Jerónimo 23

Jerónimo 23

Quizá me culpes en secreto por atacar a alguien a espaldas suyas. Francamente confieso que me dejo llevar de la indignación. No puedo escuchar pacientemente tales sacrilegios.

Jerónimo

a1De todos los gigantes del siglo cuarto, ninguno es tan interesante como Jerónimo. Y es interesante, no por su santidad, como Antonio el ermitaño, no por su intuición religiosa, como Atanasio, no por su firmeza ante la injusticia, como Ambrosio, no por su devoción pastoral, como Crisóstomo, sino por su lucha gigantesca e interminable con el mundo y consigo mismo. Aunque se le conoce por “San Jerónimo”, no fue de los santos a quienes les es dado gozar en esta vida de la paz de Dios. Su santidad no fue humilde, apacible y dulce, sino orgullosa, borrascosa y amarga. Jerónimo deseó siempre ser más que humano, y por tanto no tenía paciencia para quienes le parecían indolentes, ni para quienes de algún modo se atrevían a criticarle. Entre las muchas personas que fueron objeto de sus ataques hirientes se contaban, no sólo los herejes, los ignorantes y los hipócritas, sino también Juan Crisóstomo, Ambrosio de Milán, Basilio de Cesarea y Agustín de Hipona. Quienes se atrevían a criticarle no eran sino “asnos de dos patas”. Pero a pesar de esta actitud —y en parte debido a ella— Jerónimo se ha ganado un lugar entre los gigantes del cristianismo en el siglo IV.
Jerónimo nació alrededor del año 348, en un remoto rincón del norte de Italia. Por su fecha de nacimiento, era menor que muchos de los gigantes que hemos estudiado en esta Segunda Sección. Pero Jerónimo nació viejo, y por tanto pronto se consideró mucho mayor que sus coetáneos. Y, lo que es todavía más sorprendente, muchos de ellos pronto llegaron a verlo como una imponente y vetusta institución.
Cuando tenía unos veinte años de edad recibió el bautismo, y pocos años más tarde decidió viajar hacia el oriente. Jerónimo se había dedicado al estudio de las letras, y en ese campo el occidente latino sentía gran admiración hacia el oriente griego. Además, tras una experiencia en la ciudad de Tréveris cuyo carácter preciso nos es desconocido, decidió dedicarse al estudio de las divinas letras, y en ese campo también el oriente era famoso. Su primer visita fue a Antioquía, donde se dedicó a aprender mejor el griego. Poco después le pidió a un judío converso que le enseñara el hebreo.
Pero todo esto no bastaba. Jerónimo sentía todavía un amor ardiente hacia las letras paganas y hacia la vida sensual. Tratando de vencer sus tentaciones se dedicó a la vida austera, y estudió la Biblia con más asiduidad. Se retiró por fin de Antioquía, a vivir como ermitaño en Calcis. Pero aun allí le seguían sus tentaciones. El mismo había llevado consigo su biblioteca, y en la cueva en que vivía se dedicaba al estudio, a copiar libros, y a componer tratados. Su espíritu se sacudió cuando, en medio de una enfermedad grave, soñó que estaba en el juicio final, y que el juez le preguntaba: “¿Quién eres?” “Soy cristiano”, contestaba Jerónimo. Y el juez le respondía. “Mientes. No eres cristiano, sino ciceroniano”. A partir de entonces Jerónimo se dedicó con redoblado ahínco al estudio de las Escrituras, aunque nunca dejó de citar ni de leer e imitar a los escritores paganos.
También el sexo le obsesionaba. Jerónimo quería librarse por entero de él. Pero aun en su retiro de Calcis le seguían los sueños y los recuerdos de las danzarinas de Roma. El único modo en que se podía deshacer de esas tentaciones era castigando su propio cuerpo, y por tanto se dedicó a llevar una vida austera hasta la exageración. Andaba sucio, y hasta llegó a decir y practicar que quien había sido lavado por Cristo no tenía necesidad de lavarse de nuevo. Y todavía esto no bastaba. Era necesario ocupar su mente con algo que desalojara los recuerdos de Roma. Fue entonces, que decidió a estudiar el hebreo. A su mente adiestrada en la literatura clásica, el hebreo, con sus letras raras y sus aspiraciones, le parecía bárbaro. Pero como cristiano, se decía que era la lengua en que estaban escritos los libros sagrados, y que por tanto era divina. Además, fue en este período que Jerónimo escribió la Vida de San Pablo el Ermitaño a que nos hemos referido anteriormente.
