SANTIDAD Y JUSTICIA | R.C.Sproul 3/6

Ministerios Ligonier

Serie: La Santidad de Dios

3-SANTIDAD Y JUSTICIA

R.C.Sproul

La santidad es la característica de la naturaleza de Dios que está en el corazón mismo de Su ser.

Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. En este primer estudio veremos la importancia que Dios pone en Su santidad.

Guía de estudio y transcripción disponibles: https://es.ligonier.org/videos/la-san…

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EL TRAUMA DE LA SANTIDAD | R.C.Sproul 2/6

Ministerios Ligonier

Serie: La Santidad de Dios

2-EL TRAUMA DE LA SANTIDAD

R.C.Sproul

MINISTERIOS LIGONIER

La santidad es la característica de la naturaleza de Dios que está en el corazón mismo de Su ser.

Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. En este primer estudio veremos la importancia que Dios pone en Su santidad.

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LA IMPORTANCIA DE LA SANTIDAD | R.C.Sproul 1/6

Ministerios Ligonier

Serie: Serie: La Santidad de Dios

1-LA IMPORTANCIA DE LA SANTIDAD

R.C.Sproul

MINISTERIOS LIGONIER


La santidad es la característica de la naturaleza de Dios que está en el corazón mismo de Su ser.

Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. En este primer estudio veremos la importancia que Dios pone en Su santidad.

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La solución a la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 5

La solución a la ansiedad
Por Eric B. Watkins

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

Vivimos en un mundo en el que tenemos tantos avances tecnológicos, tantas cosas a nuestra disposición para hacernos la vida más sencilla, desde microondas y limpiadores de platos hasta celulares y Siri. Sin embargo, en medio de todas estas cosas que existen para hacer nuestras vidas más fáciles y simples, todavía parece que nuestras vidas son sumamente complicadas. Muchas personas están estresadas, confundidas y llenas de ansiedad. Los centros de ayuda psicológica se han vuelto tan prolíficos como las cafeterías, y la mayoría de los pastores admitirán que hay más personas en la iglesia que necesitan ayuda consejería que recursos adecuados para ellos. Vivimos en un mundo en el que abunda la ansiedad. Pero como cristianos, podemos acudir a la Biblia para hallar la solución de Dios a la ansiedad: enfocarnos en Cristo y en la esperanza que tenemos en Él. Para ello, leemos aquí Romanos 8:18-30 como el texto principal para que nos sirva de aliento.

Las pruebas y los desafíos que resistimos no son nuevos en muchos sentidos. «No hay nada nuevo bajo el sol», incluida la ansiedad (Ec 1:9). En muchos sentidos, la iglesia del primer siglo era una iglesia bajo una presión extrema. Los poderes políticos de la época eran todo menos amistosos hacia el cristianismo. El emperador Nerón es conocido por su violento desdén hacia la iglesia. Su persecución hacia los cristianos fue extrema, ya que se apoderó de sus propiedades y torturó sus cuerpos. Son bien conocidas sus degradadas «fiestas en el jardín» en las que utilizaba a los cristianos como antorchas humanas para entretener a sus invitados paganos. Los cristianos en Roma vivían bajo la amenaza diaria de la muerte y experimentaban una marginación social diferente a todo lo que la mayoría de nosotros hemos conocido. Si la ansiedad es la reacción natural de la mente al estrés, la iglesia en Roma tenía muchas razones para tener ansiedad.

Pablo escribió el libro de Romanos a fin de consolar y animar a una iglesia bajo ataque, para que pudieran personificar la gracia bajo presión. La iglesia en Roma estaba comprensiblemente perpleja. Se habían encomendado a Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores. Sin embargo, su lealtad a Jesús les había traído todo menos paz y tranquilidad terrenales. En muchos aspectos, su estatus social y ventaja material había sido mejor antes de que se identificaran con Jesús y Su iglesia. Ahora, eran extraños y extranjeros en su propia tierra, presenciando visiblemente todo el peso de la hostilidad de Satanás hacia la iglesia. Nerón no era más que un títere movido por hilos satánicos, trayendo violencia y destrucción a la iglesia. Los cristianos sintieron el aguijón de la mordedura serpentina de Nerón y fueron tentados a sentir ansiedad y desesperanza. ¿Dónde estaban Jesús y Su reino? ¿Dónde estaba la paz que habían esperado? ¿Qué sería de sus hogares, trabajos y familias?

Es complicado pintar este cuadro sin ver al menos alguna similitud entre nuestros días y los de la Roma del primer siglo. Puede que no experimentemos todo el peso de la persecución que la iglesia padeció en aquellos días, pero tampoco estamos protegidos de las realidades del mal. Sabemos que identificarnos con Cristo puede ser costoso. Conocemos la oposición social y el distanciamiento. Sabemos que las astillas de la cruz pueden ser dolorosas, incluso si palidecen en comparación con el peso de la cruz de nuestro Salvador. También conocemos la tentación a sentir ansiedad y desesperación. Vemos tormentas avecinándose en el mundo que nos rodea y la disposición de muchos en la iglesia de transigir su voz en lugar de defender la verdad. Los lobos rodean el rebaño y las ovejas guardan silencio.

Es en este contexto pastoral que Pablo pronunció palabras de aliento. Lo que los cristianos romanos necesitaban escuchar no eran trivialidades o promesas vacías de «tu mejor vida ahora». Lo que necesitaban era que su mirada ansiosa fuera quitada de las cosas de este mundo y sus dioses falsos, y puesta en Cristo y la esperanza segura del cielo que le pertenece a los que son de Él. Esto es exactamente lo que hace Pablo en Romanos 8:18-30. Él comienza mostrándole a la iglesia que las pruebas y tribulaciones que soportamos son endémicas de este presente siglo malo. Comenzaron justo después de la creación cuando las cosas muy buenas que Dios había creado fueron inmediatamente sujetas a la vanidad y la frustración como resultado del pecado. Desde el momento en que Adán pecó contra Dios, una nube oscura y amenazante comenzó a proyectar su sombra sobre toda la creación. No solo la humanidad, sino la creación misma fue dañada debido a la entrada del pecado en el mundo. La creación comenzó a anhelar aquel día en que la maldición se revertiría y las cicatrices del pecado finalmente desaparecerían, cuando la muerte se convertiría en algo del pasado y la vida estaría caracterizada por la belleza, la pureza y la paz. Según Pablo en Romanos 8, la creación anhela el día escatológico de la nueva creación, cuando de una vez por todas las cosas serán tan hermosas y pacíficas en la tierra como lo son en el cielo.

Lamentablemente, la mayoría de los cristianos piensan en la escatología (si es que piensan sobre ello) de manera demasiado sensacionalista. Nos enfocamos en preguntas como qué sucederá exactamente justo antes del final, quién podría ser el anticristo y si habrá un rapto secreto de la iglesia. Tales temas han demostrado ser una distracción del interés escatológico real de la Biblia, que es la presencia «ya y todavía no» del reino de Cristo. Jesús ya es Rey, y Su reino ha venido como resultado de Su vida, muerte y resurrección. El Espíritu, según Pablo, es una garantía de lo que es nuestro en Cristo. Las primicias del reino de Dios ya están presentes, aunque la plenitud de ese reino aún está por venir.

Pero es la tensión de la naturaleza del «ya y todavía no» del reino de Cristo lo que crea tanta dificultad para nosotros. Esperamos el «todavía no» ahora —esperamos el cielo en la tierra— y cuando nos vemos obligados a vivir con paciencia y perseverancia, a menudo nos preocupamos y nos inquietamos. Esperamos la corona de gloria ahora y nuestra fe se descarrila con demasiada facilidad cuando Dios pone sobre nosotros la cruz del sufrimiento. Como dijo Martín Lutero, hemos pasado mucho más tiempo cultivando nuestra teología de la gloria que nuestra teología de la cruz. Este no fue un problema exclusivo del primer siglo. Nuestras comodidades modernas nos han entrenado para esperar resultados inmediatos en casi un abrir y cerrar de ojos. Por tanto, aprender a vivir pacientemente entre el «ya» del reino de Cristo y el «todavía no» de su consumación escatológica puede resultar difícil. Pablo amablemente dirige la atención de la iglesia de regreso a la creación (que ha estado aguardando pacientemente durante bastante tiempo), pero también dirige nuestros ojos hacia la nueva creación cuando dice: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Rom 8:18). Lo que soportamos ahora palidece tanto en comparación con lo que se revelará a nosotros más adelante, que Pablo dice que lo anterior ni siquiera es digno de ser comparado con lo postrero.

Los cristianos son una paradoja cronológica. Vivimos en la tierra pero pertenecemos al cielo. Nuestras vidas se desarrollan en esta era, pero en última instancia, están definidas por la era venidera. Nuestro Rey está con nosotros y, sin embargo, viene a nosotros. Dios no es simplemente nuestro compañero de viaje; Él es también nuestro destino. Ya estamos en Cristo pero aún no somos lo que seremos plenamente en Él cuando estemos con Él en el cielo. Es posible que estas verdades no se entiendan fácilmente, pero están en el centro de lo que significa ser cristiano —estar en Cristo— y tener a Cristo en nosotros.

Esto nos lleva a Romanos 8:28-30, que en muchos sentidos es el crescendo de consuelo de Pablo. Se podrían decir muchas cosas sobre esta sección, pero nos enfocaremos en una sola: la conformidad a la imagen de Cristo. Pablo termina esta edificante sección dirigiendo la atención de la iglesia al gran «bien» que Dios continúa haciendo, incluso en este presente siglo malo, que consiste en conformar a aquellos a quienes Él ama (la iglesia) a la imagen de Cristo. Los sufrimientos que soportamos en este presente siglo malo son una herramienta que Dios usa para moldearnos a la imagen de Cristo. No están fuera de Su cuidado providencial; ni tampoco son caprichosos. Más bien, incluso las cosas difíciles que soportamos tienen un buen objetivo: nos conforman a la imagen de Cristo.

Quiénes somos en Cristo informa nuestra respuesta a las pruebas y adversidades. En lugar de llevarnos a la ansiedad o desesperanza, las pruebas deben recordarnos que el cielo será mejor, que Cristo es suficiente y que estas aflicciones leves y momentáneas que soportamos ahora son incomparables con el eterno peso de gloria que nos aguarda con Cristo en el cielo. Por lo tanto, no nos preocupamos; no tememos; no tenemos necesidad de estar ansiosos. Como nos recuerda el himno Castillo Fuerte: «Nos pueden despojar, de bienes, nombre, hogar. El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Eric B. Watkins
El Dr. Eric B. Watkins es el pastor principal de Covenant Presbyterian Church (OPC) en St. Augustine, Florida, y autor de The Drama of Preaching [El drama de la predicación].

