Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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1 Samuel 4 | Romanos 4 | Jeremías 42 | Salmo 18

14 AGOSTO

1 Samuel 4 | Romanos 4 | Jeremías 42 | Salmo 18

Se cuenta una vieja anécdota de un hombre disoluto que escuchó un mensaje religioso, el cual le hizo pensar que debía reordenar su vida. Fue a hablar con un pastor. Este le dijo que lo mejor para él era dejar el alcohol, las mujeres y el juego. El hombre se quedó pensativo unos instantes, y dijo: “¿Sabe? Creo que no merezco lo mejor”. ¿Qué es lo segundo mejor?

Podríamos pensar que, tras la catastrófica destrucción de Jerusalén, anunciada durante mucho tiempo por Jeremías, el profeta gozaría de una enorme credibilidad entre los supervivientes. La triste realidad es que sólo la tiene hasta el punto de que se dirigen a él para consultarle, pero nada más (Jeremías 42). Únicamente les interesa la aprobación divina para el plan que ellos mismos han elaborado. No quieren lo mejor de Dios, o su voluntad, sino que él apruebe lo que ellos desean. Jeremías busca a Dios prudentemente y, diez días más tarde (42:7), la palabra del Señor viene a él. El contenido del mensaje es el siguiente: permanece en Judá y Dios te protegerá; huye a Egipto y él lo considerará como una señal más de rebelión. Si lo haces, su ira te perseguirá hasta allí y te destruirá, tal como ha hecho con tantos en Jerusalén y sus alrededores. Incluso en el momento en que está comunicando este mensaje, el profeta ve que las cosas no van bien y que la hostilidad contra el mismo y contra sí mismo se acentúa. El capítulo siguiente (Jeremías 43) recoge el escepticismo burlón de los líderes y su determinación de ignorar al profeta y sus mensajes, de desechar sus palabras por no ser ciertas y de reunir al remanente del pueblo con el fin de viajar a Egipto. Es lo que acaban haciendo, llevando a Jeremías con ellos.

La mayor parte de los movimientos que surgen del fértil terreno de la cristiandad apelan, de una forma u otra, a la voluntad de Dios. Pocos indagan en ella con demasiada profundidad. El Señor está por la evangelización; por tanto, está por la manera en que propongamos llevarlo a cabo y pedimos que su voluntad apruebe nuestros métodos. Dios es amor; así pues, está en contra de la disciplina en la iglesia excepto en los casos más graves (que nunca se dan y, si lo hacen, quedan rápidamente cubiertos por el amor del Señor), y suplicamos que su voluntad apruebe nuestra determinación de ser buenos. Dios quiere que su pueblo sea santo y apartado para él; por tanto, debemos unirnos, aislarnos del mundo y lanzar púas llenas de odio a todos los que no estén de acuerdo con nosotros. De nuevo, pedimos que la voluntad de Dios autorice nuestra dureza y cruel condescendencia. Resulta terriblemente fácil caer en esos desdichados pozos. Tan solo hace falta decidirse a no mostrar más interés en la voluntad de Dios que el necesario para la aprobación de nuestras preferencias.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 226). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La poderosa raíz del amor práctico

JUNIO, 29

La poderosa raíz del amor práctico

Devocional por John Piper

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. (1 Juan 3:14)

En ocasiones, la Biblia define al amor como la condición para la experiencia continua y final de la gracia venidera. Esto no significa que el amor debe preceder a la fe en la promesa. Al contrario, significa que la fe en la promesa debe ser tan real que el amor que produce prueba la realidad de la fe.

Entonces, el amor por otros es una condición para la gracia venidera en el sentido de que confirma que la condición primaria —la fe— es genuina. Podemos decir que el amor por los demás es una condición secundaria que confirma la autenticidad de la condición primaria, que es la fe.

La fe percibe la gloria de Dios en las promesas de gracia venidera y abraza todo lo que las promesas revelan acerca de lo que Dios es para nosotros en Jesús. Esta comprensión espiritual y el deleite en Dios son la evidencia auténtica de que Dios nos ha llamado a ser beneficiarios de su gracia. Esta evidencia nos liberta para apoyarnos en la promesa como si fuera nuestra. Y apoyarnos en las promesas nos da poder para amar, lo cual a su vez confirma que nuestra fe es real.

El mundo está desesperado por encontrar una fe que combine dos cosas: una comprensión asombrosa de Verdad divina inquebrantable y el poder completamente práctico, las 24 horas al día, para hacer una diferencia libertadora en la vida. Eso es lo que yo también quiero. Por eso es que soy cristiano.

Hay un gran Dios de gracia que magnifica su propia infinita autosuficiencia al cumplir promesas a personas indefensas que confían en él. Y hay un poder que viene de valorar a este Dios que no deja sin tocar ningún rincón de la vida. Nos da poder para amar de la manera más práctica posible.