Empero Jerónimo no estaba hecho para la vida del anacoreta.  Probablemente antes de cumplir los tres años de ermitaño, regresó a la civilización. En Antioquía fue ordenado presbítero. Estuvo en Constantinopla antes y durante el Concilio Ecuménico del año 381. A la postre retornó a Roma, donde el obispo Dámaso, buen conocedor de la naturaleza humana, le hizo su secretario privado, y le dio toda clase de oportunidades para dedicarse al estudio y a escribir. Fue Dámaso quien primero le sugirió la obra que a la larga consumiría buena parte de su vida y sería su principal monumento: una nueva traducción de la Biblia al latín. Aunque Jerónimo dio algunos pasos en ese sentido en Roma, no fue sino después, en Belén, que se dedicó a esa tarea.
Por lo pronto, Jerónimo encontró su solaz entre un grupo de mujeres pudientes y devotas. En el palacio de la viuda Albina y de su hija — también viuda— Marcela, vivía un grupo de mujeres que se dedicaban a la vida austera, la meditación religiosa y el estudio de las Escrituras. Además de las dos mencionadas arriba, entre estas mujeres estaban Marcelina (la hermana de Ambrosio de Milán), Asela, la hija de Marcela, y Paula, que junto a su hija Eustoquio figuraría desde entonces en la vida de Jerónimo. El secretario del obispo visitaba esta casa repetidamente, pues entre estas mujeres encontró discípulas consagradas, que absorbían sus conocimientos con avidez. Pronto algunas empezaron a estudiar griego y hebreo, y Jerónimo sostenía con ellas discusiones acerca del texto bíblico que no le era posible sostener con sus contemporáneos varones.
Resulta interesante notar que Jerónimo, quien nunca supo sostener relaciones amistosas con sus colegas varones, pudo hacerlo con este grupo de mujeres. Y esto a pesar de que el sexo siempre le obsesionó, y sentía horror al pensar acerca de la fisiología femenina. Pero entre estas santas mujeres, que le escuchaban con avidez y que no podían pretender corregirle, Jerónimo se encontraba tranquilo y a gusto, y fueron por tanto ellas, y no el resto del mundo, quienes conocieron la devoción y dulzura que se escondían en el fondo de su alma.
Mientras todo esto sucedía, sin embargo, Jerónimo seguía haciendo enemigos entre los allegados al obispo Dámaso. De no haber sido por el apoyo de éste último, sus años de paz en Roma nunca habrían tenido lugar. Por tanto, cuando Dámaso murió, a fines del 384, la tormenta se desencadenó. Basilla, una de las hijas de Paula, murió, y algunos decían que su muerte se había debido a la vida excesivamente rigurosa que Jerónimo le había impuesto. Siricio, el sucesor de Dámaso, no apreciaba los estudios de Jerónimo, y por fin éste decidió partir de Roma hacia Tierra Santa —o, como él diría, “de Babilonia hacia Jerusalén”.
Paula y Eustoquio le siguieron por otro camino, y juntos fueron en peregrinación por Palestina. Después, Jerónimo siguió hacia el Egipto, donde visitó las escuelas de Alejandría y las cuevas del desierto. A mediados del año 386, sin embargo, estaba de regreso en Palestina, donde él y Paula decidieron dedicarse a la vida monástica. No se trataba empero del rigor extremo de los monjes del desierto, sino de una vida de austeridad moderada, dedicada principalmente al estudio. Puesto que Paula era rica, y Jerónimo tenía algunos medios, fundaron en Belén dos monasterios —uno para mujeres bajo la dirección de Paula, y otro para hombres bajo Jerónimo—. Este último se dedicó a estudiar más detalladamente el hebreo, para traducir la Biblia, y al mismo tiempo les enseñaba el latín a los niños de la localidad, y el griego y el hebreo a las monjas de Paula.
Pero sobre todo Jerónimo se dedicó a la obra que seria su principal monumento literario: la traducción de la Biblia al latín. Naturalmente, ya en esa época había otras traducciones de las Escrituras. Pero todas habían sido hechas partiendo de la Septuaginta, es decir, la traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego. Por tanto, era necesaria una nueva traducción, hecha directamente del hebreo.
