Dios tiene el control

23 Enero 2017

Dios tiene el control
por Charles R. Swindoll

Job 12:1-23

alimentemos_el_almaSinceramente admiro el coraje de Job. Me alegra mucho que no se dé por vencido, diciendo: “Bueno, tal vez tienes razón, Zofar. Has hablado como tus otros dos amigos, y por eso no voy a contradecirte ni a argumentar contigo en cuanto a esto”. ¡De ningún modo! La fuerte crítica de Zofar es respondida con una reacción aún más fuerte por parte de Job. Esta es, a propósito, la única manera de enfrentar a un legalista. Ellos, también, son como las cucarachas. Si uno no las controla, se multiplican y atraen a otras; y cuando uno menos lo espera, los legalistas toman el control. Su método favorito para tomar el liderazgo es intimidar a los demás. Y si no pueden intimidar, se van con sus cosas a otra parte (gracias al Señor), se marchan.

Hubo un tiempo en mi vida en el que permití que los legalistas me controlaran. Pero ahora estoy recuperando el tiempo perdido. Envejecer tiene sus beneficios. He aprendido a la brava que uno tiene que combatir el fuego con el fuego cuando los intimidadores están resueltos a asumir el control. ¡Job no lo aceptó! Paró a Zofar de la misma manera que Pablo se opuso a los judaizantes y “ni por un momento cedimos en sumisión a ellos” (Gálatas 2:5).

Cuando Job habla finalmente, dice en realidad. “Muy bien. Ya es suficiente”. Se enfrentó con valentía a ellos. Yo, por lo menos, admiro mucho a Job el no haberse quedado allí aguantando el ataque.

Job dice: “¡Se trata de nuestro Dios! Es el Dios inescrutable y poderoso quien tiene el control de todas las cosas. ¿Pensaban ustedes que yo no sabía eso?” ¡Qué forma tan creativa de decirlo! “El Dios que yo adoro se deleita en trastornar los planes humanos y en desbaratar las empresas humanas, y mientras lo hace, lleva a cabo su obra milagrosa. Solo Él tiene todo el control”.

Job está dejando en claro que solo Dios es el único ante quien él se inclina, y al hacerlo da a entender esto: “No estoy seguro de que ustedes lo hayan conocido jamás. No me intimiden. Aunque no sé por qué estoy sufriendo así, puedo decirles que por alguna razón y de alguna manera el Dios del cielo, el Dios callado, aquel que parece estar ausente desde mi perspectiva, sigue teniendo el control”.

¿Sería usted capaz de decir lo mismo si estuviera en la situación de Job?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“sepulcros blanqueados”

sepulcros blanqueados

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23 ENERO

Génesis 24 | Mateo 23 | Nehemías 13 | Hechos 23

alimentemos_el_almaEl lenguaje de Mateo 23 es francamente chocante. Jesús pronuncia repetidamente sus “ayes” sobre los fariseos y maestros de la ley, tildándoles de “hipócritas”, llamándoles “guías ciegos” y “Ciegos insensatos”, comparándoles con “sepulcros blanqueados” que “Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre.” Les llama “Serpientes”, “camada de víboras”. ¿Qué es lo que provoca un lenguaje tan poco mesurado por parte del Señor Jesús?

Estas personas reúnen esencialmente tres características que despiertan la ira de Jesús.

En primer lugar está una pérdida de perspectiva, la cual, con respecto a la revelación de Dios, enfatiza lo trivial a expensas de lo que es realmente importante. Son fastidiosos en lo que se refiere al diezmo, hasta tal punto que llegan a apartar la décima parte de las hierbas que se cultivan en los huertos, mientras se quedan indiferentes ante las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad (23:23). Jesús aclara, por supuesto, que no resta importancia a los asuntos relativamente secundarios: sus interlocutores no deberían dejar de lado esto asuntos, puesto que se trata, al fin y al cabo, de prescripciones mandadas por Dios. No obstante, enfatizar estas cosas y al mismo tiempo no tomar en serio los temas de mayor peso es como “Coláis el mosquito pero os tragáis el camello.”. Asimismo, articular un cuerpo de reglas que enseñan cuando es importante decir la verdad y cuando podemos mentir con la conciencia tranquila (23:16–22) no sólo implica negar la importancia fundamental de la verdad, sino que implícitamente niegan que el universo entero pertenece a Dios, y que cada vez que asumimos una promesa, lo hacemos delante de él.

