Obligado a servir

Obligado a servir

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1/18/2017

Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados. (Efesios 4:1)

¿Tiene idea de cuán supremo llamamiento es servir a Cristo?

alimentemos_el_almaPablo dijo: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10). También dijo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Ef. 4:1).

En los tiempos antiguos, a un vencedor en los juegos olímpicos se le preguntó una vez: “Espartano, ¿qué ganarás con esta victoria?” A lo que respondió: “Señor, tendré el honor de luchar en la línea del frente para mi rey”. Que esa sea su respuesta al llamado de su Rey.

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Predicando en tiempos peligrosos

Predicando en tiempos peligrosos

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John MacArthur

alimentemos_el_almaEn 2 Timoteo 3 y 4 Pablo escribió una exhortación final a Timoteo, su hijo en la fe, a mantenerse firme y perseverar hasta el fin. Para Timoteo, el mandato fue claro: “predica la Palabra.” Con el fin de equiparlo para la tarea, Pablo dio a Timoteo cinco razones para perseverar fielmente en el ministerio, motivaciones en 2 Timoteo 3:1-4:4 las cuales son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol las escribió hace casi dos mil años.

El día de ayer introdujimos esta breve serie basada en 2 Timoteo 4:2 (ver artículo aquí). El día de hoy consideraremos la primera de las razones por las que Pablo exhorta Timoteo a predicar la Palabra:

Motivación 1: Predica la Palabra
Debido al peligro de los postreros días (2 Timoteo 3:1-9)

En 2 Timoteo 3:1, Pablo advirtió a Timoteo que en “los postreros días vendrán tiempos peligrosos.” En este contexto la frase “postreros días” no se refiere solamente al final de la era de la iglesia, sino a la totalidad de la misma, desde el día de Pentecostés hasta la segunda venida de Cristo. El punto que Pablo está haciendo no es que habrá tiempos difíciles solo cuando la era de la iglesia esté a punto concluir, sino más bien que hasta que el Señor regrese, la iglesia experimentará continuamente tiempos difíciles. Como lo explica el comentarista William Hendricksen: “En cada época de la historia, habrá una temporada en la que los hombres se niegan a escuchar a la sana doctrina. Como la historia sigue adelante hacia la consumación, esta situación empeora “(Exposición de las Epístolas Pastorales, 311).

A LO LARGO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA HABRÁ ESTACIONES DEL TIEMPO EN LAS QUE LOS CREYENTES SERÍAN SALVAJEMENTE AMENAZADOS

La frase “tiempos peligrosos” no se refiere a puntos cronológicos ligados a un cierto tiempo, sino más bien a temporadas o épocas de tiempo. El término “peligrosos” significa algo “salvaje” o “difícil”. Al utilizar esta frase, Pablo expresa la realidad de que a lo largo de la era de la iglesia habrá estaciones del tiempo en las que los creyentes serían salvajemente amenazados.

Pablo ciertamente sabía mucho acerca de la dificultad de que los cristianos podrían enfrentar ya que su misma ejecución era inminente. Él comprendía que Timoteo enfrentaría persecución y hostilidad, y que su joven aprendiz sería tentado por pecados de cobardía y compromiso. Por esa razón, el antídoto recomendado por Pablo es que predicara la Palabra.

2 Timoteo 3:13 nos dice: “mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” Estos son hombres: “amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios(3: 2-4). Externamente podrían aparentar ser religiosos, tal como lo advierte: “tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad“(vv. 5-7). Su mente es una mente depravada, llena de pecado, y siempre se oponen a la sana doctrina y rechazan la fe.

La mayor amenaza para la Iglesia no proviene de fuerzas hostiles de afuera, sino de los falsos maestros que se encuentran adentro. Estos podrían ser comparados a  terroristas espirituales: se cuelan a la iglesia y dejan un rastro de destrucción a donde quiera que van. Estos son lobos con piel de ovejas (Mateo 7:15.).

