Viernes 8 Septiembre Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Hebreos 11:7 Oír, moverse y trabajar El comportamiento piadoso de Noé lo diferenció de los que lo rodeaban. Pedro escribió que la justicia es totalmente ajena a los incrédulos (véase 1 P. 4:3-4), por lo que los vecinos de Noé seguramente ya consideraban extraño su comportamiento. Sin embargo, Noé no había obrado para mejorar y alcanzar cierto nivel determinado de bondad. En lugar de eso, el versículo de hoy revela que su vida fue una vida de fe.
Esta fe fue puesta a prueba cuando Dios le dijo que construyera un arca. La fe es “la convicción de lo que no se ve” (v. 1); por eso, aunque el juicio de Dios aún no era visible, Noé comenzó a construir el arca. Sin duda todos comenzaron a burlarse aún más de él; pero la fe confía en Dios, no en la opinión de los demás. Noé tuvo cuidado de seguir las instrucciones divinas, pues había sido advertido divinamente. También nuestra fe encontrará un lugar de descanso en la Palabra de Dios.
Noé fue impulsado por un “temor reverente” (NBLA). El temor de Dios llevó a Noé a obedecer, sin rechistar, y en concordancia con las instrucciones de Dios. Otra traducción dice: “Movido por temor reverente” (RVA-2015). Noé fue impulsado internamente, lo cual lo llevó a preparar el arca. Su corazón fue impactado por lo que había oído.
Noé todavía tenía que ponerse a trabajar, así que empezó a construir el arca. No solo escuchó y reaccionó en su corazón, ¡también utilizó sus manos! Construyó un arca, lo que sugiere que debió estudiar cuidadosamente los materiales utilizados en su construcción. La verdadera obediencia se caracteriza siempre por una diligencia comprometida. Si deseamos heredar las bendiciones que nos depara la “justicia que viene por la fe”, podemos pedirle al Señor oídos abiertos, corazones motivados y manos diligentes para hacer su voluntad.
Jueves 7 Septiembre Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 2:42 Los cuatro pilares de la Iglesia primitiva Los primeros capítulos de los Hechos presentan el inicio del testimonio cristiano en este mundo en el que Cristo ha sido rechazado. Dios recibió a Cristo, lo sentó a su diestra en la gloria, “y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef. 1:20-23).
Cuando Cristo fue glorificado como Cabeza, el Espíritu de Dios fue enviado desde el cielo (Hch. 2:1-4). Los discípulos, llenos del Espíritu, dieron inmediatamente testimonio del poder de Dios. Ahora estaban unidos como miembros los unos con los otros, y también unidos a Cristo, la Cabeza viva en el cielo.
Las cuatro cosas mencionadas en el versículo de hoy eran la base de esta unidad. La primera fue la doctrina de los apóstoles. El Nuevo Testamento aún no se había escrito, por lo que la enseñanza oral de los apóstoles (los testigos del ministerio, de la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús) era el fundamento sobre el que se edificaba la Iglesia (Ef. 2:19, 20). La perseverancia en la doctrina de los apóstoles se asocia inmediatamente con la comunión. Cristo es la clave que revela el gran misterio de Cristo y su Iglesia, y quien une los corazones de los creyentes entre sí.
En el partimiento del pan, tal como se revela en 1 Corintios 10 y 11, expresamos la realidad práctica de la unidad de los miembros del un solo Cuerpo del Señor Jesús, la Cabeza glorificada en el cielo. Por fe entendemos nuestro santo privilegio y el ferviente deseo del Señor de reunir a los suyos, a quienes ha comprado con su sangre, en torno a su Persona cada primer día de la semana para hacer memoria de él.
Se menciona un cuarto y último punto: la importancia de la oración. Para mantener el equilibrio del testimonio cristiano, tal como se vislumbraba en sus inicios en la tierra, es esencial que dependamos absolutamente del Señor.
Todos estos recursos siguen estando a nuestra disposición hasta que el Señor nos llame al hogar.
Débora: Aún si estás en circunstancias muy difíciles, Dios está contigo, ayudándote a perseverar. Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: No puedes decir: «Dios no entiende lo que tengo que aguantar», o «yo sé lo que la Biblia dice, pero seguramente Dios no espera que alguien en mis circunstancias obedezca esto». Él sí sabe. Él sí entiende, y sí espera que seamos fieles, a pesar de dónde moremos.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy es 26 de mayo de 2023.
Aún en esta época de comunicación electrónica, ¿no es emocionante recibir una carta física? Siete iglesias del primer siglo recibieron cartas dictadas por Jesús mismo. Esas cartas tienen mucho que decirnos hoy en día. Nancy las ha estado describiendo en varias series a lo largo de las semanas pasadas. Hoy iniciamos una nueva serie, ahora sobre la carta a la iglesia de Pérgamo, titulada Comprometiendo la verdad.
