El ahora cuenta para siempre

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El Blog de Ligonier

El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Cautivado por la gloria

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Cautivado por la gloria

Irwyn Ince

Mientras escribo esto, estoy en la fase final de un entrenamiento para un maratón de remo. Sí, de remar, no de correr. Remar 42 195 metros en la máquina de remo Concept2 Erg es el equivalente a correr unos 42 kilómetros. Creo que completarlo me tomará alrededor de tres horas y media. Mi entrenamiento durante los últimos cuatro meses se ha centrado en aumentar mi resistencia, desarrollando tolerancia a la incomodidad y fortaleza mental para seguir adelante cuando llegan los momentos dolorosos. Yo (al igual que cualquier otra persona que intente un evento como este) tengo necesidad de perseverancia.

Esto es lo que el pastor dice en Hebreos 10:35-36:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia [o, perseverancia], para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Lo interesante aquí es cómo el autor de Hebreos comienza a abordar las preocupaciones de sus lectores. Él quiere que ellos perseveren, pero no comienza su mensaje diciéndoles: «Aguanten», «No se desanimen» o «Perseveren en la fe». Todas estas cosas las dirá o las insinuará más adelante en la carta, pero no al principio. En cambio, comienza con un punto teológico: la gloria, majestad y autoridad inigualables del Hijo de Dios.

Tal vez no haya otro capítulo en la Biblia que presente la divinidad de Jesucristo tan enfáticamente como el primer capítulo de Hebreos. Sin embargo, el autor no ofrece un conocimiento intelectual separado del corazón. Lo que me encanta es que toda esta rica teología sobre Jesucristo es el epítome de la teología aplicada a la vida.

Para poder perseverar como cristianos en medio del caos de la vida, lo que tiene que estar a la vista es cuán glorioso es Jesús. Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo. Seguir a Jesús es costoso. Si nuestros corazones no están palpitando al ritmo de la grandeza de Jesús, nunca creeremos que vale la pena ser cristiano.

El desfibrilador teológico que resucita el corazón del cristiano y lo mantiene latiendo a través de cada valle es que Jesús es el Profeta glorioso, el Sacerdote glorioso y el Rey glorioso.

Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo.

EL PROFETA GLORIOSO

La Palabra de Dios en Cristo nos fue hablada plena y definitivamente. Tenemos lo que los padres de la fe, como Abraham, no tuvieron: la plena, completa y definitiva Palabra de Dios. En pocas palabras, Dios ha elevado el estándar. Jesús no es simplemente uno de los profetas; Él es el heredero de todas las cosas. Él tiene una herencia: el mundo entero. Él vino a reclamar el mundo como Su posesión, porque fue a través de Él que el mundo fue creado. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de Su naturaleza.

La devoción a esta verdad es lo que nos recuerda que debemos someter las palabras que nos habla el mundo a Aquel quien es la Palabra. Hay demasiadas voces diciéndonos demasiadas cosas en esta era de la información. Estamos sobresaturados. ¿Cuál es el filtro a través del cual nuestros corazones y nuestras mentes deben examinar toda esta información? Cada voz que escuchamos tiene que estar subordinada a la voz de Jesús.

EL SACERDOTE GLORIOSO 

Cuando vino Aquel que es el resplandor de la gloria de Dios, vino como el Cordero de Dios sin mancha que quita el pecado del mundo. Vino como la ofrenda de sacrificio y como el que la ofrece. Él es el gran sumo Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como el único que podía aplastar el pecado. Mientras era golpeado y latigado, mientras la sangre fluía de Su cabeza, Sus manos y Sus pies, se estaba llevando a cabo la purificación por los pecados de todo aquel que pone su confianza en Él. Es como lo dice el compositor de este himno:

De Su cabeza, manos, pies
Preciosa sangre allí corrió;
Corona vil de espinas fue
La que Jesús por mí llevó
(Himno «La cruz excelsa al contemplar», de Isaac Watts)

Cuando Jesús expió nuestros pecados, se sentó. La obra había sido terminada, y ya no hay necesidad de ningún otro sacrificio por el pecado.

Permíteme hacer esta pregunta: ¿En qué área de tu vida estás siendo tentado a purificarte tú mismo para ser aceptado por Dios? Esta tentación puede seguir asediándonos aunque seamos cristianos, y es algo que conduce a la autojustificación. Deleitarnos continuamente en Jesús y reconocerlo cada día como nuestro gran y glorioso sumo Sacerdote le da confianza a nuestros corazones de que somos aceptos en el Amado.

EL REY GLORIOSO

No fue en ningún lugar antiguo donde Jesús se sentó. Fue a la derecha de la Majestad en lo alto. Él es el Rey y Juez supremo. Nos cuesta ver cómo todas las cosas están sujetas a Su señorío. Pero la declaración de que el Hijo es el heredero de todas las cosas, la expresión exacta de la naturaleza de Dios y Aquel que sostiene el mundo es contundente. En verdad, no existe nada sobre lo cual Él no tenga autoridad absoluta. Esto debe ser reconfortante para aquellos que creen y una advertencia para aquellos que no.

Hay una sola manera de perseverar y crecer como cristiano. Incluso me atrevería a decir que hay una sola manera de perseverar y crecer en la vida, punto. Y se empieza teniendo una visión clara de la gloria de Jesucristo: el Profeta glorioso que nos declara la Palabra definitiva de Dios, el Sacerdote glorioso que nos purifica y el Rey glorioso que nos gobierna y nos protege.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Irwyn Ince
Irwyn Ince

El Dr. Irwyn Ince es pastor asistente de Grace Presbyterian Church en Washington, D.C., y director del Grace DC Institute for Cross-Cultural Mission.

Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

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Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

Scotty Anderson

El confort implica algunos conceptos: tranquilidad física, ausencia de dolor y libertad sin restricciones. Tu zona de confort es la situación en la que menos te molesta estar. Es el lugar donde te apartas para descansar y ser renovado. La Biblia nos habla de esos lugares: la familia, la comunidad, los rituales, el día de reposo, la música, los retiros. Jesús tenía Sus compañeros, participaba en fiestas y a veces se alejaba de las multitudes. Todo esto es bueno cuando se hace en el momento correcto y de la manera correcta. Si te examinas con honestidad, lo más probable es que descubras un conjunto multidimensional de preferencias sociales, económicas, lingüísticas, políticas, generacionales, familiares, estilísticas y dietéticas que reflejan tus zonas de confort. Puede que no tengan nada de malo en sí mismas, pero, cuando las obedecemos como si fueran reglas, pueden llegar a violar seriamente el llamado al discipulado.

¿Qué podría ser más opuesto al ejemplo y mandamiento de Cristo que una vida de total comodidad? Jesús nunca vaciló al señalar la incomodidad que implica el seguirle. «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8:20). «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lc 9:23). «Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Mr 9:35).

Esa pérdida de confort es parte de un plan maestro. El llamado al servicio desinteresado y enfocado en los demás refleja el ejemplo de Cristo:

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:5-8).

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana, con el fin de servir a los que no lo merecían.

EL COSTO DEL CONFORT

Así que ¿cómo se vería el Reino de Dios en tu iglesia si reordenaras tu vida según las prioridades de Cristo? Permíteme mostrarte cinco actos de servicio que pueden ayudarte hoy mismo a salir de tu zona de confort.

(1) Servir por misericordia en tiempos de crisis. La comunidad de los elegidos tiene prioridades diferentes: «En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia» (Pr 17:17). El Nuevo Testamento usa el lenguaje familiar («hermano») previendo el sacrificio que suele darse entre los miembros de la familia. Incluso en la cruz, Jesús le dijo a Su discípulo: «»¡He ahí tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19:27). En una crisis, entramos en acción aun cuando hacerlo perturbe nuestra propia situación. Por lo tanto, planifícate para las crisis y responde como miembro de una familia.

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana.

(2) Servir donde sea necesario. ¿Qué pasaría si en lugar de ver el servicio en la iglesia como el ejercicio de nuestros talentos, lo vemos como nuestro deber de analizar nuestro entorno para humildemente «llenar los huecos» (p. ej.: saludando, cuidando a los niños, visitando a enfermos, ofreciendo ayuda tecnológica)? Si no te encuentras ocupado en la iglesia, pregúntate en qué pasas tu tiempo y si eso realmente es más importante que servir.

(3) Servir a raíz del dolor. Un hallazgo sorprendente en el comportamiento humano revela que las personas que han experimentado ciertas pruebas tienden a ser menos comprensivas hacia otros que atraviesan pruebas similares. Tendemos a querer que los demás «aguanten» porque nosotros aguantamos. Sin embargo, en 2 Corintios 1:3-7, Pablo usa su aflicción para modelar el comportamiento sobrenatural de consolar «por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (v. 4). Toma la decisión consciente de tratar a las personas que sufren con la misericordia y la gracia que has recibido de Cristo.

(4) Servir mediante la participación en la adoración congregacional. Para algunas personas, la adoración es fácil, pero otras luchan con la distracción, la inseguridad y la falta de familiaridad. La adoración colectiva no es una experiencia individual. Es un mandato congregacional:

Y que la paz de Cristo reine en vuestros [plural] corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros [plural], con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros [plural] corazones (Col 3:15-16).

Es un servicio a Dios y es para el beneficio de los que te rodean.

No es muy complicado. Cientos de miles en todo el mundo llenan estadios y coliseos cada semana para ver partidos y conciertos. Se visten adecuadamente para la ocasión, muestran un entusiasmo apropiado y se unen para elevar sus cantos rituales. La naturaleza colectiva de esos eventos hace que la experiencia sea mejor. ¿Cuánto más, entonces, merece la iglesia que participes plenamente?

(5) Servir mediante la hospitalidad. Los muchos mandatos a amar al extranjero no deberían sorprendernos (Lv 19:33-34Mt 25:35Rom 12:131 Pe 4:9). Es una de las cosas más incómodas que puedes hacer, y también una de las más gratificantes. «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Heb 13:1-2). La hospitalidad a menudo implica abrirle la puerta a algo y a alguien que naturalmente te hace sentir incómodo. Después de la predicación del evangelio, pocas cosas son tan valiosas para el avance del Reino. Te mostraron bondad siendo un extranjero, te invitaron a una mesa donde no merecías un lugar y obtuviste una familia. Hay pocas respuestas a la gracia que superen el ejercicio de la hospitalidad bíblica.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scotty Anderson
Scotty Anderson

El reverendo Scotty Anderson es pastor asistente de familias y jóvenes en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, SC

La bondad y la paciencia como testimonios

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La bondad y la paciencia como testimonios

Donny Friederichsen 

Un verano yo estaba en Santa Cruz, California, y tuve la oportunidad de aprender a surfear. Santa Cruz es uno de los mejores lugares del mundo para surfear. Sin embargo, como crecí en el este de Tennessee, solo había experimentado las aguas cálidas del golfo de México, no las aguas frías del océano Pacífico. En la playa, mi profesor me dio un traje de buceo de cuerpo completo y me dijo:  «Ponte esto». Estaba confundido; era verano. De hecho, el día estaba algo caluroso. El sol estaba resplandeciendo, y no había ni una nube en el cielo. ¿Por qué necesitaría un traje de buceo? El profesor explicó que aunque el aire estuviera cálido, el agua de las costas de Santa Cruz es particularmente fría debido a que las corrientes oceánicas traen agua hacia el sur desde el gélido Ártico. Me dijo que sin el traje de buzo, probablemente no iba a durar mucho en el agua. 

La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

Tenía razón. Si bien el día estaba soleado y caluroso, el agua estaba terriblemente fría. No obstante, el traje de buceo mantuvo mi cuerpo tibio y me ayudó a estar en el agua mientras intentaba surfear.

En realidad, el traje de buzo no me convirtió en surfista. Técnicamente, es posible que alguien, incluso en las frías aguas de Santa Cruz, surfeara sin usarlo. Pero el traje de buzo sí lo hizo más fácil; sí hizo que fuera más probable que yo pudiera surfear. Creo que esta es una metáfora adecuada del rol de la paciencia y la bondad en nuestro testimonio cristiano. Cuando estamos vestidos adecuadamente, es más fácil hacer lo que estamos llamados a hacer. Los gimnastas no usan ropa de bomberos y los bomberos no usan mallas. Cuando estamos vestidos de paciencia y bondad (Col 3:12), es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo.

