¡Maldiciones!

23 JUNIO

Deuteronomio 28:20–68 | Salmos 119:25–48 | Isaías 55 | Mateo 3

Puede que no haya ningún pasaje en la Biblia más perturbador que Deuteronomio 28:20–68. El escenario que el texto describe es el de los juicios que caerían sobre el pueblo de Dios si desobedecían los términos del pacto y se rebelaban contra Dios, “Si no te empeñas en practicar todas las palabras de esta ley, que están escritas en este libro, ni temes al Señor tu Dios, ¡nombre glorioso e imponente!” (28:58)

Hay muchos elementos en estas maldiciones que nos llaman la atención. Me quiero centrar en dos de ellos.

En primer lugar, los juicios detallados aquí se podrían interpretar desde un punto de vista secular como accidentes de unas circunstancias políticas y sociales cambiantes, o dentro de una cosmovisión pagana como el fatal destino desencadenado por unos dioses malévolos. A primera vista, todos los juicios se desarrollan dentro del mundo natural: la enfermedad, la sequía, la hambruna, la derrota militar, los forúnculos, la pobreza, el sometimiento a un poder superior, las plagas de langostas, las desavenencias económicas, el cautiverio, la esclavitud, los estragos terribles de los sitios interminables, el declive demográfico, la diáspora entre las naciones. En otras palabras, no hay ningún juicio que parezca ser una clara intervención desde los cielos. Por lo tanto, los que han dejado de escuchar las palabras de Dios se encuentran en la horrible situación de sufrir castigos que no creen proceder de él. Y esto forma parte justamente del castigo: se enfrentan a castigos, pero en su incredulidad están tan endurecidos que ni siquiera son capaces de ver tal castigo como lo que es. Las bendiciones que habían gozado por la benévola misericordia, no habían sabido recibirlas como dones de Dios; las maldiciones que ahora sufrían se infligen desde el placer de Dios (28:63), y siguen incapaces de reconocerlos como dádivas a Dios. La ceguera se enquista, se vuelve sistémica, persistente, humanamente incurable.

En segundo lugar, los juicios de Dios se extienden más allá de las tragedias infligidas desde el exterior hasta mentes que están totalmente descolocadas –en parte por la magnitud de la pérdida, pero también por Dios mismo–. El Señor dará a estas personas “…ni paz ni descanso. El Señor mantendrá angustiado tu corazón; tus ojos se cansarán de anhelar, y tu corazón perderá toda esperanza. Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida” (28:65–66). Este Dios no sólo controla los sucesos materiales de la historia, sino también las mentes y los sentimientos de los que caen bajo sus juicios.

Ante un Dios así, es indeciblemente necio intentar escondernos o engañarle. Lo que debemos hacer es arrepentirnos y arrojarnos a sus pies pidiendo misericordia, pidiéndole la gracia necesaria para seguirle en un espíritu de obediencia honesta, conscientes de lo terrible que es la rebeldía, con los ojos abiertos para percibir y recibir tanto su bondad providencial como sus juicios providenciales. Debemos ver la mano de Dios en todo; debemos juzgarlo todo, resueltos a centrarnos inamoviblemente en él en nuestra manera de interpretar nuestras realidades.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 174). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un caminar intransigente

23 Junio 2017

Un caminar intransigente
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

Mientras leo el Salmo 1, tres ilustraciones de la Biblia llegan a mi mente. Dos hombres coquetearon con la maldad y luego cayeron; pero hubo otro que rehusó «caminar en el consejo de los impíos».

Las dos primeras ilustraciones tienen que ver con Lot y Sansón; la tercera tiene que ver con José.  La gente alrededor del mundo sabe de Sansón, cuya vida se describe claramente en Proverbios 5:20 -23:

¿Por qué, hijo mío, andarás apasionado por una mujer ajena
y abrazarás el seno de una extraña?
Los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR,
y él considera todas sus sendas.
Sus propias maldades apresarán al impío
y será atrapado en las cuerdas de su propio pecado.
Él morirá por falta de disciplina,
y a causa de su gran insensatez se echará a perder.

Muchas personas no saben quien es Lot, el sobrino de Abraham. Teniendo en mente Salmo 1:1, lea lo que dice el Génesis 13:

Lot eligió para sí toda la llanura del Jordán, y partió Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. (v. 11)

Lot «camino en el sendero del impío».

