SOBRE LA TEOLOGÍA DE LOS REFORMADORES

SOBRE LA TEOLOGÍA DE LOS REFORMADORES

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Juan Stam

alimentemos_el_almaTeológicamente se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos: 1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide), 2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura), y 3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales: 4) la libertad cristiana, y 5) “la Iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper reformanda). Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones.[1]

       En este énfasis marcado sobre la libertad cristiana, Lutero siguió de cerca a su gran precursor evangélico, nada menos que el Apóstol Pablo, quien constantemente vinculaba la justificación por la fe con la libertad cristiana. Cuando los gálatas se echaron atrás al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio: “De Cristo se han desligado, los que por la ley se justifican; de la gracia han caído” (Gal. 5.4), y eso, no porque hubiesen caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino porque habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para ser aceptado ante Dios. Bajo tales legalismos, les dice San Pablo, “para nada les aprovecha Cristo” (Gal. 5.2), porque “para libertad han sido llamados” (Gal. 5.11). Por lo tanto, les exhorta, “estén firmes en la libertad con que Cristo los ha liberado” (Gal. 5.1).

       Al inicio de la misma epístola, Pablo escribe a estos creyentes en Galacia en términos parecidos: “Me asombro que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio” (Gal. 1:5). Enseguida, aclara que de hecho “no hay otro evangelio”, y advierte que si alguien pretendiera predicarles otro evangelio, “qué caiga bajo maldición” (1:8). Ser evangélico, según San Pablo, es vivir desde la gracia de Dios que nos hace libres. No se puede ser evangélico y legalista a la vez.

       A Martín Lutero le gustaba señalar que su apellido venía de una palabra griega (eleútheros) que significa “libre, independiente, no ligado”; a veces se llamaba “Lutero el Libre”. Uno de sus primeros escritos, en el año 1520, se tituló “Sobre la libertad del cristiano”. Tan convencido estaba Lutero de que no podría haber libertad bajo la condición de pecado, como convencido estaba también de que el evangelio nos hace verdaderamente libres. Evangelio significa libertad; evangelio y servidumbre (dominación, autoritarismo) se excluyen mutuamente.

       En los párrafos siguientes intentaremos demostrar que cada una de las grandes afirmaciones de la Reforma, es una afirmación de la libertad cristiana. Sin la libertad cristiana, las demás verdades reformadas no se pueden entender en su sentido pleno.

La sola gratia nos libera del legalismo

Cuando Lutero descubrió la justificación por la pura gracia de Dios, dijo que se le abrieron las puertas del paraíso, porque la sola gratia le liberó del terror ante un Dios iracundo y vengativo. La doctrina de la justificación por la gracia significó para Lutero su liberación del dominio de la ley y de las obras. Para él, personalmente, la revelación de “la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (Rom. 8.21) fue la respuesta a su angustiosa búsqueda de paz y salvación. Significó liberación de las demandas de la ley. Ya que nuestra justificación es “por la gracia mediante la fe”, podemos confiar firmemente en la Palabra de Dios que nos asegura que el Señor nos ha aceptado. A la vez, para Lutero, la fe es muchísimo más que mero asentimiento teórico. “La fe es algo inquieto y activo”, decía Lutero; es “la fe que obra por el amor” (Gal. 5.6, cf. 6.9s).

        Para Lutero, esta “libertad del evangelio” estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado “de ser un obispo, para convertirse en un dictador” (S. S. Wolin, Política y Perspectiva, p. 158). Era imperativo restaurar “nuestra noble libertad cristiana”, pues “se debe permitir que cada persona escoja libremente…” (ibid, pp. 156, 158).

       Desde el tiempo de los fariseos, la mentalidad legalista, basada en la autosuficiencia de los méritos propios, siempre tiende a producir dos extremos: o el fariseo o el publicano. El fariseo está segurísimo de su propia justicia, con base en obras de moralismo externo, pero de hecho no es ni justo ni realmente libre. El publicano, en cambio, se desespera por su falta de mérito y su insuperable fracaso en lograr su propia vindicación. Pero ninguno de los dos puede hacer el bien libremente, puesto que la realizan sólo como medio para alcanzar su propia auto-justificación.

