Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

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Serie: Las parábolas de Jesús.

Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

 Aaron L. Garriott


Nota del editor:
 Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El tema del Reino de Dios ocupó un lugar importante en las enseñanzas de Jesús desde el principio de Su ministerio terrenal (Mt 4:17Mr 1:15Lc 4:43). Él proclamó que Su venida a la tierra significaba que el Reino de Dios se había acercado. Estaba inaugurando el reino de Dios en medio de Sus oyentes. Los milagros y la enseñanza acompañaban y demostraban esta inauguración. Su enseñanza tomó diferentes formas, pero la más importante de ellas fueron las parábolas, que usó para enseñar a Sus oyentes algo sobre la naturaleza del Reino. Las parábolas del grano de mostaza (Mt 13:31-32Mr 4:30-32Lc 13:18-19) y la levadura (Mt 13:33Lc 13:20) revelan algo del avance misterioso y lo imperceptible del Reino de Dios. Miraremos brevemente a cada una por separado.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Jesús comparó el Reino de Dios con un grano de mostaza, cuya pequeña forma inicial comparada con su impresionante forma final le proporcionaba a Jesús una ilustración adecuada del avance del Reino de Dios desde su inauguración hasta su consumación. Siendo una de las semillas más pequeñas de Palestina, la semilla de mostaza con el tiempo produciría un árbol parecido a un arbusto que alcanzaría más de tres metros de altura. La diminuta semilla llegaría a ser tan grande que las aves del cielo la encontrarían propicia como morada.

Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria.

Esta descripción se remonta al rey Nabucodonosor de Babilonia. Él soñó con un árbol que había crecido tanto que las aves del cielo se posaban en él. Sin embargo, el árbol fue cortado en un instante. La interpretación de Daniel reveló que todos los reinos de los hombres colapsarán, incluso el del poderoso Nabucodonosor (Dn 4). Pero el Reino de Dios es diferente. Aunque la inauguración de este Reino no fue impresionante, crecería hasta alcanzar su forma final y gloriosa, hasta que las aves del cielo anidaran en sus ramas (Ez 31:6).

Para que Sus oyentes entendieran el mensaje, Jesús contó otra parábola para ilustrar virtualmente la misma idea sobre el Reino de Dios. En esta parábola, una mujer esconde levadura de la masa de la semana pasada en tres medidas de harina. El poquito de levadura tiene su efecto en toda la masa. Como la levadura, el Reino de Dios comienza pequeño, y su obra es a menudo oculta e invisible, hasta que su resultado final es materializado.

Estas parábolas gemelas ilustran el crecimiento del Reino de Dios a ocurrir entre la primera y la segunda venida de Jesús. En ellas, Jesús demostró que la manera en que inauguró el Reino de Dios no tiene por qué sembrar dudas sobre el poder y la legitimidad de Su oficio mesiánico y del Reino. La humilde inauguración no fue un error; fue planificada por Dios. Juan Calvino señaló: «El Señor abre Su Reino con un comienzo frágil y despreciable, con el propósito expreso de que Su poder sea ilustrado más plenamente por su inesperado progreso».

Desde que Jesús pronunció estas parábolas, la semilla de mostaza ha echado raíces y ha florecido. El pan leudado se ha expandido exponencialmente. Aquellos que se opusieron a Jesús y a Sus seguidores después de Su ascensión trataron de aplastar la naciente Iglesia —cortar el árbol— antes de que llegara más allá de Jerusalén. Sin embargo, sus intentos fueron inútiles. De hecho, mientras más cortaban, más crecía el árbol. El martirio de Esteban es un ejemplo, ya que aceleró la dispersión que llevó el evangelio más allá de Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los confines de la tierra (Hch 8:4). La historia de la Iglesia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que ni siquiera las puertas del infierno prevalecerían contra ella (Mt 16:18).

Pero el Reino que Jesús inauguró espera Su regreso para su consumación completa y final. Mientras tanto, caminamos por fe y no por vista (2 Co 5:7). Somos ciudadanos de este Reino que no puede ser conmovido (Heb 12:28). Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria (Mt 25:31Mr 14:62). Aquel que se encarnó y nació en un estado humilde volverá en esplendor y juicio (1 Tes 4:16Ap 1:7) para consumar el Reino. Y finalmente, el tabernáculo de Dios estará con el hombre (Ap 21:3-4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

La epidemia de la soledad

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La epidemia de la soledad

Thomas Brewer

Soy un millennial. No es que esté orgulloso de ese calificativo, dado su uso durante la última década. De todos modos, nunca he conocido un mundo sin televisión, teléfonos móviles y computadoras, pero he podido experimentar lo que sería vivir en un mundo así. Recuerdo haber trabajado como consejero en un campamento en Maryland hace algunos años. Este campamento no tenía internet inalámbrico, y los teléfonos inteligentes todavía no existían. Solíamos quedarnos despiertos hasta tarde en la noche en el vestíbulo, conversando y riéndonos con otros miembros del personal. Cuando mi hermana menor fue a trabajar allí un par de años después, el campamento ya había instalado Internet inalámbrico. Le pregunté sobre el vestíbulo. Ella dijo que por las noches, prácticamente ya nadie lo usaba. Muchos se quedaban en sus habitaciones para ponerse al día con el correo electrónico y navegar por Internet.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Es extraño que la tecnología pueda cambiar la forma en la que vivimos, pero lo ha hecho, y lo sigue haciendo. Somos criaturas físicas, y nuestro entorno no solo nos rodea. Somos parte de él, y él es parte de nosotros. Algo de nuestro medio ambiente —y, por lo tanto, de nosotros— ha cambiado en los últimos años. Robert D. Putnam, en su estudio histórico sobre la conexión social en los Estados Unidos, Solo en la bolera, escribe:

Las últimas décadas han sido testigos de una sorprendente disminución del contacto regular con nuestros amigos y vecinos en una amplia gama de actividades. Pasamos menos tiempo conversando durante las comidas, intercambiamos visitas con menos frecuencia, participamos con menos frecuencia en actividades recreativas que fomentan la interacción social informal, pasamos más tiempo mirando (aunque a veces se haga en presencia de otros) y menos tiempo haciendo. Conocemos menos a nuestros vecinos, y a nuestros viejos amigos no los vemos tan seguido.

En su muy estudiado libro, Putnam destaca el verdadero declive de la participación política, cívica y religiosa en las últimas décadas. Y, por supuesto, cuando hay más aislamiento —es decir, menos conexión social— hay más soledad. Un par de encuestas recientes, incluyendo una realizada por el proveedor de atención médica Cigna, junto con otra de The Economist y la Kaiser Family Foundation, resaltan la omnipresencia de la soledad en el mundo occidental. Esta última halló que el 22 por ciento de los adultos en los Estados Unidos a menudo o siempre se sienten solos, carecen de compañía o se sienten excluidos. Según los expertos, los jóvenes son más propensos a sentirse solos que las personas mayores, y la soledad parece estar aumentando entre todos. Varios estudios, como uno de la Sociedad Americana del Cáncer, incluso han relacionado la soledad con la mala salud y con un mayor riesgo de muerte. Algunos han tomado estos datos y le han dado un nombre: «la epidemia de la soledad».

¿Qué es lo que ha causado nuestra soledad? No podemos señalar a una sola cosa, porque el problema es complejo. Putnam lo reconoce, pero también sugiere algunos factores que contribuyen, como la tecnología. Sin embargo, la tecnología, como el Internet inalámbrico, de alguna manera ha traído más conectividad. Permite que personas de diferentes lugares del mundo se comuniquen entre sí. Las redes sociales, por ejemplo, han permitido que mucha gente se vuelva a conectar. No obstante, al mismo tiempo, las redes sociales no pueden ofrecer el mismo nivel de involucramiento que la presencia personal. Es decir, no se compara con invitar a un amigo a cenar. Otras tecnologías ofrecen una experiencia similar. La televisión puede parecer genial cuando estamos solos, pero también puede parecer vacía. Igualmente podríamos apuntar a una tecnología como el automóvil, el cual nos ha brindado una mayor libertad de movimiento, pero a menudo a costa de aislarnos. Los humanos ahora viven más distanciados que nunca, lo que resulta en menos oportunidades de verse. Y cuando viajamos, cada uno está aislado en su propio auto.

También podríamos apuntar a los cambios sociales y religiosos ocurridos durante el siglo pasado. Putnam señala que las mujeres que ingresaron a la fuerza laboral moderna a mediados del siglo XX cambiaron significativamente nuestra conexión social. Reconoce que las mujeres suelen estar más comprometidas socialmente que los hombres, y si ambos en la pareja están trabajando, simplemente hay menos tiempo para involucrarse en la comunidad. (Eso no quiere decir, por supuesto, que las mujeres nunca deberían ingresar al mercado laboral. Después de todo, antes de que los hombres ingresaran a la fuerza laboral moderna, también estaban en casa, en la granja familiar). Además, también podemos reconocer el creciente número de estadounidenses que se han desvinculado de la religión organizada. En general, y al no pertenecer a un grupo religioso particular que se reúna regularmente, nuestra conexión social ha disminuido. En cualquier caso, independientemente de las causas del aumento de nuestro aislamiento, estamos más aislados que nunca.

Tal vez tú no te sientas aislado. Si no te sientes así, probablemente conozcas a alguien que sí. La soledad está en todas partes hoy. Los estudios lo dejan claro. Así que ¿cómo deberíamos vivir? Como cristianos, estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesucristo y vendar a los quebrantados de corazón (Is 61:1). Si conoces a muchas personas, tienes amigos y estás conectado socialmente, comparte esa abundancia con las personas solitarias y los necesitadas. Identifícalos en tu iglesia para que sean amigos y recíbelos, porque Cristo nos recibió a nosotros (Rom 15:7). Las personas solitarias suelen ser fáciles de detectar porque se sientan solas en la iglesia y no hablan con nadie. Si estás solo y aislado, recuerda que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu (Sal 34:18). El cristiano nunca está realmente solo, porque Dios está con él (Jn 14:16-17). Ora para que Dios te conceda amigos y una comunidad, y cuando lo haga, compártelos con otros.

En una era solitaria y aislada, tenemos la gran oportunidad de reflejar la luz de Jesús en nuestro mundo, pues Jesús nos ha dicho que todos sabrán que somos Sus discípulos si nos amamos unos a otros (Jn 13:35). ¿Y qué otra solución tiene el aislamiento que no sea el amor de Cristo?