Los efectos de la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 4

Los efectos de la ansiedad
Por Rebecca VanDoodewaard

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

tomarnos algo de tiempo darnos cuenta. Poner en marcha el generador justo en la terraza frontal de la casa puede parecer una buena idea en una tormenta, pero los dolores de cabeza causados por la intoxicación con monóxido de carbono pronto nos dirán lo contrario. Como cualquier otra cosa sobre lo que la Escritura nos advierte, la ansiedad también tiene algunos efectos muy perjudiciales. La palabra neotestamentaria para ansiedad, merimna, también se traduce como «cuidado» o «preocupación». Dado que la ansiedad es real y prevalente en nuestro mundo, también lo es su impacto. Y aunque la ansiedad puede provenir de escenarios imaginarios, de problemas reales y presentes o de una sensación de fatalidad inminente, una vida de ansiedad perpetua hace imposible amar a Dios y al prójimo como debiéramos. Independientemente de la causa o el origen, la ansiedad perturba la vida en múltiples aspectos.

EFECTOS FÍSICOS
Hay una razón por la que Jesús preguntó: «¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?» (Mt 6:27). Todos sabemos que la ansiedad no es la clave para una vida larga y saludable. Sentirse asustado, decaído y perder el sueño es solo el principio. Aunque condiciones como el dolor crónico, la discapacidad o la enfermedad crónica pueden generar ansiedad, también puede suceder a la inversa. La ansiedad crónica puede crear dolor, enfermedad y otros problemas físicos debido a un estado físico anormal. La adrenalina y el cortisol realizan muchas funciones esenciales en nuestro cuerpo (Dios nos los dio por una buena razón). Un aumento en estas hormonas nos permite afrontar situaciones de estrés por medio de una fisiología alterada: el pulso se acelera, la respiración se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan, proporcionando más oxígeno al cerebro y a los músculos, enfocando nuestra concentración. Pero cuando estas hormonas fluyen por nuestros sistemas con mucha frecuencia o por mucho tiempo, pueden producirse una serie de problemas.

Cada vez más, los científicos encuentran vínculos entre la ansiedad y efectos físicos negativos. Los estudios han demostrado que la ansiedad puede provocar enfermedades cardíacas en adultos generalmente sanos y que el estrés emocional crónico y la ansiedad están relacionados con la predisposición a una serie de problemas del sistema digestivo, desde el reflujo gástrico hasta el síndrome del intestino irritable y cáncer. La situación es más preocupante con la edad, ya que los adultos mayores son propensos a tener comorbilidades que aceleran las condiciones físicas y los deterioros relacionados con la ansiedad. Los estudios de investigaciones están creciendo. Preocuparte hasta la muerte puede ser un peligro más cierto de lo que pensamos.

EFECTOS RELACIONALES
La ansiedad tiene efectos demostrables y medibles en nuestro cuerpo. Pero la causa suele estar en nuestra vida mental y espiritual. Por ello, no podemos esperar que nuestras relaciones no se vean afectadas. Los efectos relacionales de la ansiedad también son sumamente perjudiciales. Clínicamente, la ansiedad está vinculada a problemas con la memoria de corto plazo, la concentración, el funcionamiento verbal y espacial, la capacidad de concentración al leer y mucho más. No es de extrañar que dificulte la socialización.

Sin embargo, las dificultades van más allá de los aspectos funcionales. Sabemos por experiencia que visitar a una persona verdaderamente ansiosa es difícil. Si se entabla una conversación, tiende a centrarse en lo superficial o a arrastrarnos al mundo de oscuras preocupaciones en el que vive la otra persona. Una anciana que conocí no solo recitaba letanías de accidentes y diagnósticos terribles durante las visitas, sino que también enumeraba posibles providencias difíciles, detallando temores sobre el futuro. Parecía como si hubiera abierto de par en par la puerta a los pensamientos oscuros, sin tener en cuenta sus efectos. Ella había enfrentado una aflicción real en su vida, pero era su ansiedad por el futuro lo que impedía tener una verdadera cercanía relacional con otras personas.

La ansiedad nos da vuelta hacia nosotros mismos y nuestros problemas. Nos encogemos hacia adentro, agobiados por cargas que no deberíamos llevar, arrastrándolas y tropezando con otras personas a nuestro paso. Jeannie Marie Guyon le dijo a una amiga: «La melancolía contrae y marchita el corazón […] Magnifica y da un falso colorido a los objetos, y así hace que tus cargas sean demasiado pesadas de llevar». La ansiedad da color a nuestra visión del mundo con un lente pecaminosamente negativo. Es evidente que este tipo de efectos dificulta la socialización y las relaciones sanas con los demás.

Pero los efectos van más allá de la socialización. En su himno y oración «Padre, lo sé toda mi vida», Anna Waring pide «un corazón en reposo de sí mismo, que se calme y sienta simpatía». La ansiedad nos roba esto. Torcidos hacia adentro, no estamos en reposo dentro de nosotros mismos. Por el contrario, nos consumen nuestros propios pensamientos y preocupaciones y, por lo tanto, nos aislamos de las oportunidades reales que nos rodean. La ansiedad nos roba las interacciones sociales, sí, pero también la capacidad y la oportunidad de servir. Nos roba las conexiones espirituales que fluyen de tener comunión con otros y ser útiles. El aislamiento relacional que produce la ansiedad no es ninguna casualidad. Es una de las tácticas de Satanás. Un creyente sin relaciones estrechas ni compromiso con la comunidad es un blanco fácil para la duda y la desesperanza. Los efectos relacionales y espirituales de la ansiedad están estrechamente relacionados.

EFECTOS ESPIRITUALES
El impacto de la ansiedad realmente comienza y termina en el alma. Si la ansiedad afecta nuestras relaciones humanas, ¿cómo no va a afectar nuestra relación con Dios? La ansiedad suele producirse cuando dudamos o perdemos de vista la sabiduría y la bondad de Dios. En lugar de ser como un niño destetado con su madre, nuestras almas están agitadas y deseosas, preocupadas por cosas que están fuera de nuestro control (Sal 131:2). No podemos descansar en la providencia. Esto es particularmente cierto cuando estamos ansiosos por cosas que ni siquiera han sucedido. Elisabeth Elliot nos recuerda que Dios promete gracia no para nuestra imaginación, sino solo para la realidad. Nos promete nuevas misericordias para cada mañana, no para cada preocupación. Una vez más, Waring afirma: «Hay espinos en cada camino que exigen un cuidado paciente; hay una cruz en cada lugar, y una gran necesidad de oración; pero un corazón humilde que descansa en Ti es feliz en cualquier lugar». Reconocer los peligros espirituales de la ansiedad no es negar que hay cosas duras y aterradoras en este mundo. Sin embargo, Guyon nos advierte: «Es más seguro que un exterior triste repela la piedad en vez de atraerla. Es necesario servir a Dios, con cierto gozo de espíritu, con una libertad y apertura, que haga patente que Su yugo es fácil».

Este es el meollo del asunto, ¿no es así? La mayoría de las veces estamos ansiosos porque no creemos o sentimos que nuestro Pastor sea bueno. A veces las tinieblas nos oprimen, y es una batalla espiritual creer que Dios es bueno todo el tiempo. A veces sentir esa verdad es una esperanza lejana. Es por eso que la ansiedad tiene un efecto tan peligroso en nuestras almas. Nos hace dudar del Padre, incluso de Aquel que no rehusó a Su único Hijo. La ansiedad escucha mentiras; mentiras que pueden ser ruidosas e invasivas, pero mentiras al fin y al cabo. Pero estar ansioso también transmite esas mentiras, ya que llevamos el nombre de Cristo en la iglesia y en el mundo mientras nos comportamos como si Él no fuera omnipotente, omnisciente, omnipresente y bueno. La ansiedad trata de sacar la verdad, y cuando eso ocurre, las mentiras se alinean para entrar. Las mentiras sobre el carácter y las promesas de Dios son las más devastadoras, pues buscan crear dudas acerca del único que es nuestro Ayudador. La ansiedad y las mentiras que la acompañan nos separan de Dios. Tal vez por eso Elaine Townsend escribió: «Señor, enséñame a nunca estar ansiosa, sino a compartir contigo mi corazón; y muchas gracias por tu paz mientras comparto contigo».

CONCLUSIÓN
En conjunto, todos estos efectos son preocupantes. Pero no dejes que te produzcan ansiedad. Muestran claramente la insensatez de justificar nuestra preocupación. Todos lo hacemos, ¿no es así? A veces lo hacemos eligiendo algo importante y valioso por lo que preocuparnos. En nuestras propias mentes, la ansiedad por nuestros hijos está justificada por nuestro amor por ellos. Justificamos nuestra preocupación por la sociedad debido a nuestro interés por la seguridad y la moralidad. Justificamos las preocupaciones por la salud afirmando que es parte de ser buenos administradores de ella. Otras veces, intentamos justificar nuestra preocupación eligiendo situaciones de crisis para alimentarlas, reflexionando sobre el impacto que tendrían los accidentes de tráfico o las enfermedades terminales. Justificamos nuestra ansiedad en nuestra propia mente y quizás incluso ante los amigos.

Pero algo tan destructivo para nuestros cuerpos, mentes y almas debe ser combatido. Algo que tiene el potencial de alejarnos de Dios, de nuestras comunidades y de la buena salud no puede realmente ser justificado, ¿verdad? No tenemos ninguna excusa para ceder, dar tregua, ni para negociar. Ninguna justificación es suficiente. A veces equiparamos la preocupación con el discernimiento, el interés o incluso el amor y la oración. Pero el fruto de esas cosas es la acción piadosa y la confianza. Dan vida. El fruto de la ansiedad mata a diferentes niveles. No lo justifiquemos. Hay mucho en juego. Luchemos contra ello. Esa batalla puede que no sea breve ni clara, y puede implicar la ayuda de médicos, pastores y otros, pero abandonar esta buena batalla no puede ser una opción para los hijos de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Rebecca VanDoodewaard
Rebecca VanDoodewaard es autora de Reformation Women: Sixteenth-Century Figures Who Shaped Christianity’s Rebirth [Las mujeres de la Reforma: Figuras del siglo XVI que moldearon el renacimiento del cristianismo] y de las series para niños de Banner Board Books.

¿Qué es el matrimonio cristiano?

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

En El matrimonio íntimo, el Dr. R.C. Sproul muestra que si seguimos los principios de Dios, el matrimonio puede ser una celebración de gozosa intimidad y uno de los mayores placeres de la vida. En esta serie, el Dr. Sproul examina no solo la teología del matrimonio, sino también su sociología y psicología, cubriendo temas como la comunicación, los roles de género y el sexo.

Episodio 1
¿Qué es el matrimonio cristiano?
Por R.C.Sproul

Muchas personas hoy en día se preguntan si el matrimonio es una tradición anticuada que debe ser desechada de una vez por todas. En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul nos lleva al origen del matrimonio con el fin de descubrir el propósito de Dios para la relación entre marido y mujer.

