Gracia suficiente

7 Abril 2017

Gracia suficiente
por Charles R. Swindoll

2 Corintios 12:2-10

Deshágase de la idea de que el contentamiento requiere bienestar. El contentamiento es posible, no importa lo terrible que puedan ser nuestras circunstancias. Cuando estuvo bajo arresto domiciliario, Pablo escribió: “He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias, he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:11-13). De nuevo nos encontramos con lo mismo. ¿Se dio cuenta? El secreto del contentamiento de Pablo era saber que la fortaleza de Cristo se perfeccionaba en su debilidad. Lo entendió de verdad. . . ¡y qué liberador se le volvió este concepto!

El tema del sufrimiento es delicado. No es fácil tratarlo, porque sé que estoy escribiendo a personas que lo han conocido con una profundidad que yo nunca he experimentado. Tampoco quiero dar la impresión de que soy un modelo en cuanto a cómo enfrentarlo. Para ser sincero con usted, son incontables las veces que no sé cómo responder adecuadamente a la adversidad. Es mucho más fácil escribir un capítulo sobre la adversidad, que modelar esas cosas que se ven tan bien por escrito. A veces caigo en la autoconmiseración, tengo un quebrantamiento de corazón y mi espíritu decae. Por tanto, si esa es su experiencia en este momento, puedo identificarme con usted.

Mi deseo es que usted y yo nos aferremos a la gracia y que cultivemos la firmeza en medio de nuestro sufrimiento, al igual que Pablo. Y, de paso, que nos independicemos de la frenética búsqueda de la felicidad tan generalizada en nuestra cultura. La felicidad es un subproducto del contentamiento. Después que Pablo descubrió eso, vivió de esa manera. Yo todavía no he llegado completamente a eso; y lo más probable es que usted tampoco. Por eso, seguimos adelante, creciendo y aprendiendo, recordando que el Señor debe crecer, y nosotros menguar.

La próxima vez que usted escuche que tocan a su puerta, antes de abrirla repita estas palabras para usted mismo: “Su gracia es suficiente para mí”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La perspectiva de Jesús sobre la religión y la política.

«Jesús y el César»

Marcos 12:13-17

La perspectiva de Jesús sobre la religión y la política.

Ps. Sugel Michelén

​Sugel Michelén (MTS) ha sido por más de 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana, de un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada, y recientemente de De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

«Santo y Profano»

7 ABRIL

«Santo y Profano»

Levítico 10 | Salmos 11–12 | Proverbios 25 | 1 Tesalonicenses 4

En Levítico 8, Aarón y sus hijos, mediante un ritual prescrito por Dios, son ordenados sacerdotes. En Levítico 9, comienzan su ministerio. Aquí, en Levítico 10, transcurridos menos de siete días desde la ceremonia de ordenación, dos de los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, meten carbones en sus incensarios y ponen incienso, aparentemente con la intención de añadir algo propiamente suyo a las ceremonias y ritos que Dios había instituido. Pero “salió de la presencia del Señor un fuego que los consumió, y murieron ante él” (10:2). Antes de que Aarón pudiese protestar, Moisés pronuncia un oráculo de Dios: “Entre los que se acercan a mí manifestaré mi santidad, y ante todo el pueblo manifestaré mi gloria. Y Aarón guardó silencio” (10:3).

Y hay más. Moisés insiste en que Aarón y sus otros dos hijos, Eleazar e Itamar, no rompiesen el ciclo sagrado de la ordenación participando en un acto de duelo público para Nadab y Abiú. No deben salir del tabernáculo, pues “el aceite de la unción del Señor está” sobre ellos (10:7). Los primos de los difuntos serán más bien los que se ocupen de las obligaciones familiares (10:4–5).

¿Qué hay que pensar sobre este episodio? Un cínico opinaría que de lo que se trata es de elevar el ritual por encima de las personas. ¿No es muy insensible que Dios destruya a dos hijos hechos y derechos de Aarón tan sólo porque quisieran animar un poco más el culto de alabanza?

No pretendo conocer la respuesta a esta pregunta. No obstante, tengamos en cuenta lo siguiente:

(1) Dios había dicho repetidamente que todo lo relacionado con los servicios del tabernáculo tenía que ejecutarse exactamente conforme a la pauta que él había provisto en la montaña. Ya había demostrado ser el Dios que no tolera rivales, y que espera obediencia. Lo que está en juego aquí es si Dios realmente es Dios.

