Conociéndome a mí mismo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Conociéndome a mí mismo

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Por R.C. Sproul 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Prácticamente todas las personas enfrentan esta pregunta en algún momento de su niñez.

Cuando yo era pequeño, las respuestas más comunes de los niños varones incluían «vaquero», «bombero» o  «jugador de béisbol», sin embargo, pocos de nosotros terminamos siendo vaqueros, bomberos o jugadores de béisbol. En algún momento, cuando la persona deja la niñez, pasa por la adolescencia y entra en la adultez, la pregunta «¿quién soy?» se libera (al menos en parte) de la fantasía infantil y es respondida en términos más serios, términos que a menudo están determinados por los duros golpes de la realidad.

Lo que es cierto para niños y niñas suele también serlo para las instituciones. De la misma forma que los individuos buscan una identidad, así también lo hacen las organizaciones . La Iglesia no es la excepción. Durante el segundo siglo de la historia cristiana, la Iglesia estuvo ocupada respondiendo la pregunta «¿quiénes somos?». Fue un tiempo de amalgama, codificación y definición. En ese siglo, la Iglesia reflexionó sobre su autoridad suprema (la Escritura), su teología y su organización.

Muy frecuentemente las organizaciones, incluso las naciones, se ven forzadas a definirse con mayor claridad y precisión por sus competidores o enemigos. Eso fue lo que le ocurrió a la Iglesia. Los primeros apologistas cristianos, como Justino Mártir, se esmeraron por clarificar la naturaleza de la Iglesia y el cristianismo para contrarrestar las falsas concepciones difundidas por personas ajenas a la Iglesia como los paganos y los judíos. De forma similar, la doctrina «ortodoxa» fue forjada con el martillo de la herejía. En ese entonces, al igual que ahora, la mayoría de los herejes afirmaban ser defensores del cristianismo verdadero. Sus errores y tergiversaciones obligaron a la Iglesia a definir sus creencias con más claridad.

La Iglesia del siglo II hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana.

El año 2001 Hans Küng, el controvertido teólogo católico-romano, publicó un nuevo libro sobre la Iglesia. Este tenía el simple título de La Iglesia católica: breve historia universal. Küng observó un cambio decisivo en cuanto a la actividad y la autoconciencia de la Iglesia prístina del primer siglo y la «institucionalización» de la Iglesia en el segundo siglo. Él señala que, para responder a los gnósticos y otros herejes como Marción y Montano, la Iglesia estableció claros cánones o estándares con respecto a lo que es verdaderamente cristiano, dentro de los cuales tenemos:

  1. Un credo resumido que comúnmente se usaba en el bautismo. El primer credo bautismal fue la simple afirmación «Jesús es el Señor». Más tarde, esta fórmula fue expandida para incluir afirmaciones de fe en el Dios Todopoderoso y en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido el Espíritu Santo. Los rudimentos de lo que llegó a conocerse como «el Símbolo» o el Credo Apostólico, fueron añadidos en este momento. Posteriormente, se agregaron más afirmaciones para formar la versión final del credo.
  2. El canon del Nuevo Testamento. La elaboración de la lista de los libros inspirados fue provocada en gran parte por el trabajo del hereje Marción, que produjo su propio Nuevo Testamento expurgado. A pesar de que el canon neotestamentario no fue finalizado sino hasta finales del siglo IV, casi todo estaba formalmente en su lugar para fines del siglo II.
  3. El oficio docente episcopal. Este oficio evolucionó a medida que la Iglesia se movía en dirección al episcopado monárquico. Se volvió común apelar a las enseñanzas de los obispos para resolver las controversias teológicas. Küng sostiene que este tercer estándar representó un giro con respecto a la Iglesia de la era apostólica, que estaba compuesta por comunidades libres sin un único episcopado ni presbiterio. Él considera que las comunidades apostólicas eran iglesias completas y bien equipadas, que no carecían de nada. Más adelante, las iglesias congregacionalistas (y muchos puritanos) apelarían a estas comunidades como representantes de la estructura original de la Iglesia.

A pesar de que en ciertos aspectos estos cambios históricos lo entristecen, Küng afirma: «No se puede ignorar el hecho de que con los tres estándares mencionados anteriormente, la Iglesia católica creó una estructura para la teología y la organización, y junto a ella, un orden interno muy sólido».

La apreciación de Küng no es muy diferente del análisis protestante. En el libro Historia de la Iglesia cristiana, Williston Walker señala: «Así, de la lucha contra el gnosticismo y el montanismo surgió la Iglesia católica, con su fuerte organización episcopal, estándar de credo y canon autoritario. Era muy diferente de la Iglesia apostólica, pero había preservado el cristianismo histórico y lo había resguardado durante una tremenda crisis». 

Por cierto, Küng señala que los tres estándares establecidos por la Iglesia en el siglo II fueron atacados en eras posteriores. En el siglo XVI, la Reforma planteó dudas con respecto a la estructura episcopal de Roma. Luego, la Ilustración cuestionó tanto el canon de la Escritura como también la Regla de la fe del credo.

La Iglesia del siglo II también hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana. Durante los comienzos de la historia del cristianismo, la Iglesia hizo una distinción entre la proclamación (kerygma) y la instrucción (didache). La Iglesia apostólica era una iglesia misionera que iba más allá de las fronteras del judaísmo. Los gentiles eran alcanzados por la proclamación del evangelio en su forma básica. Se hacía énfasis en la persona y la obra de Cristo, en Su muerte y resurrección. Cuando los convertidos abrazaban a Cristo por medio de la fe, eran bautizados e ingresaban a la comunidad de la Iglesia. Luego, se les daba una instrucción más rigurosa en cuanto a la fe. Para este fin, en el siglo II se produjo un manual de orden eclesiástico conocido como Didaché o «La enseñanza de los doce apóstoles».