Nancy: Al continuar con nuestra serie de estudios sobre las cartas a las siete iglesias en el libro de Apocalipsis, llegamos a la primera de dos cartas que creo que son especialmente complicadas y difíciles de entender. He estado sumergida en estos pasajes por varias semanas, podría decir que meses, y una amiga me dijo la semana pasada mientras ella preparaba su corazón para venir a esta sesión de grabación, que ella abrió su Biblia en Apocalipsis capítulo 2 y leyó los pasajes y al final dijo: «Bueno, ¿de qué se trata todo esto»? Y quizás tú estás pensando lo mismo al empezar con estos pasajes. Pero estoy orando que el Señor nos dé entendimiento, sabiduría y habilidad para poder aplicar estos pasajes a nuestros corazones.
En Apocalipsis capítulo 1, en el versículo 19, encuentras este resumen, este bosquejo muy básico y muy simple del libro de Apocalipsis. Donde dice que Jesús le dijo al apóstol Juan: «Escribe, pues…las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder después de estas». Aquí tenemos dos categorías de las cosas que hay en el libro de Apocalipsis –los capítulos 2 y 3, las cosas que son. Esas cosas hacen referencia a las iglesias en Apocalipsis, y para dar un poco de contexto, las cosas que están sucediendo en ese momento en las iglesias. Pero luego está el resto del libro de Apocalipsis, empezando en el capítulo 4, son las cosas que han de suceder después de esto, las cosas futuras, más adelante.
Bueno, cuando piensas en estudiar el libro de Apocalipsis, es un libro que ha intrigado a mucha gente por muchos siglos, y a mucha gente le emociona estudiar la parte del libro que habla del futuro, las cosas que han de suceder después de esto. Quieren saber, ¿qué son las copas y los juicios? ¿Es verdad que hay un milenio? ¿Qué tan largo es? ¿Qué son todas estas cosas? ¿Cómo concuerda todo? ¿Qué es la gran Babilonia?
Es importante estudiar estas cosas. Espero algún que Dios nos conceda hacer un viaje por todo el libro de Apocalipsis aquí en Aviva Nuestros Corazones. Pero también creo que el enfoque en esas cosas futuras, puede ser como un escape, porque es más fácil enfocarnos en cosas que ahora mismo no existen. Realmente no estamos equipadas para enfrentar o para tratar con las cosas que están por venir. No estamos preparadas para esas cosas que están por venir hasta que tratemos con las cosas que son. Por eso quise que empezáramos con estas cartas a las iglesias, porque estas son las cosas que son.
Y hoy llegamos a la carta para la tercera iglesia en Asia, Apocalipsis capítulo 2. Déjame leer la carta, empezando en el versículo 12, y luego en los próximos días vamos simplemente a ir frase por frase y ver lo que tiene para decir a nuestros corazones en el día de hoy. Apocalipsis capítulo 2, versículo 12: «Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo», o algunas de sus traducciones podrían decir: «Pérgamos», que es lo mismo que Pergamum.
«Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: “El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto, ‘Yo sé dónde moras: donde está el trono de Satanás. Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. Pero tengo unas pocas cosas contra ti, porque tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer actos de inmoralidad. Así tú también tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolaítas.
Por tanto, arrepiéntete; si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe”» (vv.12-17).
Bueno, todo esto es un poco abrumador. Puede que tiendas a querer pasar por encima del pasaje al leerlo o al escucharlo, pero sabes, al estudiar la Escritura tenemos que recordar, primero que la Escritura es inspirada por Dios. Es de provecho. La necesitamos. Así que necesitamos este pasaje.
También tienes que recordar que no hay atajos para entender y estudiar la Palabra de Dios. Entonces, si quieres enterarte de lo que significa este pasaje, puedes hacer exactamente lo que yo he estado haciendo en estas últimas semanas y meses: leerlo y releerlo y releerlo y reflexionar y tomar cada frase y compararla con pasajes similares en otras partes de la Escritura. Así es más o menos la manera en la que vamos a caminar por este pasaje en los días que vienen.
Bueno, para poner esta carta a la iglesia de Pérgamo en contexto, recuerda que la primera iglesia, fue la iglesia de Éfeso, que fue alabada por tener una doctrina correcta y por tratar con los falsos maestros, pero ¿recuerdas qué le faltaba a la iglesia en Éfeso? Le faltaba el amor. Les faltaba corazón, pasión por Cristo.
En contraste con esto, las iglesias en Pérgamo y Tiatira, la tercera y la cuarta iglesia, fueron alabadas por varias virtudes cristianas, incluyendo el amor en el caso de Tiatira, pero tenían problemas doctrinales que necesitaban corregir. Entonces el énfasis en estas cartas es acerca de la verdad, que determina la manera en que vivimos. La doctrina, las creencias, determinan nuestra conducta, nuestro comportamiento.
