Cuando la razón sirve a la rebelión

JUNIO, 10

Cuando la razón sirve a la rebelión

Devocional por John Piper

El perezoso dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles. (Proverbios 22:13)

Eso no es lo que esperaba que dijera el proverbio. Esperaba que dijera: «El cobarde dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles». Pero dice perezoso, no cobarde. Así que la emoción determinante aquí es la pereza, no el miedo.

Pero ¿cuál es la relación entre la pereza y el peligro de que hay un león en las calles? No solemos decir: «Este hombre es demasiado perezoso para ir a hacer su trabajo porque hay un león afuera».

El punto es que el perezoso inventa situaciones imaginarias para justificar el hecho de que no esté haciendo su trabajo y por eso, en lugar de enfocarse en el vicio de su pereza, dirige la atención al peligro de los leones. Nadie aprobaría que se quedara en su casa todo el día solo porque es perezoso.

Una verdad bíblica profunda que necesitamos conocer es que nuestro corazón hace uso de la mente para justificar lo que el corazón quiere. Es decir, nuestros más profundos deseos preceden al funcionamiento racional de nuestra mente, e inclinan la mente a percibir y pensar de modo tal que nuestros deseos parezcan correctos.

Eso es lo que el perezoso está haciendo. Tiene un profundo deseo de quedarse en su casa y no trabajar, pero no tiene una buena razón para quedarse en casa. ¿Qué hace entonces? ¿Se sobrepone al deseo incorrecto? No, más bien hace uso de su mente para inventar circunstancias irreales que justifiquen su deseo.

Hacer el mal que amamos nos hace enemigos de la luz de la verdad. En esta condición la mente se convierte en una fábrica de verdades a medias, estratagemas, sofismas, evasiones y mentiras —todo lo que le permita resguardar los malos deseos del corazón con tal de no ponerlos al descubierto y destruirlos—.

Tengámoslo en cuenta y seamos sabios.

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Un suicidio que no se produjo

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Un suicidio que no se produjo

Cierto actor americano era conocido por ser un alcohólico empedernido. En varias ocasiones había tratado de liberarse de esas cadenas, pero cada vez había recaído, por lo tanto había llegado a la conclusión de que era imposible salir de esa situación. Desesperado y consciente de la tristeza que había ocasionado a los suyos, sobre todo a su mujer y a sus dos hijas, una noche decidió suicidarse. Pero antes de apretar el gatillo pensó en Dios y se dijo que primero tenía que hablar con él. ¡Fue un largo llamado de socorro! Dios intervino, detuvo su intención y le dio la fuerza para dejar de beber. Descubrió el poder liberador de Jesucristo y la nueva vida que ofrece.

¡Cuántas circunstancias trágicas y dolorosas pueden hacer que alguien caiga en el pozo de la desesperación! La lista es larga: accidentes, catástrofes, enfermedades, muertes, decepciones, remordimientos… Los sufrimientos físicos, morales, o sencillamente el miedo al futuro pueden arrebatarnos las ganas de vivir. Pero Dios, que ama a todos los hombres, puede dar un sentido a nuestra existencia. Todos necesitamos el amor de Dios para ser felices. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). La vida que nos propone no está exenta de dificultades, pero Jesús nos acompaña, y su presencia nos da la serenidad y la felicidad.

“A ti clamaré, oh Señor. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro” (Salmo 28:1).

2 Reyes 11 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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Una mente renovada

Una mente renovada

6/9/2017

Renovaos en el espíritu de vuestra mente. (Efesios 4:23) 

Cuando usted se hace cristiano, Dios le da una nueva mente; pero usted debe llenarla de nuevos pensamientos. Un bebé nace con una mente nueva y fresca, y entonces se van haciendo impresiones en la mente del bebé que determinan el curso de su vida. Lo mismo ocurre con un cristiano. Cuando usted entra en el reino de Dios, recibe una mente nueva y fresca. Entonces tiene que formar los buenos pensamientos en su nueva mente. Por eso Filipenses 4:8 dice: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Tenemos una mente renovada, no una mente depravada.

En vez de tener una mente depravada, vil, lasciva, avara, sucia, tenemos una mente llena de justicia y santidad. Y eso debe caracterizar naturalmente nuestro modo de vivir.

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Escudriñad las Escrituras

9 de junio

«Escudriñad las Escrituras».

