19-La creación

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

LAS OBRAS Y LOS DECRETOS DE DIOS

19-La creación

Todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio. Yo tuve un principio; todos tuvimos un principio. La casa en que vivimos ha tenido un principio. La ropa que vestimos ha tenido un principio. Hubo un tiempo en que nuestras casas, nuestra ropa, nuestros automóviles, nuestras lavadoras, y nosotros mismos, no existíamos. No eran, no existían. Nada puede resultar más obvio que esto.

Como estamos rodeados por cosas y personas que obviamente tuvieron un principio, nos vemos tentados a saltar a la conclusión de que todo tuvo un principio. Esta conclusión, sin embargo, podría ser un salto fatal al abismo de lo absurdo. Sería fatal para la religión. También sería fatal para la ciencia y la razón. ¿Por qué? ¿No dije en un comienzo que todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio? ¿No es acaso lo mismo que decir que todo tuvo un principio? De ningún modo. Resulta simplemente imposible lógica y científicamente que todo haya tenido un principio. ¿Por qué? Si todo lo que existe tuvo un principio, entonces debe haber habido un tiempo cuando nada existía.

Detengámonos un instante para reflexionar. Intentemos imaginarnos que nada existe. Absolutamente nada. No podemos ni siquiera concebir la nada absoluta. El concepto en sí mismo es la negación de algo. Sin embargo, si dicho tiempo cuando nada existía fue, ¿qué habría ahora? Exactamente. ¡Nada! Si no había nada, entonces la lógica me obliga a deducir que siempre habrá nada. Ni siquiera es posible hablar de un «siempre» en que nada hubo.

¿Cómo podemos tener tanta certidumbre, en realidad, la más absoluta de las certezas, de que si no había nada entonces no habría nada ahora? La respuesta es sorprendentemente sencilla, a pesar de que hasta las personas muy inteligentes se tropiezan con este hecho tan obvio. La respuesta es sencillamente que no se puede extraer algo a partir de la nada. Una ley absoluta de la ciencia y de la lógica es ex nihilo nihil fit (de la nada, nada surge). La nada no puede producir nada. La nada no puede reír, cantar, llorar, trabajar, bailar o respirar. Y de ningún modo puede crear. La nada no puede hacer nada porque nada es. No existe. No tiene absolutamente ningún poder porque no es.

Para que algo surgiera de la nada tendría que poseer el poder de la autocreación. Debería ser capaz de crearse a sí mismo, de traerse a la existencia. Pero esto es a todas luces un absurdo. Para que algo se cree o se produzca a sí mismo es necesario que sea antes de ser. Pero si algo ya es, no tiene necesidad de ser creado. Para crearse a sí mismo, algo debería ser y no ser, debería existir y no existir, al mismo tiempo y en el mismo sentido. Esto es una contradicción. Violala más fundamental de todas las leyes científicas y racionales, la ley de la no contradicción.

Si es que sabemos algo, sabemos que si hoy algo existe, entonces, de algún modo, y en algún lugar, debe haber habido algo que no tuvo un principio. Soy conciente de que pensadores brillantes como Bertrand Russell, en su famoso debate con Frederick Copelston, argumentó que el universo presente es el resultado de una «serie infinita de causas finitas». Postula una serie infinita, desarrollándose hacia la eternidad pasada, de cosas causadas causando otras por siempre. Lo que esta idea hace es simplemente replantear el problema de la autocreación hacia el infinito. Es un concepto fundamentalmente tonto. El hecho de que haya sido propuesto por personas inteligentes no lo hace menos tonto. Es peor que una tontería. Las tonterías pueden ser reales. Pero este concepto es lógicamente imposible.

Russell puede negar la ley de que nada surge de la nada, pero no puede refutarla sin cometer un suicidio mental. Sabemos (con certidumbre lógica) que si algo existe ahora, entonces debe haber algo que no tuvo un principio. La cuestión ahora se convierte en saber qué o quién.

Hay muchos académicos que creen que la respuesta al qué la hallamos en el universo mismo. Argumentan (como en el caso de Carl Sagan) que no hay necesidad de buscar más allá del universo para encontrar algo que no tenga un principio a partir del cual todo proviene. En otras palabras, no es necesario suponer que exista algo semejante a «Dios» que trascienda el universo. El universo, o alguna cosa dentro del universo, puede cumplir esta función perfectamente.

Hay un error muy sutil en este escenario. Tiene que ver con el significado del término trascendente. En filosofía y en teología la idea de trascendencia significa que Dios está «sobre y más allá» del universo en el sentido de que Dios es un ser de orden superior a los otros seres. Solemos referimos a Dios como el Ser supremo.

¿Qué es lo que convierte al Ser supremo en algo distinto de los seres humanos? Notemos que ambos conceptos tienen algo en común, la palabra ser. Cuando decimos que Dios es el Ser supremo, estamos diciendo que es un tipo de ser distinto a los seres ordinarios. ¿En que consiste precisamente esta diferencia? Lo llamamos supremo porque no tiene principio. Él es supremo porque todos los demás seres le deben su existencia a Él, mientras que Él no le debe su existencia a nadie. Él es el Creador eterno. Todo lo demás es la obra de su creación.

Cuando Carl Sagan y otros dicen que dentro del universo, y no por encima o más allá del universo, hay algo que no ha sido creado, simplemente están haciendo uso de sofismas para hablar sobre la morada del Creador. Están diciendo que lo que no fue creado vive aquí (dentro del universo), y no «allá afuera» (por encima o trascendiendo el universo). Pero esto todavía requiere la existencia de un Ser supremo. La parte misteriosa, a partir de la cual provienen todas las cosas creadas, todavía estará más allá y por encima de cualquier otra cosa de la creación en términos de ser. En otras palabras, todavía se requiere la existencia de un Ser trascendente.

Cuanto más indagamos sobre este «Creador dentro-del-universo», más se asemeja a Dios. No ha sido creado. Crea todo lo demás. Tiene el poder intrínseco de ser.

Lo que resulta tan claro como el agua es que si algo ahora existe, entonces debe haber un Ser supremo que lo hizo existir. La primera afirmación de la Biblia es «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Este texto es fundacional para todo el pensamiento cristiano. No se trata solamente de una afirmación religiosa sino que es un concepto racionalmente necesario.

Resumen

l. Todo lo que existe en el tiempo y el espacio tuvo un principio.

  1. De la nada no puede surgir algo. La nada, nada puede hacer.
  2. Si no había nada, entonces ahora habría nada.
  3. Ahora existe algo; por lo tanto, debe existir algo que no tuvo un principio.
  4. Las cosas no se pueden crear a sí mismas porque esto implicaría que fueran antes de ser.
  5. Si alguna «parte» del universo no ha sido creada, entonces esta «parte» es superior o trascendente a las partes que han tenido un principio.
  6. Un ser que no ha sido creado es supremo (es un ser de un orden superior a los seres creados), independientemente de dónde esté su morada.
  7. La trascendencia se refiere a un nivel de existencia, no a la geografía.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Gen. 1

Ps. 33:1-9

Ps. 104:24-26

Jer. 10:1-16

Heb. 11:3

La culpa y el perdón

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La culpa y el perdón

R.C. Sproul

En nuestra última sesión vimos la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el papel de Satanás en la vida del cristiano y vimos a Satanás como el tercero de los tres obstáculos para el crecimiento cristiano. Aprendimos que hay muchas personas que no toman a Satanás muy en serio en estos tiempos. Recuerdo cuando estaba en la escuela de posgrado en los Países Bajos con mi profesor, el profesor Berkouwer. Él hizo un comentario, fue solo un comentario de improviso, un día, en una clase que me quedó grabada para siempre. Alguien estaba haciendo una pregunta sobre este tipo de cosas, sobre demonios y ángeles y Satanás y otros y él simplemente hizo una pausa y dijo, «Caballeros», dijo, «sin demonología, no puede haber teología». Lo que él quiso decir con eso, simplemente fue que, la misma fuente que usamos, de la cual sacamos nuestra comprensión de Cristo, de Dios Padre, del Espíritu Santo es la misma fuente que nos habla de la realidad de Satanás.

Ahora, mencioné en nuestra última sesión que, a mi juicio, uno de los papeles más tremendos de Satanás en la vida del cristiano está en el trabajo de acusación. Hice una distinción de eso con la tentación. La tentación es a dónde vas, «¿No te gustaría involucrarte en esto? Esto es lo que realmente te haría feliz, si tan solo comprometes tu ética en este momento» y así por el estilo. Así es la tentación. La acusación es esa situación por la cual Satanás atormenta la conciencia del creyente. Ahora, estamos viviendo en una cultura que está prácticamente obsesionada con los remedios de la psicología pop de autoayuda para hacernos felices. Ve a cualquier librería y verás una gran sección de la librería dedicada a cómo lograr una buena autoimagen.

Ahora, creo que es muy peligroso volverse tan introspectivo y tan egocéntrico, que este tipo de cosas son las únicas con las que lidiamos, es como dar masajes a nuestros egos a lo largo de la vida. Pero lo que estoy descubriendo aquí en el mundo secular es que la psicología secular ha descubierto que hay un nervio sensible que está clamando por atención en la humanidad contemporánea, que tiene que ver con lo que llamamos «autoimagen». No es casual que estos libros y profesores que enfatizan una buena imagen de sí mismos y así por el estilo tengan tanto éxito. Es porque somos gente llena de culpa, y a menudo le digo a las personas que no son cristianas, les digo: «No son cristianos, pero déjenme preguntarles esto, ¿Qué hacen con su culpa?» Es una pregunta muy compleja. No les digo, «¿Tienen culpa?». Asumo que tienen culpa. Todavía no he tenido a alguien que me diga, «No tengo culpa». Les digo, «¿Qué hacen con su culpa?» y ellos se identifican con eso, que incluso aquellos que no son particularmente religiosos tienen conciencias intranquilas a las que llamamos «culpa».

He tenido psiquiatras que me dicen que el problema número uno con el que tienen que lidiar en su práctica médica, es el problema de la culpa no resuelta, y descubrimos que el problema de la culpa no resuelta no es algo que afecte a una persona durante un día o durante una semana o durante un año, sino que puede moldear y dar forma e inhibir a la personalidad durante toda la vida. Así que lo que quiero que veamos aquí es por qué, en el corazón del mensaje bíblico, de forma muy práctica, está el anuncio del perdón. Porque en el corazón de nuestra lucha por la santificación, que es lo que ya hemos visto, está el hecho de que mientras trato de ser obediente, mientras trato de agradar a Dios, mientras trato de crecer en mi experiencia cristiana, estoy siendo agobiado y cargado con toda la carga de la culpa que he añadido a mi experiencia. Todos los días de cierta forma le agrego algo a esa carga porque no hay un día que pase sin que yo peque. ¿Y tú? Yo no puedo. Entonces todos los días tengo que lidiar con el problema de la culpa.

Ahora sabemos por psiquiatría y psicología que la culpa es una de las fuerzas más poderosas que hay para paralizar el espíritu humano. El miedo puede paralizarnos. La gente dice: «Estoy paralizado de miedo», pero también la culpa puede hacer que una persona esté prácticamente bloqueada e inmóvil. Ahora, si hay algo como Satanás, y Satanás puede llevarte a la ruina causando un escándalo porque caíste en tentación, esa es una manera de destruir las obras de Cristo. Otra forma es simplemente paralizar al pueblo de Dios, para que su influencia sea igual a cero. Ahora, quiero, si es posible, ver un ejemplo de esta actividad de acusación satánica que encontramos en el Antiguo Testamento, en su libro favorito, el libro de Zacarías. Todo el mundo lee eso para sus devocionales diarios, ¿verdad?

El libro de Zacarías, comenzando en el capítulo 3, Zacarías capítulo 3. «Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo». El escenario es este. Aquí está el que ha sido elegido y llamado por Dios para el ministerio – es un ministro – y este ministro está de pie en presencia de un ángel. Ahora, uno pensaría, hasta ahora, que esa imagen, esa escena, es una muy positiva e inspiradora; pero justo a su lado, al otro lado de aquel donde el ángel está, está el ángel caído – el ángel malévolo, el ángel malicioso – quien estaba parado ahí acusándolo. Ahora, ¿de qué lo acusa? «Y el ángel del Señor dijo a Satanás: El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego? Y Josué estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel». ¿Ves lo que está pasando aquí? El sacerdote aparece en la presencia de Dios y su ropa está sucia.

La gente me pregunta, ya saben, si me pongo nervioso antes de hablar frente a un grupo. Y digo, ya saben, por cortesía se dice que debemos decir que no hay tal cosa como una pregunta tonta, pero esa pregunta es tonta. Eso es como Claude Harmon, en el evento previo al Torneo Master, hace varios años, él tenía varios hoyos-en-uno consecutivos en el campo de golf – (dije que dejaría de contar estas historias de golf, pero tenía que guardar una) hoyos-en-uno consecutivos; y después, en la conferencia de prensa un reportero de un periódico levantó la mano y le dijo, «Señor Harmon, ¿es la primera vez en su carrera que ha tenido un hoyo-en-uno consecutivo?» Esa es una pregunta tonta.

Pero vemos a Josué y su ropa está sucia. Eso indica que hay una mancha o algo que está quitándole la pureza de su cargo y de su misión. Es eso lo que Satanás ve y en lo que se enfoca, y ¿qué es básicamente lo que está haciendo? Le está diciendo al Ángel, le está diciendo a Dios, «Mira a este hombre. Él no está en condiciones de ser un ministro en Tu presencia. Su ropa está sucia». He tenido ese tipo de sueños. Dije que me ponía nervioso antes de pararme frente a un grupo. Me pongo tan nervioso que a veces tengo pesadillas y sueño –esto es el tipo de cosas que sueño, sueño que debo hablar en una iglesia el domingo y llego a la iglesia y es hora de que empiece el servicio y no tengo zapatos o no tengo camisa blanca o no tengo corbata. En otras palabras, no estoy vestido adecuadamente.

Ahora, me imagino que un psiquiatra podría tener un día de trabajo con eso, estoy seguro. No es que, nunca sueño que olvido lo que iba a decir y eso es lo que me preocupa antes de ir. Me refiero a que realmente me preocupa eso, «¿Voy a tener algo que decir? ¿Me voy a olvidar de una parte? ¿Qué le voy a decir a esta gente?». Así que nunca me preocupo conscientemente, «¿Voy a aparecer allí sin un par de zapatos o sin corbata o sin camisa blanca?» Pero cuando duermo, esas son las cosas con las que sueño. Creo que sería tan vergonzoso pararme frente a 2000 personas y no tener la ropa adecuada puesta. Somos muy conscientes de ese tipo de cosas, ¿no? Pero imagina a un sacerdote siendo conducido a la presencia de Dios. Y recuerden que las ropas sacerdotales en el Antiguo Testamento fueron ordenadas y decretadas por prescripción detallada de Dios mismo.

Dios dijo: «Esto es lo que quiero que los sacerdotes usen» y se nos dice en el Antiguo Testamento que las ropas del sacerdote fueron diseñadas con belleza y gloria, para que Dios fuera honrado por la magnificencia de las ropas del sacerdote; y he aquí que el sumo sacerdote viene a la presencia de Dios con suciedad en todas sus ropas; y Satanás reacciona a eso. «¿Qué estás haciendo aquí? ¡No perteneces aquí! Este no es un lugar para gente sucia, esta es la presencia de Dios», y en medio de la acusación Dios abre Su santa boca y habla y dice: «¡Satanás, cierra la boca! ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?» Cómo amo ese pasaje. Me fascina esa declaración de Dios, ¿a ustedes no? Es decir, piénsenlo. ¿Alguna vez han estado acampando en el bosque y han calentado malvaviscos? Consigues un palo y lo pones en el fuego.

Haces una pequeña fogata en base a ramas y al final te aseguras de apagarla muy bien de tal manera que no des inicio a un incendio forestal y luego tengas que lidiar con el guardabosques del Oso Yogui y te de un gran discurso y pases un mal rato y te ganes una multa. Cuando sacas el palo con malvaviscos, después de comerlos quieres limpiarlo, ¿alguna vez has tratado de mover algunos de esos palos que han sido carbonizados por el fuego? Prácticamente, esos palos – si sacas un palo del fuego antes de que sea consumido por el fuego, si quieres salvar ese palo y evitar que se destruya, lo sacas y lo más probable es que te manches con el carbón y te quedes con toda la mano sucia. Si no usas guantes y te vas con la mano desnuda para sacar un palo o un tizón y tratas de mantenerlo fuera del fuego, tus manos se van a ensuciar. Así es como Dios describe no solo a Josué, damas y caballeros, sino que los está describiendo a ustedes. Me está describiendo a mí. Un tizón que ha sido arrebatado del fuego.

Entonces cuando Dios te redime, cuando Dios te rescata y te saca de las llamas, Él ensucia Sus manos; cuando Él te rescata eres un tizón arrebatado del fuego. Eso significa que estás cubierto de creosota. Estás cubierto de carbón. Eres un desastre sucio. Dios no espera que una persona sea pura e intachable antes de que Él lo redima. Ese es el Evangelio, ¿cierto? –que mientras estamos sucios se nos da la vestimenta de la justicia de Cristo para ser recibidos en una relación con Dios. Así que todo cristiano es un tizón arrebatado del fuego; lo que eso significa, damas y caballeros, es que cada uno de nosotros tiene ropas sucias. Hay suciedad en tu vida. Hay suciedad en mi vida. No queremos estar dando vueltas y desfilar toda esta basura frente a todos los demás en el mundo. De hecho, hacemos todo lo que está en nuestras manos para ocultarlo.

Pero hay dos personas que conocen todos los trapos sucios en nuestros armarios. Por un lado está Dios y por el otro está Satanás. Satanás es un hurgador de roperos. Le encanta abrir el armario y remover todo, y luego viene delante de Dios y le dice, «Mira esa ropa sucia». «El Señor te reprenda, Satanás. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?». Ahora Josué estaba vestido con ropas sucias y se paró ante el Ángel y este respondió y dijo a los que estaban delante de él diciendo, «Quitadle las ropas sucias. Y él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un turbante limpio en la cabeza. Y le pusieron un turbante limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel del Señor estaba allí». ¿Ves lo que está pasando aquí? Es que cuando Dios redime a ese hombre del fuego, la persona todavía tiene ropas sucias. Pero Dios no se detiene. Dios pasa por el proceso de reemplazar esas ropas sucias por prendas limpias y Él promete hacer lo mismo por cada uno de ustedes. Él pone un nuevo turbante en tu cabeza, una nueva vestimenta en tu cuerpo que está libre de todas esas imperfecciones.

