2 Timoteo 4
Reina-Valera 1960
Predica la palabra
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras
Lucas 24:45
Aquí encontramos a Jesús, a quien vimos anoche abriendo las Escrituras, abriéndoles el entendimiento a las personas. En la primera obra tiene muchos colaboradores, pero en la segunda permanece solo: muchos pueden llevar las Escrituras a la mente, pero solo Dios es capaz de preparar esta última para recibirlas. Nuestro Señor Jesús difiere de todos los demás maestros en que, mientras que estos últimos llegan al oído, él instruye el corazón.
Ellos se ocupan de la letra externa, pero él imparte un gusto interior por la verdad, por el cual percibimos el sabor y el espíritu de la misma. El más ignorante de los hombres llega a ser un perfecto erudito en la escuela de la gracia, cuando el Señor Jesús, por medio de su Santo Espíritu, le revela los misterios del Reino y le concede la divina unción por la cual lo capacita para contemplar lo invisible. Si el Maestro ha abierto y capacitado nuestros sentidos, somos dichosos. ¡Cuántos hombres de profunda erudición ignoran las cosas eternas!
Conocen, de la revelación, la letra que mata, pero no pueden discernir su espíritu que vivifica: tienen un velo sobre sus corazones que los ojos de la razón carnal no logran atravesar. Nosotros, que ahora vemos, éramos una vez tan ciegos como ellos. La verdad era, para nosotros, como la belleza en la oscuridad: una cosa inadvertida y olvidada. Si no hubiese sido por el amor de Jesús, habríamos permanecido en perfecta ignorancia hasta este momento; de no habernos abierto él el sentido, no hubiéramos alcanzado el conocimiento espiritual, como tampoco un niño sería capaz por sí solo de escalar las pirámides. La escuela de Jesús es la única en donde se puede realmente aprender la verdad de Dios.
Otras escuelas pueden enseñarnos lo que debe creerse, pero solo la de Cristo es capaz de enseñarnos cómo creer. Sentémonos a los pies de Jesús y, con ardiente ruego, imploremos su ayuda bendita, para que nuestros embotados sentidos puedan ir esclareciéndose y nuestros débiles entendimientos acepten las cosas celestiales.
Este museo está dedicado a las artes y civilizaciones de África, Asia, Oceanía y las Américas. El visitante constata que hay tres temas presentes en los cuatro continentes:
– Las máscaras: desde las islas del Pacífico hasta el corazón de África, por todas partes el hombre se esconde bajo máscaras muy variadas.
– La muerte: numerosos rituales tienen que ver con la muerte y el más allá.
– El mundo invisible: los brujos, con sus objetos mágicos, tratan de conjurar los hechizos realizados por los espíritus maléficos.
Estos tres temas son puestos en evidencia desde las primeras páginas de la Biblia. Por medio de la serpiente, el mundo invisible tentó a la primera pareja (Génesis 3:1). Avergonzados por haber desobedecido a Dios, Adán y Eva se escondieron (cap. 3:8). La sentencia de muerte anunciada fue confirmada (cap. 2:17; 3:19). Hasta hoy, el temor a la muerte y las supersticiones han marcado a la humanidad. Pero el Evangelio hace brillar una gran luz sobre esta escena tenebrosa:
– Ya no hay que esconder ninguna vergüenza: el Señor Jesús nos acepta tal como somos y nos perdona. Luego nos da la fuerza para hacer el bien y vivir en la luz, en una perfecta rectitud.
– Ya no debemos tener miedo a la muerte: por medio de la resurrección de Cristo, la muerte fue vencida, y el creyente sabe que estará con Cristo cuando deje este mundo.
– No más miedo a un mundo invisible: todo lo oscuro y oculto pierde su poder sobre el que conoce a Jesucristo. Es liberado del poder de las tinieblas y experimenta el amor divino.
¿Acaso la iglesia tal y como la conocemos ha pasado su fecha de vencimiento? ¿Necesitamos rediseñar nuestras congregaciones para adaptarlas a las sensibilidades modernas y a los avances tecnológicos?
Este es precisamente el argumento presentado en una reciente serie de artículos de The Christian Post en los que se promueven las congregaciones virtuales e iglesias diseñadas para el metaverso.
Como vimos la última vez, la Palabra de Dios es suficiente y autoritativa para la conducta de la iglesia, por lo que no somos libres de reorganizar la iglesia a nuestro antojo. Al contrario, debemos procurar que cada aspecto de nuestra práctica cristiana esté en conformidad con las Escrituras.