       El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, “no por obras, sino para buenas obras” (Ef. 2:8-10). La gracia (járis) de Dios despierta nuestra gratitud (eujaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido.[2] De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideísmo y de la “gracia barata” de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe.

La sola scriptura nos libera del autoritarismo dogmático

La misma paradoja liberadora aparece en la afirmación de la sola autoridad normativa de la Palabra de Dios. El principio de sola scriptura relativiza, necesariamente, toda tradición y toda autoridad humana, aun las eclesiásticas. Ninguna autoridad humana puede imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las escrituras. Lo expresó Lutero elocuentemente en su defensa ante el Dieta de Worms (1521):

“Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude. Amén”.[3]

       Años después Lutero dijo, “Soy teólogo cristiano. Quiero creer libremente y no ser esclavo de la autoridad de nadie. Confesaré con confianza lo que me parece cierto”. Sobre su monumento en Worms están escritas estas palabras: “los que conocen verdaderamente a Cristo no pueden nunca quedar esclavos de ninguna autoridad humana”. “La Palabra de Dios”, escribió Lutero, “que enseña la libertad plena, no debe ser limitada” (Wolin, ibid., p. 155).

       ¡Qué palabras de libertad teológica! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.

       Martín Lutero insistía terca y vehementemente en la única, exclusiva e incondicional autoridad de la Palabra de Dios, cuidadosa y evangélicamente interpretada. Sólo el evangelio y las Escrituras pueden tener autoridad sobre la conciencia del creyente. Por las Escrituras y por la gracia redentora de Dios, somos libres de cualquier otra autoridad que pretendiera imponerse sobre nuestra conciencia.

       Estudiosos de la Reforma han llamado esto “el principio protestante”: sólo Dios mismo es absoluto, sólo su Palabra divina puede ostentar autoridad final. Cualquier otro absoluto no es Dios, sino un ídolo. Por lo mismo, sólo las Escrituras, fiel y cuidadosamente interpretadas en la comunidad creyente, pueden fundamentar artículos de fe. Ni el papa ni los concilios, ni las tradiciones ni los pastores ni los profesores de teología, pueden imponer sus criterios con autoridad obligatoria.

       Sin embargo, a menudo pasa lo contrario (no sólo con los Testigos de Jehová sino con muchos que se llaman “bíblicos” y “evangélicos”): se levantan también en nuestro medio pequeños “papas protestantes” con su “Santo Oficio” que pretenden imponer sus tradicionalismos y dogmatismos y condenar (sin pruebas bíblicas de la más mínima seriedad) a todo aquel que no esté de acuerdo con los prejuicios de ellos. Sin darse cuenta, vuelven al autoritarismo dogmático contra el cual Lutero se había levantado, como los judeocristianos de Galacia también habían vuelto al legalismo antievangélico y antibíblico. Pero ser bíblico es ser mentalmente libre, abierto y crítico. No se puede ser bíblico y seguir siendo cerrado y dogmático.

       !Qué libertad la de Lutero, ante toda autoridad, tradición, opinión y criterio humanos! ¿Y por qué? ¿Cómo se atrevía Lutero a reclamar tan osada libertad para su propia conciencia? Aunque su postura pareciera arrogante y anárquica, la fuerza de su libertad evangélica fue algo totalmente distinta: “Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios”.

       Para Lutero, la obediencia evangélica a Dios y a su Santa Palabra tienen como corolario la liberación evangélica de toda autoridad, tradición o heteronomía que pretendieran ser absolutas (idolátricas) frente a la exclusiva autoridad normativa de la Palabra viva de Dios. Lutero explicó esto con elocuencia en su tratado de 1520, “sobre la libertad del Cristiano”: porque el cristiano está sometido incondicionalmente a la Palabra liberadora del Evangelio, “el cristiano es el más libre de todos los seres humanos” (cf. Rom. 6:16-18).