El amor y la verdad –hay una tendencia en nuestras iglesias a enfatizar una y a descuidar la otra, pero necesitamos las dos. Y la Escritura habla sobre hablar la verdad en amor. Pablo les dice a los Filipenses: «Quiero que crezcan en amor y discernimiento». Tanto la verdad como el amor son señales de una iglesia fiel, señales de un creyente fiel, un hijo de Dios; y de los problemas que confrontaron estas siete iglesias. Estos son dos de los primeros problemas –en el caso de Éfeso, el amor, y en el caso de Pérgamo y Tiatira la verdad.
La Escritura dice: «Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo». Ahora, hablemos por un momento acerca de Pérgamo. Se me hace fascinante ir de regreso y aprender sobre estas ciudades y las iglesias en estas ciudades, porque nos ayuda a entender el contexto en el que hubieran recibido estas cartas.
Como hemos visto, las siete iglesias, estas siete ciudades, están en la secuencia que un cartero habría viajado y hubiera llevado las cartas de una iglesia a la siguiente. Van más o menos como en un círculo, empezando con Éfeso y terminando en Laodicea. Entonces llegamos ahora a Pérgamo, que está a unos 88 kilómetros al norte de Esmirna, que era la ciudad anterior.
Pérgamo era la capital en la provincia romana de Asia, e históricamente pudo haber sido la ciudad más grandiosa en Asia. Estaba obsesionadacon las riquezas, con la moda. Nada más piensa en las grandes capitales de los países del mundo hoy en día. Era también una ciudad universitaria.
Tenía una biblioteca famosa que contenía más de 200,000 libros. Bueno, eso es mucho para cualquier biblioteca, pero en especial si piensas en el hecho de que estos libros tenían que ser escritos o copiados a mano. Era una ciudad académica.
Era también una ciudad que estaba entregada a la idolatría y a la adoración de muchos dioses paganos. A través de esta ciudad podías ver cientos de templos devotos a sectas y a la adoración a los ídolos. Era un centro de adoración a César o de adoración imperial. Pérgamo presumía el templo más antiguo de adoración al emperador en Asia Menor, y recuerda que los césares demandaban ser adorados como Dios.
Igual que los faraones de Egipto en el Antiguo Testamento, el César romano decía: «Yo soy Dios. Alábenme como a Dios». Entonces cuando consideras a los dioses paganos y a esta adoración imperial, te das cuenta que este era un lugar especialmente difícil y peligroso para los cristianos. Por causa de su significado político, como la capital de la provincia, y por la presencia de tantos soldados romanos en la ciudad, era especialmente peligroso para los cristianos. De hecho, las primeras ejecuciones de cristianos en el Imperio Romano tal vez se llevaron a cabo en Pérgamo.
Leemos acerca de una de ellas en esta misma carta. La razón era que los cristianos rehusaban inclinarse a César. Rehusaban creer en el sistema de adoración pagana. Un comentario que leí acerca de este pasaje decía: «En Pérgamo, un cristiano estaba en peligro los 365 días del año», entonces ser un cristiano era una profesión seria y peligrosa en esos días.
Bueno, a esta iglesia, la Escritura le dice: «El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto». Como hemos visto, la descripción de Jesús, quien está mandando estas cartas… En cada una de estas cartas, su descripción es tomada de la imagen de Jesús que se nos da en Apocalipsis capítulo 1; entonces hay diferentes maneras en las que Jesús es descrito en Apocalipsis 1. En cada una de estas cartas, Jesús escoge una o más de estas características en las que esa iglesia en particular debe enfocarse. En este caso las palabras son: el que tiene la espada aguda de los filos.
Bueno, y si regresas a Apocalipsis capítulo 1, la imagen original de Jesús ahí, dice: «De su boca salió una espada aguda de dos filos» (v.16). Es difícil imaginarse una espada saliendo de tu boca. Te imaginas una espada en tu mano, pero esta es una imagen de la Palabra de Dios, del poder de la Palabra de Cristo.
Es interesante que Cristo se revele a su iglesia de esta manera, porque Jesús se revela a sí mismo a cada iglesia de la manera en la que él sabía que necesitaban verlo. Recuerda, por ejemplo, como se dijo anteriormente a Éfeso. Decía: «El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda entre los siete candelabros de oro, dice esto» ( Apoc. 2:1). Jesús dice: «Yo soy el que te sostiene. Yo camino en medio de ustedes». Cuando le habló a Esmirna, la iglesia sufriente, Él dijo: «El primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, dice esto» (Apoc. 2:8).
Ahora, cuando llegamos a Pérgamo, no da una descripción reconfortante. Su descripción no les da ánimo. Dice: «El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto» (Apoc. 2:12).
Esas son palabras de pelea. Son palabras de amenaza, y en esta descripción de Jesús, quien está mandando esta carta, vemos un aviso de desastre inminente. El juicio viene si algo no cambia en esta iglesia.