Juan 5:39

La palabra griega traducida aquí por escudriñad significa una escrupulosa, minuciosa, diligente y cuidadosa investigación, como la que efectúan los hombres cuando buscan oro, o los cazadores cuando van inquietos tras la caza. No debemos descansar satisfechos por haber leído uno o dos capítulos de la Biblia, sino que hemos de buscar expresamente, con la vela del Espíritu en la mano, el significado oculto de la palabra. La Sagrada Escritura requiere examen; gran parte de ella solo se puede comprender mediante un estudio cuidadoso. En ella hay leche para los niños, pero hay también carne para los hombres vigorosos. Los rabinos dicen, sabiamente, que hay una montaña de enseñanza en cada palabra; sí, en cada nombre de las Escrituras. Tertuliano exclama: «Adoro la plenitud de las Escrituras». Ninguno que meramente hojee el libro de Dios puede sacar provecho de él; tenemos que cavar y excavar hasta que encontremos el tesoro escondido. La puerta de la Palabra solo se abre con la llave de la diligencia. Las Escrituras demandan investigación: son las Escrituras divinas que llevan el sello y la autorización de Dios. ¿Quién se atreverá a tratarlas con ligereza? El que las menosprecia, menosprecia a Dios que las escribió. No permita Dios que alguno de nosotros deje que su Biblia se convierta en un testigo contra él en el Juicio del gran día. La Palabra de Dios recompensará al que la investigue. Dios no nos ordena zarandear un montón de paja que contiene un grano de trigo aquí y allá, sino la Biblia, que es trigo aventado. Solo tenemos que abrir la puerta del granero y encontrarlo. La Biblia se agranda ante el que la estudia, pues está llena de sorpresas. La Biblia, a semejanza de un amplio templo pavimentado con oro y techado con rubíes, esmeraldas y toda suerte de gemas, brilla bajo la instrucción del Espíritu Santo con esplendor de revelación. No hay mercancía igual a la verdad de las Escrituras. Finalmente, las Escrituras revelan a Jesús. «Ellas dan testimonio de mí». Ningún estímulo más poderoso que este puede presentarse a los lectores de la Biblia: el que halla a Jesús halla la vida, el Cielo y todas las cosas. Feliz el que, escudriñando su Biblia, encuentra a su Salvador.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 169). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Tres preguntas

9 JUNIO

Deuteronomio 13–14 | Salmos 99–101 | Isaías 41 | Apocalipsis 11

Tres preguntas:

(1)¿Cómo se reconoce un falso profeta? La Biblia ofrece varios criterios complementarios. Por ejemplo, en Deuteronomio 18:22, se nos dice que si un supuesto profeta predice algo que no ocurre, el profeta es falso. Por supuesto, este criterio no sirve si lo predicho queda aún muy lejos en el futuro. Además, aquí en Deuteronomio 13 se nos advierte que el inverso no es ninguna garantía de la autenticidad de un profeta. Si lo profetizado por el profeta sucedía, o si lograba realizar alguna señal milagrosa, había otro criterio que se debía aplicar. ¿Se trata de un mensaje profético cuyo propósito es incitar al pueblo a dar culto a otro Dios que no sea el Señor que les trajo de Egipto? Lo que presupone este criterio es una comprensión profunda de la revelación anterior. Tienes que saber lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo para poder determinar si un profeta te induce a conducir hacia un dios falso. Al falso dios se le puede también atribuir los nombres bíblicos de Dios (como es el caso, por ejemplo, del mormonismo, o de la cristología de los Testigos de Yahvé). La primera carta de Juan indaga más en este criterio: si las palabras del profeta (1 Juan 4:4–6) no encajan con lo que los creyentes hayan oído “desde el comienzo” (1 Juan 2:7; 2 Juan 9), no pueden ser de Dios (ver también las palabras de Pablo en Gálatas 1:8–9)

(2)¿Por qué son peligrosos los falsos profetas? Además de la razón más patente – que enseñan falsa doctrina que hacen que la gente se extravíe del Dios viviente, lo cual, finalmente, atrae el juicio divino – hay dos razones más. En primer lugar, el mismo nombre por el cual son llamados revela el problema esencial. Profesan hablar la palabra de Dios, y esto puede resultar tremendamente seductor. Si se nos acercan y nos dicen, “vamos a pecar descaradamente”, la mayoría de nosotros no escuchará. La seducción de la falsa profecía consiste en su aparente espiritualidad y amor a la verdad. En segundo lugar, aunque los falsos profetas pueden entrar en una comunidad desde el exterior (por ejemplo Hechos 20:29 – y si se trata del exterior “adecuado”, esto les reviste de un aspecto muy atrayente), pueden también surgir desde dentro de la comunidad (por ejemplo Hechos: 30), como es el caso aquí – un miembro de la familia (13:6). Conozco una institución que se estropeó doctrinalmente a causa del nepotismo.