Abram habitó en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la llanura y fue instalando sus tiendas hasta Sodoma.  Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra el Señor. (vv. 12-13)

Él «se detuvo en el lugar de los pecadores».

Y en Génesis 19:

Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado junto a la puerta de Sodoma. (v. 1)

Lot ahora vivía en medio de ellos y su morada se encontraba en la «silla de los burladores».

En el caso de José, el asunto era totalmente diferente. José rehusó permitir que el trajín diario de la transigencia le afectara aún cuando la esposa de Potifar continuara seduciéndole. Haga una pausa y lea Génesis 39: 1-12.

José, literalmente, huyó de ella y de sus seducciones. Me parece muy significativo que cada vez que el Nuevo Testamento habla sobre los pecados sexuales, se nos dice que debemos «huir». El Salmo 1:1 nos asegura que seremos sumamente felices si nos alejamos de las primeras señales de transigencia con la maldad. La felicidad ocurre cuando hay mancha en nuestra pureza moral.

La canción antigua continúa diciendo: «Más bien, en la ley del Señor está su delicia, y en ella medita de día y de noche». (v. 2)

Este versículo comienza con la frase, «más bien» que implica un contraste. El primer versículo explica una situación negativa, mientras que este versículo explica una situación positiva. En contraste a la transigencia y a la erosión, el creyente piadoso se ocupa en la Palabra de Dios.

¿Por qué David menciona la ley aquí? Porque si deseamos cambiar nuestro estilo de vida, necesitamos un parámetro absoluto, una dirección clara. La Palabra de Dios nos da esa dirección. La palabra, «ley» se refiere a la palabra escrita de Dios, la Biblia (Salmo 119: 9). El salmista afirma que una persona justa se «deleita» en la Palabra de Dios. Ella no mira la Escritura como si fuese una carga o una interrupción en su día. Más bien, de día y de noche medita en ella.

El versículo 1 del Salmo 1 nos promete la felicidad; el versículo 2 nos provee los medios para alcanzarla. Ahora el versículo 3 nos muestra el resultado final:

Será como un árbol
plantado junto a corrientes de aguas
que da su fruto a su tiempo
y su hoja no cae.
Todo lo que hace prosperará.

Es interesante ver que el verbo que se utiliza en este pasaje con la persona justa tiene que ver con «ser» en lugar de «hacer».

Me impresiona saber que seremos algo en vez de hacer algo como resultado de deleitarnos y meditar en la Palabra de Dios. El versículo nos dice, si ninguna pompa pero con seguridad, que  seremos como un árbol en cuatro formas específicas. Seremos:

1. Plantados: fuertes, estables, arraigados, sólidos y firmes.
2. Fructíferos: la producción es algo que ocurre naturalmente después de ser plantados y de crecer.
3. Vivos: aun en medio de días difíciles, el alma no se marchita.
4. Prósperos: cumple los objetivos que Dios ha diseñado para su vida.

Jeremías dice lo mismo: «Será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente» (Jeremías 17:5- 8). Permítame animarle a que camine de manera pura e intransigente; que se deleite en la Palabra de Dios y que llegue a ser un «árbol espiritual» estable y confiable.

No existe ningún atajo para la madurez espiritual. Al igual que la madurez física, el desarrollo ocurre diariamente y necesita buena alimentación y un ambiente adecuado. Si usted sigue una buena dieta espiritual y un ambiente adecuado, usted puede experimentar «abundancia de felicidad» y lo mejor de todo es que el afán diario de la transigencia y sus efectos dañinos no le afectarán.

Afirmando el alma
Considere sus propias circunstancias y pregúntese a sí mismo, en términos prácticos, ¿qué significa caminar en el consejo de los impíos? ¿Cuales decisiones se toman allí? Por otro lado, ¿cómo puede usted cultivar ese «deleite» en la Palabra de Dios? Haga una lista de los pasos a seguir y establezca objetivos específicos para ponerlos en práctica.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La fe honra a aquel en quien confía

JUNIO, 23

La fe honra a aquel en quien confía

Devocional por John Piper

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. (Romanos 4:20)
Anhelo que Dios sea glorificado en nuestra búsqueda de santidad y amor; pero Dios no es glorificado a menos que nuestra búsqueda sea enriquecida por la fe en sus promesas.