Cuando llegas al final del libro de Apocalipsis, en el capítulo 19 ves un versículo similar que habla sobre Jesús cuando viene como un rey conquistador. Dice: «De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones» (v. 15). Se presenta aquí como un juez, como uno que va a ejecutar juicio contra las naciones paganas y malvadas que no quieren arrepentirse. Pero en este caso, la espada de Jesús en su boca, no es para tratar con las naciones paganas, sino para tratar con la iglesia, para tratar con gente en la iglesia que está creyendo enseñanzas que los estaban llevando a un comportamiento impío.
Como dijimos, la espada es un símbolo. Es una imagen de la Palabra de Cristo, de la verdad de la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios que revela los errores doctrinales y que rectifica las cosas en la iglesia.
Ahora, Jesús les dice en el versículo 13 a los creyentes en Pérgamo: «Yo sé dónde moran». ¿Dónde es eso? Donde está el trono de Satanás. «Yo sé dónde moras, donde está el trono de Satanás», y luego al final del versículo 13 dice, «donde mora Satanás».
Bueno, los cristianos en Pérgamo escucharon esta descripción. «Yo sé dónde moras, donde mora Satanás, donde está el trono de Satanás». Puede ser que esto les trajera a la mente el altar de Zeus, que era un altar o un asiento gigante de 13 metros de altura, un altar al dios pagano Zeus. Este trono, este asiento, estaba en una ladera, elevado sobre la ciudad de Pérgamo; entonces tal vez cuando ellos pensaban en el trono de Satanás, es posible que pensaran en este altar de Zeus.
O tal vez pensaban en el trono de César, figurativamente. César u otros dioses paganos, todos representaban una amenaza satánica y diabólica para la iglesia. O puede que pensaran en uno de los dioses principales que se alababan en Pérgamo, el dios llamado Asclepio.
Bueno, quizás tú no sepas nada acerca de este dios. Yo no sabía nada tampoco. Pero Asclepio era conocido como el dios de la medicina y de la sanidad. A veces le llamaban Asclepio el salvador. El símbolo de este dios de la medicina y de la sanidad era una serpiente. En este templo había cientos de serpientes no venenosas que se deslizaban libremente sobre el piso.
Se suponía que estas serpientes eran encarnaciones del dios mismo. Así que la gente enferma iba y pasaba la noche en el piso de este templo, y si una de las serpientes se deslizaba junto a él en la oscuridad y lo tocaba, se pensaba que la persona enferma había sido tocada por el dios mismo y sería sanada. Bueno, ¿qué te parece este punto de vista de la medicina?
Los cristianos que conocían el Antiguo Testamento entendían que esa serpiente era un emblema de Satanás. Entonces cuando Jesús dice: «Yo sé dónde moras, donde está el trono de Satanás», tal vez pensaban en esto, en uno de esos dioses paganos simbolizados por una serpiente. De todas maneras, sabemos, y vemos ilustrado en este pasaje, que Satanás es un enemigo muy real.
Él se opone a Dios Se opone al pueblo de Dios Se opone al reino de Dios Satanás está detrás de las cosas que estamos viendo en el mundo que no le agradan a Dios. «Tú moras donde está el trono de Satanás». ¿Un trono es una imagen de qué? Es una imagen de autoridad, un asiento de autoridad. Es un recordatorio de que Satanás reina sobre otros ángeles caídos que están bajo su control. Ellos reciben órdenes de él. Él les dice lo qué deben hacer, y entonces ellos llevan a cabo sus propósitos en el mundo aun mientras los santos ángeles llevan a cabo los propósitos de Dios en este mundo.
En ese sentido, Satanás tiene un trono en este mundo desde donde da órdenes, y les da direcciones a aquellos que siguen sus mandatos. Satanás establece, yo creo, una base de operaciones en los diferentes tiempos y en los diferentes lugares. Es posible que su trono no esté nada más en un lugar. Puede que se mueva de un lugar a otro, en un sentido, que haga residencia. Tome autoridad y establezca sus operaciones, su asiento, en diferentes tiempos y en diferentes lugares.
El asiento de Satanás es frecuentemente el asiento de poder e influencia mundial y de orgullo académico. Estas son cosas que existían en Pérgamo, y son cosas que hacen que Satanás diga muchas veces: «Déjame tomar el control aquí. Aquí puedo encontrar una base de operaciones. Puedo cumplir mis propósitos por medio de estas cosas que alimentan la carne en lugar del espíritu» –el poder y la sabiduría del mundo.
Entonces Pérgamo era un lugar donde Satanás ejercía autoridad, y había fuerzas potentes en acción en contra de Dios. Bueno, ese es el punto. Jesús les está diciendo a las personas en Pérgamo: «Yo sé dónde moras».
Pero ahora quiero que consideremos la palabra, morar, por un momento. Hay una palabra que generalmente se usa en el Nuevo Testamento, en el idioma griego, y esa palabra significa «estadía, estancia», «tener una residencia temporal». A los escritores del Nuevo Testamento les encantaba usar esta palabra para los cristianos porque querían recordarles que este mundo no era su hogar.
