3 JUNIO
¿Por qué?
Deuteronomio 7 | Salmo 90 | Isaías 35 | Apocalipsis 5
Hay algunos temas muy complejos que se entrelazan en Deuteronomio 7. Aquí quisiera reflexionar en dos de ellos.
El primero de ellos es el énfasis en la elección. “Porque para el Señor tu Dios tú eres un pueblo santo; él te eligió para que fueras su posesión exclusiva entre todos los pueblos de la tierra” (7:6). ¿Por qué? ¿Acaso fue a base de una superioridad intrínseca, ya sea de una inteligencia privilegiada, o de una superioridad moral, o de un poderío militar, que Yahvé hizo elección? De ningún modo. “El Señor se encariñó contigo y te eligió, aunque no eras el pueblo más numeroso sino el más insignificante de todos. Lo hizo porque te ama y quería cumplir su juramento a tus antepasados; por eso te rescató del poder del faraón, el rey de Egipto, y te sacó de la esclavitud con gran despliegue de fuerza.” (7:7–8).
Tres observaciones en relación con esto: (1) En la Biblia, la absoluta soberanía de Dios no disminuye la responsabilidad humana; y recíprocamente, los seres humanos son agentes morales que eligen, que creen y niegan, que obedecen y desobedecen, y este hecho no convierte en intrascendente la soberanía de Dios. Esto queda muy claro en la manera como la soberanía se manifiesta en este capítulo, es decir, en lo que se refiere a la elección, mientras el mismo capítulo está lleno de las responsabilidades que nos recaen. Los que no mantienen ambas verdades – que Dios es soberano y que los seres humanos somos responsables – de este modo introducen elementos que tarde o temprano harán tambalear toda la estructura de su fe. (2) Aquí el amor de Dios se muestra selectivo. Dios escoge a Israel porque les ha hecho objeto de su afecto, y no a causa de ninguna cualidad que posean. Esta misma idea aparece en otras partes (p. ej., Malaquías 1:2–3). Pero esta no es la única forma como las Escrituras describen el amor de Dios (p. ej., Juan 3:16).
El segundo tema es la manera como Dios alienta a su pueblo a no tener ningún miedo hacia aquellos contra quienes tendrán que luchar durante la conquista de la Tierra Prometida (7:17–22). La razón para ello es el Éxodo. Un Dios capaz de desencadenar las plagas, dividir el Mar Rojo, y liberar a su pueblo de una superpotencia como la egipcia no tendrá problema alguno para eliminar la resistencia de unos cuantos cananitas paganos e inmorales. El miedo es el contrario de la fe. A los israelitas se les anima a no tener miedo, no porque ellos sean más fuertes ni superiores en cualquier sentido, sino porque son el pueblo de Dios, y a Dios no se le puede vencer.
Estos dos temas – y varios otros también – se entrelazan en este capítulo. El Dios que escoge a las personas es suficientemente fuerte como para llevar a buen puerto sus propósitos con respecto a ellas; las personas escogidas por Dios deben responder no sólo con una obediencia agradecida, sino con una confianza inconmovible.
Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 154). Barcelona: Publicaciones Andamio.