«DIOS HA DE APRENDER PADECIENDO»

24 mar 2016

«DIOS HA DE APRENDER PADECIENDO»

por Carlos Rey

a1Después de cuarenta y cinco años de ausencia, la anciana volvía a su país natal. En el vuelo de Ginebra a Madrid vio el cielo de España, y no pudo contener su emoción. Allí abajo estaba su patria, la tierra que abandonó en 1939, al terminar la guerra civil. Ahora, en su vejez, volvía a verla.

Se trataba de María Zambrano, escritora, pensadora y política republicana. Cuando los periodistas le preguntaron cómo se sentía al estar de nuevo en su tierra y qué ideas había aportado ella para el desarrollo del pensamiento, ella respondió: «Yo no he vivido de ideas sino de experiencias. No he conocido nada que no haya sufrido y padecido al mismo tiempo. He vivido ese saber que aparece en la tragedia griega, en Agamenón, cuando se dice que Dios mismo ha de aprender padeciendo.»

He aquí una frase que tiene repercusiones teológicas: «Dios mismo ha de aprender padeciendo.» La pronunció primeramente Agamenón, rey legendario de Micenas, en la tragedia griega que lleva su nombre, y la citó, quizá por haberse identificado con ella, la escritora española María Zambrano. Pero la frase es bíblica, y el pensamiento que encierra es uno de los más profundos de la teología. Sugiere que Dios mismo tuvo que aprender a identificarse con el hombre mediante el sufrimiento. Porque el sufrimiento es toda una escuela filosófica, en la que se aprenden verdades que de otro modo no se llegan a comprender.

En el libro bíblico a los Hebreos leemos lo siguiente: «En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen».1 De ahí que tuviera razón la frase de Agamenón. Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre, y aprendió la obediencia mediante el padecimiento.

Cristo tuvo que sufrir los dolores del hombre, soportar sus tentaciones y conocer sus terrores. Pero por eso mismo es un Salvador perfecto y un Maestro y Consejero sin igual. Podemos acercarnos a Él con toda confianza y contarle todas nuestras angustias. Según el mismo escritor a los Hebreos, «era preciso que en todo se asemejara a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso al servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo…. Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos».2

MIS PROPIOS ERRORES

MIS PROPIOS ERRORES

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-16

a1Este salmo advierte sobre uno de los peores males que enfrenta el hombre y la mujer, a saber: El orgullo oculto. Tenemos gran capacidad de ver fallas en los demás pero no al momento de examinarlas en  nuestra propia vida. Este parásito asesino de nombre “Orgullo” tiene la facultad de permanecer mucho tiempo imperceptible en nuestro corazón esperando su oportunidad para manifestarse. Al mismo tiempo ejerce cierto efecto cegador y nos impide ver no solamente al mismo orgullo sino otros defectos también. El orgulloso no solamente se cree humilde sino que también se cree perfecto. Esto empeora las cosas dramáticamente. Pero el texto sagrado continúa: “Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí.”. Entonces este oculto parásito ya se ha transformado en manifiesto señor. Un amo cruel y déspota que te subyuga y te lleva a  hacer cosas que nunca hubieses imaginado, como pelearte con la persona que más amas (hijos, conyugue, amigos, Etc.) o vengarte de aquellos que te aman hasta extremos inimaginables.

Si este es tu caso apreciado amigo, amiga necesitas desparasitarte urgentemente (aunque padezcas por un tiempo los efectos secundarios), al final serás bendecido, liberado y limpio. Observa como culmina este salmo: “Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.” Si lo leemos en su sentido opuesto quedaría algo así: “El que no ve su orgullo o viéndolo no lo confiesa vive expuesto a conflictos de magnitud a cada paso.”

PENSAMIENTO DEL DÍA:

“Cuando el hombre descubre su pecado Dios lo cubre, cuando el hombre tapa su pecado Dios lo destapa, cuando el hombre confiesa su pecado Dios lo perdona”.

MI DERECHO DE VENGANZA

MI DERECHO DE VENGANZA

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-14

a1Perdonar es cederle a otro mi derecho de venganza. Al ser agredidos, ofendidos, se activa en el interior de cada ser humano un natural mecanismo de autodefensa. Mi orgullo herido reacciona, mi yo interior, que se llama carne, grita. Todo mi ser arde de enojo y de ira. Algunos lo exteriorizan inmediatamente, otros mastican su rencor durante años o hasta toda una vida. Algo en nosotros se niega a perdonar. No es la reacción natural, todo lo contrario. Preguntas como: “¿Quién se cree que es? Acaso no sabe quién soy yo. ¿Cómo se le ocurre? ¡Ya me va a conocer y me las va a pagar!”, son las más oídas ante una amenaza real o potencial. Lo cierto es que vivimos en un mundo agresor y todos llevamos un agresor adentro. Estas dos realidades hacen de nuestro cotidiano vivir un caldo de cultivo, ideal para la ofensa, el rencor y la falta de perdón. Al no perdonar hacemos uso de nuestro justo derecho a la venganza. ¿Justo derecho?… Erróneamente pensamos que así castigamos al que nos lastimó. Digo erróneamente porque el lastimado soy yo. Basándonos en esta clase de argumento ahora tengo otro problema más, el primero es que fui ofendido y el segundo es que me enveneno el alma a no estar dispuesto a perdonar. Me lastimaron desde afuera y ahora soy yo el que me lastimó desde adentro. No, esto no debe ser así. Todos ofendemos y no pocas, sino muchas veces, dijo Santiago en su epístola magistral. Pedro estaba dispuesto a perdonar hasta siete veces (aunque al centurión le cortó la oreja ante la primera amenaza), y el Señor tuvo que enseñarle que no siete sino 490 veces y más también.

Pero, ¿qué hacer con mi orgullo herido? El consejo bíblico es ir a la cruz. Allí nos encontraremos con un Jesús injustamente crucificado, colgando semidesnudo ante sus captores, torturado y humillado, clamar: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Allí te enterarás que tú y yo hemos cometidos contra el Santo de Dios injusticias mucho peores que las que jamás alguien pueda cometer contra ti, ¡Y ÉL TE PERDONÓ! ¿Cómo no lo sabías? Búscalo en la Biblia, allí lo comprenderás.

PENSAMIENTO DEL DÍA:Vivimos en un mundo agresor y todos llevamos un agresor adentro.

CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA QUE ESTÁ TRANSITANDO POR LA SENDA DEL DOLOR

CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA QUE ESTÁ TRANSITANDO POR LA SENDA DEL DOLOR

David Logacho
2016-03-23

a1Un cálido y fraternal saludo amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Con esta entrega terminamos esta corta serie sobre los momentos difíciles que la vida nos depara. A estos momentos difíciles les hemos llamado valles. El último valle que hemos tratado es el valle de la muerte. Este valle contiene los obstáculos más difíciles. La mayoría de nosotros, hasta cierto punto, podemos ingeniarnos para salir airosos del valle de la duda, del valle de la depresión y del valle de la calamidad, pero se nos hace harto difícil salir del valle de la muerte. La razón fundamental es porque el valle de la muerte está caracterizado por el dolor lacerante. El dolor por la pérdida de un ser querido no se elimina de un momento a otro. No se ha inventado todavía, y creo que no se inventará jamás, algún compuesto químico que tal vez inyectado en el torrente sanguíneo nos quite el dolor en el alma por la partida de una persona amada. El dolor no puede ser ignorado. La única manera posible de salir victoriosos del dolor es por medio de caminar por sus sendas. En esta ocasión, hablaremos acerca de cómo ayudar a una persona que está transitando por la senda del dolor.

En nuestros estudios bíblicos últimos, nos hemos ocupado de las etapas que debemos transitar en la senda del dolor. La primera etapa fue aceptar la pérdida o la separación como algo real. Esto tiene que ver con salir del estado de shock que se produce tan pronto nos enteramos de la muerte de un ser querido y con tomar plena conciencia que ese ser querido ya no está más en este mundo. Este reconocimiento produce un profundo dolor. La segunda etapa fue expresar el dolor de una manera controlada. Llorar por ejemplo, no es sinónimo de falta de fe o debilidad espiritual en el creyente que está sufriendo por la muerte de una persona amada. Recuerde que Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro. Cuánto más nosotros ante la muerte de alguien que amamos. El llanto desfoga la angustia interior que causa el dolor. Es como una válvula de escape para la presión que surge de las emociones por la partida de un ser querido. La tercera etapa es aprender a vivir sin la presencia de la persona que ha muerto. Esto es un proceso que toma tiempo y bastante esfuerzo. Ha sido comparado con el niño que está aprendiendo a caminar. Primero se darán pasos vacilantes como reintegrarse al trabajo, participar en reuniones familiares o de amigos, cultivar algún hoby. Luego los pasos serán más firmes, como establecer metas para el futuro, involucrarse en el servicio a otros. Todo este proceso toma tiempo amable oyente. Se dice que no menos de unos tres meses y aún hasta tres años, dependiendo de cada circunstancia en particular. Pero es necesario atravesar por todas estas etapas para salir victorioso de este valle de dolor. Si usted pensaba que Dios le iba a anestesiar para no sentir dolor jamás ni cuando muera un ser querido, me temo que estaba confiando en algo que Dios jamás ha prometido a nadie. Lo que sí nos ha prometido Dios es estar siempre cerca de nosotros mientras transitamos por la senda del dolor. Pensando en Jehová, David dice lo siguiente en Salmo 23: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. La presencia de Dios en la senda del dolor garantiza la victoria para el alma que sufre. Pero en todo este proceso, es importante la ayuda que la persona que sufre puede recibir de otras personas que ya han transitado por la senda del dolor. Por eso, permítame terminar esta serie, sugiriendo algunas pautas para los que queremos ayudar a los que sufren por el dolor ante la muerte de un ser querido. Lo primero que viene a la mente es sugerir que evitemos condolencias que en lugar de consolar más bien acentúan el dolor en la persona que está sufriendo. Por ejemplo, personas bien intencionadas, pero mal informadas, que dicen algo como esto: Ya no llore, porque los que somos de Dios tenemos esperanza aún en la muerte. Otros dicen: Ya no llore, porque la persona que murió está mucho mejor que lo que nosotros estamos aquí. Otros dicen: Ya no llore, Dios está en control de todo y Él sabe lo que está haciendo cuando ha permitido que pase lo que le está pasando. Frases como estas, aunque son verídicas y probablemente bien intencionadas, sin embargo no ayudan en nada a la persona que está soportando intenso dolor por la muerte de un ser querido. El problema con frases como estas, es que tienen como intención que la persona que está sufriendo reprima su dolor, o peor aún que niegue lo que está sintiendo realmente. Lo único que se logrará con esto es prolongar la angustia en la persona que sufre de intenso dolor por la muerte del ser amado. Acto seguido, me gustaría sugerir que no hay mejor forma de consolar a la persona que sufre que aquella que se encuentra en Romanos 12:15. La Biblia dice: Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
Cuando una persona se goza, los que le rodean deben gozarse también con ella. Cuando una persona manifiesta su tristeza o su dolor con llanto, los que le rodean también deberían manifestar su dolor o su tristeza de alguna manera, con llanto si se puede. Esto fue justamente lo que hizo el Señor Jesús cuando se encontró con sus amigos de Betania, quienes estaban en medio del fuego del dolor por la muerte de Lázaro. Al ver el cuadro de dolor, el Señor Jesús no pensó que esa gente estaba haciendo algo malo al llorar. Tampoco dijo a María: No llores, ¿Acaso no sabes que todas las cosas que pasan a los creyentes ayudan a bien?. Nada de esto. Escuche lo que el Señor dijo a María, según Juan 11:33-35. La Biblia dice: María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Joh 11:33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,
Joh 11:34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
Joh 11:35 Jesús lloró.
Esto es llorar con los que lloran. Esta acción del Señor Jesús debe haber traído un gran consuelo a los hermanos de Lázaro y a todos los que estaban llorando por su muerte. Pensar que el Dios hecho hombre estaba llorando con ellos. Pensar que el Dios hecho hombre sabía como ellos se sentían y manifestaba ese dolor con llanto, esto debe haber traído gran consuelo para ellos. Las palabras, amable oyente, por más bíblicas y llenas de verdad que sean y por más bien dichas que sean, no ayudan mucho a consolar a una persona que está en las primeras etapas de la senda del dolor. Lo que sí ayuda es que acerquemos nuestro hombro a la persona que sufre para que esta persona llore en nuestro hombro y nosotros también lloremos con ella. Lo que sí ayuda es que estemos cerca, simplemente para hacer acto de presencia y escuchar. Lo que sí ayuda es sentarnos en silencio junto a la persona que intentamos consolar. La persona que está en el crisol del dolor sabe que cualquier cosa que digamos, no va a cambiar la realidad de lo que está viviendo. Por eso, lo que puede ayudar a una persona que está sufriendo por la partida de un ser querido es que sus acciones manifiesten la idea de: Hey, yo estoy aquí para acompañarte en la senda del dolor. Esto se puede complementar perfectamente con formas prácticas de solidaridad. A lo mejor dando atención a pequeñas cosas que la persona que sufre no está en capacidad de hacer. Hace algunos años atrás, mi esposa tuvo que someterse a una delicada intervención quirúrgica y a raíz de eso tuvo que permanecer hospitalizada un par de semanas. Tanto ella, como la familia en general, estábamos atravesando por intenso dolor. La pérdida de salud ciertamente produce dolor físico, pero también dolor emocional. Los familiares y hermanos de la iglesia hicieron lo posible por mitigar ese dolor. Nos dijeron cosas muy lindas, y todas ellas basadas en la Biblia. Pero nada nos ayudó tanto a sobrellevar el dolor como por ejemplo, las hermanas de la iglesia que iban cada día a nuestra casa a cocinar para la familia. Nada nos ayudó tanto a aliviar el dolor, como las hermanas de la iglesia que iban a limpiar la casa y cuidar a los niños. Las cosas prácticas dicen más que los buenos discursos, amable oyente. Igual es con el consuelo para personas que están sufriendo intenso dolor por la muerte de un ser querido. Las palabras no ayudan mucho, pero si se va más allá de las palabras a las acciones de solidaridad, entonces, eso sí trae oportuno consuelo. Qué tal por ejemplo, si usted se ofrece a cuidar a los hijos pequeños, o a limpiar la casa, o a cortar el pasto, o a hacer compras. Esto dice más que las meras palabras. A lo mejor ese será el momento para hablar de la esperanza que tenemos, de lo bien que está la persona que ha partido de este mundo, de la fidelidad de Dios, del control que Dios tiene sobre todas las cosas, de la pureza de propósito en todo lo que Él hace. Usted puede ser alguien que ayuda a los que están atravesando por el camino del dolor. Si ha caminado antes por la senda del dolor, entonces usted está en condiciones inmejorables para ayudar a otros a transitar por la misma senda. Espero que aproveche su oportunidad de ser alguien que consuela con sabiduría.