Este manual, descubierto apenas en 1873, provee reglas simples para las congregaciones locales, y aborda el bautismo, el aborto (que era considerado como asesinato), las limosnas, el ayuno, la Cena del Señor y otros asuntos. Establece un marcado contraste entre dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte. Muchas de las amonestaciones que se encuentran en él son citas textuales de las Escrituras del Nuevo Testamento.

La Didaché terminó siendo utilizada como herramienta catequística y también como una guía para la vida cristiana. Como tal, representa el primer código escrito posapostólico de moralidad cristiana. A pesar de que no forma parte del canon de la Escritura, ofrece valiosas perspectivas sobre la manera en que la Iglesia primitiva se veía a sí misma.

La Iglesia del siglo II desarrolló un fuerte sentido de identidad. Este proceso continuó hasta bien entrado el siglo III, cuando nuevas herejías y nuevos conflictos con el Estado produjeron incluso más desarrollo y nuevas estructuras en la Iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

La plenitud del tiempo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

La plenitud del tiempo

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el sexto y último capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo I

En el principio creó Dios…». Estas cinco palabras, las primeras en la Biblia, son como una bullosa trompeta retumbando en los oídos de los naturalistas seculares, porque ellas afirman tres verdades fundamentales con las que los hijos del postmodernismo siempre se atragantan. Esta tríada de verdades establece el escenario para toda la historia bíblica de la redención: hay un Dios, el universo fue creado por Dios y la historia tuvo un principio en el tiempo.

Los temas sobre la existencia de Dios y Su creación del universo son puntos de conflicto fundamentales frente a todas las formas de naturalismo. Estos temas, aunque merecen una atención especial, están fuera del alcance de este artículo. Quiero centrarme en el tercer punto, la verdad de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Esto hace que la preocupación se reduzca a solo las primeras 3 palabras de la Biblia: «En el principio».

En el conflicto que existe entre el cristianismo y el naturalismo, la popularidad de la cosmología del big bang pareciera forzar un acuerdo en cuanto al punto de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Se suele argumentar que el big bang, a través del cual toda la energía y la materia del universo explotó desde un «punto de singularidad» infinitesimal y comprimido, ocurrió hace unos 12 000 a 17 000 millones de años (suma o resta mil millones). Sin embargo, acechando bajo la superficie de la teoría se esconde la idea de que algo precedió al principio, que la materia y la energía existían antes de la explosión, en la eternidad pasada. De modo que, para algunos naturalistas, el big bang no describe realmente el principio  como tal, sino a un cambio radical en la forma y estructura de la realidad para la que no hay un principio. 

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo».

En el mundo antiguo, la afirmación hebrea de un principio era algo radical. La teoría favorita de la historia, adoptada particularmente (pero no exclusivamente) por los filósofos griegos, fue la postura cíclica. Según este punto de vista, la historia no es lineal ni progresiva, más bien, da vueltas y vueltas en un círculo interminable. No tiene punto de origen ni punto de destino específico. Esto a menudo es visto como un esquema en el que la historia no tiene un propósito. Esta perspectiva pesimista es explorada y contrarrestada en el libro de Eclesiastés. El estribillo: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad», describe una visión de la historia en la que el sol se pone y sale, pero nada nuevo aparece «bajo el sol». 

En contra de las teorías cíclicas de la historia se encuentra la perspectiva judeo-cristiana de una historia lineal progresiva que tiene un punto de partida específico y una consumación futura. Esta afirmación es crucial no solo para el conflicto entre el cristianismo y el naturalismo, sino también para las teorías críticas de interpretación bíblica. 

El enfoque neo-gnóstico de Rudolf Bultmann en cuanto a la teología fue la visión más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Él hizo una distinción en la Biblia entre lo que era historia y lo que era un mito. Partiendo de un marco de referencia naturalista, negó todas las cosas milagrosas de la narración bíblica. En su opinión, los milagros eran la cáscara mítica que necesitaba ser pelada para llegar al núcleo de la verdad histórica. A Bultmann no le molestó en su comprensión de la fe el afirmar que la Biblia estaba llena de mitología en sus narraciones cuasi-históricas. Intentó construir una teología de intemporalidad. Para él, la salvación no se lleva a cabo dentro de los límites de la historia, sino que es «supratemporal» o «transtemporal». El ámbito supra o trans es aquel que está por encima del ámbito de la historia y no está contenido en este. Bultmann abogó por una salvación que tiene lugar en el «aquí y ahora», en un plano existencial vertical, no en el plano horizontal de la historia. En este esquema, el contenido histórico de la Biblia no tiene por qué ser cierto en el sentido de la realidad. En el análisis final, ni siquiera importa si hubo un Jesús histórico. 

El historiador y erudito bíblico suizo Oscar Cullmann escribió en contra de esta violación radical al cristianismo bíblico. Al examinar las referencias cronológicas de la Biblia, Cullmann concluyó que el cristianismo bíblico es ininteligible aparte de su contexto histórico. La visión hebreo-cristiana de la historia está ligada a la fe judeo-cristiana. El cristianismo es acerca de un Dios que crea la historia, la gobierna y lleva a cabo Su plan de salvación en ella. Arrancarle al contenido de la Biblia su contexto histórico no es rescatarla de la crítica filosófica naturalista, sino entregarla al naturalismo filosófico. Un naturalismo cristiano es un oxímoron. 