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

El narrador magistral

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El narrador magistral

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Me encanta una buena historia. Sin embargo, he descubierto que la mayoría de las historias, especialmente las más recientes, no son tan buenas. Las historias verdaderamente buenas son típicamente muy antiguas. Han superado la prueba del tiempo. No solo se comunican con nuestras mentes y conectan nuestros corazones con sus personajes, sino que también llegan a lo más profundo de nuestras almas. Las buenas historias nos hacen reír y llorar. Nos retan y nos consuelan. No nos dejan iguales.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Hace poco tiempo, terminé de leer el clásico de Víctor Hugo «Los Miserables». Tan pronto como puse el libro de nuevo en el estante, me sentí atraído a leerlo otra vez, ya que solo después de terminar de leer el libro sentí que entendía todo lo que Hugo comunicaba desde la primera página. Las buenas historias son así. Los buenos narradores ofrecen a los lectores atentos un lente a través del cual pueden apreciar el mensaje principal de la historia. Una vez que los lectores lo ven, quieren leer la historia de nuevo, porque ahora entienden de qué se trata. Se sienten como si hubieran descifrado su código y como si incluso fueran parte de la historia.

Nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje.

Esta es una razón por la que a los niños les encanta leer los mismos cuentos una y otra vez antes de dormir, y es por eso que como cristianos nos encanta leer la Biblia una y otra vez. Pero ¿cuántas veces has escuchado a un incrédulo o a un ateo profesante decir algo como: «Leí la Biblia una vez, y me di cuenta que no era para mí»? Cuando escucho eso, quiero responder: «En realidad, nunca has leído la Biblia». Puede que hayan leído las palabras, pero no tenían los ojos para ver, los oídos para oír y el corazón para percibir lo que el Autor de la Biblia está comunicando. Ellos no podían entender el mensaje principal del Autor, por lo que no deseaban volver a leerla.

Jesús fue el narrador magistral que, como fue profetizado en el Salmo 78 (ver Mateo 13:35), a menudo enseñó usando parábolas para ilustrar Su mensaje principal. Lo hizo así al menos por dos razones: para confundir a los que lo rechazaron y para iluminar a los que lo recibieron (Marcos 4:11-12). Si alguien piensa que todas las historias de Jesús son confusas, es porque nuestro Dios soberano no le ha dado ojos para ver, oídos para oír o corazón para percibir la verdad salvadora del glorioso evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús, no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje. Nos identificamos con los personajes de Sus parábolas, y queremos oírlas una y otra vez mientras descansamos para siempre en el amor pródigo de nuestro Padre por nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

El ahora cuenta para siempre

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El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Cautivado por la gloria

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Cautivado por la gloria

Irwyn Ince

Mientras escribo esto, estoy en la fase final de un entrenamiento para un maratón de remo. Sí, de remar, no de correr. Remar 42 195 metros en la máquina de remo Concept2 Erg es el equivalente a correr unos 42 kilómetros. Creo que completarlo me tomará alrededor de tres horas y media. Mi entrenamiento durante los últimos cuatro meses se ha centrado en aumentar mi resistencia, desarrollando tolerancia a la incomodidad y fortaleza mental para seguir adelante cuando llegan los momentos dolorosos. Yo (al igual que cualquier otra persona que intente un evento como este) tengo necesidad de perseverancia.

Esto es lo que el pastor dice en Hebreos 10:35-36:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia [o, perseverancia], para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Lo interesante aquí es cómo el autor de Hebreos comienza a abordar las preocupaciones de sus lectores. Él quiere que ellos perseveren, pero no comienza su mensaje diciéndoles: «Aguanten», «No se desanimen» o «Perseveren en la fe». Todas estas cosas las dirá o las insinuará más adelante en la carta, pero no al principio. En cambio, comienza con un punto teológico: la gloria, majestad y autoridad inigualables del Hijo de Dios.

Tal vez no haya otro capítulo en la Biblia que presente la divinidad de Jesucristo tan enfáticamente como el primer capítulo de Hebreos. Sin embargo, el autor no ofrece un conocimiento intelectual separado del corazón. Lo que me encanta es que toda esta rica teología sobre Jesucristo es el epítome de la teología aplicada a la vida.

Para poder perseverar como cristianos en medio del caos de la vida, lo que tiene que estar a la vista es cuán glorioso es Jesús. Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo. Seguir a Jesús es costoso. Si nuestros corazones no están palpitando al ritmo de la grandeza de Jesús, nunca creeremos que vale la pena ser cristiano.

El desfibrilador teológico que resucita el corazón del cristiano y lo mantiene latiendo a través de cada valle es que Jesús es el Profeta glorioso, el Sacerdote glorioso y el Rey glorioso.

Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo.

EL PROFETA GLORIOSO

La Palabra de Dios en Cristo nos fue hablada plena y definitivamente. Tenemos lo que los padres de la fe, como Abraham, no tuvieron: la plena, completa y definitiva Palabra de Dios. En pocas palabras, Dios ha elevado el estándar. Jesús no es simplemente uno de los profetas; Él es el heredero de todas las cosas. Él tiene una herencia: el mundo entero. Él vino a reclamar el mundo como Su posesión, porque fue a través de Él que el mundo fue creado. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de Su naturaleza.

La devoción a esta verdad es lo que nos recuerda que debemos someter las palabras que nos habla el mundo a Aquel quien es la Palabra. Hay demasiadas voces diciéndonos demasiadas cosas en esta era de la información. Estamos sobresaturados. ¿Cuál es el filtro a través del cual nuestros corazones y nuestras mentes deben examinar toda esta información? Cada voz que escuchamos tiene que estar subordinada a la voz de Jesús.

