El amor incondicional

El amor incondicional

6/24/2017

 

También Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:2)

La Biblia no se refiere al amor cristiano como una emoción, sino como un acto de abnegación. Una persona que verdaderamente ama a alguien no trata de quitarle nada a esa persona. Es porque el amor cristiano nunca está condicionado a recibir algo; es incondicional.

A menudo el mundo define el amor desde el punto de vista de lo que puede obtener. Pero Dios nos ama aun cuando nunca recibe nada a cambio. Si ese tipo de amor caracterizara el matrimonio, el índice de divorcios no sería lo que es hoy. Si quienes dicen que ya no aman a su cónyuge pudieran comprometerse a amarlo de manera incondicional, pudieran descubrir que pueden recrear ese amor. Nuestro Señor Jesucristo no nos ama por lo que pueda sacar de nosotros; nos ama a pesar de la aflicción que le causamos. Haga del amor incondicional su meta, y sea humilde, obediente y abnegado.

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Sigue lo recto en todos los azares

24 de junio

«Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron […]: Sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses».

Daniel 3:16, 18

El relato del coraje varonil y de la liberación maravillosa de estos tres jóvenes (o, más bien, de estos campeones) es muy apto para producir en la mente de los creyentes la firmeza y estabilidad con que defender la verdad contra la tiranía, aun estando en las mismas garras de la muerte. Ojalá los jóvenes cristianos (especialmente) aprendan del ejemplo de estos muchachos a no sacrificar nunca sus conciencias, tanto en los asuntos de la fe y la religión como en aquellos otros de la probidad en los negocios. Antes que perder la honradez, pierde más bien tus negocios; y, cuando todo se haya perdido, sigue aferrándote a una limpia conciencia como la más preciosa joya que pueda adornar el pecho de un mortal. No te guíes por el fuego de la sagacidad, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Sigue lo recto en todos los azares; y cuando no veas ninguna ventaja presente, anda por fe y no por vista. Honra a Dios confiando en él aun cuando ello implique pérdidas a causa de tus principios. ¡Verás como él no queda como deudor tuyo! Observa si, aun en esta vida, no cumple su palabra de que «gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento» (1 Ti. 6:6) y de que a los que buscan primeramente el Reino de Dios y su justicia, todas las cosas que precisen les serán añadidas. Si se diera el caso que, en la providencia de Dios, llegaras a ser un perdedor a causa de tu conciencia, hallarás que, aunque el Señor no te retribuya con la plata de la prosperidad terrena, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual. Recuerda que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Manifestar un espíritu sencillo, tener un corazón libre de ofensa, contar con el favor y la aprobación de Dios, vale más que todas las riquezas que las minas de Ofir pudieran producir o ganar el comercio de Tiro: «Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio». Una onza de tranquilidad de corazón vale más que una tonelada de oro.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 185). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

El 13 de enero de 2013, Benoit Talleu de 17 años de edad, fue orador en la Marcha por la Familia que organizó La Manif Pour Tous en París, Francia. Habló en nombre de la Asociación para los Niños Adoptados.

He aquí su discurso completo:

“Hola a todos. Soy Benoit Talleu y tengo 17 años de edad. Nací en Vietnam, pero me adoptaron desde bebé. Mis padres adoptaron 7 niños y yo soy el mayor.

Estoy en la lucha contra el “matrimonio para todos”, junto con la Asociación para Niños Adoptados, porque estoy harto de escuchar que muchos hablan de la adopción, como si lo más importante no fuéramos los adoptados.

Si preguntas a los adoptados qué quieren, ellos solo tienen una respuesta: ¡un papá y una mamá! “Papi y mami” son palabras que un huérfano conoce y cuando es adoptado, sueña con usar esas palabras. Los niños en adopción sueñan con sus futuros padres. Los imaginan. Desde lo más profundo de su ser, ellos esperan a papá y mamá. ¡Y son esos niños los que deben ser escuchados!

Debemos decirlo claro, un huérfano NECESITA un papá y una mamá. En cambio, la pareja QUIERE un niño, y entre “necesitar” y “querer”, hay mucha diferencia.

