Penas por actos de inmoralidad

Levítico 20-23

Penas por actos de inmoralidad

a120:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará.

Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre.

Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus hijos a Moloc, para no matarle,

entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc.

Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo.

Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.

Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico.

Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.

10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.

11 Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos.

12 Si alguno durmiere con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversión; su sangre será sobre ellos.

13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.

14 El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros.

15 Cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto, y mataréis a la bestia.

16 Y si una mujer se llegare a algún animal para ayuntarse con él, a la mujer y al animal matarás; morirán indefectiblemente; su sangre será sobre ellos.

17 Si alguno tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, es cosa execrable; por tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo; descubrió la desnudez de su hermana; su pecado llevará.

18 Cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo.

19 La desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no descubrirás; porque al descubrir la desnudez de su parienta, su iniquidad llevarán.

20 Cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos.

21 Y el que tomare la mujer de su hermano, comete inmundicia; la desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán.

22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella.

23 Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.

24 Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.

25 Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia; y no contaminéis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra, los cuales os he apartado por inmundos.

26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.

Santidad de los sacerdotes

21:1  Jehová dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos.

Mas por su pariente cercano, por su madre o por su padre, o por su hijo o por su hermano,

o por su hermana virgen, a él cercana, la cual no haya tenido marido, por ella se contaminará.

No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo.

No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños.

Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios, porque las ofrendas encendidas para Jehová y el pan de su Dios ofrecen; por tanto, serán santos.

Con mujer ramera o infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios.

Le santificarás, por tanto, pues el pan de tu Dios ofrece; santo será para ti, porque santo soy yo Jehová que os santifico.

Y la hija del sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre deshonra; quemada será al fuego.

10 Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos,

11 ni entrará donde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se contaminará.

12 Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios; porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo Jehová.

13 Tomará por esposa a una mujer virgen.

14 No tomará viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer,

15 para que no profane su descendencia en sus pueblos; porque yo Jehová soy el que los santifico.

16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:

17 Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios.

18 Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado,

19 o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano,

20 o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado.

21 Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios.

22 Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer.

23 Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico.

24 Y Moisés habló esto a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.

Santidad de las ofrendas

22:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Di a Aarón y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han dedicado, y no profanen mi santo nombre. Yo Jehová.

Diles: Todo varón de toda vuestra descendencia en vuestras generaciones, que se acercare a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a Jehová, teniendo inmundicia sobre sí, será cortado de mi presencia. Yo Jehová.

Cualquier varón de la descendencia de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio. El que tocare cualquiera cosa de cadáveres, o el varón que hubiere tenido derramamiento de semen,

o el varón que hubiere tocado cualquier reptil por el cual será inmundo, u hombre por el cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya;

la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su cuerpo con agua.

Cuando el sol se pusiere, será limpio; y después podrá comer las cosas sagradas, porque su alimento es.

Mortecino ni despedazado por fiera no comerá, contaminándose en ello. Yo Jehová.

Guarden, pues, mi ordenanza, para que no lleven pecado por ello, no sea que así mueran cuando la profanen. Yo Jehová que los santifico.

10 Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del sacerdote, y el jornalero, no comerán cosa sagrada.

11 Mas cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su alimento.

12 La hija del sacerdote, si se casare con varón extraño, no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas.

13 Pero si la hija del sacerdote fuere viuda o repudiada, y no tuviere prole y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su juventud, podrá comer del alimento de su padre; pero ningún extraño coma de él.

14 Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta parte, y la dará al sacerdote con la cosa sagrada.

15 No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová;

16 pues les harían llevar la iniquidad del pecado, comiendo las cosas santas de ellos; porque yo Jehová soy el que los santifico.

17 También habló Jehová a Moisés, diciendo:

18 Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda en pago de sus votos, o como ofrendas voluntarias ofrecidas en holocausto a Jehová,

19 para que sea aceptado, ofreceréis macho sin defecto de entre el ganado vacuno, de entre los corderos, o de entre las cabras.

20 Ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros.

21 Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto.

22 Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis éstos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová.

23 Buey o carnero que tenga de más o de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; pero en pago de voto no será acepto.

24 No ofreceréis a Jehová animal con testículos heridos o magullados, rasgados o cortados, ni en vuestra tierra lo ofreceréis.

25 Ni de mano de extranjeros tomarás estos animales para ofrecerlos como el pan de vuestro Dios, porque su corrupción está en ellos; hay en ellos defecto, no se os aceptarán.

26 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

27 El becerro o el cordero o la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre; mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová.

28 Y sea vaca u oveja, no degollaréis en un mismo día a ella y a su hijo.

29 Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable.

30 En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día. Yo Jehová.

31 Guardad, pues, mis mandamientos, y cumplidlos. Yo Jehová.

32 Y no profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico,

33 que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová.

Las fiestas solemnes

(Nm. 28.16–29.40)

23:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas:

Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo,[a] santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo[b] es de Jehová en dondequiera que habitéis.

Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos:

En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.

Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levaduraa Jehová; siete días comeréis panes sin levadura.

El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.

Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis.

Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

10 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega.

11 Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo[c] la mecerá.

12 Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová.

13 Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin.

14 No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis.

15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo,[d] desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán.

16 Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo[e] contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.

17 De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová.

18 Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

19 Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz.

20 Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote.

21 Y convocaréis en este mismo día santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.

22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

23 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

24 Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación.

25 Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

26 También habló Jehová a Moisés, diciendo:

27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.

29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.

30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo.

31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis.

32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.

33 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

34 Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días.

35 El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.

36 Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis.

37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo,

38 además de los días de reposo[f] de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.

39 Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo.

40 Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.

41 Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis.

42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos,

43 para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.

Footnotes:

  1. Levítico 23:3 Aquí equivale a sábado.
  2. Levítico 23:3 Aquí equivale a sábado.
  3. Levítico 23:11 Aquí equivale a sábado.
  4. Levítico 23:15 Aquí equivale a sábado.
  5. Levítico 23:16 Aquí equivale a sábado.
  6. Levítico 23:38 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

 

 

Cuando los amigos nos dejan

Febrero 3

Cuando los amigos nos dejan

Lectura bíblica: Mateo 26:36–46

Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. Mateo 26:38

a1Beto se sintió como si le hubieran dado un martillazo en la cabeza cuando su mejor amigo con quien jugaba baloncesto se mudó con su familia a otra ciudad. La soledad agobiaba a Laura después de que su amiga Samanta falleció de leucemia. Rodolfo se sintió totalmente rechazado cuando dos de sus amigos no creyentes decidieron que él era demasiado “santulón” para ser amigo de ellos. Lorena se sintió marginada cuando las chicas de la iglesia no la invitaron a la casa de una de ellas para pasar la noche.
Sentimos la soledad cuando alguien se aleja de nosotros. Pensamos que podemos contar con que un amigo esté siempre con nosotros. Pero, de pronto —o a veces paulatinamente— ese amigo desaparece. A veces los amigos deciden dejarnos: encuentran otro amigo, sus intereses cambian o simplemente ya no les caemos bien. Y a veces no es que los amigos decidan alejarse de nosotros —sencillamente no tienen otra alternativa— como cuando se mudan o se mueren.
¿Conoces ese sentimiento de total soledad? Jesús también lo conoce. Te comparto lo que Jesús podría decirte acerca de tu soledad:

• “Quizá has sentido soledad —o hasta dolor— porque se mudó o falleció alguien que amas. Yo sé lo que es ese sentimiento. Mi buen amigo Lázaro murió, y compartí el dolor que sentían sus hermanas María y Marta. Perder a Lázaro fue como si me hubieran atravesado el corazón con un puñal. Y lloré”. (Ver Juan 11:35).
• “Una de las experiencias más feas de mi vida sucedió poquito antes de morir en la cruz. Había vivido tres años de intensa actividad con mis doce amigos más cercanos. Juntos todo el tiempo, habíamos comido, viajado y ayudado a mucha gente. Pero mi amigo Judas me traicionó (ver Mateo 26:49). ¿Alguna vez te has detenido a pensar cómo me sentí cuando me traicionó alguien tan cercano?”.
• “Llevé a los otros once discípulos conmigo para orar antes de ir a la cruz (ver Mateo 26:36–46). Sabía que pronto enfrentaría una situación peor de lo que podía imaginarme: morir por los pecados de cada ser humano sobre la tierra. Por eso le pedí a Pedro, Santiago y Juan que oraran conmigo. Pero ¡se durmieron! Justo cuando más los necesitaba, mis mejores amigos me fallaron”.

Jesús sabe lo que significa que alguien cercano nos abandone. Su corazón se conmueve cuando lloras porque estás triste y solo. Él siente tu soledad. Pasó por las mismas dificultades que las tuyas, por eso comprende tu dolor.
PARA DIALOGAR: ¿Cuándo te ha abandonado un amigo? ¿Recurriste a Dios para que te consolara?
PARA ORAR: Señor, creo que nos amas y que te sientes mal cuando nos sentimos mal nosotros. Gracias por poner tus brazos consoladores alrededor de nosotros.
PARA HACER: ¿Has sentido el consuelo de Dios envolverte como un gran y fuerte abrazo? Busca hoy a alguno que necesita recibir de ti ese consuelo.
McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Endeudado

a1Mateo Boya era un humilde jugador de golf de un pequeño país de África. Aunque no lo creas fue el único hombre en todo el mundo que derribó la flota aeronáutica de todo un país con
una pelota de golf. ¿Qué sucedió? Pues cierto día practicando tiros largos con su palo, elevó la pelota, de tal manera que fue a dar contra un pájaro que volaba cerca del Green.

La afortunada ave perdió el conocimiento en pleno vuelo y chocó de frente con una pequeña avioneta que sobrevolaba el sector fumigando los sembríos. El impacto fue tal que el vidrio
estalló, el piloto de la nave se asustó y perdió el control. La cosa se puso peor cuando esa avioneta sin visibilidad y con su conductor asustado, se precipitó a una pista de aterrizaje cercana, donde estaban en mantenimiento los únicos cuatro aviones “Mirage f1”, que
conformaban todo el poderío aéreo del país. Arrasó con los cuatro, dejando a uno incendiado y los otros tres fuera de servicio por varios meses.

¡Toda una flota aérea destruida con una pelota de golf!. Las autoridades de aquel país, no aceptaron excusas ni explicaciones y
demandaron a Mateo Boya con una multa de 40 millones de dólares por daños y perjuicios al Estado. Ni siquiera le dejaron apelar a un justo juicio. Con un sueldo de 120 dólares al mes, este desafortunado hombre tendría que trabajar varias vidas para enmendar su daño.

Así es la deuda que todo hombre tiene con Dios, ¡imposible de pagar! No importan los argumentos, las excusas o las comparaciones. Somos culpables de nuestros hechos, hemos ofendido la santidad de Dios y la consecuencia de ello es la muerte, según declara la Palabra
de Dios. Al margen de toda comparación con el desafortunado Mateo, el ser humano se encuentra con una deuda eterna. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos los pecados”. ¿No lo sabías? Puedes leerlo en la Biblia, Efesios capítulo dos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Por más excusas que el hombre ponga siempre vivirá en deuda con
Dios por su pecado.

http://labibliadice.org/unapausaentuvida/2016/02/03/endeudado/

 

 

Los dones espirituales que están a disposición de la iglesia de Cristo

ESTUDIO BÍBLICO

Programa No. 2016-02-02
DAVID LOGACHO
a1Es un gozo estar nuevamente con usted amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando acerca de la iglesia de Cristo. En esta ocasión hablaremos de los dones espirituales que están a disposición de la iglesia de Cristo.
DAVID LOGACHO
En nuestro estudio bíblico anterior dejamos en claro que el Vicario de Cristo en la iglesia no es un ser humano, por más distinguido que sea, sino el Espíritu Santo. Como Vicario de Cristo en la iglesia, el Espíritu Santo, entre muchas cosas, otorga dones para edificación de la iglesia. Un don es una habilidad sobrenatural dada por Dios a los creyentes, mediante el Espíritu Santo, por la cual los creyentes pueden funcionar dentro del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Bien se ha comparado a los dones espirituales con las herramientas de un artesano. Los dones espirituales son eso, son herramientas que Dios pone en las manos de los creyentes por medio del Espíritu Santo, para que los creyentes puedan trabajar en la edificación de la iglesia de Cristo. La palabra de Dios nos presenta varias verdades sobre los dones espirituales. En primer lugar, los dones espirituales no son propiedad exclusiva de determinados privilegiados en la iglesia de Cristo. Note lo que dice 1 Corintios 12:11. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

El texto dice que el Espíritu Santo reparte a cada uno los dones espirituales. Esta es la base para afirmar que cada creyente posee al menos un don espiritual. Algunos creyentes poseen más de un don espiritual, ciertamente. Ningún creyente ha sido dejado de lado. Ningún creyente puede decir con propiedad: Yo no tengo ningún don. No es así amable oyente. Usted tiene al menos un don. Lo que pasa es que a lo mejor, no sabe cuál es su don o sus dones, lo cual es muy distinto. Más adelante compartiremos algunas sugerencias para que identifique su don o sus dones, en caso de que todavía no los haya identificado. En segundo lugar, los dones espirituales son dados a los creyentes el momento que los creyentes reciben a Cristo como Salvador. Efesios 1:13 dice: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

Los dones espirituales son uno de los tantos resultados de la presencia del Espíritu Santo en una persona. ¿Cuándo viene a morar el Espíritu Santo en una persona? El texto leído dice tan pronto la persona oye el Evangelio, y cree en el contenido del Evangelio, es decir, recibe a Cristo como Salvador, es sellada con el Espíritu Santo. El sello es la garantía que tiene el creyente de la seguridad de su salvación. Es la presencia misma del Espíritu Santo en la vida del creyente. Es lógico pensar por tanto que en ese mismo instante, el creyente recibe los dones espirituales que permiten a ese creyente ser útil en el cuerpo de Cristo que es la iglesia. En tercer lugar, el Nuevo Testamento muestra que existe una diversidad de dones espirituales y que no todo creyente tiene los mismos dones espirituales. Romanos 12:4-8 dice: Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,

Rom 12:5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

Rom 12:6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;

Rom 12:7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;

Rom 12:8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Es claro en este pasaje bíblico, que cada creyente tiene diferentes dones espirituales. De esta manera, cada creyente puede ocupar su función específica dentro del cuerpo de Cristo. En cuarto lugar, los diferentes dones en cada creyente no deben ser motivo de algún tipo de discordia, como envidia, celos, divisiones. 1 Corintios 12:24-25 dice: Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

