Nunca inofensivo, privado o seguro

Nunca inofensivo, privado o seguro

Luchando en contra de la pornografía con un placer superior

Conozco la esclavitud tentadora de la pornografía por experiencia propia. He luchado y perdido erráticamente a través de la escuela secundaria y la universidad. Visité mi primer sitio pornográfico en sexto grado cuando un compañero me envió un correo electrónico y disfrazó el enlace de modo que pareciera un proyecto escolar.

En diferentes momentos durante la próxima década de luchar con mi pecado, experimentando pequeñas victorias y a menudo muchas derrotas, tuve la idea de que el matrimonio podría curarme. En mi mente, pensé que sólo necesitaba una esposa para satisfacer mi deseo sexual e impaciencia. Así que me permití sumergirme en una relación tras otra, sabiendo que no había lidiado con la impureza que me atormentaba.

La realidad es que ninguna relación podría resolver mi pecado sexual —ninguna relación, es decir, a excepción de conocer a Cristo. Estaba buscando novias, y la esperanza de una futura esposa, para llenar un deseo que sólo Dios podía llenar. Estaba centrado en autodisciplinarme, en citas y el matrimonio, cuando Dios estaba tratando de enseñarme sobre el gozo y mostrándome dónde encontrar el placer verdadero.

La siesta que nunca termina

La pornografía parece devorar tanto (o más) pies cuadrados de terreno espiritual como cualquier otra amenaza para los jóvenes cristianos de hoy. Tenemos que tomar esta mala hierba más en serio donde sea que sus hojas espinosas comiencen a brotar. Aunque la pornografía pueda parecer inofensiva o privada, no lo es.

  • La pornografía nos ciega delante de Dios (Mateo 5:8). Empaña nuestros ojos delante de Su bondad, verdad y belleza.
  • La pornografía nos enseña a tratar a las mujeres como objetos, como a menos que humanas. Las presenta como posesiones para ser usadas y disfrutadas, para luego ser desechadas.
  • La pornografía promueve la esclavitud sexual —gente real retenida en contra de su voluntad y violadas repetidamente— en todo el mundo, incluso en los Estados Unidos, incluso en tu ciudad o la ciudad principal más cercana.
  • La pornografía menosprecia la verdadera belleza; al igual que el temor del Señor (Proverbios 31:30), y lo reemplaza con una imitación barata y que se desvanece.
  • La pornografía hace que el sexo sea momentáneo y sin importancia, como un cigarrillo, en lugar de ser importante y duradero, como lo es en el matrimonio.
  • La pornografía nos priva de algunas de las delicias que pudiéramos tener con nuestro cónyuge. Nos impide experimentar y disfrutar de ellos y sus cuerpos sin una sombra de imágenes de nuestro pasado.
  • La pornografía arruina rápidamente la confianza en una relación. Nos anima a mentir y a ocultarnos de los demás, a caminar en oscuridad y luego construir muros alrededor de nosotros en la oscuridad.
  • La pornografía atrofia groseramente nuestra madurez, el desarrollo de nuestra mente y nuestros dones, nuestra capacidad de entender a Dios y amar a los demás.
  • La pornografía persigue una licenciatura en el egoísmo, que nos enseña una y otra vez a centrarnos en nosotros mismos, a preferirnos a nosotros mismos y a servirnos a nosotros mismos.
  • La pornografía nos impide participar en todo tipo de ministerio, descalificando a muchos y desmotivando a otros más.
  • La pornografía le está enseñando a muchos niños una distorsión horrible y malvada del amor y el sexo, incluso antes de que sus padres le expliquen la verdad.

La pornografía no es una práctica inofensiva. Si continuamos complaciéndonos con ella, la pornografía robará todo de nosotros. Nos alejará de Cristo y todo aquello que Él quiso darnos a través de Su muerte: perdón, libertad, vida, esperanza, paz y gozo.

Silenciosamente secuestra a millones de personas llevándolas a una agonía interminable y consciente, alejándolas de Dios y de la gloria de encontrarnos con Él. Esclaviza a hombres y mujeres, matándolos de hambre día tras día sin nunca alimentarlos completamente, hasta que se pierden y quedan hambrientos para siempre.

La pornografía nos adormece. Pero no es sueño; es muerte. Se siente como una breve y cómoda siesta, pero nunca despertamos. En nuestra sociedad somos bombardeados constantemente con pornografía, saliendo de todos los poros de nuestros medios de comunicación y tecnología. La mala hierba se ha extendido sin parar por todas partes, incluso donde no es deseada y nos matará si se lo permitimos.