La adopción no es para “hacer” papás y mamás. No es un remedio para las parejas estériles. La esterilidad no hace NECESARIA la adopción. La adopción no es para que los adultos se sientan bien. ¡No somos un remedio para la esterilidad! ¡No somos medicinas! ¡No estamos aquí para consolarte por no tener hijos! ¡No somos un premio! ¡No somos un derecho! No hables como si tuvieras derecho a nosotros. ¡Eso es violentar nuestra identidad!

Nuestra madre biológica tuvo la valentía de confiarnos a un orfanatorio. Eso no quiere decir que seamos objetos. Ella pudo estar en una situación dramática, probablemente estaba sola, tal vez no había papá. Ella no pudo hacerlo. Pero eso no es un insulto para nosotros.

Dar a parejas del mismo sexo “el derecho a nosotros” ¡Traiciona la confianza de nuestra madre biológica! El huérfano necesita un papá y una mamá. Eso no es discriminar a las parejas gay. ¡No tiene nada que ver! Es más simple que eso: ¡Todos nacemos de un hombre y una mujer!.. ¡Y los adoptantes deben ser un hombre y una mujer!

Escuchamos a personas que dicen: “Vivir con una pareja gay es mejor que ser huérfano” Escuchen lo que tengo que decir al respecto: Esa afirmación rebosa de deshonestidad. ¡Hay decenas de miles de parejas hombre/mujer que esperan poder adoptar!

Otros dicen, “una pareja gay es mejor que nada”. ¡Eso es estremecedor y homofóbico! ¡Lo mejor para un niño es un papá y una mamá! No me cansaré de repetirlo.

Decir que un huérfano no merece tener mamá, es cruel e injusto. Decir que un huérfano no merece tener papá, es cruel e injusto. ¡Es una crueldad y una injusticia! ¡Es atentar contra la igualdad de la niñez!

La inseminación y la renta de úteros se contempla en la ley del matrimonio gay.

Cada vez será más común ver niños de la inseminación y la renta de vientres. Nosotros decimos ¡No a la inseminación artificial ni al alquiler de vientres! ¡No a la adopción por parejas del mismo sexo! Los gays pueden estar enamorados, no lo dudo, ¡pero eso no cambia las necesidades de un niño!

Muchos dicen “oh, las cosas han evolucionado”, “tantos países han aceptado el matrimonio gay”, pero nosotros somos un gran nación y una gran democracia. La ley del matrimonio gay es puro egoísmo. La ley debe velar por los más débiles, ¡No por el capricho de los fuertes! Los padres son para el niño, no al revés.

Francia es la nación de los derechos humanos, es la nación de los derechos del niño. ¡Somos la nación donde los niños tienen derechos! ¡No donde los niños son un derecho!

Señor presidente, le recuerdo a usted, escúchenos, los huérfanos somos los que importamos en todo esto. Los niños, los huérfanos y los adoptados.

¡Gracias y movilicémonos!

¡Por nosotros!

¡Por nuestros papás y mamás!

¡Por la familia!

Lo secreto le pertenece al Señor

24 JUNIO

Deuteronomio 29 | Salmo 119:49–72 | Isaías 56 | Mateo 4

Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Hay en este texto dos puntos principales que requieren reflexión.

En primer lugar, lo que corresponde a la comunidad del pacto es centrarse en aquello que Dios ha revelado. No se trata sólo de cosas que “pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”, sino de cosas que nos han sido dadas para que “obedezcamos todas las palabras de esta ley”. Esta es la principal razón por la cual este texto se ha ubicado al final de un capítulo largo sobre la renovación a través del pacto. Es verdad que hay muchas cosas ocultas que no podremos saber, pero lo que sí se ha revelado –en este contexto se trata de las condiciones del pacto con Moisés, con las enormes posibilidades que contiene tanto para la bendición como para el juicio– es lo que tiene que ocupar nuestro interés y producir en nosotros una obediencia consecuente.

