Vencedores en el sufrimiento

4/9/2017

Vencedores en el sufrimiento

Ellos [han vencido a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis 12:11)

Los cristianos somos extranjeros y peregrinos en el mundo, librando la guerra contra los deseos de la carne y siendo calumniados y perseguidos. Como resultado, debemos esperar que suframos en el nombre del que padeció toda clase de sufrimientos por nosotros (1 P. 2:11-25). El propósito principal del mensaje de Pedro es recordarnos la necesidad del sufrimiento. Cuando en medio del sufrimiento pecamos en pensamiento, palabra u obra al vengarnos, perdemos nuestra victoria y dañamos nuestro testimonio.

Según el versículo de hoy, se vencen los insultos, las persecuciones y las acusaciones de Satanás con la sangre del Cordero, nuestro Salvador. Ese es el poder de Dios. Usted es vencedor cuando no pierde su testimonio al vengarse en tiempos de persecución, y cuando usted no transige, aun a riesgo de morir. ¿Está dispuesto a mantenerse firme en el sufrimiento?

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«Tu benignidad me ha engrandecido»

9 de abril

«Tu benignidad me ha engrandecido»

Salmo 18:35

Estas palabras pueden traducirse: «Tu bondad me ha engrandecido». David, agradecido, atribuye toda su grandeza, no a su propia bondad, sino a la bondad de Dios. «Tu providencia» es otra interpretación, y la providencia no es otra cosa que la bondad en acción. La bondad es el pimpollo del cual la providencia es la flor; o, también, la bondad es la semilla de la que se cosecha la providencia. Algunos leen «Tu ayuda», que es solo otra palabra para providencia. La providencia es la firme aliada de los santos, la cual los ayuda en el servicio de su Señor. O, también: «Tu humildad me ha engrandecido». «Tu condescendencia» puede servir, quizá, como una amplia interpretación que combina las ideas mencionadas e incluye la de humildad. La condescendencia de Dios es la causa de nuestro engrandecimiento. Nosotros somos tan insignificantes que, si Dios mostrara su grandeza sin condescendencia, seríamos hollados bajo sus pies. No obstante, Dios, que se inclina para contemplar los cielos y ver lo que hacen los ángeles, dirige sus ojos aún más abajo y ve al humilde y contrito y lo engrandece. Hay aún otra traducción, como, por ejemplo, la de la Septuaginta, que dice: «Tu disciplina [tu paternal corrección] me ha engrandecido»; mientras que la paráfrasis caldea expresa: «Tu palabra me ha engrandecido». Sin embargo, la idea es la misma. David atribuye toda su grandeza a la condescendiente bondad de su Padre celestial. Que este sentimiento halle eco en nuestros corazones esta noche, mientras ponemos a los pies de Jesús nuestras coronas y clamamos: «Tu benignidad me ha engrandecido». ¡Cuán maravillosa ha sido nuestra experiencia de la benignidad de Dios! ¡Cuán suaves han sido sus correcciones! ¡Cuán benigna su clemencia! ¡Cuán agradables sus enseñanzas! ¡Cuán cariñosa su atracción! ¡Oh creyente, medita en este asunto! Que la gratitud se despierte; que la humildad se profundice; que el amor se avive en ti antes de que caigas dormido esta noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 108). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Nunca inofensivo, privado o seguro

Nunca inofensivo, privado o seguro

Luchando en contra de la pornografía con un placer superior

Conozco la esclavitud tentadora de la pornografía por experiencia propia. He luchado y perdido erráticamente a través de la escuela secundaria y la universidad. Visité mi primer sitio pornográfico en sexto grado cuando un compañero me envió un correo electrónico y disfrazó el enlace de modo que pareciera un proyecto escolar.

En diferentes momentos durante la próxima década de luchar con mi pecado, experimentando pequeñas victorias y a menudo muchas derrotas, tuve la idea de que el matrimonio podría curarme. En mi mente, pensé que sólo necesitaba una esposa para satisfacer mi deseo sexual e impaciencia. Así que me permití sumergirme en una relación tras otra, sabiendo que no había lidiado con la impureza que me atormentaba.

La realidad es que ninguna relación podría resolver mi pecado sexual —ninguna relación, es decir, a excepción de conocer a Cristo. Estaba buscando novias, y la esperanza de una futura esposa, para llenar un deseo que sólo Dios podía llenar. Estaba centrado en autodisciplinarme, en citas y el matrimonio, cuando Dios estaba tratando de enseñarme sobre el gozo y mostrándome dónde encontrar el placer verdadero.