La bondad y la paciencia en la Biblia

¿Qué es la paciencia bíblica? Santiago 5:7-11 la describe en términos del agricultor que planta la semilla y espera el fruto. Es como el profeta que proclama la Palabra de Dios y soporta el sufrimiento mientras espera el tiempo de Dios. El agricultor permanece emocionalmente calmado cuando hay un retraso. El profeta permanece sereno frente a la provocación. ¿Cómo pueden hacer esto? Porque conocen la verdad. El agricultor sabe que a su tiempo, el fruto aparecerá. El profeta sabe que en el tiempo de Dios, la Palabra surtirá su efecto. La paciencia está relacionada con nuestro entendimiento y conocimiento. La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

¿Qué es la bondad bíblica? No es una dulzura o amabilidad melosa y empalagosa hacia todas las personas. La bondad bíblica no es tener una personalidad alegre y vibrante. No es simplemente buscar la aprobación de alguien (Gal 1:10); de hecho, en ocasiones puede ser como un golpe en la cabeza (Sal 141:5). La palabra que se traduce como «bondad» en el Nuevo Testamento transmite la connotación de «utilidad». La verdadera bondad es proveer algo beneficioso o procurar hacerle verdadero bien a alguien.

Cuando nos vestimos de paciencia y de bondad de esta manera, es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo. Si queremos amar a nuestro prójimo (Mr 12:31), haríamos bien en recordar que las primeras dos palabras que Pablo usa para definir el amor en 1 Corintios 13 son «paciente y bondadoso» (v. 4). Debemos ser «amables [bondadosos] unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Ef 4:32). Pablo también le indica a Timoteo que:

El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad (2 Tim 2:24-25). 

De hecho, recordar que fuimos llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios (Rom 2:4) debería movernos a demostrar la misma paciencia y bondad. 

La bondad y la paciencia hoy en día

Esta actitud ha sido necesaria para la Iglesia en todas las edades, pero tal vez es particularmente necesaria hoy en día. Vivimos en una era marcada por la crueldad. Participamos en la crueldad voyerista cuando vemos cómo los «jueces» destruyen sin piedad a los participantes en los concursos de talentos en la televisión. Nos quejamos de los troles de las redes sociales, hasta que atacan a alguien con quien no estamos de acuerdo. Compartimos videos y memes virales que humillan y degradan a otros. Si algo de esta actitud cruel resuena en ti, toma esto como una oportunidad para arrepentirte. Por varias razones, parece que la paciencia y la bondad, incluso como manifestaciones de la gracia común, están escaseando. Esto nos da aun más razones para practicar la paciencia y la bondad como un fruto del Espíritu (Gal 5:22).

El libro de Proverbios nos dice que si seguimos la bondad, hallaremos la vida (Pr 21:21). ¿Qué pasaría si nuestras acciones cotidianas estuvieran caracterizadas por la paciencia y la bondad? ¿Qué pasaría si preguntáramos «cómo estás» y de verdad nos importara la respuesta? ¿Qué pasaría si les diéramos propinas generosas a los que nos sirven? ¿Qué pasaría si no condujéramos como si estuviéramos enojados con todo el mundo? ¿Qué pasaría si de verdad amáramos a nuestro prójimo? Al parecer, esto pudiera llamar la atención del mundo que nos observa. Al parecer, la gente pudiera notar eso. Sin embargo, incluso eso no sería suficiente.

Así como el traje de buceo no me convirtió en surfista, nuestra paciencia y bondad no ganarán por sí solas a la gente para Cristo. Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia» (Tit 3:5). La salvación es una expresión de la perfecta bondad amorosa de Dios. Nosotros nunca amaremos lo suficiente. Nuestra paciencia y bondad son buenas, pero insuficientes. La gente aún necesita escuchar el evangelio predicado. «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Rom 10:17).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donny Friederichsen
Donny Friederichsen

El Rev. Donny Friederichsen es pastor de Covenant Presbyterian Church (PCA) en Short Hills, Nueva Jersey.

La bendición de Dios

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La bendición de Dios

Aaron L. Garriott

Hay dos tipos de personas: los que se quedan para ver los créditos de las películas y los que salen temprano del cine para evitar el tránsito. No es de extrañar que, en una cultura donde muchas iglesias se esfuerzan por entretener, las personas en las iglesias vean la adoración como un espectáculo y salgan cuando les convenga (cuando haya pasado la «parte buena»). Pero esta salida temprana conducirá a una desnutrición espiritual, pues se están perdiendo la culminación de la adoración: la bendición.

Una bendición es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe.

¿La bendición? ¿Te refieres a la «oración» final que hace el pastor con las manos levantadas? ¿No es eso como los créditos de una película? Quizás hemos malentendido su naturaleza y propósito, viéndolo como una despedida especial de parte de Dios en el mejor de los casos. Pero históricamente, la bendición ha sido un componente vital en la adoración de la iglesia. Desde los tiempos de la Iglesia primitiva hasta la Edad Media, y desde los reformadores hasta los puritanos, vemos esta tradición litúrgica donde el ministro levanta las manos para pronunciar una bendición sobre la congregación. Junto con la invocación, la bendición sirve como como el segmento final de la liturgia que indica que Dios tiene la primera y la última palabra. Esta práctica está codificada en el Directorio para la Adoración Pública de Dios de la Asamblea de Westminster, la cual prescribe que el ministro «despida a la congregación con una bendición solemne». ¿De dónde vino esta práctica y cuál es su propósito?

Dios instituyó la bendición aarónica después de la inauguración del sacerdocio levítico:

Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: “El Señor te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti Su rostro, y te dé paz”». Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré (Nm 6:23-27).

Con este pronunciamiento, la congregación recién formada podía estar segura de que el Señor se había comprometido con ellos antes de que entraran a la tierra prometida para tomar posesión de ella. Desde la primera bendición, aprendemos que es (1) un mensaje de parte de Dios, (2) entregada a Su pueblo a través de ministros de la Palabra y (3) con el propósito de sostener y fortalecer la fe.