EL SACERDOTE GLORIOSO 

Cuando vino Aquel que es el resplandor de la gloria de Dios, vino como el Cordero de Dios sin mancha que quita el pecado del mundo. Vino como la ofrenda de sacrificio y como el que la ofrece. Él es el gran sumo Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como el único que podía aplastar el pecado. Mientras era golpeado y latigado, mientras la sangre fluía de Su cabeza, Sus manos y Sus pies, se estaba llevando a cabo la purificación por los pecados de todo aquel que pone su confianza en Él. Es como lo dice el compositor de este himno:

De Su cabeza, manos, pies
Preciosa sangre allí corrió;
Corona vil de espinas fue
La que Jesús por mí llevó
(Himno «La cruz excelsa al contemplar», de Isaac Watts)

Cuando Jesús expió nuestros pecados, se sentó. La obra había sido terminada, y ya no hay necesidad de ningún otro sacrificio por el pecado.

Permíteme hacer esta pregunta: ¿En qué área de tu vida estás siendo tentado a purificarte tú mismo para ser aceptado por Dios? Esta tentación puede seguir asediándonos aunque seamos cristianos, y es algo que conduce a la autojustificación. Deleitarnos continuamente en Jesús y reconocerlo cada día como nuestro gran y glorioso sumo Sacerdote le da confianza a nuestros corazones de que somos aceptos en el Amado.

EL REY GLORIOSO

No fue en ningún lugar antiguo donde Jesús se sentó. Fue a la derecha de la Majestad en lo alto. Él es el Rey y Juez supremo. Nos cuesta ver cómo todas las cosas están sujetas a Su señorío. Pero la declaración de que el Hijo es el heredero de todas las cosas, la expresión exacta de la naturaleza de Dios y Aquel que sostiene el mundo es contundente. En verdad, no existe nada sobre lo cual Él no tenga autoridad absoluta. Esto debe ser reconfortante para aquellos que creen y una advertencia para aquellos que no.

Hay una sola manera de perseverar y crecer como cristiano. Incluso me atrevería a decir que hay una sola manera de perseverar y crecer en la vida, punto. Y se empieza teniendo una visión clara de la gloria de Jesucristo: el Profeta glorioso que nos declara la Palabra definitiva de Dios, el Sacerdote glorioso que nos purifica y el Rey glorioso que nos gobierna y nos protege.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Irwyn Ince
Irwyn Ince

El Dr. Irwyn Ince es pastor asistente de Grace Presbyterian Church en Washington, D.C., y director del Grace DC Institute for Cross-Cultural Mission.

Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

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Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

Scotty Anderson

El confort implica algunos conceptos: tranquilidad física, ausencia de dolor y libertad sin restricciones. Tu zona de confort es la situación en la que menos te molesta estar. Es el lugar donde te apartas para descansar y ser renovado. La Biblia nos habla de esos lugares: la familia, la comunidad, los rituales, el día de reposo, la música, los retiros. Jesús tenía Sus compañeros, participaba en fiestas y a veces se alejaba de las multitudes. Todo esto es bueno cuando se hace en el momento correcto y de la manera correcta. Si te examinas con honestidad, lo más probable es que descubras un conjunto multidimensional de preferencias sociales, económicas, lingüísticas, políticas, generacionales, familiares, estilísticas y dietéticas que reflejan tus zonas de confort. Puede que no tengan nada de malo en sí mismas, pero, cuando las obedecemos como si fueran reglas, pueden llegar a violar seriamente el llamado al discipulado.

¿Qué podría ser más opuesto al ejemplo y mandamiento de Cristo que una vida de total comodidad? Jesús nunca vaciló al señalar la incomodidad que implica el seguirle. «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8:20). «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lc 9:23). «Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Mr 9:35).

Esa pérdida de confort es parte de un plan maestro. El llamado al servicio desinteresado y enfocado en los demás refleja el ejemplo de Cristo:

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:5-8).

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana, con el fin de servir a los que no lo merecían.

EL COSTO DEL CONFORT

Así que ¿cómo se vería el Reino de Dios en tu iglesia si reordenaras tu vida según las prioridades de Cristo? Permíteme mostrarte cinco actos de servicio que pueden ayudarte hoy mismo a salir de tu zona de confort.

(1) Servir por misericordia en tiempos de crisis. La comunidad de los elegidos tiene prioridades diferentes: «En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia» (Pr 17:17). El Nuevo Testamento usa el lenguaje familiar («hermano») previendo el sacrificio que suele darse entre los miembros de la familia. Incluso en la cruz, Jesús le dijo a Su discípulo: «»¡He ahí tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19:27). En una crisis, entramos en acción aun cuando hacerlo perturbe nuestra propia situación. Por lo tanto, planifícate para las crisis y responde como miembro de una familia.

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana.

(2) Servir donde sea necesario. ¿Qué pasaría si en lugar de ver el servicio en la iglesia como el ejercicio de nuestros talentos, lo vemos como nuestro deber de analizar nuestro entorno para humildemente «llenar los huecos» (p. ej.: saludando, cuidando a los niños, visitando a enfermos, ofreciendo ayuda tecnológica)? Si no te encuentras ocupado en la iglesia, pregúntate en qué pasas tu tiempo y si eso realmente es más importante que servir.

