Examínese

Examínese

6/6/2017

¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:4) 

¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.

Primera Juan 2:15 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.

Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza.

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La tragedia de la incredulidad

 

“La tragedia de la incredulidad” 

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Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

 

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

http://ibsj.org/

¿Son israelitas? Yo también

6 de junio

«¿Son israelitas? Yo también»

2 Corintios 11:22

Aquí tenemos una declaración personal que requiere pruebas. El Apóstol sabía que su pretensión era indisputable; pero hay muchas personas que no tienen derecho a ese título y que, sin embargo, pretenden pertenecer al Israel de Dios. Si estamos diciendo con confianza: «Yo también soy israelita», digámoslo solo después de haber escudriñado nuestro corazón en la presencia de Dios. No obstante, si podemos aportar pruebas de que estamos siguiendo a Jesús, si podemos decir de corazón: «Yo confío en él enteramente, confío en él solamente, confío en él sencillamente, confío en él ahora y confío en él para siempre», entonces, la postura que sostienen los santos de Dios nos pertenece también a nosotros y todos sus goces son nuestros. Tal vez seamos los últimos en Israel —»menos que el más pequeño de todos los santos»—; sin embargo, ya que las misericordias de Dios pertenecen a todos los santos como tales y no como santos aventajados o bien instruidos, podemos introducir nuestro argumento y decir: «¿Son israelitas? Yo también». Por tanto, las promesas son mías, la gracia es mía y la gloria será mía». Esta declaración, debidamente pronunciada, proporcionará un aliento indecible. Cuando el pueblo de Dios se regocija porque le pertenece a él, ¡qué dicha supone poder decir: «Yo también»! Cuando ellos hablan de haber sido perdonados, justificados y aceptados en el Amado, ¡qué alegría da responder: «Por la gracia de Dios, yo también lo estoy». Sin embargo, esta declaración no solo conlleva deleites y privilegios, sino también condiciones y deberes. Debemos compartir con el pueblo de Dios tanto la sombra como el sol: cuando oímos hablar de los cristianos con desprecio y burla, hemos de adelantarnos valientemente y decir: «Yo también lo soy». Cuando los vemos trabajar por Cristo dando su tiempo, sus talentos y todo su corazón a Jesús, debemos estar en condiciones de poder decir: «Yo también hago lo mismo». Demostremos nuestra gratitud por medio de la devoción, y vivamos como aquellos que, habiendo declarado que tienen un privilegio, desean también asumir la consiguiente responsabilidad.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 166). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Qué te pide el Señor tu Dios?

6 JUNIO

Deuteronomio 10 | Salmos 94 | Isaías 38 | Apocalipsis 8

Intercaladas con el recital de relatos históricos que constituye gran parte de los primeros capítulos de Deuteronomio hay numerosos brotes de exhortación. Uno de los más conmovedores se encuentra en Deuteronomio 10:12–22. Entre sus grandes temas se destacan:

(1) Su carácter netamente teocéntrico: un Dios a quien hay que temer, y un Dios a quien hay que amar (10:12–13). En nuestro mundo confuso y cegado, el temor a Dios sin amor lo convertiría en un objeto de terror, de lo cual salen los tabúes, la magia, los encantamientos, los ritos supersticiosos; el amor a Dios sin obediencia, por otra parte, se degrada hacia el sentimentalismo sin ningún afecto profundo, pretensiones de piedad sin ningún vigor moral, codicias de poder sin bridas y sin decoro, anhelos apasionados de relaciones sin pasión por la santidad. Ninguno de estos dos escenarios se ajusta a lo que dice la Biblia: “Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Dios? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames…” (10:12)

(2) Su carácter netamente teocéntrico también en el sentido que presenta la elección como un acto de pura gracia. A Dios le pertenece todo el espectáculo – “Al Señor tu Dios le pertenecen los cielos y lo más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella” (10:14). Puede actuar como le plazca. Lo que le ha placido hacer, de hecho, ha sido: “se encariñó con tus antepasados y los amó; y a ti, que eres su descendencia, te eligió de entre todos los pueblos, como lo vemos hoy” (10:15; ver 4:37).