Por el contrario, The Christian Post parece asumir que la práctica familiar y bíblica de la asamblea de la iglesia se formó por motivos puramente pragmáticos. Uno de los supuestos expertos del artículo escribe: “Las plataformas digitales trastornan las iglesias. Esto no ocurrió durante la pandemia. Ocurrió cuando apareció la Web 2.0. Así que, si observa la historia de la iglesia, ve que nuestro modelo, el que prevalece ahora mismo, se inventó hace 1.700 años”. Según él, este modelo de iglesia se diseñó para adaptarse a una época y cultura diferentes.
En realidad, la práctica de que los creyentes se reúnan regularmente el primer día de la semana no se “inventó hace 1.700 años” con fines pragmáticos. Fue establecida hace 2.000 años por Cristo mismo. La naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras lo demuestran claramente.
Una Asamblea Convocada
Cuando el estado de California prohibió que las iglesias se reunieran en cualquier capacidad, los ancianos de Grace Community Church respondieron diciendo: “La iglesia por definición es una asamblea. Ese es el significado literal de la palabra griega para ‘iglesia’—ekklēsia—la asamblea de los llamados. Una asamblea que no se reúne es una contradicción en términos”.
Además, John MacArthur comenta sobre las palabras de Cristo: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18) diciendo:
“La palabra ekklēsia (iglesia) significa literalmente ‘los llamados’, y se usaba como un término general y no técnico para cualquier grupo oficialmente congregado de personas. Se usaba a menudo para reuniones cívicas como cabildos municipales, donde se hacían importantes anuncios y se debatían asuntos comunitarios. Ese es el sentido en que Esteban utilizó ekklēsia en Hechos 7:38 para referirse a ‘la congregación’ de Israel llamada por Moisés en el desierto (cp. Ex. 19:17). Lucas la utilizó para una turba desenfrenada (‘asamblea’) incitada por los plateros efesios en contra de Pablo (Hch. 19:32, 41).
“Mateo 16:16 contiene el primer uso de ekklēsia en el Nuevo Testamento, y Jesús no ofrece aquí ninguna explicación calificada. Por consiguiente, los apóstoles no la habrían entendido en ninguna otra manera que su sentido común y general. Las epístolas utilizan el término en una manera más distinta y especializada, y dan instrucciones para su adecuado funcionamiento y para su liderazgo. Pero en Cesárea de Filipo el uso que Jesús da a ekklēsia solo pudo haber llevado la idea de ‘asamblea’, ‘comunidad’ o ‘congregación’”[1].
Aunque Jesús habla de la iglesia de modo universal en Mateo 16:18, el término ekklēsia también se utiliza a lo largo de las Escrituras para referirse a iglesias locales específicas. Mark Dever señala: “El libro de los Hechos normalmente se refiere a reuniones locales especificas cuando usa la palabra ekklēsia, como las asambleas en Jerusalén, Antioquía, Debe, Listra, y Éfeso”[2].
Como señaló John MacArthur, el Nuevo Testamento utiliza esta palabra en su sentido más natural. No se puede tergiversar para que signifique algo distinto a una asamblea real. Por lo tanto, la iglesia es por naturaleza, una asamblea.
La Práctica de Congregarse
Debido a que la iglesia es una asamblea por naturaleza, vemos asambleas organizadas en la práctica de los apóstoles. John MacArthur escribe:
“Aprendemos de las Escrituras, por ejemplo, que el primer día de la semana era el día en que la iglesia apostólica se reunía para celebrar la Cena del Señor: ‘El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba’ (Hechos 20:7). Pablo instruyó a los corintios para que hicieran sus ofrendas sistemáticamente en el primer día de la semana, implicando claramente que ése era el día en que se reunían para adorar (1 Corintios 16:2). La historia revela que la iglesia primitiva se refería al primer día de la semana como el Día del Señor, una expresión que se encuentra en Apocalipsis 1:10”[3].
En el Nuevo Testamento, la Iglesia comenzó a llamar al domingo “el Día del Señor”, porque ese es el día en que Jesús resucitó de entre los muertos. Cuando Juan escribió el Apocalipsis, alrededor del año 95 d.C., ese término ya era tan familiar que el apóstol pudo utilizarlo sin más explicaciones (Apocalipsis 1:10)[4].
