La gran esperanza de las misiones

Octubre 25/2021

Solid Joys en Español

La gran esperanza de las misiones

John Piper

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La lengua

Lunes 25 Octubre

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros.Colosenses 3:16

Estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca.Lucas 4:22

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre (Jesús)!Juan 7:46

La lenguaTexto de la epístola de Santiago

“Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre… Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Santiago 3:4-1417).

Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cristo es como la luz del sol

Octubre 24/2021

Solid Joys en Español

Cristo es como la luz del sol

John Piper

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¿Qué son las “5 SOLAS”?

BITE

¿Qué son las “5 SOLAS”?

¿Quién las desarrolló?

¿Por qué son tan importantes?

Cinco Solas es el título para cinco frases en latín que comenzaron a mencionarse a partir de la Reforma protestante. Cada una de estas “Solas”, por ser fundamentales para los reformadores, no solo eran creencias que se diferenciaban del pensamiento romanista, sino también consideradas esenciales para la vida y práctica cristiana.

Es por esta razón que cuando hablamos de las “Solas” nos estamos refiriendo a los principios que guían y siguen guiando al protestantismo.

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CRÉDITOS

Conductor: Giovanny Gómez Pérez.
Artículo original: Ximena Prado Dagnino.
Adaptación del guión: Álvaro Dávalos.
Producción: Pilar Prieto.
Edición del video: Fernando Ordoñez.
Edición de audio: Alejandra Narváez.
Apoyo gráfico: Jairo Campos.
Música: Envato Elements.

Carta de un padre a su hija (sobre la vida en un mundo que degrada a las mujeres)

Coalición por el Evangelio

Carta de un padre a su hija

Querida Ava*:

Una parte de mí desearía no tener que escribirte esta carta.

Verás, desearía que viviéramos en un mundo donde todos los hombres siempre traten a las mujeres con dignidad y respeto.

Por desgracia, ese no es nuestro mundo, por lo menos no todavía. A pesar de que hay mucho bien, belleza y verdad en nuestro mundo, ambos sabemos que está lejos de ser perfecto. Entonces, si queremos vivir bien como seguidores de Cristo Jesús, tenemos que enfrentarnos al mundo como es, no como desearíamos que fuera.

Por eso te escribo esta carta.

Estas son algunas cosas que quiero que sepas, no para asustarte, sino para prepararte:

1. Nuestro mundo está fundamentalmente roto

Es un mundo caído. No es como Dios quiere que sea. De manera particular, lo vemos en la forma en que demasiados muchachos y hombres cosifican a las mujeres y a las adolescentes.

Si queremos vivir bien como seguidores de Cristo Jesús, tenemos que enfrentarnos al mundo como es, no como desearíamos que fuera 

Puede ser a través de palabras despectivas de hombres hacia mujeres que las amenazan y las degradan, o un contacto físico no deseado. O, como hemos visto en las noticias, puede llegar hasta una violación. Desde que Adán y Eva se rebelaron contra Dios, la humanidad ha estado desordenada en sus deseos y en su comportamiento, incluyendo el comportamiento sexual.

Esto significa que debes ser sabia al interactuar con otros jóvenes y hombres en nuestra cultura. Ahora, para aclarar, no me refiero a que debes estar paranoica o asustada: gracias a Dios, hay muchos hombres y jóvenes buenos en tu vida, ya sea en la familia, la iglesia y la escuela. Hay muchos hombres en los que puedes y debes confiar. Están aquí para ayudarte y cuidarte en la medida que creces.

Sin embargo…

Habrá algunos muchachos y hombres que intentarán aprovecharse de ti. Intentarán usarte y tal vez aun abusar de ti. Esto es culpa de ellos. Deberían estar avergonzados de sí mismos y deberían ser detenidos. Pero, hasta el momento en que te encuentres en esa situación, tendrás que ser sabia. Tu madre te ha enseñado bien sobre esto. Recuerda sus palabras: “Tu cuerpo solo le pertenece a Dios y a ti”. Así que, usa tu intuición: si te sientes incómoda en cualquier situación, vete. Ten cuidado con quién pasas tiempo a solas. No te pongas en situaciones en las que estarás vulnerable.

2. Nuestra cultura moderna está increíblemente sexualizada

Habrá algunos muchachos y hombres que intentarán aprovecharse de ti… tendrás que ser sabia 

Lo has visto por ti misma.

En nuestra cultura actual, el valor de una mujer no se mide por el contenido de su carácter, sino por su apariencia externa; por cómo lucen cuando son comparadas con el estándar de belleza retocada de nuestra cultura. Es tan difícil de evitar, ¿no es cierto? Desde Cardi B y su WAP, hasta la publicidad, ropa y maquillaje. Tu valor se basa en lo “sexy” que te ves (lo cual es perturbador, por decir lo menos).

No tengo que decirte qué gran trampa resulta esto para tantas adolescentes y mujeres, y lo presionada que se sienten de estar a la altura de un estándar impecable e imposible que ningún mortal puede cumplir. Cuando la identidad está ligada a nuestra apariencia, el autodesprecio, el odio a uno mismo, pueden surgir muy fácilmente.

Pero, afortunadamente, hay esperanza. Hay una mejor historia que la Biblia cuenta sobre tu identidad y valor como ser humano.

