El uso y abuso de sustancias químicas que tienen la capacidad de producir adicción – 12

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

12 – El uso y abuso de sustancias químicas que tienen la capacidad de producir adicción

DAVID LOGACHO

Agradeciendo su atención, le damos la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana, en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del uso y abuso de sustancias químicas que tienen la capacidad de producir adicción.

Esteban era un joven negociante felizmente casado. Probó la cocaína por primera vez en una fiesta de un amigo. En cuestión de poco tiempo se encontró inmerso en el terrible mundo de la drogadicción. Llegó al punto que para mantener el vicio necesitaba alrededor de 100 dólares diarios. Esto causó un terrible impacto en su negocio y en su hogar.

Como en muchos casos, su historia terminó en conflicto, bancarrota y divorcio. Inclusive los amigos que le iniciaron en el vicio, después le dieron las espaldas. A pesar de que episodios como éste se repiten por millones en el mundo, y son de conocimiento público, sin embargo, las estadísticas nos dicen que los consumidores de drogas están en constante aumento a escala mundial.

¿Por qué? Pues porque nadie puede negar que el consumo de drogas tiene su placer. La Biblia habla justamente de “los deleites temporales del pecado” en Hebreos 11:25.

El deleite es temporal, dura instantes, pero luego del placer vienen las facturas que deben pagarse por el resto de la vida y si no se arregla la situación con Dios, continuarán pagándose por la eternidad. Cada vez que veo una persona atrapada en las drogas, viene a mi mente lo que sucede cada vez que voy de pesca.

Para pescar, me armo de mi caña, anzuelo y carnada. La última vez que fui de pesca, usé camarón como carnada. Las truchas se volvían locas por el camarón. Ni bien llegaba el camarón al agua, las truchas estaban rondando para picar la carnada. Lo que las truchas ignoraban es que dentro del camarón había un anzuelo. Tan pronto una trucha mordía el camarón, quedaba atrapada, lista para ser sacada del agua.

Así son las drogas. Parecen tan atractivas, tan inofensivas. Tanto placer a disposición. Pero lo que no sabe la persona que las toma es que la droga tiene un anzuelo que atrapa para siempre. Alguien dirá: Eso es exageración. Nada pasa si se toma solo un trago de licor, o si se fuma sólo un cigarrillo con marihuana, o si se inhala sólo un poco de cocaína. El asunto está en no dejarse dominar.

Bueno, así es justamente es como pensaban todos aquellos que hoy están en el abismo del alcoholismo o de la drogadicción. Todos ellos pensaron dominar a la droga, pero terminaron dominados por la droga. El pez no necesita sino morder la carnada una sola vez para quedar atrapado para siempre. Igual es con la droga. Sólo hace falta probar una vez para quedar atrapado.

La Biblia condena esto de consumir drogas por placer, porque es necesario reconocer que algunas drogas, no todas, cuando son administradas por un médico responsable pueden ser útiles para el tratamiento de alguna enfermedad.

En Gálatas 5:19-21, el apóstol Pablo hace una lista de lo que se llama las obras de la carne, ponga atención a lo que está en esta lista. Dice así: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

Dentro de la lista aparece la palabra “hechicerías”, esta palabra es la traducción de la palabra griega “farmakeía” la cual sugiere el uso de drogas, o pociones mágicas, o brebajes, para alterar la personalidad del ser humano, ingrediente indispensable en el culto pagano a algunas deidades.

De modo que el consumo de drogas, no es fenómeno moderno. Ha estado presente en el mundo desde tiempos inmemoriales. La Biblia condena esta práctica.

Si nos proponemos hacer una evaluación de cosas a favor y cosas en contra de la práctica del consumo de drogas, encontraremos que lo único a favor es ese instante de placer o euforia de lo cual ya hemos hablado, en cambio tiene tantas cosas en contra.

Permítame pues citar al menos lo más obvio de lo negativo que es el consumo de las drogas. Al hablar de drogas debemos incluir también lo que ha llamado drogas sociales, es decir el alcohol y el tabaco.

Primero y más importante, el consumo de drogas es contrario a lo que la Biblia enseña. Esto debería ser argumento suficiente para desterrar esta práctica de la vida cristiana, pero existen más razones.

Segundo, el consumo de drogas puede conducir al usuario al campo de lo trascendental y en realidad abrir su vida a la entrada de demonios. Esto explica los innegables vínculos entre la drogadicción y el satanismo. La Biblia dice en Juan 10:10 que Satanás viene para “hurtar, matar y destruir” No es extraño por tanto que el consumo de drogas produzca como una de sus secuelas la violencia extrema con graves pérdidas para el que consume drogas y los que los rodean.

Tercero, el consumo de drogas conduce a sus víctimas a la adicción. No existe droga que esté libre de producir adicción al usuario. Esta característica está presente tanto en el alcohol y el tabaco como en todas las drogas depresoras del sistema nervioso central y las drogas estimulantes del sistema nervioso central. La Biblia enseña que los creyentes no debemos dejarnos dominar de ningún hábito.

Cuarto, el consumo de drogas afecta al usuario espiritualmente, emocionalmente y físicamente. Espiritualmente, predispone al usuario al contacto con demonios, emocionalmente, dependiendo de las drogas que se consuman, causan desequilibrio, el usuario puede pasar de la máxima euforia a la máxima depresión. Físicamente, produce pérdida permanente de la capacidad intelectual debido a la muerte de millones de células cerebrales. La administración de drogas por vía intravenosa es fuente de potencial contagio para el terrible mal del SIDA.

Quinto, el consumo de drogas produce desequilibrio económico. Mantener el hábito de consumir drogas es un hábito exorbitantemente caro. Los consumidores están condenados a la quiebra, mientras que los proveedores llenan sus arcas del dinero despojado a los consumidores. La tendencia general es que millones se empobrecen para que unos pocos se enriquezcan.

Sexto, el consumo de drogas fomenta la inmoralidad en todo sentido. Para conservar el hábito, el que consume drogas es capaz de hacer cualquier cosa que le signifique algún ingreso de dinero. Algunos roban, otros matan, otros se dedican a la prostitución y quien sabe qué más. Todo vale con tal de tener a la mano la droga.

Séptimo, el consumo de drogas conduce a problemas de índole legal. En la mayoría de los países del mundo es ilegal la posesión de drogas. También es ilegal el tráfico de drogas. Las leyes de los países reprimen severamente toda actividad delictiva relacionada con drogas. Una persona que consume drogas eventualmente se verá envuelta en algún tipo de problema legal.

La vida auténticamente cristiana, amable oyente, se caracteriza por la abstinencia total del uso de cualquier droga por placer. El templo del Espíritu Santo que es el cuerpo del creyente no debe ser contaminado con las drogas. Es posible que entre alguno de nuestros oyentes se encuentre alguien que ya ha caído en las garras de consumir drogas y franca y honestamente le gustaría salir de ese tenebroso mundo.

Para eso es necesario que Dios intervenga en su vida. Es necesario que Dios cambie su ser y le transforme totalmente. Dios hace este milagro sin igual en todo aquel que confía en Cristo como Salvador. Será el comienzo de su victoria sobre las drogas.

La Biblia dice que todos somos pecadores y por tanto estamos separados de Dios. Romanos 3:23 dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”

Usted necesita reconocer y admitir esta verdad. La Biblia también dice que por ser pecadores estamos condenados a la muerte eterna. Romanos 6:23 dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Es necesario que Usted reconozca y admita esta verdad. La Biblia también dice que Dios ama al pecador y que por ese amor, ha dado a su Hijo para que muera en lugar del pecador, de modo que el pecador quede libre de pagar el castigo por su pecado. Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Puede ser que le sea difícil admitir que el Hijo de Dios haya recibido todo lo que Usted como pecador merece, pero esa es la realidad. Fue por eso que murió clavado en la cruz del calvario. Cristo se hizo pecado para que Usted pueda ser libre del pecado. Cristo murió para que Usted pueda vivir. Ni Usted ni yo merecemos lo que Cristo hizo por nosotros, pero lo hizo. La obra de Cristo en la cruz a favor del pecador fue aceptada por Dios y en consecuencia, Cristo resucitó de entre los muertos y hoy vive para siempre, garantizando vida eterna a todos los que en él creen.

No desprecie la obra de Cristo a su favor. Hoy mismo recíbalo como su Salvador. Para eso, hable con Dios, allí donde se encuentre este momento. Agradezca a Dios por lo que Cristo hizo por Usted y manifieste a Dios su deseo de recibir a Cristo como su Salvador. Hágalo por fe, simplemente confiando en lo que Dios ha dicho en su palabra. Si lo hace, Usted será salvo.

La Biblia dice en Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”

Como hijo de Dios, tendrá el camino abierto para vivir un estilo de vida que agrade a Dios, un estilo de vida libre de las drogas. Le recomiendo que se una a otros que comparten esta fe, para que le ayuden a dejar atrás ese hábito tan pernicioso del consumo de las drogas.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

La disciplina – 11

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

11 – La disciplina

DAVID LOGACHO

Es un grato placer contar con su sintonía, amiga, amigo oyente. Sea bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y una de ellas es la disciplina. Sobre esto nos estará hablando en instantes más, David Logacho

La palabra disciplina en el Nuevo Testamento significa la formación dada a un niño, incluyendo la instrucción y corrección. Todo niño necesita por tanto ser disciplinado. Igual es con los hijos de Dios. Todo hijo de Dios necesita ser disciplinado. La disciplina no es algo reservado para los creyentes desobedientes. La disciplina simplemente es la formación que Dios da a sus hijos.

A veces esta disciplina demanda corrección, y Dios es muy sabio en proveer de esa corrección, pero la mayoría de las veces esa disciplina simplemente toma forma de diversas circunstancias que Dios diseña para enseñarnos cosas importantes. Así como los hijos no deben despreciar la disciplina de sus padres, los hijos de Dios tampoco deben despreciar la disciplina de su Padre.

Proverbios 15:32 dice: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”

Este es un versículo que muchos padres hacen memorizar a sus hijos para que no se resientan cuando son castigados, pero también deberíamos memorizarlo todos los creyentes para que no nos resintamos con la disciplina de nuestro Padre celestial.

