El hombre necesita ser redimido | Éxodo 13:13

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Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Éxodo 13:13

El hombre necesita ser redimido

Cuando los israelitas llegaron a la tierra de Canaán, tuvieron que consagrar sus animales, tanto limpios como impuros, a Jehová. El primogénito era el representante del grupo al que pertenecía, ya fuera del hombre o de la especie animal. El primogénito del animal impuro debía ser redimido al igual que el primogénito del hombre. El asno era un animal impuro. A lo largo de la Biblia, este animal es una imagen de la naturaleza pecaminosa y obstinada del hombre. Se dice que Ismael era “hombre indómito como asno montés” (Gn. 16:12 NBLA). En este versículo se resalta su obstinación, la caracterización más precisa del pecado (véase Job 39:5-9). No es casualidad que Ismael también sea, al mismo tiempo, el hijo primogénito de Abraham. En Gálatas leemos que Ismael “nació según la carne” (Gá. 4:23), y en este aspecto representa al hombre pecador bajo la ley.

Si el asno no era redimido, entonces se le debía quebrar la cerviz. Es redención o destrucción, no hay una tercera vía. Y esto es lo que la gente no entiende. El mundo está dividido entre los que se pierden y los que se salvan. Qué maravilloso considerar que un cordero inocente ocupaba el lugar del asno; una clara imagen de la sustitución. C. H. Mackintosh escribió: “Es interesante observar que por naturaleza somos puestos en la categoría de un animal impuro y que por gracia somos asociados con Cristo, el Cordero sin mancha. No puede haber algo inferior al puesto que tenemos por naturaleza, pero no hay nada más excelso a lo que nos pertenece por gracia”. Éramos pecadores y Cristo ocupó por nosotros ese lugar en la cruz. Pero ahora que Cristo ha resucitado y ha sido glorificado, estamos asociados a él en la gloria.

Brian Reynolds

Fui esclavo del pecado, Cristo vio mi perdición,

Con su sangre derramada, Él compró mi redención.

F. H. Rowley

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Seguir a Cristo | Mateo 8:19-20

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Vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Mateo 8:19-20
Seguir a Cristo
Este escriba daba la impresión de estar perfectamente preparado para lo que fuera al seguir a Jesús. Sin embargo, el Señor Jesús no lo animó en absoluto. ¿Por qué no? ¿Acaso no desea seguidores con corazones comprometidos? Desde luego que sí. Pero a él no le impresionan los que hablan de esta manera y prometen cosas que no pueden cumplir. Así que el Señor no le dio una respuesta alentadora a este escriba. No había comprendido las implicaciones de seguir a Cristo. Ciertamente no habría podido cumplir su promesa.

El llamamiento del Señor es el que nos permite servirlo, no nuestra voluntad ni fuerzas propias. Cuando el Señor nos llama a servirlo, muy probablemente también nos demos cuenta de que en el camino hallaremos pruebas y sufrimientos, y muy probablemente queramos evitar tales circunstancias. Así sucedió con Moisés, quien puso varias excusas. Obviamente, ninguna de estas excusas podía prevalecer ante el llamamiento de Jehová. Dios no quiso liberar a Moisés de la responsabilidad de obedecer a su llamado y, ciertamente, los resultados de su servicio fueron una demostración clara de que Dios lo condujo para su propia gloria.

Jeremías también protestó cuando recibió el llamado de Dios para que fuera profeta a las naciones. Dijo: “¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”. Y Jehová le respondió: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas… porque contigo estoy” (Jer. 1:6-8). Dios no iba a cambiar de opinión, pero sí le prometió a Jeremías que estaría con él.

Si alguien quiere servir al Señor de alguna manera, es importante que esté convencido de que es el Señor quien le llama a ese camino. Que busque entonces la guía y la dirección de Dios, sin ninguna confianza en sí mismo, sino con plena confianza en Jesucristo, buscando gracia solamente de parte de él.

