Cómo vivir en un mundo adverso

4/10/2017

Cómo vivir en un mundo adverso

Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. (1 Pedro 2:12)

Tal vez no lo haya comprendido antes, pero vivir como cristiano en este mundo es como ser extranjero sin hogar ni ciudadanía permanente. El apóstol Pedro se refirió a los creyentes como “extranjeros y peregrinos” (1 P. 2:11). Usted debe considerarse un ciudadano temporal y abstenerse de participar en la maldad del mundo

Esa es una perspectiva importante que debe mantenerse mientras aumenta la hostilidad hacia el cristianismo en nuestra sociedad. Muchos incrédulos consideran la inmoralidad como un estilo de vida alternativo y creen que el hombre puede resolver sus problemas de la manera que le parezca.

Para vivir en tal sociedad, tiene que armarse de una confianza en el poder de la justicia a fin de triunfar sobre la persecución y el sufrimiento. Durante tiempos de hostilidad, usted debe tener confianza y no quedar atrapado en la confusión.

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«Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios»

10 de abril

«Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios».

Hechos 27:23

La tempestad y la persistente oscuridad, unidas al inminente riesgo de naufragio, llevaron a la tripulación del barco a una triste situación. Un solo hombre, entre tantos, permanecía en perfecta calma; y, por su palabra, los demás se tranquilizaron. Pablo era el único hombre con suficiente valor como para decir: «Señores, tened buen ánimo». Había a bordo veteranos legionarios romanos y bravos marineros y, sin embargo, el pobre misionero judío demostró más valor que todos ellos. Él contaba con un Amigo secreto que mantenía elevado su coraje. El Señor Jesús envió un mensajero celestial a susurrar palabras de consuelo en los oídos de su fiel siervo; por eso su rostro resplandeció y fue capaz de hablar como un hombre tranquilo.

Si tememos al Señor, podemos esperar oportunas mediaciones cuando nuestra situación esté en lo peor. Las tormentas no pueden ocultarnos a los ángeles, ni la oscuridad impedirles venir. Los serafines no consideran una humillación visitar al más pobre de la familia celestial. Si las visitas de los ángeles son pocas y escasas en tiempos ordinarios, serán frecuentes en nuestras noches de tempestad y de zozobra. Los amigos pueden abandonarnos cuando estamos en apuros, pero nuestras relaciones con los habitantes del mundo angélico serán más frecuentes. Y con la fuerza de las palabras amorosas que se nos revelan desde el Trono por el camino de la escala de Jacob, tendremos poder para hacer proezas. Querido lector, ¿es esta una hora de aflicción para ti? Entonces pide una ayuda especial: Jesús es el ángel del pacto, y si buscamos ahora ardientemente su presencia, la misma no se nos negará. Que esa presencia produce alegría de corazón lo recuerdan aquellos que, como Pablo, han tenido a un ángel junto a sí en una noche de tormenta, cuando las anclas eran impotentes y las rocas estaban cerca.

¡Oh ángel de mi Dios, acércate;

en medio de la oscuridad, acalla mi temor.

Ruge fuerte el tempestuoso mar;

tu presencia, Señor, me confortará.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 109). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La luz reveladora

10 Abril 2017

La luz reveladora
por Charles R. Swindoll

Jeremías 7:11-12
Marcos 11:17-18
Lucas 19:47
Juan 1:5
Juan 2:14-16
Juan 3:19-21
Juan 8:12

De muchas maneras, la Jerusalén a la cual Jesús entró el día lunes, era muy diferente a la ciudad que conocemos en la actualidad. Sin embargo en algunos aspectos no fue así.

De ninguna otra manera podemos entender esto mejor que mediante el choque entre la fe y el comercio en el templo. Los cambistas abusaban de los peregrinos que venían al templo a adorar; los mercaderes vendían animales que ensuciaban el templo profanando el lugar de adoración de Dios.