La segunda característica es su amor hacia las formas externas de la religión, con poca experiencia de una naturaleza transformada. Buscar el reconocimiento como gran líder religioso, que te honre toda la comunidad, que te consideren un santo, un modelo religioso, mientras en tu fuero interno estás consumido por la avaricia, la auto-complacencia, la amargura, la rivalidad y el odio es un mal profundo (23:5–12, 25–32).

La tercera acusación que les dirige es que, al desempeñar el papel de enseñadores, estos líderes difunden este veneno y contaminan a los demás, sea por precepto o por ejemplo. No sólo no entran ellos en el reino, sino que impiden la entrada a otros (23:13–15).

¿Cuántos líderes evangélicos hoy día invierten la mayor parte de sus fuerzas en asuntos periféricos, y muy pocas en las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad – en nuestras familias, nuestras iglesias, en el lugar de trabajo, en todas nuestras relaciones y en la nación. ¿A cuántos de entre nosotros nos importa más que nos consideren sabios y santos que ser sabios y santos? ¿Cuántos acaban así por traer la condenación a sus oidores, mediante su mal ejemplo y por su gradual alejamiento del evangelio y de todo lo que este conlleva?

Nuestra única esperanza reside en este Jesús que, aunque denuncia con tanta ferocidad esta escandalosa culpabilidad, también llora sobre la ciudad (Mateo 23:37–39; Lucas 19:44).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 23). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Este es mi hijo

Este es mi hijo

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El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? – Hebreos 12:6-7

alimentemos_el_almaCierto día un transeúnte asistió, de lejos, a una violenta pelea entre dos niños. De repente un desconocido apareció en la escena y tomó a uno de los adversarios por el cuello, lo puso a un lado y lo reprendió severamente. Nuestro espectador consideró que había sido testigo de una flagrante injusticia e intervino enérgicamente: –¿Por qué castiga a este niño? ¡El otro es igual de culpable! El desconocido lo miró serenamente y le dijo: –Es cierto, ¡pero este es mi hijo!

Ese hombre se sentía responsable del comportamiento de ese niño porque era su hijo. Le importaba su educación. Al otro no lo conocía y no tenía por qué corregirlo.

A veces los creyentes pasan por momentos difíciles, mientras que todo parece fácil para los que no piensan en Dios. La explicación está en la sencilla respuesta de este padre: ¡Este es mi hijo!

Si Dios se ocupa de nosotros para educarnos, es una clara prueba de que somos sus hijos. Se preocupa por nosotros y quiere nuestro bien; esta educación paterna es el privilegio exclusivo de los hijos. Es la expresión de su amor fiel hacia ellos.

“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6). “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

1 Samuel 18 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

El servicio como adoración

El servicio como adoración

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1/22/2017

Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (Romanos 12:1)

alimentemos_el_almaCuando muchos piensan en la adoración, se imaginan los vitrales de una iglesia y los inmensos órganos. Pero en la Biblia, la misma palabra que se emplea para describir la adoración también significa servicio.

La mayor adoración que puede rendírsele a Dios es servirle. Para Pablo, el servicio significaba una entrega absoluta.

Pablo le escribió a Timoteo: “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia” (2 Ti. 1:3). Pablo estaba diciendo que se podía mirar en lo más íntimo de su ser y ver que servía a Dios con todo su ser. El servicio de Pablo era un acto de adoración. Era profundo, genuino y sincero. Esa es la verdadera medida de la genuina espiritualidad. La única forma de servir a Dios es con una entrega absoluta.

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¿cómo es su hijo?

