Mirad al preñado de maldad

4 ABRIL
Levítico 7 | Salmos 7–8 | Proverbios 22 | 1 Tesalonicenses 1
El Salmo 7 es el segundo de 14 salmos que están relacionados en su título con algún suceso histórico concreto (el primero es el Salmo 3). No podemos conocer los detalles, pero está claro que David se sentía terriblemente traicionado cuando fue acusado falsamente por alguien que estaba cerca de él y a quien el debía conocer bien. Centraremos nuestra atención en los últimos cuatro versículos (7:14–17).
Mirad al preñado de maldad:
Concibió iniquidad y parirá mentira.
Cavó una fosa y la ahondó,
y en esa misma fosa caerá.
Su iniquidad se volverá contra él;
su violencia recaerá sobre su cabeza.
¡Alabaré al Señor por su justicia!
¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!
Este texto, con su lenguaje muy colorido, es contundente. Se nos habla de alguien que invierte tiempo y trabajo cavando una fosa que sirva de trampa para atrapar a otro – pero el que preparó esa trampa es quien cae en ella. La primera línea nos presenta a alguien “preñado de maldad”, que “concibió iniquidad”, pero que no “parirá” el mal que quería provocar, sino su propia “mentira”. El salmista expresa luego su convicción con mayor claridad en el versículo 16: “Su iniquidad se volverá contra él; su violencia recaerá sobre su cabeza”.
La convicción de David no está anclada ni en una fuerza impersonal (“El bien acaba triunfando”) ni en ningún optimismo ciego e irracional (“Seguro que todo acabará bien”), sino en la justicia de Dios: “¡Alabaré al SEÑOR por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!” (7:17). David no está ciego ante las injusticias del mundo, sino que habita un universo regido por Dios, donde el bien acabará prevaleciendo porque Dios es justo.
Si pensamos en las páginas de las Escrituras con suficiente amplitud (por no decir nuestra propia experiencia también), no es difícil recordar casos en los que las artimañas y las trampas puestas por los malos rebotaron sobre ellos mismos antes de alcanzar la meta deseada. Amán es ahorcado en el patíbulo que ha preparado para Mardoqueo. En muchos casos, el juicio cae sobre el culpable en esta vida sólo después de que este ha logrado hacer mucho daño. Nadie sabía esto mejor que David mismo: él también había caído en semejante trampa. Logró acostarse con Betsabé y matar a su marido Urías antes de caer en la trampa, y tuvo que enfrentarse al juicio de Dios. La vida de Judas Iscariote acabó horriblemente, pero no antes de que lograse traicionar a su Maestro. Acab cayó bajo la ira de Dios mediante el profeta, pero sólo después de que su malévola reina, Jezabel, difamase a Nabot y le hiciese morir a fin de apoderarse de su viña.
Pero la última palabra será la del juicio final, sin el cual no habría justicia en este universo.
Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 94). Barcelona: Publicaciones Andamio.