La Vergüenza de la Cruz | John MacArthur

La Vergüenza de la Cruz
John MacArthur

Predicamos un mensaje vergonzoso cuando predicamos a JesĆŗs en la cruz. Morir crucificado era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que habĆ­a muerto crucificado era absolutamente inimaginable. Por supuesto, hoy no vemos que crucifiquen a nadie como los lectores de Pablo veĆ­an en el siglo I, asĆ­ que, en cierta medida, el impacto se pierde para nosotros.

Pero Pablo sabĆ­a a quĆ© se enfrentaba: ā€œLa palabra de la cruz es locura a los que se pierdenā€ (1 Corintios 1:18); ā€œLos judĆ­os piden seƱales, y los griegos buscan sabidurĆ­a; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judĆ­os ciertamente tropezadero, y para los gentiles locuraā€ (vv. 22-23). El mensaje de la cruz es locura, moria en griego, que quiere decir fatuo, ignorante, insensato.

Los versĆ­culos 22 y 23 nos dicen que los judĆ­os buscaban seƱal. ā€œSi eres el MesĆ­asā€, le habĆ­an dicho a JesĆŗs, ā€œdanos una seƱalā€. Esperaban algĆŗn prodigio grandioso, sobrenatural, que identificara al MesĆ­as prometido y lo condujera a Ɖl. QuerĆ­an algo espectacular. Aunque JesĆŗs les habĆ­a dado milagro tras milagro durante su ministerio, querĆ­an una especie de supermilagro que todos pudieran ver y decir: ā€œĀ”Esa sĆ­ es la seƱal! Ā”Esa es por fin la prueba de que este es el MesĆ­as!ā€

A los griegos, por el contrario, no les interesaba tanto lo milagroso. No buscaban una señal sobrenatural; lo que buscaban era sabiduría. Querían validar la religión verdadera mediante alguna noción trascendental, alguna idea elevada, algún conocimiento esotérico, alguna especie de experiencia espiritual, tal vez una experiencia fuera del cuerpo o algún otro episodio imaginario y emocional.

Los griegos querían sabiduría y los judíos querían una señal. Dios les dio exactamente lo opuesto. Los judíos recibieron un Mesías crucificado: escandaloso, blasfemo, estrambótico, hiriente, increíble. Para los griegos que buscaban conocimiento esotérico, algo altilocuente y noble, ese sinsentido sobre el eterno Dios creador del universo crucificado era una insensatez.

Desde el punto de vista tanto griego como romano, el estigma de la crucifixión convertía en un absurdo absoluto la noción del evangelio que afirmaba que Jesús era el Mesías. Un vistazo a la historia de la crucifixión en Roma del siglo I revela lo que los contemporÔneos de Pablo pensaban al respecto. Era una forma horrible de pena capital originaria, muy probablemente, del imperio persa; pero otros bÔrbaros la usaban también. El condenado sufría una muerte agonizantemente lenta por asfixia, y se debilitaba gradualmente al punto traumÔtico de no poder levantarse con los clavos que sujetaban sus manos, ni de empujarse con el clavo que atravesaba sus pies, lo suficiente como para respirar profundamente.

Esto fijó el horror de la crucifixión en la mente judía. Los romanos llegaron al poder en Israel en el año 63 a.C., y usaron mucho la crucifixión. Algunos escritores dicen que las autoridades romanas crucificaron como a treinta mil personas en esa época. Tito Vespasiano crucificó tantos judíos en el año 70 d.C. que los soldados no tenían espacio para las cruces ni suficientes cruces para los cuerpos. No fue sino hasta el año 337, cuando Constantino abolió la crucifixión, que la cruz desapareció después de un milenio de crueldad en el mundo.

La crucifixión era una forma de ejecución repugnante, denigrante, reservada para lo peor de la sociedad. La idea de que un individuo que murió en la cruz hubiera sido una persona excepcional, elevada, noble, importante, era absurda. Los ciudadanos romanos, por lo general, estaban exentos de la crucifixión, excepto si cometían traición. Las autoridades reservaban la cruz para los esclavos rebeldes y los pueblos conquistados, y para los ladrones y asesinos mÔs notorios. La política del Imperio Romano en cuanto a la crucifixión llevó a los romanos a tener a cualquier crucificado como digno de desprecio absoluto. Usaban la cruz solo para la escoria, para los mÔs humillados, para los mÔs bajos de los mÔs bajos.

Los soldados primero azotaban a las víctimas, luego las obligaban a llevar su cruz, el instrumento de su propia muerte, al sitio de la crucifixión. Los letreros que les colgaban del cuello indicaban los crímenes que habían cometido, e iban totalmente desnudos. Luego, los soldados los ataban o clavaban al travesaño, los izaban para colocarlos en el poste vertical, y los dejaban allí colgados, desnudos. Los verdugos podían acelerar la muerte quebrÔndoles las piernas, porque eso hacía que la víctima no pudiera empujarse hacia arriba para poder llenarse los pulmones de aire. Si no les quebraban las piernas, la muerte podía tardar días. La humillación final era dejar el cuerpo colgado allí hasta que se pudriera.