Cuando se trata de tu identidad, quién eres, recuerda que lo que importa es la visión que Dios tiene de nosotros: a sus ojos, somos portadores de su imagen, tenemos un inmenso valor. Además, como cristianos, estamos limpios de todo pecado. Somos miembros muy amados de su propia familia. Hemos sido resucitados espiritualmente a una nueva vida, ya no estamos muertos en nuestros pecados, aun mientras esperamos ser resucitados físicamente en ese Día Final. Nuestra identidad está segura en Él.

Recuerda que lo que importa es la visión que Dios tiene de nosotros: a sus ojos, somos portadores de su imagen, tenemos un inmenso valor 

Si tu identidad está segura, entonces no perseguirás la afirmación o el aplauso del mundo. No te sentirás tentada a hacer cosas simplemente para encajar con las personas que te rodean: cosas de las que puedes arrepentirte más adelante. Podrás aferrarte a lo que trae honor a Dios, es puro y verdaderamente hermoso.

3. Busca en Dios para satisfacer tus necesidades más profundas

Muchas personas, incluyendo a mujeres y adolescentes, anhelan el amor y la afirmación de hombres y jóvenes. Si bien Dios nos ha creado como seres relacionales, buscar primero en otras personas (incluyendo en novios y esposos) la satisfacción de tus necesidades emocionales, eventualmente te dejará sintiéndote vacía e insatisfecha. Solo Dios puede satisfacer nuestras necesidades emocionales más profundas. Como un hombre famoso dijo una vez: nuestros corazones estarán inquietos hasta que encuentren su descanso en Él.

4. Celebra la perspectiva de Dios sobre el sexo

Como les escribí a tus hermanos (en otra carta), el sexo no es un juguete o un juego al que juegas con quien quieras y cuando quieras, sino un regalo precioso que solo debes compartir con tu persona más íntima: un cónyuge. Nuestro mundo ve esta visión cristiana del sexo como anticuada y opresiva, pero es todo lo contrario. Cuando se usa de acuerdo con las instrucciones de nuestro Creador, el sexo es increíblemente maravilloso y liberador. Pero cuando se usa en contra de su buen diseño, puede ser increíblemente destructivo y dañino. De hecho, debido a que nuestra cultura ha rechazado la visión de Dios sobre el sexo, las adolescentes y las mujeres corren un mayor riesgo de sufrir daños y agresiones sexuales.

5. El trato de Jesús hacia las mujeres es un indicador de tu dignidad

Jesús trató a las mujeres de su vida con la dignidad que merecían, una dignidad que les pertenece por ser seres humanos, hechas a imagen de Dios 

Jesús trató a las mujeres de su vida con la dignidad que merecían, una dignidad que les pertenece por ser seres humanos, hechas a imagen de Dios. No eres inferior ni menos que cualquier hombre. Además, Jesús te ama tanto que dio su preciosa e infinita vida para rescatarte. El camino hacia la vida eterna se ha abierto para ti y para todas las mujeres, al igual que a los hombres. Nunca olvides esto.

6. Sé un ejemplo y sirve a quienes te rodean

Sé que ahora mismo estás nadando contra corriente. Estás sintiendo la presión de nuestra cultura sexualizada. Estás luchando por permanecer fiel a Jesús en un mundo que lo rechaza. Sin embargo, con solo continuar confiando en Él, puedes tener un impacto. Con solo mantenerte firme contra la corriente de nuestra cultura, estás sirviendo a quienes te rodean. Les estás mostrando que hay otra manera de vivir. Una mejor manera.

Es posible que no lo vean en este momento. Ahora, probablemente te vean como la perdedora cultural que se pierde toda la diversión. Pero con el tiempo, muchos de ellos probarán con tristeza el amargo fruto de la revolución sexual. Muchos comenzarán a preguntarse si existe una mejor manera de vivir la vida y la sexualidad. Después de Dios, puedes ser a quien ellos busquen. Puedes mostrarles el camino; un camino que conduce a la vida y al gozo, no al dolor y la tristeza. El camino de la verdadera satisfacción, significado y propósito: el camino de Dios en Jesucristo.

7. Conoce qué es la verdadera belleza y esfuérzate por conseguirla con todo tu corazón

Mientras atraviesas tu adolescencia con todas sus presiones, hormonas, alegrías y desafíos, aférrate a Jesús 

Como mencioné anteriormente, la perspectiva de la belleza de nuestra cultura comienza y termina con su apariencia física. No es de extrañar que las adolescentes y mujeres de todo el mundo gasten miles de millones al año tratando de lucir lo más bellas físicamente posible. Por desgracia, están persiguiendo la belleza equivocada.

Permíteme aclarar que no estoy diciendo que esté mal lucir bien. Pero creo que hay una belleza más profunda y valiosa que todos deberíamos perseguir: la belleza del carácter interior (1 P 3:4). Esta es una belleza que nunca se desvanecerá ni envejecerá. Nunca te sentirás presionada por ella. No morirás mil muertes como aquellos que confían en su apariencia externa envejecida como su fuente de belleza. Esta belleza interior te hará verdaderamente hermosa.

Mientras atraviesas tu adolescencia con todas sus presiones, hormonas, alegrías y desafíos, aférrate a Jesús. Es un hombre que nunca jamás te defraudará. Él satisfacerá tus necesidades más profundas. Él te sustenta. Ahora y siempre.

