Libertad cristiana (3)

Sábado 19 Agosto
Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.
Santiago 2:12
Libertad cristiana (3)
La verdadera libertad cristiana no es una licencia para hacer lo que se me antoje. Hemos visto que está ligada al deseo de vivir para Cristo y para los demás. ¡La hallo y la poseo cuando estoy ocupado con Cristo!

En el versículo de hoy, Santiago habla de “la ley de la libertad”. Al utilizar la palabra ley busca indicar que se trata de “la fuerza que controla” o “el principio de acción”. La ley (dada por Moisés) exigía a los judíos que amaran al prójimo, pero no les daba la fuerza, y los condenaba si no lo hacían. Pero bajo la gracia se nos da la fuerza para amar al prójimo. Los verbos “hablad” y “haced” se refieren a nuestras palabras y acciones, a lo que decimos y a cómo caminamos: ¡ambas cosas deben ir a la par! Cuando no es así, estamos infringiendo la ley de la libertad y se dará cuenta de esta falta en el tribunal de Cristo (1 Co. 3:14-15; 2 Co. 5:9, 10). En Romanos 14:10-13, Pablo establece un paralelismo entre el tribunal de Cristo y la ley de la libertad, ¡con ello busca motivarnos y recordarnos que la ley de la libertad debe regir nuestras vidas!

Pero, ¿qué impide que esta libertad se vea en nuestras propias vidas y en nuestras asambleas locales? Santiago asocia la ley de la libertad con la Palabra de Dios (Stg. 1:21-27). Para poner en práctica la Palabra, debemos atesorarla en nuestro corazón para que nos sirva de guía en todos los aspectos o detalles de nuestra vida. Debe ser nuestra estándar; es un instrumento eficaz para evitar que nos dejemos influir por el mundo que nos rodea. Al descuidar la Palabra de Dios, permitimos que el mundo dicte nuestros pensamientos y nuestra conducta. ¡Seremos verdaderamente libres si miramos a la perfecta ley de la libertad y perseveramos en ella, no siendo “oidores olvidadizos” sino “hacedores” de la palabra!

Tim Hadley, Sr.
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Confiar en Jesús

Jueves 17 Agosto
Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Juan 11:3-5
Confiar en Jesús
¡Qué confianza en el Señor mostraron María y su hermana Marta cuando enviaron un mensaje para informarle que su hermano Lázaro estaba enfermo! Apelaron a su tierno corazón. Sabían que Jesús los amaba, y mencionaron a Lázaro por una necesidad particular. Tenían plena confianza en que Jesús podía ayudarles. Muchas veces en el pasado habían sido testigos del poder milagroso del Señor, quien nunca había rechazado a nadie. Todos los que acudían a él recibían ayuda, a menudo más allá de las esperadas. Esto es lo que leemos Marcos 7:37: “En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar”. ¿Se negaría ahora el Señor a responder a su clamor?

Todos podemos identificarnos con María y Marta. No hay hogar, ni familia, donde la enfermedad y el miedo a la muerte no hayan aparecido inoportunamente. A veces nos sentimos totalmente desesperados. Las enfermedades prolongadas de las esposas, los padres o los hijos, agotan nuestras fuerzas, nos privan del sueño y nos dejan completamente exhaustos. A veces nuestra paciencia llega a su límite, y sentimos que nadie nos entiende ni se preocupa por nosotros, o eso parece.

Jesús conocía la ansiedad de las dos hermanas y simpatiza con ellas. También sabía que esta enfermedad era “para la gloria de Dios”, y por eso esperó a que llegara el momento perfecto en los planes de Dios. ¡Qué confianza y paz sentimos al ver cómo se desarrolla esta escena! También nosotros podemos confiar plenamente en Aquel que “hace todo bien”. Él atrae nuestros corazones al suyo para que cada uno de nosotros esté convencido de que nos ama tanto como amó a Marta, María y Lázaro.