La semana pasada fui a una boda, y fue una de las bodas más interesantes a las que he asistido.  Había más de quinientas personas allí, la novia estaba preciosa, pero lo que más llamó mi atención en esta ceremonia de boda en particular, fue la creatividad de la ceremonia de boda.  La boda duró más de una hora, la novia y el novio tuvieron una lluvia de ideas junto con el pastor a fin de incluir nuevos elementos que fuesen diferentes y emocionantes durante el servicio; y los disfruté, pero justo en medio de la ceremonia incluyeron partes tradicionales y clásicas de la ceremonia nupcial; y me di cuenta de que cuando empecé a escuchar las palabras de la boda nupcial tradicional, mi atención se agudizó, y me conmoví; y yo – pensé para mí mismo,  pensé, «No hay forma de mejorar esto. Esto es tan hermoso. Esas palabras son tan significativas. ¿Por qué no podemos quedarnos con el servicio tradicional?» 

Entonces pensé, «Bueno, probablemente solo soy anticuado, uno de estos ministros pasados de moda, y así». Luego pensé: «Tal vez la razón por la que me gusta tanto el servicio tradicional es porque lo he oído muchas veces». La mayoría de las personas realmente solo lo oyen una vez – cuando se casan o cuando están participando en la boda de otra persona.  Pero cuando eres pastor tienes el beneficio de hacerlo una, y otra y otra vez de modo que las palabras toman una definición más nítida. Al pensar en esa ceremonia de bodas tradicional, me di cuenta de que se había pensado y escogido con cuidado cada palabra, y ahora tenemos una tradición llamada ceremonia de bodas. 

Pero todos hemos sentido la tensión en nuestra cultura, pues los jóvenes cada vez más le dicen no a la ceremonia tradicional y a todo el concepto tradicional del matrimonio. Las personas han experimentado dolor en sus propios matrimonios y en sus familias. Sabemos que cada vez más y más jóvenes vienen de hogares rotos, y hay un temor que ha ido surgiendo, una sospecha sobre todo lo que abarca el matrimonio. Por eso vemos parejas viviendo juntas en lugar de entrar al matrimonio por temor a que el costo de ese tipo de compromiso pueda ser demasiado. Puede ser muy pesado y hacerlos demasiado vulnerables. Estamos en un punto en nuestra cultura donde una de las tradiciones más estables, y de la cual creíamos, permanente, está siendo desafiada todos los días.  

Creo que muchos de nosotros hemos visto la película o la obra de Broadway El Violinista en el Tejado ¿Cuántos la han visto? ¿Bien? ¿La recuerdan? Particularmente me gusta la versión en película, donde tenemos la historia de ese venerable patriarca judío ruso, Tevye, del cual toda su vida gira en torno a sus hijas. ¡Oh!, cómo ama a sus hijas y está expectante de sus futuros. Planea el futuro de ellas y se pone en contacto con el casamentero del pueblo, quien se supone que debe designar a las parejas y encontrar a los mejores hombres para sus hijas. Pero de repente las muchachas, una a la vez, vienen a su padre, y le dicen, «Papá, pero no amamos al hombre que el casamentero ha elegido. Yo amo al sastre», o «Amo al carnicero», o lo que fuese, y estas muchachas empiezan a tocar las fibras sensibles de su padre una a una, y dicen, «Papá, por favor. Déjame casarme con el hombre que amo». Y, pobre Tevye. Está destrozado por esto ya que, por un lado, quiere hacer felices a sus hijas, pero, por otro lado –él dice, «Por un lado, y por otro lado»– quiere mantener su lealtad a las tradiciones. 

Entonces, cuando debate con sus hijas y dice: «No, no puedes casarte con el sastre ni con cualquiera», la hija le dice: «¿Bueno y por qué no?» Y él responde, «Porque es la tradición». Y eso puede ser suficiente. Pensó que esa explicación había sido suficiente. No puedes hacerlo; es la tradición. Pero luego hicieron la siguiente pregunta: «Pero papá, ¿por qué es esa la tradición?»Tevye se rasca la cabeza, y dice: «¿Por qué es la tradición? ¡Esta es la tradición! Eso es todo. Es lo que hizo mi padre, es lo que mi abuelo hizo y es también lo que hizo su padre antes que él. Esta es la tradición», pero no pudo dar una razón de por qué se estableció la tradición en primer lugar.  Ahí vino la crisis. Tenían una tradición que estaba colgando del aire. Era precaria. ¿Cuál era el título de la película? El Violinista en el Tejado ¿Qué tenía que ver un violinista en el tejado con la historia de este anciano y sus hijas que querían casarse? 

Recuerda cuando en la escena inicial de la película, a medida que avanza la música, y vemos a este pequeño hombre bailando y tocando su violín en un tejado inclinado.  Ese es el símbolo de toda la película. El mensaje está contenido en eso porque aquí tenemos a un hombre bailando y tocando en un tejado bien inclinado en una posición bastante precaria. En cualquier momento esperamos ver a ese violinista resbalarse y caer por el tejado y estrellarse contra el suelo. El punto de esa imagen es este: que una tradición que no se entiende, una tradición que carece de raíces es tan precaria como un hombre tratando de bailar y tocar en un tejado como ese. Tarde o temprano caerá y será destruido.  

Ahora, el cristiano tiene que hacerse esta pregunta: ¿Por qué tenemos un orden tradicional para el matrimonio? ¿Por qué nos casamos? Una de las cosas que me gusta de la ceremonia de bodas tradicional es que en la ceremonia de bodas se mencionan palabras que nos explican por qué hay tal cosa como el matrimonio.  En esa ceremonia de bodas se nos dice que el matrimonio es ordenado e instituido por Dios, es decir, que el matrimonio no es algo que simplemente surge arbitrariamente de convenciones sociales o tabúes humanos.  El matrimonio no lo inventaron los hombres. Es ordenado e instituido por Dios.  Tomémonos un momento y veamos los orígenes del matrimonio. Vayamos a los primeros capítulos del Antiguo Testamento – a los capítulos con los que inicia el libro de Génesis.  Y en el primer capítulo de Génesis, por supuesto, leemos el relato de la creación– la narrativa a través de la cual Dios crea el mundo y lo hace por etapas.  

Primero Él dijo: «Sea la luz», y luego Él separa la luz de las tinieblas. Y después al día siguiente Él puede separar la tierra seca de los mares y los océanos, y luego Él comienza a llenar la tierra con vegetación – con flores y árboles y cosas así – y luego Él adorna Su creación aún más, haciendo bestias del campo y aves del aire y peces que nadan en el mar. Pero luego, a medida que vemos que la historia de la creación llega a su cúspide con el acto más importante de la creación, en el que Dios desciende a esa tierra y agarra un pedazo de arcilla, y comienza a darle estructura, a formarla y a moldearla y luego respira en ella Su propio aliento, y leemos que el hombre se convierte en un ser viviente.  

Ahora también observamos que algo está pasando aquí- que en cada etapa de la obra creadora de Dios, Dios pronuncia una bendición.  Todos estamos familiarizados con la palabra «bendición».  La oímos cada domingo en la iglesia. Es el final del servicio, y a algunos de nosotros nos emociona ver al ministro levantar la mano y decir: «El Señor te bendiga y te guarde. Ahora pueden ir a casa a hacer lo que tengan que hacer», sobretodo si el sermón fue aburrido. Así que la bendición para nosotros significa el final del servicio, pero lo que está pasando en la bendición es, tal como vemos en la raíz de la palabra, que «bene» significa «bien o bueno», y «dición» – ustedes saben lo que es tener buena dicción o mala dicción. Tiene que ver con hablar; por lo que, una bendición es una buena palabra con la que alguien te desea el bien.  

Así vemos que la bendición de Dios se pronuncia sobre cada etapa de Su creación. Mientras Él crea los mares y las montañas, Él mira lo que ha hecho, y Él dice: «Eso es bueno».  Y mientras Él hace a los animales y los considera, Él mira esa parte de Su creación, y Él dice: «Eso es bueno».  Entonces vemos que esta bendición se repite a lo largo del capítulo uno y en el capítulo dos de Génesis.  Pero de repente pasa algo nefasto, algo aparece en la narración de la creación en medio del capítulo dos.  Hay un cambio de humor muy sutil. Por primera vez en la historia del universo, Dios nota algo que provoca de Su boca no una bendición, sino lo que llamamos una maldición. Una maldición significa hablar mal. Un insulto, por ejemplo, sería una maldición, como una sentencia de juicio. 

Ahora piensa un momento y pregúntate ¿qué fue lo que provocó que Dios pronunciara la primera maldición? ¿Qué fue lo primero que Dios vio en Su creación sobre lo cual Él dijo: «Eso no es bueno»? Lo encontramos en el versículo 18 del segundo capítulo de Génesis, donde Dios mira abajo hacia Su creación. Ve al hombre, ve los animales, y dice: «No es bueno que el hombre esté solo».  Su primera maldición está dirigida contra el problema de la soledad humana, y entonces preguntamos: «¿Por qué el matrimonio?» Dios da una respuesta a la soledad humana. Recuerdo al filósofo danés Soren Kirkegaard, quien escribió con frecuencia sobre el dolor de la experiencia humana, y Kirkegaard dice que hay un tiempo para la soledad. 

Hay un tiempo cuando cada persona necesita estar sola, por sí misma, para aclarar y recoger sus pensamientos, reflexionar y meditar.  Recordemos cómo Jesús mismo de vez en cuando vio necesario alejarse de las multitudes y de los grupos y simplemente se retiraba solo. Y así la soledad es algo que necesitamos, pero no la queremos en dosis más grandes. Al mismo tiempo, así como necesitamos de esos momentos en los que tenemos nuestro espacio y podemos estar solos para pensar, aún así, el peor castigo que podemos concebir es tener a las personas que están encarceladas, muy aparte de la tortura física y demás, es tenerlas en confinamiento solitario, apartándolas de todo contacto humano y del calor de la compañía de otra persona. 

Creo que también es cierto, como vemos en la creación, que Dios crea al hombre y a la mujer como criaturas sexuales. «Varón y hembra los creó», de modo que había cierta atracción entre el varón y la hembra, un cierto complemento de la individualidad de cada uno, que se encontraba en una relación de intimidad entre dos personas: un hombre y una mujer. Entonces allí en el huerto, Dios, como un acto de creación especial, crea a la mujer. No es una idea de último momento. Ella no es inferior a su esposo en dignidad.  De hecho, hay algo especial en la creación de la mujer.  Cuando Dios ve que no es bueno que el hombre esté solo, Dios trae a todos los animales y desfilan ante Adán, y Adán está buscando quien lo ayude.  

Adán está buscando una pareja, y entonces ve pasar al canguro saltando, y dice, «Eso no es precisamente lo que tenía en mente», ¿cierto? Y entonces Dios trae a este hermoso y esplendoroso Pastor Alemán, y Dios – Adán lo miró, y él dice: «¡Wow!» Él dice, «¡Ese es un animal magnífico! Puedo ver cómo él podría traerme mis pantuflas por la mañana, y en una noche fría podría abrigar mis pies, y podemos decir que es noche para un perro.  Si se pone demasiado frío, puedo conseguir dos más y decir que es noche para tres perros.» Y dijo: «Pero todavía no es lo que estoy buscando». Entonces Dios le trae a este caballo dorado cabalgando por el camino y Adán dice, «Mira, ese sí es interesante.  Podría montarlo, me ahorraría mucho trabajo, puede tirar de mi arado y llevarme de un pueblo a otro. Él sería una ayuda tremenda en mi trabajo manual, pero Dios, mira – no quiero ser exigente, pero todavía no es lo que tenía en mente».  

