Una unión misteriosa

Una unión misteriosa

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Tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. (Filipenses 2:7)

alimentemos_el_almaLa humanidad y la deidad de Cristo es una unión misteriosa que nunca podemos entender plenamente. Pero la Biblia pone de relieve ambas.

Lucas 23:39-43 da un buen ejemplo. En la cruz, “uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

En su humanidad, Jesucristo fue una víctima, clavado sin misericordia a una cruz después que lo escupieron, se burlaron de Él y lo humillaron. Pero en su deidad le prometió al ladrón en la cruz vida eterna como solo Dios puede prometer.

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Expresar el sufrimiento

14 Enero 2017

Expresar el sufrimiento
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaHay días demasiado oscuros para la persona que sufre, días así le impiden ver la luz. Así es como se encuentra Job al final de este capítulo. Lamentablemente, sus supuestos amigos no le darán ningún alivio. Al igual que Job, es posible que usted tampoco haya visto la luz durante mucho tiempo.

Hay experiencias demasiado severas que no dejan que el que sufre conserve la esperanza. Cuando una persona se deprime mucho debido al sufrimiento que lleva por dentro, es como si perdiera todas las esperanzas. Por eso Job reconoce su falta de tranquilidad, su ausencia de paz y su profundo deseo.

Hay valles que son demasiado profundos como para que los angustiados encuentren alivio. Pareciera que cuando están en esta situación, no hay razón para seguir adelante. Ya no tenemos lugares donde dirigir nuestra mirada y hallar consuelo. Es entonces cuando nuestra mente comienza a jugarnos malas pasadas, haciéndonos pensar que ni siquiera Dios se interesa por nosotros. ¡Falso! ¿Recuerda las palabras que solía citar Corrie ten Boom? Yo siempre las recuerdo: “No hay hoyo tan profundo que sea más profundo que el Señor”. Yo lo sé. Quienes están con una depresión profunda no recuerdan que no podemos razonar con ella. Esto es algo que ellos negarían, porque sienten que hay una inmensa distancia entre ellos y Dios, y eso es turbador y atemorizante. Pero la buena noticia es que Dios no solo está allí. . . sino que también se interesa.

Es importante mencionar que no hay ninguna crítica severa contra Job al final del capítulo 3. Dios no le dice: “¡Qué vergüenza, Job!” Dios sabía cómo tratar las palabras de Job. Él entendía por qué dijo lo que dijo. El Señor también le entiende a usted. Lamentablemente, las palabras de Job quedaron escritas y los predicadores las han estado utilizando durante siglos. Afortunadamente, las de usted y las mías se mantendrán, así esperamos, siendo un secreto dentro de nuestros autos, en nuestros dormitorios, o a lo largo del estrépito de las olas, o quizás bajo los enormes árboles de un bosque. Dios puede encargarse de todo esto; por lo tanto, dígale todo lo que siente. Dígale lo que hay en su corazón. Usted nunca podrá reponerse totalmente de su sufrimiento si no lo expresa del todo. Job no se quedó con nada. Y ahora lo admiro más que cuando comencé a leer el libro.

Dirija su mirada a lo alto para encontrar la Luz.

Dios puede encargarse de todo, dígale todo lo que siente. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Abram creyó al Señor…”

Por Amor a Dios

Un devocional para apasionarnos por la Palabra

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14 ENERO

Génesis 15 | Mateo 14 | Nehemías 4 | Hechos 14

alimentemos_el_almaEl marco temporal de Dios es muy diferente del nuestro. Abram quiere un hijo y le parece que se va quedando sin tiempo. Dios tiene en mente a un pueblo compuesto de millones de descendientes. Abram siente que su vida se acerca al final sin que sea evidente en absoluto por qué Dios le ha llamado a salir de Ur de los caldeos; Dios ve el curso entero de la historia redentora.