Con amor,

Papá

* He cambiado el nombre de mi hija para proteger su privacidad.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition: Australia. Traducido por Equipo Coalición.

Akos Balogh es el CEO de TGCA. Está casado con Sarah, y tiene tres hijos. Akos nació en Budapest, y fue bendecido de poder venir a Australia como refugiado en 1981. Llegó a la fe al final de la escuela secundaria, a través de la influencia de amigos, familia, y la lectura de la Palabra en la escuela. Estudió Ingeniería Aeroespacial en la UNSW, antes de trabajar en la RAAF durante cinco años. Después de completar su B.Div. de Moore Theological College, tuvo la alegría de servir en AFES durante seis años, en Southern Cross University en Lismore. Akos bloguea semanalmente en akosbalogh.com. Puedes contactarlo en Twitter.

Una razón para vacunarse: libertad

Coalición por el Evangelio

Una razón para vacunarse: libertad

John Piper

Mi objetivo con este artículo es animar a los cristianos a vacunarse si es que pueden hacerlo con limpia conciencia y una autorización médica acertada.

Las personas a las que tengo en mente son aquellas que no se han vacunado por miedo a dejar de estar en el bando de las personas que respetan y piensan que se unirán al bando de aquellas a quienes no admiran. Mi mensaje para ellos es simple: eres libre.

En este caso, no les estoy hablando a todos de manera directa. Si el sombrero te sirve, póntelo: revisa tu conciencia, consulta a tu médico y ve a vacunarte. Si no es así, sigue tu camino, por un lado triste y por otro alegre. Triste, porque más de 4.5 millones de personas han muerto por COVID-19 en todo el mundo (incluyendo a más de 700,000 estadounidenses). Con alegría, porque Cristo hace posible amar milagrosamente a las personas al estar «como entristecidos, pero siempre gozosos» (2 Co 6:10).

La leña que alimenta el fuego

Antes de llegar al argumento bíblico a favor de la libertad radical, considera algunas estadísticas que sirvieron de leña para alimentar el fuego sobre el cual se cocinó este artículo.

  • «Casi todas las muertes por COVID-19 que han ocurrido ahora en los EE. UU. han sido de personas que no estaban vacunadas… Desde mayo [2021]… las infecciones en personas completamente vacunadas representaron menos de 1,200 en más de 107,000 hospitalizaciones por COVID-19. Eso es alrededor del 1.1%. En el mes de mayo, alrededor de 150 de las más de 18,000 muertes ocurridas por COVID-19 fueron de personas completamente vacunadas. Eso se traduce en alrededor del 0.8%» (Associated Press).
  • Indiana «tuvo 3,801 muertes por coronavirus entre [18 de enero del 2021] y 16 de septiembre: 94% de ellos no estaban vacunados… El 97.9% de los habitantes de Hoosiers menores de 65 años que murieron no estaban vacunados» (Evansville Courier and Press).
  • En Montana, «desde febrero de 2021 hasta septiembre de 2021… el 89.5% de los casos, el 88.6% de las hospitalizaciones y el 83.5% de las muertes se produjeron entre personas que no estaban completamente vacunadas, incluyendo las que aún no eran elegibles para la vacunación» (KRTV – Great Falls).
  • «Más del 95% de las 443 personas menores de 60 años que han muerto de COVID-19 en Kentucky desde principios de julio no estaban vacunadas» (Lexington Herald-Leader).
  • El Departamento de Salud de Pensilvania informa que entre el 1 de enero y el 4 de octubre de 2021, «el 93% de las muertes relacionadas con COVID-19 ocurrieron en personas no vacunadas o que no habían sido completamente vacunadas» (FOX43).

Cuando las personas responden a esta realidad, que cada vez es más clara, señalando a líderes gubernamentales y médicos poco confiables y de mala reputación, yo respondo: «Eso es un non sequitur» [una conclusión que no sigue lógicamente la declaración anterior]. El equipo llamado «vacunación» acaba de anotar el primer punto, aun si son monos los árbitros. Para los amigos de todo el mundo que no conocen el fútbol americano, eso significa que una victoria es una victoria, aun si todos los entrenadores y árbitros son incompetentes.

Entonces, pensemos en la libertad cristiana.

El llamado a la libertad de Pedro

El apóstol Pedro dijo:

«Esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, ustedes hagan enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos. Anden como libres, pero no usen la libertad como pretexto para la maldad, sino empléenla como siervos de Dios. Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey» (1 Pedro 2:15-17).

«Anden como libres».

Pedro acababa de decir: «Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad» (1 P 2:13). ¿Cómo puedes «someterte» y «andar como libre» al mismo tiempo?

La respuesta de Pedro es que los cristianos son «siervos de Dios». En otras palabras, cuando te sometes a una «institución humana» (1 P 2:13), no lo haces como siervo de esa institución. Lo haces en libertad porque eres siervo de Dios, no del hombre. Dios es dueño de su pueblo, por creación y redención.

Dios es nuestro único dueño y por eso solo Dios nos gobierna. No somos gobernados por ningún hombre. Somos libres de toda propiedad y gobierno humanos 

El apóstol Pablo dice lo mismo: «…ustedes no se pertenecen a sí mismos… Porque han sido comprados por un precio» (1 Co 6:19-20). Dios te compró con la sangre de Cristo. Él es tu dueño y si le perteneces a Dios, no le puedes pertenecer a nadie más: «Ustedes fueron comprados por precio. No se hagan esclavos de los hombres» (1 Co 7:23).