1Co 12:25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

En la unidad entre los miembros del cuerpo de Cristo debe haber total armonía como armonía existe entre los miembros del cuerpo humano. Por tanto nadie tiene por qué sentirse superior a los demás por haber recibido tal o cual don considerado espectacular y nadie tiene por qué sentirse inferior a los demás por no haber recibido tal o cual don considerado espectacular. Los dones espirituales, amable oyente no han sido dados para que el poseedor de los dones se sienta orgulloso y se jacte ante los otros miembros del cuerpo de Cristo. Recuerde que los dones espirituales han sido dados como herramientas para servir a otros dentro de la iglesia de Cristo. En quinto lugar, los dones espirituales no son para que se beneficie el poseedor de esos dones sino para el beneficio de la iglesia de Cristo. 1 Corintios 12:7 dice: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

Pablo está hablando de lo beneficioso que es para la iglesia de Cristo el tener a todos sus miembros con distintos dones. Pero el provecho de esos dones no es para los poseedores de los dones sino para provecho de todo el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Si usted, amable oyente, ha recibido de Dios por el Espíritu Santo, digamos el don de enseñanza, no es para que se beneficie de ese don. Es para que otros se beneficien de ese don. En la iglesia de Cristo, nos necesitamos los uno a los otros. Si un creyente no está usando su don, está atentando contra la iglesia de Cristo en general, porque está obstruyendo su edificación, su crecimiento. En sexto lugar, los dones son repartidos a los creyentes conforme a la voluntad del Espíritu Santo. Hablando de los dones espirituales, 1 Corintios 12:11 dice: Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

Los dones espirituales son repartidos como el Espíritu Santo quiere. Gracias a Dios que sea así, porque si fuera como el creyente quiere, todos querrían tener los dones más llamativos. De pronto, tendríamos en la iglesia a todos predicando o enseñando y nadie sirviendo o dando. En séptimo lugar, el Nuevo Testamento nos habla de al menos 18 dones espirituales. El poco tiempo que disponemos no nos permite entrar en detalle a describir cada uno de estos 18 dones espirituales, pero al menos, permítame mencionarlos. Tenemos los siguientes dones: Apóstol, profecía, evangelismo, pastor maestro, enseñanza, exhortación, palabra de ciencia, palabra de sabiduría, ayuda o servicio, repartir o dar, gobernar o presidir, misericordia, fe, discernimiento de espíritus, milagros, sanidad, lenguas e interpretación de lenguas. De estos dones espirituales, algunos fueron de carácter fundacional, es decir que estuvieron vigentes mientras se ponía el fundamento de la iglesia de Cristo, mientras que otros son de carácter permanente mientras el Señor tarde en venir por segunda vez a arrebatar a su iglesia. Esto es en forma resumida lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de los dones espirituales. Antes de concluir, me gustaría dar algunas sugerencias para que usted identifique el don o los dones que le han sido dados. Número uno, infórmese lo más que pueda sobre los dones espirituales. Para esto, es necesario estudiar a fondo pasajes bíblicos como Romanos capítulo 12, 1 Corintios capítulos 12 a 14, Efesios capítulo 4, 1 Pedro capítulo 4 y Joel capítulo 2. en estos pasajes bíblicos, encontrará mucha información para hacer su propia investigación de los dones espirituales. Una vez hecho esto, investigue lo que algunos maestros bíblicos han expuesto acerca de los dones espirituales. Número dos, manifieste una disposición a cumplir con cualquier actividad dentro de la iglesia local. Hable con los líderes de su iglesia local y pida que le utilicen en cualquier cosa dentro de la iglesia. No importa si es limpiar el templo o visitar o enseñar una clase en la Escuela Dominical o predicar. Luego haga un análisis de como se siente haciendo lo que le han dado para hacer y qué resultados se ven de su trabajo. Cuando haga algo que es parte de su don, sentirá un deleite haciéndolo y verá abundante fruto de su trabajo. Así, sabrá que ese es su don. Número tres, busque el consejo de los pastores de la iglesia local y en general de personas maduras espiritualmente hablando y comparta con ellos que está en proceso de identificar sus dones espirituales. Estoy seguro que ellos le darán abundante información sobre este asunto. Si a todo esto, lo baña con mucha oración y en total dependencia del Espíritu Santo, estoy seguro que muy pronto sabrá cuál o cuáles son sus dones espirituales.

PABLO LOGACHO
¿Cómo se recibe el Espíritu Santo? ¿Podemos hacer algo para procurar tenerlo? Pues si no lo sabe visite nuestra página Web y en la sección PREGUNTA DEL DIA encontrara la respuesta a esta interrogante nuestra dirección es labibliadice.org además puede obtener en forma escrita el programa de hoy le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org
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Juan Crisóstomo 22

Juan Crisóstomo 22

¿Cómo piensas cumplir los mandamientos de Cristo, si te dedicas a reunir intereses amontonando préstamos, comprando esclavos como ganado, uniendo negocios a negocios? . . . Y esto no es todo. A todo esto le añades la injusticia, adueñándote de tierras y casas, y aumentando la pobreza y el hambre.

Juan Crisóstomo

a1Cien años después de su muerte, Juan de Constantinopla recibió el título por el que le conoce la posteridad: Juan Crisóstomo —el del habla dorada. Ese título era bien merecido, pues en un siglo que produjo a oradores tales como Ambrosio de Milán y Gregorio de Nacianzo, Juan de Constantinopla descolló por encima de todos— gigante por encima de los gigantes.

Para Juan, sin embargo, el púlpito no fue sencillamente una tribuna desde donde ofreció brillantes piezas de oratoria. Fue más bien expresión oral de su vida toda, escenario de su batalla contra los poderes del mal, vocación ineludible que a la postre le costó el destierro y hasta la vida.

Voz del desierto que clama en la ciudad

Crisóstomo fue por encima de todas las cosas monje. Antes de ser monje fue abogado, educado en su propia ciudad natal de Antioquía por el famoso orador pagano Libanio. Se cuenta que cuando alguien le preguntó al viejo maestro quién debería ser su sucesor, contestó: “Juan, pero los cristianos se han adueñado de él”.

Antusa, la madre de Juan, era cristiana ferviente, y amaba a su hijo con un amor hondo y posesivo. A los veinte años de edad el joven abogado solicitó que se añadiera su nombre a la  lista de los que se preparaban para el bautismo, y tres años después, tras el período de preparación que se requería entonces, recibió las aguas bautismales de manos del obispo Melecio. Todo esto era del agrado de Antusa. Pero cuando su hijo le anunció su propósito de apartarse de la ciudad y dedicarse a la vida monástica, era demasiado, y Antusa le obligó a prometerle que nunca la abandonaría mientras ella viviera.

La respuesta de Juan fue sencillamente organizar un monasterio en su propia casa. Allí vivió en compañía de tres amigos de sentimientos semejantes hasta que, muerta su madre, se fue a vivir entre los monjes en las montañas de Siria. Cuatro años pasó aprendiendo la disciplina monástica, y otros dos practicándola con todo rigor en medio de la más completa solitud. Como él mismo diría, esa vida monástica no era quizá la mejor preparación para la tarea pastoral: “Muchos de los que han pasado del retiro monástico a la vida activa del sacerdote o del obispo resultan completamente incapaces de enfrentarse a las dificultades de la nueva situación.” En todo caso, cuando Juan regresó a Antioquía tras sus seis años de retiro monástico, fue ordenado diácono, y poco después presbítero. Como tal, comenzó a predicar, y pronto su fama se extendió por toda la iglesia de habla griega.