Los gentiles tambiĆ©n veĆ­an a todo crucificado con el mĆ”s completo desdĆ©n. Era una escena prĆ”cticamente obscena. La sociedad educada simplemente no hablaba de la crucifixión. Cicerón escribió: ā€œLa sola palabra ā€˜cruz’ deberĆ­a eliminarse, no solo de la persona del ciudadano romano, sino de sus pensamientos, sus ojos y sus oĆ­dosā€.

Y ante todo esto, Pablo vino y todo lo que habló fue acerca de… Ā”la cruz! Podemos captar algo del profundo desprecio que los gentiles tenĆ­an por cualquier crucificado en algunas de las afirmaciones paganas en cuanto a Cristo. Las palabras pintadas en una piedra en un salón de guardias de la Colina Palatina, cerca del Circo MĆ”ximo, en Roma, muestran la figura de un hombre con cabeza de asno colgando de una cruz. Debajo, se halla un hombre en gesto de adoración y la inscripción dice: ā€œElexa Manos adora a su Diosā€. Tal repulsiva representación del SeƱor Jesucristo ilustra vĆ­vidamente el desdĆ©n del pagano por un crucificado, y particularmente por un Dios crucificado. La primera apologĆ­a de Justino, en el aƱo 152 d. C., resume la noción de los gentiles: ā€œProclaman que nuestra locura consiste en esto, que ponemos a un crucificado a un nivel igual al del Dios eterno e inmutableā€. Ā”Locura!

Si la actitud de los gentiles era mala, la actitud de los judĆ­os era peor, e incluso mĆ”s hostil. Detestaban la prĆ”ctica romana y se mofaban de ella mĆ”s que los romanos. En su opinión, el que acababa en una cruz cumplĆ­a Deuteronomio 21.23: ā€œNo dejarĆ©is que su cuerpo pase la noche sobre el madero… porque maldito por Dios es el colgadoā€. ĀæQuiere decir esto que el eterno Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el SeƱor mismo, recibió maldición? ĀæCómo podĆ­a Dios maldecir a Dios? Es absolutamente impensable. ĀæQuĆ© Dios maldijo al MesĆ­as? Para los judĆ­os era inconcebible.

Veían la crucifixión no solo como un estigma social, sino como maldición divina. Así que el estigma de la cruz significaba, mÔs allÔ de la desgracia social, la misma condenación divina. La MishnÔ, que es un comentario de la ley del Pentateuco producido en el siglo II d.C., indicaba que se debía crucificar solo a los blasfemos y a los idólatras, e incluso en esos casos, los verdugos colgaban sus cuerpos en la cruz solamente después de muertos. ¿Cómo podía el Mesías ser blasfemo? ¿Cómo podía Dios blasfemar contra Dios? Los judíos se atragantaban con la idea de un Cristo crucificado. Esto hacía al evangelio imposible de creer.

¿Piensa usted que tiene problemas en proclamar el evangelio hoy? Imagínese a los primeros cristianos. Si decían la verdad, enfrentaban un obstÔculo masivo: sus afirmaciones eran locura, escandalosas, procaces, blasfemas, increíbles.

Pablo no era un predicador de mensaje fĆ”cil. Dios mismo, en forma del Cristo crucificado, era el mayor obstĆ”culo para creer en Ɖl. Francamente, no parece que Dios pudiese haber puesto una barrera mĆ”s formidable a la fe en el primer siglo. No puedo pensar en una peor forma de mercadeo para el evangelio que predicarlo asĆ­.

”No es extraño que tanto los gentiles como los judíos detestaron el mensaje de Pablo! Era un mensaje que estaba mÔs allÔ de la credulidad humana. No era un mensaje fÔcil para el que busca, sino absurdo y hasta aberrante.

(Adaptado de DifĆ­cil de Creer)

Fuente: https://www.gracia.org/library/blog/GAV-B233107bnnbbnbbngtbv ujhn b

Avergonzados de JesĆŗs | John MacArthur

Avergonzados de JesĆŗs
by John MacArthur

No estoy seguro de si usted ha notado, como yo, lo difĆ­cil que es para los creyentes en televisión o ante el pĆŗblico decir el nombre JesĆŗs. Incluso lĆ­deres evangĆ©licos bien conocidos evitan ese nombre al hablarle a un pĆŗblico numeroso, y evitan mencionar ā€œcruzā€, ā€œpecadoā€, ā€œinfiernoā€ y otros tĆ©rminos fundamentales de la fe. Hablan mucho de la fe de una manera general y poco comprometedora, pero esquivan cualquier afirmación que les exija adoptar una posición.

