¡No tengo tiempo!

Lunes 16 Mayo
Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.
1 Samuel 9:27
Es el tiempo de buscar al Señor.
Oseas 10:12
Enséñanos… a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
Salmo 90:12
¡No tengo tiempo!
¡Qué tiempos más sorprendentes los que vivimos! Los avances tecnológicos nos proporcionan, en todas las áreas y entre otras cosas, los medios para ser cada vez más eficientes, para ahorrar tiempo. Teléfonos inteligentes, ordenadores y máquinas de todo tipo cambiaron drásticamente nuestras vidas en el ámbito profesional o familiar, nuestra forma de comunicarnos y nuestros desplazamientos. Todo va cada vez más rápido y, sin embargo, todo el mundo se queja de falta de tiempo.

Pero, ¿hemos intentado contabilizar el tiempo que pasamos frente a las pantallas de todo tipo y tamaño?

¡La vida familiar está cada vez más invadida por las innumerables actividades personales de padres e hijos!

¡No nos dejemos sumergir por esa marea de sonidos e imágenes que nos acaparan! ¡Detengámonos ahora para leer o escuchar la Palabra de Dios! Cualquiera que sea el medio, escrito u oral, Dios nos habla en la Biblia. Sus palabras son verdaderas, seguras, y tienen un carácter único. Nos muestran claramente el mal que hay en el corazón de todo hombre, y sus consecuencias.

Pero esta Palabra también quiere mostrarnos, si la creemos, cómo ser liberados, cómo recibir un corazón sabio. La sabiduría de Dios fue revelada en Jesús, a quien Dios nos envió. ¡Para tener la vida eterna debemos conocerle y creer en él!

Tomémonos el tiempo para escuchar, como aconsejó el profeta Samuel: “Mas espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios” (1 Samuel 9:27).

Isaías 65 – Marcos 13 – Salmo 58:6-11 – Proverbios 15:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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3 – LA MUJER SABIA EDIFICA SU CASA | Proverbios 14:1

IACC

SERIE: LIDERAZGO AL ESTILO DE JESÚS

3 – LA MUJER SABIA EDIFICA SU CASA | Proverbios 14:1

Ps.Nelson Quintero

«Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor a Jesús.» – 2 Corintios 4:5

El Hombre dócil

Domingo 15 Mayo
El Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde.
Isaías 50:5
El Hombre dócil
El ser humano está marcado por la obstinación. Pocos meses después de su nacimiento ya se manifiesta la rebeldía. No es por la influencia del ambiente que nos volvemos así; este corazón duro es parte de nuestra naturaleza, y esa naturaleza no mejora ni siquiera en el entorno más favorable: “En tierra de rectitud hará iniquidad” (Isaías 26:10). Por eso, durante el milenio de justicia y paz que Dios establecerá sobre la tierra, el Señor tendrá que reinar con vara de hierro (Salmo 2:8-9); sus enemigos se someterán a él porque no tendrán alternativa (Salmo 66:3), y aun así se levantarán finalmente en rebelión contra Dios (Apocalipsis 20:7-9).

El hombre es incorregible. Del pueblo especial que Dios eligió para sí, él tuvo que decir: “Pusieron su corazón como diamante, para no oír” (Zacarías 7:12). Y así somos todos por naturaleza: nos aferramos a nuestra propia voluntad, para no aceptar la de Dios.

Pero hubo un hombre totalmente distinto: Jesús, quien dijo: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). ¡Qué satisfacción para Dios, encontrar por fin un hombre dispuesto a oír! “Has abierto mis oídos… el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:6-8).

Al final de su servicio, el Señor Jesús oró a su Padre: “Si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42). Esta es la actitud que Dios aprecia: “El obedecer es mejor que los sacrificios”, la obstinación es como idolatría (1 Samuel 15:22-23).

Cristo, como Hombre en esta tierra, “por lo que padeció aprendió la obediencia; y… vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8-9).

Isaías 63-64 – Marcos 12:28-44 – Salmo 58:1-5 – Proverbios 15:17-18

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Lo Que Sabemos De Dios – Lección 1/4

Ministerio Tercer Milenio

Serie: CREEMOS EN DIOS

Lección 1/4

Lo Que Sabemos De Dios

Third Millennium Ministries
Serie: CREEMOS EN DIOS
¿Quién es Dios?