Y el Dios que se reveló plenamente en Jesucristo, quien fue crucificado por nuestros pecados y resucitado por nuestra justificación (Romanos 4:25), es más glorificado cuando abrazamos sus promesas con firmeza y gozo, porque estas fueron compradas por la sangre de su Hijo.

Dios recibe honra cuando somos humillados por nuestras debilidades y fracasos, y cuando confiamos en que recibiremos de él gracia venidera (Romanos 4:20). Por lo tanto, a no ser que aprendamos a vivir por fe en la gracia para el futuro, los actos religiosos extraordinarios que podamos llevar a cabo no son para la gloria de Dios.

Él recibe la gloria cuando el poder para ser santos proviene de una fe humilde en la gracia venidera.

Martí?n Lutero dijo: «[La fe] honra a aquel en quien confía? con el respeto más grande y reverente, ya que lo considera veraz y confiable». El Dador en quien confiamos recibe la gloria.

Mi gran deseo es que aprendamos a vivir para la honra de Dios; y esto significa vivir por la fe en la gracia venidera, lo cual, a su vez, implica luchar contra la incredulidad cada vez que se revele.

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Bondad no significa debilidad

¡Señor! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

Éxodo 34:6-7

Bondad no significa debilidad

A veces oímos decir: «Dios es tan bueno que acabará salvando a todos».

–Pero bondad no significa debilidad. Creemos en el Dios del que nos habla la Biblia, es decir, un Dios justo, santo, que también es amor; y no en el «buen Dios», como escuchamos en el lenguaje cotidiano. El Dios de la Biblia es fiel, tanto en sus promesas de juicio, de castigo, como en sus promesas de gracia y de perdón.

–Bondad no significa olvido. Por lejanas y antiguas que sean nuestras faltas, mientras no las confesemos a Dios, él no las olvida. Pero, si lo hacemos, Dios perdona, y olvida; no es por debilidad, indulgencia o amabilidad, sino porque aceptamos que su Hijo Jesucristo expió nuestros pecados. Jesús recibió en nuestro lugar el castigo que merecíamos. Así es como Dios puede perdonarnos… y aún más, justificarnos, es decir, hacernos justos sobre una base totalmente segura.

–Bondad tampoco significa compromiso. No pensemos que Dios es complaciente, que tiene en cuenta nuestras buenas intenciones, que pasa por alto nuestras pequeñas mentiras para castigar solo las faltas más graves.

Dios es justo, es amor, y no es ni indulgente ni débil. Hoy salva a todos los que se arrepienten y responden a su propuesta de perdón y reconciliación.

¿Y los demás…? ¿Cómo podrían escapar al juicio de Dios, pues, precisamente, Dios es justo?

2 Reyes 23:1-20 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28

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Mida su amor

Mida su amor

6/22/2017

Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó. (Efesios 2:4)

La mejor vara de medir el amor en la vida de un cristiano puede ser el perdón. Es porque Dios nos demostró su amor desde el punto de vista del perdón. La Biblia pudo habernos enseñado que de tal manera amó Dios al mundo que ha hecho flores o árboles o montañas. Pero ella enseña que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Él dio a su Hijo para perdonarnos. Eso demuestra sin dudas el amor de Dios más que las flores, los árboles o las
montañas.

Mida su amor. Pregúntese: ¿Amo? Si no ama, no es de Dios porque los hijos de Dios aman a los demás (1 Jn. 4:7-8). ¿Cómo puede saber si usted se caracteriza por el amor? Pregúntese: ¿Estoy enojado con alguien por algo que me hizo? ¿A menudo me enojo con los demás, ya sea que exprese o no mi enojo? ¿Hablo de los demás lo que no debo hablar? Esas son características de su antigua manera de vivir; características de las que debe librarse a fin de amar y perdonar a los demás.

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Para que queden las inconmovibles

22 de junio

«Para que queden las inconmovibles».