Jerónimo se dedicó a producirla, aunque su obra se vio constantemente interrumpida por su enorme correspondencia, sus constantes controversias, y las calamidades que sacudían al mundo.
Aunque a la postre la versión de Jerónimo —que se conoce como la Vulgata— se impuso en toda la iglesia de habla latina, al principio no fue tan bien recibida como Jerónimo hubiera deseado. Naturalmente, la nueva traducción de la Biblia —como toda nueva traducción— cambiaba algunos de los pasajes favoritos de algunas personas, y muchos se preguntaban qué derecho tenía Jerónimo de cambiar las Escrituras.
Además, muchos habían aceptado la leyenda según la cual la Septuaginta había sido escrita por setenta traductores que, aunque trabajaban separadamente, coincidieron hasta en los más mínimos detalles de su traducción. De este modo se justificaba la versión griega, y se afirmaba que era tan inspirada como el original hebreo. Por tanto, cuando Jerónimo publicó una nueva versión que difería de la Septuaginta, no faltaron quienes le acusaron de faltarles el respeto a las Escrituras. Tales criticas no provenían sólo de gentes ignorantes, sino hasta de algunos de los sabios más distinguidos de la época. Desde el norte de Africa, Agustín le escribió: Te ruego que no dediques tus esfuerzos a traducir al latín los sagrados libros, a menos que sigas el método que seguiste antes en tu versión del libro de Job, es decir, añadiendo notas que muestren claramente en qué puntos difiere esta versión tuya de la Septuaginta, cuya autoridad no conoce igual. […]
Además, no me imagino cómo ahora, después de tanto tiempo, pueda descubrirse en los manuscritos hebreos cosa alguna que no hayan visto antes tantos traductores, y tan buenos conocedores de la lengua hebrea.
Jerónimo al principio no le contestó, y cuando por fin lo hizo, sencillamente le dio a entender a Agustín que no debía buscar la propia gloria atacando a quien era mayor que él. De manera sutil, al tiempo que parecía alabarle, Jerónimo le daba a entender a Agustín que el combate sería desigual, y que por tanto el obispo haría bien dejando de criticar al viejo erudito.
Aunque la mayor parte de las controversias de Jerónimo terminaron en querellas nunca subsanadas, en el caso de Agustín la situación fue distinta, pues años más tarde Jerónimo se vio en la necesidad de refutar la herejía de los pelagianos —acerca de la cual trataremos en el próximo capítulo— y para ello se vio obligado a acudir a las obras de Agustín. Su próxima carta al sabio obispo muestra una admiración que Jerónimo reservaba para muy pocas personas.
Todo esto puede dar a entender que Jerónimo era una persona insensible, preocupada sólo por su propio prestigio. Al contrario, su espíritu era en extremo sensible, y precisamente por esa razón tenía que presentar ante el mundo una fachada rígida e imperturbable. Quizá nadie sabía esto tan bien como Paula y su hija Eustoquio. Pero Paula murió en el 404, y Eustoquio en el 419, y Jerónimo quedó solo y desolado. Su dolor era tanto mayor por cuanto sabía que no era sólo él quien se acercaba al fin, sino toda una era. Unos pocos años antes, el 24 de agosto del 410, Roma había sido tomada y saqueada por los godos bajo el mando de Alarico. Ante la noticia, todo el mundo se estremeció. Cuando Jerónimo lo supo, en su retiro en Belén, le escribió a Eustoquio:
¿Quién podría creer que Roma, construida mediante la conquista del mundo, ha caído? ¿Que la madre de muchas naciones se ha vuelto a su tumba? […] Mis ojos se obscurecen a causa de mi edad […] y con la luz que tengo por las noches no puedo leer los libros en hebreo, que hasta de día me son difíciles de leer a causa de lo pequeñas que son las letras.
Casi diez años vivió Jerónimo después de la caída de Roma. Fueron años de soledad, controversias y dolor. Por fin, unos pocos meses después de la muerte de Eustoquio, el viejo erudito entregó el espíritu.
González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 215–220). Miami, FL: Editorial Unilit.

