El ejemplo del Señor para nuestras relaciones con los demás

El ejemplo del Señor para nuestras relaciones con los demás

Audio:https://podcasts.captivate.fm/…/bbb91184…/04-03-2024.mp3

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas… quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente. 1 Pedro 2:21, 23

Es común que el corazón humano se resienta y busque retribuir las ofensas recibidas. ¡Cuán extraño es responder al sentimiento natural como lo hizo Cristo! Ante las burlas cortantes y el mal inmerecido, él logró vencer el mal con el bien (Ro. 12:21). ¡Cuánto nos cuenta hacer lo mismo!

Los hermosos rasgos del carácter de nuestro Señor, descritos tan bellamente en los versículos previos por el apóstol Pedro, resplandecieron en su vida para que los imitemos. Cuando se encontró con un Natanael cargado de prejuicios (Jn. 1:46), el Salvador pasó por alto sus pensamientos preconcebidos y destacó sus cualidades, diciendo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Jn. 1:47). Más adelante, sus discípulos lo abandonaron (Mt. 26:56), pero después de su resurrección se les apareció y, en lugar de reprenderlos, les dijo: “Paz a vosotros” (Jn. 20:19).

Parece ser que varios de los discípulos se empaparon de esta forma de pensar, “esta actitud que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5 NBLA). Pablo se sintió obligado a reprender a Pedro en presencia de todos y a dejar constancia de este hecho (Gá. 2:11-14). Pedro debió sentir profundamente la severidad de esta reprensión, sin embargo, ¿guardó algún rencor contra Pablo? Leamos como se refirió a él en su segunda epístola: “Nuestro amado hermano Pablo” (2 P. 3:15).

Cuando nos sintamos tentados a pronunciar alguna palabra dura, o de tomar represalias de forma precipitada y brusca, preguntémonos si nuestro Salvador habría reaccionado así. Si los demás son poco amables, desconsiderados o desagradecidos con usted, remita su causa a Dios. Háblele solo a Dios acerca de las faltas de los demás en oración. ¿Represalias? Tal pensamiento no debe habitar en un cristiano. “Vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (Ef. 4:20).

J. R. MacDuff

© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Reflexiones sobre el Salmo 22 (5)

Reflexiones sobre el Salmo 22 (5)

Audio: https://podcasts.captivate.fm/…/757c10ce…/03-03-2024.mp3

Me han rodeado muchos toros… Abrieron sobre mí su boca como león rapaz y rugiente.

Salmo 22:12-13

El salmo 22 menciona varios animales para describir los ataques que recibió el Señor de parte de sus enemigos. Los animales de los versículos anteriores representan a los líderes religiosos y políticos de los judíos. La expresión “del poder del perro” (v. 20) hace referencia a los gentiles, Pilato y sus siervos, que también lo atacaron. El término “perros” está vinculado a la “cuadrilla de malignos” (v. 16), es decir, las fuerzas paganas. El Señor exclamó: “Sálvame de la boca del león” (v. 21) cuando se enfrentó al ataque final de Satanás, ya que el diablo tenía en ese momento “el imperio de la muerte” (He. 2:14). Nuestro Señor se hizo obediente “hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8), y por medio de su obediencia obtuvo la victoria, aunque aparentemente parecía que iba a ser derrotado (Col. 2:15; 2 Co. 13:4).

El primer día de la semana se confirmó este triunfo, cuando Jesús se levantó de la tumba, muy temprano por la mañana (véase Mr. 16:2-6). “Los cuernos de los búfalos” (Sal. 22:21) probablemente hacen referencia al poder del enemigo, al igual que el león. Sin embargo, no importa cuán grande haya sido la resistencia contra el Señor Jesús, su poder era mayor y por eso obtuvo la victoria. Esta victoria la vemos, en primer lugar, al final de las tres horas de tinieblas, cuando Cristo dijo que Dios le había respondido (v. 21 RVA-2015) y, en segundo lugar, en el glorioso día de su resurrección, cuando salió de la tumba (Hch. 2:31). La victoria suprema le pertenece solo a él.