Consideremos por tanto lo que la Biblia nos enseña acerca de la disciplina de Dios. Hebreos 12:3-11 dice: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

En estos versículos, el autor del libro de Hebreos muestra las razones por las cuales es necesario que los creyentes estén bajo la disciplina de Dios. Recuerde que estar bajo la disciplina de Dios no es sinónimo de recibir castigo de Dios por haber hecho algo contrario a su voluntad.

Estar bajo la disciplina de Dios significa simplemente estar en un proceso de formación, de desarrollo, de crecimiento hacia la madurez.

En primer lugar, los creyentes necesitamos estar en disciplina porque es la manera como se crece hacia la madurez. El pasaje que acabamos de leer dice que Dios nos disciplina para que participemos de su santidad.

La santidad es parte intrínseca del carácter de Dios. La disciplina busca que los creyentes seamos imitadores de Dios. Efesios 5:1 dice: “Sed, pues, imitadores de Dos como hijos amados”

Dios logra esto por medio de la disciplina. Esta disciplina consiste en enseñanza y corrección. Dios nos enseña a través de circunstancias que él mismo diseña. A veces esas circunstancias pueden ser aparentemente adversas, pero nunca debemos olvidar que son parte de la escuela de aprendizaje de Dios.

Hace años atrás, cuando una de mis hijas tenía apenas siete años de edad, enfrentó un grave problema de salud. A pesar de su corta edad, fue algo muy doloroso para ella, y mucho más doloroso para mi esposa y para mí. Siempre es muy doloroso ver sufrir a alguien que uno quiere con especial cariño. Pero en esa misma época, Dios se manifestó de una manera muy especial, consolando, fortaleciendo, proveyendo. Solo para citar un ejemplo, los gastos de hospitalización de mi hija eran tan altos que de ninguna manera podíamos pagarlos, pero Dios proveyó hasta el último centavo para atender esa necesidad.

Dios se mostró como Jehová Jireh, el Dios que provee. Puede ser que en este preciso instante, Usted esté atravesando por alguna situación difícil. Quizá un esposo infiel, o un hijo rebelde, o la quiebra de un negocio, o la enfermedad de un ser querido, o el rompimiento de una relación de noviazgo, cualquier cosa difícil de sobrellevar. Yo sé que es doloroso. Yo sé que esto trae un mar de dudas y confusión, pero con la autoridad de la palabra de Dios, yo le animo a que piense que cualquier cosa difícil que esté enfrentando, es parte de lo que Dios ha diseñado para que Usted aprenda alguna lección importante.

No menosprecie la disciplina del Señor. Aunque todo dentro de Usted insista por quejarse o por rebelarse contra Dios, no ceda a ese impulso. Agradezca a Dios por lo que está pasando y reafirme su confianza plena en él.

En segundo lugar, los creyentes necesitamos estar bajo la disciplina de Dios porque es una prueba de genuina relación de amor entre el Padre celestial y sus hijos. Eso es lo que dice el pasaje bíblico que fue leído.

El Señor al que ama disciplina. Si se os deja sin disciplina, entonces sois bastardos y no hijos. Así como los padres que realmente aman a sus hijos están prestos a disciplinarlos, el Padre celestial quien ama tanto a sus hijos está también presto a disciplinarlos. La disciplina es una manifestación de amor. Los padres terrenales no quieren echar a perder a sus hijos criándolos sin disciplina.

El Padre celestial tampoco quiere echar a perder a sus hijos criándolos sin disciplina.

En tercer lugar, los creyentes necesitamos estar bajo la disciplina de Dios para evitar que nos desviemos del camino correcto. El creyente se parece mucho a una oveja. Las ovejas tienen una marcada tendencia a desviarse del camino que deben seguir. El pastor de ovejas se ve en la necesidad de usar su vara para enseñar a una oveja a no salirse del camino. Igual es en el campo espiritual.

Los creyentes también tenemos una tendencia a desviarnos del camino correcto. Nuestra naturaleza pecaminosa está constantemente incitándonos a desobedecer lo que Dios ha dicho en su palabra. Para contrarrestar esta tendencia natural del creyente, Dios también tiene que utilizar su vara de corrección. Es parte de la disciplina de Dios.

En la iglesia de Corinto había algunos creyentes que no estaban teniendo la actitud correcta en la Cena del Señor. Estaban participando en la Cena del Señor con su corazón manchado por el pecado. La Cena del Señor llegó a ser para ellos, nada más que una pantalla para ocultar la suciedad de su corazón de modo que los demás piensen que eran espirituales. Era un acto de hipocresía extrema.

Dios tenía que intervenir con disciplina. Ponga atención a lo que dice 1ª Corintios 11:27-32: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.”

La disciplina de Dios a estos creyentes en la iglesia de Corinto, tomó forma de enfermedad en algunos casos, de debilidad en otros casos y de muerte en otros casos. Dios sabe la manera apropiada para castigar a sus hijos dentro del proceso de disciplina. La vara de corrección de Dios no es para dañar a sus hijos. Es para enseñar obediencia. Es para restaurar al que ha caído. Es para evitar que vuelva a caer.

A veces la disciplina de Dios toma forma de una medida disciplinaria aplicada por la iglesia. Este fue el caso de aquel hermano en la fe que cometió una grave falta moral en la iglesia en Corinto. Si Dios no nos corrigiera cuando desobedecemos, nos acostumbraríamos a desobedecer, con graves consecuencias para nosotros.

La corrección de Dios es algo muy serio. Causa mucho dolor, pero es algo necesario y da muy buen fruto. Por eso es que el autor de Hebreos dice que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Por al menos estas razones, es indispensable que los creyentes estemos bajo la disciplina de Dios. Si Usted es hijo de Dios, está bajo la disciplina de Dios. No es algo opcional para Usted. Lo que sí es opcional es la actitud que Usted desarrolle ante la disciplina de Dios. No menosprecie la disciplina de Dios. Aún si Dios le está corrigiendo por algo que hizo mal, agradezca a Dios por ello. Es una muestra del amor que Dios como Padre le tiene a Usted como hijo. No viva quejándose de su mala suerte. Para el creyente no existe la suerte. Si su vida está atravesando por momentos difíciles, agradezca a Dios por ello, sabiendo que eso es parte de lo que Dios ha escogido como la forma de enseñarle lecciones importantes. La vida es el laboratorio donde Dios nos instruye día a día hasta que lleguemos a gloriosa presencia.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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Restaurar a un hermano que ha caído – 10

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

10 – Restaurar a un hermano que ha caído

DAVID LOGACHO

Qué grato es saber que Usted nos está escuchando. Bienvenida, o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y en esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de la necesidad de restaurar a un hermano que ha caído.

Si Usted ha sido madre o padre de familia, se habrá deleitado viendo a su hija o a su hijo dar sus primeros pasos.

Yo recuerdo muy claramente, hasta ahora, luego de más de veinte años, cuando mi hijo pudo dar sus primeros pasos por sí solo. Fue todo un acontecimiento. Mi esposa y yo estábamos tan orgullosos, en un buen sentido, de ese pequeño ser de menos de un año de nacido. Lo contamos a todo mundo.

Si hubiera sido posible, hasta lo hubiéramos publicado en los periódicos. Fue grandioso. Pero después de dos o tres pasos juntos venía una caída. Nada doloroso, por supuesto.

Pero qué pensaría Usted de unos padres que después de ver que su tierno hijo se cae después de dar uno o dos pasos por primera vez, dice algo como esto: Qué decepción, mi hijo acaba de caerse, me ha defraudado. Será mejor que le eche de la casa. Ya no quiero saber nada más de él. ¡Absurdo! ¿Verdad?

Pero, pensándolo bien, eso es justamente lo que hacemos muy a menudo cuando vemos a un hermano en la fe que cae en pecado. Por el hecho de haber caído, pensamos que ya es el fin.

¿Qué hubiera sido de la vida de Pedro el Apóstol, si hubiera sido desechado después que negó tres veces a Jesús? ¿Qué hubiera sido de la vida de Pablo, Saulo en ese entonces, después de haber perseguido con crueldad a la naciente iglesia Cristiana? ¿Habría ido Jonás a Nínive a predicar un mensaje de arrepentimiento, si Dios le hubiera desechado después que desobedeció la primera vez que fue llamado para esa obra? Para hacerlo más personal: ¿Estaríamos nosotros hoy donde estamos si Dios nos hubiera rechazado después de haber caído de alguna manera?.

Queramos o no queramos admitir, todos tenemos nuestro pasado y sólo por la gracia y la misericordia de Dios hemos sido no sólo perdonados sino que se nos ha otorgado una segunda oportunidad para el servicio.

¿Qué debemos hacer cuando vemos que un hermano en la fe cae en pecado?

Bueno, primero pensemos en las cosas que no debemos hacer.

Primero, no debemos quedarnos callados. A veces pensamos que si no hacemos nada vamos a ayudar al hermano que ha caído. Pero esto sería un silencio cómplice. Sería como estar de acuerdo con lo que el hermano ha hecho. A lo mejor el hermano que cayó en pecado piensa que no hay nada de malo en lo que ha hecho. Alguien tiene que decirle que lo que hizo ofendió a Dios. No es correcto quedarse callado cuando se ve que un hermano ha caído en pecado.

Segundo, no debemos alegrarnos porque el hermano ha caído en pecado. A veces se ve esta reacción, especialmente cuando el que ha caído en pecado era alguien con quien no teníamos una buena relación. La caída en pecado de cualquier creyente, siempre debe ser motivo de profunda tristeza para los demás creyentes.

Tercero, no debemos jactarnos de nuestra capacidad de mantenernos firmes. Todos tenemos el potencial de cometer lo peor que podemos imaginar. Si no lo hemos hecho ha sido simplemente porque Dios nos ha cubierto con su gracia. Por eso es que 1ª Corintios 10:12 dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Cuarto, no debemos horrorizarnos por lo sucedido. Evitemos rasgarnos las vestiduras, especialmente si la caída es en un área de la vida cristiana donde nosotros también estamos luchando por no caer.

Quinto, no debemos chismear. Esta quizá es la tendencia más común cuando vemos que un hermano ha caído en pecado. La lengua se pone en acción inmediatamente para esparcir el chisme a cuantos sea posible. En ocasiones inclusive podemos disfrazar el chisme diciendo que estamos sólo compartiendo un motivo de oración.

