Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.
Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.
Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.1 Pedro 3:18
¡Necesito un Salvador!
Si caigo al agua sin saber nadar, no necesito buenos consejos, ni lecciones de natación, sino a alguien que me salve sacándome del agua.
Si tengo muchas facturas que no puedo pagar, necesito a alguien que me libre de las manos de los acreedores y de los alguaciles, aceptando pagar en mi lugar.
Por naturaleza soy pecador, culpable a los ojos de Dios. Lo que necesito no es una lección de moral, sino un Salvador que pague en mi lugar mis pecados y sufra el castigo ante la justicia divina.
Así como una moneda tiene dos caras inseparables, Dios es inseparablemente amor y luz. Como es amor, nos busca para hacer de nosotros sus hijos. Como es luz, no puede soportar en su presencia a ningún pecador cargado con sus faltas. Su justicia exige que nos condene, pues todo acto malo, al igual que toda palabra mala, debe ser castigado. Dios es justo castigando a los pecadores, sin embargo, en su gran amor quiere que los culpables lleguen a ser justos a sus ojos santos. ¿Cómo?
Las exigencias de la justicia de Dios y la abundancia de su amor se expresaron en la cruz. El mal tenía que ser castigado; y lo fue cuando el Hijo de Dios se entregó y murió en la cruz en nuestro lugar. Él es nuestro rescate; él sufrió el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados: ¡esta es su justicia, y al mismo tiempo su amor hacia nosotros!
Los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).
Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería. Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló. Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.
Cada uno hacía lo que bien le parecía.Jueces 21:25
Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el Señor.Malaquías 3:7
Un mundo sin Dios
“Ester” es el nombre de un corto libro de la Biblia. Posee la característica de no mencionar el nombre de Dios, cosa muy extraña en la Biblia. Es el único libro que nos muestra al pueblo de Dios, castigado por él, cautivo en un país extranjero, sin mencionar su regreso. Sin embargo, esta particularidad nos interpela: ¿Acaso este libro no muestra la imagen del mundo actual, del cual el Dios creador está totalmente excluido? Y la vida continúa, sin que nadie se preocupe por lo que Dios piensa. Pero desde el cielo él controla todo.
Este mundo cree que el hombre es dueño de su destino. Se dice que la humanidad “por fin” se ha liberado de Dios. También se dice que el hombre es bueno, que es capaz de lo peor, es cierto, pero también y, sobre todo, de lo mejor. Y que los innegables progresos sociales serían la prueba de ello. Así, en muchos países “no se obliga a nadie”, cada uno hace lo que le place y puede escoger entre multitud de placeres. Como si esta supuesta libertad, a menudo acompañada de pretendidos placeres, pudiese ocultar los desastres presentes en el mundo, cuya responsabilidad es totalmente humana.
El libro de Ester debería servirnos de advertencia: después de una gran fiesta, el rey mencionado allí tuvo que enfrentar un probable atentado. El mundo de hoy no tendrá una mejor suerte. Un día, la ilusión de alegría dará lugar a los juicios. El mundo sigue su rumbo… hacia su perdición. Pero cada ser humano puede optar por una vida con Dios, deteniéndose para escuchar y aceptar a Jesús, el Salvador del mundo.
Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.
He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.Filipenses 4:11
A los ricos… manda que no… pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.1 Timoteo 6:17
¿Está usted satisfecho?
En su tiempo, John D. Rockefeller era el hombre más rico del mundo. Su fortuna era colosal; sus recursos parecían ilimitados. En el curso de una conversación, alguien le preguntó: “¿Cuánto dinero se necesita para tener suficiente?”.
El señor Rockefeller respondió con ironía: “¡Solo un poquito más!”.
Él sabía que en el fondo del corazón humano está el deseo de poseer cada vez más.
Efectivamente, en nosotros hay tres tendencias bien arraigadas:
– el deseo de poseer, que nos hace desear sin cesar lo que no tenemos;
– la envidia, que nos lleva a compararnos con los demás y a querer lo que el otro posee;
– el egoísmo, que no nos permite compartir lo que tenemos con los que tienen menos que nosotros.
Cuando esas malas inclinaciones obran, el dinero se convierte en un dios que gobierna nuestras vidas. Tratar de poseer más y disfrutar al máximo de la vida en la tierra es en realidad el programa del hombre que no tiene a Dios y siempre está insatisfecho. Pero los creyentes que desean vivir para el Señor deben recordar que todo lo que tenemos le pertenece.
Un día el Señor nos preguntará si fuimos administradores fieles de todo lo que él puso en nuestras manos (Lucas 19:15).
El apóstol Pablo escribió desde la cárcel: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). ¿Y nosotros?