L. M. Grant
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Cristo en su trono, motivo de júbilo | Salmo 100:1-2, 5

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Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra. Sirvan a Jehová con alegría… Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones.
Salmo 100:1-2, 5 NBLA
Cristo en su trono, motivo de júbilo
“Para siempre es su misericordia” es una nota dominante en los Salmos -su misericordia es para siempre y su fidelidad permanece. Dentro de poco tiempo, la tierra experimentará un momento maravilloso, pues llegará el día en que todos cantarán a una este salmo. Qué grandioso es que podamos leer las Escrituras y conocer qué es lo que vendrá, pero aún más maravilloso es que podamos recoger nuestra vista y regocijarnos en lo que poseemos en la actualidad. Por muy bendito que sea el día venidero para esta tierra, hay algo mucho más resplandeciente y bendito que nos pertenece a los cristianos. Los que hemos recibido al Señor Jesucristo lo conocemos ahora como nuestro Salvador, y podemos regocijarnos en nuestros corazones, y alegrarnos, y mirar hacia arriba, simplemente esperando ver a ese bendito Salvador cara a cara.

Piense en esto: Dios pronto le dará el lugar que le corresponde por derecho a su Salvador, aquel que en esta tierra no tuvo más que un pesebre prestado, la cruz de un malhechor y la tumba de otro hombre. ¿No causa gozo en su corazón este pensamiento? Confieso libremente que esto me causa gran gozo, y me encanta pensar que cuando él regrese en gloria, yo estaré allí. Seremos partícipes de su gloria y gozo, y nuestros corazones se alegrarán con perfección, porque será el día de la exaltación de nuestro bendito Salvador, el Señor Jesucristo.

Ahora bien, querido lector, quizá ha entendido lo que es el evangelio del reino, en tal caso, no dude ni por un momento en dejar que el evangelio de la gracia cumpla en usted su propósito: Salvarle. Obtenga esta salvación de Dios. Entonces podrá cantar adecuadamente al Señor ahora, mientras espera pacientemente el día en que, habiéndose levantado el “Sol de justicia”, el salmo 100 llenará la tierra con su maravillosa melodía, y las bóvedas del cielo retumbarán con sus notas de alegría.

W. T. P. Wolston
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La sumisión del Hombre perfecto | Filipenses 2:5, 7-8

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Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte.
Filipenses 2:5, 7-8
La sumisión del Hombre perfecto
Consideremos con reverencia la humildad del Hijo de Dios en su humillación y la perfección de su obediencia a Dios cuando estuvo aquí como Hombre entre los hombres. Al descender a esta tierra, él se despojó de todo lo que poseía por derecho propio. Es imposible leer los Evangelios sin percibir, en cada momento, la bella fragancia de su obediencia en amor y su abnegación. La maldad de los hombres que lo rodeaban solo le daba fuerzas y bendecía su humillación, y así prosiguió sin vacilar en esta senda. Él era el “Yo soy” que estaba en esta tierra en la perfección del Hombre obediente.

Todo lo puro y hermoso que se puede ver en la naturaleza humana se halló en Jesús. Todo en su Persona estaba en perfecta sumisión a Dios; al hacer su servicio, cada parte de su carácter ocupaba su debido lugar. Cuando correspondía la mansedumbre, él fue manso; cuando la indignación, ¡nadie podía confrontarla! Fue clemente, misericordioso y paciente con el principal de los pecadores (1 Ti. 1:13-16), pero no se dejó conmover por la fría arrogancia de un fariseo (Lc. 7:36-50). En la cruz, él mostró su ternura para con su madre, pues la confió al cuidado de Juan (Jn. 19:27), el discípulo que se había recostado sobre su pecho; sin embargo, Jesús no tuvo en cuenta lo que ella le decía o pedía cuando estaba ocupado en su servicio a Dios (Mt. 12:46-50).

¡Qué calma y poder moral desconcertaron a sus oponentes e incluso los consternaron a veces! ¡Qué dulzura atrajo a los corazones de todos aquellos que no se endurecieron por una oposición voluntaria! ¡Qué perspicacia para separar el mal del bien!

En simples palabras, la humanidad de Cristo fue perfecta: vivió en sumisión a Dios, respondiendo completa e inmediatamente a su voluntad. ¡Alabado sea su Nombre!