Cullmann señaló la diferencia entre dos palabras griegas para «tiempo», chronos kairosChronos se refiere al paso normal del tiempo, momento a momento, a la historia normal de la que se hace una «crónica». Kairos se refiere a un momento específico en el tiempo que es especialmente significativo. Un momento kairos o «kairótico» define la importancia del pasado y del futuro. Para hacer esta distinción, veamos lo que significa que algo sea «parte de la historia» y que algo sea «histórico». Todo lo que sucede es parte de la historia, pero no todo es histórico. Sin embargo, todo lo que es histórico es también parte de la historia en el sentido de que toma lugar dentro del tiempo. Por lo tanto, los momentos kairos de los que habla la Biblia no son momentos fuera del tiempo, sino que tienen lugar en el contexto del chronos

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo». Dios había gobernado la historia en preparación para ese momento kairótico, que ocurrió en la historia real. Es por esa historia real que el cristianismo se mantiene en pie o se cae.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Nada menos que la Palabra de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Nada menos que la Palabra de Dios

R.C.Sproul

¿Cuál es el papel principal que cumplen los milagros?

En este breve vídeo, R.C. Sproul examina el libro de Hebreos para considerar cómo las obras milagrosas de Dios se relacionan con Su Palabra.

Transcripción

Ahora vamos al libro de Hebreos en el Nuevo Testamento. Y leemos en el segundo capítulo estas palabras:

Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según Su propia voluntad.

A menudo pensamos en dar testimonio como algo que solo nosotros hacemos, que es nuestra tarea dar testimonio de Cristo o dar testimonio de Dios. Pero Dios dio testimonio de Jesús y la forma en que Él dio testimonio de Jesús fue con milagros.

John Locke, el filósofo británico, dijo una vez que la función principal, no la única función, pero la función principal del milagro en la Biblia es de dar crédito al autor. Es decir, para demostrar la veracidad de la persona que los está haciendo, para certificar que
esta persona era aprobada por Dios y que estaba hablando la verdad de Dios.

Esa es la razón por la que debemos ser muy, muy cuidadosos acerca de nuestra comprensión de los milagros. Porque aparte de las otras funciones que ellos tienen de aliviar el sufrimiento y cosas así, en los tiempos bíblicos uno de los propósitos principales del milagro era probar que esa persona era un agente de revelación, que era alguien hablando nada menos que la Palabra de Dios.

Ministerios Ligonier
Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

La historia de la Reforma

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La historia de la Reforma

Por R.C. Sproul

«Un vertedero de herejías». Este fue el juicio pronunciado por el santo emperador romano Carlos V el 26 de mayo de 1521, poco después de que Martín Lutero compareciera en la Dieta de Worms.  

Anteriormente, en la bula Exsurge Domine, el papa León X describió a Lutero como un cerdo salvaje, suelto en la viña de Cristo y como un hereje terco, escandaloso y condenado. El 4 de mayo de 1521, Lutero fue «secuestrado» por unos amigos y llevado al castillo de Wartburg, donde lo mantuvieron escondido y disfrazado de caballero. Allí Lutero asumió de inmediato la tarea de traducir la Biblia a la lengua vernácula.  

La Reforma se describe frecuentemente como un movimiento que giraba en torno a dos cuestiones fundamentales. La llamada causa «material» fue el debate sobre la sola fide («justificación por la fe sola»). La causa «formal» fue sobre la sola Scriptura, es decir, que la Biblia, esto es, la Biblia sola, tiene la autoridad para atar la conciencia del creyente. Los reformadores respetaron la tradición de la Iglesia, pero no la consideraron una fuente normativa de revelación. La «protesta» del protestantismo fue más allá del tema de la justificación por la fe sola, desafiando muchos dogmas que surgieron en Roma, especialmente durante la Edad Media.  

La Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia.

En poco tiempo, la Reforma se expandió por toda Alemania, pero no se detuvo allí. Gracias a la traducción de la Biblia en otras naciones, llegó a Escocia, Inglaterra, Suiza, Hungría, Holanda y a los hugonotes en Francia. Ulrico Zuinglio dirigió el movimiento de la Reforma en Suiza, John Knox en Escocia y Juan Calvino entre los protestantes franceses. 

En 1534, Calvino dio un discurso llamando a la Iglesia a regresar al evangelio puro del Nuevo Testamento. Su discurso fue quemado y Calvino huyó de París a Ginebra. Se disfrazó de viñador y escapó de la ciudad en una canasta. Durante el año siguiente, más de dos decenas de protestantes fueron quemados vivos en Francia. Esto llevó a que Calvino escribiera la Institución de la religión cristiana, la cual fue dirigida al rey de Francia. El contenido de la Institución se convirtió en la teología dominante para la expansión internacional de la Reforma.  

La primera edición de la Institución fue completada en 1536, el mismo año en que Calvino fue persuadido por Farel de ir a Suiza para convertir a Ginebra en una ciudad modelo de la Reforma. En 1538, Farel y Calvino fueron obligados a abandonar Ginebra. Él vivió y ministró en Estrasburgo por tres años hasta que fue llamado a regresar a Ginebra en 1541.  