En los dĆ­as que siguieron al ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, muchos estadounidenses instintivamente buscaron valor y solaz en Cristo. Pero incluso en ese entonces, en un servicio en la Catedral Nacional de Washington, D.C, que se transmitió en vivo a todo el mundo, un ministro cristiano elevó una oración en el nombre de JesĆŗs, pero ā€œrespetando a todas las religionesā€. ĀæA todas las religiones? ĀæA los druidas? ĀæA los que adoran a los gatos? ĀæA las brujas? Un ministro cristiano de una iglesia cristiana no debe sentirse obligado a condicionar ni a pedir disculpas por orar al Ćŗnico Salvador verdadero.

Pablo dio una afirmación impresionante en Romanos 1:16-17:

ā€œPorque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judĆ­o, primeramente, y tambiĆ©n al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como estĆ” escrito: Mas el justo por la fe vivirĆ”ā€.

ĀæPor quĆ© dijo Pablo: ā€œNo me avergüenzo del evangelio?ā€ ĀæQuiĆ©n se va a avergonzar de noticias buenas como estas? Si alguien encuentra la cura para el SIDA, Āælo abrumarĆ­a la vergüenza como para no proclamarla? Si alguien descubriera una cura para el cĆ”ncer, ĀæsentirĆ­a tan terrible vergüenza como para no poder abrir la boca? ĀæPor quĆ© es tan difĆ­cil mencionar la cruz?

Aunque el mensaje de salvación que Pablo proclamaba era el mensaje mÔs maravilloso e importante de la historia, el público y las autoridades lo habían tratado de manera humillante por predicarlo vez tras vez. Ya por aquel entonces en su ministerio, lo habían apresado en Filipos (Hechos 16:23-24), lo habían obligado a salir corriendo de Tesalónica (Hechos 17:10), lo habían hecho escabullirse de Berea (Hechos 17:14), se habían reído de él en Atenas (Hechos 17:32), lo habían tildado de loco en Corinto (1 Corintios 1:18, 23) y lo habían apedreado en Galacia (Hechos 14:19). Tenía muchas razones para avergonzarse, pero su entusiasmo por el evangelio no disminuía. JamÔs, ni por un momento, consideró diluirlo para hacerlo mÔs atractivo al público.

En algĆŗn momento u otro de nuestra vida como creyentes, todos hemos sentido vergüenza y hemos mantenido nuestra boca cerrada cuando debimos haberla abierto. O, llegada la oportunidad, nos hemos escondido detrĆ”s de algĆŗn mensaje inocuo tipo ā€œJesĆŗs te ama y quiere que seas felizā€. Si usted nunca se ha sentido avergonzado por proclamar el evangelio, probablemente nunca lo ha proclamado claramente, en su totalidad, tal como JesĆŗs lo proclamó.

ĀæPor quĆ© no puede el creyente ejecutivo de negocios testificar ante su junta administrativa? ĀæPor quĆ© el catedrĆ”tico universitario creyente no puede pararse ante la facultad entera y proclamar el evangelio? Todos queremos que nos acepten, y sabemos, como Pablo lo descubrió tantas veces, que tenemos un mensaje que el mundo rechazarĆ”; y que mientras mĆ”s nos aferremos a ese mensaje, mĆ”s hostil se volverĆ” el mundo. AsĆ­ es como empezamos a sentir vergüenza. Pablo superó eso por la gracia de Dios y el poder del EspĆ­ritu, y dijo: ā€œNo me avergüenzoā€. Es un ejemplo contundente para nosotros, porque sabemos el precio de la fidelidad a la verdad: el rechazo del pĆŗblico, la cĆ”rcel y, al final, la ejecución.

La naturaleza humana en realidad no ha cambiado gran cosa en toda la historia; la vergüenza y el honor eran asuntos muy serios en el mundo antiguo, tal como lo son hoy. AllĆ” por el siglo IX antes de Cristo, el poeta Ć©pico Homero escribió: ā€œEl bien principal era que hablaran bien de uno, y el mal mayor, que hablaran mal de uno en la sociedadā€. En el siglo I de nuestra era, el apóstol Pablo ministraba en una cultura sensible a la vergüenza, que buscaba el honor, y sin sentir vergüenza alguna, predicaba un mensaje ofensivo respecto de una persona a quien habĆ­an avergonzado en pĆŗblico. Era un mensaje muy hiriente. Era escandaloso. Era necio. Era insensato. Era anacrónico.