Hebreos 12:27

Nosotros poseemos muchas cosas que pueden verse sacudidas; y no es propio que un cristiano acumule muchas posesiones, ya no hay nada estable bajo del Cielo. La palabra «cambio» está escrita sobre cada cosa. Sin embargo, tenemos ciertas posesiones que son «inconmovibles», y yo te invito a pensar en ellas esta noche, para que, si desaparecen todas aquellas cosas que pueden ser removidas, cobres verdadero aliento en cuanto a las cosas inconmovibles que van a permanecer. Cualesquiera hayan sido tus pérdidas, o puedan ser en el futuro, gozas de una salvación presente. Estás al pie de la cruz, confiando solo en los méritos de la preciosa sangre de Jesús, y ninguna subida o bajada de la bolsa puede interferir con la salvación que tienes en él. Ningún asalto a un banco, ningún fracaso o ninguna bancarrota la puede afectar. En esta noche eres un hijo de Dios: Dios es tu Padre. Ningún cambio de circunstancia puede privarte de esto. Aunque debido a alguna pérdida caigas en la pobreza y quedes completamente desnudo, te es posible decir: «Él es aún mi Padre y en la casa de mi Padre hay muchas moradas; por tanto, no seré conmovido». Tienes otra bendición permanente: a saber, el amor de Jesucristo. El que es a la vez Dios y hombre te ama con toda la fuerza de su naturaleza afectiva; nada puede cambiar esto. La higuera tal vez no florezca y los rebaños quizá desaparezcan de los campos; pero ese hecho no afecta a las almas que pueden cantar: «Mi amado es mío y yo suya». No podemos perder nuestra mejor porción y nuestra más valiosa herencia. Cualquiera que sea la aflicción que nos sobrevenga, portémonos varonilmente: demostremos que no somos niños pequeños que se abaten por cualquier cosa que pueda acontecerles en esta vida transitoria. Nuestra patria es el Reino de Emanuel, nuestra esperanza está en el Cielo y, por tanto, es tranquila como el océano en el verano. Veremos la destrucción de toda cosa terrena; pero, a pesar de todo, nos regocijaremos en el Dios de nuestra salvación.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 183). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Meditar en la Palabra

22 JUNIO

Deuteronomio 27:1–28:19 | Salmo 119:1–24 | Isaías 54 | Mateo 2

En esta meditación, los textos de Deuteronomio y Salmos convergen.

El escenario descrito por Deuteronomio 27–28 es impresionante. Cuando los israelitas entran en la Tierra Prometida, deben llevar a cabo un acto solemne de compromiso nacional. Deben dividirse en dos grandes compañías, cada una compuesta por cientos de miles de personas. Seis de las tribus deben ponerse en las pendientes del Monte Gerizim y las otras seis en las del Monte Ebal. Las dos grandes multitudes luego debían llamar la una hacia la otra en una serie de respuestas antifonales. Durante algunas partes de esta ceremonia, los Levitas, quienes se encontraban con los otros en el Monte Gerizim, debían pronunciar unas frases prescritas y la multitud entera clamaba: “¡Amén!”. En otras partes, la multitud del Monte Gerizim clamaba las bendiciones de la obediencia y la del Monte Ebal clamaba las maldiciones de la desobediencia. El impacto dramático de este acontecimiento, en el momento de llevarse a cabo (Josué 8:30–32), tuvo que ser asombroso. El propósito de este ejercicio fue que el pueblo en su conjunto comprendiese la absoluta seriedad con la que hay que tomar la palabra de Dios si realmente queremos gozar de su bendición, y las terribles consecuencias que contrae la desobediencia, la cual da lugar a la maldición divina.