La teología de Calvino enfatizó la soberanía de Dios sobre todos los aspectos de la vida. Su pasión principal fue la reforma de la adoración a tal nivel de pureza que no promoviera ni apoyara la inclinación humana hacia la idolatría. Ginebra atrajo a líderes de toda Europa que iban para observar el modelo y para ser instruidos por el mismo Calvino. 

La turbulencia se extendió a Inglaterra durante este período cuando el rey Enrique VIII se resistió a la autoridad de Roma. En 1534, Enrique se convirtió en el jefe supremo de la Iglesia anglicana. Él asumió la persecución de los evangélicos, la cual se intensificó con el reinado de «María la sanguinaria», provocando que muchos huyeran a Ginebra en busca de refugio. 

Las persecuciones fueron suspendidas bajo el reinado de «la buena reina Bess», Isabel I, cuya postura provocó una bula papal contra ella en 1570. La Reforma se expandió rápidamente a Escocia, mayormente bajo el liderazgo de John Knox, quien sirvió por 19 meses como esclavo de galera antes de irse a Inglaterra y luego a Ginebra. En 1560, el Parlamento escocés rechazó la autoridad papal. En 1561, se reorganizó la «Kirk» reformada escocesa.  

Una interesante nota al margen es que el primer hombre que John Knox ordenó al ministerio de la iglesia fue un clérigo desconocido llamado Robert Charles Sproul, de quien soy descendiente directo.  

A principios del siglo XVII, la Reforma se extendió al nuevo mundo con la llegada de los peregrinos y las colonias de puritanos que trajeron la teología reformada y la Biblia de Ginebra con ellos. 

La teología de la Reforma dominó el evangelicalismo protestante por décadas, pero más tarde se diluyó bajo las influencias del pietismo y el finneyismo.  

A finales del siglo XX, la teología de la Reforma declinó drásticamente en el mundo occidental, siendo atacada por un lado por la teología liberal del siglo XIX, y por el otro lado por la influencia de la teología arminiana. Esto fue especialmente cierto en los Estados Unidos. 

En el escenario actual del evangelicalismo estadounidense, la teología de la Reforma es minoritaria. Las corrientes teológicas dominantes en los círculos evangélicos actuales son el dispensacionalismo y el pensamiento carismático neopentecostal. La expansión y el crecimiento fenomenales de la teología dispensacional en los Estados Unidos es un capítulo fascinante en la historia de la Iglesia. Con sus raíces en las suposiciones de los Hermanos de Plymouth, el dispensacionalismo se extendió rápidamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Impulsado por el movimiento de los institutos bíblicos, las conferencias de profecías y la predicación de hombres como D. L. Moody, el dispensacionalismo obtuvo un gran apoyo popular. 

La versión estadounidense del dispensacionalismo fue potenciada por la publicación de la Biblia Anotada de Scofield. La Biblia de Scofield, con sus notas de estudio, sirvió como una herramienta popular para la expansión de la teología dispensacional. Esta teología fue forjada por hombres cuyas raíces estaban principalmente en las ideas de la Reforma. Los temas de la teología reformada clásica fueron modificados significativamente por este movimiento.  

The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] —publicada originalmente en inglés como New Geneva Bible [Biblia de Estudio de Ginebra]— es la primera Biblia de estudio distintivamente reformada desde la publicación de la Biblia de Ginebra en el siglo XVI. Ella busca recuperar la teología de la Reforma y proveer una guía para que el laicado entienda la riqueza de su sistema histórico, doctrinal y bíblico. Su importancia para el cristianismo es enorme. Espero que esta Biblia ayude a los evangélicos a regresar a sus raíces reformadas. Más importante aún, está diseñada para llamar a los evangélicos de regreso a la Palabra y a sus confesiones históricas de teología bíblica.  

Más allá de las fronteras de los Estados Unidos, The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] puede ser utilizada para expandir la luz de la Reforma a tierras donde la Reforma original nunca llegó, especialmente Rusia y Europa del Este. 

En nuestros días hemos visto un avivamiento del interés en la Biblia y un compromiso renovado con la autoridad y la confiabilidad de las Escrituras. Pero la Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia. No basta con ensalzar la virtud de las Escrituras; tenemos que volver a escuchar la enseñanza de las Escrituras, una vez más. La única manera de evitar caer en un nuevo vertedero de herejías es mediante una recuperación seria y ferviente de la verdad bíblica.

Este artículo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Las cinco solas de la Reforma

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Las cinco solas de la Reforma

 Ministerios Ligonier

En cada una de las cinco solas de la Reforma, el énfasis está en el calificativo «solo». Mira este breve video de R.C. Sproul a través de los años enseñando la verdad del evangelio que fue redescubierto durante la Reforma del siglo XVI.

Transcripción

A lo largo de las ‘solas’, el énfasis está en… el calificativo «solo».

El mundo creado está llamado a reflejar la gloria de Dios. El hecho de que Dios crea una criatura coloca a esa criatura en deuda con el Creador. Y la única razón por la que existes… y que existo…. es por Él.

Nada hay inherentemente digno en el polvo y de eso hemos sido formados.  La razón por la que vales es porque Dios dice que vales. Y el mundo entero está lleno de Su gloria. Solo Dios puede doblegar la conciencia absolutamente.

Un campesino armado con un versículo de las Escrituras tiene más autoridad que un papa o un directorio de iglesia que no tiene Escritura.

Esto fue tachado por los reformadores. Esto fue tachado por los reformadores. Y mi justicia inherente… está tachada. Para que tengas solo fe, solo gracia, solo Cristo.