Como explica Dever:
“El cuarto mandamiento estableció un ritmo semanal en el pueblo de Dios, y cualquiera que fuera la relación entre el sabbat del Antiguo Testamento y el día del Señor en el Nuevo Testamento, la naturaleza de la obediencia cristiana siempre demandaba que los creyentes se reunieran habitualmente. No es sorprendente que las iglesias del Nuevo Testamento se reunieran por lo menos semanalmente (si no más) y hasta comenzaran a referirse al ‘día del Señor’”[5].
Él añade que la reunión semanal era necesaria para las prácticas de la predicación, la mesa del Señor y la disciplina eclesiástica. Entonces, aunque no se ordena explícitamente en estos pasajes, está claro que la iglesia apostólica se reunía constantemente en el Día del Señor para la adoración corporativa y la comunión.
El Mandamiento a Congregarse
Además del hecho de que ekklēsia significa literalmente “asamblea” y que la iglesia apostólica se reunía en el Día del Señor, el Nuevo Testamento también ordena explícitamente a los creyentes que se reúnan. Hebreos 10:24-25 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
El autor de Hebreos escribió a una audiencia judía tentada a volver a las prácticas del Antiguo Pacto, ya fuera parcial o totalmente. Como explica John MacArthur:
“Los lectores judíos no la estaban pasando bien en su rompimiento con el antiguo pacto, el templo y los sacrificios. Todavía se aferraban al legalismo, a los rituales y a las ceremonias, las cosas externas del judaísmo. De modo que el escritor les dice que una de las mejores formas de mantenerse firmes en las cosas divinas –las cosas divinas que solo se encuentran en el nuevo pacto de Jesucristo– es estar en la comunidad del pueblo de Dios, donde puedan amar y ser amados, servir y ser servidos. No hay mejor lugar… para esperar continuamente en Él que la Iglesia, su cuerpo”[6].
Hebreos 10:24 contrasta “estimularnos al amor y a las buenas obras” con “no dejando de congregarnos” en el versículo siguiente. La implicación evidente es que reunirse como iglesia produce estímulo mutuo para la semejanza a Cristo en los miembros.
F. F. Bruce escribe: “Sin embargo, esto nunca sucederá si se mantienen distantes los unos de los otros. Por lo tanto, cada oportunidad de reunirse y disfrutar de su comunión en la fe y la esperanza debe ser bienvenida y utilizada para el estímulo mutuo. Nuestro autor exhorta a sus lectores a seguir reuniéndose con mayor fervor, porque sabe de algunos que se estaban alejando de la comunión cristiana”[7].
Lamentablemente, quienes proponen la “iglesia” de la realidad virtual están sugiriendo que abandonemos el reunirnos en persona, aunque no se den cuenta de ello. El resultado es que los creyentes pierden la oportunidad de “estimularse los unos a los otros al amor y a las buenas obras”. Así que rechazar el mandato de Dios de reunirse no sólo es una evidente desobediencia, sino que también paraliza espiritualmente a la iglesia.
¿La Iglesia del Futuro?
Desde la era del Nuevo Testamento, los cristianos entendieron que debían reunirse regularmente debido a la naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras. Pero los discípulos de la revolución digital de hoy quieren derrocar esta práctica bíblica que ha sido probada a través del tiempo por un modelo nuevo, creado por el hombre.
Otro supuesto experto en este artículo afirma: “La Iglesia del futuro es una red. Y estará basada digitalmente. No va a estar situada geográficamente”. Este nuevo método no sólo pasa por alto el imperativo bíblico de reunirse e ignora el modelo bíblico de reunión, sino que propone cambiar la naturaleza misma de la iglesia—al abogar por una asamblea que no se reúne.
En otras palabras, esta “Iglesia del futuro” no es una iglesia en absoluto.
Los discípulos que iban a Emaús tuvieron un viaje provechoso. El compañero y Maestro de ellos era el mejor de los preceptores, el mejor intérprete entre mil, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. El Señor Jesús se dignó convertirse en predicador del evangelio y no se avergonzó de ejercer su vocación ante un auditorio de dos personas, ni tampoco rehúsa ahora ser el Maestro hasta de uno solo. Busquemos la compañía de tan excelente Instructor, pues hasta que él no nos sea hecho sabiduría, nunca seremos sabios para la salvación.