Los cristianos no son propiedad de hombre alguno: de ninguna sociedad, empresa, clan, familia, escuela, ejército, gobierno o grupo de interés político. Dios es nuestro único dueño y por eso solo Dios nos gobierna. No somos gobernados por ningún hombre. Somos libres de toda propiedad y gobierno humanos.

Cuando nos sometemos, lo hacemos por amor al Señor, porque Él nos mandó que lo hiciéramos. La propiedad de Dios sobre su pueblo le quita todo derecho decisivo a la autoridad humana. Convierte cada acto de obediencia humana en adoración. Cuando nos sometemos, lo hacemos para la gloria de nuestro único Dueño y Maestro. La vida se dirige de manera radical hacia Dios.

«Los hijos están exentos»

Durante su vida en la tierra, Jesús le había enseñado a Pedro una lección sobre la libertad. Pedro se preguntaba a sí mismo acerca del impuesto de dos dracmas que los judíos tenían que pagar cada año (Mt 17:24). La respuesta de Jesús es la siguiente:

«“¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?”. “De los extraños”, respondió Pedro. “Entonces los hijos están exentos”, le dijo Jesús. “Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallarás un siclo; tómalo y dáselo por ti y por Mí”» (Mateo 17:25-27).

«Los hijos están exentos». Es decir, están libres de ser controlados por cualquier autoridad humana. Los hijos obedecen a su Padre. Él es su autoridad determinante. Lo que hacen, lo hacen por su voluntad, no por la voluntad del hombre. Los hijos son libres.

Los hijos del Rey no están obligados a pagar impuestos a las instituciones creadas por su Padre. Están obligados a obedecer a su Padre, no al hombre. Por lo tanto, cuando pagan el impuesto, lo hacen para honrar a su Padre, porque Él les dio los recursos y el mandato: «Tómalo y dáselo» (Mt 17:27).

Pedro aprendió la lección y ahora les dice a los cristianos: «Anden como libres». Ustedes son hijos de Dios, son esclavos de Dios. Ser hijos implica privilegio y amor. La esclavitud implica la propiedad y el gobierno de Dios. Ambos implican la libertad del hombre.

La liberación del hombre no es la exaltación del yo

Pero ay de nosotros, los cristianos, si esta libertad radical nos hace arrogantes. «Anden como libres, pero no usen la libertad como pretexto para la maldad» (1 P 2:16, énfasis añadido). El mayor mal es el orgullo de la exaltación propia. Pedro tiene claro cómo la propiedad y la paternidad de Dios deberían afectar a su pueblo: es decir, a sus siervos e hijos.

«Revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes» (1 Pedro 5:5-7). 

Los cristianos somos humildes porque estamos «bajo la poderosa mano de Dios» y estamos gozosos porque «Él tiene cuidado de [nosotros]». Nuestra libertad no nos vuelve descarados. Nos vuelve audaces, pero no descarados. Hay una audacia cristiana particular, una audacia de un corazón quebrantado. Nuestra libertad no nos vuelve arrogantes. Valientes sí, pero no engreídos. Hay un coraje que es particularmente cristiano: un coraje contrito.

¿Por qué contrito? Porque nuestra ropa todavía está chamuscada por el fuego de nuestra casi condenación. Merecemos la condenación y nos salvó solo por gracia. Dependemos por completo de la misericordia inmerecida y sin derecho. La promesa de Dios a sus hijos es tan asombrosamente grande que estamos, como dicen, anonadados por ella, abrumados. Humillados por las alturas prometidas.

«Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es de ustedes: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es suyo, y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:21-23). 

¡Todas las cosas son tuyas! ¡Así que no te jactes! Esa es la paradoja de la libertad cristiana. Nuestro Padre es dueño de todo. Somos sus herederos y lo heredamos todo. Somos hijos y sus hijos son libres. Por lo tanto, no hay que fanfarronear, no hay jactancia. Solo hay lágrimas de alegría porque no merecemos nada y queremos que todos los demás se unan a nosotros. Sin embargo, muchos se niegan. Esta es la libertad del amor. Una libertad que nos convierte en deudores de todos (Ro 1:14). Una libertad con obligaciones radicales enviadas por el cielo.

Liberados del miedo al hombre: de izquierda o de derecha

No te dejes esclavizar por el miedo a apartarte de las filas de tus aliados ideológicos. Eres libre 

Ahora, podríamos pensar que el objetivo de esta realidad bíblica de libertad cristiana audaz y con el corazón contrito sería esta: no es necesario vacunarse cuando el gobierno lo diga. Ustedes son libres, así que anden como personas libres.

Eso es cierto, por supuesto. Si tu Padre que está en los cielos te deja en claro, por su Palabra y sabiduría, que su gloria y el bien de tu prójimo serán mejor servidos si no estás vacunado, eres libre de correr el riesgo de infectarte de COVID por amor. Ningún cristiano está obligado a ceder ante mandatos injustificados.

Pero ese no es mi punto principal.

Mi punto es este: no te dejes esclavizar por el miedo al hombre. No te dejes esclavizar por el miedo a apartarte de las filas de tus aliados ideológicos. El antiguo nombre para esto es presión de grupo. Eres libre.

