Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Domingo 10 Febrero

Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mateo 16:16

El Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

La divinidad y la humanidad de Jesucristo (2)

En otra oportunidad, los discípulos atravesaban el lago durante la noche. Jesús se había quedado en tierra para orar. De repente vieron que alguien caminaba sobre el agua, cerca de la barca. Turbados, pensaron que era un fantasma. Entonces Jesús los tranquilizó diciendo: “¡Yo soy, no temáis!” (Marcos 6:50).

En el transcurso de su vida en la tierra, Jesús mantuvo veladas sus glorias divinas bajo la humilde apariencia de su humanidad. Sin embargo, en breves momentos dejaba brillar algunos de sus caracteres divinos. Sus discípulos fueron testigos de ello, algunas veces se maravillaron y otras se asustaron.

Él estuvo “en la condición de hombre” (Filipenses 2:8), pero el pecado no estaba en él y no podía tomar posesión de él. En Jesús no existía ningún rastro de egoísmo, de amor propio o de orgullo. Ninguna concupiscencia podía nacer en su alma santa. Ningún contacto ni situación podía hacerlo impuro.

Igualmente la muerte de Jesús lleva la marca de la unión más íntima de su humanidad y su divinidad. Aunque aparentemente murió como un hombre, “crucificado en debilidad” (2 Corintios 13:4), entró en la muerte como vencedor, y salió de ella “según el poder de una vida indestructible” (Hebreos 7:16). No murió agotado por los sufrimientos del suplicio, sino que entregó su vida, la cual nadie le podía quitar (Juan 10:18). Murió en la cruz dando ese gran clamor de victoria que convenció al centurión romano de su divinidad (Marcos 15:39).

2 Samuel 3:22-39 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

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Sentir lo que Dios siente

9 de febrero

Sentir lo que Dios siente

Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

Romanos 14:8

Recuerdo a una joven que aprendió a sentir dolor cuando no se honraba a Dios. Salió de un pequeño pueblo en Virginia occidental para ir a vivir con un estudiante en la UCLA. Poco después la echó a patadas. Ella anduvo deambulando y trató de quitarse la vida varias veces, pero cada vez sobrevivió. Mi hermana y yo la conocimos y tuvimos la oportunidad de guiarla a Cristo. Poco después de eso ella decidió volver a su pueblo natal para hablarles de Cristo a su mamá y a sus amigas.

Varios meses después, me escribió una carta. Esto es algo de lo que escribió:

«Puedo casi sentir la insoportable tristeza que Dios siente cuando alguien lo rechaza y no lo glorifica. ¡Él es Dios! Él nos hizo. Él nos lo dio todo. Seguimos dudando y rechazándolo. ¡Es horrible! Cuando pienso en cuánto lo herí, espero que algún día yo pueda compensar eso.

«Está muy claro para mí que debe glorificarse a Dios. Él lo merece, y desde hace mucho tiempo. Anhelo decirle a Cristo, y así indirectamente a Dios, que lo amo. Quiero que Dios sea Dios y que ocupe el lugar que merece. Estoy hastiada de ver cómo las personas lo rebajan.»

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La divinidad y la humanidad de Jesucristo (1)

Sábado 9 Febrero

Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.

Romanos 9:5

Cristo Jesús… hecho semejante a los hombres… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:7-8

La divinidad y la humanidad de Jesucristo (1)

Durante una tempestad en el lago de Tiberias, Jesús dormía en la popa de la barca, como cualquier hombre cansado. Pero un momento después se levantó como el Dios poderoso a quien el viento y el mar obedecen (Marcos 4:36-41). Asombrados, sus discípulos vieron el poder divino reemplazar a una apariencia de debilidad humana.

La Biblia establece con igual fuerza la divinidad y la humanidad de Jesús. Este es un misterio ante el cual nos inclinamos sin comprender. Por un lado, Cristo es Dios, el Enviado del Padre, y por el otro, él es la simiente de la mujer (Génesis 3:15).

