Consejos de Ahitofel y de Husai

2 Samuel 16-18

16:1  Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí Siba el criado de Mefi-boset, que salía a recibirle con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, cien racimos de pasas, cien panes de higos secos, y un cuero de vino.

Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es esto? Y Siba respondió: Los asnos son para que monte la familia del rey, los panes y las pasas para que coman los criados, y el vino para que beban los que se cansen en el desierto.

Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.

Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti.

Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo,

y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda.

Y decía Simei, maldiciéndole: !!Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso!

Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.

Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza.

10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. ¿Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?

11 Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho.

12 Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy.

13 Y mientras David y los suyos iban por el camino, Simei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo.

14 Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí.

15 Y Absalón y toda la gente suya, los hombres de Israel, entraron en Jerusalén, y con él Ahitofel.

16 Aconteció luego, que cuando Husai arquita, amigo de David, vino al encuentro de Absalón, dijo Husai: !!Viva el rey, viva el rey!

17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Es este tu agradecimiento para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo?

18 Y Husai respondió a Absalón: No, sino que de aquel que eligiere Jehová y este pueblo y todos los varones de Israel, de aquél seré yo, y con él me quedaré.

19 ¿Y a quién había yo de servir? ¿No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré delante de ti.

20 Entonces dijo Absalón a Ahitofel: Dad vuestro consejo sobre lo que debemos hacer.

21 Y Ahitofel dijo a Absalón: Llégate a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se fortalecerán las manos de todos los que están contigo.

22 Entonces pusieron para Absalón una tienda sobre el terrado, y se llegó Absalón a las concubinas de su padre, ante los ojos de todo Israel.

23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón.

Consejos de Ahitofel y de Husai

17:1  Entonces Ahitofel dijo a Absalón: Yo escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré y seguiré a David esta noche,

y caeré sobre él mientras está cansado y débil de manos; lo atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá, y mataré al rey solo.

Así haré volver a ti todo el pueblo (pues tú buscas solamente la vida de un hombre); y cuando ellos hayan vuelto, todo el pueblo estará en paz.

Este consejo pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.

Y dijo Absalón: Llamad también ahora a Husai arquita, para que asimismo oigamos lo que él dirá.

Cuando Husai vino a Absalón, le habló Absalón, diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguiremos su consejo, o no? Di tú.

Entonces Husai dijo a Absalón: El consejo que ha dado esta vez Ahitofel no es bueno.

Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado sus cachorros. Además, tu padre es hombre de guerra, y no pasará la noche con el pueblo.

He aquí él estará ahora escondido en alguna cueva, o en otro lugar; y si al principio cayeren algunos de los tuyos, quienquiera que lo oyere dirá: El pueblo que sigue a Absalón ha sido derrotado.

10 Y aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león, desmayará por completo; porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que los que están con él son esforzados.

11 Aconsejo, pues, que todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta Beerseba, en multitud como la arena que está a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla.

12 Entonces le acometeremos en cualquier lugar en donde se hallare, y caeremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él y de todos los que están con él.

13 Y si se refugiare en alguna ciudad, todos los de Israel llevarán sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, hasta que no se encuentre allí ni una piedra.

14 Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai arquita es mejor que el consejo de Ahitofel. Porque Jehová había ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara, para que Jehová hiciese venir el mal sobre Absalón.

15 Dijo luego Husai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos de Israel; y de esta manera aconsejé yo.

16 Por tanto, enviad inmediatamente y dad aviso a David, diciendo: No te quedes esta noche en los vados del desierto, sino pasa luego el Jordán, para que no sea destruido el rey y todo el pueblo que con él está.

17 Y Jonatán y Ahimaas estaban junto a la fuente de Rogel, y fue una criada y les avisó, porque ellos no podían mostrarse viniendo a la ciudad; y ellos fueron y se lo hicieron saber al rey David.

18 Pero fueron vistos por un joven, el cual lo hizo saber a Absalón; sin embargo, los dos se dieron prisa a caminar, y llegaron a casa de un hombre en Bahurim, que tenía en su patio un pozo, dentro del cual se metieron.

19 Y tomando la mujer de la casa una manta, la extendió sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y nada se supo del asunto.

20 Llegando luego los criados de Absalón a la casa de la mujer, le dijeron: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron y no los hallaron, volvieron a Jerusalén.

21 Y después que se hubieron ido, aquéllos salieron del pozo y se fueron, y dieron aviso al rey David, diciéndole: Levantaos y daos prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra vosotros.

22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán.

23 Pero Ahitofel, viendo que no se había seguido su consejo, enalbardó su asno, y se levantó y se fue a su casa a su ciudad; y después de poner su casa en orden, se ahorcó, y así murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.

24 Y David llegó a Mahanaim; y Absalón pasó el Jordán con toda la gente de Israel.

25 Y Absalón nombró a Amasa jefe del ejército en lugar de Joab. Amasa era hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual se había llegado a Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia madre de Joab.

26 Y acampó Israel con Absalón en tierra de Galaad.

27 Luego que David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas, de Rabá de los hijos de Amón, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar, y Barzilai galaadita de Rogelim,

28 trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados,

29 miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en el desierto.

Muerte de Absalón

18:1  David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas.

Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.

Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.

Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.

Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los capitanes.

Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró la batalla en el bosque de Efraín.

Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres.

Y la batalla se extendió por todo el país; y fueron más los que destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.

Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante.

10 Viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina.

11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le mataste luego allí echándole a tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata, y un talabarte.

12 El hombre dijo a Joab: Aunque me pesaras mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón.

13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías en contra.

14 Y respondió Joab: No malgastaré mi tiempo contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, quien estaba aún vivo en medio de la encina.

15 Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a Absalón, y acabaron de matarle.

16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.

17 Tomando después a Absalón, le echaron en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda.

18 Y en vida, Absalón había tomado y erigido una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna por su nombre, y así se ha llamado Columna de Absalón, hasta hoy.

19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos?

20 Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey ha muerto.

21 Y Joab dijo a un etíope: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y el etíope hizo reverencia ante Joab, y corrió.

22 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab: Sea como fuere, yo correré ahora tras el etíope. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has de correr tú, si no recibirás premio por las nuevas?

23 Mas él respondió: Sea como fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope.

24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo.

25 El atalaya dio luego voces, y lo hizo saber al rey. Y el rey dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose,

26 vio el atalaya a otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero.

27 Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buenas nuevas.

28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.

29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era.

30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se quedó de pie.

31 Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti.

32 El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal.

33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: !!Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! !!Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Una cena en una máquina del tiempo

Marzo 27

Una cena en una máquina del tiempo

Lectura bíblica: Marcos 14:17–26

Esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada a favor de muchos. Marcos 14:24

a1—Los cultos son tan aburridos —lloriqueó Lucas—. Y no veo por qué tenemos que hacer esa cosa de la Comunión. Al final de cuentas, ¿qué es eso?
¿Te sientes alguna vez como Lucas los domingos a la mañana? ¿Alguna vez dejas vagar tu mirada por la ventana deseando poder trasladarte a otra época y lugar? Bueno, cada vez que hacemos lo que Lucas llama “esa cosa de la Comunión”, tenemos la oportunidad de hacerlo. De hecho, cuando participamos de la Comunión —conocida en muchas iglesias como la Cena del Señor— somos como los héroes y las heroínas de ciencia ficción que son remontados al pasado y al futuro.

Cuando Jesús reunió a sus discípulos en el aposento alto para festejar la Pascua, fue como si estuvieran dando un salto en el tiempo, pero no exactamente del tipo ciencia ficción. La fiesta de Pascua era una representación de los acontecimientos del éxodo de Egipto que narra el Antiguo Testamento. Ayudaba a los judíos a que recordaran y alabaran la fidelidad de Dios hacia ellos en el pasado.

Dondequiera y cuando quiera que celebramos la Cena del Señor, es como si diéramos un salto en el tiempo. Es como si fuéramos lanzados al pasado y nos remontáramos al futuro:

• La Cena del Señor te remonta a 2.000 años en el pasado al sacrificio de Cristo en la cruz por tus pecados. “Todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa”, escribió Pablo, “anunciáis la muerte del Señor, hasta que él venga” (1 Corintios 11:26). En otras palabras, cuando celebras la Cena del Señor estás recordando lo que Jesús ya ha hecho por ti.

• La Cena del Señor también te lleva a mirar al futuro, al final de la historia humana. Jesús dijo: “No beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mateo 26:29). El día del que está hablando Jesús es el día cuando volverá para invitarte a ti y a todos los cristianos a una fiesta de celebración en el cielo. Podremos agradecerle personalmente por su sacrificio que logró nuestra salvación. En otras palabras, cuando celebras la Cena del Señor te estás extendiendo hacia adelante a lo que Jesús promete hacer por ti.

Es un reto para tu mente volver al pasado y pensar en la cruz , y extenderte hacia el futuro y pensar en el regreso de Cristo. Ambos acontecimientos son importantes para tu vida aquí mismo y ahora mismo. Al recordar el pasado estás diciendo: “Señor diste tu vida por mí. Ayúdame a darme a ti”. Al pensar en el futuro estás diciendo: “Señor, tienes un plan maravilloso para mí. Quiero que mi vida cuente para ti. ¡Espero el día cuando me encontraré contigo cara a cara!”.

PARA DIALOGAR
¿Cómo puedes hacer que cada celebración de la Cena del Señor sea un banquete para recordar?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a considerar la Cena del Señor con nuevos ojos: a recordar tu muerte por nosotros en el pasado y remontarnos al futuro cuando volverás.

PARA HACER
Vuelve a reflexionar en esta meditación la noche antes de la próxima celebración de la Cena del Señor en tu iglesia.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

6-CÓMO AMAR A TU ESPOSA (SEGUNDA PARTE)

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Seis

CÓMO AMAR A TU ESPOSA (SEGUNDA PARTE)

a1“Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.” (Col. 3:19)

Frank llegó a casa tarde una noche de la oficina. Después de beber su sopa recalentada, subió a lavarse los dientes. Cuando abró la repisa vio el tubo de la pasta de dientes, y al darse cuenta que su esposa lo habia apretado otra vez por la parte de medio se encendió en ira. Cerrando violentamente la repisa y agitando sus brazos empezó a expresar su enojo en voz alta y con tono irritado.

“¡Esa mujer! Siempre aprieta la pasta de dientes por en medio. Le he pedido miles de veces que la apriete por la parte de abajo pero ¿me escucha? ¡Nunca! Me hiría mejor si le hablo al tubo de la pasta en lugar de pedirle a ella que haga algo por mí. Es la mujer más egoísta y desconsiderada que he conocido. ¿Que tal si yo ignorara sus incesantes peticiones? No le gustaría en lo más mínimo.”

De repente, Frank deja de vociferar y mientras contempla la pasta de dientes comienza a planear la forma de vengarse.

“Le enseñaré una lección. Ella odia cuando alguien olvida ponerle la tapa a la pasta de dientes. No se la voy a poner. Cuando venga mañana temprano a lavarse los dientes, se pondrá furiosa de que no le puse la tapa y le arruinaré toda su mañana. Si tengo suerte la pasta se endurecerá y cuando apriete el tubo no saldrá. Y si realmente soy afortunado se pondrá a mirar por la entrada de la pasta mientras la aprieta y el pedazo seco le saltará en el ojo!”

