Una conciencia limpia

Una conciencia limpia

4/30/2017

¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14)

Nuestra seguridad en Cristo resulta de “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios” (1 P. 3:21). La palabra griega para “aspiración” se refiere a un compromiso, en este caso estando de acuerdo en cumplir ciertas buenas condiciones exigidas por Dios antes de ser puesto en el arca de seguridad (Cristo).

A las personas no regeneradas las condenan su conciencia. Alguien que pide a Dios una buena conciencia está hastiado de su pecado y desea ser liberado de la carga de culpabilidad que lleva. Tiene un temor agobiante del juicio venidero y sabe que solo Dios puede librarlo. Él desea la limpieza que se efectúa mediante la sangre de Cristo (cp. He. 10:22). Así que se arrepiente de su pecado y pide perdón.

Cuando Cristo sufrió en la cruz, el infierno lanzó toda su furia contra Él, y los impíos desahogaron su odio contra Él. Pero a través de ese sufrimiento Él sirvió como arca de seguridad para los redimidos de todas las épocas. Y como triunfalmente dio salvación mediante su sufrimiento, estamos seguros en Él.

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«¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!»

30 de abril

«¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!»

Salmo 139:17

El pensamiento de la omnisciencia divina no concede aliento alguno a la mente impía, pero al hijo de Dios lo inunda de consuelo. Dios piensa en nosotros en todo momento: nunca desvía de nosotros su mente y siempre nos tiene delante de sus ojos. Es así, precisamente, como deseamos que sea; porque resultaría espantoso vivir un solo momento siquiera fuera de la observación de nuestro Padre celestial. Sus pensamientos son siempre tiernos, amables, sabios, prudentes, de gran alcance, y nos otorgan incontables beneficios. De ahí que suponga un placer exquisito el recordarlos. El Señor siempre ha pensado en su pueblo; por ende la elección y el pacto de gracia por el cual la salvación de ese pueblo está asegurada. El Señor siempre pensará en ellos; de ahí su perseverancia final, mediante la que se les llevará con seguridad a su descanso último. En todos nuestros extravíos, la atenta mirada del Vigilante eterno está siempre fija en nosotros, y nunca vagamos más allá de la vista del Pastor. En nuestros pesares él nos observa incesantemente, y ninguno de nuestros dolores se le escapa. En todos nuestros trabajos él advierte nuestra fatiga, y escribe en su libro todas las luchas de sus fieles. Estos pensamientos del Señor rodean cada uno de nuestros pasos y penetran en lo íntimo de nuestro ser. Ningún nervio o tejido, válvula o vaso de nuestro cuerpo está descuidado. En todas las cosas pequeñas de este pequeño mundo piensa nuestro gran Dios.

Querido lector, ¿no es esto precioso para ti? Entonces retenlo. Nunca te dejes extraviar por esos necios racionalistas que predican un Dios impersonal y charlan acerca de la materia como si existiera por sí misma y se gobernara a sí misma. El Señor vive y piensa en nosotros: esta es una verdad demasiado preciosa para que nos la arrebaten fácilmente. Las atenciones de un noble son tan altamente estimadas que quien las obtiene considera que su fortuna está hecha. ¡Cuánto más valioso es ser recordado por el Rey de reyes! Si el Señor piensa en nosotros, todo está bien y podemos regocijarnos siempre.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 129). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una imagen sobrecogedora

30 ABRIL

Una imagen sobrecogedora

Números 7 | Salmo 42–43 | Cantar de Cantares 5 | Hebreos 5

Millones de cristianos han cantado estas palabras como cántico. Otros muchos han reflexionado en ellas en su propia lectura de las Escrituras: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser” (Salmo 42:1).

Es una imagen sobrecogedora. Uno se imagina un ciervo o una cierva, bajando hasta el límite del bosque, en la luz tenue del crepúsculo al final de un día caluroso, para calmar su sed en las aguas frescas de un arroyo cristalino. Cuando los creyentes se han aplicado esta imagen a ellos mismos, han evocado una diversidad enorme de circunstancias personales: los anhelos semimísticos de una valiente orientación teocéntrico que desafía cualquier oposición cultural, o un anhelo solitario de un sentimiento real de la presencia de Dios cuando los cielos parecen mudos como el bronce, un contentamiento sereno con nuestra propia experiencia religiosa, y mucho más.

Pero sean las que sean las aplicaciones de esta imagen conmovedora, la situación del ciervo, igual que la del salmista como veremos más adelante, entraña mucho estrés. El ciervo no se acerca al arroyo para obtener su cuota habitual de agua fresca; está jadeante para lograr beber. El salterio métrico añade las palabras: “acalorado por la caza”. No obstante, esta idea está ausente del texto y la aplicación que hace el salmista no encaja tan bien con esta como con otra posibilidad. El salmista piensa más bien en un ciervo que jadea por corrientes de agua en una estación de sequía y hambre (igual que la que se describe en Joel 1:20). Del mismo modo, él está hambriento de Dios, anhelando su presencia, y en particular estar de nuevo en Jerusalén, disfrutando del culto en el templo, cuando “… yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta” (42:4). En lugar de ello se encuentra abatido (42:5) porque está muy lejos, en el valle de Jordán, cerca de las alturas de Hermón, en el extremo norte del país.

