¿Cristianismo carnal? | Alexander León

Si Jesús dijo que el que bebiera del agua que Él daría no tendría sed (Juan 4:14),

¿Por qué será que hay tantos cristianos aún sedientos, buscando en cisternas rotas?
Si Jesús dijo que Él vino para que tengamos vida en abundancia (Juan 10:10),

¿Por qué tantos de los que van a las iglesias viven aún como los que están muertos espiritualmente, es decir, siguiendo la corriente del mundo? (Efesios 2:2)
Si Pablo afirma que los que hemos muerto al pecado, no podemos vivir aún en él. (Romanos 6:2)

¿Por qué afirman ciertos predicadores que hay cristianos que pueden vivir continuamente como inconversos y aún así ser salvos?
La Biblia dice que el que ha nacido de Dios no practica el pecado (I Juan 5:18), entonces

¿Por qué hay tantos cristianos que aún viven esclavizados al pecado ?
La respuesta a todas estas preguntas es: por causa de la predicación de la errónea doctrina del «cristiano carnal».

Tal condición hace pensar a muchos que son salvos aunque aún no han experimentado el cambio de corazón que hace el Espíritu Santo, no tienen fe verdadera y por lo tanto no han tenido un arrepentimiento verdadero tampoco.

Se les anima a pensar a estas personas y hasta confesar que sí son salvos y que nadie puede cuestionarles su salvación. Esta perniciosa doctrina es la culpable de que las iglesias estén mezcladas, con una gran cantidad de impíos que pasan por cristianos y a los verdaderos creyentes sufriendo las consecuencias, siendo tratados como los «muy fanáticos», los «santurrones», los «intolerantes», etc, etc.

Por muchos años yo viví engañándome a mí mismo y engañando a otros, pensando que era cristiano, pero no lo era, así habría seguido para siempre, hasta recibir la condenación del Juicio, si no fuera por la Gracia Soberana de Dios que actuó para darme vida en Cristo, abriendo mis ojos y mis oídos y regocijarme en Su Verdad.
No es mi afán atormentar a nadie con dudas, pero preferiría hacerlo un poco para provocar un auto-examen, que dejar que las almas vivan una falsa seguridad y en el día final escuchan las espantosas palabras «Nunca os conocí, apartaos de mí»

Pastor Alexander Leon

Confiar en Jesús

Jueves 17 Agosto
Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Juan 11:3-5
Confiar en Jesús
¡Qué confianza en el Señor mostraron María y su hermana Marta cuando enviaron un mensaje para informarle que su hermano Lázaro estaba enfermo! Apelaron a su tierno corazón. Sabían que Jesús los amaba, y mencionaron a Lázaro por una necesidad particular. Tenían plena confianza en que Jesús podía ayudarles. Muchas veces en el pasado habían sido testigos del poder milagroso del Señor, quien nunca había rechazado a nadie. Todos los que acudían a él recibían ayuda, a menudo más allá de las esperadas. Esto es lo que leemos Marcos 7:37: “En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar”. ¿Se negaría ahora el Señor a responder a su clamor?

Todos podemos identificarnos con María y Marta. No hay hogar, ni familia, donde la enfermedad y el miedo a la muerte no hayan aparecido inoportunamente. A veces nos sentimos totalmente desesperados. Las enfermedades prolongadas de las esposas, los padres o los hijos, agotan nuestras fuerzas, nos privan del sueño y nos dejan completamente exhaustos. A veces nuestra paciencia llega a su límite, y sentimos que nadie nos entiende ni se preocupa por nosotros, o eso parece.

Jesús conocía la ansiedad de las dos hermanas y simpatiza con ellas. También sabía que esta enfermedad era “para la gloria de Dios”, y por eso esperó a que llegara el momento perfecto en los planes de Dios. ¡Qué confianza y paz sentimos al ver cómo se desarrolla esta escena! También nosotros podemos confiar plenamente en Aquel que “hace todo bien”. Él atrae nuestros corazones al suyo para que cada uno de nosotros esté convencido de que nos ama tanto como amó a Marta, María y Lázaro.

Jacob Redekop
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.