El combate cristiano (4): un testimonio

Sábado 26 Septiembre


El Señor va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.
Deuteronomio 31:8

No temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Josué 1:9

El combate cristiano (4): un testimonio

«Era mi primer puesto de trabajo después de terminar mis estudios. Días más tarde mi jefe me dijo que iba a trabajar con una nueva herramienta informática cuyo nombre me parecía muy inconveniente y grosero para un cristiano. Después de haber hablado con un amigo y orado con él, tomé la decisión de decirle a mi jefe que no podía trabajar con ese programa, incluso si por ello tenía que dejar mi puesto de trabajo. Su secretaria me puso una cita para las cuatro de la tarde. Pero pasado el mediodía, supe que una joven cristiana conocida había perdido la vida en un terrible incendio. Ya desanimado, esta noticia me dejó destrozado. Pero aún pude suplicar al Señor antes de ir a hablar con mi jefe. Le expliqué mi decisión. Hizo una llamada telefónica y puso fin a nuestra conversación. ¡Una hora más tarde vino a decirme que el programa tenía un nuevo nombre!

¡Qué respuesta y tranquilidad recibí! Sin embargo, lo más importante fue la lección que el Señor me enseñó en esta circunstancia: cuando tomamos una decisión debido a nuestra fe, Satanás se opone y trata de asustarnos. Muchas cosas sorprendentes, a veces incluso espantosas, surgen ante nosotros como obstáculos infranqueables. Debemos permanecer firmes, avanzando humildemente con la ayuda del Señor, a pesar de todo. En esos momentos solo hay un camino seguro: permanecer sereno cerca del Señor en oración, pensar en su victoria y verlo a la diestra de Dios. No olvidemos que él tiene poder para tocar los corazones (Proverbios 21:1)».

(continuará el próximo sábado)

Lamentaciones 2 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6
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¿Para quién es el paraíso?

Viernes 25 Septiembre


El hombre no es justificado… sino por la fe de Jesucristo.
Gálatas 2:16

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8

¿Para quién es el paraíso?

Muchas personas se hacen una imagen muy personal de la gracia de Dios. Para ellas la salvación se obtiene haciendo buenas obras, complementadas con un poco de gracia. Se imaginan un paraíso lleno de buenas personas que alcanzaron el mínimo exigido por «ese buen Dios», mientras el infierno lógicamente está reservado para los que son claramente pecadores.

Agradezcamos a Dios porque esas suposiciones son falsas y no tienen nada que ver con la realidad que enseña la Biblia. Si esas ideas correspondiesen a la realidad, ¿podríamos algún día estar seguros de haber alcanzado ese «mínimo» aceptable por Dios? A los ojos de nuestros semejantes quizá demos buena impresión, pero ¿qué vale nuestra reputación tan pronto como nos colocamos ante la presencia de Aquel que sondea los corazones? Cuando se halló frente a Dios, el joven Isaías, quien hasta entonces había tenido una opinión bastante buena de sí mismo, tuvo que exclamar: “¡Ay de mí! que soy muerto” (Isaías 6:5).

La gracia de Dios está reservada precisamente para los que reconocen que son culpables y que están perdidos. Jesús mismo declaró que no había venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores (Lucas 5:32). ¿Qué justicia podía hacer valer el malhechor a quien Jesús prometió el paraíso el mismo día? ¡Por supuesto que ninguna!

La Biblia afirma: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Lamentaciones 1 – 2 Corintios 13 – Salmo 107:10-16 – Proverbios 24:3-4
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La verdad de Dios que tanto buscaba (2)

Jueves 24 Septiembre


Creí; por tanto hablé.

Salmo 116:10

Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

1 Corintios 2:5

La verdad de Dios que tanto buscaba (2)

«A medida que pasaban los meses me di cuenta de que me preocupaba demasiado por mi familia queriendo encontrar siempre las soluciones, y que de este modo me cargaba con los pequeños y grandes problemas de cada uno. También quería que todos hallasen la salvación en Jesús, ¡costase lo que costase! Pero Dios me interpeló: ¡Ten cuidado, quieres tomar mi lugar al sentirte responsable del futuro de cada uno de los tuyos! Así no conseguirás nada. Deja todo en mis manos, incluida tu familia. ¡Vuelve siempre a mí y pídeme consejo!