Cuando en el año 397 quedó vacante el episcopado de Constantinopla, Juan fue obligado por mandato imperial a ocupar ese cargo. Tal era su popularidad en Antioquía, que las autoridades guardaron el secreto de lo que se tramaba. Sencillamente se le invitó a visitar una capilla en las afueras de la ciudad, y cuando estaba lejos de la población se le ordenó montar en la carroza imperial, en la que fue trasladado a Constantinopla contra su propia voluntad. Allí fue consagrado obispo —o patriarca, pues el obispo de esa ciudad ostentaba ese título— a principios del año 398.

Constantinopla era una ciudad rica, dada al lujo y a las intrigas políticas. Esta situación se empeoraba por cuanto el gran emperador Teodosio había muerto, y los dos hijos que le habían sucedido —Honorio y Arcadio— eran indolentes e ineptos. Arcadio, quien supuestamente gobernaba el Oriente desde Constantinopla, se dejaba gobernar a su vez por el chambelán de palacio, Eutropio, quien utilizaba su poder para satisfacer sus propias ambiciones y las de sus adeptos. Eudoxia, la emperatriz, se sentía humillada por el poder del chambelán—aunque de hecho era a Eutropio que le debía el haberse casado con Arcadio. En la propia elección de Juan no habían faltado intrigas de las que él mismo no estaba enterado, pues Teófilo, el patriarca de Alejandría, había hecho todo lo posible por colocar sobre el trono episcopal de Constantinopla a un alejandrino, y había sido Eutropio quien había impuesto su voluntad y nombrado al antioqueño Juan.

El nuevo obispo de Constantinopla no estaba enterado de todo esto. Por lo que sabemos de su carácter, es muy probable que aun estando enterado hubiera procedido como lo hizo. El antiguo monje seguía siéndolo, y no podía tolerar el modo en que los habitantes ricos de Constantinopla pretendían compaginar el evangelio con sus propios lujos y comodidades.

Su primer objetivo fue reformar la vida del clero. Algunos sacerdotes que decían ser célibes tenían en sus casas mujeres a las que llamaban hermanas espirituales, y esto era ocasión de escándalo para muchos. Otros clérigos se habían hecho ricos, y vivían tan lujosamente como los potentados de la gran ciudad. Las finanzas de la iglesia estaban completamente desorganizadas, y la tarea pastoral no era atendida. Pronto Juan se enfrentó a todos estos problemas, prohibiendo que las “hermanas espirituales” vivieran con los sacerdotes, y exigiendo que éstos llevaran una vida austera. Las finanzas fueron colocadas bajo un sistema de escrutinio detallado. Los objetos de lujo que había en el palacio del obispo fueron vendidos para dar de comer a los pobres. Y el clero recibió órdenes de abrir las iglesias por las tardes, de modo que las gentes que trabajaban pudieran asistir a ellas. De más está decir que todo esto, aunque le ganó el respeto de muchos, también le granjeó el odio de otros.

Empero la reforma no podía limitarse al clero. Era necesario que los laicos también llevasen vidas más acordes al mandato evangélico. Y por tanto el orador del habla dorada tronaba desde el púlpito: Ese freno de oro en la boca de tu caballo, ese aro de oro en el brazo de tu esclavo, esos adornos dorados de tus zapatos, son  señal de que estás robando al huérfano y matando de hambre a la viuda. Después que hayas muerto, quien pase ante tu gran casa dirá: “¿Con cuántas lágrimas construyó ese palacio? ¿Cuántos huérfanos se vieron desnudos, cuántas viudas injuriadas, cuántos obreros recibieron salarios injustos?” Y así, ni siquiera la muerte te librará de tus acusadores.

Era el monje del desierto que clamaba en la ciudad. Era la voz del cristianismo antiguo que no se doblegaba ante las tentaciones del cristianismo imperial. Era un gigante cuya voz hacía temblar los cimientos mismos de la sociedad —no porque su habla fuese de oro, sino porque su palabra era de lo alto.

La vuelta al desierto

Los poderosos no podían tolerar aquella voz que desde el púlpito de la iglesia de Santa Sofía—la más grande de toda la cristiandad—les llamaba a una obediencia absoluta al evangelio en que decían creer. Eutropio, quien le había hecho nombrar obispo, esperaba favores y concesiones especiales. Pero para Juan, en cambio, Eutropio no era sino un creyente más, y era necesario predicarle el evangelio con todas sus demandas. El resultado era que Eutropio se arrepentía, no de sus pecados, sino de haber hecho traer a Juan desde Antioquía.

Por fin el conflicto estalló a causa del derecho de asilo. Algunos fugitivos de la tiranía de Eutropio se refugiaron en la iglesia de Santa Sofía. El chambelán sencillamente envió a sus soldados a buscarles. Pero el obispo se mostró inflexible, y les prohibió a los soldados entrar al santuario. Eutropio protestó ante el emperador, pero Crisóstomo acudió a su púlpito, y por primera vez Arcadio se negó a acceder a las demandas de su favorito. El ocaso de Eutropio comenzaba, y era el humilde pero austero monje quien lo había ocasionado.

Poco después una serie de circunstancias políticas provocó la caída definitiva de Eutropio. Esto era lo que el pueblo esperaba. Pronto las multitudes se lanzaron a la calle pidiendo venganza contra quien los había oprimido y explotado. Eutropio no tuvo otra alternativa que correr a Santa Sofía y abrazarse al altar. Cuando el pueblo llegó en su búsqueda, Crisóstomo salió a su encuentro, e invocó el mismo derecho de asilo que antes había invocado contra Eutropio. Frente al pueblo, frente al ejército, y por último frente al emperador, Crisóstomo defendió la vida de Eutropio, quien continuó refugiado en Santa Sofía hasta que trató de escapar y sus enemigos lo capturaron y dieron muerte.

Empero había otros enemigos que Crisóstomo se había granjeado entre los poderosos. Eudoxia, la esposa del emperador, resentía el poder creciente del obispo. Además, lo que se decía desde el púlpito de Santa Sofía no le venía bien a la emperatriz  —o le venía demasiado bien—. Cuando Crisóstomo describía la pompa y necedad de los poderosos, Eudoxia sentía que los ojos del pueblo se clavaban en ella. Era necesario hacer callar aquella voz del desierto que clamaba en Santa Sofía. La emperatriz le hizo donativos especiales a la iglesia. El obispo le dio las gracias. Y siguió predicando igual que antes.

Entonces la emperatriz acudió a métodos más directos. Cuando Crisóstomo tuvo que ausentarse de la ciudad para atender a ciertos asuntos eclesiásticos en Efeso, Eudoxia se alió con Teófilo de Alejandría. Al regresar de Efeso, Crisóstomo se encontró acusado de una larga serie de cargos ridículos ante un pequeño grupo de obispos que Teófilo había reunido en Constantinopla. Crisóstomo no les hizo el menor caso, y sencillamente continuó predicando y atendiendo a sus deberes pastorales. Teófilo y los suyos lo declararon culpable, y le pidieron a Arcadio que lo desterrara. A instancias de Eudoxia, el emperador accedió al pedido de los obispos, y ordenó que Juan Crisóstomo abandonara la ciudad.

