¿ESTOY MUERTO AL PECADO? | ELYZE FITZPATRICK

¿ESTOY MUERTO AL PECADO?

ELYZE FITZPATRICK

Piénsalo: estás muerto al pecado

Por la obra del Padre en Cristo, nuestra antigua vida de pecado está muerta: ya no estamos bajo el dominio del pecado. A la iglesia como cuerpo y a nosotros como individuos se nos ha dado un “nuevo criterio para juzgarnos a nosotros mismos”. Si ya no vamos a vivir en pecado, debemos “entendernos a nosotros mismos por fe”. Estamos muertos al pecado, y no solo estamos muertos al poder del pecado, sino que también hemos sido vivificados para Dios, “habiendo sido traídos bajo Su dominio. Cuando pasamos a estar en Cristo, nos debe caracterizar un nuevo estilo de vida… Debemos pelear nuestra batalla con la certeza de que nuestro enemigo ha sido vencido”. Sí, el pecado ha sido vencido, y es por esa victoria de Cristo que podemos pelear esta batalla.

Esta primera obligación del evangelio que encontramos en Romanos es un llamado a la fe, a creer que lo que Él dijo hacer realmente ha sido hecho. La obediencia sumisa a la que Pablo nos llama en Romanos 6:13 —“… ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida…”— se basa sobre la fe en el hecho consumado del evangelio: estamos muertos al pecado y vivos para Dios; hemos sido liberados de la esclavitud al pecado capacitados para someternos a Él.

Lo que esta nueva vida significa es que estamos confiados en que el cambio va a suceder. Podemos pelear valientemente para “quitarnos” el pecado que todavía mora en nuestros cuerpos mortales. No estamos solos; no, estamos en Él, y Él mismo nos sacó de esa tumba de pecado y muerte. Nos ha presentado junto a Él, completamente vivos en la presencia del Padre. Aunque sabemos que esto es verdad, puede haber ocasiones, particularmente cuando estamos luchando contra nuestro pecado, en que nos cuesta trabajo creerlo. Y es entonces cuando tenemos que volver al mandato que nos llama a recordar. En otras palabras, debemos quitar la mirada de nuestro pecado y ponerla en Su obra consumada en la cruz.

Al igual que los gálatas, necesitamos que nos recuerden estas verdades, especialmente cuando somos tentados a volver a caer en el desánimo que surge del moralismo y de la justicia propia. Aprópiate de las declaraciones personales de Pablo en Gálatas 2:20-21; aplícalas por fe a tu lucha contra el pecado: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio Su vida por mí”.

Nuestra vieja naturaleza ha sido crucificada con Él. La persona que una vez fuimos está muerta, y ahora hay un espíritu diferente habitando en nuestros cuerpos, el Espíritu del Cristo resucitado. Por supuesto, debemos apropiarnos de esto una y otra vez por fe, y creer obstinadamente que el Hijo de Dios no nos puede abandonar. Nos ama tanto que dio Su vida por nosotros.

La fuente del gozo

Domingo 3 Septiembre
Nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino.
Cantar de los Cantares 1:4
La fuente del gozo
El frescor de una nueva fe puede traer una alegría tan viva que nos eleva por encima de nuestras circunstancias. Después de ser llevados al Señor Jesús y encontrar en él esa dulce seguridad del perdón y la perfecta aceptación, todo a nuestro alrededor parece estar vivo y lleno de alabanzas a Dios

Sin embargo, por muy desbordante y real que sea esta alegría, no siempre permanece tan profunda y entusiasta como en nuestra conversión. Su fervor pronto se desvanece y nos preguntamos qué ha pasado. ¿Por qué no conservamos ese inmenso gozo que era tan valioso para nosotros y que deseábamos profundamente no perder jamás?

La respuesta se halla en el bello versículo de hoy. El gozo es un elemento profundamente importante en la vida cristiana, pero no puede sostenerse por sí mismo. Si hacemos del gozo nuestro objetivo, lo perderemos. El gozo no puede alimentar nuestras almas. Solamente puede ser el resultado de algo más importante. “Nos gozaremos y alegraremos en ti”. El Hijo del Dios, que murió y resucitó por nosotros, es el único Objeto que puede llenar verdaderamente nuestro corazón de gozo profundo y perdurable. Debemos alimentarnos de él y del alimento sólido de su Palabra. Entonces podremos decir como Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16).

El versículo de hoy dice: “Nos acordaremos de tus amores más que del vino”. El vino simboliza el gozo, aquello que trae emoción. Es mucho más importante recordar el amor del Señor Jesús que el gozo de nuestras propias experiencias. Su gozo, su amor y él mismo permanecen igual, mientras que nuestro gozo viene y va. No puede permanecer constante.

Hagamos del amor del Señor, de su Palabra y de su Persona, los objetos de nuestra meditación. Entonces tendremos un gozo puro y precioso.

L. M. Grant
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.