Jacob Redekop
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Contacto personal con Jesús

Miércoles 16 Agosto
[Jesús fue con Jairo] y le seguía una gran multitud… cuando [una mujer] oyó hablar de Jesús, vino por detrás… y tocó su manto.
Marcos 5:24-27
Contacto personal con Jesús
Cuando vemos a la multitud que rodea al Señor, podemos suponer que todos creían en él. Lo mismo ocurre hoy cuando vemos los edificios religiosos llenos de cristianos que profesan ser adoradores de Cristo. Podemos tener la impresión de que hay una multitud de creyentes en Cristo, ya que oímos que se pronuncian himnos y oraciones en su nombre, y también vemos diversas obras que se realizan en el nombre de Cristo. Ciertamente, así es como juzgan los hombres, ya que se llaman a sí mismos cristianos y dicen que su país está “cristianizado”. Pero, ¿implica esto que todos ellos creen realmente en el Señor Jesús? ¡Ay, no! En la multitud de personas que dicen conocerlo, y que poseen una profesión externa, el Señor sabe distinguir a los que tienen una fe personal en él: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti. 2:19).

La multitud de los que rodeaban a Jesús podía ser sincera, ya que veían sus milagros y recibían beneficios de él, pero no sentían realmente la necesidad de pertenecer a Cristo; no tenían, por tanto, una fe personal en él. Del mismo modo, hoy en día, la gente puede ser bastante sincera cuando se adhiere, como dicen, a la religión cristiana. Pero este compromiso exterior con el cristianismo (unirse a la multitud que sigue a Jesús) no dará la salvación al alma; no resolverá la cuestión del pecado, la muerte y el juicio; no romperá el poder del pecado, ni nos librará de la corrupción, la carne y el mundo.

Para que haya una bendición real, debe haber una fe personal en el Señor Jesús. No tenemos que hacer grandes cosas para asegurar esta bendición, eso solo halagaría nuestro orgullo; pero al creer en el Salvador estamos dispuestos a no ser nada, y a darle a él toda la gloria. El poder está en Cristo, no en la fe; la fe, aunque sea débil, asegura la bendición al ponernos en contacto con Aquel que posee todo el mérito.

Hamilton Smith
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La Iglesia de Ayer | Alexander Leon

La Iglesia de Ayer
Por Alexander Leon

Al final de este artículo viene un link para escuchar el cántico al cual se hace referencia: «La Iglesia de Ayer» usando la música del cántico gospel «Old fashioned meeting» compuesto por Herbert Buffum en 1922.

OH CUAN BELLO EL RECUERDO DE LA IGLESIA DE AYER, CÓMO EL PUEBLO CRISTIANO ADORABA AL SEÑOR, SENCILLEZ, REVERENCIA PERO GRAN FERVOR, AL ENTRAR EN LA CASA DE ORACIÓN Y LOOR

Las iglesias evangélicas experimentaron cambios muy notorios a partir de la segunda mitad del siglo 20. Pero el hecho de que ya en 1922 un compositor de cánticos gospel escribiera un canto cuyo tema fuera “la manera antigua de las reuniones evangélicas”, demuestra que los cambios en las iglesias no parecen haber sido bruscos, sino que década tras década las iglesias fueron cediendo ante las sugerencias del mundo.

El estilo de adoración y la actitud en la Iglesia es algo que se fue descuidando paulatinamente hasta llegar al punto en que hoy muy pocos entienden que la Iglesia debería ser primeramente una “Casa de Oración”. Por eso hay tantos que se extrañan y se incomodan si se les pide puntualidad, reverencia y decoro en un culto.

Y ¡QUÉ HIMNOS CANTABAN, EN LA IGLESIA DE AYER! Y ELEVABAN PLEGARIAS REVERENTES A DIOS; PECADORES CONVICTOS SE RENDÍAN ALLÍ, EL MUNDO ABANDONANDO, PARA A CRISTO SEGUIR

Muchos evangélicos ignoran qué es un himno y nunca han visto un Himnario en sus iglesias. Esto prueba la desconexión histórica que sufre el evangelicalismo. Muchas iglesias sólo conocen los cantos compuestos en los últimos 20 años o 40 como máximo, y la himnodia y el Salterio de siglos pasados son completamente desconocidos o considerados anticuados.