(2) A lo largo de la Biblia, cuanto más cerca se esté de un momento de revelación o de renovación espiritual, más contundente es la sanción divina contra aquellos que desafíen a Dios. Uza extiende la mano para estabilizar el arca, y muere; Ananías y Safira mueren porque mienten. En tiempos espiritualmente más fríos y rebeldes, parece que Dios permite que la gente se tome unas libertades extraordinarias antes de intervenir para pararles los pies. No obstante, son los primeros tiempos, los tiempos de renovación espiritual, los que traen mayores bendiciones: más experiencias de la presencia inmediata de Dios, más celo disciplinado entre los fieles.

(3) En este contexto, es casi seguro que Nadab y Abiú tenían unas motivaciones desafiantes y egoístas. Pues, cuando Aarón propone una modificación diferente de la ceremonia, siendo buenas las motivaciones que le llevaron a hacerlo, vemos una flexibilidad sorprendente (10:16–20).

(4) Esta dura lección sirvió para preparar a los sacerdotes para otro aspecto primordial de su ministerio: “para que puedan distinguir entre lo santo y lo profano, y entre lo puro y lo impuro, y puedan también enseñar a los israelitas todos los estatutos que el Señor les ha dado a conocer por medio de Moisés”, (10:10–11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 97). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Lo que significa orar por nuestro enemigo

ABRIL, 07

Lo que significa orar por nuestro enemigo

Devocional por John Piper

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. (Mateo 5:44)

Orar por nuestros enemigos es una de las formas del amor más profundas porque significa que verdaderamente queremos que algo bueno les suceda.

Puede ser que hagamos cosas buenas por nuestros enemigos sin ningún deseo genuino de que les vaya bien. Pero orar por ellos es algo que hacemos en la presencia de Dios, quien conoce nuestro corazón, y la oración consiste en interceder delante de Dios por ellos.

Podría ser que orásemos por la conversión de ellos, podría ser por su arrepentimiento. Podría ser para que se despierten de la enemistad de su corazón. Podría ser para que abandonen esa espiral descendente del pecado, inclusive si se necesitara una enfermedad o calamidad para lograrlo. Cualesquiera fuere el caso, la oración que Jesús tiene en mente aquí es siempre por su bien.

Esto es lo que Jesús hizo mientras estaba colgado en la cruz:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).

Y eso fue lo que hizo Esteban mientras lo apedreaban:

Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado (Hechos 7:60).

Jesús nos llama no solo a hacer buenas obras a nuestros enemigos, como saludarlos y ayudarlos en sus necesidades; él también nos llama a desear lo mejor para ellos, y a expresar esos deseos en oraciones cuando el enemigo no esté alrededor.

Nuestro corazón debería desear su salvación y anhelar la presencia de ellos en el cielo y querer su felicidad eterna. Entonces oramos como lo hizo el apóstol Pablo por los judíos, muchos de los cuales no le hicieron la vida muy fácil.

El deseo de mi corazón y mi oración a Dios es por la salvación de ellos (Romanos 10:1).

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Aún en la cáscara

viernes 7 abril

 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.

1 Corintios 2:9

Aún en la cáscara

El alma en el interior del cuerpo humano puede ser comparada al pajarito escondido en la cáscara del huevo. Si por algún medio el pollito pudiera enterarse de que al exterior del huevo existe un vasto mundo lleno de luz, flores, praderas, ríos, colinas; si se le dijera que todo es magnífico, que sus padres viven en ese mundo y que él mismo formará parte de él cuando salga de su prisión, no entendería nada y no creería nada de lo que se le dice. Si usted pudiera explicarle que un día verá todo esto con sus pequeños ojos, que volará con sus alas aún imperfectas, tampoco creería; ninguna prueba lo convencería.

Así mucha gente no cree en la vida futura ni en la existencia de Dios, porque no puede verlas mientras está en su «cáscara» terrenal. Su imaginación, semejante a ojos cerrados, a alas demasiado débiles, es incapaz de volar más allá de los límites de su razón; no puede ver con sus ojos físicos las cosas espléndidas y eternas que Dios preparó para los que le aman.

El hombre, criatura limitada, necesita la fe para elevarse al nivel de los misterios del Dios infinito. Es imposible que el ser humano con su inteligencia limitada pueda penetrar en las profundidades de los secretos divinos con los únicos medios que posee en sí mismo.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:1, 7).