La siesta que nunca termina

La pornografía parece devorar tanto (o más) pies cuadrados de terreno espiritual como cualquier otra amenaza para los jóvenes cristianos de hoy. Tenemos que tomar esta mala hierba más en serio donde sea que sus hojas espinosas comiencen a brotar. Aunque la pornografía pueda parecer inofensiva o privada, no lo es.

  • La pornografía nos ciega delante de Dios (Mateo 5:8). Empaña nuestros ojos delante de Su bondad, verdad y belleza.
  • La pornografía nos enseña a tratar a las mujeres como objetos, como a menos que humanas. Las presenta como posesiones para ser usadas y disfrutadas, para luego ser desechadas.
  • La pornografía promueve la esclavitud sexual —gente real retenida en contra de su voluntad y violadas repetidamente— en todo el mundo, incluso en los Estados Unidos, incluso en tu ciudad o la ciudad principal más cercana.
  • La pornografía menosprecia la verdadera belleza; al igual que el temor del Señor (Proverbios 31:30), y lo reemplaza con una imitación barata y que se desvanece.
  • La pornografía hace que el sexo sea momentáneo y sin importancia, como un cigarrillo, en lugar de ser importante y duradero, como lo es en el matrimonio.
  • La pornografía nos priva de algunas de las delicias que pudiéramos tener con nuestro cónyuge. Nos impide experimentar y disfrutar de ellos y sus cuerpos sin una sombra de imágenes de nuestro pasado.
  • La pornografía arruina rápidamente la confianza en una relación. Nos anima a mentir y a ocultarnos de los demás, a caminar en oscuridad y luego construir muros alrededor de nosotros en la oscuridad.
  • La pornografía atrofia groseramente nuestra madurez, el desarrollo de nuestra mente y nuestros dones, nuestra capacidad de entender a Dios y amar a los demás.
  • La pornografía persigue una licenciatura en el egoísmo, que nos enseña una y otra vez a centrarnos en nosotros mismos, a preferirnos a nosotros mismos y a servirnos a nosotros mismos.
  • La pornografía nos impide participar en todo tipo de ministerio, descalificando a muchos y desmotivando a otros más.
  • La pornografía le está enseñando a muchos niños una distorsión horrible y malvada del amor y el sexo, incluso antes de que sus padres le expliquen la verdad.

La pornografía no es una práctica inofensiva. Si continuamos complaciéndonos con ella, la pornografía robará todo de nosotros. Nos alejará de Cristo y todo aquello que Él quiso darnos a través de Su muerte: perdón, libertad, vida, esperanza, paz y gozo.

Silenciosamente secuestra a millones de personas llevándolas a una agonía interminable y consciente, alejándolas de Dios y de la gloria de encontrarnos con Él. Esclaviza a hombres y mujeres, matándolos de hambre día tras día sin nunca alimentarlos completamente, hasta que se pierden y quedan hambrientos para siempre.

La pornografía nos adormece. Pero no es sueño; es muerte. Se siente como una breve y cómoda siesta, pero nunca despertamos. En nuestra sociedad somos bombardeados constantemente con pornografía, saliendo de todos los poros de nuestros medios de comunicación y tecnología. La mala hierba se ha extendido sin parar por todas partes, incluso donde no es deseada y nos matará si se lo permitimos.

Diez formas de despertar

Uno de los momentos de mayor lucidez para mí en mi camino a la victoria sobre la pornografía, fue darme cuenta de que no era solo una cuestión de autocontrol. El fruto del Espíritu no funciona o crece de esa manera. Nuestros deseos rotos de imágenes o videos sugieren que todo fruto se está pudriendo, no sólo el autocontrol.

Nuestra lucha por la pureza no es meramente una lucha por el dominio propio. Es también una búsqueda y expresión de amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y gozo. Cuando nos centramos en la fuerza de voluntad y autonegación y nos olvidamos del resto, nos privamos de la mayoría de las armas que Dios nos ha dado para la guerra.