Pero mientras tanto, mientras vivimos nuestra vida en presencia de Dios, tenemos que escuchar a ese enemigo que constantemente nos recuerda nuestros pecados para acusarnos, quitarnos la paz y nuestra comunión. Ahora, sé que los cristianos debaten para conocer si es posible o no saber con certeza que son redimidos. Hay algunas personas que tienen la posición de decir que nunca podemos estar realmente seguros si tenemos la redención. De hecho, recuerdo que cuando estaba en el seminario, hicimos una encuesta y el 50% de los estudiantes de último año del seminario, no solo dijeron que no pensaban que alguien pudiera saber si una persona había sido redimida, sino que asumir que habías sido redimido era un acto de arrogancia indescriptible.

Ahora, mi posición es que no solo puedes saber si tienes la redención, sino que es tu deber saberlo porque Dios nos manda a asegurarnos de cuál es nuestra condición ante Él y personalmente creo, damas y caballeros, que una de las doctrinas más importantes que un cristiano puede aprender y aprenderla temprano en su caminar, es la doctrina de la seguridad de nuestra salvación. Necesitas saber si estás en un estado de gracia o no estás en un estado de gracia; porque si no lo sabes, eres totalmente vulnerable a la parálisis producto de la acusación del enemigo. Recuerda que Josué estaba escuchando esta conversación. Josué estaba allí con sus ropas sucias y él oye la acusación de Satanás. Satanás dice: «Él está sucio». ¿Qué crees que le habría pasado si esa hubiera sido la única voz que escuchara? Pero gracias a Dios, Dios habló y dijo, «Cierra ahora la boca Satanás. Este es un tizón arrebatado del fuego».

Vemos que los primeros frutos de la justificación según Pablo es esto, «que siendo justificados, nosotros tenemos paz con Dios, acceso a Su presencia». La persona con una conciencia atribulada, la persona que está bajo el peso de esta acusación no tiene paz. Las personas que están en paz con Dios, que saben dónde están, que saben que son redimidas, tienen una libertad que les permite vivir su vida cristiana de tal manera que los convierte en personas de poder en el mundo. Pero es la persona que no está segura, la que tambalea, paralizada entre dos opiniones, movida de aquí hacia allá por cada viento de doctrina, esa persona está discapacitada en su peregrinación espiritual. Es por eso que es de vital importancia que definas en tu vida a qué grupo perteneces y si has sido redimido.

Ahora, lo que es tan sutil acerca de la acusación de Satanás, es que Satanás se llama, a veces, el «calumniador» y ¿qué es un calumniador? Un difamador es alguien que te acusa de cosas de las que eres inocente. Cuando alguien me acusa de algo que no he hecho, eso es calumnia y esa persona me ha infligido una injusticia. Satanás hace eso. Satanás está tan interesado en paralizar a la gente y perturbarla, que dirá mentiras sobre ellas. El perjudicará sus reputaciones con acusaciones falsas. Pero, damas y caballeros, esa no es la única forma en la que lo hace. A veces nos acusa cuando sí somos culpables. La ropa de Josué estaba realmente sucia, ¿no es así? No era que Satanás venía diciendo: «Oh, él tiene la ropa sucia», cuando en realidad tenía la ropa limpia. No, él estaba diciendo la verdad.

Ahora, es aquí donde se pone muy difícil resolver la experiencia cristiana. En nuestro estudio del Espíritu Santo repasamos esto, que el Espíritu Santo, uno de los ministerios del Espíritu Santo en la vida del cristiano y en la santificación es convencernos de pecado. Si pecamos y no nos sentimos culpables al respecto, no debe alegrarnos, porque eso es como tener una enfermedad y no sentir ningún dolor. Podemos pensar que es un beneficio, pero a la larga es muy, muy destructivo. Sentir culpa es algo saludable si es que realmente somos culpables y si no sentimos culpa entonces el Espíritu viene y nos convence de pecado para que podamos apartarnos de él. Pero ¿cuál es la diferencia entre la convicción del Espíritu Santo y la acusación de Satanás? Supongamos que peco y trato de no lidiar con eso, Satanás viene y dice, «Lo hiciste. Sabemos que lo hiciste. ¿Qué clase de persona eres que haría algo así?» El Espíritu Santo viene y me inquieta con lo mismo. ¿Cómo puedes notar la diferencia?

Bueno, ¿cuál es el propósito del Espíritu en la convicción del pecado? Cuando el Espíritu viene a convencerte del pecado, si es que has recibido convicción de pecado, sabes que, aunque es doloroso que nos hagan conscientes del pecado que uno comete, aún así hay algo muy dulce en ello. De cierta forma, cuando el Espíritu Santo nos confronta con nuestro pecado, al mismo tiempo que nos dice que somos culpables, Él nos asegura que somos perdonados al volvernos a Él, Él viene a nosotros no como alguien que intenta destruirnos. Pero la acusación de Satanás no está diseñada para redimirnos, sino para destruirnos, en eso hay una completa diferencia. Sabes la diferencia entre la persona que viene a ti y te dice: «Quiero decirte esto en amor» y luego ¡PUM! Realmente te clava el cuchillo. Ahí es cuando quieres decir, «¡Fuera de aquí Satanás!». Y la persona que realmente te dice que está de tu lado, el Espíritu siempre te dice que está de tu lado cuando Él te convence por tu pecado. Esa es la respuesta a las acusaciones debilitantes de Satanás.

En otras palabras, Satanás nos atacará cuando realmente somos culpables y— y tenemos que saber que existe tal cosa como la culpa verdadera, y el único remedio que conozco para la culpa verdadera, es el verdadero perdón. Yo tengo una ilustración favorita sobre este tema. Tenía una estudiante en la universidad, que en una ocasión se me acercó y estaba muy inquieta. Ella era cristiana y me dijo, «Tengo que hablar con usted». Le dije: «¿Qué pasa?» Ella me dijo, «Bueno, estoy comprometida para casarme, y mi prometido y yo hemos estado involucrados sexualmente y me he sentido terriblemente culpable. Así que fui a ver al capellán de la universidad y le hablé de mi problema y el capellán me dijo: «El problema contigo es que tienes una conciencia muy sensible y te has convertido en víctima de un tabú victoriano, de una ética puritana de tu sociedad. Solo tienes que entender que las cosas han cambiado. No estás llevando una vida promiscua. Estás involucrada sexualmente con alguien con quien estás comprometida, y te vas a casar; y este es el siglo XX. Esta es la ética sexual de nuestros tiempos, y tienes que entender que para ser libre de esta culpa que te paraliza, tienes que entender que no eres culpable de nada».

La chica me miró, ya saben, ella dijo, «Pero Dr. Sproul, todavía me siento culpable». De inmediato estábamos en medio del gran misterio de la culpa, aquí está la diferencia entre lo que yo llamo «objetivo» y «subjetivo». Era la diferencia entre la culpa y los sentimientos de culpa. La culpa se define legal y teológicamente como una transgresión de la ley de Dios. Si una persona cruza esa línea y viola la ley de Dios, es culpable a la vista de la justicia de Dios. Ahora, esa persona, cuando viola la ley de Dios, puede sentirse terrible al respecto, o puede no sentir nada. Cómo se siente no tiene nada que ver con la realidad o la no realidad de la culpa verdadera. ¿Te das cuenta de eso? Pero el perdón, una vez más, es algo que Dios hace y cuando lo hace es una realidad objetiva, no depende de mis sentimientos. Eso es lo que Satanás hace. Se concentra en tus sentimientos. Él trata de hacerte un cristiano sensible, de modo que solo estés tan seguro de su perdón, dependiendo de cómo te sientes en un determinado momento.

Por eso la fe, damas y caballeros, viene de escuchar y oír la Palabra de Dios. Es por leer las promesas de Dios y abrazarlas en nuestra vida que llegamos a ser libres y podemos leer con el apóstol Pablo, «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» Entendemos que Cristo es nuestra justicia y la única manera en la que lo vamos a agradar es viviendo diariamente en dependencia de Su gracia, sin temas pendientes, confesando nuestros pecados a medida que vivimos, pero no estando paralizados por la culpa en que incurrimos en el camino, sino confesándola, siendo limpios de ella y avanzando en el alto llamamiento que es nuestro, en Cristo.

R.C.Sproul

El papel del hombre y de la mujer

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

Episodio 6
El papel del hombre y de la mujer

Por R.C.Sproul

Bienvenidos una vez más a nuestro estudio sobre el matrimonio cristiano. Esta será nuestra última sesión juntos. He guardado el material controversial para este momento, porque, vamos a estar viendo el papel del hombre y de la mujer en el matrimonio. Creo que es importante que prestemos atención a este tema tal como se aborda en el Nuevo Testamento debido al gran nivel de controversia que ha rodeado este asunto en los últimos años. Así que, me gustaría dirigir su atención, si me permiten, a la instrucción que recibimos en el capítulo 5 de la carta de Pablo a los Efesios. Voy a empezar en el versículo 21, donde leemos estas palabras, «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Esto suele entenderse como el enunciado que conecta lo que Pablo había enseñado antes en esta epístola con lo que seguirá después.

 Algunos ven en este versículo un indicador clave de cómo se debe entender lo que sigue. Dicen que ese versículo nos llama a la sumisión mutua, el uno al otro; entonces, luego menciona que las esposas se sometan a sus esposos, los hijos a sus padres y así por el estilo. Algunos dicen que lo que realmente dice el texto es que todas nuestras relaciones como cristianos, empleadores-empleados, dueños-esclavos, hijos-padres, implica una postura de sumisión mutua. De modo que la forma en que realmente debemos leer este texto es la siguiente, «Mujeres, estén sometidas a sus maridos; maridos, sométanse a sus mujeres». No tengo tiempo ahora para ver todos los tecnicismos que están involucrados en la comprensión y manejo de este pasaje, pero solo déjenme decirles cuál es mi posición al respecto. 

Creo que es una distorsión grave de este texto bíblico, que implica lo que llamaríamos una exégesis desesperada. No creo que nadie se inclinaría a tratar el texto de esta manera, si no tuviéramos el tipo de controversia que tenemos en nuestra cultura, en este momento, sobre los papeles de los hombres y de las mujeres, porque si lo aplicamos consistentemente a lo largo del texto tendríamos que decir, «Padres, obedezcan a sus hijos, ya saben; así como Cristo es la cabeza de la iglesia y la iglesia es la cabeza de Cristo» – si revirtiéramos todo, terminaría en una extraña locura y el pasaje no tendría sentido.  Más bien, creo, como ha sido el consenso a través de la historia de los intérpretes bíblicos, que, lo que el apóstol está diciendo aquí es que todo cristiano en algún momento está llamado a someterse. Ninguno de nosotros es soberano en sí mismo. 

Hay todo tipo de lugares donde debo someterme a la autoridad y al liderazgo de los demás; y hay lugares donde también estamos llamados a ser sumisos.  Pero miremos, entonces, a lo que el apóstol nos manda aquí, observemos que él lo introduce diciendo: «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Francamente lo que me aterroriza de la controversia que rodea este texto es que veo a la gente enfurecida diciendo: «¿Quién se cree el apóstol Pablo, diciéndole a las esposas que tienen que someterse a sus esposos y cosas así?» Se enojan tanto por esto y yo digo: «Espera un minuto.  Espera un minuto». Si esto fuera simplemente Pablo el apóstol, mostrando su lado machista y su conocimiento humano, entonces sería una declaración de arrogancia suprema y no culparía a ninguna mujer en el mundo por estar indignada por ello. Pero tengan cuidado. Si Cristo es quien Él dijo que era y Él estaba diciendo la verdad cuando dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra». 

Es decir, que, si la autoridad de Dios es dada a Jesús y luego Jesús entrega esa autoridad a Sus apóstoles; entonces, con lo que estamos luchando en este texto no es contra las ideas de algún rabino judío, sino que estamos luchando contra la ley de Dios. Si esta es la Palabra de Dios, entonces tenemos que escuchar humildemente, en el temor de Dios.  Bueno, habiendo dicho eso, vamos a observar y ver qué pasa con este texto que es tan controversial. En la parte inicial, donde Pablo dice: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor», ahora la segunda frase no molesta a muchas mujeres cristianas, están perfectamente dispuestas a someterse a la autoridad y al liderazgo de Cristo, pero aquí Pablo está diciendo que debe haber una analogía, que una esposa debe someterse a su esposo de una manera análoga a la forma cómo ella se sometería a Jesucristo. Ese es un nivel poderoso de sumisión. Eso es darle al esposo un nivel significativo de autoridad. 

La analogía continúa. «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia», de modo que de una forma similar a la que Cristo es la cabeza de la iglesia, el hombre es llamado a ser la cabeza de la esposa, y he visto todo tipo de malabares que los comentaristas hacen con ese texto para sacar un significado por debajo de la manga. Pero el significado obvio de ‘ser cabeza’ en el Nuevo Testamento y en el idioma griego es estar en la posición de preeminencia y en la posición de liderazgo. Lo que entiendo que este texto está diciendo es que en el hogar, el esposo debe ser la cabeza del hogar. Esto no es una licencia para ser tirano. Esto no es una licencia para degradar a la mujer o para tratar a la mujer como una esclava. Pero la responsabilidad de la autoridad final y del liderazgo en el hogar está conferida al esposo. Si una mujer se resiste a eso, si esa interpretación es correcta, obviamente; si la mujer se resiste a eso, ella se está resistiendo a Dios. Es Dios quien da esa directriz. Por esto digo que me asusta cuando oigo a una mujer protestar tan vehementemente contra esto. 

Una vez más, si protestan contra mí, está bien. Si están protestando contra otros seres humanos, está bien; pero si la protesta es contra Dios, entonces ese es un asunto muy, muy serio. Ahora, otra pregunta surge inmediatamente y es esta: ¿Debe una mujer, siempre y en toda circunstancia, someterse a su esposo? He visto enseñanzas que se dan sobre el mundo cristiano evangélico que hablan de una cadena de mando y dicen que esa cadena de mando es tan sólida, que una mujer es responsable de obedecer a su esposo, sin importar lo que su esposo le pida que haga. Si el esposo le dice que se involucre en la prostitución, ella debe seguir con sumisión piadosa ese rol. Si el esposo le dice que no puede ir a la iglesia los domingos por la mañana, ella debe abstenerse de ir a la iglesia el domingo por la mañana. Damas y caballeros, eso va en contra de todo lo que la Escritura nos dice sobre la obediencia a Dios. 

Sí, hay un nivel de autoridad que Dios delega en las Escrituras. Dios es supremo. Él le delega a Cristo, Cristo le delega a los apóstoles y se nos dice que toda autoridad en este mundo en última instancia proviene de Dios. Estamos llamados a ser sumisos a los reyes y a honrar a los príncipes, a obedecer a los jueces civiles y demás. Pero, en otra parte, la Escritura deja en claro que debemos obedecer a quienes tienen autoridad sobre nosotros solo bajo estas dos condiciones: cuando esa autoridad nos ordena a hacer lo correcto o nos prohíbe hacer lo que está mal. Permítanme decirlo de otra manera: una mujer, o cualquier persona, puede desobedecer a la autoridad cuando sea que esa autoridad le ordene hacer algo que Dios prohíbe o le prohíba hacer algo que Dios manda. 

En esas dos instancias, si hay un conflicto entre la autoridad de Dios y el conflicto de la autoridad humana, no solo podemos desobedecer a la autoridad humana, debemos desobedecer a la autoridad humana.  Vemos eso en el Nuevo Testamento cuando Cristo le ordena a Sus apóstoles que prediquen el Evangelio. Ellos empiezan a predicar el Evangelio y las autoridades vienen a ellos y les dicen que dejen de predicar el Evangelio; ¿y qué dicen ellos? «¿Debemos obedecer a Dios o debemos obedecer a los hombres?» y la respuesta es obvia. Si hay un conflicto entre lo que Dios manda y lo que el hombre manda, debemos obedecer a Dios. 

Entonces, si un esposo ordena a su esposa que se involucre en la prostitución, ella no solo puede desobedecerlo, sino que debe desobedecerlo. Si ese esposo le exige que se abstenga de ir a la iglesia, cuando Dios ha mandado a cada creyente a no descuidar la reunión y comunión entre los santos, ella debe desobedecer a su esposo y estar allí. ¿Pero qué pasa si él le ordena o le prohíbe ir al servicio de los miércoles por la noche? Ella está incomoda, está molesta, decepcionada, etcétera, pero Dios no ordena estar en la iglesia el miércoles por la noche. Esa no es la asamblea semanal de los santos, en ese momento ella debe reconocer el liderazgo de su esposo y ser una esposa sumisa, no una alfombra, sino que debe mostrar su compromiso con Dios y con Cristo en su disposición a someterse, ella misma, al liderazgo de su esposo. 

Hay un consuelo aquí para las mujeres, creo que quizás Dios tiene sentido del humor, porque Él dice, «mujeres estén sometidas a sus propios maridos». No es que tengas que someterte al esposo de otra y que cada hombre tenga autoridad sobre toda mujer. Eso no es lo que dice. «Sométanse a sus propios maridos», me gusta la palabra «propio» allí, porque propio, la palabra propio en griego es la palabra idion, de la que obtenemos la palabra «idiosincrasia», que indica las peculiaridades propias de una persona; algo que es único para esa persona. Pero también es la palabra griega de la que proviene la palabra «idiota» en español. Así que, con un poco de flexibilidad en la traducción, podemos leerlo así, donde Dios dice: «Mujeres, sométanse a sus esposos idiotas; es como: Yo sé que son idiotas, pero quiero que, por mí, ustedes se sometan a ellos de todos modos». 