En segundo lugar, tenemos que reconocer con franqueza que hay cosas que no nos han sido reveladas. No comprendemos bien, por ejemplo, la relación entre el tiempo y la eternidad, y tampoco alcanzamos a comprender cómo Dios, quien habita la eternidad, puede darse a conocer en nuestra historia finita de tiempo/espacio. Se nos ha revelado que así lo hace –y tenemos varios términos para describir ciertos elementos de esta revelación (por ejemplo: encarnación)–, pero no sabemos cómo se realiza esto. No comprendemos cómo Dios puede ser al mismo tiempo personal, transcendente y soberano; no comprendemos cómo el único Dios puede ser también una trinidad.

Sin embargo, en ninguno de estos casos supone refugiarse en la ignorancia de una manera sutil e irresponsable, o detrás de lo irracional o misterioso. Cuando admitimos, e incluso insistimos, que hay misterios en torno a estos asuntos, no estamos admitiendo que no tengan sentido o que sean contradictorios en sí mismos. Más bien lo que decimos es que nuestro conocimiento es limitado y reconocemos nuestra ignorancia. Lo que Dios no haya revelado acerca de sí mismo no se puede conocer. “Lo secreto pertenece a Dios”.

De hecho, a causa del contraste que el texto presenta, lo que se da a entender es que sería presuntuoso pretender que podemos saber estas cosas, o incluso pasar demasiado tiempo intentando descubrirlas, pues sería intentar acceder al territorio que sólo pertenece a Dios. Dicho esto, algunas cosas se nos esconden para incitarnos a buscar. En Proverbios 25:2 leemos que corresponde a la gloria de Dios esconder un asunto, y corresponde a la gloria de los reyes sondearlo. Pero no es una regla universal: el primer pecado consistió en intentar alcanzar conocimiento sobre aquello que debía permanecer oculto, a fin de ser “como Dios”. En tales casos, el camino de los sabios es el de la adoración reverente hacia aquél que conoce todas las cosas, junto con un sometimiento obediente a aquello que él, por su gracia, ha escogido revelar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 175). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La vida impía

24 Junio 2017

La vida impía
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

Si hay algo que debemos notar en los versículos 4 al 6 del Salmo 1 es el contraste. No pase por alto las diferencias claras con los versículos anteriores. «No sucede así con los impíos, que son como el tamo que arrebata el viento».

El versículo 4 de la Biblia, comienza con una negación enfática. Literalmente dice:

«¡Los impíos no son así!» La oración es un contraste de los tres versículos anteriores que describen al creyente justo y piadoso que:

Es bienaventurado (pero, «¡el impío no es así!»).

Se deleita y medita en la Palabra de Dios (pero, «¡el impío no hace eso!»).

Es como un árbol (pero, «¡el impío no es así!»).

Lleva fruto y es próspero (pero, «¡el impío no es así!»).

En su lugar, el salmista utiliza un término que representa la vida del impío: un tamo.  El tamo es la pelusa que se desprende de los granos durante el proceso de desgranarse. El tamo no tiene ningún uso. A diferencia de un árbol firmemente arraigado y que lleva fruto, el tamo se lo lleva al viento durante el proceso de la cosecha. La palabra hebrea, «llevar» que se utiliza en este versículo significa diseminarse, dividirse, separarse.

Después de comparar las vidas de los «piadosos» y los «impíos», David considera el destino de aquellos que rechazan al Señor:

«Por tanto, no se levantarán los impíos en el juicio ni los pecadores en la congregación de los justos» (v. 5).

Esta locución conjuntiva, «por tanto», une este versículo con el versículo anterior y quiere dar a entender que ya que el impío no tiene ningún valor interno y es inestable, éste no tendrá ninguna defensa durante su juicio.

Cuando el versículo utiliza el término, » levantarse», el significado hebreo da la idea de ponerse de pie. El compositor quiere dar a entender que el impío no puede presentar ninguna defensa ante el juicio de Dios. El versículo termina utilizando una declaración paralela: «ni los pecadores en la congregación de los justos».

Una persona que nunca ha venido por fe al Señor ni ha confiado en Él para obtener vida eterna y la justificación ante los ojos de Dios, no tiene parte en la asamblea de los creyentes. Una vez más, permítame recordarle otro contraste. En lo que respecta al destino, existe una gran diferencia entre una persona justa y el impío. No obstante, muchos incrédulos viven vidas buenas y saludables, es más, algunos hacen cosas muy especiales. ¿Cómo entonces puede alguien decir que ellos no estarán en la congregación de los justos? El versículo 6 responde la pregunta: «Porque el Señor conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá».