¿Cuáles son Sus atributos? – ¿Cuál es Su plan eterno? – ¿Cuáles son Sus obras en la historia?
En un nivel más fundamental, las Escrituras nos fueron dadas para enseñarnos acerca de quién es Dios y qué ha hecho por nosotros.
De hecho, conocer a Dios es esencial para que entendamos nuestro mundo y a nosotros mismos.
Es por eso que estudiamos lo que los teólogos llaman teología propia, o la doctrina de Dios.

Objetivos del Curso:

Introducir las preocupaciones principales de los teólogos sistemáticos con respecto a la teología correcta.
Discutir un enfoque sistemático para distinguir los atributos de Dios.
Examinar el plan y las obras de Dios, especialmente Sus decretos, Su creación y Su providencia.

Lección 1: Lo Que Sabemos De Dios
Lección 2: ¿Cómo Es Dios Diferente?
Lección 3: Como Dios Es Como Nosotros
Lección 4: El Plan y las Obras de Dios

Third Millennium Ministries» es un ministerio Evangélico Cristiano en la tradición Protestante, sin fines de lucro. Estamos reconocimos por la agencia de Servicios de Recaudación Interna (IRS) como una corporación 501 (c ) (3). Dependemos de la generosa contribución deducible de impuestos de las iglesias, fundaciones, negocios e individuos.

Nuestra misión es preparar a los líderes de las iglesias en sus propias tierras al crear un plan de estudios de seminario multimedia en cinco idiomas principales.

Historia de un traidor

BITE

Historia de un traidor

Un soldado norcoreano descubre un “texto prohibido”

¿Qué pasaría si descubres que la luz que conoces no es mas que oscuridad? Conoce al soldado del ejercito norcoreano, Lee Kyong, y su respuesta al encuentro con un versículo bíblico.

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CRÉDITOS

Dirección: Giovanny Gómez Pérez
Guión: David Riaño
Ilustración y animación: Jairo Campos Ampudia
Narración: Carlos Arturo Silva
Edición de audio y música: Carlos García
Edición de video: Fernando Ordóñez
Consulta y asesoría: Jeanine Martínez

Tenga contentamiento

MEDITACIÓN DIARIA
Tenga contentamiento
El verdadero disfrute solo es posible cuando nuestro corazón está puesto en Cristo.

14 de mayo de 2022

Hebreos 13.5, 6

El contentamiento es una cualidad que se ve en muy pocas personas hoy en día. Nuestra sociedad ofrece nuevos objetos y servicios que prometen placer, comodidad y satisfacción. Pero ningún bien material puede cumplir tales promesas a largo plazo.

El libro de Hebreos fue escrito a personas que estaban desalentadas y siendo perseguidas por su fe en Cristo. Esos creyentes enfrentaban muchas dificultades, incluso el oprobio público, el encarcelamiento y la incautación de sus propiedades (Heb 10.32-34). Sin embargo, en Hebreos 10.35, 36, el escritor los insta a perseverar porque tienen una mejor y eterna posesión que les espera en el cielo. Puede que no tuvieran riquezas tangibles o comodidades, pero en el Señor tenían todo lo que necesitaban, y Él prometió no dejarlos ni abandonarlos jamás, sin importar lo que les hicieran.

La mayoría de nosotros hoy en día tenemos mucha más riqueza material y seguridad que aquellos primeros creyentes, pero el contentamiento sigue siendo esquivo en gran medida. Eso es porque el problema tiene que ver con el corazón. Nos encanta el dinero y todo lo que proporciona. Así que, mientras el Señor “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti 6.17), el verdadero disfrute solo es posible cuando nuestro corazón está puesto en Él.

Biblia en un año: 2 Crónicas 11-14

El corazón humano

Sábado 14 Mayo

Yo sé que en mí… no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

Romanos 7:18

(Jesús dijo:) Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:31-32

El corazón humano

Lo que sucede cada día en el mundo es inquietante. El horror y la inmoralidad ocupan un lugar cada vez más importante en los hechos difundidos por los medios de comunicación. La cantidad de manifestaciones públicas que tienen como objetivo condenar este o aquel acto horrible demuestra una voluntad de detener esa marea del mal que va progresando. Pero es inútil esperar que el mal que invade el mundo retroceda si dejamos a Dios de lado.