(3) Su carácter netamente teocéntrico en cuanto se trata de un Dios que no se conforma con los meros ritos y las fachadas religiosas: interpela el corazón (10:16). Es por esto por lo que la circuncisión física nunca se podía considerar como un fin, ni siquiera en el Antiguo Testamento. Simbolizaba algo mucho más profundo: la circuncisión del corazón. Lo que Dios busca no es una mera señal externa de que ciertas personas le pertenecen, sino una predisposición del corazón y de la mente que nos orientan constantemente hacia Dios.

(4) Su carácter netamente teocéntrico también en el sentido que reconoce la imparcialidad de Dios, y por tanto su justicia – y actúa de acuerdo con ella (10:17–20). “Porque el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios, poderoso y terrible” (10:17). No nos extrañe entonces que no acepte sobornos y no muestre ninguna parcialidad. (Nunca debemos confundir la elección con el favoritismo, el cual se ve corrompido por una disposición a torcer la justicia en los intereses de unos cuantos predilectos; la elección escoge a cierta gente a partir de la libre decisión de Dios y nada más, y aun así, no se pervierte la justicia; de ahí la cruz.) Y él espera a los así elegidos que se comporten conforme a este hecho.

(5) Su carácter netamente teocéntrico que se pone de manifiesto en las alabanzas del pueblo (10:20–22). “Él es el motivo de tu alabanza; él es tu Dios” (10:21). Los que se centran en Dios encuentran mucho por lo cual alabarle. Los que tienen una visión meramente terrestre y egocéntrica acaban como ciruelas disecadas. ¡Dios es motivo de vuestra alabanza!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 157). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una fe genuina

5 Junio 2017

Una fe genuina
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:3-8

Hebreos 11:8-19

Tuve que leer el pasaje de Génesis varias veces antes de ver la clara e implícita declaración de fe de Abraham. Sus palabras y su proceder son tan sencillos, tan desapasionados, que es fácil no ver el dramatismo de esta escena. Si yo fuera a sacrificar a mi hijo, en quien estaban personificadas todas las promesas que Dios tenía para mí, me habría dominado la emoción: “No entiendo por qué Dios me está haciendo esto, pero haré lo que Él dice. Por eso, voy a subir a esa montaña a sacrificar a mi hijo en ese altar, y luego regresare a mi casa para llorar esta pérdida por el resto de mi vida”.

Según el libro de Hebreos, Abraham conocía tres realidades importantes. Primera, que Isaac habría de ser el vehículo de las promesas de Dios; por consiguiente, tenía que vivir. Segunda, que Dios siempre cumple sus promesas. Tercera, que el poder de Dios es absoluto, aun sobre el poder de la muerte. Por tanto, la única conclusión lógica que quedaba era que, de alguna manera, contra toda razón natural, después de matar a Isaac y dejar que el fuego lo consumiera por completo, Dios restauraría milagrosamente la vida de Isaac, el muchacho a quien tanto amaba.

Abraham, obviamente, no le dijo a Isaac lo que Él sabía que iba a suceder en la montaña. No podemos estar seguros de por qué se reservó esa información. Talvez fue para evitarle a su hijo un temor innecesario. No lo sabemos. Pero sí sé que cuando Dios hace una obra de transformación en usted que involucra una prueba, Él no está probando a otras personas, lo está probando a usted. Dado que esta experiencia está hecha para usted, no es un requisito necesario o incluso apropiado el que usted comparta la historia con alguien más; o, en realidad, con nadie. A veces, cuando uno se guarda las cosas para uno mismo… completamente, eso le da fortaleza.