Lo que Dios hace en Génesis 15 es prometer a Abram que su descendencia constituirá una multitud incontable. A un cierto nivel, la promesa de Dios es suficiente: “Abram creyó al Señor…” (Génesis 15:6). La fe de Abram es sencilla y también profunda: creyó la promesa de Dios, convencido de que Dios sería fiel a su palabra. Y a ojos de Dios, esta fe “contaba como justicia”. Esto no quiere decir que Abram se mereciese puntos por mostrar una fe así. Se trata más bien de que lo que Dios exige a los que llevan su imagen, lo que siempre les había exigido, era justicia – sin embargo, en este mundo caído acepta, y lo cuenta como si fuese justicia, una fe que reconozca nuestra dependencia de Dios y que reciba la palabra de Dios como tal. Es la fe de Abram lo que le convierte en el padre de todos los que creen (Romanos 4; Gálatas 3).

Sin embargo, por muy genuina que sea esta fe, Abram tiene problemas para encajar algunos de los detalles de la promesa de Dios. Dios le habla de un tiempo en el que sus descendientes poseerán toda la tierra que le rodea, y Abram vacila y pide una señal (Génesis 15:8). En su gracia, Dios provee una: en una visión, a Abram se le permite entrar en un pacto con Dios. Probablemente, los animales troceados por medio de los cuales pasa “una hornilla humeante y una antorcha encendida” (Génesis 15:17) representan una manera de decir “que los que entren en este pacto sean igualmente troceados si violan las condiciones del mismo”. Esta visión que Abram recibe, aparte de ser un acto de bondad de parte de Dios para afianzar su fe, también le permite vislumbrar los propósitos de Dios a largo plazo, y el vasto alcance de su campo de acción: establece un pacto con Abram y con su descendencia, la misma relación de pacto en la cual entran también los creyentes de hoy día (Gálatas 3:6–9).

Hay otro elemento más en este capítulo que deja entrever la perspectiva divina. Una razón por la cual Abram no puede comenzar a conquistar la Tierra Prometida es que “antes de eso no habrá llegado al colmo la iniquidad de los amorreos” (Génesis 15:16). La cronología divina encaja tan perfectamente con su sensibilidad moral, que, cuando el pueblo de Dio esté listo para entrar en la Tierra, los habitantes de dicha Tierra se habrán hundido en la degradación moral hasta tal punto, que el juicio divino será absolutamente necesario. Llegará aquel día, dice Dios, pero en este capítulo aún no ha llegado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 14). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El efecto sin causa

La Buena Semilla

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Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Salmo 53:1

No le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios. Romanos 1:21

El efecto sin causa

alimentemos_el_almaTodo el mundo conoce la ley de causa efecto, es decir, existe una causa específica para cada fenómeno. Sin embargo, personas muy serias inventaron «el efecto sin causa», y esto a veces incluso en nombre de la ciencia. Afirman que la existencia salió de la nada, que no hay ninguna causa al hecho de que «un día» no hubiese nada y que «ahora» haya algo. ¡Reconozcamos que es necesario ser bastante crédulo para atribuir a la nada la paternidad de todo!

Al ir a los hechos de causa en causa, siempre tropezaremos con el misterio del origen de todo. Pero la Biblia lo explica mediante estas cinco primeras palabras: “En el principio creó Dios…” (Génesis 1:1). Así, este origen que está fuera de nuestra comprensión, que no tiene principio ni fin, es Dios. Él es la causa original, la inteligencia y el poder creador de todo.

Pero, ¿sabe usted que Dios quiso darse a conocer de otra forma aparte de la creación? Para ello él mismo vino hasta nosotros. ¿Por qué? ¿Este hecho también tiene una causa? ¡Por supuesto! ¡Lo hizo porque nos ama! Nos reveló su amor en Jesucristo. Lo sacrificó para liberarnos del pecado que nos impedía conocerlo personalmente como un Padre lleno de amor y todopoderoso. ¡Quiere que usted también lo conozca, querido lector! Lea la Biblia, acepte su mensaje, descubra a su Creador y el verdadero sentido de su vida. Usted no está aquí por casualidad, sino porque Dios lo creó con el objetivo de que se convierta en su hijo, un hijo del gran Dios. ¡Nada menos que eso!

1 Samuel 11 – Mateo 10:1-25 – Salmo 9:11-14 – Proverbios 3:13-15

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