Ahora que sabemos lo que no debemos hacer veamos qué es lo que debemos hacer.

La primera y más importante medida es restaurar al hermano que ha caído. Esto es lo que recomienda Gálatas 6:1 donde dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

Esta instrucción de Pablo está dirigida primeramente a los creyentes, pero no a todos los creyentes, sino a aquellos que son espirituales. Esto significa a aquellos creyentes que están llenos o controlados por el Espíritu Santo.

Si un creyente anda en pecado, no es un creyente espiritual y por tanto no está en capacidad de restaurar a otro creyente que ha pecado. El verbo restaurar es un verbo muy interesante en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento.

Katartizo es un verbo que se utilizaba en el campo de la pesca para hablar de remendar una red para pescar. El pecado en un creyente es comparable a un agujero en una red de pecar. Es necesario que alguien remiende ese agujero para que esa red pueda seguir atrapando peces.

Katartizo es un verbo que también se utilizaba en el campo de la medicina, para hablar de un hueso que se había dislocado y necesitaba volver a ser puesto en su lugar. Un creyente que cae en pecado es como un hueso dislocado, necesita que alguien lo ponga de vuelta en su lugar.

Katartizo se usaba también en el campo militar, para hablar de alguien que estaba equipado completamente para entrar en batalla. Un creyente que peca es como un soldado que no tiene todo el equipo para la batalla. Necesita que alguien le provea de ese equipo.

Los creyentes espirituales son los que deben restaurar a un hermano que ha caído en pecado. Son ellos los que van a remendar los huecos que produce el pecado en el hermano caído. Son ellos los que van a poner en su lugar los huesos dislocados que produce el pecado en el hermano que ha caído. Son ellos los que van a equipar completamente al hermano que ha caído para que pueda ser útil en la batalla.

Esto es lo que significa restaurar. Es necesario hacerlo con espíritu de mansedumbre, lo cual es uno de los aspectos del fruto del Espíritu Santo. Ese espíritu de mansedumbre hará reflexionar profundamente al creyente espiritual, acerca de su propia fragilidad, para no jactarse de su firmeza ante la tentación.

En segundo lugar, la restauración debe hacerse siguiendo los pasos que dejó el Señor en Mateo 18:15-17 donde dice: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia, y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”

La restauración se debe hacer por fases.

Primero, en privado, entre el creyente espiritual y el creyente que ha caído. Si esto falla, se debe ir a una segunda etapa, con la presencia de testigos. Si esto falla, se debe ir a una tercera etapa, con la intervención de la iglesia. Si todo esto falla, ese creyente que ha caído y persiste en su pecado, debe ser tenido por gentil y publicano.

Esto significa que debe ser sacado de la comunidad de creyentes en la iglesia local. A esto es a lo que Pablo se refiere en 1ª Corintios 5:3-5 donde dice: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”

Aun esta medida extrema tiene el propósito de restaurar a un hermano que ha caído en pecado.

En tercer lugar, como parte de la restauración, es necesario mostrar al hermano que ha caído en pecado, el camino correcto por el cual debió haber andado. Esto es lo que se desprende de pasajes como Santiago 5:19-20 donde dice: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”

Se trata de un creyente que ha caído en pecado y otro creyente espiritual ha sido utilizado para restaurar al que ha caído. Dice el texto que el creyente espiritual ha hecho volver al pecador del error de su camino. Esto significa que el creyente espiritual está dedicado a guiar al creyente caído en el camino correcto.

Es sencillo murmurar contra un creyente que ha caído, pero en lugar de murmurar debemos restaurar, señalando el error y mostrando como corregir ese error. Santiago dice que quien tal hace salvará de muerte un alma. Una de las formas de disciplina de Dios al pecador que ha caído en pecado es la muerte. La restauración del pecador que ha caído, perfectamente puede salvar a un creyente caído, de ser disciplinado por Dios con la muerte.

Santiago también dice que cuando un creyente espiritual hace volver al camino correcto a un creyente que ha caído, está cubriendo multitud de pecados. ¿En qué sentido? Pues en el sentido de que ese creyente caído, una vez restaurado, no persistirá más en el pecado, de esta manera se estará evitando, o cubriendo, multitud de pecados.

De modo que, otra característica de la vida auténticamente cristiana es restaurar al hermano que cae en pecado. Tal vez hoy mismo a Usted le consta el caso de un hermano que ha caído en pecado. No lo oculte, no se escandalice, no se alegre, no riegue la noticia. Su responsabilidad como creyente espiritual es restaurar a ese hermano que caído con espíritu de mansedumbre.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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9 – La oposición

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

9 – La oposición

DAVID LOGACHO

Qué bendición es para nosotros contar nuevamente con su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. En la continuación de la serie sobre la vida auténticamente cristiana, hoy nos corresponde tocar el tema de la oposición.

Plinio, el gobernador Romano en Asia Menor, en los albores del segundo siglo, estaba tan asombrado por los creyentes que le traían para ser juzgados, que escribió su famosa carta al Emperador Trajano en búsqueda de consejo.

Entre otras cosas Plinio escribió lo siguiente: Cierto creyente me fue traído para juzgarle, y no habiendo encontrado nada digno de ser castigado le amenace diciendo: Os desterraré. No podéis, fue la respuesta del creyente, porque todo el mundo es la casa de mi Padre. Luego le dije: Os mataré. No podéis, fue la respuesta del creyente, porque mi vida está escondida con Cristo en Dios. Entonces os quitaré vuestras posesiones, le dije. No podéis, respondió el creyente, porque mi tesoro está en el cielo. Entonces os alejaré de todos los hombres y no tendréis ningún amigo, le dije. Nuevamente, con mucha calma respondió el creyente: No podéis, porque yo tengo un Amigo invisible de quien no me podéis separar jamás.

Interesante. En las respuestas de aquel creyente se ha plasmado la seguridad que tenemos a disposición todos los creyentes. Nadie puede hacernos nada que no sea la voluntad de Dios.

Estamos hablando de oposición, porque aunque no nos guste, la oposición es otra característica de la vida auténticamente cristiana. Si todavía no lo ha experimentado es probable que dentro de poco lo experimente y será mejor que esté preparado para hacerle frente.

La Biblia contiene mucha enseñanza acerca de la oposición.

La oposición puede tomar forma de vituperio, persecución y calumnia. Mateo 5:11 dice al respecto: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo”

Cuando sus familiares y amigos lleguen a saber que Usted está siguiendo al Señor es muy probable que echen a rodar cualquier calumnia en contra de su integridad con el propósito de menoscabar su imagen.

La oposición puede tomar forma de odio. Mateo 10:22 dice: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”

El mundo odia tanto al Señor Jesucristo, que le llevó a la cruz. No debe ser extraño que el mismo mundo odie a todos los que somos seguidores de Cristo. Este odio puede provenir inclusive de nuestros propios amigos o familiares, quienes no logran comprender los cambios que Dios está haciendo en nosotros.

La oposición también puede tomar forma de encarcelamiento y despojo de bienes. Muchos de los creyentes del primer siglo sufrieron esto. Hebreos 10:34 da testimonio de este hecho: “Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”

Esta oposición está presente en varios países musulmanes de hoy en día, donde los creyentes sufren encarcelamiento y el despojo de sus pocas pertenencias.

La oposición también toma la forma de afrenta, de lo cual nos habla 1ª Corintios 4:10 donde dice: “Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados”

Este episodio se repite muy probablemente en cada nuevo creyente. Cuántas veces no habremos sido catalogados como necios o insensatos por estar siguiendo a Cristo. Cuántas veces no habremos sido considerados como borregos, como gente sin criterio propio, por el solo hecho de seguir a Cristo. Cuántas veces no habremos sido despreciados y marginados ante el solo hecho de identificarnos como discípulos de Cristo.

La oposición inclusive puede tomar forma de martirio. 2ª Corintios 4:11 dice: “Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”

La historia del Cristianismo está plagada de fieles hermanos que ofrendaron su vida por la causa de Cristo. Según la tradición, Mateo fue traspasado con una espada en una ciudad distante de Etiopía. Marcos expiró en Alejandría, después de ser cruelmente arrastrado por las calles de esa ciudad. Lucas fue colgado de un olivo en Grecia. Juan fue arrojado en un caldero de aceite hirviendo, pero escapó de la muerte milagrosamente y después fue desterrado a Patmos. Pedro fue crucificado cabeza abajo en Roma. Jacobo fue traspasado con espada en Jerusalén. Jacobo el menor fue lanzado del pináculo del templo y luego apaleado. Bartolomé fue desollado vivo. Andrés fue atado a una cruz, donde predicó a sus captores hasta que murió. Tomás fue atravesado con una lanza en la India. Judas, hermano de Jacobo, murió clavado por flechas. Matías fue apedreado y después decapitado. Bernabé murió apedreado en Salónica. Pablo, sufrió varias torturas y prisiones y fue finalmente decapitado en Roma por el emperador Nerón.

Quizá hoy en día no sea frecuente esta forma de oposición, pero nunca debemos olvidar que una cantidad de hermanos en la fe, ofrendaron sus vidas por la causa de Cristo. Estas son algunas de las formas de oposición que puede enfrentar un creyente.

La gran pregunta sería: ¿Cuál debería ser la reacción recomendable para un creyente ante la presencia de la oposición?

Pues la Biblia aconseja al menos lo siguiente:

Primero, reconocer que la oposición es algo natural en el creyente verdadero. Esto fue lo que dijo por ejemplo el apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:12 donde se lee: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”

Este es un principio inviolable. El momento que Usted decida vivir piadosamente, o conforme a los principios establecidos por Dios en su palabra, ese momento comenzará a padecer algún tipo de persecución. No debemos sorprendernos con la presencia de oposición, más bien deberíamos sorprendernos por la ausencia de oposición, porque ello a lo mejor podría indicar que no estamos viviendo piadosamente.

Segundo, debemos gozarnos por la oposición. 1ª Pedro 4:12-14 dice: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.”

La oposición es calificada como fuego de prueba. Este fuego de prueba no debe ser motivo de sorpresa, como si algo extraño estuviera pasando, tal cual como quedó establecido anteriormente, sino que debe ser motivo de gozo, no por el dolor que normalmente acompaña a la oposición, sino porque esa oposición nos identifica con el sufrimiento de Cristo y también porque el gozo será pleno cuando se manifieste la gloria majestuosa de Cristo.