Aquí, el salmista debe luchar contra los enemigos que le atormentan: “mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?” (42:10). Lo único que podrá satisfacer al salmista no es, finalmente, Jerusalén y el templo, sino Dios mismo. Esté donde esté, el salmista puede declarar: “Esta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe” (42:8). Por lo tanto, cobra ánimo con estas reflexiones: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (42:11).

Canta este himno, repite estas líneas antiguas. Y anímate cuando luchas contra la fría niebla del desespero y Dios parece estar lejos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 120). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Quince estrategias para tener gozo

ABRIL, 30

Quince estrategias para tener gozo

Devocional por John Piper

Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre. (Salmos 16:11)

¿Cómo deberemos luchar para tener gozo?

1. Entendamos que el auténtico gozo en Dios es un don.

2. Comprendamos que debemos luchar incesantemente para mantener el gozo.

3. Decidamos atacar a todo pecado que encontremos en nuestra vida.

4. Aprendamos el secreto de la culpa implacable: cómo luchar como un pecador justificado.

5. Entendamos que la batalla consiste principalmente en la lucha por ver a Dios como él en realidad es.

6. Meditemos en la Palabra de Dios día y noche.

7. Oremos de todo corazón y sin cesar para que Dios abra los ojos de nuestro corazón y nos atraiga hacia él.

8. Aprendamos a predicarnos a nosotros mismos, en lugar de escucharnos a nosotros mismos.

9. Pasemos tiempo con personas que estén llenas de Dios, y que nos ayuden a ver a Dios y a pelear la batalla.

10. Tengamos paciencia en la aparente ausencia de Dios en medio de la oscuridad.

11. Descansemos, hagamos ejercicio y sigamos una dieta saludable para cuidar el cuerpo que Dios nos dio.

12. Contemplemos de modo apropiado la revelación de Dios en la naturaleza.

13. Leamos buenos libros acerca de Dios y biografías de grandes santos.

14. Hagamos el bien a los demás con amor, incluso cuando esto implique un esfuerzo de nuestra parte (ser buen testimonio y tener misericordia).

15. Tengamos una visión mundial de la causa de Cristo e invirtamos nuestra vida para alcanzar a los perdido

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Le pedí a Dios que me mostrase dónde hallarlo

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Mateo 7:7-8

Le pedí a Dios que me mostrase dónde hallarlo

Testimonio

«Nací en una familia cristiana, pero no era creyente. Cuando tenía 20 años empecé a buscar a Dios. Me dirigí a los testigos de Jehová y estudié la Biblia con ellos durante cuatro años. Así pude aprender diferentes relatos bíblicos, pero en mi vida nada había cambiado. Puse mi Biblia en un rincón y dejé a Dios de lado.

Más tarde me casé, pero rápidamente tuve muchos problemas en mi vida conyugal… En ese momento nuevamente oí hablar de Dios a través de varios cristianos, pero el mensaje me parecía demasiado hermoso para ser verdad. Un buen día retomé mi Biblia, pero dudaba entre compartir con los testigos de Jehová o con mis nuevos amigos cristianos.

¿En dónde estaba Dios? Con mis ojos llenos de lágrimas… oré con todo mi corazón y pedí a Dios que, si realmente existía, me mostrase dónde encontrarlo. Una hora después encontré en mi buzón una invitación a unas conferencias sobre la fe cristiana. Dos días después fui a la dirección indicada, y ese día me di cuenta de que Jesús había muerto por mí. Le pedí perdón por todos mis pecados.

Toda mi vida cambió, la paz y el amor volvieron a mi hogar. Dios llenó mi corazón con una paz y un gozo totalmente nuevos. Mi marido y varios miembros de mi familia también se convirtieron al Señor. ¡Sí, Dios fue muy bueno conmigo!».

Patricia

«Yo… soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados» (Isaías 43:25).

1 Reyes 1:1-27 – Marcos 5:1-20 – Salmo 50:7-15 – Proverbios 14:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Moral Absoluta

Clasificación “A” 

Moral Absoluta

La moral absoluta como evidencia de la existencia de Dios.

Moral Absoluta

Nathan Díaz

Estudió producción de radio y teología en Moody Bible Institute de Chicago.   Fué director de programación de la estación WMCR en Chicago y después de WBLR en Georgia antes de regresar a México para comenzar Fish Studios.

Actualmente sirve como pastor y maestro en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa (www.iglesiacuajimalpa.org).  Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.