Diez formas de despertar

Uno de los momentos de mayor lucidez para mí en mi camino a la victoria sobre la pornografía, fue darme cuenta de que no era solo una cuestión de autocontrol. El fruto del Espíritu no funciona o crece de esa manera. Nuestros deseos rotos de imágenes o videos sugieren que todo fruto se está pudriendo, no sólo el autocontrol.

Nuestra lucha por la pureza no es meramente una lucha por el dominio propio. Es también una búsqueda y expresión de amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y gozo. Cuando nos centramos en la fuerza de voluntad y autonegación y nos olvidamos del resto, nos privamos de la mayoría de las armas que Dios nos ha dado para la guerra.

  1. Cada vez que evitamos mirar la inmodestia, miramos hacia otro lado en amor por nuestro (futuro) cónyuge, por nuestros (futuros) hijos y por la persona inmodesta en frente de nosotros, alguien hecho a la imagen de Dios.
  2. Cuando nos negamos a experimentar el pecado sexual, celebramos nuestra paz con Dios, comprada a un precio incalculable con la sangre de su Hijo. Nos negamos a volver a crucificar a Cristo con más rebelión, y optamos por descansar en el perdón y la vida que Él compró para nosotros.
  3. No complacernos con pornografía o cualquier otra actividad sexual antes del matrimonio puede ser el más brillante letrero de la paciencia hoy día. Nadie en el mundo espera que la evites, pero cuando lo haces, le dices en voz baja a Dios (y a cualquier otra persona que sepa) que Él y su plan son más de lo que jamás hubieras soñado para ti mismo.
  4. La pureza sexual es tanto o más acerca de tener paciencia que de lo que es de tener autocontrol, porque Dios quiere que disfrutes del sexo de la mejor manera posible, en la seguridad y estabilidad del matrimonio.
  5. Cambiamos manipulación y abuso por bondad cuando rechazamos la distorsión retorcida y corrupta que hace la pornografía del sexo. En lugar de aprender a usar a la gente para nuestros propios deseos, enseñamos al mundo a cómo vivir en favor de los intereses de los demás.
  6. La pornografía se ha ocultado en innumerables sitios del internet, difundiendo la maldad en muchos rincones de nuestro mundo. Cuando rechazamos su invitación, disminuimos su alcance e influencia, aunque solo sea por una persona. Y nos damos la oportunidad, en cambio, de ser un agente de la bondad, de usar las redes sociales como un canal para un mensaje totalmente diferente. Podemos llenar la web con enlaces de verdad y belleza, de artículos, vídeos y más cosas que declaren la grandeza de nuestro Dios y de Su amor por nosotros.
  7. Nadie elogia tu fidelidad a Dios cuando parece que no te cuesta absolutamente nada. Incluso cuando parezca que todos los demás de tu edad están lazándose de cabeza a las profundidades de la lujuria, actividad sexual y pornografía —y presumiendo de ello— podemos vivir (y esperar) dramáticamente diferente.
  8. No hay nada de extraño o radical sobre hundirse y gratificarse con el mundo, viendo la película explícitamente sexual que todos los demás están viendo o leyendo la novela romántica explícitamente sexual que al parecer disfrutan todos tus compañeros de clase. Lo que se destacará es nuestra feliz determinación de resistir todos los males en fidelidad a nuestro Rey y Amigo en el cielo.
  9. La educación sexual de la pornografía alienta una manipulación forzada e incluso brutalidad. Es simplemente sexo irreal. El sexo real, el sexo que dos personas pueden disfrutar de por vida sin aburrirse u ofender a Dios, es paciente, desinteresado y gentil.
  10. Por último, la batalla por la pureza no es una batalla en contra de tu gozo, o de no robar cualquier placer o la felicidad de ti en absoluto. Es una batalla por tu gozo, sí en el cielo, pero también ahora. Es posible que estés cambiando un momento de placer, pero en su lugar estás recibiendo una eternidad placentera.

Rechaza hacer clic y elige más de Dios

Aquellos que decidan ver menos ahora, verán más en la eternidad. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Hay cosas que vemos y con las cuales nos gratificamos, que nos ciegan delante de Dios. No hay nada más espectacular y satisfactorio que ver y disfrutar de Dios, pero qué tan rápido y gentilmente cambiamos esa experiencia por unos míseros minutos de excitación.

