Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.

Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.

Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).

La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.

Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.

La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.

El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.

El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary(Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio webTwitter y Facebook.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Promesas de Jesús para los suyos

Jueves 21 Febrero

El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 14:26

Promesas de Jesús para los suyos

Leer el evangelio según Juan 14:15-31

Jesús iba a dejar a sus amados discípulos, pero no quedarían huérfanos. La primera promesa que les hizo fue que les enviaría una Persona divina para consolarlos, sostenerlos y ayudarlos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). El Espíritu Santo no solo estaría con los creyentes, sino en ellos, para instruirlos: “El Espíritu Santo… os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (v. 26). El Señor lo llama “otro Consolador”, porque él mismo sigue siendo el Consolador celestial, el Abogado que está junto al Padre (1 Juan 2:1).

Jesús hizo tres promesas más a los suyos: la vida nueva, que fluye de la suya (Juan 14:19); una cercanía particular en el amor del Hijo y del Padre, para quien muestre su afecto guardando sus mandamientos (v. 21, 23); y finalmente la paz, su propia paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (v. 27). ¡Cuán real es que él no la da “como el mundo la da”! El mundo ofrece poco y toma mucho, distrae y aturde la conciencia. Actúa como un tranquilizante engañando momentáneamente las inquietudes y los tormentos del alma. Pero esto es solo una paz ilusoria. La paz que Jesús da satisface el corazón, y es eterna.

Finalmente, el Señor dio a entender a sus discípulos que si tenían verdadero amor por él, no debían tratar de retenerlo egoístamente en la tierra, sino regocijarse con su gozo (v. 28).

Extracto de «Cada día las Escrituras»

2 Samuel 14 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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Clases de frutos espirituales

Febrero 20

Clases de frutos espirituales

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra. (Colosenses 1:10)

¿Qué clase de frutos glorifica a Dios? Filipenses 1:11 dice: “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. La justicia, que es hacer lo bueno, es el fruto que Dios desea en nuestra vida. Cuando hacemos lo bueno, glorificamos a Dios; cuando hacemos lo malo, no lo honramos. El fruto es sinónimo de justicia.

Hay dos clases de frutos espirituales: el fruto de la acción, que consiste en dar, guiar a otros a Cristo y expresar gratitud a Dios, y el fruto de la actitud. Gálatas 5:22-23 describe el fruto de la actitud: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

¿Cómo puede usted asumir las actitudes correctas? El versículo 25 dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando le ceda al Espíritu Santo el control de su vida, Él impregnará su vida y producirá el debido fruto.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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El Evangelio entre los indígenas

Miércoles 20 Febrero

El evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

El Evangelio entre los indígenas

El joven misionero David Brainerd (1718-1747), yendo a una aldea indígena, se detuvo en un bosque para pasar la noche. Antes de acostarse oró fervientemente, sin darse cuenta de que algunos aldeanos lo habían seguido. En ese momento espiaban detrás de los árboles la misteriosa escena del «rostro pálido» que imploraba a Dios. Habían decidido matarlo, pues pensaban que los blancos emborrachaban a los indios para robarles sus pertenencias. Sin embargo, después de haber visto al misionero postrado en tierra, dirigiéndose al «Gran Espíritu», se retiraron discretamente.

Al día siguiente el joven, ignorando lo que había sucedido la noche anterior, siguió su camino y tuvo una inesperada recepción en la aldea. Los indígenas rodearon al misionero, quien les leyó el capítulo 53 de Isaías. Más tarde él escribió: «Muchos se emocionaron, y cuando les hablé de la salvación de sus almas, comenzaron a sollozar. Me escucharon atentamente hasta el fin. Les hablé del amor y de la compasión de Dios, quien envió a su propio Hijo para morir por los pecados de los hombres. Para mí fue una sorpresa ver cómo sus corazones parecían traspasados por el Evangelio».

