¿Qué es apostasía? | Arthur W. Pink

¿Qué es apostasía?

Arthur W. Pink (1886-1952)

Amado lector, en el pasado, miles de personas estaban muy seguras de haber recibido genuinamente la salvación y, realmente, confiaban en los méritos de la obra consumada de Cristo para llevarlos seguros al cielo, como quizá lo esté usted. No obstante, ahora están sufriendo los tormentos del infierno. Su confianza era carnal… Estaban seguros de que su fe era suficiente para su salvación y no veían la necesidad de examinarse a fondo, exhaustivamente y con frecuencia, a la luz de la Escrituras, a fin de descubrir si estaban dando o no, esos frutos que son inseparables de la fe de los escogidos por Dios. Si leían un artículo como éste, con orgullo llegaban a la conclusión de que se aplicaba a otros. Estaban tan seguros de que muchos años atrás habían nacido de nuevo, que se negaban a obedecer el mandato de 2 Corintios 13:5: “Examinaos a vosotros mismos”. Ahora es demasiado tarde. Desaprovecharon su día de oportunidad y, consecuentemente, su porción para siempre fue la “negrura de las tinieblas”.

En vista de esta solemne y terrible realidad, el escritor, seriamente, llama a sí mismo y a cada lector, a humillarse ante Dios y clamar sinceramente: “Examíname, oh Dios: revélame a mí mismo. Si vivo engañado, quítame el engaño antes de que sea demasiado tarde y sufra por toda la eternidad. Capacítame para analizarme fielmente de acuerdo con tu Palabra para poder descubrir si mi corazón ha sido renovado o no, si he abandonado todo camino de mi propia voluntad y me he rendido verdaderamente a Ti; si me he arrepentido de tal manera que odio todo pecado y ansío con fervor ser libre de su poder, me aborrezco a mí mismo y busco diligentemente negarme a mí mismo; si mi fe es la que vence al mundo (1 Jn. 5:4) o si es meramente una noción que no produce una vida piadosa; si soy un pámpano fructífero de la vid o meramente algo que estorba; en pocas palabras, si soy una nueva criatura en Cristo o sólo un hipócrita”. Si tengo un corazón sincero, entonces estaré dispuesto, sí, ansioso por enfrentar y conocer la verdad acerca de mí mismo.

Quizá algunos lectores estén listos para decir: “Yo ya sé la verdad acerca de mí mismo. Creo lo que la Palabra de Dios me dice: Soy un pecador sin nada bueno en mí. Mi única esperanza está en Cristo”. Sí, querido amigo, pero tenga en cuenta que Cristo salva a su pueblo de sus pecados. Cristo envía a su Espíritu Santo a sus corazones de modo que son cambiados radicalmente; dejan de ser lo que eran antes. El Espíritu Santo derrama el amor de Dios en el corazón de aquellos que regenera, y ese amor es manifestado en un anhelo profundo y una decisión sincera de complacer a Aquel que los ama. Cuando Cristo salva a un alma, la salva, no sólo del infierno, sino del poder del pecado. Lo libra del dominio de Satanás y del amor al mundo. Lo libra del temor al hombre, las lascivias de la carne y el amor a sí mismo. Es cierto que no ha completado esta obra bendita; es cierto que la naturaleza pecadora no ha sido aún erradicada, pero el que es salvo, ha sido liberado del dominiodel pecado (Ro. 6:14). La salvación es algo sobrenatural que cambia el corazón, renueva la voluntad, transforma la vida, de manera que es evidente a todos a su alrededor que hubo un milagro de gracia… Una fe que no produce un vivir piadoso, un caminar obediente, un fruto espiritual, no es la fe de los elegidos de Dios. Oh mi lector, le ruego que se examine con diligencia y fidelidad a la luz de la Palabra infalible de Dios. No pretenda ser un hijo de Abraham, a menos que haga las obras de Abraham (Jn. 8:39).

¿Qué es apostasía? Es hacer naufragar la fe (1 Ti. 1:19). Es el corazón apartado del Dios viviente (He. 3:12). Es volver al mundo y ser vencido por él, después de un escape previo de su contaminación, a través del conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (2 P. 2:20). Hay varios pasos que la preceden. Primero, es mirar hacia atrás (Lc. 9:62) como la esposa de Lot, quien externamente partió de Sodoma, pero su corazón se quedó allí. Segundo, es retractarse (He. 10:38): Los requerimientos de Cristo son demasiado exigentes para apelar al corazón. Tercero, es dar la espalda (Jn. 6:66): La senda de santidad es demasiado angosta para los deseos de la carne. Lo cuarto, es la caída definitiva, lo cual es fatal: “Hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados” (Is. 28:13).

Tomado de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures), reimpreso por Chapel Library.

A. W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures) y muchos libros, incluyendo los muy reconocidos: La soberanía de Dios (The Sovereignty of God) y Los atributos de Dios (Attributes of God). Nacido en Nottingham, Inglaterra, emigró a los Estados Unidos y, en 1934, regresó a su patria.

“Acordemos, pues, esta noción de apostasía, la cual es evidente: es dejar la obediencia que debemos a nuestro legítimo Señor”. —Thomas Manton