Siempre escuchamos en nuestra cultura el mito del matrimonio ‘mitad y mitad’. No se me ocurre nada peor porque en esa situación de ‘mitad y mitad’, donde no hay autoridad final, lo que los seres humanos caídos tienden a hacer en esa situación es enfrascarse en una lucha perpetua de poder donde todos están buscando conseguir el 51% de las acciones para tener el control. Dios soluciona eso. Dios dice que la última palabra, autoridad y liderazgo han sido conferidos al hombre.  Ahora, no estoy tan seguro de que eso sea un privilegio, sino más bien una responsabilidad de muchísimo peso. Me gustaría decir algo a las mujeres. Sé que las mujeres han clamado en las últimas décadas, sufriendo por la forma en la que hemos interpretado este pasaje, donde los hombres han comprado el mito de que la única forma en que Dios podría decir a las mujeres que se sometan a sus esposos, es si ellos fueran naturalmente superiores a las mujeres. Eso no es cierto, en lo absoluto. 

La sumisión, cuando hablamos de división de trabajo en la Biblia, nunca lleva consigo la idea de inferioridad. Incluso nuestra doctrina de la Trinidad dice que el Hijo se somete al Padre y que el Espíritu Santo está sometido tanto al Padre como al Hijo y ante eso no podemos deducir que se trata de inferioridad o que hay menos dignidad para el Espíritu Santo de la que hay en el Hijo o en el Padre.  Así que en el matrimonio no hay menos dignidad ni menos importancia, no hay menos valor para la mujer que para el hombre, y si es el hombre el que enseña eso, entonces eso es una mala interpretación de lo que la Biblia está diciendo; son los hombres los que están distorsionando su papel y lo están usando como excusa para ser tiranos. Eso es lo que ha sucedido y las mujeres han gritado: «¡Basta ya!» Así que, hemos escuchado el lamento de las mujeres y pienso que sí necesitamos escucharlas. Pero mujeres, creo que hay algo que necesitan escuchar de los hombres. La razón por la que quiero mencionar esto es porque los hombres no lo dirán.  

Se hicieron algunos estudios psiquiátricos y se descubrió que el hombre estadounidense en promedio tiene 5 veces más pesadillas que la mujer estadounidense. Ustedes dirán, «¿qué tiene que ver eso con esto?» Esto es lo que tiene que ver: el principal, el miedo número uno que aparece en las pesadillas del hombre estadounidense es el miedo a proveer para su familia. No creo que todos, en verdad, entendemos la importancia de eso. También se dice que cuando los hombres se reúnen y hablan en privado entre sí, hablan libremente sobre deportes, negocios y de mujeres; pero no se sentarán allí en un grupo y dirán, «Tengo miedo. No sé si seré capaz de manejar esta responsabilidad». Porque a los hombres se les enseña desde que son niños, que en el momento en que están en esa iglesia frente al pastor y frente a la congregación y dicen, «Tomo a esta mujer para que sea mi legítima esposa», ellos están asumiendo, sienten la responsabilidad, en última instancia, por el bienestar de su esposa y por el bienestar de sus hijos.  

Me parece, y no estoy orgulloso de admitir esto, me parece que el punto… una de las cosas que más me preocupan en la vida, es el dinero. El asunto que me preocupa no es si puedo tener suficiente dinero para comprar un auto nuevo. Lo que me preocupa es: ¿tendré suficiente dinero para que, si muero, mi esposa pueda quedar bien? ¿Tengo suficiente dinero para que mis hijos estudien, para que mis hijos tengan con qué comer, para que. . . ? Ya saben. Solo siento el peso de esa responsabilidad, porque eso es lo que la cultura me ha impuesto; pero no es solo esta cultura. Son generaciones de la humanidad, desde el Huerto del Edén en adelante. La mujer fue creada para ser una ayuda idónea, no una sirvienta. Fue creada como la reina del paraíso. Adán es el rey y no es que Eva sea la esclava. Ella es la reina, ella es la pareja, ella es una compañera de trabajo, pero ella es la ayuda idónea. A él se le da la responsabilidad principal, en última instancia, de asegurarse de que el huerto sea cuidado. 

Bien, eso puede ser difícil de comprender para una mujer, porque ella dice, «¿Eso significa que no tengo neuronas? ¿Eso quiere decir que no tengo nada?», ¡Por supuesto que no! No puedo pensar ni siquiera en 3 oportunidades, en 25 años, en mi propio matrimonio, en las que mi esposa haya estado de acuerdo con mi entendimiento de este texto. Ella cree que delante de Dios, yo debo ser cabeza del hogar, y estamos en desacuerdo con respecto a decisiones todo el tiempo. Pero ella no es un palo ni una roca, ella es un ser humano y estoy llamado a respetar su juicio. Estoy llamado a respetar su perspectiva. Estoy llamado a respetar su persona y si ella no está de acuerdo con una política en la que creo que debiéramos participar, sería impío de mi parte ignorarla y simplemente decirle: «Oye, las mujeres son para verlas y no para escucharlas». Esa no es la actitud que vemos en las Escrituras. 

Nosotros lo conversamos, y yo diría que la gran mayoría de nuestras decisiones se toman en conjunto. Tal vez 3 veces en 25 años hemos tenido un impase donde no pudimos estar de acuerdo. Entonces le dije, «Bueno, cariño, tenemos que tomar una decisión, y yo me hago responsable; así que tendré que pedirte que te sometas». Ahora, soy afortunado, esas tres veces dijo, «Está bien».  Pero puedo entender la dificultad en esto, aún así esta es la forma en la que Dios ha ordenado Su creación.  «Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo». Por lo que a mí respecta, esa es la parte fácil del pasaje, pero por supuesto la hierba siempre es más verde del otro lado. Creo que a las mujeres les toca desempeñar el papel más fácil. Ojalá solo tuviese que someterme y dejar que mi esposa ejerza la posición de liderazgo y autoridad en la casa. La parte difícil viene ahora.

 Escucha lo que Dios le dice al hombre: «Maridos, amad a vuestras mujeres». Ahora, si allí se detuviera, no sería tan malo, pero escucha lo que dice, «amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella». Nunca he conocido a una mujer que dijera que le costaría someterse a la autoridad de su esposo si su esposo fuera Jesús. Ella nunca tendría miedo de ser explotada por Jesús. Nunca sería víctima de un tirano. Nunca sería víctima de abuso. Nunca sería una esposa maltratada. Nunca sería una esposa abusada, ¿verdad? Lo que Dios me dice como esposo y para ti como esposo, es que eres responsable de amar a tu esposa, así como Jesús amó a la iglesia. ¿Cuánto ama Jesús a la iglesia? Pues mira, Jesús es elevado por Dios a la mano derecha del Padre. Eso significa que Él está en el lugar de la autoridad cósmica. Él es responsable de dirigir el universo porque en Él, por Él y para Él son todas las cosas. ¿Entiendes la pesadilla administrativa que significa organizar, operar y administrar el universo todos los días? 

Si alguna vez un esposo tuviese una excusa para decir, «Estoy demasiado ocupado con asuntos importantes como para hablar con mi esposa», ese sería Jesús. Pero este mismo Jesús que es responsable de manejar el universo, promete y cumple la promesa, de escuchar toda oración que venga de Su novia. Él escucha a Su novia. Se preocupa por Su novia. Tanto es lo que le preocupa Su novia que Él da Su vida por Su novia. Tiendo a ser más líder que seguidor, porque he encontrado muy pocas personas en este mundo a las que estoy dispuesto a seguir. Pero es emocionante cuando encuentro a alguien a quien admiro lo suficiente y respeto lo suficiente y confío lo suficiente como para seguir. Una cosa es importante para mí antes de seguir a alguien, no quiero seguir a alguien y ser sorprendido. No quiero ser leal a alguien solo para que esa persona me traicione y me dispare por la espalda, en la espalda. 

¿Pero puedes imaginar lo liberador que es seguir a alguien que sabes de antemano que está preparado para morir por ti? Esa es la responsabilidad que tengo con mi esposa, que voy a amarla, no solo con abrazos tiernos, sino que debo vivir de tal manera que ella entienda que estoy dispuesto a sacrificar mi vida por ella.  ¿Ahora entiendes cómo es que esto funciona para ambos? Es difícil para mí comprometerme con cualquiera, con una mujer, para decir: «Estoy listo para morir por ti, por tu propio bienestar». Es particularmente difícil para mí amar a mi esposa a ese nivel cuando mi esposa está peleándome en cada paso del camino. Pero, por otro lado, es muy, muy difícil para una mujer someterse a un hombre en el que no confía. ¿Qué pasaría con nuestros matrimonios si me tomara mi responsabilidad en serio? 

Es decir, «voy a dejar de leer lo que le toca a ella y solo prestaré atención a lo que a mí se me manda a hacer y me ocupo de mis propias responsabilidades y empiezo a amar a mi esposa tal como Cristo ama a Su iglesia. No creo que tendría problemas con la sumisión. Por el contrario, creo que, si ella se dedicara a ser mi ayuda idónea, encontraría en respuesta a eso un amor sacrificial de mi parte y nunca se sentiría oprimida. Realmente creo eso.  Realmente creo que eso pasaría. Sé que hace algunos años, un libro que conmocionó al mundo cristiano y tuvo gran éxito, incluso en la sociedad secular, fue el libro de Marabel Morgan, Mujer Total, que hablaba, ya saben, de ser creativa y todas las distintas cosas que hacer con tu esposo – como recibirlo en la puerta arreglada y bien vestida. Esto se convirtió en la broma del momento, a todos los hombres les gustó, pero a las mujeres no. 

Todo el mundo –pobre Marabel recibió todo tipo mensajes y llamadas de odio. Se quedó en cama dos días después que el libro salió y lloró por el recibimiento que tuvo. Pero ella hizo una declaración en ese libro, yo lo leí a través de los ojos de un hombre y la declaración en ese libro, Mujer Total, que nunca he olvidado fue – no – fue la declaración…, ella le estaba hablando a las esposas y les dijo, «Mujeres, aquí está el secreto», les dijo, «Sus maridos no quieren su consejo. Quieren su admiración». Ahora, me puedo imaginar a una mujer leyendo eso y enfurecerse. Ella dice, «¡Mira! ¡No valora mi consejo! Todo lo que quiere es que exalte su ego. Todo lo que quiere, es que lo haga sentir como un héroe». Puedo entender cuán degradante puede ser para una mujer leer ese tipo de consejo en un libro. «Oigan, señoras, su esposo no quiere su consejo; él quiere su admiración». 

 ¿Pero adivina qué? Él quiere – no sé si él quiere tu consejo, pero sí sé que quiere tu admiración.  Cuando leí eso, dije: aquí hay una mujer que entiende a los hombres, porque los hombres tienen los egos más frágiles del mundo. Lo más frágil en la creación es el ego humano y de los dos egos, creo que el del hombre es el más frágil. Sé que si hablo con mil personas y 999 de ellas me dicen que hice un trabajo estupendo, pero mi esposa me dice, «Mmm, estuvo casi excelente», estaré devastado.  Quiero que mi esposa me admire y ella quiere que yo la ame. Ella quiere que yo la valore. Ella quiere que yo la honre y hay un sentido al que Dios me ha llamado – y esto podría ser fácilmente distorsionado – a ser Cristo para ella, no solo para ser su príncipe encantado, sino para ser su sacerdote, porque el apóstol continúa aquí y dice: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra». 

Aquí no dice que solo debo limpiarla y rehacerla y cambiarla, sino que debo proteger su integridad y que debo ofrecerla a Cristo al final de nuestra vida y decir, «Aquí está la novia que me diste. No encuentres moretones en ella, por favor. No la encuentres herida a causa de mi tiranía», solo espero que la novia que le presente a Jesús, al final de mi vida, sea una que esté completa.  Eso es lo que Él quiere. Esto no es una batalla. Esto no es un concurso de autoridad. Este es ese lugar que Dios creó, que vimos originalmente, donde los dos serían una sola carne. Pablo continúa diciendo, «Este es el misterio, que los hombres amen a sus mujeres como a sus propios cuerpos, porque ningún hombre aborreció su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida». Ese es mi trabajo, sustentarla y cuidarla y, al hacerlo, Cristo es honrado y los matrimonios son perfeccionados.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Las críticas y los elogios

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

Las críticas y los elogios

R.C.Sproul

Una vez más quisiera darles la bienvenida a esta serie de sesiones sobre el matrimonio cristiano. La última vez estuvimos hablando de los problemas en la armonía y ajustes sexuales dentro del matrimonio, y en esa ocasión mencioné que según las últimas encuestas y sondeos que se han realizado entre los investigadores, la razón número uno, dada en los Estados Unidos, para la ruptura del matrimonio, ha sido el problema del sexo. En esa ocasión dije que desafiaría ese argumento en algún momento de nuestras discusiones, y ese momento ha llegado. 

Antes de decir y proponer el desafío, permítanme darles todas las razones que se dan. La razón número uno que nos dan los investigadores es el sexo. El segundo problema más grande, según los investigadores, que destruye la armonía en el hogar, es el dinero; y la tercera razón que se da con frecuencia es el problema de la interferencia de los suegros. Ahora, ciertamente reconozco y concedo que esos tres problemas han causado estragos en los matrimonios en este país. Pero creo que hay algo que es aún más grave en su alcance para herir y destruir matrimonios. 

Yo diría que el problema número uno en los matrimonios es la lengua humana. Es lo que nos decimos el uno al otro, lo que creo que contribuye más que cualquier otra cosa a la ruptura de la confianza, la ruptura del amor y la ruptura del respeto entre dos personas en la relación matrimonial. Ese problema puede manifestarse sexualmente, o en el área del dinero; podemos entender cómo esos problemas ocurren, así como la intrusión de suegros; pero no hemos aprendido a dialogar, no solo el uno con el otro a través de la comunicación, sino que a menudo hemos sido crueles y desconsiderados, haciéndonos daño el uno al otro con comentarios imprudentes.

Por el contrario, permítanme leerles una breve sección del Antiguo Testamento que implica una celebración del amor, que se encuentra en el Cantar de los Cantares.  El capítulo 4 de Cantar de los Cantares comienza así, el autor dice, «Cuán hermosa eres, amada mía. Cuán hermosa eres. Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; tu cabellera, como rebaño de cabras que descienden del monte Galaad». Ahora, puede que no suene a cumplido decir que tu cabello me recuerda a un rebaño de cabras que se pasean por la ladera montañosa de Galaad, pero en la antigüedad eso, por supuesto, era una expresión romántica, de hecho, era una expresión poética de la belleza. 

Luego dice, «Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas tienen mellizas». No dirían eso de mí, no hay dos como tú iguales, pero aquí se describe a la persona como que tiene dientes, así como los mellizos que cada uno es idéntico e igual el uno con el otro. «Y ninguna de ellas ha perdido su cría», es decir, no hay huecos entre los dientes. «Tus labios son como hilo de escarlata, y tu boca, encantadora. Tus mejillas, como mitades de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes. Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti». 

Ahora, la tradición dentro de los grupos cristianos dice que lo que encontramos en Cantar de los Cantares es una forma simbólica de expresión extendida, una alegoría del amor perfecto de Cristo por Su iglesia, que lo que tenemos aquí es un canto espiritual que celebra el amor que Cristo tiene por Su novia. Queridos amigos, creo que eso representa más de lo que podría señalar, la distorsión y la intrusión en la fe cristiana de la postura griega de la que les hablé, la cual ve la atracción y el amor físico como algo que es intrínsecamente malvado. Yo diría, solo de paso, pues no hay tiempo para defender eso desde una perspectiva académica. Es simple, no hay justificación alguna para interpretar Cantar de los Cantares solo como una alegoría del amor de Cristo por la iglesia. Lo que tenemos aquí es una canción de amor divinamente inspirada, donde el Espíritu Santo está celebrando el romance entre dos personas. Creo que eso es fantástico. 

Ahora, debido a que este tema nos incomoda, tenemos que reinterpretarlo y sacar de ahí una lección espiritual. Pero piensa en esto: para que esto pudiera calificar como una alegoría del amor espiritual, primero tendría que ser aceptable a Dios por el contenido que tiene. Así que, ¿por qué no lo tomamos por lo que dice?  Pero lo que quiero que veamos aquí, es que, en esta expresión de amor divinamente inspirada, la relación verbal entre el hombre y la mujer es de cumplidos. No escuchas en esta canción de amor, en esta celebración del romance, al hombre diciéndole a la mujer, «¿Por qué no haces esto?» o la mujer diciéndole al hombre, «Siempre llegas tarde, nunca lograrás nada por ti mismo». En otras palabras, la lengua está siendo usada para honrar a la pareja. 

En el Nuevo Testamento se nos dice que la lengua es un pequeño miembro que se jacta de grandes cosas y tiene la capacidad de, con solo una chispa, incendiar bosques enteros, que la lengua es el miembro más destructivo del cuerpo humano. Con ella alabamos a Dios, pero con ella también traemos maldiciones el uno al otro.  Recuerdo cuando era niño que había un chico en nuestra comunidad que era un hostigador y él solía burlarse de mí.  Solía ir a la calle a jugar con los chicos y él decía, «Aquí viene el dientón». Así se burlaba de mis dientes, eso me afectó mucho. Él era mayor que yo y yo, quería ser aceptado por los niños mayores, poder jugar con ellos. Cada vez que yo aparecía, este mismo chico seguía hablando de mis dientes grandes. 

Un día llegué a casa llorando y mi madre me encontró en la puerta posterior. Me dijo, «¿Qué pasa?»  Y yo le dije, «Esto y el otro y me volvió a decir dientón». Mi madre sintió lástima por mí, ella intentó ayudarme a lidiar con este tipo de cosas que le sucede a todos en la vida. Ella me dice, «Hijo, déjame decirte cómo responder cuando alguien te dice algo que no es muy agradable.  Solo diles: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Yo dije: «Ok, eso suena bien». Así que volví a salir, llegué a la calle y aquí viene el mismo chico, me dijo: «Aquí vienen los dientes gigantes otra vez». Lo miré y le dije: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Y yo pensaba en mi cabeza, «Esa es una mentira, porque sí me duele» y descubrí que lo que mi madre me dijo no era verdad.  