Entonces Dios dijo, «Muy bien. No te gusta nada aquí. Te voy hacer dormir» y Dios lo pone a dormir, y mientras Adán está experimentando la primera anestesia, ¿cierto? Él tiene el pecho abierto, con una cirugía torácica y Dios toma de su costado una costilla, y Él la usa para crear una mujer. Luego Adán despierta y mira este acto especial de creación, y no sé cuáles son sus palabras exactas, pero creo que fueron algo así: Él la vio, y dijo, «Ay-ay-ay». Dijo «¡Muuu! ¡Mujer!» y es de ahí de donde viene el nombre.  «Mamacita–» Eso es apócrifo. Estoy inventándome eso, amigos, pero creo que estaba anonadado cuando vio a esa primera mujer.  Y dijo, «¡Eso es! Eso sí es hueso de mis huesos, carne de mi carne». Y Dios dijo: «Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer». Dios ordenó el matrimonio, no como un castigo, ni como una prisión oscura, sino para la realización del hombre, para la intimidad — la mejor expresión de lo que significa ser un ser humano en este mundo. 

Me doy cuenta de que cuando los jóvenes vienen a mí, y quieren escribir sus propias ceremonias – y aprecio el espíritu detrás de ellos cuando les pregunto, «¿Por qué quieres escribir tu propia ceremonia?» Me dicen, «Porque quiero que mi matrimonio tenga significado.  No quiero que sea una mera tradición.  No quiero decir solo palabras sin sentido y firmar un papel y que eso sea todo», y entonces les digo, «Bien». Y digo, «Muy buena intención. Adelante; trata de hacerlo. Sé creativo. Escribe la ceremonia de boda, pero la única salvedad que doy es que debe ser una ceremonia auténtica. Todos los elementos reales del matrimonio deben estar ahí, o no podré realizarla».  

He visto ceremonias de bodas maravillosas escritas por los jóvenes.  Ellos vienen con todo tipo de cosas creativas, pero saben qué, hay una cosa que nunca he visto en una ceremonia hecha por ellos mismos. Los he visto decir– todos reconocen que el matrimonio es instituido y ordenado por Dios, pero todavía no he tenido una pareja que exprese que el matrimonio está regulado por los mandamientos de Dios, lo cual, por supuesto, es una parte integral de la ceremonia tradicional, donde reconocemos que Dios no solo crea el matrimonio y nos da el matrimonio como un regalo, sino, que cuando Él nos lo da para nuestro bienestar, Él no abandona por ende Su autoridad soberana sobre el matrimonio.  Dios regula el matrimonio y Él lo instituye con cierto formato. Lo primero que debemos entender sobre esta regulación es que Dios crea el matrimonio en forma de pacto. 

Ahora, queridos amigos, todo el concepto de un pacto está arraigado muy profundamente en el cristianismo bíblico.  De hecho, incluso dividimos la Biblia, ¿cierto?, entre el antiguo pacto y el nuevo pacto. Nuestra redención se basa en el concepto de un pacto; pero ¿qué es un pacto? Un pacto es simplemente un acuerdo, un contrato entre dos o más personas, y en el corazón del pacto hay una promesa.  Ahora, en términos bíblicos, cada pacto tiene estipulaciones. Tiene regulaciones –reglas, si quieren– que debían guardarse para que el pacto se mantuviera intacto. Y hay algo más que quiero resaltar en términos de los pactos bíblicos. En la Biblia no había tal cosa como un pacto privado. Un pacto era algo que se llevaba a cabo en presencia de testigos.  ¿Cuántas veces has oído a los jóvenes decir: «¿Por qué debo tener una ceremonia de boda? Como si decir unas palabras y firmar un pedazo de papel, hiciera alguna diferencia ¿Por qué no puedo tener un acuerdo con mi novia?». 

Amigos, una cosa es que un hombre le susurre a una mujer en el asiento de atrás de un automóvil donde nadie lo oye, donde nadie le va a pedir cuentas por lo que ha prometido, y otra es ponerse de pie en una iglesia o en el registro civil, frente a los padres, frente a los amigos, frente a las autoridades civiles, y frente a las autoridades eclesiásticas, frente a toda estructura de autoridad en su vida, uno se para allí y públicamente, ante Dios y ante todos esos testigos, hace una promesa. Uno pronuncia los votos, votos sagrados, votos santos y se compromete; puede que si uno no lo toma en serio, es posible que los padres sí lo hagan, o los amigos. 

Una vez estuve involucrado en la consejería de un divorcio que incluía un triángulo amoroso, y le supliqué a la mujer que estaba involucrada que rompiera esa relación y regresara con su marido, y ella me dijo: «Ey, ¿a quién lastimo? Yo quiero ser feliz. Esto es únicamente entre mi marido y yo, y mi amante. La iglesia no necesita involucrarse con esto», y le mostré mi libro de citas, ella no podía creer que yo hubiese hablado y hecho citas con veintiocho personas que se vieron directamente afectadas por esta relación amorosa. Tuve que reunirme con ambos padres – de ambos -, los niños, el vecino de al lado, los amigos, los tíos y tías, los empleadores que estaban molestos por la consecuencia devastadora que estaba produciendo un matrimonio roto. 

En este caso, los amigos de la mujer se preocupaban lo suficiente, su iglesia se preocupaba como para involucrarse.  Pero ella quería que sea un asunto privado; pero los pactos no son privados y tenemos que entender eso -hay una gran diferencia entre susurrar algo en privado y firmar un pedazo de papel y hacerlo formalmente en una ceremonia, en un momento significativo y en una ocasión significativa donde marcamos ese momento y hacemos ese voto sagrado. Entonces, como ven, tenemos un pacto.  Yo diría que el matrimonio es la institución humana más preciosa que tenemos, y la más peligrosa. Es peligrosa porque es en nuestro matrimonio donde ponemos las expectativas más grandes y profundas de nuestro corazón. Ahí es donde nuestras emociones están en juego. Ahí es donde somos más vulnerables, como veremos en las sesiones que continuarán a esta. Ahí es donde podemos lograr la mayor felicidad, pero también es donde podemos lograr las mayores decepciones, la mayor frustración y el dolor más grande.  

Por eso, si es que voy a entrar en una relación en la que hay tanto en juego, necesito algo más que una expresión superficial como: «Oye, sí. Estoy comprometido contigo. Sí, te amaré. Quédate conmigo, cariño». Porque incluso con las ceremonias formales, incluso con las estructuras de autoridad involucradas, vemos que aproximadamente el cincuenta por ciento de los matrimonios se disuelven y las estadísticas son mucho más altas si hiciéramos esta pregunta: «Si tuvieras que hacerlo de nuevo, ¿te casarías con la misma persona?» Es trágico escuchar a tantas personas responder a esa pregunta sin siquiera dudar y decir, «No. Es decir, sé que ya estoy acá y estoy atrapado. Me voy a quedar. No voy a pedir el. . . pero mira, si tuviera que hacerlo de nuevo.  Si tan solo pudiera ser libre».  Pero algo se ha perdido sobre el carácter sagrado y santo del voto y del pacto que está regulado por los mandamientos de Dios para nuestra felicidad, pero que también son para Su gloria. 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

“Soy feliz. No necesito a Jesús”

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“Soy feliz. No necesito a Jesús”

R.C Sproul

Eso es lo que escucho de mucha gente. Me dicen: “Simplemente no siento la necesidad de Cristo”. ¡Como si el cristianismo fuera algo empaquetado y vendido en una tienda comercial! Eso es muchas veces lo que comunicamos, “Aquí hay algo que te va a hacer sentir bien, y todo mundo necesita un poquito de esto en su clóset o refrigerador”, como si fuera una comodidad que va a agregar un poquito de alegría a nuestras vidas.

Si la única razón por la que un ser humano necesita a Jesús es para ser feliz, y la persona ya es feliz sin Jesús, entonces definitivamente no necesita a Jesús.

Sin embargo, el Nuevo Testamento indica que hay otra razón por la que tú o cualquier otra persona necesita a Jesús. Hay un Dios que es completamente santo, completamente justo, y que declara que juzgará el mundo, y hará responsable a cada ser humano por su vida.

Siendo un Dios perfectamente santo y justo, requiere de cada uno de nosotros una vida de perfecta obediencia y perfecta justicia.

Si existe un Dios así, y si has vivido una vida de perfecta justicia y obediencia —en otras palabras, si eres perfecto— entonces definitivamente no necesitas a Jesús. No necesitas un salvador porque los únicos que tienen un problema son las personas que no son justas.

El problema sencillamente es este: si Dios es justo y requiere perfección de mí, y yo no soy perfecto, entonces Él me tratará con justicia, y por lo tanto me espera en el futuro un castigo a manos de un Dios santo.

Si la única manera de escapar el castigo es a través de un salvador, y si quiero escaparme de dicho castigo, entonces necesito un salvador. Algunos dicen que estamos tratando de predicar a Jesús como un boleto que nos saque del infierno, como una manera de escapar el castigo eterno. Esa no es la única razón por la cual recomendaría a Jesús a una persona, pero es una de las razones.

Creo que mucha gente en la cultura de hoy en realidad no cree que Dios los hará responsable por sus vidas; que Dios en realidad no requiere piedad. Cuando creemos eso, no sentimos el peso de la amenaza del juicio. Si no tienes temor de lidiar con el castigo de Dios, entonces puedes vivir tan feliz como quieras. Yo estaría viviendo en terrible terror y temblor al pensar en caer en las manos de un Dios santo.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El bautismo y la tentación de Jesús

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Renovando tu Mente

El bautismo y la tentación de Jesús

R. C. Sproul

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Hemos mencionado que los Evangelios nos dan poca información acerca de los primeros años de la vida de Jesús.  Oímos de su infancia. Lo vimos en el templo cuando tiene solo 12 años y luego la próxima vez que vemos a Jesús es cuando viene al río Jordán para ser bautizado por Juan y Él ya tiene 30 años.

Ahora, la Biblia nos dice que Él creció como hijo de José y María, y que presuntamente se crió en un ambiente de carpintero. Y eso nos puede puede llegar a confundir un poco. Es fascinante que cuando nos fijamos en las enseñanzas de Jesús, en las parábolas que enseña, por ejemplo, que Él continuamente ilustra su material tomando de los patrones normales de la vida de su época con muchas, muchas referencias a la agricultura.

Pero la referencia número uno en las enseñanzas de Jesús de imágenes extraídas de la sociedad de su tiempo viene del campo de la albañilería.