  1. Cada vez que evitamos mirar la inmodestia, miramos hacia otro lado en amor por nuestro (futuro) cónyuge, por nuestros (futuros) hijos y por la persona inmodesta en frente de nosotros, alguien hecho a la imagen de Dios.
  2. Cuando nos negamos a experimentar el pecado sexual, celebramos nuestra paz con Dios, comprada a un precio incalculable con la sangre de su Hijo. Nos negamos a volver a crucificar a Cristo con más rebelión, y optamos por descansar en el perdón y la vida que Él compró para nosotros.
  3. No complacernos con pornografía o cualquier otra actividad sexual antes del matrimonio puede ser el más brillante letrero de la paciencia hoy día. Nadie en el mundo espera que la evites, pero cuando lo haces, le dices en voz baja a Dios (y a cualquier otra persona que sepa) que Él y su plan son más de lo que jamás hubieras soñado para ti mismo.
  4. La pureza sexual es tanto o más acerca de tener paciencia que de lo que es de tener autocontrol, porque Dios quiere que disfrutes del sexo de la mejor manera posible, en la seguridad y estabilidad del matrimonio.
  5. Cambiamos manipulación y abuso por bondad cuando rechazamos la distorsión retorcida y corrupta que hace la pornografía del sexo. En lugar de aprender a usar a la gente para nuestros propios deseos, enseñamos al mundo a cómo vivir en favor de los intereses de los demás.
  6. La pornografía se ha ocultado en innumerables sitios del internet, difundiendo la maldad en muchos rincones de nuestro mundo. Cuando rechazamos su invitación, disminuimos su alcance e influencia, aunque solo sea por una persona. Y nos damos la oportunidad, en cambio, de ser un agente de la bondad, de usar las redes sociales como un canal para un mensaje totalmente diferente. Podemos llenar la web con enlaces de verdad y belleza, de artículos, vídeos y más cosas que declaren la grandeza de nuestro Dios y de Su amor por nosotros.
  7. Nadie elogia tu fidelidad a Dios cuando parece que no te cuesta absolutamente nada. Incluso cuando parezca que todos los demás de tu edad están lazándose de cabeza a las profundidades de la lujuria, actividad sexual y pornografía —y presumiendo de ello— podemos vivir (y esperar) dramáticamente diferente.
  8. No hay nada de extraño o radical sobre hundirse y gratificarse con el mundo, viendo la película explícitamente sexual que todos los demás están viendo o leyendo la novela romántica explícitamente sexual que al parecer disfrutan todos tus compañeros de clase. Lo que se destacará es nuestra feliz determinación de resistir todos los males en fidelidad a nuestro Rey y Amigo en el cielo.
  9. La educación sexual de la pornografía alienta una manipulación forzada e incluso brutalidad. Es simplemente sexo irreal. El sexo real, el sexo que dos personas pueden disfrutar de por vida sin aburrirse u ofender a Dios, es paciente, desinteresado y gentil.
  10. Por último, la batalla por la pureza no es una batalla en contra de tu gozo, o de no robar cualquier placer o la felicidad de ti en absoluto. Es una batalla por tu gozo, sí en el cielo, pero también ahora. Es posible que estés cambiando un momento de placer, pero en su lugar estás recibiendo una eternidad placentera.

Rechaza hacer clic y elige más de Dios

Aquellos que decidan ver menos ahora, verán más en la eternidad. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Hay cosas que vemos y con las cuales nos gratificamos, que nos ciegan delante de Dios. No hay nada más espectacular y satisfactorio que ver y disfrutar de Dios, pero qué tan rápido y gentilmente cambiamos esa experiencia por unos míseros minutos de excitación.

Cada vez que nos exponemos y nos entretenemos con la impureza, estamos sacrificando nuestra conciencia y conocimiento de la virtud más alta, de la majestad más plena y del amor más grande que alguien haya experimentado alguna vez. Y cada vez que evitamos la pornografía u otro material sexualmente estimulante, nos preparamos para ver y disfrutar más de nuestro mayor tesoro.

Jesús dice: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44).

Cuando nos negamos a hacer clic en búsqueda de un mayor gozo en Jesús, estamos vendiendo lo que este mundo ofrece y comprando un tesoro de valor incalculable lleno de verdadera belleza y felicidad.


Publicado originalmente en DesiringGod.org | Traducido con permiso por Alicia Ferreira de Díaz

 

Marshall Segal es un escritor y editor para desiringGod.org.

Es graduado del Bethlehem College & Seminary.

Él y su esposa tiene un hijo y viven en Minneapolis.

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”

9 ABRIL

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»

Levítico 13 | Salmos 15–16 | Proverbios 27 | 2 Tesalonicenses 1

Véanse las letras mayúsculas: “Yo le he dicho al SEÑOR: «Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”. (Salmo 16:2). En otras palabras, cuando David se dirige a Yahvé “SEÑOR”, su Maestro, luego añade “Fuera de ti, no poseo bien alguno”.

(1) Según cómo se miren, estas palabras parecen delimitar el bien, y así llegan incluso a definirlo. No existe el último bien si está abstraído y separado del concepto de Dios. Puede que sea “bien” en un sentido relativo, por supuesto. El Señor hizo el sol y lo pronunció “bueno”, y de hecho, es bueno: es la fuente de toda la energía de este mundo. No obstante, una vez abstraído del conocimiento de Dios, se convirtió en objeto de culto entre muchos pueblos antiguos (se llamaba Ra en Egipto – y la misma comunidad del pacto podía verse arrastrada en un culto sincretista al sol, Ezequiel 8:16) y atrae hoy día a otra clase de adoradores del sol. Puede ser que disfrutemos una buena salud y esto, evidentemente, es bueno. Pero supongamos que usamos esta energía para hacer lo que es egoísta o malvado, o desplegamos las bendiciones que Dios nos encomienda simplemente para ordenar nuestras vidas lo más autónomamente posible. Aparte del Señor, “no poseo bien alguno”.