(3)¿Qué es lo que deberíamos hacer? Tres cosas. En primer lugar, hay que reconocer que estos acontecimientos inquietantes no escapan a la soberanía de Dios. Así se muestra aún más primordial la lealtad. En segundo lugar, aprender la verdad, asimilarla en profundidad o estaremos expuestos a la falta de discernimiento. En tercer lugar, hay que purgar la comunidad de los falsos profeta, (mediante un proceso que toma una forma diferente bajo los términos del nuevo pacto: 2 Corintios 10–13; 1 Juan 4:1–6), o acabarán por adquirir un aire de credibilidad, y hacer enormes estragos en el seno de la comunidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 160). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El triste ambiente de Israel

9 Junio 2017

El triste ambiente de Israel
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:1-14

El ambiente de Israel, antes de los gloriosos días del rey David. Ha transcurrido un largo período, unos doscientos años de guerras intermitentes, de ciclos de acontecimientos en los que Israel sufrió de invasiones seguidas de épocas de hambruna; y luego de un juez que se levantaba para dar una paz temporal. Durante la temporada de paz, la gente volvía a pecar, y se iniciaba otra vez el mismo ciclo. Había otra invasión seguida por una derrota, cuya consecuencia era una hambruna, y esto se volvía cada vez más severo. Esta historia tiene lugar en un período tranquilo de ese tiempo de violencia, durante una temporada de relativa paz. Los días eran desacostumbradamente tranquilos y sin nada en particular.

El pueblo de Israel había vuelto a un estilo de vida relajado, que podría describirse como absolutamente complaciente. Su actitud hacia Dios y su visión para ellos, como nación, se había vuelto indiferente, desinteresada y aburrida. Su líder, el sumo sacerdote, es Elí, un anciano a quien ha comenzado a fallarle la vista. A menos de que algo cambie, dará las riendas del liderazgo a sus dos hijos rebeldes, Ofni y Fineas, quienes eran sus ayudantes en el tabernáculo, el lugar de adoración durante este período de la historia de Israel.

Hay más que decir en cuanto al ambiente; por tanto, tenga paciencia conmigo. Unos pocos años antes, una mujer llamada Ana visitaba regularmente el templo. Pasaba la mayor parte de su tiempo en oración, rogándole a Dios el regalo de un hijo. Ella le prometió al Señor que si le concedía su petición, le devolvería a Dios el niño. El Señor finalmente se lo concedió, y Ana lo llamó Samuel, un nombre apropiado pues significa “pedido a Dios.”  Poco después de ser destetado, Ana cumplió la promesa y puso a Samuel bajo el cuidado de Elí, el anciano y casi ciego sumo sacerdote de Israel, quien se hizo responsable del cuidado y la educación de Samuel. Era su tutor en las cosas espirituales, preparándolo para una vida de servicio a Dios.

Toda la nación de Israel, anclada en una inercia política y espiritual, estaba medio dormida, en un estado de apatía permanente. Dios está callado. Todo el mundo está pasivo. Nadie tiene visiones, excepto quizás unos pocos charlatanes. Suena como si fuera hoy, ¿verdad?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La oración es para pecadores

JUNIO, 09

La oración es para pecadores

Devocional por John Piper

Señor, enséñanos a orar. (Lucas 11:1)

Dios responde las oraciones de pecadores, no de personas perfectas. La vida de oración puede quedarse totalmente paralizada si uno no se centra en la cruz y se da cuenta de esto.

Podría mostrarlo en numerosos pasajes del Antiguo Testamento —donde Dios oye el gemido de su pueblo pecador que clama para ser librado de los problemas en los que sus mismos pecados los metieron (por ejemplo, Salmos 38:4, 15; 40:12-13; 107:11-13)— pero lo mostraré en Lucas 11, de dos maneras:

En esta versión del Padre Nuestro (versículos 2-4), Jesús dice: «cuando oréis, decid», y luego en el versículo 4 incluye esta petición: «y perdónanos nuestros pecados». Por lo tanto, si conectamos el principio de la oración con la mitad, lo que Jesús dice es: «Cuando oréis, decid… perdónanos nuestros pecados».

Considero que esto significa que ésta debería ser una parte de todas nuestras oraciones, del mismo modo que cuando decimos «santificado sea tu nombre». Esto quiere decir que Jesús da por sentado que necesitamos buscar el perdón prácticamente cada vez que oramos.

En otras palabras, siempre somos pecadores. Nada de lo que hacemos es perfecto. Como dijo Martín Lutero en su lecho de muerte: «Somos mendigos, eso es lo que somos». No importa qué tan obedientes hayamos sido antes de orar. Siempre nos acercamos al Señor como pecadores —todos nosotros—. Y Dios no da la espalda a las oraciones de pecadores cuando oran de este modo.

El segundo lugar donde veo que se da esta enseñanza es en el versículo 13: «Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?».

Jesús llama a sus discípulos «malos». Un lenguaje bastante fuerte. Y no quiso decir que ellos ya no tendrían comunión con él. Tampoco quiso decir que sus oraciones no serían respondidas.