Y eso podría sorprendernos un poco, porque no nos imaginamos a Jesús como parte del negocio de la construcción, sino más bien que había sido un carpintero. Pero ahí está el asunto. El carpintero en esos días no era simplemente un ebanista o uno que trabajaba con madera, sino que era principalmente un constructor,  y era una tarea bastante ardua donde los árboles eran talados por el carpintero y los dejaban listos para los bloques de madera; y  se usaban grandes piedras para la construcción y tareas similares.

Y en esos días, no se contaba con un equipo sofisticado que ahorra esfuerzo, tales como los que tenemos hoy. Así que, la suposición de los historiadores es que Jesús, debido a este tipo de ambiente durante su juventud, habría sido bastante fuerte y un ser humano bastante firme.

Él, probablemente, habría sido muy musculoso como resultado de la profesión en la cual Él mismo había sido entrenado. Bueno, en todo caso, hemos visto parte de la importancia del bautismo de Jesús en el sentido de que vino, se presentó a sí mismo a Juan en el río Jordán y Juan protestó en contra de bautizar a Jesús, sino que, quería que Jesús lo bautizara a él.

Y, recordamos que Jesús dijo: “Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia”. Y ahí está la importancia del bautismo al Jesús estar dispuesto a someterse voluntariamente a cada dimensión de la ley de Dios.

Pero hay otro elemento importante que tenemos que entender con relación a su bautismo. Porque se nos dice que en el momento de su bautismo el Espíritu Santo desciende del cielo en forma de paloma sobre Cristo.

Esta es su ordenación; esta es la comisión Divina de su vocación mesiánica. Esto sucede cuando el Espíritu del Señor viene sobre Él para que venga a ser el ungido de Dios o el «Christos» de Dios, porque el título “Cristo” significa “el ungido”.  Así que Jesús es ahora ungido para el ministerio y Él es ordenado por Dios y apartado para empezar la vocación para la cual Él había sido enviado al mundo en primer lugar.

Ahora el otro elemento en el registro del bautismo que es importante es que se nos ha dicho que Dios habló de manera audible desde el cielo en esta ocasión.  Existen tres oportunidades en el Nuevo Testamento donde tenemos el registro de Dios hablando audiblemente. Y en cada una de esas ocasiones, el mensaje es esencialmente el mismo, como veremos. Es un anuncio desde el cielo declarando que Jesús es su hijo. Así que, leemos en el relato que cuando la paloma desciende sobre Jesús y la voz viene del cielo, la voz anuncia esto: «Tú eres mi hijo amado, en ti me he complacido”.

Y luego las Escrituras nos dicen que inmediatamente después de su bautismo, el mismo Espíritu que lo ha ungido, el mismo Espíritu que ha descendido sobre Él, ahora lo impulsa al desierto para ser tentado por Satanás durante 40 días. Y lo que sigue en el registro del Evangelio es la historia de la tentación de Cristo.

Ahora, ustedes recordarán que al inicio de esta serie, “Del polvo a la gloria», consideramos el período de prueba de Adán y Eva cuando estaban en el jardín y cómo ellos fueron atacados por la serpiente. Y la serpiente se impuso sobre ellos y logró que pecaran.

Y uno de los temas más importantes del Nuevo Testamento con respecto a Jesús es que Él, en su oficio mesiánico, tiene que cumplir muchas responsabilidades, una de las cuales es satisfacer el papel del segundo Adán o el nuevo Adán, el representante de una nueva humanidad, y lograr la victoria donde el primer Adán fue derrotado.

Y así, en favor de su pueblo, es como si Jesús fuera llevado de nuevo al lugar de la tentación y es sometido a esta rigurosa prueba.  Es como una prueba de fuego a través de la cual debe pasar con el fin de estar calificado para hacer público su ministerio.  Así que su primera misión no es una misión pública, sino una misión privada llevada a cabo en la arena desolada del desierto de Judea.

Y si alguno de ustedes alguna vez ha tenido la oportunidad de visitar la Tierra Santa, dudo que jamás puedan olvidar la impresión visual del desierto de Judea, donde la única flora y fauna oriunda incluye conejos salvajes, serpientes, escorpiones, y un puñado de aves.  Eso es todo. Es uno de los pedazos de tierra más intimidantes y desolados en este planeta.

Y fue en ese ambiente que el Espíritu de Dios llevó a Jesús para estar solo. Ahora, he hablado muchas veces sobre las comparaciones y contrastes que existen entre la tentación de Adán y la tentación de Jesús.

Recuerden el entorno en el que Adán y Eva fueron tentados. El lugar o el escenario del ataque de la serpiente contra ellos fue en un jardín magnífico, frondoso y paradisiaco.

Ellos fueron atacados y embestidos por Satanás en medio de una experiencia donde les fue dado el privilegio de comer libremente de todo fruto de los árboles del jardín. Sin embargo, el escenario de la tentación de Cristo es en este desierto desolado y en medio de un ayuno de 40 días donde no le estaba permitido comer nada.

Cuando Adán fue tentado, contó con el valioso apoyo de una compañera, una ayuda idónea que había sido diseñada especialmente para él para animarle, para apoyarlo. Jesús soporta el ataque de Satanás solo. Piensen en sus propias vidas y piensen cuán fuerte es tu resistencia al pecado cuando están solos o cuando tienen personas que los pueden apoyar.

Así que, vemos estos contrastes contundentes entre el primer Adán y el segundo Adán. La situación es completamente distinta. Sin embargo, lo que se destaca para mí, que no quiero que olvidemos, es el punto de comparación, el punto de similitud entre la tentación de Adán y la tentación de Jesús.

Cuando Adán… cuando Adán y Eva estaban en su prueba, recordamos que la serpiente se acercó a Eva con una pregunta y esta era: «¿Conque Dios os ha dicho: ‘No comeréis de ningún árbol del huerto’?»

Bueno, por supuesto que Dios no había dicho eso, e inicialmente como dijimos antes, Eva al principio reprendió esta distorsión de la serpiente, dijo: ‘No, Dios no dijo eso. Él dijo de todos los árboles del jardín podemos comer con libertad’, etc.

Pero el asunto que quiero que recuerden es que el punto del ataque de Satanás en contra de nuestros padres originales era el tema de generar dudas sobre la autenticidad, la veracidad y la fiabilidad de la Palabra de Dios.

Ese fue el punto de ataque. Y cuando nos movemos a través de los siglos y vemos la revisitación de la serpiente al nuevo Adán, notamos que la estrategia de ataque es, en esencia, exactamente la misma.

¿Cómo Satanás lleva a cabo la tentación? Viene a Jesús con una pregunta, un tanto encubierta. Leemos estas palabras en el cuarto capítulo de Lucas: “Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”.

Ahora, estamos bastante acostumbrados a pensar que la fuerza de esta tentación simplemente lidia con el hambre físico y natural de Jesús y que Satanás está tratando que rompa el ayuno, que “desayune”, que es justo lo que la palabra “des-ayuno” significa; es decir, que tome ventaja de su poder, que tome ventaja de sus prerrogativas como Hijo de Dios para convertir las piedras en pan y así pueda satisfacer las punzadas del hambre.

Pero hay algo mucho más significativo que pasa aquí.  Observen cómo la tentación se formula: «Si eres el Hijo de Dios”.

Bueno, así es como se ha traducido esa palabra “si”; y, creo que los traductores, creo, han captado correctamente, la fuerza de la declaración al traducirla «si». Debido a que Satanás está, obviamente, planteando la pregunta aquí,

«¿Eres realmente el Hijo de Dios? Y si de verdad eres el Hijo de Dios, entonces convierte estas piedras en pan. No tienes problemas». ¿Cuáles fueron las últimas palabras que conocemos que Jesús oyó en sus oídos humanos antes de ir a este lugar de desolación? ¿Recuerdan?

“Este es mi Hijo amado”. Dios le había hablado. Y por Su Palabra, Él había declarado que Jesús es su hijo. Y ahora el primer asalto contra su integridad y en contra de su misión es un asalto a la confianza, la fe y la seguridad de Jesús en la Palabra de Dios. «¿Estás seguro?» Es decir, la sugerencia es que si eres el Verbo – si eres el Hijo de Dios, ¿qué haces en un lugar cómo este? ¿Por qué estás hambriento? ¿Por qué estás solo? ¿Por qué estás en medio de esa privación? ¿Es esa la manera en que Dios trata a su hijo?

Seguramente tú no eres el Hijo de Dios. Es interesante para mí que Jesús entiende la importancia de la pregunta, lo cual podemos derivar de su respuesta.

Jesús le respondió diciendo: «Está escrito: ‘No solo de pan vivirá el hombre’», Supongamos ahora que Él solo se detuviera y dijera: «No, no puedo convertir estas piedras en pan porque estoy en medio de un ayuno. Y aunque es perfectamente legítimo en ocasiones normales desayunar, cuando estás en medio de este tipo de prueba eso no está permitido. Así que eso está bien conmigo. Puedo sobrevivir en estos días sin ningún tipo de alimento físico.

Si eso es lo que Dios quiere que haga. Después de todo, Satanás, el hombre no solo vive de pan». Pero luego Él termina con esta declaración: «Sino que de toda palabra que procede de la boca de Dios». Es como si Jesús está diciendo: «Soy el nuevo Adán. El primer Adán no duró mucho tiempo viviendo por la Palabra de Dios. Pero mi tarea, mi vocación es la de cumplir el destino y el propósito original de la raza humana de vivir sobre la base de cada palabra que sale de la boca de Dios.

¿Y qué es eso en comparación con el pan?» Entonces Jesús enfoca la pregunta en Su respuesta a Satanás, poniéndola en obediencia a la Palabra de Dios.

Ahora necesitamos entender eso porque espero que no estemos estudiando esta visión general de las Sagradas Escrituras, “Del polvo a la gloria», solo por un tipo de interés casual en un documento histórico.

Estoy convencido de que lo que estamos mirando aquí es nada menos que la Palabra escrita de Dios, y estamos obligados no solo a conocerla, sino a vivir por ella, de toda palabra que viene a nosotros de parte de Dios.

Entonces el diablo le llevó a un alto monte, y le mostró todos los reinos del mundo en un momento del tiempo. Y el diablo le dijo: “Todo este dominio y su gloria Te daré, pues a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si Te postras delante de mí (me adoras), todo será Tuyo”.

Respondiendo Jesús, le dijo: “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y solo a El servirás’”. Es como si Satanás estuviera diciendo: «Mira, si eres el Hijo de Dios, ¿por qué deberías tener que sufrir para ser rey? ¿Por qué deberías pasar por la humillación a fin de experimentar la exaltación? Te la puedo dar sin dolor, sin sufrimiento, sin humillación y sin que te conviertas en el Siervo Sufriente de Dios. Estoy a cargo de todos los reinos de este mundo. Puedo arreglar tu coronación de inmediato y todo lo que se requiere. No tienes que correr por ahí dándome obediencia servil todo el tiempo.