No nos equivoquemos, el origen de todo acto reprensible y de todo crimen está en el corazón del hombre. La Biblia declara que el corazón es “engañoso más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9): no podemos cambiar nada. Incluso si a menudo nuestras intenciones son loables, en cada ser humano está la tendencia al mal.

La Biblia afirma que dicha tendencia está en cada uno de nosotros. Para Dios, “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Incluso si no hemos cometido un acto reprensible a los ojos de la sociedad, necesitamos ser liberados de este estado de pecado para experimentar la paz interior y poder agradar a Dios. Dios es amor, y “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Jesucristo dio su vida y fue condenado en nuestro lugar. ¡Recibir y aceptar este mensaje es creerle!

Isaías 61-62 – Marcos 12:1-27 – Salmo 57:6-11 – Proverbios 15:15-16

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67-Evangelización no requiere la expulsión previa de demonios en territorios a evangelizarse

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 67

Evangelización no requiere la expulsión previa de demonios en territorios a evangelizarse

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

19-La creación

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

LAS OBRAS Y LOS DECRETOS DE DIOS

19-La creación

Todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio. Yo tuve un principio; todos tuvimos un principio. La casa en que vivimos ha tenido un principio. La ropa que vestimos ha tenido un principio. Hubo un tiempo en que nuestras casas, nuestra ropa, nuestros automóviles, nuestras lavadoras, y nosotros mismos, no existíamos. No eran, no existían. Nada puede resultar más obvio que esto.

Como estamos rodeados por cosas y personas que obviamente tuvieron un principio, nos vemos tentados a saltar a la conclusión de que todo tuvo un principio. Esta conclusión, sin embargo, podría ser un salto fatal al abismo de lo absurdo. Sería fatal para la religión. También sería fatal para la ciencia y la razón. ¿Por qué? ¿No dije en un comienzo que todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio? ¿No es acaso lo mismo que decir que todo tuvo un principio? De ningún modo. Resulta simplemente imposible lógica y científicamente que todo haya tenido un principio. ¿Por qué? Si todo lo que existe tuvo un principio, entonces debe haber habido un tiempo cuando nada existía.

Detengámonos un instante para reflexionar. Intentemos imaginarnos que nada existe. Absolutamente nada. No podemos ni siquiera concebir la nada absoluta. El concepto en sí mismo es la negación de algo. Sin embargo, si dicho tiempo cuando nada existía fue, ¿qué habría ahora? Exactamente. ¡Nada! Si no había nada, entonces la lógica me obliga a deducir que siempre habrá nada. Ni siquiera es posible hablar de un «siempre» en que nada hubo.

¿Cómo podemos tener tanta certidumbre, en realidad, la más absoluta de las certezas, de que si no había nada entonces no habría nada ahora? La respuesta es sorprendentemente sencilla, a pesar de que hasta las personas muy inteligentes se tropiezan con este hecho tan obvio. La respuesta es sencillamente que no se puede extraer algo a partir de la nada. Una ley absoluta de la ciencia y de la lógica es ex nihilo nihil fit (de la nada, nada surge). La nada no puede producir nada. La nada no puede reír, cantar, llorar, trabajar, bailar o respirar. Y de ningún modo puede crear. La nada no puede hacer nada porque nada es. No existe. No tiene absolutamente ningún poder porque no es.

Para que algo surgiera de la nada tendría que poseer el poder de la autocreación. Debería ser capaz de crearse a sí mismo, de traerse a la existencia. Pero esto es a todas luces un absurdo. Para que algo se cree o se produzca a sí mismo es necesario que sea antes de ser. Pero si algo ya es, no tiene necesidad de ser creado. Para crearse a sí mismo, algo debería ser y no ser, debería existir y no existir, al mismo tiempo y en el mismo sentido. Esto es una contradicción. Violala más fundamental de todas las leyes científicas y racionales, la ley de la no contradicción.

