El camino angosto

Agosto 10

El camino angosto

Angosto el camino que lleva a la vida. (Mateo 7:14)

La puerta estrecha de la salvación lleva al camino angosto de la vida recta. Por el contrario, la puerta ancha de la condenación lleva al camino espacioso de la vida descuidada y perversa.

Hubo una vez un hombre que escogió el islam en lugar del cristianismo porque para él el Islam “es una senda noble y espaciosa. Hay lugar en ella para un hombre y sus pecados. El camino de Cristo es demasiado angosto”.

Lamentablemente, en la actualidad hay muchos que se dicen cristianos que no ven el asunto con tanta claridad como ese musulmán. No entienden ni aceptan la definición de Jesús del camino angosto como la senda exigente y difícil. Es la vida de sacrificio y de esfuerzo intenso. Si está llevando esa vida, peleará “la buena batalla de la fe, [echará] mano de la vida eterna, a la cual asimismo [fue] llamado” (1 Ti. 6:12).

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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4/7 – LA NATURALEZA DEL IMPOSTOR

El amor que vale

El Cristianismo Autentico

4/7 – LA NATURALEZA DEL IMPOSTOR

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

http://www.elsitiocristiano.com/ministries/el-amor-que-vale/

Pero tú has seguido mi doctrina.

Sábado 10 Agosto

Pero tú has seguido mi doctrina.

2 Timoteo 3:10

Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor… Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia.

Efesios 5:21-25

Cosas simples, ¡por favor!

«Necesito cosas simples y concretas. La doctrina no es para mí…», dicen algunos. Una exposición torpe de la Palabra de Dios puede suscitar tales comentarios. Sin embargo, los pensamientos profundos de Dios requieren un esfuerzo para ser comprendidos (2 Pedro 3:16). Separar la doctrina cristiana de las instrucciones prácticas para la vida del creyente puede conducir a una enseñanza arbitraria y sectaria. No comprender el sentido profundo de la Palabra de Dios puede llevar a contradecirla o a sacar de ella solo los textos que nos convienen.

La doctrina nos hace entrar en los pensamientos de Dios. Ella da a las instrucciones para la vida diaria su significado profundo y su alcance, su razón de ser.

Por ejemplo, el apóstol Pablo presentó el matrimonio como una imagen de la relación que une a Jesucristo con su Iglesia, compuesta por todos sus redimidos (ver Efesios 5:21-33). De ahí emanan, naturalmente, exhortaciones para los creyentes a estar sumisos a Cristo, la mujer a su marido, y que el marido ame a su mujer. ¿Es esto abstracto? No, al amar a su esposa con ternura, el marido ilustra el amor de Jesucristo por su Iglesia. Siendo sumisa a su esposo, la mujer representa a la Iglesia, sumisa a su Esposo celestial. Lo contrario es una triste negación de los pensamientos de Dios con respecto al matrimonio. Así, en la medida en que el esposo y la esposa conozcan el verdadero sentido del matrimonio ante los ojos de Dios, podrán vivirlo con felicidad.

1 Crónicas 23 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Te amaré

Coalición por el Evangelio

Te amaré

David Barceló

Así como nuestra sociedad desconoce que el matrimonio es un pacto, también desconoce lo que es el amor. Sí, puede parecer extraño al ver cuántas canciones, poemas, películas y novelas ha inspirado el amor, pero abunda un falso concepto del amor en nuestro tiempo.

Hoy día las personas se casan porque sienten una irresistible atracción romántica hacia otra persona. Una emoción que te embarga. Mariposas en el estómago. El hombre se acerca a una mujer y piensa “Creo que estoy enamorado de ella”, y al considerar el matrimonio no se hace preguntas respecto a la fe, a sus virtudes, a su carácter… la única pregunta que impera en su mente es “¿Estoy realmente enamorado de ella?”. El dilema está servido, porque al pasar el tiempo uno puede caer en la cuenta de que ya no está enamorado de su esposa, sino de la secretaria, o de la vecina del quinto… “Cariño, se acabó todo. Ya no estoy enamorado de ti”.

¿Es eso el amor? ¿No se parece todo esto más a una gripe que a otra cosa? ¿Es el amor un virus que viene y va de forma caprichosa? ¿Será verdad que Cupido va lanzando flechas al azar?