¿Y las plegarias? – Se le enseña a las personas en muchos lugares a exigirle a Dios y declarar y decretar, pero las rogativas y la verdadera oración están ausentes. El culto de oración no está dentro de los programas de muchas iglesias.

Un incrédulo puede visitar una iglesia y sentirse cómodo al escuchar música pop muy similar a la que está de moda. La gente puede unirse a las iglesias sin asumir ningún compromiso, no tienen que dejar nada. Por eso, hay tantos que han «cambiado de iglesia», pero sus corazones nunca han cambiado y siguen tan mundanos como siempre.

YO FUI UNO DE AQUELLOS, QUE EN LA IGLESIA DE AYER, ESCUCHÉ EL EVANGELIO Y SENTÍ SU PODER; CRISTO FUE PREDICADO Y SU GRAN REDENCIÓN, HUBO GRACIA ABUNDANTE, RECIBÍ SALVACIÓN.

Muchos evangélicos modernos no pueden dar un testimonio de conversión y cayeron en la trampa en que habían caído tanto los católicos romanos como los de “Iglesias Estatales”, pensando que por haber nacido en un “hogar cristiano”, ellos automáticamente son cristianos. Los Metodistas del siglo 18 espantaron a muchos respetables clérigos de la Iglesia Anglicana cuando les decían que eran pecadores y que tenían que nacer de nuevo, y por eso, los expulsaron de sus iglesias. Pero ¡Oh tristeza», muchas iglesias Metodistas de hoy no permitirían a los hermanos Wesley predicar en sus iglesias, así como muchos Bautistas de hoy no soportarían la predicación de John Bunyan y muchos Presbiterianos de hoy no sufrirían la predicación de John Knox en sus iglesias. Lo mismo pudiera decirse de cada denominación evangélica y sus antiguos líderes.

MUCHOS YA SE ADAPTARON A LA MODERNIDAD SIN PENSAR SE RINDIERON ANTE LA VANIDAD Y DEJARON LA BIBLIA Y SU CENTRALIDAD POR ENTRETENIMIENTO Y MUNDANALIDAD

Las diferentes denominaciones evangélicas se fueron rindiendo ante la presión del modernismo. La llamada “guerra por los estilos de adoración” que se libró en los años 1980´s, en la cual ciertos sectores conservadores trataron de defender un estilo sobrio, se perdió ante los promotores de la llamada “Música Cristiana Contemporánea”. Aclaro que esta afirmación de que la guerra se perdió se basa en los números, porque quedan pocas iglesias cuyo estilo de adoración se mantiene conservador o tradicional.

El problema es que este no era un asunto de “estilos de música” solamente, era un asunto de enfoque. ¡Los cultos dejaron de estar centrados en la Biblia!

En la tradición evangélica la Biblia había sido el centro de todo, por eso les llamaron «el pueblo del libro». Se cantaba la Palabra de Dios expresada en himnos y cánticos espirituales, se leía la Palabra de Dios de manera sistemática, se enseñaba la Palabra de Dios y se predicaba la Palabra de Dios. El evangélico conocía su Biblia. Hoy en día hay evangélicos que no pueden recitar los libros de la Biblia y se asombrarían si el predicador menciona un profeta llamado Habacuc o una epístola dirigida a Filemón. Pero eso sí, tienen todos los artefactos necesarios para un sonido espectacular y una plataforma llena de instrumentos para la banda que se encarga de entretenerlos al punto que el culto es básicamente música, música y más música. La actividad que se realiza en ciertas iglesias se parece más a un espectáculo y a un concierto de rock que a un culto en una Casa de Oración.