Si es que sabemos algo, sabemos que si hoy algo existe, entonces, de algún modo, y en algún lugar, debe haber habido algo que no tuvo un principio. Soy conciente de que pensadores brillantes como Bertrand Russell, en su famoso debate con Frederick Copelston, argumentó que el universo presente es el resultado de una «serie infinita de causas finitas». Postula una serie infinita, desarrollándose hacia la eternidad pasada, de cosas causadas causando otras por siempre. Lo que esta idea hace es simplemente replantear el problema de la autocreación hacia el infinito. Es un concepto fundamentalmente tonto. El hecho de que haya sido propuesto por personas inteligentes no lo hace menos tonto. Es peor que una tontería. Las tonterías pueden ser reales. Pero este concepto es lógicamente imposible.

Russell puede negar la ley de que nada surge de la nada, pero no puede refutarla sin cometer un suicidio mental. Sabemos (con certidumbre lógica) que si algo existe ahora, entonces debe haber algo que no tuvo un principio. La cuestión ahora se convierte en saber qué o quién.

Hay muchos académicos que creen que la respuesta al qué la hallamos en el universo mismo. Argumentan (como en el caso de Carl Sagan) que no hay necesidad de buscar más allá del universo para encontrar algo que no tenga un principio a partir del cual todo proviene. En otras palabras, no es necesario suponer que exista algo semejante a «Dios» que trascienda el universo. El universo, o alguna cosa dentro del universo, puede cumplir esta función perfectamente.

Hay un error muy sutil en este escenario. Tiene que ver con el significado del término trascendente. En filosofía y en teología la idea de trascendencia significa que Dios está «sobre y más allá» del universo en el sentido de que Dios es un ser de orden superior a los otros seres. Solemos referimos a Dios como el Ser supremo.

¿Qué es lo que convierte al Ser supremo en algo distinto de los seres humanos? Notemos que ambos conceptos tienen algo en común, la palabra ser. Cuando decimos que Dios es el Ser supremo, estamos diciendo que es un tipo de ser distinto a los seres ordinarios. ¿En que consiste precisamente esta diferencia? Lo llamamos supremo porque no tiene principio. Él es supremo porque todos los demás seres le deben su existencia a Él, mientras que Él no le debe su existencia a nadie. Él es el Creador eterno. Todo lo demás es la obra de su creación.

Cuando Carl Sagan y otros dicen que dentro del universo, y no por encima o más allá del universo, hay algo que no ha sido creado, simplemente están haciendo uso de sofismas para hablar sobre la morada del Creador. Están diciendo que lo que no fue creado vive aquí (dentro del universo), y no «allá afuera» (por encima o trascendiendo el universo). Pero esto todavía requiere la existencia de un Ser supremo. La parte misteriosa, a partir de la cual provienen todas las cosas creadas, todavía estará más allá y por encima de cualquier otra cosa de la creación en términos de ser. En otras palabras, todavía se requiere la existencia de un Ser trascendente.

Cuanto más indagamos sobre este «Creador dentro-del-universo», más se asemeja a Dios. No ha sido creado. Crea todo lo demás. Tiene el poder intrínseco de ser.

Lo que resulta tan claro como el agua es que si algo ahora existe, entonces debe haber un Ser supremo que lo hizo existir. La primera afirmación de la Biblia es «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Este texto es fundacional para todo el pensamiento cristiano. No se trata solamente de una afirmación religiosa sino que es un concepto racionalmente necesario.

Resumen

l. Todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio.

  1. De la nada no puede surgir algo. La nada, nada puede hacer.
  2. Si no había nada, entonces ahora habría nada.
  3. Ahora existe algo; por lo tanto, debe existir algo que no tuvo un principio.
  4. Las cosas no se pueden crear a sí mismas porque esto implicaría que fueran antes de ser.
  5. Si alguna «parte» del universo no ha sido creada, entonces esta «parte» es superior o trascendente a las partes que han tenido un principio.
  6. Un ser que no ha sido creado es supremo (es un ser de un orden superior a los seres creados), independientemente de dónde esté su morada.
  7. La trascendencia se refiere a un nivel de existencia, no a la geografía.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Gen. 1

Ps. 33:1-9

Ps. 104:24-26

Jer. 10:1-16

Heb. 11:3

La pregunta fundamental

Ministerios Ligonier

La pregunta fundamental

Serie:  La doctrina de la justificación

Por W. Robert Godfrey

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La doctrina de la justificación.

Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio (Heb 9:27).

Estas impactantes palabras de la carta a los hebreos son casi incidentales a su enseñanza sobre la obra de Cristo, pero deberían alentar al hombre moderno a una reflexión minuciosa. Hoy en día se cuestiona cada parte de esa declaración, aunque los cristianos y la mayoría de los paganos del mundo antiguo la veían como algo evidente. Hoy muchos dudan que algo suceda después de la muerte y más aún de un juicio venidero. Algunos incluso dudan de la realidad de la muerte, llamándola una ilusión. Algunos ciertamente rechazan la existencia del Dios que establece un tiempo para morir, juzga a los muertos o que tiene un estándar moral por el cual juzgarlos.

Sin embargo, para los cristianos, la realidad de Dios, de la muerte y del juicio es una convicción firme. Así que, debemos preguntarnos a nosotros mismos y a los demás: ¿cómo seremos juzgados? Sabemos que el estándar moral por el cual el Dios santo nos evaluará es Su propia ley perfecta. También sabemos por nuestras propias conciencias y por la ley de Dios que como pecadores no podemos permanecer a la luz de la santidad de Dios. La respuesta adecuada a esta situación es decir con Isaías: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, porque soy hombre de labios inmundos… porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos» (Is 6:5).

Como pecadores, no podremos sostenernos en el juicio por nuestra propia justicia así como un leproso no puede sanar su propia lepra. ¿Quién limpiará, quién salvará, quién tomará nuestro lugar en el juicio? La respuesta a esta pregunta se encuentra en la doctrina cristiana de la justificación, la doctrina de la reconciliación con Dios. Pablo explica esta doctrina de manera más completa en su carta a los romanos, pero se enseña de varias maneras a lo largo de la Biblia. Así como Pablo usa imágenes de la sala de un tribunal para explicar la justificación, Hebreos usa imágenes del templo. Al tratar el sacerdocio de Jesús, Hebreos muestra cómo los pecadores se podrán sostener en el juicio: «Una sola vez en la consumación de los siglos, [Jesús] se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo» (9:26).

¿Los pecados de quién destruyó Cristo? Obviamente no fueron los Suyos. Hebreos declara repetidamente que Él no tuvo pecado. Él «ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (4:15).

Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados… ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios? (7:26-27; 9:14).

John Murray resume de manera deslumbrante la pureza perfecta de Cristo: Cristo tiene «una justicia en la cual la omnisciencia no puede hallar mancha, ni la santidad perfecta halla falta».

Entonces, ¿murió Cristo por todos los pecados de todas las personas? Nuevamente, la respuesta es no. Hebreos 9:28 declara claramente: «Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez». Aquí hay claramente un eco de la gran profecía mesiánica: «llevando Él el pecado de muchos» (Is 53:12). Jesús no murió por los pecados de todos, Él murió por los pecados de Su pueblo: «Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo» (Heb 2:17). Su sacrificio erradicó la ira de Dios hacia los pecados de Su pueblo.

La perfección de este sacrificio de Cristo se vuelve perfectamente nuestra: «Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados» (Heb 10:14; ver también 7:11, 28). Aunque Hebreos no examina explícitamente la doctrina de la imputación plena de la justicia de Cristo como lo hace Pablo, su enseñanza sobre nuestra perfección en Cristo la enseña implícitamente. ¿Qué perfección poseemos ahora? No la perfección de la santificación completa ni la glorificación completa, sino la perfección de la justicia perfecta acreditada a nosotros por la misericordia de Cristo. Es en este sentido que Hebreos también describe a los cristianos como purificados: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?» (9:14) y «Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia» (10:22). Esta pureza se presenta como completa y definitiva: «Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón» (9:22). La sangre de Jesús, que trae el perdón total de los pecados, ha purificado a Su pueblo. Nuevamente, por implicación vemos aquí la imputación de la justicia pura de Cristo.