Sin embargo, como dice 1 Corintios 1:21, ā€œagradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicaciónā€. Era este escandaloso, hiriente, necio, ridĆ­culo, extraƱo, absurdo mensaje de la cruz el que Dios usaba para salvar a los que creen. Las autoridades romanas ejecutaron a su Hijo, el SeƱor del mundo, por un mĆ©todo reservado solo para las heces de la sociedad; sus seguidores tendrĆ­an que ser lo suficientemente fieles como para arriesgarse a sufrir el mismo fin vergonzoso.

(Adaptado de DifĆ­cil de Creer)

Fuente: https://www.gracia.org/library/blog/GAV-B232407

La Dura Verdad | John MacArthur

La Dura Verdad
by John MacArthur


Tal vez el mito dominante en la iglesia evangĆ©lica actual es que el Ć©xito del cristianismo depende de lo popular que sea, y que el Reino de Dios y la gloria de Cristo de alguna manera avanzarĆ”n sobre la base del favor del pĆŗblico. Esta es una fantasĆ­a antigua. Recuerdo haber leĆ­do una cita del apologista Edward John Carnell en la biografĆ­a del predicador galĆ©s David Martyn Lloyd-Jones escrita por lan Murray. En sus aƱos formativos en el Seminario Teológico Fuller, Carnell decĆ­a respecto del evangelicalismo: ā€œNecesitamos prestigio desesperadamenteā€.

Los creyentes se han esforzado mucho por colocarse en posiciones de poder dentro de la cultura. Buscan influencia académica, política, económica, atlética, social, teatral y religiosa, y en toda otra forma posible, con la esperanza de lograr que los medios de comunicación masiva los tomen en cuenta. Pero cuando logran esa exposición, a veces mediante los medios de comunicación masiva, a veces en el ambiente de iglesias de mente bien abierta, presentan un evangelio reinventado y diseñado a la moda que sutilmente elimina la ofensa del evangelio, e invita a la gente al Reino por un sendero fÔcil. Descartan todas las cosas difíciles de creer en cuanto al sacrificio de uno mismo, a aborrecer a la familia y cosas por el estilo.

La ilusión es que podemos predicar nuestro mensaje mĆ”s eficazmente desde las encumbradas perchas del poder e influencia culturales, y que una vez que hayamos captado la atención de todos, podemos conducir a mĆ”s personas a Cristo si le quitamos al evangelio su aguijón y predicamos un mensaje que agrade al usuario. Pero para llegar a esas perchas encumbradas, algunas figuras pĆŗblicas ā€œcristianasā€ diluyen la verdad y la acomodan; luego, para mantenerse allĆ­, ceden a la presión de perpetuar la enseƱanza falsa para que su pĆŗblico siga siĆ©ndoles leal. Decir la verdad se convierte en una decisión profesional errónea.

Los pastores de las iglesias locales estƔn entre los primeros en dejarse seducir para usar este evangelio de moda, diseƱado para que encaje en el deseo del pecador y tergiversado astutamente para superar la resistencia del consumidor. Planifican las reuniones de la iglesia para que se vean, suenen, se sientan y huelan como el mundo, a fin de eliminar la resistencia del pecador y seducirle al Reino por un sendero fƔcil y familiar.

La idea es hacer que el cristianismo sea fƔcil de creer, pero la verdad simple, inmutable e inexorable es que el Evangelio es difƭcil de creer. Es mƔs, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible.

Esta es la filosofĆ­a de moda: ā€œSi les gustamos, les gustarĆ” JesĆŗsā€. Esta estrategia funciona superficialmente, pero solo si comprometemos la verdad. No podemos simplemente criticar a los predicadores locales por reinventar el evangelio, porque no estĆ”n actuando en forma distinta a los tele-evangelistas de renombre y otros evangĆ©licos mĆ”s ampliamente conocidos.

Para mantener sus cargos de poder e influencia tan pronto los han alcanzado, mantienen esta tenue alianza con el mundo en nombre del amor, el atractivo y la tolerancia, y para conservar contentos a los inconversos en la iglesia deben reemplazar la verdad con algo que aliente y que no ofenda. Como dijo cierto calvinista una vez: ā€œA veces, no presentamos el evangelio lo suficientemente bien para que los que no son elegidos lo rechacenā€.

Ahora bien, no quiero que se me malentienda. Estoy comprometido a proclamar el evangelio hasta donde me sea posible aquí y en todo el mundo. Prefiero que la justicia prevalezca sobre el pecado. Prefiero elevar a los justos y exponer el pecado tal y como es, en toda su capacidad destructora. Anhelo ver que la gloria de Dios se extienda hasta los confines de la tierra. Anhelo ver la luz divina inundando el reino de las tinieblas. Ningún hijo de Dios se contenta jamÔs con el pecado, la inmoralidad, la injusticia, el error y la incredulidad. El oprobio que cae sobre el Señor cae sobre mí, y el celo de su casa me consume, tal como a David y a Jesús.