EL SEÑOR NUNCA CAMBIA, SU PALABRA ES FIEL, A LAS SENDAS ANTIGUAS HOY DEBEMOS VOLVER; ESTRATEGIAS HUMANAS HAY QUE RECHAZAR LA LEY Y EL EVANGELIO DEBEMOS PREDICAR

El Dios que se ha revelado a sí mismo en la Biblia se nos muestra claramente como un Dios Santo. Santo más allá de nuestra comprensión y tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la adoración se presenta como un acto solemne y espiritual. No es algo carnal. El incrédulo que visita una iglesia bíblica, debería muy pronto percibir que él carece de la actitud de los adoradores y que esto no es algo sentimental o emocional solamente. No es que los sentimientos y las emociones no estén involucrados, pero no es una manipulación de sentimientos o emociones la que lleva a estos adoradores a exaltar a Cristo.

Algunos evangélicos parece que todavía desean ganar almas para Cristo, pero le dan a los mundanos lo que los mundanos quieren en vez de darles lo que ellos necesitan.

Lo que los pecadores necesitan es arrepentirse de sus pecados y creer en el Evangelio, pero ¿cómo se va a arrepentir el pecador si no conoce la Ley de Dios que le muestra la condenación que merece? ¿Cómo apreciará el Evangelio del bendito Salvador si no se ha sentido perdido y condenado?

Coro:

ERA UN CULTO SENCILLO, EN LA IGLESIA DE AYER,  DONDE SE PERCIBÍA LA PRESENCIA DE DIOS  EL ESPÍRITU SANTO EN CADA SERMÓN,  EXALTABA A CRISTO, REVELANDO SU AMOR

Así era el culto bíblico, sin artificios humanos. No se necesita la pompa y superstición de la Iglesia medieval, lo que se necesita es percibir la presencia de Dios que Él prometió a los que se reúnen en el nombre de Cristo. Tristemente ciertos evangélicos “sienten” o “no sienten” la presencia de Dios y es una percepción subjetiva emocional. De eso no se trata.

El poder transformador del Espíritu Santo no tiene que ver con excesos emocionalistas que tienen un efecto temporal pasajero. El Espíritu Santo actúa por la Palabra predicada para que todo el que creen experimente el amor salvador de Jesucristo.

Los escritos de los primeros siglos de la era cristiana muestran que el culto cristiano, es decir, la adoración a Cristo era un evento solemne pero sencillo. Los Reformadores del siglo 16 siempre defendieron sus liturgias que procuraban asemejar a la de la iglesia primitiva.

Oremos por un derramamiento del Espíritu Santo para que en las iglesias se restaure una adoración bíblica y la proclamación de la Palabra de Dios y la fiel administración de las ordenanzas sagradas (sacramentos) cumplan su propósito. Veremos entonces genuinas conversiones de pecadores rindiéndose a Cristo al ser testigos de Su poder trasnformador.

Justino Mártir que vivió en el segundo siglo escribió:

EN «EL DÍA QUE SE LLAMA «DEL SOL»» SE REÚNEN TODOS LOS CRISTIANOS DEL CAMPO Y DE LA CIUDAD, Y SE LEEN EN PÚBLICO LOS «RECUERDOS DE LOS APÓSTOLES», O LOS ESCRITOS DE LOS PROFETAS. EL QUE PRESIDE LA ASAMBLEA HACE UNA EXHORTACIÓN PARA QUE EL PUEBLO IMITE LOS EJEMPLOS QUE SE HAN LEÍDO. LOS PRESENTES ELEVAN ORACIONES SUPLICANDO LA GRACIA PARA PERMANECER FIELES AL MENSAJE EVANGÉLICO. TRAS LAS ORACIONES, SE DAN MUTUAMENTE EL SALUDO DE LA PAZ. LUEGO «EL QUE PRESIDE A LOS HERMANOS» RECIBE DE LA ASAMBLEA PAN Y UN VASO DE VINO MEZCLADO CON AGUA, TRIBUTA ALABANZAS AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO, Y PRONUNCIA «UNA LARGA ACCIÓN DE GRACIAS». EL PUEBLO RESPONDE «AMÉN». LOS DIÁCONOS DAN A CADA UNO DE LOS ASISTENTES UNA PARTE DEL PAN Y DEL VINO MEZCLADO CON AGUA.