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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El peso de nuestro castigo

4/6/2017

El peso de nuestro castigo

Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos. (Hechos 9:28)

Cuando el apóstol Pedro dijo que Cristo “llevó” nuestros pecados (1 P. 2:24), empleó un término que significa “llevar una carga muy pesada”. Eso es el pecado. Es tan pesado que Romanos 8:22 dice: “Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto” bajo su peso. Solo Jesucristo pudo quitarnos semejante peso.

Cuando Cristo “llevó nuestros pecados”, llevó el castigo de nuestros pecados. Él sufrió la muerte física y espiritual. Cuando Jesús clamó en la cruz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46), el suyo fue el grito de muerte espiritual. Ese era el castigo de llevar nuestros pecados.

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«En nombre del SEÑOR ciertamente las destruí».

6 de abril

«En nombre del SEÑOR ciertamente las destruí».

Salmo 118:12 (LBLA)

Nuestro Señor Jesús no adquirió con su muerte el derecho a una sola parte de nuestro ser, sino a nuestro ser entero. Él contempló en su Pasión nuestra santificación plena: espíritu, alma y cuerpo; para que en este triple reino él pudiera reinar supremo y sin rival. La nueva naturaleza que Dios ha dado a los regenerados tiene como cometido defender los derechos del Señor Jesucristo. Alma mía, por cuanto eres una hija de Dios, has de conquistar el resto de tu ser que aún permanece fuera de la bendición. Debes someter todas tus facultades y pasiones al cetro de plata del benigno Reino de Jesús, y nunca estar satisfecha hasta que Aquel que es Rey por adquisición, llegue a serlo también por coronación de gracia y gobierne supremo en ti. En vista, pues, de que el pecado no tiene derecho a ninguna parte de nuestro ser, emprendemos una buena y legítima guerra cuando procuramos, en el nombre de Dios, eliminarlo. ¡Oh cuerpo mío, eres un miembro de Cristo! ¿Toleraré tu sumisión al príncipe de las tinieblas? ¡Oh alma mía, Cristo ha sufrido por tus pecados y te ha redimido con su preciosísima sangre! ¿Permitiré que tu memoria sea un depósito de mal, o tus pasiones, teas de iniquidad? ¿Entregaré mi juicio para que lo pervierta el error o mi voluntad para que la introduzcan en las prisiones de iniquidad? No, alma mía, tú eres de Cristo y el pecado no tiene derecho sobre ti. Ten ánimo en cuanto a esto, oh cristiano: no te desalientes como si nunca pudieran destruirse tus enemigos espirituales. Puedes vencerlos y los vencerás, no por tus propias fuerzas —pues el más débil de ellos será demasiado fuerte para ti—, sino por la sangre del Cordero. No preguntes: «¿Cómo los desposeeré, pues son más grandes y poderosos que yo»?, sino ve al Fuerte en busca de fuerzas; espera humildemente en el Señor, y el poderoso Dios de Jacob vendrá sin duda a librarte y tú cantarás victoria por medio de su gracia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 105). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Por qué te escondes en momentos de angustia?”

6 ABRIL

¿Por qué te escondes en momentos de angustia?”

Levítico 9 | Salmo 10 | Proverbios 24 | 1 Tesalonicenses 3

El Salmo 10 continúa el tema de la justicia y del juicio de Dios, aunque ahora ya no se trata directamente de la cuestión de la justicia inmediata y personal para David al sentirse traicionado por sus enemigos, sino de una visión más amplia de la justicia de Dios. ¿Dónde está Dios cuando los malos parecen prevalecer? “¿Por qué, SEÑOR, te mantienes distante?

¿Por qué te escondes en momentos de angustia?” (10:1).

En el Salmo 10:2–11, el malvado es representado como parte de un cuadro compuesto. Se ceba con arrogancia en los más débiles (10:2). Lejos de mostrar cualquier dominio sobre sí mismo, se jacta de su codicia y “menospreciaal Señor” (10:3). La triste realidad es que “y no da lugar a Dios en sus pensamientos” (10:4). No obstante, no es difícil encontrar a malvados que son extraordinariamente prósperos, mientras se burlan de todas las leyes de Dios (10:5). La arrogancia explosiva de los malvados parece situarles por encima de la gente normal y corriente, y son festejados en los periódicos como los que se dicen para sí: “Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemas” (10:6). No obstante, maldicen a sus enemigos y difunden mentiras y malicia con su lengua (10:8). En el peor de los casos, recurren al asesinato, sea directamente en una especie de guerra de bandas armadas, o violencia de masas, o atentados terroristas, o bien indirectamente mediante esquemas crueles que aplastan a los débiles (10:9–10). Y ¿qué piensan de Dios? “Se dice a sí mismo: ‘Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada’ ” (10:11).