Un creyente debe considerarse bienaventurado, o muy afortunado a causa de ser vituperado, o de sufrir persecución por el nombre de Cristo. Esto es evidencia de que el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ese creyente. Después que los apóstoles fueron liberados de su prisión por la causa de Cristo, note cuál fue su reacción. Hechos 5: 41 dice: “Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”

Tercero, debemos saber que la oposición es solo por un poco de tiempo. Podrá durar toda la vida, pero aún eso es un poco de tiempo cuando se lo mira a la luz de lo eterno. 1ª Pedro 5:10 dice: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayamos padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”

Estas palabras fueron escritas por Pedro, un apóstol que sufrió cruel martirio por la causa de Cristo al final de sus días en este mundo, pero aún así, dice que ese sufrimiento fue sólo por un poco de tiempo.

¿Cómo puede un creyente ver a la oposición de esta manera? Pues cuando lo ve bajo la perspectiva de la gloria futura que nos espera. Jamás olvide que el dolor del momento, se transformará muy pronto en gloria eterna.

Cuarto, debemos saber que la oposición es aprobada por Dios. 1ª Pedro 2:20-21 dice: “Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”

Lo que esto significa es que si un creyente es tratado injustamente, y acepta este maltrato, por la fe en el cuidado soberano de Dios, en lugar de responder con ira, hostilidad, descontento, orgullo, o rebelión, encuentra favor de Dios. La oposición es aprobada por Dios. De modo que, la oposición no es ajena a la experiencia cristiana.

La oposición es característica de la vida auténticamente cristiana. Si Usted está atravesando por severa oposición de cualquier tipo, a causa de su compromiso con Cristo, no se desanime, no piense que algo extraño está pasando con Usted. Agradezca a Dios por haber sido tenido por digno de sufrir por la causa de Cristo, ratifique su confianza total y absoluta en la soberanía de Dios, y persista en aquello que Dios le ha encomendado.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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Quito-Ecuador

8 – Hogar cristiano

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

8 – Hogar cristiano

DAVID LOGACHO

Es un gozo compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Estamos estudiando las características de la vida cristiana, en la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. En esta ocasión trataremos el tema del hogar cristiano.

Así como uno no se convierte en caballo por el solo hecho de entrar en un establo, tampoco uno no se convierte en cristiano por el solo hecho de entrar en un templo cristiano.

Esto es bueno tomar muy en cuenta por cuanto no son pocos los que piensan que son cristianos porque tal vez cada domingo entran a un templo llamado cristiano.

Algo semejante ocurre en cuanto a los hogares. Los hogares no son cristianos por el solo hecho de que algunos de sus miembros concurran a un templo cristiano.

Para hablar de un hogar auténticamente cristiano se necesita cumplir con algunos requisitos.

El primero y más importante, es necesario que los padres sean creyentes. Para ser un creyente es necesario nacer de nuevo. Eso fue justamente lo que dijo Jesús a un hombre muy celoso de la religión de sus ancestros. Me refiero a Nicodemo el fariseo. Juan 3:3 registra lo que Jesús dijo a este fariseo. Dice así: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”

Nacer de nuevo es el resultado de creer en Cristo y recibirle como Salvador. Eso es lo que se desprende de las palabras de Jesús en Juan 3:14-16 donde dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

De modo que si Usted quiere que su hogar no solo tenga el nombre de hogar cristiano, sino que sea en verdad un hogar cristiano, Usted y su esposa o esposo necesitan este nuevo nacimiento. Caso contrario, aunque se auto convenza de que su hogar es cristiano, a los ojos de Dios no es cristiano.

El segundo requisito es que los padres creyentes estén guiando a sus hijos hacia la meta de que ellos también experimenten ese nuevo nacimiento. El mundo en el cual vivimos dice que no es bueno que los padres ejerzan influencia en la orientación espiritual de sus hijos. Pero Dios dice todo lo contrario. En Deuteronomio 4:9 leemos lo siguiente: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.”

Allí lo tiene. La responsabilidad de los padres es guiar a sus hijos en los caminos del Señor. Por supuesto que serán los hijos, quienes cuando tengan uso de razón, decidirán por ellos mismos el recibir a Cristo como su Salvador personal, pero los padres podemos contribuir en mucho para que eso acontezca.

Padres, si quieren hacer de su hogar un hogar auténticamente cristiano es necesario que rodeen a sus hijos de una atmósfera cristiana, procurando poner en sus mentes principios sencillos de la palabra de Dios y haciendo todo lo posible para que sus hijos tomen conciencia de su estado espiritual y eventualmente vuelvan sus ojos a Cristo para encontrar en él la salvación.

El tercer requisito está íntimamente relacionado con lo anterior. Un hogar verdaderamente cristiano es aquel en el cual la Biblia, la palabra de Dios ocupa un lugar céntrico. Con esto no estoy diciendo que tenga una Biblia, sobre la mesa de la sala de estar, como si fuera un amuleto en contra de la mala suerte, como tristemente sucede en muchos hogares.

Lo que estoy diciendo es que la Biblia debe ser el alimento espiritual de los padres y de los hijos. La familia debería tomar un tiempo cada día para leer y meditar en la palabra de Dios.

El cuarto requisito es la oración. Alguien ha acuñado el dicho que la familia que ora unida permanece unida. Esto es muy cierto. La oración en familia es como un pegamento que mantiene junta a la familia.

Procure reservar un tiempo cada día cuando todos los miembros de la familia estén juntos, aún los más pequeños, para que cada uno tenga la oportunidad de hacer una oración espontánea a Dios. Esta practica se complementa maravillosamente con la anterior, cuando nos referíamos a dedicar tiempo a la palabra de Dios.

Cuando meditamos en la palabra de Dios, él habla a nuestro corazón. Cuando oramos a Dios, nosotros hablamos al corazón de él. El resultado es de tremendo beneficio para la familia.

El quinto requisito de un hogar auténticamente cristiano es que cada miembro del hogar cumpla con lo que Dios ha establecido en su palabra. La Biblia contiene en detalle una descripción de funciones del esposo, de la esposa, y de los hijos. En la medida que cada miembro del hogar cumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar marchará sincronizadamente, como un fino reloj suizo, pero de igual manera, en la medida que cada miembro del hogar incumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar se hará pedazos.

Veamos por tanto, rápidamente, cuáles son las funciones para cada uno de los miembros de un hogar cristiano.

Comencemos con las esposas, primero las damas. Ese es el orden que aparece en la Biblia. Note lo que dice Efesios 5:22-24 “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

La función principal de una esposa es someterse a su esposo. La sumisión no es sinónima de obediencia. La obediencia está reservada para los hijos, no para las esposas. El texto no dice: las casadas obedezcan a sus propios maridos, sino: las casadas estén sujetas a sus propios maridos. La sumisión significa que la esposa ocupa el lugar que Dios diseñó para ella en la relación marido-mujer.

La esposa es la ayuda idónea. La esposa es la persona de confianza del esposo. Como tal, se somete a él de la misma manera que el cuerpo se somete a la cabeza y de la misma manera que la iglesia, el cuerpo, se somete a su cabeza, Cristo. Si las esposas entendieran este concepto de sumisión y sobre todo, si las esposas vivieran en la práctica la sumisión, los hogares se ahorrarían una cantidad de problemas.

Además de eso, las esposas deben amar a sus maridos, deben criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor y deben ser cuidadosas de su casa.

Ahora nos toca a nosotros, los esposos. Lo nuestro se encuentra en Efesios 5:25-33 donde dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”

Allí lo tenemos, esposos. Más claro no puede ser. Nuestra principal función es amar a nuestras esposas. El amor del cual habla este texto no es solamente el amor pasional o romántico. Es más bien un acto de la voluntad que se manifiesta en sacrificio por la persona amada.

Según lo que dice este texto, el amor debe ser sacrificial, esto significa que implica algún tipo de sacrificio de parte del esposo en beneficio de su esposa. El amor debe ser santificador. Esto significa que busca formar las mejores virtudes en la esposa. El amor debe ser sustentador. Esto significa que el esposo debe satisfacer todas las necesidades de su esposa.

Toda esposa tiene necesidades en el área espiritual, emocional y física. Los esposos debemos satisfacer todas estas necesidades. El amor de un esposo a su esposa, debe ser sin fin. Por algo dijo el Señor que los casados deben estar juntos hasta que la muerte los separe. El divorcio no debería ni siquiera ser mencionado en un hogar cristiano.

Además de amar, el esposo comparte con su esposa la noble tarea de criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor.

Otro elemento de todo hogar son los hijos. La principal responsabilidad de los hijos aparece en pasajes bíblicos como Efesios 6:1-3 donde dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”

La obediencia hacia los padres, por parte de los hijos es vital para la buena marcha de cualquier hogar. Ningún hijo viene a este mundo dispuesto a obedecer. Todo lo contrario, por naturaleza los hijos tienden a la desobediencia. Los padres deben hacer todo esfuerzo posible para enseñar obediencia a los hijos y los hijos, de cualquier edad que sean, mientras vivan bajo el mismo techo de sus padres, deben obedecer.

Como podrá notar, un hogar verdaderamente cristiano cumple con ciertos requisitos indispensables. ¿Es el suyo un hogar auténticamente cristiano? Si están ausentes algunos de los requisitos mencionados, lo antes posible tome las medidas correctivas necesarias. Que su hogar no sea cristiano solo de nombre, sino que sea un hogar cristiano de verdad.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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7 – La permanencia del matrimonio

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

7 – La permanencia del matrimonio

DAVID LOGACHO

Es grato para nosotros compartir este tiempo junto a Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana, en esta ocasión, David Logacho nos mostrará que la permanencia del matrimonio es otra característica de la vida auténticamente cristiana.