 

El sacerdocio de los creyentes.

ESTUDIO BÍBLICO

Programa No. 2016-02-03
DAVID LOGACHO
Saludos cordiales amable oyente. Es un gozo saber que nos está escuchando. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con el estudio de la iglesia de Cristo, en esta oportunidad vamos a examinar lo que dice la Biblia en cuanto al sacerdocio de los creyentes.
DAVID LOGACHO
a1En nuestro estudio bíblico último, vimos que cada creyente dentro del cuerpo de Cristo que es la iglesia, ha recibido al menos un don espiritual. Estos dones espirituales son las herramientas que Dios pone a disposición de los creyentes para que los creyentes puedan ejecutar a cabalidad su trabajo en la iglesia de Cristo. En los inicios mismos de la iglesia, Cristo levantó personas dotadas con dones espirituales, como los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros, con un propósito claramente definido en el Nuevo Testamento. Veamos cuál es ese propósito. Se encuentra en Efesios 4:11-13. La Biblia dice: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

Eph 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

Eph 4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

Aquí vemos claramente que Cristo constituyó apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros, no con la idea de que sean ellos los únicos que trabajen en la iglesia, sino para que ellos perfeccionen a los santos para la obra del ministerio. Esta frase es muy importante porque allí radica la clave de lo que estamos estudiando. La palabra perfeccionar también podría haber sido traducida como equipar o capacitar. Demás está decir que los santos a quienes se refiere el texto, somos los creyentes, los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Es decir, amable oyente, que los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores maestros han sido puestos por Cristo en la iglesia para que equipen o capaciten a los creyentes, a los miembros del cuerpo de Cristo, para que a su turno, sean esos creyentes quienes trabajen en la obra del ministerio. Todo eso con la finalidad de edificar el cuerpo de Cristo, o de hacer crecer en madurez el cuerpo de Cristo hasta que cada creyente llegue a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. La meta es hasta que todo creyente llegue a ser un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Cuan distinto a como funciona la iglesia de Cristo en la actualidad, ¿verdad? ¿En qué se distingue? Pues porque hoy en día prevalece la idea que en la iglesia local, y recuerde que la iglesia local es solamente un reflejo de la iglesia universal, deben trabajar solamente los escogidos para eso, llámense pastores o ancianos y los diáconos y los maestros de escuela dominical. El resto de los santos o los demás creyentes, se supone que lo único que deben hacer es ir cada domingo puntualmente a las reuniones para sentarse a escuchar lo que otros dicen, a presenciar el show, y luego salir y no volver hasta el siguiente domingo para repetir la misma rutina. Este no es el plan de Dios para la iglesia de Cristo, amable oyente. Dios no quiere que los creyentes se la pasen calentando bancos o sillas o lo que sea. Dios quiere que cada creyente trabaje en algo en la iglesia local y para eso ha otorgado dones espirituales a cada creyente. Los pastores o ancianos son solamente como los entrenadores de un equipo de fútbol, quienes instruyen a los jugadores para que puedan ganar el partido de fútbol. Usted nunca habrá visto que los entrenadores de los equipos de fútbol salen a jugar en la cancha. No, ellos no están para eso. Ellos son quienes determinan las tácticas de juego y comunican esas tácticas a sus jugadores para que ellos jueguen con inteligencia. Igual debería ser en toda iglesia local sana, los ancianos o pastores están solamente para enseñar a los creyentes las tácticas para el crecimiento de la iglesia local. Deben ser los creyentes quienes trabajan en la obra del ministerio. La idea equivocada de que solamente los escogidos pueden trabajar en la iglesia local ha causado una división innecesaria en la iglesia local, cuando se