Ahora te pregunto, ¿Vale la pena gastar tanta energía emocional por un tubo de pasta mal apretado? ¡Para nada! ¿Qué clase de respuesta merece una pasta de dientes que ha sido apretada por en medio? Si no puedes pasar por alto el incidente de la pasta de dientes, lo más que deberias dedicarle en tiempo, esfuerzo y pensamiento es diciendo: “¡Mira eso! Volvió a apretar la pasta de dientes en medio de nuevo. Se lo voy a seguir recordando hasta que aprenda a apretarla por la parte de abajo.”

El uso de cantidades desmedidas de energía emocional disgustandose por cosas tan triviales es una buena indicación de que puedas estar amargado.

“¿Qué es la amargura y cómo llega a amargarse una persona?” La amargura es el resultado de responder de manera inapropiadamente a las heridas. Echa un vistazo a Hebreos 12:15:

“Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados”

La Escritura describe la amargura como una raíz. Las raíces tienen que ser plantadas. Así que ¿cuál es la semilla de donde brota una raíz de amargura? Es el dolor. Cuando alguien te lastima1 es como si hubiese sembrado una semilla en la tierra de tu corazón. Tú puedes responder de dos maneras: puedes escarbar y arrancar la semilla perdonando a tu ofensor, o puedes cultivar la semilla contemplando tu dolor una y otra vez en tu mente. La amargura es el resultado de dejar que el dolor esté contigo demasiado tiempo. Es el resultado de no perdonar verdaderamente a tu ofensor (cf. Mat. 18:34–35).

Sam se casó asumiendo que su esposa Laura estaría interesada en tener relaciones sexuales tan frecuentemente como él deseaba. La primera vez ella parecía estarlo, pero después de la luna de miel las cosas empezaron a cambiar. Su deseo por las relaciones sexuales empezó a disminuir. Frecuentemente estaba “demasiado cansada” para tener sexo o tenía otra razón para no participar. Era difícil que ella iniciara las relaciones, y cuando participaba, era muy pasiva. Los días pasaron, y esos días se convirtieron en semanas. Un sábado por la mañana mientras estaban acostados en la cama, Sam intento iniciar un tiempo de intimidad. Laura parecía indiferente. Aunque verbalment no se negó a participar, tampoco parecía interesada. Sam se enojó y se sintió rechazado. Así de simple, ella sembró esa semilla en su corazón, tal como como lo había hecho en varias ocasiones anteriores. Sam se levantó rápidamente de la cama, lanzó su ropa y pisoteó mientras bajaba las escaleras, furioso y profundamente decepcionado.

El Monologo Interno de Sam (Cómo Sam Cultivó la Amargura):

• “No puedo creer que volvio a rechazarme.” Sam recoge la semilla en la tierra de su corazón con su dedo.

• “Ella nunca quiere tener sexo.” Sam cubre la semilla con más tierra.

• “Ella es tan frígida como un cubo de hielo.” Sam está dándole aire a la semilla.

• “¿Acaso no se da cuenta de lo egoísta que está siendo?” Sam está ahora regando la semilla.

• “Me está defraudando. Nunca debí de casarme con ella.” Sam esta fertilizando la herida. (Ahora está empezando a brotar.)

• “Yo también tengo necesidades y me está tentando a codiciar a otra mujer.” Sam esta deshierbando el brote (las raíces comienza a germinar).

• “Ella no puede hacerme esto. Le enseñaré a no rechazarme. No hablaré con ella por algunos días. Veamos cómo es que enfrenta este rechazo.” Sam ha construido un invernadero alrededor de Laura y ahora está cobrandole a la gente para que lo vea.

Sam debió haber removido la semilla explicandole su decepción a su esposa, perdonandola en cuanto se arrepintiese y buscando con ella una solución biblica al problema. En vez de eso, permitió que su herida le impidiera tomar una acción apropiada, repasó su ofensa una y otra vez en su mente y como consecuencia se llenó de amargura contra ella. ¿Has hecho esto alguna vez con tu esposa? Desde luego que lo haz hecho, tanto como yo. A esto la Biblia le llama pecado.

¿Cuáles son las evidencias2 de que un esposo tiene amargura contra su esposa? Estas son algunas que he encontrado durante mis doce años como consejero matrimonial. ¿Cuántas puedes identificar personalmente en tu matrimonio?

• Argumentos frecuentes (incapacidad de resolver conflictos)

• Arrebatos de enojo (Alzar la voz, tirar cosas, pegar, etc.)

• Aislamiento (guardar silencio o portarse indiferente)

• Disminución del afecto y la actividad sexual

• Sarcasmo (burla, ridiculo, grosería, bromas pesadas, etc.)

• Actos de venganza (tratar de lastimarla por lo que te hizo)

• Paternalismo (hablarle como si fuera niña o una persona inferior)

• Criticas (actitudes condenatorias y prejuiciadas)

• Sospecha y desconfianza

• Hipersensibilidad (tratar el piquete de un palillo como si fuese un puñal en el corazón)

• Intolerancia (no dejar pasar pequeñas ofensas que solían no ser notadas)

• Impaciencia

• Abuso de autoridad (actitudes dominantes, dictatoriales o tiránicas que exigen una obediencia absoluta innecesaria)

• Falta de amabilidad y simpatía

• Falta de interacción social con otras parejas

• Falta de respeto (deshonrándola abiertamente y en presencia de otros)

• Ausencia de compañerismo (la intimidad de la relación como “una sola carne” dañada y comunicación superficial.)

• Hijos resentidos (que han sido grandemente provocados por sus padres)3

“He tratado de perdonar a mi esposa por las heridas que me ha causado, pero es muy difícil hacerlo – especialmente porque vuelve a herirme vez tras vez.”

Quizá sea difícil porque no has entendido aún lo que significa perdonar. Quizá tengas, como muchos otros, un concepto sentimental del perdón.

Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más de acordare de sus pecados.” (Heb. 8:12)

¿Qué es el perdón? El perdón no es un sentimiento. En primera instancia el perdón es fundamentalmente una promesa.

Obviamente, cuando Dios nos perdona, El no se sienta en el cielo y se emociona. Así que el perdón no es un sentimiento. Si así lo fuera, nunca sabríamos si hemos sido perdonados. No, cuando Dios perdona, Él lo deja bien establecido. Así lo dice así. El declara, “No recordaré tus pecados” (Isa. 43:25; vea también Jer. 31:34). ¿No es maravilloso? Cuando Dios perdona, Él nos deja saber que dejará de tener contra nosotros nuestros pecados. Si el perdón fuera una experiencia emocional, no sabríamos si hemos sido perdonados. Pero Gloria a Dios, que sí los sabemos, porque el perdón es un proceso en el cual Dios declara que el problema de nuestro pecado ha sido arreglado de una vez por todas. Pero, ¿cuál es esa declaración? ¿Qué es lo que hace Dios cuando se manifiesta diciendo que nuestros pecados son perdonados? Dios hace una promesa. El Perdón no es un sentimiento, ¡el perdón es una promesa!”4

Cuando perdonas a alguien le estás haciendo una promesa que implica tres cosas:

1. Estás prometiendo no mencionar la ofensa de nuevo a la persona en el futuro. No usarás la ofensa “en contra de la persona” de ninguna manera peyorativa.

2. Estás prometiéndole no hablar a otros sobre la ofensa. Esto es, cubrirás el pecado con amor, no exhibirás ante otros lo que ha sido cubierto.

3. Estás prometiéndole no vivir con la ofensa que te hicieron. Este es talvéz el paso más importante de los tres. Al prometer no vivir con esa ofensa estás prometiendo que no “cultivarás” la herida trayendola una y otra vez a tu mente. En lugar de ver el rostro de tu ofensor en una tabla de tiro al blanco lista para clavarle un dardo justo en medio de los ojos, (o en una pelota de golf la cual intentas lanzar a trescientas yardas de distancia), verás a esa persona con un letrero en el rostro que dice con grandes letras: “Yo te he perdonado.”

“Pero aún no entiendo cómo puedo perdonar hasta olvidar.”

Olvidar no es lo mismo que no recordar. Cuando tu perdonas, no recordarás los pecados de tu ofensor en su contra así como Dios, habiendote perdonado, ya no recuerda tus pecados en tu contra. ¿Padece Dios de amnesia? No, Dios es omnisciente y sabía acerca de tus pecados incluso antes que nacieras. Cuando la Biblia habla de que Dios “olvida” nuestros pecados, no quiere decir que Él deja de ser omnisciente. El olvido de Dios se refiere al hecho de que Él ya no rememora nuestros pecados en Su mente para acusarnos con ellos. Dios “recuerda” la justicia de Su Hijo y la imputa a nuestra cuenta cuando ponemos nuestra confianza en sus méritos y mediacion. Igualmente, estás llamado a “imputar” tu perdón a los que te lo piden. El olvido es un acto de la voluntad, no un acto de las emociones. El olvido no es el medio por el cual perdonas sino el resultado de perdonar. Es el último paso, no el primero.

“Mi esposa me ha herido tantas veces que ya no puedo perdonarla.”

Si eres cristiano, tú puedes y debes. No puedes decir “no puedo.” El cristiano dice con Pablo: “Todo lo puedo En Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Cuando Dios te dice que hagas algo, debes de creer que Él te capacitará para obedecerle. Es decir, debes creer que Él te dará todos los recursos para hacer lo que te ha mandado a hacer. El ha prometido darte la sabiduría para obedecerlo. “Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stgo. 1:5). Él también ha prometido darte la habilidad y el deseo para obedecerlo. “Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Fil. 2:13).

A los discípulos les costó aceptar el mandato de Cristo de perdonar a su ofensor siete veces al día si él decía haberse arrepentido.

“¡Tened cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca contra ti siete veces al día, y vuelve a ti siete veces, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo” (Lucas 17:3–4).

Piensa en esto por un momento. Tu esposa te rechaza siete veces en un día y siete veces viene a pedirte perdón, y tienes que perdonarla. Ahora después de la segunda o tercera vez vas a tener serias dudas sobre la sinceridad de su arrepentimiento ¿o no? Aún así, Jesús dijo que si regresaba contigo siete veces al día diciendo “Me arrepiento,” debías de aceptar su palabra y perdonarla. Esto es un poco difícil de creer, ¿no? Los discípulos también fueron incrédulos al oír esto y dijeron: “¡Auméntanos la fe!” (Lucas 17:5).

¿Aceptó el Señor su incredulidad? ¡ni por un momento!

Entonces el Señor dijo: Si tuvieras fe como un grano de mostaza, dirías a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar.” Y os obedecería. ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo, le dice: “Ven enseguida y siéntate a comer”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso le da gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó? Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho.” Lucas (17:6–10).

Jesús en efecto dijo, “Miren, lo que les estoy pidiendo no es opcional. No sean incrédulos. Ustede no necesitan más fe. Lo que necesitan es ser más obedientes. Ustedes sabían que sería difícil cuando los llamé para este trabajo. Lo que les estoy pidiendo es que hagan lo que el trabajo demanda.”

Quizá las palabras más convincentes que Jesús haya hablado acerca del perdón se encuentran en Mateo 18:21–35.

“Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?’ Jesús le dijo: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.’ Por eso, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Pero no teniendo él con qué pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer e hijos y todo cuanto poseía, y así pagara la deuda. Entonces el siervo cayó postrado ante él, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré.’ Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, y lo soltó y le perdonó la deuda. Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y echándole mano, lo ahogaba, diciendo: ‘Paga lo que debes.’ Entonces su consiervo, cayendo a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te pagaré.’ Sin embargo, él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Así que cuando vieron sus consiervos lo que había pasado, se entristecieron mucho, y fueron y contaron a su señor todo lo que había sucedido. Entonces, llamándolo su señor, le dijo: ‘Siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste. ‘¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?’ Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.”