Este mundo es un lugar de estancia temporal, pero esa no es la palabra que se usa aquí. Cuando Jesús dice: «Yo sé dónde moras», Él usa una palabra diferente, una palabra que se refiere a una residencia permanente, establecida, no es un lugar de vivienda temporal, sino una residencia permanente. Lo que Jesús está diciendo es: «Yo sé que están viviendo en un territorio hostil y que esta no es una posición temporal o de corto plazo. Es temporal en el esquema final de las cosas, pero tienes que vivir ahí por un buen tiempo. Están ahí y no a corto plazo».
Por cierto, él usa la misma palabra cuando dice: «Este es el lugar donde mora Satanás». Satanás no está ahí a corto plazo tampoco. Satanás ha tomado esa ciudad como su residencia y planea quedarse ahí. Tú moras, tú vives en esa ciudad, y te tienes que quedar ahí.
Entonces es de suponer que va a haber conflicto cuando tienes cristianos con lealtad a Cristo, viviendo en una ciudad, y también tienes a Satanás viviendo en la misma ciudad. La implicación es que no hay escape. No puedes salirte. No puedes simplemente empacar tus maletas y dejar esta ciudad, abandonar esta ciudad donde están obrando todas estas fuerzas en contra de Dios
Estás, en cierto sentido, atorada ahí. No puedes huir, pero este es el lugar al que has sido llamada para vivir y demostrar tu fe en Cristo en el lugar donde mora Satanás, donde él ha establecido su trono, ahí es donde debes demostrar lo que significa ser cristiana, una verdadera cristiana, hija de Dios.
Amigas, Jesús sabe dónde moran. Él sabe dónde viven. Él conoce las circunstancias, la situación en la que se encuentran. Él sabe a lo que se enfrentan, los desafíos que enfrentan donde viven. Él sabe que algunas de estas circunstancias no van a ser a corto plazo, que no vas a salir de ellas fácilmente. Estás morando en esa situación.
Podría ser tu matrimonio. Podrían ser problemas en tu hogar de origen. Podría ser tu trabajo, tu escuela. Tal vez tienes un compañero de cuarto que es ateo o un profesor que se burla de tu fe. Tal vez en tu trabajo o tu comunidad estás rodeada de estilos de vida, de influencias y valores paganos y profanos.
Puedes sentirte como que literalmente moras en el trono de Satanás. Es donde mora Satanás. Es un lugar difícil donde vivir. Es difícil quedarte en ese matrimonio. Satanás mora ahí y ha establecido una base de operaciones, tal vez aun por medio de familiares inmediatos, pero quiero recordarte que Cristo lo sabe. Él sabe dónde moras, y te puede dar la gracia para enfrentar esos poderes de Satanás y para conquistar en el nombre de Cristo.
De hecho, Jesús va más allá y dice de estos creyentes en Pérgamo: «A pesar del hecho de que moras donde mora Satanás, donde está el trono de Satanás», versículo 13: «Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás». Lo que Él les está diciendo es: «Tu guardas mi nombre». No negaste mi fe. A pesar del lugar donde moras, a pesar de la presión de la cultura y de las circunstancias difíciles y de las fuerzas poderosas en contra de Dios que están operando a tus alrededores, y a pesar de lo que has visto que les pasó a otros creyentes fieles, tú te has mantenido».
Les recuerda de alguien que ellos conocían. No sabemos quién era Antipas. No se habla de él en otro lugar en la Escritura, pero la tradición dice que era el obispo de Pérgamo y que lo mataron y fue cocinado hasta la muerte en un envase de bronce calentado en extremo, muy muy caliente. Él es llamado «mi siervo fiel». Algunas traducciones dicen «mi mártir fiel».
De hecho, la palabra griega aquí es, martus, M-A-R-T-U-S. Es una palabra que significa testigo, uno que testifica sobre lo que ha experimentado y visto, pero en la iglesia del primer siglo, muchos de los que testificaron de su fe en Cristo fueron asesinados por su fe en Él. Esos testigos llegaron a ser mártires. Ser un testigo puede ser costoso –económicamente, para tu reputación, tu carrera, tus amigos, y tal vez aún podrías perder la vida. Entonces Antipas fue un testigo fiel todo el camino hasta la meta final, hasta la muerte.
¿No es precioso que Jesús le diera el mismo título que se confirió a Sí mismo en Apocalipsis 1 donde dice: «Cristo Jesús, el testigo fiel» (v. 5)? Antipas, él ganó esa misma designación, al igual que Cristo, un testigo fiel. Entonces en esta carta a la iglesia en Pérgamo, se nos recuerda que la vida cristiana no es un día de campo. Vivimos en un territorio que está ocupado por el enemigo. Estamos en una batalla, y algunos pagarán un precio alto por ser fieles a Cristo.