       Bien lo expresa el himno, “Cautívame Señor, y libre en tí seré.” Eso se aplica también a nuestro pensamiento y a nuestras actitudes: cuando nuestra conciencia es cautiva de la Palabra de Dios y del glorioso evangelio, no podrá ser nunca cautiva de tradiciones humanas ni de autoridades humanas que pretendieran colocarse al nivel de, o incluso por encima de, la Palabra de Dios. Sola scriptura, sola gratia, sola fide: ¡mensaje de auténtica libertad evangélica para la conciencia de todos los cristianos hoy también!

El sacerdocio de todos los fieles nos libera del clericalismo

En tercer lugar, la afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno. Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo. “Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios”, decía Lutero. En un pasaje aun más atrevido, afirma que “Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna” (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).

       Es cierto que los Reformadores no llevaron este principio hasta sus últimas consecuencias. Conservaron mucho del clericalismo heredado de largos siglos de tradición eclesiástica. Sin embargo, algunos, conocidos como Anabautistas de la “Reforma Radical”, llevaron el principio del sacerdocio universal un buen paso adelante. Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo y el autoritarismo que, lamentablemente, han prevalecido en la iglesia protestante como también en la católica.

       El paso de la Edad Media al mundo moderno significó un cuestionamiento radical del autoritarismo medieval e impulsó la evolución de una serie de libertades humanas que hoy día damos por sentadas. En ese proceso, Martín Lutero desempeñó un papel decisivo. Su mensaje de gracia evangélica nos libera del legalismo (autoritarismo ético). Su insistencia en la autoridad bíblica, interpretada crítica y científicamente, nos libera del tradicionalismo (autoritarismo doctrinal). Su enseñanza del sacerdocio universal de todos los fieles comenzó a liberarnos del clericalismo (autoritarismo eclesiástico).

       Lutero lanzó una cruzada tenaz contra las estructuras autoritarias de la iglesia medieval: “Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia”, escribió en 1520, “son estorbadas, y enredadas, y amenazadas por las pestilentes, ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales. No hay esperanza de cura, a menos que todas las leyes hechas por el hombre, cualquiera que sea su duración, sean derogadas para siempre. Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio, debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos” (Woolf I, p.303, en Wolin p. 156). Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia”restaurar nuestra noble libertad cristiana” (Wolin p.158) también en las iglesias evangélicas.

“La iglesia reformada siempre reformándose” nos libera del tradicionalismo estático

Otra consigna de la Reforma, cuya importancia no puede ser exagerada, rezaba ecclesia reformata semper reformanda (“iglesia reformada siempre reformándose”). Es impresionante que los reformadores hayan tenido la humildad y la flexibilidad de ver su movimiento como inconcluso, con necesidad de continua revisión. Sabían que su encuentro con la Palabra de Dios había introducido en la historia nuevas fuerzas de transformación, pero (a lo menos en sus mejores momentos) no tenían ilusiones de haber concluido la tarea. Su gran mérito histórico fue el de haber hecho un buen comienzo, muy dinámico, y precisamente de no pretender haber dicho la última palabra per saecula saeculorum.

       Hay un fenómeno típico en los movimientos históricos, que consiste en que después de comenzar con la espontánea creatividad de una búsqueda dinámica, poco a poco se van institucionalizando hasta perder casi totalmente la flexibilidad de sus inicios y su original capacidad de sorprender. En muchos casos, este proceso termina en un estado senil de arterioesclerosis institucional.

       De hecho, esto es lo que pasó en gran parte con la Reforma protestante. Sus sucesores redujeron los explosivos descubrimientos de los fundadores (especialmente la “teología irregular” de Lutero mismo) en un nuevo escolasticismo ortodoxo, sea de cuño luterano o calvinista. El proceso dinámico de los inicios se petrificó en el sistema rígido y cerrado. Siglos después el fundamentalismo norteamericano resucitó a ese escolasticismo protestante en una nueva reencarnación histórica.