Sin embargo, detesto las iglesias del mundo que se han convertido en refugio de herejes. Me disgusta una iglesia de la televisión que, en muchos casos, se ha convertido en cueva de ladrones. Me encantarĆ­a ver al SeƱor divino empuƱando un lĆ”tigo y azotando a la religión de nuestro tiempo. A veces, oro salmos que condenan a ciertas personas. Pero casi siempre, oro para que el Reino venga. La mayorĆ­a de las veces, oro que el evangelio penetre en el corazón de los perdidos. Comprendo por quĆ© John Knox dijo: ā€œDame Escocia o me muero. ĀæPara quĆ© mĆ”s podrĆ­a yo vivir?ā€ Comprendo por quĆ© el misionero pionero Henry Martyn salió corriendo de un templo hindĆŗ exclamando: ā€œNo soporto vivir si deshonran a JesĆŗs de esta maneraā€.

Fui a una entrevista radial en una emisora importante, en cierta ciudad grande, donde la animadora era una reconocida ā€œconsejera cristianaā€. Ella tenĆ­a un programa diario de tres horas, aconsejando a los oyentes que llamaban para contarle toda clase de problemas, algunos muy serios. Pero por las preguntas que me hizo en el programa, me pareció que ella no habĆ­a leĆ­do mucho en cuanto a la doctrina cristiana. Fuera del aire, durante los comerciales, me dijo:

ā€œUsted usa la palabra ā€˜santificación’. ĀæQuĆ© quiere decir eso?ā€

Eso fue un indicio. Si ella no sabía lo que significaba la santificación, tenía tarea por hacer. Todavía estÔbamos fuera del aire, por lo que le pregunté:

ā€œĀæCómo llegó usted a ser creyente? Nunca olvidarĆ© su respuesta. Me dijo: ā€œFue fantĆ”stico. Un dĆ­a, encontrĆ© el nĆŗmero de telĆ©fono de JesĆŗs, y desde entonces, hemos estado en contactoā€.

ā€œĀæQuĆ©?ā€, le preguntĆ©, tratando de no parecer demasiado incrĆ©dulo. ā€œĀæQuĆ© quiere decir?ā€

ā€œĀæQuĆ© quiere decir con eso de ā€˜ĀæquĆ© quiero decir?ā€™ā€, me respondió bruscamente.

Ella no entendĆ­a que hasta su ā€œtestimonioā€ necesitaba una explicación. Luego, me preguntó:

ā€œĀæCómo llegó usted a ser creyente?ā€

Entonces, empecĆ© a hablarle brevemente del evangelio, pero me cortó y me dijo: ā€œEh, ĀæquĆ© pasó? No hay que andar entrando en todo eso, Āæverdad que no?ā€

SĆ­, claro que sĆ­.

No le doy tregua a la forma como marcha el mundo. Me disgusta todo lo que deshonra al SeƱor. Estoy en contra de todo lo que Ɖl estĆ” en contra y a favor de todo lo que Ɖl respalda. Anhelo ver que se conduzca a las personas a la fe salvadora en Jesucristo. Detesto que los pecadores mueran sin esperanza. Me he consagrado a la proclamación del evangelio. No soy limitado en esto. Quiero ser parte del cumplimiento de la Gran Comisión. Quiero predicar el evangelio a toda criatura.

No es que no me interesen los perdidos del mundo, ni que haya hecho una tregua fĆ”cil con un mundo pecador que deshonra a mi Dios y a Cristo. Para mĆ­ la Ćŗnica pregunta es: Āæcómo hago mi parte? ĀæCuĆ”l es mi responsabilidad? Y desde luego, la respuesta no puede ser comprometer el mensaje. El mensaje no es mĆ­o; viene de Dios, y es por ese mensaje que Ɖl salva.

No solo no puedo comprometer el mensaje, sino que tampoco puedo comprometer su costo. No puedo cambiar las condiciones. Sabemos que JesĆŗs dijo: ā€œSi alguno quiere venir en pos de mĆ­, niĆ©guese a sĆ­ mismoā€ (vĆ©ase Lucas 9:23). JesĆŗs dijo que tenemos que llevar nuestra cruz hasta la misma muerte, si Ɖl nos lo pidiera. No puedo evitar que ese evangelio ofenda a una sociedad llena de amor propio.

Y esto sé: la predicación de la verdad influye verdaderamente en el mundo y cambia realmente un alma a la vez. Eso sucede solo mediante el poder del Espíritu Santo que da vida, que envía luz y que transforma el alma, en perfecto cumplimiento del plan eterno de Dios. Su opinión o la mía no son parte de la ecuación.

El Reino no avanza mediante el ingenio humano. No avanza porque hayamos escalado a posiciones de poder e influencia en la cultura. No avanza de acuerdo a la popularidad en los medios de comunicación masivos o en las encuestas de opinión. No avanza como resultado de la preferencia del público.