(3) Servir a raíz del dolor. Un hallazgo sorprendente en el comportamiento humano revela que las personas que han experimentado ciertas pruebas tienden a ser menos comprensivas hacia otros que atraviesan pruebas similares. Tendemos a querer que los demás «aguanten» porque nosotros aguantamos. Sin embargo, en 2 Corintios 1:3-7, Pablo usa su aflicción para modelar el comportamiento sobrenatural de consolar «por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (v. 4). Toma la decisión consciente de tratar a las personas que sufren con la misericordia y la gracia que has recibido de Cristo.

(4) Servir mediante la participación en la adoración congregacional. Para algunas personas, la adoración es fácil, pero otras luchan con la distracción, la inseguridad y la falta de familiaridad. La adoración colectiva no es una experiencia individual. Es un mandato congregacional:

Y que la paz de Cristo reine en vuestros [plural] corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros [plural], con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros [plural] corazones (Col 3:15-16).

Es un servicio a Dios y es para el beneficio de los que te rodean.

No es muy complicado. Cientos de miles en todo el mundo llenan estadios y coliseos cada semana para ver partidos y conciertos. Se visten adecuadamente para la ocasión, muestran un entusiasmo apropiado y se unen para elevar sus cantos rituales. La naturaleza colectiva de esos eventos hace que la experiencia sea mejor. ¿Cuánto más, entonces, merece la iglesia que participes plenamente?

(5) Servir mediante la hospitalidad. Los muchos mandatos a amar al extranjero no deberían sorprendernos (Lv 19:33-34Mt 25:35Rom 12:131 Pe 4:9). Es una de las cosas más incómodas que puedes hacer, y también una de las más gratificantes. «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Heb 13:1-2). La hospitalidad a menudo implica abrirle la puerta a algo y a alguien que naturalmente te hace sentir incómodo. Después de la predicación del evangelio, pocas cosas son tan valiosas para el avance del Reino. Te mostraron bondad siendo un extranjero, te invitaron a una mesa donde no merecías un lugar y obtuviste una familia. Hay pocas respuestas a la gracia que superen el ejercicio de la hospitalidad bíblica.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scotty Anderson
Scotty Anderson

El reverendo Scotty Anderson es pastor asistente de familias y jóvenes en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, SC

La bondad y la paciencia como testimonios

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La bondad y la paciencia como testimonios

Donny Friederichsen 

Un verano yo estaba en Santa Cruz, California, y tuve la oportunidad de aprender a surfear. Santa Cruz es uno de los mejores lugares del mundo para surfear. Sin embargo, como crecí en el este de Tennessee, solo había experimentado las aguas cálidas del golfo de México, no las aguas frías del océano Pacífico. En la playa, mi profesor me dio un traje de buceo de cuerpo completo y me dijo:  «Ponte esto». Estaba confundido; era verano. De hecho, el día estaba algo caluroso. El sol estaba resplandeciendo, y no había ni una nube en el cielo. ¿Por qué necesitaría un traje de buceo? El profesor explicó que aunque el aire estuviera cálido, el agua de las costas de Santa Cruz es particularmente fría debido a que las corrientes oceánicas traen agua hacia el sur desde el gélido Ártico. Me dijo que sin el traje de buzo, probablemente no iba a durar mucho en el agua. 

La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

Tenía razón. Si bien el día estaba soleado y caluroso, el agua estaba terriblemente fría. No obstante, el traje de buceo mantuvo mi cuerpo tibio y me ayudó a estar en el agua mientras intentaba surfear.

En realidad, el traje de buzo no me convirtió en surfista. Técnicamente, es posible que alguien, incluso en las frías aguas de Santa Cruz, surfeara sin usarlo. Pero el traje de buzo sí lo hizo más fácil; sí hizo que fuera más probable que yo pudiera surfear. Creo que esta es una metáfora adecuada del rol de la paciencia y la bondad en nuestro testimonio cristiano. Cuando estamos vestidos adecuadamente, es más fácil hacer lo que estamos llamados a hacer. Los gimnastas no usan ropa de bomberos y los bomberos no usan mallas. Cuando estamos vestidos de paciencia y bondad (Col 3:12), es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo.

La bondad y la paciencia en la Biblia

¿Qué es la paciencia bíblica? Santiago 5:7-11 la describe en términos del agricultor que planta la semilla y espera el fruto. Es como el profeta que proclama la Palabra de Dios y soporta el sufrimiento mientras espera el tiempo de Dios. El agricultor permanece emocionalmente calmado cuando hay un retraso. El profeta permanece sereno frente a la provocación. ¿Cómo pueden hacer esto? Porque conocen la verdad. El agricultor sabe que a su tiempo, el fruto aparecerá. El profeta sabe que en el tiempo de Dios, la Palabra surtirá su efecto. La paciencia está relacionada con nuestro entendimiento y conocimiento. La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

¿Qué es la bondad bíblica? No es una dulzura o amabilidad melosa y empalagosa hacia todas las personas. La bondad bíblica no es tener una personalidad alegre y vibrante. No es simplemente buscar la aprobación de alguien (Gal 1:10); de hecho, en ocasiones puede ser como un golpe en la cabeza (Sal 141:5). La palabra que se traduce como «bondad» en el Nuevo Testamento transmite la connotación de «utilidad». La verdadera bondad es proveer algo beneficioso o procurar hacerle verdadero bien a alguien.

Cuando nos vestimos de paciencia y de bondad de esta manera, es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo. Si queremos amar a nuestro prójimo (Mr 12:31), haríamos bien en recordar que las primeras dos palabras que Pablo usa para definir el amor en 1 Corintios 13 son «paciente y bondadoso» (v. 4). Debemos ser «amables [bondadosos] unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Ef 4:32). Pablo también le indica a Timoteo que:

El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad (2 Tim 2:24-25). 