piensa que los creyentes son de dos categorías, el clero formado por los escogidos para trabajar en la iglesia local, digamos los ancianos o pastores, y por otro lado los laicos, o el pueblo común quienes no son escogidos para trabajar en la iglesia local. Se supone que los laicos solamente están para llenar los templos los domingos y el resto de la semana hacer lo que bien les parezca. Esta división de creyentes, entre clero y laico no es bíblica amable oyente, porque simple y llanamente niega un hecho fundamental, el hecho que todos los creyentes somos sacerdotes en el cuerpo de Cristo, y como tales, todos los creyentes tenemos los mismo derechos y obligaciones en el cuerpo de Cristo. De esto nos hablan claramente dos pasajes bíblicos importantes. El primero se encuentra en 1 Pedro 2:5. La Biblia dice: vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Pedro no está hablando solamente a los ancianos o pastores o a los diáconos, o a los maestros de la escuela dominical. Pedro está hablando a todos los creyentes en general. Dice que todos los creyentes en general, como piedras vivas, constituyen la casa espiritual. Esto significa una simiente especial, una descendencia espiritual. Como simiente especial, espiritual, todos los creyentes en general somos llamados a ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo. De modo que entre los creyentes, amable oyente, no existe clero y laico porque todos somos sacerdotes santos delante de Dios, llamados a ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. La misma idea es evidente en 1 Pedro 2:9. La Biblia dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Según este texto, todos los creyentes en general somos real sacerdocio. Ya dejamos establecido que también somos sacerdotes santos delante de Dios. En otras palabras, los creyentes somos sacerdotes santos y sacerdotes reales. Esto halla su correspondencia en el sacerdocio de Cristo. En el Antiguo Testamento, el rey no podía ser sacerdote y el sacerdote no podía ser rey, pero Cristo Jesús es a la vez rey y sacerdote. Por eso, su sacerdocio es de un orden diferente al sacerdocio del Antiguo Testamento. Los creyentes somos también sacerdotes en ese sentido, por eso este texto nos habla de real sacerdocio y sacerdocio santo. Queda claro, entonces amable oyente, que todos los creyentes en general somos sacerdotes delante de Dios y que por tanto no es prudente hacer divisiones entre los creyentes diciendo que algunos escogidos forman el clero y a otros menos favorecidos no les queda otra sino ser laicos, o meros espectadores de las cosas que hace el clero. Pero como señalamos antes, los sacerdotes ofrecen sacrificios a Dios. Los creyentes como real sacerdocio también ofrecemos sacrificios a Dios, pero con una diferencia. Los sacerdotes del Antiguo Testamento ofrecían sacrificios de animales a Dios, mientras que nosotros, el real sacerdocio, el sacerdocio santo, ofrecemos sacrificios espirituales a Dios. Estos sacrificios espirituales pueden ser, por ejemplo, nuestros cuerpos. Romanos 12:1 dice: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Cuando este texto habla de cuerpo es una forma de decir: Toda la vida. Toda la vida del creyente debe ser ofrecida por el mismo creyente como sacrificio a Dios por medio de Jesucristo. Esto es decir: No a nosotros mismos y sí a Dios. Los sacrificios espirituales pueden también ser las alabanzas a Dios. Hebreos 13:15 dice: Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

La alabanza de corazón al Señor es una forma de ofrecer sacrificios espirituales a Dios. Los sacrificios espirituales pueden también ser las buenas obras del creyente. Hebreos 13:16 dice: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Cada vez que usted hace buenas obras o ayuda a otros, está ofreciendo sacrificios espirituales a Dios, algo de lo cual Dios se agrada. Los sacrificios espirituales también pueden ser las ofrendas a la iglesia local o a ministerios cristianos como La Biblia Dice… por ejemplo, o a personas en necesidad. Filipenses 4:18 dice: Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

