La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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LA ACTITUD DE UN SIERVO

LA ACTITUD DE UN SIERVO

12/10/2017

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:33)
 

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

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Oro, incienso y mirra

DICIEMBRE, 10

Oro, incienso y mirra

Devocional por John Piper

Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. (Mateo 2:10-11)

Dios no es servido por manos humanas, como si necesitara algo (Hechos 17:25). Los regalos de los magos no fueron una forma de ayuda ni de tratar de suplir sus necesidades. Sería deshonroso para un monarca que vinieran visitantes extranjeros con provisiones de la realeza.

Tampoco fueron a modo de soborno. Deuteronomio 10:17 dice que Dios no toma cohecho. Entonces, ¿cuál fue la intención? ¿Cómo se supone que estos regalos fueran una forma de adoración?

Los regalos son intensificadores de deseo por la misma persona de Cristo, al igual que el ayuno. Cuando le ofrecemos a Cristo esa clase de regalo, lo que queremos decir es esto: «El gozo que busco (como en Mateo 2:10) no se basa en la esperanza de hacerme rico con las cosas que puedas darme. No vengo a ti en busca de regalos, sino en busca de ti mismo. Y ahora intensifico y demuestro este deseo entregándote cosas, con la esperanza de regocijarme más en ti y no en estas cosas. Al darte algo que no necesitas, y que quizás yo podría disfrutar, lo que intento decir de todo corazón y de un modo genuino es que mi tesoro eres tú, y no lo que te ofrezco».

Creo que ese es el significado de la adoración a Dios por medio de los obsequios de oro, incienso y mirra.

Que Dios nos revele la verdad de este pasaje y despierte en nosotros un deseo por Cristo mismo. Que podamos decir de corazón: «Señor Jesús, tú eres el Mesías, el Rey de Israel. Todas las naciones vendrán y doblarán sus rodillas delante de ti. Dios dirige el mundo para que vean que eres adorado. Por lo tanto, cualquiera sea la oposición con la que me enfrente, gozoso atribuyo la autoridad y la dignidad a ti, y traigo mis regalos para decir que solo tú puedes satisfacer los deseos de mi corazón, y no estos obsequios».


Devocional tomado del sermón “Hemos venido a adorarlo”

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Y el Señor abrió el corazón de ella

10 de diciembre

«Y el Señor abrió el corazón de ella».

Hechos 16:14

En la conversión de Lidia hay muchos aspectos interesantes, pues se efectuó por medio de unas circunstancias providenciales. Lidia era vendedora de púrpura en la ciudad de Tiatira, pero en el momento propicio para oír a Pablo, la hallamos en Filipos. La providencia, que es sierva de la gracia, la condujo al lugar oportuno. Además, la gracia estaba preparando el alma de la mujer para aquella bendición: la gracia prepara para la gracia. Lidia no conocía al Salvador; pero, como buena judía, sabía muchas verdades que eran peldaños excelentes para llegar a conocerlo. Esta conversión se efectuó con el uso de ciertos medios. Un día de reposo, Lidia fue al lugar donde solía celebrarse la oración, y allí fue oída la misma. Nunca descuides los medios de gracia: Dios puede bendecirnos aunque no estemos en su casa, pero tenemos más razón para esperar que querrá hacerlo cuando nos encontremos en comunión con sus santos. Observa estas palabras: «El Señor abrió el corazón de ella». No fue ella la que abrió su corazón, ni fueron sus oraciones las que lo hicieron, ni Pablo. Es el Señor quien tiene que abrir el corazón de la persona para que reciba las cosas que están relacionadas con la paz. Solo el Señor puede poner la llave en la cerradura de la puerta y abrirla para poder entrar. Él es el dueño del corazón al igual que su Hacedor. La primera prueba externa de que el corazón de Lidia estaba abierto fue la obediencia: tan pronto como creyó en Jesús, la mujer fue bautizada. El hijo de Dios que desea obedecer un mandamiento que no es esencial para su salvación, el cual no le es impuesto por un temor egoísta a la condenación, pero que, sin embargo, supone un sencillo acto de obediencia y de comunión con su Señor, demuestra tener un corazón humilde y quebrantado. La otra prueba de la conversión de Lidia fue su amor, manifestado mediante actos de agradecido afecto para con los apóstoles. El amor a los santos ha sido siempre una señal de verdadera conversión: los que no hacen nada por Cristo ni por su Iglesia dan solo pobres pruebas de tener un corazón «abierto». ¡Señor, dame siempre un corazón así!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 355). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 10 | Apocalipsis 1 | Sofonías 2 | Lucas 24

10 DICIEMBRE

2 Crónicas 10 | Apocalipsis 1 | Sofonías 2 | Lucas 24

Antes de la visión inicial de Apocalipsis 1, la cual presenta a Jesús exaltado mediante los símbolos apocalípticos que nos recuerdan a las imágenes del Anciano de Días en Daniel 7 (Apocalipsis 1:12–16), Juan ofrece una breve alabanza: “Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados, al que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre, ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! ¡Amén!” (1:5–6).