Cada vez que nos exponemos y nos entretenemos con la impureza, estamos sacrificando nuestra conciencia y conocimiento de la virtud más alta, de la majestad más plena y del amor más grande que alguien haya experimentado alguna vez. Y cada vez que evitamos la pornografía u otro material sexualmente estimulante, nos preparamos para ver y disfrutar más de nuestro mayor tesoro.

Jesús dice: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44).

Cuando nos negamos a hacer clic en búsqueda de un mayor gozo en Jesús, estamos vendiendo lo que este mundo ofrece y comprando un tesoro de valor incalculable lleno de verdadera belleza y felicidad.


Publicado originalmente en DesiringGod.org | Traducido con permiso por Alicia Ferreira de Díaz

 

Marshall Segal es un escritor y editor para desiringGod.org.

Es graduado del Bethlehem College & Seminary.

Él y su esposa tiene un hijo y viven en Minneapolis.

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”

9 ABRIL

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»

Levítico 13 | Salmos 15–16 | Proverbios 27 | 2 Tesalonicenses 1

Véanse las letras mayúsculas: “Yo le he dicho al SEÑOR: «Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”. (Salmo 16:2). En otras palabras, cuando David se dirige a Yahvé “SEÑOR”, su Maestro, luego añade “Fuera de ti, no poseo bien alguno”.

(1) Según cómo se miren, estas palabras parecen delimitar el bien, y así llegan incluso a definirlo. No existe el último bien si está abstraído y separado del concepto de Dios. Puede que sea “bien” en un sentido relativo, por supuesto. El Señor hizo el sol y lo pronunció “bueno”, y de hecho, es bueno: es la fuente de toda la energía de este mundo. No obstante, una vez abstraído del conocimiento de Dios, se convirtió en objeto de culto entre muchos pueblos antiguos (se llamaba Ra en Egipto – y la misma comunidad del pacto podía verse arrastrada en un culto sincretista al sol, Ezequiel 8:16) y atrae hoy día a otra clase de adoradores del sol. Puede ser que disfrutemos una buena salud y esto, evidentemente, es bueno. Pero supongamos que usamos esta energía para hacer lo que es egoísta o malvado, o desplegamos las bendiciones que Dios nos encomienda simplemente para ordenar nuestras vidas lo más autónomamente posible. Aparte del Señor, “no poseo bien alguno”.

(2) Y vistas desde otra perspectiva, estas palabras son literalmente verdaderas. Puesto que Dios es el Creador de todo, no puede haber ningún bien que disfrutamos que no nos haya venido de él. “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto”, escribe Santiago (1:17). Pablo pregunta, “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). Por lo tanto, nuestra prioridad en el uso de estas cosas debe ser la gratitud. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(3) Pero el texto es más visceral que esto. Su tono está más cerca de las palabras de Asaf: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna” (Salmo 73:25–26). En comparación con el conocimiento personal de nuestro Hacedor y nuestro Redentor, no hay nada que tenga mucho valor, sea en esta vida o en la venidera. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(4) El texto nos hará pensar también en otros pasajes que contienen las palabras “aparte de”. Tal vez el más conocido sea Juan 15:5, donde Jesús dice: “Yo soy la vid y vosotros las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no podéis hacer nada”. Aparte de la vid, nosotros las ramas no llevamos ningún fruto; y aparte de él “no poseemos ningún bien”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 99). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

ABRIL, 09

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

Devocional por John Piper

Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. (Salmos 23:4)

La forma de este salmo es instructiva.

En los primeros tres versículos David se refiere a Dios como «él».

El Señor es mi pastor…

[él] me hace descansar…

[él] me conduce…

Él restaura mi alma.

Después, en los versículos 4 y 5, David se refiere a Dios como «tú»:

No temeré mal alguno porque tú estás conmigo;

tu vara y tu cayado me infunden aliento;

tú preparas mesa delante de mí;

[tú] has ungido mi cabeza con aceite.

Luego, en el versículo 6, regresa a la tercera persona:

En la casa del Señor moraré…

La lección que he aprendido de este formato es que es bueno no hablar por mucho tiempo acerca de Dios sin hablarle a Dios.

Cada cristiano es por lo menos un teólogo amateur, es decir, una persona que trata de entender el carácter y los caminos de Dios y luego lo expresa en palabras. Si no somos pequeños teólogos, entonces no nos hablaremos unos a otros acerca de Dios y nos ayudaremos muy poco en nuestra fe.