       Los reformadores anticiparon este peligro, e implantaron en su teología defensas contra esa excesiva institucionalización y sistematización. En parte por factores adversos del siglo XVII, sobre todo el surgimiento del racionalismo escéptico, los sucesores de ellos buscaron una falsa seguridad en la “fortaleza teológica” de su ortodoxia inflexible. Contra eso, los ataques de pensadores como Lessing fueron devastadores. En el siglo XX, volvió a surgir con gran dinámica el principio de ecclesia reformata semper reformanda.

       En ningún momento todas estas libertades deben significar libertinaje, ni en doctrina ni en conducta; eso sería el extremo opuesto del legalismo. Como lo ha expresado el teólogo francés Claude Geffre, necesitamos dogma (doctrina) pero sin dogmatismo, tradición pero sin tradicionalismo, y autoridad sin autoritarismo (La iglesia ante el riesgo de la interpretación, 1983, p.69) y, podemos agregar, instituciones sin institucionalismo.

       ¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al continuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, “En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad”.

Bibliografía

García-Villoslada, Ricardo, Martín Lutero. El fraile hambriento de Dios, vol. I, Madrid, BAC, 1973.

Geffré, Claude, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación, Madrid, Cristiandad, 1984.

Wolin, Sheldon S, Política y Perspectiva, Buenos Aries, Amorrortu, 1960.

© Fraternidad Teológica Latinoamericana

Revista electrónica Espacio de Diálogo, (Fraternidad Teológica Latinoamericana), núm. 1, septiembre-diciembre del 2004, www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/num_1

* Charla dada en la consulta sobre la Reforma (CIC de Cuba y CLAI) en la Habana, octubre, 2002.

[1] Esto lo reconoció José Martí cuando escribió que “todo hombre libre debe colgar en su muro, como el de un redentor, el retrato de Martín Lutero” (citado por Alfonso Rodríguez en La Nueva Democracia, octubre de 1952).

[2] Karl Barth decía a menudo que las dos palabras más importantes para la fe evangélica son “gracia” (palabra central de toda la teología) y “gratitud” (motivo central de toda la ética), Cf. el inicio de la Confesión de Heidelberg.

[3] Ponemos a un lado las preguntas sobre la historicidad de esta declaración o de su formulación precisa. No cabe duda de que corresponde al momento histórico y expresa la convicción de Lutero.

 

 

 

 

 

¿Cuales son ALGUNAS de las Diferencias de la Iglesia Católica con la Iglesia Evangélica?

No es tan simple como parece

¿Cuáles son algunas de las diferencias de la Iglesia Católica con al Iglesia Evangélica?

Miguel Núñez

 

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

http://www.integridadysabiduria.org

La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

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29 ENERO

Génesis 30 | Marcos 1 | Ester 6 | Romanos 1

alimentemos_el_almaCuando era niño e iba a la escuela dominical, aprendí los nombres de las doce tribus de Israel mediante un coro sencillo: “Estos son los nombres de los hijos de Jacob: / Gad, Aser y Simeón / Rubén, Isacar y Leví / Judá, Dan y Neftalí- Doce en total pero nunca en pares / Zabulón, José y Benjamín.”

Pero hicieron falta muchos años más para que comprendiera la importancia que tienen las doce tribus en la narrativa bíblica. La organización de la nación de Israel depende de que se apartase a una tribu, los levitas, como sacerdotes. De otra tribu, la de Judá, nace la dinastía davídica, la cual culmina en el nacimiento del Mesías. Al cabo de varios siglos, la tribu de José se vería dividida en dos: Efraín y Manasés; en gran parte, Benjamín se uniría a Judá. En el último libro de la Biblia, vemos cómo las doce tribus del Antiguo Testamento constituyen un contrapunto con respecto a los doce apóstoles del nuevo: esta clave 12 por 12 (es decir 144 en términos del simbolismo de este texto apocalíptico) engloba de hecho a todo el pueblo de Dios.