Conocer y hacer la voluntad de Dios

Martes 15 Agosto
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre.
Salmo 37:23
Conocer y hacer la voluntad de Dios
Quizá se diga que no podemos atenernos a hallar un texto de la Biblia para guiarnos en cuanto a nuestras acciones o en los miles de pequeños detalles de la vida diaria. Tal vez no; pero en la Escritura hay ciertos grandes principios que, si son debidamente aplicados, nos proporcionarán guía divina, aun cuando no podamos encontrar un texto aplicable a cada caso particular. Además, tenemos la más completa seguridad de que nuestro Dios puede guiar y guía a sus hijos en todas las cosas. “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Sal. 25:9). “Sobre ti fijaré mis ojos” (Sal. 32:8). Él puede darnos a conocer sus pensamientos sobre tal o cual acto particular o sobre nuestra conducta. Si no fuera así, ¿dónde estaríamos?

Gracias a Dios no es así. En cualquier caso, él puede darnos, de manera perfecta, la certeza de que hacemos su voluntad; y sin esa certidumbre jamás deberíamos dar un paso. Si estamos indecisos, permanezcamos quietos y esperemos. Muchas veces nos sucede que nos atormentamos y nos impacientamos con empresas que Dios en ningún modo nos ha encomendado. En cierta ocasión dijo uno a su amigo: “Estoy completamente desorientado en cuanto al camino que he de tomar”. “Pues no tomes ninguno” fue la sabia respuesta.

Pero aquí se nos presenta un punto moral de absoluta importancia: el estado de nuestra alma, el cual, estemos seguros, tiene muchísimo que ver con respecto a nuestra guía. El Señor encaminará a los “humildes” y enseñará su camino a los “mansos”. Nunca debemos olvidar esto. Si somos humildes y desconfiamos de nosotros mismos, si confiamos en nuestro Dios con sencillez de corazón, rectitud de pensamientos y honradez de propósitos, él nos guiará, sin duda alguna. Pero de nada servirá pedir consejo a Dios en un asunto acerca del cual tengamos ya tomada nuestra decisión.

C. H. Mackintosh
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Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador

Lunes 14 Agosto
Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Lucas 5:8
Simón Pedro (2) – Su consagración
El Señor Jesús había llamado a sus discípulos a dejar las redes y seguirlo (Mr. 1:16-20). Pero ahora había llegado el momento de dejar definitiva e irrevocablemente su oficio de pescadores para seguir a Cristo. Sin embargo, antes de eso, debía haber una obra de consagración más profunda en sus corazones -especialmente en Simón Pedro, quien era su líder natural.

El Señor Jesús había utilizado la barca de Pedro como púlpito, y luego le dijo que llevara la barca a aguas más profundas y que echaran las redes (v. 4). La queja de Simón ante esta orden es comprensible. Habían trabajado toda la noche, cuando los peces están más cerca de la superficie, y no habían pescado nada. ¿Por qué, entonces, iban a esperar capturar algo en el calor del día, cuando los peces estaban en el fondo? Además, Simón y sus compañeros estaban cansados y hambrientos; solo querían ir a casa y dormir. ¿Qué puede saber el Maestro acerca de este oficio? Sin embargo, él obedeció la petición del Señor. Sus redes se llenaron instantáneamente, ¡e incluso se rompían!

Esta enorme pesca fue una revelación para Simón Pedro. Se dio cuenta que Cristo tenía poder sobre la creación. Quizás le vino a la mente las palabras del Salmo 8: “Todo lo pusiste debajo de sus pies… los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar” (vv. 6-8). Jesús, que podía ver en el fondo del lago, también podía sondear las profundidades del corazón contaminado de Pedro. Consciente de que estaba en presencia de una Persona divina, Pedro se dio cuenta de su indignidad, al igual que el profeta Isaías que, teniendo una experiencia similar, exclamó: “Soy hombre de labios inmundos” (Is. 6:5 NBLA); o como Job que, ante la revelación del poder del Señor en la creación, solo pudo balbucear: “He aquí yo soy vil” (Job 42:6). Lo que estos tres hombres tienen en común es que vieron la gloria de Cristo. Así como Isaías estaba dispuesto a dar testimonio, y Job a orar por sus amigos, ¡Simón Pedro estaba ahora dispuesto a dejar sus redes y seguir a Jesús!