Este Maestro sin rival utilizó como libro de texto el mejor de los libros. Aunque capacitado para revelarnos nuevas verdades, prefirió exponer la verdad antigua. Él conocía por su omnisciencia cuál era la norma de enseñanza más instructiva y, al referirse enseguida a Moisés y a los profetas, nos mostró que el camino más seguro hacia la sabiduría no es la conjetura, el razonamiento o la lectura de libros humanos, sino la meditación de la Palabra de Dios. El modo más efectivo de ser rico en conocimiento celestial es cavar en esta mina de diamantes y recoger perlas en este mar celestial.
Cuando Jesús procuraba enriquecer a otros, recurría a la cantera de las Sagradas Escrituras. A estas dos personas favorecidas se las llevó a considerar el mejor de los temas, pues Jesús habló de sí mismo y expuso las cosas concernientes a su persona. Aquí el diamante talla el diamante, ¿y qué podría ser más admirable? El dueño de la casa abre sus propias puertas, conduce a los huéspedes a su mesa y coloca en ella sus sabrosas comidas. El que ha ocultado el tesoro en el campo, él mismo guía a los que lo buscan. Nuestro Señor disertaría, naturalmente, acerca de los temas más agradables, y no hallaría ninguno más bello que su propia persona y su obra.
Teniendo en mente esto, debiéramos escudriñar siempre la Palabra de Dios.
¡Dios nos conceda la gracia de estudiar la Biblia teniendo a Jesús como Maestro y lección!
«Debido a un tipo de demencia, y como había cometido varios actos muy violentos, fui llevado a un hospital psiquiátrico, y luego a la cárcel. Allí conocí a Randy, un prisionero cristiano, quien a menudo oraba y leía la Biblia. Siempre me burlaba de su fe, pero a pesar de ello nos hicimos amigos. Día tras día sus preguntas y las respuestas que daba a las mías empezaron a desestabilizarme. Antes creía que la resurrección de Jesús era una historia inventada para la gente ingenua… Pero poco a poco me dije que si alguien estaba dispuesto a morir por una causa, ¡esta debía ser realmente seria! Si los apóstoles estaban dispuestos a morir por Jesús, era porque verdaderamente lo habían visto vivo, resucitado.
Mis convicciones se desmoronaron una tras otra. De pensar que yo era un hombre mejor que los otros, pasé a creer que era el peor de todos. ¿Quién podía amarme y darme una nueva vida? Tal vez Jesús, de quien Randy me hablaba con frecuencia. Entonces me puse de rodillas y oré: “Dios, no sé si voy a creer en ti mañana, pero creo en ti ahora. Si quieres hacer un trabajo en mí, hazlo por favor”. Cuando me levanté de mi oración, por primera vez desde hacía años, no quería hacerle daño a nadie.
Yo, que era un hombre violento y blasfemo, obtuve misericordia; la gracia de nuestro Señor sobreabundó, para que sirva de ejemplo a los que creerán en él para vida eterna (1 Timoteo 1:16)».
(Jesús dijo:) En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Jesús dijo a sus discípulos: “Vendré otra vez”. Ellos amaban a su Maestro y estaban tristes y turbados porque sabían que Jesús los dejaría. Quizá recordaron esta promesa cuando vieron al Señor resucitado, y pensaron que ella se estaba cumpliendo. ¡Pero algunas semanas más tarde el Señor subió al cielo! Entonces, ¿dudaron, como lo hacemos nosotros tan a menudo?
Por medio del apóstol Pablo, Dios quiso confirmar esta promesa: “El Señor mismo… descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16).
¿Qué efecto produce en nuestra vida esta promesa del regreso de Jesús? ¿Nos llena de alegría, como cuando esperamos a un amigo? ¿O más bien sentimos un poco de temor? Cuando Jesús vuelva, ¿me llevará con él? Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Si tenemos dudas, vayamos a Jesús. No nos echará fuera, pues lo prometió.
Entonces la esperanza de su regreso será como un faro en nuestra vida cotidiana. Aunque todo el mundo diga que el futuro es sombrío, el cristiano sabe que el regreso de Cristo tendrá lugar pronto, lo que alumbra este futuro para él.
También podemos preguntarnos: Cuando el Señor regrese, ¿cómo nos encontrará? ¿Ocupados en sus intereses o en los nuestros? ¿Con un corazón que arde por él, o que lo olvida? ¿Con sentimientos de rencor, o de perdón?