La prerrogativa divina de misericordia y gracia es: «Tendré misericordia… del que Yo tenga misericordia». Esa es Su prerrogativa. Dios no le debe gracia salvadora a nadie.

Suelo hablar con mis amigos arminianos acerca de esto y les digo: «Déjenme hacerles una pregunta: ¿Por qué eres creyente y muchos miembros de tu familia o amigos que tienes, no son creyentes, siendo que ambos escucharon el evangelio?».

Jesús no dice que ningún hombre puede venir a él a menos que Dios lo ayude. Él dice que ningún hombre puede venir a él, a menos que Dios no le trajere.

Nadie es salvo solo porque afirma la doctrina de la justificación. ¿Qué pasa si niegas la doctrina de la justificación solo por fe? Eso es un asunto distinto, porque ahora estás negando que eres salvo por Cristo y solo por Cristo, y esa negación podría ser suficiente para condenarte.

Solo Cristo merece la salvación frente a un Dios justo y santo. Porque Él es el único que no tiene pecado.

Toda la doctrina de la justificación por la fe, toda la doctrina de la salvación por la gracia, se basa en el principio de que la ley de Dios se ha cumplido por… Cristo.

Cuando pongo mi confianza en Él, Él me imputa o pone a mi cuenta Su justicia. Y sobre la base de esa justicia imputada, Dios me declara justo ahora. Entonces, si muero ahora mismo, iré al cielo ahora mismo, porque tengo toda la justicia necesaria para llegar allí, es decir, la justicia de Jesucristo. Esas son buenas noticias.

Tú rechazas eso, estás rechazando el evangelio.

Ministerios Ligonier
Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

El ahora cuenta para siempre

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Centrándose fielmente en el carácter de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Centrándose fielmente en el carácter de Dios

R.C.Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue mejor conocido por proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Mira este breve video de R.C. a través de los años enseñando sobre la santidad de Dios y por qué es es central para el propósito de Ligonier.

Transcripción

Mi estrategia fue centrar la atención, lo más posible, en el carácter de Dios; porque pensé que la mayor debilidad en la iglesia, tanto en la iglesia liberal como en la iglesia evangélica, fue una comprensión del carácter de Dios el Padre.

Entonces, organizamos este ministerio y básicamente lo que hacemos es que producimos programas en video para adultos en la Escuela Dominical. Damos un vistazo alrededor del mundo y vemos pedacitos de toda clase de experiencias e información radicalmente diferentes y, a veces, en conflicto.

Y lo que tratamos de hacer es capacitar a las personas para que piensen como cristianos, para que busquen la mente de Cristo, para que comprendan que la fe cristiana no es una reserva de compartimientos que no tiene nada que ver con el resto de la vida.

Y, hasta que no entendamos nuestro pecado, nunca entenderemos lo que él ha logrado por nosotros en la historia, en sus actos redentores, en el éxodo del Antiguo Testamento, en la cruz del Nuevo Testamento, ni entenderemos nuestra propia meta y propósito como cristianos, que son llamados a ser un pueblo santo, santificado del Señor. Hasta que tengamos una idea de todo el concepto de la santidad.

La Biblia usa palabras como: estamos muertos en pecado, somos esclavos del pecado, somos por naturaleza hijos de ira, no queremos a Dios en nuestro pensamiento. Porque Él es santo y nosotros no.

Creo que una de las cosas más importantes que hacemos es tratar de profundizar nuestra comprensión del carácter de Dios.

Si Ligonier es fiel a sus fundamentos y creo que lo será, deberíamos estar en medio de una renovación mundial de la fe reformada.

En lo que a mí respecta, ese es el tipo de cosas que no puedes programar en un estudio: ¡Dios es soberano!

No hay “moléculas sueltas” en un universo donde Dios es soberano. Si Dios no es soberano, Dios no es Dios.

Quiero ponerlo simple. El Evangelio es tan claro en las Escrituras que un niño puede entenderlo.

Lo que quiero transmitirles es que, a menos que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Si Dios es Dios; si realmente es Dios, no solo es Dios de la iglesia, es Dios del gobierno, es Dios de las artes, es Dios sobre todo.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

¿Cuál es el papel de la experiencia en la vida cristiana?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Cuál es el papel de la experiencia en la vida cristiana?

R.C. Sproul

Hoy en día, la experiencia personal ha sido exaltada sobre todas las cosas como el criterio final de lo bueno y lo malo. Solo piensa en todas las personas que tratan de justificarse a sí mismas basándose en lo que sienten. De manera rutinaria el divorcio es excusado basándose en que la pareja casada ya no siente que está enamorada. Se nos dice que la homosexualidad debe ser aceptada como un bien moral porque algunos homosexuales aseguran haber sentido una atracción hacia el mismo sexo desde una edad temprana. Incluso muchos cristianos profesantes toman sus decisiones sobre lo que está bien y lo que está mal basándose en lo que sienten.

Es difícil tener una discusión con alguien que hace de su experiencia el árbitro final de la realidad. Muchas personas aceptan el viejo adagio de que «una persona con una experiencia nunca está a merced de otra con un argumento». En última instancia, tenemos que estar en desacuerdo con esta afirmación, pero no porque la experiencia no sea un tutor valioso. Ella puede ayudarnos a conectar la teoría con la práctica y los conceptos abstractos con situaciones concretas. Nos ayuda a filtrar las sutiles diferencias que vivimos en este mundo complejo. Incluso algunas experiencias parecen probar que la experiencia triunfa sobre la argumentación. Pienso en el ejemplo de Roger Bannister. Antes de 1954, muchas personas argumentaban que ningún ser humano podía correr una milla en menos de cuatro minutos. Bannister rompió ese récord, demostrando por medio de la experiencia que el argumento no era válido.