Lo que nos anima aquí es que por la gracia de Dios, es posible sostenerte en Cristo y aferrarte a tu fe, aun cuando vives en el territorio de Satanás. No puedes decir: «Dios no entiende lo que tengo que aguantar», o «yo sé que la Biblia dice eso, pero seguramente Dios no espera que alguien en mis circunstancias obedezca eso». Él sí sabe. Él sí entiende, y sí espera que seamos fieles, sin importar dónde moremos.
Jesús hizo posible que estos creyentes del primer siglo fueran fieles, y Él te va a capacitar para ser fiel, aun donde Satanás ha establecido su base de operaciones. Déjame recordarte que tu testimonio fiel en ese lugar de oscuridad le va a dar un golpe a Satanás y a su reino, y como resultado vas a exaltar y a glorificar el nombre de Cristo.
Débora: Dios conoce dónde vives. Este es un mensaje que provee consuelo y que demanda una responsabilidad. Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado enseñando sobre la carta escrita a la iglesia en Pérgamo, que encontramos en el libro de Apocalipsis. Ella ha estado abordando las 7 cartas a las 7 iglesias en Apocalipsis a lo largo de estas semanas.
Satanás frecuentemente ataca a la iglesia de dos formas, la aniquila o la adapta. Aprende más sobre estos ataques opuestos en el siguiente episodio de Aviva Nuestros Corazones.
Fijando nuestros ojos en Cristo juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
Miércoles 6 Septiembre Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. Así que a este espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos. Filipenses 2:21-23 La misión de Timoteo en Filipos Dirigiéndose a los creyentes de la asamblea de en Filipos, Pablo se presentó a sí mismo y a Timoteo con el título de “siervos (o: esclavos) de Jesucristo” (1:1). ¿Por qué? Porque en esta carta Pablo presenta a Cristo como el gran Siervo. Era bastante apropiado entonces que Pablo y Timoteo siguieran el ejemplo del Siervo fiel. Por lo tanto, también nos corresponde hacerlo en la actualidad.
Tras presentar a Cristo como el Siervo por excelencia (vv. 5-11), Pablo esperaba que los filipenses fueran siervos fieles. Para animarlos, les presentó su propio ejemplo (vv. 17-18) y luego el de Timoteo y Epafras (vv. 19-30). Por eso Pablo quiso enviar a Timoteo en ese momento, teniendo la certeza de que él mismo podría visitarlos más tarde. La misión de Timoteo tenía dos objetivos. En primer lugar, debía informar a los creyentes en Filipos acerca de la situación de Pablo, una misión similar a la que otros habían recibido (Ef. 6:21-22; Col. 4:8-9). Pero también debía ocuparse de los filipenses y de sus necesidades. Después de su visita, Timoteo volvería para informarle a Pablo acerca de lo que había visto, para que, en palabras del apóstol, “Yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (Fil. 2:19). No hay razón para creer que Timoteo no cumplió con esta tarea.
Las cualidades de Timoteo son notables y presentan un modelo a seguir para todo creyente. La preocupación de Timoteo por los creyentes es un buen ejemplo de la preocupación que los miembros del Cuerpo deben tener por los demás, la cual no nacía de un motivo egoísta. Los méritos de Timoteo implicaban que había sido puesto a prueba y había sido hallado fiel; esto lo sabían los creyentes de Filipos. Lo que Pablo dice (“ha servido conmigo”) da a entender que Timoteo había servido como siervo. ¿Y nosotros? ¿Somos ’Timoteos’ o somos aquellos que ’buscan lo suyo propio’!
Lunes 4 Septiembre Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. Lucas 9:33 Simón Pedro (4) – Su confusión Simón Pedro fue llamado “bienaventurado” por el Señor Jesús debido a su confesión: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16-17). A pesar de esta bendición, la franqueza de Simón, a menudo descontrolada, su falta de conocerse a sí mismo y su ignorancia de los planes de Dios, lo llevarían a cometer varios errores muy serios.
Poco después de su confesión de fe, Simón reprendió fuertemente al Señor Jesús por haber anunciado que sería rechazado y condenado a muerte (Mt. 16:21-23). Ante esta situación, Cristo lo reprendió y le dijo claramente que en esta ocasión era portavoz de Satanás. Y Jesús añadió: “Me eres piedra de tropiezo” (NBLA). De un momento a otro, Pedro pasó de ser una piedra bienaventurada a una piedra de tropiezo. Este fue el preludio de las cosas que vendrían en su vida.