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22 ENERO

Génesis 23 | Mateo 22 | Nehemías 12 | Hechos 22

alimentemos_el_almaLos versículos finales de Mateo 22 (Mateo 22:41–46) contienen uno de los más sorprendentes diálogos del conjunto de los Evangelios. Tras eludir hábilmente caer en la trampa de una serie de preguntas tendenciosas, planteadas más para su descrédito que por un genuino deseo de saber, Jesús reacciona ante sus oponentes haciendo él a su vez una pregunta: “¿Qué pensáis del Cristo?” “¿De quién es hijo?” (22:42). Algunos judíos creían que iba de hecho a haber dos Mesías: el de la línea de David (de la tribu de Judá) y otro de la tribu de Leví. No sorprende por tanto que los fariseos respondan acertadamente: “De David” (22:42). Pero es entonces cuando Jesús plantea la cuestión clave, que cae como una bomba: “¿Cómo pues David, en el Espíritu, le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (22:43–44).

Jesús estaba ahí citando el Salmo 110, designado por los escribas como salmo de David. De haber sido compuesto por un simple escriba de la Corte, al escribir “El SEÑOR dijo a mi Señor,” lo habría entendido como “El Señor [Dios] dijo a mi Señor [el Rey].” Y, de hecho, así es como lo han interpretado muchos teólogos de la escuela liberal, haciendo caso omiso de lo indicado en el rótulo. Pero, si en verdad fue David el autor del salmo, ese ‘mi Señor’ estaría obviamente apuntado a alguien distinto al autor. La explicación propuesta por muchos expertos en Biblia, tanto judíos como cristianos, durante siglos, es por tanto adecuada: David, “en el Espíritu” (22:43), habría escrito ahí un salmo oracular (esto es; un oráculo, o profecía, inspirado por el Espíritu), en referencia al futuro Mesías que habría de venir: “El SEÑOR [Dios] dijo a mi Señor [el Mesías].” El contenido del resto del salmo, lo establece por tanto como rey universal y verdadero y perfecto sacerdote.

En unos tiempos en los que las jerarquías familiares señalaban a los hijos como inferiores respecto al padre, Jesús hace patente la intención de sus palabras: “Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (22:45).

Las implicaciones son realmente impresionantes. El Mesías del linaje de David tendría que ser de la estirpe de David, separado por un milenio del propio David, pero aun así genuino heredero con derecho a ese trono. Por otra parte, además, iba a ser tan grandioso monarca que hasta el propio David tendría que dirigirse a él como “mi Señor”. Toda otra forma de entenderlo sería excesivamente limitada y reduccionista. Los textos relacionados del Antiguo Testamento apuntan en la dirección adecuada ya desde generaciones atrás. Pero eso no evita que vaya siempre a haber quien prefiera las simplificaciones del reduccionismo antes que las profundidades de la revelación del conjunto de la Biblia en su totalidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 22). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El Cabo de Buena Esperanza

El Cabo de Buena Esperanza

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El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre… nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. – 2 Tesalonicenses 2:16

No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. – 1 Tesalonicenses 4:13

alimentemos_el_almaEn 1488, una tripulación portuguesa que estaba buscando un paso marítimo hacia las Indias bautizó con el nombre de «Cabo de las Tormentas» un punto situado muy cerca del extremo sur de África. En efecto, los fuertes vientos que se presentaban allí hacían que este fuera un lugar temible para la navegación. Pero muy pronto comprendieron que aquel punto abría el paso a las Indias, y el nombre fue cambiado por «Cabo de Buena Esperanza».

Para todos los seres humanos, la muerte es ese cabo de las tormentas. Es la sentencia de Dios a la desobediencia del hombre (Génesis 2:17). Nadie puede escapar de él; la Biblia lo describe como el “rey de los espantos” (Job 18:14). Pero para los que depositaron su confianza en Jesucristo y recibieron por fe la vida eterna, la muerte pasa a ser ese cabo de buena esperanza, la puerta de entrada del paraíso (Lucas 23:43). Saben que Jesús su Salvador pasó por la muerte y salió de ella victorioso, y tienen la seguridad de que resucitarán como él (1 Corintios 15). Por esta razón pueden esperar el momento de su partida sabiendo que su Salvador los acompañará en ese difícil paso.