Pero lo que he aprendido de David en el Salmo 23 y en otros salmos es que debería entrelazar mi teología con mis oraciones. Debería interrumpir frecuentemente mis conversaciones acerca de Dios con palabras dirigidas a Dios.

No mucho después de la frase teológica que dice «Dios es generoso», debería venir la frase en oración «Gracias, Señor».

Inmediatamente después de «Dios es glorioso», debería seguir «Adoro tu gloria».

Lo que he llegado a ver es que esta es la manera en que debe ser, si es que sentimos la realidad de Dios en nuestro corazón y también la describimos con nuestra mente.

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Los siete milagros de Jesús (2)

domingo 9 abril

Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.

Juan 6:18-20

Los siete milagros de Jesús (2)

–El tercer milagro que Jesús hizo fue sanar a un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, quien reconocía su total incapacidad para salir de su situación por sí mismo (Juan 5:1-9). Esta historia nos muestra que Dios puede liberarnos, independientemente de nuestra edad o situación: basta reconocer nuestra propia incapacidad.

–Cuarto milagro (Juan 6:1-15): Jesús alimentó de forma milagrosa a 5.000 personas con cinco panes y dos peces, señal de que Jesús es el pan de vida, como lo declaró después, añadiendo: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). En el corazón humano hay necesidades semejantes al hambre y la sed, las cuales solo Jesús puede apaciguar.

–Quinto milagro (Juan 6:16-27): Jesús caminó sobre las aguas, señal de que las fuerzas de la naturaleza están sujetas a su autoridad. Este milagro manifiesta su divinidad (Salmo 77:15-20; Job 9:8). Por ello los discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús, pero al escuchar su voz, se tranquilizaron; y en el momento en que le recibieron, su barca llegó a tierra al lugar a donde querían ir. Al reconocer a Jesús, al escuchar su voz, pasaron de la agitación, de la turbación (figurado por el mar), a la paz, la serenidad.

Este pasaje muestra el verdadero carácter de la fe. La fe cristiana confía en Jesús, quien nos acerca a Dios y hace que esté a nuestro lado.

(mañana continuará)

Ezequiel 33:1-20 – 1 Tesalonicenses 4 – Salmo 41:1-6 – Proverbios 13:7-8

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«No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo»

8 de abril

«No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo»

Salmo 23:4

¡ Mirad cuán independiente de las circunstancias externas hace al cristiano el Espíritu Santo! ¡Qué luz tan brillante resplandece dentro de nosotros cuando fuera no hay más que tinieblas! ¡Cuán firmes, felices, tranquilos y llenos de paz podemos estar aunque el mundo nos sacuda de acá para allá y se conmuevan los pilares de la tierra! Aun la muerte misma, con todo su influjo, no tiene poder para interrumpir la música del corazón cristiano; antes, al contrario, ella hace que esa música sea más dulce, más clara, más celestial. Finalmente, el último acto bondadoso que la muerte podrá efectuar será dejar que la melodía terrenal se funda con el coro celeste, y el gozo terrenal, con la felicidad eterna. Tengamos confianza, pues, en el poder del Espíritu bendito para confortarnos. Querido lector, ¿estás presintiendo la pobreza? No temas; el divino Espíritu es capaz de darte en tu necesidad una abundancia mayor que la del rico. Tú no sabes qué goces pueden estar guardados para ti en la choza en torno de la cual la gracia plantará rosas de alegría. ¿Te estás dando cuenta de que tus fuerzas físicas disminuyen? ¿Esperas sufrir largas noches de tristeza y días de dolor? ¡Oh, no estés melancólico! Esa cama puede llegar a ser un trono para ti. Tú conoces poco tocante a cómo todo dolor que atraviesa tu cuerpo puede ser un fuego purificador que consuma tus escorias, un destello de gloria que ilumine las partes secretas de tu alma. ¿Se están oscureciendo tus ojos? Jesús será tu luz. ¿Te están fallando los oídos? El nombre de Jesús será la mejor música para tu alma, y su persona, tu placer predilecto. Sócrates solía decir: «Los filósofos pueden ser felices sin la música». Y los cristianos pueden ser más felices que los filósofos cuando se ven privados de todas las causas externas de regocijo. En ti, Dios mío, mi corazón vencerá, venga lo que venga de los males exteriores. ¡Oh bendito Espíritu, por tu poder mi corazón estará muy gozoso aunque todas las cosas de aquí abajo me fallen!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 107). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Qué quiere decir santo?