De hecho, recordar que fuimos llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios (Rom 2:4) debería movernos a demostrar la misma paciencia y bondad. 

La bondad y la paciencia hoy en día

Esta actitud ha sido necesaria para la Iglesia en todas las edades, pero tal vez es particularmente necesaria hoy en día. Vivimos en una era marcada por la crueldad. Participamos en la crueldad voyerista cuando vemos cómo los «jueces» destruyen sin piedad a los participantes en los concursos de talentos en la televisión. Nos quejamos de los troles de las redes sociales, hasta que atacan a alguien con quien no estamos de acuerdo. Compartimos videos y memes virales que humillan y degradan a otros. Si algo de esta actitud cruel resuena en ti, toma esto como una oportunidad para arrepentirte. Por varias razones, parece que la paciencia y la bondad, incluso como manifestaciones de la gracia común, están escaseando. Esto nos da aun más razones para practicar la paciencia y la bondad como un fruto del Espíritu (Gal 5:22).

El libro de Proverbios nos dice que si seguimos la bondad, hallaremos la vida (Pr 21:21). ¿Qué pasaría si nuestras acciones cotidianas estuvieran caracterizadas por la paciencia y la bondad? ¿Qué pasaría si preguntáramos «cómo estás» y de verdad nos importara la respuesta? ¿Qué pasaría si les diéramos propinas generosas a los que nos sirven? ¿Qué pasaría si no condujéramos como si estuviéramos enojados con todo el mundo? ¿Qué pasaría si de verdad amáramos a nuestro prójimo? Al parecer, esto pudiera llamar la atención del mundo que nos observa. Al parecer, la gente pudiera notar eso. Sin embargo, incluso eso no sería suficiente.

Así como el traje de buceo no me convirtió en surfista, nuestra paciencia y bondad no ganarán por sí solas a la gente para Cristo. Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia» (Tit 3:5). La salvación es una expresión de la perfecta bondad amorosa de Dios. Nosotros nunca amaremos lo suficiente. Nuestra paciencia y bondad son buenas, pero insuficientes. La gente aún necesita escuchar el evangelio predicado. «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Rom 10:17).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donny Friederichsen
Donny Friederichsen

El Rev. Donny Friederichsen es pastor de Covenant Presbyterian Church (PCA) en Short Hills, Nueva Jersey.

La bendición de Dios

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La bendición de Dios

Aaron L. Garriott

Hay dos tipos de personas: los que se quedan para ver los créditos de las películas y los que salen temprano del cine para evitar el tránsito. No es de extrañar que, en una cultura donde muchas iglesias se esfuerzan por entretener, las personas en las iglesias vean la adoración como un espectáculo y salgan cuando les convenga (cuando haya pasado la «parte buena»). Pero esta salida temprana conducirá a una desnutrición espiritual, pues se están perdiendo la culminación de la adoración: la bendición.

Una bendición es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe.

¿La bendición? ¿Te refieres a la «oración» final que hace el pastor con las manos levantadas? ¿No es eso como los créditos de una película? Quizás hemos malentendido su naturaleza y propósito, viéndolo como una despedida especial de parte de Dios en el mejor de los casos. Pero históricamente, la bendición ha sido un componente vital en la adoración de la iglesia. Desde los tiempos de la Iglesia primitiva hasta la Edad Media, y desde los reformadores hasta los puritanos, vemos esta tradición litúrgica donde el ministro levanta las manos para pronunciar una bendición sobre la congregación. Junto con la invocación, la bendición sirve como como el segmento final de la liturgia que indica que Dios tiene la primera y la última palabra. Esta práctica está codificada en el Directorio para la Adoración Pública de Dios de la Asamblea de Westminster, la cual prescribe que el ministro «despida a la congregación con una bendición solemne». ¿De dónde vino esta práctica y cuál es su propósito?

Dios instituyó la bendición aarónica después de la inauguración del sacerdocio levítico:

Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: “El Señor te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti Su rostro, y te dé paz”». Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré (Nm 6:23-27).

Con este pronunciamiento, la congregación recién formada podía estar segura de que el Señor se había comprometido con ellos antes de que entraran a la tierra prometida para tomar posesión de ella. Desde la primera bendición, aprendemos que es (1) un mensaje de parte de Dios, (2) entregada a Su pueblo a través de ministros de la Palabra y (3) con el propósito de sostener y fortalecer la fe.

En primer lugar, una bendición es una «buena noticia» de parte de Dios. Es un mensaje objetivo que confirma nuestro encuentro con el Dios vivo a través de Sus medios de gracia. Por lo tanto, es diferente a una oración o a una doxología. La diferencia es que una oración o una doxología es de nosotros hacia Dios, mientras que una bendición es de Dios hacia nosotros. En otras palabras, la doxología y la oración se dirigen hacia arriba; la bendición se dirige hacia abajo. Ambos son importantes para la piedad cristiana, pero debemos saber distinguirlos en la adoración de la Iglesia. Hablando sobre la bendición aarónica, John Owen dice: «Las palabras prescritas para los sacerdotes no eran una oración, sino una bendición autoritativa y una señal instituida de la bendición de Dios sobre Su pueblo». Es por esto que, históricamente, la postura apropiada, si es que hay una, no es con los ojos cerrados y las manos cerradas, sino con los ojos abiertos y las manos abiertas, recibiendo por fe el pronunciamiento divino. En cuanto a la postura del que pronuncia la bendición, los ejemplos de Aarón (Lv 9:22) y de Cristo (Lc 24:50) indican que es más apropiado levantar ambas manos.