Jesucristo fue perfectamente Dios y perfectamente hombre, desde su nacimiento hasta su crucifixión. Es imposible separar sus dos naturalezas. Esa unión de su humanidad y su divinidad se manifestó desde el nacimiento de nuestro Señor. Siendo “nacido de mujer” (Gálatas 4:4), fue concebido por el Espíritu Santo en el cuerpo de una virgen elegida por Dios (Lucas 1:35). Se hizo “semejante a los hombres”, sin embargo siguió siendo “Dios… manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).

Como todo hombre, nuestro Señor Jesucristo tuvo sed, hambre, se cansó (Hebreos 2:17-18). Se hizo semejante a un hombre para poder socorrer a los hombres en todas sus angustias. Pero al mismo tiempo era Dios soberano, como lo demostraban los milagros y prodigios que hacía, y como lo probó su resurrección (Romanos 1:4).

(mañana continuará)

2 Samuel 3:1-21 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

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Aprendiendo de Débora

 

Aprendiendo de Débora

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: «Levántate como Débora la guerrera»; «Déboras al frente de la batalla», «Fuimos creadas para ser mujeres guerreras». Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: “Levántate como Débora la guerrera”; “Déboras al frente de la batalla”, “Fuimos creadas para ser mujeres guerreras”. Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

Un poco de su historia y contexto

Débora fue una mujer casada (Jueces 4:4), profetisa, y también jueza (Jueces 4:5). Su posición en aquel entonces tendría cierta equivalencia con la de una mujer casada y profesional en el día de hoy.

En el Israel antiguo, como su religión estaba directamente relacionada con su política, los líderes –como los reyes y los sacerdotes– siempre fueron hombres. La única excepción fue la reina Atalía, hija de Jezabel y Acab, y ella no fue nombrada como reina sino que robó el reino cuando su esposo, que era el rey, murió ¡y luego ella mató a todos los hijos de su esposo para que nadie le quitara del reino!

Este fue un tiempo oscuro en la historia de Israel, como también lo fue el tiempo de Débora. Israel había estado 200 años sin líder después de la caída de Jericó.

Débora y el diseño de Dios para la mujer

En la medida en la que vamos avanzando en la historia de Débora, quisiera que tuviéramos en mente el rol dado de parte de Dios a la mujer porque, como vimos al principio, muchos han distorsionado la historia de Débora haciendo de ella una guerrera. Si no conoces acerca del complementarianismo, te recomiendo algunos artículos como “¿Qué es eso del complementarianismo?”, “El rol de la mujer en la iglesia”, y este conversatorio, “Mi esposo es pastor: ¿por qué no soy pastora?”.

Entonces, ¿cuál es el rol que nos fue dado? Complementar a los hombres para que ellos pueden cumplir la labor que el Señor les ha asignado. Ser ayuda y columnas para ellos. Teniendo esto en mente, veamos lo que Débora hace en Jueces 4:6-7: “​Ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: “Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: ‘Ve, marcha al Monte Tabor y lleva contigo a 10,000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas hacia el torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos”.

Débora fue profetiza, mientras que Barac fue el guerrero. Baruc era conocedor de la guerra, y él no tenía duda de que el enemigo al que se estaba enfrentando era grande. A menos que él caminara paso a paso con Dios, le sería imposible ganar y sería un masacre para los judíos. Esta historia nos recuerda la suficiencia de Dios.

Por ser profetiza, Débora tuvo una mayor intimidad con Dios que Barac, y sabemos que él así lo reconoció: “Barac le respondió: “Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré”, Jueces 4:8.

Recordemos que Israel había sido oprimido por los Cananitas durante 20 años, y el comandante de su ejército, Sisara, tenía 900 carros de hierro. Los Israelitas no tenían nada, sin embargo esta historia confirma una vez más que Dios es todo lo que necesitamos.

Los tiempos eran tan malos que esta frase era repetida varias veces a través del libro de los Jueces: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien”. Ellos no tenían un líder para animarlos, para dirigirlos o para guiarlos; y los carros de hierro del enemigo eran la última tecnología de aquellos tiempos. Los judíos, que no tenían una fuerza armada, sabían que sin la intervención de Dios esto era una fuerza invencible. Barac no quería ir sin la profetiza. Él sabía que la única forma de ganar esta batalla era a la manera de Dios.