Es el Señor el que se encarga del juicio. Solo Él conoce el corazón. Solamente Dios y no el hombre. Solo Dios es capaz de ser justo y recto. Pero entonces, ¿no conoce Dios también el camino del impío? ¡Claro que sí! Pero el versículo 6 nos explica por que el impío no podrá levantarse ante el juicio ni tampoco estará en la congregación de los justos. ¿Por qué no? Porque el Señor tiene un interés muy especial en el justo. Porque el Señor está unido al justo por amor. Él no permitirá que el justo y el injusto se mezclen. Ese no es su plan.

El versículo concluye con un recordatorio severo de la forma en que el impío perecerá. Un clímax impresionante en este salmo. Y una vez más otro contraste claro. En lugar de prosperar, el impío perecerá de la misma forma en que aquel edificio de ladrillos de la municipalidad que le mencioné al principio, terminó siendo clausurado.

Afirmando el alma
Dios no demanda la perfección de los creyentes; todos nosotros fallamos de vez en cuando. Afortunadamente, la gracia abunda. Una indicación de que nuestra fe es genuina es nuestro deseo sincero de obedecerle a Él. Si usted no se «deleita» en complacer a Dios mediante la obediencia a su Palabra, quizás es un buen momento para que analice su alma. Hágalo ahora.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

 Puedo contentarme en todas las cosas

JUNIO, 24

Puedo contentarme en todas las cosas

Devocional por John Piper

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:13)
La provisión diaria de la gracia venidera de Dios hacía que Pablo pudiera estar saciado o hambriento, prosperando o sufriendo, en abundancia o en pobreza.

«Todo lo puedo» realmente significa «todo lo puedo», y no tan solo lo que es fácil. «Todo» significa que en Cristo sé vivir con hambre, en sufrimiento y en necesidad. Así, podemos ver la maravillosa promesa del versículo 19 en su contexto apropiado: «Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús».

¿Qué significa «todas vuestras necesidades» en vista de Filipenses 4:19? Significa «todo lo que necesitamos para tener el contentamiento que glorifica a Dios». El amor de Pablo por los filipenses surgía de su contentamiento en Dios, y su contentamiento surgía de su fe en la gracia venidera de la infalible provisión de Dios.

Entonces, es obvio que la codicia es exactamente lo contrario de la fe: es la pérdida del contentamiento en Cristo lo que hace que comencemos a desear otras cosas para satisfacer los anhelos de nuestro corazón. Y no hay duda de que la batalla contra la codicia es una batalla contra la incredulidad y por la fe en la gracia venidera.

Cuando sintamos que la codicia aumenta en lo más mínimo en nuestro corazón, debemos cerrarle el paso y luchar contra ella con todas nuestras fuerzas, haciendo uso de las armas de la fe.

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El código de circulación

sábado 24 junio

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Santiago 2:10

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.

Efesios 5:2

El código de circulación

Cuando un automovilista sobrepasa el límite de velocidad autorizado, infringe el código de circulación. Quizá solo haya cometido una sola falta; no obstante, infringió el código de circulación. ¡No imaginaríamos a un automovilista, detenido debido a un exceso de velocidad, justificarse diciendo que nunca se ha pasado un semáforo en rojo! ¿Qué conductor podría pretender no haber transgredido nunca el código de circulación?

En la Biblia, la ley de Dios dada a Moisés era perfecta, y los israelitas tenían que respetarla punto por punto. La experiencia mostró que ese pueblo no obedeció esa ley. ¡Nadie hubiese podido hacerlo! Por supuesto, la gran mayoría de nosotros no ha transgredido el mandamiento que dice: “No matarás”. Pero, ¿quién no ha desobedecido el que dice: “No codiciarás”? (Éxodo 20:13, 17).

Todos hemos desobedecido a Dios. Todos, menos uno, Aquel que vino al mundo hace 2.000 años, Jesucristo, el hombre perfecto, quien cumplió toda la ley de Dios (Mateo 5:17). Pero hizo mucho más que cumplir la ley: aceptó morir crucificado, por amor a nosotros, para que Dios perdonase todos nuestros pecados.