Isaac finalmente hizo la pregunta lógica. Tenían un cuchillo, madera y fuego para el sacrificio, pero “¿dónde está el holocausto?”  Me encanta la respuesta de Abraham: “Dios mismo proveerá”. El hebreo utiliza un modismo que suena como algo que diría un padre hoy: “El Señor se ocupará de eso, hijo mío”.  ¿Puede oír su tono sereno y confiado? “Dios mismo se lo proveerá. Eso le toca a Él. Nosotros estamos haciendo Su voluntad. A Él le corresponde ocuparse de los detalles. Nuestra responsabilidad es confiar en Él. Este es un riesgo que compartiremos juntos.”

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Todos enemigos de Dios

JUNIO, 06

Todos enemigos de Dios

Devocional por John Piper

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte. (Colosenses 1:21-22)

La mejor noticia de todo el mundo es que nuestra separación de Dios ha llegado a su fin y hemos sido reconciliados con el Juez del universo. Dios ya no está en nuestra contra sino a nuestro favor. Tener al Amor omnipotente de nuestro lado nos arma de valor. La vida se vuelve absolutamente libre y osada cuando el Ser más poderoso actúa a nuestro favor.

Sin embargo, el mensaje completo de salvación que da Pablo no es una buena noticia para quienes rechazan el diagnóstico de Colosenses 1:21: «Erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente».

¿A cuántas personas conoce que digan «soy enemigo de Dios en mi mente»? La gente no suele decir «odio a Dios». Entonces, ¿a qué se refiere Pablo al decir que las personas son «enemigos [de Dios] en [su] mente» antes de ser reconciliadas por medio de la sangre de Cristo?

Creo que lo que quiere decir es que hay una hostilidad real hacia el Dios verdadero, pero las personas no se permiten pensar en el Dios verdadero. Imaginan que Dios es como ellos quisieran que él fuera, lo que rara vez incluye alguna posibilidad de que realmente pudieran estar en serios problemas con él.

Sin embargo, considerando cómo es Dios realmente —un Dios que es soberano por sobre todas las cosas, incluso la enfermedad y las calamidades— Pablo dice que todos nosotros éramos enemigos de él. En el fondo, aborrecíamos su poder y autoridad absolutos.

El hecho de que cualquiera de nosotros sea salvo de debe a la maravillosa verdad de que la muerte de Cristo obtuvo la gracia por medio de la cual Dios conquistó nuestros corazones y nos hizo amar a Aquel a quien solíamos odiar.

Muchos todavía están aprendiendo a no ser enemigos de Dios. Es bueno que él sea gloriosamente paciente.

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Fiel hasta la muerte

martes 6 junio

Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.

Hechos 5:29

Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

Apocalipsis 2:10

No has negado mi nombre.

Apocalipsis 3:8

Fiel hasta la muerte

El joven Patrick Hamilton (1504-1528) nació en una familia noble escocesa. Su padre lo envió a París para que continuara sus estudios universitarios. Allí buscó ardientemente la verdad, descubrió el verdadero sentido del mensaje del Evangelio y experimentó una gran paz. Cuando su padre murió, Hamilton regresó a Escocia, convencido de que su país necesitaba escuchar la Palabra de Dios, y se puso a predicar el Evangelio. Aunque algunos apreciaron su mensaje, tuvo que enfrentarse a una gran oposición. Pronto sus enemigos encontraron una ocasión para hacerlo detener y fue condenado a muerte. Le propusieron salvar su vida si negaba su fe, pero como él quería “obedecer a Dios antes que a los hombres”, respondió: «Es mejor que mi cuerpo arda en las llamas de su hoguera por haber confesado a mi Salvador, que negar a aquel que me amó». Fue ejecutado al día siguiente y murió pidiendo a Dios que abriese los ojos de sus conciudadanos para que conociesen la verdad.

Pero la maldad de Satanás no tuvo la última palabra. La fe de los cristianos que habían asistido al martirio del joven Patrick se despertó, y muchos empezaron a proclamar con mayor valentía que Jesús era su Salvador.

Todavía hoy, muchos cristianos se encuentran ante decisiones difíciles, que comprometen su carrera profesional e incluso su vida. Pablo dijo a Timoteo: “Has conocido perfectamente… qué persecuciones sufrí; y de todas ellas me libró el Señor. Sí, y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Timoteo 3:10-12, V. M.).