3-ASÍ QUÉ ¿DE QUÉ TENEMOS QUE HABLAR?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Tres

ASÍ QUÉ ¿DE QUÉ TENEMOS QUE HABLAR?

a1¿Alguna vez has tenido una conversación rara con alguien y haz terminado siendo conmovido por algo que él o ella dijo? Yo sí. Hace algunos años el ministro de música de la Iglesia donde asistía me envolvió en una discusión (de hecho era más como un discurso) acerca de porqué la Iglesia necesitaba un nuevo sistema de sonido. Nunca entendí porqué estaba tratando de persuadirme pues yo no tenía la autoridad ni la capacidad de ayudarlo. Sin embargo, durante el curso de la plática él dijo algo que tuvo un profundo impacto en mi vida.

Sus palabras exactas fueron estas, “Si nosotros los cristianos estamos en algún un negocio, es el de la comunicación.” Mientras hablaba, supe que estaba en lo correcto. Cuando la conversación terminó, no pude sacar de mi mente su tesis. Entre más pensaba en esto y estudiaba mi Biblia, más me daba cuenta de cuán verdadero fue lo que expresó. Mientras meditaba en varios pasajes de las Escrituras que apoyaban esta declaración, me sorprendió descubrir cuántas formas hay en las que los cristianos deben usar efectivamente la comunicación.

Considera, por un momento, la gran comisión, “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15). Predicar es una palabra de comunicación. O, considera Mateo 28:19, “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñando a guardar todo lo que os he mandado …” Enseñar es una forma de comunicación que es en esencia hacer discípulos. Después está Efesios 4:15, “sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.” Cuando la verdad es comunicada en amor, hace posible que el creyente crezca y madure en Cristo.

Salomón escribió muchos proverbios acerca de la comunicación. Quizá el verso más completo se encuentra en el capítulo 18, verso 21, “La muerte y la vida están en poder de la lengua …” La potencia de tus palabras es impactante. Son más poderosas de lo que probablemente te imagines. Con tu lengua puedes matar o puedes sanar.1 Puedes salvar o puedes destruir. Salomón continua, (18:21b) “… y los que la aman comerán su fruto.” Esto es, si haces uso (amor) del poder de la lengua, verás sus resultados (comerás su fruto). Si usas tu lengua con fines egoístas, terminarás lastimando a la gente. Si por otra parte, usas tu lengua para edificar a la gente puedes influenciarlos grandemente, y experimentarás una tremenda satisfacción. Proverbios 18:20 declara: “Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre, con el producto de sus labios se saciará.”

Toma como ejemplo mi trabajo. Soy un consejero. Como un consejero bíblico, tengo el gozo de regularmente ver la vida de las personas radicalmente transformadas. Las personas cambian en muchas maneras significativas como resultado del consejo que doy. Desde luego, no soy la persona que las cambia- el Espíritu Santo hace esto. Sin embargo, existe algo que hago desde la perspectiva humana para facilitar esos cambios. ¿Qué es eso? Hago preguntas, escucho y hablo. Me comunico. Le explico a la gente qué es lo que la Biblia dice acerca de sus problemas. Uso las Escrituras para enseñar, para convencer, para corregir, e instruir en justicia (2 Tim. 3:17), y de alguna manera el Espíritu de Dios usa Su Palabra para cambiar vidas, transformándolas, confortándolas a la imagen de Cristo. Enseñar, convencer, corregir e instruir en justicia, todo esto involucra comunicación. Es cierto, las palabras son poderosas – especialmente las palabras de Dios habladas por Sus ministros para Sus propósitos.

¿Sabías que a ti como cristiano te han sido dados más de cuarenta mandamientos de comunicación en las epístolas del Nuevo Testamento? Piensa en eso. Sin incluir los evangelios, el libro de los Hechos, Apocalipsis ni el Antiguo Testamento te han sido dados más de cuarenta imperativos de comunicación. Cuando uso la palabra “imperativo,” estoy excluyendo todos los buenos y malos ejemplos de comunicación, todos los principios y enseñanzas sobre la comunicación que no son mandamientos directos, y todos los puntos de vista complementarios que quizá sean adquiridos a través del diligente estudio de la Biblia. Lo que estoy incluyendo únicamente son los imperativos directos del Nuevo Testamento que requieren que te comuniques o no te comuniques de una manera específica. No me he tomado el tiempo para hacerlo pero, si pudieran ser contados, habría cientos de versículos bíblicos que tratan con la comunicación de alguna u otra manera.

¡Es verdad! si tú como cristiano estás en algún negocio, es en el de la comunicación.

Revelación e Intimidad

¿Recuerdas que en el capítulo uno vimos la relación que existe entre revelación e intimidad? Revisemos esto brevemente y ampliémoslo. De no ser por la Biblia (La revelación de Dios al hombre), no podrías saber lo suficiente acerca de Él para ser salvo – mucho menos para tener una relación intima con Él. Tú puedes saber de saber por la revelación2 general que Dios existe, pero se necesitas la revelación3 especial (La Biblia) para saber cómo ser salvo, cómo glorificarlo y cómo disfrutar de una comunión íntima con Él. En la medida que Dios se te revela a Sí mismo, podrás tener una relación con Él. En la medida que no entiendas Su revelación, tu intimidad con Dios será afectada adversamente. La revelación es un prerrequisito para tener una relación.

El mismo principio funciona para todas las relaciones (cf. Juan 15:15). En la medida que dos personas se revelan a sí mismas mutuamente, experimentarán una relación íntima. Puesto que el matrimonio (ser una sola carne) es la más íntima de las relaciones personales, la medida en que te revelas a ti mismo a tu cónyuge debe exceder la medida en la que te revelas a cualquier otra persona (excepto al Señor, quien te conoce más íntimamente que tú mismo; cf. Salmo 139:1–6). Hablando en términos prácticos, eso significa que tu intimidad y la revelación de ti mismo a tu cónyuge debe ser mayor que la que tengas o le des a tu amigo más cercano, a tus padres o a tus hijos.

Leemos en Génesis 2:24–25, “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” La “desnudez” de Adán y Eva no se refiere primordialmente a su falta de ropa, sino más bien a la total apertura y franqueza que disfrutaban el uno con el otro antes de que el pecado entrara en sus vidas. Es nuestro pecado (especialmente el orgullo) el que nos impide ser sinceros y sencillos como lo eran Adán y Eva antes de la caída. El propósito de Dios es que los esposos y esposas cristianos estén gradualmente más y más “desnudos y sin vergüenza” el uno delante del otro, como lo estaban nuestros primeros padres en el Jardín.

Creando un Ambiente Confortable

Si bien es necesario que te sientas cómodo revelándote a tu esposa, es también importante que crees un ambiente en el que a ella también le sea cómodo revelarse. Una de las mejores maneras para hacer que ella se sienta cómoda, es demostrarle que tú no solamente puedes comunicarte efectivamente con ella, pero que de hecho disfrutas hacerlo. Es algo como el sexo. Las relaciones sexuales en el matrimonio usualmente son más agradables para un esposo cuando él siente que su esposa no sólo es capaz de agradarlo, pero obviamente también disfruta de la experiencia sexual. Tu esposa probablemente disfrute revelarse a ti más cuando siente que tú disfrutas el proceso del intercambio verbal.

“Pero la verdad es que yo realmente no disfruto hablar con mi esposa, ¡especialmente en la noche cuando estoy cansado después de haber hablado todo el día! Frecuentemente hablo por una razón – porque tengo que hacerlo. Para mí la comunicación es un medio para un fin: Los medios para completar un asunto. Para mi esposa, la comunicación parece ser un medio en sí mismo. No lo entiendo, ¡y ciertamente no lo disfruto!”

Como alguien que tiene que hablar durante todo el día, puedo apreciar esos sentimientos, pero puedes aprender a disfrutar el proceso de la comunicación con tu esposa de la misma manera que puedes aprender a disfrutar otras responsabilidades bíblicas. El truco está en empezar a hacerlo ya sea que lo disfrutes o no.