No es, pues, tratando de obedecer una ley cómo seremos hechos justos ante Dios, porque siempre fallaremos en un punto u otro. Pero el Evangelio nos trae una buena noticia: Dios nos declara justos si creemos en el sacrificio de Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros.

2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

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La profundidad del amor

La profundidad del amor

6/23/2017

Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. (1 Pedro 4:8)

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien en su casa? Si lo hace, recuerde que Jesucristo ya pagó el castigo de cualquier cosa que esa persona hiciera. Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted.

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Esperando la adopción

23 de junio

«Esperando la adopción».

Romanos 8:23

Aun en este mundo los santos son hijos de Dios; pero los hombres no pueden comprobarlo si no es por ciertas características morales. La adopción no se ha manifestado aún: aún no se ha declarado abiertamente quiénes son los hijos. Entre los romanos, alguien podía ser hijo adoptivo y el hecho mantenerse en secreto durante mucho tiempo; no obstante, había una segunda adopción en público, cuando se llevaba al niño ante las autoridades constituidas, se le quitaban sus vestidos anteriores y el padre que lo recibía le daba una ropa apropiada a su nueva condición: «Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser». Aún no estamos vestidos con la ropa apropiada para la familia real en el Cielo. Llevamos puesto (en esta carne y sangre) precisamente aquello que visten los hijos de Adán; pero sabemos que «cuando él [quien es ‘el primogénito entre muchos hermanos’] se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es». ¿No puedes imaginarte a un niño, tomado de la clase más baja de la sociedad romana y adoptado por un senador, diciendo: «Ansío el día cuando seré adoptado públicamente; entonces dejaré estos vestidos plebeyos y se me vestirá como conviene a mi rango senatorial»? Se siente feliz con lo que ha recibido; por eso gime por alcanzar la plenitud de aquello que se le ha prometido. Así ocurre con nosotros actualmente: estamos esperando ser ataviados con nuestros propios vestidos y hasta manifestados como hijos de Dios. Somos jóvenes nobles y aún no nos hemos ceñido nuestras coronas. Somos jóvenes novias y aún no ha llegado el día de nuestro casamiento: el amor que nuestro Esposo nos profesa nos lleva a ansiar y anhelar la mañana de nuestra boda. Nuestra felicidad misma nos hace gemir por una felicidad mayor. Nuestro gozo, como un manantial que se desborda, ansía brotar como un géiser de Islandia, que salta hasta el cielo. Ese gozo suspira y gime dentro de nuestro espíritu por falta de espacio y lugar para manifestarse a los hombres.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 184). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Problemas en el púlpito evangélico

Problemas en el púlpito evangélico

Juan Stam

Hay una crisis de insensatez en el púlpito evangélico hoy. No podemos negar que muchos siervos del Señor están exponiendo la Palabra fielmente semana tras semana, pero probablemente son minoría y poco reconocidos. Un monitoreo de la predicación en los medios de comunicación masiva (televisión, radio y casetes) nos da mucho de que preocuparnos.

Hace poco un predicador centroamericano bastante famoso predicó sobre Génesis 15:6, “Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia” (ver Romanos 4:3, Gálatas 3:6, Santiago 2:23). Comenzó su sermón diciendo, “Esta mañana oré mucho, y pedí al Espíritu Santo revelarme la palabra precisa para explicar este texto hoy, y me dio la palabra ‘derecho’”. En seguida interpretó el texto como “la fe le fue contada por derecho”, en el sentido moderno de ese término. Pero ¡qué raro! Difícilmente podría haber peor manera de malentender ese texto. O el Espíritu Santo se equivocó, o el distinguido predicador oyó mal la voz divina, y compartió su confusión con millones de televidentes.