La iglesia ha sido amenazado por maestros falsos, lobos salvajes, y estafadores espirituales desde sus primeros días (vea Hechos 20:29). Satanás, el padre de la mentira (Juan 8:44), siempre ha tratado de socavar la verdad con sus artimañas (1 Timoteo 4:1; cp. 2 Corintios 11:4). No es de extrañar que la historia de la iglesia a menudo ha estado marcada por tiempos peligrosos en las que la mentira y el engaño han librado una guerra contra el evangelio puro. Consideremos, por ejemplo, el caos creado por los siguientes errores:

LA MAYOR AMENAZA PARA LA IGLESIA NO PROVIENE DE FUERZAS HOSTILES DE AFUERA, SINO DE LOS FALSOS MAESTROS QUE SE ENCUENTRAN ADENTRO

Sacramentalismo

Una de las primeras doctrinas falsas que se infiltró en la iglesia en escala masiva fue el sacramentalismo, la idea de que un individuo puede encontrar cercanía a Dios a través de ritualismos, liturgias o ceremonias religiosa. La institución que encabeza este movimiento es la Iglesia Católica Romana la cual se ha convertido en un salvador de alquiler, conectando personas a un sistema religioso y altamente elaborado, pero nunca a Cristo.

Sacramentalismo, es decir rituales religiosos, se han convertido en un fuerte enemigo del verdadero evangelio, pues ataca la gracia y autoridad de Dios y su Palabra. A lo largo de la historia de la iglesia, en particular a lo largo de la Edad Media, la religiosidad sacramental impregno la iglesia en Europa y por ende casi estrangula cualquier despertar espiritual durante casi todo un siglo. Aunque el sacramentalismo fue expuesto durante la Reforma por la gracia de Dios, todavía representa una amenaza hoy en día.

Racionalismo

No paso mucho tiempo después de la Reforma cuando se infiltró en la iglesia una segunda oleada de error: el racionalismo. Cuando la sociedad europea surgió de la Edad Media, existía un aire que elevaba la razón humana y el empirismo científico y degradaba todo lo espiritual y sobrenatural. Los filósofos ya no buscaban a Dios como la explicación para la existencia universal, sino que ahora buscaban explicar todo en términos racionales, naturalistas y deístas.

Como los hombres comenzaron a colocarse por encima de Dios y su propia razón sobre la Escritura, no pasó mucho tiempo hasta que el racionalismo mismo infiltró la iglesia. La alta crítica textual de la Biblia, la cual negaba la inspiración e infalibilidad de la Biblia, era cada vez más común en universidades y escuelas teológicas tanto en Europa como en América. Eruditos y teólogos dirigidos por sus propias conclusiones comenzaron a cuestionar los principios y bases de la fe, popularizando la búsqueda del verdadero Jesús histórico y la completa negación de la autoría mosaica del Pentateuco.

Ortodoxismo

Una tercera amenaza a la iglesia podría ser etiquetada como ortodoxismo. Después de que la iglesia pasara por los movimientos del sacramentalismo y racionalismo, una rama decidió regresar al cristianismo ortodoxo. Sin embargo los principales medios utilizados para lograr este objetivo fue la imposición de estándares externos. El resultado final no fue el verdadero cristianismo, sino un frío formalismo y el moralismo superficial. Este tipo de ortodoxia muerta fue frecuente a principios del siglo XVIII en Europa, donde la iglesia se había convertido en un desierto espiritual. En América también las iglesias protestantes eran caracterizadas por la apatía y la hipocresía.

Aunque la verdad estaba al alcance de todos, no existían muchas personas que tuviesen una genuina creencia. La verdadera convicción había sido cambiada por una indiferencia a la Palabra de Dios y la verdadera conversión por expresiones externas que aparentasen cierto nivel de espiritualidad. Fue en medio de esta muerte espiritual que el Espíritu de Dios, a través de hombres como George Whitefield, Jonathan Edwards y John y Charles Wesley, provocó un renacimiento tanto en Inglaterra como en la América colonial. Tristemente la ortodoxia muerta aún persiste en ciertas iglesia de hoy. Congregaciones hoy en día están llenas de personas que se dicen ser creyentes, viéndose bien en el exterior, pero internamente no conocen a Dios.

Politicismo y ecumenismo

A lo largo de los siglos XIX y XX la iglesia se fascinó casa vez más con el gobierno y el poder político. Muchos cristianos llegaron a estar convencidos de que mejor manera de influir al mundo era a través de la acción civil y el activismo social. Durante los últimos 150 años, especialmente en las últimas décadas, millones de dólares se han gastado tratando de legislar la moralidad. Sin embargo, los resultados han sido nulos, tal como lo vemos en la sociedad estadounidense la cual continua de mal en peor.