Antes trataba de probar, de demostrar. Luchaba con todas mis fuerzas para llevar a la gente a la salvación. Pero el Evangelio no es un conjunto de reglas como el código de tránsito, ni el resultado de demostraciones humanas. Es la buena nueva del don de Dios. No se puede comparar con las religiones que mandan hacer buenas obras pero no conocen la compasión, el amor, la ternura, la piedad ni la justicia.

Acercándonos a Dios recibimos de él la fuerza y las palabras que tocarán el corazón de los demás. Solo por la fe en Jesús podemos acercarnos a Dios y entrar en su reino. Con esta confianza en la gracia y en el poder de Dios, oro para que cada miembro de mi familia conozca la salvación en Jesús.

Una de mis hermanas, que era depresiva, estaba muy angustiada. Le hablé de Jesús, creyó en él y halló la paz. Ahora podemos orar juntas y somos felices».

Rosa

“Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:8).

Jeremías 52:17-34 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2

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La verdad de Dios que tanto buscaba (1)

Miércoles 23 Septiembre


Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
Proverbios 3:5-6

La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Romanos 10:17

La verdad de Dios que tanto buscaba (1)

«Había recibido un evangelio, empecé a leerlo y descubrí con gozo que hablaba de amor, de misericordia y de perdón. Sin embargo, resultó que solo fue una simple lectura a la que no presté mucha atención. Molesta por no haber encontrado allí referencia al ayuno, lo dejé de lado. Un poco más tarde retomé la lectura y descubrí en esos pasajes del evangelio cosas tan hermosas que llamé a mis primos que eran cristianos. Ellos me explicaron lo que yo no entendía, oraron para que encontrase la paz y para que los ojos de mi corazón se abriesen a la verdad de Dios, a quien tanto buscaba. Durante mucho tiempo debatimos sobre el Evangelio, y también oramos, cosa que aprecié mucho. Eso me tranquilizó, pero todavía no estaba plenamente convencida. Rogaba a Dios así: Dios, me fío demasiado de mi inteligencia y de mis razonamientos. Primero quiero comprender todo. Pero esto no me lleva a ningún lugar. Oh Señor Dios, mi corazón está endurecido. Solo tú puedes convencerme para que escoja la verdad. Me gustaría que fuese claro para mí, me gustaría tener fe.

Durante este periodo de búsqueda espiritual tuve que enfrentarme a muchos problemas profesionales y familiares. Más tarde comprendí que, por este medio, Dios respondía a mis oraciones: quería mostrarme que solo él es el maestro. Y fue durante este periodo difícil cuando me convencí de la verdad del Evangelio y de la buena nueva de la salvación en Jesús».

Rosa (mañana continuará)

Jeremías 52:1-16 – 2 Corintios 11:16-33 – Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35
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¿Quién me librará?

Martes 22 Septiembre


La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Romanos 8:2

Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Colosenses 3:1, 3

¿Quién me librará?

La palabra “pecar” significaba originalmente «errar el blanco o no cumplir un objetivo». Muy a menudo el cristiano debe arrepentirse sinceramente de su comportamiento como pecador. Trata de vencerlo, pero frecuentemente vuelve a caer en los mismos errores. Quiere hacer el bien, pero al final no lo consigue.

El pecado es más que malas acciones, malas palabras o malos pensamientos: es esa fuerza arraigada a la naturaleza heredada de nuestros padres, que nos empuja a hacer el mal. Nuestros pensamientos, palabras o hechos son motivados por esta raíz que permanece en nosotros, incluso si somos cristianos. Y si no reconocemos esta terrible realidad, nuestra conciencia puede endurecerse respecto a la gravedad del pecado, o nuestro corazón puede desanimarse bajo el peso de la culpa.

Pero Dios quiere darme la victoria sobre el pecado que me empuja a hacer el mal. Debo recordar que Jesús murió en mi lugar. Porque creo en el Señor Jesús, debo considerarme como identificado con mi Salvador muerto en la cruz. Pero Cristo no se quedó muerto. Él resucitó. Aceptar que he muerto y resucitado con Cristo me libera del pecado y de su esclavitud.

En su vida cotidiana, el cristiano evitará alimentar esta fuente de mal que está en él debido a la codicia; así vencerá, por el poder del Espíritu Santo que hace morar a Cristo en él.

Y cuando el Señor venga a buscarnos, seremos librados definitivamente de esta fuente de mal.