Solo una pequeña genuflexión aquí. Solo inclinarte por un segundo y te lo daré todo. Y así que no hay cruz, no hay Vía Dolorosa. No tienes que poner tu cara como un pedernal en dirección a Jerusalén”. Recuerden que en la confesión en Cesárea de Filipo, después de que Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?»

Y Pedro dio su confesión, «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús dijo: «Tú eres Pedro. Eres la roca y sobre esta piedra edificaré mi iglesia.»  Y unos minutos más tarde, Jesús le dice que él tiene que ir a Jerusalén y sufrir, morir.

Pedro dice: «De ninguna manera”. Jesús se dio la vuelta y dijo: «Apártate de mí, Satanás». Porque aquí viene de nuevo la oferta del reino sin sufrimiento. Pero lo que es significativo en la respuesta de Jesús es que Él dijo: «Está escrito”.

En las primeras dos tentaciones, en ambos casos, Él resiste las sugerencias de Satanás citando solamente la Palabra de Dios. Debido a que la frase, «Está escrito en las Escrituras» es simplemente un término técnico. Es un modismo que cada judío entendía que significaba lo mismo que las palabras “la Biblia dice”. No es solo es que está escrito en algún pergamino en alguna antología literaria.

Decir que está escrito significa que está escrito en la Santa Escritura. Y así Jesús está diciendo a Satanás: «No puedo hacer eso porque te acabo de decir que tengo que vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Y la Palabra de Dios dice que no estamos para servir a nadie ni a nadie adorar más que a Dios. Tú no eres Dios, por eso no puedo hacer esto”.  Ahora es Satanás quien está frustrado. Y vamos a la tercera tentación: Él es llevado a Jerusalén, y lo puso sobre el pináculo del templo y le dijo:  “Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: ‘A sus ángeles te encomendará, y en las manos te llevarán’, no sea que tu pie tropiece en piedra’”.

Satanás es más sutil que cualquiera de los animales del campo. A Jesús le gusta citar la Sagrada Escritura. A Jesús le gusta armar su defensa apelando a la Biblia. Satanás conoce la Biblia.

Está cansado de oír a Jesús decir: «Está escrito. Está escrito». Satanás dice: «Oye, sé lo que la Biblia dice, “está escrito”. La Biblia dice que Él traerá a sus ángeles y los mandará sobre ti para que no tropieces con tu pie en piedra. Así que vamos a ver si la Palabra de Dios es verdad.

Vamos a ver si lo que allí “está escrito” realmente va a pasar. Deja que te arroje desde el pináculo del templo y vamos a esperar que los ángeles te atrapen. Veamos si la Biblia es verdad.»

Ahora Jesús dice: «Pero Satanás, no solo tenemos que creer en la naturaleza de la autoridad bíblica, sino que también tenemos que entender la hermenéutica correcta, las normas de interpretación de la Biblia. Y la regla básica general de la interpretación Bíblica es que la Escritura interpreta a la Escritura y nunca se debe usar una porción de la Escritura en contra de otra porción de la Escritura.

Y lo que me has dado es solo una parte de lo que dice la Biblia. Sí, la Biblia dice que a los ángeles encomendará, que se harán cargo de mí y todo lo que la Biblia dice, pero también dice, ‘No tentarás al Señor tu Dios. No puedes poner al Señor a prueba’.

Y si salto de este templo, estoy poniendo a prueba a Dios y no se me permite hacer eso. En realidad, Satanás, lo que se supone que tengo que hacer es confiar sin saltar que Dios, de hecho, cumplirá su palabra». Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de Él por un tiempo.

Jesús es victorioso y una de las cosas que me parece tan maravillosa de esta historia es que después de que Jesús resiste todas las tentaciones de Satanás y Satanás se marcha, la primera cosa que sucede es que los ángeles de Dios aparecen y le ministran. Por lo cual Dios muestra la prueba de su propia Palabra.

Los ángeles estuvieron allí todo el tiempo. Jesús no tenía que saltar del templo y la Palabra de Dios se cumplió cuando llegaron los ángeles y le ministraban.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Los primeros años de la vida de Jesús

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Renovando tu Mente

Los primeros años de la vida de Jesús

R. C. Sproul

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En una universidad donde solía enseñar, a los estudiantes se les tomaba un examen de admisión acerca de su conocimiento de la Biblia.  Y las preguntas eran básicamente simples, pero estaban diseñadas para ver cuánto entendimiento de las Escrituras tenían los estudiantes al entrar a su experiencia universitaria.  Y nunca olvidaré a un estudiante, cuando enseñaba allí, a quien se le pidió que nombrara los cuatro evangelios, escribió en su hoja Mateo, Marcos, Lutero y Juan.

Es interesante preguntar, en primer lugar, ¿por qué hay cuatro evangelios?  Parecería que todo lo que haría falta sería que nos dieran un recuento de la vida de Cristo en el Nuevo Testamento, una descripción biográfica de su persona y de su obra, y, sin embargo, le agradó a Dios darnos cuatro recuentos de la vida y el ministerio de Cristo.

Y de esos cuatro, tres son llamados sinópticos o evangelios sinópticos y los tres evangelios sinópticos son Mateo, Marcos y Lucas. Juan no es considerado un evangelio sinóptico, y muchas personas, con frecuencia, se preguntan por qué.  Bueno, la razón es que los evangelios sinópticos son llamados así por que nos dan, básicamente, una sinopsis o un resumen de la vida de Jesús, mientras que el evangelio de Juan está mucho más orientado a la teológía, y casi todo su evangelio se dedica a la última semana de la vida de Jesús, porque enfatiza mucho su pasión, su sufrimiento y su muerte temas así.

Pero aún este término, “sinóptico”, es un poco engañoso, ya que los evangelios no son biografías completas. Y una de las cosas que notamos, aún en los sinópticos, los evangelios sinópticos, es que tenemos poca información sobre la infancia de Jesús.

Lucas nos da una buena cantidad de información sobre su nacimiento y los primeros años de su infancia,  pero aparte de estos relatos breves de la infancia que tenemos, la única referencia que existe de la infancia de Jesús está en su visita al templo cuando sube para prepararse para su Bar Mitzvah.

Pero el resto de los años de la niñez de Jesús y aún el inicio de su adultez     son desconocidos para la Iglesia. Y esta es una de las razones por las que, en el siglo II, parte de la literatura gnóstica que surgió trató de llenar los espacios en blanco y trató de recuperar, por así decirlo, para los lectores, los años desconocidos de Jesús. Y tenemos algunos libros muy extraños que fueron escritos, como el evangelio de Tomás y otros que nos han dado una visión bastante rara de Jesús.

Por ejemplo, en uno de esos evangelios apócrifos sobre la vida de Jesús, se cuenta la historia de Jesús como un niño pequeño, y que él está solo, y no tiene con quien jugar, por lo que llega hasta el lodo y moldea algunas aves de barro y les hace algo como un “click” a las figuras y cobran vida.

Y Jesús está realizando todas estas hazañas frívolas de poder sobrenatural y cosas así, y esa es una de las razones por las que estas historias no son creíbles en absoluto. Pero los evangelios sinópticos nos dan un poco de información sobre la infancia de Jesús, y eso es lo que quiero que veamos en este segmento hoy.  Ahora bien, una de las características más importantes del evangelio de Lucas es que Lucas sí contiene algunas observaciones interesantes sobre la infancia de Jesús.

Él nos dice al inicio de su evangelio que emprendió un programa de investigación al buscar testigos, y la tradición dice que él entrevistó a María y que aprendió mucho de los primeros años de Jesús por la madre de Jesús. Por eso María figura de forma tan prominente en los relatos del nacimiento en el evangelio según Lucas.

Pero el otro aspecto de estas narrativas de la infancia que encuentro particularmente fascinante, es la inclusión de canciones.  Tenemos el cántico de Zacarías, que es llamado “el Benedictus”; tenemos el cántico de María, que es llamado “el Magnificat”; tenemos el canto, el cántico, por ejemplo, de Simeón que ha sido llamada el “Nunc Dimittis”, y los títulos de estas canciones se derivan de las primeras palabras de las canciones como aparecen en la antigua versión Vulgata de la Biblia, la versión en latín de la Biblia.

Por ejemplo, “el Magnificat” empieza: «Mi alma magnifica al Señor», y eso se remonta al latín y de ahí es de donde se obtiene ese término. Pero hay algo significativo en todo esto. Si recordamos la historia del Antiguo Testamento, hay esos momentos, particularmente en los primeros días de la historia de Israel, donde nos encontramos también con algunas canciones magníficas.

Está el cántico de Moisés que celebra el Éxodo y el salmo de Miriam. Está el cántico de Débora en el libro de los Jueces. Y la razón por la que estos cánticos son importantes es porque en el período del Antiguo Testamento, cuando Dios visitó a su pueblo para llevarlo a un momento muy importante de liberación o redención, era costumbre para el pueblo registrar esta visita de la misericordia de Dios componiendo un cántico que la celebrara.

Y no vemos ningún lugar en la Escritura donde haya una mayor concentración de tales cánticos de victoria o cánticos de liberación como los que están registrados en el evangelio de Lucas con respecto a la visitación suprema de Dios, por la cual visita a su pueblo en la persona de su propio hijo.

Para mí es interesante también que, en el libro de Apocalipsis, y lo vemos en términos del futuro del pueblo de Dios, se da la promesa de que en ese día Dios dará a su pueblo un nuevo cántico.

Y una vez más, la importancia de esto es que ese cántico celebrará la victoria final de Dios y su acto definitivo de liberación. Bueno, tomemos un momento para ver un poco de esto, tal como está registrado en el Nuevo Testamento.

En primer lugar, brevemente, el cántico de María, “el Magnificat”. Solía enseñar un estudio bíblico sobre el libro de Lucas para mujeres, porque el evangelio de Lucas es llamado el «diario del hogar de las damas» de la Biblia, por la sencilla razón de que tenemos un registro en el evangelio de Lucas de más encuentros entre Jesús y mujeres de lo que encontramos en el resto de los evangelios juntos.

Y solía decir a las mujeres que estaban presentes en ese estudio de Lucas que les recomendaba encarecidamente y les instaba a memorizar “el Magnificat” porque es un cántico de alabanza tan fantástico que básicamente deberíamos poder recitarlo sin titubear.

Pero vamos a verlo brevemente, el cántico de María: «Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; pues he aquí, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada».

Si encontrase un paralelo en el Nuevo Testamento con el tema encontrado con frecuencia en los cuentos de hadas de la civilización occidental, lo encontraríamos aquí mismo. Ahora, no me malinterpreten. No pretendo sugerir que la narrativa aquí es un cuento de hadas, pero uno de los grandes temas de cuentos como Cenicienta es la historia de una joven que siendo campesina, es desechada, que es rechazada por sus pares y la hacen a un lado, sin otorgarle ninguna posición de ningún tipo, y ella anhela el día en que ella será reconocida o rescatada.