La gente se casa y se divorcia por la misma razón: “estoy enamorado de ti” o “no estoy enamorado de ti”. Las películas de Hollywood nos han vendido un concepto del amor romántico, y nuestra cultura dice “Haz lo que te diga el corazón, pero primero apaga el cerebro”. Según nuestra sociedad el “amor” es una especie de impulso biológico, una atracción irresistible, un apetito, un deseo, un capricho, un sentimiento… ¿Por qué se quieren casar? -preguntan a la joven pareja- ¡Por que estamos enamorados!… ¿y ya está? ¿Es que estar “enamorados” es el único fundamento que debe tener el matrimonio? ¿Nos hemos parado a contemplar las virtudes de la mujer de Proverbios 31, y del hombre del Salmo 1? ¿No deberían llamar nuestra atención en primer lugar el carácter espiritual de la otra persona?

No quiero parecer poco romántico. El romanticismo es algo hermoso que se debe de cuidar y cultivar en el matrimonio. El atractivo físico tiene su lugar en la relación de pareja, y está bien que te suba la adrenalina cuando ella se acerca a ti… o que pienses continuamente en tu amada… Cuando leemos el Cantar de los Cantares vemos esa pasión y esa ternura del amor romántico, y el romanticismo dentro del matrimonio se ha de cuidar y nutrir cada día como quien cuida de un hermoso rosal.

La cuestión es que el romanticismo es parte del amor, pero no es todo el amor. La Coca-Cola está más rica con sus burbujas; sin burbujas se convierte en una bebida aburrida, pero sigue siendo Coca-Cola. Ahora bien, jamás pedirías un vaso lleno de burbujas y nada más… ¿verdad?

Así mismo, el amor romántico es parte del amor, pero no es todo el amor. En todo matrimonio ha de haber romanticismo, emoción, sorpresa, deseo, pasión, ilusión… pero cuando todo esto no está, sigue habiendo amor.

Entonces descubrimos esta gran verdad, que el amor no es un sentimiento que te lleva a una acción, sino una acción que te lleva a un sentimiento. Según el mundo es al revés: “Haz lo que te dicte el corazón”. Pero el amor matrimonial según Dios es un pacto incondicional entre un hombre y una mujer, en el cual ponen su voluntad. Una hermosa decisión, que vendrá acompañada de hermosos sentimientos.

El amor ante todo es un acto de la voluntad. Amar no es una emoción; amar es una decisión. Si no fuera así, parecería injusto que Dios nos ordenara amar“Maridos amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la Iglesia” (Ef. 5:25); Las ancianas “enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos” (Tit. 2:4); “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen” (Mt. 5:44).

¡Puedes imaginar amar a tu enemigo! Por supuesto, no estás enamorado de él. Sin embargo, puesto que el amor es una decisión del corazón, en obediencia a Dios puedo tratar a mi enemigo con benignidad, con caridad, con paciencia, devolviéndole bien por mal.

Dios nos amó, no porque estuviera enamorado de nosotros, sino porque quiso amarnos. El amor es una decisión del corazón, pero lo más hermoso del asunto es que tras la decisión de amar, Dios te regala los sentimientos de amor. Cuando la pareja contrae matrimonio dice claramente “te amaré, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad…”, y tal vez debieran añadir “te amaré cuando esté enamorado de ti y cuando deje de estarlo…”, porque un anillo en nuestra mano nos va a recordar toda la vida que hemos contraído con nuestra esposa un pacto de amor. Que el Señor te bendiga. Este es el cuarto artículo en esta serie del matrimonio.

El sufrimiento que fortalece la fe

Agosto 10

El sufrimiento que fortalece la fe

Devocional John Piper

Santiago 1:2-3: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia»

Aunque parezca extraño, uno de los propósitos principales de ser zarandeado por el sufrimiento, es hacer que nuestra fe sea más inamovible.

La fe es como el tejido muscular: si la esfuerzas al límite, se hace más fuerte y no más débil. Eso es lo que Santiago quiere decir en estos versículos. Cuando tu fe es amenazada, probada, y estirada hasta el punto de casi romperse, el resultado es una capacidad mayor para resistir.

Dios ama tanto la fe que la probará hasta el límite para conservarla pura y fuerte. Por ejemplo lo hizo con Pablo, como dice en 2 Corintios 1:8-9,

Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;

Las palabras «para que» muestran que había un propósito en este sufrimiento extremo: era para que Pablo no confiase en sí mismo o sus recursos, sino en Dios, específicamente en la gracia venidera de Dios en resucitar a los muertos.

Dios valora tanto una fe de todo corazón que, en su gracia, quitará todas las demás cosas del mundo en las que nos podemos sentir tentados a confiar, incluso la vida misma. El objetivo de Dios es que nuestra confianza en que Él mismo es todo lo que necesitamos, se vuelva más profunda y fuerte.

Dios quiere que podamos decir junto con el Salmista (en Salmos 73:25-26): «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre».

Traducido de: http://solidjoys.desiringgod.org/en/devotionals/suffering-that-strengthens-faith