Sabiduría para la vida

Sabiduría para la vida

8/13/2017

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)

Tener la sabiduría de Dios está entre las mayores necesidades que tenemos. La sabiduría de Dios nos ayuda a tomar decisiones prudentes a lo largo de nuestra vida cristiana; a optar por el camino de Dios y rechazar el camino del mundo en toda situación.

La Biblia presenta muchos mandamientos y principios para la vida cristiana, pero no es un manual exhaustivo de métodos y reglas para toda situación concebible. Eso no sería muy práctico, e impediría que confiáramos solamente en Dios. Él quiere que leamos su Palabra cada día de modo que podamos conocer sus principios para una vida recta y que podamos orar sabiamente pidiendo dirección cuando tenemos que tomar decisiones difíciles.

En las Escrituras el Señor presenta a los creyentes la verdad suficiente para vivir de manera responsable, y su­ficiente misterio para llevarlo a Él en la oración con­fiada: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg. 1:5).

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Tres ejemplos de una fe que lucha

AGOSTO, 13

Tres ejemplos de una fe que lucha

Devocional por John Piper

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Cuando Pablo dice que Dios cumplirá —con su poder por medio de nuestra fe— las buenas resoluciones que hagamos, lo que quiere decir es que vencemos al pecado y hacemos lo que es justo al estar satisfechos con todo lo que Dios promete ser para nosotros en Cristo en los próximos cinco minutos, cinco meses, cinco décadas, y por la eternidad.

Veamos tres ejemplos de cómo podría cumplirse esto en su vida:

1. Si deciden en el corazón dar a modo de sacrificio y generosamente, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido según pongan su confianza en la gracia para el futuro en las siguiente promesas: «Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19); «El que siembra abundantemente, abundantemente también segará» (2 Corintios 9:6); «Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

2. Si deciden en el corazón renunciar a la pornografía, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido al poner su confianza en la gracia para el futuro que se expresa en estas promesas: «Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios» (Mateo 5:8); «Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno» (Mateo 5:29). Mucho mejor; maravillosamente mejor; y mejor para su satisfacción plena.

3. Y si deciden en el corazón proclamar a Cristo cada vez que la oportunidad se presente, el poder de Dios para cumplir este propósito les será concedido al poner su confianza en la gracia para el futuro en la siguiente promesa: «No os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablar» (Mateo 10:19).

Que Dios aumente día a día nuestra fe en su inagotable gracia venidera, comprada por sangre, para la gloria de Cristo.


Devocional tomado del libro “Viviendo por fe en la gracia venidera”

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«Y me acordaré del pacto mío».-

13 de agosto

«Y me acordaré del pacto mío».

Génesis 9:15

Observa la forma de la promesa. Dios no dice: «Y cuando vosotros miréis el arco y recordéis mi pacto, entonces no destruiré la tierra», pues la promesa no depende de nuestra memoria, que es débil y frágil, sino de la memoria de Dios, que es infinita e inmutable. El versículo siguiente dice: «Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo». La base de mi seguridad no es mi recuerdo de Dios, sino el recuerdo que Dios tiene de mí; no es mi posesión de su pacto, sino la posesión que su pacto toma de mí. ¡Gloria a Dios!, todos los baluartes de la salvación están asegurados por el poder divino, y aun las fortalezas menores, que quizá creamos que han sido dejadas para el hombre, están también guardadas por el poder del Omnipotente. Ni siquiera el recuerdo del pacto se le confía a nuestra memoria, pues nosotros podemos olvidar, pero nuestro Señor no puede olvidar a los santos, a quienes tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Acontece con nosotros lo que aconteció con Israel en Egipto. La sangre se puso en el dintel y en los dos postes, pero el Señor no dijo: «Cuando veas la sangre, yo pasaré de vosotros», sino: «Veré [yo] la sangre y pasaré de vosotros». El hecho de que yo mire a Jesús me trae gozo y paz, pero es la mirada de Dios a Jesús lo que asegura mi salvación y la de todos sus elegidos; ya que es imposible que nuestro Dios mire a Cristo, nuestro bendito Fiador, y después esté airado con nosotros por los pecados que él ya ha expiado. No; ni siquiera se nos confía la salvación por recordar nosotros el pacto. Aquí no hay lino y lana mezclados; ni una simple hebra de la criatura marca el tejido. No es de hombre ni por hombre, sino del Señor solo. Nosotros debemos recordar el pacto y lo recordaremos por medio de la gracia divina; pero el gozne de nuestra seguridad no está en eso, sino en el hecho de que Dios nos recuerda a nosotros y no en que nosotros lo recordemos a él. De ahí que el pacto sea un pacto eterno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 236). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Habla, Señor, que tu siervo escucha”

13 AGOSTO

1 Samuel 3 | Romanos 3 | Jeremías 41 | Salmo 17

El Señor no llama a todos sus profetas de la misma manera, ni en la misma etapa de su vida. A Amós lo llamó cuando era pastor en Tecoa. A Eliseo lo llamó Elías para servir como aprendiz. Pero a Samuel lo llamó desde antes de ser concebido.

