Dos religiones

Dos religiones

8/2/2017

¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? (1 Reyes 18:21)

La humanidad siempre ha tenido dos sistemas religiosos a su disposición. Uno es de Dios y se basa en su obra misericordiosa. El otro es de la humanidad y se basa en las obras de hombres y mujeres. Uno es únicamente de gracia soberana y se acepta por fe. El otro es únicamente de obras humanas y se efectúa en la carne. Uno brota de un corazón sincero, el otro de la hipocresía exterior.

Aun la ley de Moisés, aunque de Dios, no era un medio de salvación. Era un medio de mostrarles a las personas su necesidad de salvación. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro. 3:20). Cuando Jesucristo vino, nos enseñó que no podemos por nosotros mismos cumplir esa perfecta ley. Él puso en claro que debemos escoger la religión de la gracia y de la fe y no la religión de la ley y de las obras.

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No más temor a la muerte

AGOSTO, 02

No más temor a la muerte

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

¿Cómo nos libera Cristo del temor a la muerte y nos hace libres para vivir totalmente rendidos en un amor capaz de decir, «nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar; el cuerpo destruir»?

Por cuanto los hijos participan de carne y sangre…

El término «hijos» se toma del versículo anterior y se refiere a la descendencia espiritual de Cristo, el Mesías. Estos también son los «hijos de Dios». En otras palabras, al enviar a Cristo, Dios tiene especialmente en vista la salvación de sus «hijos».

Él igualmente participó también de lo mismo [carne y sangre]…

El Hijo de Dios, quien existió antes de la encarnación como el Verbo eterno (Juan 1:1), se hizo carne y sangre, y vistió su deidad con humanidad. Se hizo completamente hombre y permaneció completamente como Dios.

Para… mediante la muerte…

La razón por la que Cristo se hizo humano fue para morir. Dios no podía morir por los pecadores antes ser encarnado; pero unido a carne y sangre podía hacerlo. Su objetivo era morir. Por lo tanto, tenía que nacer como humano.

Para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo…

Al morir, Cristo le quita el poder al diablo. ¿Cómo lo hizo? Cubriendo todo nuestro pecado (Hebreos 10:12). Esto quiere decir que Satanás ya no tiene fundamentos legítimos para acusarnos delante de Dios. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). ¿En base a qué nos justifica? A través de la sangre de Cristo (Hebreos 9:14Romanos 5:9).

El arma más eficaz de Satanás contra nosotros es nuestro propio pecado. Si la muerte de Jesús lo suprime, el arma principal del diablo ha sido arrebatada de la mano. Él ha quedado sin poder alguno en ese sentido.

Y librar a los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.

Por los tanto, somos libres del temor de la muerte. Dios nos justificó. Tenemos por delante todo un futuro de gracia. Satanás no puede anular ese decreto. Y Dios desea que nuestra seguridad final tenga un efecto inmediato en nuestra vida. Él anhela que el final feliz acabe con la esclavitud y el temor del presente.

Espigó, pues, en el campo hasta la noche

2 de agosto

«Espigó, pues, en el campo hasta la noche».

Rut 2:17

Debo aprender de Rut, la espigadora. Al igual que ella salió a recoger las espigas de trigo, así tengo yo que salir a los campos de la oración, de la meditación y del culto, y oír la Palabra para obtener alimento espiritual. La espigadora recoge su porción de espigas una por una; sus ganancias las obtiene poco a poco. Así también yo, si no hubiese una gran abundancia de verdades, debo quedar satisfecho con escudriñar solo algunas de ellas: cada espiga ayuda a formar un manojo y cada lección del evangelio contribuye a hacernos más sabios para la salvación. La espigadora mantiene sus ojos abiertos: si anduviera entre los rastrojos sumida en ensoñaciones, al atardecer no tendría nada que llevarse a casa con regocijo. Debo estar atento en mis prácticas religiosas para que estas no resulten infructuosas para mí. Me temo que ya he perdido demasiado en ellas. Quiera Dios que pueda estimar rectamente mis oportunidades y espigar con mayor diligencia. La espigadora se agacha para recoger cuanto halla; y así debo hacer yo también. Los espíritus arrogantes critican y objetan, pero los humildes recogen y reciben beneficio. Un corazón humilde es de gran ayuda para oír con provecho el evangelio, y la palabra implantada que salva el alma no se recibe sin mansedumbre (cf. Stg. 1:21). Una espalda tiesa hace un mal espigador. ¡Abajo contigo, señor Orgullo! Eres un vil ladrón al que no debemos soportar ni por un momento. Lo que la espigadora recoge lo retiene: si dejara caer una espiga por hallar otra, el resultado de su trabajo diario sería escaso. Es tan solícita en retener como en obtener; y así, al final, adquiere una ganancia grande. ¡Cuán a menudo olvido aquello que oigo! Una segunda verdad expulsa de mi mente a una primera y, así, lo que leo y oigo termina en nada. ¿Estoy reconociendo debidamente la importancia de atesorar la verdad? El estómago hambriento hace sabia a la espigadora: si no hay trigo en su mano, tampoco habrá pan en su mesa. Ella trabaja bajo un sentimiento de necesidad; de ahí que su paso sea ágil y su posesión firme. Señor, yo tengo una necesidad mayor aún: ayúdame a sentirla para que ella me estimule en lo sucesivo a espigar en campos que rinden muy abundante recompensa a la diligencia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 224). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una apertura completa ante el Señor

2 Agosto 2017

Una apertura completa ante el Señor
por Charles R. Swindoll

Salmos 26

David estaba sufriendo un trato injusto a pesar de que sus acciones eran correctas, por eso clama a Dios en los versículos del Salmo 26.  Mientras leemos la letra de esta canción de angustia, develaremos seis resoluciones que David tomó y que lo mantuvieron (así como a nosotros) de caer en amargura y el resentimiento durante esa época de maltrato.

1. Resolución: Seré transparente ante el Señor (v. 2). David, de tres maneras diferentes, invita al Señor a que evalúe su actitud: «examíname… pruébame… purifícame». Estas tres palabras representan tres términos hebreos diferentes. El primero es «bachan» y significa examinar, investigar, o pasar por escrutinio. Es la misma palabra que se utiliza en el Salmo 139: 23-24:

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis pensamientos.
Ve si hay en mí camino de perversidad
y guíame por el camino eterno.

El salmista le está pidiendo a Dios que le haga un examen interno, que le haga un análisis completo.

El otro término que se traduce como, «pruébame» en el versículo 2, es la palabra hebrea, «nasah» y lleva el concepto de poner a prueba a alguien. Deuteronomio 8: 2 utiliza la forma enfática de ese verbo denotando, «una prueba intensa»:

Acuérdate de todo el camino por donde te ha conducido el Señor tu Dios estos cuarenta años por el desierto, con el fin de humillarte y probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, y si guardarías sus mandamientos o no. (El énfasis es mío).
Dios les dio a los israelitas una prueba intensa de cuarenta años para que la condición verdadera de sus corazones quedara expuesta. El Señor no lo hizo para saber cuál era la condición de los corazones de los israelitas, sino más bien para que ellos mismos pudiesen examinar sus propios motivos e intenciones y de esa forma se arrepintieran.

El tercer término, «purifica» que aparecen en el versículo 2, es el verbo hebreo, «tzahraf». Este verbo tan ilustrativo literalmente significa refinar o sacar lo mejor». De las treinta y dos veces que se utiliza en el Antiguo Testamento, aparece en su forma verbal y de ellas, veintidós veces se vincula con la actividad de refinar el oro o la plata removiendo sus impurezas.

¿Comprende el principio? Cuando la maldad toca a su puerta, sea transparente delante del Señor. Invítelo (1) a que haga un examen interno de su vida con el propósito de determinar su carácter, (2) que realice un proceso intenso y le revele a usted la condición verdadera de su corazón y de esa forma (3) le purifique y en el proceso, remueva cualquier impureza.

Aun cuando usted no haya sido culpable de maltrato por causa del pecado, su reacción puede ser pecaminosa. Si desea mantener una relación cercana con Dios, invítele abiertamente para que él haga una cirugía divina en su interior. Decida aceptar el daño que le han causado como una oportunidad para poder ser más transparente y puro ante el Señor. Pídale su consejo divino y que le muestre cómo está su ser interior.

2. Resolución: Recordaré su amor y continuaré obedeciendo su Palabra (v. 3). David escribió: «Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y camino en tu verdad» (Salmo 26:3). Esta oración implica dos tentaciones muy sutiles pero a la vez muy comunes que ocurren cuando nos enfrentamos ante el maltrato. Primero, dudamos del amor de Dios y segundo, caemos en la desobediencia.

David dice: «Tu misericordia está delante de mis ojos». Él tomó la decisión de ver todo lo que se le presentaba ante él a través del filtro de la misericordia de Dios. De esta forma, en vez de caer en la tendencia común de contraatacar, David resuelve caminar en la verdad de Dios.

¿Se da cuenta? Claramente, la perspectiva de David se enfoca en el amor que Dios le tiene a él y sabe que Dios le guiará para salir del laberinto confuso del maltrato donde se encontraba.

¿Sabe usted cuál es la mejor muestra de amor? La obediencia. Nuestro Señor nos recuerda eso en Juan 14: 15, 21, 23:

«Si me aman, guardarán mis mandamientos» (v. 15).

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, él es quien me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él» (v. 21).

«Respondió Jesús y le dijo:
—Si alguno me ama, mi palabra guardará. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él» (v. 23).

Si usted está seguro que Dios realmente le ama, nunca durará ni fallara en su reacción. Más bien, se deleitará en complacerle. No hay nada como el amor para motivarnos internamente.

Afirmando el alma
¿Por qué es tan difícil «ser transparente ante el Señor» cuando alguien nos ha tratado injustamente? ¿Cuál es su mayor desafío al «recordar el amor de Dios y continuar obedeciendo su Palabra» durante una época del maltrato? A veces, la perspectiva de un amigo puede ayudarnos a ver donde estamos fallando. Pídale a alguien cercano a usted que ore con usted y le responsabilice en tanto que usted lleva a cabo esas resoluciones.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Pablo a los ancianos efesios

2 AGOSTO

Jueces 16 | Hechos 20 | Jeremías 29 | Marcos 15

El discurso de Pablo a los ancianos efesios (Hechos 20:18–35) se puede dividir en tres secciones. En la primera (20:18–24), Pablo habla de su propio ministerio en Éfeso y de su propio futuro. En la segunda (20:25–31), usa su ejemplo de ministerio para animar a los ancianos de Éfeso a “tener cuidado” de sí mismos y de “todo el rebaño” de Dios (20:28) sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos, con un énfasis especial en los desafíos que vendrían cuando miembros de la iglesia, ansiosos por ganar discípulos, estén dispuestos a distorsionar la verdad. En la tercera (20:32–35), Pablo no sólo encomienda a estos ancianos “a Dios y al mensaje de su gracia” (20:32), sino que expone sin mucho alarde los altos estándares de integridad personal en su propia vida mientras sirvió en medio de ellos.

Por lo general, cuando predicamos sobre este pasaje, nos concentramos en la sección central. Pero aquí me gustaría resaltar algunas de las características del ministerio de Pablo.

(1) La más evidente es que Pablo percibía que su vida y su forma de servir eran un modelo de conducta. En otra ocasión, les dice abiertamente a los corintios que le imiten, tal como él imita a Cristo (1 Cor. 11). En Pablo, no hay indicios de una doble moral al estilo de: “Haced lo que enseño, pero no lo que hago”.

(2) Pablo sirvió “al Señor con toda humildad y con lágrimas, a pesar de haber sido sometido a duras pruebas por las maquinaciones de los judíos” (20:19). En otras palabras, la oposición no lo derrotó ni le llevó a un frenesí de venganza. Como un contraste, cuán fácil es desanimarse y rendirse, o enojarse y destruir lo que se está construyendo.

(3) El ministerio de Pablo era edificante y se transmitía mediante una combinación de reuniones públicas y de fidelidad en visitas a las casas (20:20). A uno le da la impresión de que, sobre todo, era el ministerio de la Palabra, comunicada por un hombre apasionado por ella.

(4) Pablo no vaciló en enseñar los conceptos inmutables del evangelio, sin importar cuán incómodos o poco populares fueran. Por ende, declaró con denuedo a judíos y a gentiles “que deben arrepentirse de sus pecados y volverse a Dios, y… acerca de la fe en nuestro señor Jesucristo” (20:21).

(5) En ocasiones, Pablo se sintió “obligado por el Espíritu” a tomar determinada dirección sin saber exactamente qué le esperaría allí (20:22–24). Recibir la iluminación suficiente para decidir sobre alguna acción no garantiza que tendremos información suficiente como para discernir cómo irán las cosas. En este caso, sólo sabe que le esperan “prisiones y sufrimientos”—y lo único que quiere para sí es completar la tarea que el Señor Jesús le dio: “dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 214). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La aurora boreal

miércoles 2 agosto

… aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

1 Pedro 1:6-7

La aurora boreal

Era una noche oscura, afuera reinaba un frío casi siberiano. Sin embargo, nuestros amigos finlandeses nos invitaron a que saliésemos: «Abríguense bien y salgan. ¡Vengan a ver algo espectacular!». Rápidamente nos abrigamos bien y salimos intrigados por lo que íbamos a ver. De repente el cielo se iluminó, como si se proyectasen potentes rayos láser. La luz iba y venía; era como una gigantesca cortina luminosa colgada de la bóveda celeste. ¡Estábamos maravillados! ¡Era una aurora boreal!

Ese espectáculo maravilloso nos hace pensar en lo que a veces sucede en nuestras vidas. Nos gustaría permanecer en nuestro confort, pero de repente nos encontramos en el frío de la prueba y la noche del sufrimiento. En vez de desanimarnos, ¡vayamos al Señor! Él es el Dios de gloria, el autor de todas las maravillas de la naturaleza, y el esplendor de las auroras boreales es una de ellas. Pero también creó otro tipo de belleza, una belleza de carácter moral, espiritual: el despliegue de su gracia, capaz de transformar en joyas de su amor vidas estropeadas por el pecado. Esta magnífica gracia no es efímera, sino que acompaña al creyente durante toda su vida.

Un cristiano, prisionero debido a su fe, dijo: «En medio del sufrimiento aprendemos a conocer a Jesús de una manera diferente que si estuviésemos en la abundancia. La prueba lleva sus frutos, de manera que nos damos cuenta del amor de Cristo aun más». En nuestras noches más profundas brilla con mayor resplandor la gracia del Señor.

1 Crónicas 15 – Lucas 13:1-17 – Salmo 89:46-52 – Proverbios 20:20-21

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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