El problema no es que la experiencia nunca pueda superar un argumento; sabemos por la historia de la ciencia que a menudo la experiencia de la investigación empírica ha volcado los argumentos prevalecientes. El problema es la idea de que la persona con una experiencia nunca está a merced de otra con un argumento. En muchos casos, un buen argumento triunfa sobre la experiencia. Esto es particularmente cierto cuando el debate se refiere a la experiencia personal frente a un entendimiento sólido de la Palabra de Dios.

Recuerdo una ocasión en que una señora se me acercó y me dijo: “Dr. Sproul, durante treinta años he estado casada con un hombre amable y un buen proveedor que no es cristiano. Finalmente, ya no pude soportar el no tener en común con él lo más importante en mi vida: mi fe. Así que, lo dejé. Pero me ha estado llamando todos los días rogándome que regrese. ¿Qué cree que Dios quiere que haga?»

«Eso es sencillo», le dije. «La falta de fe cristiana de su esposo no es motivo para un divorcio según 1 Corintios 7. Entonces, la voluntad de Dios es que usted regrese con él».

La experiencia puede y debe enseñarnos, pero nunca puede ser el árbitro final del bien y el mal.

A la mujer no le gustó mi respuesta y dijo que no era buena porque yo no sabía lo que era vivir con su esposo. Le respondí: «Señora, usted no me preguntó qué yo haría si estuviera en sus zapatos. Tal vez me hubiera ido mucho antes que usted, pero eso es irrelevante para el caso. Usted me preguntó acerca de la voluntad de Dios, y eso está claro en esta situación. Su experiencia no es un permiso para desobedecer a Dios”. Puedo decir con gratitud que cuando la mujer se dio cuenta que le estaba pidiendo a Dios que hiciera una excepción solo por ella, se arrepintió y regresó con su esposo.

El argumento de esa mujer se replica todos los días entre muchos cristianos que someten la Palabra de Dios a su experiencia. Muy a menudo, cuando nuestra experiencia entra en conflicto con la Palabra de Dios, dejamos de lado las Escrituras. Podemos refugiarnos en la opinión pública o en los estudios psicológicos más recientes. Permitimos que la experiencia común de las personas que nos rodean se convierta en normativa, negando la sabiduría y la autoridad de Dios y prefiriendo la experiencia colectiva de los seres humanos caídos.

En verdad, todos sabemos que la experiencia suele ser un buen maestro. Pero la experiencia nunca es el mejor maestro. Dios, por supuesto, es el mejor maestro. ¿Por qué? Porque Él nos instruye desde la perspectiva de la eternidad y de las riquezas de Su omnisciencia.

A veces tratamos de encubrir nuestra confianza en la experiencia con un lenguaje más ortodoxo. No puedo decirles cuántas veces he escuchado a los cristianos decirme que el Espíritu Santo los guió a hacer cosas que las Escrituras claramente prohíben o que Dios les dio paz en su decisión de actuar de una manera que es claramente contraria a la ley de Dios. Pero eso es una calumnia blasfema contra el Espíritu, como si alguna vez Él tolerara el pecado. Ya es suficientemente malo culpar al diablo por nuestras propias decisiones, pero cuando apelamos al Espíritu para justificar nuestras transgresiones, nos ponemos en un grave peligro.

Uno de los dispositivos de manipulación más poderosos que hemos diseñado es el afirmar que experimentamos la aprobación del Espíritu a nuestras acciones. ¿Cómo puede alguien osar contradecirnos cuando reclamamos la autoridad divina para eso que queremos hacer? El resultado es que terminamos silenciando cualquier cuestionamiento sobre nuestro comportamiento. Pero la Escritura nos dice que el Espíritu Santo nos guía a la santidad, no al pecado, y si el Espíritu inspiró las Escrituras, cualquier experiencia que tengamos que sugiera que podemos ir en contra de la enseñanza bíblica, no puede ser de Él.

Mientras vivamos en este lado del cielo, debemos lidiar con el estado  caído de nuestros cuerpos y almas. Procurar que nuestra experiencia sea determinante de lo que es bueno y malo es repetir el pecado de Adán y Eva. ¿Por qué ellos desobedecieron al Señor? Porque confiaron en su experiencia que les decía que «el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría» (Gn 3:6). Ignoraron las promesas y las advertencias que Dios les reveló sobre el fruto del árbol prohibido. La experiencia puede y debe enseñarnos, pero nunca puede ser el árbitro final del bien y el mal. Ese papel pertenece únicamente a nuestro Creador, y Su Palabra nos da los estándares por los cuales debemos vivir.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Sabiduría y conocimiento

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Sabiduría y conocimiento

R.C. Sproul

Nota del editor: Esta es la tercera parte de la serie de artículos de Tabletalk Magazine referente al tema de la controversia.

En la universidad, me especialicé en filosofía. El primer día del primer curso que tomé en filosofía, el profesor escribió la palabra filosofía en la pizarra, luego la desglosó para mostrar su origen etimológico. El término proviene de dos palabras griegas, lo cual es apropiado, ya que los griegos son vistos generalmente como los padres fundadores de la filosofía occidental. El prefijo filo proviene de la palabra griega phileō, que significa «amar». La raíz proviene de la palabra griega sofía, que significa «sabiduría». Por lo tanto, el significado básico de la palabra filosofía es «amor por la sabiduría».