J. N. Darby
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Caminar personalmente con Dios | Génesis 5:24

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Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.
Génesis 5:24
Caminar personalmente con Dios
Un período de 300 años en la vida de este hombre de Dios se resume en esta frase: “Caminó, pues, Enoc con Dios”. Hebreos 11:5 nos dice algo más: “Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.” ¡Qué gran honor recibió Enoc, y qué recompensa! No vio la muerte porque Dios lo llevó a estar con él

¿Fue Enoc el único que caminó con Dios? No, leemos lo mismo de Noé: “Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé” (Gn. 6:9). No tenemos que envidiar a estos hombres, porque nosotros también tenemos el privilegio de caminar con Dios. De hecho, él le dijo a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.” (Gn. 17:1).

El resultado para cada uno de estos hombres fue diferente. Lo único que tenían en común era que caminaban con Dios. Pero no eran simples fotocopias entre ellos. A veces, cuando admiramos la vida de una persona, nos gustaría copiarla. Por supuesto, es bueno aprender lecciones valiosas de la vida de los demás, especialmente de los que siguen al Señor, pero no debemos desear ser simples copias de alguien. Cada uno de nosotros tiene un gran valor para Dios. Hasta los cabellos de nuestra cabeza están todos contados (Mt. 10:30).

Enoc caminó con Dios, y Dios lo llevó, por lo que no vio la muerte. Por otro lado, Noé caminó con Dios, pero vio más muerte que cualquier otra persona en la que podamos pensar, y finalmente también murió. Noé fue un gran predicador de la justicia y un hombre justo, pero Dios no hizo por él lo que hizo por Enoc. ¿Qué hay de Abraham, el amigo de Dios? Tuvo que enfrentarse cara a cara con la muerte cuando llevó a Isaac al monte Moriah para ofrecerlo como sacrificio.

Caminemos, pues, con Dios, pero dejemos que Dios sea Dios en todas las circunstancias de nuestra vida. “En cuanto a Dios, perfecto es su camino” (Sal. 18:30).

A. M. Behnam
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El Eclesiastés y el cristiano (2)

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Fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
Eclesiastés 2:9-11
El Eclesiastés y el cristiano (2)
En varias ocasiones, el Eclesiastés presenta las cosas de forma un tanto desalentadora: vanidad de vanidades, todo es vanidad y aflicción de espíritu. Este es el resultado recurrente de todo el esfuerzo del escritor por encontrar el sentido de la vida, por encontrar una verdadera satisfacción “debajo el sol”. Salomón había estado en condiciones de probar casi todo lo que se puede conocer en la tierra. Había intentado disfrutar del placer (v. 1); del alcohol (v. 3); de un estilo de vida lujoso (vv. 4-6); del éxito en los negocios (vv. 7-8); de la cultura; de la música (2:8b); de las relaciones sexuales (v. 8); y de la búsqueda de la inteligencia o la sabiduría (vv. 12-17).

En cada ocasión, siempre llegó a la misma conclusión deprimente que hallamos en el texto de hoy, pues leemos más adelante en este capítulo: “Aborrecí, por tanto, la vida… por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu” (v. 17). “Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané” (v. 20).

¿Qué beneficio tiene el cristiano al estudiar un libro así? Permítanme mencionar solo tres formas en que uno puede beneficiarse de este libro. En primer lugar, es un ejercicio muy útil cuando, como creyentes, nos damos cuenta de que el verdadero sentido de la vida, la verdadera satisfacción, no se encuentra “debajo el sol”, es decir, en este mundo.

En segundo lugar, el Señor dijo que toda la Escritura habla de él (Jn. 5:39). Si prestamos atención, encontraremos alusiones a su Persona incluso en este libro (empezando por los siguientes versículos: Ec. 4:12; 7:28; 9:14-15).

En tercer lugar, cuando consideramos los versículos del Eclesiastés a la luz del Nuevo Testamento, también tienen un mensaje para el creyente. Lo veremos a medida que sigamos leyendo y meditando en este libro.