En primer lugar, una bendición es una «buena noticia» de parte de Dios. Es un mensaje objetivo que confirma nuestro encuentro con el Dios vivo a través de Sus medios de gracia. Por lo tanto, es diferente a una oración o a una doxología. La diferencia es que una oración o una doxología es de nosotros hacia Dios, mientras que una bendición es de Dios hacia nosotros. En otras palabras, la doxología y la oración se dirigen hacia arriba; la bendición se dirige hacia abajo. Ambos son importantes para la piedad cristiana, pero debemos saber distinguirlos en la adoración de la Iglesia. Hablando sobre la bendición aarónica, John Owen dice: «Las palabras prescritas para los sacerdotes no eran una oración, sino una bendición autoritativa y una señal instituida de la bendición de Dios sobre Su pueblo». Es por esto que, históricamente, la postura apropiada, si es que hay una, no es con los ojos cerrados y las manos cerradas, sino con los ojos abiertos y las manos abiertas, recibiendo por fe el pronunciamiento divino. En cuanto a la postura del que pronuncia la bendición, los ejemplos de Aarón (Lv 9:22) y de Cristo (Lc 24:50) indican que es más apropiado levantar ambas manos.

En segundo lugar, una bendición es pronunciada por hombres calificados a quienes se les ha encomendado la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, el ministerio fue dado primariamente al linaje de Aarón (2 Cr 30:27Heb 5:1-5). En el Nuevo Testamento, estos deberes han sido encomendados a ancianos calificados; por tanto, la autoridad para pronunciar la bendición sobre el pueblo de Dios (en el contexto apropiado y de la forma apropiada) se basa en el oficio ministerial. Con su autoridad declarativa y derivada, los ancianos ordenados pronuncian sobre el pueblo de Dios lo que ya es cierto acerca de ellos: Él es su Dios y ellos son Su pueblo. Pero si eso ya es cierto acerca de la congregación, ¿por qué necesitan recibirla?

La respuesta es que una bendición, en tercer lugar, es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe. La misma es llevada a cabo con un propósito: confirmar la promesa de que Dios está con nosotros y nos bendice. Por lo tanto, ha de ser recibida con fe. El Señor nos habla a través de Sus palabras de bendición, pronunciadas sobre nosotros por Sus ministros. Es decir, es por este medio que la bendición de Dios es comunicada a Su pueblo. El Señor dijo: «Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré». Debemos responder con fe a este pronunciamiento objetivo de la bendición divina. Juan Calvino señala que en la bendición aarónica, a los sacerdotes «se les ordena pronunciar la bendición de manera audible, no susurrar oraciones; así que deducimos que ellos predicaron sobre la gracia de Dios, y que el pueblo podía entenderla por fe». Calvino continúa diciendo que, a través de la bendición, «Dios entrega Su nombre a los sacerdotes para que sea presentado diariamente como una promesa de Su voluntad y de la salvación que procede de la misma». La bendición, entonces, debe creerse por fe y recibirse con gratitud y seguridad.

Al igual que los israelitas, estamos esperando una tierra que ha sido garantizada con una promesa (Jn 14:3Ef 1:14). Como peregrinos débiles que somos, necesitamos este pronunciamiento regular que, como viento en popa, sopla el aliento necesario para impulsar nuestras velas. La bendición aarónica culminará hermosamente con la consumación de la promesa del nuevo pacto, cuando Dios more con Su pueblo (Ap 21:3) y Su nombre sea escrito sobre nosotros (14:1). A través de este pronunciamiento regular, se nos recuerda que este es nuestro destino: la bendita y gloriosa presencia de Dios por siempre. Allí Cristo pronunciará la bendición divina sobre Su novia y «[veremos] Su rostro, y Su nombre estará en [nuestras] frentes» (22:4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

Hacia un Redescubrimiento de la Verdad

Ministerios Ligonier

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Hacia un Redescubrimiento de la Verdad | Nathan Díaz

Ministerios Ligonier

Bienvenidos a una serie de entrevistas con pastores y líderes de Latinoamérica para conversar sobre todo lo referente a La Biblia de Estudio de La Reforma.

En esta ocasión, Matthew McGhee y Emanuel Betances sostienen una interesante conversación con Nathan Díaz, pastor de la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa en Ciudad de México. Nathan nos habla sobre su testimonio personal utilizando los recursos de Ministerios Ligonier a través de los años, especialmente la Reformation Study Bible, y cómo esta Biblia estando ahora disponible en español será de gran ayuda y edificación a ministros y laicos en el mundo hispano.

Algunas de los temas a tratar:

  • ¿Por qué consideras que La Biblia de Estudio de La Reforma es una herramienta util para cada cristiano?
  • ¿Cuál es la importancia de las confesiones y los credos históricos?
  • ¿Por qué las confesiones y los credos históricos son necesarios para la Iglesia de habla hispana?
  • ¿Cuál es el beneficio de contar con notas y comentarios bíblicos de tantos eruditos reconocidos a la hora de estudiar la Biblia?
  • ¿Qué te parece que se haya usado la versión de la Biblia de las Américas para La Biblia de Estudio de La Reforma?
  • ¿Por qué recomendarías La Biblia de Estudio de La Reforma?

La Biblia de Estudio de La Reforma cuenta con más de un millón de palabras de notas teológicas y artículos temáticos de 75 distinguidos pastores y teólogos de alrededor del mundo, liderados por el Dr. R.C. Sproul. Además, contiene una serie de traducciones originales de confesiones y credos históricos de 2 000 años de historia de la Iglesia. La Biblia de Estudio de La Reforma enfatiza la necesidad de que la gracia de Dios nos saque de las tinieblas y nos conduzca a la luz de las Escrituras.