El rey en esta parábola (Dios el Padre) ha perdonado a su siervo (el cristiano) de una deuda que era tan grande que nunca podría haber sido pagada. Esta deuda es representativa de la incalculable e incomprensible deuda de pecado que le debemos a Dios y que nunca hubiésemos podido pagar. Cuando el sirviente rehusó perdonar a su compañero (probablemente otro cristiano) el rey se enfureció y le llamó “impío.” al sirviente que no perdonó.

El punto es que a la luz del perdón que has recibido, es una impiedad de tu parte no perdonar a tu ofensor (esposa) por lo que ella te haya hecho. Cuando comparas las ofensas triviales por las que debes perdonar a tu esposa con las enormes y eternas ofensas que has cometido en contra de un Dios santo este punto es irrefutable.

“¿Y qué hay acerca de los verdugos a los cuales Dios dice que me entregará si no perdono de todo corazón?”

Creo que esos verdugos son las consecuencias mentales, emocionales, psicológicas y sociales asociadas con la amargura. En otras palabras, Dios castiga el pecado de no perdonar a otros (cf. 1 Cor. 5:5; 11:30; Heb. 12:5–8; 1 Juan 5:6). El Insomnio, el miedo, la ansiedad, la depresión, las relaciones rotas con Dios y con los hombres, las oraciones no contestadas, y docenas de otras enfermedades psicosomáticas están asociadas con la amargura. Quizá una de las consecuencias más devastadoras de la amargura en el matrimonio es la contaminación de los hijos quienes se vuelven irritables, amargados y frecuentemente rebeldes como resultado de estar expuestos a la mala relación marital de sus padres:

Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados.” (Heb. 12:15)

“¿Cómo puedo sobreponerme a los sentimientos de amargura hacia mi esposa?”

La respuesta práctica a esta pregunta será detenidamente explicada en el próximo capítulo, Como Defenderme sin Vengarme. La respuesta corta es que habiendole otorgado el perdón como un acto de tu voluntad (internamente), luego tendrás que responder a las ofensas que te ha hecho con actos de amor y nobleza (externamente). Mientras vences el mal con el bien (Rom. 12:21), tus sentimientos de amargura serán reemplazados con sentimientos de amor compatibles con la amabilidad, la misericordia y el perdón (Ef. 4:31–32).

Sin embargo, antes de llegar allí, debo hablarte de un familiar de la amargura comúnmente conocido como la ira. ¿Qué es la ira pecaminosa? Para ponerlo de manera simple, la ira pecaminosa es un “sistema de alarma” incorporado por Dios para dejarte saber si estás deseando algo desmedidamente. He escrito sobre este tema en mi libro “The Heart of Anger” (El Corazón del Enojo). Lo siguiente es una cita extensa de ese libro:

El libro de Santiago fue posiblemente el primer libro del Nuevo Testamento que se escribió. Los cristianos a quienes el hermano del Señor escribió estaban teniendo tales conflictos unos con otros que Santiago usó las palabras guerras y pleitos para describir la manifestación externa de su ira. Al principio del capítulo cuatro él hace una pregunta que va más allá de las manifestaciones externas y se enfoca en los motivos y causas internas de la ira. “¿De dónde vienen las guerras y los conflictos (Pleitos RV60) entre vosotros?” (Santiago 4:1) Santiago responde esta pregunta para revelar a sus lectores cuál es exactamente la esencia de sus airadas disputas (o lo que hay en sus corazones produciendo esas disputas). “¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?” la respuesta obvia es .

Tenemos disputas airadas unos con otros por causa de nuestras pasiones (deseos que no necesariamente son pecaminosos en sí mismos) han llegado a ser tan intensas que están en guerra dentro de nosotros mismos. El término “combaten” es una palabra que tiene su raíz en la idea de “acampar”. Cuando nuestros deseos (por buenos que sean) se vuelven tan fuertes que “acampan” en nuestros corazones, estos se vuelven pecaminosos e idolatras, no porque sean pecaminosos en sí mismos sino porque se han vuelto desmesurados. Nuestros corazones los codician tan intensamente que estamos dispuestos a pecar (hacer guerra y pelear), ya sea para obtenerlos o porque no podemos obtenerlos.

En el capítulo 4, Santiago continúa concentrándose en los motivos del cristiano para demostrar más detalladamente lo que acaba de decir. “Codiciáis [una palabra distinta que implica deseo por algo que en sí mismo no es pecaminoso] y no tenéis por eso cometéis homicidio.” [un retrato bíblico de la manifestación del odio – Mat. 5:21–22; 1 Juan 3:15] “Sois envidiosos [otro sinónimo de deseo que implica codicia, algunas veces está asociado con ira – Hechos 7:9; 17:5] y no podéis obtener, por eso combatís y hacéis guerra” [formas verbales de las palabras guerra y conflicto del verso 1 que significan afanarse o disputar y contender ó hacer guerra respectivamente].

Habiendo desarrollado la idea del verso 1, Santiago continua enfatizando que los problemas entre ellos provienen de sus deseos egoistas y motivos idolatras como lo demuestran su vida de oración centrada en sí mismos: “No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres [la palabra placeres es la misma que se usa en el v. 1 de la cual se deriva nuestra palabra en español hedonismo]. ¡Oh almas adulteras!, [sus motivos egoístas no solamente han dañado sus relaciones interpersonales sino que han afectan su relación con Dios al grado que Éllos ve como cónyuges infieles] ¿No sabéis que la amistad del mundo [amor al mundo hasta el punto de la idolatría] es enemistad hacia Dios? [han amado tanto al mundo que el amor de Dios no está en ellos (cf. 1 Juan 2:15) demostrando nuevamente que sus propios deseos han afectado no sólo la relación entre ellos pero también su relación con Dios]. Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”

Por otro lado, Dios desea que nosotros le deseemos con la misma clase de deseo con que Él nos desea. “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en nosotros?” El Espíritu de Dios desea intensamente que nosotros no suplantemos nuestro amor por Él por ningún amor que el mundo nos pueda ofrecer.

La mejor evidencia de que un Cristiano desea (ama) algo más de lo que desea (ama) a Dios es su disposición a pecar en contra de Dios, ya sea con el fin de adquirir ese deseo o porque no lo puede adquirir. Jesús dijo: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15). Uno de los pecados más comunes que demuestra la presencia de un deseo desordenado es la ira.5

Cuando te enojas pecaminosamente con tu esposa se debe casi seguramente a que deseas, quieres, esperas o se te antoja algo que ella no te está dando o está impidiendo que lo tengas. Quizá sea una buena cosa, como Frank que quería que su esposa apretara la pasta de dientes por la parte de abajo en vez de en medio, o como Sam, que quería tener relaciones sexuales con Linda de manera regular y continua. De hecho, quizá lo que deseas sea algo que la Biblia dice que tú deberías ser capaz de disfrutar de las relaciones sexuales con tu esposa o que tu esposa te honre, tiempo con el Señor, o respeto de parte de tus hijos.

Ahora, estamos discutiendo en este capítulo la responsabilidad que tiene el esposo de no llenarse de amargura y enojo contra su esposa. Veamos si podemos identificar exáctamente qué es lo que provoca tu ira. Pon una marca al lado de cada cosa que hace que te enojes de las que se mencionan en la lista de abajo. Mientras lees la lista preguntate a tí mismo qué es lo que más deseas de parte de tu esposa y qué es lo que te enoja cuando no lo obtienes.

• Que sea más respetuosa conmigo

• Que sea mi ayuda idónea

• Que pase menos tiempo en el teléfono

• Que cocina con variedad

• Que no sea mandona conmigo

• Que no sea mundana

• Que tengamos sexo con más frecuencia

• Que también inicie la relación sexual

• Que no sea tan seria

• Que disfrute intensamente el sexo

• Que controle mejor su lengua

• Que cuide mejor su apariencia

• Que no sea tan ansiosa

• Que no olvide lo que le digo

• Que sea más dadora/menos sustractora

• Que sea más paciente conmigo

• Que sea más autodisciplinada

• Que sea más sumisa

• Que no desafíe o apele mis desiciones

• Que gaste menos dinero

• Que confíe más en mí

• Que no quiera complacer a todos

• Que pierda peso

• Que sea más afectuosa

• Que sea apasionada en el sexo

• Que sea más atenta conmigo

• Que controle mejor su humor

• Que sea más femenina

• Que sea más hospitalaria

• Que me deje dirigir y detener

• Que no tenga falsas expectativas

• Que sea más piadosa

• Que sea menos crítica

• Que pida mi opinión más seguido

• Que sea más cortes

• Que imponga más disciplina a los niños

• Que no malgaste el tiempo

• Que mantenga la casa limpia y bonita

• Que me expresa verbalmente su amor

• Que sea más cercan a mí que a nadie

• Que se interese en mis amigos y gustos

• Que ore y lea más su Biblia

• Que sea menos perfeccionista

• Que no se oriente tanto en su carrera

• Que se involucre más en la iglesia

• Que sea más trabajadora

• Que coopere en el liderazgo familiar

• Que no espere que lea su mente

• Que esté más dispuesta a perdonarme

• Que no me descuide por los niños

• Que siga mis instrucciones

• Que no quiera tener la última palabra

• Que apoye más mis decisiones

• Que entienda mi presión laboral

• Que no se moleste publicamente

• Que no esté de mal humor

• Que se esfuerce en complacerme

• Que sea más discreta

• Que admita sus errores

• Que de prioridad a lo espiritual

• Que no coqueteé con otros hombres

• Que sea más puntual

“Ahora que he identificado lo que me molesta (mis deseos idolatras), ¿qué debo de hacer?”

Debes de trabajar en destronar tus ídolos. Debes orar de manera intensa y reemplazar activamente esos deseos desordenados con deseos que agraden y glorifiquen a Dios y no a ti mismo. Debes de aprender a cambiar tu manera de pensar acerca de tus deseos y la medida en que esperas que tu esposa los satisfaga. En vez de estar pensando “Mi esposa es … (pon tu adjetivo favorito) por no darme lo que quiero,” debes aprender a pensar, “Tener una esposa que no … (pon tu deseo desordenado), no es la peor cosa en el mundo. Debo de aprender a amar al Señor y a mi esposa más de lo que amo mi … (pon tu deseo desordenado).”

¿Cómo se relacionan la ira y la amargura?

¿Crees que Frank explotó con su esposa la primera vez que dejo la pasta de dientes desecha? Probablemente no. ¿Y acerca de Sam? ¿Crees que reaccionó tan airadamente la primera vez que Linda rechazó sus avances sexuales? Probablemente tampoco. Cuando Linda declinó los avances sexuales de Sam fue como si una pantalla de computadora se hubiese encendido en la mente de Sam. En la pantalla no vio una simple ofensa que pudo haber pasado facilmente por alto sino una lista de ofensas que categorizó bajo el tema (escrito en letras negra) “Maneras Específicas en las que Linda me ha decepcionado a través de los años.” En el primer lugar de la lista estaba el rechazo del sábado por la mañana: “Ofensa número 254.” Si Sam y Frank hubiesen respondido bíblicamente a todas las heridas y decepciones anteriores y hubiesen traído sus deseos bajo el control de Cristo, no se hubieran llenado de amargura en contra de sus esposas.