Brian Reynolds
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La resurrección de Cristo nos da la paz

Domingo 13 Agosto
Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Juan 20:19-20
La resurrección de Cristo nos da la paz
¿Cómo sabemos que todos nuestros pecados han sido expiados y que la obra de Cristo satisface las más altas exigencias de la infinita justicia de Dios? Lo sabemos porque Dios resucitó de entre los muertos a aquel que murió por nuestros pecados. Aunque fue crucificado en debilidad, Cristo resucitó por la gloria del Padre. Nuestros pecados están ligados a la cruz de Cristo, nuestra justificación está ligada a su resurrección (Ro. 4:25). La justicia de Dios exigía que nuestros pecados fueran plenamente condenados; Dios le infligió este juicio a Cristo en nuestro lugar, y él sufrió lo que nosotros merecíamos. Por este motivo, Jesús exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Pero cuando el Señor hubo acabado la obra, Dios lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a la diestra de su trono en el cielo. Y ahora Dios nos dice: “¡Paz a vosotros por Jesucristo!”

Unamos las palabras del Señor: “¿por qué me has desamparado?” – “Consumado es” – “Paz a vosotros”. Vemos cómo nos presentan el Evangelio. Jesucristo fue desamparado porque tomó nuestro lugar; soportó la ira de Dios, y así acabó la obra, ¡Él mismo la consumó! Es por eso que, en la plenitud de los resultados de esa obra, dice: ¡“Paz a vosotros”! Sí, nuestro Señor se levantó de la tumba y proclamó con sus propios labios la buena nueva de la paz a sus discípulos afligidos.

Habiendo triunfado en el combate, se pone en medio de ellos y les proclama cuál es el fruto de su aflicción y muerte: LA PAZ. Todas las ondas y las olas del juicio habían pasado sobre él, entonces la espada volvió a su vaina. Y cuando salió victorioso de la tumba, él anunció la “paz”, la cual quedó establecida en el poder de la resurrección y asegurada para la eternidad. Y después de anunciar la paz, Jesús mostró las evidencias divinas de ella: sus manos y su costado.

H. F. Witherby
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La obra de Dios en y por nosotros

Sábado 12 Agosto
[Dios] No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel.
Números 23:21
La obra de Dios en y por nosotros
Israel había actuado errónea e incrédulamente durante su viaje por el desierto, lo que llevó a Moisés a exclamar: “Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Dt. 9:24). La evaluación que este hombre de Dios hizo de ellos, después de 40 años de experiencia, fue que eran un pueblo obstinado y rebelde; pero el veredicto que Dios expresa en el versículo de hoy, en el cual los justifica, es totalmente opuesto a la evaluación que Moisés realizó acerca de la condición moral del pueblo.

Al aplicar esto a nosotros mismos, es muy importante hacer una clara distinción entre dos cosas: (1) el juicio del Espíritu de Dios en nosotros, el cual pone al descubierto la condición moral en la que nos encontramos en la práctica, lo que a su vez se debe al mal que hay en nuestra carne; (2) y el testimonio del Espíritu en relación al veredicto de Dios sobre nosotros tal y como nos ve en Cristo. A menudo pensamos que el trabajo hecho en el alma por el Espíritu de Dios implica un justo juicio sobre ella, olvidando que la base sobre la que estamos ante Dios (el lugar sobre el que reposa la fe) es la obra que el Señor Jesús hizo a nuestro favor.

El Espíritu de Dios juzga el pecado en mí según su carácter, a la luz de la santidad de Dios; pero me dice que no soy juzgado por ello, porque Cristo sufrió el castigo por mí. No se trata de examinar el bien o el mal que encontramos en nosotros mismos; se trata completamente del valor de la obra de Cristo. O estamos bajo la plena condena de Dios; o, habiendo creído, somos hechos “aceptos en el Amado” (Ef. 1:6). Al final de un largo rumbo de fracasos por parte de los hijos de Israel, cuando su maldad quedó plenamente expuesta, Dios “no vio iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”. No puede haber paz si el alma del creyente confunde el veredicto del Espíritu en su interior, respecto a su estado moral, con el juicio de Dios a través de la obra de Cristo a su favor.