Cuando comencé a escribir este segmento del libro lo hice en medio de una de las pruebas más difíciles de mi vida. Realmente, hace 90 minutos no tenía deseos de sentarme a trabajar en este proyecto. Lo que quería hacer era poner mi mente en neutro. Es más, momentos antes de empezar, Kim y yo tuvimos un conflicto en el cual violé algunos de los mismos principios bíblicos que intento explicar en este capítulo y en el próximo. Tuve que pedirle que me perdonara antes de empezar a escribir. Pero en este momento estoy disfrutando la oportunidad para ministrarte a través de las páginas de este libro. Mis sentimientos, en otras palabras, cambiaron momentos después de empezar a escribir. Mientras más practiques con tu esposa la comunicación bíblica serás más competente para comunicarte y aprenderás a disfrutar más esos momentos de comunicación íntima con ella.

Hacer preguntas (de lo cual hablamos en el capitulo anterior) no es la única manera de “sacar” de tu esposa las cosas más profundas de su corazón. Otra opción es incitarla a hablar de las cosas que le interesan. Seguramente has escuchado que se dice que una de las mejores maneras para “ganar amigos e influenciar a las personas” es hablar en términos de lo que les interesa.4 Considera Filipenses 2:4, “no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.” Tu motivación para obedecer este versículo, desde luego, no debe ser para de ganar amigos e influenciar a las personas, sino más bien el de glorificar a Dios y ministrar a otros. Sin embargo, la gente se siente atraida hacia quienes desinteresadamente y sacrificialmente están dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo hablando de temas que no son de interés para ellos mismos.

En una ocasión me senté junto a un meteorólogo en el banquete de una universidad. Por dos horas estimulé su cerebro para que hablara sobre el pronóstico del tiempo. Probablemente le hice todas las preguntas que tenía acerca del clima. Cuando pasó la tarde, me extendió su mano y me dijo, “No recuerdo cuando fue la última vez que disfrute hablando con alguien tan interesante como tú.” ¿Yo, interesante? Pasamos el cinco por ciento de nuestra charla hablando acerca de mí y el noventa y cinco por ciento acerca del tiempo. Aún así fui percibido como interesante.

Cuando estás dispuesto a hablar con tu esposa acerca de las cosas que a ella le interesan (no importa cuán trivial o poco interesantes sean para ti), estarás demostrando un amor sacrificial como el de Cristo que le facilitará ser abierta contigo en la comunicación. Aquí hay una lista de sugerencias con posibles temas de interés para que comiences.

1. Doctrina Bíblica

¿Qué tan cómoda se sienta tu esposa preguntando acerca de la Biblia? Es tu responsabilidad ayudarla a encontrar respuestas a sus preguntas sobre las Escrituras y cómo aplicarla a su vida. Refiriéndose a esto Pablo dice, “Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa.” (1 Cor. 14:35a). Aunque tu esposa tenga más conocimiento bíblico que tú, tu debes estar dispuesto a ayudarla con cualquier pregunta que ella tenga. Quizá debes pasar tiempo extra en la Biblia o pregunta a tus líderes espirituales para que te ayuden. En otras palabras, cuando ella te pregunte algo para lo cual no tienes respuesta, no sólo digas, “no lo sé.” Más bien dile que te vas a tomar el tiempo y el esfuerzo necesario para poder responderle.

2. Nuestra casa

¿Te das cuenta que tu casa es la “base de operaciones” para el ministerio de tu esposa? “Asimismo, las ancianas deben ser … que enseñen a las jóvenes … [a ser] … hacendosas en el hogar … para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” Piensa en esto. Es en casa donde ella realiza las sus dos más importantes ministerios: ser tu ayuda (Gen. 2:18) y ser la madre de tus hijos (1 Tim. 2:15). Es en casa donde ella también ofrece hospitalidad a la familia y amigos y la prepara comida y otros regalos que llenan la necesidad de otras personas. La condición y apariencia de tu casa es probablemente más importante para ella de lo que te imaginas. Así como el ambiente donde laboras puede afectar positivamente o negativamente tu desempeño y actitud laboral, así el ambiente de tu casa puede influenciar significativamente la actitud y efectividad del ministerio de tu esposa.

3. Nuestros Hijos

Las instrucciones neo-testamentarias respecto a las responsabilidades paternales son usualmente dadas en referencia al padre (cf. Gal. 4:2; Ef. 6:4; Col. 3:21; 1 Tes. 2:11; Heb. 12:7). Pero esto no implica que la madre no sea parte integral del proceso de disciplina; solamente establece que el padre, como administrador de la familia, debe cuidar que la instrucción y la disciplina para con a los hijos sea “en el Señor.” Tus hijos (sus fuerzas, debilidades, necesidades, deseos, responsabilidades, instrucción y opciones disciplinarias) deben ser frecuentemente el tema de discusión entre tu esposa5 y tú. Es uno que ella casi invariablemente encuentra interesante. ¿Qué tan interesante es este tema para ti?

4. Tu trabajo

Las actividades y eventos rutinariamente que ocurren diariamente en tu trabajo quizá le interesen a tu esposa más de lo que imaginas. Puesto que ella es tu ayuda (Gen. 2:18), quizá hará mejor su papel si conoce exactamente lo que haces y sabe con más precisión tienes que enfrentar cada día.

“Pero cuando vengo del trabajo la última cosa de lo que quiero hablar es de las cosas difíciles que pasan en el trabajo.”

Aunque puedo identificarme con esos pensamientos, debo recordarte que ella es tu ayuda, y como tal, el Señor puede estar esperando usarla para ministrar tus necesidades de alguna manera. Ella no puede ministrarte efectivamente si tú no le cuentas qué es lo que está pasando en tu vida. Si verdaderamente estás tan agotado para discutir tu día cuando vienes a casa del trabajo, quizá quieras considerar decirle a tu esposa lo que le he dicho a mi esposa Kim varias veces, “Mi amor, realmente no estoy de humor en este momento para recordar ese escenario, pero si es importante para ti, podemos hablar de esto después de la cena”

5. Su familia (tu segunda familia)

La Biblia tiene mucho más que decir sobres las relaciones con tu segunda familia de lo que te imaginas. Algunas controversias de este tipo son mencionadas en las Escrituras. Está la de Esaú y sus esposas contra Isaac y Rebeca: “Cuando Esaú tenía cuarenta años se caso con Judit, hija de Beeri hitita, y con Basemat hija de Elón hitita; y ellas hicieron la vida insoportable para Isaac y Rebeca.” (Gen. 26:34, 35). Otro conflicto del que leemos es el que hubo entre Jacob y Labán en Génesis 29. Después está la ardiente disputa entre Sansón y su suegro quién le dio su esposa a alguien más (Jueces 15). Y por supuesto, no hay que olvidar que David y Saúl fueron segunda familia también.

Más importante, el verso bíblico más fundamental relativo al matrimonio (el cual explica donde se originan los conflictos maritales) es Gen. 2:24. “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Los problemas del matrimonio ultimadamente vienen cuando se falla en dejar (problemas con tu segunda familia), se falla en unirse y se falla en ser una sola carne. Si quieres evitar serios problemas en tu matrimonio, no evites hablar bíblicamente sobre tu segunda familia. Tampoco olvides que los hermanos y hermanas de tu esposa son tu segunda familia también.

6. Sus Amigos

¿Te importan las amistades que tu esposa elige como sus amigos? ¿Sabes quiénes son sus amigos? ¿O te molestas, como le sucede a muchos hombres, cuando ella empieza a hablar de ellos? Muchos capítulos pueden ser escritos acerca de los beneficios y peligros de desarrollar amistades en el contexto del matrimonio. Lo que puedo hacer aquí no es más que abrirte el apetito esperando que eso te mueva a estudiar lo que dice la Biblia sobre este fascinante tema.

Los amigos de tu esposa pueden influenciarla para bien o para mal. He sido un consejero bíblico de tiempo completo por trece años. En toda mi experiencia como consejero, no recuerdo haber observado a alguna pareja cristiana atravesar por un divorcio6 no bíblico (i. e pecaminoso) sin que el cónyuge que lo inició haya sido fuertemente influenciado por una “tercera” persona. A veces las influencias vienen a través de la familia, otras a través del lugar donde trabajas, pero comúnmente vienen por un amigo (ya sea del mismo o del sexo opuesto). Vez tras vez la Biblia habla del poder de la influencia (i.e., 1 Reyes 11:3, 4; 21:25; Prov. 22:24–25; 29:12; 1 Cor. 5:6–8; 15:33; Gal. 3:1; Heb. 12:5). Las personas pueden influir sobre nuestros pensamientos, valores, motivos, deseos, estados de ánimo, decisiones, lenguaje, e incluso apariencia. ¿Sabes hasta que punto tu esposa ha sido influenciada por aquellos que son cercanos a ella? ¡Debes saberlo si quieres protegerla! Pero probablemente no lo sepas si no estás dispuesto a hablar con ella sobre sus amigos.

Quizá uno de los versos de la Biblia que con más frecuencia son mal citados respecto al poder de la influencia es 1 Corintios 15:33, “las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” Dije “mal citado” porque la primera parte del verso es usualmente omitido. ¿Puedes recordar las primeras cuatro palabras de este verso? Estas son, “No os dejéis engañar.” “No os dejéis engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” El prefacio de estas pequeñas cuatro palabras es significativo porque es una advertencia. Pablo en efecto está diciendo, “¡Ten cuidado!, ¡No seas mal influenciado!” Las amistades incorrectas pueden influenciarte a pecar tan sutilmente que si no tienes la guardia alta, no te darás cuenta de cuanto has sido influenciado. El principio que aconsejo tomar en cuanta a quienes están desarrollando amistades con personas de carácter cuestionable es el siguiente: si no hay evidencia de que estás influenciando a esa persona para bien (para Cristo), debes asumir que tú estás sido influenciado para mal (por el mundo, la carne y/o el Diablo).

¿Sobre qué bases tú y tu esposa desarrollan amistades con otros? ¿Es sobre la base de cómo ellos pueden ministrarle a ustedes? O mejor aún ¿Sobre la base de cómo pueden ustedes ministrarle a ellos? Aunque es maravilloso tener amigos especiales que nos ministras, deberíamos también estar dispuestos a desarrollar amistades basándonos en cómo podemos ministrar a otros (cf. Fil. 2:3, 4).

Otra razón más para que inviertas tiempo en discutir el tema de las amistades de tu esposa con ella es que puedas animarla a ministrar a las amistades (especialmente no-creyentes) e influenciarlas para Cristo. Mientras tu esposa ministre e influencie a sus amistades sucederá una de dos cosas. O será una influencia positiva para sus amistades y esto los llevará a una relación más cercana con Cristo, o su testimonio será una ofensa para ellos y ellos mismos se separarán de ella (Lucas 6:22, 23) eliminando así el peligro de una influencia negativa.

En el capítulo 11 hablaré sobre el tema de la influencia de una manera más detallada, pero por ahora déjame darte un pensamiento final para que lo medites: Puesto que tú y tu esposa son una sola carne, tú debes de ser su más íntimo amigo. Si no estás interesado o disponible para hablar con ella acerca de lo que hay en su corazón, ella muy probablemente irá a otros buscando consuelo y consejos.