  • Has considerado el riesgo del COVID al ver morir a cientos de miles de personas.
  • Has considerado los riesgos a corto y largo plazo de las vacunas mientras observas a millones de personas recibir las inyecciones.
  • Has comparado la frecuencia de hospitalizaciones y muertes de personas con y sin vacunas.
  • Has pensado mucho en las implicaciones de las líneas celulares fetales en la producción y prueba de las vacunas.
  • Te has regocijado por la creciente evidencia de que la inmunidad natural, desarrollada después de recuperarse del COVID, es tan efectiva como la inmunidad por vacunación.
  • Has reflexionado sobre la probabilidad y la improbabilidad de las conjeturas conspirativas.

Tu conciencia está cada vez más limpia. Dice: «Vacúnate». ¡Pero existe este miedo molesto de parecer de izquierda, progresista, demócrata, transigente, o woke!

Entonces, mi mensaje para esas personas es este: «¡Los hijos son libres!»

Cada uno de nosotros permanece o cae ante su propio Maestro (Ro 14:4). «Anden como libres». Anden libres del miedo: al hombre, a ser etiquetado, a ser llamado transigente, a que se dude de que no son parte de los que valientemente se resisten (especialmente cuando sabes que miles de esos resistentes son realmente valientes, sabios y reflexivos).

El miedo no es libertad. «El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el Señor estará seguro» (Pr 29:25). El miedo al hombre tiende una trampa para arrebatar la libertad. ¿Por qué? Porque el alma temerosa ya está atrapada, ya cayó en la trampa, está atada y esclavizada.

Te llamo a algo mejor. «Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por tanto, permanezcan firmes, y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud» (Gá 5:1). No es un yugo al gobierno, no es un yugo antigubernamental. No es un yugo de izquierda ni un yugo de derecha.

Tienes la libertad de decir con integridad: «Mi decisión de vacunarme no es una decisión política. No es de derecha ni de izquierda. Es un acto de amor informado bíblicamente». Los hijos son libres. Entristecidos, pero gozosamente libres. Por tanto, «anden como libres».

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.

​John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

¿Quién soy yo?

Ministerios Ligonier

Serie: El cuádruple estado de la humanidad

Nota del editor:Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk MagazineEl cuádruple estado de la humanidad

Por Burk Parsons

¿Quién soy yo?

En la adaptación musical de la obra clásica de Victor Hugo, Los Miserables, el protagonista Jean Valjean llega a un punto de crisis en su vida en que se siente abrumado por su culpa al haber sido convicto como un criminal y delincuente. En una escena notablemente emocional, Valjean hace una pregunta penetrante: «¿Quién soy yo?». Al considerar su pasado, su presente y su futuro, lucha con la realidad de su culpa y su merecida condenación ante Dios y los hombres. Se ve forzado a cuestionar su identidad e integridad y a enfrentarse con la inocencia de un hombre que fue acusado falsamente porque ha sido erróneamente identificado como Valjean. Aunque Valjean ha logrado evitar ser reconocido como reo al cambiar de nombre e identidad, tiene que afrontar la verdad de quién es realmente: un convicto cuyo número de prisión es 24601.

Muchos lectores de Los Miserables no conocen el significado de ese número. Los estudiosos literarios argumentan que Víctor Hugo le asignó ese número a Valjean como una forma de identificarse con su protagonista, ya que representaba la fecha en que Víctor Hugo creía que había sido concebido: el 24 de junio de 1801 (24/6/01). Víctor Hugo se estaba identificando con Valjean como un pecador, no solo desde el momento en que pecó por primera vez, sino desde el día de su concepción. Bien pudiera ser que Víctor Hugo haya tenido en mente lo que David confesó: «He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre» (Sal 51:5).

La mayoría de las personas en el mundo no saben por qué están aquí, quiénes son en realidad, de dónde provienen ni hacia dónde van. Además, tienen una opinión totalmente incorrecta de sí mismas, pues creen que son fundamentalmente buenas, que nacieron buenas y que están de camino a un lugar bueno. No entienden que son pecadores culpables, concebidos en pecado, nacidos con una naturaleza pecaminosa, que viven bajo la ira de Dios y esperan la justa condenación de Dios. Toda la humanidad se encuentra por naturaleza en un estado de pecado, y todas las personas necesitan desesperadamente escuchar las buenas nuevas de Jesucristo para que, por la obra regeneradora del Espíritu Santo, puedan ser justificadas ante Dios por la fe sola y salvadas eternamente por medio de Cristo. Solo por la obra del Espíritu en nosotros a través del evangelio de Cristo, Dios nos muestra quiénes somos realmente, de modo que cuando somos movidos por el Espíritu a preguntar: «¿Quién soy yo?», podemos declarar humilde y valientemente: «Fui concebido en pecado, nací pecador, mereciendo la condenación, pero he nacido de nuevo por el Espíritu, he sido unido a Jesucristo y estoy destinado a la gloria. Eso es quien soy: mi identidad, por la gracia de Dios, está en Cristo».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

No necesitamos superhombres

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

No necesitamos superhombres

Por Howard Q. Davis Jr.