En segundo lugar, una bendición es pronunciada por hombres calificados a quienes se les ha encomendado la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, el ministerio fue dado primariamente al linaje de Aarón (2 Cr 30:27Heb 5:1-5). En el Nuevo Testamento, estos deberes han sido encomendados a ancianos calificados; por tanto, la autoridad para pronunciar la bendición sobre el pueblo de Dios (en el contexto apropiado y de la forma apropiada) se basa en el oficio ministerial. Con su autoridad declarativa y derivada, los ancianos ordenados pronuncian sobre el pueblo de Dios lo que ya es cierto acerca de ellos: Él es su Dios y ellos son Su pueblo. Pero si eso ya es cierto acerca de la congregación, ¿por qué necesitan recibirla?

La respuesta es que una bendición, en tercer lugar, es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe. La misma es llevada a cabo con un propósito: confirmar la promesa de que Dios está con nosotros y nos bendice. Por lo tanto, ha de ser recibida con fe. El Señor nos habla a través de Sus palabras de bendición, pronunciadas sobre nosotros por Sus ministros. Es decir, es por este medio que la bendición de Dios es comunicada a Su pueblo. El Señor dijo: «Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré». Debemos responder con fe a este pronunciamiento objetivo de la bendición divina. Juan Calvino señala que en la bendición aarónica, a los sacerdotes «se les ordena pronunciar la bendición de manera audible, no susurrar oraciones; así que deducimos que ellos predicaron sobre la gracia de Dios, y que el pueblo podía entenderla por fe». Calvino continúa diciendo que, a través de la bendición, «Dios entrega Su nombre a los sacerdotes para que sea presentado diariamente como una promesa de Su voluntad y de la salvación que procede de la misma». La bendición, entonces, debe creerse por fe y recibirse con gratitud y seguridad.

Al igual que los israelitas, estamos esperando una tierra que ha sido garantizada con una promesa (Jn 14:3Ef 1:14). Como peregrinos débiles que somos, necesitamos este pronunciamiento regular que, como viento en popa, sopla el aliento necesario para impulsar nuestras velas. La bendición aarónica culminará hermosamente con la consumación de la promesa del nuevo pacto, cuando Dios more con Su pueblo (Ap 21:3) y Su nombre sea escrito sobre nosotros (14:1). A través de este pronunciamiento regular, se nos recuerda que este es nuestro destino: la bendita y gloriosa presencia de Dios por siempre. Allí Cristo pronunciará la bendición divina sobre Su novia y «[veremos] Su rostro, y Su nombre estará en [nuestras] frentes» (22:4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

Hacia un Redescubrimiento de la Verdad

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Hacia un Redescubrimiento de la Verdad | Nathan Díaz

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Bienvenidos a una serie de entrevistas con pastores y líderes de Latinoamérica para conversar sobre todo lo referente a La Biblia de Estudio de La Reforma.

En esta ocasión, Matthew McGhee y Emanuel Betances sostienen una interesante conversación con Nathan Díaz, pastor de la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa en Ciudad de México. Nathan nos habla sobre su testimonio personal utilizando los recursos de Ministerios Ligonier a través de los años, especialmente la Reformation Study Bible, y cómo esta Biblia estando ahora disponible en español será de gran ayuda y edificación a ministros y laicos en el mundo hispano.

Algunas de los temas a tratar:

  • ¿Por qué consideras que La Biblia de Estudio de La Reforma es una herramienta util para cada cristiano?
  • ¿Cuál es la importancia de las confesiones y los credos históricos?
  • ¿Por qué las confesiones y los credos históricos son necesarios para la Iglesia de habla hispana?
  • ¿Cuál es el beneficio de contar con notas y comentarios bíblicos de tantos eruditos reconocidos a la hora de estudiar la Biblia?
  • ¿Qué te parece que se haya usado la versión de la Biblia de las Américas para La Biblia de Estudio de La Reforma?
  • ¿Por qué recomendarías La Biblia de Estudio de La Reforma?

La Biblia de Estudio de La Reforma cuenta con más de un millón de palabras de notas teológicas y artículos temáticos de 75 distinguidos pastores y teólogos de alrededor del mundo, liderados por el Dr. R.C. Sproul. Además, contiene una serie de traducciones originales de confesiones y credos históricos de 2 000 años de historia de la Iglesia. La Biblia de Estudio de La Reforma enfatiza la necesidad de que la gracia de Dios nos saque de las tinieblas y nos conduzca a la luz de las Escrituras.

Visita la página web BibliaDeEstudioDeLaReforma.com para que puedas obtener toda la información referente a las características únicas de esta nueva Biblia, descargar una muestra gratuita de las herramientas de estudio que incluye y conocer sobre la disponibilidad de la misma en tu país.

Ministerios Ligonier
Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

Libertad cristiana

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Libertad cristiana

Dan Dodds 

En la Edad Media, a medida que la Iglesia de Roma se hacía más y más corrupta, algunas de las doctrinas que fueron promulgadas se volvieron sospechosas. Una de ellas fue la insistencia en la doble autoridad de la Iglesia y la Palabra. Por supuesto, cuando parecía que la Iglesia y la Palabra estaban en conflicto, la Iglesia de Roma siempre resultaba preeminente (en su propia opinión). Como único intérprete autorizado y autodesignado de las Escrituras, Roma tenía la última palabra en todos los asuntos bíblicos.