Aún hoy el Evangelio del amor de Dios es anunciado. Con frecuencia la vida de los cristianos es el testimonio más poderoso. Aquí vemos cuán provechosa fue la actitud de oración del misionero para que todo el pueblo prestara atención al Evangelio. Y nosotros, ¿sabemos orar con la misma convicción?

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

La iglesia es llamada «la grey de Dios» (1 Pedro 5:2), «la herencia de Dios» (1 Pedro 5:3), y «la iglesia de Dios» (Hechos 2028). Jesús es «cabeza de la Iglesia» (Efesios 5:23) y «el príncipe de los pastores» (1 Pedro 5:4). La iglesia pertenece a Cristo, y Él es la autoridad sobre ella (Mateo 16:18). Esto es verdad no sólo respecto a la iglesia local, sino al cuerpo universal de Cristo.

El modelo de Dios para edificar Su iglesia, incluye usar hombres con la función de pastor. El pastor es en primer lugar un anciano, y junto con los otros ancianos, el pastor es responsable de lo siguiente:

1) Supervisar la iglesia (1 Timoteo 3:1). El principal significado de la palabra obispo es «sobreveedor». La responsabilidad del pastor y de los otros ancianos, es la supervisión general del ministerio y el funcionamiento de la iglesia. Esto incluiría el manejo de finanzas dentro de la iglesia (Hechos 11:30).

2) Gobernar la iglesia (1 Timoteo 5:17). La palabra que se traduce como «gobernar», significa literalmente «comparecer ante». La idea es guiar o asistir, con un énfasis en ser una persona que cuida de manera diligente. Esto incluiría la responsabilidad de ejercer la disciplina en la iglesia y reprobar a aquellos que se han apartado de la fe (Mateo 18:15-171 Corintios 5:11-13).

3) Alimentar a la iglesia (1 Pedro 5:3). Literalmente, la palabra pastor significa «pastor de ovejas». El pastor tiene una tarea de «alimentar el rebaño» con la Palabra de Dios y de guiarlos en la forma adecuada.

4) Mantener la doctrina de la iglesia (Tito 1:9). La enseñanza de los apóstoles fue encomendada a «hombres fieles» que enseñarían también a otros» (2 Timoteo 2:2). Preservar la integridad del evangelio, es uno de los llamados más grandes del pastor.

Algunos pastores consideran el título de «supervisor», como si fuera un mandamiento para estar haciendo de todo. Si se trata de manejar el sonido, de escoger algunas canciones para el domingo, o de recoger los cobertores para la sala cuna, algunos pastores sienten que su responsabilidad es estar involucrados en cada decisión. Esto no sólo es agotador para el pastor, quién además asiste a cada reunión del comité, sino que además obstaculiza a otros para que puedan usar sus dones en la iglesia. Un pastor puede supervisar y delegar al mismo tiempo. Así mismo, el modelo bíblico de una pluralidad de ancianos, junto con los diáconos nombrados para ayudar al pastor y los ancianos, evita que el pastorado sea controlado por una sola persona.

El mandamiento de «gobernar» la iglesia, a veces se lleva al extremo. Una responsabilidad oficial del pastor es gobernar la iglesia junto con los ancianos, y su enfoque principalmente debe ser espiritual, atendiendo asuntos tales como edificar a los creyentes y equipar a los santos para la obra del ministerio (Efesios 4:12). Hemos escuchado de pastores que parecen más dictadores que pastores que tienen sus ovejas, exigiéndoles a las personas que están bajo su autoridad que deben solicitar su permiso antes de realizar una inversión, o irse de vacaciones, etc. Parece que estos hombres simplemente desean control y no son aptos para gobernar la iglesia de Dios (ver 3 Juan 9-10).