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

En el capítulo dos de Instruments in the Redeemer’s Hands [Instrumentos en las manos del Redentor], Paul David Tripp cuenta una historia de un miembro de la iglesia que llamó al pastor para que ayudara a un hombre. El comentario de Tripp para el miembro fue: «¿No es asombroso el amor de Dios? A Dios le importa este hombre y pone a uno de Sus hijos en su camino. Tú le importas a Dios y Él te ha dado la oportunidad de ser un instrumento en Sus manos». ¡Aquellos de nosotros que no somos pastores somos propensos a querer que el pastor lo haga todo! Esperamos que él esté a cargo de todo, desde mover las mesas para la reunión de damas hasta ser el director ejecutivo. Ese, definitivamente, no es el rol del pastor. La otra cara de la moneda es que en muchas iglesias el pastor quiere ser y es el director, pero eso tampoco es un modelo bíblico y, en última instancia, acarreará serios problemas para el ministerio.

Pues Dios no ve como el hombre ve, Como dice John MacArthur en The Master´s Plan for the Church [El plan del Señor para la Iglesia]: «Es comprensible que los ancianos no puedan darse el lujo de consumir su tiempo y energía con los detalles administrativos, las relaciones públicas, los asuntos financieros menores y otras cuestiones del funcionamiento diario de la iglesia. Tienen que dedicarse sobre todo a la oración y al ministerio de la Palabra y a elegir a otros para que manejen esos otros asuntos». El modelo bíblico de un pastorado es el de un trabajo en equipo. En cada lugar del Nuevo Testamento donde se usa el término presbuteros (es decir, «anciano») está en plural, excepto cuando el escritor se refiere solamente a sí mismo. En ninguna parte del Nuevo Testamento se hace referencia a una congregación de un solo pastor. La iglesia en Jerusalén incluía apóstoles y ancianos (Hch 11; 15); la iglesia en Antioquía tenía profetas y maestros (Hch 13:1). Asimismo, las iglesias en Creta, Filipos y Éfeso tenían ancianos, también llamados «obispos».

Don Clements en Biblical Church Government [El gobierno de la iglesia bíblica] escribe que «en cada una de las primeras iglesias del Nuevo Testamento, había claramente una pluralidad de ancianos en el liderazgo. En otras palabras, la iglesia no era gobernada por la decisión de una persona. Más bien, debía ser gobernada por grupos de ancianos que trabajaban juntos. Este es uno de los puntos más importantes en la forma bíblica de gobernar la iglesia, pero es un punto frecuentemente malinterpretado, practicado incorrectamente y difamado en las iglesias de hoy en día». Hay varios problemas con el modelo de un solo líder. Todos somos pecadores y, sin la participación de otro, uno puede convertirse en un «dictador religioso». La gran cantidad de tareas en la iglesia es demasiado grande para que un hombre las maneje física, mental y emocionalmente. Al tratar de hacerlas todas, como dice Clements, «el líder más fuerte, si se queda solo, se consumirá rápidamente». La Escritura nos manda a que examinemos cada palabra que procede del púlpito; si solo hay uno que toma las decisiones, no habrá mucho examen de lo que él diga. Muchas denominaciones se han ido por el camino de la apostasía por no practicar tal examen, y creo que es particularmente cierto en esta era de creerlo todo fácilmente y creencias pluralistas. Lo mismo sucedió en días de Jeremías (ver Jer 5:30-316:13-14).

La idea de múltiples ancianos no es una novedad para la Iglesia del Nuevo Testamento. La vemos operando a través del Antiguo Testamento. Dios, hablándole a Moisés desde la zarza ardiente, le ordena: «Reúne a los ancianos» (Ex 3:16b). Es poco probable que esto se refiera solamente a los hombres de mayor edad, pero esta es la primera vez que se usa este término en la Escritura. Sin embargo, en numerosos pasajes en Deuteronomio podemos ver que a los «ancianos» se les asignan responsabilidades específicas (19:12; 21:19-20; 22:15-18; 25:7-9; 31:9-13). Para la época de Cristo, los ancianos eran una institución en las sinagogas judías.

La función de los ancianos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es llevar a cabo la «supervisión» de la Iglesia. Las tareas de los ancianos, según lo establecido en la Escritura, incluyen predicar, enseñar, velar por la doctrina, ejercer disciplina, visitar a los enfermos, orar, alimentar al rebaño y velar por la congregación.

Pablo en su carta a los filipenses describe dos grupos de oficiales en la iglesia: obispos (supervisores o ancianos) y diáconos (Flp 1:1). El propósito especial del diácono se encuentra en Hechos 6:1-7: ellos ayudan a los ancianos a ministrar a los pobres y a las viudas (ministerio de misericordia) para que los ancianos puedan dedicarse al ministerio de la oración y la Palabra. Como su nombre lo indica en el griego, la función principal de los diáconos es la del servicio. Ellos realizan sus deberes bajo la supervisión de los ancianos. Como Brian Habig y Les Newsom señalan en su excelente obra The Enduring Community [La comunidad duradera], «la Palabra tenía que ser predicada para que las vidas fueran cambiadas y los corazones fueran convertidos. Tan fundamental fue esta actividad para la vida de la Iglesia que nada que los distrajera de esta práctica sería permitido… Los discípulos estaban tan comprometidos con estas actividades primarias que instituyeron un oficio completamente dedicado a las necesidades temporales o físicas de la Iglesia».