Cuando Pedro, Jacobo y Juan estuvieron en “el monte santo”, tuvieron el privilegio de ver una visión de la gloria de Cristo en el Milenio. Pero Pedro comprendió su significado mucho tiempo después (véase 2 P. 1:18). Su primera reacción fue lanzar un comentario desafortunado y confuso. Sugirió construir tres tiendas, una para el Señor, otra para Moisés y otra para Elías. Poner Cristo al mismo nivel que Moisés y Elías es un grave error, a pesar de que Pedro le dio el primer lugar al Señor, mencionándolo primero: “Una para ti, una para Moisés, y una para Elías”. Pedro estaba tan impresionado de estar en presencia de hombres tan estimados como Moisés y Elías que asoció al Señor con ellos. El que antes había dicho: “Tú eres el Hijo de Dios viviente” ahora puso al Señor Jesús al mismo nivel que estos hombres tan honorables, pero falibles. El Padre no puede soportar esto e interrumpió a Pedro mientras este aún hablaba. Una nube llegó y cubrió a los discípulos y se oyó una voz: “Este es mi Hijo amado; a él oíd” (v. 35). ¡Con qué frecuencia hablamos imprudentemente! ¡Y cuán grave es cuando empaña la gloria de nuestro Señor Jesús!
Domingo 3 Septiembre Nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino. Cantar de los Cantares 1:4 La fuente del gozo El frescor de una nueva fe puede traer una alegría tan viva que nos eleva por encima de nuestras circunstancias. Después de ser llevados al Señor Jesús y encontrar en él esa dulce seguridad del perdón y la perfecta aceptación, todo a nuestro alrededor parece estar vivo y lleno de alabanzas a Dios
Sin embargo, por muy desbordante y real que sea esta alegría, no siempre permanece tan profunda y entusiasta como en nuestra conversión. Su fervor pronto se desvanece y nos preguntamos qué ha pasado. ¿Por qué no conservamos ese inmenso gozo que era tan valioso para nosotros y que deseábamos profundamente no perder jamás?
La respuesta se halla en el bello versículo de hoy. El gozo es un elemento profundamente importante en la vida cristiana, pero no puede sostenerse por sí mismo. Si hacemos del gozo nuestro objetivo, lo perderemos. El gozo no puede alimentar nuestras almas. Solamente puede ser el resultado de algo más importante. “Nos gozaremos y alegraremos en ti”. El Hijo del Dios, que murió y resucitó por nosotros, es el único Objeto que puede llenar verdaderamente nuestro corazón de gozo profundo y perdurable. Debemos alimentarnos de él y del alimento sólido de su Palabra. Entonces podremos decir como Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16).
El versículo de hoy dice: “Nos acordaremos de tus amores más que del vino”. El vino simboliza el gozo, aquello que trae emoción. Es mucho más importante recordar el amor del Señor Jesús que el gozo de nuestras propias experiencias. Su gozo, su amor y él mismo permanecen igual, mientras que nuestro gozo viene y va. No puede permanecer constante.
Hagamos del amor del Señor, de su Palabra y de su Persona, los objetos de nuestra meditación. Entonces tendremos un gozo puro y precioso.
Sábado 2 Septiembre Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Lucas 23:34 Perdonar Mientras que muchas personas han batallado para salvar a un amigo, nuestro Señor, antes de su muerte, utilizó su último aliento para interceder por sus enemigos. En el punto más álgido de su sufrimiento en manos de hombres ingratos, él hizo la petición del versículo de hoy. Cuando Pedro preguntó: “¿Cuántas veces perdonaré… ?” Jesús respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt. 18:21-22).
En algunas personas, el hecho de no tomarse a pecho los insultos se debe más bien a un temperamento frío e indiferente: poseen una insensibilidad estoica tanto a la bondad como a la maldad. No fue así con Jesús. Su naturaleza santa lo hacía profundamente sensible a la ingratitud y a los insultos, fueran fruto del odio o de la traición. Muchas personas están más dispuestas a perdonar a un enemigo abierto y desenmascarado que a perdonar y olvidar cuando se trata de la infidelidad y la insensibilidad de un amigo, o de un amor no correspondido. ¡El Señor no fue así!
Fíjense en cómo actuó Jesús con sus propios discípulos, quienes lo abandonaron cuando más los necesitaba. Lo primero que hizo después de resucitar fue disipar sus temores y les aseguró su amor eterno. Se encontró con ellos para bendición (Jn. 20:20-21), y cuando ascendió, los dejó con una bendición (Lc. 24:50). Al igual que el Señor, no debemos considerar a nadie como nuestro enemigo, ni actuar con amarga recriminación.
Interpretemos los fallos de los demás de la mejor manera posible y no hagamos insinuaciones o comentarios injuriosos. Considerémonos a nosotros mismos, no sea que también seamos tentados (Gá. 6:1). Cuando albergamos conscientemente un espíritu implacable, consideremos donde estaríamos si el Señor se hubiese comportado de esa forma con nosotros. Recordemos: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3:13).
Viernes 1 Septiembre Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. 1 Corintios 10:5 Complacer a Dios Toda alma regenerada tiene la capacidad y el deseo de agradar a Dios. Por el contrario, “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Ro. 8:8), y “sin fe es imposible agradar a Dios” (He. 11:6).