En aquella hora David vio a Betsabé. Nunca nos encontramos fuera del alcance de la tentación. Tanto en el hogar como fuera de él, estamos expuestos a encontrarnos con lo que nos incita a hacer el mal. Empezamos la mañana con peligro y las sombras de la tarde nos hallan aún en él. Aquellos a quienes Dios guarda están bien guardados, ¡pero ay de quienes salen al mundo o se atreven a andar por sus propias casas desarmados! Los que piensan estar más seguros son aquellos que se hallan más expuestos al peligro.
El escudero del pecado es la confianza en nosotros mismos. David tenía que haber estado ocupado en librar las batallas del Señor; pero, en cambio, se quedó en Jerusalén y se entregó al descanso lujurioso, pues dice el texto que «al caer la tarde […] se levantó David de su lecho». La ociosidad y la molicie son los chacales del diablo que le consiguen abundante presa. En las aguas estancadas abundan los microbios perniciosos y los terrenos sin cultivar pronto se cubren de espinos y de abrojos. ¡Dios nos conceda el amor de Cristo que «nos constriñe», para conservarnos activos y útiles! El rey de Israel dejó perezosamente su lecho al caer la tarde y, enseguida, cayó en la tentación. Debo, pues, tener cuidado y vigilar diligentemente la puerta.
¿Es posible que el rey subiera al terrado de su casa para estar a solas y meditar? Si es así, ¡qué advertencia se nos da aquí a fin de que no consideremos ningún lugar, por más secreto que sea, como un santuario libre de pecado! Mientras nuestros corazones sean como el yesquero y las chispas tantas, es necesario que utilicemos toda diligencia, en todos los lugares, para prevenir un incendio.
Satanás puede subir a las azoteas y entrar a nuestras cámaras secretas y, aun cuando pudiésemos dejar fuera a ese demonio, nuestras propias corrupciones serían suficientes para labrar nuestra propia ruina, si la gracia no lo impidiera. Lector, cuidado con las tentaciones de la tarde. ¡Oh bendito Espíritu, guárdanos esta noche de todos los males! Amén.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 25). Editorial Peregrino.
La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas que significa «Dios» y «palabra». Al combinarlas, la palabra «teología» significa «el estudio de Dios». La teología cristiana es el estudio de lo que la biblia enseña y lo que los cristianos creen. Muchos creyentes consideran la teología cristiana como algo que trae división, o algo que hay que evitar. ¡En realidad, la teología cristiana debería unir! La palabra de Dios enseña la verdad y debemos estar unidos tras esa verdad. Sí, hay desacuerdos y disputas en la teología cristiana. Sí, hay libertad para discrepar sobre aspectos que no son importantes de la teología cristiana. Por otra parte, hay muchas cosas en las cuales los cristianos deberían estar unidos. Una teología cristiana basada en la biblia nos permitirá comprender mejor a Dios, la salvación y nuestra misión en este mundo.
Para algunos, la palabra «teólogo» evoca imágenes de ancianos malhumorados examinando minuciosamente polvorientos volúmenes de textos antiguos en habitaciones con muy poca luz, estudiando cosas que están completamente lejos de la vida real. Nada podría estar más lejos de la verdad. Segunda Timoteo 3:16-17 nos dice que toda la escritura es inspirada por Dios, literalmente fue hablada por Dios, y es indispensable para nosotros porque nos hace completos y sin faltarnos absolutamente nada. Ser un teólogo, es ser uno que busca el rostro de Dios para encontrar al creador del universo y a su hijo Jesucristo, y abrazarlo como el señor de nuestras vidas, de modo que él se convierta en el centro de nuestros deseos, afectos y conocimiento. Esta intimidad se extiende a todos los aspectos de nuestras vidas, estremeciéndonos con sus bendiciones, consolándonos en tiempos de pérdida, fortaleciéndonos en nuestras debilidades y sosteniéndonos hasta el fin de nuestras vidas cuando lo veamos cara a cara. La escritura es la historia de Dios, y entre más estudiemos su palabra, mejor le vamos a conocer.
A continuación se presentan las diferentes categorías de la teología cristiana. El entender lo que la biblia dice acerca de las diferentes áreas de la teología cristiana, es clave para el crecimiento espiritual y la efectividad en la vida cristiana.
Teología propiamente dicha / Paterology – el estudio de Dios el padre.
Cristología – el estudio de la persona y la obra de Jesucristo.
Pneumatología – el estudio de la persona y la obra del Espíritu Santo.
Bibliología – el estudio de la palabra de Dios.
Soteriología – el estudio de la salvación a través de Jesucristo.