Y la historia se desarrolla cuando, he aquí, ella es la seleccionada por el príncipe. O la historia en la canción «Algún día mi príncipe vendrá», donde hay un sueño nostálgico por un príncipe encantador que va a venir y rescatar a la doncella de su oscuridad.

De nuevo, esto no es un cuento de hadas, pero el tema que encontramos aquí es que María está diciendo, ‘Mi alma, mi espíritu se regocija. Me regocijo desde lo más profundo de mi ser, porque Dios me ha considerado, me ha notado en mi humilde condición’.

Ahora, una de las razones por las que creo que sería muy útil para nosotros memorizar un cántico como este, es porque no es solo cierto para María.  Eso es cierto para cada uno de nosotros que hemos recibido la misericordia de Dios, porque en comparación con Dios, el estado en que estamos todos, es uno de pequeñez y, sin embargo, Dios ha condescendido y se ha rebajado para visitarnos con su amor y con su misericordia.

«Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y santo es su nombre. Y de generación en generación es su misericordia para los que le temen.  Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes».

Me imagino a María visualizando a los gobernantes poderosos de este mundo que se alzan con orgullo y arrogancia en contra de la soberana majestad de Dios, y se posicionan contra el mismo Dios, como el salmista declara en el Salmo 2.

E imagino a Dios extendiendo su brazo derecho y simplemente dispersando a los poderosos, y Él mira a aquellos a quienes han sido exaltados y puestos en posiciones de poder, los reyes que se entronizan en las estructuras de poder del mundo, y los agarra del borde de sus vestiduras y los tira afuera de sus tronos.

Eso es lo que María está diciendo aquí, porque Dios está poniendo al mundo de cabeza, como suele   hacerlo. «Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; a los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.

Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre”. Una vez más, les recuerdo que cuando estudiamos el Antiguo Testamento y vimos las promesas que Dios hizo a Abraham, en ese momento, señalé este cántico y dije: ‘Aquí, cuando esta promesa se está cumpliendo, hay un cántico de celebración por ello’.

Bueno, es un cántico conmovedor que capta el espíritu de lo que está pasando. Pero uno de mis favoritos, de hecho, uno de mis personajes preferidos de todas las Escrituras es el personaje del venerable santo, Simeón. Y leemos de él en el evangelio de Lucas en el segundo capítulo, el verso 25, «Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel».

Ahora, el término ‘consuelo de Israel’ era un título mesiánico, uno de los muchos ricos títulos que se atribuyeron al Mesías que Dios había de enviar, y el Mesías mismo sería el que iba a consolar a su pueblo.  ¿Recuerdan el pronunciamiento profético de Isaías? “Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice el Señor».  Bien, cuando Simeón recibe la noticia del Espíritu Santo de que no morirá hasta que él contemple con sus propios ojos al Ungido del Señor o al Mesías del Señor, él está buscando a la persona que es en sí misma la consolación de Israel.

Así que se nos dice: “Y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.  Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor.

Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús, le trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, él tomó al Niño en sus brazos y bendijo a Dios y dijo: Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz». El “Nunc Dimittis”.  “Ahora permite que me vaya”. Jesús es llevado al templo de acuerdo con la ley del Antiguo Testamento.

Se nos dice que se cumplieron ocho días para la circuncisión del niño, y se le puso nombre, y después que los días de la purificación de María terminaron, ellos llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, según la ley requería, que el primer hijo fuera dedicado a Dios.

Y también sabemos que la ofrenda que traían era una ofrenda que estaba permitida en circunstancias especiales para los que estaban desamparados, para aquellos que estaban inmersos en una profunda pobreza.  Y es esa ofrenda que María y José traen, indicando su existencia azotada por la pobreza con relación a las riquezas de este mundo.

Bueno, en esta ocasión cuando vienen con este bebé para dedicarlo en el templo, Simeón está allí y sus ojos contemplan al bebé, y cuando ve al bebé, dice:  «Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz”. No necesito quedarme por acá para ver a este niño crecer y cumplir todas las tareas y la misión que tú has puesto sobre él, en su papel como Mesías; solo con verlo en su infancia es suficiente.  Estoy satisfecho. Llévame a casa. Permite que pueda partir en paz.

“Porque mis ojos han visto tu salvación la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz de revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo, Israel».

Y luego leemos que José y… José y su madre, es decir, la madre de Jesús, se maravillaron de estas cosas que se decían de Él.   Y Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «He aquí, este Niño ha sido puesto para caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción (y una espada traspasará aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».

Ahora una de las cosas que el Nuevo Testamento dice de María con respecto al nacimiento de Jesús y a todas las cosas que se están sucediendo, es que María guardó estas cosas y las meditó en su corazón.  Ahora supongamos por un momento, y estamos especulando aquí, que Lucas entrevistó a María y que Lucas obtuvo esta historia de María.

Y Lucas le dice: ‘¿Qué recuerdas de la infancia de Jesús?’ Y puedo oír a María diciendo a Lucas, ‘Bueno, una cosa que nunca olvidaré es cuando lo llevamos al templo, y este profeta estaba allí, y él cantó ese cántico y luego nos bendijo y predijo que mi bebé sería una señal para caída y levantamiento de muchos y que una espada atravesaría mi alma.

No pude conseguir sacar eso de mi mente, y luego, recuerdo el día en que estuve al pie de la cruz y vi a un soldado tomar una lanza y penetrar el cuerpo de mi hijo.

Lo sentí en mi alma’.  Es decir, estoy suponiendo, pero no puedo imaginar que ella no se haya acordado de esta profecía cuando estaba a los pies de la cruz.

Luego leemos de la historia al mismo tiempo de la profetisa Ana, quien también recibió a los padres de Jesús e hizo predicciones.  Y luego nos movemos rápidamente de la infancia de Jesús al relato de la visita de Jesús a Jerusalén en el tiempo de la fiesta de la Pascua.

Eso está registrado en Lucas, capítulo 2, versículo 42: «Y cuando cumplió doce años, subieron allá (a Jerusalén) conforme a la costumbre de la fiesta; y al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscarle entre los familiares y conocidos».

Ahora bien, esto puede sonar como negligencia infantil o algo así, pero era común en esos días que cuando las personas subían a Jerusalén, desde los pueblos y ciudades de los alrededores, con el fin de la fiesta anual, que ellos fueran en caravana y parte de la costumbre era que los hombres viajaran juntos y las mujeres viajaran juntas.

Y, obviamente, lo que sucedió aquí es que después de haber completado su tiempo en Jerusalén y estando de camino a su casa, María supone que Jesús estaba con José y José asumió, ya que no lo vio, que Él debería estar con su madre, y ambas suposiciones eran erróneas.  Y después de haber hecho un día entero de viaje, descubrieron que habían dejado a su hijo de 12 años en Jerusalén, por lo que se llenaron de pánico y preocupación, y leemos aquí que: “Al no hallarle, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que después de tres días… (¿se imaginan tener a su hijo desaparecido por tres días?) …después de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros escuchándolos y haciéndoles preguntas.  Y todos los que le oían, estaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas”.

Ellos estaban sorprendieron de este niño prodigio.  Bueno, cuando los padres de Jesús lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera?». Recuerden ahora que el Nuevo Testamento deja claro que Jesús vivió sin pecado y aquí su madre, quien obviamente había estado criando un hijo ideal por 12 años, ahora está fuera de sí y hay un poco de crítica velada o acusación aquí, cuando dice: «¿Por qué nos has tratado de esta manera? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia. Entonces El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no entendieron las palabras que El les había dicho”.

Este incidente de la vida de Jesús no fue escrito en la semblanza biográfica de Jesús sin razón alguna, pero hay una especie de presagio, que prepara al lector a comprender algo del impulso de la vida de este hombre.  Que desde el momento en que tenía 12 años, él tenía cierto entendimiento, cierto sentido de destino, cierta comprensión de que tenía una misión que cumplir, en obediencia a su Padre en el cielo.

¿No entienden que el templo es donde me corresponde estar? Debo estar en los asuntos de mi Padre. Y el resto de los evangelios sinópticos despliegan el cumplimiento de Jesús de esos asuntos.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Juan el Bautista

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Juan el Bautista

R. C. Sproul

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A veces me gusta atormentar a mis estudiantes del seminario haciéndoles una pregunta que tiende a producir cierta distracción.  Les pregunto, «En tu opinión, ¿quién dirías que es el mayor profeta del Antiguo Testamento?»  Y eso usualmente da inicio a un debate.

Algunos dicen Elías, por allí dicen Jeremías, otros dicen Isaías y todos mencionan a su favorito. Luego yo digo: «Bueno, creo que el profeta más importante en el Antiguo Testamento es Juan el Bautista».

Y entonces me miran con consternación y dicen, «Bueno, pero ¿cómo es eso? Juan el Bautista está en el Nuevo Testamento».

Y les digo, «Sí, Juan el Bautista es mencionado y registrado en las páginas del libro llamado Nuevo Testamento, pero en términos de la historia Redentora pertenece al período del Antiguo Testamento; es decir, a ese período en la historia redentora donde todos los procesos del antiguo pacto aún están vigentes”.

Jesús dice que la ley y los profetas gobernaron hasta Juan, y esa pequeña palabra «hasta», significa “hasta e incluyendo” a Juan. Y Jesús también dijo de Juan el Bautista, «Entre los nacidos de mujer, no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista”.

Pero,» Él dijo, «el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan.» Esa es una declaración bastante enigmática. ¿Está Jesús diciendo, por ejemplo, que yo soy mayor que Juan el Bautista?

Yo ciertamente califico para ser el más pequeño del Reino, así que, si soy el más pequeño en el reino, eso debe hacerme mayor que Juan el Bautista. Lo que Jesús está diciendo obviamente es que Juan aún pertenece a ese período de preparación para el avance del reino de Dios.

Pero cualquiera que vive de este lado del reino venidero de Cristo disfruta de un estado de mayor bendición y felicidad que cualquiera de los personajes en el Antiguo Testamento.  Ahora, tengo decir que de todos los personajes que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento, quizás la figura más subestimada es la figura de Juan el Bautista.

Y realmente no entiendo por qué es que los cristianos de hoy le dan tan poca importancia a este hombre, particularmente a la luz del grado de atención que se le da en las páginas del Nuevo Testamento. Es interesante para mí, que en los cuatro Evangelios, solo dos de los cuatro evangelios nos hablan acerca del nacimiento de Jesús.

Cada uno de los cuatro Evangelios empieza comunicando algo sobre Juan el Bautista.Tradicionalmente, los estudiosos han argumentado que el primer evangelio escrito fue el evangelio de Marcos. Y Marcos, curiosamente, no nos da información sobre el nacimiento de Jesús, sino que empieza su evangelio con estas palabras, «Principio del Evangeliode Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías”.

Así es… así es como inicia Marcos su evangelio; él dice: “Principio del evangelio de Jesucristo”, y luego lo siguiente que Juan dice es: “Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí Yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas’.”

Luego, justo en la siguiente línea leemos, «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados». Y luego, lo que sigue es una breve descripción y recuento del ministerio de Juan.