Luego vemos que Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres. Débora también subió con él. “Entonces Débora dijo a Barac: “¡Levántate! Porque éste es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos. Ya que el Señor ha salido delante de ti.” Bajó, pues, Barac del Monte Tabor seguido de 10,000 hombres”, Jueces 4:14. Entonces, ¿quién fue al área de combate?, Barac y diez mil hombres no Débora. Ella estaba comportándose como su ayuda, ayudándole oír la voz del Señor.

Madre en Israel, no guerrera

Para poder entender los tiempos tan difíciles que Israel estaba viviendo, escuchemos lo que Débora dice en Jueces 5:6-7 “En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, 
hasta que yo, Débora, me levanté,
 hasta que me levanté, como madre en Israel”.

Obviamente las calles eran tan peligrosas que la gente tenía miedo de salir de su casa. Y ¿cómo es que Débora se llama a sí misma? ¿La guerrera? ¿La jefa?  “…madre en Israel”. Ella conocía muy bien su rol. Aunque fue el Señor que la eligió a ella como profetiza, y Él la llamó para decirle a Barac lo que Él debería hacer, no se nota en ella un espíritu de burla por el temor que él sintió, tampoco un espíritu de mandar como jefa, o de intimidar, sino de guianza, servicio y protección, como una buena madre hace con su familia.

Viviendo en sumisión

Viendo la sumisión y el rol de ayuda de Débora para con Barac, pudieras estarte preguntándote si ella era su esposa y la respuesta es no, ella estaba casada con Lapidot (Jueces 4:4). En ella tenemos el ejemplo de que el rol de la mujer es también en sumisión a los líderes, no solamente a sus esposos, aunque el grado de sumisión será diferente según el tipo de relación.

La sumisión a tu esposo no es igual a la sumisión a tu jefe o al vecino, pero nuestra actitud debe ser de sumisión y de respeto. Ahora bien la sumisión no es solamente para las mujeres: en la Palabra también encontramos sumisión de esclavo a amo (1 Ped. 2:18) que sería el equivalente a la sumisión a nuestros jefes; hacia las autoridades (Rom. 13:1), de los creyentes entre sí (Efe. 5:21) y la más importante, de los creyentes hacia a Dios (Stg. 4:7). Si el deseo de Dios es que seamos sumisas en nuestro caminar entonces, cuando no lo soy, a quien no estoy siendo sumisa es a Dios, y entonces estoy caminado en pecado. La sumisión puede resultar difícil en ocasiones, pero en Jesús tenemos el ejemplo perfecto de sumisión al Padre, y su muerte en la cruz nos ha capacitado para que podamos seguir su ejemplo.

¿Quieres ser como Débora? Procura tener una actitud y una vida de sumisión a Dios. Sé una mujer sometida a las autoridades que Dios puso en tu vida.

De hecho, resulta muy interesante que Dios había dicho que la victoria iba ser a través de una mujer, pero esa mujer no fue Débora. Fue una mujer llamada Jael quien terminó con la vida de Sísara (Jueces 4:17-21). Pero la realidad es que la batalla no fue ganada por Jael, ni Débora, ni Barac, sino por Dios, quien orquestó a estos personajes y luego envió una fuerte lluvia para que los carros del enemigo no pudieran avanzar (Jueces 5:21).

Esa es la historia de Débora: no como nosotras queremos interpretarla sino como la Palabra nos las está mostrando. Necesitamos ser mujeres que se acerquen a las Escrituras de manera correcta, no sacando de ella lo que nosotras queremos que diga, sino lo que Él quiere decirnos.

Interesados en la gloria de Dios

Febrero 8

Interesados en la gloria de Dios

No puedes soportar a los malos. (Apocalipsis 2:2)

Debemos estar tan interesados en la gloria de Dios que suframos cuando no se le honra. Esa fue sin duda la actitud de David cuando dijo: “Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí” (Sal. 69:9). David sufría profundamente cuando no se honraba a Dios.