La experiencia consciente de Samuel del llamado de Dios (1 Samuel 3) ocurrió cuando era un muchacho—seguramente no era un niño, como algunas imágenes más románticas lo han pintado, pues sabía lo suficiente como para entender lo que el Señor le dijo, preocuparse por ello y titubear antes de repetírselo a Elí. Pero no era muy mayor, pues todavía era un “joven” (3:1).

La historia es tan conocida que no hace falta repetirla, pero algunas observaciones nos podrían ayudar a enfocar algunos asuntos:

(1) La voz que le llega a Samuel es una voz verdadera, que habla hebreo, un idioma real. No es una “sensación” subjetiva de ser llamado. En la Biblia, ocurren llamados auténticos, visiones reales, revelaciones verdaderas, pero en la época de Samuel, no “eran frecuentes” (3:1). Ciertamente, hasta este momento, Samuel nunca había tenido una experiencia así; él “todavía no conocía al Señor, ni su palabra se le había revelado” (3:7).

(2) Elí es una figura triste. En su propia vida, es una persona íntegra, a pesar de que es un desastre con su familia. Su vasta experiencia le permite saber lo que está sucediendo cuando el Señor llama a Samuel por tercera vez, y logra guiar al joven hacia una respuesta adecuada: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (3:9).

(3) La sustancia de la revelación que se le da a Samuel en esta ocasión incluye una dificultad inminente tan chocante que “a todo el que lo oiga le quedará retumbando en los oídos” (3:11). En esta tragedia, está incluida la destrucción de la familia de Elí, conforme a lo que el Señor ya le había dicho a este: Dios iba a juzgar a su familia para siempre porque “él sabía que [sus hijos] estaban blasfemando contra Dios y, sin embargo, no los refrenó” (3:13). Esta negligencia siempre es malvada, por supuesto, pero es particularmente maligna en los líderes religiosos que ascienden a sus hijos a posiciones en las que usan su poder para abusar de la gente y tratan a Dios mismo con desdén (2:12–25).

(4) Cuando Elí logra que Samuel le cuente todo lo que el Señor le dijo, su propia respuesta, si bien conserva una evidencia de confianza, revela su irresponsabilidad: “Él es el Señor; que haga lo que mejor le parezca” (3:18). ¿Por qué no se arrepiente inmediatamente, toma acción decisiva en contra de sus hijos, ejercita la disciplina que le correspondía como sacerdote y le pide al Señor misericordia?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 225). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«La gran desolación de Israel»

«La gran desolación de Israel»

Ps. Sugel Michelén

 

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

http://ibsj.org/

Dios es accesible

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Dios es accesible

Antes de hacer una petición para obtener algo, nos preguntamos si la persona a quien nos vamos a dirigir puede darnos una respuesta satisfactoria. También tratamos de buscar el momento preciso para no molestarla y ser bien recibidos.

¡Qué diferencia con la acogida que tenemos cuando acudimos a Dios! Sabemos que él es todopoderoso, que nos ama: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). Podemos dirigirnos a él libremente, en todo tiempo, sin temor a molestarlo (Lucas 11:5-13).

¡Sí, en teoría sabemos todo esto! Pero, ¿lo creemos realmente cuando nos dirigimos a él? ¿No nos sucede que a veces oramos pensando que no nos va a responder? ¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque nos hacemos una imagen de Dios a la medida de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia nos habla de diferentes caracteres de Dios: su poder que libera, su fidelidad a sus promesas, su bondad en sus cuidados diarios…

Jesús vino a dárnoslo a conocer como Padre. “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Aprendamos a conocerle en esta maravillosa relación. Esto nos llevará a comprender mejor su voluntad y en consecuencia a orar con mayor inteligencia y oportunamente.

1 Crónicas 26 – Lucas 20:27-47 – Salmo 94:1-7 – Proverbios 21:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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