¿Qué acerca de ti? ¿Has perdonado a tu esposa por las cosas con que te ha lastimado por lo que ha hecho y dicho a través de los años? ¿Haces uso del enojo pecaminoso como una alarma de prevención que te ayude a identificar y quitar del trono los deseos idolatras de tu corazón? Si la respuesta es “sí” a estas dos preguntas, puedes estar seguro que la amargura está muy lejos de arraigarse en el terreno de tu corazón.

Quiero concluir este capítulo con otra cita de Richard Baxter. Esto debe servirte para recordarte que cuando hiciste un pacto con tu esposa en el matrimonio, lo hiciste sabiendo que ella es una pecadora, y como tal, necesitará de tu constante perdón.

Recuerda que los dos son personas enfermas, llenas de debilidades y por lo tanto deben esperar el fruto de esas enfermedades; y no te sorprendas, como si nunca hubieses tenido conocimiento de ello. Si te casaste con alguien que cojea, ¿te enojarás por su defecto? [cojera]? ¿O si te casaste con alguien que tiene una úlcera infectada, te decepcionarás porque le sale pus? ¿Acaso no sabías cuando te casaste que ella tenía tal debilidad y que tendrías que tolerar diariamente algun tipo de prueba y ofensa? Si no puedes lidiar con esto jamás debiste haberte casado con ella; Si estabas decidido a lidiar con ello, estás obligado a hacerlo ahora. Decidan entonces soportarse el uno al otro recordando que se aceptaron mutuamente siendo personas pecadoras, frágiles e imperfectas, no ángeles, impecables y perfectos.6

Esposo Cristiano, ama a tu esposa a pesar de lo pecadora que pueda ser a veces, y no permitas que sus pecados e idiosincrasias te llenen de amargura contra ella. Recuerda, ella tambien tiene que vivir, amar y perdonar a un hombre que es pecador y muy peculiar en su forma de ser.

Identificando lo Que te Enoja

Revisa la lista que discutimos antes de las cosas que te enojan. Esta lista registra los deseos y expectativas comunes que esposos tienen de sus esposas. La mayoría de estos deseos son básicamente cosas buenas las cuales se convierten en pecaminosas cuando son desordenadas. Pon una marca en las cosas que deseas tanto que haz estado dispuesto a pecar para lograr que tu esposa te las de, o que te hacen pecar cuando ella no te las da.

Cuando hayas identificado tus deseos potencialmente desordenados, compártelos con tu esposa, explicándole de manera gentil por qué son tan importantes para ti. Pídele perdón por todas las veces que has actuado airada, amargada o manipulativamente por codiciar estos deseos. Discute con ella cómo puedes comunicarle estos deseos en el futuro, y cómo deberías responder si ella te decepciona por no satisfacer cada deseo.

1 La herida puede ser real o imaginaria, no hay diferencia: el resultado es el mismo. Si no la confrontas bíblicamente te convertirás en una persona amargada. Si yo te lastimo como resultado de mi pecado y tú eliges no pasar mi ofensa por alto o cubrirla con amor (Prov. 17:9; 1 Ped. 4:8), de acuerdo a Lucas 17:3 debes hablar conmigo con el proposito de perdonarme; y yo debo arrepentirme. Pero si dejas que tus sentimientos sean heridos por algo que yo hice y que no es pecado, eres tú quien debe arrepentirse de esos pensamientos antibiblicos que hicieron que te ofendieras por algo que no es pecado.

2 Para una descripción más detallada de algunas evidencias de amargura de parte de un hombre a su esposa, vea The Family in its Civil and Churchly Aspects escrito por B. M. Palmer, Harrisonburg, Virginia: Sprinke Publications, 1991, pp- 32–40

3 He explicado de la influencia profanada (Heb. 12:15) de la no harmonia marital en los niños en The Heart of Anger (pp. 21–22.31) el cual esta disponible a través de Calvary Press (800) 789-8175.

4 Adams, Jay. E. From Forgiven to Forgiving (Amityville: Calvary Press), 1994, pp. 11–12.

5 The Heart of Anger, Amityville: Calvary Press. 1997, pp. 105–107.

6 Baxter, pg. 433, [énfasis añadido]

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 113–129). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

Amnón y Tamar

2 Samuel 13-15

Amnón y Tamar

a113:1  Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David.

Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna.

Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto.

Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de día en día vas enflaqueciendo así? ¿No me lo descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano.

Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga mi hermana Tamar, para que me dé de comer, y prepare delante de mí alguna vianda, para que al verla yo la coma de su mano.

Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba enfermo; y vino el rey a visitarle. Y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, para que coma yo de su mano.

Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer.

Y fue Tamar a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas delante de él y las coció.

Tomó luego la sartén, y las sacó delante de él; mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos salieron de allí.

10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había preparado, las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.

11 Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.

12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza.

13 Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti.

14 Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella.

15 Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete.

16 Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír,

17 sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Echame a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta.

18 Y llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestían las hijas vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó fuera, y cerró la puerta tras ella.

19 Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando.

Venganza y huida de Absalón

20 Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano.

21 Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho.

22 Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.

23 Aconteció pasados dos años, que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín; y convidó Absalón a todos los hijos del rey.

24 Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo tiene ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo.

25 Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos todos, para que no te seamos gravosos. Y aunque porfió con él, no quiso ir, mas le bendijo.

26 Entonces dijo Absalón: Pues si no, te ruego que venga con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo?

27 Pero como Absalón le importunaba, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey.

28 Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.

29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montaron cada uno en su mula, y huyeron.

30 Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalón ha dado muerte a todos los hijos del rey, y ninguno de ellos ha quedado.

31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos, y se echó en tierra, y todos sus criados que estaban junto a él también rasgaron sus vestidos.

32 Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana.

33 Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón ese rumor que dice: Todos los hijos del rey han sido muertos; porque sólo Amnón ha sido muerto.

34 Y Absalón huyó. Entre tanto, alzando sus ojos el joven que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente que venía por el camino a sus espaldas, del lado del monte.

35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen; es así como tu siervo ha dicho.

36 Cuando él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.

37 Mas Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días.

38 Así huyó Absalón y se fue a Gesur, y estuvo allá tres años.

39 Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto.

Joab procura el regreso de Absalón

14:1  Conociendo Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey se inclinaba por Absalón,

envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer astuta, y le dijo: Yo te ruego que finjas estar de duelo, y te vistas ropas de luto, y no te unjas con óleo, sino preséntate como una mujer que desde mucho tiempo está de duelo por algún muerto;

y entrarás al rey, y le hablarás de esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca.

Entró, pues, aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro, hizo reverencia, y dijo: !!Socorro, oh rey!

El rey le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo a la verdad soy una mujer viuda y mi marido ha muerto.

Tu sierva tenía dos hijos, y los dos riñeron en el campo; y no habiendo quien los separase, hirió el uno al otro, y lo mató.

Y he aquí toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos morir por la vida de su hermano a quien él mató, y matemos también al heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra.

Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, y yo daré órdenes con respecto a ti.

Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sean sin culpa.

10 Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo a mí, y no te tocará más.

11 Dijo ella entonces: Te ruego, oh rey, que te acuerdes de Jehová tu Dios, para que el vengador de la sangre no aumente el daño, y no destruya a mi hijo. Y el respondió: Vive Jehová, que no caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra.

12 Y la mujer dijo: Te ruego que permitas que tu sierva hable una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla.

13 Entonces la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tú cosa semejante contra el pueblo de Dios? Porque hablando el rey esta palabra, se hace culpable él mismo, por cuanto el rey no hace volver a su desterrado.

14 Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee medios para no alejar de sí al desterrado.

15 Y el haber yo venido ahora para decir esto al rey mi señor, es porque el pueblo me atemorizó; y tu sierva dijo: Hablaré ahora al rey; quizá él hará lo que su sierva diga.

16 Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del hombre que me quiere destruir a mí y a mi hijo juntamente, de la heredad de Dios.

17 Tu sierva, pues, dice: Sea ahora de consuelo la respuesta de mi señor el rey, pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Así Jehová tu Dios sea contigo.

18 Entonces David respondió y dijo a la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey.

19 Y el rey dijo: ¿No anda la mano de Joab contigo en todas estas cosas? La mujer respondió y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que no hay que apartarse a derecha ni a izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado; porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras.

20 Para mudar el aspecto de las cosas Joab tu siervo ha hecho esto; pero mi señor es sabio conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer lo que hay en la tierra.

21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hago esto; ve, y haz volver al joven Absalón.

22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro e hizo reverencia, y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío, pues ha hecho el rey lo que su siervo ha dicho.

23 Se levantó luego Joab y fue a Gesur, y trajo a Absalón a Jerusalén.

24 Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro. Y volvió Absalón a su casa, y no vio el rostro del rey.

25 Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto.

26 Cuando se cortaba el cabello (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real.

27 Y le nacieron a Absalón tres hijos, y una hija que se llamó Tamar, la cual era mujer de hermoso semblante.

28 Y estuvo Absalón por espacio de dos años en Jerusalén, y no vio el rostro del rey.

29 Y mandó Absalón por Joab, para enviarlo al rey, pero él no quiso venir; y envió aun por segunda vez, y no quiso venir.

30 Entonces dijo a sus siervos: Mirad, el campo de Joab está junto al mío, y tiene allí cebada; id y prendedle fuego. Y los siervos de Absalón prendieron fuego al campo.

31 Entonces se levantó Joab y vino a casa de Absalón, y le dijo: ¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi campo?

32 Y Absalón respondió a Joab: He aquí yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, con el fin de enviarte al rey para decirle: ¿Para qué vine de Gesur? Mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora el rostro del rey; y si hay en mí pecado, máteme.

33 Vino, pues, Joab al rey, y se lo hizo saber. Entonces llamó a Absalón, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey; y el rey besó a Absalón.

Absalón se subleva contra David

15: Aconteció después de esto, que Absalón se hizo de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.

Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.

Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey.

Y decía Absalón: !!Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia!

Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba.

De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.

Al cabo de cuatro años, aconteció que Absalón dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido a Jehová.

Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo: Si Jehová me hiciere volver a Jerusalén, yo serviré a Jehová.

Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y fue a Hebrón.

10 Entonces envió Absalón mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oigáis el sonido de la trompeta diréis: Absalón reina en Hebrón.

11 Y fueron con Absalón doscientos hombres de Jerusalén convidados por él, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.

12 Y mientras Absalón ofrecía los sacrificios, llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David, de su ciudad de Gilo. Y la conspiración se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón.

13 Y un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de todo Israel se va tras Absalón.

14 Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.

15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están listos a todo lo que nuestro señor el rey decida.

16 El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que guardasen la casa.

17 Salió, pues, el rey con todo el pueblo que le seguía, y se detuvieron en un lugar distante.

18 Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey.

19 Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.

20 Ayer viniste, ¿y he de hacer hoy que te muevas para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda ir; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre amor permanente y fidelidad.

21 Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.

22 Entonces David dijo a Itai: Ven, pues, y pasa. Y pasó Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia.

23 Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto.

24 Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad.

25 Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, él hará que vuelva, y me dejará verla y a su tabernáculo.

26 Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.

27 Dijo además el rey al sacerdote Sadoc: ¿No eres tú el vidente? Vuelve en paz a la ciudad, y con vosotros vuestros dos hijos; Ahimaas tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar.

28 Mirad, yo me detendré en los vados del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.

29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allá.

30 Y David subió la cuesta de los Olivos; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, e iban llorando mientras subían.

31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que conspiraron con Absalón. Entonces dijo David: Entorpece ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel.

32 Cuando David llegó a la cumbre del monte para adorar allí a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro, rasgados sus vestidos, y tierra sobre su cabeza.