Pablo está agradeciendo por la ofrenda enviada por los Filipenses. Esa ofrenda fue un sacrificio espiritual de los Filipenses y fue aceptado por Dios. Cada vez que da para la obra del Señor está ofreciendo sacrificios espirituales a Dios. Estos son entre otros los sacrificios espirituales que todo creyente en general como sacerdote de Dios puede ofrecer a Dios. No olvide nunca esta verdad amable oyente. ¿Está ocupado en su sacerdocio como sacerdote que es? O a lo mejor, es como millones de creyentes que siendo sacerdotes de Dios no están ejerciendo cabalmente su sacerdocio. Quiera Dios que comience a ocuparse en su sacerdocio.

PABLO LOGACHO
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Penas por actos de inmoralidad

Levítico 20-23

Penas por actos de inmoralidad

a120:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará.

Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre.

Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus hijos a Moloc, para no matarle,

entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc.

Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo.

Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.

Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico.

Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.

10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.

11 Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos.

12 Si alguno durmiere con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversión; su sangre será sobre ellos.

13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.

14 El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros.

15 Cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto, y mataréis a la bestia.

16 Y si una mujer se llegare a algún animal para ayuntarse con él, a la mujer y al animal matarás; morirán indefectiblemente; su sangre será sobre ellos.

17 Si alguno tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, es cosa execrable; por tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo; descubrió la desnudez de su hermana; su pecado llevará.

18 Cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo.

19 La desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no descubrirás; porque al descubrir la desnudez de su parienta, su iniquidad llevarán.

20 Cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos.

21 Y el que tomare la mujer de su hermano, comete inmundicia; la desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán.

22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella.

23 Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.

24 Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.

25 Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia; y no contaminéis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra, los cuales os he apartado por inmundos.

26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.

Santidad de los sacerdotes

21:1  Jehová dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos.

Mas por su pariente cercano, por su madre o por su padre, o por su hijo o por su hermano,

o por su hermana virgen, a él cercana, la cual no haya tenido marido, por ella se contaminará.

No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo.

No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños.

Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios, porque las ofrendas encendidas para Jehová y el pan de su Dios ofrecen; por tanto, serán santos.

Con mujer ramera o infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios.

Le santificarás, por tanto, pues el pan de tu Dios ofrece; santo será para ti, porque santo soy yo Jehová que os santifico.

Y la hija del sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre deshonra; quemada será al fuego.

10 Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos,

11 ni entrará donde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se contaminará.

12 Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios; porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo Jehová.

13 Tomará por esposa a una mujer virgen.

14 No tomará viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer,

15 para que no profane su descendencia en sus pueblos; porque yo Jehová soy el que los santifico.

16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:

17 Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios.

18 Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado,

19 o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano,

20 o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado.

21 Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios.

22 Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer.

23 Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico.

24 Y Moisés habló esto a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.

Santidad de las ofrendas

22:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Di a Aarón y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han dedicado, y no profanen mi santo nombre. Yo Jehová.

Diles: Todo varón de toda vuestra descendencia en vuestras generaciones, que se acercare a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a Jehová, teniendo inmundicia sobre sí, será cortado de mi presencia. Yo Jehová.

Cualquier varón de la descendencia de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio. El que tocare cualquiera cosa de cadáveres, o el varón que hubiere tenido derramamiento de semen,

o el varón que hubiere tocado cualquier reptil por el cual será inmundo, u hombre por el cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya;

la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su cuerpo con agua.

Cuando el sol se pusiere, será limpio; y después podrá comer las cosas sagradas, porque su alimento es.

Mortecino ni despedazado por fiera no comerá, contaminándose en ello. Yo Jehová.

Guarden, pues, mi ordenanza, para que no lleven pecado por ello, no sea que así mueran cuando la profanen. Yo Jehová que los santifico.

10 Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del sacerdote, y el jornalero, no comerán cosa sagrada.

11 Mas cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su alimento.

12 La hija del sacerdote, si se casare con varón extraño, no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas.

13 Pero si la hija del sacerdote fuere viuda o repudiada, y no tuviere prole y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su juventud, podrá comer del alimento de su padre; pero ningún extraño coma de él.