Pero ¡qué sórdidos son los comienzos tal como se relatan en Génesis 30! El engaño de Labán en Génesis 29, como resultado del cual Jacob acabó casándose tanto con Lea como con Raquel, ahora desemboca en uno de los episodios más feos de rivalidad entre hermanos de todas las Escrituras. Cada una de las mujeres de esta familia tiene tantas ansias de destacar con respecto a la otra, que está dispuesta a entregar su criada a su marido para evitar que la otra le aventaje en la carrera para dar a luz. Tan egocéntricas e impetuosas son las relaciones aquí descritas, que otra vez más Raquel llega a vender la intimidad sexual con su marido a su hermana Lea a cambio de un par de mandrágoras. La poligamia se ha establecido, junto con el caos de relaciones distorsionadas a la que da lugar.

De estas relaciones dolorosas y francamente disfuncionales, nacen 11 hijos y una hija (el nacimiento de Benjamín se relata en el capítulo 35). He aquí los orígenes de las doce tribus de Israel, los cimientos de la nación israelita, unos orígenes que no son peores que los de cualquier otra nación, sino que son sencillamente típicos. Pero una cosa ya va quedando clara: Dios no se asocia con esta familia porque esta sea algo superior a las demás familias. Más bien, escoge usarla a fin de mantener sus promesas a Abraham, Isaac y Jacob. Por gracia, persevera con ellos a fin de llevar a cabo sus grandes propósitos redentores. Ni la sórdida dinámica familiar, la cual podría constituir el argumento de una película de segunda categoría, es capaz de impedir que el Soberano del universo mantenga las promesas de su pacto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 29). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué dudaste?

¿Por qué dudaste?

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Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Mateo 14:31-33

alimentemos_el_almaLos discípulos de Jesús habían cruzado el lago de Genesaret, mientras su Maestro se había quedado solo, en un lugar retirado, para orar. Era de noche y se había levantado una tempestad. La barca estaba en medio del lago, zarandeada por las olas, y los discípulos se preguntaban si lograrían llegar a la otra orilla. Entonces Jesús fue hacia ellos, caminando sobre las aguas, y les dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (v. 27).

Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (v. 28). Jesús le respondió: “Ven”; entonces Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas.

De repente todo cambió, Pedro vio que el viento era fuerte, se atemorizó, empezó a hundirse y clamó: “¡Señor, sálvame!”. Entonces Jesús lo tomó de la mano y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (v. 30-31).

¿Cuántas veces podría hacernos la misma pregunta? Nuestra fe tiene altibajos. A veces, al igual que Pedro, avanzamos llenos de confianza en situaciones difíciles, contando con el Señor. Es como si él nos llevase en sus brazos a través de las circunstancias. Luego, de repente aparece el pánico, el desánimo, el cansancio, o todo a la vez… y empezamos a hundirnos.

Pero podemos clamar al Señor, pensar en él, o quizá solo pronunciar su nombre en nuestro corazón. Él siempre está ahí, escucha nuestros suspiros y nos tiende la mano. Lo que cuenta para ser ayudado es confiar en él.

1 Samuel 23 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Dése a sí Mismo

Dése a sí Mismo

la-verdad-para-hoy

1/28/2017

Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas. (1 Tesalonicenses 2:8)

alimentemos_el_almaTuve el privilegio de asistir al seminario a fin de estudiar para el ministerio. Aprendí mucho de los libros que leí, las notas que tomé y los ensayos que escribí. Pero aprendí mucho más de la vida de los hombres que me enseñaron. En vez de concentrarme en lo que decían, me encontraba en por qué lo decían.

Eso es lo que Pablo hizo con los romanos. En realidad dijo: “Antes de darles mi teología, déjenme darme a mí mismo”. Pablo es un modelo para todos los que sirven a Cristo. Siga el ejemplo de Pablo y comience a darse a sí mismo.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

alimentemos_el_almaAl hablar del ministerio de la mujer en la iglesia, nosotros tenemos que ir no directamente al Nuevo Testamento, sino al Antiguo Testamento, y más específicamente al orden de la creación. Dios hizo al hombre varón y hembra, a su imagen y semejanza; eso quiere decir que Dios tenía la intención de que el hombre lo representara en la Tierra. Nosotros sabemos por las Escrituras que en la Trinidad hay un orden: está Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Dios el Hijo voluntariamente se somete a la voluntad del Padre, y eso no lo hace menos Dios, eso no lo hace inferior. Cuando Dios crea la sociedad humana, Él la crea con esa estructura de autoridad y pone al hombre como cabeza.