8 ABRIL

¿Qué quiere decir santo?

Levítico 11–12 | Salmos 13–14 | Proverbios 26 | 1 Tesalonicenses 5

En esta meditación, quiero juntar dos pasajes: “Yo soy el SEÑOR vuestro Dios, así que santificaos y manteneos santos, porque yo soy santo. No os hagáis impuros por causa de los animales que se arrastran. Yo soy el SEÑOR, que os sacó de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos, porque yo soy santo.” (Levítico 11:44–45); “Dice el necio en su corazón: «No hay Dios»” (Salmo 14:1).

¿Qué quiere decir santo? Cuando los ángeles dicen “Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso” (Isaías 6:3; ver Apocalipsis 4:8), ¿acaso quieren decir “Moral, moral, moral es el Señor Todopoderoso”? Incluso plantear una pregunta así demuestra hasta qué punto son inadecuadas semejantes definiciones comunes de la palabra santo.

En su esencia, santo es casi un adjetivo cuyo sustantivo correspondiente es Dios. Dios es Dios; Dios es santo. Es único; no hay ningún otro. Por lo cual, por consecuencia, todo aquello que le pertenece a él exclusivamente puede designarse santo. Podría tratarse tanto de personas como de objetos: ciertos incensarios eran santos, no porque fuesen morales, y evidentemente tampoco porque fuesen divinos, sino porque, en un sentido derivativo, su uso está limitado a lo que tiene que ver con Dios y sus propósitos, y por tanto separados de cualquier otro uso. Cuando se refiere a ciertas personas como santas, lo son en el mismo sentido: pertenecen a Dios, le sirven y en cada área funcionan con respecto a sus propósitos. (Ocasionalmente, en el Antiguo Testamento, hay otra acepción de la palabra para hablar del dominio de lo sagrado, de modo que incluso los sacerdotes paganos pueden designarse santos. Pero este no es el significado que nos ocupa aquí.)

Si alguien se comporta de cierta manera porque pertenece a Dios, podríamos decir que su comportamiento es moral. Cuando Pedro cita estas palabras, “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16), lo que implica es que sus lectores se arrepientan de sus “malos deseos” (1:14) para vivir “con temor reverente” (1:17). Pero no es ningún accidente que estas palabras de Levítico 11 no ocurran en un contexto de mandamientos y prohibiciones morales sino de restricciones ceremoniales relativas a los alimentos limpios y otros que no lo son. En lo que se refiere a pertenecer a Dios, vivir según sus condiciones, manteniéndonos apartados para él, deleitándonos en él, obedeciéndole a él, honrándole a él – estas restricciones son más fundamentales que las normas específicas de la obediencia que llamamos moral o ceremonial.

De hecho, esta posición es tan básica en el universo de Dios, que sólo el necio dice: “No hay Dios” (Salmo 14:1). Esta mentalidad es precisamente lo contrario de la santidad, siendo su manifestación más fundamental y patente el hecho de que: “Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno!” (14:1).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 98). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Demos a conocer a Satanás su derrota

ABRIL, 08

Demos a conocer a Satanás su derrota

Devocional por John Piper

Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros. (Santiago 4:7)

Mientras más real parezca Satanás en nuestro día, más preciosa será la victoria de Cristo para aquellos que creen en él.

El Nuevo Testamento enseña que cuando Cristo murió y resucitó, Satanás fue vencido. Se le ha concedido un tiempo de libertad limitada, pero su poder contra el pueblo de Dios está quebrantado y la destrucción del diablo es segura.

  • «El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8).
  • «Él [Cristo] también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—» (Hebreos 2:14). *«Y habiendo [Dios] despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él» (Colosenses 2:15).

En otras palabras, el golpe decisivo fue dado en el Calvario. Y un día, cuando el tiempo de la libertad limitada de Satanás haya terminado, dice Apocalipsis 20:10: «El diablo… será arrojado al lago de fuego y azufre… serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos».

¿Qué significa esto para aquellos que seguimos a Cristo?

  • «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).
  • «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33).
  • «Ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes… ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús» (Romanos 8:38).
  • «Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4).
  • «Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos» (Apocalipsis 12:11).

Por lo tanto: ¡«Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros»! Él ya ha sido vencido, y nos ha sido dada la victoria. Nuestra tarea ahora es vivir en esa victoria y dar a conocer a Satanás su derrota.