J. N. Darby
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Después de la cautividad en Babilonia (23) Guía y protección

Viernes 11 Agosto
Publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo… porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan.
Esdras 8:21-22
Después de la cautividad en Babilonia (23) Guía y protección
Cuando Esdras reunió a los que se dirigían a Jerusalén junto al río Ahava, no encontró a ningún levita entre ellos (v. 15). Es triste decirlo, pero los hombres llamados por Dios a su servicio son escasos en la mayoría de los grupos que buscan conocer la forma en que Dios quiere que su pueblo se reúna. Pero Esdras, eventualmente, encontró levitas “sirvientes del templo” (v. 17), y para acompañarlos, netineos (leñadores y aguadores, personas que realizaban los servicios más humildes). Hoy en día también se necesitan obreros con un corazón dispuesto.

Antes de emprender el largo viaje, Esdras proclamó un ayuno para humillarse y buscar el “camino derecho” para ellos, sus hijos y sus posesiones. Años antes, el Faraón había intentado llegar a un acuerdo con Moisés, tratando de impedir que los israelitas salieran de Egipto. Su propuesta fue: “Dejen sus hijos y sus posesiones aquí” (véase Éx. 10). Moisés no cayó en esta trampa, ni tampoco lo haría Esdras. En aquellos días, Dios ya no guiaba a su pueblo mediante una columna de nube o de fuego. De forma similar, desde el comienzo de la era cristiana, ya no hay señales y prodigios como los que hacía Dios entonces. Pero Dios sigue respondiendo a las oraciones sinceras y humildes de su pueblo.

Su pueblo no necesita recurrir a las autoridades para que lo protejan. A Esdras le dio vergüenza pedir al rey una escolta militar. Había sido testigo del fiel cuidado de Dios por su pueblo. Una vez más, Dios protegió fiel y magistralmente a los que confiaron en él. Todo el grupo de viajeros, con sus niños, bienes y tesoros, llegaron sanos y salvos a su destino.

Eugene P. Vedder, Jr.
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Libertad cristiana (2)

Jueves 10 Agosto
Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
2 Corintios 3:17
Libertad cristiana (2)
Hemos visto que la verdadera libertad cristiana nos permite servir al Señor, no por miedo y obligación, sino por gratitud y amor. Nos permite centrarnos en los demás y no en nosotros mismos.

¡El versículo de hoy nos muestra cómo encontrar esta libertad! ¡La encontramos cuando nos enfocamos en la Persona de Cristo! En el contexto de 2 Corintios 3, Pablo insiste en que Cristo es la clave del Antiguo Testamento. Muchos ven en este versículo 17 una clara declaración de la deidad del Espíritu Santo, pero lo que hay que destacar en este pasaje es que todos los tipos y sombras del Antiguo Testamento hallan su cumplimiento en Cristo. Por lo tanto, este versículo realmente nos está alentando, diciéndonos que donde se reconoce a Jesucristo como Señor, ¡allí hay libertad!

Romanos 8:15 nos recuerda que el Espíritu Santo nos introduce a una vida de libertad: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. El trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas es dirigirnos a la persona de Cristo (Jn. 16:13-15). Al contemplarlo, somos transformamos a su imagen (2 Co. 3:18) para que su luz en nosotros brille en el mundo perdido en el que vivimos (2 Co. 4:1-7).

Pablo fue un maravilloso ejemplo de ello, como vemos en 2 Corintios 4:7-11. ¡Él vivió la realidad de la verdadera libertad cristiana! Llevó la muerte del Señor Jesús en su cuerpo, ¡para que así la vida de Jesús también se manifestara en su cuerpo! Estaba dispuesto a que su “vaso de barro” se rompiera para que la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo pudiera verse a través de él. ¡Esta es la libertad de Cristo!

Tim Hadley, Sr.
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