El Reino de Dios avanza solo por el poder de Dios, a pesar de la hostilidad pública. Cuando proclamamos verdaderamente el mensaje salvador de Jesucristo en su totalidad, es franca y escandalosamente hiriente. Proclamamos un mensaje escandaloso. Desde la perspectiva del mundo, el mensaje de la cruz es vergonzoso. De hecho, es tan vergonzoso, tan antagónico y tan hiriente que incluso a los creyentes les cuesta proclamarlo, porque saben que producirÔ hostilidad y escarnio.

(Adaptado de DifĆ­cil de Creer)

Fuente: https://www.gracia.org/library/blog/GAV-B231707

El gobierno y la guerra by John MacArthur

El gobierno y la guerra
Serie: Comentarios MacArthur

ā€œPorque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo maloā€ (Romanos 13:4).

No estĆ” mal que los cristianos esperen recibir de sus gobiernos protección de la vida y la propiedad. Pablo aprovechó la función que el gobierno tiene de promover lo bueno cuando usó su ciudadanĆ­a romana para asegurar un juicio justo al apelar a CĆ©sar (Hch. 25:11). El apóstol tambiĆ©n experimentó la protección de la ley romana mientras estuvo en Ɖfeso en su tercer viaje misionero. Cuando una multitud fue incitada en su contra por Demetrio el platero, el escribano de la ciudad protegió a Pablo bajo su custodia y advirtió a la muchedumbre que no se alborotaran: Ā«Que si Demetrio y los artĆ­fices que estĆ”n con Ć©l tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acĆŗsense los unos a los otros y si demandĆ”is alguna otra cosa, en legĆ­tima asamblea se puede decidirĀ» (Hch. 19:38-39). . . .

ArtĆ­culo Fuente: https://www.sermonaudio.com/sermons/52913181871


ĀæCómo Limpiar La Conciencia?

porĀ John MacArthur

Una de las cosas que el milagro de la salvación manifiesta es el efecto limpiador y rejuvenecedor que el nuevo nacimiento tiene en la conciencia. En la salvación, el corazón del creyente es ā€œpurificado de una conciencia culpableā€ (Hebreos 10:22). El medio por el cual se limpia la conciencia es la sangre de Cristo (Hebreos 9:14). Eso no significa, por supuesto, que la sangre real de JesĆŗs tenga alguna potencia mĆ­stica o mĆ”gica como agente limpiador de la conciencia. ĀæQuĆ© significa eso?

Los conceptos teológicos involucrados aquĆ­ son sencillos, aunque bastante profundos. La ley del Antiguo Testamento requerĆ­a sacrificios de sangre para expiar el pecado. Pero los sacrificios del Antiguo Testamento no podĆ­an hacer nada por la conciencia. Esos sacrificios no tenĆ­an eficacia real para expiar el pecado, ā€œya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabrĆ­os quite los pecadosā€ (Hebreos 10:4). Simplemente mostraban la fe y la obediencia del adorador mientras presagiaban la muerte de Cristo, que derramarĆ­a su sangre como sacrificio perfecto por el pecado.

El sacrificio de Cristo en la cruz, por lo tanto, logró lo que la sangre de las cabras, la de los toros y las cenizas de las vaquillas solo podĆ­an simbolizar: ā€œĆ‰l mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanadosā€ (1 Pedro 2:24). Nuestros pecados le fueron imputados y Ɖl pagó el castigo por ellos. AdemĆ”s, su justicia perfecta es imputada a los que creemos (Romanos 4:22-24; Filipenses 3:9).

Dado que la culpa de todos nuestros pecados fue borrada por completo con su muerte, y puesto que su justicia intachable se acredita a nuestra cuenta, Dios nos declara inocentes y nos recibe como completamente justos. Esa es la doctrina conocida como justificación. Lo mÔs importante siempre, ademÔs de que nuestra propia conciencia nos condene sin piedad, es que la sangre de Cristo clama por perdón. La expiación de Cristo satisfizo completamente las demandas de la justicia de Dios, por lo que el perdón y la misericordia estÔn garantizados para aquellos que reciben a Cristo con una fe humilde y arrepentida.

ĀæSignifica eso que los creyentes pueden persistir en pecar y aun asĆ­ disfrutar de una conciencia limpia? Absolutamente no. ā€œNosotros, que hemos muerto al pecado, Āæcómo podemos seguir viviendo en Ć©l?ā€ (Romanos 6:2). El nuevo nacimiento implica una revisión completa del alma humana (2 Corintios 5:17). La conciencia lavada y rejuvenecida es solo una evidencia de que esta transformación es un hecho (cf.1 Pedro 3:21). El amor a la justicia y el odio al pecado es otra evidencia (1 Juan 3:3, 8).