Cuando hablamos de la mujer como pastora, en 1 Timoteo 2:12, el apóstol Pablo dice claramente que él no permite que la mujer asuma ese papel, precisamente porque estaría violentando ese orden estructural que Dios creó para la sociedad humana, cómo debería funcionar el hogar, cómo debería funcionar la sociedad y cómo debe funcionar la Iglesia. Entonces, en ese sentido la respuesta es que la Biblia claramente enseña que la mujer no debe ministrar en la Iglesia, como pastora. Ahora bien, primero tenemos que remachar el hecho, resaltar el hecho, que eso no hace a la mujer inferior al hombre en el mismo sentido que el Hijo –como decíamos hace un momento– no es inferior al Padre. Eso dice 1 Corintios 11:3, que el Padre es la cabeza del Hijo y el hombre de la mujer. Si hubiera alguna inferioridad en esto, entonces tendríamos que decir que Dios el Hijo es menos Dios que Dios el Padre.

Por otro lado, yo creo que cuando se plantea esta pregunta, generalmente las personas piensan en lo que la mujer no puede hacer. Pero tal vez, deberíamos ser más positivos y preguntarnos cuántas cosas puede hacer la mujer en la Iglesia, porque la mujer tiene un papel importante en la vida y ministerio de la iglesia local. El hecho de que nosotros no permitamos que una mujer sea pastora en la iglesia no quiere decir que la estamos anulando. Cuando personas me preguntan: ¿si una mujer no puede ser pastora, entonces, qué va a hacer en la iglesia? Pues, ¡lo mismo que hacen un montón de hombres que tampoco son pastores! Porque si bien es cierto que Dios llama al hombre a ser pastor, no todos los hombres son pastores, y los hombres también tienen un ministerio que hacer en la iglesia aunque no prediquen. Entonces, en ese sentido Dios le da dones de enseñanza a la mujer, Dios le da dones de liderazgo a la mujer; sin embargo, Dios quiere que lo ejerza en un contexto particular. Nosotros no estamos anulando a la mujer, estamos simplemente colocándola en la posición en la que Dios la coloca.

Muchas personas me dicen: “Pero mira, hay mujeres que predican muy bien”. Y de hecho yo conozco personas que se han convertido al Señor a través de la predicación de pastoras. Y yo no lo dudo. Pero por el hecho de que Dios en su soberanía haga cosas como estas, no quiere decir necesariamente que Él apruebe tal cosa, y yo voy a poner un ejemplo aquí: ¿no ha pasado en iglesias evangélicas que violando claramente el mandato de no unirse a yugo desigual, hay hermanas creyentes que han entrado en una relación con jóvenes inconversos, esos jóvenes han ido a la iglesia y se han convertido? Dios en su Soberanía puede hacer tal cosa, pero nosotros no podemos alentar a las hermanas de la iglesia que hagan esa labor misionera de ir al mundo a buscar novios inconversos para traerlos al Señor. Eso es una misericordia que el Señor hace, de hecho, Dios ha usado aun pastores inconversos para traer a otros a la Salvación. Entonces, en ese sentido, el hecho pragmático de que haya personas que clamen haberse convertido al Señor a través de la predicación de pastoras no anula la clara enseñanza de la Palabra de Dios en textos como 1 Timoteo 2, 1 Corintios 14; de que Dios no le permite a la mujer ejercer ese tipo de ministerio en la Iglesia.