Para mí es significativo que Marcos inicie su evangelio presentando a Juan; y, en el evangelio de Lucas leemos de la anunciación del ángel Gabriel a Zacarías, el padre de Juan.

Ahora, ¿por qué es que el Nuevo Testamento dedica tantas palabras y le da tanta importancia a Juan el Bautista? También es interesante, para mí al menos, que si lees los historiadores seculares del primer siglo y escuchas lo que ellos dicen acerca de lo que está pasando dentro del contexto de Palestina, obtenemos más información fuera de las Escrituras acerca de Juan que de Jesús.

Solo hay dos o tres referencias, no muy claras sobre Jesús, de los historiadores seculares de aquel día; pero, Juan obtuvo fama nacional y renombre, y hay una razón para eso.

Se debe a que su presencia era de suma importancia para sus contemporáneos, porque la voz de la profecía había estado en silencio, en Israel, por cuatrocientos años.

Y, y si vemos la última página del Antiguo Testamento en los escritos del profeta Malaquías, la última página, el último capítulo, la última profecía del Antiguo Testamento registra estas palabras, Malaquías, capítulo cuatro, versículo cinco,

«He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

Ustedes recordarán que, en el primer segmento del Polvo a la Gloria, vimos la preocupación de los profetas sobre el tema del día del Señor.

Ese suceso futuro que sería un evento tanto del derramamiento del juicio de Dios y de traer la redención a los fieles. Y profeta tras profeta, en el Antiguo Testamento, habló acerca de este Día de la venida del Señor.Y la última profecía del Antiguo Testamento tiene que ver con el Día del Señor, pero tiene este detalle: que antes del Día del Señor, Elías vendría y entonces después de esa profecía, la voz de profecía cesa en Israel.

Y no hay señal de Dios por cuatrocientos años para el pueblo, hasta que, de repente, del desierto cerca de Jerusalén, viene un hombre vestido en un atuendo tradicional típico del profeta ascético que vivía en el desierto, cuyo comportamiento y vestimenta son reminiscentes del Elías del Antiguo Testamento.

Y viene proclamando la cercanía radical del reino de Dios. Su mensaje es simple: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Y las escrituras hacen referencia a las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías venidero, cuya aparición será proclamada por Elías y por aquel que sale y proclama que enderecen los caminos por la venida del Señor.

Y así, de repente, Juan el Bautista aparece en escena con este mensaje radical del reino de los cielos, o del reino de Dios que se ha acercado. Ahora, noten la diferencia entre la predicción de la venida del reino de Dios que se encuentra en el resto de los profetas del Antiguo Testamento y como se distingue de la profecía de Juan el Bautista.

En términos simples, los profetas del Antiguo Testamento estaban diciendo que el reino de Dios está viniendo algún día. Juan dice que está cerca y usa dos imágenes cruciales para hacer énfasis en la cercanía radical de la llegada del reino de Dios.

Él dice, por un lado, “el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles». Ahora de nuevo, en la representación que había sido usada por los profetas del Antiguo Testamento para describir el Día del Señor, como este ocurriría con el Israel infiel, era un tiempo de poda, un momento de cortar ramas muertas y tirarlas al fuego.

Ahora viene el profeta diciendo que “el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles”. No es que el leñador está solo cortando la corteza exterior del árbol, sino que ha tomado el hacha y ha atravesado hasta el centro del tronco y la idea es que con un golpe más del hacha, y el árbol caerá derrumbado. La otra imagen, «el bieldo está en su mano».

Ahora, a veces mal interpretamos esto; es decir, pensando como si alguien, en su jardín, está recogiendo con su bieldo las hojas de otoño mientras un viento frío corre por su rostro.

No, el bieldo del que se habla aquí es un rastrillo, que es un instrumento utilizado por los agricultores judíos para separar la cizaña del trigo.

Y la manera en que era hecho esto en el piso donde se rastrilla, donde el trigo y la cizaña están juntos en una pila, pero la cizaña al ser tan liviana, mucho más liviana que la substancia del grano que estuvo mezclado con ella, que todo lo que un granjero tenía que hacer para separar lo bueno de lo que no tenía valor, él no tenía que sentarse y poner sus manos en la pila y tratar de escoger el trigo y separar la cizaña; en realidad, todo lo que tenía que hacer era poner su gran rastrillo en la pila y tirar lo tomado al aire, y con el más mínimo viento, la más leve brisa de aire se llevaría toda la paja, como el hombre impío del que habla el salmista, a quien el viento repele y aleja.

Y mientras la cizaña se va volando, luego el trigo caería directamente al suelo y el granjero podría así recogerlo y usarlo. Bueno, la imagen que Juan usa es la del rastrillo en su mano; es decir, el momento decisivo de separación de la crisis venidera está cerca. Entonces tenemos esta alarma encendida por este hombre, quien salió del desierto llamando a la gente al arrepentimiento.

Juan hace algo más que es totalmente radical para su tiempo. Él sale y llama al pueblo judío a ser bautizado. En otras palabras, su ministerio está tan íntimamente conectado con su obra de bautismo que es conocido por el nombre “Juan el Bautizador”, o “Juan el Bautista”.

Ahora, lo que hace que esto sea tan significativo es que en el Antiguo Testamento el pueblo judío, a fin de estar bien considerado y caer en gracia para con Dios, se le requería que creyera ciertas verdades del pacto y a los hombres se les requería que fueran circuncidados; es decir, que compartan la señal del pacto.

Ahora, si un gentil se convertía al judaísmo y quería ser recibido en la comunidad judía, el gentil convertido tenía que pasar por tres ritos, bueno, o tres cosas. Primero, tenía que hacer profesión de fe en las verdades y las doctrinas del judaísmo.

En segundo lugar, tenía que pasar por el rito de la circuncisión. Y tercero, tenía que pasar por lo que era llamado el rito del bautismo prosélito porque siendo gentil, era considerado un extranjero y un forastero del pacto, e inmundo.

Entonces tenía, de alguna manera, que tomar un baño para ser limpiado antes de poder ser aceptado en la comunidad judía. Ahora, de repente, por primera vez en la historia judía, aquí viene un profeta judío, el cual viene al pueblo judío justo a las afueras de Jerusalén y les dice, «Tomen un baño».

Ahora, esto era incendiario, provocador. Las autoridades de las instituciones religiosas en Jerusalén salieron al río Jordán y vieron lo que Juan el Bautista hacía y estaban furiosos. Y decían, ‘Tenemos a Abraham por padre, somos judíos, ¿qué quieres decir al requerir este rito del bautismo?’ Mientras que la gente de la tierra, el pueblo, voluntariamente se sometía a este rito, reconociendo que no estaban limpios. Y Juan se dirigió a las autoridades y les llamó serpientes y cosas peores, y básicamente lo que decía era, ‘Dios ha determinado un nuevo requerimiento para su pueblo porque el rey está a la puerta.

Tu Mesías está por llegar y no están listos para él. Están impuros. Y antes de que llegue, ustedes deben tomar un baño. Bueno, pueden imaginar el escándalo y la controversia que esto provocó. Y leemos en el evangelio de Juan que una delegación fue enviada por las autoridades para interrogar a Juan sobre lo que estaba haciendo y lo vemos en el primer capítulo del evangelio de Juan.

Leemos en el versículo 19, capítulo uno, «Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Entonces, ¿qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el Profeta? Y respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres? Para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’.” Ahora lo que es significativo, y también desconcertante en esto, es que las autoridades vienen a Juan el Bautista y le preguntan directamente, «¿Eres Elías?», y él dice, «No soy». Sin embargo, leemos estos comentarios que están registrados en el evangelio según Mateo en el capítulo diecisiete, versículo 10: «Y sus discípulos entonces Le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?

Y respondió Él, dijo: Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos.”

Jesús dijo, «Elías vino, y ellos no le conocieron. Y estoy a punto de sufrir el mismo destino que él sufrió». Ahora, lo que Jesús insinúa aquí, en otro lugar lo deja bien claro cuando dice, «Y si queréis aceptarlo, él (Juan el Bautista) es Elías, el que había de venir».

Ahora tenemos a Juan diciendo, «No soy Elías», y Jesús está diciendo: él es Elías, pero lo está diciendo de forma críptica y enigmática. Es como que Jesús está diciendo, en cierto sentido, Juan es Elías. Es decir, Juan cumple con la profecía del Antiguo Testamento en cuanto a Elías.

La forma en la que esto se reconcilia, creo que se encuentra al inicio del Evangelio según San Lucas. En el momento en el que el ángel anuncia el nacimiento venidero de Juan el Bautista a Zacarías, él dice en el versículo trece: «No temas Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento. Porque él será grande delante del Señor; no beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre».

Permítanme comentar este pasaje porque más tarde, leemos que mientras María estaba embarazada ella visitó a Elizabeth, su prima, quien estaba embarazada hacía unos meses más que María, pero no había dado a luz a su bebé.Y cuando María visitó a Elizabeth se nos dice que el bebé en el vientre de Elizabeth saltó de gozo.

Esto quiere decir que aun antes de que Juan el Bautista naciera, él dio testimonio de la venida de Cristo. Se nos dice aquí que él será lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y él volverá a muchos hijos de Israel al Señor su Dios, y también irá delante de Él en el espíritu y poder de Elías.

Luego una cita de Malaquías, «El hará volver los corazones de los padres hacia los hijos”, y al desobediente hacia la sabiduría del justo, para preparar al pueblo para el Señor».

Aquí está cómo Lucas resuelve el problema: Esto no es simplemente la resurrección de Elías, sino Elías ‘redividus’, es el avivamiento del ministerio profético de Elías, ya que Juan el Bautista ahora viene en el poder de Elías y en el espíritu de Elías cumpliendo la profecía de Malaquías de que antes de la venida del día del Señor, Elías regresaría.

Ahora, obviamente, su misión más importante era dar testimonio de Jesús; y cuando lo vio venir al Jordán, él cantaba, el cantó el “Agnus Dei”: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Y le pide a Jesús que lo bautice, y Jesús dice, «No, vine aquí para que me bautices». Y Juan se muestra reacio, renuente a someterse a la orden del Mesías.

Él dijo, ‘No entiendo esto, eres mayor que yo, tú deberías bautizarme’. “Y Jesús le responde a Juan y le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia». En tantas palabras Jesús le dijo, ‘¡Hazlo! ¡Confía en mí!’. Y entonces Juan bautiza a Jesús. ¿Por qué? Bueno, porque era necesario que Jesús obedeciera cada detalle de cada ley que fue impuesta sobre el pueblo de Dios, y Dios había impuesto ahora un nuevo requisito.

Y aunque Jesús no tuvo pecado en sí mismo, para cumplir toda justicia se somete al bautismo de Juan. Esto es solo un esbozo corto de Juan el Bautista. Al pasar las páginas del Nuevo Testamento, verán con qué frecuencia se hacen alusiones y referencias a este hombre, su ministerio y su importancia en la historia de la redención.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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