Jesús demostró Su autoridad como Mesías al expulsarlos del templo, tal como lo había hecho tres años antes. Expulsó a aquellos que utilizaban la adoración como una oportunidad de ganancia financiera, un engaño que el Señor todavía aborrece.

«Está escrito», les recordaba Jesús, «mi casa será llamada casa de oración en todas las naciones, pero ustedes la han hecho una cueva de ladrones». La frase, «cueva de ladrones», viene de la reprimenda que Jeremías le dio a aquellos que abusaron del primer templo de Dios durante la época del profeta. Jeremías se había quedado en el templo y les dijo a los líderes que fueran a Silo para que vieran lo que quedaba del tabernáculo. Esas ruinas presagiaban la destrucción del primer templo. Y Jesús, citando a Jeremías, predijo el mismo resultado para el segundo templo.

Las palabras y las acciones de Jesús en ese lunes causaron molestia entre los líderes judíos. Comenzaron a buscar formas para matarlo. Diariamente Jesús enseñaba en el templo, y la ira que los líderes sentían se iba incrementando. ¿Por qué? Porque la luz revela lo que ocurre en la oscuridad. Con la luz brillante de la verdad, Jesús exponía la hipocresía de esos líderes.1

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

1. Adaptado de Wayne Stiles, Walking in the Footsteps of Jesus: A Journey through the Lands and Lessons of Christ (Ventura, Calif.: Regal, 2008), 123.

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«Mía es la venganza; yo pagaré»

10 ABRIL

«Mía es la venganza; yo pagaré»

Levítico 14 | Salmo 17 | Proverbios 28 | 2 Tesalonicenses 2

El Salmo 17 es una petición de vindicación. Es evidente que David sabe que no siempre actúa justamente (¡Ver Salmo 51!). Pero, en determinadas circunstancias, el creyente puede saber con certeza que ha actuado con integridad y con una rectitud transparente. Es el caso de David en este salmo. Si, en circunstancias de esta clase, unos adversarios han difundido mentiras, o han conspirado contra ti, si, como león al acecho de su presa, están resueltos a hacerte caer (17:10–12), ¿qué debe hacer el justo?

La primera respuesta debe ser una humilde búsqueda de la presencia del Dios que vindica. David espera no sólo una vindicación última, sino también algo mucho más inmediato: “¡Vamos, Señor, enfréntate a ellos! ¡Derrótalos! ¡Con tu espada rescátame de los malvados!” (17:13). No obstante, es consciente de que, al reclamar una vindicación así, Dios lo alinea con los que no sólo pertenecen a este mundo: “¡Con tu mano, Señor, sálvame de estos mortales que no tienen más herencia que esta vida!” (17:14).

Puesto que Dios permanece soberano, la vindicación sólo puede venir de Dios: “Sé tú mi defensor, pues tus ojos ven lo que es justo” (17:2). De hecho, David invoca el amor fiel de Dios hacia los suyos: “Tú, que salvas con tu diestra a los que buscan escapar de sus adversarios, dame una muestra de tu gran amor” (17:7).

Todas estas son lecciones muy importantes que hallan eco, sea en su totalidad o bien en parte, en muchos pasajes de la Biblia. De modo que Pablo dice a los creyentes en Roma, “No paguéis a nadie mal por mal. Procurad hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de vosotros, vivid en paz con todos. No os venguéis, hermanos míos, sino dejad el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», [Deuteronomio 32:35] dice el Señor” (Romanos 12:17–19).

Este es un principio que los creyentes deben constantemente volver a aprender y aplicar a sí mismos. Es fácil asimilarlo cuando las cosas van viento en popa. Sin embargo, cuando los miembros de una congregación comienzan a atacar tu ministerio injustamente, cuando surgen chismosos que van minando tu posición en la empresa a fin de lograr alguna ventaja a expensas tuyas, cuando tus compañeros de facultad achacan a todo lo que hagas o digas las motivaciones más viles, es entonces cuando se pone a prueba la actitud que deja todo en manos del Dios, cuyo cuidado hacia los suyos y cuya pasión para la justicia garantizan la vindicación última.