El Salmo 119 es muy diferente desde el punto de vista formal, pero aquí también nos damos cuenta del énfasis extraordinario que pone en la Palabra de Dios. Parece como si el capítulo más largo de todas las Escrituras tuviese como propósito desplegar el significado del segundo versículo del libro de los Salmos: “sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella” (1:2, ver también la meditación que corresponde al 1 de Abril). El Salmo 119 es un poema acróstico: cada una de las 22 letras del alfabeto hebreo sirve para introducir cada uno de los ocho versículos cuyo tema, en todos los casos, es la palabra de Dios. A lo largo de este poema, se emplean ocho términos casi sinónimos para referirse a las Escrituras: la ley (que tal vez se traduce mejor con la palabra instrucción, y que sugiere la revelación), los estatutos (término que nos llama la atención a la fuerza vinculante de las Escrituras), los preceptos (término que tiene que ver con la benévola supervisión de Dios, que cuida todos los detalles de quienes son objeto de su protección), los decretos (las decisiones del Juez supremo y sabio), la palabra (tal vez el término más amplio, que engloba toda la verdad de un Dios que se ha autorrevelado, sea en forma de promesa, de relato, de estatuto o de mandamiento), mandamientos (basados en la autoridad que Dios tiene para decir a sus criaturas lo que tienen que hacer), promesas (palabra que viene del verbo “decir”, pero que se emplea en contextos que nos recuerdan la palabra inglesa “promise”), y testimonios (la acción decidida con la cual Dios “testifica” o “da testimonio” de la verdad contra todo aquello que es falso; la palabra en Hebreo a veces se traduce por “estatuto” en algunas versiones inglesas.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 173). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La vida justa

22 Junio 2017

La vida justa
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

En los primeros tres versículos del Salmo 1, el salmista describe una persona que decide vivir una vida recta, una persona que conscientemente resiste las desviaciones sutiles de la transigencia. Él presenta el concepto de una persona que se mantiene lejos de cualquier cosa que pueda erosionar su compromiso de vivir piadosamente. La canción comienza con tres analogías negativas que ilustran la importancia de evitar comprometerse con el mal y cuya consecuencia sería que la maldad llegara a convertirse en un hábito. Luego, en el versículo 2, él muestra el lado positivo de la piedad y la forma en que puede lograrse. El versículo 3 describe los beneficios de caminar en justicia. Analicemos esto más profundamente.

Bienaventurado el hombre que
no anda según el consejo de los impíos
ni se detiene en el camino de los pecadores
ni se sienta en la silla de los burladores. (v. 1)

La primera palabra: «bienaventurado», es un tanto anodina en nuestro idioma español. El término hebreo es mucho más descriptivo, especialmente en su forma calificativa. Quizás una descripción más sencilla sería decir: «Oh, cuánta felicidad, felicidad tras felicidad…»

¿Qué es lo que causa tal abundancia de felicidad? La pureza de caminar en justicia delante de Dios. Podemos notar esto al analizar las tres categorías de los términos restantes de este versículo.

Caminar – Consejo – Impíos – Detenerse – Camino – Pecadores – Sentarse – Silla – Burladores

El salmista está hablando de una erosión espiritual. Las palabras ilustran lo fácil que es que nuestras intenciones hacia la justicia se vayan deteniendo o lo hagan completamente al irse desgastando debido a las compañías que elegimos mantener.

Caminar
El término caminar sugiere la idea de pasar por algún lugar o dar un movimiento casual. Al leer la frase completa, la idea implica una persona que imita o sigue los pasos de los impíos.

La palabra que se traduce como «consejo» se deriva de un término hebreo que significa «duro o firme». En este pasaje significa una dirección planeada firme y definitiva. Considere esta paráfrasis del versículo 1:

«Oh, cuánta felicidad tiene aquel que no sigue los pasos o imita el estilo de vida de aquellos que viven impíamente”.

Es común coquetear con la vida impía, es común imitar periódicamente los pasos de aquellos que no tienen a Cristo. A veces, a manera de broma, nos referimos a la emoción y la diversión de la impiedad o bromeamos acerca de las acciones impropias de nuestros hijos. David nos amonesta. Nos dice que seremos mucho más felices si nos mantenemos lejos de cualquier cosa que pueda erosionar y causar una transigencia espiritual en nuestras vidas.

Detenerse
La palabra hebrea para «detenerse» tiene la idea de apropiarse de una posición. La palabra, «camino» se refiere a un sendero ya trazado, un estilo de vida precisamente marcado. ¿Puede notar la deterioración progresiva que nos lleva a involucrarnos más y más en una vida pecaminosa? El observador casual se detiene y sin darse cuenta empieza a vivir ese estilo de vida.

En contraste, si nos comprometemos con la justicia, seremos «como un árbol plantado junto a corrientes de aguas», que no puede ser erosionado por los vientos de la maldad y la impiedad.