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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

Libertad cristiana

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Libertad cristiana

Dan Dodds 

En la Edad Media, a medida que la Iglesia de Roma se hacía más y más corrupta, algunas de las doctrinas que fueron promulgadas se volvieron sospechosas. Una de ellas fue la insistencia en la doble autoridad de la Iglesia y la Palabra. Por supuesto, cuando parecía que la Iglesia y la Palabra estaban en conflicto, la Iglesia de Roma siempre resultaba preeminente (en su propia opinión). Como único intérprete autorizado y autodesignado de las Escrituras, Roma tenía la última palabra en todos los asuntos bíblicos.

Esta autoridad autodesignada fue uno de los blancos principales de los reformadores, y su crítica fue encapsulada en la frase sola Scriptura: la Escritura sola. Por medio de esta enseñanza, los reformadores afirmaron que Roma es falible, mientras que la Palabra de Dios no lo es. De modo que, cuando ambas están en conflicto, cada cristiano, está obligado por la Palabra de Dios a oponerse a Roma. La conciencia del creyente debe estar sujeta únicamente a la Palabra de Dios y a nada más.

Esto fue expuesto claramente en la respuesta de Martín Lutero cuando en la Dieta de Worms en 1512 el afirmó:

A menos que sea convencido por el testimonio de la Escritura o por razón clara (pues no confío en el papa o en concilio, ya que es bien conocido que se han equivocado y se han contradicho a sí mismos con frecuencia) las Escrituras que he citado me obligan a mantenerme firme en esta posición, pues mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.

Un resultado de la doctrina de la sola Scriptura es la doctrina de la libertad cristiana, una doctrina que protege contra la usurpación ilegítima o el abuso de la autoridad por parte de personas o instituciones sobre la conciencia del pueblo de Dios. Esta doctrina afirma que si la Escritura (o una verdad legítimamente derivada de ella) no aborda un tema ético particular, el cristiano tiene la libertad de decidir; su conciencia no puede ser atada por  nadie. Por lo tanto, el cristiano está protegido de la tiranía de las autoridades y opiniones.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades.

Los teólogos describen las áreas de libertad como adiaphora: asuntos que no son esenciales a la fe. La palabra viene del griego a, negación, y diaphora, «diferenciable». Al unir ambas, adiaphora significa «no diferenciable». De nuevo, si no hay un mandato moral de la Escritura, el cristiano es libre de escoger basado en sus preferencias.

La doctrina de la libertad cristiana no fue un tema trivial en la Reforma; algunos argumentarían que fue uno de los temas principales. Pero ¿por qué fue tan importante para los reformadores? Juan Calvino es útil aquí: 

Pero estos asuntos [de la libertad cristiana] son más importantes de lo que comúnmente se cree. Porque una vez que las conciencias han caído en tales lazos, se meten en un largo laberinto del que no es fácil salir luego. Si uno comienza a dudar de si le es lícito usar lino en su traje, sus camisas, pañuelos y servilletas, después no estará seguro ni siquiera de si puede usar cáñamo; y, al fin, comenzará incluso a dudar de si le es lícito usar estopa… Porque cuantos se encuentran enredados en tales dudas, a dondequiera que se vuelvan, no verán otra cosa sino escrúpulos de conciencia (Institutos, 3.19.7).

 Cuando un cristiano decide convertir un acto bíblicamente neutro en algo universalmente malo, no solo para sí mismo sino también para los demás, camina en una pendiente resbaladiza sin restricciones bíblicas. Esta es una forma de legalismo; hace ley de la libertad, y su efecto es envolver la conciencia de los creyentes y confundir las categorías de ley y libertad dadas por Dios.

Lo que la libertad cristiana no es

Debido a la proliferación de regulaciones hechas por el hombre incluso (¿especialmente?) en la iglesia, nuestra congregación ha añadido una lección en la clase de visitantes titulada «Lo que no somos como Iglesia». Ahora tenemos más de veinticinco apartados para desalentar a la gente que viene con cualquier agenda diseñada para atar las conciencias de los creyentes.

Pero como sucede a menudo, podemos esquivar un lado del camino con el fin de evitar una zanja solo para encontrarnos en la zanja opuesta. La doctrina de la libertad cristiana puede ser abusada por cristianos descuidados que malinterpretan y/o hacen mal uso de la doctrina. Pablo viene al rescate aquí. Observa sus palabras en Gálatas 5:13: «Hermanos, a libertad fuisteis llamados; solo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros». Pedro concuerda: «Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios» (1 Pe 2:16). Las áreas de libertad cristiana no son una excusa para pecar.

Hay más instrucción disponible en Romanos 14. Así como los modernos pueden debatir el uso del alcohol, la Iglesia primitiva debatió sobre la comida que había sido sacrificada a los ídolos. ¿Deben comer esa comida o no? Pablo proveyó dos principios que debemos considerar, y encontramos ambos en Romanos 14:3: «El que come [comida que había sido sacrificada a los ídolos] no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado».

Primero, los hermanos más fuertes a menudo miran por encima del hombro a los más débiles, y Pablo les advierte que se guarden de la arrogancia. Pero en segundo lugar, nota que el que se abstiene también tiene una obligación: no debe juzgar al que come. Es decir, no tiene derecho a juzgar a su hermano, llamando pecado aquello que Dios no ha calificado como tal. El consejo de Pablo al final es este: «Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua» (v. 19). Servirse unos a otros es la orden del día, sin hacer alarde de nuestra libertad o desdeñar a quien la ejerce.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades. Y Dios nos llama a una honesta autoevaluación en Su presencia antes de dirigir nuestra atención a nuestros hermanos y hermanas (Mt 7:1Rom 14:22-23).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Dan Dodds
Dan Dodds

El Rev. Dan Dodds es pastor asociado de atención pastoral y consejería en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, S.C.

Metáforas religiosas para la vida cristiana

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Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas religiosas para la vida cristiana

Victor Cruz

Nota del editor: Este es el noveno y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Dios se revela a Sí mismo y a Su plan para el mundo y la humanidad en formas que abordan nuestras mentes y nuestros corazones con poderosas imágenes de belleza, quebrantamiento, necesidad, redención, amor y perdón, entre muchas otras. Algunas de estas imágenes de nuestra relación con Dios están contenidas en metáforas religiosas que Dios usa para hablarnos. En este artículo, reflexionaremos sobre las metáforas religiosas del sacerdocio, las ofrendas y los sacrificios.