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La fe auténtica en comparación con la fe falsa

MAYO, 27

La fe auténtica en comparación con la fe falsa

Devocional por John Piper

Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:28)

La pregunta que todos nos planteamos es: ¿Somos parte de los «muchos» cuyos pecados él llevó? ¿Seremos salvos en la venida que es «para salvación»?

La respuesta de Hebreos 9:28 es «sí», si somos de «los que ansiosamente le esperan». Podemos estar seguros de que nuestros pecados han sido borrados y que seremos salvos en el día del juicio si confiamos en Cristo de un modo tal que nos haga estar ansiosos por su venida.

Hay una fe falsa que afirma creer en Cristo, pero que no es más que una póliza de seguro contra incendios. La fe falsa «cree» solo para escapar del infierno. No desea realmente a Cristo. De hecho, quienes tienen este tipo de fe hasta preferirían que él no viniera, para así poder complacerse tanto como les fuera posible en los placeres mundanos. Esto demuestra un corazón que no está en Cristo, sino con el mundo.

Entonces, la cuestión es la siguiente: ¿Anhelamos con ansias la venida de Cristo? ¿o queremos que espere mientras continuamos en nuestro amorío con el mundo? Esa es la pregunta que pone a prueba la autenticidad de la fe.

Por lo tanto, seamos como los corintios, que estaban «esperando ansiosamente la revelación de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 1:7), y como los filipenses, cuya «ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente [esperaban] a un Salvador, el Señor Jesucristo» (Filipenses 3:20).

Esa es la cuestión. ¿Amamos la esperanza de su venida? ¿O amamos al mundo y tenemos esperanzas de que su venida no interrumpa nuestros planes mundanos? De estas preguntas depende nuestra eternidad.

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El contratiempo más triunfante de Dios

DICIEMBRE, 16

El contratiempo más triunfante de Dios

Devocional por John Piper

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11)

La Navidad fue el más triunfante de los contratiempos para Dios. Él siempre se ha deleitado en mostrar su poder a través de una aparente derrota, efectuando retiradas tácticas para obtener victorias estratégicas.

José recibió en un sueño la promesa de gloria y poder (Génesis 37:5-11), pero para alcanzar esa victoria tendría que volverse esclavo en Egipto. Y como si eso fuera poco, cuando las circunstancias mejoraron gracias a su integridad, lo convirtieron en algo peor que un esclavo: un prisionero.

Sin embargo, todo estaba planeado. Allí en la prisión conocería al copero del Faraón, quien finalmente lo llevaría a la corte del Faraón, quien le otorgaría autoridad sobre Egipto. ¡Vaya que fue un inesperado camino hacia la gloria!

Así son los designios de Dios —incluso para su Hijo—. Se despojó de sí mismo y tomó la forma de un esclavo. Peor aún que un esclavo —un prisionero— y fue ejecutado. Pero al igual que José, conservó su integridad. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla» (Filipenses 2:9-10).

Estos son los designios de Dios también para nosotros. Nos ha prometido gloria si padecemos con él (Romanos 8:17). El camino hacia arriba es para abajo. La ruta hacia adelante es para atrás. El camino de la victoria es a través de los contratiempos asignados divinamente. Estos siempre parecerán y se sentirán como fracasos.

No obstante, si hay algo que José y Jesús pueden enseñarnos en esta Navidad, es que ¡«Dios lo encaminó a bien»! (Génesis 50:20). Como dice la canción:

Ustedes, santos temerosos, tomen nuevo aliento

Las nubes que tanto los atemorizan

Llenas de misericordia están y romperán en su momento

En una lluvia de bendiciones.


Devocional tomado del libro “Joseph and Jesus: God’s Successful Setbacks”

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LA ACCIÓN DE GRACIAS DE JONÁS

LA ACCIÓN DE GRACIAS DE JONÁS

11/20/2017

Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. (Jonás 2:9) 

Es asombroso que el profeta Jonás diera gracias a Dios mientras estaba en el vientre del gran pez (Jon. 2:1). ¿Cómo reaccionaría usted si estuviera en el lugar de Jonás? Tal vez clamaría: “¿Qué estás haciendo, Dios? ¿Dónde estás? ¿Por qué está sucediendo esto?” Pero Jonás reaccionó de manera diferente: “Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste” (v. 2). Después describió su hundimiento en el mar y la seriedad de su dilema (vv. 3-5)

No obstante, en medio de tan difícil situación, Jonás oró: “Tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo” (vv. 6-7). Aunque tenía sus debilidades, Jonás demostró una gran estabilidad espiritual en su oración. Confió en el poder de Dios para librarlo si quería. De igual manera, la paz de Dios lo ayudará a usted si reacciona ante las circunstancias con acción de gracias.