1 Pedro 5:3 contiene una descripción maravillosa de un ministerio pastoral equilibrado: «No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey». La autoridad del pastor no es para que él se «enseñoree» de la iglesia; más bien, un pastor debe ser un ejemplo de verdad, de amor y de piedad, para que el rebaño de Dios lo pueda seguir. (Ver también 1 Timoteo 4:12). Un pastor es un «administrador de Dios» (Tito 1:7), y él es responsable ante Dios por su liderazgo en la iglesia.

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Llevar frutos

Febrero 19

Llevar frutos

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto. (Juan 15:5)

Teníamos un melocotonero en el traspatio, y un año tuvo muchísimos melocotones. ¡Tuvimos suficientes como para alimentar a todo el vecindario! Otro año, no pudimos encontrar ni un melocotoncito. Algunos cristianos pueden ser así, mostrando poca evidencia de ser de Dios; pero Dios quiere que crezcamos y produzcamos mucho fruto para su gloria.

El fruto que usted lleva es la manifestación de su carácter, y la única forma de que las personas sepan que usted es un hijo de Dios. Él quiere presentarse al mundo por medio de lo que produce en usted, de modo que su carácter está en juego en el fruto de usted. Él quiere que usted produzca mucho más de lo que puede producir el mundo o la carne.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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¿Hábil o experto?

Martes 19 Febrero

Ninguno… podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás).

Salmo 49:7-8

¿Hábil o experto?

Hay personas habilidosas a quienes les gusta reparar las cosas que se les averían. Sin embargo, a veces se empeñan en intentarlo durante horas, pero sin éxito. Finalmente deben recurrir a expertos en la materia.

Nuestra situación en el plano moral es análoga. Tratamos de reparar, pero nuestros esfuerzos son inútiles, y a menudo caemos en las mismas cosas. En cuanto a quitar nuestra culpa, somos totalmente incapaces de hacerlo. Fácilmente nos convencemos de que el pecado no es tan terrible, y que podemos eliminarlo con «remiendos»: recubriendo el óxido con una capa de pintura, ¡todo brilla otra vez como antes!

¡Qué error! La solución es ir directamente al experto, volvernos hacia nuestro Creador. ¿Quién mejor que él conoce nuestra vida y sus secretos más íntimos? “El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios 4:5). ¿Y quién, sino él, puede reparar todo?

Dios mismo nos invita a volvernos a él: “Mirad a mí, y sed salvos” (Isaías 45:22). Él nos ofrece, por la fe en Jesucristo, el perdón de nuestros pecados y una vida nueva.

No tratemos de reparar nuestra alma. Si vamos a Jesús sin rodeos, nos evitaremos muchas penas y decepciones. Vayamos pues a Aquel que dijo: “Venid luego… y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

2 Samuel 12 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

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«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

La palabra hebrea traducida como “chismoso” en el Antiguo Testamento es definida como alguien que revela secretos que suceden a su alrededor como un chismoso o traficante de chismorreos. Este es alguien que le saca secretos a la gente, acerca de ellos mismos y de sus familias, y luego va repitiéndolos de casa en casa, ocasionando gran perjuicio para aquellos cuyos secretos le fueron confiados, así como para aquellos a quienes se los cuenta, y también para sí mismo. El chisme se distingue de compartir información por su intención. El traficante de chismorreos tiene como su meta edificarse a sí mismo por medio de hacer ver mal a los demás y por exaltar su gran conocimiento de los demás.

En el libro de Romanos, Pablo revela la naturaleza pecaminosa y la anarquía de la raza humana, declarando cómo Dios derramó Su ira sobre aquellos que rechazaron Sus leyes. Por haberse alejado de la instrucción y la guía de Dios, Él los entregó a sus mentes reprobadas. “…llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:29b-32). Podemos apreciar en este pasaje, que tan serio es el pecado del chisme y que caracteriza a aquellos que están bajo la ira de Dios.