En el libro de Éxodo encontramos por primera vez una idea que aparece a lo largo de la Biblia: Dios ha escogido a un pueblo para que sea Suyo con el propósito de manifestar al mundo Su plan redentor. Eugene Merrill dice que el éxodo de Israel es el evento histórico y teológico más significativo del Antiguo Testamento, ya que destaca el acto más poderoso de Dios a favor de Su pueblo, un acto que los llevó de la esclavitud a la libertad, de la fragmentación a la solidaridad, de ser el pueblo de la promesa (hebreos) a ser la nación del cumplimiento (Israel).

Es a través de esta metáfora religiosa del sacerdocio que Dios le da una nueva identidad a Su pueblo.

A través de Israel, Dios establecerá Su Reino al hacer de cada hombre y cada mujer sacerdotes que servirán al Rey de reyes. Ya no servirán a Faraón sino que serán consagrados al servicio del Señor.

«Ahora pues, si en verdad escucháis Mi voz y guardáis Mi pacto, seréis Mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra; y vosotros seréis para Mí un Reino de sacerdotes y una nación santa». Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel (Ex 19:5-6).

Es a través de esta metáfora religiosa del sacerdocio que Dios le da una nueva identidad a Su pueblo. Ahora son un pueblo escogido para llevar a cabo los planes de Dios. Esta nueva nación representará la inevitable realidad de un mundo restaurado conforme a los propósitos del Creador. Además, en esta misma metáfora vemos que, al igual que los hebreos cuando salieron de Egipto, aquellos que hoy están en Cristo también encuentran una nueva identidad, un nuevo propósito y la libertad de la esclavitud del pecado y la culpa.

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia (1 Pe 2:9-10).

El pueblo redimido por el cordero de la Pascua en Egipto y el pueblo redimido por Cristo en la cruz vivirán juntos para proclamar las maravillas y excelencias de Aquel que los salvó de la oscuridad de la separación y los trajo a la luz de la gracia y la comunión. La metáfora religiosa del sacerdocio representa su nueva posición como posesión atesorada de Dios, pero también le da a Su pueblo una misión que cumplir, un nuevo propósito de dar a conocer el nombre del Señor en toda la tierra.

Aquellos que son llamados a ser sacerdotes de Dios disfrutarán de una relación íntima con su Salvador, y Él se deleitará en ellos. Dios describe a Su pueblo escogido como fragante aroma de Cristo para Dios (2 Co 2:15). Esto significa que Dios se deleita en ellos y se regocija en la comunión con ellos que fue hecha posible a través de la obra de Cristo. La salvación ha sido alcanzada, y las vidas del pueblo de Dios —en todo cuanto hagamos— ahora son como incienso ofrecido a Dios. Ser fragante aroma de Cristo para Dios es servir a Dios en cualquier llamado que tengamos en el mundo. Para el pueblo de Dios, todo es una oportunidad para honrar Su nombre: la maternidad, los negocios, la docencia, el arte, los deportes, la ciencia o cualquier otra área de la vida. La esencia del oficio sacerdotal y de la vida cristiana es la adoración, un llamado a buscar maneras de exaltar Su nombre y de estar consagrados a Él en todo cuanto hagamos. Oswald Chambers, el reconocido ministro escocés, dijo lo siguiente respecto a la devoción misionera: «Los hombres y mujeres que Nuestro Señor envía en Sus empresas son de lo más ordinario, pero con una devoción dominante a Él mismo, forjada por el Espíritu Santo». Esta devoción dominante hacia Dios es lo que se espera del pueblo de Dios. 

En el Nuevo Testamento, por medio del apóstol Pablo, Dios también nos da las metáforas religiosas de las ofrendas y los sacrificios para describir las maneras en las que los creyentes encuentran su identidad en su relación con Dios. Pablo dice que ha sido llamado al servicio sacerdotal para que, por medio de Cristo, los gentiles puedan ser una ofrenda aceptable a Dios. Esto significa que, a través del evangelio, ahora los gentiles también son parte de este Reino de sacerdotes que fue inaugurado en el monte Sinaí.

… para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu Santo. Por tanto, en Cristo Jesús he hallado razón para gloriarme en las cosas que se refieren a Dios (Rom 15:16-17).

Pablo también utiliza la metáfora del sacrificio al describir su vida y su servicio como «libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe» (Flp 2:17). Su uso del lenguaje del Antiguo Testamento (Lv 1) demuestra que Pablo sabe que su vida se está consumiendo así como las ofrendas que eran dedicadas en el altar se consumían en adoración agradable y sacrificial a Dios. 

De la misma manera, Jesús habla sobre el tipo de vida que Sus seguidores deberían vivir al morir a este mundo y ofrecerse a sí mismos como sacrificios a Él: «Y decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”» (Lc 9:23).

Cuán emocionante es entender a través de estas metáforas religiosas lo que significa ser redimidos, amados y perdonados al hoy vivir para la gloria de Dios.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Victor Cruz
Victor Cruz

El Dr. Víctor Cruz es el pastor-plantador de la Iglesia El Redentor en la Ciudad de México.

Metáforas familiares para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

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Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas familiares para la vida cristiana

Donald S. Whitney

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

¿Alguna vez te han dicho que eres familia de algún famoso del pasado? Durante mi infancia, escuchaba con frecuencia que era descendiente de Davy Crockett, héroe del Álamo, por parte de mi padre. Eso no lo he confirmado, pero he confirmado algo infinitamente más significativo: soy parte de la familia de Dios.

Si eres mi hermano o hermana en Cristo, entonces también eres parte de la familia de Dios. Pero tu conexión no es distante ni trivial como la mía con Davy Crockett; más bien, es más cercana que la que tienes con tus propios padres terrenales.

Nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Aunque es menos importante, es gloriosamente cierto que también eres familia de personajes bíblicos como Abraham, David, Elías, María, Pedro, Juan y Pablo, así como de Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino, Jonathan Edwards, Charles Spurgeon y un sinnúmero de otros héroes de la historia cristiana. Cuando los conozcas en el cielo, te llamarán sinceramente: «¡Hermano!» o «¡Hermana!», y experimentarás un vínculo con ellos que aún no puedes imaginar, y una intimidad que nunca has conocido en la tierra.