La situación era tensa. El pueblo estaba indignado. Los obispos y el clero de las cercanías se reunieron en Constantinopla, y le prometieron su apoyo a Crisóstomo. Todo lo que éste tenía que hacer era dar la orden, y los obispos se constituirían en un sínodo que condenaría a Teófilo y los suyos, al tiempo que el pueblo se sublevaría y sacudiría los cimientos mismos del Imperio. Con una sola palabra del elocuente obispo, toda la conspiración caería por tierra. Arcadio y Eudoxia lo sabían, y se preparaban para la lucha. Crisóstomo también lo sabía. Pero amaba demasiado la paz, y por ello se preparaba para el exilio. A los tres días de recibir la orden imperial, se despidió de los suyos se entregó a las autoridades.

El pueblo, empero, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Las calles bullían de gentes prontas a amotinarse. Los soldados y la pareja imperial no se atrevían a aparecer en público. Esa noche, como una señal de la ira divina, la tierra tembló. Pocos días después, ante las súplicas asustadas de Eudoxia, Crisóstomo regresó a la ciudad y a su púlpito, en medio de las aclamaciones del pueblo.

Aunque el obispo había regresado, las razones del conflicto no estaban resueltas. Tras varios meses de intrigas, confrontaciones y vejaciones, Crisóstomo recibió una nueva orden de exilio. Y otra vez, aun contra el consejo de muchos de sus seguidores, se entregó a los soldados tranquila y secretamente, a fin de evitar un disturbio cuyas consecuencias el pueblo sufriría.

Pero el disturbio era inevitable. En la catedral de Santa Sofía y sus alrededores el pueblo se reunió, y mientras la multitud forcejeaba con el ejército estalló un incendio que consumió la catedral y varios edificios vecinos. Tras el disturbio vinieron la investigación y la venganza. La causa del incendio nunca se supo, pero muchos fueron torturados, y los más conocidos amigos del depuesto obispo fueron enviados al exilio.

Mientras tanto, el predicador del habla de oro marchaba al exilio en la remota aldea de Cucuso. Puesto que carecía de púlpito, tomó la pluma, y el mundo se conmovió. El obispo de Roma, Inocencio, abrazó su causa, y muchos siguieron su ejemplo. Sólo los tímidos y los aduladores —además de Teófilo de Alejandría—justificaban las acciones del emperador. La controversia hervía por todas partes. La pequeña aldea de Cucuso parecía haberse vuelto el centro del mundo.

A la postre los enemigos de Crisóstomo decidieron que aun la remota aldea de Cucuso estaba demasiado cerca, y ordenaron que el depuesto obispo fuese llevado aun más lejos, a un frío e ignoto rincón en las costas del Mar Negro. Los soldados que debían acompañarle en su viaje recibieron indicaciones de que no era necesario preocuparse demasiado por la salud de su prisionero, y que si éste no llegaba a su destino, tal cosa no sería muy lamentable. La salud de Crisóstomo flaqueaba, y cuando creyó que le había llegado el momento de morir pidió que le llevasen a una pequeña iglesia en el camino, tomó la comunión, se despidió de los que lo rodeaban, y terminó su vida con su más breve y elocuente sermón: “En todas las cosas, gloria a Dios. Amén”. Las vidas de Crisóstomo y Ambrosio, comparadas, nos sirven de indicio de los distintos rumbos que a la larga tomarían las iglesias de Oriente y de Occidente. Ambrosio se enfrentó al más poderoso emperador de su época, y resultó vencedor.

Crisóstomo, por su parte, fue destituido y enviado al exilio por el débil Arcadio. A partir del siglo próximo, la iglesia de Occidente —es decir, la de habla latina— se haría cada vez más poderosa, en medio de los desastres que destruyeron el poder del Imperio. En el Oriente, por el contrario, el Imperio perduraría mil años más. Unas veces fuerte y otras débil, este vástago oriental del viejo Imperio Romano —el llamado Imperio Bizantino— guardaría celosamente sus prerrogativas sobre la iglesia. Teodosio no fue el último emperador de Occidente que tuvo que humillarse ante un obispo de habla latina. Y Juan Crisóstomo —el del habla de oro— no fue el último obispo de habla griega enviado al exilio por un emperador de Oriente.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 209–214). Miami, FL: Editorial Unilit.

No tienes por qué estar solo

Febrero 2

No tienes por qué estar solo

Lectura bíblica: Isaías 43:1–3

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo. Isaías 43:2

a1Oye: tienes tres segundos para imaginarte cómo reaccionarías si Jesús de pronto se apareciera y se sentara a tu lado. A la una… a las dos… a las tres.
Para comentar: ¿Qué dirías? ¿Le pedirías su autógrafo? ¿Le contarías las cosas que te pasaron hoy?
Si Jesús es tu amigo más íntimo en el mundo, lo más probable es que tendrías mucho para contarle. Pero quizá nunca se te ha ocurrido lo que diría Jesús si se apareciera a la mesa cuando estás comiendo o cuando estás haciendo las tareas de la escuela. Sabes que él se interesa muchísimo en tener una amistad íntima y personal contigo. Y pensando en todo lo que Jesús le dijo a sus seguidores en la Biblia, te diría cosas como:

• “A lo mejor te crees que no sé lo que es sentirse marginado. A veces el gentío quería coronarme rey (ver Juan 6:15). Pero algunos de los líderes religiosos me odiaban. Me vigilaban, buscando algo que pudieran usar para hacerme quedar mal; o peor aún, para matarme (ver Mateo 12:14). ¿Te das cuenta por qué puedo decirte que sé lo que significa ser despreciado?”.
• “Mi aspecto no llamaba la atención (ver Isaías 53:2). Por eso sé lo que es sentirse uno en el montón”.
• “Cuando llamé a doce discípulos y empecé a predicar, mi propia familia no creía en mí (ver Marcos 3:21). Por eso sé lo que es sentir que la familia de uno no lo comprende”.
• “Se burlaban de mí cuando hacía lo correcto (ver Mateo 27:27–44). Por eso sé lo que es sentir que uno no le cae bien a la gente que tiene alrededor”.
• “Pasé cuarenta días y cuarenta noches en el desierto completamente solo (ver Mateo 4:1, 2). Por eso sé lo que es sentirse solo”.

Es posible que no se te haya ocurrido que Jesús sabe lo que es la soledad, el desaliento y la tristeza. No obstante, él quiere que sepas que no estás solo.
Tu Señor te hizo. Te salvó. Tú eres su hijo escogido y especial. Y él está contigo sea que lo sientas o no cerca tuyo. El que no puedas verlo o tocarlo no significa que no esté contigo todo el tiempo. Puedes contar con su promesas. Él te está diciendo: pases por las aguas, yo estaré contigo”.

PARA DIALOGAR
¿Qué cosas difíciles enfrentas en la vida? ¿De que manera te ayuda saber que Cristo ha prometido que no tienes que sentirte solo en los momentos difíciles?

PARA ORAR
Cuando nos sentimos solos, Señor Jesús, ayúdanos a recordar que tú estás aquí con nosotros.

PARA HACER
Confecciona un cartel con las palabras de Isaías 43:2 y cuélgalo donde puedas verlo.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

El santuario único

Levítico 17-19

El santuario único

a117:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová:

Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él,

y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo,

a fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paz a Jehová.

Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión, y quemará la grosura en olor grato a Jehová.

Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades.

Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre vosotros, que ofreciere holocausto o sacrificio,

y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para hacerlo a Jehová, el tal varón será igualmente cortado de su pueblo.

Prohibición de comer la sangre

10 Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo.

11 Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.

12 Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre.

13 Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra.

14 Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado.

15 Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia.

16 Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad.

Actos de inmoralidad prohibidos

18:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios.

No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos.

Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios.

Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.

Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová.

La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez.

La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre.

La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera, su desnudez no descubrirás.

10 La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, su desnudez no descubrirás, porque es la desnudez tuya.

11 La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana es; su desnudez no descubrirás.

12 La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás; es parienta de tu padre.

13 La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás, porque parienta de tu madre es.

14 La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás; no llegarás a su mujer; es mujer del hermano de tu padre.

15 La desnudez de tu nuera no descubrirás; mujer es de tu hijo, no descubrirás su desnudez.

16 La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; es la desnudez de tu hermano.

17 La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás; no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas, es maldad.

18 No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.

19 Y no llegarás a la mujer para descubrir su desnudez mientras esté en su impureza menstrual.

20 Además, no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella.

21 Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

22 No te echarás con varón como con mujer; es abominación.

23 Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión.

24 En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros,

25 y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.

26 Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros

27 (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada);

28 no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros.

29 Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo.

30 Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios.

Leyes de santidad y de justicia

19:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.

Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo[a] guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios.

No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.

Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos.

Será comido el día que lo ofreciereis, y el día siguiente; y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego.

Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto,

y el que lo comiere llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de su pueblo.

Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada.

10 Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

11 No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro.

12 Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

13 No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana.

14 No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová.

15 No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo.

16 No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.

17 No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.

18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.

19 Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.

20 Si un hombre yaciere con una mujer que fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados; no morirán, por cuanto ella no es libre.

21 Y él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en expiación por su culpa.

22 Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió; y se le perdonará su pecado que ha cometido.

23 Y cuando entréis en la tierra, y plantéis toda clase de árboles frutales, consideraréis como incircunciso lo primero de su fruto; tres años os será incircunciso; su fruto no se comerá.

24 Y el cuarto año todo su fruto será consagrado en alabanzas a Jehová.

25 Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto. Yo Jehová vuestro Dios.

26 No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos.

27 No haréis tonsura en vuestras cabezas, ni dañaréis la punta de vuestra barba.

28 Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.

29 No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad.

30 Mis días de reposo[b] guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.

31 No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.

32 Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.

33 Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis.

34 Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

35 No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida.

36 Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.

37 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra. Yo Jehová.

Footnotes:

  1. Levítico 19:3 Aquí equivale a sábado.
  2. Levítico 19:30 Aquí equivale a sábado.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

 

EL VERDADERO ORIGEN DE LAS GUERRAS

EL VERDADERO ORIGEN DE LAS GUERRAS

Programa No. 2016-02-02
PABLO MARTININ
a1Ni bien entró el pecado en el mundo la consecuencia inmediata fue la guerra, el clima de enemistad y los conflictos. Veamos, en primer lugar Dios le informó a la serpiente que a partir de entonces estaban en guerra. La palabra enemistad tiñe el relato, “enemistad entre ti y la simiente de la mujer”, o sea entre Satanás y el mismo Dios y su Hijo. Y ya le anticipaba quién iba a ser el perdedor: “Él te herirá en la cabeza.” Luego le dijo a la mujer que habría enemistad y lucha de poder dentro de su matrimonio: “Tú”, le dijo a Eva, “desearás estar por encima de tu marido, pero no lograrás, siempre él se enseñoreará sobre ti.” ¡Linda advertencia! ¡Y por seguro que se cumplió, se cumple y se seguirá cumpliendo dentro de cada casa! Y como si estas sentencias no hubieran alanzado, los termina expulsando del Edén, y alejando de su presencia. Comenzó allí la enemistad de criaturas con Creador. Enemistad que tuvo que ser reconciliada en Cristo por el mismo Dios, de lo contario seguiríamos hasta hoy imposibilitados de acceder a su presencia.

Como ves lo que logra el pecado es la guerra, el conflicto, la comunicación rota. De ahí todos nuestros conflictos territoriales entre naciones, étnicos entre razas, sociales entre castas, Etc. De ahí los divorcios, las guerras, los crímenes pasionales y cuanta forma de pleito y enemistad existan. La raíz es siempre la misma y entonces la solución sigue siendo la misma reconciliarse con Dios, abandonar el pecado, dejar que Dios nos perdone, nos restaure y nos haga nuevas criaturas capacitadas nuevamente para disfrutar de Dios. Intentar vivir en paz entre las criaturas mientras persista la enemistad con el Creador es la peor utopía de toda la vida. Primero lo primero, arregla tus cuentas con Dios y luego con tus semejantes. Cuando disfrutes de armonía interior tu mundo cambiará de un clima de guerra a un clima de paz.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Intentar vivir en paz entre las criaturas mientras persista la enemistad con el Creador es la peor utopía de la vida.

http://labibliadice.org/unapausaentuvida/2016/02/02/verdadero-origen-las-guerras/

Ambrosio de Milán 21

Ambrosio de Milán 21

Dios ordenó que todas las cosas fueran producidas, de modo que hubiera comida en común para todos, y que la tierra fuese la heredad común de todos. Por tanto, la naturaleza ha producido un derecho común a todos; pero la avaricia lo ha vuelto el derecho de unos pocos.

Ambrosio de Milán

Entre los muchos gigantes cristianos que el siglo IV produjo, ninguno llevó una vida tan interesante como Ambrosio de Milán.

Su elección al episcopado

a1Corría el año 373 cuando la muerte del obispo de Milán vino a turbar la paz de esa gran ciudad. Auxencio, el difunto obispo, había sido puesto en ese cargo por un emperador arriano, quien había enviado al exilio al obispo anterior. Ahora que la sede estaba vacante, la elección amenazaba convertirse en un tumulto que podía volverse sangriento, pues tanto los arrianos como los nicenos estaban decididos a asegurarse de que uno de los suyos resultara electo.

A fin de evitar un motín, Ambrosio, el gobernador de la ciudad, se presentó en la iglesia en que iba a tener lugar la elección. Su gobierno justo y eficiente le había ganado las simpatías del pueblo. Natural de Tréveris, Ambrosio era hijo de un alto funcionario del Imperio, y por tanto esperaba que su carrera política le llevaría a posiciones cada vez más elevadas. Pero, a fin de que esa carrera no fuese arruinada, era necesario evitar un desorden violento en la elección del nuevo obispo de Milán.

Con esto en mente, Ambrosio se presentó en la iglesia, pidió la palabra, y comenzó a exhortar al pueblo con la elocuencia que más tarde le haría famoso. Según Ambrosio hablaba, la multitud se calmaba, y por tanto parecía que la gestión del gobernador tendría buen éxito. De pronto, un niño gritó: “¡Ambrosio, obispo!” Inesperadamente, el pueblo también empezó a gritar: “¡Ambrosio, obispo! ¡Ambrosio, obispo! ¡Ambrosio! ¡Ambrosio! ¡Ambrosio!”.