Una vez me rompí la cabeza en una roca. Había sangre por todas partes. Llegué a casa, pensé que iba a morir.  Vino el doctor y tomó unos sujetadores y los apretó en la parte superior de mi cabeza y en un par de días, yo estaba bien. En otra ocasión, un tipo viene, me rompe el brazo, me ponen un yeso y seis semanas después mi brazo está bien.  Pero un insulto, una palabra desconsiderada, puede penetrar donde ninguna piedra puede llegar, o donde ningún palo puede tocar, porque puede llegar al alma.  Tuve una experiencia en consejería, la cual es mi ilustración favorita sobre esto. 

Una mujer vino a verme porque su matrimonio estaba en problemas. No pude evitar notar, cuando esa mujer entraba a mi oficina, que era una mujer extraordinariamente atractiva. Ella realmente lo era. Y comenzó a contarme sobre los problemas que estaba teniendo en su matrimonio y luego me contó toda su historia y dijo que no podía responderle a su marido porque sabía que no era atractiva. Pensé, «Oh, no. Aquí estoy otra vez. Igual que mi madre». Mi madre solía ir a comprar su ropa en una tienda en el centro y en un centro comercial y luego iba al salón de belleza y luego entraba en la casa con el aspecto de Lady Di, recién salida de la revista ¡Vanidades! o algo así, y decía: «Ay, me veo horrible esta noche». Y nosotros decíamos siempre, «Ay, ¿vas a insistir con eso, mamá?», porque ella estaba buscando cumplidos. Porque mi respuesta se suponía que debía ser, «Ay, no mamá, te ves increíble. Eres la madre más hermosa del vecindario». 

Entonces, cuando esta mujer me dijo eso en el salón de consejería, que no podía responder a su marido porque sabía que no era lo suficientemente atractiva, quería decirle: «Basta, señora. No juegue conmigo». Pero esta vez me di cuenta de que ella hablaba en serio.  Así que empecé a explorar su pasado y esto es lo que dijo. Ella dijo que cuando era una joven adolescente, entrando a la adolescencia, luchó con su apariencia por varias razones. Lo primero que le afectó fue el acné adolescente, acné de jovencita, granos, bien, y tuvo que ponerse una crema en la cara todas las noches. Además de eso, cuando le salieron sus dientes adultos le salieron todos torcidos y por lo tanto sus dientes se veían raros, y ella era una de las primeras chicas de su clase en tener que usar lentes, su medida era tan fuerte que sus lentes eran como el fondo de una botella. 

Así que aquí está esta chica andando, con frenillos en los dientes, crema para los granos, lentes de fondo de botella con los que va mirando a su alrededor mientras está caminando, no es muy bonita, ¿cierto? Sin embargo, al mismo tiempo, la naturaleza la dotó de un cuerpo muy hermoso. Ella fue una de las primeras en desarrollarse y los chicos se dieron cuenta. Un día ella estaba caminando por el patio de la escuela cuando tenía 13 o 14 años y el joven que era el súper atleta y el chico famoso en el campus la vio venir, él se rio y le dijo a otro dentro de su grupo: «Miren a fulanita si pones una bolsa sobre su cabeza, ella sería genial». 

¿Qué pasó en los años siguientes? Los frenillos hicieron su trabajo, sus dientes se enderezaron, superó al acné adolescente, los lentes de contacto reemplazaron los lentes de botella de vidrio y el patito feo emerge como una hermosa joven. Todos los que la vieron notaron su belleza, excepto ella. O sea, 25 años después, todavía estaba convencida de que todo lo que le faltaba para ser una buena esposa, era una bolsa sobre su cabeza. La lengua humana puede devastar a otra persona.  

Una vez estuve en un aeropuerto y buscaba algo para leer, estaba viendo los libros de bolsillo y vi este libro que me llamó la atención y el título del libro simplemente fue Crítica. Lo tomé del estante, lo miré y no pude reconocer el nombre del autor, y la editorial nunca la había oído. Abrí las páginas, el papel era papel barato y la impresión estaba en líneas onduladas y pensé: «Esta es una imprenta sencilla, alguien lo imprimió en su sótano», pero como no tenía nada más que leer, entonces compré el libro y lo llevé al avión. El libro comenzó con una historia en la que este hombre contaba sobre su visita a la ciudad de Nueva York, ese fue su primer error y decidió conocer la ciudad de noche. Ese fue el error número dos. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando decidió entrar por un callejón por la noche, en la ciudad de Nueva York. 

Entonces, así empieza caminando por este callejón en la noche, en Nueva York, cuando llega a la mitad del callejón y hay luna llena, ve a dos tipos salir por detrás de la basura con cuchillos brillando a la luz de la luna y empiezan a caminar hacia él. En este punto, el autor interrumpió su propia narrativa y le dice al lector: «¿Qué crees que hizo este hombre en esa circunstancia? ¿Qué harías tú?» Si fueras algo inteligente, ¿qué harías? ¡Corre, corre tan rápido como puedas! Quiero decir, si vieras a dos tipos caminando hacia ti, con cuchillos, en la ciudad de Nueva York, en un callejón y pudieras salir corriendo de ahí, eso es lo que harías, ¿verdad? La auto preservación, es un instinto natural. Dijo, sabemos que tenemos que huir de eso, pero no sabemos cómo huir de esto. 

¿Qué haces cuando alguien se te acerca y te dice: «Me gustaría hacerte algunas críticas constructivas?». La Biblia nos dice, y es parte de la introducción a este programa, que debemos decir la verdad en amor. Cuántas veces has tenido a un amigo cristiano que se acerca y te dice: «Hermano o hermana, quiero decirte algo en amor». El mejor consejo que puedo darte es que si alguien se te acerca y te dice que quiere decirte algo en amor, lo mejor que puedes hacer 95 veces de 100 es dar la vuelta y correr, corre por tu vida. Existe tal cosa como la crítica constructiva, lo sé y no sé cuáles son los porcentajes exactos, pero mi mejor apuesta es que al menos 95 de cada 100 críticas que recibes y oyes de la gente, son críticas destructivas y no se hacen en amor. 

Pero se nos ha enseñado toda la vida que aceptemos las críticas con gratitud. Le damos a la gente licencia para criticarnos. Cuando alguien se acerca y te dice, «Hermano quiero decirte algo en amor», y te clavan el cuchillo, como cristianos, esto es lo que se supone que tenemos responder, «Ay, gracias. Necesitaba escucharlo. Eso realmente va a ayudarme en mi santificación y si realmente me amas, hazlo de nuevo. Húndelo todavía más para que yo pueda crecer en el Espíritu», mientras te matan. Cuando si tuviésemos un poco de cerebro, nos daríamos la vuelta y correríamos. Una vez más, hay formas y maneras de experimentar críticas constructivas y todos las necesitamos.  

Recuerdo que cuando escribí un libro hace unos años para la editorial Harper and Row, se lo entregué a mi editor y me lo devolvieron después de que él lo editó y conté más de diez mil correcciones que había que hacer. Eran cambios menores, una coma aquí y allá, pero miré y – mi manuscrito regresó con tanta tinta roja en él, que parecía un árbol de Navidad. Yo estaba tan deprimido, y luego recordé algo que alguien me había dicho, una señora me había dicho una vez, «R.C., nunca dejes que nadie te diga que no puedes escribir».  Una experiencia que tuve allí sucedió así, un consultor vino a mí y me dijo, «R.C., quiero que escribas en un pedazo de papel los 5 elogios más significativos que hayas recibido en tu vida». 

Entonces dije, «Bueno, ese es un ejercicio divertido, ¿no? Es decir, puedo sentarme aquí, recostarme y tratar de recordar cosas bonitas que la gente dijo de mí». Me esforcé por recordar. Todo el mundo ha tenido al menos 5 cumplidos en su vida, entonces escribí los primeros 5 que vinieron a mi mente… y me sorprendió mucho lo que vi. Si ese hombre hubiera venido y me hubiera dicho, «R.C., anota en un papel, las 50 personas que han tenido la influencia más positiva en tu vida», no sé qué nombres habría escrito para completar esas 50 personas, pero sé que nunca hubiera soñado con incluir a esta mujer, cuyo nombre apareció dos veces en esa primera lista de 5 cumplidos. 

Era mi profesora de inglés de 8vo grado. Nos había dado una tarea, la más memorable; , nos había dado la tarea de escribir un ensayo descriptivo. Fue nuestra primera experiencia con la escritura creativa. Así que escribí este pequeño ensayo que inventé sobre una montaña, lo entregué, ella llevó los papeles a su casa. Cuando los calificó, los trajo de vuelta. Los iba a entregar a toda la clase y repartirlos cuando dijo, «Alumnos, ahora vamos a repartir estos papeles, pero antes de hacerlo, quiero leer uno a toda la clase» y leyó mi artículo a toda la clase, y luego, cuando terminó fue a la pizarra de anuncios que estaba por encima de la pizarra negra, tomó un alfiler y puso mi ensayo en la pizarra de anuncios. 

Tienes que entender que este era el 8vo grado y por lo general lo único que subió en ese panel de anuncios en nuestro salón de clases fueron obras de arte, y yo sólo obtenía D’s en primer grado. Fui terrible. Sé que fui el único chico de toda esa clase que nunca tuvo ningún trabajo de arte en esa pizarra. O sea, era realmente malo y me daba cuenta de ello. Pero ahora en 8vo grado, no fue algo que dibujé, sino algo que escribí fue lo que llegó a la pizarra de arte. En ese papel decía, «A+, no dejes que nadie te diga que no puedes escribir». ¿Tienen idea de cuánta gente ha intentado decirme que no puedo escribir? ¿Saben cuántas personas han tratado de disuadirme de hacer lo que quería hacer artísticamente con un lapicero? Me he aferrado hasta el alma, algunas veces hasta he tomado con mis uñas aquella amable declaración que esa mujer me hizo porque creía en su cumplido. 

Sé que lo dijo en serio y confié en su autoridad. Ese sería un buen ejercicio para ti. Es decir, si realmente quieres averiguar sobre ti mismo, vete a casa y haz lo mismo. Anota los 5 elogios más significativos que crees haber recibido. Luego, cuando termines, si quieres hacer un ejercicio de terror, dale vuelta a la hoja y anota las 5 críticas más dolorosas que hayas recibido y quién las ha dicho. Eso te dará acceso directo al centro de tu propio dolor emocional, el lugar donde estás sufriendo y te sorprenderás, estoy seguro, al ver lo que aún estás cargando en tu vida; comentarios que la gente hizo hace años, años, años y años y que todavía te paralizan y todavía te duelen. Entonces, recién empezarás a ver el poder de la lengua humana. Tenemos que entender eso, porque lo que nos decimos el uno al otro en el matrimonio es lo que crea el ambiente de confianza, de intimidad y de amor.  

Cuando me casé con mi esposa, juré cuidarla. Sé que las mujeres de hoy no quieren que las pongan en un pedestal, porque sienten que así son cosificadas; son objetos y cosas así. No estoy seguro de entender todo eso porque soy un hombre y no estoy seguro de que entienda a las mujeres. Nunca entenderé a las mujeres. ¿Ok? Pero nunca he conocido a una mujer que no quisiera ser apreciada. Nunca he conocido a un hombre que no quiera ser apreciado, y lo que digo con mi boca es lo que comunica cuánto aprecio a mi esposa. Por supuesto que lo que hago también comunica, pero nada puede destruir más rápido, su sentido de ser apreciada, que un comentario cruel, desconsiderado y cortante que sale de mi boca.  

La Biblia nos dice una vez más, que en cualquier tipo de relación saludable, no solo entre esposo y esposa, sino también con amigos y compañeros, es que estamos llamados a edificarnos unos a otros, a fortalecernos unos a otros, a no separarnos unos a otros. Pero lo que pasa en un matrimonio es que nos enojamos el uno con el otro y tú me dices algo que duele. 

¿Cuál es mi respuesta natural? Fuego con fuego, herida por herida, represalias, contraatacar y muy pronto se convierte en una guerra y luego decimos estas terribles palabras, «Cariño, no quise decir eso» y ella desea decir, «¿Entonces por qué lo dijiste?».

¿Saben qué? La Biblia dice que hay ciertas cosas a las que no puedes dar marcha atrás: la flecha lanzada, una vez tiras hacia atrás el arco y sueltas esa cuerda y la flecha comienza a volar, no puedes llamarla de vuelta. E incluida en esa lista de la Biblia está la palabra hablada. Una vez lo digo, puedo disculparme por ello, puedo fingir que exageré, pero lo dije y ella lo escuchó y ahora está almacenado; podría estar haciendo daño por otros 30 años. Pero donde hay amor, hay bondad. Y cuando hay bondad, hay un deseo de hacer lo que Cristo nos ha dicho que hagamos, presentar a nuestras novias a Él sin mancha, estar dispuestos a dar nuestra vida para honrar a quien amamos.  

Soy un hombre que está en el ojo público y tengo mujeres que se me acercan de vez en cuando, mueven sus pestañas y me dicen «Ay, eres tan lindo» y todo eso.  Me miro al espejo, sé que eso no es cierto. Pero empiezan a jugar estos juegos, entonces puedo responder en una de dos maneras. Puedo responder y dejarme halagar por eso y, por lo tanto, ser tentado; o puedo verlo como una amenaza a lo que amo. La adulación es vana. Incluso tenemos la expresión, de halagos no se vive. Con esto no le estoy diciendo a las parejas que se mientan unas a otras sobre sus talentos y sus fortalezas. Decirle a tu esposa que es una gran cocinera cuando es una pésima cocinera no es de lo que estoy hablando. Ella sabe que es una pésima cocinera y no confiará en ese cumplido si le dices que es una buena cocinera cuando no es una buena cocinera.  

Pero cuando un cumplido es auténtico, es creíble; cuando te tomas el tiempo para encontrar algo de valor en tu pareja y cristalizarlo, ponlo en palabras y dile – dile – de lo que te has dado cuenta. Cuando nos honramos unos a otros de esa manera, podemos sanar el daño que nos hemos hecho. Los psicólogos nos dicen que se necesitan 9 cumplidos auténticos para superar el dolor de una crítica. Así que tenemos que ser lentos para hablar y herir, y mantener nuestra ira a raya, para que esa lengua no le prenda fuego al bosque.

Los problemas sexuales en el matrimonio

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio ínmo

Los problemas sexuales en el matrimonio

R.C.Sproul

Vamos a analizar el problema que las investigaciones muestran como la razón número uno que la gente da para el quiebre y ruptura del matrimonio; y como ustedes lo imaginarán, el problema número uno en Norteamérica para los pleitos y la disolución de los matrimonios en Estados Unidos es: el sexo –la falta de armonía, la falta de comunicación, la falta de intimidad y la adaptación a las dimensiones sexuales del matrimonio. Eso puede parecer como una sorpresa para nosotros, dado que en las últimas décadas hemos pasado por una explosión, no solo en el interés, sino en la literatura de las relaciones sexuales y su armonía. 

Pueden ir a cualquier tienda de libros, a la sección de autoayuda de la librería, o incluso a secciones separadas sobre sexo y matrimonio, y encontrar docenas de manuales de matrimonio, libros de instrucciones y consejería sobre cómo tener una gran vida sexual en tu matrimonio. Pero aún así, todavía estamos experimentando problemas graves de armonía sexual en el matrimonio. También tengo que decir en este punto, que aunque la investigación indica que esta es la razón número uno para la ruptura de los matrimonios en nuestro país, personalmente no creo que sea la razón número uno.  Creo que es la razón número uno que la gente dice, pero creo que hay una razón subyacente más profunda aún que la dimensión sexual, la cual veremos en otra sesión. Pero como esta es una que tiene a la gente muy, muy preocupada, creo que tenemos que pasar un poco de tiempo en eso. 

Uno de los mayores problemas, por supuesto, que enfrentamos al adaptarnos a la dimensión sexual del matrimonio, en especial como cristianos, es hacer la transición de vivir en una condición de vida en la que hasta llegar al matrimonio, Dios nos decía: «No», y luego, de repente, se espera que entremos en una relación donde lo que una vez estaba prohibido, ahora no solo está permitido, sino que, en términos bíblicos, se nos ordena. Eso es muy difícil de entender para muchas personas, que lo que está prohibido en un contexto está ordenado por Dios de manera absoluta dentro del vínculo del matrimonio. Ahora, la iglesia ha luchado durante siglos con esa dimensión. La semana pasada, por ejemplo, estaba leyendo un ensayo del gran teólogo, San Agustín, que es uno de mis escritores y teólogos favoritos de todos los tiempos. 

En ese ensayo, en particular, estaba argumentando que la única justificación moral para el matrimonio –para las relaciones sexuales dentro del matrimonio– es con un propósito específico de concebir y tener hijos. Es decir, Agustín no vio lugar dentro del matrimonio y la relación matrimonial para el disfrute del sexo como un vínculo físico, que implica placer físico entre un esposo y una esposa.  En otras palabras, era una especie de mal necesario por el que uno tenía que pasar para propagar la especie.  Ahora, estoy convencido de que ese punto de vista, que incluso el gran San Agustín defendió, es uno que no se encuentra en la Escritura, sino que tiene sus raíces en antiguas creencias griegas y orientales que depreciaron el valor de cualquier cosa física. 

Sabemos cuál es el pecado del materialismo en este mundo, donde las personas buscan toda la vida y todo su significado a través de cosas físicas, a través del dinero, la comida, el vino, mujeres y música, a través de la satisfacción del cuerpo, y llamamos a eso materialismo. Sabemos que eso es una distorsión de la realidad que Dios ha hecho y a veces al contrarrestarlo nos vamos al otro extremo y caemos en el error de lo que se puede llamar espiritualismo, donde lo único que tiene valor es la dimensión espiritual, el alma. Pero creemos en un Dios que hizo un mundo físico, que hizo al hombre, no solo como un espíritu desencarnado, sino como una persona que tiene un alma y un cuerpo; y el Nuevo Testamento, por ejemplo, en la enseñanza de Jesús, muestra una profunda preocupación por el bienestar material del hombre, estamos llamados a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a dar refugio al que no tiene hogar. 