Jeremías 51:33-64 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28
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¡Socorro, tormenta!

Lunes 21 Septiembre


Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte.
Lucas 22:31-32

Velad; porque vuestro adversario el diablo… anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.
1 Pedro 5:8-9

¡Socorro, tormenta!

Esa mañana, en la facultad, Juan logró una victoria: ¡al fin decidió contar a sus compañeros que era cristiano! Luego tuvo una conversación con ellos. Algunos se burlaron de él, afirmando que eran ateos.

Cuando regresó a su habitación de estudiante, de repente le surgió una duda: «Después de todo, ¿estás seguro de ti mismo? ¿Y si ellos tienen razón? ¡Sus argumentos parecen muy lógicos!». ¡En un instante, en la mente del joven se levantó una terrible tormenta! Los argumentos de sus compañeros cobraron fuerza… Juan ya no estaba seguro de nada…

¿Qué estaba sucediendo? Juan había tomado claramente su posición como creyente, y Satanás lo atacaba con “dardos de fuego” para tratar de debilitar su joven fe (Efesios 6:16). Este periodo difícil duró varias semanas. Juan leyó mucho su Biblia y expuso su angustia a Dios… Poco a poco la tormenta dio paso a una gran bonanza (Salmo 107:28-30). Juan aprendió dos lecciones básicas: su total debilidad ante Satanás y la solidez absoluta de la Palabra de Dios. “Escrito está”, este es el único argumento ante el cual Satanás huye.

Más adelante Juan conoció a otros jóvenes cristianos presos de las mismas dificultades y, gracias a la ayuda de Dios, pudo comprenderlos y ayudarlos.

Amigos cristianos, si a veces atravesamos periodos de crisis parecidos, no nos desanimemos. El Señor quiere emplearlos para instruirnos y fortalecer nuestra fe.

Jeremías 51:1-32 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25
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La libertad está en Cristo

Domingo 20 Septiembre


Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:34, 36

… A fin de que no sirvamos más al pecado.
Romanos 6:6

La libertad está en Cristo

Los creyentes que han puesto su fe en Jesucristo pueden turbarse al descubrir en ellos una tendencia incorregible al mal. ¿Cómo podemos resistir a esas inclinaciones? Hagamos una comparación.

Imagínese que en el inmueble donde usted vive en arriendo, el propietario no se contenta con recibir el alquiler mensual. Es muy exigente y a menudo aparece cuando menos lo espera.

Un día vende el inmueble; el nuevo propietario es totalmente opuesto al anterior. Se esfuerza para que los inquilinos se sientan bien en su casa. ¡Qué alivio para todos!

Durante cierto tiempo todo va bien, pero un día alguien llama a la puerta: es el antiguo propietario, que sigue viviendo en el edificio. Aunque ya no tenga derecho, vuelve para imponer sus exigencias. Incluso lo amenaza con quejarse ante el nuevo propietario.

¿Qué hacer? Contestarle que usted ya no tiene nada que ver con él, porque su responsabilidad es con el nuevo propietario. Entonces, no le hace caso y le cierra la puerta.

En Cristo, los creyentes encontraron un nuevo Maestro. Pero no deben olvidar que el pecado, esa raíz de donde provienen las malas acciones, siempre está en ellos. Cuando las inclinaciones al pecado se presentan, el cristiano debe rechazar con firmeza la tentación. Tiene que hablar de ello a su nuevo Señor y contar con él para recibir la ayuda y las fuerzas necesarias.

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23
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El combate cristiano (3): ¿quién vencerá?

Sábado 19 Septiembre


El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
Gálatas 5:17

Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
Romanos 6:11

El combate cristiano (3): ¿quién vencerá?

Para explicar el primer versículo, un cristiano tomó esta imagen: «Tengo dos perros que a menudo se pelean, un pastor alemán y un dogo negro. ¿Cuál de los dos ganará?». Después de haber escuchado algunas respuestas, el cristiano añadió: «¡El que alimento mejor!».

El creyente posee dos naturalezas que tienen aspiraciones y gustos muy diferentes:

–la “carne” (o la vieja naturaleza), que es el estado natural de cada uno de nosotros, y

–una nueva naturaleza, espiritual, que recibimos de Dios.