Otros citan Gálatas 3:28, cuando dice que: “En Cristo Jesús, no hay varón ni hembra”, y eso es verdad, en el sentido de que el hombre creyente no tiene más privilegio espirituales que la mujer creyente. Pero vuelvo y repito, ese principio general de unidad en Cristo no anula la clara enseñanza de que la mujer no debe ejercer este ministerio de autoridad en la Iglesia.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/por-que-la-mujer-no-debe-ser-pastora-coalicionresponde

 

“¡Bien hecho!”

“¡Bien hecho!”

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28 ENERO

Génesis 29 | Mateo 28 | Ester 5 | Hechos 28

alimentemos_el_almaLa frase que concluye Mateo 28 es sobrecogedora: “Y os aseguro que estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo” (28:20). Por supuesto, se trata de una gran promesa por parte del Cristo resucitado a su pueblo, poco antes de su ascensión. Pero el contexto nos revela que aquí no se trata de ninguna garantía generalizada y nada más, sino que estas palabras van ligadas a la Gran Comisión. ¿Cuál es la conexión entre las dos cosas exactamente? O, para indagar un poco más en el significado de la promesa, ¿por qué se encuentra esta promesa de estar con sus discípulos hasta el fin añadida al final de su afirmación de su propia autoridad y del mandato de que hagan discípulos a todos, en todas partes?

Hay que reconocer aquí que estas palabras no se expresan en ninguna forma condicional, ni ocultan una velada amenaza. Jesús no dice: “Si hacéis discípulos yo estaré con vosotros, hasta el fin del mundo”; y mucho menos, “Si no hacéis discípulos no estaré con vosotros.” Sin embargo, no deja de haber aquí una conexión entre una cosa y la otra. ¿Cuál es?

Dicha conexión es tan general, que sospecho que lo que viene a decir es que la presencia de Jesús es la clave por la que vamos obedeciendo la Gran Comisión – es decir, es la experiencia de los que obedecen, y al mismo tiempo el marco que da sentido a nuestra obediencia. Conocemos y experimentamos la presencia de Jesús de acuerdo con la promesa, y damos testimonio de esta realidad mientras proclamamos quién es él, qué es lo que ha hecho, y qué es lo que manda. Aunque sea objetiva la verdad del evangelio que anunciamos, no la proclamamos únicamente porque sea verdad, sino porque nosotros mismos hemos experimentado su poder salvador y transformador. Por lo tanto, no sólo proclamamos esta verdad, sino que la llevamos como testimonio personal a ella y a Jesús mismo. No somos meros heraldos de ciertos hechos en los cuales no estemos involucrados personalmente, sino que somos discípulos comprometidos con la tarea de hacer otros discípulos.

Que no nos extrañe que, mientras vayamos cumpliendo nuestra misión, la presencia prometida de Jesús se aprecie cada vez más. Porque le conocemos y porque experimentamos su presencia transformadora en nuestras propias vidas, evangelizamos, bautizamos, instruimos y discipulamos – y, así, descubrimos que le vamos conociendo mejor, y experimentamos más y más esta presencia transformadora en nuestras vidas. La promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo resulta ser entonces la clave por la que obedecemos la Gran Comisión, siendo simultáneamente el cimiento y la meta, la base y la recompensa. ¿Cómo podría ser de otra manera? Le servimos porque le amamos y porque anhelamos oír las palabras benditas: “¡Bien hecho!” al final de nuestro trayecto aquí.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 28). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Está desanimado?

¿Está desanimado?

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Aunque afligido yo y necesitado, el Señor pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes. – Salmo 40:17
(Jesús le dijo:) Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. – Mateo 9:2

alimentemos_el_almaCada vez los psicólogos y trabajadores sociales encuentran más gente desanimada. Las situaciones difíciles, por ejemplo el fracaso profesional o sentimental, un problema de salud, parecen no tener salida, y la gente necesita una ayuda externa.

Cuando Jesús estuvo en la tierra se encontró con muchas personas desanimadas, y cada vez les dio una esperanza, una razón para vivir. Aún hoy desea transmitir ese mensaje de esperanza y paz, quizás a usted que está leyendo estas líneas y que no lo conoce. Quiere decirle que su horizonte no ha colapsado, desea darle fuerzas para continuar. Tome su promesa al pie de la letra: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). ¡Confíe en él, él le ama como nadie le ha amado jamás! ¡La prueba es que dio su vida por usted! Le ofrece la vida eterna, un lugar junto a él en el cielo. ¡No espere más para dejar su vida en sus manos y recobrar ánimo!