El pueblo de Dios recibe los beneficios de la obra perfecta de Cristo como un regalo de Dios, es decir, por gracia. Una forma en que podemos ver esto aquí en Hebreos es en la cita de Jeremías 31 sobre el nuevo pacto que aparece como un paréntesis en la discusión de la obra de Jesús como Sumo Sacerdote. Si bien Jeremías 31 se enfoca mayormente en el cumplimiento de la redención a través del sacrificio de Cristo, el verso 33 —también citado en Hebreos 8:10 y 10:16— declara que la aplicación de la redención es obra de la gracia de Dios: «Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré». Las promesas de que Dios obrará para aplicarnos la redención son las mejores promesas, las que están más llenas de gracia y sobre las cuales se basa el nuevo pacto en Cristo (Heb 8:6).

Este don se recibe por medio de la fe. Una vez más, Hebreos no expresa la verdad de «la fe sola» en términos paulinos, sino que la explica en sus propias palabras. Aquellos que han recibido la bendición de tener sus pecados perdonados, en fe «ansiosamente le esperan» a que regrese (9:28). Su «confianza» es fruto de la fe (10:19), como también lo es su «plena certidumbre de fe» (v. 22). Viven su fe, por la que recibieron la misericordia de Cristo.

El efecto de las verdades de Cristo solo, la gracia sola y la fe sola es que llenan de confianza a los cristianos. El llamado a la confianza en Hebreos es recurrente y fuerte (p. ej., 4:16; 10:19; 11:1; 12:1-3, 22-24). Sin embargo, bien podríamos preguntarnos si el mismo Hebreos no fomenta cierta incertidumbre. A veces, Hebreos parece promover la ansiedad y la incertidumbre en la vida cristiana. Por ejemplo: «Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados» (10:26). Pero esta es una advertencia contra cualquier descuido o indiferencia al vivir la vida cristiana. Esta advertencia es realmente una exhortación hacia el cuidado y la consideración y, de hecho, una reiteración de la certeza:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa… Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma (vv. 35-36, 39).

Podemos estar seguros de que Aquel que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará porque Jesús es «el autor y consumador de la fe» (12:2).

El efecto de la doctrina de la justificación, tal como se presenta en Hebreos y en toda la Biblia, también ocasiona un efecto profundo en nuestra comprensión sobre la iglesia y refuerza fuertemente la doctrina de la Reforma sobre la iglesia. Tras la obra de nuestro Gran Sumo Sacerdote en Su sacrificio, la iglesia no tiene necesidad de otros sacerdotes ni de otros sacrificios. El sacrificio de Jesús en la cruz fue el sacrificio definitivo hecho de una vez para siempre (9:26, 28; 10:10, 12, 14, 18), poniendo fin a los sacrificios por el pecado y al sacerdocio. La Iglesia católica romana en su doctrina de la justificación y de la misa, así como en su ministerio y liturgia, es condenada por Hebreos 9 y 10. Roma trata de exculparse diciendo que sus sacerdotes ofrecen el mismo sacrificio único de Cristo, pero dado que cada misa es propiciatoria (que satisface la ira de Dios), Roma no puede dar cuentas de la clara enseñanza sobre la completa y definitiva obra de Cristo en la cruz que encontramos aquí en Hebreos.

El gran ministerio de la iglesia no es ofrecer sacrificios propiciatorios sino enseñar la Palabra de Dios. El Nuevo Testamento en general y Hebreos en particular enfatizan la centralidad de la Palabra de Dios para la vida del cristiano y para el ministerio de la iglesia (p. ej., 1:1-2; 2:1-3; 3:7-4:12), resumido en Hebreos 13:7, que dice: «Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios».

Ciertamente está establecido que el hombre muera una vez y después el juicio. La buena noticia del evangelio es que antes de morir y enfrentar el juicio, podemos saber que Jesús murió para destruir nuestros pecados y para purificarnos y perfeccionarnos en Su justicia, y que podemos vivir en paz y en la confianza (pero no con presunción) de que nuestra salvación está resuelta y consumada solo en Jesucristo. Nos habremos de sostener en el juicio porque Jesús ha hecho por nosotros todo lo necesario para cumplir y aplicarnos la salvación.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.