Gobernar junto a una pluralidad de ancianos no es solamente el modelo bíblico, sino que también le brinda mucha protección al pastor. Si el predicador actúa como un director ejecutivo, entonces cada decisión que él tome proveerá municiones a algún miembro disgustado de la congregación para que las use en su contra. Cuando los ancianos toman una decisión, es una decisión grupal, y por lo tanto, ¡no es solo del pastor!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Howard Q. Davis Jr.

El juez retirado Howard Q. Davis Jr. es un anciano gobernante en la Primera Iglesia Presbiteriana en Indianola, Mississippi. También se desempeñó como moderador de la 33ª Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en América.

Bonifacio: El apóstol a Alemania

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Bonifacio: El apóstol a Alemania

Por Henry Krabbendam 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

No es exagerado decir que, desde los días del gran apóstol a los gentiles, ningún misionero del evangelio ha sido más eminente en trabajos, en peligros, en devoción, y en tener ese propósito tenaz pero flexible que nunca pierde de vista su objetivo, aun cuando se viera obligado a acercarse a él por algún otro camino que el que se había propuesto originalmente, que Winfrid, conocido en los anales de la cristiandad como Bonifacio, “el apóstol de (los Países Bajos y) Alemania”» (William Smith y Henry Wace, eds., A Dictionary of Christian Biography [Diccionario de biografías cristianas], Nueva York: AMS Press, 1967, vol. 1, p. 327).

Este emotivo veredicto deja una impresión duradera en todo lector reflexivo. Francamente, debería emocionarlos. Pero ¿quién es este Bonifacio? ¿Qué le hizo merecedor de este veredicto? ¿Qué lo convirtió en el hombre que fue? Y, por último, pero no menos importante, ¿qué debe hacer la Iglesia con su legado?

Nacido en la década del año 670 en Bretaña y, preocupado por las cosas eternas a una edad sorprendentemente temprana, Bonifacio rogó, y finalmente recibió, el permiso renuente de su padre para entrar en un monasterio y entregarse a una vida de servicio en el Reino de Dios. Durante la preparación monástica para la tarea de su vida, aprendió la obediencia incondicional a sus superiores eclesiásticos, se inflamó su amor por Cristo, demostró ser un estudiante celoso de las Escrituras, se convirtió en un discípulo devoto en la escuela de la oración, creció rápidamente en la santidad con propósito, demostró ser un poderoso predicador del evangelio y fue ordenado sacerdote a la edad de treinta años. Pero, sobre todo, el monasterio, un semillero de fervor evangelístico, lo impregnó de un celo evangelístico duradero.

Su ministerio puede ser dividido en tres fases, formuladas desde su incursión misionera inicial (716) en los Países Bajos (Frisia), hasta su incursión final (754), posiblemente ya como un octogenario, en la misma área geográfica. Su primera incursión no tuvo éxito debido a una guerra que se desató entre Radbod, rey de los frisones, que buscaba devastar todas las iglesias y monasterios posibles, y Carlos Martel, rey de los francos. Su última incursión concluyó con su muerte como mártir, la pieza que coronó una vida extraordinaria, caracterizada por un impulso espiritual enorme, un entusiasmo sin temor, un vigor interminable y una perseverancia indomable. Se distinguió desde el principio como un misionero apasionado y eventualmente se convirtió en un organizador excepcional, un excelente administrador y un fino estadista. Dedicó todos sus dones y talentos a la infatigable búsqueda de su gran visión dual: cristianizar toda la Europa pagana y fusionar a los convertidos en una Iglesia poderosa, efectiva e influyente bajo la sombrilla unificadora y autoritaria del obispo de Roma.

En su primera fase (718-722), Gregorio II le encargó que trabajara como sacerdote misionero en Turingia (centro-sur de Alemania) y Frisia. En Turingia se encontró con una mezcla de cristianismo y paganismo, y con una moral relajada. Aunque disfrutó de cierto éxito, experimentó la resistencia de un clero de mentalidad independiente que controlaba a las iglesias ya establecidas. Esto y la muerte de Radbod lo motivaron a regresar a Frisia, donde trabajó durante tres años. Vio muchos paganos convertidos. Esta vez las autoridades eclesiásticas estaban con él e incluso le ofrecieron un obispado. Pero su corazón misionero no le permitió aceptarlo, porque estaba ansioso por moverse a nuevos campos de labor evangelística.

En la segunda fase (722-742), bajo la protección de Carlos Martel y delegado por Gregorio II como obispo misionero, se concentró primero en Hessia (norte-centro de Alemania) y luego en Turingia. Su éxito en Hessia lo inmortalizó como uno que «superó a todos sus predecesores en la dimensión y en los resultados de su ministerio» y, por tanto, «fue un instrumento de Dios mayor que ningún otro individuo para llevar el cristianismo» a Alemania. Los eventos que asestaron un golpe decisivo al paganismo mitológico y que hicieron que su ministerio se disparara fueron, en primer lugar, el talado osado y estratégico de un roble impresionante dedicado a la adoración de Thor, dios del trueno, que era considerado sagrado e inviolable. Y segundo, el uso de esa madera para erigir una capilla para la gloria de Cristo. Para la población nativa, la «falta de respuesta» de Thor estableció la autoridad del Dios cristiano y Su apóstol eclesiástico. Esto llevó a miles de conversiones y constituye el comienzo de la cristianización a todo lo largo de Alemania. Lo que caracterizó su ministerio en Turingia, luego de que Gregorio III lo encomendara como arzobispo misionero para darle mayor autoridad, fue la fundación de una vasta red de iglesias dedicadas, diócesis funcionales, monasterios disciplinados y escuelas florecientes. Con una combinación de gracia apacible y disciplina intolerante, predicó incesantemente contra el culto pagano, las herejías doctrinales, la impureza moral y el catolicismo independiente, y trató de erradicar estas cosas armado con el amor por las Escrituras y el celo por la Iglesia, así como con habilidad organizativa y capacidad administrativa.