Todo esto, y mucho más, lo revelan las metáforas familiares usadas en la Biblia para el pueblo de Dios. Aquí hay una lista parcial de ellas, seguida de algunas breves observaciones.

RELACIONES BÍBLICAS

  • Jesús nos dice en Mateo 6:9 que nos dirijamos a Dios en oración como Padre.
    Juan 1:12-13 dice que Dios da a los creyentes en Jesús el derecho de llegar a ser «hijos de Dios», y que estos han «nacido… de Dios».
  • Efesios 1:5 enseña que Dios nos predestinó para «adopción como hijos para Sí» a través de Jesucristo.
  • Efesios 2:19 declara que somos «miembros de la familia de Dios».
  • Efesios 5:2330 enfatiza que la iglesia es «Su cuerpo» y que «somos miembros de Su cuerpo».
  • Efesios 5:25-27 nos recuerda que Jesús trata a la Iglesia como un novio amoroso trata a su novia.
  • Hebreos 2:11 proclama que Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos.
    Pablo nos enseña que debemos tratar a los creyentes ancianos como a padres, «a los más jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres, a las jóvenes como hermanas, con toda pureza» (1 Tim 5:1-2).
  • Tanto Pablo como Juan se dirigen a los creyentes que leían sus cartas llamándoles «hijitos» (Gal 4:191 Jn 2:112-14283:7184:45:21).

OBSERVACIONES

Estos términos son familiares. Por supuesto, el Nuevo Testamento se refiere a los cristianos con muchos otros términos relacionales, incluyendo «amigos», «discípulos», «seguidores» y «siervos». Pero los términos que indican relaciones familiares superan en número al resto.

Vuelve a revisar la lista. Todas estas son relaciones amorosas, no económicas. Somos hijos de Dios, no Sus clientes. No oramos para simplemente obtener cosas de Dios; más bien, el génesis de toda oración es «¡Abba! ¡Padre!» (Rom 8:15Gal 4:6).

Somos parte de la familia de Dios, no meros súbditos de Su Reino. Ciertamente nos relacionamos con Dios como nuestro Creador, Rey, Señor, Juez y de muchas otras maneras. Estos términos enfatizan Su poder, autoridad y soberanía sobre nosotros. Son títulos y verdades preciosas en formas únicas. Pero Jesús también enfatizó y quiso que recordáramos que «el Padre mismo os ama» (Jn 16:27). Casi podríamos decir que nos ama «doblemente», ya que somos Sus hijos tanto por nuevo nacimiento (Jn 1:13) como por adopción (Ef 1:5). Incluso cuando nuestro Padre nos disciplina, lo hace porque nos ama. Como nos recuerda el escritor de Hebreos: «Porque el Señor al que ama disciplina», y cuando lo hace: «Dios os trata como a hijos» (Heb 12:6-7).

Dios es nuestro Padre ahora, y lo será para siempre cuando vivamos con Él en la «casa de nuestro Padre» (Jn 14:2). Luego de que lleguemos allí, nos regocijaremos en medio de una familia eterna. ¿Has visto alguna vez esas reuniones de hermanos que fueron separados por la guerra o alguna tragedia y que llevaban cincuenta años sin verse pensando que el otro estaba muerto? Es hermoso contemplar los abrazos amorosos y las lágrimas de alegría. Cristiano, pronto y por toda la eternidad verás los rostros sonrientes de personas que corren para abrazarte, gritando: «¡Hermano!» o «¡Hermana!».

Estos son términos de intimidad. Los que correrán para abrazarte realmente serán tus hermanos y hermanas, más cercanos que cualquier persona que hayas conocido en este mundo. Nota como todos estos términos se relacionan con el núcleo familiar. La Biblia no habla de tías, tíos ni primos en nuestras relaciones con Dios ni con Su pueblo. Puede que algunos de tus parientes te saluden en el cielo, pero allí te saludarán como «¡Hermano!» o «¡Hermana!» (incluyendo tu padre, madre o cónyuge terrenal, si están allí).

¿Te has dado cuenta de que ninguna otra relación de las que disfrutes en la tierra, por más larga o íntima que haya sido, se comparará con el vínculo que sentirás con cada persona en el cielo? Esto ocurrirá debido a la obra del Espíritu Santo y a los cambios inimaginables que experimentará cada parte de nuestro ser. De hecho, incluso ahora el Espíritu nos ha unido con otros creyentes, y esa unión es más profunda que la que tenemos con nuestra familia terrenal. Debido a esto, y de una manera coherente con todos los mandamientos bíblicos sobre cómo debemos relacionarnos con nuestra familia terrenal, nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Estos son términos ideales. Con esto quiero decir que estos términos se refieren a lo que deberían ser nuestras relaciones, sin ninguna de las asociaciones negativas que pudieran tener en este mundo. En esta tierra quizás tengamos que soportar a un padre cruel, una rivalidad entre hermanos o a un cónyuge infiel. Y por causa de estas experiencias, a algunos les cuesta pensar bíblicamente acerca de Dios como Padre, o de sus compañeros cristianos como hermanos y hermanas en Cristo, y de Cristo como Esposo. Las Escrituras reconocen que el pecado mancha toda relación de este lado del cielo, incluso las relaciones cristianas más amorosas. Sin embargo, somos llamados a buscar la pureza y la santidad (el ideal) en todas ellas (ver 1 Tim 5:1-2).

La realidad en este momento es que Dios es un Padre perfecto y que Jesús es un Hermano perfecto. Un día, junto con todos los creyentes, seremos una novia perfecta para Cristo, «santa y sin mancha» (Ef 5:27). En aquel día, en el cielo que Jonathan Edwards llamó «un mundo de amor», toda relación con cualquier otra persona será verdaderamente perfecta.

Cristiano, todos estos términos son tu patrimonio espiritual. Úsalos, y regocíjate en ellos.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donald S. Whitney
Donald S. Whitney

El Dr. Donald S. Whitney es profesor de Espiritualidad Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky. Es autor de varios libros, incluyendo Disciplinas espirituales para la vida cristiana y Orando la Biblia.