Esas son preocupaciones físicas y entonces, aún el apóstol, nos dice que el cuerpo del hombre le pertenece a la mujer en el matrimonio y el cuerpo de la mujer le pertenece al hombre; y no debemos privarnos el uno al otro. Así que, no encontramos esta visión negativa de la dimensión física de nuestra humanidad en las Escrituras. Pero Dios es muy claro sobre el contexto en el que el sexo se puede disfrutar. Recuerdo, no hace mucho, que hice un estudio de cómo el Nuevo Testamento aborda el tema del sexo y simplemente aislé esos pasajes en el Nuevo Testamento donde Jesús y los apóstoles hablan sobre el sexo; y en mis estudios, fui a lo que se llama el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, que fue producido por un grupo de estudiosos alemanes que no tienen nada de cristianos evangélicos y no son para nada conservadores en su forma de ver las cosas. 

Y el estudioso específico que había hecho su análisis de la postura del Nuevo Testamento sobre el sexo, llegó a esta conclusión, a pesar de que él mismo no adoptó la posición: «No podemos negar que el Nuevo Testamento enseña claramente que a la vista de Dios, el sexo premarital y el sexo extramatrimonial, son ofensas graves contra Su santidad», de modo que el apóstol, por ejemplo, nos dice que nunca, nunca, nunca; debemos ser hallados en fornicación.  Si lees a los apologistas del siglo I, a finales del siglo I y hacia inicios del siglo II, cuando tratan de defender la fe cristiana contra los ataques provenientes de círculos paganos, no solo defienden filosóficamente las afirmaciones de la verdad del cristianismo, sino que dicen: «Si realmente quieres ver de qué se trata el cristianismo, mira nuestras vidas» y él dijo: «Examina el comportamiento moral de los cristianos. Examina nuestra comunidad. Ve si encuentras adulterio. Ve si encuentras fornicación». Imaginen eso. 

Nunca me enfrentaría hoy a un secularista del siglo XX y le diría: «Si quieres ver pruebas de la fe cristiana, mira el comportamiento sexual de los cristianos», porque los cristianos están tan atrapados en el adulterio y la fornicación, en algunos casos, tanto como los incrédulos. Pero si vemos el Nuevo Testamento, encontramos esa prohibición. Es tan severa, que forma parte de los Diez Mandamientos.  «No cometerás adulterio». Ahora, esto no se debe a que Dios esté en contra del placer o que Dios esté en contra de la realización humana, sino que, Dios entiende la santidad de esa intimidad, que se da cuando dos personas pueden estar desnudas y sin vergüenza dentro del contexto del matrimonio. 

Así es que Dios no está diciendo que el sexo está mal. Él lo crea. Él lo ordena, pero Él lo regula. Él dice, «En esta circunstancia no es bueno. No lo permito aquí. Es destructivo. En esta circunstancia es hermoso. Es expresivo.  Es parte de lo que he hecho para tu disfrute». Así es como los cristianos tenemos ese problema al hacer la transición. Bueno, ahora que la transición ya pasó. Entonces, ¿qué problemas descubrimos en términos de satisfacción sexual en el matrimonio? Los dos mayores problemas que encontramos en el matrimonio con respecto al sexo son, en el caso de los hombres, la impotencia – ¿lo deletreé bien? – y en el caso de las mujeres, usamos términos como frigidez. Esos términos me molestan porque ninguno de ellos es preciso en términos absolutos. Nadie es absolutamente impotente y nadie tiene absoluta frigidez. 

Estos términos representan una gama, grados que se refieren a cuán libres nos sentimos para expresarnos sexualmente en la unión matrimonial, por lo que tenemos que pensar en términos de grados de impotencia o grados de frigidez.  Ahora la impotencia, por supuesto, solo significa una falta de fuerza o una falta de poder. La palabra frigidez es un término interesante porque sugiere frialdad. Sugiere que alguien está congelado. Lo que ambos términos están describiendo es un cierto nivel de parálisis en la actividad sexual. Lo que hemos estado pasando por alto en matrimonios saludables es el problema de la parálisis sexual, y se ha vuelto tan significativo que ahora vemos clínicas que surgen en todo Estados Unidos, dirigiendo la atención médica a una investigación científica de lo que se llama disfunción sexual, con el fin de ayudar a quienes tienen problemas que están destruyendo sus matrimonios. 

El problema es serio, lo tengo que decir, son pocas, si es que hay, las clínicas cristianas notables que investiguen la disfunción sexual, porque si alguien debe ser consciente de lo grave que es esto en los matrimonios, esa debe ser la iglesia. El pastorado tiene que lidiar con eso todos los días y tenemos muy pocos recursos a los que podamos orientar a las personas que tienen problemas serios como ese y que puedan asistir sin comprometer sus propios sistemas de valor y ética cristiana. Pero necesitamos ayuda para hacer frente a estas formas de parálisis.  Ahora, cada vez que encuentro una forma de parálisis, busco de inmediato una de dos cosas.  Hay dos cosas en nuestras experiencias emocionales que contribuyen una y otra vez a todo tipo de parálisis y son – las escribiré en la pizarra – miedo y culpa y estas dos, por cierto, a menudo están muy relacionadas. 

Solemos decir que alguien está paralizado de miedo, congelado de miedo. Se detiene en su andar. No puede moverse. No puede gritar. Duda. El miedo paraliza, por lo que descubrimos que en problemas sexuales hay una enorme cantidad de miedo en el dormitorio cristiano. ¿En qué consisten esos miedos? ¿A qué le tememos? Bueno, hay muchas cosas. Creo que, tanto en el caso de la impotencia como de la frigidez, uno de los elementos más significativos del miedo es el miedo a cómo nos desempeñamos. Esta es una de las consecuencias al problema de la explosión de la literatura sexual, donde ahora abunda el mito de que para que alguien sea sano y normal, tiene que ser capaz de tener súper sexo, tanto la mujer como el hombre. Tenemos todas estas imágenes, que son imágenes mitológicas, que Hollywood muestra, del súper atleta sexual masculino y la mujer que es una modelo de pasarela, ya saben. Simplemente no es cierto, pero no se le puede decir eso a esa persona cuando está entrando en la relación y están sintiendo la presión para desempeñarse bien.  

El año pasado vi una lista de las diez fobias más comunes de los estadounidenses. ¿Sabes cuál era la fobia número uno en los Estados Unidos? No sé dónde estaba la muerte. El miedo a la muerte llegó 4 o 5, en algún lugar de la lista. Me sorprendió. ¿Sabes cuál era la fobia número 1 en los Estados Unidos de América? Miedo a ponerse de pie frente a un grupo y hablar. Eso es lo que asusta a más gente que cualquier otra cosa, damas y caballeros, puedo identificarme con eso.  Todos ustedes han vivido la situación en la que alguien se levanta para hablar y abre la boca, pero nada sale porque han sido paralizados por su miedo. Cuando siento miedo a hablar no es porque voy a enseñar lo incorrecto o porque voy a olvidarme las palabras, sino es por la presión para hacerlo bien. Uno pensaría que cuanto más hables, más fácil se le hace a uno hablar.  

En cierto sentido, sí; pero cuanto más hablas, alcanzas una reputación por cómo hablas y mayor es la expectativa del público, y mientras mayor sea la expectativa, más presión hay sobre ti y más presión, de hecho, creo que pararé ahora mismo y saldré de aquí porque no lo soporto. Saben, casi estoy ahogado. Hablamos de ahogarnos y ahogarse es una parálisis del cuello traída y provocada por el miedo. Lo vemos con los atletas bajo estrés porque tienen miedo de no rendir al nivel de la expectativa que se espera de ellos.  Bueno, nuestra relación sexual no está en exhibición.  Nadie está llevando la cuenta. Es para la intimidad de dos personas que están involucradas y debe afianzarse sobre la base del amor; eso no significa solo un sentimiento emocional. Eso significa un fundamento donde el sexo no es arrancado de la relación de amor, sino que el sexo se convierte en una expresión del amor. Escucho a la gente decir, «Tuvimos sexo dos veces la semana pasada», como si el sexo fuera algo distinto al amor. El sexo fue simplemente una actividad física. 

Bueno, para los hombres – parece más fácil – separar el sexo del amor.  Eso es lo que las investigaciones indican, que los hombres pueden disfrutar del sexo sin amor. Es por eso que existen las prostitutas y es por eso que es la profesión más antigua, para que los hombres puedan tener placer sin amor y cada mujer lo sabe. Cada mujer duda cuando el hombre dice: «Te amo», porque al traducirse, la mujer escucha: «Quiero sexo contigo y para tener sexo contigo, tengo que decirte que te amo». Se espera que la mujer, entonces, muestre su amor por su marido, no dándole amor, sino dándole sexo y eso acumula resentimientos y mala comunicación que estrangula y paraliza la relación. 

Pero si el sexo es una expresión de amor, y entiendo que mi esposa está comprometida conmigo y ella entiende que la amo, entonces la presión para desempeñarse disminuye.  Mientras más demuestro mi amor, más libre se sentirá mi esposa para relajarse sexualmente. Mientras más me demuestre amor mi esposa, más podré vivir sin miedo porque es el perfecto amor, dice la Biblia, el que echa fuera el temor.  ¿Qué otras cosas están involucradas en el temor al sexo? Una de las cosas que cada vez son más evidentes en nuestra sociedad, en especial para la mujer, es el miedo a ser lastimada físicamente. El maltrato a la mujer no es solo una rara incidencia en nuestra sociedad. No puedo decirles cuántas mujeres he tratado en consejerías que han sido maltratadas como esposas o cuando eran niñas. Han sido abusadas sexualmente. Han resultado heridas. Los hombres han utilizado su fuerza para obligar a las mujeres a someterse a sus insinuaciones y ellas tienen miedo de ser lastimadas físicamente. 

También oímos hablar del hombre que es tosco, pero no tierno. Juntas a mujeres y les preguntas: «¿Cuáles son las cualidades que quieres en un esposo?» Sí, quieren que sean seguros; sí, quieren que tengan confianza; pero también ponen muy alto en la lista, la sensibilidad. Uno de los mayores problemas de madurez sexual en nuestra nación es la falta de sensibilidad masculina en el acto del amor. Él tiene que probar su hombría viviendo el viejo mito cavernícola, el cual lastima físicamente a la mujer. No es de extrañar que ella no quiera estar involucrada en el sexo más a menudo, dado que es una experiencia dolorosa para ella en lugar de algo tierno y amoroso. Tenemos que recordar que el miedo al dolor puede ser una fuerza paralizante. 

Bueno, hay otros miedos. Hay miedo a ser descubiertos, ese es uno muy real. He hablado con innumerables parejas donde la mujer dice, por ejemplo, que disfruta mucho más de la relación sexual, disfruta de la relación sexual con su esposo cuando están lejos de su casa, cuando están de vacaciones en un hotel o algo así, donde estén solos. Empiezas a explorar eso, empiezas a ver que ella tiene miedo, o puede ser que él; podría ser el hombre, que tiene miedo de que los niños entren, o los escuchen, o lo que sea. Así que una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu matrimonio es una cerradura a la puerta de tu dormitorio. Una vez más, este es el lugar donde puedes estar desnudo y sin vergüenza, pero no vas a estar desnudo y sin vergüenza si en cualquier momento entra alguien, porque tu hija no es tu esposa, el vecino de al lado no es tu esposo; y si la gente tiene miedo de que alguien los vea, entonces están inhibidos. Y luego la pareja toma eso como un acto de rechazo personal. 

El miedo al embarazo es otro temor importante y podríamos seguir enumerando estos temores que la gente tiene y que los inhibe. Es aquí donde necesitamos comunicación, donde el esposo y la esposa necesitan hablar, tenemos que expresarnos el uno al otro ¿a qué le tienes miedo? ¿Tienes miedo de algo? ¿Cómo puedo ayudar? No voy a ayudar a mi esposa obligándola a hacer cosas a las que ella teme.  Ahora el segundo es el que casi nadie habla: la culpa. Me gustaría expresar un patrón que me resulta familiar en la consejería matrimonial. Cuando un hombre entra a mi oficina y me dice, ya saben, «Quiero divorciarme de mi esposa. Nuestra relación se ha deteriorado, ella ya no me responde sexualmente y todo eso», le hago la siguiente pregunta directamente, directo y sin titubear, «Dime, aquí en la privacidad de la oficina, ¿tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?» 

Ahora, mi experiencia en consejería no puede ser una prueba suficiente de todo el universo, como para darte un porcentaje que cubra toda la nación, pero te contaré mi experiencia. No sé a cuántos hombres les he hecho esta pregunta, ¿cien? A cada hombre que he aconsejado sobre esta pregunta, le he preguntado, «¿Tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?», cada uno de ellos me dijo que sí. Todos. El esposo virginal es casi inexistente, así como la esposa virginal.  Así que, después de que me dijeran esto, que sí tuvieron relaciones sexuales con su esposa antes de casarse, les hago esta pregunta: «En tu opinión, ¿tu esposa era más receptiva sexualmente o menos receptiva sexualmente antes de casarse?» Sus ojos se iluminan y dicen, «Ella era más receptiva antes de casarnos» y me mira como si yo fuese un médico brujo que hace vudú. Él dice, «¿Cómo sabías eso?», «Lo sé porque lo he oído tantas veces, por eso estoy haciendo la pregunta».  

¿Por qué tantos hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas hacia ellos, les correspondían, antes de casarse que después de casarse? ¿Es porque simplemente han idealizado los viejos buenos tiempos? Puede ser. ¿Es porque el sexo era más emocionante como novedad de lo que se ha vuelto ahora a lo largo de los años? Esa es otra posibilidad y hay una tercera posibilidad, de que la mujer solo puede responder cuando se encuentra en una situación tabú, cuando le es permitido desenvolverse sexualmente se aburre y no le importa. Hay todo tipo de razones que explicarían por qué los hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas antes, pero un factor que tenemos que considerar aquí: es que puede ser cierto. De hecho, sí puede ser que la mujer fuese más receptiva y de repente sea menos receptiva, puede que lo sea porque llevó al matrimonio toda carga de culpa y resentimiento, porque el marido la manipulaba y persuadía para hacer lo que estaba tratando de no hacer antes de casarse. 

Ahora ella lleva ese resentimiento, pero lo que es peor, sigue cargando la culpa. ¿Qué haces en un caso así? Bueno, de nuevo, podemos recibir todo tipo de terapia médica del mundo, de consejeros seculares y de ministros, y la terapia habitual en nuestros días es algo como lo siguiente: Tienes que entender que lo que hiciste antes de casarte estaba bien. Todo el mundo lo hace. El Informe Kinsey, el Informe Chapman indican que la abrumadora mayoría de la gente lo hace y dado que la abrumadora mayoría de la gente lo hace, eso indica que es normal y si es normal, es saludable. Y esto es solo parte de tu proceso de maduración para convertirte en un ser humano responsable.  Hemos oído esa frase un millón de veces. 

Hice que una mujer que estaba a punto de casarse viniera a verme. Ella había estado comprometida durante más o menos, un año; cuando vino, ella se sentía con mucha culpa y me dijo: «¿Qué voy a hacer?» me dijo, «Me siento tan culpable». «He estado teniendo relaciones sexuales con mi prometido». Ella me dijo: «Y fui a ver a mi ministro y mi ministro me dijo: «Mira, la manera de superar esto, es entender que la razón por la que te sientes culpable es que has sido víctima de esta cultura estricta, rígida, victoriana, puritana con sus tabúes y ahora- tienes que crecer, madurar y entender que no eres promiscua.  Tú solo has sido un adulto responsable. » Y ella dijo: «He intentado eso, pero todavía me siento culpable».

Entonces le dije, «Bueno, la razón por la que todavía te sientes culpable es porque eres culpable». Le dije: «La prohibición de las relaciones sexuales prematrimoniales no fue inventada por Jonathan Edwards o por la reina Victoria. Fue Dios quien dijo que no, y tú has ofendido a Dios. Has transgredido Su ley. No importa el hecho de que todos los demás lo estén haciendo. La ley no viene de los psiquiatras. No viene de los ministros. No viene de los consejeros. Viene de Dios y Dios dijo que no, aún así lo hiciste de todos modos. 

Así que eres culpable y lo único que sé es que no lo curará la racionalización. Tu culpa es real y si quieres sanarte, tienes que ser realmente perdonada. La única manera que sé cómo conseguir eso, es que vayas a tu casa, te pongas de rodillas, le digas a Dios lo que has hecho y confieses tu pecado. Entonces, «Dios te perdonará de eso. ¿Entiendes que puedes ser virgen de nuevo a la vista de Dios?» De modo que necesitamos limpiar el matrimonio, lidiando con la culpa no resuelta. Y Dios nos hará libres. 

El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte

Ministerios Ligonier

Serie: El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

Antes de empezar formalmente esta serie breve de enseñanza, hay un par de cosas que quiero decir a todos ustedes. En primer lugar, reconozco que entre la amplia audiencia de toda la región hay personas en diferentes ocupaciones, doctores, empleados, pastores. Personas en diferentes actividades.

Y, en un grupo de gente tan variado, es habitual que el orador se dirija de una manera más abstracta y académica, quisiera pedirles de su paciencia, si es posible, para aclarar que estoy dirigiendo estas charlas a los que padecen alguna enfermedad, y luego a los amigos y familiares que han tenido que enfrentar de primera mano niveles profundos de dolor, de incertidumbre, de aflicción y en muchos casos hasta la muerte misma.

Y lo otro que quiero decir a manera de prefacio es que en la medida que toco estos asuntos tan delicados, no voy a estar hablando como doctor, ni como sicólogo, ni como filósofo como aún podría suponerse; pero estaré hablando desde una perspectiva doble, primero como teólogo, pero más importante como ser humano, porque el problema del sufrimiento es algo que inmediatamente nos saca del mundo de lo abstracto y nos toca en el punto de nuestra propia humanidad.

Y cada vez que me encuentro con este tema del sufrimiento, ya sea como una pregunta filosófica o como un grito de dolor de alguien que está en medio de ese sufrimiento en el momento que la hace, la pregunta que escucho en mi profesión es inevitablemente: “¿Dónde está Dios en todo esto?”

Y luego, la siguiente pregunta es una a la que todo teólogo teme oír, y la pregunta es: “¿Por qué?”. Cuando estoy afligido, cuando tu estás afligido, cuando el dolor invade tu vida y llega la amenaza de muerte, lo primero que preguntamos es “¿Por qué?, ¿Por qué yo?, ¿Por qué pasó esto?, ¿Cómo pudo permitir Dios que estas cosas sucedan?”