En la tercera fase (744-753), bajo la protección de Pipino, hijo de Carlos Martel, y comisionado como arzobispo de Maguncia por el papa para darle jurisdicción regional, expandió su ministerio a Baviera (sur de Alemania) y Francia. En Baviera continuó mostrando su genio para la organización y administración eclesiásticas, y en Francia su celo indomable por la reforma personal y eclesiástica.

Al final, sin interés de partir tranquilamente de esta escena terrenal, murió como había vivido, como un soldado de Cristo. Buscando destruir la adoración pagana y salvar almas paganas, trajo sobre sí la ira de los objetos de su amor y celo. Él y sus compañeros se negaron a defenderse y fueron masacrados. Irónicamente, sus asesinos en poco tiempo reconocieron frente al Dios de Bonifacio y sus muchos amigos leales, el callejón sin salida espiritual y social en que vivían y se arrepintieron, en apariencia, de corazón. Se hicieron seguidores de Cristo y miembros de Su Iglesia. Así, Bonifacio logró con su muerte lo que no logró durante su vida.

Esto nos deja con las dos últimas preguntas planteadas al principio de este artículo: ¿Qué hizo que Bonifacio fuera el hombre que fue? ¿Y cuál es su legado? Ninguna de las dos preguntas es muy difícil de responder con la ayuda de las Escrituras, sus cartas y los testimonios de la historia.

Todos los elogios que le han sido y que le pudieran ser asignados, tales como su piedad con propósito, su gozo inefable, su constante alabanza a Dios, su celo indomable, su trabajo infatigable y su esfuerzo sacrificial, a menudo en medio de tiempos difíciles, parecen reflejar la gloria restaurada (Sal 85), con su fuente en la cruz y en la resurrección de Cristo, su agente en el Espíritu de Cristo y su primera gran demostración en Hechos 2. A lo largo de su ministerio, Bonifacio anheló y mostró el poder pentecostal de la resurrección que estaba ansioso por abrazar tanto el sufrimiento, que viene al predicar el evangelio, como la semejanza a una muerte llena de frutos que Jesús mismo dejó como modelo, tanto para Sus discípulos como para la Iglesia universal (Jn 12:24Fil 3:10Col 1:24). Combina este poder abundante del Espíritu con un amor sacrificial y un discernimiento que luce infalible en el manejo de personas y situaciones eficazmente y sin temor (2 Tim 1:7), y comenzará a surgir el perfil del «apóstol de los Países Bajos y Alemania». En una entrega llena de gozo, se sometió a vivir en un monasterio como campo de entrenamiento habitual de la fe cristiana. Pronto encontró su nicho misionero y con una devoción inquebrantable mantuvo el rumbo en el principio, en la mitad y hasta el final de su vida. Al principio, puso en peligro su vida aventurándose en una zona que estaba en guerra con el evangelio. A la mitad, arriesgó su vida y bajo la autoridad del evangelio derribó un roble que era idolatrado. Al final, entregó su vida y fue martirizado por la causa del evangelio. Básicamente, estas tres instancias cuentan su historia.

Pero ahora, su legado. Sería inconcebible demandar que todos los cristianos imiten los dones que Dios ha derramado sobre algunos individuos en específico, como es el genio para la organización y la administración. Sin embargo, sería igualmente inconcebible no presentar como vinculante para cada individuo lo que Dios requiere de todos los cristianos. Siguiendo los pasos del gran apóstol a los gentiles, Bonifacio abrazó de todo corazón, como norma de Dios, el doble plan que Cristo dejó a la Iglesia: sufrimiento y muerte en Él, y vida en Su pueblo (2 Co 4:12). Si la Iglesia celebrara a Bonifacio simplemente como un fenómeno extraordinario, perdería el punto. Solo si él logra energizar a la Iglesia, y solo si la Iglesia lo abraza a él y su vida como un ejemplo del deseo de avivamiento de parte de Dios, y solo si nos confesamos como culpables y avergonzados de todo lo que se quede corto de esto, entonces podremos esperar disfrutar de un tipo de ministerio así de indispensable, ya sea en lo que parece ser un Oriente Medio (musulmán) prácticamente muerto, en una Europa (secularizada) casi muerta o en unos Estados Unidos de América (humanistas) moribundos. Francamente, el mensaje de la historia en general y de Bonifacio en particular es muy claro. A menos que la Iglesia, siguiendo los pasos de Bonifacio, esté dispuesta a sufrir y morir, y con palabras y ejemplos urja a todos sus hijos a una edad temprana a seguir su ejemplo, en lugar de solo permitirles renuentemente que lo hagan en circunstancias extraordinarias, la Iglesia estará destinada a sufrir y enfrentar de cerca la muerte a manos del mundo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Henry Krabbendam
Henry Krabbendam

El Dr. Henry Krabbendam es profesor de teología en Covenant College en Lookout Mountain, Georgia, y es misionero en Uganda.

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