Pero también están esos “otros que no tienen esperanza”, de quienes habla el apóstol Pablo. Si usted está entre esos otros y si siente mucha angustia cada vez que piensa en la muerte, no es demasiado tarde para echar mano de la esperanza que Dios propone. Crea en Jesucristo, quien murió por usted para darle la vida eterna y liberarlo del miedo a la muerte.

1 Samuel 17:31-58 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Una entrega sincera

Una entrega sincera

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1/21/2017

Testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu. (Romanos 1:9)

alimentemos_el_almaEn la actualidad, empleamos la palabra espíritu de la misma manera que el apóstol Pablo la empleó en el versículo de hoy. Pudiéramos observar a un deportista que juega muy bien y entonces comentar que mostró un espíritu fogoso, que significa que todo su ser estaba participando en su esfuerzo. Cuando estaba en la universidad, el premio “Espíritu de equipo” se le daba al jugador de fútbol que hiciera el mayor esfuerzo en el terreno. Esa es la forma en la que Pablo servía al Señor.

Pablo nunca sirvió al Señor sin una entrega sincera. Al hacerlo así, se distinguió de los mercenarios, cuyo trabajo era externo y no sincero (Jn. 10:11-13). Sea así como Pablo, y haga un esfuerzo sincero en su servicio a Cristo.

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Tocando la superficie

21 Enero 2017

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Tocando la superficie
por Charles R. Swindoll

Job 11:1-20

Querido lector le pregunto ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie?

¿Alcanzarás tú las cosas profundas de Dios?
¿Alcanzarás el propósito del Todopoderoso?
Es más alto que los cielos;
¿qué puedes tú hacer?
Es más profundo que el Seol;
¿qué puedes tú saber?
(Job 11:7, 8)

alimentemos_el_almaPermítame repetirle la pregunta: ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie? Solo usted conoce la respuesta. Nuestra cultura actual está tan ocupada, que podemos volvernos expertos fingiendo que lo hacemos. Pudiera parecer que estamos yendo a las profundidades cuando, en realidad, solo estamos tocando la superficie. Por eso la respuesta se la debe dar usted mismo. ¿Está buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios? ¿O lo que está haciendo es sólo asistir a un montón de reuniones religiosas, leer unos cuantos libros religiosos y aprender todo ese vocabulario que suena a religioso?

Uno de los más recientes libros del psicólogo y maestro bíblico Lawrence Crabb, se titula The Pressure’s Off (Libre de presión). Él dice:

Como una cultura, el cristianismo de hoy ha redefinido a la madurez espiritual. Los reformadores sabían que éramos salvos para glorificar a Dios. Nosotros, los cristianos modernos, vivimos para ser bendecidos. Ahora se piensa que los maduros entre nosotros son los exitosos, los felices, la gente eficiente que está a la cabeza de las cosas y haciéndolo bien… Somos más atraídos por los sermones, libros y conferencias que revelen los secretos para tener una vida plena… que por la orientación que nos guíe en medio de las aflicciones a la presencia del Padre…

Parece que tenemos más interés en tener una existencia cómoda, que en dejar que Dios nos transforme espiritualmente por medio de las dificultades de la vida.

Eso toca en lo vivo, ¿verdad? No huya de las dificultades. No busque a un amigo para que este le ayude a salir de ellas rápidamente. Persevere. El Señor le sacará adelante. El resultado será que usted dejará de patinar.

Esta pregunta es para que usted la responda de manera personal, introspectiva y honestamente: ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios”

El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios

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21 ENERO

Génesis 22 | Mateo 21 | Nehemías 11 | Hechos 21

alimentemos_el_almaLa fuerza dramática que se concentra en el relato de la prueba de la fe de Abraham cuando Dios le mandó sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22) es muy conocida. El carácter escueto de la narrativa nos conmueve profundamente. Cuando dice a su siervo: “El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a vosotros.”, ¿acaso creía Abraham que Dios resucitaría a su hijo de la muerte? ¿Esperaba que Dios interviniera de algún otro modo imprevisible? ¿Qué explicación le podría dar a Isaac al atarlo y estirarlo en el altar preparado para el sacrificio?