El propósito de aprender las cosas de Dios es la adquisición de sabiduría, y no podemos tener sabiduría sin conocimiento.

Una vez que comprendí este significado, asumí que al estudiar filosofía aprendería sobre la sabiduría en un sentido práctico. Sin embargo, pronto descubrí que la filosofía griega enfatizaba preguntas abstractas de la metafísica (el estudio del ser último o de la realidad última) y la epistemología (el estudio del proceso mediante el cual los seres humanos aprenden). Es cierto que una de las subdivisiones de la filosofía es la ética, particularmente la ciencia de la ética normativa, los principios de cómo debemos vivir. Esa fue ciertamente una preocupación de los antiguos griegos, particularmente de Sócrates. Pero incluso Sócrates estaba convencido de que la conducta apropiada, o la vida correcta, está íntimamente relacionada al conocimiento correcto.

Hay una sección del Antiguo Testamento conocida como la literatura sapiencial: los libros de Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Aquí, vemos un énfasis filosófico completamente diferente, uno basado en la suposición inicial de la Biblia. Muchas personas consideran la afirmación de que hay un solo dios sobre toda la creación como un desarrollo tardío en la filosofía griega. En cierto modo, fue el resultado de su pensamiento. Pero para los judíos, la afirmación de la soberanía de Dios era primordial. La primera línea del Antiguo Testamento dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn 1:1). El monoteísmo no está al final del camino; está al principio.

Génesis no ofrece ningún argumento o prueba de la existencia de Dios. Una de las razones de esto es que los judíos estaban convencidos de que Dios ya había hecho el trabajo por Sí mismo: los cielos proclamaron la gloria de Dios (Sal 19:1). Los judíos no estaban preocupados de si había un Dios sino de cómo es Él: ¿Cuál es Su nombre? ¿Cuáles son Sus atributos? ¿Cuál es Su carácter? Todo el Antiguo Testamento se enfoca en la autorrevelación de Dios a Su pueblo del pacto.

La literatura sapiencial hace una afirmación sorprendente: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Sal 111:10Pr 9:10). Para los judíos, la sabiduría significaba una comprensión práctica de cómo vivir una vida que sea agradable a Dios. La búsqueda de la piedad fue una preocupación central de los escritores de la literatura sapiencial. Afirmaron que la condición necesaria para que alguien tenga verdadera sabiduría es el temor del Señor.

Tal temor no es terror ni horror. Como dijo Martín Lutero, es un temor filial, el temor de un niño que admira a su padre y no quiere hacer nada que pueda contravenir a su padre e interrumpir su relación amorosa con él. En una palabra, este concepto tiene que ver con la reverencia, la admiración y el respeto. Cuando los escritores de la literatura sapiencial dicen que el principio de la sabiduría es el temor del Señor, ellos están diciendo que el punto de partida absoluto y esencial, si deseas adquirir la verdadera sabiduría, es la reverencia y la adoración a Dios.

Mostrando un contraste, el salmista nos dice: «El necio dice en su corazón: ‘No hay Dios’» (Sal 14:1a). La sabiduría es contrastada con la necedad. Sin embargo, en la literatura hebrea, la palabra necio no describe a una persona que carece de inteligencia. Ser necio para el judío es ser irreligioso e impío. El impío es la persona que no tiene reverencia por Dios, y cuando no tienes reverencia por Dios, inevitablemente tu vida lo mostrará.

La  literatura sapiencial también hace una distinción clara entre la sabiduría y el conocimiento. Una persona puede tener conocimiento ilimitado y no tener sabiduría. Pero no puede darse lo contrario; nadie puede tener sabiduría si no tiene conocimiento. El espíritu anti-intelectual de nuestro tiempo declara: «No necesito estudiar. No necesito conocerla Biblia. Todo lo que necesito es tener una relación personal con Jesús». Ese punto de vista está en un curso de colisión con lo que enseña la literatura sapiencial. El propósito de aprender las cosas de Dios es la adquisición de sabiduría, y no podemos tener sabiduría sin conocimiento. La ignorancia engendra necedad, pero el verdadero conocimiento, el conocimiento de Dios, conduce a la sabiduría que es más preciosa que los rubíes y las perlas.

Queremos ser ricos, exitosos y estar cómodos, pero no anhelamos la sabiduría. Por consiguiente, no leemos las Escrituras, el libro de texto supremo de la sabiduría. Esto es necedad. Busquemos el conocimiento de Dios a través de la Palabra de Dios, porque de ese modo encontraremos la sabiduría para vivir vidas que le agraden.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Traición cósmica

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Traición cósmica

R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

La pregunta «¿Qué es el pecado?» se plantea en el Catecismo Menor de Westminster. La respuesta a esta pregunta en el catecismo es simplemente ésta: «El pecado es la falta de conformidad con la ley de Dios o la transgresión de ella».

Examinemos algunos de los elementos de esta respuesta catequética. En el primer caso, el pecado es identificado como algún tipo de carencia o falta. En la Edad Media, los teólogos cristianos trataron de definir el mal o el pecado en términos de privación (privatio) o negación (negatio). En estos términos, el mal o el pecado se definía por su falta de conformidad con el bien. La terminología negativa asociada con el pecado puede ser vista en palabras bíblicas como desobediencia, ateísmo o inmoralidad. En todos estos términos, vemos lo negativo siendo enfatizado. Otras ilustraciones incluirían palabras como deshonor, anticristo, etc.