7. Sus ministerios (dentro y fuera de la casa)

“La vida es un ministerio.”¿Es esa tu filosofía? Debería serlo porque es bíblico (Mt. 6:26–28; Gal. 5:13; 1 Tes. 1:9). Fuimos creados para glorificar a Dios adorándolo a Él y ministrando a otros (1 Cor. 10:31). Tu ministerio involucra ser el líder de tu esposa, criar a tus hijos en la disciplina e instrucción del Señor, y servir en y a través de tu iglesia local. Lo mismo es verdad acerca de tu esposa creyente. La primera prioridad de ella7 después de su comunión con el Señor a través de la Palabra y de la oración, es ser tu ayuda. Después debe ministrar a los hijos con los que el Señor los haya bendecido. Luego su área más importante de ministerio es hacia otros dentro y fuera de la iglesia. Dios la ha bendecido con dones y habilidades los cuales debe de usar para la gloria de Dios (cf. Mt. 25:14–30; Rom. 12:6–8; 1 Cor. 12:4–6; Ef. 4:7–12). Parte de tu trabajo es ayudarla a descubrir y usar efectivamente esos dones de una manera práctica. Pero para que esto se lleve a cabo es indispensable la comunicación. No seas egoísta con el tiempo de tu esposa. Si ella está cumpliendo fielmente sus responsabilidades domesticas bíblicas, ten cuidado de no privarla de las bendiciones del servicio cristiano. Recuerda que ella será recompensada en esta vida y en la otra por el servicio hecho a Cristo con motivos puros (cf. Mt. 10:41, 42; 1 Cor. 3:8; 4:5). El tiempo, esfuerzo, pensamiento y dinero que inviertas ayudándola a identificar e implementar las posibles ministeriales serán gratificados temporal y eternamente para ambos.

8. Sus metas para el futuro

Tú esposa, como cualquier otra esposa y madre tiene varias metas (esperanzas, sueños, deseos y expectativas) para ella, su matrimonio, y sus hijos. Probablemente ella se llena de goza y satisfacción no sólo cuando las anticipa, pero también cuando las puede compartir con entusiasmo con alguien a quien le interese oírlas. Sus metas quizás sean personales (bajar 9 kilos, aprender a montar un caballo, o aprenderse ciertos pasajes de memoria de la Escritura). En sus metas puedes estar involucrado tú y tus hijos u otras personas (ir de vacaciones a una ciudad romántica en Europa, desarrollar el interés mutuo en una actividad recreativa, recortar el tiempo familiar que pasan viendo televisión y pasar más tiempo en la Palabra, o invitar a más ministros a la casa mostrando hospitalidad). Una de las maneras en que puedes agradar a tu esposa (1 Cor. 7:32) y “Gozar de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz” (Ecl. 9:9) es compartir con ella el entusiasmo por construir y completar algunos de esos sueños especiales.

9. Maneras específicas en las cuales puedes ser un mejor esposo y padre

¿Cuándo fue la última vez que tomaste nota de cómo estás llevando a cabo tus papeles de padre y de esposo? ¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a tu esposa que evaluara la forma en que estás desempeñándote en estas áreas? Dios demanda que constantemente evaluemos nuestro andar cristiano (1 Cor. 11:27–31; 2 Cor. 13:5; Gal. 6:3–5). Me gustaría sugerirte un proyecto para que lo pruebes cuando creas que tu capacidad para comunicarte ha avanzado lo suficiente como para hacerlo exitosamente. Comienza (después de que hayas completado la lectura completa del libro) haciendo una lista de algunas maneras en las que recuerdes haber fallado en estas áreas. Aquí podrías detenerte e ir al Apéndice C, “Maneras Comunes en las Cuales los Esposos Pecan Contra Sus esposas.” Cuando hagas tu lista no seas impreciso y abstracto, sino concreto y especifico. No digas simplemente, “No he sido considerado contigo.” Más bien di: “No he sido considerado contigo en que constantemente dejo mi ropa tirada en el cuarto y espero que después tú la recojas.” o “No he sido considerado contigo en que después de afeitarme por las mañanas dejo mis vellos en el lavabo los cuales al secarse se pegan a la porcelana y yo espero que tú los recojas.”

Después de hacer esta lista reúnete con tu esposa, explicándole que necesitas 90 minutos de su atención para que te ayude a ser un mejor esposo y padre. Empieza esa reunión con una oración y una porción de la Escritura. Después comienza a confesar tus pecados a tu esposa. Cuando hayas terminado de leerle la lista, pídele que te perdone. (¡Ahora empieza lo divertido!) Una vez que te haya perdonado, entrégale la lista y pídele que agregue otras cosas en las que ella piense que has pecado en su contra. Finalmente, pídele que enumere la lista (tanto de las cosas que tu identificaste como la de las que ella agregó), haciendo una lista maestra con todo incluido. ¡Esta lista les proveerá horas de estimulante conversación!

10. Cosas que haces que le molestan

Si alguna vez sientes que no tienes un tema de conversación que le interese a tu esposa prueba ese. Está garantizado para proveerte horas fascinantes de conversación. De hecho, estarás contento de saber que ella te lo más fácil pues será quien más hable.

“Todo esto se oye muy bien, pero ¿no estás asumiendo que mi esposa y yo tenemos una buena comunicación? Sinceramente, a como está nuestra comunicación ¡estaría muerto de miedo con solo intentar discutir estos temas con mi cónyuge!”

Entonces tendré que darte un pequeño curso intensivo básico de comunicación bíblica. La clase empezará tan pronto estés listo para cambiar de página al próximo capítulo.

Temas para Discutir

1.Doctrina Bíblica

2.Nuestra casa

3.Nuestros hijos

4.Tu trabajo

5.Su familia (tu segunda familia)

6.Sus amigos

7.Sus ministerios (dentro y fuera de la casa)

8.Sus metas para el futuro

9.Maneras específicas en las cuales puedo ser un mejor esposo y padre

10.Cosas que haces que le molestan

Agrega a esta lista los tópicos que vayan surgiendo …

1 c. f Prov. 12:18 Hay quien habla sin tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios sana.

2 Revelación general es lo que se conoce de manera general acerca de Dios a través de Su creación (como su Eterno poder y divinidad, cf. Rom. 1:20).

3 Revelación especial (La Biblia) es necesaria a causa de las limitaciones de la revelación general al hombre caído. La revelación general es incapaz de describir las perfecciones de Dios que el hombre necesita conocer para glorificarlo y disfrutar de Él. También, la pecaminosidad del hombre distorsiona su habilidad para percibir a Dios a través de la revelación natural. Adicionalmente, la trascendencia de Dios hace imposible para el hombre comprenderlo aparte de la revelación especial.

4 Carnagie, Dale, How to Win Friends and Influence People.

5 Para un excelente recurso que facilita dichas discusiones vea Strengthening Your Marriage por Wayne Mack, Phillipsburg, New Jersey, Capítulo siete titulado “Unity Through a Common Philosophy of Raising Children,” vale la pena comprar el libro.

6 Por divorcio no bíblico, me refiero a un divorcio donde ni la inmoralidad sexual (Mt. 19:1–12), ni el abandono de un cónyuge incrédulo (1 Cor. 7:15–16) estuvieron presentes. Vea Marriage Divorce and Remarriage in the Bible por Jay E. Adams, (Zondervan Publishing House) para una discusión excelente de este tema

7 No conozco otra mejor lista de prioridades que en la Biblia que la de Efesios 5:18–6:7. Después de ser lleno del Espíritu (nuestra prioridad absoluta de adoración a Dios), el texto nos dirige a la relación de esposo-esposa, después a la de padre-hijo y después a la de patróntrabajador.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 49–63). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

¡Eh, tú, la del cabello anaranjado!

Marzo 23

¡Eh, tú, la del cabello anaranjado!

Lectura bíblica: Hebreos 13:5, 6

Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé. Hebreos 13:5

a1¿Te ha sucedido alguna vez una situación embarazosa como las siguientes? A ver, levanta la mano cuando alguna de las siguientes situaciones se parezca a algo que te pasó a ti.

• Trataste de teñirte el cabello y te salió anaranjado fluorescente.
• Te agachaste y se te rompió el pantalón por atrás.
• Te salió un grano rojo en la frente que parecía un tercer ojo.
• Te dijeron que la ropa que usabas había sido hecha de las cortinas de tu abuela, y que su estilo no te quedaba tan bien a ti como a los chicos de La Novicia Rebelde.
• Descubriste que alguien te puso un letrero en la espalda que decía: “Soy un perdedor. Dame una patada”.
• Sentías un olor terrible, y descubriste que tú eras el del mal olor.

No te gustaría caminar por los pasillos llenos de chicos en la escuela bajo ninguna de esas condiciones tan poco divertidas. Verías que amigos y enemigos por igual se apartarían de ti. Escucharías que murmuran de ti, o algo peor. Y definitivamente no te sentirías nada seguro de ti mismo.

Cuando nos preguntamos si nos vamos a sentir aceptados, nos sentimos inseguros. Cuando nos miramos al espejo y lo único que vemos son defectos, empezamos a creer que nadie nunca querrá pasar el rato con nosotros.

Pero tú no tienes por qué sentirte así. ¿Por qué? Porque somos aceptados por aquel que más importa: Jesucristo. Nos acepta como amigos tal como somos: con el cabello anaranjado fluorescente, la nariz colorada, los pantalones rotos, con las medias que no hacen juego, y todo lo demás. Ha prometido nunca dejarnos ni abandonarnos. Quiere estar con nosotros no importa cómo nos sintamos con respecto a nosotros mismos.

Ahora piensa en lo que esto significa. Si Jesucristo, el Creador del universo, nos acepta, ¿qué importa si nadie más nos acepta? Eso no significa que dejamos de necesitar a otras personas, pero podemos dejar de necesitar su aceptación para sentirnos bien.

Cuando te das cuenta de que Cristo te acepta incondicionalmente, no tienes que centrarte en ti mismo. Puedes poner tu atención en los demás. Casi todos tus amigos se sienten inseguros, aunque quizá no lo demuestren. Necesitan a alguien que los ayude a satisfacer sus necesidades acercándose a ellos y señalándoles a Jesús. Saber que Cristo te acepta te deja aceptarlos a ellos como amigos así como Cristo te aceptó a ti.

PARA DIALOGAR
¿De qué manera saber que Cristo te acepta te ayuda a aceptar a otros?

PARA ORAR
Jesús, te damos gracias porque nos aceptas completamente.

PARA HACER
La mayoría no te va a creer si simplemente dices que los aceptas. Haz algo hoy para demostrar que aceptas a alguien con quien has sido antipático en el pasado.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

David oye de la muerte de Saúl

2 Samuel 1-4

David oye de la muerte de Saúl

a11:1  Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag.

Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia.

Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel.

David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron.

Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?

El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo.

Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí.

Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita.

El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí.

10 Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.

11 Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.

12 Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.

13 Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita.

14 Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová?

15 Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió.

16 Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

David endecha a Saúl y a Jonatán

17 Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha,

18 y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.[a]

19 !!Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!
!!Cómo han caído los valientes!

20 No lo anunciéis en Gat,
Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;
Para que no se alegren las hijas de los filisteos,
Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21 Montes de Gilboa,
Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas;
Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,
El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.

22 Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes,
El arco de Jonatán no volvía atrás,
Ni la espada de Saúl volvió vacía.

23 Saúl y Jonatán, amados y queridos;
Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;
Más ligeros eran que águilas,
Más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, llorad por Saúl,
Quien os vestía de escarlata con deleites,
Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.

25 !!Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!
!!Jonatán, muerto en tus alturas!

26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,
Que me fuiste muy dulce.
Más maravilloso me fue tu amor
Que el amor de las mujeres.

27 !!Cómo han caído los valientes,
Han perecido las armas de guerra!

David es proclamado rey de Judá

2:1  Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón.

David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de Carmel.

Llevó también David consigo a los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón.

Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá.

Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.

Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura.

Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho.

Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.

Guerra entre David y la casa de Saúl

Pero Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo llevó a Mahanaim,

y lo hizo rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel.

10 De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los de la casa de Judá siguieron a David.

11 Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.

12 Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl,

13 y Joab hijo de Sarvia y los siervos de David salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y se pararon los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado.

14 Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense.

15 Entonces se levantaron, y pasaron en número igual, doce de Benjamín por parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David.

16 Y cada uno echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su espada en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcat-hazurim,[b] el cual está en Gabaón.

17 La batalla fue muy reñida aquel día, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los siervos de David.

18 Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Este Asael era ligero de pies como una gacela del campo.

19 Y siguió Asael tras de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda.

20 Y miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí.

21 Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él.

22 Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?

23 Y no queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían.

24 Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón.

25 Y se juntaron los hijos de Benjamín en pos de Abner, formando un solo ejército; e hicieron alto en la cumbre del collado.

26 Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos?

27 Y Joab respondió: Vive Dios, que si no hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos desde esta mañana.

28 Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió más a los de Israel, ni peleó más.

29 Y Abner y los suyos caminaron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón y llegaron a Mahanaim.

30 Joab también volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael.

31 Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, a trescientos sesenta hombres, los cuales murieron.

32 Tomaron luego a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche Joab y sus hombres, y les amaneció en Hebrón.

3:1  Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.

Hijos de David nacidos en Hebrón

(1 Cr. 3.1-4)

Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito fue Amnón, de Ahinoam jezreelita;

su segundo Quileab, de Abigail la mujer de Nabal el de Carmel; el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur;

el cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital;

el sexto, Itream, de Egla mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.

Abner pacta con David en Hebrón

Como había guerra entre la casa de Saúl y la de David, aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl.

Y había tenido Saúl una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aja; y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre?

Y se enojó Abner en gran manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perro que pertenezca a Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre, con sus hermanos y con sus amigos, y no te he entregado en mano de David; ¿y tú me haces hoy cargo del pecado de esta mujer?

Así haga Dios a Abner y aun le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así con él,

10 trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba.

11 Y él no pudo responder palabra a Abner, porque le temía.

12 Entonces envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿De quién es la tierra? Y que le dijesen: Haz pacto conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para volver a ti todo Israel.

13 Y David dijo: Bien; haré pacto contigo, mas una cosa te pido: No me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme.

14 Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.

15 Entonces Is-boset envió y se la quitó a su marido Paltiel hijo de Lais.

16 Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió.

17 Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo: Hace ya tiempo procurabais que David fuese rey sobre vosotros.

18 Ahora, pues, hacedlo; porque Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos.

19 Habló también Abner a los de Benjamín; y fue también Abner a Hebrón a decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín.

20 Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido.

21 Y dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan contigo pacto, y tú reines como lo desea tu corazón. David despidió luego a Abner, y él se fue en paz.

Joab mata a Abner

22 Y he aquí que los siervos de David y Joab venían del campo, y traían consigo gran botín. Mas Abner no estaba con David en Hebrón, pues ya lo había despedido, y él se había ido en paz.

23 Y luego que llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz.

24 Entonces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste que se fuese?

25 Tú conoces a Abner hijo de Ner. No ha venido sino para engañarte, y para enterarse de tu salida y de tu entrada, y para saber todo lo que tú haces.

26 Y saliendo Joab de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera.

27 Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió.

28 Cuando David supo después esto, dijo: Inocente soy yo y mi reino, delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner.

29 Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan.

30 Joab, pues, y Abisai su hermano, mataron a Abner, porque él había dado muerte a Asael hermano de ellos en la batalla de Gabaón.

31 Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con él estaba: Rasgad vuestros vestidos, y ceñíos de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey David iba detrás del féretro.

32 Y sepultaron a Abner en Hebrón; y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también todo el pueblo.

33 Y endechando el rey al mismo Abner, decía:
    ¿Había de morir Abner como muere un villano?

34 Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos;
Caíste como los que caen delante de malos hombres. m Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él.

35 Entonces todo el pueblo vino para persuadir a David que comiera, antes que acabara el día. Mas David juró diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa.

36 Todo el pueblo supo esto, y le agradó; pues todo lo que el rey hacía agradaba a todo el pueblo.

37 Y todo el pueblo y todo Israel entendió aquel día, que no había procedido del rey el matar a Abner hijo de Ner.

38 También dijo el rey a sus siervos: ¿No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel?

39 Y yo soy débil hoy, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para mí; Jehová dé el pago al que mal hace, conforme a su maldad.

Is-boset es asesinado

4:1 Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le debilitaron, y fue atemorizado todo Israel.

Y el hijo de Saúl tenía dos hombres, capitanes de bandas de merodeadores; el nombre de uno era Baana, y el del otro, Recab, hijos de Rimón beerotita, de los hijos de Benjamín (porque Beerot era también contado con Benjamín,

pues los beerotitas habían huido a Gitaim, y moran allí como forasteros hasta hoy).

Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset.

Los hijos, pues, de Rimón beerotita, Recab y Baana, fueron y entraron en el mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual estaba durmiendo la siesta en su cámara.

Y he aquí la portera de la casa había estado limpiando trigo, pero se durmió; y fue así como Recab y Baana su hermano se introdujeron en la casa.

Cuando entraron en la casa, Is-boset dormía sobre su lecho en su cámara; y lo hirieron y lo mataron, y le cortaron la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino del Arabá.

Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su linaje.

Y David respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón beerotita, y les dijo: Vive Jehová que ha redimido mi alma de toda angustia,

10 que cuando uno me dio nuevas, diciendo: He aquí Saúl ha muerto, imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva.

11 ¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra?

12 Entonces David ordenó a sus servidores, y ellos los mataron, y les cortaron las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque en Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.

Footnotes:

  1. 2 Samuel 1:18 O, del justo.
  2. 2 Samuel 2:16 Esto es, Campo de filos de espada, de los adversarios, o de los bandos.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-23

a1Hay aparentes actitudes de humildad que no son más que la manifestación de un orgullo disfrazado. La humildad es más difícil de practicar de lo que parece. Necesitamos conocer la verdadera pequeñez de nuestras grandezas. Nunca somos tan grandes como cuando nos humillamos, nunca somos tan insignificantes como cuando vanamente nos enorgullecemos. Disfrazamos esa tendencia natural y crónica que data desde tiempos edénicos a creernos más de lo que somos. Lo hacemos con una aparente fachada de humildad cuando en realidad anhelamos prestigio, reconocimiento y aplausos. Cierto día un predicador bajó del escenario y una hermana se le acercó y le dijo. “Lo felicito, pastor, nadie predica como usted”, a lo que el hombre le respondió: “Gracias, Satanás acaba de decirme lo mismo.” Si no estamos alertas contra este sutil flagelo seremos consumidos paulatinamente por sentimientos de envidia y celos hacia aquellos que creemos superiores o más bendecidos que nosotros. Pedro, confundido, quiso pasar por el más humilde cuando en realidad quería aparentar humildad que no es otra cosa sino orgullo. “No tendrás parte con migo”, fue la tajante respuesta del Maestro, porque en Su Reino no hay lugar para este tipo de predisposiciones. El orgullo es sumamente peligroso por la capacidad que tiene de pasar inadvertido, se disfraza. Es como algunos virus mortales para la humanidad que cuando son detectados ya es demasiado tarde. Ni exámenes, radiografías, o tratamientos lograron detectarlo, pero estaba allí, tan mortal y nocivo como siempre. Hasta que aflora en algún acto de ira o arranque de celos y nos espanta hasta a nosotros mismos.

Es entonces cuando debes, con la asistencia inequívoca de la Palabra de Dios y su Espíritu, tomar las medidas necesarias para sanearlo y erradicarlo. Cuando somos poseídos por Espíritu de Aquel que fue manso y humilde de corazón, entonces hallaremos el verdadero descanso, porque una vida de comedia agota luego de cada función.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Tengo razones para ser humilde sin embargo no conozco ni la mitad de ellas, y también sé que soy orgulloso sin embargo no conozco ni la mitad de mi orgullo.

EL FUEGO DE LOS QUICHÉS

23 mar 2016

EL FUEGO DE LOS QUICHÉS

por Carlos Rey

a1Estaban muertos de frío, así que se presentaron ante los dioses para suplicarles que les dieran fuego. Los dioses les dieron el fuego anhelado después de exigir que les rindieran culto, pero luego les hicieron una mala jugada: hicieron caso omiso de sus danzas de alegría y sus cánticos de gratitud, y al rato cayó un aguacero con granizo, de modo que se volvieron a extinguir las hogueras de los pobres indios.

Cuando ya de tanto temblar y de tiritar no podían soportar más el frío ni la helada, volvieron a rogarles a los dioses que se apiadaran de ellos y les dieran siquiera un poco de fuego. Pero esta vez los dioses les exigieron sacrificios humanos, es decir, que a las víctimas les abrieran el pecho con un puñal y les ofrendaran el corazón. Sólo así llegarían a merecer el ansiado fuego.

Dicen que los quichés accedieron y sacrificaron a sus prisioneros y, mediante la sangre de éstos, se salvaron del frío espantoso. En cambio, los cakchiqueles no sucumbieron ante la exigencia de los dioses. A estos primos de los quichés, que eran también herederos de los mayas, les pareció un precio demasiado alto que pagar. Los valerosos cakchiqueles se acercaron en completo silencio a la hoguera de los quichés, pasaron imperceptiblemente por el humo y se robaron el fuego, y luego fueron y lo escondieron en las cuevas de sus montañas.1

Esas impresionantes escenas del Popol Vuh, es decir, de las antiguas historias del Quiché, forman parte de lo que se ha considerado el mayor testimonio ancestral de los guatemaltecos. En ellas sentimos no sólo el frío que a aquellos indígenas les calaba hasta los huesos, sino también el que les invadía el corazón, órgano vital que sus dioses les exigían a cambio de un poco de fuego. ¿Sería que sus dioses carecían de corazón ellos mismos, y que procuraban saciarse de corazones humanos para suplir esa falta?

Lo cierto es que lo que más les hacía falta a los quichés no era fuego sino conocer al único Dios verdadero. De haberlo conocido, hubieran sabido que Él ya había procedido de un modo diametralmente opuesto a esos dioses falsos. A diferencia de éstos, el Dios de la Biblia nos amó tanto que, en lugar de exigir sacrificios humanos de parte nuestra, Él mismo se sacrificó en nuestro lugar.2 Cuando nos estábamos muriendo de frío espiritual por falta del calor de su presencia, Dios estableció un requisito para que pudiéramos recibir el perdón de pecados que nos separaban de Él. Pero no exigió el derramamiento de sangre nuestra mediante la entrega de nuestro corazón físico a Él, sino el derramamiento de la sangre de su Hijo,3 que se hizo hombre y nos entregó su corazón al morir por nosotros.4

Así que Dios no espera que hagamos nada para merecer el fuego de su presencia en nuestra vida. No es posible, porque Él ya lo hizo todo.5 Pero sí espera que nos apropiemos de ese fuego entregándole nuestro corazón, no de modo físico sino espiritual, y no por obligación sino de buena voluntad, pues es allí donde Él quiere que arda su presencia.6


1 Popol Vuh: las antiguas historias del Quiché, versión de Adrián Recinos (Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1990), pp. 95‑100; y Eduardo Galeano, Memoria del fuego I: Los nacimientos, 18a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1991), p. 13.
2 Ro 3:25; 8:3; Ef 5:1; Heb 7:27; 9:26‑28; 1Jn 2:1; 4:10
3 Heb 9:11‑22
4 Jn 1:14
5 Ef 2:8‑9
6 Pr 23:26

http://www.conciencia.net/

2-¡DE REGRESO A LA ESCUELA POR EL RESTO DE MI VIDA!