2 Reyes 7 – Romanos 12 – Salmo 68:15-20 – Proverbios 16:27-28

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Vivamos en la luz

Vivamos en la luz

6/5/2017

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (Mateo 5:14)

El apóstol Pablo observó al mundo pagano y llegó a la conclusión de que su manera egoísta e inútil de pensar lleva al entendimiento entenebrecido y a un corazón endurecido. Eso, a su vez, lleva a la insensibilidad al pecado y a la conducta sin pudor, que entonces lleva a la obscenidad desvergonzada. Y no es en realidad muy diferente en la actualidad.

Los creyentes ni siquiera hemos de tener el mínimo interés en alguna de las malvadas características de los incrédulos. Debemos ser una luz sobre un monte, separados del mal que nos rodea. Debemos ser diferentes. No puede esconderse una ciudad sobre un monte. Debemos levantarnos como sal y luz. Pero si somos corrompidos por el sistema, nos volvemos inservibles.

Nuestro bendito Señor Jesucristo nos compró a costa de su propia vida. Nos dio una nueva naturaleza que es santa, sin mancha y santificada para siempre. Solo nos pide que vivamos conforme a lo que nos ha dado abandonando nuestra vieja manera de vivir y adoptando la nueva.

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Cuando las Emociones son Caballos Indomables

Cuando las Emociones son Caballos Indomables

Por Amy Medina

Hubo un tiempo en mi vida cuando creer en las verdades de la Biblia causó un terremoto en mi vida. ¿Existió realmente Dios? ¿Era verdad la Biblia? ¿Realmente resucitó Jesús de entre los muertos? Mi búsqueda de la verdad en estas cuestiones dominó mi vida durante varios años. Y al final de una época bastante obsesionada de estudio, estaba convencido: podía confiar en la Biblia.

La gente suele equiparar la fe a la fe ciega – incomprensiblemente descarta todo pensamiento racional por el bien de la creencia. Pero cuando hablo de la fe en Dios, la Biblia y la resurrección, no sé si podría incluso llamarla fe por esa definición, porque es 100% racional para mí. Y como resultado, rara vez tengo dudas intelectuales en el cristianismo.

No, donde la fe viene para mí está en el área de la emoción.

Debo admitir que no tengo mucha paciencia para la emoción. Prefiero un pensamiento racional y claro basado en hechos. Pero mis emociones no suelen cooperar, dando vueltas como caballos indómitos, negándose a ser domesticados.

A veces pienso que toda la vida cristiana consiste en creer a Dios por encima de creer en mis emociones.
La ansiedad me dice: Debes controlar tu vida o todo se desmoronará y el mundo acabará. Pero Dios me dice, yo tengo el control. Nada puede separarte de mí, y eso es lo más Importante.

El resentimiento me dice tu mereces ser tratado mejor. Te mereces más aprecio. Tienes derecho a exigirlo. Dios me dice: Esta vida no es sobre ti. Puedes perdonar porque te perdoné. Lávale los pies.

La desesperación me dice, El mundo es oscuro. Las cosas se desmoronan. No tiene sentido luchar. Dios me dice, yo soy la Luz del Mundo, y siempre hay esperanza.

Entonces, ¿en quién creeré? ¿Mis emociones, o Dios? Creer a Dios – ahí mismo – eso es fe.

El problema es – todo el mundo sabe – que las emociones son poderosas. Tan poderosas que nublan la forma en que vemos el mundo. Cuando la ansiedad o el resentimiento o la desesperación o la lujuria o la ira o el dolor o la felicidad han asumido nuestras almas, entonces esa es la realidad para nosotros. La emoción, literalmente, define nuestro universo.

No ayuda, por supuesto, que vivamos en una sociedad que glorifica la emoción. Desde que somos niños pequeños, se nos dice que sigamos nuestros corazones y Ponernos en contacto con nosotros mismos y que Validemos lossentimientos, que en realidad son otras maneras de decir que debemos dejar que nuestras emociones nos gobiernen. Y, por supuesto, no estoy sugiriendo que nos volvamos una sociedad de estoicos que atacan, niegan y cierran todo lo que sentimos – porque ese no es el camino correcto tampoco.