Michael Vogelsang
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El llamamiento de Dios: salir y entrar | 1 Corintios 1:9

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Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
1 Corintios 1:9
El llamamiento de Dios: salir y entrar
El Dios de gloria llamó a Abraham de su país y de su parentela a la tierra prometida (Hch. 7:2-3); fue llamado de un lugar a otro, y se convirtió en amigo de Dios. El hecho de salir le costó mucho ejercicio de alma, pero tales ejercicios no son comparables con la bendición, el honor y el favor a los que fue introducido por ese llamamiento. Su fe abarcaba una rica herencia, una ciudad celestial (He. 11:10), la promesa segura de Dios. A diferencia de Abraham, su sobrino Lot se negó a separarse del mundo perverso que lo rodeaba, y le siguieron consecuencias desastrosas en la destrucción de Sodoma y Gomorra, donde perdió todo aquello en lo que un hombre, y especialmente un hombre justo (véase 2 P. 2:7), podía gozarse.

El mismo Dios se reveló a Moisés como: “Yo soy”, y llamó a Israel a salir de Egipto, de la casa de la esclavitud, para entrar en la herencia prometida. Se reveló en una relación de pacto con los hijos de Israel; se les reveló como Jehová. Israel tiene el honor de ser la nación que ha de estar a la cabeza del sistema terrenal de naciones establecido, y como el pueblo de Jehová que debe servirlo con especial cercanía y dar a conocer su Nombre en toda la tierra. Sin embargo, los hijos de Israel se han alejado de Jehová y se han negado a escuchar su voz. Por lo tanto, el día de su plena bendición ha sido pospuesto -aún está por venir. En un día futuro, ellos recibirán a Jesús (Jehová, el Salvador) como su verdadero Mesías.

Es el mismo Dios que ha llamado de entre las naciones a la Iglesia (o Asamblea). Separados de las asociaciones y aspiraciones del mundo, aquellos que forman la Iglesia están llamados a gozar de asociaciones y esperanzas que se centran vitalmente en Cristo, aquel que fue rechazado en la tierra y que está exaltado en el cielo. Los cristianos son llamados a la más grande, gloriosa y honrosa comunión que Dios puede dar a conocer a los hombres.

H. J. Vine
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José de Arimatea (3) | Juan 19:41-42

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En el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
Juan 19:41-42
Lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.
Mateo 27:60
José de Arimatea (3)
En estos versículos vemos el cumplimiento de la profecía que Isaías escribió cientos de años antes. Sin duda alguna, los hombres le habrían dado a Jesús la sepultura de un criminal en un sepulcro indigno. Dios se encargó de que, cuando el Señor Jesús hubo completado la obra que se le había encomendado, no tuviera más contacto con manos perversas. Él “con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.” (Is. 53:9).

Cuando José de Arimatea y Nicodemo envolvieron el cuerpo de Jesús con las especias aromáticas en un lienzo limpio, el día ya estaba acabando. Cerca del lugar de la crucifixión había un sepulcro nuevo, un sepulcro que José de Arimatea había hecho excavar en la roca para su propia sepultura. Allí, debido a la falta de tiempo, depositaron el cuerpo del Señor. Algunas de las mujeres que habían seguido al Señor se encontraban cerca, observando el lugar en el que su cuerpo fue puesto.

Al leer los relatos de los cuatro evangelios, podemos apreciar el cuidado que Dios puso en el cuerpo de su Hijo. Su cuerpo sagrado, en el que había sufrido por el pecado -el pecado de usted y el mío, pues en él no había pecado-, fue envuelto tiernamente para su sepultura por dos hombres que lo amaban. No fue colocado en un pozo en la tierra y cubierto con tierra, o en una tumba contaminada por otros cadáveres. No, Dios se encargó de que su sepulcro fuera un sepulcro nuevo, excavado en la roca en un jardín, destinado originalmente a un hombre rico, y que la puerta estuviera cerrada por una gran piedra colocada en su lugar. Dios quiso que el cuerpo de su Hijo fuera honrado.