14 Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta parte, y la dará al sacerdote con la cosa sagrada.

15 No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová;

16 pues les harían llevar la iniquidad del pecado, comiendo las cosas santas de ellos; porque yo Jehová soy el que los santifico.

17 También habló Jehová a Moisés, diciendo:

18 Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda en pago de sus votos, o como ofrendas voluntarias ofrecidas en holocausto a Jehová,

19 para que sea aceptado, ofreceréis macho sin defecto de entre el ganado vacuno, de entre los corderos, o de entre las cabras.

20 Ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros.

21 Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto.

22 Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis éstos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová.

23 Buey o carnero que tenga de más o de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; pero en pago de voto no será acepto.

24 No ofreceréis a Jehová animal con testículos heridos o magullados, rasgados o cortados, ni en vuestra tierra lo ofreceréis.

25 Ni de mano de extranjeros tomarás estos animales para ofrecerlos como el pan de vuestro Dios, porque su corrupción está en ellos; hay en ellos defecto, no se os aceptarán.

26 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

27 El becerro o el cordero o la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre; mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová.

28 Y sea vaca u oveja, no degollaréis en un mismo día a ella y a su hijo.

29 Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable.

30 En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día. Yo Jehová.

31 Guardad, pues, mis mandamientos, y cumplidlos. Yo Jehová.

32 Y no profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico,

33 que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová.

Las fiestas solemnes

(Nm. 28.16–29.40)

23:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas:

Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo,[a] santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo[b] es de Jehová en dondequiera que habitéis.

Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos:

En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.

Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levaduraa Jehová; siete días comeréis panes sin levadura.

El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.

Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis.

Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

10 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega.

11 Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo[c] la mecerá.

12 Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová.

13 Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin.

14 No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis.

15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo,[d] desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán.

16 Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo[e] contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.

17 De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová.

18 Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

19 Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz.

20 Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote.

21 Y convocaréis en este mismo día santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.

22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

23 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

24 Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación.

25 Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

26 También habló Jehová a Moisés, diciendo:

27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.

29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.

30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo.

31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis.

32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.

33 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

34 Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días.

35 El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.

36 Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis.

37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo,

38 además de los días de reposo[f] de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.

39 Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo.

40 Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.

41 Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis.

42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos,

43 para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.

Footnotes:

  1. Levítico 23:3 Aquí equivale a sábado.
  2. Levítico 23:3 Aquí equivale a sábado.
  3. Levítico 23:11 Aquí equivale a sábado.
  4. Levítico 23:15 Aquí equivale a sábado.
  5. Levítico 23:16 Aquí equivale a sábado.
  6. Levítico 23:38 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

 

 

Cuando los amigos nos dejan

Febrero 3

Cuando los amigos nos dejan

Lectura bíblica: Mateo 26:36–46

Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. Mateo 26:38

a1Beto se sintió como si le hubieran dado un martillazo en la cabeza cuando su mejor amigo con quien jugaba baloncesto se mudó con su familia a otra ciudad. La soledad agobiaba a Laura después de que su amiga Samanta falleció de leucemia. Rodolfo se sintió totalmente rechazado cuando dos de sus amigos no creyentes decidieron que él era demasiado “santulón” para ser amigo de ellos. Lorena se sintió marginada cuando las chicas de la iglesia no la invitaron a la casa de una de ellas para pasar la noche.
Sentimos la soledad cuando alguien se aleja de nosotros. Pensamos que podemos contar con que un amigo esté siempre con nosotros. Pero, de pronto —o a veces paulatinamente— ese amigo desaparece. A veces los amigos deciden dejarnos: encuentran otro amigo, sus intereses cambian o simplemente ya no les caemos bien. Y a veces no es que los amigos decidan alejarse de nosotros —sencillamente no tienen otra alternativa— como cuando se mudan o se mueren.
¿Conoces ese sentimiento de total soledad? Jesús también lo conoce. Te comparto lo que Jesús podría decirte acerca de tu soledad:

• “Quizá has sentido soledad —o hasta dolor— porque se mudó o falleció alguien que amas. Yo sé lo que es ese sentimiento. Mi buen amigo Lázaro murió, y compartí el dolor que sentían sus hermanas María y Marta. Perder a Lázaro fue como si me hubieran atravesado el corazón con un puñal. Y lloré”. (Ver Juan 11:35).
• “Una de las experiencias más feas de mi vida sucedió poquito antes de morir en la cruz. Había vivido tres años de intensa actividad con mis doce amigos más cercanos. Juntos todo el tiempo, habíamos comido, viajado y ayudado a mucha gente. Pero mi amigo Judas me traicionó (ver Mateo 26:49). ¿Alguna vez te has detenido a pensar cómo me sentí cuando me traicionó alguien tan cercano?”.
• “Llevé a los otros once discípulos conmigo para orar antes de ir a la cruz (ver Mateo 26:36–46). Sabía que pronto enfrentaría una situación peor de lo que podía imaginarme: morir por los pecados de cada ser humano sobre la tierra. Por eso le pedí a Pedro, Santiago y Juan que oraran conmigo. Pero ¡se durmieron! Justo cuando más los necesitaba, mis mejores amigos me fallaron”.

Jesús sabe lo que significa que alguien cercano nos abandone. Su corazón se conmueve cuando lloras porque estás triste y solo. Él siente tu soledad. Pasó por las mismas dificultades que las tuyas, por eso comprende tu dolor.
PARA DIALOGAR: ¿Cuándo te ha abandonado un amigo? ¿Recurriste a Dios para que te consolara?
PARA ORAR: Señor, creo que nos amas y que te sientes mal cuando nos sentimos mal nosotros. Gracias por poner tus brazos consoladores alrededor de nosotros.
PARA HACER: ¿Has sentido el consuelo de Dios envolverte como un gran y fuerte abrazo? Busca hoy a alguno que necesita recibir de ti ese consuelo.
McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Endeudado

a1Mateo Boya era un humilde jugador de golf de un pequeño país de África. Aunque no lo creas fue el único hombre en todo el mundo que derribó la flota aeronáutica de todo un país con
una pelota de golf. ¿Qué sucedió? Pues cierto día practicando tiros largos con su palo, elevó la pelota, de tal manera que fue a dar contra un pájaro que volaba cerca del Green.

La afortunada ave perdió el conocimiento en pleno vuelo y chocó de frente con una pequeña avioneta que sobrevolaba el sector fumigando los sembríos. El impacto fue tal que el vidrio
estalló, el piloto de la nave se asustó y perdió el control. La cosa se puso peor cuando esa avioneta sin visibilidad y con su conductor asustado, se precipitó a una pista de aterrizaje cercana, donde estaban en mantenimiento los únicos cuatro aviones “Mirage f1”, que
conformaban todo el poderío aéreo del país. Arrasó con los cuatro, dejando a uno incendiado y los otros tres fuera de servicio por varios meses.

¡Toda una flota aérea destruida con una pelota de golf!. Las autoridades de aquel país, no aceptaron excusas ni explicaciones y
demandaron a Mateo Boya con una multa de 40 millones de dólares por daños y perjuicios al Estado. Ni siquiera le dejaron apelar a un justo juicio. Con un sueldo de 120 dólares al mes, este desafortunado hombre tendría que trabajar varias vidas para enmendar su daño.

Así es la deuda que todo hombre tiene con Dios, ¡imposible de pagar! No importan los argumentos, las excusas o las comparaciones. Somos culpables de nuestros hechos, hemos ofendido la santidad de Dios y la consecuencia de ello es la muerte, según declara la Palabra
de Dios. Al margen de toda comparación con el desafortunado Mateo, el ser humano se encuentra con una deuda eterna. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos los pecados”. ¿No lo sabías? Puedes leerlo en la Biblia, Efesios capítulo dos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Por más excusas que el hombre ponga siempre vivirá en deuda con
Dios por su pecado.

http://labibliadice.org/unapausaentuvida/2016/02/03/endeudado/