(2) Y vistas desde otra perspectiva, estas palabras son literalmente verdaderas. Puesto que Dios es el Creador de todo, no puede haber ningún bien que disfrutamos que no nos haya venido de él. “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto”, escribe Santiago (1:17). Pablo pregunta, “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). Por lo tanto, nuestra prioridad en el uso de estas cosas debe ser la gratitud. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(3) Pero el texto es más visceral que esto. Su tono está más cerca de las palabras de Asaf: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna” (Salmo 73:25–26). En comparación con el conocimiento personal de nuestro Hacedor y nuestro Redentor, no hay nada que tenga mucho valor, sea en esta vida o en la venidera. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(4) El texto nos hará pensar también en otros pasajes que contienen las palabras “aparte de”. Tal vez el más conocido sea Juan 15:5, donde Jesús dice: “Yo soy la vid y vosotros las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no podéis hacer nada”. Aparte de la vid, nosotros las ramas no llevamos ningún fruto; y aparte de él “no poseemos ningún bien”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 99). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

ABRIL, 09

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

Devocional por John Piper

Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. (Salmos 23:4)

La forma de este salmo es instructiva.

En los primeros tres versículos David se refiere a Dios como «él».

El Señor es mi pastor…

[él] me hace descansar…

[él] me conduce…

Él restaura mi alma.

Después, en los versículos 4 y 5, David se refiere a Dios como «tú»:

No temeré mal alguno porque tú estás conmigo;

tu vara y tu cayado me infunden aliento;

tú preparas mesa delante de mí;

[tú] has ungido mi cabeza con aceite.

Luego, en el versículo 6, regresa a la tercera persona:

En la casa del Señor moraré…

La lección que he aprendido de este formato es que es bueno no hablar por mucho tiempo acerca de Dios sin hablarle a Dios.

Cada cristiano es por lo menos un teólogo amateur, es decir, una persona que trata de entender el carácter y los caminos de Dios y luego lo expresa en palabras. Si no somos pequeños teólogos, entonces no nos hablaremos unos a otros acerca de Dios y nos ayudaremos muy poco en nuestra fe.

Pero lo que he aprendido de David en el Salmo 23 y en otros salmos es que debería entrelazar mi teología con mis oraciones. Debería interrumpir frecuentemente mis conversaciones acerca de Dios con palabras dirigidas a Dios.

No mucho después de la frase teológica que dice «Dios es generoso», debería venir la frase en oración «Gracias, Señor».

Inmediatamente después de «Dios es glorioso», debería seguir «Adoro tu gloria».

Lo que he llegado a ver es que esta es la manera en que debe ser, si es que sentimos la realidad de Dios en nuestro corazón y también la describimos con nuestra mente.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Los siete milagros de Jesús (2)

domingo 9 abril

Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.

Juan 6:18-20

Los siete milagros de Jesús (2)

–El tercer milagro que Jesús hizo fue sanar a un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, quien reconocía su total incapacidad para salir de su situación por sí mismo (Juan 5:1-9). Esta historia nos muestra que Dios puede liberarnos, independientemente de nuestra edad o situación: basta reconocer nuestra propia incapacidad.

–Cuarto milagro (Juan 6:1-15): Jesús alimentó de forma milagrosa a 5.000 personas con cinco panes y dos peces, señal de que Jesús es el pan de vida, como lo declaró después, añadiendo: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). En el corazón humano hay necesidades semejantes al hambre y la sed, las cuales solo Jesús puede apaciguar.

–Quinto milagro (Juan 6:16-27): Jesús caminó sobre las aguas, señal de que las fuerzas de la naturaleza están sujetas a su autoridad. Este milagro manifiesta su divinidad (Salmo 77:15-20; Job 9:8). Por ello los discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús, pero al escuchar su voz, se tranquilizaron; y en el momento en que le recibieron, su barca llegó a tierra al lugar a donde querían ir. Al reconocer a Jesús, al escuchar su voz, pasaron de la agitación, de la turbación (figurado por el mar), a la paz, la serenidad.

Este pasaje muestra el verdadero carácter de la fe. La fe cristiana confía en Jesús, quien nos acerca a Dios y hace que esté a nuestro lado.

(mañana continuará)

Ezequiel 33:1-20 – 1 Tesalonicenses 4 – Salmo 41:1-6 – Proverbios 13:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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