron de hacer. La diferencia no está simplemente en las características externas. Las ovejas y los cabritos tienen un ADN diferente. Tienen células diferentes y son especies diferentes.

Sí, existen diferencias externas entre las ovejas y los cabritos. Sí, podemos distinguir entre los dos basándonos en esas diferencias externas («en esto conocerán todos que son Mis discípulos»). Pero debemos tener cuidado de no confundir los síntomas con las causas. Debemos tener cuidado de no confundir la fruta con la raíz, ni la lana con el ADN.

El Nuevo Testamento es claro de forma consistente. La manera en que amamos a los demás tiene un significado eterno. No te equivoques, los justos serán separados de los injustos en base a la presencia de un amor genuino por los demás. Sin embargo, este amor sacrificial no es la causa de una nueva naturaleza justa, es el fruto inevitable de recibir esta nueva naturaleza.

El amor sacrificial es la verdadera lana que distingue a las ovejas de los cabritos. Tener lana verdadera no te convierte en una oveja, pero ser oveja hace que tengas lana verdadera.

Por lo tanto, cuando Cristo separa a las ovejas y los cabritos, los está separando basándose en la presencia de resultados inevitables. Sí, podemos reconocer la verdadera conversión por la presencia del amor sacrificial. Pero nunca debemos creer que nuestro amor sacrificial es la causa de una verdadera conversión. El amor sacrificial es al nuevo nacimiento, lo que la lana verdadera es a una oveja.

El fruto inevitable de una semilla incorruptible
Pedro expresa esta realidad cuando manda a los creyentes: «ámense unos a otros entrañablemente, de corazón puro. Pues han nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible» (1 P 1:22-23).

El mandamiento de amar a los demás es real, pero nunca debe ser obedecido por nuestras propias fuerzas. Pedro nos aclara que el amor sacrificial es el fruto inevitable de una simiente incorruptible.

En lugar del hedor de la muerte del pecado, el amor sacrificial es el aroma de la nueva creación resucitada. En lugar de los harapos manchados de suciedad del hijo rebelde, el amor sacrificial es la hermosa túnica que se ajusta perfectamente al hijo pródigo que ha regresado. En lugar de las sutilezas superficiales de los cabritos injustos, el amor sacrificial es la lana verdadera y duradera de las ovejas verdaderas.

En lugar de las flores marchitas que crecen de las raíces podridas de Babilonia, el amor sacrificial es el fruto hermoso, eterno e inevitable de una simiente incorruptible.

Por Hayden Hefner
Hayden Hefner sirve como pastor de los ministerios estudiantiles en la iglesia Bridgeway en la ciudad de Oklahoma. Él obtuvo una maestría en estudios teológicos del Seminario Teológico Bautista de Southwestern.

El evangelio de la prosperidad en mi propio corazón

Por David W. Jones

Si bien había estado expuesto al evangelio de la prosperidad previamente en mi vida, no fue hasta que empecé el seminario que lo pensé seriamente. Comencé a servir en iglesias locales durante mi tiempo como un estudiante, y estaba sorprendido encontrar a tanta gente bajo mi cuidado consumiendo material del evangelio de propiedad a través de diferentes medios de comunicación. Además, muchas personas parecían ver su relación con Dios como una transacción quid pro quo. Él era tratado como un dulce padre celestial que existía para hacerlos saludables, ricos y felices a causa del servicio prestado.

Al principio de mi carrera académica, publiqué en una revista teológica poco conocida un artículo titulado «La bancarrota del evangelio de la prosperidad» [1]. En él intenté sintetizar mis objeciones iniciales a la teología de la prosperidad, así como con suerte dar una dirección básica a aquellos atrapados en el movimiento del evangelio de la prosperidad. Para mi sorpresa, recibí comentarios inmediatos sobre mi breve publicación, tanto positivos como negativos. De hecho, sigo recibiendo más comentarios sobre ese artículo que sobre cualquier otra cosa que haya escrito.

Times Square NYC
Estas dos experiencias me llevaron a hacer esta pregunta: ¿por qué los cristianos evangélicos se sienten atraídos por el evangelio de la prosperidad? ¿Y por qué resuena con tanta gente en general? Después de un poco de reflexión e investigación, la respuesta a la que llegué fue sorprendente: el evangelio de la prosperidad reside en el corazón de todos los hombres, el evangelio de la prosperidad está incluso en mi propio corazón.

Imagínate que estás conduciendo a la iglesia un domingo frío y lluvioso por la mañana y, para tu desconcierto, se te pincha un neumático. ¿Cuál es tu pensamiento inmediato? «Dios, ¿en serio? Estoy yendo a la iglesia. ¿No hay algún traficante de drogas o esposo abusivo al que pudieras haber afectado por un pinchazo del neumático?». Ese es el evangelio de la prosperidad.

O tal vez no obtenga ese ascenso en tu trabajo, tu hijo se enferma o te critican injustamente en la iglesia. ¿El resultado? Te enojas con Dios porque fuiste ignorado, estás preocupado o te despreciaron. Ese es el evangelio de la prosperidad.

El solo pensamiento de que Dios nos debe una vida relativamente libre de problemas, y la ira que sentimos cuando Dios no actúa de la manera que creemos que debe actuar, traiciona un corazón que espera que Dios nos prospere debido a nuestras buenas obras. Ese es el evangelio de la prosperidad.

Puede que te resulte fácil ver a los charlatanes espirituales en la televisión, vendiendo sus indulgencias modernas, revisando pasajes bíblicos y prometiéndonos nuestra mejor vida ahora si tenemos suficiente fe en la fe. Pero no olvides que lo que hace que el evangelio de la prosperidad sea tan atractivo es que satisface los deseos del corazón humano caído. Promete mucho, pero requiere poco. Consiente a la carne.

Si bien puedes ser lo suficientemente maduro para resistir el evangelio de la prosperidad sistematizado de los autoproclamados promotores del movimiento, no pases por alto el evangelio de la prosperidad latente que habita en tu propio corazón. El verdadero evangelio dice, cualquier cosa que se nos presente, Jesús es suficiente.

¿Es suficiente para ti?

Por David W. Jones
David W. Jones es profesor asociado de ética cristiana en el Seminario Teológico Bautista del Sureste.