Pero como aquellos que han sido transformados por el evangelio, que están siendo controlados por el Espíritu Santo, tiene que haber una mejor manera. Debe haber una manera en la que nos sintamos profundamente, y aun al mismo tiempo, aprender a tomar esas emociones por el cuello y llevarlas en sumisión a la Verdad de Dios.

Y por eso la fe es tan importante. Porque cuando estoy viendo el universo a través de una emoción, debo tener fe que lo que esa emoción me está diciendo es incorrecto. Debo retroceder y mirarme desde afuera y analizar lo que siento de las palabras sólidas de la Escritura, y luego predicarme a mí mismo en lugar de escucharme a mí mismo.

Eso significa, a veces, que debo reprenderme en voz alta mi desesperación o vergüenza o autocompasión, o, la más agresiva en mi caso – la ansiedad. Significa que debo agarrarme con mis dedos a las cosas que sé que son verdaderas.

Y también significa que en aquellos momentos en que estoy pensando racionalmente, que hago el duro trabajo mental de conocer lo que dice la Palabra de Dios y por qué sé que es verdad. Porque si no estoy absolutamente convencida, entonces no podré luchar contra ese miedo o resentimiento o frustración cuando se apoderen de mi cerebro.

La fe no es ciega, excepto cuando estoy cegada por la emoción. Entonces, la fe es creer lo que ya sé que es verdad.

https://gilandamy.blogspot.mx/2017/06/when-emotions-are-untamed-horses.html

https://evangelio.blog/2017/06/05/cuando-las-emociones-son-caballos-indomables/

El que no ama no ha conocido a Dios

5 de junio

«El que no ama no ha conocido a Dios».

1 Juan 4:8

La señal distintiva de un cristiano es su confianza en el amor de Cristo y la retribución de ese amor con su propio amor. Primero, la fe pone su sello en el hombre, capacitando al alma para que diga como el Apóstol: «Cristo me amó y se entregó a sí mismo por mí». Entonces, el amor proporciona la contraseña y, como retribución, estampa en el corazón del creyente amor y gratitud hacia Jesús. «Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero». En esa remota antigüedad que fue el período heroico de la religión cristiana, esta doble característica debía de verse claramente en todos los creyentes en Jesús. Se trataba de personas que conocían el amor de Cristo y descansaban en él, como un hombre descansa sobre un báculo cuya solidez ha comprobado. El amor que los creyentes sentían por el Señor no era una apacible emoción la cual escondían dentro de sí mismos, en las secretas cámaras de sus almas, y de la que solo hablaban en los encuentros privados, cuando se reunían el primer día de la semana y cantaban himnos en honor de Cristo Jesús el crucificado. Era, más bien, una pasión que tenía una energía tan vehemente y consumidora que la evidenciaban en todas sus acciones: hablaban de Jesús en sus conversaciones corrientes y él aparecía reflejado hasta en las más corrientes miradas de sus ojos. El amor por Jesús era una llama que ardía en lo íntimo del ser de ellos y, por tanto, se abría camino, por su propia fuerza, hasta el exterior y allí alumbraba. El celo por la gloria del Rey Jesús era el sello y la señal de todos los cristianos genuinos: puesto que dependían del amor de Cristo, se mostraban muy osados; y ya que amaban a Cristo, hacían mucho. Y lo mismo acontece ahora: los hijos de Dios, en sus más íntimas facultades, están regidos por el amor: el amor de Cristo los constriñe. Se regocijan porque el amor divino está sobre ellos: lo sienten derramado en sus corazones por el Espíritu Santo que les es dado; entonces, por la fuerza de la gratitud, aman al Salvador fervientemente, de corazón puro. Lector, ¿amas tú a Jesús? Antes de dormirte, da una respuesta sincera a esta importante pregunta.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 165). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.