Como padre, comprendo lo que David estaba diciendo. Si alguien hiere a uno de mis hijos, me hiere a mí. A menudo he llorado por alguien a quien amo y cuyo corazón estaba quebrantado. Cuando usted se identifique con Dios de esa manera, le interesará su honra mucho más de lo que le ocurre a usted.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Una salvación gratuita

Viernes 8 Febrero

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Una salvación gratuita

Desear, comprar, pagar, poseer, es el camino lógico para obtener un bien. De la misma manera, muchas personas que reconocen estar perdidas por haber desobedecido a Dios, piensan que deben hacer algo para ganar su salvación y escapar al juicio y a la muerte. Otras creen que con una oración sincera podrán obtenerla. También hay quienes estiman conveniente hacer un voto, prometen cambiar de vida o mejorar su conducta con buenas acciones o conformándose a ciertas reglas religiosas para obtener la salvación de Dios. Todo esto es inútil, pues la salvación no se compra, es un don, por lo tanto es gratuita. “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Romanos 6:23).

Nadie puede acercarse a Dios por sus propios medios. Dios es demasiado grande para vender la salvación, y el hombre es demasiado pequeño para poder adquirirla con sus esfuerzos o méritos personales.

Dios no vende nada, pero la salvación de los hombres le costó muy caro. Dio a su Hijo unigénito, Jesucristo, para que podamos tener el perdón, la paz, el gozo. Él pagó nuestra liberación con su propia vida. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo… mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:18-19, 21). El Señor Jesús pagó ese precio tomando sobre sí mismo todo el peso de nuestros pecados. Dios da esa salvación gratuitamente, y perdona a todo el que va a él con las manos vacías, tal como es, para recibirla.

2 Samuel 2 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16

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¿Qué significa “atar y desatar”?

¿Qué significa “atar y desatar”?

Tal vez Mateo 16:19 es uno de los versos bíblicos más abusados hoy:

“Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”.

Muchas personas creen que, con estas palabras de Jesús a Pedro como base, y por extensión a los apóstoles y a todos los demás creyentes, podemos “desatar” bendiciones para nuestras vidas y “atar” toda maldición o espíritu malo que venga contra nosotros.

No es raro oír en algunas iglesias frases como “desato prosperidad para ti”, o “ato todo espíritu de mal en este lugar”. Incluso hay quienes “atan al diablo” para que no les haga daño.

¿Es esa la aplicación correcta del pasaje? ¿A qué se refiere la Biblia por atar y desatar?

UNA AUTORIDAD DADA POR JESÚS

Para entender este versículo, primero notemos esto: Jesús dice estas palabras luego de que Pedro, representando a los doce apóstoles, confesara por revelación de Dios que Jesús es el Cristo (v. 15-17).

Como afirma el pastor y exégeta John MacArthur, en sintonía con otros estudiosos, las llaves del reino de los cielos “representan autoridad, y aquí Cristo da a Pedro (y por extensión a todos los otros creyentes) la autoridad para declarar lo que era atado o desatado en el cielo”.[1]

El erudito William Hendricksen está de acuerdo. Él escribe que “el que ‘tiene las llaves’ (ver Ap. 1:183:7) del reino de los cielos determina quién debe ser admitido y a quién se debe negar la admisión”.[2] Por otro lado, como bien comenta Jonathan Leeman,

“Algunos estudiosos bíblicos hablan acerca de atar y desatar como una actividad judicial o rabínica. Por ejemplo, el rabino decidía cuándo aplicar la ley a una persona en particular y bajo qué circunstancias. Básicamente, Jesús otorgó a los apóstoles esta clase de autoridad: la autoridad de colocarse frente a un confesante, considerar su confesión, considerar su vida y emitir un juicio oficial en nombre del cielo”.[3]

De manera que en Mateo 16:19 hay algo sorprendente: Jesús habla en representación del cielo, le dice a Pedro que su confesión vino del Padre que está en los cielos, y les da autorización a los apóstoles para también representar a Dios en la tierra, atando y desatando aquí lo atado y desatado en el cielo.[4]

En otras palabras, los apóstoles tendrían autoridad para juzgar en la tierra quién debía ser reconocido dentro del Reino de Dios y quién no. De hecho, esta autoridad se menciona otra vez en Juan 20:23, cuando Jesús le dice a los apóstoles: “A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos”.

Si somos protestantes, esto puede sonar problemático a primera vista. Nosotros creemos que solo Dios puede perdonar nuestro pecado. No es de extrañar que la Iglesia católica romana use pasajes como estos para justificar algunas de sus enseñanzas sobre la autoridad de ella y el papado. Entonces, ¿cómo entender esto correctamente?