Para Ambrosio, ese grito de la muchedumbre podría ser el fin de su carrera política. Por tanto se abrió paso a través del pueblo, fue al pretorio, y condenó a tortura a varios presos, en la esperanza de perder su popularidad. Pero el populacho le seguía y no se dejaba convencer. Entonces el joven gobernador hizo traer a su casa mujeres de mala fama, para así destruir la opinión que el público tenía de él. Pero las gentes se agolpaban frente a su casa y seguían clamando que querían que Ambrosio fuera su obispo. Dos veces trató de huir de la ciudad o esconderse, pero sus esfuerzos resultaron fallidos. Por fin, rindiéndose ante la insistencia del pueblo y el mandato imperial, accedió a ser obispo de Milán.

Ambrosio, sin embargo, ni siquiera había sido bautizado, pues en esa época muchas personas—especialmente las que ocupaban altos cargos públicos —demoraban su bautismo hasta el final de sus días—. Por tanto, fue necesario empezar por bautizarle. Después, en el curso de una semana, fue hecho sucesivamente lector, exorcista, acólito, subdiácono, diácono y presbítero, hasta que fue consagrado obispo ocho días después, el primero de diciembre del año 373.

El pastor de Milán

Aunque Ambrosio no había querido ser obispo, una vez que aceptó ese cargo se dedicó a cumplir sus funciones a cabalidad. Para ayudarle en las labores administrativas de la iglesia, llamó junto a sí a su hermano Uranio Sátiro, quien era gobernador de otra provincia. Además hizo venir al presbítero Simpliciano, quien años antes le había enseñado los rudimentos de la fe cristiana, para que fuera su maestro de teología. Puesto que Ambrosio era un hombre culto, y se dedicó a sus estudios con asiduidad, pronto llegó a ser uno de los mejores teólogos de toda la iglesia occidental. Aunque Uranio Sátiro murió poco después a consecuencias de un naufragio, el tiempo que pasó con Ambrosio ayudó al nuevo obispo a poner sus asuntos en orden, y a tomar las riendas de la iglesia que le había tocado dirigir.

Poco después de la muerte de su hermano, los acontecimientos le dieron a Ambrosio la ocasión de mostrar el modo en que entendía sus responsabilidades pastorales. Un fuerte contingente godo atravesó las fronteras del Danubio con la anuencia de las autoridades imperiales, pero luego se rebeló y cometió grandes desmanes en las regiones al este de Milán.

Como resultado de los mismos, fueron muchos los refugiados que llegaron a la ciudad, y muchos otros los cautivos que permanecían presos en espera de rescate. Ante esta situación, Ambrosio hizo fundir y vender parte de los tesoros de la iglesia, para ayudar a los refugiados y para pagar el rescate de los cautivos. Inmediatamente los arrianos le acusaron de haber cometido un sacrilegio. Ambrosio respondió:

Es mucho mejor guardar para el Señor almas que oro. Porque quien envió a los apóstoles sin oro, sin oro juntó también las iglesias. La iglesia tiene oro, no para almacenarlo, sino para entregarlo, para gastarlo en favor de quienes tienen necesidades…. Mejor sería conservar los vasos vivientes, que no los de oro.

De igual modo, al escribir acerca de los deberes de los pastores, Ambrosio les dice que la verdadera fortaleza consiste en apoyar a los débiles frente a los poderosos, y que deben ocuparse de invitar a sus fiestas y banquetes, no a los ricos que pueden recompensarlos, sino a los pobres, que tienen mayor necesidad y que no pueden ofrecerles recompensa alguna.

Otra ocasión tuvo Ambrosio de poner estos principios en práctica cuando, poco después de la muerte de Valente, el nuevo emperador, Graciano, condenó injustamente a muerte a un noble pagano. Aunque el hombre en cuestión no era parte de la grey de Ambrosio, el obispo creía que sus deberes se extendían más allá de los miembros de su iglesia. Empero Graciano, quien probablemente sospechaba lo que Ambrosio quería de él, se negaba a darle audiencia. Por fin, Ambrosio se introdujo subrepticiamente en el lugar en donde el emperador daba una exhibición de caza, y allí lo importunó para que perdonara la vida al reo. Al principio el emperador y su séquito se indignaron contra quien interrumpía sus diversiones. Pero a la postre, sobrecogido por el valor del obispo y por la justicia de su petición, Graciano perdonó al condenado, y le agradeció a Ambrosio el que le hubiera obligado a hacer justicia.

Empero Ambrosio nunca se enteró de su triunfo más importante. Entre sus oyentes en la catedral de Milán se encontraba un joven intelectual que había seguido una larga peregrinación espiritual. Ahora, los sermones de Ambrosio fueron uno de los instrumentos que Dios utilizó para su conversión. Aquel joven se llamaba Agustín, y aunque fue Ambrosio quien lo bautizó, el obispo de Milán no parece haberse percatado de las dotes excepcionales de su nuevo converso, que después llegaría a ser el más famoso de todos los “gigantes” de su época.

El obispo frente a la corona

La labor pastoral de Ambrosio no se limitó a la predicación, la administración de los sacramentos, la dirección de los asuntos económicos de la iglesia, etcétera. Puesto que se trataba de un verdadero gigante, ubicado en una de las principales ciudades del Imperio, y puesto que se trataba también de un hombre de principios firmes y convicciones profundas, resultaba inevitable que a la larga chocara con las autoridades civiles.

Los más importantes conflictos de Ambrosio con la corona fueron los que le colocaron frente a frente con la emperatriz Justina. En el Occidente gobernaba, además de Graciano, su medio hermano Valentiniano II. Puesto que éste era menor de edad, la regencia había caído sobre Graciano. Empero en ausencia de Graciano la madre de Valentiniano, Justina, gozaba de gran poder, y se proponía utilizar ese poder para afianzar a su hijo en el trono y para promover la causa arriana, de la que era partidaria convencida. Frente a sus designios se alzaba Ambrosio, cuya política consistía en procurar, cada vez que una sede cercana resultaba vacante, que fuera un obispo ortodoxo quien la ocupara.

Por otra parte, Justina le debía grandes favores a Ambrosio, pues cuando hubo una rebelión en las Galias, y el usurpador Máximo derrotó y mató a Graciano, el trono de Valentiniano parecía derrumbarse, y en aquella ocasión Ambrosio fue como embajador ante el usurpador y lo convenció de que no invadiera los territorios de Valentiniano.

Pero a pesar de estas deudas de gratitud, Justina estaba decidida a obligar a Ambrosio a cederle una basílica para que fuese celebrado en Milán el culto arriano. Ambrosio se negaba, y se siguieron una serie de confrontaciones memorables. En una ocasión, cuando Ambrosio y su congregación se encontraban sitiados en la basílica por las tropas imperiales, Ambrosio venció la resistencia de los sitiadores dirigiendo a los fieles en el canto de himnos de entusiasmo y esperanza. De hecho, Ambrosio se hizo también famoso por los himnos que introdujo en el culto cristiano, y que fueron una de sus principales armas contra sus enemigos. En otra ocasión, cuando se le ordenó que entregase los vasos sagrados, Ambrosio respondió:

No puedo tomar nada del templo de Dios, ni puedo entregar lo que recibí, no para entregar, sino para guardar. En esto actúo en bien del emperador, puesto que no conviene que yo los entregue, ni tampoco que él los reciba.

Fue en medio de aquella contienda constante con la emperatriz que Ambrosio mandó excavar bajo una de las iglesias de la ciudad, y dos esqueletos decapitados fueron descubiertos. Alguien recordó que de niño había oído hablar de los mártires Gervasio y Protasio, e inmediatamente los restos fueron bautizados con esos nombres. Pronto corrieron rumores de milagros que ocurrían en virtud de las “sagradas reliquias”, y el pueblo se unió cada vez más en defensa de su obispo.