Antropología cristiana – el estudio de la naturaleza de la humanidad.
Hamartiología – el estudio de la naturaleza y los efectos del pecado.
Angelología – el estudio de los ángeles.
La demonología cristiana – el estudio de los demonios.
Eclesiología – el estudio de la naturaleza y la misión de la iglesia.
Escatología – el estudio de los tiempos finales / los últimos días.
GotQuestion.org es un ministerio de siervos voluntarios dedicados y preparados, que tienen el deseo de asistir a otros en su entendimiento de Dios, la Escritura, la salvación y otros tópicos espirituales. Somos cristianos protestantes, conservadores, evangélicos, fundamentalistas y sin denominación. Nos consideramos como un ministerio paralelo al de la iglesia, trabajando hombro con hombro con la iglesia para ayudar a la gente a encontrar respuestas a sus preguntas de índole espiritual.
Se quitará la vida al Mesías, mas no por sí Daniel 9:26
¡Bendito sea su nombre!, no hay causa de muerte en él. Ni pecado original ni pecado presente lo ha manchado y, por tanto, la muerte no tiene ningún derecho sobre él. Ningún hombre podría haberle quitado la vida con justicia, pues él no injurió a ningún hombre; y ningún hombre podía haberlo matado por la fuerza, si él no hubiese deseado entregarse para morir. Pero, he aquí que uno peca y otro sufre. La justicia se vio ultrajada por nosotros, pero halla en él su satisfacción.
Ni ríos de lágrimas, ni montañas de sacrificios, ni mares de sangre de bueyes, ni cerros de incienso hubiesen servido para la remisión de los pecados; pero Jesús fue muerto por nosotros y la causa de la ira desapareció enseguida, porque se había eliminado el pecado para siempre. Aquí hay sabiduría, mediante la cual la sustitución, seguro y rápido camino de expiación, se divisaba. Aquí hay condescendencia, que envía al Mesías —el Príncipe— para que se ciña una corona de espinas y muera en la cruz. Aquí hay amor, que lleva al Redentor a dar su vida por sus enemigos. Sin embargo, no basta con admirar el espectáculo del inocente que sangra por el culpable; tenemos que estar seguros de que también nos salvó a nosotros. El propósito particular de la muerte del Mesías era la salvación de su Iglesia. ¿Tenemos nosotros parte y suerte entre aquellos por quienes él dio su vida en rescate? ¿Fuimos curados por sus llagas? Será terrible si nos privamos de una porción de su sacrificio; en ese caso, sería mejor no haber nacido.
Aunque la pregunta es solemne, nos alienta saber que se puede contestar claramente y sin error: para todos los que creen en él, Jesús es un Salvador actual y sobre los tales se esparció toda la sangre de la reconciliación. Que cuantos confían en los méritos de la muerte del Mesías se sientan gozosos al recordarlo, y hagan que una santa gratitud los guíe a consagrarse por entero a su causa.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 24). Editorial Peregrino.
Lunes 16 Enero A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales… son engendrados… de Dios. Juan 1:12-13 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. 1 Juan 3:1
La hija del militar El siguiente suceso me llamó la atención:
«Una niña irrumpió en medio de una ceremonia militar para encontrar a su padre».
Luego un video mostraba una fila de militares firmes y bien ordenados, cada uno con su uniforme, mientras del otro lado de la plaza, una niña se escapaba de un grupo, corría hacia los militares y se metía entre un par de piernas idénticas al resto. Eran las de su padre, quien se inclinó, tomó a su hija en sus brazos, le dio tiernamente un beso y luego la paró a su lado. La niña, satisfecha, regresó a su lugar bajo la mirada de los enternecidos espectadores. Y la ceremonia oficial continuó…
El gesto simple y natural de esta niña nos toca el corazón. Ella sintió una necesidad urgente de correr hacia su padre, a pesar de lo inapropiado, y nadie trató de impedírselo… Esto ilustra maravillosamente la expresión de la Biblia: “Hijitos… habéis conocido al Padre” (1 Juan 2:13). Solo uno de esos militares era el padre de la niña, y ella lo reconoció entre todos, sin dudar.
Todo creyente tiene el privilegio de conocer a Dios como a un Padre. Sin embargo, no conviene actuar con familiaridades, sino que debemos acercarnos con reverencia, como al Dios Altísimo. Este respeto hacia Dios no quita nada a la dulzura y a la intimidad de la relación.
“Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:15-16).