Enoc fue uno de los creyentes del Antiguo Testamento que agradó a Dios al mantenerse alejado de la contaminación y la impiedad de la cultura en la que vivía (He. 11:5). Entonces, antes del diluvio, Dios lo sacó de este mundo sin que pasara por la muerte. Enoc es una bella imagen de la esperanza cristiana de ser librados de la ira venidera. Sin embargo, Dios no se agradó en varios de los hijos de Israel. Ellos se caracterizaban por la codicia, la idolatría y la fornicación; además tentaron al Señor y murmuraron. Como resultado, Dios los derribó en el desierto, y esto fue escrito para nuestra admonición, para que evitemos cometer los mismos errores.
Buscar agradar a Dios tiene un efecto positivo en nuestra vida de oración. El apóstol Juan escribió: “Cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Jn. 3:22). Solo un Hombre, el Señor Jesús, pudo decir: “Yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Por lo tanto, él es el ejemplo perfecto que debemos seguir. Aunque no siempre podamos complacer a Dios a causa de la carne miserable en nosotros, debemos recordar que (1) nuestra liberación se ha cumplido en Cristo; y que (2) tenemos, a través del Espíritu que mora en nosotros, el poder para someternos a Dios (Ro. 8:13).
Finalmente, tomemos en serio esta exhortación: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (1 Ts. 4:1).
Jueves 31 Agosto Los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras… han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras… Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. Esdras 9:1-3 Después de la cautividad en Babilonia (25) Tristes noticias Esdras y los que lo acompañaban solo llevaban unos días en Jerusalén cuando recibieron una triste noticia: muchos israelitas, incluso sacerdotes y levitas, se habían casado con personas paganas de los pueblos que los rodeaban. Sus líderes y gobernantes fueron los primeros en hacerlo. Su reacción fue inmediata: ayunó, rasgó su ropa y se arrancó el pelo y la barba, y se sentó desesperado hasta el sacrificio de la tarde. Quienes temían ante la Palabra de Dios se unieron a él en su angustia.
En el momento del sacrificio de la tarde -la hora en que nuestro Señor Jesús, varios años más adelante, murió en la cruz por nuestros pecados- Esdras se puso de rodillas y comenzó a orar con vergüenza y humillación, llorando y confesando este gran pecado: habían desobedecido al Señor al casarse con mujeres paganas. Al orar, se identificó con las personas que habían pecado. Orando con toda humildad, reconoció que Dios es justo. Dijo varias veces “nosotros” en su oración, pero nunca dijo “ellos”. Muchos hombres, mujeres y niños se unieron a él durante su oración, y todos lloraron amargamente.
Nuestra tendencia natural, cuando el pecado sale a la luz, es culpar a los que han pecado, haciéndonos quedar bien por efecto de comparación. Sin embargo, ante Dios, no solo somos personas individuales, sino también parte del grupo al que pertenecemos, ya sea una asamblea, una comunidad o una nación. Que Dios nos ayude a ocupar nuestro lugar en la humillación ante él. Esdras no se dio por vencido ni regresó a Babilonia para asociarse con mejores personas. Él, junto con quienes lo acompañaban, necesitaban no solo confesar, sino también abandonar su pecado para hallar misericordia (Pr. 28:13).
Miércoles 30 Agosto En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Isaías 6:1 La visión de Isaías ¡Qué efecto tuvo esta impresionante visión del Señor en el joven profeta! Vio al Señor en su majestad -sentado en un trono alto y sublime; en su santidad- los serafines exclamaban: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos”; y en su gloria: “toda la tierra está llena de su gloria”. No es de extrañar que el templo temblara y se llenara de humo.
Podemos suponer que Isaías también tembló. En el capítulo anterior había pronunciado seis ayes sobre aquellos en Israel que deshonraban a Dios con sus actitudes y acciones. Pero cuando vio al Señor, dijo: “¡Ay de mí!”. Ese siempre será el efecto de la presencia de Dios en los hombres. En este lugar santo, perdemos de vista los “labios inmundos” de los demás, porque descubrimos que nuestros propios labios son inmundos.
Pero el Señor tenía algo más en mente para Isaías. Un carbón encendido, tomado del altar por uno de los serafines, tocó sus labios, y el “ay” de su confesión da paso al “he aquí” de la purificación. Citemos las palabras del serafín: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (v. 7). Estas palabras ilustran maravillosamente el efecto purificador de la obra de Cristo en favor de aquellos que reconocen que lo necesitan. El apóstol Juan lo expresó así: “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).
Y finalmente, al “he aquí” de la purificación da paso al “anda” de la comisión. Habiendo sido purificado por el Dios cuya santidad había sido ultrajada, Isaías asumió con valentía el desafío que le presentó el Señor: “¿A quién enviaré?”, y respondió: “Heme aquí, envíame a mí”. Una comprensión de la santidad de Dios y de su obra purificadora nos capacita para proclamar el mensaje de Dios.