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Dos

¡DE REGRESO A LA ESCUELA POR EL RESTO DE MI VIDA!

a1“¿Qué es exactamente lo que debo aprender de mi esposa que aún no sé?”

La respuesta a esta pregunta es doble: Primero, tienes que aprender algunas cosas de las mujeres en general. Segundo, tienes que aprender algunas cosas de tu mujer en particular.

Tienes que aprender sobre las necesidades, gustos, intereses, metas, sueños, alegrías, penas, temores, problemas, manera de pensar, motivaciones, sentimientos, dones espirituales y tentaciones de tu esposa.

Vivir con tu esposa de una manera comprensiva, (“sabiamente” RV60) significa que tienes que ser estudioso de tu esposa de por vida. Tendrás que estudiarla y analizarla como un comerciante estudia a sus clientes en potencia – sólo que en una dimensión mucho más grande e íntima. Tendrás que aprender a hacerle preguntas específicas para obtener la información precisa que buscas. Tendrás que aprender a atenderla (incluso cuando esté sentada junto a ti mientras conduces y podrías estar resolviendo algún problema “más importante”). Deberás aprender a percibir lo que le agrada aunque no te lo mencione específicamente – un servicio que por naturaleza seguramente ella te brinda con habilidad. Deberás también estudiar los distintos tonos de voz que usa, al igual que sus peculiares formas no-verbales de comunicación para saber cuando es el momento apropiado para hacer preguntas “sabias” y “adecuadas.”

“Pero quizá te preguntes, ¿por qué tengo que hacer esto el resto de mi vida? ¿De cualquier forma, qué tanto es posible aprender sobre mi esposa? Una vez que aprenda lo que necesito, ¿no puedo dejar de estudiarla para aprender otro tipo de cosas (como golf, caza y pesca)?”

Sí y no. Probablemente llegará un punto en el que no tengas que invertir tanto tiempo, esfuerzo y meditación para estudiarla. Digo esto porque con el paso del tiempo el proceso se volverá fácil y te familiarizarás más con tu materia. Sin embargo, a causa de un pequeño detalle comúnmente conocido como “la prerrogativa de la mujer” nunca podrás deshacerte por completo de tus libros.

La Prerrogativa de la Mujer

Hombres y mujeres cambian constantemente de parecer en todo tipo de cosas- desde la ropa que se ponen diariamente hasta su posición teológica. Cuando mi esposa Kim y yo estábamos en un viaje en nuestro primer año de casados, me paré a llenar el tanque de gasolina en una tienda local. Ella me pidió que le comprara algo de beber. Entonces recordé que me había dicho varias veces antes que su bebida favorita era la Pepsi de Dieta®. Mientras abría la puerta del refrigerador, alcancé a ver una Tab® y recordé que me había dicho que ella odiaba esa bebida. “Tengo que encontrar una Pepsi de Dieta®”, pensé. “ella odia la Tab®”. Después de haberla encontrado pagué la gasolina y la bebida. Confiadamente me acerqué hacia ella con su “bebida favorita” en mi mano, esperando verla complacida por haberme recordado.

“Pepsi de Dieta®,” dijo, con un tono de decepción en su voz. “Yo quería una Tab®

“¡Pero tú me dijiste que odiabas absolutamente la Tab®!”, le dije con profunda incredulidad.

“Lo sé, pero hoy quiero una Tab®” y pienso que me está comenzando a gustar más la Tab® que la Pepsi de Dieta®.”

Como ves, puesto que tu esposa tiene la prerrogativa (si no la tendencia) de cambiar de parecer, tú debes hasta cierto punto continuar estudiándola. Es como la actualización de un software. Estoy haciendo el manuscrito de este libro en mi computadora portátil usando el procesador de textos más común. Hasta la fecha ha habido dos actualizaciones para este programa. En unos años los programadores actualizarán el programa de nuevo. Si para ese tiempo, alguien secretamente instalara la última versión en mi computadora, provocaría todo tipo de dificultades y confusión hasta que pudiese leer el manual de la nueva actualización.

Entendiendo a las Mujeres en General

Lo primero que debes comprender es que, hablando de manera general, existen diferencias significativas entre hombres y las mujeres. Biológicamente, por ejemplo, cada célula en tu cuerpo difiere ligeramente de las células en tu contraparte femenina. Tus células contienen un conjunto de cromosomas ‘xy’, mientras que las células de tu esposa poseen un par de cromosomas ‘xx’. Es la combinación de estos cromosomas lo que genéticamente determina las otras diferencias fisiológicas “femeninas” y “masculinas” entre ambos sexos. Aquí hay más ejemplos de las diferencias biológicas entre los hombres y las mujeres.

Las mujeres tienen una capa subcutánea (debajo de la piel) de grasa que nosotros no tenemos. Mientras la mujer pasa por la pubertad, esta capa se hace espesa, la cual hace que su cuerpo tenga curvas, como también hace que su piel sea más suave al tocar que la de un hombre. Sin duda alguna Dios diseñó esta facción femenina de tu esposa para trabajar ajustada a tu vista que es como tu respuesta al sexo está orientada (diferente a tu esposa cuya respuesta al sexo está orientada hacia el tacto).

La parte posterior del cuerpo calloso, una parte alargada fibrosa del cerebro que conecta sus dos hemisferios (y que se piensa que sirve como nexo de comunicación entre ellos), es notablemente más pequeña en los hombres que en las mujeres.

Las mujeres tienen un pulmón más pequeño que el nuestro. El estómago, riñones, hígado y apéndice de ellas, sin embargo, es proporcionalmente más grande que el de los hombres. Ellas tienen un ritmo cardíaco más rápido, un porcentaje más pequeño de agua en sus cuerpos, menos glóbulos rojos en su sangre, y menos presión arterial que nosotros. De la cabeza a la punta del pie, los músculos y la estructura ósea de las mujeres difieren notablemente de los nuestros en una variedad de formas.

Las mujeres por lo general son más pequeñas que los hombres … los hombres usualmente son 40 por ciento músculo 15 por ciento grasa; las mujeres tienden a tener 23 por ciento de músculo y 25 por ciento de grasa. Los brazos de los hombres son más largos y sus hombros más amplios … La parte de arriba de la cintura es dos o tres veces más fuerte que la de las mujeres kilo por kilo, lo cual da al hombre una enorme ventaja en cualquier actividad o deporte que requiera fuerza, energía muscular (y … coordinación visualespacial).1

Estas diferencias fisiológicas inherentes entre hombres y mujeres demues tran cómo el Creador y el Sustentador del Universo diseño al hombre y a la mujer para que se complementaran el uno al otro (en lugar de competir). Pero la diferencia de géneros entre tu esposa y tú va más allá de la estructura anatómica.

Otra, quizá aún más importante, área de entendimiento con la cual debes familiarizarte, es la de las distintas funciones y responsabilidades bíblicas que Dios ha dado a la mujer. Al paso que estudias estas funciones específicas de la mujer cristiana, habrás ganado una mejor percepción y entendimiento de la naturaleza femenina de tu mujer. Entender el grado hasta el cual Dios le ha dado distintas responsabilidades a tu esposa que a ti te ayudará a apreciar los matices de la diferencia entra la masculinidad y la feminidad.

Rol de la Mujer/Responsabilidad

Referencia Bíblica

Ser una ayuda idónea

Gen. 2:18 Y el SEÑOR Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.

Ser sumisa a su esposo

Ef. 5:22 Las mujeres [estén sometidas] a sus propios maridos como al Señor.

Glorificar a su esposo

1 Cor. 11:7–9 Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre.

Reverenciar a su esposo

Ef. 5:33 En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

Adornarse a sí misma con espíritu de humildad y serenidad

1 Pedro 3:3, 4 Y que vuestro adorno no sea [únicamente] externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Ser pura y respetuosa en su conducta

1 Pedro 3:2 al observar vuestra conducta casta y respetuosa.

Ser sabia y bondadosa en palabra (y de corazón)

Prov. 31:26 Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua. (Lucas 6:45 “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.”)

Una mujer anciana debe ser:

Reverente en su conducta

No esclava del vino

No calumniadora

Enseñar lo que es bueno

Enseñar a las jóvenes

Tit. 2:3–4 Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que …

Una mujer joven debe ser:

Amorosa con su esposo

Amorosa con sus hijos

Prudente

Pura

Hacendosa en el hogar

Amable

Sujeta a su esposo

Tito 2:5 [las mujeres ancianas deben animar a las mujeres jóvenes] a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Estructura Característica

Referencia Bíblica

Fue hecha del hombre

1 Cor. 11:8 Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre;

Fue hecha para el hombre

1 Cor. 11:9 pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre.

Fue hecha después del hombre

1 Tim. 2:13 Porque Adán fue creado primero, [y] después Eva.

Su inclinación es controlar a su esposo4

Gen. 3:16 A la mujer dijo: “… tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.”

Es más fácil de engañar

1 Tim. 2:14 Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en trasgresión.

Debe verse a si misma como el cuerpo y a su esposo como su cabeza5

Ef. 5:23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo.

Entendiendo a tu mujer particularmente

No todas las mujeres son iguales. Mientras que tu esposa, sin duda, tiene ciertas características femeninas consistentes con otras de su mismo sexo, ella también tiene otras características distintivas que la hacen única. Como ya he explicado, tienes que aprender acerca de sus necesidades, sus deseos, sus intereses, sus metas, sus sueños, sus gozos, sus pesares, sus miedos, sus problemas, su manera de pensar, sus motivaciones, sus sentimientos, sus dones espirituales y sus tentaciones. Tu trabajo es entender las particularidades e idiosincrasias que forman su personalidad y vivir con ella de acuerdo a eso. Esos “defectos de personalidad” que son inconsistentes con el carácter de Cristo, necesitarás, paciente y amorosamente, limpiarlos purificándola “por el lavamiento del agua con la Palabra” (Ef. 5:26). Esas características que te irritan pero que no son inconsistentes con la Escritura, tendrás que aprender a soportarlas (mostrándole paciencia en amor de acuerdo a Ef. 4:2). Aquellas características que muestran el carácter de Cristo que ella tiene tendrás que elogiarlas (Prov. 31:28–29).

“Está bien. Me haz convencido. No he estado viviendo con mi esposa con entendimiento. Tengo que comenzar a hacerlo, pero es una tarea ardua, y no sé cómo empezar.”

¿Por Dónde Comienzo?

Quizá el mejor punto de partida sea que aprendas a hacer las preguntas precisas. Se ha dicho que “las preguntas son para la comunicación como la comida es para la alimentación.” Necesitas una para lograr eficientemente la otra. La habilidad de hacer las preguntas apropiadas es una destreza en la que debes convertirte en un experto si quieres “sacar” de tu esposa la información necesaria para vivir con ella con entendimiento y experimentar la intimidad de “una sola carne” que Dios desea para tu matrimonio. Recuerda: la revelación es un pre-requisito para cualquier relación. Entre más te revelas a ti mismo frente a tu esposa y entre más logres animarla a ella a que se revele a ti (haciendo las preguntas precisas), mayor será la intimidad que lograrás. A continuación presentaré algunas preguntas básicas con las cuales puedes empezar a entrevistar a tu esposa.