En su preocupación por la política, la iglesia ha abandonado su principal propósito en la tierra, el cual no es política sino el ministerio de la reconciliación. La Gran Comisión es un llamado a hacer discípulos, no a cambiar el gobierno. Para que haya una verdadera transformación en la sociedad, debe primeramente haber una transformación de pecadores a nivel individual. Tal tipo de renovación espiritual no se puede legislar, pues es  posible sólo a través de la predicación del evangelio por medio del poder del Espíritu.

A lo largo de los últimos dos siglos la iglesia ha tratado de encontrar cierta unidad entre los diferentes bandos doctrinales y teológicos. Lamentablemente, en su búsqueda de moralizar al mundo y traer paz y mejora global, algunos evangélicos comenzaron a ver a otros grupos religiosos, como los Católicos y los mormones, como aliados políticos, más que como un campo misionero. Nada podría estar más lejos de la verdad, pues cuando se ve comprometido el evangelio se ve comprometida la iglesia (cp. 2 Corintios 6:14).

Subjetivismo y misticismo

En las décadas de los 1960s y 70s el movimiento llamado Renovación Carismática, comenzó a infiltrarse en las principales denominaciones evangélicas. Como resultado, ciertas iglesias comenzaron a definir la verdad basados en la experiencia emocional. Los sentimientos, experiencias, la subjetividad, supuestas revelaciones, visiones, profecías y la intuición comenzaron a ser las bases de interpretación de la Biblia y no la clara enseñanza del texto bíblico.

En la década de los 80s, la influencia de la psicología clínica trajo el subjetivismo en la iglesia. El resultado fue un cristianismo centrado en el hombre en el que el proceso de la santificación se redefinió para cada individuo, y el pecado se comenzó a ser etiquetado como una enfermedad. La Biblia dejó de ser considerada suficiente para la vida y la piedad y en cambio fue reemplazada con técnicas psicológicas.

El misticismo, por su parte, llegó con todo su apogeo en la década de los 90s, devastando la iglesia al convencer a la gente que deberían escuchar una palabra sobrenatural de Dios en lugar de buscar su voluntad en su Palabra escrita. La gente comenzó a dejar a un lado la Biblia con tal de buscar que el Señor las hablase directamente de alguna manera aparte de la Biblia. Como consecuencia, la autoridad de la Escritura se volvió nula, pues la gente confiaba más en sus supuestas revelaciones que lo que está escrito en la Biblia, buscando la voz de Dios en otros lugares y no en la Palabra escrita.

JMAJohn MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church.

Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo.

Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

https://www.tms.edu/es/

 

Un árbitro

18 Enero 2017

Un árbitro
por Charles R. Swindoll

Job 9:1-35

alimentemos_el_almaJob anhela tener un árbitro que pudiera servir como intermediario para comunicarse con este Dios santo y poderoso. Desea tener a alguien que pudiera defender su caso. A Job le encantaría presentar su caso en la corte divina, pero no tiene un mediador. Lo que él está diciendo, en realidad, es esto: “Me encantaría venir y presentarme delante del Juez santo, de mi Dios, pero no puedo hacerlo. Él no es hombre para que pueda venir a mí, y yo no tengo en mí mismo lo que se necesita para presentarme delante de Él. Necesito un intermediario, un mediador. ¿Hay algún árbitro que esté disponible?”

¡Si Job hubiera vivido muchos siglos después! “Hay un mediador”, le escribe Pablo a su joven amigo Timoteo, refiriéndose a aquel que nos representa delante de Dios el Padre. No es otro que Jesucristo el Señor.

Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2:3-6).

Pablo habla de nuestro mediador, de nuestro árbitro. “Hay un solo mediador entre Dios y el hombre”, y Él es identificado específicamente como “Jesucristo hombre”. Cuando se trata de la vida eterna, no hay muchos mediadores. Solo hay uno: Jesucristo. No tenga miedo de ser tan específico, Jesús no lo tuvo. Durante su ministerio terrenal, Él habló de sí mismo como “el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cuando se trata de la persona de Cristo, Él es solo y único mediador entre Dios y la humanidad. ¡Él es el solo y único Salvador! Y por eso respondemos: “Oh Job, hay un mediador. No lo has conocido, pero algún día, Job, el mundo sabrá de Él.