(1) Si bien este libro contiene muchas imágenes sorprendentes e incluso aterradoras de Dios y del Cordero, comienza con una declaración del amor de Jesús, su peculiar amor por el pueblo de Dios: “Al que nos ama… ¡sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos!”. Nada inspira tanto nuestra gratitud y asombro como el amor que nos ha mostrado el eterno Hijo de Dios en la cruz. Creo que fue T.T. Shields quien escribió: “¿Hubo alguna vez un corazón tan endurecido, / y habrá tal ingratitud / que aquél por quien sufrió Jesús / sea capaz de decir: ‘No es nada para mí’?”

(2) Jesucristo “por su sangre nos ha librado de nuestros pecados”. Algunas versiones más antiguas lo traducen como: “nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. La diferencia en el griego es una sola letra; lo más seguro es que la NVI sea correcta. Por su sangre, es decir, mediante su muerte expiatoria y sacrificial, Jesús pagó por nuestros pecados y, por ello, nos libró de su maldición. No sólo eso, sino que todos los beneficios que recibimos—el don del Espíritu Santo, las promesas de la protección duradera de Dios, la vida eterna, la resurrección consumadora—han sido aseguradas mediante la muerte de Jesús y todas ellas se unen para librarnos de nuestros pecados: su culpa, su poder, sus resultados.

(3) Cristo “ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre”. En un sentido, estamos en el reino, en el ámbito de su reinado salvador. En otro sentido, Cristo reina ahora sobre todo en su soberanía incondicional (Mateo 28:18; 1 Corintios 15:25) y en ese sentido, todos y todo está en su reino. Pero, en la medida en que los cristianos son el foco particular de la comunidad redimida y el anticipo de la redención transformadora del universo que aún está por venir, nosotros mismos podemos vernos como su reino. Más aún, nos ha hecho sacerdotes. Los cristianos no tienen sacerdotes además de Jesús, su gran sumo sacerdote: sólo hay un mediador entre Dios y los seres humanos (1 Timoteo 2:5). Pero, en otro sentido, somos sacerdotes: todos los cristianos sirven de mediadores entre Dios y este mundo quebrantado y pecaminoso. Mediamos entre Dios y los pecadores como nosotros al proclamar fielmente y vivir el evangelio, y asumimos sus necesidades a través de nuestras oraciones intercesoras ante nuestro Padre celestial. Jesucristo ha hecho de nosotros un reino y sacerdotes para servir a Dios su Padre.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 344). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios es luz (4)

domingo 10 diciembre

Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

1 Juan 1:5

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12

Dios es luz (4)

“Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”. Tales palabras recuerdan la gloria de Dios, la pureza intrínseca, absoluta e inalterable de su naturaleza. Demuestran su exigencia de claridad y de verdad. Nos dan la esperanza de tener un conocimiento perfecto (1 Corintios 13:12), pero también denuncian toda pretensión de presentarnos ante Dios con nuestros pecados. Dios es santo, perfecto, libre de todo mal, de toda sombra. Nuestro gozo y nuestra comunión con él están ligados al hecho de que él es luz porque ilumina nuestra conciencia para mostrarnos aquello de lo cual debe ser purificada.

La luz manifiesta todo (Efesios 5:13). En la luz de Dios, mi corazón revela su fealdad; no soy tal como me veía con satisfacción, ni como me muestro ante los demás. ¡Terrible descubrimiento! Nadie puede mantenerse en esta luz, bajo su poder penetrante (Salmo 139), si no está al abrigo de Jesús.

“Dios es luz” y desea que los hombres tengan un lugar en “la luz”, en comunión con él, el “Dios bendito” (1 Timoteo 1:11). En el mundo físico, la luz se ve, es activa, brilla. De la misma manera, Dios se ha revelado, se dio a conocer. Obra sin cesar mediante su Espíritu para producir y mantener la vida. Derrama sobre sus hijos todas sus bendiciones (Santiago 1:17), ilumina sus corazones para mostrarles su gloria en la persona de Jesucristo (2 Corintios 4:6).

(continuará el 12 de diciembre)

Eclesiastés 9 – Apocalipsis 3:7-22 – Salmo 139:19-24 – Proverbios 29:17-18

 © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LO QUE MÁS IMPORTA

LO QUE MÁS IMPORTA

12/9/2017

Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún. (Filipenses 1:18)

  La palabra “anunciado” en el versículo de hoy significa “proclamar con autoridad”. Sin que importara el costo personal, Pablo estaba decidido a que Cristo se proclamara con autoridad.