En el libro titulado “Ocaso y Caída del Imperio Romano”, escrito en 1787 por Edward Gibon, aparecen las razones para el deterioro y posterior caída del Imperio Romano. Son cinco. Primero, el descomunal crecimiento del divorcio, se tenía en poco la dignidad y santidad del hogar, el cual es la base de la sociedad humana. Segundo, el incremento descontrolado de impuestos para financiar comida y circo libre para el populacho. Tercero, la alocada búsqueda de placer, los deportes se volvieron cada vez más exóticos y brutales. Cuarto, la construcción de armamento sofisticado, cuando el verdadero enemigo estaba adentro: la decadencia de la gente. Quinto, la ruina de la religión, la fe se convirtió en un mero formalismo, se perdió el contacto con la realidad y demostró ser incapaz de guiar a la gente. Qué interesante, todas y cada una de estas razones están presentes en la sociedad en la cual nos ha tocado vivir. Todo parece indicar que el mundo en general va encaminándose rápidamente a su propia destrucción. Hoy nos ocuparemos de una de las razones. Me refiero al descomunal incremento del divorcio. En algunas partes del mundo, las estadísticas muestran que el número de divorcios por año supera al número de matrimonios por año. El divorcio ha llegado a ser la solución ideal para todo tipo de desavenencia en el hogar. Si el marido llega tarde de su trabajo sin una razón convincente, la esposa le amenaza con el divorcio. Si la esposa aumenta unos cuantos kilos de peso, el esposo le amenaza con el divorcio. Se ha llegado al mismo plano que estuvieron los matrimonios en el primer siglo, cuando un esposo podía escribir una carta de divorcio y divorciarse de su esposa porque ella puso demasiada sal en la sopa, o porque ella se volvió vieja y gorda, o porque a él no le gustaba la suegra, o porque ella salió sola de su casa. Prácticamente cualquier razón era causa válida para el divorcio. Así es hoy en día. El divorcio está acabando con la sociedad. Pero otra de las características de la vida auténticamente cristiana es la total y absoluta fidelidad al compromiso matrimonial. Alguien ha dicho muy acertadamente que jamás comprenderemos lo que es el divorcio hasta que no comprendamos lo que es el matrimonio. De modo que permítame rápidamente mostrar lo que es el matrimonio. La Biblia enseña que el matrimonio fue establecido por Dios. Instantes después que Dios creó a la mujer y la trajo al hombre, Dios pronunció palabras cargadas de significado acerca del matrimonio. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” Así es como Dios establece el matrimonio para la posteridad. Varias cosas son dignas de notarse. Número uno, debe haber un cambio en la relación de los cónyuges con sus respectivos padres. Dios ha dicho que el hombre, y por implicación, la mujer también, debe dejar padre y madre. Ese verbo dejar significa: soltar, dejar ir, cortar. Para que un hombre y una mujer puedan vivir juntos, no es cuestión de que solamente se amen y los dos quieran compartir juntos sus vidas. Según el mandato de Dios, es necesario que los dos dejen padre y madre. Esto significa soltar a sus padres, dejar ir a sus padres, cortar el vínculo que hasta ese momento han tenido con sus padres. No estoy diciendo que deben ignorar a sus padres. Se trata más bien de un cambio en la relación con ellos. Dejan de ser hijos de familia y pasan a ser esposos o esposas, según el caso. Muchas parejas se ahorrarían cantidad de problemas si tan solo pusieran en práctica este importante principio de dejar padre y madre. Número dos, el matrimonio es heterosexual. Es decir, entre un hombre y una mujer. Dios creó una mujer para un hombre. Esto desecha el matrimonio entre dos hombres o entre dos mujeres, algo que tristemente va cobrando fuerza en la sociedad moderna. Número tres, el matrimonio es monógamo. Un hombre con una mujer. No un hombre con más de una mujer, ni una mujer con más de un hombre. La poligamia no tuvo jamás lugar en el modelo de Dios para el matrimonio. Número cuatro, el matrimonio es indivisible. Dios dijo que cuando un hombre se une a su mujer, los dos llegan a ser una sola carne. Esta es una obra creativa de Dios. Es realmente un milagro. Dios toma a dos personas, distintas entre ellas, cada una con su propia personalidad, y hace de ellas una sola entidad llamada matrimonio. Esta entidad es indivisible. Jesús ratificó este concepto cuando al ser consultado por los fariseos acerca del divorcio, dijo lo siguiente según Marcos 10:7-9 “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” Estas palabras deben quedar resonando en los oídos de los que somos casados: Así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe, o no lo divorcie el hombre. Este es el modelo establecido por Dios para el matrimonio. Cuando uno compara este modelo para el matrimonio, con lo que es el matrimonio hoy en día, es inevitable hacerse la pregunta: ¿Qué fue lo que pasó para que la mayoría de los matrimonios sean lo que son en la actualidad? Bueno, lo que pasó fue que en los albores mismos de la humanidad irrumpió el pecado en la creación. Una de las funestas consecuencias del pecado fue un desplome del modelo de Dios para el matrimonio. Tanto esposo como esposa alentó la intromisión de sus respectivos padres en la relación matrimonial. El esposo comenzó a maltratar a su esposa, tanto física como emocionalmente. La esposa desarrolló un arraigado deseo por dominar a su esposo y al hogar en general. Tanto esposa como esposo llegó a pensar que sería más feliz si se hubiera casado con otra persona y eso condujo a la infidelidad tanto en él como en ella. El hombre se creyó con derecho de tener más de una esposa. Eventualmente el divorcio llegó a ser una práctica común entre los casados. El divorcio es contrario a la voluntad de Dios por varias razones. Primero, porque atenta contra la unidad creada por Dios cuando un hombre y una mujer se casa. Por eso Jesús dijo: Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Segundo, porque es la máxima expresión de deslealtad del hombre o de la mujer. Así fue como Dios catalogó los divorcios. Malaquías 2:13-16 dice: “Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales” Por tres ocasiones en este corto pasaje bíblico aparece la palabra “desleales” El divorcio es una manifestación de deslealtad por parte del que se divorcia. Tercero, el divorcio afecta severamente a todos los miembros del hogar. Los padres divorciados tienen que vivir con heridas emocionales y espirituales que son muy difíciles de sanar. Pero quienes más sufren la consecuencia de un divorcio son los hijos. Hijos de padres divorciados tienen que vivir con temores, con inseguridad, con odio, con resentimiento. Muchos hijos de padres divorciados imitan a sus padres cuando llegan a casarse y terminan por divorciarse también ellos. La vida auténticamente cristiana se caracteriza por apoyar la permanencia del matrimonio. Los problemas, o los conflictos, o las diferencias entre esposos son inevitables. Más aún, son necesarios para el fortalecimiento y madurez de la relación entre esposos. Los problemas matrimoniales no se resuelven con el divorcio. Los problemas matrimoniales se resuelven cuando en una atmósfera de amor y reconciliación se los enfrenta con madurez, buscando la dirección del Señor para resolverlos. Pretender echar mano del divorcio para zanjar un conflicto doméstico es equivalente a pensar que la solución para una uña infectada es la amputación del brazo. Cuánta razón tiene Jesucristo cuando dice: Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Si su matrimonio está atravesando por aguas tormentosas, no se desespere, no se precipite pensando en un divorcio. Busque la dirección de Dios, busque el asesoramiento de algún creyente maduro en la fe, tienda puentes de comunicación con su esposa o esposo y enfrente los problemas para buscar una solución aparte del divorcio. Si su matrimonio está bien hasta ahora, agradezca a Dios por eso y comprométase delante de Dios a mantener la unidad de su matrimonio. Recuerde siempre que una característica de la vida auténticamente cristiana es un apoyo total a la permanencia del matrimonio.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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6 – La conducta en el trabajo

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

6 – La conducta en el trabajo

DAVID LOGACHO

Gracias por estar una vez más junto a nosotros en el estudio bíblico de hoy con David Logacho. Con la ayuda del Señor, estaremos examinando otra característica de la vida auténticamente cristiana. Se trata de nuestra conducta en el trabajo.