Por último, la enemistad de Justina hacia Ambrosio le costó el trono y la vida a su hijo, pues en una larga serie de maquinaciones dirigidas contra el obispo, Justina sólo logró que el usurpador Máximo atravesara los Alpes e invadiera sus territorios. Teodosio, el emperador de Oriente, acudió en defensa del niño Valentiniano, y derrotó a Máximo. Pero cuando Teodosio regresó a sus territorios dejó a Valentiniano al cuidado del conde Arbogasto, quien primero lo oprimió y por fin lo hizo matar. Así quedó Teodosio como dueño único del Imperio.

Teodosio era ortodoxo —de hecho, fue él quien convocó el Concilio de Constantinopla, que señaló el triunfo final de la fe nicena—. Pero a pesar de ello, bajo su gobierno Ambrosio volvió a chocar con la autoridad imperial. Dos fueron los mayores conflictos entre el obispo y el emperador. En ambos Ambrosio resultó vencedor, aunque con toda justicia debemos decir que en el primer caso era Teodosio quien tenía razón, y la victoria de Ambrosio trajo graves consecuencias.

El primer conflicto se produjo cuando un grupo de cristianos fanáticos en la pequeña población de Calínico quemó una sinagoga judía. El emperador ordenó que los culpables fueran castigados, y que además reconstruyeran la sinagoga destruida. Frente a él, Ambrosio decía que era impío por parte de un emperador cristiano obligar a otros cristianos a construir una sinagoga judía. Tras varios encuentros, el emperador cedió, los judíos se quedaron sin sinagoga, y los incendiarios resultaron impunes. Esto sentó un triste precedente, pues mostraba que en un imperio que se daba el nombre de cristiano quienes no lo fueran no podrían gozar de la protección de la ley.

El otro conflicto se debió a una causa mucho más justa. En Tesalónica se había producido un motín, y el pueblo sublevado había matado al comandante de la ciudad. Ambrosio, que conocía el carácter irascible del emperador, se presentó ante él y le aconsejó responder con mesura. Pero una vez que el obispo hubo partido, los cortesanos le aconsejaron a Teodosio que tomara medidas fuertes contra los habitantes de Tesalónica. Arteramente, Teodosio hizo correr la noticia de que la ciudad estaba perdonada. Pero cuando la mayor parte de la población se hallaba en el circo celebrando el perdón imperial, las tropas rodearon el lugar y, por orden de Teodosio, mataron a siete mil personas.

Al enterarse de lo sucedido, Ambrosio resolvió exigir de Teodosio un arrepentimiento público. Cuando algún tiempo después Teodosio se presentó ante la iglesia, el Obispo salió a la puerta y, alzando la mano frente al Emperador, le dijo: ¡Detente! Un hombre como tú, manchado de pecado, con las manos bañadas en sangre de injusticia, es indigno, hasta tanto se arrepienta, de entrar en este recinto sagrado, y de participar de la comunión.

Ante esta actitud por parte del Obispo, varios de los cortesanos quisieron usar de violencia con él. Pero el Emperador reconoció la justicia de lo que Ambrosio le decía, y dio muestras públicas de su arrepentimiento. Como señal de ello, y como una confesión de su carácter irascible, Teodosio ordenó que cualquier pena de muerte no se haría efectiva sino treinta días después de ordenada.

A partir de entonces, las relaciones entre Teodosio y el obispo de Milán fueron cada vez más cordiales. Cuando por fin el Emperador se vio próximo a la muerte, llamó a su lado al obispo que se había atrevido a censurarle públicamente.

Ya en esa época la fama de Ambrosio era tal que Fritigilda, la reina de los bárbaros marcomanos, le pidió que le escribiera un manual de instrucción acerca de la fe cristiana.

Tras leer el que Ambrosio le envió, Fritigilda decidió visitarle. Pero cuando iba camino de Milán supo que el famoso obispo de esa ciudad había muerto. Fue el 4 de abril del año 397, Domingo de Resurrección.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 204–208). Miami, FL: Editorial Unilit.

A veces me siento muy solo

Febrero 1

A veces me siento muy solo

Lectura bíblica: Génesis 2:18–23

No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea. Génesis 2:18

a1Después de un día terrible en la escuela, Graciela se tiró en la cama y escribió estas palabras tristes en su diario:
Me sentí muy sola hoy en la escuela. En el recreo, Lidia se burló de mi blusa. Dijo que era un trapo. Levantó tanto la voz que todos la oyeron. No supe qué hacer, así que salí corriendo y me escondí detrás del edificio. Me mantuve apartada el resto del día. ¿Alguna vez podré sentir que tengo una amiga?

No todas las chicas escriben en un diario cuando se sienten solas. A muchos varones nunca se les ocurriría escribir lo que sienten, ni en secreto. Pero es un hecho: Algunas veces todos nos sentimos solos. Aun cuando nos gusta estar solos, no nos gusta sentir que nos marginan. Nos disgusta cuando se burlan de nosotros. Queremos amigos con quienes hablar de nuestras ideas, nuestros sueños y de nuestros problemas. Nos atraen las personas que nos hacen sentir apreciados y amados.

De eso leíste en el pasaje bíblico de hoy. Después de que Dios creó a Adán dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Adán habrá contemplado con admiración a todos los animales fantásticos, las robustas plantas y el hermoso paisaje que Dios había hecho. Pero, a pesar de todo, se sentía solo. Adán necesitaba alguien como él. Por eso es que Dios creó a Eva. La hizo para que fuera la amiga más íntima que Adán pudiera tener.
Necesitar amigos humanos es normal. Es así como nos hizo Dios.

Pero aun antes de que Adán tuviera a Eva, tenía a Dios. Y después de haber creado a Adán y Eva, a Dios le gustaba estar en el jardín del Edén para conversar con ellos.
En la actualidad pasa lo mismo con los seres humanos. Dios nos brinda personas que pueden ser nuestros amigos íntimos y pueden quitarnos la soledad. Pero no quiere que seamos amigos íntimos sólo con otras personas, porque a veces nuestros amigos humanos nos decepcionan. Quiere que seamos amigos íntimos de él.

Cuando nos sentimos solos, el mejor remedio para nuestra soledad es conocer a Jesucristo. Dios envió a Jesús a la Tierra para que pudiéramos estar seguros de que nos ama. Jesús es el amigo con quien podemos hablar todos los días, aun cuando no haya nadie con nosotros. Y podemos confiar en que Jesús está con nosotros dondequiera que vayamos cada día. (Puedes comprobar esta verdad en Mateo 28:20).

Necesitas a los demás, pero sobre todo necesitas a Jesús. Y Jesús quiere ser tu mejor amigo siempre.

PARA DIALOGAR
¿De qué modo te ha hecho alguien sentirte solo? ¿De qué manera te ha hecho sentirte querido? ¿Cómo es posible acercarte a Dios cuando te sientes solo?

PARA ORAR
Señor Jesús, te damos gracias porque cuando nos sentimos solos tú siempre estás cerca, y siempre eres nuestro mejor amigo.

PARA HACER
Cuando te sientas solo hoy, dale gracias a Jesús por ser tu mejor amigo.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.