Ahora, cada vez que hacemos esta simple pregunta “¿por qué?”, estamos haciendo una pregunta acerca del propósito. Las preguntas de “por qué” son las preguntas sobre el propósito. Las preguntas de “por qué” preguntan sobre el significado.

No estamos preguntando “cómo”, no preguntamos “cuándo”, no preguntamos “qué”; preguntamos “por qué”. Y creo que hay una razón por la cual hacemos esa pregunta. Una cosa es experimentar dolor, pero otra cosa es anticipar que mi sufrimiento y mi dolor no valen nada.

Si voy a tener que pasar por el dolor, si voy a tener que pasar por el sufrimiento, tengo que saber dentro de mi mismo que hay algún tipo de razón para eso, que no se trata solo de un ejercicio inútil.

Esto vino a mi mente de una manera muy vívida y muy personal hace solo unas semanas atrás. Mi esposa, Vesta, y yo habíamos regresado a Orlando después de un viaje y habíamos estado hablando en… ni siquiera recuerdo dónde estábamos, pero cada vez que estamos lejos del hogar y volvemos a casa, es una experiencia de gran alegría.

Recuerdo que mientras entrábamos al estacionamiento le dije a mi esposa, dije: “Al fin en casa”, “qué maravilla”. Seguimos estacionándonos y ya en el garaje mientras apagaba el motor, salía del auto y daba la vuelta por detrás del auto, la puerta de nuestra cocina se abrió y mi hija apareció en la puerta.

Tan pronto como ella nos vio, se echó a llorar y soltó de golpe estas palabras: “Papi, acabo de perder a mi bebé”. Y ella se acercó a mí y yo solo extendí mis brazos a ella y me agarró y la abracé mientras lloraba en mi hombro. Y le tomó unos minutos el reponerse de la impresión de vernos regresar y de explicarnos lo que había sucedido.

Ella acababa de empezar su noveno mes de embarazo, un embarazo que había sido muy difícil y que había involucrado un período largo de náuseas matutinas y algunas dificultades con hemorragias. Pero justo ese día ella sintió la ausencia de vida en su interior y fue a ver a su médico, el doctor la examinó, le hizo varios exámenes y le dio la noticia, con tristeza, de que el bebé había muerto.

Bueno, por supuesto, eso siempre será algo realmente difícil de oír para cualquier futura madre. Pero además de eso, el médico le explicó que el procedimiento que era necesario que ella siguiera sería este:  que la llevarían al hospital a la mañana siguiente e inducirían el parto; hablamos de eso y ella dijo: “Papi, ellos quieren que pase por el trabajo de parto, pero mi bebé está muerto”.

A menudo me he quedado profundamente admirado por la fuerza de las mujeres para pasar por el trabajo de parto y a menudo me he preguntado cómo después de haber pasado por eso toman la decisión de hacerlo de nuevo, y algunas veces, muchas veces más.

Y mientras hablo con mujeres de esto, les digo: “¿Cómo pueden soportar pasar por este proceso que eufemísticamente llamamos trabajo de parto?”

Y ellas dicen: “es por lo que sabemos que nos espera al final del dolor”. Es una mujer que está dispuesta a soportar el dolor del parto porque espera con ansias el momento en que una vida emergerá. Y una vez que esa vida está allí y sostiene a su bebé por primera vez, el dolor queda en el olvido, al menos por ese momento, y ella dice: “vale la pena, lo haría de nuevo”.

Pero ¿cómo vas al hospital a dar a luz y pasar por el trabajo de parto sabiendo que lo que te espera al final de tu dolor es muerte? Y de eso es de lo que mi hija y yo tuvimos que hablar; ella buscaba en mí al teólogo, no solo al padre. Ella quería tener algunas respuestas de peso a su pregunta y francamente no tenía ninguna.

Así que fuimos al hospital al día siguiente, su esposo, su madre y yo, la ingresaron y le indujeron el parto. Nos sentamos allí en la sala de partos junto a ella contando las contracciones y ella estaba siendo heroica, pensé. Estaba orgulloso de ella.

Y después que habían pasado varias horas ella dijo: “Papi, por qué no bajas un rato y comes algo y luego regresas en unos minutos ya que me siento bien”. Entonces, me excusé. Me alegré por el respiro, bajé las escaleras y pedí algo rápido para comer. Solo me tomó 15 o 20 minutos y luego regresé apurado para continuar con la espera.

Y mientras me acercaba, abriendo puertas que llevaban a la sala, de repente me quedé paralizado por un grito largo y espeluznante. Me tomó unos momentos para darme cuenta de que era mi hija la que estaba gritando de esa forma. Y para serles honesto, yo estaba aterrorizado de avanzar por esas puertas y llegar a la sala, y en lo que me acercaba al lugar, una enfermera me detuvo, levantó sus manos y me dijo: “Ya viene el bebé”.

Así que corrí de vuelta hacia el pasillo por unos momentos y luego finalmente la enfermera salió y me dijo: “Está bien, ya puede entrar”.

Entonces entré y vi algo que nunca olvidaré; mi esposa nunca olvidará, mi yerno nunca olvidará, y yo sé que mi hija nunca olvidará mientras yo viva.

Mi hija estaba en la cama y estaba sosteniendo en su seno una pequeña niña de 8 meses que no tenía vida. Y yo estaba preocupado por los procedimientos médicos, los reglamentos. ¿Cómo se les ocurre dejar a este bebé sin vida en los brazos de una madre?

¿Por qué no se la llevaron y procedieron de la manera que ellos lo hacen? Y mientras discutía eso con las enfermeras, me dijeron: “La madre necesita ver el fruto de su trabajo de parto”.

Ella sostuvo al bebé por 45 minutos, por una hora. Entraron y tomaron fotos, un mechón de cabello, le pusieron nombre e hicieron todas esas cosas; y mi hija lloraba, yo lloraba, su esposo lloraba y todos lloraban. Pero, mientras hablamos de esto hoy, en las últimas semanas, ella me dijo: “Papi, tenía que cargar a mi bebé porque tenía que saber que mi trabajo de parto no fue en vano, que mi dolor no fue en vano”.

Justo este lunes recibía en mi oficina la noticia, de que la esposa de una figura deportiva muy famosa en Estados Unidos había fallecido.  Judi, esposa joven de Bob Griese, el ex mariscal del campo de los delfines de Miami murió esta semana después de luchar contra el cáncer por varios años.

Ahora, no soy un amigo personal cercano de la familia Griese, pero estuve en Miami hace un mes dando una serie de conferencias y después de una de ellas, una mujer se me acercó, atravesando a toda la gente, llegó a mí y me dijo: “RC”, ella dijo, “Quiero pedirte un favor personal”.  Y yo dije: “¿De qué se trata?”. Ella dijo: “Tengo una amiga muy querida que está luchando contra el cáncer por varios años y ahora se encuentra realmente deprimida”.

Y pasó a contarme algo de la historia de Judi Griese. Y me dijo: “Judi ha estado escuchando tus grabaciones y te conoce, no en persona, pero a través de ese material educativo”. Luego dijo: “Estoy segura de que significaría mucho para ella si tú, de alguna manera, pudieras ir y verla”. Y yo dije: “Claro, iré”.

Y seré honesto con ustedes, no recuerdo haberme sentido más incapaz que cuando me subí a ese auto para ir a visitar a esa mujer que había estado luchando con esa enfermedad por varios años. Y nos dirigimos a esta hermosa sección de Miami y vi el hogar de los Griese. La casa de los Griese es una casa muy bonita, y la ironía era que al otro lado de la calle estaba la casa de la familia Buoniconti, y ustedes recordarán, aquellos de ustedes que miran los deportes profesionales, saben que Nick Buoniconti fue un jugador profesional en Miami que ha estado en las noticias durante los últimos años porque su hijo, quien era un atleta muy talentoso, quedó paralizado por una lesión y ahora está parapléjico.

Así que una nube de sufrimiento se cernía sobre estos vecinos, estos amigos de mucho tiempo. Bueno, esta señora me llevó a la casa y tocó el timbre. Bob abrió la puerta y me hizo entrar a la sala de estar donde Judi estaba sentada en una silla. Entré y me senté junto a ella en la silla, y, queridos amigos, no tenía idea de qué decirle.

Ella me miró y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y me dijo: “RC, no creo que pueda resistirlo mas”. Yo no sabía qué decir. O sea, ¿qué puedes decir? ¿Acaso dices: “No digas eso”? o dices: “Tú tienes que soportar, no te rindas, tienes que resistir”.

Y pensé, ¿quién soy yo para decirle a esta mujer cuánto tiene que soportar? Así que no dije nada.  Solo tomé su mano y me senté allí sintiéndome cada vez más y más incapaz en ese momento mientras sostenía su mano por cerca de 45 minutos y solo la escuchaba hablar.

Y cuando terminamos, tuvimos un tiempo de oración y me retiré. Al día siguiente recibí la noticia de que ella se había caído por las escaleras y la llevaron de urgencia al hospital, y ella nunca regresó a casa del hospital. Fue básicamente el fin.

Pero esta señora vino a verme al día siguiente y estaba muy emocionada y me dijo: “Oh”, ella dijo, “no te imaginas cuán maravilloso fue anoche cuando visitaste a Judi Griese”. Respondí: “Yo no dije nada”. Le dije: “Estaba tan avergonzado”; le dije: “Yo sé que ella estaba esperando que yo le diera algunas palabras de consuelo y sabiduría y que le explicara el consejo secreto del Dios Todopoderoso, para lo cual no estoy preparado, no importa cuánto de teología he estudiado”. Y le dije: “Yo no hice nada, todo lo que hice fue sentarme allí y sostener su mano por 45 minutos”. Ella me dijo: “Pero, eso era todo lo que ella quería y era todo lo que necesitaba”.

Ella ha escuchado todos los sermones y ha escuchado todos los temas, pero ella solo quería que alguien le mostrara que ella importaba. Y me dijo: “Te guste o no, porque eres un ministro, representas la presencia de Cristo para ella”.

Yo dije: “Ey, es una pobre representación”. Y pensé en ese momento en una declaración que Martin Lutero hizo alguna vez. Él dijo: “Es deber de todo cristiano el ser Cristo para su prójimo”. Ahora, Lutero era muy bueno como teólogo como para afirmar eso de manera literal. Martín Lutero entendió que a todos nosotros nos quedaban muy grandes los zapatos de Cristo, pero ser cristiano significa representarlo, llevar su consuelo, su paz, su comprensión y no su juicio a las personas que están en dolor.

No tengo muy a menudo la oportunidad de escuchar a los televangelistas, esa es la nueva palabra que se ha acuñado este año, los predicadores televisivos, pero escuché, no hace mucho, escuché a uno de estos predicadores, ni siquiera podía recordar en ese momento quién era, pero él estaba de pie e hizo esta declaración a la gente que estaba viendo la televisión.

Él dijo: “Quiero que entiendan que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento y que Dios, Dios no tiene nada que ver con la muerte. La muerte es algo que se entromete en la creación de Dios.”

Y, por supuesto, este ministro continuó diciendo y asignando todo dolor, todo sufrimiento, toda enfermedad y toda muerte al diablo. Y mientras escuchaba eso, para ser honesto con ustedes, quería arrojar algo a través de la pantalla del televisor. Y ahora intento… trato de entender qué pasa por la cabeza de un ministro, ya sea un ministro de televisión o cualquier otra clase de ministro, para ponerse de pie y decir a la gente que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento o que Dios no tiene nada que ver con la muerte y la única cosa que se me ocurre es que este ministro de alguna forma quería responder a los problemas que las personas tienen cuando les sobreviene el sufrimiento, porque algunos se enojan con Dios.

Mucha gente se enoja con Dios. Dicen: “Oye, tú sabes que esto no es justo, ¿cómo puedes dejar que estas cosas me pasen a mí? Otra vez, ¿por qué? ¿Dónde está Dios en todo esto? Lo que el ministro televisivo estaba tratando de hacer con tanto cuidado, era absolver a Dios de toda culpa y toda responsabilidad por permitir que algo desagradable le ocurra a una de sus queridas criaturas.

Así como los filósofos solían decir, que si Dios es realmente amoroso y si Dios es realmente poderoso, entonces no podría permitir que suceda toda la tragedia, dolor, sufrimiento y tristeza que suele suceder en este mundo.

Así que, el ministro televisivo lo envolvió todo en papel de regalo y dijo: “Dios simplemente no tiene nada que ver con esto”. Ahora, estoy seguro de que lo que él estaba tratando de hacer era lograr que las personas se sintieran cómodas, porque ellos no podían… ellos no querían pensar en un Dios que, de hecho, podía estar involucrado en su dolor.

Pero dos cosas vinieron a mi mente en ese momento. Lo primero que pensé fue: “me pregunto si este hombre alguna vez ha leído el Antiguo Testamento”. “Me pregunto si este hombre alguna vez leyó el Nuevo Testamento” porque el Dios del judaísmo, el Dios del cristianismo es un Dios que se especializa en sufrimiento.

La batalla contra el diablo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el diablo

R.C. Sproul

Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión. 

Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos.  Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?». 

Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso. 

Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?».  Ellos dijeron, «No, no, no.  Esa no es la razón». 

Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí».  Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?» 

Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más? 

Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.  

Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás.  Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal». 

Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado». 

Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás. 

Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera.  Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados.  Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?

Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo? 

Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».  

Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».

Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz. 

Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso.  Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo».  La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.  

Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa.  «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos.  Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham. 

Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.  

Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás. 

Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida.  Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes». 

El cristianismo es completamente sobrenatural.  Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha.  Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural. 

¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas.  Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.  

Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal. 

La batalla contra el mundo

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Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el mundo

R.C. Sproul

Estoy seguro de que voy a tener algunas reacciones interesantes de nuestra última sesión donde vimos la diferencia entre la forma superficial y externa de la justicia que caracterizó la vida de los escribas y fariseos y la forma auténtica de justicia a la que estamos llamados. Algunas personas van a escribir y decir, «RC, yo estaba tan inmerso en esa lección que para mí el tiempo realmente se detuvo». Otros escribirán y dirán: «Ustedes son tan hipócritas, como los fariseos de los que hablaban, porque usan un reloj aquí que obviamente es un engaño ya que da la misma hora todo el tiempo».  ¿Notaron eso? Estoy seguro de que todo tipo de personas estarán enviando cartas.  Bueno, quiero que todo el mundo sepa que ese es un reloj de verdad.  Es un reloj auténtico.  Solo que está dañado, eso es todo.  Pero esto podemos decir al respecto: Da la hora correcta dos veces al día todos los días.  

Martín Lutero dijo que el cristiano, en su lucha por la obediencia, tiene muchos obstáculos que superar, pero básicamente estamos inmersos en una guerra que se lleva a cabo no en uno o dos frentes, sino en tres frentes y que la tríada de enemigos que se enfrentan a los cristianos es, como Lutero dijo, el mundo, la carne y el diablo. Esa es una cita muy famosa de Lutero, y por supuesto, Lutero entendió que cuando hizo esa lista del mundo, la carne y el diablo que, aunque hizo distinción entre esos tres enemigos particulares, entendió que los tres estaban íntimamente relacionados el uno con el otro – que el espíritu de la carne del cual habla la Biblia es esa parte de nuestra naturaleza que es cautivada y seducida por el espíritu de este mundo, y este mundo es la esfera sobre la cual Satanás tiene un nivel particular de influencia e incluso, a veces, una especie de dominio.  Y aunque hay una distinción entre estos tres, no queremos separar el uno del otro, pero veremos cada uno de estos en orden. 

Y en esta sesión vamos a considerar la lucha que el cristiano tiene con lo que el Nuevo Testamento llama «el mundo».  Ahora, obviamente el término «mundo» en el Nuevo Testamento se utiliza en más de una forma y a veces en algunos casos el término «mundo» simplemente se refiere a este planeta.  No hay nada peyorativo, nada negativo en el término cuando se usa de esa manera.  Es solo una ubicación geográfica.  Este lugar se diferencia de Marte o Júpiter o los cielos de arriba; pero también el término «mundo» se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a la esfera caída de este planeta, a una especie de punto de vista, o perspectiva que es anti-Dios, que está más centrada en el hombre que centrada en Dios.  Permítanme leer una breve porción del Evangelio según San Juan para ver cómo Jesús hace este tipo de distinción con respecto al mundo.  

Vamos a partir en Juan, en el capítulo 17 versículo 12. Por cierto, al leer esta breve porción del Evangelio de Juan, permítanme recordarles que esto proviene de un segmento muy largo del discurso en el Aposento Alto que Jesús tuvo con sus discípulos la noche antes de que Él fuera muerto, y también incluye un texto de expresiones que Jesús hace en la oración más larga que está registrada y que proviene de Jesús en el Nuevo Testamento. Este es el registro de lo que se llama la «gran oración sumosacerdotal de Jesús» o «la oración intercesora de Jesús».  Es la única vez que oran por ti en el Nuevo Testamento porque Jesús ora no solo por sus discípulos que están con Él en ese momento, sino que habla, ora e intercede por aquellos que creerán en las generaciones futuras a través de su enseñanza. 

Y noten lo que Él dice en el versículo 11 del capítulo 17.  De ahí vamos a partir, y Él dijo: «Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti». Aquí ves que «mundo» se refiere claramente a este lugar, ¿cierto? Él dijo: «Estoy a punto de salir de este lugar, del mundo, pero ahora, Padre, estoy orando por mis amigos y mis discípulos que se van a quedar aquí, activos en este mundo». Pero, sin embargo, continúa diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». 

Ahora, ¿ven cómo el término «palabra» – o «mundo» – está empezando a asumir ese matiz ligeramente diferente para referirse no solo a la ubicación geográfica, sino a la perspectiva o al punto de vista de uno con respecto a las cosas de Dios? El mundo es esa esfera, o ese grupo de personas, que no tiene afecto por las cosas de Dios.  El mundo existe en este sentido, en antítesis y oposición y tensión contra el reino de Dios, por lo que Él dice: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad, tu palabra es verdad». Es una declaración muy cargada, ¿cierto? Jesús dijo: «No estoy pidiendo, Padre, que los saques del mundo».  Ah, ojalá prestáramos atención a la oración de Cristo en esa parte, porque en cada generación de la historia cristiana siempre hay ese tira y jala dentro de la comunidad cristiana para distanciarnos de todo lo que tiene que ver con este mundo, que terminamos retirándonos en aislamiento a fin de mantenernos puros.  