Preguntas Sugeridas para Edificar la Intimidad

1. Si pudieras cambiar tres cosas de mí que me hicieran más como Cristo, ¿cuáles serían?

Esta primera pregunta probablemente te llevará horas de conversación. Al enfocarte primero en tus propias debilidades y sacar la viga de tu propio ojo (cf. Mt. 7:1–5) no sólo demostrarás humildad, sino harás que le sea más fácil a tu esposa revelarse a ti posteriormente. Tu esposa probablemente esté bien consciente de los defectos de tu carácter tienen que ser cambiados. Puede ser incluso que ella esté más consciente de ellos que tú. Tu pecado necesita ser discutido al responder esta pregunta. Tus rasgos personales (defectos de carácter) que son inconsistentes con el carácter de Cristo, deben de ser corregidos con la gracia de Dios. Esto no es negociable ni opcional. Si ella presenta evidencia que te convence de tu pecado (cf. 2 Tim. 3:17), debes reconocer ante ella tu trasgresión y con la ayuda de Dios (y la de ella) empezar a sustituir esos patrones pecaminosos con sus alternativas bíblicas.6

2. ¿Tengo algunos hábitos molestos o peculiaridades irritantes que te gustaría que cambiara?

Además de señalarte las deficiencias de carácter que la Biblia dice que de bes cambiar, tu esposa podría tener otras sugerencias que debes consid erar concerniente a otros asuntos. Probablemente existan cosas personales molestas y hábitos que has desarrollado, que aunque no necesariamente pecaminosos, tienden a irritarla. Eso incluye cosas como cierta ropa con la que te vistes, tus hábitos de aseo personal y/o la carencia de ciertas cualidades sociales. Aunque tu esposa debe ser paciente contigo, por el deseo de agradarla (1 Cor. 7:33) deberías considerar esforzarte en corregir esos estos hábitos. Tu disposición a discutir estos asuntos con ella le demostrarán tu amor y posiblemente le darán esperanza.

3. ¿Qué sientes cuando yo … (menciona algo que tú sabes que le molesta)? Una vez que descubres exactamente lo que ella quiere que cambies, puedes empezar a animarla a que ella se revele a ti. Te sugiero que empieces preguntándole acerca de sus sentimientos. Nosotros los hombres tendemos a no enfatizar tanto las emociones que Dios nos ha dado como lo hacen nuestras esposas. Claro que como cristianos, no debemos tomar decisiones basados en nuestros sentimientos; más bien debemos de aplicar principios bíblicos en cada situación. Hacerlo de otra manera es peligroso porque nos conduce a una vida guiada por los sentimientos, no por la obediencia. Nuestros sentimientos nos pueden desviar y nos tientan a no responder bíblicamente a los problemas y presiones de la vida.

“Bueno, podría habértelo dicho ya. Las mujeres son más emocionales que los hombres y son engañadas por sus emociones, así que ¿para qué molestarse en hablarle de sus emociones? Si le pregunto cómo se siente ¿acaso no estimulo más sus emociones en lugar de ayudarla a pensar lógicamente?”

En efecto lo harás si simplemente escuchas sus sentimientos sin ayudarla a relacionar esos sentimientos con sus pensamientos, sus acciones y la Biblia. No debes ignorar el lugar de los sentimientos de tu esposa, entendiendo que le han sido dados por Dios.

¿Te has detenido a considerar que el dolor7 causado emocionalmente puede ser una cosa buena? Así como el dolor físico puede ser bueno porque te permite saber que algo en tu cuerpo está mal, el dolor causado emocionalmente puede ser bueno porque te permite saber que algo está mal con tu manera de pensar. Ansiedad, miedo, enojo, soledad, depresión, desesperación, todos estos sentimientos quizá indican que existe un problema profundo en la vida que necesita ser tratado. Este tipo de dolor es frecuentemente síntoma de un problema más profundo. Esta es la razón por la que la terapia con drogas es en gran medida inefectiva para el tratamiento prolongado de los llamados “desórdenes emocionales”- sólo trata los síntomas y no la causa del problema: acciones y pensamientos pecaminosos.

Son las 3:30 de la mañana y estás profundamente dormido. El detector de humo de tu cuarto altera tu profundo sueño e interrumpe tu tranquilidad con 103 decibeles del sonido desagradable de la alarma de humo. Tu corazón palpita; respiras rápidamente mientras la adrenalina en tu cuerpo activa casi todos los nervios de tu ser. “¿Qué hago?” piensas, mientras tratas de acallar la alarma. “Lo sé, ¡pondré la almohada sobre mi cabeza, mis dedos en mis orejas, y trataré de recuperar el sueño!” Unos segundos pasan. Te das cuenta que tu solución no va a funcionar. Vuelves a reconsiderar mientras que el ruido del detector de humo hace que te enojes más. Finalmente, en tu desesperación buscas bajo la cama el zapato más grande que encuentras, apuntas hacia el detector de humo y le das con el zapato haciéndola añicos. “Finalmente, podré ir a dormir,” piensas, mientras dejas en su lugar el zapato y vuelves la cabeza a la cama olvidándote totalmente del fuego que activó el detector de humo …

Tratar los llamados “dolores emocionales” con medicamentos psicotrópicos (o terapia de electroshock, o compulsión por comer, o ir de compras) sin tratar de descubrir la causa del dolor, es tan necio como quebrar el detector de humo sin tratar de apagar el fuego. Usualmente, cuando localizas y extingues el fuego en tu vida (pensamientos y comportamientos incorrectos), el ruido insoportable de las emociones perturbadoras eventualmente cesará. Mientras animas a tu esposa a discutir sus sentimientos de esta manera (con el propósito de ayudarla a identificar y extinguir cualquier fuego en potencia en su vida) no sólo estarás “viviendo con ella de una manera comprensiva” sino estarás preparando el camino para “lavarla con el agua de la Palabra” (ver capítulo 9). Quizá, a estas alturas será útil repetir con tus propias palabras los sentimientos que ella te está expresando. Quizá tengas que intentarlos más de una vez antes de que lo expreses de una manera que la convenza que verdaderamente la estás entendiendo.

“Ahora déjame ver si esto está claro, cuando no te pongo atención en público tú te sientes ABCDWXYZ”

“No,” dice ella, “cuando no me pones atención en público me siento ABCDEFG”

“¡OH! ¡ABCDEFG! ¿Eso sientes cuando no te pongo atención en público?”

“¡Exactamente!”

Otra razón por la cual es tan importante para ti entender sus sentimientos es porque su dolor, quizá en parte, es resultado de tu pecado. Si entiendes hasta dónde la hiere tu rudeza quizá eso te motive a dejar de ser rudo con ella en el futuro. Desde luego, (y más importante), para que tu arrepentimiento sea genuino, debes tambien entender que tu pecado ha ofendido a Dios y no sólo a tu esposa (Sal. 51:4).

4. ¿Qué es lo que pasa por tu mente cuando yo … (menciona alguna cosa que sabes que le molesta)?

Habiendo pedido a tu esposa que te revele sus emociones, estás listo para inquirir acerca de sus pensamientos. Anímala a que sea totalmente sin cera y franca contigo. Pídele que te dé cuenta palabra por palabra de sus pensamientos. Deberías de nuevo buscar ver el impacto que tu comportamiento ha tenido sobre tu esposa. Como su líder espiritual, debes estar consciente de cualquier patrón pecaminoso de pensamiento que ella te revele en este proceso. En primer lugar, sin embargo, debes estar dispuesto a sacar la viga de tu propio ojo – confesando y abandonando el pecado en tu vida que ella te ha mostrado.

¿Sabías que tienes la habilidad de hablarte a ti mismo en un promedio de 1,300 palabras por minuto? Piensa en esto. En 10 segundos puedes decirte a ti mismo una docena de mentiras. El problema con la mayoría de nosotros es que nos escuchamos a nosotros mismos más de lo que nos hablamos. Así es – más que “hablar verdad en nuestros corazones” (Sal. 15:2), y ser “transformados mediante la renovación de nuestra mente” (Rom. 12:2), “poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2 Cor. 10:5), nos predicamos a nosotros mismos, a un promedio de 1,300 palabras por minuto, las mentiras, falsedades y fabricaciones de nuestro engañoso corazón. En lugar de escuchar pasivamente cuando nos decimos a nosotros mismos cosas como, “No puedo hacer nada bueno,” deberíamos activamente exhortarnos a nosotros mismos de esta manera: “¡No, no debo decir ‘no puedo’ cuando Dios dice que debo hacerlo! ¡Todo lo puedo en aquel que me fortalece! A continuación otros pocos ejemplos comunes de las cosas anti-bíblicas que nos decimos.

• “Probablemente me veré como un tonto”

• “Si la gente no me ama, seré una persona miserable”

• “Cometer errores es terrible”

• “No puedo controlar mis emociones”

• “Debo luchar para ser mejor que otros”

• “Es incorrecto mostrar debilidad”

• “Nunca debería dañar a nadie”

• “No puedo hacer algo a menos que lo sienta”

• “Jamás cambiaré”

• “Jamás podré vencer este hábito”

• “Soy un fracaso”

• “Jamás lo perdonaré”

• “Mi matrimonio jamás funcionará”

• “Podría decir algo que me ponga en vergüenza”

Cuando tu esposa te revela este tipo de patrón pecaminoso de pensamiento, debes ayudarla a que aprenda a pensar bíblicamente: Por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en eso meditad. (Fil. 4:8). Sin embargo, al mismo tiempo no minimices las evaluaciones negativas que ella tenga de si misma. Explóralas y trata con ellas.8

5. ¿Qué quieres de mÍ que no te doy?

Esta pregunta va más allá de los sentimientos y pensamientos y te ayuda a obtener información acerca de sus motivos. La Biblia tiene mucho que decir acerca de nuestros motivos. Considera este verso en Hebreos 4:12 “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (vs. 12). La Biblia es necesaria para diagnosticar con precisión no solamente nuestros pensamientos, sino también nuestras intenciones.

“Vivir con tu esposa de una manera comprensiva” implica entender los deseos que generan sus pensamientos, palabras y acciones. Sus deseos quizá sean justos o injustos. Ella quizá, por ejemplo, tiene un deseo justo para tener más intimidad contigo y por lo tanto se decepciona cuando no te comunicas lo suficiente con ella. (Por supuesto, si su decepción se vuelve un enojo o ansiedad no justo, quizá se deba a que ella desea una buena cosa desmesuradamente). Por otra parte, si ella te está presionando para tener un trabajo mejor pagado porque ella “quiere que le compres un nuevo Jaguar deportivo con dos plazas” quizá sus deseos son injustos.

Un esposo comprensivo es aquel que hará cualquier esfuerzo razonable para proveerle a su esposa no sólo lo que necesita, sino también lo que legalmente desea, siempre que pueda hacerlo sin pecar (lee Rom. 8:32 a la luz de Ef. 5:25).

6. ¿Qué quieres ver que cambie específicamente en mí en esta área … (menciona algo que sabes que le molesta)?

Alerta: No hagas esta pregunta a menos que estés comprometido a realizar cualquier esfuerzo razonable para cambiar (ya sea implementando sus sugerencias o siguiendo las tuyas propias basadas en la Biblia). En la mayoría de los casos tu esposa ya ha empezado a pensar en las cosas específicas que ella desearía ver que implementaras. De hecho, probablemente ella ya te ha hecho esas sugerencias en distintas maneras en el pasado (aunque quizá no le has puesto atención en el tiempo debido). Si la respuesta a esta pregunta es general y abstracta (“Necesitas ser más considerado conmigo”) lejos de que sea específico y concreto (“No tires tu calcetines en el piso y esperes que los recoja por ti”) pídele que sea más específica. Ser “inconsiderado” es abstracto. “Calcetines en el piso en vez del cesto” es concreto. Una respuesta requiere que adivines lo que le molesta. La otra te da la información exacta que estás buscando. Una no da en el blanco. La otra da exactamente en el centro del objetivo.