Esta es la fe que trae alivio a nuestro estrés: “Pero yo en justicia contemplaré tu rostro; me bastará con verte cuando despierte” (17:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 100). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué significa una vergüenza adecuada?

ABRIL, 10

¿Qué significa una vergüenza adecuada?

Devocional por John Piper

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte.(Romanos 6:20-21)

Cuando los ojos de un cristiano son abiertos y puede ver cómo su comportamiento anterior no honraba a Dios, naturalmente se siente avergonzado. Pablo le dice a la iglesia de Roma: «Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte» (Romanos 6:20-21).

Existe un momento oportuno para mirar hacia atrás y sentir una punzada de dolor por haber vivido alguna vez de una manera que fuera tan ofensiva hacia Dios. Veremos en un momento que no tenemos que paralizarnos meditando en esto. Sin embargo, el corazón cristiano sensible no puede pensar en las necedades de cuando era joven y no sentir el eco de la vergüenza, aun después de haber arreglado cuentas con el Señor.

Una vergüenza adecuada puede ser muy sana y redentora. Pablo dijo a los Tesalonicenses: «Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence» (2 Tesalonicenses 3:14). Esto significa que la vergüenza es un paso apropiado, que redime al creyente en la conversión y en el arrepentimiento por una temporada de indiferencia espiritual y pecado. La vergüenza no es algo que se deba evitar a toda costa. Existe un lugar para ella en la relación de Dios con su pueblo.

Podemos concluir que el criterio bíblico para la vergüenza inapropiada y para la vergüenza apropiada está radicalmente centrado en Dios.

El criterio bíblico para vergüenza inapropiada dice: No se sientan avergonzados por algo que honra a Dios, sin importar cuán débiles o tontos o equivocados los haga parecer ante los ojos de otras personas. Tampoco asuman la vergüenza de algo que es verdaderamente vergonzoso, a no ser que en realidad estén de alguna manera involucrados en esa maldad.

El criterio bíblico para vergüenza apropiada dice: Siéntanse avergonzados de tomar parte en algo que deshonra a Dios, sin importar cuán fuertes o sabios o justos los haga parecer ante los ojos de otros.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Los siete milagros de Jesús (3)

lunes 10 abril

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:30-31

Los siete milagros de Jesús (3)

–Sexto milagro (Juan 9:1-12): Jesús dio la vista a un hombre que había nacido ciego. Era un cumplimiento de la profecía: “Te pondré por… luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos” (Isaías 42:6-7). El ciego que ahora veía sabía que Jesús era el Hijo de Dios, pues él mismo se lo había dicho. Él creyó y adoró (Juan 9:38). Jesús nos hace ver espiritualmente, es la fe. Por el contrario, los fariseos que pretendían “ver”, espiritualmente quedaron cegados, es decir, fueron incapaces de discernir quién era Jesús. No es nuestro conocimiento religioso lo que hará que veamos las realidades del Evangelio, sino la fe en Cristo.

–Séptimo milagro (Juan 11:17-44): Jesús resucitó a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días. Así Jesús mostró que él es la resurrección y la vida. La vida de los vivos y la resurrección de los muertos, “para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). Quizás usted o uno de sus seres queridos está en una situación difícil. ¡Mire a Aquel que resucita a los muertos! De una vida estropeada, el Señor puede hacer relucir una vida nueva para su gloria.

Estos siete milagros que Juan recopila en su evangelio traducen en acción las glorias de Jesús: Él inaugura un nuevo orden, comunica la vida, ejerce el juicio y controla las fuerzas de la naturaleza. Es el pan de vida, la luz del mundo. Es la resurrección y la vida. Podemos y debemos creer en él.

Ezequiel 33:21-34:10 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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