33 Y le dijo David: Si pasares conmigo, me serás carga.

34 Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalón: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo; entonces tú harás nulo el consejo de Ahitofel.

35 ¿No estarán allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.

36 Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonatán el de Abiatar; por medio de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis.

37 Así vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalón entró en Jerusalén.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

“Tales son los caminos de los que se olvidan de Dios” (Job 8:13).

REPROCHES DE UN FISCAL

Autor: Samuel Perez Millos

Tales son los caminos de los que se olvidan de Dios” (Job  8:13).

a1       Cada uno de los amigos de Job tenía un concepto personal de la causa de su aflicción. Todos ellos consideraban que la situación a que había llegado se debía a algún pecado de él o de los suyos que no había confesado. En el capítulo habla un hombre de carácter agrio. No tiene en cuenta el dolor de Job. Habla con él como alguien a quien se le agotó la paciencia, invitándole a que vea en tres direcciones.

       ¡Mira arriba! (vv. 3-7). Dios es justo y actúa siempre con justicia, por tanto sólo permite una situación como la tuya por retribución justa al pecado. Por este sofisma los hijos de Job habían recibido lo que correspondía a su pecado (v. 4).  No tiene en cuenta la providencia, sólo la retribución. Job debía reconocerlo ante Dios, y confesar su pecado.

       ¡Mira al pasado! Es típico del legalista que piensa que el pasado fue siempre mejor que el presente. En su pensamiento eso le ocurría a Job; un pasado glorioso y un presente lamentable. No ve al pasado para descubrir a Dios, sino para contemplar a los que vivieron antes tomándolos como ejemplo de vida (v. 8). En su pensamiento hay un concepto erróneo:nosotros no sabemos, solo eran sabios los antiguos. En cierta medida estaba diciendo a Job, aprende de los que fueron antes que tu. ¿De que valía esto para quien estaba en tan angustiosa situación?

       ¡Mira entorno a ti! (vv. 11-19). Pedir a Job que mire a su alrededor era invitarlo a ver el basurero donde estaba sentado. Así le dice, tú estas así porque te has olvidado de los caminos de Dios (v. 13). Como una planta privada de agua que se seca, así estás tu a causa de tu pecado.

       El juicio de aquel hombre no solo causó mayor angustia a Job, sino que expresó conceptos equivocados. Los grandes conflictos no son siempre retribución merecida por el pecado, sino la bondadosa permisión de la gracia. Hemos de comprender que nuestras concepciones de la verdad son siempre menos que la verdad misma. Ignorar el amor de Dios, Su gracia y Su misericordia es ignorar a Dios mismo. El Señor es “lento para la ira y grande en misericordia” (Ex. 20:6). La consolación es entender que en medio de la angustia, de algún modo incomprensible, actúa el amor de Dios. Algunos procuran cargar la conciencia del hermano con la sombra de algún pecado, sin entender que la fidelidad y la santidad no son esfuerzos del hombre sino la operación divina en la vida cristiana (He. 13:20-21). El legalista se olvida que la fe no sólo es auténtica en las grandes batallas, cuando se glorifica a Dios aun a riesgo de la vida, sino también cuando agoniza en las profundidades de la perplejidad.

       La gran seguridad en medio de las pruebas es que en las mayores dificultades, las promesas de Dios son incondicionales. Esto implica descanso, porque debemos estar “…contentos con lo que tenéis ahora; porque Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (He. 13:6).

Señor, no entiendo lo que sufro ahora, pero sé que estoy rodeado de Tu amor.

http://www.perezmillos.com/

Un amigo para cada momento

Marzo 26

Un amigo para cada momento

Lectura bíblica: Efesios 4:25–29

Ninguna palabra obscena salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación…, para que imparta gracia a los que oyen. Efesios 4:29

a1Nancy lloró cuando una fractura del brazo le puso final a su temporada de voleibol. Había descubierto que le encantaba más ese deporte que ningún otro que había jugado. Así que le daba rabia cuando sus amigas le decían:

—Nos imaginamos cómo te sientes.

No tenían idea de cómo se sentía.

Hay un tiempo y un lugar para cada acción o expresión de amistad. Por ejemplo, algunos pensamientos y palabras alentadores levantan el ánimo del amigo. Algunos esfuerzos ayudan a sentir verdadero alivio. Pero algunas cosas que decimos o hacemos provocan que nuestros amigos quieran darnos un puñetazo por nuestra desagradable estupidez.

Otra traducción del versículo clave de hoy nos dice que ayudemos a los demás diciendo “palabras buenas y oportunas” (DHH). Es importante responder oportunamente de una manera que coincida con las necesidades de nuestro amigo.

Para cada uno de los siguientes casos, elige una respuesta que te parece que mejor satisfaría “oportunamente” la necesidad de tu amigo.

Tu amigo parece desanimado pero no ha dicho nada. Tu amigo necesita:
(a) un medicamento
(b) saber que a nadie le gusta un perdedor
(c) sobreponerse y punto
(d) alguien que se interese lo suficiente como para escucharle

Tu amigo acaba de sufrir una pérdida grande y está sufriendo. Tu amigo necesita:
(a) escaparse y sufrir solo
(b) llorar de una vez para mejorar
(c) pretender que no sufre
(d) alguien que sufra con él

Tu amigo tiene que estudiar mucho para un examen importante. Tu amigo necesita:
(a) ser más inteligente
(b) conformarse con calificaciones bajas
(c) aprender a copiar
(d) alguien que le ayude a estudiar para el examen

En lugar de reaccionar siempre de una manera mecánica —siempre saliendo con una broma, mostrando una simpatía falsa o entrando en detalles sobre tus propias experiencias— dedica unos segundos a pensar en algunas opciones más apropiadas. Ser un amigo cariñoso y ayudador significa estar atento a lo que tus amigos están pasando y descubrir exactamente lo que necesitan en ese momento.

PARA DIALOGAR
Por lo general, ¿cómo reaccionas cuando un amigo sufre? ¿Qué otras opciones tienes?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a saber cómo apoyar a nuestros amigos cuando más nos necesitan.

PARA HACER
Piensa en un amigo que sufre, y piensa en una manera apropiada de aliviar su dolor.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

PALABRA SEGURA

PALABRA SEGURA

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-26

a1Casi al final del libro de Josué, leemos las siguientes palabras: “Y ni una sola de las buena promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse,  sino que cada una se cumplió al pie de la letra.” Josué 21:45 ¡Qué hermosa reflexión acerca de la seguridad de las promesas de Dios pero que difícil se nos hace vivir de acuerdo con esta premisa! ¿Verdad?

Está claro que Dios no promete a la manera humana. Nuestros compromisos y promesas están condicionados a infinidad de factores internos a nosotros y externos que al fin y al cabo pueden echar por tierra nuestras palabras, pero Dios no, el no miente ni es hombre para que se arrepienta, dice Números 23:19. Descansar en esta veracidad eterna es descansar sobre una montaña de roca firme que sirve para construir cualquier proyecto de la mano de Dios. Creo que justamente esto es lo que les falta al hombre y la mujer de hoy: descansar. Es por eso que vivimos en el siglo del estrés, la ansiedad, el insomnio y la depresión, porque sentimos y sabemos que nada de lo que esperamos nos sostenga es tan fiel como parece, es ese margen de error, ese miedo a la traición y el fracaso lo que no nos deja en paz y nos destruye paulatinamente, ¿Verdad? Las palabras del salmista pueden ser muy oportunas en este aspecto, fíjate: “Sal. 56:3  “Cuando siento miedo,  pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra;  confío en Dios y no siento miedo.  ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” Desafiante, ¿Verdad? Pero no es imprudencia ni arrogancia sino confianza segura en un Dios fiel.

“Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse,  sino que cada una se cumplió al pie de la letra”. Hay un mundo de promesas lista para cumplirse en ti. Espera, confía, ora, agradece, reclámalas como tuyas al Señor, y vive en función de que se cumplirán. Aquel que llega a la meta es aquel que vive el hoy con la convicción de la promesas cumplida ayer y planifica el mañana en base a eso.

 

PENSAMIENTO DEL DIA:

Aquel que llega a la meta es aquel que vive el hoy con la convicción de las promesas cumplidas ayer y planifica el mañana en base a eso.

«SUFRÍ MUCHO POR LA AUSENCIA DE MI PADRE»

26 mar 2016

«SUFRÍ MUCHO POR LA AUSENCIA DE MI PADRE»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:

«Soy una joven de veintiséis años. La única vez que vi a mi padre biológico, tenía como seis o siete años. Me crié con mi madre y mis abuelos [maternos]. Sufrí mucho por la ausencia de mi padre…. Mi padre biológico se fue del país… después de la última y única vez que lo vi, y jamás ha vuelto.

»Hace como un mes me agregó a una página de Internet. Me dice que siente mucho haberme abandonado, que él cuando yo nací tenía quince años y era un hombre inmaduro, cosa que me dio rabia con mi mamá, porque cuando yo nací ella tenía veintiséis años. No sé cómo pudo ser tan irresponsable de tener relaciones con un joven de apenas quince años….

»Él dice que quiere arreglar las cosas. Al principio estaba dolida, pero después cedí…. Le di mi número de teléfono, y no me ha llamado. Siempre tiene una excusa. Tengo miedo de ilusionarme y que me haga daño emocionalmente…. Tengo deseos de cortar la comunicación con él para no hacerme falsas ilusiones, pero también quiero sentir que él está ahí para mí…. Tengo un volcán en el corazón y en la mente.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»A todo hijo lo que más le conviene es tener dos padres que lo amen, de modo que lamentamos que usted nunca tuvo esa ventaja. Pero usted ahora es adulta, y tiene la oportunidad de decidir cómo ha de ser el resto de su vida. Usted no es la víctima de su pasado, y no tiene por qué temer que las circunstancias de su pasado ya hayan determinado su futuro.

»Lo excepcional de su caso es la edad que tenía su padre. ¿Se acuerda de cómo era usted misma cuando tenía quince años? ¿Tenía sabiduría para tomar decisiones? Algunas personas a los quince años tienen cierta madurez y pueden tomar buenas decisiones, pero la mayoría en definitiva no tienen la preparación para ser buenos padres.

»Nosotros creemos que usted debe perdonar por completo a su padre. Él era demasiado joven como para hacerse cargo de usted cuando usted nació, y luego cuando él tenía cierta madurez, pensó que ya era muy tarde. Debido a lo joven que era en aquel entonces, usted debe liberarlo de las expectativas que ha tenido con relación a un padre. Simplemente perdónelo.

»En cuanto al futuro, es poco realista creer que ese hombre pudiera llegar a portarse como su papá, o tomar el lugar de un padre en la vida de usted. Espere más bien ser su amiga. El hecho de que usted y su padre tengan vínculos de sangre no quiere decir que estén obligados a interesarse el uno en el otro ni tampoco a comunicarse.

»Los amigos a distancia pueden sostener conversaciones buenas y sustanciales y luego no volver a comunicarse por más de un año. Es posible, pero no es probable, que la relación que usted tiene con él llegue a ser algo más que eso. Si no espera más de esa relación, no se sentirá decepcionada.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 244

https://alimentemoselalma.wordpress.com/wp-admin/post-new.php

SEGURIDAD DE QUE HE SIDO BAUTIZADO CON EL ESPÍRITU SANTO

SEGURIDAD DE QUE HE SIDO BAUTIZADO CON EL ESPÍRITU SANTO

David Logacho
2016-03-25

a1Un amigo oyente nos ha enviado un correo electrónico para hacernos la siguiente consulta: ¿cómo puedo tener la seguridad de que he sido bautizado con el Espíritu Santo, si nunca he hablado en lenguas, no tengo poder, tampoco he podido servir en la iglesia, y no me he dado a conocer como cristiano en mi trabajo, porque siento temor? Llevo una vida metódica, no tomo, ni fumo, pero creo que eso no es suficiente.