COMPRENDIENDO MEJOR EL PASAJE

La autoridad que Jesús dio a sus apóstoles en Mateo 16 debe entenderse según Mateo 18.[5]En este pasaje vemos cómo se aplica esta autoridad. Allí, Cristo da instrucciones no solo a los doce, sino también a las iglesias locales sobre cómo lidiar con el pecado en la iglesia:

“Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el Gentil (el pagano) y el recaudador de impuestos. En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo”, Mateo 18:15-18 (énfasis añadido).

Esto nos enseña que la iglesia local tiene autoridad para declarar si alguien debe ser considerado como creyente o no (y por tanto miembro de ella o no), dependiendo de lo que diga la Biblia sobre el estado de esa persona, y dependiendo de si la profesión de fe de la persona es creíble. Por ejemplo, alguien que no se arrepiente de su pecado cuando se le aplica el proceso descrito en Mateo 18 deja de tener una profesión de fe creíble según la Palabra.

Como dice MacArthur:

“La suma de todo esto significa que cualquier cuerpo de creyentes debidamente constituido, actuando de acuerdo con la Palabra de Dios, tiene la autoridad para declarar si alguien es perdonado o no perdonado. La autoridad de la iglesia no es determinar estas cosas, sino declarar el juicio del cielo basado en los principios de la Palabra. Cuando hacen tales juicios sobre la base de la Palabra de Dios, pueden estar seguros de que el cielo está de acuerdo. En otras palabras, todo lo que ‘atan’ o ‘sueltan’ en la tierra ya está ‘atado’ o ‘desatado’ en el cielo. Cuando la iglesia dice que la persona que no se arrepiente está atada al pecado, la iglesia dice lo que Dios dice acerca de esa persona. Cuando la iglesia reconoce que una persona arrepentida ha sido liberada de ese pecado, Dios está de acuerdo”.[6]

Una interpretación errada de algún pasaje bíblico puede conducirnos a confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice.

El siguiente ejemplo puede ayudarnos a entender mejor este asunto.[7]

Supongamos que eres colombiano y extravías tu pasaporte mientras estás en otro país. Vas a una embajada de tu nación, explicas tu caso, y ellos hacen su trabajo y concluyen que eres colombiano. Entonces la embajada te da un nuevo pasaporte. La embajada, entonces, no te hace colombiano. ¡Ya eras colombiano! Simplemente te reconoce como uno y testifica eso ante el mundo.

De igual manera, la iglesia local no te hace cristiano ni puede convertirte en uno. Pero tiene autoridad para reconocerte o no como tal. Ella puede decidir si tratarte o no como ciudadano del Reino de Dios según la Biblia. Se trata de una autoridad que ningún cristiano tiene por sí solo, y que está relacionada al tema de la membresía y disciplina de la iglesia.

Por supuesto, la iglesia no es perfecta, y a veces erramos en el ejercicio esta autoridad. En ocasiones, por ejemplo, podemos no reconocer como creyente a alguien que sí debería ser reconocido como tal. Por eso necesitamos buscar ser bíblicos en todo, de manera que los juicios que emitamos estén conformes a lo que Dios declara en el cielo.[8]

HERMANOS, USEMOS BIEN LA PALABRA

Como puedes ver, hay un abismo enorme entre la interpretación más común que se enseña en muchas iglesias sobre lo que significa atar y desatar, y lo que la Biblia en verdad enseña.

Mateo 16:19 es un texto que nos ayuda a tener un entendimiento de la iglesia más bíblico. Nos habla de la autoridad que tenemos como creyentes para recibir en el nombre de Jesús a otros creyentes en el evangelio, y para dejar de reconocer como creyentes a quienes se aparten de la verdad y no se arrepientan conforme a la Biblia.

Sin embargo, una interpretación errada de este y cualquier otro pasaje bíblico puede conducirnos a muchas confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice. Esto nos recuerda la importancia de 2 Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”.