Si solo leyéramos atentamente, por ejemplo, el Evangelio según San Lucas.  Porque en el Evangelio de Lucas vemos un motivo que Lucas recalca una y otra vez, en términos de la enseñanza de Jesús, contra, de nuevo, los fariseos. Una de las doctrinas que surgió entre los fariseos fue esta doctrina: salvación por segregación. Recuerden, una de las cosas de la cual los fariseos se indignaron tanto con Jesús fue que Jesús, según creían ellos, se contaminó a sí mismo al pasar tiempo con publicanos y recaudadores de impuestos y pecadores, algo que los fariseos no harían ni en sueños. Recuerdo una vez, caminando por la calle, que conversaba con un amigo mío que era un sacerdote anglicano y estaba bastante orgulloso de su consagración al sacerdocio; y estábamos en las calles de Filadelfia, y un niño apareció.  Estaba vendiendo periódicos o algo así.  Era como un niño de la calle.  Estaba muy sucio. 

Ya se imaginan, tenía helado o algo por toda la cara y su camisa estaba sucia y tenía puesto unas prendas rotas y él se acercó, y tomó una manga del sacerdote y comenzó a tirar de ella diciendo, «Señor, señor», y ya saben, estaba tratando de venderle una revista o algo así, y estaba tirando de su manga.  Y de repente el sacerdote se dio la vuelta y le quitó la mano al niño y le dijo: «¡Cómo te atreves a tocar el brazo de un sacerdote de Dios!».  Y yo quería detenerme ahí mismo y mirar a mi amigo el sacerdote y decirle: «¿Cómo te atreves a actuar como si el brazo de un sacerdote fuera intocable para un ser humano?» Es decir, Jesús hubiera abrazado a ese chico en la calle.  Él jamás habría aceptado esta idea de separación tan radical del mundo donde uno, de cierta manera, manifiesta un espíritu de desprecio hacia el mismo entorno que es el punto central de la redención de Dios.  Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo». Jesús no estaba iniciando una nueva comunidad de Esenios.  

¿Recuerdan a los Esenios, que fueron aquellos cuya obra se encontró en los Rollos del Mar Muerto? Eran personas que se alejaba de la civilización para vivir en total aislamiento a fin de mantenerse puros para la venida del Mesías, y mientras se escondían allí en las cuevas a lo largo del Mar Muerto, llegó el Mesías y no lo vieron.  Estaban tan ocupados manteniéndose fuera del mundo que no vieron al Mesías cuando el Mesías vino al mundo para redimir al mundo, por eso Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno». – es decir, que los preserves mientras viven su fe y viven sus vidas en medio del mundo.  Ahora, creo que eso es coherente con lo que el apóstol Pablo enseña en el punto cumbre de su aplicación práctica del libro de Romanos luego de este extenso despliegue de doctrina pesada y de teología. 

¿Recuerdan cómo empieza el capítulo 12? Donde dijo: «Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios que es vuestro culto racional». Y luego ¿qué dice? «Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente». Echemos un vistazo a esas dos palabras: conformidad y transformación.  Vemos la misma raíz en ambas palabras: la palabra ‘forma’, que se refiere a la estructura o el sistema, y la única diferencia realmente que encontramos en estas palabras es el prefijo, ¿cierto? ¿El prefijo «con» significa ¿qué? «Chili con carne» significa «frijoles con carne», ¿verdad? Así que «con» aquí significa «junto», por lo que «conformarse» es literalmente «estar con algo» – ser parte de las principales estructuras aceptables del sistema mundial actual.

Recuerdo cuando estaba en sexto grado, creo, que mi madre me llevó al centro de Pittsburgh a comprar un par de zapatos.  No sé por qué esto está grabado en mi mente, pero mientras el vendedor me probaba estos zapatos elegantes. . . y uno solía mirar por una pequeña máquina de rayos X.  Mirabas y veías tus dedos al final de los zapatos.  Creo que ya no existen los fluoroscopios, pero eso era grandioso cuando era niño.  Eso era alta tecnología; y este vendedor de zapatos era muy agradable, y me estaba hablando de la escuela y del sexto grado, y lo miré, y me dijo: «Bueno, ¿cómo va todo en la escuela?» Medio que me paré de la silla.  «Bueno», le dije: «Soy el chico más popular de mi clase».  ¡Mi madre estaba absolutamente horrorizada! 

Es decir, tan pronto como ese hombre se fue, ella me tomó a un lado, y me dijo: «¡No puedes hablar así con la gente!» Ella dijo, «¡Eso es terrible! Eso es tan egoísta, arrogante y grosero.  Nunca, nunca debes hablar así». Y ella me dio esta gran cátedra sobre las virtudes de la humildad, pero ¿saben qué? No me importaba porque mi objetivo en la vida cuando estaba en sexto grado no era ser humilde.  Mi objetivo cuando estaba en sexto grado era el mismo que el de cualquier otro chico de sexto grado en este mundo, y ¿cuál era ése? Ser la persona más popular que pudiera llegar a ser; porque cuando entramos en la adolescencia, y en nuestros años juveniles, cuando finalmente nos damos cuenta de que hay un mundo más allá de nuestros padres, tíos y tías y demás, y que hay una sociedad en la que estamos siendo evaluados y juzgados y aceptados o rechazados, la popularidad entre nuestros compañeros a los 13 años se convierte en una de las pasiones más importantes de nuestras vidas, y si no recibimos una cierta medida de popularidad, eso es tan aplastante para el espíritu humano que puede afectar nuestra psique el resto de nuestras vidas.  

Todo el mundo anhela ser querido por otras personas, pero aprendemos de niños – como aprendí cuando estaba en sexto grado – que si iba a ser popular había un precio que debía ser pagado y el precio más importante para la popularidad era la conformidad.  Si yo iba a ser el señor Popularidad en mi escuela, tenía que saber todas las letras de las últimas canciones, los últimos éxitos en el ranking musical.  Tenía que saber todas las estadísticas deportivas y cosas así. Tenía que ser capaz de hacer las cosas que haces para probar que realmente eres un hombre.  

Tuve que escuchar a los que me desafiaban y aceptar sus desafíos y ver si podía robar algo en la farmacia sin ser atrapado e involucrarme en esas cosas que juegas por la noche, donde la policía te persigue por la ciudad y te aseguras de que no te atrapen.  Y pasé por todos esos juegos porque eso es lo que tenías que hacer para ser popular y recuerdo que la cátedra que recibí de mi padre todo el tiempo cuando era adolescente fue, «Hijo», escucha, «se necesita más coraje para decir ‘No’, que para decir, ‘Sí’». ¿Alguna vez te sermonearon así? O el que el director solía dar siempre: «Joven, ¿no sabes que estás apuñalando a tu madre por la espalda?».  Ya saben, y todo este tipo de cosas.  Y yo dije, «Pero no lo entiendes, no estoy tratando de complacer a mi madre. No estoy tratando de ajustarme a los valores de mi madre. Aquí es donde me juzgan, en la esfera de mis compañeros».  

Así que, como niños jugamos todos esos juegos con el fin de lograr el tan buscado objetivo de la popularidad. Pero, por supuesto, ese es solo uno de esos fenómenos adolescentes a corto plazo que tan pronto nos convertimos en adultos guardamos las cosas infantiles, y ya no nos preocupamos por ser populares, ¿cierto? Saben, dicen que la única diferencia entre hombres y niños es… ¿qué? El precio de sus juguetes.  Los juegos cambian, y los precios cambian, pero el objetivo de ser aceptados por nuestros compañeros es algo que nos atrae todos los días de nuestras vidas.  Y así el poder seductor de este mundo es conformarse, conformarse a él. Pero ¿qué es lo que nos atrae a la conformidad? Los alemanes tienen una palabra para eso.  

Ya saben cómo dicen los alemanes. . . El idioma alemán es… Ellos toman dos buenos sustantivos concretos y simplemente los estrellan entre sí y sacan una palabra de ahí.  Sin ánimo de ofender, Olga, a la lengua holandesa, nunca pensaría en hacer algo así; pero los alemanes toman dos palabras y las ponen juntas y obtienen la palabra «Zeitgeist».  Todos han oído la palabra «Geist», estoy seguro, en el idioma español, porque han oído hablar de poltergeist.  Los poltergeists son como fantasmas que hacen ruido en la noche.  Bueno, «Zeit» es la palabra alemana para «tiempo» y «Geist» es la palabra alemana para «espíritu»; entonces, esta palabra compacta «Zeitgeist» significa literalmente «el espíritu de los tiempos» o «el espíritu de la era». Y lo que quieren decir los alemanes por zeitgeist es básicamente esto: ¿En qué estamos ahora? ¿Qué está de moda? ¿Qué es aceptable? ¿Qué es lo que hay que hacer? 

Ahora, en el siglo XIX un hombre se volvió muy importante, no solo como una figura literaria en Alemania, sino como filósofo, y llegó a ser uno de los críticos más importantes de su generación, y su nombre era Friedrich Nietzsche, y ya saben que Nietzsche es famoso por su declaración de la muerte de Dios y por su defensa de lo que llamó heroísmo biológico, en el que buscaría la construcción de una súper raza, y Hitler fue tras eso y lo llevó a un extremo.  Pero Nietzsche se quejó de la decadencia de la Europa del siglo XIX y en esa queja dijo que básicamente la gran mayoría de la gente vive, lo que él llamó, «según el dictamen de una moralidad de rebaño».  Es decir, la crítica de Nietzsche fue la siguiente: «En su mayor parte, la gente es como las ovejas, y se limitan a seguir sin criticar y sin osadía alguna, lo que sea que se espera de ellos en su situación actual».  

En otras palabras, se convierten en esclavos del Zeitgeist o el espíritu de la era, y es por eso que pidió un superhombre, el «Ubermensch».  Él dijo: «El Ubermensch será conocido como una persona que dejará la manada y se atreverá a pensar por sí mismo».  En otras palabras, el superhombre de Nietzsche sería el supremo inconformista.  Ahora, al menos eso, el Nuevo Testamento tiene en común con el nihilismo de Nietzsche.  Ambos nos llaman a una especie de inconformidad.  No es el mismo tipo de inconformidad, les adelanto, pero Pablo dice: «No os conforméis a este mundo».  Ahora, si alguna vez hubo un pasaje de las Escrituras deformado por los cristianos, es ese; porque miramos eso y solo leemos la mitad del pasaje, y decimos: «Oh, bueno, lo que Dios quiere de nosotros es que, si vamos a ser realmente justos, vamos a ser conocidos por nuestra inconformidad».  ¿Te das cuenta, por un lado, cuán difícil es no conformarse, tal como ya lo he indicado? Somos atraídos por la aceptación de grupo, y cosas así.  

Por otro lado, ¿te das cuenta de lo fácil que es ser un inconformista cualquiera? Lo que pasa, lo que tiende a suceder entre los cristianos es que dicen: «Bueno, vamos a mostrar al mundo que somos diferentes y lo que vamos a hacer es que vamos a mostrar lo diferentes que somos del mundo al negarnos a participar en la mundanalidad del mundo, lo que quiere decir que no bailaremos y no usaremos maquillaje y no iremos al cine y no jugaremos a las cartas». Recuerdo cuando fui a mi primer trabajo, a enseñar en una universidad cristiana.  Me contrataron para enseñar la Biblia y antes de que las clases iniciaran, hacían un picnic en la playa, y algunos estudiantes sacaron una baraja de cartas y empezaron a jugar Bridge, y el decano vino y confiscó las cartas; y esa fue mi iniciación para descubrir, para mi horror, que el único juego de cartas que este grupo de cristianos tenía permitido era Rook, el juego de cartas cristiano. Le dije, «¿Rook?» Dije, «¿Rook? Dejé de jugar Rook cuando tenía ocho años», y le dije: «¿Qué van a hacer cuando se enteren de que su profesor de biblia juega en torneos de bridge duplicado?».

Nunca se me ocurrió que había algo espiritual o poco espiritual en el bridge de contrato.  ¡Imagínate! Es absolutamente increíble que ese tipo de cosas surjan en una subcultura, pero lo que sucede es que miramos a nuestro alrededor y vemos cosas que la gente en el mundo secular hace, y queremos asegurarnos de que no lucimos de ninguna manera como personas seculares, entonces establecemos estas formas artificiales de no-conformidad.  Damas y caballeros, el reino de Dios no tiene nada que ver con Rook. Esos son tipos superficiales de no-conformidad.  Si quieres no conformarte en el sentido bíblico, sé alguien de cuya palabra se puede confiar.  Sé alguien que hará lo correcto, aunque eso cueste dinero.  Eso es diferente.  

No se trata de que, si todo el mundo está usando sombreros blancos, empezamos a usar rojos.  Ese no es el no conformarse del que está hablando el Nuevo Testamento, pero leemos el resto del versículo y vemos que no se trata simplemente de no conformarse por el hecho de no conformarse, sino que debemos transformarnos.  Y aquí el prefijo lo dice todo.  Transformarse significa «ir por encima, por arriba, más allá» de las estructuras del mundo actual.  Cuando recién me convertí en cristiano, el amigo que me llevó a Cristo me hizo una declaración en las primeras dos semanas.  Le dije: «¿Qué significa para ti ser cristiano?» Él dijo, «Lo que significa para mí el ser cristiano es que voy a superarte en trabajo, a superarte en esfuerzo, y a superarte en amor».  Ya saben, él entendió que ser cristiano significaba un llamado a la excelencia, un llamado a la excelencia que iba más allá de los estándares de lo que era aceptable en el mundo.  

La mayoría de los cristianos de hoy toman su guía ética de lo que es legal o de lo que es aceptado en el resto del mundo; o queremos que los magistrados civiles hagan cumplir la ética cristiana.  ¡Ves espera un minuto! ¡La ética cristiana es la misma sin importar lo que la Corte Suprema haga o lo que la Corte Suprema diga! No voy al compás de ese ritmo.  Tenemos un Señor que nos da nuestra ética y Sus mandamientos.  Él dijo: «Obedeced mis mandamientos».  Esa es nuestra responsabilidad –

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Guardaos de la levadura de los fariseos

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

Guardaos de la levadura de los fariseos

R.C. Sproul

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

Si todavía no tienes la guía de estudio de Cómo agradar a Dios, por favor escribe tu correo electrónico en el siguiente formulario para recibirla.

Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?»  Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos.  ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana?  Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta.  Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.  

Ahora, lo resalto por una razón.  Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?»  Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga.  Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?»  Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Veamos por un momento este texto que todos hemos oído.  Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia.   Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia. 

Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto?  Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello.  Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa.  Él da una condición necesaria: si-entonces.  A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios. 

Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo.  Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.  

Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios.  Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’.  Todos conocen esa frase, ¿cierto?  ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos. 

Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia.  Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia. 

Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido.  ¡Eso es recontra fácil, por favor!  Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos.  Fueron lo peor de lo peor.  ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad?  La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento.  Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.  

Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos.  Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’. 

En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia.  Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo.  Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.

Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo. 

Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas.  ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado.  Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida.  Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos». 

Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar.  Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos?  «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!  Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas». 

Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores.  No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento.  Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal.  Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios.  Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?» 

Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas».  Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento.  ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes?  Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel.  Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general. 

Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer?  Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios.  Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien?  Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así:  Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda.  Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.  

Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf!  Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez!  Ese era un asunto menor de la ley.  Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo.   El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».  

Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento.  Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento.  El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo.  Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe».  Me pregunto cómo nos iría con eso.  Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores. 

¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura.  La memorizaban.  Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias.  El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto?  ¿Ven por qué esto es tan espantoso?  

Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia.  Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho?  Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.  

Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica.  Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.  

De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro.  Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no.  Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu.  Es lo externo y lo interno.  Es el exterior y el interior.  No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios. 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

La meta de la vida cristiana

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Serie: Cómo agradar a Dios

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

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Episodio 1

La meta de la vida cristiana

 La fe conlleva responsabilidades. ¿Qué pasos estás dando en tu vida para honrar a Jesucristo? En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul enseña la importancia de la planificación y la perseverancia al procurar el propósito de nuestras vidas como cristianos.

Por R.C.Sproul

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar con un amigo mío que es un hombre de negocios en Orlando, y me estaba contando todo sobre los últimos acontecimientos en el mundo internacional de las finanzas, y me dijo de un estudio que se había hecho sobre corporaciones internacionales en términos de su planificación futura, y mencionó que había corporaciones japonesas que no solo tenían planes de tres años o cinco años para sus negocios, 

sino que algunas de ellas extendían sus planes de negocios a un tiempo de cien y doscientos años, a fin de que tuvieran un objetivo general que se mantuviera a través del tiempo, para así poder comprobar periódicamente y asegurarse de que todo lo que estaban haciendo en su empresa iba según el objetivo. Después de que este hombre de negocios me relató todo esto sobre lo que estaba pasando en el campo internacional de las finanzas, me miró, y me dijo: «Ahora sobre la vida cristiana, RC», me dijo, «dime por favor, ¿cuál es la gran idea?»  ¿Cuál es la gran idea del cristianismo?  Ahora, tengo que admitir que cuando me miró directamente a los ojos y me dijo: «RC, ¿cuál es la gran idea?» Me estremecí un poco, y me vino a la mente la imagen de mi madre allí de pie, cuando yo era niño, con las manos en la cintura, y luego ella tomaba su mano derecha y apuntaba hacia mí y me decía: «¿Cuál es la gran idea, jovencito?»  

Ahora, obviamente esa no era en sí una pregunta que ella estaba tratando de averiguar lo que yo pensaba que era el propósito por excelencia de mi vida, pero ella realmente estaba dando una acusación ligeramente velada como: «No tienes ninguna justificación para lo que acabas de hacer con tu comportamiento.  ¿Cuál es la gran idea?»  Pero desde otra perspectiva, esa es una pregunta crucial. Escuchamos sermones, leemos las Escrituras, nos vemos atrapados en el laberinto de los detalles de la teología, pero anhelamos la oportunidad de cortar todos los puntos finos, los detalles del cristianismo y llegar hasta el fondo, la esencia misma de lo que es la vida cristiana. A eso nos referimos con discernir la gran idea.  Así que cuando este hombre de negocios dijo, «RC, ¿cuál es la gran idea?» Lo pensé por un momento, y la respuesta que me vino a la cabeza salió de la Reforma del siglo XVI cuando los reformadores protestantes de la época tuvieron que definirse así mismos ante un mundo que observaba, y así tuvieron que cristalizar la esencia de lo que su ministerio y movimiento se trataba, y de ese proceso de cristalización salió una frase – por supuesto que era en latín – que fue introducida y utilizada con frecuencia por Martín Lutero para declarar la esencia de la vida cristiana, y Lutero utilizó esta frase: que la esencia de la vida cristiana es vivir la vida «coram Deo».  Esa puede ser una frase extraña para ti: «coram Deo». 