Para justificar su falta de diligencia en el trabajo, un amigo mío solía decir: Si el trabajo es vida, que trabajen los enfermos. Lo que este amigo mío no sabía es que además de vida, el trabajo es una bendición. No son pocos los que piensan que el trabajo es uno de los resultados de la entrada del pecado en el mundo. Pero no hay tal. La Biblia enseña que el trabajo estaba presente antes que Adán y Eva caigan en pecado. Dios ordenó a Adán a trabajar en el huerto de Edén, y esto antes de que ceda a la tentación a pecar. Eso es lo que tenemos en Génesis 2:15 donde leemos: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” Queda claro entonces que el plan de Dios para Adán no era que se pase la vida cruzado de brazos, sin hacer nada, admirando la maravilla de la creación. Adán tenía que trabajar. Su función era labrar y cuidar el huerto de Edén. Además de esto, Dios encargó a Adán que ponga nombre a todo ser viviente de la tierra. Qué trabajo tan enorme. El reino animal tiene miles de especies. Adán tenía que dar un nombre a cada especie. No era un trabajo fácil. Todo esto tenía que hacer Adán y el pecado todavía no había arruinado la creación. De ninguna manera entonces, el trabajo podría ser resultado de la entrada del pecado en el mundo. Lo que sí fue consecuencia de la entrada del pecado en el mundo fue el cansancio y la fatiga que resulta del trabajo. Génesis 3:19 dice: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Antes de la entrada del pecado en el mundo, el trabajo no producía cansancio ni malestar, ni aburrimiento, ni fatiga, ni enfermedades profesionales. Tampoco revestía algún tipo de peligro. Pero después de la caída, el trabajo producía cansancio, malestar, aburrimiento, fatiga, enfermedades profesionales y ciertamente algún tipo de peligro. Hace apenas unos días los periódicos de la ciudad de Quito traían la noticia de unos cuantos trabajadores que quedaron debajo de toneladas de tierra en la construcción donde estaban trabajando. Al menos uno de ellos falleció en el accidente de trabajo. Pero aún la fatiga que produce el arduo trabajo es usado por Dios para beneficio del trabajador. Un trabajador que se fatiga trabajando, normalmente descansa bien durante la noche. Eso es lo que dice la Biblia. Eclesiastés 5:12 dice: “Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.” Así que amable oyente, el trabajo es vida, el trabajo es bendición. Agradezca a Dios si tiene trabajo. Sólo cuando lo pierda sabrá lo bueno que es disponer de trabajo. Pero la Biblia dice mucho más acerca de trabajar. Dice por ejemplo que trabajar es una obligación, no una opción para el creyente. Leo el texto en Efesios 4:28. Dice así: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.” Obviamente, había antes y hay ahora, personas que se dedicaban al robo para subsistir. La orden del apóstol Pablo es: Deje de robar y en lugar de robar trabaje. Use sus manos para algo bueno. A lo mejor alguien podría decir: Pero es que no hay trabajo. Sin desconocer la existencia de esta lacerante realidad, porque se la ve, en algunos países más que en otros, sin embargo, a pesar de eso es necesario trabajar. Use su ingenio. Pida a Dios por creatividad o sabiduría para hacer algo. Lo que sea no importa, con tal que no sea algo condenado por la palabra de Dios. Además, seguramente notó que el fruto del trabajo no debe ser sólo para el que trabaja, porque el texto dice: Trabaje para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Este es un principio muy importante en la vida cristiana. Los recursos que Dios nos da como fruto de nuestro trabajo deben ser usados en parte para ayudar a los que están atravesando por alguna necesidad. Así que, trabajar es una obligación. Sin embargo, siempre ha habido y habrá personas que quieren vivir sin trabajar. Pues la Biblia tiene una palabra para este tipo de personas. Se encuentra en 2 Tesalonicenses 3:10-12 donde dice: “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” Se ve un vínculo directo entre trabajar y comer. El que trabaja tiene derecho a comer. El que no trabaja no tiene derecho a comer. Si por ejemplo Usted tuviera un hijo adulto en su casa, que quiere pasar la vida durmiendo, viendo televisión y comiendo a su costilla, sin querer trabajar, el consejo de la Biblia es: no le dé de comer. El hambre seguramente motivará a este ocioso a buscar algún trabajo. Ahora bien, asumiendo que Usted es un trabajador en relación de dependencia, esto significa que tiene un patrón o patrono, debe saber que la Biblia le da los parámetros para que sea un buen trabajador. Veamos rápidamente cuáles son estos parámetros. Primero, obediencia. Colosenses 3:22 dice: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.” Cuando este texto habla de siervos, perfectamente se puede aplicar la enseñanza a los trabajadores. Por tanto, Dios por medio de su palabra dice a los trabajadores: Obedezcan a sus patronos o a sus jefes. El verbo griego que se ha traducido como: Obedecer, significa literalmente “poner el oído por debajo de” Esto denota prestar cuidadosa atención a lo que dice el jefe y hacer exactamente lo que él dice. La única ocasión cuando un trabajador puede desobedecer es cuando algún superior pide hacer algo expresamente condenado en la Biblia. Pero el texto también dice que los trabajadores no deben servir al ojo. Esto significa que su obediencia debe ser en todo tiempo, no sólo cuando el jefe está presente. La obediencia, sólo cuando el jefe está presente, ha sido considerada como un intento por agradar a los hombres. Dios demanda de los trabajadores una obediencia sincera, la misma obediencia que tenemos para con Dios. Segundo, entrega. Colosenses 3:23 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Entrega al trabajo es algo que todos los jefes aprecian grandemente en sus trabajadores. Hacer las cosas de corazón significa hacer las cosas con pasión, con esmero, con celo. Lo opuesto, es hacer las cosas a medias, de mala gana, con esa actitud de fastidio por lo que se está haciendo. Hacer las cosas de corazón, resulta de tener una clara conciencia que el Señor está presente en nuestro lugar de trabajo y que lo que hacemos debe ser para él. Tercero, respeto. 1 Timoteo 6:1 dice: “Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina” Los trabajadores deben tener a sus jefes por dignos de todo honor. Esto significa que los trabajadores deben tener profundo respeto hacia sus jefes. Estoy seguro que alguien se levantará y dirá: Pero Usted no conoce a mi jefe. Es un déspota, me trata mal, es injusto, me humilla, es corrupto. ¿Cómo piensa que yo pueda respetar a una persona así? Bueno, el respeto que la Biblia reclama para los jefes, no está basado en las virtudes del jefe, peor en la imagen que el trabajador tiene de él. Está basado única y exclusivamente en la posición que tiene como jefe. Puede ser el peor jefe del mundo, pero aún así un trabajador que quiere agradar a Dios debe respetarlo. Así que deje de hablar mal de su jefe, deje de fomentar el antagonismo hacia su jefe. Deje de juzgar a su jefe. Deje de rebelarse contra su jefe. Deje de ser respondón con su jefe. Tito 2:9 dice: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones”. Si no se somete a este principio, estará desobedeciendo al Señor y eso puede traer funestas consecuencias para su vida, además de la probable pérdida de su trabajo. Cuarto y último. Paciencia. Ningún lugar de trabajo es perfecto. Siempre habrá cosas difíciles de soportar. Pero note el consejo que da el apóstol Pedro en 1 Pedro 2:18 “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar” Todos hemos tenido nuestra dosis de algún jefe difícil de soportar. Pero en lugar de armar una revuelta para derrocarlo, la Biblia aconseja someterse a un jefe así, y de esa manera manifestar respeto hacia él, como señalamos anteriormente. Para esto se necesita una doble dosis de paciencia, esa capacidad de soportar situaciones difíciles sin desmayar. La paciencia tiene mucho que ver con el concepto que tenemos de Dios. La Biblia dice que Dios es soberano, sabio, justo, lleno de amor y de gracia. Si Dios ha permitido que esté pasando por esa situación difícil en su trabajo, es porque de alguna manera que a lo mejor Usted no logre entender, eso es necesario para su crecimiento espiritual. Así que, no se desanime, sólo confíe en el Señor. De modo que, otra característica de la vida auténticamente cristiana es la responsabilidad en el trabajo. Que con la ayuda de Dios, Usted como creyente, sea el trabajador, más cumplido, más puntual, más productivo, más disciplinado, más dócil y todo lo demás.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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5- El noviazgo que agrada a Dios

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

5- El noviazgo que agrada a Dios

DAVID LOGACHO

Gracias por su sintonía. Es un gozo darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del noviazgo que agrada a Dios.

El noviazgo o enamoramiento es una etapa hermosa de la vida, pero no está libre de contratiempos, especialmente cuando no ha habido la adecuada preparación previa, aplicando los principios que proporciona la palabra de Dios acerca de este asunto. La vida cristiana auténtica se caracteriza por un noviazgo que agrada a Dios. Veamos pues cuales son los principios más importantes para un noviazgo que agrada a Dios. El primero y más importante, debe haber compatibilidad espiritual. Eso es lo que se desprende de textos como 2 Corintios 6:14 donde dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” La voluntad de Dios es que Usted, siendo creyente no se una en relación de noviazgo con una persona incrédula. Pretender unir un creyente con un incrédulo es como pretender unir la justicia con la injusticia, o como pretender unir la luz con las tinieblas. Muchos jóvenes y señoritas creyentes quebrantan este mandamiento vanamente esperanzados que su pareja incrédula se convertirá al Señor en algún momento durante el noviazgo o aún durante el matrimonio, pero la triste realidad es que son contados los casos en los cuales un inconverso o una incorversa se torna creyente dentro del noviazgo y peor dentro del matrimonio. Por regla general, la parte creyente cede en sus convicciones y vive como si fuera incrédula. Es como si Usted, la parte creyente estuviera de rodillas sobre una mesa y su pareja, la parte incrédula, estuviera de rodillas en el piso, y los dos estuvieran tomados de la mano. ¿Qué es más probable? ¿Que Usted levante a la persona que está en el suelo y lo ponga sobre la mesa? ¿O que la persona que está en el suelo le haga caer de la mesa? La respuesta es obvia. Por más fuerte que Usted sea, terminará en el suelo porque tiene a la fuerza de la gravedad en su contra. Igual sucede con el creyente que trata de ganar para Cristo a su novia incrédula. El creyente terminará en el nivel del incrédulo. ¿Para qué correr este riesgo? Es mejor obedecer la palabra de Dios y no unirse en yugo desigual con el incrédulo. El segundo principio es que todo noviazgo debe contar con la autorización de Dios, de los respectivos padres y de los líderes de la iglesia local. No es correcto mantener una relación de noviazgo en contra de la voluntad de quien se interponga en el camino. La relación noviazgo debe contar con la bendición de Dios. Es necesario discernir la voluntad de Dios en cuanto al noviazgo. Esto se logra invirtiendo tiempo en la palabra de Dios y en la oración. Salmo 37:4 dice: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” En la medida que hallemos nuestro deleite en la comunión con Jehová, por medio de su palabra y la oración, pensaremos como Dios piensa, querremos lo que Dios quiere, y Dios mismo se encargará de atender los deseos de nuestro corazón. Los jóvenes jamás deberían comenzar una relación de noviazgo no sin antes haber invertido suficiente tiempo en la meditación de la palabra de Dios y en la oración. Pero además de la autorización de Dios, es importante la autorización de los padres tanto de él como de ella. Noviazgos en contra de la voluntad de los respectivos padres no cuentan con la bendición de Dios. Efesios 6:1 dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.” La responsabilidad de los hijos, no importa si son niños, o jóvenes, o adultos, es obedecer a sus padres. En el asunto del noviazgo, los respectivos padres deben tener participación activa. Si existe oposición de los padres es mejor evitar esa relación de noviazgo. La desobediencia a los padres jamás será vista con buenos ojos por Dios. Además de contar con la bendición de Dios y con la bendición de los padres, es necesario contar con la bendición de los pastores o ancianos de la iglesia local. 1 Pedro 5:5 dice: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” El joven orgulloso o la señorita orgullosa, se reviste de soberbia y dice: Esta es mi vida, yo decido hacer con mi vida lo que yo quiera. Pero el joven humilde o la señorita humilde dice: Mi vida es del Señor, debo someterme a él y a los que él ha establecido como pastores o ancianos en la iglesia local. Por eso dice el texto: Jóvenes, estad sujetos a los ancianos. Antes de comenzar una relación de noviazgo es necesario pedir consejo de los ancianos o pastores de la iglesia local. Si a ellos les parece bien, y también a los respectivos padres les parece bien, entonces es muy probable que Dios tampoco tenga problema con esa relación de noviazgo. Pero si los pastores se oponen, o los padres se oponen, es muy probable que Dios también esté oponiéndose. En muchos casos, una negativa de Dios puede hacerse evidente por medio de una negativa de los respectivos padres o de los ancianos o pastores. El tercer principio para un noviazgo que agrada a Dios, es que el noviazgo debe ser visto como una antesala del matrimonio. Muchos jóvenes principalmente y no pocas señoritas, ven al noviazgo como un atractivo pasatiempo. Por eso es que cambian de novia o de novio con tanta facilidad como cuando se cambia de ropa. Pero el noviazgo debe ser el tiempo para conocerse mutuamente, el tiempo para edificar fuertes lazos especialmente en el campo espiritual y en el campo emocional. Por tanto, durante el noviazgo debería haber tiempos específicos para estudiar juntos la palabra de Dios, tiempos específicos para meditar juntos en la palabra de Dios, tiempos específicos para orar juntos, tiempos específicos para servir juntos a Dios, de diversas maneras. Debe haber tiempos específicos para hablar mutuamente, tiempos específicos para hacer planes para el futuro, tiempos específicos para conocer a las respectivas familias, tiempos específicos para disfrutar de distracciones sanas. Todo esto debe tener su parte en un noviazgo que agrada a Dios. Si Usted joven, o señorita creyente, no piensa sinceramente que se va a casar con la persona con quien está de novio o de novia, es mejor que termine ahora mismo esa relación. No es prudente jugar con las emociones de otras personas. No sea que se halle despertando ilusiones que Usted sabe que no podrá hacerlas realidad de ninguna manera. Una vez, un joven de la iglesia donde yo soy uno de los ancianos, vino a mí para pedirme consejo acerca de una chica de la misma iglesia, con quien estaba pensando comenzar una relación de noviazgo. Después de hablar por un buen rato, se me ocurrió decirle: ¿Así que te vas a casar con tal persona? Me miró como si hubiera dicho una blasfemia. ¿Yo…? Ni loco. Solo quiero tener un buen tiempo con ella. Eso me sirvió para mostrar a este joven que el noviazgo no sirve sólo para tener un buen tiempo con una persona del sexo opuesto, sino que debe ser visto como la antesala del matrimonio. El cuarto principio para un noviazgo que agrada a Dios es que el noviazgo no es sinónimo de licencia para el contacto físico. En el noviazgo se debe edificar el área espiritual y el área emocional, dejando el área física para el matrimonio. ¿Qué quiero decir con eso? Pues simple y llanamente que las caricias no deberían ser parte del noviazgo. Las caricias no son la expresión del amor que debe existir entre los novios. El verdadero amor entre los novios se debe manifestar más bien en un refrenar la tendencia natural a acariciar. Las caricias tienen el propósito de despertar excitación sexual en los esposos, como preparación para el acto sexual. El mundo ha llevado a pensar a un joven que si una joven le ama, debe permitir que le acaricie todo lo que él quiera. De aquí nace la frase tan trillada y abusada que usan muchos jóvenes con sus novias: Si me amas, dame una prueba de tu amor. Querida joven amiga oyente, si su novio viene con estas ideas, la mejor respuesta que Usted puede dar es: Sí, te amo, y la mejor prueba que puedo darte de mi amor es impedirte que toques cualquier parte de mi cuerpo. Si su novio vale la pena, acatará esta forma de pensar, pero si insiste, lo único que estará manifestando es que todo lo que quiere hacer, es aprovechar de Usted. No se lo permita. Las caricias en el noviazgo ocasionan una cantidad de funestas consecuencias, como una conciencia manchada, como el sentirse utilizada, como el temor y sobre todo, está el peligro de desembocar en una relación sexual prematrimonial. La idea de llegar virgen al matrimonio, tanto en el hombre como en la mujer no es muy popular hoy en día, sin embargo, esa es la voluntad del Señor para los solteros. 1 Corintios 6:18 dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” Fornicar significa cualquier uso del sexo fuera de lo que Dios ha establecido para él. Dios dio el sexo al hombre y a la mujer como un regalo para ser utilizado única y exclusivamente dentro de los sagrados vínculos del matrimonio. Cuando la Biblia dice: Huid de la fornicación, está diciendo: Huid de todo uso del sexo fuera del matrimonio, dentro de esto, ciertamente, huid de toda relación sexual prematrimonial. El mejor consejo para prevenir una relación sexual prematrimonial es abandonar las caricias en el noviazgo. Estos son los principios más importantes de un noviazgo que agrada a Dios. Bien harían los jóvenes auténticamente cristianos con incorporar estos principios a su diario vivir.

 

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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4- Las calumnias no son parte de la conducta

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

4- Las calumnias no son parte de la conducta

DAVID LOGACHO

Qué grato es contar con su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Dentro de la serie que lleva por título: La Vida Auténticamente Cristiana, hoy nos corresponde aprender que las calumnias no son parte de la conducta de alguien que se precia de ser un auténtico cristiano.

La lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas” Esta es la apreciación del poder de la lengua, que Santiago hace en su libro. Inclusive la comparó con un pequeño fuego, capaz de encender un gran bosque. Todos hemos vivido en carne propia el poder destructor de la lengua. Tal vez fuimos nosotros los que causamos gran mal con algo que dijimos, o tal vez fuimos nosotros los que sufrimos gran mal por algo que dijeron otros acerca de nosotros. Santiago llega a la conclusión que ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Hablando de veneno mortal viene a mi mente un tipo de víbora conocida con el nombre de cobra negra. Según Jack Toomey, guarda del zoológico del Bronx, la cobra negra tiene la admirable capacidad de escupir su veneno a una distancia de hasta cinco metros con una precisión tan extraordinaria que llega a los ojos de su víctima, con el propósito de causar una ceguera temporal, para luego proceder a la mortal mordedura. Bueno, la lengua tiene un poder mayor. Puede lanzar una calumnia y esta calumnia puede llegar a lugares insospechados con su carga de maldad para destruir el carácter de una persona y en algunos casos hasta la propia vida. Otra característica de la vida auténticamente cristiana es una separación total de todo lo que tenga que ver con calumnias. La Biblia habla bastante en contra de las calumnias. Pero antes de considerar lo que dice la Biblia acerca de las calumnias, definamos primeramente los términos. Una calumnia es una acusación falsa, hecha maliciosamente con el propósito de causar daño. Calumniar es atribuir falsa y maliciosamente a algún otro, palabras, actos o intenciones deshonrosas. La calumnia normalmente echa mano de otra acción reprochable llamada rumores. Los rumores son una especie de vehículos o medios por los cuales las calumnias se esparcen como plumas al viento. Recoger rumores y esparcir rumores es equivalente a impulsar el efecto nocivo de las calumnias. Habiendo dicho esto, dejemos que Dios por medio de su palabra nos hable acerca de las calumnias. Número uno, no calumniar es un mandato claramente establecido en la palabra de Dios. Éxodo 23:1 dice: “No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso” Cuando unos soldados preguntaron a Juan el Bautista cómo podrían demostrar su arrepentimiento, Juan el Bautista tocó el asunto de las calumnias. Lucas 3:14 dice: “También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario” Hablando sobre la conducta de las mujeres ancianas, Pablo hizo referencia específica a las calumnias. Tito 2:3 dice: “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien” Escribiendo a su fiel discípulo, Timoteo, Pablo demandó que las mujeres, probablemente esposas de diáconos o tal vez diaconizas, se abstengan de las calumnias. 1 Timoteo 3:11 dice: “Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” La Biblia, como no podría ser de otra manera, ordena abstenerse de las calumnias. No sólo el lanzar calumnias, sino también el recoger y propagar calumnias. Pero a pesar que la Biblia habla de abstención total de calumnias, siempre ha habido y habrá personas que diciéndose cristianas incurren en este pecado de calumniar. Por eso es que, número dos, la Biblia dice que el calumniador es un necio. Proverbios 10:18 dice: “El que encubre el odio es de labios mentirosos; y el que propaga calumnia es necio.” Propagar calumnias es propio de una persona necia. La palabra hebrea que se ha traducido como “necio”, según los que saben este idioma, significa alguien que es falto de inteligencia. La falta de inteligencia queda demostrada por la falta de comprensión de lo negativo de la calumnia tanto para el calumniador como para el que es víctima de la calumnia. Y esto nos lleva al tercer punto de lo que la Biblia dice sobre la calumnia. Tiene que ver con las consecuencias para el que calumnia. La Biblia dice que el calumniador será avergonzado. Salmo 119:78 dice: “Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; pero yo meditaré en tus mandamientos” Los calumniadores no se saldrán con la suya. Quizá por un tiempo parecerá como si nada les va a pasar. Pero a los ojos de Dios, su castigo es inminente. Por eso el salmista dice: Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado. Cuidado amable oyente con calumniar. Salmo 119:29 dice: “Sean vestidos de ignominia los que me calumnian; sean cubiertos de confusión como con manto” Las consecuencias por calumniar pueden ser muy funestas. Es Dios quien se encargará de administrar justicia. La calumnia fue parte del pecado de Israel, por el cual Dios condenó a todo ese pueblo al cautiverio. Con lágrimas en los ojos, el profeta Jeremías lamenta este hecho. Note lo que dice Jeremías 9: 1-9 “¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! ¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores. Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová. Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda calumniando. Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad; acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente. Su morada está en medio del engaño; por muy engañadores no quisieron conocerme, dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los refinaré y los probaré; porque ¿qué más he de hacer por la hija de mi pueblo? Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su boca dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas. ¿No los he de castigar por estas cosas? Dice Jehová. De tal nación, ¿no se vengará mi alma? Es algo muy serio andar por el camino de la calumnia. Dios castiga este pecado con severidad. Si no me cree, mire lo que pasó con el pueblo de Israel. Además, la Biblia dice que los calumniadores no morarán en la presencia de Dios. En el salmo 15, versículo 1, David el salmista hace dos penetrantes preguntas: La primera, Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? La segunda, Jehová, ¿Quién morará en tu monte santo? El resto del salmo se ocupa de contestar estas dos preguntas. Dentro de esto está el versículo 3 donde dice: “El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino.” Allí lo tiene, la calumnia impide que una persona more en la presencia de Dios. Gracias a Dios que Jesucristo pagó también por el pecado de la calumnia para que los calumniadores arrepentidos puedan morar en la presencia de Dios. De otra manera no hubiera habido esperanza para los calumniadores. El punto número cuatro, la Biblia enseña que a medida que se acercan los postreros días, la calumnia cobrará fuerza inusitada. 2 Timoteo 3:1-3 dice: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno” Observe, los tiempos peligrosos de los postreros días, estarán caracterizados por la presencia, entre otros, de hombres calumniadores. La iglesia está viviendo en los postreros días. No es extraño por tanto que veamos un despertar inusitado de este mal tan terrible llamado calumnia. El quinto punto, la Biblia habla de la actitud que debemos tener los creyentes en medio de un mundo propenso a calumniarnos. Lucas 6:28 dice al respecto: “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.” Este es el consejo que da el Señor Jesucristo. Él lo demostró durante su pasión. Sus enemigos le calumniaron sin misericordia, y finalmente, lograron que sea crucificado. En medio del tormento de la muerte, Jesús oraba por los que le calumniaron. Lucas 23: 33-34 dice: “Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes” Además de orar por los que nos calumnian, la Biblia aconseja que debemos tapar la boca de los que nos calumnian por medio de nuestra buena conducta. 1 Pedro 3:16 dice: “Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” Cuando uno es calumniado, uno es tentado a muchas cosas. Es tentado a identificar al calumniador para darle su merecido. Es tentado a luchar para componer la maltrecha imagen. Pero nada de esto sirve. Es mejor hacer lo que aconseja la palabra de Dios. Orar por los que nos calumnian y tener buena conciencia o buen testimonio, para que en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian nuestra buena conducta. Si Usted, amiga, amigo oyente, desea ser un cristiano auténtico, debe abandonar la calumnia. Es otra característica de la vida auténticamente cristiana.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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3 – La muerte