Un poco antes, cuando Isaac le pidió explicaciones por la falta de víctima, Abraham le supo contestar de manera magistral: “El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios” (22:8). No es legítimo deducir que aquí Abraham entreviese la cruz de Cristo. A juzgar por su disposición a llevar a cabo el sacrificio, incluso es dudoso que esperase que Dios proveyese un animal. Incluso podríamos pensar que se trata de una respuesta piadosa para su hijo hasta el momento en que la terrible verdad ya no pudiese esconderse. No obstante, en el marco de esta historia, Abraham dijo más de lo que él mismo pudiese saber al respecto. Dios sí proveyó un cordero, un sustituto para Isaac (22:13–14). De hecho, igual que algunas otras figuras bíblicas, Abraham dijo mucho más de lo que sabía: Dios suministraría no sólo un animal que sirviese de sustituto en este caso, sino que proveería el sustituto definitivo, el Cordero de Dios, quien, solo, llevaría sobre sí mismo nuestro pecado y haría que se cumplieran todos los magníficos propósitos de Dios para la redención y el juicio (Apocalipsis 4–5; 21:22).

El Señor provee” (22:14): hasta aquí Abraham lo podía comprender. Uno se puede imaginar cómo esta misma realidad habrá quedado muy grabada también en la mente de Isaac, y en la de sus herederos. Dios enlaza este episodio con la promesa de la alianza: la fe de Abraham le abre la puerta a una obediencia a Dios tan radical, que ni siquiera eleva a su propio hijo amado a una posición que pudiese estar comprometida. Luego, Dios le reitera la alianza: “que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia” (22:17–18). En esta ocasión, Dios jura por sí mismo (22:16), no porque fuese posible que mintiese, sino porque no hay nadie más grande cuyo nombre pudiese invocar, y porque el juramento serviría de ancla estabilizadora para la fe de Abraham y para la de todos aquellos que hubiesen de venir después de él (ver Hebreos 6:13–20).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 21). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios me parecía tan lejano

Dios me parecía tan lejano

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Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.-Juan 1:12
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.-Mateo 5:44

alimentemos_el_alma«Nací en Marruecos. Cuando nuestra familia vino a instalarse en Francia, continué practicando mi religión, pero Dios me parecía tan lejano. Deseaba tener una relación mucho más profunda con él, lo buscaba, pero siempre sentía un gran vacío. En esa época mi hermana mayor, Fátima, se convirtió al cristianismo. Para nosotros era una vergüenza. Rompimos su Biblia, pero no logramos destruir la fe interior que poseía. El fervor, la paz y el amor que mi hermana irradiaba me llamaron la atención. Mis padres me mandaron a «vigilarla». Tenía muchos prejuicios sobre el cristianismo, pero cuando entré en el lugar donde mi hermana se reunía y vi cómo aquellos cristianos adoraban a Dios, quedé realmente impresionado. ¡Aquellos cristianos amaban a Dios más que yo!

Entonces leí la Biblia, y la persona de Cristo me cautivó. ¡Un gran rey que deja la gloria del cielo para nacer en un establo! Un rey que me decía: ¡Ama a tus enemigos y ora por los que te persiguen! Sabía qué era el pecado: robar, mentir… pero ante la cruz de Jesús me di cuenta de mi miseria y pedí perdón a Dios.

Luego pedí perdón a muchas personas a las que había hecho daño. Detestaba a mi padre, pero lo abracé pidiéndole perdón y perdonándolo. Mi padre tuvo la misma experiencia que yo, es decir, aceptó a Jesús en su vida.

Al recibir a Jesús encontré a Dios, quien es mi Padre celestial. Recibí la seguridad de la vida eterna».

Saïd

1 Samuel 17:1-30 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9