 Literalmente lo que esto significa es «delante del rostro de Dios», y lo que Lutero estaba diciendo simplemente era esto: que la vida cristiana significa vivir toda tu vida en la presencia de Dios.  Algunas veces nos comportamos y actuamos con nuestras vidas no como para Dios, sino como para el público que lo ve y que nuestro comportamiento, cuando estamos en secreto, puede ser diferente de cómo nos comportamos cuando estamos en presencia de personas cuyo juicio o aprobación buscamos. Pensamos, por ejemplo, en el hijo pródigo cuando suplicó a su padre para recibir su herencia adelantada; cómo despilfarró ese dinero.  Pero antes de despilfarrar esa herencia, ¿qué hizo?  Se fue a un país lejano donde era anónimo, donde nadie lo conocía, donde no sentía que tenía que vivir bajo el escrutinio de alguien que posiblemente podría desaprobar lo que estaba haciendo.  Ahora, Lutero dice que debemos vivir toda nuestra vida, no como personas que buscan la sombrilla de las tinieblas, donde tenemos una vida secreta, una vida privada que está oculta a la mirada de nuestros amigos o de las autoridades, sino que nuestras vidas deben ser vividas abiertamente en presencia de Dios, delante del rostro de Dios, practicando una especie de ser conscientes de Dios en cada instante.  

Ahora, a eso le añadimos un par de otras ideas, pero la gran idea del cristianismo es vivir «coram Deo», es vivir toda la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, y para la honra y la gloria de Dios.  Déjame repetirlo.  La gran idea – «coram Deo» – es vivir la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, para la honra y la gloria de Dios.  De eso se trata todo. Jesús lo dijo brevemente de esta manera: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos», es decir, «Si quieres agradarme, me complaces haciendo lo que he mandado que tú hagas». Pero vivir este tipo de vida, obviamente al principio suena bastante idealista, ¿no?  No hay nadie que viva toda su vida en un constante sentido de estar en la presencia de Dios, y ninguno de nosotros es tan justo que todo lo que hace está en sumisión a la autoridad de Dios, ni lo hace para su honra y para su gloria.  Podemos decir eso religiosamente y definirlo teológicamente, pero poner eso en práctica viva real no es algo sencillo de hacer. Podemos emocionarnos y entusiasmarnos emocionalmente y tener experiencias espirituales donde hacemos votos y promesas– «Oh Dios», ya saben, «mi vida es tuya.  Mi corazón está en el altar.  Te voy a complacer y voy a vivir para ti». Pero a través de las actividades cotidianas y las presiones que se nos vienen encima, ese celo y esa emoción empiezan a desvanecerse, y caemos de nuevo en nuestros patrones anteriores donde vivimos en ausencia de Dios, desafiando a Dios y para nuestra propia gloria. Entonces, lo que significa agradar a Dios no es simplemente hacer un compromiso o un voto, sino seguir adelante a través de esos momentos y períodos en los que estamos paralizados y frustrados en nuestro crecimiento espiritual.

Déjame hacer esta pregunta a la audiencia. ¿Cuántos de ustedes han tomado clases de piano?  Levanten su mano si han tomado clases de piano. Alrededor de tres, de cada cuatro en el público, han respondido y han dicho que han tomado clases de piano algún momento en sus vidas. A propósito, ¿alguno de ustedes, ejerce actualmente como concertista de piano?  No encuentro a ninguno de esos aquí. ¿No es extraño que cada año – bueno no cada año, sino en el transcurso de años – que literalmente millones de personas en los Estados Unidos de América empiezan clases de piano, pero hay muy, muy pocos que alguna vez llegan a ser concertistas de piano como Van Cliburn o incluso grandes pianistas de jazz famosos – pianistas – como Thelonious  Monk u Oscar Peterson o  Scharinger  o uno de los  otros. Recuerdo que cuando empecé a tomar clases de piano mi madre tuvo una gran idea, y ella dijo, «Jovencito, vas a empezar a tomar clases de piano», y así que me mandó a esta mujer que tenía como 110 años, y ella vivía en una casa que tenía 150 años y era muy tenebrosa, y crujía, y aterraba, y yo tenía que caminar cerca de dos kilómetros a través del bosque y a través de una carretera para llegar a la casa de esta maestra de piano cuyo nombre, por cierto, era Srta. Felicidad.  

¿Sabes lo que es un nombre equivocado?  Ese es un nombre equivocado.  El nombre de esa mujer era Srta. Felicidad, y ella trajo cualquier cosa menos felicidad a mi vida haciendo todos estos ejercicios; pero recuerdo vívidamente mi primera lección.  Entré en esta casa aterradora, espeluznante, vieja y tenebrosa, y me senté en ese banco junto a esta mujer que era tan aterradora y espeluznante y tenebrosa como la casa, y ella abrió la primera lección de la serie de libros para piano de John Thompson; y me mostró en el teclado donde se encontraba «Do central», y luego me dijo que tocara «Do central» con mi dedo índice, y seguí la primera lección en la página. Incluso recuerdo las palabras.  En la medida que tocaba «Do central» repetidamente con mi dedo índice de mi mano derecha, la canción iba así: «Estoy tocando ‘Do central’».  Los que tienen un tono perfecto saben que no estoy cantando en «Do central», pero así fueron las palabras. «Estoy tocando ‘Do central’» Entonces la mano izquierda – tocaba la misma nota. «Puedo tocarla bien, ves.» Yo dije, «Oye, esto es pan comido».  Empecé las clases de piano con un frenesí, con gusto.

Fue simple, y arrasé hasta la primera mitad de la serie de John Thompson en sólo unas semanas, y tuve visiones de convertirme en un gran pianista. Cinco años más tarde, dejé de tomar clases de piano, y sólo llegué hasta la mitad del libro del segundo curso de John Thompson.  Mi desarrollo como pianista se detuvo.  Quedó paralizado.  Llegó a un punto de dificultad que indicaba una meseta donde quedé atascado, así que renuncié.  Varios años más tarde, después de casarme, estaba en el Seminario. Teníamos una amiga muy querida en nuestra comunidad que era un excelente profesor de piano y cuyos estudiantes estaban ganando el premio Volkwein Studio «Pianista del Año» en Pittsburgh, y fui donde ella, y le dije, «Señora Winnerling», le dije, «¿podría darme algunas lecciones de piano?»  Ella dijo, «Oh, absolutamente.  Me encantaría darte clases de piano»; así que fui a mi primera lección con la señora Winnerling, y me senté.  

Ella dijo, «Bueno, ¿qué quieres estudiar?»  Y yo dije «Oh, señora Winnerling», le dije: «Me he enamorado de la música de Chopin, así que lo primero que quiero hacer es aprender el Nocturno en Mi bemol mayor de Chopin. Y ella me miró y sonrió.  Y dijo, «Bien».  Ella preguntó, «¿Cuánto entrenamiento de piano tienes?» Le dije: «Bueno, llegué hasta la segunda mitad de John Thompson, la primera mitad del libro del segundo curso de John Thompson», y ella sonrió y se rió, y ella dijo: «Bueno cariño», dijo, «no hay manera que puedas tocar el Nocturno de Chopin en Mi bemol mayor.  Tienes que tener – tienes que estar como en el sexto curso. Tendremos que retomar donde lo dejaste, y partir de ahí en adelante, y tal vez en un par de años podamos intentar con el Nocturno».  Le dije: «No, no entiende, señora Winnerling.»  Le dije: «Quiero aprender el Nocturno ahora, ahora mismo». Y de nuevo sonrió.  Ella me conocía, conocía mi impetuosidad y todo lo demás, y ella dijo, «Está bien».  Ella dijo, «Voy a hacer un trato contigo. Trabajaremos con el Nocturno ahora mismo siempre y cuando prometas hacer estos ejercicios que son correctivos entretanto», por lo que me asignó el primer compás del Nocturno para la primera semana.  Y después de seis meses finalmente pude tocar la pieza, pero luego mis estudios de piano se interrumpieron al ir a Europa a la escuela de posgrado, y llegué a otra meseta de tocar el piano donde quedé atascado.  Quedé paralizado. No pude seguir adelante.  Quince años más tarde conocí a un hombre que era un músico de jazz, y lo escuché tocar jazz, y me dejó boquiabierto.  

Y él me dio el incentivo para empezar de nuevo, así que empecé una vez más a tomar clases, y de nuevo pude llegar a otra meseta. Bueno, no quiero aburrirlos con la historia de mi participación en las clases de piano, pero lo que aprendí de la vida, estudiando piano, es esto: 

que tenemos una tendencia a iniciar rápidamente ciertos proyectos e involucrarnos y estar absortos en aquello que estamos tratando de aprender o tratando de lograr o tratando de hacer y tan pronto como nos encontramos con un obstáculo, o llegamos a una de esas mesetas difíciles donde quedamos temporalmente paralizados, ahí es donde renunciamos. Decimos: «He llegado al límite de mi habilidad.  Ya no puedo mas», pero la única manera de avanzar en cualquier proyecto es perseverar a través de ese nivel de parálisis para que podamos superar el bloqueo y seguir adelante. De hecho, si nos fijamos en algo, verán que cuanto más alto vayamos en nuestros intentos de dominar un procedimiento, más fácil es mejorar y mejorar después de aprender a superar esas mesetas. Ahora, ¿qué tiene que ver eso con agradar a Dios? Obviamente no todos estamos llamados a ser pianistas clásicos, pero todos estamos llamados a agradar a Dios.  He hablado muchas veces sobre la prioridad de la vida cristiana, tal como Jesús la declara en su enseñanza cuando Él les dice a sus discípulos que busquen primero el reino de Dios y su justicia y todas las otras cosas les serán añadidas.  En otra parte, Jesús hace una declaración muy extraña y enigmática sobre este reino de Dios.  Habla de la aparición del reino de Dios, y llama a sus discípulos a ir y contar del reino de Dios, y dice que los violentos la conquistan por la fuerza.  Ahora bien, eso, tal vez, puede ser una idea negativa que sugiere que los enemigos del reino de Dios utilizan la violencia para tratar de oponerse al reinado de Dios, o puede significar – y creo que significa – que lo que Él está diciendo es que aquellos que se toman en serio lo de agradar a Dios no son casuales o negligentes en su búsqueda del reino de Dios, sino que son como hombres violentos que asaltan las murallas del enemigo hasta que las derriban. 

Jesús dijo: «Así es el reino.  Es como una mujer que ha perdido una moneda y ella barre toda la casa y la pone de cabeza.  Ella está obsesionada hasta que encuentre esa moneda. «No puedo imaginar cómo Jesús fue lo suficientemente ingenioso en el siglo I como para contar una historia basada en la vida de mi esposa. Si vieras lo que sucede en mi casa cuando mi esposa pierde su bolso, sabrías lo que Jesús tenía en mente cuando él hablaba de esta mujer barriendo la casa de lado a lado para encontrar esa moneda. Mi esposa siempre está escondiendo cosas para mantenerlas a salvo de ladrones o – No sé de qué las está escondiendo, pero ella tiene estos escondites insólitos para sus joyas y para su bolso.  El único problema es que después de que ella los esconde, se olvida dónde los esconde, y han sido escondites tan insólitos que no puede encontrar lo que ha escondido, y luego tenemos que pasar por el proceso de levantar las alfombras, sacar los cajones del armario, revisar la ropa de invierno, todo para tratar de encontrar esa cosa.  

Jesús dijo: «El reino de Dios es como un hombre que encuentra una perla extraordinaria tan preciosa y tan valiosa – singular en su magnificencia – que esa persona tiene una pasión tan profunda por poseer esa perla – la cual es más costosa que cualquier otra perla – que él va y vende todo lo que tiene para poder poseer esa sola perla». Jesús dijo: «El reino de Dios es como un hombre que perdió a su hijo».  Ya mencioné que ese hijo, el hijo pródigo, que va al país lejano y desperdicia la herencia de su padre.  Tú ves estas casas rodantes en las carreteras con calcomanías en el parachoques posterior y ves a esta linda pareja jubilada conduciendo esta linda casa rodante por la carretera, y diciendo en la parte de atrás: “Estamos gastando la herencia de nuestros hijos. Bueno, cómo verías que tus hijos gasten la herencia por adelantado, antes que tú mueras, y cómo verías – si hay un letrero en el auto del hijo – en la parte posterior del auto que dice, «Estoy gastando el dinero de la jubilación de mi padre.»  Eso es lo que hizo el hijo pródigo.  Él fue y desperdició todo lo que su padre trabajó tan duro para ganar, y luego deshonró a la familia con su vida desenfrenada.  Ya conocen la historia; pero, sin embargo, cuando volvió en sí, y en total degradación y humillación después de vivir con los cerdos y oler terrible, con la cabeza inclinada, y en ruinas, empezó su camino a casa.  

Él se dijo a sí mismo: «Me levantaré e iré a mi padre».  Pero el punto de la historia es que cuando ese hijo todavía estaba lejos, el padre ansioso, ya que no sabía nada de lo que le había sucedido a su hijo desde que se fue, vio venir a su hijo a lo lejos, y se nos dice que el padre saltó de donde estaba y corrió a su encuentro por el camino – es decir, en aquellos días, los patriarcas judíos llevaban túnicas. Ahora, sólo puedo ver a este hombre, con las rodillas descubiertas, corriendo por el camino para encontrar a su hijo, y cuando alcanzó a su hijo, puso sus brazos sobre su cuello y lo abrazó, y ordenó a sus sirvientes que mataran al ternero engordado, que consiguieran el anillo familiar y le dio honor a su hijo.  Él dijo: «Porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Todas esas parábolas – el hijo pródigo, la moneda perdida, la perla de gran precio – son parábolas que enfatizan la importancia de avanzar en pos del reino de Dios – de avanzar más allá de los puntos de parálisis, la meseta donde las cosas se vuelven tan difíciles que nos detenemos. Ahora, ustedes, que son cristianos, recuerden los inicios de su experiencia cristiana, el celo, el fuego y la pasión que tuvieron.  Probablemente alejaste a todos tus amigos porque eras odioso y demasiado insistente, y estabas tan emocionado que querías contarle a todo el mundo lo que te pasó.

Todos pasamos por eso, pero luego hemos aprendido a adaptarnos para acomodar a nuestros amigos, y hemos aprendido a ajustar nuestras metas hacia abajo, porque al comenzar a crecer, como una especie de brote de pubertad, de repente llegamos a esa meseta, y nos calmamos.

Dijimos, «Oh, voy a leer la Biblia de principio a fin.»  Pasamos por Génesis, pasamos por Éxodo, y luego llegamos a Levítico, y muchos de nosotros paramos cuando llegamos a Levítico. Algunos perseveraron a través de Levítico hasta llegar a Números, y después de empezar Números, dijeron: «No puedo más», y entonces renunciaron.  Y esto es lo que pasa: Empezamos, pero no terminamos lo que empezamos.  Damas y caballeros, lo que agrada a Dios es alguien que se anota por toda la vida, alguien que ora todos los días, «Venga tu reino»;

alguien que pasa su vida – no sólo el comienzo de su vida – pasa su vida buscando el reino de Dios. De nuevo, Edwards hizo esta declaración: que, «La búsqueda del reino de Dios no es algo que los incrédulos hacen.  La búsqueda del reino de Dios es el interés principal del cristiano», y es una tarea para toda la vida. Es una búsqueda permanente, y creo que eso es lo que significa ser discípulo, es estar bajo la disciplina de alguien más maduro. Si yo quería superar mis períodos de parálisis en los que estaba estancado en la música, tenía que recurrir a un maestro, un maestro que estaba al otro lado de esa meseta y que podía ayudarme a cruzar el umbral hacia una nueva liberación y una nueva libertad, y creo que lo mismo es cierto en la vida espiritual y en el crecimiento espiritual. Por último, permítanme darles esta ilustración de cómo Dios está complacido por aquellos que buscan su reino.  Otra vez, cuando era niño, fui al cine, y no recuerdo ni siquiera el título exacto de la película o incluso quién protagonizó la película.  

Tenía que ver con las aventuras de Robin Hood, y no sé si fue Errol Flynn o Douglas Fairbanks, Jr.: creo que fue Douglas Fairbanks, Jr. quien tocó en esa versión en particular, donde Basil Rathbone era el Sheriff de Nottingham; y vi esa historia mágica de Robin Hood en la pantalla, y me cautivó.  ¡Qué historia tan tremenda!  El rey de la tierra – Ricardo – tiene que partir e ir en una misión espiritual, y mientras él se ha ido, su reinado y su poder y su autoridad es usurpado por el malvado príncipe Juan, su hermano menor.  Ahora, Robin Hood es leal al rey, pero el rey se ha ido, por lo que Robin Hood y sus hombres se ven obligados a vivir en el bosque, encontrando refugio allí en el campo.  Entonces, le ponen precio a su cabeza, y tú ves el conflicto a lo largo de toda la historia, de alguien que es leal a un rey foráneo, al rey que se ha ido, y que no se someterá al usurpador que ha suplantado al rey legítimo.  Robin Hood vive para agradar al rey Ricardo, no al príncipe Juan. Y luego al final de la película, Sir Richard hace caballero a Robin Hood, convirtiéndolo en el conde de Loxley porque él perseveró. 

Vivió – Robin Hood vivió en la presencia de su rey, bajo la autoridad de su rey, para la honra y la gloria de su rey.  No veo mejor paralelo al llamado del cristiano, quien agradará a su Dios antes que servir al que ahora está entronizado como rey de reyes; y en su ausencia procurará complacerlo, honrarlo y obedecerlo.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.