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

3 – La muerte

DAVID LOGACHO

Damos gracias al Señor por el privilegio que es para nosotros el tener a Usted como uno de nuestros oyentes. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con la serie que lleva por título: La Vida Auténticamente Cristiana, en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca de un correcto enfoque sobre la muerte.

Pensando en la muerte, W. G. Elmslie dijo lo siguiente: Entre los que son de Cristo, nunca deberían decir: esta es la última vez que nos vemos. Claro, porque en algún momento volverán a verse en el más allá. Amos J. Tarver dijo acerca de lo mismo: La muerte no es un punto final, sino una coma en la historia de la vida. Gotthold dijo algo muy estimulante sobre la muerte: Cuando un creyente muere, no es como un niño que es obligado con la vara a dejar de jugar, sino como un niño que está cansado de jugar y quiere regresar a su casa. A un anciano escocés en su lecho de muerte, se le pregunto qué pensaba sobre la muerte. Respondió: Me importa poco si vivo o si muero, porque si muero, yo estaré con Jesús y si vivo, Jesús estará conmigo. Estamos hablando de la muerte porque otra característica de la vida auténticamente cristiana es un adecuado enfoque sobre la muerte. Antes de seguir adelante será bueno clarificar lo que significa la palabra muerte. Básicamente significa: separación. En la Biblia se habla de tres tipos de muerte. La muerte física, que es la separación entre la parte inmaterial del hombre, y la parte material del hombre. La muerte espiritual es la separación entre el espíritu del hombre y Dios. La muerte segunda, también conocida como la muerte eterna es la eterna separación de Dios en un lugar de tormento en fuego, o el estado eterno de los malos. La palabra de Dios muestra que el hombre nace en un estado de muerte espiritual, es decir, separado de Dios. Romanos 3:23 dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” La única manera de revertir este estado y pasar a tener vida espiritual es por medio de recibir a Cristo como Salvador. Juan 3:36 dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” Si el hombre persiste en ese estado de muerte espiritual y le sobreviene la muerte física, se habrá terminado la oportunidad que ese hombre tenía para arreglar su problema de pecado con Dios, y entrará a la muerte segunda o muerte eterna. Un estado que no puede ser revertido de ninguna manera. Hebreos 9:27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” Ahora bien, dando como un hecho, porque en realidad es así, que los auténticos cristianos han dejado de estar en el estado de muerte espiritual y han llegado a tener vida espiritual, es necesario que tengan un correcto enfoque sobre la muerte física. En cuanto a esto, la Biblia enseña que la muerte física es el resultado de la entrada de pecado en el mundo. Una vez que Adán y Eva cayeron en pecado, Dios les hizo saber las funestas consecuencias de esta acción. Tome nota de una de esas consecuencias. Génesis 3:19 dice: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Si el pecado no hubiera entrado en el mundo, la muerte física no estaría presente en el mundo. ¿Puede imaginar un mundo en el cual no exista la muerte física? ¡Maravilloso! ¿Verdad? Un mundo así está por venir. Apocalipsis 21:4 nos habla de una de las características de ese mundo futuro. Dice así: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” Jesucristo, quien venció a la muerte, garantiza la ausencia de la muerte en aquel mundo futuro. Además de esto, la Biblia dice que Dios determina de antemano cuánto tiempo va a vivir cada ser humano. Job 14:5 dice: “Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará” Este pensamiento puede ser difícil de asimilar para mucha gente, especialmente para la gente incrédula, pero para los creyentes es una especie de seguro de vida. Dios no solo conoce, sino que ha determinado los segundos, minutos, horas, días, meses y años que yo voy a vivir. Eso me dice que no saldré de este mundo ni un segundo antes ni un segundo después que lo que Dios ha establecido. Entonces no debo enfrentar la vida con temor de que la muerte me pueda sobrevenir en cualquier momento. Relacionado con esto, la Biblia dice que debemos entender que la vida en este mundo es muy pasajera, muy temporal. Job 14:1-2 dice: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece.” Vista así la vida, a la luz de la muerte, no tiene sentido invertir el poco tiempo que tenemos en edificar un imperio, sabiendo que cuando salgamos de este mundo no podremos llevar nada que sea material al más allá. Job lo reconoció cuando dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá.” Aunque la muerte produce terror en la mayoría de los seres humanos, los creyentes no debemos mirar a la muerte con terror. Cristo Jesús nos ha librado del temor a la muerte. Tanto es así, que en referencia a los creyentes, la Biblia habla de la muerte como un estado de sueño. Hablando de su amigo Lázaro, quien tenía cuatro días de muerto, Jesús dijo lo siguiente, según Juan 11:11 “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.” Esto no significa que cuando un creyente muere, su alma va a un estado de inconciencia, al sueño del alma, como sostienen algunas sectas falsas. Lo que significa es que la muerte para el creyente es comparable a esa sensación agradable que se experimenta cuando se entrega en los brazos de un profundo y reparador sueño. La Biblia también habla de la muerte como un cambio de morada, como cambiarse de una choza, o una tienda de campaña, a un majestuoso palacio. 2 Corintios 5:1 dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” El creyente puede vivir en uno de dos lugares. En el cuerpo, mientras está en el mundo, la Biblia lo compara con un tabernáculo, una habitación rústica, temporal, o en el cielo, cuando sale de este mundo, la Biblia lo compara a un edificio, pero no hecho de manos, es el mismo cielo. Morir para el creyente, es equivalente a ser promovido del nivel terrenal, con todos los inconvenientes, al nivel celestial, donde todo es perfecto. Pablo anhelaba que llegue ese momento de partir del tabernáculo y llegar al edificio. Note lo que dijo según Filipenses 1:23: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” La Biblia también habla de que la muerte es el momento de reunirse con la parte de la familia que partió antes de nosotros. Por ejemplo, cuando Jacob murió, dice la Biblia que se reunió con sus padres. Génesis 49:33 dice: “Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres.” La muerte nos separa de unos, pero nos une a otros. Los que quedan dicen: Se fue. Los que están allá dicen: Llegó. Allí está Jesús en persona, allí están todos los patriarcas. Allí están los apóstoles. Allí están todos los que han salido de este mundo confiando en Cristo como su Salvador. Allí están todos los seres queridos que nos precedieron en ese asombroso viaje. La muerte es reunión con los que nos antecedieron. Un avión en vuelo hacia Miami fue declarado en emergencia. Casi todos los pasajeros comenzaron a desesperarse, excepto por una ancianita quien como si estuviera ajena al peligro en que estaba, proseguía con su tejido. Cuando finalmente el avión aterrizó sano y salvo en Miami, una mujer que estaba sentada al lado de esta ancianita, le preguntó: ¿Cómo es que Usted estaba tan tranquila mientras el avión estaba en peligro de estrellarse? Con una sonrisa en los labios, la ancianita respondió diciendo: Mire, soy viuda. El Señor nos dio una sola hija quien vive aquí en Miami. Si el avión aterrizaba sin problema, me iba a recibir mi hija, a quien no he visto en mucho tiempo, pero si el avión se accidentaba y yo moría, me iba a recibir mi esposo, a quien tampoco he visto en mucho tiempo. A los dos le quiero mucho. Así que no tenía por qué preocuparme. Finalmente, la Biblia muestra que la muerte de los creyentes es estimada para Dios. Salmo 116:15 dice: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” Algo estimado es algo valioso, algo precioso. La muerte de los creyentes es tan valiosa, o tan preciosa que Dios no lo va tratar ligeramente. Si un creyente muere es porque eso fue absolutamente necesario en los planes y propósitos de Dios. No hay motivo para pensar que Dios se ha equivocado al llevarse a alguien de este mundo. Pero la muerte de un creyente es estimada, porque además eso significa que Dios tiene con él a alguien que es suyo. Es como cuando un padre ve regresar a su hijo al hogar luego de un largo viaje. Los que somos padres y hemos tenido hijos que han estado fuera del hogar por largo tiempo, por sus estudios por ejemplo, hemos experimentado el gozo profundo al ver que el hijo regresa luego de terminar sus estudios. Este gozo es un pálido reflejo de lo que debe sentir el Señor cuando ve a uno de sus hijos retornando al hogar. Por eso dice la Biblia: estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos. Puede ser que la muerte esté rondando muy cerca de su vida. Si Usted es creyente, no tenga temor. Agárrese fuerte de lo que dice la Biblia sobre la muerte. Puede ser que un ser querido suyo, quien confiaba en el Señor como su Salvador, ha partido hace poco al hogar celestial. No se desespere, no eche la culpa a Dios. Piense en todo lo que la Biblia dice sobre la muerte de un creyente. Anímese con la idea que algún día Usted se volverá a encontrar con él o con ella, asumiendo que Usted es creyente, por supuesto. Otra característica de la vida auténticamente cristiana es una adecuada perspectiva de la muerte.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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