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Cuando estoy ansioso

NOVIEMBRE, 16

Cuando estoy ansioso

Devocional por John Piper

…echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7)

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, peleo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmo 34:19). Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».

Cuando me vuelvo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto a la muerte, peleo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, peleo contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que a su vez, es la raíz de tantos otros pecados.

Por eso, mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios. Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla para vivir por fe en la gracia venidera.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 59

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Enfoca tus oraciones

Mayo 6

Enfoca tus oraciones

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Lectura bíblica: Juan 17:1–4

Así como [Dios el padre] le diste [a Cristo el Hijo] autoridad sobre todo hombre, para que [Jesús] dé vida eterna a todos los que [el Padre] le has dado. Juan 17:2

a11 No oro mucho. Cuando oro, me escondo con un extinguidor, por si acaso a Dios no le gusta lo que digo y me manda fuego.

3 De vez en cuando tiro una oración hacia el cielo. Me preocupo de que cuando Dios me oiga orar diga: “¿Y ese quién es?”.

5 Oro. Pero entre dientes. Creo que Dios prefiere escuchar a mi hermana.

7 Estoy bastante seguro de que Dios me oye. Pero todavía tengo a mano el extinguidor para mis pedidos realmente grandes.

10 Hablo con Dios con seguridad y respeto. Sé que Dios contesta cada oración en una manera que coincide con su voluntad.

Quieres que tus amigos conozcan a Jesús. Y ayer aprendiste que la oración es tu punto de partida para contarles a otros de Jesús. Pero, ¿hasta qué punto estás seguro de que Dios contestará tus oraciones?

Observa esta escala de 1 a 10. ¿Hasta qué punto estás seguro?

Es absolutamente importante que lleguemos a sentirnos seguros al orar. Esta es la razón: Dios tiene un plan para obrar en tu mundo. De hecho, tiene unas promesas extraordinarias que quizá sean nuevas para ti. Pon a prueba ésta: “Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra” (Salmo 2:8). Para recibir con más fuerza el impacto de su promesa, exprésalo así: “Si me pides, te daré tu equipo de fútbol, o el chico que se sienta a tu lado en tu clase de matemáticas, o de inglés…”.

Dios promete darte las personas a las cuales puedes hablarles de él. Tu parte es pedir. ¡El tiempo y la experiencia te darán la seguridad para ser audaz cuando oras!
Existe un secreto que te ayudará a pedir con confianza y a apropiarte de lo que Dios prometió: Ora teniendo una meta. Muchos creyentes oran diciendo: “Bendice a Fulano de Tal”, sin tener idea de lo que realmente están pidiendo. Dios quiere que ores enfocado en lo que quieres que haga. Sé específico con Dios al orar por tus amigos, compañeros de escuela, de equipo o familiares no creyentes.

No hay ninguna duda en cuanto a la voluntad de Dios para nuestros amigos. Los quiere a todos en el cielo (ver 2 Pedro 3:9). Así que cuando pedimos que nuestros amigos confíen en Cristo y sean salvos, ¡podemos estar seguros de que estamos pidiendo algo que Dios ha anunciado como su voluntad!

PARA DIALOGAR
¿Cómo pueden enfocar sus oraciones por sus amigos no cristianos?

PARA ORAR
Pídanle a Dios que obre en la vida de sus amigos no cristianos, teniendo como meta que confíen en Cristo.

PARA HACER
Practiquen la costumbre de orar por sus amigos no creyentes.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Usa el arma más poderosa

Mayo 5

Usa el arma más poderosa

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Lectura bíblica: Efesios 6:10–20

Orando en todo tiempo en el Espíritu. Efesios 6:18

a1Quizá quieres contarle las buenas nuevas de Jesús a un amigo que no es creyente. Y crees que eso empieza con explicar todo lo que tiene que ver con la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección. ¡Un momento, da marcha atrás! Hay un paso que dar antes que eso.

Hablar a otros de Jesús realmente comienza con oración.

Orar no significa que le hablamos a Dios mascullando, usando palabras grandiosas que no entendemos. Orar es hablar con Dios en un lenguaje sencillo acerca de nuestros pensamientos, sentimientos y preocupaciones cotidianos. Y podemos estar absolutamente seguros de que Dios nos oye cuando oramos. Tal es así, que Dios espera ansiosamente que nos acerquemos a él en oración. Somos sus hijos, y él valora cada minuto que pasamos en su compañía.

Dios realmente quiere escuchar nuestra oración por nuestros amigos no creyentes. ¿Por qué? Por dos grandes razones:
1. La oración nos acerca a Dios. La oración desconecta nuestra mente de la música, los sitios de Internet, la televisión y los juegos de vídeo; y nos conecta con Dios. En lugar de ser Dios un extraño que apenas conocemos, es un amigo cercano. Cada vez estamos más y más seguros de que nos ama.
Cuando hemos logrado una relación cercana con Dios, entonces podemos empezar a hablar de nuestros amigos. A medida que nos aferramos a Dios en oración, nos apropiamos de su amor por el mundo de los no creyentes que él quiere alcanzar por nuestro intermedio. Y además, una relación estrecha con Dios es algo que no podemos comunicarles a nuestros amigos a menos que nosotros mismos la tengamos.