Esta autoridad autodesignada fue uno de los blancos principales de los reformadores, y su crítica fue encapsulada en la frase sola Scriptura: la Escritura sola. Por medio de esta enseñanza, los reformadores afirmaron que Roma es falible, mientras que la Palabra de Dios no lo es. De modo que, cuando ambas están en conflicto, cada cristiano, está obligado por la Palabra de Dios a oponerse a Roma. La conciencia del creyente debe estar sujeta únicamente a la Palabra de Dios y a nada más.

Esto fue expuesto claramente en la respuesta de Martín Lutero cuando en la Dieta de Worms en 1512 el afirmó:

A menos que sea convencido por el testimonio de la Escritura o por razón clara (pues no confío en el papa o en concilio, ya que es bien conocido que se han equivocado y se han contradicho a sí mismos con frecuencia) las Escrituras que he citado me obligan a mantenerme firme en esta posición, pues mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.

Un resultado de la doctrina de la sola Scriptura es la doctrina de la libertad cristiana, una doctrina que protege contra la usurpación ilegítima o el abuso de la autoridad por parte de personas o instituciones sobre la conciencia del pueblo de Dios. Esta doctrina afirma que si la Escritura (o una verdad legítimamente derivada de ella) no aborda un tema ético particular, el cristiano tiene la libertad de decidir; su conciencia no puede ser atada por  nadie. Por lo tanto, el cristiano está protegido de la tiranía de las autoridades y opiniones.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades.

Los teólogos describen las áreas de libertad como adiaphora: asuntos que no son esenciales a la fe. La palabra viene del griego a, negación, y diaphora, «diferenciable». Al unir ambas, adiaphora significa «no diferenciable». De nuevo, si no hay un mandato moral de la Escritura, el cristiano es libre de escoger basado en sus preferencias.

La doctrina de la libertad cristiana no fue un tema trivial en la Reforma; algunos argumentarían que fue uno de los temas principales. Pero ¿por qué fue tan importante para los reformadores? Juan Calvino es útil aquí: 

Pero estos asuntos [de la libertad cristiana] son más importantes de lo que comúnmente se cree. Porque una vez que las conciencias han caído en tales lazos, se meten en un largo laberinto del que no es fácil salir luego. Si uno comienza a dudar de si le es lícito usar lino en su traje, sus camisas, pañuelos y servilletas, después no estará seguro ni siquiera de si puede usar cáñamo; y, al fin, comenzará incluso a dudar de si le es lícito usar estopa… Porque cuantos se encuentran enredados en tales dudas, a dondequiera que se vuelvan, no verán otra cosa sino escrúpulos de conciencia (Institutos, 3.19.7).

 Cuando un cristiano decide convertir un acto bíblicamente neutro en algo universalmente malo, no solo para sí mismo sino también para los demás, camina en una pendiente resbaladiza sin restricciones bíblicas. Esta es una forma de legalismo; hace ley de la libertad, y su efecto es envolver la conciencia de los creyentes y confundir las categorías de ley y libertad dadas por Dios.

Lo que la libertad cristiana no es

Debido a la proliferación de regulaciones hechas por el hombre incluso (¿especialmente?) en la iglesia, nuestra congregación ha añadido una lección en la clase de visitantes titulada «Lo que no somos como Iglesia». Ahora tenemos más de veinticinco apartados para desalentar a la gente que viene con cualquier agenda diseñada para atar las conciencias de los creyentes.

Pero como sucede a menudo, podemos esquivar un lado del camino con el fin de evitar una zanja solo para encontrarnos en la zanja opuesta. La doctrina de la libertad cristiana puede ser abusada por cristianos descuidados que malinterpretan y/o hacen mal uso de la doctrina. Pablo viene al rescate aquí. Observa sus palabras en Gálatas 5:13: «Hermanos, a libertad fuisteis llamados; solo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros». Pedro concuerda: «Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios» (1 Pe 2:16). Las áreas de libertad cristiana no son una excusa para pecar.

Hay más instrucción disponible en Romanos 14. Así como los modernos pueden debatir el uso del alcohol, la Iglesia primitiva debatió sobre la comida que había sido sacrificada a los ídolos. ¿Deben comer esa comida o no? Pablo proveyó dos principios que debemos considerar, y encontramos ambos en Romanos 14:3: «El que come [comida que había sido sacrificada a los ídolos] no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado».

Primero, los hermanos más fuertes a menudo miran por encima del hombro a los más débiles, y Pablo les advierte que se guarden de la arrogancia. Pero en segundo lugar, nota que el que se abstiene también tiene una obligación: no debe juzgar al que come. Es decir, no tiene derecho a juzgar a su hermano, llamando pecado aquello que Dios no ha calificado como tal. El consejo de Pablo al final es este: «Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua» (v. 19). Servirse unos a otros es la orden del día, sin hacer alarde de nuestra libertad o desdeñar a quien la ejerce.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades. Y Dios nos llama a una honesta autoevaluación en Su presencia antes de dirigir nuestra atención a nuestros hermanos y hermanas (Mt 7:1Rom 14:22-23).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Dan Dodds
Dan Dodds

El Rev. Dan Dodds es pastor asociado de atención pastoral y consejería en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, S.C.