Los creyentes cuya conducta contradice su fe hacen que sus conciencias se contaminen (1 Corintios 8:7). Y aquellos que profesan a Cristo, pero en definitiva rechazan la fe y una buena conciencia, sufren naufragio espiritual (1 Timoteo 1:19), es decir, prueban que nunca creyeron realmente (cf.1 Juan 2:19).

Por lo tanto, la conciencia sana va de la mano con la seguridad de la salvación (Hebreos 10:22). El creyente firme debe mantener el enfoque apropiado en la fe para disfrutar de una conciencia que se limpia perennemente de la culpa: ā€œSi confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonarĆ” y nos limpiarĆ” [seguirĆ” limpiĆ”ndonos] de toda maldadā€ (1 Juan 1:9).

”Qué gran regalo es que nos limpie de una conciencia contaminada! De la misma manera que una conciencia afligida es un reflejo del infierno, la conciencia pura es una virtud de la gloria. Irónicamente, una conciencia débil tiene mÔs probabilidades de acusar que una conciencia fuerte. Las Escrituras la llaman conciencia débil porque es muy fÔcil de herir. Por eso, en nuestro próximo artículo veremos: Cómo vencer una conciencia débil.

ĀæQuĆ© es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

porĀ John MacArthurĀ 

La conciencia casi siempre es vista por el mundo moderno como un defecto que les roba a las personas su autoestima. Sin embargo, lejos de ser un defecto o un desorden, la capacidad que tenemos de sentir nuestra propia culpa es un magnĆ­fico obsequio divino. Dios diseñó la conciencia en el marco mismo del alma humana. 

La conciencia, escribió el puritano Richard Sibbes en el siglo XVII, es el alma reflexionando sobre sĆ­ misma.[1] La conciencia es la esencia de lo que distingue a la criatura humana. Las personas, a diferencia de los animales, pueden contemplar sus propias acciones y hacer autoevaluaciones morales. Ɖsa es la función propia de la conciencia. 

La conciencia es una habilidad innata cuya función es discernir lo correcto y lo incorrecto. Todos, incluso los paganos menos espirituales, tienen conciencia: ā€œCuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sĆ­ mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusanā€ (Ro. 2:14-15, Ć©nfasis agregado). 

La conciencia nos suplica que hagamos lo que creemos que es correcto y nos impide hacer lo que creemos que es incorrecto. La conciencia no se debe equiparar con la voz de Dios o la ley de Dios. Es una facultad humana que juzga nuestras acciones y pensamientos a la luz del mĆ”s alto nivel que percibimos. Cuando violamos nuestra conciencia, Ć©sta nos condena, provocando sentimientos de vergüenza, angustia, arrepentimiento, consternación, ansiedad, desgracia e incluso miedo. Cuando seguimos nuestra conciencia, Ć©sta nos elogia, trayendo alegrĆ­a, serenidad, autoestima, bienestar y regocijo. 

La conciencia estĆ” por encima de la razón y mĆ”s allĆ” del intelecto. Podemos racionalizar, tratando de justificarnos en nuestras propias mentes, pero una conciencia violada no se convencerĆ” fĆ”cilmente. Es posible anular virtualmente la conciencia mediante el abuso repetido. Pablo habló de personas cuyas conciencias estaban tan pervertidas que su ā€œgloria es su vergüenzaā€ (Fil. 3:19; cf. Ro. 1:32). Tanto la mente como la conciencia pueden contaminarse a tal punto que dejen de distinguir entre lo que es puro y lo que es impuro (cf. Tit. 1:15). DespuĆ©s de tanta violación, la conciencia finalmente se calla. Moralmente, aquellos con conciencias contaminadas se quedan volando a ciegas. Las seƱales de advertencia molestas pueden desaparecer, pero el peligro ciertamente no; de hecho, el peligro es mayor que nunca.   

AdemĆ”s, incluso la conciencia mĆ”s contaminada no permanece en silencio para siempre. Cuando nos juzgamos, la conciencia de cada persona se pondrĆ” del lado de Dios, el juez justo. El peor malhechor endurecido por el pecado descubrirĆ” ante el trono de Dios que tiene una conciencia que testifica en su contra. 

La conciencia, sin embargo, no es infalible. La conciencia estĆ” informada tanto por la tradición como por la verdad, por lo que los estĆ”ndares que nos obligan no son necesariamente bĆ­blicos (1 Co. 8:6-9). La conciencia puede estar condenando innecesariamente en Ć”reas en las que no hay problema bĆ­blico. La conciencia, para operar plenamente y de acuerdo con la verdadera santidad, debe ser instruida por la Palabra de Dios. La conciencia reacciona a las convicciones de la mente y, por lo tanto, puede ser alentada y agudizada en concordancia con la Palabra de Dios. 