Quiso decir que mientras esta era de perdición dure, incluso sus propios discípulos tendrían una inclinación hacia el mal que contaminaría todo lo que hicieran, pero que eso no impediría que hicieran mucho bien.

Somos malos y redimidos al mismo tiempo. Estamos venciendo nuestra maldad gradualmente por el poder del Espíritu Santo. Pero nuestra corrupción natural no queda anulada en el momento de la conversión.

Somos pecadores y somos mendigos. Si reconocemos este pecado, luchamos contra él y nos aferramos a la cruz de Cristo como nuestra esperanza, entonces Dios nos oirá y responderá nuestras oraciones.

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Se despojó a sí mismo

Cristo Jesús… siendo en forma de Dios… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:5-8

Se despojó a sí mismo

El poder del Señor Jesús fue mostrado en muchas ocasiones cuando estaba en la tierra: curó leprosos, resucitó muertos, multiplicó los panes, caminó sobre las aguas, reprendió al mar y al viento, ordenó a un pez que le trajese una moneda para pagar el impuesto del templo. ¡Era Dios! Sin embargo, vino a esta tierra naciendo como un bebé en una familia pobre. Como no había lugar en el mesón, ¡el Creador fue acostado en un pesebre! Fue un niño sumiso a sus padres, sin dejar de ser el Hijo de Dios. ¡Él, el Dios todopoderoso, aprendió el oficio de carpintero, conoció el cansancio debido al trabajo, tuvo hambre y sed!

Él, quien conocía todo, permaneció perfectamente humilde. No trató de dominar a los hombres. Cuando estos hicieron un complot para matarlo, no los destruyó, como hubiese podido hacerlo. En el momento de ser crucificado, se dejó detener y atar. Le escupieron, y no dijo nada; le pusieron una corona de espinas, y lo permitió; condenado a muerte, permaneció mudo ante sus enemigos. Hubiese bastado una palabra para aniquilar a sus enemigos, pero oró por ellos. Dejó que lo clavasen en una cruz para salvar a los hombres, los adversarios de Dios.

El Señor Jesús es admirable en todo su recorrido desde el pesebre de Belén hasta la cruz donde, por su muerte, muestra “la senda de la vida” a los que creen en él (Salmo 16:11). ¡Unámonos a él de todo corazón para aprender a seguirle!

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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La vida centrada en Cristo

La vida centrada en Cristo

6/8/2017

Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído. (Efesios 4:20-21)

Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20).

Filipenses 2:5 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.

Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos.

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Ahora verás si se cumple mi palabra o no

8 de junio

«Ahora verás si se cumple mi palabra o no».

Números 11:23

Dios le había hecho a Moisés la promesa de que por espacio de todo un mes alimentaría a aquel numeroso ejército en el desierto con carne. Moisés, viéndose sorprendido por un ataque de incredulidad, considera los medios externos y no es capaz de saber cómo la promesa en cuestión puede cumplirse. Moisés miró a la criatura más bien que al Creador. Sin embargo, ¿espera el Creador que la criatura cumpla la promesa por él? No: Dios, que es quien hace la promesa, siempre la cumple por su propia omnipotencia sin ayuda alguna. Si él habla, su Palabra puede considerarse un hecho que él mismo llevará a cabo. El cumplimiento de su promesa no depende de la cooperación de la débil fuerza del hombre. Enseguida podemos observar el error que cometió Moisés; y, sin embargo, ¿con cuánta frecuencia hacemos nosotros lo mismo? Dios ha prometido suplir nuestras necesidades y nosotros esperamos que sea la criatura quien aquello que Dios ha prometido hacer; luego, al ver que la criatura es débil y frágil, nos entregamos a la incredulidad. No obstante, ¿por qué recurrimos a ese lugar? ¿Recurrirías tú a la cima de los Alpes en busca de calor estival? ¿Irías al polo norte para cosechar frutas maduradas por el sol? Sin embargo, si lo hicieras, no estarías obrando más neciamente que cuando recurres al débil en busca de fuerza y a la criatura para que haga la obra del Creador. Pongamos, pues, esta cuestión sobre una base razonable. El fundamento de la fe no es la suficiencia de los medios visibles para el cumplimiento de la promesa, sino la completa suficiencia del Dios invisible que, con toda seguridad, hará según lo que ha dicho. Si nos atrevemos a entregarnos a la desconfianza, después de comprender claramente que el actuar corresponde al Señor y no a la criatura, la pregunta de Dios vendrá a nosotros con poder: «¿Está limitado el poder del Señor?» (LBLA). Puede acontecer también que, en su misericordia, con dicha pregunta fulgure sobre nuestras almas la bendita declaración que dice: «Ahora verás si se cumple mi palabra o no».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 168). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.