Los pensamientos de la “carne” están dirigidos hacia todo tipo de codicias, mientras los pensamientos de la nueva naturaleza están animados por el Espíritu Santo, que nos habla de Cristo (Romanos 8:5). Cada día estas dos naturalezas quieren satisfacer sus apetitos. Pero lo que las nutre está diametralmente opuesto: lo que alimenta la naturaleza marcada por el pecado debería asquear a la nueva, y hacerla anhelar un alimento sano. Así, no alimentar a la vieja naturaleza es considerarla como muerta.

El apóstol Pedro nos recomienda abstenernos de “los deseos carnales que batallan contra el alma” y desear, “como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:11, 2). ¡Entonces el Espíritu Santo vencerá!

¿A quién beneficia, pues, lo que oigo, lo que miro, lo que leo y lo que hago? ¿A la nueva naturaleza o a la “carne”? Esta pregunta, con la gracia de Dios, debería ayudarme a tomar buenas decisiones para agradar a mi Señor.

(continuará el próximo sábado)
Jeremías 50:1-20 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22
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La pregunta de las preguntas

Viernes 18 Septiembre


Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mateo 16:15-16

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Juan 6:68-69

La pregunta de las preguntas

¿Qué dice usted de Jesucristo? Esta es una pregunta muy seria, ¡la más importante de todas! Reflexione antes de contestar. Dependiendo de si usted deposita su confianza en él o no, si le ama o no, usted tendrá o no tendrá comunión con Dios. Muchas personas que dicen ser cristianas solo ven en Jesucristo a un hombre mejor que otros, un mártir por la causa de Dios, un gran modelo, el fundador de la religión del amor. ¡Pero esto no es lo que realmente dice la Biblia!

Otros lo llaman Salvador, pero tratan de añadir sus propias obras a la suya. Esperan que cuando hayan hecho todo lo que son capaces de hacer, Jesús hará el resto. Estas opiniones tampoco tienen en cuenta la obra de Jesús. Fue él quien hizo todo para salvarnos, él es un Salvador perfecto.

Otros reconocen a Jesús como el único autor de la salvación, como el Salvador del mundo, pero no tienen una relación personal con él, y su vida lo demuestra. ¿De qué servirán estas opiniones o palabras el día en que haya que rendir cuentas a Dios?

Un cristiano convencido de lo que cree no teme responder: Jesús es mi Salvador, mi Señor, mi poderoso Amigo, mi Pastor. A la pregunta que Jesús hizo a su discípulo Pedro, él respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta respuesta es mucho más que una opinión, es la base misma de la fe, que descansa en la persona y en la obra de Jesús.

Jeremías 49:23-39 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21
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La escuela de Dios

Jueves 17 Septiembre


Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
Salmo 32:8

La escuela de Dios

Jesucristo me buscó y me salvó. Desde ese momento le pertenezco y estoy en su escuela. Él me dijo: “Aprended de mí” (Mateo 11:29), y lo necesito. “¿Qué enseñador semejante a él?” (Job 36:22). “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25).

Día tras día, leyendo su Palabra, descubro lo que soy y mi ignorancia, pero sobre todo aprendo a conocerlo a él, su dulzura, su paciencia. Si a veces puedo decir: “sé…”, entonces oigo su voz: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). Él sabe ponerme a prueba.

Por ejemplo, es posible que hoy deba superar un examen de paciencia. Poco importa el problema que se me presente o el medio que el Señor emplee. Quizá sea un contacto con una persona que tiene un carácter difícil, un niño inquieto o una serie de pequeñas contrariedades. Si no estoy lo suficientemente preparado mediante la oración y la simple confianza en Dios, ni siquiera me daré cuenta de que se trata de un examen. Solo veré las circunstancias adversas y no la mano divina y sabia que desea hacerme experimentar sus liberaciones.

Dios es fiel, él es quien mide la dificultad de la prueba y da la fuerza para sobrellevarla. Él sabe cuándo se aprendió la lección (1 Corintios 10:13).

Una razón por la cual el cristiano es dejado en la tierra es porque está en la escuela de Dios. Fue el motivo por el cual Israel –pueblo terrenal de Dios– tuvo que errar cuarenta años antes de entrar en un país que estaba tan solo a once días de camino. El significado de este camino errante es: aprender a conocerse a sí mismo y a conocer a Dios. Esta doble lección dura toda la vida.

Jeremías 49:1-22 – 2 Corintios 6 – Salmo 106:6-12 – Proverbios 23:17-18
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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