Sentarse
La siguiente palabra que el salmista enfatiza es, «sentarse». Esta palabra sugiere una morada constante, un ajuste permanente. El uso de la palabra «sentarse» se aclara cuando entendemos qué su significado tiene que ver con una residencia permanente. Mucha atención a esto: el estilo de vida se encuentra en la esfera del burlador, una persona que continuamente bromea con las cosas sagradas. En otras palabras, una persona blasfema.

¿Nota usted el concepto del escritor? Seremos abundantemente felices si mantenemos un camino puro, lejos del mínimo coqueteo con la maldad. Si comenzamos a «caminar» en «el consejo de los impíos», fácilmente caeremos en la residencia de los burladores.

Afirmando el alma
Analice mentalmente los últimos doce meses de su vida y ponga mucha atención a su «caminar». ¿De qué manera su vida ha cambiado con respecto a los años anteriores? ¿Su caminar actual le place más a Dios, o al contrario? Considere ahora su disposición a seguir una «convicción» que no es popular. ¿Puede mantenerse firme? ¿Y qué tal su actitud? ¿Se encuentra usted sentado cómodamente en medio de aquellos que no valoran la Palabra de Dios?

Seremos abundantemente felices si mantenemos un camino puro.—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2014 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Cómo debemos luchar por la santidad

JUNIO, 22

Cómo debemos luchar por la santidad

Devocional por John Piper

Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14)
Hay una santidad práctica sin la cual no veremos al Señor. Muchos viven como si esto no fuera cierto.

Hay cristianos profesantes que viven vidas tan contrarias a la santidad, que un día escucharán las terribles palabras de Jesús: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mateo 7:23). Pablo le dice a creyentes profesantes: «si vivís conforme a la carne, moriréis» (Romanos 8:13).

Así que hay una santidad sin la cual nadie verá al Señor. Aprender a luchar por esa santidad mediante la fe en la gracia venidera es sumamente importante.

Existe otra manera de buscar la santidad que resulta contraproducente y nos conduce a la muerte. Los apóstoles nos advierten que no sirvamos a Dios de ninguna otra manera que no sea por fe en la gracia de Dios, que nos capacita.

Por ejemplo, Pedro dice: «el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 Pedro 4:11). Y Pablo dice: «no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí?» (Romanos 15:18; ver también 1 Corintios 15:10).

Momento tras momento, la gracia llega a capacitarnos para llevar a cabo «toda buena obra» que Dios nos asigne. «Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

La batalla por las buenas obras es la lucha para creer en esta gracia venidera.

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Jesús reemplazó mi ídolo

jueves 22 junio

 

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

Isaías 45:22

Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.

1 Tesalonicenses 1:9

Jesús reemplazó mi ídolo

«Ese futbolista internacional era mi ídolo. ¡El día que lo vi por primera vez fue como si hubiesen puesto oro ante mí!

Poco después alguien me pidió que leyese en la Biblia el texto de Juan 3 versículos 1 a 17. Entonces descubrí el plan de salvación de Dios. Hasta ese momento no me había imaginado que yo era pecador, esclavo de mis pasiones, cautivo por mi ídolo. Ignoraba lo que era el arrepentimiento y la posibilidad de tener una relación personal con Dios. Esa noche volví a leer el capítulo 3 de Juan y continué hasta el capítulo 7. Desde aquella noche del 24 de octubre de 2008 tuve la seguridad de que Jesús, mediante su cruz, me había liberado, me había salvado. Y mi único deseo es vivir para Dios. Ya no tengo miedo del mañana y sé que si muero iré junto al Señor.

A usted que está leyendo esta hoja, le aconsejo buscar el verdadero arrepentimiento y experimentar lo que es el nuevo nacimiento… Busque esta relación personal con Dios. Ella permite hacer libremente su voluntad. Dios le ama tal como es. Lo que él detesta es nuestro pecado, todos esos actos, pensamientos o palabras que no lo glorifican.
Doy gracias a Dios por lo que hace en mi vida. Le agradezco por haber enviado a su Hijo unigénito al mundo para salvarnos. Le pido que libere de los ídolos a aquellos que todavía están presos por ellos».

Jean-Michel

El anciano apóstol Juan escribió: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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