El salmista ahora se dirige directamente a Dios (10:12–15): “¡Levántate, Señor!¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!” (10:12). Trae a su propia memoria el que Dios ve todo el dolor y sufrimiento que afligen a esta raza quebrantada; sí lo tiene en cuenta y, a su tiempo, interviene para ponerle fin (10:14). Es por esto por lo que la víctima y el huérfano se encomiendan sabiamente “a ti” (10:14). Hay mucha injusticia que se perpetra en secreto y que no saldrá a luz mediante los procesos judiciales normales. Por tanto, el salmista invoca la justicia de Dios: “¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo!”.

En los últimos versículos (10:16–18), el salmista recuerda que el kairos, el tiempo, de Dios no es tan apresurado como el nuestro: “El Señor es rey eterno; los paganos [o las naciones] serán borrados de su tierra” (10:16). La gran escala que apunta hacia la disolución de ‘las naciones’ no tiene por qué disipar en absoluto nuestra convicción confiada de que Dios también se ocupa de la pequeña escala, de la tragedia a nivel personal. Más bien, es otra manera de decir que “las ruedas de la justicia de Dios muelen despacio, pero también muelen muy fino”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 96). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dos maneras de recordar a Jesús

ABRIL, 06

Dos maneras de recordar a Jesús

Devocional por John Piper

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio. (2 Timoteo 2:8)

Pablo menciona dos maneras específicas de recordar a Jesús: como resucitado de entre los muertos, y como descendiente de David. ¿Por qué recordar a Jesús de estas dos formas?

Porque si él ha resucitado de entre los muertos, está vivo y triunfante sobre la muerte. «Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros» (Romanos 8:11).

Eso significa que, sin importar qué tan terrible sea, lo peor que puede hacernos el sufrimiento en esta tierra es matarnos. Y Jesús le ha quitado el aguijón a ese enemigo. Él está vivo, y nosotros estaremos vivos. «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (Mateo 10:28).

La resurrección de Jesús no fue una resurrección cualquiera. Fue la resurrección del hijo de David. «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David». ¿Por qué dice Pablo eso?

Porque todo judío sabía lo que eso significa: que Jesús es el Mesías (Juan 7:42). Eso a su vez significa que esta resurrección no es una resurrección cualquiera, sino la resurrección de un rey eterno. Escuchemos las palabras del ángel a María, la madre de Jesús:

Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lucas 1:31-33).

Entonces recordemos a Jesús, a quien servimos y por quien sufrimos. Él está vivo y reinará para siempre, y su reino no tendrá fin. No importa lo que nos hagan, no tenemos por qué temer.

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A cada uno su papel

jueves 6 abril

 Hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra.

2 Tesalonicenses 3:1

Orando en todo tiempo… y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que… me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio.

Efesios 6:18-19

A cada uno su papel

Los pasajes del Antiguo Testamento son ricos en enseñanzas para nuestra vida cristiana. El combate de Israel contra Amalec (Éxodo 17:8-13) nos habla de diferentes servicios para Dios. En la llanura, Josué estaba a la cabeza de la batalla del pueblo de Dios contra una nación enemiga que lo había atacado. Al mismo tiempo, en la colina, Moisés levantaba las manos hacia Dios y oraba por los combatientes. “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec” (Éxodo 17:11). Entonces Moisés, sostenido por sus dos asistentes, no dejó de orar hasta que la victoria fuese total.

Es muy importante que cada uno desempeñe su rol. Los que oran son tan útiles como los que están al frente. Su contribución es menos visible pero igual de real; tan pronto cesa, se nota su ausencia.

Aunque no haya recibido un don de evangelista, puedo orar por los predicadores. Si Dios me ha guardado de ser torturado o desterrado debido a mi fe, puedo orar por mis hermanos perseguidos. Aunque no sepa explicar la Biblia o consolar a los creyentes afligidos, sí puedo orar por aquellos que lo hacen. ¡No subestimemos la importancia de la oración, individual o colectiva! Los cristianos necesitan intercesores para ganar los combates espirituales. No hay que tener cualidades específicas para ello, sino solo interés por la Iglesia de Cristo, amor por nuestros hermanos y perseverancia.

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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