2. La oración es el arma más poderosa en una guerra espiritual. Cuando oramos, ¡Dios obra! Nuestras oraciones a favor de nuestros amigos no cristianos aplastan a Satanás. Dios prepara a nuestros amigos para recibir nuestro mensaje. Y nos da la fuerza para hablar de él.
Dios está decidido a hacer cosas asombrosas en tu escuela y tu vecindario. Cuando oras, te conectas con Dios y sintonizas lo que él tiene la intención de lograr.
¿Te das cuenta por qué Dios quiere pasar el tiempo contigo en oración? ¿Estás aprovechando esta arma poderosa? ¿Estás aprovechando al máximo el anhelo de Dios de estar cerca tuyo?

PARA DIALOGAR
¿Qué les gustaría hacer para mejorar el tiempo que dedican a Dios en oración?

PARA ORAR
Señor, haz que nuestra vida de oración contigo sea profunda. Ayúdanos a captar tu amor por los no creyentes a nuestro alrededor.

PARA HACER
¡Dediquen hoy algo de tiempo para orar por alguien con quien quieren compartir su fe. ¡Adelante!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

¿Por qué hay gente mala?

Mayo 4

¿Por qué hay gente mala?

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Lectura bíblica: Gálatas 6:7–10

Por lo tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe. Gálatas 6:10

a1—Todos me lo hacen. Pero Alejandro es el peor —se lamentó Mónica—. Me fastidia todo el tiempo en la clase de gimnasia porque no puedo hacer flexiones. Me gustaría mostrarle cómo le puedo flexionar la cabeza hasta arrancársela.

La mamá de Mónica le clavó una mirada que decía: “Querida, sé que hablas en broma, pero no sería una buena decisión de tu parte”.

—No le voy a hacer nada —prometió Mónica—, pero qué bueno sería que Dios le diera un sopapo.

La mayoría hemos deseado que Dios aplastara a nuestros enemigos y les impidiera que nos hagan sentir mal. En el fondo de ese deseo yace una pregunta: ¿Por qué permite Dios que la gente opte por ser mala, especialmente a los que optan por ser realmente malos?

Por más difícil que sea aguantarlo, dar al ser humano la habilidad de optar por el bien o el mal fue la mejor decisión que nuestro Dios amante jamás pudo hacer. En realidad no nos gustaría vivir en un mundo donde Dios nos obliga y obliga a todos los demás a ser buenos. Acuérdate qué incómodo te sientes cuando tus papas o maestros te obligan a tratar bien a alguien. Sientes que te están arrastrando por las narices. Haces lo menos posible por satisfacer al adulto que te lo pidió. Aun si sonríes por afuera, frunces el ceño por adentro. Y peor aun, la otra persona puede notar que lo haces sin ganas, y a nadie le gusta recibir cariño a medias.

Por otro lado, a todos nos gusta demostrar cariño cuando lo hacemos por nuestra propia cuenta. Es como cuando ayudas con los trabajos en la casa de un amigo. Cuando nadie te obliga a hacer algo bueno, de pronto rastrillar las hojas secas o guardar juguetes hasta puede ser divertido.

Si Dios nos hubiera hecho a todos para ser buenos, mejor hubiera sido que nos hiciera robots. Los robots no aman. Simplemente hacen lo que fueron programados a hacer. Y nunca tienen la linda experiencia de decidir libremente el ser buenos o demostrar cariño.

Dios nos quiso tanto que nos puso en un mundo donde pudiéramos disfrutar de ser sus amigos. Aunque no nos gusta que nos lastimen los que optan por no ser buenos con nosotros, la oportunidad de elegir entre el bien y el mal es un privilegio demasiado bueno para renunciar a él.

Cuando alguien no nos trata bien, podemos pensar que Dios no comprende nuestra situación. Pero eso no es cierto. Recuerda cómo algunos tratan a Dios. Los seres humanos lo rechazan, se burlan de él y le desobedecen abiertamente. Dios se siente herido, pero sigue amando y haciendo cosas buenas para la gente. Nosotros también tenemos la oportunidad de seguir haciendo lo bueno.

PARA DIALOGAR
Contesten en sus propias palabras: ¿Por qué un Dios amante creó un mundo donde el ser humano puede optar por hacer el mal?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a seguir amando a los demás aun cuando nos tratan mal.

PARA HACER
Muchos culpan a Dios por la maldad en el mundo. Compartan lo que aprendieron con un amigo que tiene problemas con entender el mal.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.