Otro grupo que era y que es comúnmente conocido por consentir en este comportamiento pecaminoso son las viudas. Timoteo previene a las viudas en contra del entretenido hábito del chisme y de estar ociosas. “incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.” (1 Timoteo 5:12-13). En razón de que las mujeres tienden a pasar mucho tiempo en las casas unas de otras, o trabajando muy estrechamente con otras mujeres, involucrándose en las vidas de mucha gente, ellas escuchan y observan una variedad de conversaciones o situaciones, las cuales tienen el potencial de llegar a distorsionarse, si lo que ellas ven no es mantenido en privado. Timoteo dice que las viudas caen en el hábito de andar de casa en casa, buscando algo para ocupar su ociosidad. Las manos ociosas son el taller del diablo, y Dios advierte contra permitir que ese pecado entre a nuestras vidas. “El que anda en chismes descubre el secreto. No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” (Proverbios 20:19).

Ciertamente no solo las mujeres son las únicas que son encontradas culpables de este pecado. Cualquiera puede involucrarse en el acto del chisme, simplemente con repetir algo que escuchó en confianza. El libro de Proverbios tiene una larga lista de versos que cubren los peligros del chisme y la potencial herida que resulta cuando no se toma el cuidado de pensar en los demás y en cómo pueden ellos reaccionar si es revelado algo que hayan querido mantener en privado. “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.” (Proverbios 11:12-13)

La Biblia nos dice que “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbios 16:28). Muchas amistades han sido arruinadas por un malentendido que comenzó con un chisme. Aquellos que se involucran en este comportamiento no hacen sino provocar dificultades y causar ira y amargura, sin mencionar las heridas entre amigos. Tristemente, algunas personas se benefician con esto y buscan oportunidades para destruir a otros. Y cuando tales personas son confrontadas, niegan las acusaciones y responden con excusas y racionalismos. En vez de admitir su error, culpan a alguien o a algo más, o intentan hacerlo sonar como si el pecado que cometieron no fuera tan malo. “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 18:7-8).

“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23) Así que debemos guardar nuestras lenguas y refrenarnos del acto pecaminoso del chisme. Si rendimos nuestros deseos naturales al Señor, Él nos ayudará a mantenernos rectos. Dios recompensa al justo y al recto, así que todos debemos luchar para permanecer como tales.

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Crecimiento por fe

Febrero 18

Crecimiento por fe

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

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Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

Lunes 18 Febrero

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Mateo 5:6

(El Señor) me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Salmo 23:3

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (4)

No se trata de un vago deseo, sino de una necesidad imperiosa y vital como el hambre y la sed. Sentimos rápidamente el hambre o la sed cuando no nos alimentamos. Pero, ¿sentimos de igual manera la necesidad de justicia? Esta no se limita a las relaciones justas y equitativas entre los hombres, por más importantes que sean. Evoca primero la justicia de Dios.

¿Cómo podemos obtener esta justicia de Dios? No queriendo justificarnos nosotros mismos, sino tomando consciencia de nuestra incapacidad de ser justos por nuestros propios esfuerzos. Entonces descubriremos que “Dios es el que justifica” (Romanos 8:33). Su justicia no es algo que él nos pida, es un don que nos hizo, un regalo gratuito de su gracia (Romanos 3:24), recibido por la fe en el Señor Jesucristo. La justicia de Dios no nos condena; ella nos hace vivir, nos libera, nos da la paz, nos pone ante su gracia (Romanos 5:2).

Esta justicia de la que estamos revestidos por Dios aleja todo sentimiento de culpa. Entonces Dios produce en nosotros un hambre y una sed de justicia concreta, vivida en nuestras diversas relaciones. Sed de hacer su voluntad en nuestra vida diaria, sed de dar a cada uno lo que le corresponde, sed de santidad para uno mismo. Sed de justicia respecto a Dios obedeciendo su Palabra. Cuando estas aspiraciones profundas reinan en nuestra vida, somos bienaventurados, “saciados” en la fe, el amor, la paz y la esperanza.

(continuará el próximo lunes)

2 Samuel 11 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

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