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Los siete milagros de Jesús (1)

sábado 8 abril

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

Juan 2:11

Los siete milagros de Jesús (1)

En su evangelio el apóstol Juan relata solamente siete milagros de Jesús entre tantos otros que hizo, a favor de los que le rodeaban (Juan 20:30-31). En la Biblia, los milagros ponen en evidencia el poder de Dios. A veces son llamados “prodigios”, porque suscitan la admiración, o “señales”, porque centran nuestra atención sobre lo que Dios quiere revelarnos. Los milagros que Jesús hizo son señales que nos muestran diferentes aspectos de su persona. Nos han sido dados para invitarnos a creer en él (Juan 2:11).

–El primer milagro de Jesús fue cambiar el agua en vino (Juan 2:1-11). Es la señal de que él regocija el corazón del creyente y hace “nuevas todas las cosas”. En las bodas de Caná, las seis tinajas de piedra, que contenían el agua empleada para las purificaciones rituales, son símbolos de la antigua religión, dominada por la “ley”. Pero, en contraste, el milagro del agua transformada en vino da testimonio de que en Jesús el reino de Dios está presente, un reino de amor, de paz y de gozo.

–El segundo milagro que Jesús hizo fue curar a un enfermo a distancia, mediante una frase (Juan 4:46-54). Un hombre le pidió que fuese a ver a su hijo enfermo. Jesús le respondió: “Ve, tu hijo vive”. El hombre creyó, regresó a su casa y encontró a su hijo sano. La palabra de Jesús es poderosa para dar la vida. ¡Escucharla y recibirla es vivir! Este hombre le tomó la palabra a Jesús. Así es como deberíamos recibir la Palabra de Dios. Pidámosle que toque nuestros corazones para que creamos lo que nos promete.

(mañana continuará)

Ezequiel 32 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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LA TRANSFORMACION

4/7/2017

LA TRANSFORMACION

Así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6:4)

El propósito del sacrificio expiatorio de Cristo fue que “nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 P. 2:24). Pedro no dice que Cristo murió para que pudiéramos ir al cielo, tener paz o experimentar el amor. Él murió para efectuar una transformación: Hacer santos de pecadores. La obra expiatoria de Cristo permite que una persona se aparte del pecado y que entre en una nueva forma de vida: Una vida de justicia.

El apóstol Pablo dijo: “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:6). Hemos muerto al pecado, de modo que ya no tiene poder sobre nosotros. Primera Pedro 2:24 repite ese pensamiento: nuestra identificación con Cristo en su muerte es un abandono del pecado y una nueva dirección en la vida.

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«Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia».

7 de abril

«Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia».

Salmo 51:14 (LBLA)

En esta solemne confesión, es grato observar que David claramente nombra su pecado. No lo llama meramente homicidio, ni se refiere al mismo como a un acto de imprudencia por el cual le ocurrió un desafortunado accidente a un hombre digno, sino que se refiere al mismo por su verdadero nombre: delito de sangre. En realidad, David no mató al esposo de Betsabé; pero, sin embargo, fue en su corazón donde se fraguó la muerte de Urías y, para Dios, fue él quien lo asesinó. Aprende a ser sincero con Dios en la confesión. No des nombres bonitos a los pecados inmundos. Los llames como los llames, eso no les proporcionará un olor más agradable. Procura ver el pecado como lo ve Dios y reconoce, con sinceridad de corazón, su verdadero carácter. Observa que David se sentía evidentemente oprimido por la enormidad de su pecado. Es fácil emplear palabras, pero difícil valorar el significado de las mismas. El Salmo 51 es la fotografía de un espíritu contrito. Busquemos ese mismo quebrantamiento de corazón; porque, aunque nuestras obras fueran excelentes, si nuestros corazones no tuviesen conciencia de que el pecado merece el Infierno, no podríamos esperar recibir el perdón.

Nuestro texto contiene una oración ferviente dirigida al Dios de la salvación: perdonar es su prerrogativa. Salvar a los que buscan su rostro constituye su fama y su función. Más aún, el texto lo llama Dios de mi salvación. Sí, bendito sea su nombre, mientras voy a él por medio de la sangre de Cristo, puedo regocijarme en el Dios de mi salvación.

El Salmista termina con un loable voto: si Dios lo libra, él cantará; más aún, cantará con gozo (v. 14). ¿Quién puede cantar de otra manera por tal bondad? Sin embargo, observemos el tema de la canción: «Tu justicia». Debemos cantar acerca de la obra consumada por el precioso Salvador, y los que mejor conozcan el amor perdonador cantarán con más gozo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 106). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.