7. En una escala del uno al diez ¿Cómo calificarías nuestro matrimonio?

Esta pregunta está diseñada para darte alguna idea sobre cómo estás llevando a cabo tus responsabilidades como esposo. También indicará qué tan feliz es tu esposa contigo. No te sorprendas si tu esposa califica tu relación con ella significativamente menos que tú. La razón para eso tiene que ver con el hecho de que ella está haciendo un mejor trabajo en satisfacer tus necesidades de lo que tú para satisfacerla las de ella. Dios hizo a tu esposa para ser una ayuda idónea. Por ser mujer, ella probablemente es más conciente de cómo ayudarte (Gen. 2:18) y agradarte (1 Cor. 7:34) de lo que tu eres para hacerlo con ella. Después de su relación con Dios, tú eres su primera prioridad en la vida (o al menos deberías serlo). Ella debe ser la tuya. Muchos hombres, después de cumplir exitosamente el reto de asegurase una esposa, con frecuencia buscan otros retos como el de tener éxito en sus vocaciones u ocupaciones. Como esposo cristiano no debes hacerlo. No debes permitir que nada, excepto tu relación con Cristo, se convierta en una prioridad mayor que la de ministrar a tu esposa.9

8. ¿Qué se necesitaría para que nuestro matrimonio estuviera en diez?

Una vez más debes animar a tu esposa a que sea lo más específica posible. Y no hagas esta pregunta si no eres serio en tu deseo de implementar sus ideas. Asegúrate de preguntarle cómo cree que cada sugerencia beneficiaría el matrimonio si no es totalmente claro para ti. Ella quizá tenga algunos puntos de vista que tú ya hayas examinado. También sería de gran ayuda para ella poner las sugerencias en orden de prioridad desde la más importante a la menos importante. Recuerda, como tu ayuda, ella tiene información vital que tú necesitas para hacer del matrimonio un diez.

9. ¿Cuál es tu opinión acerca de ?

Es una pregunta pequeña pero está cargada. Déjame explicarte cómo tu esposa estará tentada a pensar si no haces esta pregunta regularmente.

“Mi corazón está lleno de todo tipo de cosas interesantes. Tengo bastantes ideas buenas, creencias, convicciones, planes, esperanzas y sueños. Lo que soy como persona es proporcional a lo que pienso en mi corazón. Lo que hay en mi corazón es lo que soy como persona ante Dios. Parece ser que mi esposo no le interesa lo que hay en mi corazón. Pienso que eso significa que no se preocupa por mí. Puede ser que la causa sea que no le gusta lo que me ha oído decirle con corazón. Si a él no le interesa lo que está en mi corazón, entonces no le gusto. Si él rechaza lo que hay en mi corazón, entonces me rechaza. Me siento tan rechazada y herida porque me doy cuenta de que mi esposo no me ama.”

Antes de que te burles de esta “lógica femenina”, recuerda que es posible que pensando de manera lógica puedas llegar a una conclusión errónea si tus presuposiciones no son bíblicas. Más aún, si no estás interesado en las opiniones de tu esposa, de acuerdo a la Biblia, su conclusión es parcialmente correcta: realmente tú no la amas. Verás, como 1 Corintios 13 explica, el amor bíblico no es orgulloso (no piensa que puede hacer cada una de sus decisiones sin afectar a otros), no es envidioso (no le importa sólo el impacto que la decisión tendrá para sí mismo), y se regocija en la verdad (constantemente busca la verdad y es feliz cuando descubre la verdad, aun cuando la encuentra en el corazón de otro y no en el suyo).

Además de obtener su opinión en referencia a tus decisiones, debes aprender a obtener su criterio sobre cosas como juicios que tú haces, sus percepciones, puntos de vista e intuiciones acerca de gente que ambos conocen (especialmente tus hijos), tus áreas fuertes y tus debilidades como cristiano, esposo, padre, hombre de negocios, etc., y sobre cómo aplicas porciones específicas de la Escritura a tu vida y la de tu familia.

10. ¿Qué metas personales tienes para tu vida? ¿Qué tanto puedo ayudarte a conseguirlas?

“Y los dos serán una sólo carne y Yo soy el único, ¡y no lo olvides!” Esa es la actitud con la cual muchos hombres entran al matrimonio. Tu esposa tiene metas propias, muchas de las cuales te benefician a ti y a sus hijos directamente, algunas otras te benefician indirectamente, sino es que todas. Ser un esposo compresivo (un amoroso siervo-líder) involucra seguir Fil. 2:3, 4 (dos de los versículos más difíciles en toda la Biblia para muchos).

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.

Tu esposa tiene intereses a los que debes estar atento. Ella tiene objetivos que le gustaría alcanzar que deben permitirle ser una mujer cristiana más piadosa y satisfecha (cf. Prov. 12:14; 14:14). Tales metas quizá incluyan perder peso, memorizar las Escrituras, cambiar un mal hábito, ser una mejor pareja, aprender a pintar o a jugar golf, tomar unos cursos universitarios, comenzar algunos negocios en casa o leer un libro en particular. Cuando tú inviertes tiempo en hablar con ella acerca de cómo alcanzar esos objetivos (y estás dispuesto a sacrificar algunos de tus recursos para llevarlo a cabo), estás considerando a tu esposa más importante que tú mismo.

Los esposos algunas veces cometen el error egoista de esperar que sus esposas no hagan nada excepto lo relacionado a ser esposas y madre de sus hijos. Sí, estas son responsabilidades primarias que Dios les ha dado; sin embargo, si ella lo hace satisfactoriamente, ¿qué bases bíblicas tienes para evitar que se involucre en otras actividades legalmente-escriturales? Si sus deseos están de acuerdo con las Escrituras y si puede perseguirlos sin violar principios bíblicos, uno de las cosas más amorosas y desinteresadas que puedes hacer es ayudarla a alcanzar esas metas personales que tienen poco o nada que ver con que esté casada contigo.

11. ¿Tienes algunas necesidades o deseos que crees que debería llenar o satisfacer mejor de lo que hago? ¿Cuáles son?

¿Conoces la diferencia entre deseo y necesidad? Deberías. Hoy en día la literatura cristiana está llena en referencias a la “necesidad” de los hombres (y de las mujeres). ¡Ten mucho cuidado! No existen tantas necesidades verdaderamente bíblicas como muchos autores suponen. De hecho, con pocas excepciones, tú podrías (y deberías) sustituir la palabra “deseo” por la palabra “necesidad” en tu lectura,; si lo haces serás más preciso teológicamente.

“¿Entonces cuál es la diferencia?” La diferencia entre necesidades y deseos es si la Biblia lo identifica o no como una necesidad. Como Jesús lo señaló a Marta “Sólo algunas cosas son necesarias, en realidad sólo una.” Lo que más necesitamos nosotros es sentarnos a los pies de Cristo y escuchar Su Palabra- “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). Cualquier cosa que las Escrituras no identifican como una necesidad (i.e. 1 Tim. 6:8 “Y si tenemos con qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos.”) debe de ser llamado propiamente deseo. Si tu esposa está confundida con la diferencia entre estos dos términos, debes ayudarla a distinguir entre ellos.

Como proveedor de tu esposa (Ef. 5:23), debes considerarte responsable de velar que sus verdaderas necesidades estén siendo atendidas. De hecho, es Dios quien te está usando como proveedor para esas necesidades. Por supuesto, ultimadamente, ella debe depender de Dios para su satisfacción puesto que tú no puedes satisfacer todo lo que ella necesita. Es posible que tengas que ayudarla a depender de Dios en las cosas que tú no puedes proveerle. En cualquier caso, como su líder amoroso, debes esforzarte plenamente para satisfacer todas sus necesidades y deseos legítimos que sea posible sin pecar en el proceso.

Estas once preguntas deberían ayudarte a empezar. Recuerda que ésta es sólo una lista de sugerencias. Algunas de estas preguntas pueden serte útiles para comenzar a crear un catálogo personalizado de preguntas a tu esposa. Deberás añadir preguntas a esta lista hasta que te vuelvas diestro en preguntar cosas que produzcan una íntima comunicación constructiva. Después de leer cada capítulo, ¿por qué no te tomas unos momentos para desarrollar tu propia lista de preguntas que quisieras añadir? (basándote en el contenido de cada unidad).

Preguntas Que Me Gustaría Hacerle

1. Si pudieras cambiar tres cosas de mí que me hicieran más como Cristo, ¿cuáles serían?

2. ¿Tengo algunos hábitos molestos o peculiaridades irritantes que te gustaría que cambiara?

3. ¿Qué sientes cuando yo …? (menciona algo que tú sabes que le molesta)

4. ¿Qué es lo que pasa por tu mente cuando yo …? (menciona alguna cosa que sabes que le molesta)

5. ¿Qué quieres de mí que no te doy?

6. ¿Qué quieres ver que cambie específicamente en mí en esta área …? (menciona algo que sabes que le molesta)

7. En una escala del uno al diez ¿Cómo calificarías nuestro matrimonio?

8. ¿Qué se necesitaría para que nuestro matrimonio estuviera en diez?

9. ¿Cuál es tu opinión acerca de ?

10. ¿Qué metas personales tienes para tu vida? ¿Qué tanto puedo ayudarte a conseguirlas?

11. ¿Tienes algunas necesidades o deseos que crees que debería llenar o satisfacer mejor de lo que hago? ¿Cuáles son?

Agrega tus propias preguntas …

1 Dianne Desimone and Jo Durden Smith, Sex and the Brain, (New York: Arbor House 1983), p 93

4 Compare Gen. 3:16 con Gen. 4:7 (RV60) que dice: “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo [esto es “su deseo es controlarte”] y tú te enseñorearas de él.” La construcción gramatical en hebreo es idéntica en ambos versos. Ver capítulo 13 para una amplia discusión.

5 Ella debe ver a su esposo así como un brazo, una pierna o un pie ven a la cabeza. Debe de seguir el liderazgo, la dirección y el consejo de su esposo, quien es la cabeza espiritual

6 Los cristianos no rompen con los malos hábitos- los reemplazan con hábitos bíblicamente apropiados. Esto es, ellos “se despojan del viejo hombre” y “se visten del nuevo hombre” (cf. Ef. 4:22–24). Mucho más que comprometerse a no mentir jamás, un cristiano hace su meta convertirse en un experto en decir la verdad. “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.” (Ef. 4:25).

7 Puesto que todo dolor es físico, es probablemente mejor decir “dolor causado emocionalmente” que la frase común “dolor emocional.”

8 Para información de cómo hacer esto, escucha mi mensaje How to Help Those Who are Convinced They Have a Poor Self Image (Cómo Ayudar a los que Están convencidos que Tienen una Baja Auto-estima) el cual esta disponible a través de Calvary Press Tel. (800) 789-8175.

9 El bosquejo de Ef. 5:18–6:9 provee prioridades bíblicas para el cumplimiento de nuestras responsabilidades. 1. Tu relación con Dios (ser controlado por el Espíritu) 2. Tu relación con tu cónyuge. 3. Tu relación con tus hijos y 4. Tu relación con tus jefes y empleados (tu trabajo).

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 27–48). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.