Metáforas del Reino para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas del Reino para la vida cristiana

John P. Sartelle Sr.

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Jesús acababa de ser bautizado, y había sido un bautismo glorioso. «El cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: “Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido”» (Lc 3:21-22). Inmediatamente, este segundo Adán fue llevado al desierto para ayunar y contender con el mismo Satanás. El primer Adán había fracasado en el huerto, y este nuevo Adán, el Mesías y Rey de la gloria, retomaría la batalla en el desierto.

Allí en el desierto estaba Satanás, en todo su esplendor y poder, listo para probar al Hijo encarnado que descendió del cielo.

Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y el diablo le dijo: «Todo este dominio y su gloria te daré; pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será Tuyo» (Lc 4:5-7).

En un instante panorámico, Satanás le mostró a Jesús todos los reinos del mundo. «Jesús, Tú quieres gobernar estos imperios. Yo te los daré. Hazlo a mi manera, Jesús; es más fácil. No hay necesidad de conflicto. Solo inclínate ante mí».

Satanás no es omnisciente. Él no conocía los detalles del plan de Dios. El Hijo de Dios y el Hijo del Hombre del linaje de David establecería un Reino sobre el cual Él reinaría para siempre. No nos equivoquemos: este Mesías a quien Satanás ofreció los reinos de este mundo ciertamente estaba enfocado en un reino: Su Reino. Después de rechazar la oferta de Satanás, ¿cómo comenzó Su predicación? «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio» (Mr 1:15).

Ahora, adelantémonos unos treinta años y ubiquémonos en Roma, que en ese tiempo era el epicentro del mundo. Sin duda, este fue uno de los imperios que Satanás le ofreció a Jesús. El apóstol Pedro está escribiendo desde esta nueva Babilonia a las iglesias que él amaba. Les recuerda que son una «nación santa» (1 Pe 2:9). Pedro está pensando en iglesias individuales en provincias, ciudades y pueblos específicos. Pero también ve a estos seguidores de Jesús como una sola nación, como un solo Reino. ¿De dónde sacó esa idea? Jesús se la enseñó. Pedro había escuchado a Jesús decirlo una y otra vez. Lo vemos en cada página de los evangelios. Entre los reinos del mundo, había un nuevo Reino. Era un Reino que no había comenzado en este mundo. El Rey de este Reino es el Hijo de Dios encarnado. Este Reino se estableció en la gloria de la eternidad.

¿De dónde provenían los ciudadanos de esta «nación santa»? «Pero vosotros sois… nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable» (1 Pe 2:9). Todos los ciudadanos de esta nación santa provenían de los mismos reinos de tinieblas que Satanás le había mostrado a Jesús. 

Cada nación en el mundo tiene ciudadanos de otra nación, una nación santa, que vive en medio de ellos.

¿Cómo podía llamarlos nación santa si venían de reinos que estaban bajo el dominio oscuro de Satanás, donde los ciudadanos eran todo menos santos? Pedro les recuerda que habían sido redimidos «con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo» (1 Pe 1:19). Ya eran justos y santos, pues habían sido lavados de la culpa de su pecado mediante el sacrificio del cordero de Dios. No solo eran santos (rectos) en cuanto a su posición ante la justicia de Dios, sino que también eran santos en su conducta. Al haber nacido de nuevo, tenían una relación íntima con Dios: «… así como Aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: “Sed santos, porque Yo soy santo”» (1 Pe 1:15-16).

Para gran consternación de Satanás, Jesús estaba sacando a personas de sus reinos tenebrosos para edificar Su Reino de luz y de justicia. Jesús estaba destruyendo las tinieblas que habían invadido Su creación, usando a las mismas personas que una vez habían sido parte de esa oscuridad. Ahora eran ciudadanos del Reino de Dios que vivían como extranjeros en medio de los reinos de este mundo y llevaban Su luz a estos lugares oscuros.

Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación (1 Pe 2:11-12).

Piénsalo. Cada nación en el mundo tiene ciudadanos de otra nación, una nación santa, que vive en medio de ellos.

El apóstol y compañero de Pedro, Pablo, llamó a estos ciudadanos santos «embajadores de Cristo». Son emisarios de su Rey en las naciones terrenales que Satanás le había ofrecido a Jesús. «Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros» (2 Co 5:20). Aquellos que habían nacido en rebelión contra Dios para gran alegría de Satanás ahora estaban hablando felizmente en nombre de la misericordia y la gracia de Dios, rogando a los perdidos y quebrantados: «Reconciliaos con Dios».

En 1972, mi difunta esposa, Janet, y yo pasamos dos semanas conduciendo por México con dos amigos. Era mi primera visita a un país extranjero. Todos los días sentía cierta incomodidad porque estaba constantemente consciente de que era un extranjero. Así es como nos sentimos a veces los cristianos, incluso en nuestro propio país, por más que lo amemos. Nos encanta nuestra historia y nuestra constitución, pero no nos sentimos como en casa en nuestra cultura secular. Las costumbres sociales de nuestra sociedad, ancladas en el materialismo, la inmoralidad sexual, el elitismo intelectual, el orgullo egocéntrico, el cinismo posmoderno, la idolatría y el ateísmo, nos recuerdan que en realidad somos extranjeros cuya ciudadanía está en el Reino de Jesucristo. Nos humilla recordar que alguna vez fuimos partícipes voluntarios de esa cultura impía, pero hemos sido rescatados solo por la gracia de Dios. Esa gracia nos impulsa a ser embajadores que llevan la luz del evangelio a las tinieblas. Sin embargo, vivimos como extraterrestres con gozo, sabiendo que somos peregrinos de camino a nuestro hogar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John P. Sartelle Sr.
John P. Sartelle Sr.

El Rev. John P. Sartelle Sr. es el ministro principal de Christ Presbyterian Church (PCA) en Oakland, Tennessee. Es el autor de What Christian Parents Should Know about Infant Baptism [Lo que los padres cristianos deben saber sobre el bautismo infantil].