Hay muchos animales que ilustran diversos aspectos de la Persona y la obra del Señor: oveja, cabra, toro y ciertas aves. Sin embargo, (¡misterio insondable!) acá dice ser “gusano, y no hombre” (v. 6). El “gusano” (cochinilla) mencionado aquí es uno del cual, al aplastarlo, se logra extraer un tinte de color rojo o carmesí, utilizado para teñir. Cuando Jesús fue “aplastado” bajo el juicio de Dios, produjo algo de valor duradero. Además, “la cierva de la aurora” (el epígrafe “Ajelet-sahar” del salmo) representa una respuesta a nuestro Señor y a su obra. ¿Cuál es nuestra respuesta hacia él y a su maravilloso amor?

Alfred E. Bouter

© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Servir y volver al Señor | Marcos 6:30-32

Servir y volver al Señor

Audio:https://podcasts.captivate.fm/…/6ebb9848…/02-03-2024.mp3

Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco… Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Marcos 6:30-32

En Marcos 3, Jesús eligió a doce discípulos para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar cuando llegara el momento. Durante aproximadamente un año lo acompañaron, observando su andar perfecto y la mansedumbre con la cual interactuaba con las personas. En Mateo 11:29, Jesús dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Esta es una lección importante para todos nosotros. Necesitamos aprender de ese carácter manso que emana del corazón amoroso de Cristo. Cuanto más tiempo pasemos con él en secreto, más útiles le seremos en público.

Entonces llegó el momento en que Jesús envió a estos doce discípulos a predicar. Recibieron instrucciones específicas acerca de su comportamiento, el mensaje que debían dar y a dónde debían ir, y el Señor les dio su autoridad para cumplir su misión. No se nos dice cuántos días pasaron yendo de aldea en aldea, pero cuando su misión terminó, ellos volvieron a Jesús. ¡Qué buena práctica! ¿Tenemos este mismo hábito? Los discípulos debían estar entusiasmados, porque habían tenido una experiencia inolvidable: habían expulsado a los demonios y sanado a los enfermos. Esto es lo que Jesús había hecho anteriormente, ¡y ahora ellos habían sido capaces de hacer lo mismo! Sin embargo, habían olvidado que el Señor es quien les había dado la autoridad para hacer tales cosas. Jesús no los reprendió, sino que los invitó amablemente a apartarse a un lugar desierto y descansar un poco.

Después de mucha actividad, sirviendo aquí y allá, nosotros también necesitamos estar a solas con el Señor en tranquilidad, permitiendo que él refresque nuestros corazones y nos libere del enfoque en nosotros mismos. Necesitamos que el Señor vuelva a llenar nuestros corazones y nos dé descanso.

Jacob Redekop

© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¡Todo por mi amado Salvador! | 1 Samuel 18:1, 4

Audio: https://podcasts.captivate.fm/media/79496d68-fead-4d58-936f-233097a1f7a7/01-03-2024.mp3

El alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo… Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.
1 Samuel 18:1, 4
¡Todo por mi amado Salvador!
Junto con los miles de soldados de Israel, Jonatán había visto a David salir al encuentro de Goliat, cuyo tamaño, aspecto y palabras habían sembrado el terror en el corazón del pueblo. Jonatán había visto a este orgulloso gigante ser abatido por el poder de la fe. Pero había algo más que esto. No se trató solamente de la victoria, ¡ahora el corazón de Jonatán estaba lleno de la persona misma del vencedor! No es que valorara menos la victoria, sino que valoraba más al vencedor. Por eso se despojó con gozo de sus vestiduras y su armadura para vestir a David, el objeto de su afecto.

Esto nos deja una valiosa lección. ¡Con qué facilidad nos enfocamos en la redención en lugar de hacerlo en el Redentor! ¡Nos gozamos más en la salvación que en el Salvador! ¿No deberíamos, como Jonatán, tratar de magnificar la persona de aquel que descendió al polvo de la muerte por nosotros? David no le pidió a Jonatán que le diera su túnica o su espada. Si lo hubiera hecho, la escena habría carecido de belleza. No, Jonatán se olvidó de sí mismo y solo pensó en David. Así debe ser con nosotros y nuestro verdadero Señor, el verdadero David. En tal caso, podremos decir como Pablo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Fil. 3:7-8).

¡Que seamos más llenos de este espíritu! Que nuestros corazones sean atraídos y unidos más y más a Cristo en este día de hueca profesión y vana formalidad religiosa. ¡Que seamos tan llenos del Espíritu Santo que con propósito de corazón nos aferremos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo!

C. H. Mackintosh
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.