 Aun cuando los detractores de Pablo predicaran el evangelio verdadero, eso tenía un efecto. Un predicador con motivos egoístas puede ser usado por Dios porque la verdad es más poderosa que el paquete en el que viene.

Pablo vivía para ver que se proclamara el evangelio; no le importaba quién se atribuía el mérito. Esa debe ser la actitud de todo pastor, maestro, anciano, diácono, líder y laico en la iglesia. En todo lo que sufrió, Pablo no dejó de predicar, ni criticó, ni se deprimió ni perdió el gozo. Es porque la causa de Cristo seguía adelante y se proclamaba su nombre. Eso era todo lo que Pablo quería. Esa es una actitud que la gracia de Cristo infunde en todos los santos.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Dos formas de oposición a Jesús

DICIEMBRE, 09

Dos formas de oposición a Jesús

Devocional por John Piper

Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. (Mateo 2:3)

Jesús incomoda a las personas que no quieren adorarlo, y trae oposición para los que sí lo adoran. Es probable que ese no haya sido el punto principal en la mente de Mateo, pero es una conclusión inevitable a medida que la historia prosigue.

En esta historia, hay dos clases de personas que no quieren adorar a Jesús, el Mesías.

La primera clase está conformada por las personas que simplemente no hacen nada al respecto. Jesús es insignificante en sus vidas. Este grupo se ve representado por los principales sacerdotes y escribas. Mateo 2:4 dice: «Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, [Herodes] indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo». Y bien, se lo dijeron, y eso fue todo, ahora cada uno de vuelta a su oficio como antes. El silencio y la inactividad total de las autoridades judías eran abrumadores en vista de la magnitud de lo que estaba sucediendo.

Notemos también lo que dice el versículo 3: «Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él». En otras palabras, corría el rumor de que algunos creían que el Mesías había nacido. La inactividad de parte de los principales sacerdotes era sorprendente. ¿Por qué no acompañaron a los magos? No les interesaba. No querían adorar al Dios verdadero.

La segunda clase de persona que no quiere adorar a Jesús es quien se ve seriamente amenazado por él. En esta historia ese es Herodes. Está realmente asustado, hasta el punto de conspirar y mentir y llevar adelante una matanza con tal librarse de Jesús.

Hoy en día, estos dos tipos de oposición vendrán en contra de Cristo y sus adoradores. Indiferencia y hostilidad. ¿Están ustedes en uno de esos dos grupos?

Que esta Navidad sea un tiempo para meditar en el Mesías y reflexionar en lo que significa adorarlo.


Devocional tomado del libro “Hemos venido a adorarlo”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Mi pueblo habitará en morada de paz.

9 de diciembre

«Mi pueblo habitará en morada de paz.

Isaías 32:18

La paz y el descanso no pertenecen a los no regenerados, sino a los creyentes y solo a ellos. El Dios de paz da paz perfecta a aquellos cuyos corazones descansan en él. Cuando el hombre aún no había caído, Dios le dio la florida habitación del Edén como su morada de paz; ¡pero ay, qué pronto marchitó el pecado esa hermosa mansión de la inocencia! En los días de la ira universal, cuando el Diluvio barrió a la generación culpable, la familia elegida se vio tranquilamente protegida en el refugio del arca, la cual la mantuvo a flote, librándola del antiguo mundo condenado, para que luego habitase la tierra del arco iris y del pacto; todo lo cual representa a Jesús, el arca de nuestra salvación. Israel descansó seguro en las habitaciones de Egipto, rociadas con sangre, mientras el ángel destructor hería a los primogénitos; y, en el desierto, la sombra de la columna de nube y el agua que salía de la roca, dieron a los cansados peregrinos dulce reposo. En este momento, descansamos en las promesas de nuestro escrupuloso Dios, sabiendo que sus palabras están llenas de verdad y de poder; descansamos en las doctrinas de su Palabra, que son consoladoras; descansamos en el pacto de su gracia, que es un deleitoso refugio. Nos sentimos mucho más favorecidos que David en Adulam o que Jonás bajo su calabacera, pues nadie puede invadir o destruir nuestro refugio. La persona de Jesús es el tranquilo lugar de reposo de su pueblo; y cuando nos acercamos a él, al partir el pan, al oír la Palabra, al escudriñar las Escrituras, al orar o cantar, hallamos en esto un medio de unirnos a él que trae de nuevo la paz a nuestros espíritus.

¡Paz, paz!, cuán dulce paz

es aquella que el Padre me da;

yo le ruego que inunde por siempre mi ser

en sus ondas de amor celestial.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 354). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.