Gracias al evangelio de Cristo, quien vino para salvarnos y darnos comunión con Dios, tenemos su Espíritu Santo que nos guía a toda verdad, y recibimos perdón por todos nuestros pecados (incluyendo las veces que hemos usado mal la Biblia). Como pueblo redimido, tenemos la Palabra de Dios y lo necesario para profundizar en ella cada día más.

Oremos que el Señor nos conceda ser cuidadosos al leer la Biblia, de manera que podamos aplicar todo lo que nos corresponda aplicar, y enseñar todo lo que nos toca enseñar.


[1] NASBThe MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[2]  William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo(Libros Desafío), p. 683.

[3] Jonathan Leeman, La membresía de la iglesia (9Marks)p. 72.

[4] Ibíd, p 71. Algunas Biblias, en sus versiones de estudio o notas al pie (como LBLA), señalan que esa última frase también puede traducirse como “lo que ates en la tierra, habrá sido atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, habrá sido desatado en el cielo”. Así se hace más evidente que esto no se trata de nosotros dictando la agenda del cielo, sino del cielo dictando la agenda que se cumple en la tierra.

[5] Vale destacar que estas son las únicas dos veces que Jesús menciona en los evangelios la palabra que traducimos al español como “iglesia”.

[6] NASB: The MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[7] Esta ilustración está tomada y adaptada de Leeman, p. 31-32.

[8] “Jesús condenó definitivamente todo atar y desatar que fuese arbitrario, caso en que el prohibir y permitir, el excluir y admitir y readmitir equivale a una transgresión del mandamiento de Dios (15:1–20; 23:13). Cuando una persona es excomulgada injustamente, el Señor la recibe (Jn. 9:34–38)” (Hendriksen, p. 684).

 

 

 

El propósito de su Vida

Febrero 7

El propósito de su Vida

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)

Cuando usted confesó a Jesucristo como Señor, lo hizo para la gloria de Dios. Ahora cualquier otra cosa que usted haga, aun las funciones más comunes de la vida como comer y beber, debe enfocarse en la gloria de Dios. Esa debe ser la actitud fundamental de su vida.

Jesús presentó ese enfoque de esta manera: “Honro a mi Padre… no busco mi gloria” (Jn. 8:49, 50). Usted crecerá espiritualmente cuando siga el ejemplo de Cristo de someter su vida al señorío de Cristo, usted se caracterizará por su humilde deseo de glorificar al Padre.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Dios nos habla hoy

Jueves 7 Febrero

(Jesús dijo:) El que tiene oídos para oír, oiga.

Marcos 4:9

Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios.

Jeremías 7:23

Oíd, y vivirá vuestra alma.

Isaías 55:3

Dios nos habla hoy

Podemos escuchar muchas voces. Internet deja el campo libre a todos los discursos, desde el más noble hasta el más vil. Pero, ¿quién querrá escuchar la voz de Dios?

Dios nos ama y quiere darse a conocer a cada uno de nosotros. Hace oír su voz a través de las situaciones difíciles o excepcionales, pero también por medio de detalles: una frase que hemos escuchado se graba en nuestro espíritu, un texto que hemos leído nos interroga, etc. Dios se hace oír. Su voz puede ser fuerte para obligarnos a escucharle, pero también puede ser suave, sutil, llena de gracia. Dios nos habla una vez, dos veces… ¡debemos prestar atención! En particular cuando una luz roja se prende en nuestra conciencia.

Él se dirige a nosotros de diversas maneras y nos advierte, pero nos habla más directamente mediante su Palabra escrita, la Biblia. Por medio de ella nos muestra lo que somos: pecadores que merecen su condenación. Sin embargo, también nos da a conocer su amor, tan grande como su justicia.

Todos aquellos que creen en Jesús, quien murió por sus pecados y resucitó, son considerados como justos por Dios mismo. Tienen la vida eterna. Aprenden a escuchar la voz de Dios, la voz de un Padre fiel y cercano que los ama.

En la Biblia Dios expone ese plan de salvación para el hombre. Leer este libro con atención, como la Palabra de Dios, es escuchar a Dios mismo. Hagámoslo con humildad y oración.