Gracias por su consulta, amable oyente. Me parece que la raíz de su problema es que está dando más crédito a lo que le han dicho que a lo que dice la palabra de Dios. ¿A qué me refiero? Pues al hecho que mucha gente dice que el bautismo con el Espíritu Santo es una obra posterior a la salvación, que se manifiesta en hablar en lo que ellos llaman lenguas y en la capacidad de hacer obras sobrenaturales. Pero nada más lejos de la verdad bíblica, amable oyente. La Biblia nos habla en primer lugar de que el Espíritu Santo no bautiza a nadie. Es el Señor Jesucristo quien bautiza al creyente con el Espíritu Santo. Esto es lo que se desprende de pasajes bíblicos como Mateo 3:11-12. Son las palabras de Juan el Bautista, quien preparó el camino al Señor Jesucristo. Ponga atención a lo dijo Juan el Bautista acerca del Señor Jesucristo. Dice así el texto: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Mat 3:12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

Juan el Bautista dijo textualmente que aquel que venía tras él, quien no era otro sino el Señor Jesús, él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En segundo lugar, la Biblia dice que cuando un creyente es bautizado por el Señor Jesucristo con el Espíritu Santo, el resultado es que ese creyente es introducido en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Permítame leer 1 Corintios 12:13 para sustentar esta doctrina. Dice así el texto: Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Ya hemos dicho que es el Señor Jesucristo quien bautiza al creyente con el Espíritu Santo. El verbo bautizar significa introducir o sumergir algo dentro de otra cosa. El bautismo con el Espíritu Santo es la obra que el Señor Jesucristo hace en el creyente, por medio de la cual el creyente es introducido o sumergido en el Cuerpo de Cristo que es la iglesia. Note también que el Señor Jesucristo bautiza a todo creyente. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, dice el texto. Es decir que no hay creyente que no haya sido bautizado por el Señor Jesucristo con el Espíritu Santo. Esto es digno de notar, porque en la iglesia en Corinto, creyentes a quienes Pablo escribió su primera carta, había algunos que no estaban andando bien delante del Señor. Sin embargo, a pesar de eso, todos habían sido bautizados con el Espíritu Santo por el Señor Jesucristo. Observe además la conjugación del verbo “ser” en la frase: Fuimos todos bautizados en un cuerpo. Está en tiempo pasado. Esto significa que es una acción que ocurrió en el tiempo pasado en la vida de absolutamente todos los creyentes. Esto nos lleva a la tercera cosa que dice la Biblia acerca del bautismo con el Espíritu Santo. ¿Cuándo fueron bautizados los creyentes con el Espíritu Santo? Esta pregunta se responde en Efesios 1:13-14 donde dice: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, Efesios 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Según este texto, cuando una persona oye la palabra de verdad, el evangelio de su salvación, o las buenas nuevas de su salvación, y cree esta palabra y lo demuestra recibiendo a Cristo como su Salvador, esa persona llega a ser creyente y en consecuencia, es sellada con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es las arras, o la garantía, o el depósito anticipado, de todo lo que Dios nos ha prometido. El creyente entonces pasa a ser el templo o la morada del Espíritu Santo. Al tener el Espíritu Santo en su vida, el creyente llega a ser parte del Cuerpo de Cristo que es la iglesia. Ha sido bautizado por el Señor Jesucristo en el Espíritu Santo. Esto es lo que dice la Biblia en cuanto al bautismo con el Espíritu Santo. Como Usted podrá notar, hablando del bautismo con el Espíritu Santo, a ningún momento dice la Biblia que el hablar en lenguas es una evidencia de haber sido bautizado con el Espíritu Santo. Tampoco dice que el hacer obras sobrenaturales es una evidencia de haber sido bautizado con el Espíritu Santo. Si Usted ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador, y lo ha hecho de corazón, entonces Usted es creyente y ya ha sido bautizado con el Espíritu Santo. Como resultado, Usted es parte de ese selecto grupo de gente conocido como el Cuerpo de Cristo, la iglesia. ¿A quién va a creer? ¿A Dios o a los hombres? Algo que noto en su consulta es que Usted no está viviendo como Dios quiere que vivan sus hijos. Esto se desprende del hecho que Usted no está sirviendo en la iglesia y no está hablando de Cristo en su trabajo porque le da temor. Le felicito porque no toma ni fuma, pero Usted está en lo correcto, esto no es lo único que Dios espera de sus hijos. Pecado es hacer lo que no se debe hacer pero también no hacer lo que se debe hacer. Dios nos ha llamado a servirle en este mundo, Dios nos ha llamado a ser sus testigos en este mundo, no para ganarnos la salvación ni para tener seguridad de nuestra salvación, sino porque Cristo murió en lugar del pecador y por tanto los pecadores necesitan saber que están separados de Dios, que están en peligro de ser condenados eternamente. Necesitan saber que Dios les ama y por eso envió a su Hijo al mundo para que muera en lugar del pecador. El pecador necesita saber que con tan solo creer en Cristo y recibirle como su único y personal Salvador, queda perdonado de su pecado y llega a ser hijo de Dios. El pecador no sabe esto y nosotros los hijos de Dios hemos sido llamados para anunciar estas buenas nuevas. Usted dice que siente temor de hablar de Cristo a sus compañeros de trabajo y de servir en la iglesia. Hasta cierto punto es natural que sienta temor, todos lo hemos sentido cuando comenzamos a ser fieles testigos de Cristo, pero el temor se vence con la verdad de la palabra de Dios. Note lo que dice 2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Usted ya tiene el poder para ser un efectivo testigo de Cristo, amigo oyente. Sólo hace falta que lo use. Despójese de ese temor que no viene de Dios, sino de Usted mismo o del enemigo de nuestras almas, y ármese del poder que ya tiene para hablar a otros de Cristo. Lo que necesita también es ser lleno del Espíritu Santo. La llenura del Espíritu Santo tiene que ver con quien tiene el control de su vida. La Biblia dice que cuando un creyente toma el control de su propia vida, va a producir cosas que no agradan a Dios. Pero cuando un creyente deja que el Espíritu Santo controle su vida, va a producir cosas que agradan a Dios. Note lo que dice Gálatas 5:16-23 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
Gal 5:17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
Gal 5:18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
Gal 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gal 5:22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
Gal 5:23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

El ceder el control de la vida al Espíritu Santo es una decisión que todo creyente debe tomar. Esto ocurre cuando el creyente se mete de lleno en la palabra de Dios y en la oración y decide voluntariamente obedecer a todo lo que Dios le pida en su palabra. Conocimiento de la palabra más obediencia a la palabra resulta en llenura del Espíritu Santo. El creyente lleno del Espíritu Santo no lo manifiesta emitiendo un balbuceo incoherente que muchos llaman lenguas, ni tampoco en una manifestación de poderes sobrenaturales. Note como se manifiesta un creyente lleno del Espíritu Santo. Se encuentra en Efesios 5:18-21 donde dice:No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
Eph 5:19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
Eph 5:20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Eph 5:21 Someteos unos a otros en el temor de Dios.

La llenura del Espíritu Santo se manifiesta en una vida de alabanza y adoración al Señor, en una vida de agradecimiento al Señor y en una vida de sumisión a otros creyentes. Esto es lo que le hace falta amable oyente.

 

5-Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Cinco

CÓMO AMAR A TU ESPOSA (PRIMERA PARTE)

a1Se cuenta la historia de un hombre que buscó el consejo de su pastor. El pastor le preguntó al hombre “¿Qué puedo hacer por ti?”

“Pastor, creo que tengo un problema.”

“¿Cuál es tu problema?”

“¡Creo que amo demasiado a mi esposa!”

“Está bien. Respóndeme, ¿la amas tanto como Cristo ama a la Iglesia?” “¡No, no la amo tanto!”

“Entonces tu problema no es que la amas demasiado. ¡Tu problema es que aún no lo amas suficiente!”

El problema real de muchos hombres que están “enamorados” de sus esposas es que piensan en el amor como un sentimiento. Como una persona mencionó, “El amor es un sentimiento que sientes cuando sientes que vas a sentir algo que nunca habías sentido antes.” Hasta donde el amor es un sentimiento (y en cierta medida es una emoción), es posible amar a alguien demasiado. De hecho puedes amar a alguien (o algo) hasta el punto de idolatrarlo(a). Cuando un hombre desea y adora a su esposa de una manera anormal (hasta el punto de esperar que ella haga por él lo que sólo Dios puede hacer) él la ama, de forma pecaminosa, “demasiado.”

El amor bíblico, sin embargo, no es primordialmente un sentimiento. De hecho, ese amor no es primariamente ni siquiera una emoción. ¿Qué función tiene, gramaticalmente, la palabra “amor” en una oración?

“Amor es un sustantivo.”

No, amor es fundamentalmente un verbo.

“¿Un verbo?”

¡Así es!, ¿Recuerdas el pasaje clásico que define el amor bíblico?

“Seguro, es 1 Corintios 13.”

Así es. Veamos ahora detenidamente este pasaje tan conocido que aun a los ojos de muchos paganos es insuperable por su precisión y genio literario.

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Cor. 13:4–7).

Dejame dividir este pasaje en sus componentes gramaticales para que veas por ti mismo de lo que estoy hablando. “El amor es paciente.” “Es paciente” en el griego original del Nuevo Testamento es un participio y por lo tanto es verbal por naturaleza. “El amor es bondadoso.” “Es bondadoso” de la misma manera es un participio. “El amor no tiene envidia” es un verbo. Y es así con el resto:

El amor no es jactancioso

Verbo

No es arrogante,

Verbo

No se porta indecorosamente;

Verbo

No busca lo suyo,

Verbo

No se irrita,

Verbo

No toma en cuenta el mal recibido,

Verbo

No se regocija de la injusticia,

Verbo

Sino que se alegra con la verdad,

Verbo

Todo lo sufre,

Verbo

Todo lo cree,

Verbo

Todo lo espera,

Verbo

Todo lo soporta.

Verbo

¿Ves el cuadro? Cuando Dios quiso definir el amor Él uso verbos porque el amor es algo que haces más que lo que sientes. ¡Involucra acción mucho más que emoción!

Puesto que el amor es algo que haces, ¿es realmente posible amar a alguien demasiado? Puedes comenzar a meditar en esto; te daré la respuesta antes de terminar el capítulo. El verdadero problema que enfrentamos no es que amemos demasiado a nuestras esposas; el problema real, como el hombre que describimos al principio del capítulo, es que no las amamos lo suficiente.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella. (Efesios 5:25)

¿Amas a tu esposa como Cristo amó a la iglesia?

“No estoy seguro de saber lo que es el amor. Ahora sé que es un verbo y no un sustantivo, pero ¿cómo lo defino? Quizá cuando entienda lo que es el amor verdadero pueda contestar tu pregunta.”

Con esto es suficiente. Empecemos nuestro intento por definir el amor encontrando un término equivalente preciso o un sinónimo. Aquí hay algunas referencias que arrojan luz sobre el tema:

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella. (Efesios 5:25)

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. (Ef. 5:2)

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gal. 2:20)

Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos.