Y usted, cristiano que está sumido en las preocupaciones, las tristezas y las dificultades, recuerde que no está solo; Jesús lleva sus cargas. Como dijo a sus discípulos en otro tiempo, le dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

No hay ninguna situación desesperada para Dios. Él resolvió el mayor problema de los hombres, es decir, el problema de sus pecados, por lo tanto podemos confiar en él en todas las circunstancias de nuestra vida. ¡Su gracia siempre tiene una solución en reserva!

1 Samuel 22 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23

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Algo de valor eterno

Algo de valor eterno

la-verdad-para-hoy

1/27/2017

Deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados. (Romanos 1:11)

alimentemos_el_almaHace algunos años, una joven de nuestra iglesia, que era estudiante en una universidad de la ciudad, me dijo: “Aprendí una gran lección de uno de sus sermones acerca del amor. Siempre pensé que amaba a las niñitas de mi clase de la escuela dominical de cuarto grado. Todas tienen vestiditos adornados y la más linda sonrisa”.

Ella siguió diciendo: “Un sábado estaba en un partido de fútbol de mi escuela, algo que hago todos los sábados, y el Señor me indicó que esa no era la manera adecuada de preparar mi lección de escuela dominical. Como asistía a los juegos del sábado, tenía la costumbre de enseñar una lección el domingo por la mañana que era muy superficial. Dios señaló que en realidad yo no amaba a aquellas niñitas como yo pensaba, ya que no sacrificaba nada de mi propia vida para darles algo de valor eterno”.

Ella terminó nuestra conversación diciendo: “Así que de ahora en adelante no asistiré a ningún otro partido de fútbol hasta que mi lección esté terminada y sienta que puedo impartirles algo de valor eterno”.

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Un contexto de dolor

27 Enero 2017

Un contexto de dolor
por Charles R. Swindoll

Job 19:1-29

alimentemos_el_almaNo hay nada como la esperanza en la verdad para aclarar la perspectiva y salir adelante. Un viaje doloroso se puede soportar más fácilmente si usted abraza la verdad como su compañera de viaje. Ella no solo le dará esperanza, sino que también aclarará su perspectiva. La verdad nos recuerda que Dios está vivo y que Él es justo y bueno. Repito: el mal será finalmente juzgado. El día de hoy puede parecer triste y terriblemente largo, pero habrá un mañana brillante.

Nada como la falta de seguridad para inquietarlo y asustarlo. Permítame que le hable con toda claridad: Si usted está sin el Señor Jesucristo en su vida, su existencia estará caracterizada por la incertidumbre. Y en la profundidad de la noche, cuando las luces estén apagadas y usted tenga la cabeza metida en la almohada, los pensamientos acerca de su destino final le inquietarán. Pocos pensamientos son más aterradores que el no saber cuál será nuestro destino eterno. Si usted muere sin Cristo, enfrentará un juicio terrible. “Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio” (Hebreos 9:27). Para tener paz interior, usted no debe tener ninguna duda en cuanto a su destino final.

Mi esposa y yo hicimos una resolución en cuanto al dinero mientras estemos vivos. Me gusta el viejo dicho que dice: “Da de tu dinero mientras vivas, y así sabrás a qué lo destinas.” Teniendo esto en mente, asegúrese de tener la fe correcta mientras viva, y así podrá saber cuál será su destino. Es inquietante no saber a dónde está yendo uno.

¿Sabe usted, en realidad, a dónde está yendo? ¿Tiene garantizado su destino eterno? Curiosamente, Bildad le dijo a quien no debía lo que no debía decirle. Tenía un mensaje muy bueno, pero para alguna otra persona. ¿Pudiera usted ser esa persona? Si es así, tiene razones para preocuparse.

 

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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