El cristiano sabio quiere dominar la verdad bĆ­blica para que la conciencia estĆ© completamente instruida y juzgue bien porque estĆ” respondiendo a la Palabra de Dios. Una dieta periódica de lectura de las Escrituras fortalecerĆ” una conciencia dĆ©bil o restringirĆ” una hiperactiva. Por el contrario, el error, la sabidurĆ­a humana y las influencias morales erradas que llenan la mente corromperĆ”n o paralizarĆ”n la conciencia. 

En otras palabras, la conciencia funciona como un tragaluz, no como una bombilla. Deje entrar la luz en el alma; no produzca la suya. Su efectividad estĆ” determinada por la cantidad de luz pura a la que la exponemos y por lo limpia que la mantenemos. CĆŗbrala o póngala en la oscuridad total y dejarĆ” de funcionar. Es por eso que el apóstol Pablo habló de la importancia de una conciencia limpia (1 Ti. 3:9) y advirtió contra cualquier cosa que contamine o enturbie la conciencia (1 Co. 8:7; Tit. 1:15). 

La conciencia estĆ” al tanto de todos nuestros pensamientos y motivos secretos. Por lo tanto, es un testigo mĆ”s preciso y formidable en la sala del tribunal del alma que cualquier observador externo. La conciencia es una parte indivisible del alma humana. Aunque puede estar endurecida, cauterizada o adormecida en latencia aparente, la conciencia continĆŗa almacenando evidencia que algĆŗn dĆ­a usarĆ” como testimonio para condenar el alma culpable. 

La semana que viene veremos que debido a que la conciencia es el sistema automÔtico de advertencia del alma, es ella misma la que inicia el juicio en el tribunal imaginario, en el consejo del corazón humano. 

7 – LA PERSONA Y EL MINISTERIO DEL ESPƍRITU SANTO

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

7 – LA PERSONA Y EL MINISTERIO DEL ESPƍRITU SANTO

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVƉS DE DƉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEƑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVƉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARƁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIƓN A LA BIBLIA
2- CƓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARƁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIƓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPƍRITU SANTO
8- LA ORACIƓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIƓN Y ADORACIƓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIƓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUƍA DE DIOS

Claro, el poder detrÔs de este currículum no estÔ en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual estÔ basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiarÔ a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guĆ­a del lĆ­der): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

GUIA DE ESTUDIO
FUNDAMENTOS DE LA FE
http://www.elolivo.net/LIBROS/MacArth…

6 – LA SALVACIƓN

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

6 – LA SALVACIƓN

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVƉS DE DƉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEƑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVƉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARƁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIƓN A LA BIBLIA
2- CƓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARƁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIƓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPƍRITU SANTO
8- LA ORACIƓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIƓN Y ADORACIƓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIƓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUƍA DE DIOS

Claro, el poder detrÔs de este currículum no estÔ en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual estÔ basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiarÔ a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guĆ­a del lĆ­der): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

GUIA DE ESTUDIO
FUNDAMENTOS DE LA FE
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5 – LA OBRA DE CRISTO

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

5 – LA OBRA DE CRISTO

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVƉS DE DƉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEƑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVƉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARƁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIƓN A LA BIBLIA
2- CƓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARƁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIƓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPƍRITU SANTO
8- LA ORACIƓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIƓN Y ADORACIƓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIƓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUƍA DE DIOS

Claro, el poder detrÔs de este currículum no estÔ en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual estÔ basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiarÔ a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guĆ­a del lĆ­der): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

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Las bendiciones del crecimiento

Las bendiciones del crecimiento

5/7/2018

Para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador. (Tito 2:10)

Como los cristianos ya tenemos derecho al cielo y alcanzaremos un día la perfección en la presencia de Dios, ¿por qué es necesario el desarrollo espiritual? Hay varias razones.

En primer lugar, glorifica a Dios.

En segundo lugar, prueba la salvación. El cambio externo muestra un cambio interno del corazón.

En tercer lugar, es un buen testimonio. El crecimiento espiritual muestra la verdad de Dios para que otros la vean.

En cuarto lugar, da seguridad. Cuando progresamos espiritualmente, vemos a Dios obrando en nuestra vida, y eso contribuye a nuestra confianza en nuestra salvación (2 P. 1:10).

En quinto lugar, nos libra de tristeza innecesaria. La falta de crecimiento hacia la santidad resulta solo en dolor y tristeza.

En sexto lugar, protege de reproche la causa de Cristo.

Y por Ćŗltimo, nos hace Ćŗtiles para servir en la iglesia.

Así que siga creciendo y sea una bendición para quienes usted conozca.

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