Habéis oído que se dijo: “AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo.” Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. (Mateo 5:43–44)

Salomón nos dice cómo hacerlo.

Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua.” (Prov. 25:21)

“Ya veo. Amar es dar y entregarse.”

Eso es un buen comienzo, pero no podemos detenernos solamente allí. El amor bíblico requiere más. Echemos otro vistazo a 1 Corintios 13.

Si yo hablara lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha (1 Cor. 13:1–3 énfasis añadido).

“¡Espera un momento! ¡Ahora estoy muy confundido! Si el amor es dar, ¿Cómo puede una persona dar todas sus posesiones para alimentar al pobre y hacer el sacrificio supremo de dar incluso la vida – y aún así no tener amor?”

¡Buena pregunta! Muchas personas son generosas dando – incluso los pecadores le dan a los pecadores (cf. Mat. 5:44–47). Lo que falta en la definición de amor como “dar” es tu motivación. Si tú das (todas tus posesiones e incluso tu vida) esperando obtener algo de regreso, realmente tu amor no llena los requisitos de genuino amor bíblico y perderás tu recompensa eterna (cf. Hechos 8:18–20; Mat. 6:2). El amor genuino da sin esperar algo a cambio. El amor genuino no necesita que sea correspondido para que le amen.

“De acuerdo, lo entiendo. El amor es dar sin que nuestro primer motivo sea que nos den algo a cambio.”

Bien, pero hay algo que nos falta para completar nuestra definición. ¿De qué forma lo vas a dar? Si alguien te dice, “Si me amas debes darme todo lo que te pido,” ¿lo harías?

“¡Por supuesto que no! Dependería en primer lugar de qué es lo que la persona necesita.”

Así es. No necesariamente tendrías que darle lo que la persona quiera pero si pudieras le darías lo que necesita. Hoy en día, la línea que separa las necesidades de los deseos es muy borrosa – aun en la comunidad cristiana, que debería conocer la diferencia. Hemos sido instruídos una y otra vez que nuestras dos necesidades básicas son seguridad y significancia, que necesitamos amor incondicional y aceptación, que necesitamos autoestima positiva y amarnos a nosotros mismos antes de poder amar a Dios y a otros. Estas “necesidades” simplemente no son identificadas en la Biblia como tales. De hecho, si cambias la palabra necesidad por la palabra deseo cada vez que lees libros cristiana serás teológicamente más preciso.

Marta pensó que necesitaba algo –ayuda en la cocina.

“Mientras iban ellos de camino, El entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos; y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada [énfasis añadido].” (Lucas 10:38–42)

Lo que Marta quería era que su hermana le ayudara. Lo que ella necesitaba era sentarse a los pies de Cristo y escuchar Su Palabra. Creo que las dos más grandes necesidades del hombre no son la seguridad y la significancia sino (1) amar a Dios con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas, y (2) amar al prójimo (con la misma intensidad que él ama) como a sí mismo (cf. Mat. 22:36–40). Mas allá de eso, el hombre tiene otras necesidades válidas como el consejo de Dios a través de Su Palabra y comida y refugio (cf. Mat. 4:4; 1 Tim. 6:8).

Esta es entonces nuestra definición revisada del amor: Amor es dar a otros lo que necesitan sin que el motivo primario sea alguna recompensa temporal. El amor en el contexto del matrimonio es darle a tu esposa lo que la Biblia dice que ella necesita sin que el motivo principal sea alguna recompensa temporal. Desde luego, como veremos después, tu puedes (y en algunos casos también debes) darle lo que ella quiera cuando es bíblicamente apropiado.

¿Es posible, a la luz de esta definición amar demasiado? Es probable que no. Si estás dando por los motivos correctos para suplir las necesidades (más que los deseos) de la persona que amas, será muy difícil amar a alguien desordenadament (a menos que estés dando a esa persona lo que verdaderamente le pertenece a alguien más).

Ahora, de acuerdo a esta definición, ¿qué es lo que dirías es la antítesis o lo opuesto al amor?

“Siempre pensé que lo opuesto del amor es odiar, pero ahora no estoy tan seguro”.

En la medida en que se hable del amor como un sustantivo, odiar puede ser buena construcción antitética. Pero cuando se habla del amor como un verbo, quizá sea más preciso identificar su antónimo como egoísmo. Digo esto, no porque una de las características del amor en 1 Corintios 13 es que “no es egoísta,” sino a causa de que quitar es lo opuesto a dar. Dar, como hemos visto, es la esencia del amor. Amar es dar. El egoísmo es quitar. “¿Soy un dador o un substractor?” Esta es la pregunta que deberías hacerte mientras evalúas tu amor hacia tu esposa.

La Raíz Que Causa Todos los Problemas Maritales

Puedo decirte sin temor, contradicción ni simplificación que la raíz que causa todos los conflictos maritales es el egoísmo. Puedo decir eso porque quizá no haya mejor sinónimo en términos prácticos del pecado que el egoísmo. El pecado (i.e., egoísmo) es la esencia de todos los problemas maritales. Así como nuestra definición “amor es dar” era deficiente por ser muy limitada en extension, así “el pecado es egoísmo” es demasiado estrecha para ser precisa teológicamente. Cualquier definición completa del pecado debe hacer referencia al hecho de que este se comete contra un Dios Justo y Santo. Pero para nuestro propósito práctico, me gustaría desarrollar el concepto del pecado como egoísmo un poco más ampliamente.

Como escribió el prolífico autor puritano Richard Baxter, “el egoísmo … es el pecado radical y positivo del alma que abarca seminalmente (en forma de semila) y causalmente todos los demás pecados.”1 Esto significa que nuestro más grande pecado de comisión, del cual los demás pecados fluyen, es el egoísmo. Hablando de manera práctica, es el egoísmo en nuestros corazones el que genera todos los demás pecados.

Tu corazón es como una moneda de dos caras. En un lado de la moneda lees egoísmo. En el otro lado lees falta de amor a Dios y al prójimo. Esta moneda de dos caras (¿O podríamos decir, “monstruo de dos cabezas”?) es nuestro gran pecado de omisión. La manera en que lo puso Richard Baxter es la siguiente:

La caída del hombre consistió en que se apartó Dios para volverse a sí mismo; su regeneración consiste en que se aparta de sí mismo para volverse a Dios … y a la mortificación del amor propio. Por lo tanto el egoísmo es todo pecado positivo en uno, así como la falta de amor a Dios es todo pecado privativo en uno.2

A causa de que el hombre es pecador (i.e., egoísta), el remedio práctico de Dios es que aprenda a amar a Dios y a su prójimo.

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le dijo: AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: AMARÁS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” (Mat. 22:36–40)

Estos dos grandes mandamientos, de los cuales dependen todos los demás, son los dos grandes antídotos prácticos para batallar contra el pecado que habita en nosotros. Entre más amas a Dios y a tu prójimo, serás menos egoísta (pecador).

Ahora, ¿quién es tu prójimo más cercano? ¿Quién comparte tu casa, tu alimento, tu cama? ¿Con quién eres una sola carne? Tú no eres una sola carne con tus padres, ni siquiera con tus hijos, pero si lo eres con tu esposa. Ella es tu prójimo más cercano, como tal es a quien más debes amar (darle de manera no egoísta).

La Biblia nos manda a amar a nuestra esposa no sólo de manera general como a nuestro prójimo, sino de manera específica, como nuestra esposa.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo. POR ESTO EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido. Efesios 5:25–33

Este pasaje está lleno de instrucciones que expondré y aplicaré de varias maneras a lo largo del libro. Por ahora me gustaría que observes que las instrucciones específicas para iniciar el amor en el contexto del matrimonio han sido dadas claramente al esposo. De hecho, la Biblia no manda especificamente a que la esposa ame al esposo de la manera en que le manda a ellos que a sus esposas..

“¿De verdad? ¿Pero no hay un pasaje en Tito el cual dice que me debe amar?”

No exactamente, el pasaje que quizá estés pensando es Tito 2:3–4.

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos …

La frase “que amen a sus esposos” es una palabra compuesta en el griego original del Nuevo Testamento que tiene diferente significado que el amor (ágape) en el que nos hemos estado enfocando en este capítulo. El significado de “amor” en el pasaje de Tito donde las mujeres jóvenes deben ser instruídas por las mujer ancianas (o más maduras), está más ligado al concepto de “afecto.” La mujeres ancianas deben enseñar a las jóvenes a ser afectuosa con su esposo. El tipo de amor que debes mostrarle a tu esposa es un amor mucho más poderoso.

“Bueno, eso no me parece justo.”

Ten presente que Dios hizo al hombre para ser el que toma la iniciativa y a la mujer para ser la que responde. Recuerda también que la Biblia te manda a amar a tu esposa “como Cristo amó a la iglesia” ¿Quién tomó la iniciativa en esa relación? ¿Fue la iglesia quien le suplicó a Cristo por miles de años ser su esposa, como diciendo: “Señor Jesús, ¡te amo tanto, por favor, ven y ámame!”? No, Cristo inició el amor y la iglesia respondió. “Nosotros le amamos, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). A pesar de que la Biblia no manda a tu esposa a amarte de la misma manera que tú debes hacerlo, si ella ama a Dios le será difícil no responder calidamente a tu amor si la amas cada vez más como Cristo amó a la iglesia.

“Así que, además de entregarme a mi esposa de manera no egoísta y tomar la iniciativa para amarla, ¿qué más involucra amar a mi esposa como ‘Cristo amó a la Iglesia’?”

¡Bastante! Pero por ahora déjame mencionar sólo una cosa más. La iglesia por la cual Cristo murió es una iglesia de gente pecadora. Considera el siguiente pasaje:

Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom. 5:6–8)

¿Cómo respondes a tu esposa cuando peca? Es en amor con perdón o con enojo y amargura. ¿Mantienes una cuenta de sus pecados (el amor “no toma en cuenta el mal recibido” 1 Cor. 13:5) o los cubres con amor? “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados (1 Pedro 4:8).” ¿Estás consciente de que estás casado con una persona pecadora quien constantemente necesita ser perdonada? ¿O esperas que sea perfecta? ¿Eres paciente con ella mientras ella trata de cambiar? ¿O esperas que cambie de la noche a la mañana? ¿Amas a la persona pecadora con la que te casaste, así como Cristo ama a su esposa pecadora, la iglesia?

¿Cómo debo amarte? Déjame enumerar las maneras

Hay mucho que se puede decir sobre amar a tu esposa como Cristo amó a la iglesia. He dicho todo lo que puedo para justificar este capítulo. Sin embargo, debes continuar estudiando y meditando sobre las maneras en que Cristo demostró Su amor por la iglesia. Al final de este capítulo encontrarás una hoja de trabajo que te será de ayuda en tu estudio. Mientras lees el Nuevo Testamento, explora los ejemplos y las maneras en que Cristo amó a su iglesia y te asombrarás de lo que vas a descubrir. Anota estos descubrimientos en la primera columna (“Pasaje de la Escritura”). En la segunda columna (“Cómo Ama Cristo a la Iglesia”) puedes registrar la interpretación o explicación de cómo exactamente Cristo demostró Su amor por Su Esposa. En la tercera columna (Aplicación: “Cómo Puedo demostrarle Amor a Mi Esposa”) anota cuántas de las aplicaciones de este pasaje puedes hacer en tu matrimonio (cómo puedes de una manera similar amar a tu esposa). Recuerda que a pesar de que pueden haber muchas formas de aplicar un pasaje de la Escritura (columna tres), sólo existe una interpretación (columna dos) — la que el Espíritu Santo puso allí. “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal” (2 Ped. 1:20).