¿Y usted amigo? ¿Conoció ya a mi Salvador?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

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18 ENERO

Génesis 19 | Mateo 18 | Nehemías 8 | Hechos 18

alimentemos_el_almaSi no vamos con cuidado, es muy fácil distorsionar una analogía. La razón es obvia. Cuando una cosa sirve de analogía para otra, inevitablemente habrá unos aspectos en los cuales ambas serán semejantes, y otros en los cuales serán muy diferentes. Si fueran paralelas en todos los aspectos, no se trataría de una relación análoga, sino de dos cosas idénticas. Que una relación análoga sea tan fructífera y reveladora estriba precisamente en que las dos en cuestión no sean idénticas. Pero ahí está justamente lo que hace que la analogía sea difícil de comprender.

Así que hay que tener esto en cuenta a la hora de interpretar la analogía que Jesús usa en Mateo 18:1–6. Cuando sus discípulos comienzan a discutir acerca de quién es el más grande en el reino de los cielos, Jesús llama a un niño pequeño e insiste en que, si ellos no cambian y son como niños pequeños, no “entraréis en el reino de los cielos” (18:3). De hecho, “el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (18:4). Recibir a un niño pequeño en nombre de Jesús es recibir a Jesús mismo (18:5); hacer que uno de estos pequeños tropiece es cometer un pecado tan serio, que habría sido mejor no haber nacido (18:6).

Es importante notar lo que no establece esta analogía. No hay ninguna indicación aquí de que los niños sean inocentes o libres de pecado, ni que su fe sea intrínsecamente pura; no encontramos aquí el espejismo sentimental de que los niños comprendan mejor la naturaleza de Dios que los adultos. La primera verdad a la que la analogía apunta se encuentra en el contexto de la discusión entre los discípulos. Mientras ellos se preocupan por quién será el más grande en el reino de los cielos, Jesús les llama la atención sobre aquellos miembros de la sociedad a quienes nadie consideraría “grandes”. Los niños son criaturas dependientes. No son ni fuertes ni sabios ni sofisticados. Son relativamente transparentes. Los adultos orgullosos, pues, se deben humillar a fin de acercarse a Dios como niños pequeños: sencillamente, con una dependencia natural y sincera, sin abrigar deseo alguno de ser el más grande.

Además, si como estos niños ponen su confianza en Jesús – sin pretensiones de ningún tipo y con una sencillez transparente –, aquellos que los corrompan y desvíen son patética y profundamente malévolos.

Aquí se nos ofrece entonces una imagen de la grandeza en el reino de los cielos que desmonta por completo todas nuestras pretensiones, desinfla nuestro orgullo y expone como vergonzosas nuestras aspiraciones egoístas. Si bien es cierto que no debemos sacar las conclusiones equivocadas de esta analogía, también lo es que hay muchísimas conclusiones correctas en las que debemos reflexionar y poner en práctica.

Quienes aspiran a lograr grandes cargos y grandes reputaciones en el liderazgo cristiano deben reflexionar prolongadamente en estas palabras: “Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 18). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El vagón del metro

El vagón del metro

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Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. – Romanos 5:8, 10

¡Gracias a Dios por su don inefable! – 2 Corintios 9:15

alimentemos_el_almaEstaba de pie en un vagón lleno de gente del metro parisiense. Personas de todas las edades, de orígenes diferentes y de todas las condiciones sociales se hallaban momentáneamente reunidas. A mi lado había un hombre sentado trabajando en su ordenador, más lejos había una persona exponiendo por teléfono su triste situación en medio de la indiferencia generalizada. Muchos estaban encerrados en sus pensamientos o preocupaciones. Algunos me parecían simpáticos, otros realmente antipáticos… ¡A algunos nunca los invitaría a mi casa!

De repente me vino a la cabeza un versículo de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡“Todo aquel”! ¿Es posible? ¿No se toma en cuenta la condición social, económica o el grado de instrucción? ¡No! “Todo aquel” se refiere a cada uno de los que están en el vagón, sin excepción. ¿Es posible que Dios haya sacrificado a su Hijo muy amado por estas personas como lo hizo por mí? ¡Sí! Y esta generosa oferta no excluye a nadie; a todo aquel que cree, Dios le ofrece el perdón de los pecados, la vida eterna y un lugar en el cielo junto a su Hijo. A estas personas Dios no solo las invita y les ofrece su perdón, sino que quiere hacer de ellas sus propios hijos. Verdaderamente solo el Dios de amor puede abrir sus brazos a todos, incluso al más desamparado. La oferta divina es para usted y para mí. ¡Dios lo está esperando!

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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