2 Samuel 1 – Mateo 24:1-28 – Salmo 20:1-5 – Proverbios 8:1-11

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¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

Las Escrituras han estado bajo ataque desde que surgió la alta crítica en la época de la Ilustración. Distintas filosofías han cuestionado la inerrancia, infalibilidad, suficiencia de la Biblia, y el impacto de ella en las personas.

El ataque continúa hoy. El nuevo ateísmo con sus argumentos, el movimiento de la nueva era con su mezcla de prácticas orientales, o el secularismo avasallante buscan dejar a la Biblia fuera de la ecuación de la sociedad. Nos llaman a abrazar las novedades y dejar en el pasado el “opio” de la religión.

Sin embargo, es innegable el poder transformador de la Biblia en la vida de millones de personas a lo largo de la historia. En la Biblia conocemos a Dios de manera especial y por eso necesitamos responder a ella correctamente. ¿Cómo hacerlo? Primero, necesitamos mirar qué tenemos en la Biblia.

El Dios que se revela

Dios siempre se ha revelado a nosotros, empezando por su revelación en la creación. El ser humano niega esta realidad debido a su pecado, como Pablo escribe a los Romanos:

“Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no Lo honraron como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”, Romanos 1:20-21.

El rey David también habló de esto en el Salmo 19: “Los cielos proclaman la gloria de Dios” (v. 1). Sin embargo, ese salmo no solo señala la forma en que la creación habla de Dios, sino que también celebra su ley, la Palabra escrita, como otra forma en la que el Creador se ha revelado (v. 7-11). En ella aprendemos cosas sobre Él que no vemos en la creación. Por eso los teólogos hablan de la Biblia como revelación especial de Dios.

A Dios no solo le interesa que sepamos que Él ha hecho todo lo que existe, sino que también desea que conozcamos su carácter. Desea que seamos sus hijos y nos ha dado por escrito su revelación especial: la Biblia. Nota las cualidades que tiene esta Palabra de acuerdo al salmo: es perfecta, confiable, recta, clara, pura, verdadera, más deseable que el oro puro, dulce como la miel, nos advierte, y es una gran recompensa (Sal. 19:7-11).

Solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Pero el Señor no se detiene allí. Él coronó esta revelación y afirmó su amor haciendo carnesu Palabra. Dios mismo ha venido a estar con los hombres. La Palabra que creó todas las cosas, que estuvo antes del principio y que sostiene todo lo que existe, se humilló a sí mismo y se hizo como uno de nosotros: “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

Cristo, la mayor revelación de Dios (Heb. 1:1-2), vivió de forma perfecta, se hizo hombre, fue a la cruz, y se entregó allí por nuestros pecados. “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). Él no se quedó para siempre en una tumba, sino que venció a la muerte al resucitar. Ahora, tú y yo podemos conocerlo en las páginas de la Escritura.

Nuestra respuesta coherente

Solo en la Biblia podemos conocer todas estas verdades y mucho más sobre Dios. La Escritura es revelación especial de Dios para nosotros hoy. Y cuando vemos toda esta revelación, y el interés de este Dios por el ser humano —su creación más preciada—, demanda una respuesta humilde de nosotros.

Nuestra respuesta debe iniciar con una solicitud de misericordia. La revelación especial de Dios produce un reconocimiento de pecado y una respuesta en arrepentimiento y fe que solicita Su perdón. “¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos” (Sal. 19:12).

La misma Palabra provoca que el corazón arrepentido pida ser protegido de sentirse independiente de su Hacedor: “Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia” (Sal. 19:13). Finalmente, esa Palabra provoca en el individuo un deseo de que tanto su meditación como lo que exprese con sus labios sean agradables a su Señor (Sal. 19:14). Una maravillosa revelación de Dios demanda una humilde respuesta.

En medio de una época llena de ataques contra la Palabra de Dios, necesitamos aferrarnos a la Biblia y aprender cómo dar defensa de nuestra fe (1. Pe. 3:15), porque solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Entonces, ¿qué haremos con esa Palabra? ¿No deberíamos exponernos a ella día tras día, convencidos de que no es posible vivir separados de ella? ¿No deberían estar nuestras casas, redes sociales, actividades, e iglesias saturadas de ella? ¿No deberíamos defenderla con pasión? ¿No deberíamos consumirla y someternos a ella?