Es siempre peligroso atribuir al Espíritu Santo nuestras interpretaciones del texto bíblico, para terminar culpando al Espíritu divino por nuestros errores humanos. Una vez escuché a un pastor decir, “He hablado lenguas, he profetizado, y ahora estoy pidiendo al Señor el don carismático de la exégesis”. ¡No, hermano! El Espíritu da muchos dones carismáticos, pero la exégesis no es uno de ellos. El don de la exégesis viene por escudriñar las escrituras y examinarlo todo según los mejores métodos de la interpretación. En eso el Espíritu de Dios nos acompaña y nos ilumina, pero no nos desplaza como para hacer él las tareas que nos tocan a nosotros, ni mucho menos de otorgar infalibilidad divina a nuestros desvaríos.

Unos meses antes escuché a ese mismo predicador exponer la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30). El punto central que sacó del texto era algo que ni aparece en el texto: “La igualdad”, dijo, “de que tanto hablan los comunistas, no es un concepto bíblico. El Creador de la desigualdad es Dios, porque no da lo mismo a todos”. Pero la parábola no atribuye a Dios las desigualdades de esta vida, ni hace ninguna correlación entre Dios y el amo de la parábola. La primera ley para la interpretación de parábolas es interpretarlas desde su mensaje central y no desde sus detalles aislados. Si interpretáramos de esa misma manera la parábola del mayordomo injusto, sacaríamos conclusiones nefastas. La parábola de los talentos es un llamado a la mayordomía, no una defensa de la desigualdad, un mal que condenan muchos otros pasajes de la Biblia.

En algunos casos, estas aberraciones homiléticas son menos absurdas sino parecen ser inferencias lógicas del texto. Un caso es la consigna que si Cristo entregó las llaves a nosotros, entonces ya no las tiene él. ¡Perfectamente lógico! Lo que regaló a otros ya no me queda a mí. Puede ser lógico, pero no es bíblico. Los testigos de Jehová concluyen, muy lógicamente, que si Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo, hoy te he engendrado”, entonces antes el Hijo no existía. Para hacer tal inferencia lógica, tienen que hacer caso omiso del contexto, del trasfondo de la frase en Salmo 2 y de muchos detalles más, muy importantes para la exégesis. En general, los heréticos son muy lógicos, pero nada bíblicos. No toda inferencia lógica del texto es fiel al sentido de él y al mensaje que el Espíritu Santo inspiró.

No hace mucho otro predicar hizo una exégesis muy lógica de Hechos 2:17, “derramaré mi Espíritu sobre toda carne”. Pues bien, los animales también son carne, por lo que podemos entender que Dios promete derramar su Espíritu sobre nuestros ganados y mascotas, y debemos orar por la sanidad divina de ellos. Es perfectamente lógico — pero lamentablemente, no tiene nada que ver con el sentido del texto. Los impíos e incrédulos son carne también, Hitler y Somoza y Pinochet eran “carne”. Así entendido, el Pentecostés no significaría nada.

Es curioso que en esta nueva ola homilética, que es claramente anti-intelectual, hay un prurito irresistible de aclararnos “el sentido del griego (o hebreo) original”. Los autores bíblicos se sorprenderían mucho al descubrir lo que ellos querían decir “en la versión original”. El más común de estos abusos consiste en apelar a etimologías fantasiosas, como “sin-cera” para “sincero” o “dinamita” para dúnamis, que son puros inventos que nada tienen que ver con el mensaje original del texto. Toda la especulación sobre la supuesta diferencia entre “Rhema” y “Logos” carece de base confiable en la semántica de texto original. Son incontables las “maravillas” que estos predicadores pretenden sacar de los idiomas originales, que sólo dejan evidente que ellos no conocen esos idiomas y que las más de las veces han sacado sus maravillas no del texto original sino de comentarios en el inglés. Su uso de palabras griegas muestra que no las entienden gramaticalmente, por ejemplo cuando un predicador trata palabras como neanískos y bréfos como si fueran plurales, sólo porque terminan en la letra “ese”. No es necesario, para nada, ni en general bueno, que los predicadores aluden al hebreo y el griego. Pero si lo van a hacer, por lo menos que lo hagan responsablemente, con el debido conocimiento del idioma.

Creo que es hora de preocuparnos muy seriamente por el púlpito evangélico, antes de que pierda para siempre toda racionalidad y coherencia.

Juan Stam Teólogo Costaricense y autor de Las Buenas Nuevas de la Creación. El profesor Stam también es conferencista. Ver su sitio personal.