Eugene P. Vedder, Jr.
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Obedecer, someterse y ser paciente | Hebreos 12:9

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¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre?
Hebreos 12:9
Obedecer, someterse y ser paciente
Una vida cristiana normal surge de una visión precisa de nosotros mismos en relación con Dios. En primer lugar, debemos aprender a obedecer. El término más común del Nuevo Testamento traducido como obedecer es una palabra que significa «escuchar debajo». Si aceptamos que estamos por debajo de Dios, entonces ciertamente debemos obedecerlo. Después de obedecer primero a Cristo como nuestro Salvador (He. 5:9), también debemos responder a la enseñanza cristiana “según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Ts. 2:13). Los que conscientemente no obedecen la Palabra de Dios deben ser amonestados (2 Ts. 3:14).

En segundo lugar, después de la obediencia debemos aprender a someternos. La sumisión es ante todo una respuesta a Dios, nuestro Padre (He. 12:9). Si nos sometemos a él, aceptaremos fácilmente todo lo que nos dé. Interpretaremos los momentos de dificultad como ocasiones de su buena disciplina, que nos ayuda a crecer espiritualmente. Someterse también significa reconocer las influencias de Dios en nuestras vidas. Pablo dijo a los corintios que se sometieran a la casa de Estéfanas, donde había siervos consagrados al Señor (1 Co. 16:15-16). La forma más clara de mostrar sumisión a Dios es mostrar una actitud de sujeción a nuestros empleadores, autoridades gubernamentales y conductores en la Asamblea. En dos ocasiones se nos dice simplemente que nos sometamos a otros cristianos, independientemente de nuestras relaciones mutuas (Ef. 5:21; 1 P. 5:5).

En tercer lugar, debemos aprender a ser pacientes o soportar. Esto conlleva la idea de soportar las dificultades en lugar de tratar de salir de ellas. La paciencia se aprende verdaderamente solamente a través de la tribulación (Ro. 12:12). Naturalmente, esta no es una lección agradable, pero espiritualmente es muy provechosa, porque siempre produce una mayor madurez cristiana (Stg. 1:4). ¿Queremos ser cristianos más fuertes? Entonces podemos pedirle al Señor que nos ayude a obedecer, someternos y ser pacientes.

Stephen Campbell
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Los tiempos de los jueces (2) – Rut la moabita, un rayo de luz en tiempos de oscuridad | Rut 1:1

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Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.
Rut 1:1
Los tiempos de los jueces (2) – Rut la moabita, un rayo de luz en tiempos de oscuridad
El libro de los Jueces y los primeros capítulos del primer libro de Samuel se refieren más o menos a la misma época que el libro de Rut. Pero Rut es una historia de amor y de cosecha. Una historia que nos recuerda que, aunque haya hambre espiritual y decadencia moral a nuestro alrededor, Dios es fiel al corazón que se vuelve a él.

Esta historia comienza con Elimelec haciendo lo que bien le parecía, abandonando Belén (“la casa del pan”) debido a que había hambre en la tierra. Pero Dios utilizó los fracasos de Elimelec para recordarnos su propia fidelidad. Después de la muerte de Elimelec y sus dos hijos, su esposa Noemí y una de sus nueras, Rut, regresaron a Belén. Al leer cómo se desarrolla esta hermosa historia, meditamos en los días en que vivimos y en cómo Dios desea bendecirnos y atraer nuestros corazones a la persona de Cristo. Rut, traída desde muy lejos (cap. 1), entra en contacto con Booz, quien está dispuesto y es capaz de proveer y cuidar de todas sus necesidades (cap. 2). En esto vemos una figura del Señor Jesús. En el capítulo 3 vemos que Rut encuentra descanso a los pies de Booz. Esto es lo que nuestro Señor Jesús nos proporciona a cada uno de nosotros (Mt. 11:28-29). Al final del capítulo 3 leemos que Rut está sentada, esperando que Booz concluya lo que le concierne, ¡y en el capítulo 4 vemos el cumplimiento de los planes de Dios! ¡Nosotros también estamos esperando que el Señor Jesús regrese por nosotros y nos lleve a estar para siempre con él!

Jueces y 1 Samuel nos enseñan que hay fracaso, oscuridad moral a nuestro alrededor, pero el libro de Rut nos recuerda que tenemos un “Pariente” cercano que tiene el derecho de redimir (2:20), ¡y que fielmente satisfará todas nuestras necesidades, si tan solo acudimos a él!

Tim Hadley, Sr.
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