Otro elemento del amor bíblico mencionado en el pasaje de Efesios 5 no tiene que ver en la manera en la que Cristo ama a la iglesia, sino con la manera en la tú que te amas a ti mismo:

“Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo. POR ESTO EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo y que la mujer respete a su marido.” Efesios 5:28–33

La llegada del movimiento moderno de auto-estima ha traído consigo mucha confusión en la iglesia acerca del amor a uno mismo.3 Muchos autores y maestros de la Biblia bien intencionados, distorsionan las enseñanzas de Cristo tratando de hacer que la Escritura sea compatible con la psicología popular.4 Quizá una de las mayores distorsiones es la mala interpretación del pasaje que ya hemos mencionado en Mateo 22:36–40.

“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le dijo: AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. Este es el más grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: AMARÁS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.”

La esencia de esta doctrina erronea es algo como lo siguiente: “realmente no puedes amar a Dios y a tu prójimo a menos que, y hasta que aprendas a amarte a ti mismo.” Esta enseñanza convierte por completo los dos grandes mandamientos en tres y hace que los dos originales dependan del que se le agrega.

Mandamiento Numero Uno: Amate a ti mismo.

Mandamiento Numero Dos: Ama a tu prójimo.

Mandamiento Numero Tres: Ama a Dios.

No existe ningún pasaje en la Biblia que instruya que te ames a ti mismo. De hecho, la Biblia enseña en muchos lugares lo opuesto: Debes negarte a ti mismo (cf. Mat. 10:39; 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23; Juan 12:25–26; Rom. 8:13; Col. 3:5; y Tito 2:12). Cuando Jesús dijo “Ama a tu prójimo como a ti mismo,” Él no quiso decir que debes amar a tu prójimo necesariamente en la misma forma que te amas, sino que con la misma intensidad con la que tú te amas naturalmente ti mismo. El no está dando un tercer mandamiento como algunos dicen; simplemente está reconociendo que nosotros nos amamos a nosotros mismos de forma natural con cierto celo y ardor – y Él nos está mandando que amemos a otros con la misma intensidad.

Esto es lo que Pablo reitera a los esposos en nuestro pasaje. Léelo de nuevo con esto en mente.

“Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros bros de su cuerpo. POR ESTO EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo y que la mujer respete a su marido.”

Lo que Pablo está diciendo aquí es: “Esposo cristiano, tú necesitas amar y cuidar a tu esposa con la misma intensidad con la que de manera natural cuidas y amas tu propio cuerpo. Cuando amas a tu esposa te estás amando a ti mismo. Después de todo, ella es una sola carne (una persona) contigo. ¿Tú no odias o maltratas tu propio cuerpo, o sí? Lo alimentas y lo sustentas. Te aseguras de satisfacer sus necesidades para que funcione y crezca adecuadamente. Eso es lo que hace Cristo por su Iglesia, y esta es la manera en que Dios nos llama a pensar de nuestra esposa y a conducirnos con ella. Has dejado a tu padre y a tu madre y haz llegado a ser una carne (una persona) con ella. Necesitas tener cuidado de esta nueva parte de tu cuerpo. Sé que este concepto es difícil de comprender, pero piensa en la manera en la que Cristo ama a la iglesia y haz que tu meta sea amar a tu esposa de la misma forma. Debes amar y cuidar a tu esposa con el mismo fervor y vehemencia con el que amas y cuidas tu propio cuerpo.”

¿Cómo se compara el amor a tu esposa con el amor que te tienes a ti mismo? ¿Provees para sus necesidades tan prontamente como lo haces con las tuyas? Si no la amas y la cuidas con la misma intensidad que te cuidas y amas a ti mismo, no la amas suficientemente.

“¿Lou, que hay de la palabra ‘cuida’? Soy un hombre y los hombres no se andan cuidando ellos mismos. ¡Ese léxico ni siquiera está en mi vocabulario! ¿Cómo voy a cuidar a mi esposa cuando ni siquiera entiendo bien lo que significa ‘cuidar’?”

¿Recuerdas lo que hiciste la última vez que accidentalmente te cortaste el dedo en casa? Lo más probable es que hayas corrido al fregadero más cercano y abierto la llave para que cayera agua fría sobre tu herida. Después la observaste para determinar que tan profunda era y hasta qué punto estabas perdiendo sangre. Luego quizá presionaste alrededor de la herida para que dejara de sangrar y fuiste corriendo a la caja de primeros auxilios a buscar algo con que desinfectar y vendar la herida. Con cuidado limpiaste de nuevo la herida con un desinfectante sin aplicar demasiado para que no te ardiera. Entonces, abriste la venda y te envolviste el dedo herido con ella con la presión precisa para que no te volviera a sangrar y cuidando que la sangre del dedo pequeño pudiese seguir circulando.

El Dr. Wayne Mack, en su excelente libro de estudios bíblicos con ejercicios para parejas Strenghtening Your Marriage (Fortaleciendo Tu Matrimonio) nos aporta un valioso explicacion adicional sobre este pasaje.5

“Normalmente, el hombre utiliza mucho de su tiempo, esfuerzo y dinero en cuidar de sí mismo … sus necesidades, deseos, aspiraciones, esperanzas, cuerpo y comodidad son demasiado importantes para él. El se sustenta y cuida a sí mismo. De manera cuidadosa protege y provee para las necesidades de su cuerpo. Jamás se haría daño. Cuando está hambriento, come. Cuando tiene sed, la mitiga. Cuando está cansado, duerme. Cuando tiene algún dolor, va al doctor. Cuando se corta, limpia la herida y la cubre. Cuando observa que algún objeto viene hacia él, pone sus manos para protegerse. De manera natural, cuidadosa y fervientemente se sustenta y se cuida a sí mismo.”

Éste es el tipo de cosas que tienes que hacer para con tu esposa puesto que ella es ahora hueso de tus huesos y carne de tu carne (Gen. 2:23).

“Bueno, pero, ¿Hasta qué punto debo darle a mi esposa lo que ella quiere?”

La respuesta a esta pregunta es un poco más difícil. En el capítulo ocho trataré este tema de manera más completa. Sin embargo, la respuesta corta es que debes tratar de darle la mayoría de las cosas que quiere según puedas y sin que tengas que pecar o tentarla a ella para que peque.

Mas esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran; y los que lloran, como si no lloraran; y los que se regocijan, como si no se regocijaran y los que compran, como si no tuvieran nada; y los que aprovechan el mundo, como si no lo aprovecharan plenamente; porque la apariencia de este mundo es pasajera. Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos. Y la mujer que no está casada y la doncella se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.” (1 Cor. 7:29–34).

El principio (que, de nuevo, es asumido por Pablo) es que una persona casada está naturalmete interesada en agradar a su cónyuge. Esto implica que no sólo necesitas conocer las necesidades de tu cónyuge sino, de cierta manera, satisfacer sus deseos. La Biblia da por sentado que necesitarás tiempo, esfuerzo y reflexión para complacer a tu esposa. Sin embargo, la moderación (y el dominio propio) deben ser mostrados en todas las cosas: “y los que aprovechan el mundo, como si no lo aprovecharan plenamente” (vs. 31; ver también 1 Cor. 9:25). Otros asuntos que se deben incluir son la administración del tiempo y del dinero (Lucas 16:1–8; 19:12–27; Ef. 5:16), ya sea que complazcas o no algún deseo particular de tu esposa, no debe ser piedra de tropiezo para ella (Lucas 17:1, 2; Rom. 14:1; 1 Cor. 8).

En la siguiente página encontrarás una hoja de trabajo que te ayudará a evaluar las necesidades de tu esposa como también los recursos con los que cuentas. En la parte izquierda de la página anota las cosas que creas que constituyen sus necesidades y deseos bíblicos válidos. En la parte derecha de la página anota los recursos que Dios te ha dado para satisfacer sus necesidades y deseos. Una vez que hayas acabado, pídele que te ayude a completar y poner en orden de prioridad ambas listas.

Hay un punto muy importante que debemos ver antes de terminar este capítulo: Ningún esposo puede amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia a menos que y hasta que él mismo sea cristiano. El amor descrito en 1 Corintios 13 no puede hallar cabida en el corazón de un hombre que no conoce a Cristo. Un pagano quizá pueda producir algunos cuantos elementos del verdadero amor ágape por períodos breves de tiempo, pero sólo un cristiano (alguien que tiene al Espíritu Santo residiendo con él) puede día tras día amar a su esposa con el tipo de amor sacrificial que Dios requiere. Sólo los cristianos tienen la habilidad de sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo y soportarlo todo.

Si tienes preguntas acerca de cómo ser cristiano o acerca de tu relación con Cristo y aún no lo has hecho, toma un momento ahora y lee el Apéndice A, “Cómo puedo ser salvo.”

Sus Necesidades y Deseos/ Mis Recursos

Necesidades de mi Esposa

Mis Recursos

1. Tiempo en la Palabra

1.

2. Tiempo contigo

2.

3. Alimento y refugio

3.

4. Descansar lo suficiente

4.

5.

5.

6.

6.

7.

7.

Deseos de mi Esposa

Mis Recursos

1. Salir juntos / viajar juntos

1.

2.

2.

3.

3.

4.

4.

5.

5.

6.

6.

Maneras Específicas en las que Cristo amó a la Iglesia

Al leer el Nuevo Testamento observa cuantos ejemplos del amor de Cristo por su Iglesia puedes descubrir. Anotalos en la primera columna (“Referencia Escritural”). En la segunda columna (“Cómo Cristo ama a la Iglesia”) anota debes la interpretación o explicación de cómo Cristo demostró ese amor. En la tercera columna (“Aplicación: Cómo muestro amor por mi esposa”) apunta las aplicaciones personales del pasaje que puedas implementar en tu matrimonio (ejm. cómo puedes de manera similar demostrar tu amor a tu esposa). Recuerda que aunque pueda haber distintas aplicaciones de un pasaje de la Escritura (columna tres), sólo hay una interpretación (columna dos) de la Escritura: esta interpretación es la que el Espíritu Santo quiso dar cuando inspiró a los autores bíblicos. “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal” (2 Ped. 1:20)

Referencia Escritual

Cómo Cristo ama a la Iglesia

Aplicación: Cómo puedo Amar a mi esposa

1. Romanos 5:6–8

1. Siendo aún pecadores

1. Perdonándole su pecado de manera inmediata

2. 1 Juan 4:19

2. Él nos amó primero

2. Tomar la iniciativa para

3. Juan 3:16

3.

3.

4. Efesios 5:2

4.

4.

5. Mateo 20:8

5.

5.

6. Juan 15:13

6.

6.

1 The practical Works of Richard Baxter Volume One: A Christian Directory, Ligonier, PA: Soli Deo Gloria 1990, pg. 868

2 Ibid, pp. 868–869

3 Para un tratamiento excelente en este tema vea The Biblical View of Self-Esteem. Self-Love, Self-Image por Jay E. Adams, Eugene, Oregon: Harvest House Publishers, 1986.

4 Para un tratamiento conciso de la suficiencia de las Escrituras en consejería, vea mi folleto ¿Es la Biblia un libro de texto para consejería?, el cual está disponible a través de Calvary Press-1-(800)789-8175.

5 Wayne Mack, Strengthening Your Marriage, Philipsburg, New Jersey: Presbyterian and Reformed Publishing Co., © 1977. Pg. 31.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 93–111). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.