Debido a que es la ley de Dios la que define la naturaleza del pecado, quedamos expuestos a las terribles consecuencias de nuestra desobediencia a esa ley.
Sin embargo, para tener una visión completa del pecado, tenemos que entender que se trata de algo más que una negación del bien, o algo más que una simple falta de virtud. Podemos inclinarnos a pensar que el pecado, si se define exclusivamente en términos negativos, es simplemente una ilusión. Pero los estragos del pecado apuntan dramáticamente a la realidad de su poder, la cual nunca puede ser explicada por medio de apelaciones a la ilusión. Los reformadores añadieron a la idea de privatio la noción de realidad o actividad, de modo que el mal se ve en la frase «privatio actuosa«. Esto enfatiza el carácter activo del pecado. En el catecismo, el pecado se define no sólo como una falta de conformidad, sino como un acto de transgresión, una acción que implica una violación de una norma.

Para comprender el significado del pecado, no podemos definirlo aparte de su relación con la ley. Es la ley de Dios la que determina lo que es el pecado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo, particularmente en Romanos, elabora el punto de que hay una relación inseparable entre el pecado y la muerte y entre el pecado y la ley. La fórmula simple es esta: No pecado equivale a no muerte. No ley equivale a no pecado. El apóstol argumenta que donde no hay ley, no hay pecado, y donde no hay pecado, no hay muerte. Esto se basa en la premisa de que la muerte invade la experiencia humana como un acto de juicio divino por el pecado. Es el alma que peca la que muere. Sin embargo, sin ley no puede haber pecado. La muerte no puede entrar en la experiencia humana hasta que primero la ley de Dios sea revelada. Es por esta razón que el apóstol argumenta que la ley moral estaba en efecto antes de que Dios le diera a Israel el código mosaico. El argumento se basa en la premisa de que la muerte estaba en el mundo antes del Sinaí, que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés. Esto solo puede significar que la ley moral de Dios fue dada a Sus criaturas mucho antes de que las tablas de piedra fueran entregadas a la nación de Israel.

Esto da algo de credibilidad a la afirmación de Immanuel Kant sobre un imperativo moral universal al que llamó imperativo categórico, que se encuentra en la conciencia de toda persona sensible. Debido a que es la ley de Dios la que define la naturaleza del pecado, quedamos expuestos a las terribles consecuencias de nuestra desobediencia a esa ley. Lo que el pecador requiere para ser rescatado de los aspectos punitivos de esta ley es lo que Solomon Stoddard llamó una justicia de la Ley. Así como el pecado es definido por la falta de conformidad con la Ley, o la transgresión de la Ley, el único antídoto para esa transgresión es la obediencia a la Ley. Si poseemos tal obediencia a la Ley de Dios, no estamos en peligro del juicio de Dios.

Solomon Stoddard, el abuelo de Jonathan Edwards, escribió en su libro, La justicia de Cristo, el siguiente resumen del valor de la justicia de la Ley: «Es suficiente para nosotros si tenemos la justicia de la ley. No hay peligro de que nos perdamos si tenemos esa justicia. La seguridad de los ángeles en el Cielo es que ellos tienen la justicia de la ley, y es una seguridad suficiente para nosotros si tenemos la justicia de la ley. Si tenemos la justicia de la ley, entonces no estamos sujetos a la maldición de la ley. No somos amenazados por la ley; no provocamos a la justicia; la condenación de la ley no puede apoderarse de nosotros; la ley no tiene nada que objetar contra nuestra salvación. El alma que tiene la justicia de la ley está fuera del alcance de las amenazas de la ley. Cuando se responde a la demanda de la ley, la ley no encuentra culpabilidad. La ley maldice solo por falta de obediencia perfecta. Además, donde está la justicia de la ley, Dios se ha comprometido a dar vida eterna. Tales personas son herederos de la vida, según la promesa de la ley. La ley los declaró herederos de la vida, Gálatas 3:12, «la ley no es de fe; al contrario, el que las hace (las cosas escritas en el libro de la ley), vivirá por ellas». (La justicia de Cristo, p. 25).

La única justicia que cumple con los requisitos de la Ley es la justicia de Cristo. Es solo por medio de la imputación de esa justicia que el pecador puede poseer la justicia de la Ley. Esto es crítico para nuestro entendimiento en este día donde la imputación de la justicia de Cristo está siendo fuertemente atacada. Si abandonamos la noción de la justicia de Cristo, no tenemos esperanza, porque la Ley nunca es negociada por Dios. Mientras la Ley exista, estamos expuestos a su juicio a menos que nuestro pecado esté cubierto por la justicia de la Ley. La única cobertura que podemos tener de esa justicia es la que nos viene de la obediencia activa de Cristo, quien cumplió por Sí mismo cada jota y cada tilde de la Ley. Su cumplimiento de la ley en Sí mismo es una actividad vicaria por la cual Él alcanza la recompensa que viene con tal obediencia. No lo hace para Sí mismo, sino para Su pueblo. Es el marco de esta justicia imputada, este rescate de la condenación de la Ley, esta salvación de los estragos del pecado que viene a ser el escenario para la santificación del cristiano, en el que debemos mortificar el pecado que permanece en nosotros, ya que Cristo murió por nuestros pecados.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios