LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

12/11/2017

Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación. (Filipenses 1:19) 

El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.

¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: “Sé que… esto resultará en mi liberación” es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dijo: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.

Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.

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Por qué vino Jesús

DICIEMBRE, 11

Por qué vino Jesús

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

Hebreos 2:14-15 merece más que dos minutos de atención de un devocional de Adviento. Estos versículos conectan el principio y el final de la vida terrenal de Jesús, y dejan en claro el motivo por el cual él vino al mundo. Es un pasaje muy bueno para explicar a un amigo o familiar no creyente, paso por paso, la perspectiva cristiana respecto a la Navidad, quizás del siguiente modo:

«…por cuanto los hijos participan de carne y sangre…»

El término hijos aparece en el versículo anterior y se refiere a los hijos espirituales de Cristo, el Mesías (ver Isaías 8:1853:10). Estos también son los «hijos de Dios». En otras palabras, al enviar a Cristo, Dios tenía en la mira especialmente la salvación de sus «hijos». Es cierto que «de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito [Jesús]». Pero también es cierto que Dios tenía el propósito específico de «reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos» (Juan 11:52). El designio de Dios era ofrecer a Cristo al mundo, y hacer efectiva la salvación de sus «hijos» (ver 1 Timoteo 4:10). Podemos experimentar la adopción si recibimos a Cristo (Juan 1:12).

«…Él igualmente participó también de lo mismo [carne y sangre]…»

Cristo existía desde antes de la encarnación. Era espíritu. Era el Verbo eterno. Estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1Colosenses 2:9). Pero se hizo carne y sangre, y vistió su deidad de humanidad. Se hizo totalmente humano y siguió siendo totalmente Dios. Este es un gran misterio en muchos sentidos, pero se halla en el centro de nuestra fe y es lo que la Biblia enseña.

«…para… mediante la muerte…»

La razón por la que se hizo hombre era morir. Siendo Dios, no podía morir por los pecadores. Pero podía hacerlo siendo hombre. Su propósito era morir. Por lo tanto, tendría que nacer como humano. Nació para morir. El Viernes Santo el la razón de la Navidad. Es necesario decir esto acerca del significado de la Navidad hoy día.

«…para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo…»

Al morir, Cristo despojó al diablo de su poder. ¿Cómo lo hizo? Cubriendo todo nuestro pecado. Esto significa que Satanás no tiene fundamentos legítimos para acusarnos delante de Dios. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). ¿En qué se basa para justificarnos? En la sangre de Jesús (Romanos 5:9).

El arma más efectiva de Satanás contra nosotros es nuestro propio pecado. Si la muerte de Jesús quita el pecado, también arrebata el arma más poderosa de la mano de Satanás. El diablo no puede pedir que se nos aplique la pena de muerte, ¡porque el Juez nos absolvió por medio de la muerte de su Hijo!

«…y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida»

Por lo tanto, somos libres del temor de la muerte. Dios nos justificó. Satanás no puede revocar ese decreto. Y Dios quiere que nuestra seguridad eterna tenga un efecto inmediato en nuestra vida. Quiere que el final feliz nos libre de la esclavitud y el temor del presente.

Si no tenemos razones para temer a nuestro último enemigo y el peor de todos, la muerte, entonces no necesitamos temer a nada. Podemos ser libres. Libres para regocijarnos. Libres para bendecir a los demás.

¡Qué gran regalo de Navidad departe de Dios para nosotros! ¡Y de nuestra parte para el mundo!


Devocional tomado del articulo “Born to Die for Freedom”

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A Cristo el Señor servís

11 de diciembre

«A Cristo el Señor servís».

Colosenses 3:24

¿Aqué selecta clase de funcionarios se dijeron estas palabras? ¿A los reyes que pomposamente hacen alarde de un derecho divino? ¡Ah no, pues ellos a menudo se sirven a sí mismos o a Satanás, y olvidan al Dios cuya tolerancia les permite ostentar su imitativa majestad por pocas horas! ¿Habla, entonces, el Apóstol a los así llamados «muy reverendos padres en Dios», los obispos, o a «los venerables archidiáconos?». Tampoco: en realidad, Pablo no sabía nada de estas invenciones de los hombres. Estas palabras no se dirigieron siquiera a los pastores y maestros, ni a los ricos y estimados entre los creyentes, sino a los siervos: sí, y a los esclavos. Entre la multitud trabajadora: los jornaleros, los peones, los sirvientes, los cocineros, encontró el Apóstol (como nosotros los encontramos aún ahora) algunos de los elegidos del Señor, a quienes les dice: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia; porque a Cristo el Señor servís» (Col. 3:23, 24). Esto ennoblece la fastidiosa rutina de las ocupaciones terrenales y pone una aureola alrededor de los trabajos más humildes. El lavar los pies quizá sea servil, pero el lavar los pies de Jesús es un trabajo regio. Desatar la correa del calzado es una ocupación humilde, pero desatar el calzado del gran Maestro es un privilegio de príncipe. La tienda, la granja, el fregadero y la fragua se convierten en templos cuando los hombres y las mujeres hacen todo para la gloria de Dios. Entonces, el «culto divino» no es una cosa de unas pocas horas o limitado a ciertos lugares; al contrario, pues la vida entera llega a ser santidad al Señor, y toda cosa y el lugar que sea se hacen tan consagrados como el Tabernáculo y su candelero de oro.

Anhelo ser obrero de valor,

confiando en el poder del Salvador.

Y el que quiera trabajar,

hallará también lugar

en la viña del Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 356). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 11–12 | Apocalipsis 2 | Sofonías 3 | Juan 1

11 DICIEMBRE

2 Crónicas 11–12 | Apocalipsis 2 | Sofonías 3 | Juan 1

El cronista presenta algunas percepciones fascinantes que nos ayudan a comprender el reinado de Roboam, el primer rey de Judá tras el fin de la monarquía unida (2 Crónicas 11–12). Veremos dos de ellos.

(1) Como era de esperar, muchos de los levitas que vivían en el norte se trasladaron al sur (11:11–17). Toda su vida estaba centrada en el templo, y esta era la conexión que quería romper Jeroboam, el rey de las diez tribus del norte. Por lo tanto, no sólo estableció sus propios ídolos, sino que despidió a todos los levitas. El efecto, al menos en un principio, fue fortalecer el poder de Roboam (11:17). A veces, Dios, en su providencia, usa el principio de las “consecuencias no planificadas” para convertir en bendiciones lo que inicialmente parece ser un desastre absoluto. El ejemplo más grandioso de esto es, por supuesto, la cruz.

(2) Roboam demostró ser un rey mediocre cuyo efecto general fue malo. Ciertos elementos iniciales del reinado de Roboam fueron buenos. Eligió al hijo correcto, Abías, para ser “jefe y príncipe” (11:22), preparándolo así para el trono. Aprendiendo de la estupidez de la decisión que le había costado el reino unido (10:8; cf. 1 Reyes 12:8), Roboam se esforzó por mantener el contacto con el pueblo, dispersando a sus muchos hijos por los distritos y ciudades fortificadas de Judá. Tristemente, una vez se encontró cómodo, cuando su reino estaba más o menos seguro, se alejó de la ley del Señor y su pueblo también lo hizo (12:1). Dios respondió desatando a Sisac, rey de Egipto, contra esta pequeña nación. El profeta Semaías afirmó con autoridad: “Así dice el Señor: “Como vosotros me abandonasteis, ahora yo también os abandono, para que caigáis en manos de Sisac” (12:5).

El rey Roboam y los líderes de Israel se humillaron (12:6, 12). El resultado fue que Dios no permitió que los egipcios destruyeran a Judá. No obstante, Dios dijo que su pueblo “serán sus siervos [de Sisac], para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones” (12:8). Este desarrollo nos recuerda la reacción de Dios cuando el pueblo de Israel entró a la tierra prometida y rápidamente abandonó su fidelidad. El resultado fue que, en vez de la victoria rápida que pudieron haber obtenido, se vieron enredados en miserables refriegas durante generaciones.

Hay una especie de maldad que no es ni muy mala ni muy buena; no es terriblemente rebelde, pero tampoco tiene sed de justicia. Es una postura que se inclina a la idolatría y apresuradamente se retira ante la amenaza de juicio. Lo que le falta es el corazón de David, ese corazón de un hombre que, a pesar de los fracasos, se decidió a buscar a Dios con pasión y deleite. El veredicto final sobre el reino de Roboam nos explica el problema: “actuó mal, porque no tuvo el firme propósito de buscar al Señor” (12:14).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 345). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

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